← Table of contents
Poema del Otoño y otros poemas, Obras Completas Vol. XI

VIII—A MARGARITA DEBAYLE

Reading edition

Illustration from Poema del Otoño y otros poemas Obras Completas Vol. XI
Illustration from Poema del Otoño y otros poemas Obras Completas Vol. XI

MARGARITA, ESTÁ LINDA LA MAR, y el viento lleva esencia sutil de azahar; yo siento en el alma una alondra cantar: tu acento. Margarita, te voy a contar un cuento.

Illustration from Poema del Otoño y otros poemas Obras Completas Vol. XI

Este era un rey que tenía un palacio de diamantes, una tienda hecha del día y un rebaño de elefantes, un kiosco de malaquita, un gran manto de tisú, y una gentil princesita, tan bonita, Margarita, tan bonita como tú. Una tarde la princesa vió una estrella aparecer; la princesa era traviesa y la quiso ir a coger. La quería para hacerla decorar un prendedor,

Illustration from Poema del Otoño y otros poemas Obras Completas Vol. XI

Y siguió camino arriba, por la luna y más allá;

con un verso y una perla, y una pluma y una flor. Las princesas primorosas se parecen mucho a ti: cortan lirios, cortan rosas, cortan astros. Son así. Pues se fué la niña bella, bajo el cielo y sobre el mar, a cortar la blanca estrella que la hacía suspirar. Y siguió camino arriba, por la luna y más allá; mas lo malo es que ella iba sin permiso del papá. Cuando estuvo ya de vuelta de los parques del Señor, se miraba toda envuelta en un dulce resplandor. Y el rey dijo: «¿Qué te has hecho? Te he buscado y no te hallé; y ¿qué tienes en el pecho, que encendido se te ve?» La princesa no mentía. Y así, dijo la verdad: «Fuí a cortar la estrella mía a la azul inmensidad.» Y el rey clama: «¿No te he dicho que el azul no hay que tocar? ¡Qué locura! ¡Qué capricho! El Señor se va a enojar.»

Illustration from Poema del Otoño y otros poemas Obras Completas Vol. XI

«Fuí a cortar la estrella mía a la azul inmensidad,»

Y dice ella: «No hubo intento; yo me fuí no sé por qué; Por las olas y en el viento fui a la estrella y la corté.» Y el papá dice enojado: «Un castigo has de tener: vuelve al cielo, y lo robado vas ahora a devolver.» La princesa se entristece por su dulce flor de luz, cuando entonces aparece sonriendo el Buen Jesús. Y así dice: «En mis campiñas esa rosa le ofrecí: son mis flores de las niñas que al soñar piensan en mí.» Viste el rey ropas brillantes, y luego hace desfilar cuatrocientos elefantes a la orilla de la mar. La princesita está bella, pues ya tiene el prendedor en que lucen con la estrella, verso, perla, pluma y flor. Margarita, está linda la mar, y el viento lleva esencia sutil de azahar: tu aliento. Ya que lejos de mí vas a estar, guarda, niña, un gentil pensamiento al que un día te quiso contar un cuento.

Explore with AITake your curiosity a little further.

Reading settings