LETRAS DE FERNANDO DE PULGAR.
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LETRA I. Contra los males de la vejez.
Señor Doctor Francisco Nuñez, Físico: Yo Fernando de Pulgar, Escrivano, paresco ante vos é digo: que padesciendo gran dolor de la hijada y otros males que asoman con la vejez, quise leer á Tulio de Senectute, para aver dél para ellos algun remedio: é no le dé Dios mas salud al ánima de la que yo fallé en él para mi hijada. Verdad es que dá muchas consolaciones, é cuenta muchos loores de la vejez; pero no provee de remedio para sus males. Quisiera yo fallar un remedio tan solo mas por cierto, señor Físico, que todas sus consolaciones: porque el conorte quando no quita dolor, no pone consolacion; é así quedé con mi dolor, é sin su consolacion. Quise ver eso mismo el segundo libro que fizo de las Qüestiones Tusculanas, donde quiere probar que el sabio no debe aver dolor; é si lo oviere, lo puede desechar con virtud. E yo, señor Doctor, como no soy sabio, sentí el dolor, é como no soy virtuoso, no le puedo desechar, ni le desechára el mismo Tulio, por virtuoso que fuera, si sintiera el mal que yo siento: así que para las enfermedades que vienen con la vejez hállo que es mejor ir al Físico remediador, que al Filósofo consolador. Por los Cipiones, por los Metelos é Fabios, é por los Trasos, é por otros algunos Romanos que vivieron é murieron en honra, quiere probar Tulio que la vejez es buena; é por algunos que ovieron mala postrimería probaré yo que es mala, y daré yo mayor número de testigos para prueba de mi intencion, que el señor Tulio pudo dar para en prueba de la suya. Uno de los quales presento al mismo Tulio, el qual sea preguntado de mi parte: ¿Quándo Marco Antonio su enemigo le cortó la mano é la cabeza, quál quisiera mas, morir de calenturas algunos años antes, ó morir como murió viejo é de fierro algunos años despues? Bien creo yo que aquellos Romanos que alega ovieron honrada vejez; pero tambien creo que el señor Tulio escribió las prosperidades que ovieron, é dexó de decir las angustias é dolores que sintieron, é sienten todos quantos mucho viven. Sabio y honrado fué Adán; pero sus dos fijos vido homicida el uno del otro. Justo fué Noé; pero vido perescer el mundo, y él andubo á la tormenta de las aguas, é vídose descubierto y escarnecido de su fijo. Abraham amigo fué de Dios; pero desterrado andubo de su tierra, é sufriendo angustias por moradas agenas. Isaac la vejez le fizo ciego, é vivió vida atribulada por la discordia de sus dos hijos. Rico fué Jacob é honrado; pero sus fijos le vendieron al fijo que mas amaba, y en ciento é treinta años confesó que avía pocos é malos. David persecuciones ovo muchas, é graves disensiones dentro de su casa, que es doblado tormento. El viejo Elí, Sacerdote, sus dos fijos supo ser muertos en la batalla, y el Arca del Testamento tomada de los enemigos. Estos de quien estas cosas se leen Patriarcas fueron, é muy amigos de Dios, mucho mas por cierto que los Metelos ni los Fabios de Roma; ¿pero quién quita que en los muchos años que vivieron ovieron lugar todas estas persecuciones que sintieron? No acabariamos de contar, porque son muchos: é aun diria que todos por vivir mucho ovieron en sus postrimeros dias grandes tormentos, allende de los dolores corporales que les acarrea la vejez. Ni por eso quiero yo comparar á nuestra vida é trabajos la vida é tentaciones destos Patriarcas, ni de los Santos é Mártires que alumbrados del Espíritu Santo sufrieron virtuosos martirios é persecuciones; porque aquello fué por otros misterios de Dios obrados en aquellos que fueron sus amigos, por experimentar en ellos la virtud de la fé, de la paciencia, é de la costancia para exemplo de nuestra vida; pero digo que quando aquellos sintieron los trabajos de la vejez ¿quánto mas lo sentirán los que no pudieron alcanzar la gracia que ellos alcanzaron? Job nos condena á pena de vivir pocos dias, é de sufrir muchas lacerias: la qual sentencia se executa cada dia en cada uno de nosotros, especialmente en los viejos; porque veo que continuamente padecemos dolores, dolencias, muertes de propinquos, necesidades que tomamos, otras que se nos vienen sin llamar, segun y en la manera que Job lo pronunció por su sentencia: iten mas, pobreza amiga é mucho compañera de la vejez. E porque loa eso mismo Tulio la vejez de templada, porque se aparta de luxuria é de los otros excesos de la mocedad, sea preguntado ¿si usan los viejos desta templanza porque no pueden, ó porque no quieren? Dígolo, señor Físico, porque á vos y á otros hombres honrados viejos he oído loar esta templanza, é loar é deleytarse tanto en la destemplanza de su mocedad pasada, que paresce faltar la obra porque falta el poder, que está ya tan seco, quanto está verde el deseo para la obra si pudiese: así que no sé yo como loemos de templado al que no puede ser destemplado. E si el viejo quiere tornar á usar de las luxurias que dexó con la mocedad, ya vedes, señor Doctor, quan hermoso le está andar envuelto en las cosas que su apetito le tienta, é su fuerza le niega. Loa tambien la vejez porque está llena de autoridad é de consejo: é por cierto dice verdad; como quiera que yo he visto muchos viejos llenos de dias é vacíos de seso, á los quales ni los años dieron autoridad, ni la experiencia pudo dar doctrina, é ser corregidos de algunos mancebos. E si algunos viejos hay que sepan, aun estos dicen: Si supiera quando mozo lo que agora sé quando viejo, otramente oviera vivido: de manera que si el mozo no face lo que debe porque no sabe, menos lo face el viejo, porque no puede. Loa tambien el señor Tulio la vejez porque está cerca de ir á visitar los buenos en la otra vida: é desta visitacion veo yo que todos huímos, é huyera asimismo Tulio sinó le tomáran á manos, é le enviaran su camino á facer esta visitacion que mucho loó, é poco deseó. Porque hablando en su reverencia, uno de los mayores males que padece el viejo es el pensamiento de tener cercana la muerte, el qual le face no gozar de todos los otros bienes de la vida; porque todos naturalmente querriamos conservar este sér, y esto acá no puede ser; porque quanto mas esta vida crece, tanto mas descrece: é quanto mas anda, tanto mas va á no andar. Y lo mas grave que yo veo, señor Doctor, es que si el viejo quiere usar como viejo, huyen dél; si como mozo, burlan dél. No es para servir, porque no puede: no para ser servido, porque riñe: no para en compañia de mozos, porque el tiempo les apartó la conversacion: menos le pueden convenir los viejos, porque la vejez desacuerda sus propósitos. Comen con pena, purgan con trabajos: enojosos á los que los menean: aborrescibles á los proquinquos si son pobres, porque tardan en morir: aborrescibles si son ricos é viven mucho, porque tarda su herencia. Disformánseles los ojos, la boca, é las otras faciones é miembros: enflaquescenseles los sentidos, é algunos se les privan: gastan, no ganan: fablan mucho, facen poco: é sobre todo la avaricia, que les crece juntamente con los dias, la qual dó quier que asienta ¿qué mayor corrupcion puede ser en la vida? Así que, señor Físico, no sé yo que pudo hallar Tulio que loar en la vejez, heces é horrura de toda la vida pasada, la qual le hace hábile para recebir qualquier dolencia de hijada, con sus adherencias. E si alguna edad de la vida halló digna de loor (lo que niego) debria á mi parescer loar la mocedad, antes que la vejez; porque la una es fermosa, la otra fea: la una sana, la otra enferma: la una alegre, la otra triste: la una inhiesta, la otra caída: la una recia, la otra flaca: la una dispuesta para todo exercicio, la otra para ninguno, sinó para gemir los males que cada hora de dentro é de fuera nascen. E por tanto, señor Físico, sintiendome muy agraviado de las consolaciones é pocos remedios de Tulio de Senectute, como de ningunas é de ningun valor, apelo para ante vos, señor Francisco de Médicis, é pido los emplastos necesarios sæpe, & instantive: é requieroos que me remedieis, é no me consoleis. Valete.
LETRA II. Para un Caballero que fué desterrado del Reyno.[26]
Señor: Los que bien os desean querrian fablar luego en vuestro negocio: yo, Señor, pienso ser de calidad, que procurándolo agora se hará tarde, lo que dexándose un poco se puede facer temprano: é por tanto creed que se face mucho porque se dexa agora de facer algo. Y no os maravilleis, que dolencias hay que sana el tiempo sin medecina, y no el Físico con ella: vos, Señor, teneis acá tales Físicos, que no faltará diligencia quando vieren oportunidad. Digoos, Señor, mi parescer, porque con quatro cosas somos obligados de ayudar á los señores é amigos, con la persona, con la hacienda, con la consolacion, é con el consejo, ó con la que destas tuvieremos, y el amigo oviere de menester. Vos, Señor, no aveis necesario de mí ninguna destas, ni aun se hallan en todos hombres, especialmente las tres dellas: porque muchos tienen personas para ayudar; pero no tienen ánimo para las disponer: otros tienen hacienda para dar; pero fallesceles corazon para la aventurar: algunos querrian consolar; pero no saben. El consejar es muy ligero de facer, porque qualquiera, por nescio que sea, presume dar consejo; é aun muchos se convidan con él, porque cuesta poco, é también porque nuestra humanidad nos trae naturalmente á ello, condoliendose de lo que al próximo vemos padescer: é no pudiendo por agora faceros otra ayuda sinó la del consejo, que es mas varata que las otras, me parece lo que arriba digo. Entretanto, porque la obra de los Físicos de acá aproveche con vuestro buen regimiento de allá, os pido por merced, que considereis que en todos los tiempos ovo destierros de personas mayores, iguales, é menores que vos, en las quales ovo algunas que la causa de su destierro fué comienzo de su prosperidad. En su destierro vido Moysen á Dios: en su destierro salvó á Roma Marco Camilo: el destierro de Tulio fué causa de su prosperidad, é otros muchos en diversas maneras rodeadas por la providencia Divina: é así placerá á Dios que deste vuestro surtirá cosa tan próspera, que no querais no aver seido desterrado; porque Dios es aquel que despues de la adversidad dá prosperidad, é despues de muchas lágrimas é tristeza acostumbra derramar su misericordia. Direis vos, Señor, que este no es consejo, sinó consuelo, é aun no de los mejores, é podriadesme llamar consolador de espera. Vamos, pues, al remedio, que á mí paresce ser el verdadero. Pensad, Señor, dentro de vos mismo en vuestras culpas é ofensas fechas á Dios, é si fueredes buen juez, fallareis que os suelta mas de la mitad de lo que le debeis. E si junto con este pensamiento os meteis poco á poco por aquella contricion adelante, y la dexais derramar por todas las venas é arterias fasta que llegue al corazon que os le pase de parte á parte, y os apretais con ella fasta que os faga bien sudar, daos por sano é alegre; porque jamás fué ninguno puramente contrito, que no fuese piadosamente oído. Sant Matéo en su Evangelio dice de una muger, que entre grand multitud dó estaba Nuestro Señor pudo tocarle en la falda para que la sanase del fluxo de la sangre que padescia: é dice que sintió Nuestro Señor salir de sí virtud con que sanó aquella muger: é no le llegando los pies á tierra (tan apretado iba de gente) preguntó ¿quién me tocó? Yo creo, Señor, que dado que la Iglesia esté llena de gente, é aunque muchos estemos de rodillas; pero pocos tocamos con la verdadera contricion en la falda de Nuestro Señor, para que salga dél la virtud de su piedad que nos sane de la sangre, que son los pecados, como fizo á aquella buena dueña: ca si lo hiciesemos como ella lo fizo, tan sanos quedariamos como ella quedó. Así que, Señor, toquemos á Nuestro Señor en la falda con la contricion, é acorrernos ha en el alma con la piedad: toquemosle con el afecion é remediará nuestra aflicion: toquemosle con las lágrimas, é no dubdeis que nos responda con la misericordia, con el remedio, con el alegria, é generalmente con todo lo que ovieremos necesario. Gemia David, é regaba con lagrimas su cama é su estrado en sus destierros é adversidades, é confiando en aquella su verdadera contricion decia: Tú, Señor, eres aquel que me restituirás mi heredad: é así gela restituyó, é restituirá á todo contrito. Sin dubda creed, Señor, que el mas cierto combate para tomar la piedad de Dios es la humildad é contricion nuestra. Sentencia é muy terrible fué dada contra Acab; pero su contricion la fizo revocar. Sentencia de muerte fué dada contra Ezechias pero su contricion la fizo prorrogar: é así creed que se revocará la vuestra, si aveis la contricion que los otros ovieron; é sino se revocare, creed que no sudastes bien. Tornad otra vez á la verdadera contricion pura, sin otro pensamiento ni esperanza de hombres, sinó en solo Dios, é luego avreis el reparo que esperais: porque ni él quiere otro sacrificio para ser aplacado, ni á vos queda otro consejo para ser remediado. E no os empacheis aunque vais á él tarde. Dígolo porque muchos son los que despedidos ya de todo el remedio de los hombres, se tornan á Dios en sus necesidades, y en las tales suele él mostrar su fuerza Divina, quando se experimentó nuestra flaqueza humana, no mirando la poca cuenta que dél en el principio de nuestras cosas fecimos, é debieramos aver fecho. El Rey Vencislao de Hungría, echado de su tierra, desamparado ya de todos los que le servian, dixo así: La fiucia que tenia en estos hombres me ocupaba aquella pura esperanza que debia tener en Dios: agora que toda entera la pongo en él, por fe tengo que me remediará. E así le remedió; porque en poco espacio fué restituído en su tierra y en su honra. Si cuerdo soi, desta vez creereis tener parte en Dios, pues os tienta: de la qual tentacion, allende de lo conoscer mas é mejor de aqui adelante, creo quedareis tan buen maestro, que jamás sereis contra él, aunque el Rey os lo mande; ni contra el Rey, aunque vuestro Señor lo quiera. Verdad es que la costumbre mala é perversa de nuestra tierra es en contrario, é desto vienen en ella las turbaciones que vemos. Porque teneis espacio para leer vos embio esta: leedla, aunque es prolija. Valete.
LETRA III. Para el Arzobispo de Toledo.[27]
Clama, ne cesses, dice Isaías, muy reverendo Señor: é pues no vemos cesar este Reyno de llorar sus males, no es de cesar de reclamar á vos, que dicen ser causa dellos. ¿Poca cosa os parece, dice Moysén á Coré é sus sequaces, averos Dios elegido entre toda la multitud del pueblo para que le sirvais en el Sacerdocio, sinó que en pago de su beneficio le seais adverso escandalizando el pueblo? Contad, muy reverendo Señor, vuestros dias antiguos, é los años de vuestra vida considerad. Considerad asimismo los pensamientos de vuestra ánima, é fallareis que en tiempo del Rey Don Enrique vuestra casa receptáculo fué de Caballeros airados é descontentos, inventora de ligas é conjuraciones contra el Ceptro Real, favorescedora de desobedientes é de escándalos del Reyno; é siempre vos avemos visto gozar en armas é ayuntamientos de gentes, muy agenos de vuestra profesion, enemigos de la quietud del pueblo. E dexando de recontar los escándalos pasados que con el pan de los diezmos aveis sostenido, el año de sesenta é quatro contra el Rey Don Enrique se fizo aquel ayuntamiento de gente, que todos vimos ser el primero acto de inobediencia clara, que vuestra Señoría seyendo cabeza é guiador, sus naturales le osaron mostrar. Aquel quasi amansado por la sentencia que en Medina se ordenaba, vuestra muy reverenda Señoría se tornó á ayuntar con el Rey: é luego á pocos dias acordó de mudar el propósito, é se juntar con el Príncipe Don Alfonso, faciendo division en el Reyno alzándole por Rey. Estas mudanzas, tantas y en tan poco espacio de tiempo por Señor de tan gran dignidad fechas, no en pequeña injuria de la persona é de la dignidad se pudieron facer. Durante esta division si se despertó la maldad de los malos, la cobdicia de los cobdiciosos, la crueldad de los crueles, é la revelion de los inobedientes, vuestra muy reverenda Señoría lo considere bien, é verá quan medicinal es la Sacra Escriptura, que nos manda por Sant Pedro obedescer á los Reyes, aunque disolutos, antes que facer division en los Reynos; porque la corrupcion é males de la division son muchos, é mas graves sin comparacion que aquellos que del mal Rey se pueden sufrir. Con gran vigilancia vemos á vuestra Señoría procurar que vuestros inferiores os obedescan é sean subjetos. Dexad pues por Dios, Señor, á los subjetos de los príncipes, no los alboroteis, no los levanteis, no los mostreis sacudir de sí el yugo de la obediencia, la qual es mas aceptable á Dios que el sacrificio. Dexad ya, Señor, de ser causa de escándalos é sangres: ca si á David por ser varon de sangres no permitió Dios facer la casa de oracion ¿como puede vuestra Señoría en guerras dó tantas sangres se han seguido en volveros con sana consciencia en las cosas Divinas que vuestro oficio Sacerdotal requiere? Contagioso é muy irregular exemplo toman ya los otros Perlados desta nuestra España veyendo á vos el principal ser el principal de todas las armas é divisiones. No pequeis por Dios, Señor, ni fagais pecar: ca la sangre de Geroboan de la tierra fue desarraygada por este pecado. Dexad ya, Señor, de revelar, é favorescer rebeldes á sus Reyes é Señores: que el mayor denuesto que dió Nabal á David, fué que era aírado é desobediente á su señor. Hierusalen é todas aquellas tierras, segun cuenta el historiador Josepho, en caída tal vinieron quando los Sacerdotes, dexado su oficio Divino, se mesclaron en guerras y en cosas profanas. E pues vuestra dignidad vos fizo padre, vuestra condicion no os faga parte, é no profaneis ya mas vuestra persona, religion é renta, que es consagrada, é para sus cosas pías dedicada. Gran inquisicion fizo Achimelech, Sacerdote, antes que diese el pan consagrado á David, por saber primero si la gente que lo avía de comer eran limpios. Pues considere agora bien vuestra Señoría de consideracion espiritual si son limpios aquellos á quien vos lo repartís, é como, é á quién, ó por qué se lo dais, é á quién se debia dar, é como sois transgresor de aquel santo decreto que dice: Virum catholicum præcipue Domini Sacerdotem. Cansad ya por Dios, Señor, cansad, y á lo menos aved compasion desta atribulada tierra, que piensa tener Perlado, é tiene enemigo. Gime y reclama porque tovistes poderío en ella, del qual á vos place usar, no para su instrucion como debeis, mas para su destruicion como faceis: no para su reformacion como sois obligado, mas para su deformacion: no para doctrina y exemplo de paz é mansedumbre, mas para corrupcion y escándalo é turbacion. ¿Para qué vos armais, Sacerdote, sinó para pervertir vuestro hábito é religion? ¿Para qué os armais, padre de consolacion, sinó para desconsolar, é facer llorar los pobres é miserables, é para que se gocen los tiranos é robadores é hombres de escándalos é sangres con la division continua que vuestra Señoría cria é favoresce? Decidnos, por Dios, Señor, si podrán en vuestros dias aver fin nuestros males? ¿ó si podrémos tener la tierra, en vuestro tiempo sin division? Catad, Señor, que todos los que en los Reynos é Provincias procuraron divisiones, vidas é fines ovieron atribuladas. Temed pues por Dios la caída de aquellos cuya doctrina quereis remedar, é no trabajeis ya mas este Reyno; ca no hay só el Cielo Reyno mas deshonrado que el diviso. Lea vuestra Señoría á Sant Pedro, cuya orden recebistes, é hábito vestís, é aved alguna caridad de la que os encomendó que hayais, é basteos el tiempo pasado á voluntad de las gentes. Sea el por venir á voluntad de Dios; que hora es ya, Señor, de mirar dó vais, é no atrás dó venís. No querais mas tentar á Dios con tantas mudanzas: no querais despertar sus juicios, que son terribles y espantosos: y pues vos eligió Dios entre tanta multitud para que le sirvais en el Sacerdocio, en retribucion de su beneficio no le escandaliceis el pueblo, según fueron las primeras palabras desta Epístola.
LETRA IV. Para un Caballero su amigo de Toledo.[28]
Señor: Dixéronme que vuestras enfermedades os han mucho enflaquecido, é no me maravillo; porque si la edad que abaxa nunca arriba sin dolencia ¿quánto mas fará con ella? E vemos que las enfermedades avidas derredor de los sesenta, quando ya tanta gracia nos ficieren que no nos lleven, otorgannos la vida con condicion que parezcámos de setenta, é que vivamos con ay continuo. La Reyna Isis en la tierra de los Indios que conquistó falló una Isla llamada Barac, dó mataban los viejos comenzando á adolescer, porque no viviesen con pena. No apruebo esta costumbre, porque ni la Fé, ni la natura la consienten; pero conozco viejos que querrian vivir en aquella Isla, por no esperar la hora de la muerte penando todas las horas de la vida. A mí paresce que así como facemos provision en verano para sufrir las fortunas del invierno; bien así en las fuerzas de la mocedad debemos trabajar para sostener la flaqueza de la vejez: é vos debeis dar gracias á Dios porque en vuestra mocedad os dió casa é hacienda para sufrir é remediar las dolencias que trae la edad. Miembráseme entre las otras cosas que oí decir á Fernando Perez de Guzman, que el Obispo Don Pablo escribió al Condestable viejo, que estaba enfermo y en Toledo: Placeme que estais en Cibdad de notables Físicos, é substanciosas medicinas. No sé si lo dixera agora; porque vemos que los famosos Odreros han echado dende los notables Físicos: é así creo que estais agora ende fornescidos de muchos mejores Odreros alborotadores, que de buenos Físicos naturales. E dexando agora esta materia, de mí os digo, Señor, que á esta mi enemiga é compañera no le bastó la ruin y engañosa compañía que fasta aquí me ha fecho, sinó aun agora que me quiere dexar me la face mucho peor. Quando mozo me atormentó con sus tentaciones: agora me atribula con sus dolencias. ¡O, digo, mala carne desagradescida! ¿quesiste nunca de mí cosa que te negase? Si luxuria, luxuria: si gula, gula: si vanagloria, si ambicion, si otros qualesquier deleytes de los que tú sueles demandar te pluguieron, nunca te resistí ninguno; ¿por qué agora te place con tus enfermedades darme tanto pesar en pago de tanto placér? Por qué? dice ella; porque yo soy enferma de mi natura; é lo enfermo no puedo facer sano: y ese complimiento de apetitos que me feciste pasados, eran principio de las dolencias que ves presentes. Si tuvieras, dice ella, seso estonces para resistir mis tentaciones, tuvieras agora fuerza para sufrir mis enfermedades; pero ni supiste repugnar las tentaciones que se vencen peleando, ni la luxuria que se vence huyendo. Esto considerando, paresceme, Señor, que será bueno que comencemos ya á enfardelar para partir: é porque no vayamos penados con la carga mal cargada, vereis si os paresce que vaya hecha en dos fardelejos, uno de la satisfacion, é otro de la contricion: porque esta mercadería es muy buena para aquella feria dó vamos, é tanto demandada allá, quanto poco usada acá. Mas diria desto, sinó por no parescer parlero. Dios os dé salud.
LETRA V. Para el Obispo de Osma.[29]
Muy reverendo Señor: Una letra de vuestra reverenda Paternidad, enviada á vuestro hermano, é tomada por las guardas, se vido aqui en Burgos, la qual inter cætera contenia, que por todos, grandes é pequeños, en esa Corte Romana se da cargo grande á la Reyna nuestra Señora, porque al principio destas cosas no se ovo segun se debia aver: é paresceme, muy reverendo Señor, que los que tal sentencia dan sin preceder otro conoscimiento, se debrian bien informar antes que juzgar, ó callar sinó se pueden informar. O si lo uno ni lo otro ficieren, debrian aver consideracion, ó siquiera alguna compasion de veinte y tres años de edad tantierna qué gobernacion tan dura tomaron en administracion, oyendo cada hora tantos consejos é tantas informaciones, é unas contrarias de otras: tantas palabras afeytadas, é muchas dellas engañosas, que turban é fatigan las simplicisimas orejas de los Príncipes. Asimismo debrian pensar que son humanos, aunque Reyes, é cargados de muchas mayores curas é trabajos que todos los otros: é si qualquier persona, por perfecta que sea, rescibe alteracion si tres negocios arduos juntamente le ocurren, loarémos pues, é aun adorarémos estos veinte y tres años, á quien todos los negocios deste Reyno, é los suyos proprios, en tan poco de espacio, á manera de tormenta arrebatada concurrieron, é los sufrió con igual cara, é gobernó con firme esperanza de dar en estos sus Reynos la paz que con tanto trabajo procuran, é con tan gran deseo esperan. E si por ventura vuestra reverenda Paternidad lo escribió porque no quiso confirmar á Arevalo al señor Duque: en verdad, muy reverendo Señor, mirándolo sin pasion, aun no se fallará que pecó mucho su Alteza si como Reyna supo adminstrar justicia, ó como fija quiso ayudar á su madre, ó como persona virtuosa quiso favorescer á una viuda despojada de lo que dice pertenescerle: á la qual obligacion, no solo ella, mas de razon todo bueno, mediante justicia, es obligado. Vistes, muy reverendo Señor, acá, é oistes allá como esta tierra estaba en total perdicion por la falta de justicia. Agora pues razon es que sepais, por que el Rey é la Reyna la executaron en algunos malfechores luego que reynaron, é por que tentaron desagraviar algunos agraviados, é quisieron facer otros actos de justicia debidos á su oficio Real, la mala naturaleza nuestra, junto con la dañada posesion en que el Rey Don Enrique (que Dios haya) nos dexó, despreció el beneficio tan saludable que Dios nos enviaba, é porque no repartieron lo que queda por dar del Reyno, é no confirmaron lo que está dado, y en conclusion porque no se despojaron de todo el patrimonio Real, sinó de solo el nombre de Rey que querriamos que les quedase para lo poder dar, se ha fecho esto que allá avreis oído. Lo qual si dura, certifico á vuestra reverenda Paternidad que hayais tarde la posesion del Obispado de Osma; é quando ya lo oviesedes, cobreis dél mas enojos que renta. Así que, Señor, si á estos que lo oyen allá paresce eso que dicen, á estos que están acá paresce esto que ven.
LETRA VI. Para un Caballero criado del Arzobispo de Toledo, en respuesta de otra suya.[30]
Señor: Vuestra carta recebí, por la qual quereis relevar de culpa al Señor Arzobispo vuestro amo por este escándalo nuevo que se sigue en el Reyno de la gente que agora tiene junta en Alcalá, é quereis darme á entender que lo face por seguridad de su persona, é por paz en el Reyno: é tambien decís que ha miedo de yervas. Para este temor de las yervas entiendo yo que sería mejor atriaca que gente, aunque costaria menos. E quanto á la seguridad de su persona é paz del Reyno, faced vos con el señor Arzobispo que sosiegue su espíritu, é luego holgarán él y el Reyno. E por tanto, Señor, escusada es la ida vuestra á Córdova á tratar paz con la Reyna; porque si paz quereis, ahí la aveis de tratar en Alcalá con el Arzobispo, é aun dentro del Arzobispo. Acabad vos con su Señoría que tenga paz consigo, é que esté acompañado de gente de letras como su orden lo requiere, é no rodeado de armas como su oficio lo defiende, é luego avreis tratado la paz que él quiere procurar, é vos quereis tratar. Con todo eso aqui me han dicho que el Doctor Calderon es vuelto á Corte: plega á Dios que este Calderon saque paz. Justo es Dios, é justo es su juicio. En verdad, Señor, yo fuí uno de los Calderones con que el Rey Don Enrique muchas veces envió á sacar paz del Arzobispo, é nunca pudo sacarla. Agora veo que el Arzobispo envia su Calderon á sacarla de la Reyna: plega á Dios que la concluya con su Alteza mejor que yo la acabé con el Arzobispo. Pero dexando agora esto á parte: ciertamente, Señor, gran cargo aveis tomado si pensais quitar de cargo á ese Señor por este nuevo escándalo que agora face; salvo si alegais que el Beato é Alarcón le mandaron de parte de Dios que lo ficiese: é no lo dubdo que gelo dixesen. Porque cierto es que el Arzobispo sirvió tanto al Rey é á la Reyna en los principios, é tan bien, que si en el servicio perseverára, todo el mundo dixera que el comienzo, medio é fin de su reynar avía seido el Arzobispo, é toda la gloria se imputára al Arzobispo. Dixo Dios: Gloriam meam, al Arzobispo, non dabo; é para guardar para mi esta gloria que no me la tome ningun Arzobispo, permitiré que aquellos Alarcones le digan que sea contrario al Rey é á la Reyna, é que ayude al Rey de Portugal para les quitar este Reyno; é contra toda su voluntad é fuerzas lo daré á esta Reyna que lo debe aver derecho, porque vean las gentes que quantos Arzobispos hay de mar á mundo no son bastantes para quitar ni poner Reyes en la tierra, sinó solo yo que tengo reservada la semejante provision á mi Tribunal. Así que, Señor, esta via me paresce para escusar á su Señoría, pues que lo podeis autorizar con tal Moysén é Aaron como el Beato é Alarcón. Con todo eso vi esta semana una carta que enviaba á su Cabildo, en que reprehende mucho al Rey é á la Reyna porque tomaron la plata de las Iglesias; la qual sin dubda estuviera queda en su sagrario, si él estuviera quedo en su casa. Tambien dice, que fatigan mucho el Reyno con Hermandades: é no ve que la fatiga que dá él á ellos causa la que dan ellos al Reyno. Quéxase asimismo porque favorescen la toma de Talavera, que es de su Iglesia de Toledo, é no se miembra que favoresció la toma de Cantalapiedra, que es de la Iglesia de Salamanca. Siente mucho el embargo de sus rentas, é no se miembra quántas ha tomado é toma del Rey; é aun nunca ha presentado el privilegio que tiene para tomar lo del Rey, é que el Rey no pueda tomar lo suyo. Otras sas dice la carta, que yo no consejára á su Señoría escrebir si fuera su Escribano, porque la Sacra Escriptura manda, que no fable ninguno con su Rey papo á papo, ni ande con él á dime y dirtehe. Dexando agora esto aparte, mucho querria yo que tal Señor como ese considerase, que las cosas que Dios en su presencia tiene ordenadas para que ayan fines prósperos é durables muchas veces vemos que han principios é fundamentos trabajosos; porque quandó vinieren al culmen de la dignidad ayan pasado por el crisol de los trabajos, é por grandes misterios ignotos de presente á nos, é notos de futuro á él. La Sacra Escriptura é otras Historias están llenas destos exemplos. Persecuciones grandes ovo David en su principio; pero Jesu fili David decimos. Grandes trabajos pasó Enéas, dó vinieron los Emperadores que señorearon el mundo. Jupiter, Hercules, Rómulo, Ceres Reyna de Cecilia, é otros é otras muchas, á unos criaron ciervos, é á otros lobos, echados por los campos; pero leemos que al fin fueron adorados, é se asentaron en sillas Reales, cuya memoria dura hasta hoy. E no sin causa la ordenacion Divina quiere que aquello que luengamente ha de durar tenga los fundamentos fuertes é tales sobre que se pueda facer obra que dure. Veniendo agora pues al propósito, casó el Rey de Aragon con la Reyna madre del Rey nuestro Señor, é luego fue desheredo é desterrado de Castilla. Ovo este su fijo, que desde su niñez fué guerreado é corrido, cercado, combatido de sus súbditos é de los estraños, é su madre con él en los brazos huyendo de peligro en peligro. La Reyna nuestra Señora desde niña se le murió el padre, é aun podemos decir la madre, que á los niños no es pequeño infortunio. Vínole el entender, é junto con él los trabajosos cuidados; é lo que mas grave se siente en los Reales es mengua extrema de las cosas necesarias. Sufria amenazas, estaba con temor, vivia en peligro. Murieron los Príncipes Don Alfonso é Don Carlos sus hermanos: cesaron estas. Ellos á la puerta de su Reynar, y el adversario á la puerta de su Reyno. Padescian guerra de los estraños, rebelion de los suyos, ninguna renta, mucha costa, grandes necesidades, ningun dinero, muchas demandas, poca obediencia. Todo esto así pasado con estos principios que vimos, é otros que no sabemos, si ese Señor vuestro amo les piensa tomar este Reyno como un bonete, é darlo á quien se pagare, digoos, Señor, que no lo quiero creer, aunque me lo digan Alarcón y el Beato: mas quiero creer á estos misterios divinos, que á esos pensamientos humanos. ¿E cómo? ¿para esto murió el Rey Don Enrique sin generacion, é para esto murieron el Príncipe Don Carlos é Don Alfonso, é para esto murieron otros grandes estorvadores, é para esto fizo Dios todos estos fundamentos é misterios que avemos visto, para que disponga el Arzobispo vuestro amo de tan grandes Reynos á la medida de su enojo? De espacio se estaba Dios en buena fé si avía de consentir que el Arzobispo de Toledo venga sus manos lavadas, é disponga así ligeramente de todo lo que él ha ordenado é cimentado de tanto tiempo acá con tantos é tan divinos misterios. Facedme agora tanto placer, si deseais servir á ese Señor, que le consejeis que no lo piense así, é que no mire tan somero cosa tan honda: en especial le consejad que huyga quanto pudiere de ser causa de divisiones en los Reynos como de fuego infernal, é tome exemplo en los fines que han avido los que divisiones han causado. Vimos que el Rey Don Juan de Aragon, padre del Rey nuestro Señor, favoresció algunas parcialidades é alteraciones en Castilla; é vimos que permitió Dios á su fijo el Príncipe Don Carlos que le pusiese escándalos é divisiones en su Reyno: é tambien vimos que el fijo que las puso, é los que le succedieron en aquellas divisiones, murieron en el medio de sus dias sin conseguir el fruto de sus deseos. Vimos que el Rey Don Enrique crió é favoresció aquella division en Aragon; é vimos que el Principe Don Alfonso su hermano le puso division en Castilla: é vimos que plugo á Dios de le llevar desta vida en su mocedad como á instrumento de aquella division. Vimos que el Rey de Francia procuró asimismo division en Inglaterra; y vimos que el Duque de Guiana su hermano procuró division en Francia: é vimos que el hermano perdió la vida sin conseguir lo que deseaba. Vimos que el Duque de Borgoña, y el Conde de Barvique, y otros muchos procuraron en los Reynos de Inglaterra é de Francia divisiones y escándalos; é vimos que murieron en batallas despedazados é no enterrados. E si quereis exemplo de la Sacra Escriptura, Architofel é Absalon procuraron division en el Reyno de David, é murieron ahorcados. Así que, visto, todo esto que vimos, no sé quién puede estár bien y estár quedo, é quiere estar mal y estar bullendo.
LETRA VII. Para el Rey de Portugal.[31]
Muy poderoso Rey é Señor: Sabido he la inclinacion que Vuestra Alteza tiene de aceptar esta empresa de Castilla, que algunos Caballeros della os ofrescen: é despues de aver bien pensado en esta materia, acordé de escrebir á Vuestra Alteza mi parescer. Bien es, muy excelente Rey é Señor, que sobre cosa tan alta é tan ardua haya en vuestro Consejo alguna plática de contradicion disputable, porque en ella se aclare lo que á servicio de Dios, honor de vuestra Corona Real, bien é acrescentamiento de vuestros Reynos mas conviene seguir. E para esto, muy poderoso Señor, segun en las otras guerras santas dó aveis seído victorioso aveis fecho, porque en esta con ánimo limpio de pasion lo cierto mejor se pueda discernir, mi parescer es que ante todas cosas aquel Redentor se consuele[32] que vuestras cosas conseja, aquel se mire que siempre os guia, aquel se adore é suplique que vuestras cosas é estado segura é prospéra; porque como quier que vuestro fin es ganar honra en esta vida, vuestro principio sea ganar vida en la otra. E quanto toca á la justicia que la Señora vuestra Sobrina dice tener á los Reynos del Rey Don Enrique, que es el fundamento que estos Caballeros de Castilla facen, é aun lo primero que Vuestra Alteza debe mirar, yo por cierto, Señor, no determino agora su justicia; pero veo que estos que os llaman por executor della son el Arzobispo de Toledo, y el Duque de Arevalo, é los fijos del Maestre de Santiago é del Maestre de Calatrava su hermano, que fueron aquellos que afirmaron por toda España, é aun fuera della publicaron, esta Señora ni tener derecho á los Reynos de Don Enrique, ni poder ser su fija por la impotencia experimentada que dél en todo el mundo por sus cartas é mensageros divulgaron: é allende desto le quitaron el título Real, é ficieron division en su Reyno. Deberiamos pues saber ¿cómo fallaron estonces, esta Señora no ser heredera de Castilla, é pusieron sobre ello sus estados en condicion, é como fallaron agora ser su legítima succesora, é quieren poner á ello el vuestro? Estas variedades, muy poderoso Señor, dan causa justa de sospecha que estos Caballeros no vienen á vuestra Señoria con zelo de vuestro servicio, ni menos con deseo desta justicia que publícan; mas con deseo de sus propios intereses que el Rey é la Reyna no quisieron, ó por ventura no pudieron complir segun la medida de su cobdicia: la qual tiene tan ocupada la razon en algunos hombres, que tentando sus propios intereses acá é allá, dan el derecho ageno dó hallan su utilidad propria. Y debeis creer, muy excelente Señor, que pocas veces vos sean fieles aquellos que con dádivas ovieredes de sostener; antes es cierto aquellas cesantes os sean deservidores, porque ninguno de los semejantes viene á vos como debe venir, mas como piensa alcanzar. E quando vencido ya de la instancia dellos vuestra Real Señoría acordase todavia aceptar esta empresa, yo por cierto dubdaria mucho entrar en aquel Reyno, teniendo en él por ayudadores, y menos por servidores, los que el pecado de la division pasada ficieron, é quieren agora de nuevo facer otra, reputándolo á pecado venial, como sea uno de los mayores crimines que en la tierra se puede cometer, é señal cierta de espíritu disoluto é inobediente: por el qual pecado los de Samaria, que fueron causa de la division del Reyno de David, fueron tan excomulgados, que Nuestro Redentor mandó á sus Discipulos: En la provincia de Samaria no entreis; numerándolos en el gremio de las idolatrías. E aunpor tales mandó el Hombre de Dios al Rey Amasías que no juntase su gente con ellos para la guerra que entró á facer en la tierra de Seir; y en caso que este Rey avía traído cient mil dellos, é pagadoles el sueldo, los dexó por ser varones de division y escándalo, é no osó envolverse con ellos, ni gozar de su ayuda en aquella guerra, por no tener irada la divinidad: la qual en todas las cosas, y en la guerra mayormente, debemos tener aplacada, porque sin ella ninguna cosa está, ningun saber vale, ningun trabajo aprovecha. E por tanto mirad por Dios, Señor, que vuestras cosas hasta hoy florescientes no las envolvais con aquellos que el derecho de los Reynos, que es divino, miran, no segun su realidad, mas segun sus pasiones é proprios intereses. E quanto á la promesa tan grande é dulce como estos Caballeros os facen de los Reynos de Castilla con poco trabajo é mucha gloria, ocúrreme un dicho de Sant Anselmo, que dice: Compuesta es é muy afeytada la puerta que convida al peligro: é por cierto, Señor, no puede ser mayor afeytamiento ni compostura de la que estos vos presentan; pero yo fago mas cierto el peligro de esta empresa, que cierto el efecto de esta promesa. Lo primero, porque no vemos aquí otros Caballeros sino estos solos, y estos no dan seguridad ninguna de su lealtad; é caso que aya otros secretos que afirman aclararse, los tales no piensan tener firme como deben, mas temporizar como suelen, para declinar á la parte que la fortuna se mostrare mas favorable. Lo segundo, porque dado que todos los mas de los Grandes, é de las Cibdades é Villas de Castilla, como estos prometen, vengan luego á vuestra obediencia, no es dubda, segun la parentela que el Rey tiene, que muchos Caballeros é Grandes Señores é Cibdades é Villas se tengan por él é por la Reyna, á los quales asimismo los pueblos son muy aficionados, porque saben ella ser fija cierta del Rey Don Juan, é su marido fijo natural de la Casa Real de Castilla; é la Señora vuestra sobrina fija incierta del Rey Don Enrique, y que vos la tomais por muger: de lo qual no pequeña estima se debe facer, porque la voz del pueblo es voz divina, é repugnar lo divino es querer con flaca vista vencer los fuertes rayos del sol. Eso mismo porque vuestros súbditos nunca bien se compadescieron con los Castellanos, y entrando Vuestra Alteza en Castilla con título de Rey, podria ser que las enemistades é discordias que entre ellos tienen, é de que estos facen fundamento á vuestro reynar, todas se saneasen, é convertiesen contra vuestra gente por el odio que antiguamente entre ellos es. Lo otro, porque en tiempo de division, así á vos de vuestra parte, como al Rey é á la Reyna de la suya converná dár é prometer, rogar é sufrir á todos, porque no muden el partido que tovieren para se juntar con la parte que mas largamente con ellos se oviere. Así que, Señor, pasariades vuestra vida sufriendo é dando é rogando, que es oficio de subjecto é no reynando é mandando, que es el fin que vos deseais, y estos Caballeros prometen. Tornando agora pues á fablar en la justicia de la Señora vuestra sobrina, yo, muy alto Rey é Señor, desta justicia dos partes fago: una es esta que vosotros los Reyes é Príncipes é vuestros Oficiales por cosas probadas mandais executar en vuestras tierras, é á esta conviene preceder prueba é declaracion ante que la execucion. Otra justicia es la que por juicio divino, por pecados á nosotros ocultos, vemos executar veces en las personas proprias de los delinquentes, y en sus bienes, veces en los bienes de sus fijos é sucesores: así como fizo al Rey Roboam, fijo del Rey Salomón, quando de doce partes de su Reyno luego en reynando perdió las diez. No se lee pues Roboam aver cometido público pecado fasta estonces por dó los debiese perder: é como juntase gente de su Reyno para recobrar lo que perdia, Semey, Profeta de Dios, le dixo de su parte: Está quedó, no pelees, no es la voluntad divina que cobres esto que pierdes. E como quiera que Dios ni face ni permite facer cosa sin causa, pero el Profeta no gelo declaró; porque tan honesto es y comedido Nuestro Señor, que aun despues de muerto el Rey Salomón no le quiso deshonrar, ni á su fijo envergonzar, declarando los pecados ocultos del padre porque le plugo que el sucesor perdiese estos bienes temporales que perdia. En la Sacra Escriptura, é aun en otras Historias auténticas hay desto asaz exemplos: mas porque no vamos á cosas muy antiguas é peregrinas, este vuestro Reyno de Portugal á la Reyna Doña Beatriz fija heredera del Rey Don Fernando, é muger del Rey Don Juan de Castilla, pertenescia de derecho público; pero plugo al otro juicio de Dios oculto darlo al Rey vuestro aguelo, aunque bastardo é profeso de la Orden de Cistel. E porque á este oculto juicio este Rey Don Juan quiso repugnar, cayeron aquella multitud de Castellanos, que en la de Aljubarrota sabemos y es notorio ser muertos. De derecho claro pertenescian los Reynos de Castilla á los fijos del Rey Don Pedro; pero vemos que por virtud del juicio del Dios oculto lo poseen hoy los descendientes del Rey Don Enrique su hermano, aunque bastardo. E si quiere Vuestra Alteza exemplos modernos, ayer vimos el Reyno de Inglaterra que pertenescia al Príncipe fijo del Rey Don Enrique, é vemoslo hoy poseer pacífico el Rey Eduarte, que mató al padre é al fijo. E como quier que vemos claros de cada dia estos é semejantes efectos, ni somos ni podemos ser acá jueces de sus causas, en especial de los Reyes, cuyo juez solo es Dios que los castiga, veces en sus personas é bienes, veces en la succesion de sus fijos: segun la medida de sus yerros. Sant Augustin en el libro de la Ciudad de Dios dice: ¿El juicio de Dios oculto puede ser iniquo? no. ¿Qué sabemos pues, muy excelente Rey é Señor, si el Rey Don Enrique cometió en su vida algunos graves pecados por dó tenga Dios deliberado en su juicio secreto disponer de sus Reynos en otra manera de lo que la Señora vuestra sobrina y estos Caballeros procuran, segun fizo á Roboam, é á los otros que declarado he á vuestra Señoría? De los pecados públicos se dice dél, que en la administracion de la justicia (que es aquella por dó los Reyes reynan) fue tan negligente, que sus Reynos vinieron en total corrupcion é tiranía, de manera que antes muchos dias que fallesciese todo quasi el poderío é autoridad Real le era evanescido. Todo esto considerado, querria saber ¿quién es aquel de sano entendimiento que no vea quan dificile sea esto que á Vuestra Alteza facen facile, y esta guerra que dicen pequeña quanto sea grande, é la materia della peligrosa. En la qual si algun juicio de Dios oculto hay, por dó Vuestra Alteza repugnándolo oviese algun siniestro, considerad bien, Señor, quan grande es el aventura en que poneis vuestro Estado Real, y en quanta obscuridad vuestra fama, que por la gracia de Dios por todo el mundo relumbra. Allende desto, de necesario ha de haber quemas, robos, muertes, adulterios, rapiñas, destruiciones de Pueblos é de Casas de oracion, sacrilegios, el culto Divino profanado, la Religion apostatada, é otros muchos estragos é roturas que de la guerra surten. Tambien vos converná sofrir é sostener robos é robadores é hombres criminosos, sin castigo ninguno, é agraviar los ciudadanos é hombres pacíficos, que es oficio de tirano, é no de Rey, é vuestro Reyno entretanto no será libre destos infortunios; porque en caso que los enemigos no le guerreasen, vos era forzado con tributos continuos, y servidumbres premiosas para la guerra necesarias, los fatigasedes: de manera que procurando una justicia, cometeriades muchas injusticias. Allende desto vuestra Real Persona, que por la gracia de Dios está agora quieta, es necesario que se altere; vuestra consciencia sana, es por fuerza que se corrompa: el temor que tienen vuestros súbditos á vuestro mandado, es necesario que se afloje. Estais quito de molestias; es cierto que avreis muchas. Estais libre de necesidades; meteis vuestra persona en tantas é tales que por fuerza os farán subjecto de aquellos que la libertad que agora teneis os face Rey é Señor. E porque conozco quanto zela vuestra alta Señoría la limpieza de vuestra excelente fama, quiero traer á vuestra memoria, como ovistes enviado vuestra embaxada á demandar por muger á la Reyna. Tambien es notorio quantas veces en vida del Rey Don Enrique vos fue ofrescida por muger la Señora vuestra sobrina, é no vos plugo de lo aceptar, porque se decia vuestra consciencia Real no se sanear bien del derecho de su succesion. Pues considerada agora esta mudanza sin preceder causa pública porque la debais facer ¿quien no avrá razon de pensar que hallais agora derecha succesora á vuestra sobrina, no porque lo sea de derecho, mas porque la Reyna que demandastes por muger contraxo antes el matrimonio con el Rey su marido que con vos que la demandastes? E avria lugar la sospecha de cosas indebidas, contrarias mucho á las virtudes insignes que de vuestra Persona Real por todo el mundo están divulgadas. E soy maravillado de los que facen fundamento deste Reyno que vos dan en la discordia de los Caballeros é gentes dél, como si fuese imposible la reconciliacion entre ellos, é conformarse contra vuestras gentes. Podemos decir por cierto, muy alto Señor, que el que esto no vé es ciego del entendimiento, y el que lo vé é no lo dice es desleal. Guardad Señor, no sean estos consejeros los que consejan no segun la recta razon, mas segun la voluntad del Príncipe ven inclinada. E por tanto, muy alto é muy poderoso Rey é Señor, antes que esta guerra se comience se debe mucho mirar la entrada; porque principiar guerra quien quiera lo puede facer; salir de ella no, sinó como los casos de la fortuna se ofrescieren, los quales son tanto varios é peligrosos que estados Reales é grandes no se les deben cometer sin grande é madura deliberacion é á cosas muy justas é ciertas.
LETRA VIII. Al Obispo de Tuy, que estaba preso en Portugal, en respuesta de otra.[33]
Reverendo Señor: Encomendaros á la Virgen María no era mal consejo, si ese vuestro cuñado os lo consejára antes que os prendiera, mas consejándolo despues de preso, debriades decir: Ya no poide, segun que todo buen Gallego debia responder. Bien es, Señor, que tengais devocion en los milagros de alguna Casa de oracion, segun lo conseja el cuñado; pero junto con ella no dexeis de encomendaros á la Casa de la moneda de la Curuña, ó á otra semejante; porque entiendo que allí se facen los milagros porque vos aveis de ser libre. Por ende, Señor, prometed algo á una casa destas, é luego vereis por experiencia el milagro que vos esperais, é vuestro cuñado os conseja: y abreviad quanto pudieredes, porque segun acá anda vuestra hacienda, poco teneis agora para ofrecer á la Casa, é terneis menos ó nada si mucho os tardais. Decis, Señor, que no os hallaron otro crimen sinó aver reprehendido en sermones la entrada del Señor Rey de Portugal en Castilla. En verdad, Señor, algunos predicadores la aprobaron en sus sermones; pero yo libres los veo andar entre nosotros: aunque creo que tienen tanta pena por ser inciertos predicadores, quánta gloria vos debeis tener por ser cierto, aunque preso. Ya sabeis que Micheas Profeta preso estobo, y aun buena bofetada le dieron porque profetaba verdad contra todos los otros que persuadian al Rey Acab que entrase en Ramoth Galat: y bien sabeis quantos golpes resciben los Ministros de la verdad, la qual se aposenta de buena voluntad en los constantes, porque allí reluce ella mejor con los martirios: Herculem duri celebrant labores. ¿Pensais vos, Señor, que ese vuestro ingenio tan sotil, esa vuestra ánima tan apta é dedicada por su habilidad para gozar de la verdadera claridad, avía de quedar en esta vida sin prueba de trabajos que la limpiasen, porque limpia torne al lugar limpio donde vino? no lo creais. Aquellas que van al lugar sucio es de creer que vayan sin lavatorio de tentacion en esta vida. Gregorio in Pastorali dice: De spe æternæ hæreditatis gaudium sumant, quos adversitas vitæ temporalis humiliat. Mas os diría desto, sinó que pienso que querriades mas quatro remedios de idiotas, que cinco consuelos de Filosofos, por Filosofos que fuesen. Pero con todo eso tengo creído que por algun bien vuestro ovistes este trabajo: Sæpe majori fortunæ (dice Seneca) locum fecit injuria, segun avemos visto é leído en muchas partes. Así me vala Dios, Señor, quando no nos catarémos os espero cargado de tratos para poner paz en la tierra. Aqui nos dixeron que el Señor Rey de Portugal se queria meter en religion; agora nos dicen que se queria meter en guerra. ¿Lo uno ó lo otro es de creer? Ambas cosas seyendo tanto contrarias, lejanas son de un juicio tan excelente como el suyo. Algunos Castellanos aficionados á Portugal han andado por aqui cargados de profecías; dellas salen inciertas, otras hay en la verdad que no valen nada. Y pues andamos á profetizar, yo profetizo, que si el Señor Rey de Portugal deliberare entrar otra vez en estos Reynos á ponellos en guerra é trabajos, muertes é robos, é á Portugal á vueltas, no lo dudo, é menos dudo que faga los fechos de los descontentos; pero facer el suyo como lo desea, no lo creais en vida de los vivos. Plega á Nuestro Señor é á Nuestra Señora que presto seais libre é á vuestra honra.
LETRA IX. Para el Doctor de Talavera.[34]
Señor: Del nascimiento del Príncipe con salud de la Reyna ovimos acá muy gran placér. Claramente vemos sernos dado por especial dón de Dios, pues al fin de tan larga esperanza le plugo darnosle: pagado ha la Reyna á este Reyno la deuda de succesion viril, que era obligada de le dar, quanto yo por fé tengo que ha de ser el mas bienaventurado Príncipe del mundo; porque todos estos que nacen deseados son amigos de Dios, como fue Isaac, Samuél, é Sant Juan, é todos aquellos de quien la Sacra Escriptura hace mencion que ovieron nascimientos como este muy deseados: é no son sin causa, pues son concebidos é nascidos en virtud de muchas plegarias é sacrificios. Ved el Evangelio que se reza el dia de Sant Juan: cosa es tan trasladada que no parece sino molde el un nacimiento del otro: la otra Isabél, esta otra Isabél: el otro en estos dias, este estos mismos; é tambien que se gozaron los vecinos é parientes, é que fué terror á los de las montañas. No os escribo mas, Señor, sobre esto, porque se me entiende que otros abrán allá caído en esto mismo, é lo dirán y escribirán mejor que yo. Basta que podemos decir, que Repulit Deus tabernaculum Enrici, e tribum Alfonsi non elegit; sed elegit tribum Elisabeth quam dilexit, hallarloeis en el Psalmo de Attendite popule meus. No queda agora pues, sinó que alzadas las manos al Cielo, digamos todos el Nunc dimittis, que el otro dixo, pues ven nuestros ojos la salud de este Reyno. Plega aquel que oyó las oraciones para su nacimiento, que las oyga para le dar larga vida.
LETRA X. Para Don Enrique, tio del Rey.[35]
Muy noble é magnífico Señor: Usando Vuestra merced de su oficio é yo del mio, no es maravilla que mi mano esté de tinta, é vuestro pie sangriento. Bien creo, Señor, que esa vuestra herida tal y en tal lugar os daria dolor é pornia en temor. ¿Pero quereis que os diga, muy noble Señor, que la profesion que fecistes en la Orden de Caballería que tomastes os obliga á rescebir tanto mayores peligros que los otros, quanto mayor honra teneis que los otros? Porque si no tuviesedes ánimo mas que otros para semejantes afrentas, todos seriamos iguales. Ciertamente, Señor, fatiga me dió algunos dias la fama desa vuestra ferida, porque todos decian ser peligrosa; pero debemos ser alegres, pues servistes á Dios con devocion, é al Rey con lealtad, é á la patria con amor, é al fin quedastes libre. Loado sea Dios por ello, é la Virgen gloriosa su Madre.[36] Muy noble Señor: aquellos á quien yo subcedí en este cargo demandaban dádivas á los Señores por escrebir semejantes fechos. Yo, Señor, no quiero otra cosa sinó que Vra. merced me mande escrebir la disposicion de vuestra persona é de vuestro pie: é si en esto os aveis conmigo liberalmente, prometo á Vra. merced de facer el pie vuestro mejor que la mano de otro.
LETRA XI. Para la Reyna.[37]
Muy alta y excelente y poderosa Reyna é Señora: Pasados ya tantos trabajos é peligros como el Rey nuestro Señor é Vuestra Alteza aveis avido, no se debe tener en poca estima la escriptura dellos, pues ninguna se lee dó mayores hayan acaescido: y aun algunas Historias hay que las magnificaron con palabras los escriptores mucho mas que fueran las obras de los autores. E vuestras cosas, muy excelente Reyna é Señora, no sé yo quien tanto las pueda sublimar, que no haya mucho mas trabajado el obrador, que puede decir el escriptor. Yo iré á Vuestra Alteza segun me lo envia á mandar, é llevaré lo escripto hasta aqui, para que lo mande exâminar; porque escribir tiempos de tanta injusticia convertidos por la gracia de Dios en tanta justicia, tanta inobediencia en tanta obediencia, tanta corrupcion en tanta orden, yo confieso, Señora, que ha menester mejor cabeza que la mia. Despues desto es menester algunas veces fablar como el Rey, é como Vuestra Alteza, é asentar los propósitos que ovistes en las cosas: asentar asimismo vuestros consejos, vuestros motivos. Otras veces requiere fablar como los de vuestro Consejo; otras veces como los contrarios. Despues de esto las fablas é razonamientos, y otras diversas cosas. Todo esto, muy excelente Reyna é Señora, no es razon dexarlo á exâmen de un cerebro solo, aunque fuese bueno, pues ha de quedar por perpetua memoria. Y si Vuestra Alteza manda poner diligencia en los edificios que se caen por tiempo é no fablan ¿quánto mas la debe mandar poner en vuestra Historia, que ni cae ni calla? Muchos templos y edificios ficieron algunos Reyes y Emperadores pasados, de los quales no queda piedra que veamos; pero queda escriptura que leemos. En verdad muy excelente Reyna y Señora, segun lo vais faciendo, si otras dos fijas ó tres acá nos dais, antes de veinte años vereis vuestros fijos é nietos señores de toda la mayor parte de la Christiandad; y es cosa muy razonable que vuestra Persona Real se glorifique en leer[38] vuestras cosas, pues son dignas de exemplo é doctrina para vuestros descendientes en especial, é para todos los otros en general. Acá avemos oído las nuevas de la guerra que mandais mover contra los Moros. Ciertamente, muy excelente Reyna é Señora, quien bien mira todas las cosas del Rey é vuestras, claro verá como Dios os adereza la paz con quien la debeis tener, y os despierta á la guerra que sois obligados. Una de las cosas que los Reyes comarcanos vos an envidia, es tener en vuestros confines gente con quien, no solo podeis tener guerra justa, mas guerra santa, en que entendais é hagais exercer la Caballería de vuestros Reynos; que no piense Vuestra Alteza ser pequeño proveímiento. Tulio Ostilio, el tercero Rey que fué en Roma, movió guerra sin causa con los Albanos sus amigos é aun parientes, por no dexar en ocio su Caballería, del qual escribe Titus Livius: Segnescere civitatem ratus, bellum extra undique quærebat. ¿Pues quánto mejor lo hará quien la tiene tan justa buscada é comenzada? Mucho deseo saber como va á Vuestra Alteza con el Latin que aprendeis: dígolo, Señora, porque hay algun Latin tan zahareño que no se dexa tomar de los que tienen muchos negocios; aunque yo confio tanto en el ingenio de Vuestra Alteza, que si lo tomais entre manos, por sobervio que sea lo amansareis, como habeis fecho otros lenguages.
LETRA XII. Para Pedro de Toledo, Canónigo de Sevilla.
Señor: Muy acepto decís que os paresco á mi señor Cardenal. Grande vista debe ser por cierto la vuestra, pues tan lejos vedes lo que yo no veo tan cerca. Si á la comunicacion llamais acepcion, alguna tengo como los otros; pero dó no hay merced, no creais que haya acepcion, por grande que sea la comunicacion: maximè, que sabreis, Señor, que ni me comunica mucho su Señoría, ni me dá nada su magnificencia: é si alguna acepcion quereis que confiese, sabed que es como la de los reposteros de la plata, que tienen só llave doscientos marcos, y no tienen un maravedí para afeytarse. Creed, Señor, que no hay otro acepto sinó el que acepta ó el que acierta, quier por dicha, quier por gracia é suficiencia; é yo soy ageno destas cosas. Al presente ningunas nuevas hay que os escriba; porque en tiempo de buenos Reyes administrase la justicia, é la justicia engendra miedo, y el miedo escusa excesos, y dó no hay excesos hay sosiego, é do hay sosiego no hay escándalos, que crian la guerra que face los casos dó vienen las nuevas que el buen vino aporta. Aunque la mala condicion Española, inquieta de su natura, en el ayre querria si pudiese congelar los movimientos, é sufrir guerra de dentro, quando no la tienen de fuera. A osadas quien describió á los Españoles en la guerra perezosos, y en la paz escandalizosos, que supo lo que dixo. Demos gracias á Dios que tenemos un Rey é una Reyna, que no querais saber dellos sino que ambos, ni cada uno por sí, no tienen privado, que es la cosa, é aun la causa de la desobediencia y escándalos en los Reynos. El privado del Rey sabed que es la Reyna, y el privado de la Reyna sabed que es el Rey, y estos oyen é juzgan, é quieren derecho, que son cosas que estorban escándalos, é los amatan. Cerca de lo que os aplace saber de mí, creed, Señor, que ni en Corte ni en Castilla no vive hombre mejor vida; pero así la fenesca yo sirviendo á Dios, que si della fuese ya salido, no la tornase á tomar, aunque me la diesen con el Ducado de Borgoña, por las angustias é tristezas que con ella están entretexidas y enzarzadas. E pues quereis saber como me habeis de llamar, sabed, Señor, que me llaman Fernando, é me llamaban é llamarán Fernando, é si me dan el Maestrazgo de Santiago tambien Fernando; porque de aquel título é honra me quiero arrear que ninguno me pueda quitar, é tambien porque tengo creído que ningun título pone virtud á quien no la tiene de suyo. Valete.
LETRA XIII. Para el Condestable.[39]
Ilustre Señor: Rescebí la letra de vuestra Señoría, en que mostrais sentimiento por los trabajos que pasais, é peligros que esperais en este cerco que teneis sobre Montanches. Cosa por cierto nueva vemos en vuestra condicion; porque en las otras cosas que por vos han pasado, prosperas ó adversas, ni os vimos movimiento en la cara, ni sentimiento en la palabra. Verdad es que los males presentes son los que mas duelen en especial si se prolongan; é porque ese es duro, é dura tanto, no es maravilla que lo sintais. La muerte, que es el último de los temores terribles, dice Seneca que no es de temer, porque dura poco. Pero, ilustre Señor, yo creo bien que por duros é largos que sean los trabajos que agora teneis, vuestra Señoría los sufrirá con igual ánimo, pues que son por ensalzamiento de la Corona Real, é por el honor é paz de vuestra propria tierra: lo qual ningun bueno debe con mayor deseo cobdiciar, ni con mayor alegria oír, ni con tan grande y ferviente aficion del ánima é trabajo del cuerpo procurar; porque el fin de todos los mortales es tener paz, la qual así como los malos turban escandalizando, así los buenos procuran guerreando: é con guerra vemos que se quita la guerra, é se alcanza la paz, así como con fuego se quita el veneno, é se alcanza salud. Yo, Señor, dubdo que el Rey de Portugal venga á socorrer esa Fortaleza de Montanches que teneis cercada; porque cierta cosa es que este su socorro con gente se ha de facer, é su imperio no es el de Darío para que aya menester grandes tiempos en la juntar. En verdad, Señor, desque se dice este su socorro, sería quemada Escalona; pero dado que la socorriese, creo, ilustre Señor, que deliberastes bien antes que esa empresa aceptases, para no rescebir en ella mengua, como facen los varones fuertes, que no se ofrescen á toda cosa, mas eligen con maduro pensamiento aquella donde por qualquier cosa que acaezca, próspera ó adversa, resplandezca su loable memoria. E porque así como el miedo hace caer á los flacos, así el peligro hace proveer á los fuertes, tengo segura confianza que en el esfuerzo interior, y en la provision exterior, no teneis agora menor ánimo que tovistes al principio quando aceptastes esa empresa, para le dar el fin que vos quereis, é todos deseamos: porque como vuestra Señoría conoce, la salida se mira en las cosas que se comienzan, é no la causa porque se comenzaron. No dubdo, Señor, que hayais muchos trabajos, considerado el lugar, el tiempo, é las otras circunstancias: pero, Señor, si el ladron Caco no fuera afamado de recio, Hercules que lo mató no fuera loado de fuerte: porque do hay mayor peligro se muestra mayor grado de fortaleza, la qual no se loa combatiendo lo flaco, mas resplandece resistiendo lo fuerte, é tiene mayor grado de virtud esperando al que comete, que cometiendo al que espera; especialmente aquel que resiste presto los peligros que súbitamente vienen, porque en aquella presta resistencia parece tener fecho hábito de fortaleza, de la qual se ha de fornescer de tal manera qualquiera que face profesion en la Orden de Caballería, que ni el amor de la vida, ni menos el temor de la muerte le corrompa para facer cosa que no deba. Verdad es, Señor, que el temor de la muerte turba á todo hombre; pero el Caballero que está obligado á rescebir la muerte loable, é fuir de la vida torpe, debe seguir la doctrina del mote que traeis en vuestra divisa, que dice: Un bel morir toda la vida honra, al qual me refiero. Si en esta materia fablo mas que debo, en pena de mi atrevimiento quiero sofrir que me diga vuestra Señoría lo que dixo Anibal, el qual como anduviese huyendo de los Romanos, é oyese á uno parlar de Re militari, é ordenar como avian de ir las huestes, é como las batallas habian de ser ordenadas, respondió: Buenas cosas dice este necio; sinó que un caso que se suele atravesar en la facienda lo destruye todo, é hace ser vencidos á los que piensan ser vencedores: é por cierto, Señor, creo que dixo verdad; porque leemos en el Titus Livius que el graznido de un ansar que se atravesó escusó de ser tomado el Capitolio de Roma por los Franceses que tenian ya entrada la Ciudad, y despues fueron vencidos é desvaratados de los Romanos.
LETRA XIV. Para un su amigo de Toledo.[40]
Señor compadre: Vuestra letra rescebí, é porque veais si la entiendo, diré claro lo que vos decís entre dientes. En esa noble Cibdad no se puede buenamente sufrir que algunos que juzgais no ser de linage tengan honras é oficios de gobernacion; porque entendeis que el defecto de la sangre les quita la habilidad del gobernar. Asimismo se sufre gravemente ver riquezas en hombres que se cree no las merecer, en especial aquellos que nuevamente las ganaron. Destas cosas que se sienten ser graves é incomportables se engendra un mordimiento de envidia tal que atormenta é mueve muy ligeramente á tomar armas é facer insultos. ¡O tristes de los nuevamente ricos, que tienen guerra con los mayores porque los alcanzan, é con los menores porque no los pueden alcanzar! E debrian considerar los mayores que ovo comienzo su mayoría, é los menores que la pueden aver. E ciertamente, señor compadre, no sé yo que otra cosa se puede colegir del propósito de semejantes hombres, salvo que querrian emendar el mundo, é repartir los bienes é honras dél á su arbitrio, porque les parece que va muy errado, é las cosas dél no bien repartidas. Pleyto muy viejo toman por cierto, é querella muy antigua usada, é no aun en el mundo fenescida, cuyas raíces son hondas nascidas con los primeros hombres, é sus ramas de confusion que ciegan los entendimientos, é las flores secas é amarillas que afligen el pensamiento, é su fruto tan dañado é tan mortal que crió é cria toda la mayor parte de las muertes é crimines que en el mundo pasan é han pasado, los que aveis oído é los que aveis de oír. Mirad agora, Señor, yo vos ruego quanto yerra el apasionado deste error: porque dexando ora de decir como yerra contra ley de natura, pues todos somos nascidos de una masa, é ovimos un principio noble; é asimismo contra Ley Divina, que manda ser todos en un corral, é debaxo de un Pastor; y especialmente contra la clara virtud de la caridad, que nos alumbra el camino de la felicidad verdadera: aveis de saber que se lee en la Sacra Escriptura, que ovo una nacion de Gigantes, que fué por Dios destruida, porque segun se dice presumieron pelear con el Cielo. ¿Qué pues otra cosa podemos entender de los que mordidos de envidia facen escándalos é divisiones en los pueblos, sinó que remedando á la sobervia de aquellos Gigantes, quieren pelear con el Cielo, é quitar la fuerza á las estrellas, é repugnar las gracias que Dios reparte á cada uno como le place, en virtud de las quales alcanzan estas honras é bienes que ellos piensan emendar é contradecir? Vemos por experiencia algunos hombres destos que juzgamos nascidos de baxa sangre forzarles su natural inclinacion á dexar los oficios baxos de los padres, é aprender sciencias, é ser grandes letrados: vemos asimismo otros que tienen inclinacion natural á las armas é á la agricultura: otros en bien é compuestamente fablar: otros en administrar y en regir, é á otras artes diversas, y tener en ellas habilidad grande á que les fuerza su inclinacion natural. Otrosí vemos diversidad grande de condiciones, no solamente entre la multitud de los hombres, mas aun entre los hermanos nascidos de un padre é de una madre: el uno vemos sabio, el otro ignorante: uno cobarde, otro esforzado: liberal el un hermano, el otro avariento: uno dado á algunas artes, el otro á ninguna. En esa Cibdad pocos dias há vimos un hombre perayle, el qual era sabio en el arte de Astrología, y en el movimiento de las estrellas: mirad agora, ruego vos, quan gran diferencia hay entre el oficio de adobar paños, é la sciencia del movimiento de los Cielos; pero la fuerza de su constelacion lo llevó á aquello, por dó ovo en la Cibdad honra é reputacion. ¿Podemos nosotros por ventura quitar á estos la inclinacion natural que tienen, dó les procede esta honra que poseen? no por cierto, sinó peleando con el Cielo, como ficieron aquellos Gigantes que fueron destruídos. Tambien vemos los hijos é descendientes de muchos Reyes é notables hombres, obscuros é olvidados, por ser inhabiles é de baxa condicion. Fagamos agora que sean esforzados todos los que vienen de linage del Rey Pirrus, porque su padre fué esforzado: ó fagamos sabios á todos los descendientes del Rey Salomón, porque su padre fué el mas sabio: ó dad riquezas y estados grandes á los del linage del Rey Don Pedro de Castilla, é del Rey D. Donís de Portogal, pues no los tienen, é paresce que los deben tener, por ser de linage. E si el mundo quieren emendar, quiten las grandes dignidades, vasallos é rentas é oficios, que el Rey Don Enrique de treinta años á esta parte dió á hombres de baxo linage. Vano trabajo por cierto, é fatiga grande de espíritu da la ignorancia de este triste pecado: el qual ningun fruto de delectacion tiene como algunos otros pecados; porque en el acto y en el fin del acto engendra tristeza é pasion, con que llora su mal propio, y el bien ageno. Así que no se debe aver por molesto tener riquezas é honras aquellos que paresce que no las deben tener, y carescer dellas los que por linage paresce que las merecen; porque esto procede de una ordenacion Divina, que no se puede repugnar en la tierra, sinó con destruicion de la tierra. E avemos de creer que Dios fizo hombres, é no fizo linages en que escogiesen, é á todos fizo nobles en su nascimiento: la vileza de la sangre é obscuridad de linage ellos con sus manos lo toman aquellos, que dexado el camino de la clara virtud, se inclinan á los vicios é máculas del camino errado. Y pues á ninguno dieron eleccion de linage quando nasció, é todos tienen eleccion de costumbres quando viven, imposible sería segun razon ser el bueno privado de honra, ni el malo tenerla, aunque sus primeros la ayan tenido. Muchos de los que opinamos de noble sangre vemos pobres é raheces, á quienes ni la nobleza de sus primeros pudo quitar pobreza, ni dar autoridad: donde podemos claramente ver que esta nobleza que opinamos ninguna fuerza natural tiene que la faga permanescer de unos en otros, sinó permanesciendo la virtud, que dá la verdadera nobleza. Avemos eso mismo de mirar, que así como el cielo un momento no está quedo, así las cosas de la tierra no pueden estar en un estado: todas las muda el que nunca se muda: solo el amor de Dios, é la caridad del proximo es la que permanesce, la qual engendra en el Christiano buenos pensamientos, é le da gracia para las buenas obras, que facen la verdadera hidalguía, é para acabar bien en esta vida, é ser de linage de los Santos en la otra. No entendais, señor compadre, que yo condene á la mayor parte, ni á la menor; mas á algunos pocos, y bien pocos, que pecan é facen pecar á muchos alterándolos, é turbando la paz comun por su bien particular, é faciéndose principales guiadores, el camino desta vida yerran, y el de la otra cierran: porque sus principios destos que se facen principales son sobervia y ambicion, é sus medios envidia é malicia, é sus fines muerte y destruicion: los quales no debrian por cierto tener autoridad de principales; mas como hombres de escándalo debrian ser apartados, no solamente del pueblo, mas del mundo, pues tienen las intenciones tan dañadas, que ni el temor de Dios los retrae, ni el del Rey los enfrena, ni la consciencia los acusa, ni la vergüenza los impide, ni la razon los manda, ni la ley los juzga, y con sed rabiosa de alcanzar en los pueblos honras é riquezas, caresciendo del buen saber por dó se alcanzan las de buena parte, despiertan escándalos para las adquerir, poniendo veneno de division en el pueblo: el qual no puede tener quieto ni próspero estado quando lo que estos tales piensan dicen, y lo que dicen pueden, y lo que pueden osan é ponen en obra, é ninguno gelo resiste; á los quales los buenos é principales debrian por cierto con gran diligencia reprehender é castigar, por huir la indignacion de Dios, al qual vos encomiendo.
LETRA XV. Para el Cardenal.[41]
Ilustre y Reverendisimo Señor: Diego Garcia me apremió que escribiese consolaciones á Vuestra Señoría sobre la muerte del Duque vuestro hermano, que Dios haya, no conosciendo en quanta simpleza incurria yo si presumiese consolar á Vuestra Señoría, á quien todas las consolaciones que se pueden decir son presentes. No só yo de aquellos que presumen quitar con palabras la tristeza no aun madura, furtando su oficio al tiempo, que la suele quitar madurando. Yo, Reverendisimo Señor, no sé decir otra consolacion, sinó que muy ligeramente se consolará por muerte agena aquel que toda hora pensará en la suya.
LETRA XVI. Del razonamiento hecho á la Reyna quando hizo perdon general en Sevilla.[42]
Muy alta y excelente Reyna é Señora: Estos Caballeros é Pueblo desta vuestra Cibdad vienen aqui ante Vuestra Real Magestad, é vos notifican, que quanto gozo ovieron los dias pasados con vuestra venida en esta tierra, tanto terror y espanto ha puesto en ella el rigor grande que vuestros Ministros muestran en la execucion de vuestra justicia, el qual les ha convertido todo su placer en tristeza, é toda su alegría en miedo, é todo su gozo en angustia é trabajo. Muy excelente Reyna é Señora: Todos los hombres generalmente dice la Sacra Escriptura que somos inclinados á mal; y para refrenar esta mala inclinacion nuestra son puestas y establescidas leyes é penas, é fueron por Dios constituídos Reyes en las tierras, é Ministros para las executar, porque todos vivamos en paz é seguridad, para que alcancemos aquel fin bienaventurado que todos deseamos. Pero quando Reyes é Ministros no avemos, ó si los avemos son tales de quien no se haya temor, ni se cate obediencia, no nos maravillemos que la natura humana, siguiendo su mala inclinacion, se desenfrene é cometa delictos y excesos en las tierras, y especialmente en esta vuestra España, donde vemos que los hombres por la mayor parte pecan en un error comun, anteponiendo el servicio de sus señores inferiores á la obediencia que son obligados á los Reyes sus Soberanos Señores. E por cierto ni á Dios debemos ofender, aunque el Rey nos lo mande; ni al Rey, aunque nuestro Señor lo quiera: é porque pervertimos esta orden de obediencia vienen en los Reynos muchas veces las guerras que leemos pasadas, é los males que vemos presentes. Notorios son, muy poderosa Reyna é Señora, los delitos é crimines cometidos generalmente en todos vuestros Reynos en tiempo del Rey Don Enrique vuestro hermano, cuya ánima Dios haya, por la negligencia grande de su justicia, é la poca obediencia de sus súbditos: la qual dió causa que así como ovo disensiones y escándalos en todas las mas de las Cibdades de vuestros Reynos, así en esta estos dos Caballeros Duque de Medina y Marques de Cadiz se discordasen, é con el poco temor de la justicia Real se pusiesen en armas uno contra otro: en fuerza de los quales cada uno procuró de seguir su propósito en detrimento general de toda esta tierra: y en esta discordia ciudadana pocos ó ningunos de los moradores de ella se pueden buenamente escusar de haber pecado, desobedeciendo al Ceptro Real, siguiendo la parcialidad del uno ó del otro destos dos Caballeros. E dexando de decir las batallas que entre ellos ovo en la Cibdad é fuera della, é tornando á los males particulares que por causa dellas se siguieron en toda la tierra, no podemos por cierto negar que en aquel tiempo tan disoluto no fueron cometidas algunas fuerzas, muertes é robos é otros excesos por muchos vecinos desta Cibdad é su tierra, los quales causó la malicia del tiempo, y no excusó la justicia del Rey: y estos son en tanto número, que pensamos aver pocas casas en Sevilla que carezcan de pecado, quier cometiendolo ó favoresciendolo, quier encubriendolo ó seyendo en él participes, ó por otras vias é circunstancias. E porque de los males de las guerras vemos caídas é destruiciones de Pueblos é Cibdades, creemos verdaderamente que si esta guerra mas durára, y Dios por su gran misericordia no la remediára asentando á vuestra Real Magestad en la Silla Real del Rey vuestro padre, esta Cibdad de todo punto peresciera y se asolára. E si estonces, muy excelente Reyna é Señora, estaba en punto de se perder por la poca justicia, agora está perdida é muy caída por la mucha é muy rigurosa que vuestros Jueces é Ministros en ella executan: de la qual todo este pueblo ha apelado, é agora apela para ante la clemencia y piedad de vuestra Real Magestad, é con las lágrimas é gemidos que agora vedes é oís se humillan ante vos, é os suplícan que hayais aquella piedad de vuestros súbditos que Nuestro Señor ha de todos los vivientes, é que vuestras entrañas Reales se compadezcan de sus dolores, de sus destierros, pobrezas, angustias é trabajos que continuamente padescen, andando fuera de sus casas por miedo de vuestra justicia: la qual, muy excelente Reyna é Señora, como quier que se deba executar en los errados; pero no con tan gran rigor que se cierre aquella loable puerta de la clemencia que face á los Reyes amados, é si amados, de necesario temidos, porque ninguno ama á su Rey que no tema de le enojar. Verdad es, muy excelente Reyna é Señora, que Nuestro Señor tambien usa de justicia como de piedad; pero de la justicia algunas veces, y de la piedad todas veces, é no solamente todas veces, mas todos los momentos de la vida: porque si siempre usase de la justicia, segun siempre usa de piedad, como todos los mortales seamos dignos de pena, el mundo en un instante peresceria: é asimismo, porque como vuestra Real prudencia sabe, el rigor de la justicia engendra miedo, y el miedo turbacion, é la turbacion algunas veces desesperacion é pecado; é de la piedad procede amor, é del amor caridad, é de la caridad siempre se sigue mérito é gloria. E por esta razon hallará Vuestra Excelencia que la Sacra Escriptura está llena de loores ensalzando la piedad, la mansedumbre, la misericordia é clemencia, que son títulos é nombres de Nuestro Redentor, el qual nos dice que aprendamos dél, no á ser rigurosos en la justicia; mas aprended de mí, dice él, que soy manso é humilde de corazon. La Santa Iglesia Católica continuamente canta: Llena está, Señor, la tierra de tu misericordia: é por el continuo uso de su clemencia le llamamos Miserator, misericors, patiens, multæ misericordiæ. Mire bien Vuestra Alteza quantas veces refiere este su nombre de misericordioso, lo que no fallamos veces tan repetidas del nombre de justiciero, é mucho menos de riguroso en la justicia, porque el rigor de la justicia vecino es de la crueldad, é aquel Príncipe se llama cruel, que aunque tiene causa, no tiene templanza en el punir. E la piedad oficio es continuo de Nuestro Redentor, del qual tomando exemplo los Reyes y Emperadores, cuya fama resplandece entre los vivos, perdonaron los humildes, é persiguieron los sobervios, por remedar á aquel que les dió poder en las tierras: entre los quales aquel sabio Rey Salomón no demandó á Dios que se membrase de los trabajos, no de las limosnas, no de los otros méritos del Rey David su padre, ni menos de la justicia que fizo, é penas que executó; mas miembrate, dixo, Señor, de David, é de toda su mansedumbre: por los méritos de la qual entendia aquel Rey de ganar la mansedumbre é la piedad de Dios, para remision de sus pecados, é perpetuidad de su Silla Real. E vos, Reyna muy excelente, tomando aquella doctrina mansa de nuestro Salvador, é de los Reyes santos é buenos, templad vuestra justicia, é derramad vuestra misericordia é mansedumbre en vuestra tierra; porque tanto sereis junta con su Divinidad, quanto la remedaredes en las obras, é tanto la remedareis en las obras, quanto fueredes piadosa; y tanto sereis piadosa, quanto os compadescieredes é perdonaredes los miserables que llaman y esperan con gran angustia vuestra clemencia é mansedumbre. La qual, muy excelente Reyna, debe estár arraygada en vuestra memoria, y en los conceptos de vuestra ánima, porque se miembre Dios de vos é de vuestra mansedumbre, y os perdone como vos perdonaredes, y os dé vida como vos la dieredes, é perpetúe vuestra Silla Real en vuestros descendientes para siempre; especialmente con los desta Cibdad, aunque ayan errado, considerando que entre tanta multitud de errores dificile era vivir por sola inocencia. El Rey D. Juan vuestro padre, no solo en una Cibdad ni en una Provincia, mas en todos sus Reynos fizo perdon general quando las disensiones y escándalos en ellos acaescidos con los Infantes de Aragon sus primos. Vemos asimesmo que vuestra clemencia manda poner en libertad á los Portogueses que entraron en vuestros Reynos á os deservir, é cometieron en ellos grandes delictos é maleficios: é no solamente los mandais poner en libertad, mas mandaislos proveer de vuestras limosnas, é reducirlos á sus tierras. Reducid pues, Reyna muy excelente, á los vuestros, é la piedad que aveis con los extraños, avedla con los vuestros naturales: los quales así como el ánima enferma de cobdicia, aunque envuelta en el deseo de los bienes temporales, siempre suspira á un Dios que la repare con su misericordia; así bien estos vuestros subditos, aunque envueltos en las guerras é males pasados, todavía tubieron ferviente deseo de vuestra victoria é prosperidad, porque en virtud de vuestro Ceptro Real gozasen de paz é seguridad: la qual humildemente vos suplican que derrameis en esta vuestra Cibdad é tierra, porque así como damos gracias á Dios por los males que refrenó vuestra justicia, bien así gelas demos por la vida que nos otorga vuestra clemencia.
LETRA XVII. Para el Señor Don Enrique, tio del Rey.[43]
Muy noble é magnífico Señor: Manda Vra. merced que os escriba, y que no escriba consolaciones. Pláceme, Señor, de lo facer; porque ni yo mal pecado las sé enviar, ni vos, gracias á Dios, las aveis menester. Dexemos su oficio á Dios, que es el verdadero consolador, el qual despues de la pena dá refrigerio, y despues de las lágrimas derrama misericordia. Yo, muy noble Señor, no mandé á mi Carta que os dixese consolaciones ningunas; é si la he á las manos, yo le faré que otro dia no diga lo que no le mandan. Lo que yo le mandé que dixese á Vra. merced es, que si buenas feridas teniades, buenas os las tuviesedes; porque son insignias de la profesion que fecistes en la órden de Caballería que tomastes. E no sé yo que locura tomó á mi Carta en parlar consolaciones que no le mandaron; porque si bien consideramos vuestra persona, vuestra sangre, vuestra órden, vuestra ferida, y el lugar dó la oviste, mas es para dar alegria, que para poner tristura, ni escrebir sobre ello consolaciones. E dado que fuese tan nescio Fernando de Pulgar, que presumiese enviar consolaciones al Señor Don Enrique, tanta tierra hay de aqui allá, que ya quando las rescibiesedes seriades sano, é llegarian dañadas, aunque fuesen en escaveche. Ciertamente, Señor, la consolacion que no vá envuelta en algun remedio no vale un cornado; é por eso quando no puedo remediar no curo de consolar. Entiendo yo, Señor, que mas descansa hombre contando sus males proprios, que oyendo consolaciones agenas, quando no dan remedio de presente, ó lo prometen de futuro. Dice Vra. merced, que ese vuestro enojo conosceis ser poco, segun lo que sabeis que meresceis á Dios. Creed, Señor, que nunca esa tal palabra salió sinó por boca de buen ánima; porque fallareis que el dolor, así como pone desesperacion á los malos, así trae contricion á los buenos: y de esa tal palabra os debeis mas arrear teniendola en el corazon, que de la ferida que teneis en el pie.
LETRA XVIII. Para el Prior del Paso.[44]
Reverendo Señor: Si soñastes que os avía de escrebir una ó dos veces, é que Vra. Reverencia no me responda á ninguna, no creais en sueños, porque los mas son inciertos. Verdaderamente jurado avía in Sancto meo de no escrebiros, salvo porque la ira que me puso vuestra negligencia, me quitó vuestra bondad; y aun porque vuestro amor me constriñe, é vuestro temor me manda que os escriba muchas Letras, por aver sola una, que me dé tanta consolacion ogaño en este destierro, como me dió vuestra visitacion antaño en la dolencia. Escrebidme, Reverendo Señor, si de la salud corporal estais bien; que de la espiritual sé cierto que no estais mal. Vuestro Fray Diego de Zamora vino aqui: si tan bien libró los negocios que traía como despachó unas calenturas que le vinieron, sé que vá bien librado. Valete.
LETRA XIX. Para el Conde de Cifuentes, que estaba preso en Granada.[45]
Muy noble Señor: Agora que se vá entiviando el sentimiento que ove de vuestra prision, é arde el deseo que tengo de vuestra libertad, querria escrebir á Vra. merced algo que aprovechase; pero fallo que la libertad que vos aveis menester yo no la puedo dar, é la consolacion que podria dar, vos no la aveis menester; porque entiendo que vuestro seso os la dará sin ayuda del ageno: y aun dexélo, porque tengo creído que estas consolatorias que se usan consuelan poco quando no remedian algo. Muy noble Señor, si considerais quien sois, y el oficio que tomastes, y el por qué y el cómo y el dónde os prendieron, creo avreis alguna paciencia en ese trabajo dó estais; é si no la ovieredes, no sabría por agora deciros otra consolacion, sinó que preso con paciencia, ó preso sin paciencia, mas vale preso con paciencia. Las nuevas de la Reyna, que face é quiere facer, tan bien os las dirán los Moros de allá, como los Christianos de acá, é por eso no os las escribo. Plega al muy alto Dios que presto os veamos libre. El traslado de una Letra que ove enviado á un Caballero desterrado del Reyno os envio: leala Vra. merced, é obre la vuestra devocion.
LETRA XX. Para Don Iñigo de Mendoza Conde de Tendilla.[46]
Muy noble Señor: como á amigo no me podeis comunicar vuestras cosas, porque la desproporcion de las personas lo niega, y vuestro señorío no sufre tal grado de amistad. Ni menos las recibo como Coronista; pero como un servidor de los que teneis os tengo en merced avermelas escripto por extenso. Crea Vra. Señoría, que lo que sentís, deseais é quereis en ellas, quiero, siento é deseo. El trabajo que ovistes in reducendo commilitones ad viam parece bien obra de vuestras manos: y si de otra guisa se ficiera, tuvierades guerra, no solo con los enemigos, mas con los vuestros; porque ubi est corruptio moris, ibi est destructio mortis. E lo que peor es é mas grave, tuvieradesla con Dios; porque sin duda la Divinidad está airada contra la humanidad que está dañada. Una de las cosas porque se perdió Roma, dice Salustio en el Catilinario: Quod Lucius Sulla exercitum, quem in Asia ductaverat, quo sibi fidum faceret, contra morem majorum luxuriose, nimisque liberaliter habuerat loca amena, voluptaria facile in otio ferocis militum animos molliverant, ibi primum insuevit exercitus Populi Romani amare, potare &c. Alegar yo á Vra. Señoría el Salustio bien veo que es necedad: pero sufridla, pues sufro yo á estos Labradores que me cuenten á mí las cosas que vos faceis en Alhama. Ciertamente, Señor, como el enfermo que avida la salud estima mucho la medicina que primero le amargaba, bien así creo que esos vuestros comilitones amen mucho vuestra noble persona, quando conoscieren la salud que les acarreó vuestra doctrina. El socorro que fecistes á vuestra gente verdad es que es de notar apud alios mas que apud me, que conozco bien, segun quien sois, y el linage de donde venís, que ni aveis de fuir los enemigos, ni desamparar los amigos.
LETRA XXI. Para un su Amigo encubierto.[47]
Señor compadre: Ví una Carta, que fué echada de noche, é tomada entre puertas. La Carta se dirigia á mi señor el Cardenal, é la materia della eran injurias dirigidas á mí: é porque supe que vino antes á vuestras manos que á las mias, y que la andabades publicando por esa Cibdad, acordé despues de leída enviarla á su Señoría, pues vos no la enviastes. Pidoos de merced, si en algun tiempo supieredes quien es aquel encubierto que la fizo, le dedes esta respuesta que le fago.
Encubierto amigo: Ví la carta que enviastes á mi señor el Cardenal, por la qual injuriais á mí, é avisais á él de los yerros que os parecieron en una mi Letra que envie á su Señoría sobre la materia de los Hereges de Sevilla: é quanto toca á mis injurias, si decís verdad, yo me enmendaré; si no la decís, enmendaos vos. Pero como quier que ello sea, si á vos no plugo guardar la doctrina Evangélica en el injuriar, á mí place de la guardar en el perdonar: é para aquí, é para delante aquel que mandó perdonar las injurias os perdono, y en tal manera perdonado, que ni me queda escrúpulo ni rancor contra vos; porque entiendo que aquel que busca venganza, primero se atormenta que venga, é recibe tal alteracion, que pena el cuerpo, é no gana el ánima. E por esto aquel Redentor é verdadero Físico nuestro tan bien nos dió doctrina saludable á los cuerpos como á las ánimas quando nos mandó perdonar á nuestros abofeteadores, segun yo perdono á vos por la presente las bofetadas que me dais: allá os lo aved con Dios, que reservó para sí la jurisdiccion de la vindicta. Señor encubierto, ó vos fablais bien en vuestra Letra, ó mal: si mal, ¿por qué la escrebís? é si bien, ¿por qué os encubrís, como sea verdad que todo Católico Christiano segun que os mostrais, no debe encubrir su doctrina, é mucho menos su persona? E vos me paresce que faceis lo contrario, encubrís vuestra persona, é publicais vuestras injurias, las quales debrian ser reprehension secreta, como dice Crisóstomo sobre Matéo, é no injuria pública, como prohibe Christo en el Evangelio. Reprehendeisme de las cosas contenidas en la Letra que envié á mi señor el Cardenal: é si ella ó yo fueramos dignos de reprehension ¿quién mas ni mejor la pudiera, é aun debiera recusar, que el mesmo Cardenal á quien mi Carta se dirigia, por ser uno de los quiciales sobre que se rodea la Iglesia de Dios? Pero sin dubda, ni en presencia, ni por Letra la reprehendió él, ni otros Letrados que la vieron; porque son palabras de Sant Agustin, Epístola ciento é quarenta é nueve, sobre el paragrafo de los Hereges Donatistas. Si aquellas palabras fallais ser reprehensibles, avedlo allá con Sant Agustin que las dixo, y dexad á mi que las alego. Otrosí parece que en el principio de vuestra Letra me acusais del pecado de vanagloria, porque dixe que esperaba su Señoría mi Letra: y deste pecado por cierto entiendo que no me podeis emendar; porque su Señoría, é otros Señores é doctos hombres me han escrito, é de continuo escriben mandandome que les escriba, y es por fuerza facer lo que mandan: faced vos cesar su mando, é avreis castigado mi vanagloria. Reprehendeisme asimismo de albardan porque escribo algunas veces cosas jocosas; é ciertamente, Señor encubierto, vos decís verdad; pero yo ví á aquellos nobles é magníficos varones Marques de Santillana D. Iñigo Lopez de Mendoza, é Don Diego Hurtado de Mendoza su fijo Duque del Infantazgo, é á Fernan Perez de Guzman Señor de Batres, é á otros notables varones escrebir mensageras de mucha doctrina, interponiendo en ellas algunas cosas de burlas que daban sal á las veras. Leed si os place las Epístolas familiares de Tulio que enviaba á Marco Marcelo, é á Elio Lucio, é á Ticio, é á Lelio Valerio, é á Curion, é á otros muchos, é fallareis interpuestas asaz burlas en las veras: é aun Platón é Terencio no me paresce que son reprehendidos porque interpusieron cosas jocosas en su escriptura. No creais que traygo yo este exemplo porque presuma compararme á ninguno destos; pero ellos para quien eran, é yo para quien só, ¿por qué no me dexareis vos, Acusador amigo, albardanear lo que supiere sin injuria de ninguno, pues dello me fallo bien, é vos no mal? Con todo eso os digo, que si vos, señor Encubierto, fallardes que jamás escribiese un renglon de burlas dó no oviese catorce de veras, quiero yo quedar por el albardan que vos me juzgais. Asimismo decís: que mi Carta dice que yerran los Inquisidores de Sevilla en lo que facen, é que se seguiria que la Reyna nuestra Señora avria errado en gelo cometer. Yo por cierto no escrebí Carta que tal cosa dixese, é me paresce conozco tanto della que no dirá lo que no le mandé: porque ni yo digo que ellos yerran en su oficio, ni la Reyna en su comision, aunque posible seria su Alteza aver errado en gelo cometer, é aun ellos en el proceder; é lo uno é lo otro no por malas intenciones suyas, mas por dañadas informaciones agenas. Bueno era por cierto é discreto el Rey Don Juan, de gloriosa memoria; pero pensando que facia bien cometió esa Cibdad de Toledo á Pero Sarmiento que gela guardase, el qual pervertido de malos hombres della, rebeló contra él, y le tiró el Título Real, é aun tiró piedras á su tienda. La Reyna nuestra Señora bien pensó que facia quando confió la Fortaleza de Nodar á Martin de Sepulveda; pero alzóse con ella, é vendióla al Rey de Portogal. Así que, señor Emendador, no es maravilla que su Alteza haya errado en la comision que fizo, pensando que cometia bien, y ellos en los procesos, pensando que no se informan mal; aunque ni yo dixe, ni agora afirmo cosa ninguna destas. A las otras cosas que tocais de la Sacra Escriptura no os respondo, porque no sé quien sois: aclaraos, é satisfaceros he quanto pudiere, é aun daros he á entender claro como pecais en el pecado de la mentira por me macular del pecado de la heregía.