V Una estrella en noche obscura
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Ibarra subió á su cuarto que da al río, y dejóse caer sobre un sillón, mirando al espacio que se ensanchaba delante de él, gracias á la abierta ventana.
Pero Ibarra no veía nada de esto: sus ojos veían otra cosa. Cuatro desnudos y sucios muros encerraban un pequeño espacio; en uno de aquéllos, allá arriba, había una reja; sobre el sucio y asqueroso suelo, una estera, y sobre la estera un anciano agonizando: el anciano, que respiraba con dificultad, volvía á todas partes la vista y pronunciaba llorando un nombre; el anciano estaba solo; se oía de cuando en cuando el ruido de una cadena ó un gemido al través de la pared... y luego allá á lo lejos un alegre festín, casi una bacanal, un joven ríe, grita, derrama el vino sobre las flores á los aplausos y á la embriagada risa de los demás. ¡Y el anciano tenía las facciones de su padre, el joven se le parecía á él, y el nombre que aquél pronunciaba llorando era el suyo!
Esto era lo que veía el desgraciado delante de sí. Se apagaron las luces en la casa de enfrente, cesó la música y el ruido, pero Ibarra oía aún el angustiado grito de su padre, buscando un hijo en su última hora.
El silencio había soplado su hueco aliento sobre Manila, y todo parecía dormir en los brazos de la nada; oíase el canto del gallo alternar con los relojes de las torres y con el melancólico grito de alerta del aburrido centinela; un pedazo de luna empezaba á asomarse; todo parecía descansar; sí, el mismo Ibarra dormía ya también, cansado quizás de sus tristes pensamientos ó del viaje.
Pero el joven franciscano, que vimos hace poco inmóvil y silencioso en medio de la animación de la sala, no dormía, velaba. Con el codo sobre el antepecho de la ventana de su celda, el pálido y enflaquecido rostro apoyado en la palma de su mano, miraba silencioso á lo lejos una estrella que brillaba en el obscuro cielo. La estrella palideció y se eclipsó, la luna perdió sus pocos fulgores de luna menguante; pero el fraile no se movió de su sitio: miraba al lejano horizonte que se perdía en la bruma de la mañana, hacia el campo de Bagumbayan, hacia el mar que dormía aún.