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Naufragios de Alvar Núñez Cabeza de Vaca

NAVFRAGIOS (continued 2)

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CAP. XVIII. De la Relacion que diò de Esquivèl.

Esta cuenta toda diò Figueroa por la relacion que de Esquivèl havia sabido, i asi de mano en mano llegò à mi, por donde se puede vèr, i saber el fin que toda aquella Armada hovo, i los particulares casos, que à cada vno de los demàs acontescieron. Y dixo mas, que si los Christianos algun tiempo andaban por alli, podria ser que viesen à Esquivèl, porque sabia que se havia huìdo de aquel Indio con quien estaba, à otros que se decian los Mareames, que eran alli vecinos. Y como acabo de decir, èl, i el Asturiano se quisieran ir à otros Indios, que adelante estaban: mas como los Indios que lo tenian lo sintieron, salieron à ellos, i dieronles muchos palos, i desnudaron al Asturiano, i pasaronle vn braço con vna Flecha; i en fin se escaparon huiendo, i los Christianos se quedaron con aquellos Indios, i acabaron con ellos, que los tomasen por Esclavos, aunque estando sirviendoles fueron tan mal tratados de ellos, como nunca Esclavos, ni Hombres de ninguna suerte lo fueron; porque de seis que eran, no contentos con darles muchas bofetadas, i apalearlos, i pelarles las barbas por su pasatiempo, por solo pasar de vna casa, ò otra, mataron tres, que son los que arriba dixe: Diego Dorantes, i Valdivieso, i Diego de Huelva, i los otros tres que quedaban, esperaban parar en esto mismo: i por no sufrir esta vida, Andrès Dorantes se huyò, i se pasò à los Mareames, que eran aquellos adonde Esquivèl havia parado, i ellos le contaron como havian tenido alli à Esquivèl, i como estando alli se quiso huir, porque vna Muger havia soñado, que le havia de matar vn Hijo, i los Indios fueron tras èl, i lo mataron, i mostraron à Andrès Dorantes su Espada, i sus Cuentas, i Libro, i otras cosas que tenia. Esto hacen estos por vna costumbre que tienen, i es, que matan sus mismos Hijos por sueños, i à las Hijas en nasciendo las dexan comer à Perros, i las echan por aì. La razon porque ellos lo hacen es, segun ellos dicen, porque todos los de la Tierra son sus enemigos, i con ellos tienen continua guerra: i que si acaso casasen sus Hijas, multiplicarian tanto sus enemigos, que los sujetarian, i tomarian por Esclavos: i por esta causa querian mas matallas, que no que de ellas mismas nasciese quien fuese su enemigo. Nosotros les diximos, que por què no las casaban con ellos mismos? Y tambien entre ellos dixeron, que era fea cosa casarlas con sus Parientes, i que era mui mejor matarlas, que darlas à sus Parientes, ni à sus enemigos: i esta costumbre vsan estos, i otros sus vecinos, que se llaman los Iguaces solamente, sin que ningunos otros de la Tierra la guarden. Y quando estos se han de casar, compran las Mugeres à sus Enemigos, i el precio que cada vno dà por la suia, es vn Arco, el mejor que puede haver, con dos Flechas; i si acaso no tiene Arco, vna Red, hasta vna braça en ancho, i otra en largo: matan sus Hijos, i mercan los agenos: no dura el casamiento mas de quanto estàn contentos, i con vna Higa deshacen el casamiento. Dorantes estuvo con estos, i desde à pocos dias se huiò. Castillo, i Estevanico se vinieron dentro à la Tierra-firme à los Yeguaces. Toda esta Gente son Flecheros, i bien dispuestos, aunque no tan grandes como los que atràs dexamos; i traen la Teta, i el Labio horadados. Su mantenimiento principalmente es Raìces de dos, ò tres maneras, i buscanlas por toda la Tierra: son mui malas, i hinchan los Hombres que las comen. Tardan dos dias en asarse, i muchas de ellas son mui amargas, i con todo esto se sacan con mucho trabajo. Es tanta la hambre, que aquellas Gentes tienen, que no se pueden pasar sin ellas, i andan dos, ò tres Leguas buscandolas. Algunas veces matan algunos Venados, i à tiempos toman algun Pescado: mas esto es tan poco, i su hambre tan grande, que comen Arañas, i huevos de Hormigas, i Gusanos, i Lagartijas, i Salamanquesas, i Culebras, i Vivoras, que matan los Hombres, que muerden, i comen Tierra, i Madera, i todo lo que pueden haver, i estiercol de Venados, i otras cosas, que dexo de contar; i creo averiguadamente, que si en aquella Tierra huviese piedras, las comerian. Guardan las espinas del Pescado, que comen, i de las Culebras, i otras cosas, para molerlo despues todo, i comer el polvo de ello. Entre estos no se cargan los Hombres, ni llevan cosa de peso, mas llevanlo las Mugeres, i los Viejos, que es la Gente que ellos en menos tienen. No tienen tanto amor à sus Hijos, como los que arriba diximos. Ai algunos entre ellos, que vsan pecado contra natura. Las Mugeres son mui trabajadas, i para mucho: porque de veinte i quatro horas que ai entre dia, i noche, no tienen sino seis horas de descanso: i todo lo mas de la noche pasan en atiçar sus Hornos, para secar aquellas Raìces, que comen; i desque amanesce comiençan à cabar, i à traer Leña, i Agua à sus Casas, i dàr orden en las otras cosas, de que tienen necesidad. Los mas de estos son grandes Ladrones, porque aunque entre sì son bien partidos, en bolviendo vno la cabeça, su Hijo mismo, ò su Padre, le toma lo que puede. Mienten mui mucho, i son grandes borrachos, i para esto beben ellos vna cierta cosa. Estan tan vsados à correr, que sin descansar, ni cansar, corren desde la mañana hasta la noche, i siguen vn Venado; i de esta manera matan muchos de ellos, porque los siguen, hasta que los cansan; i algunas veces los toman vivos. Las Casas de ellos son de Esteras, puestas sobre quatro Arcos, llevanlas acuestas, i mudanse cada dos, ò tres dias, para buscar de comer: ninguna cosa siembran, que se puedan aprovechar: es Gente mui alegre: por mucha hambre que tengan, por eso no dexan de bailar, ni de hacer sus Fiestas, i Areytos. Para ellos el mejor tiempo que estos tienen, es quando comen las Tunas, porque entonces no tienen hambre, i todo el tiempo se les pasa en bailar, i comen de ellas de noche, i de dia: todo el tiempo que les duran, exprimenlas, i abrenlas, i ponenlas à secar; i despues de secas, ponenlas en vnas Seras, como Higos, i guardanlas para comer por el camino, quando se buelven, i las cascaras de ellas muelenlas, i hacenlas polvo. Muchas veces, estando con estos, nos acontesciò tres, ò quatro dias estàr sin comer, porque no lo havia: ellos, por alegrarnos, nos decian, que no estuviesemos tristes, que presto havria Tunas, i comeriamos muchas, i beberiamos del çumo de ellas, i terniamos las barrigas mui grandes, i estariamos mui contentos, i alegres, i sin hambre alguna: i desde el tiempo que esto nos decian, hasta que las Tunas se huviesen de comer, havia cinco, ò seis Meses: i en fin, huvimos de esperar aquestos seis Meses; i quando fue tiempo, fuimos à comer las Tunas: hallamos por la Tierra mui gran cantidad de Mosquitos, de tres maneras, que son mui malos, i enojosos, i todo lo mas del Verano nos daban mucha fatiga: i para defendernos de ellos, haciamos al derredor de la Gente muchos fuegos de Leña podrida, i mojada, para que no ardiesen, i hiciesen humo; i esta defension nos daba otro trabajo, porque en toda la noche no haciamos sino llorar, del humo que en los ojos nos daba, i sobre eso gran calor, que nos causaban los muchos fuegos, i saliamos à dormir à la Costa; i si alguna vez podiamos dormir, recordabannos à palos, para que tornasemos à encender los fuegos. Los de la Tierra adentro, para esto vsan otro remedio, tan incomportable, i mas que este que he dicho; i es, andar con tiçones en las manos, quemando los Campos, i Montes, que topan, para que los Mosquitos huian, i tambien para sacar debaxo de Tierra Lagartijas, i otras semejantes cosas, para comerlas: i tambien suelen matar Venados, cercandolos con muchos fuegos, i vsan tambien esto, por quitar à los Animales el pasto, que la necesidad les haga ir à buscarlo adonde ellos quieren, porque nunca hacen asiento con sus Casas, sino donde ai Agua, i Leña, i alguna vez se cargan todos de esta provision, i vàn à buscar los Venados, que mui ordinariamente estan donde no ai Agua, ni Leña: i el dia que llegan matan Venados, i algunas otras cosas que pueden, i gastan todo el Agua, i Leña en guisar de comer, i en los fuegos que hacen para defenderse de los Mosquitos, i esperan otro dia para tomar algo que lleven para el camino; i quando parten, tales vàn de los Mosquitos, que paresce que tienen enfermedad de Sant Laçaro: i de esta manera satisfacen su hambre dos, ò tres veces en el año, à tan grande costa como he dicho; i por haver pasado por ello, puedo afirmar, que ningun trabajo que se sufra en el Mundo, iguala con este. Por la Tierra ai muchos Venados, i otras Aves, i Animales, de las que atràs he contado. Alcançan aqui Vacas, i Yo las he visto tres veces, i comido de ellas: i paresceme, que seran del tamaño de las de España: tienen los cuernos pequeños, como Moriscas, i el pelo mui largo, merino, como vna bernia, vnas son pardillas, i otras negras; i à mi parescer tienen mejor, i mas gruesa carne, que de las de acà. De las que no son grandes, hacen los Indios Mantas para cubrirse, i de las maiores hacen Çapatos, i Rodelas: estas vienen de àcia el Norte, por la Tierra adelante, hasta la Costa de la Florida, i tiendense por toda la Tierra mas de quatrocientas Leguas: i en todo este camino, por los Valles por donde ellas vienen, baxan las Gentes, que por alli habitan, i se mantienen de ellas, i meten en la Tierra grande cantidad de Cueros.

CAP. XIX. De como nos apartaron los Indios.

Quando fueron cumplidos los seis Meses, que Yo estuve con los Christianos, esperando à poner en efecto el concierto que teniamos hecho, los Indios se fueron à las Tunas, que havia de alli à donde las havian de coger, hasta treinta Leguas: i ià que estabamos para huirnos, los Indios con quien estabamos, vnos con otros riñeron sobre vna Muger, i se apuñearon, i apalearon, i descalabraron vnos à otros; i con el grande enojo que huvieron, cada vno tomò su Casa, i se fue à su parte: de donde fue necesario, que todos los Christianos que alli eramos, tambien nos apartasemos, i en ninguna manera nos podimos juntar hasta otro Año: i en este tiempo Yo pasè mui mala vida, ansi por la mucha hambre, como por el mal tratamiento, que de los Indios rescibia, que fue tal, que Yo me huve de huir tres veces de los Amos que tenia, i todos me anduvieron à buscar, i poniendo diligencia para matarme; i Dios Nuestro Señor, por su misericordia, me quiso guardar, i amparar de ellos, i quando el tiempo de las Tunas tornò, en aquel mismo lugar nos tornamos à juntar. Yà que teniamos concertado de huirnos, i señalado el dia, aquel mismo dia los Indios nos apartaron, i fuimos cada vno por su parte: i Yo dixe à los otros Compañeros, que Yo los esperaria en las Tunas; hasta que la Luna fuese llena: i este dia era primero de Septiembre, i primero dia de Luna; i aviselos, que si en este tiempo no viniesen al concierto, Yo me iria solo, i los dexaria: i ansi nos apartamos, i cada vno se fue con sus Indios, i Yo estuve con los mios, hasta trece de Luna: i Yo tenia acordado de me huir à otros Indios, en siendo la Luna llena; i à trece dias del Mes llegaron adonde Yo estaba Andrès Dorantes, i Estevanico, i dixeronme como dexaban à Castillo con otros Indios, que se llamaban Anagados, i que estaban cerca de alli, i que havian pasado mucho trabajo, i que havian andado perdidos, i que otro dia adelante nuestros Indios se mudaron àcia donde Castillo estaba, i iban à juntarse con los que lo tenian, i hacerse Amigos vnos de otros, porque hasta alli havian tenido Guerra: i de esta manera cobramos à Castillo. En todo el tiempo que comiamos las Tunas, teniamos sed, i para remedio de esto bebiamos el çumo de las Tunas, i sacabamoslo en vn hoio, que en la Tierra haciamos, i desque estaba lleno, bebiamos de èl, hasta que nos hartabamos. Es dulce, i de color de Arrope: esto hacen, por falta de otras Vasijas. Ai muchas maneras de Tunas, i entre ellas ai algunas mui buenas, aunque à mi todas me parescian asi, i nunca la hambre me diò espacio para escogerlas, ni parar mientes en quales eran mejores. Todas las mas de Gentes beben Agua llovediça, i recogida en algunas partes, porque aunque ai Rios, como nunca estan de asiento, nunca tienen Agua conoscida, ni señalada. Por toda la Tierra ai mui grandes, i hermosas Dehesas, i de mui buenos pastos para Ganados; i paresceme, que seria Tierra mui fructifera, si fuese labrada, i habitada de Gente de raçon. No vimos Sierra en toda ella, en tanto que en ella estuvimos. Aquellos Indios nos dixeron, que otros estaban mas adelante, llamados Camones, que viven àcia la Costa, i havian muerto toda la Gente, que venia en la Barca de Peñalosa, i Tellez, i que venian tan flacos, que aunque los mataban no se defendian: i asi los acabaron todos, i nos mostraron Ropas, i Armas de ellos, i dixeron, que la Barca estaba alli al travès. Esta es la quinta Barca, que faltaba, porque la del Governador ià diximos como la Mar la llevò: i la del Contador, i los Frailes la havian visto echada al travès en la Costa, i Esquivèl contò el fin de ellos. Las dos, en que Castillo, i Yo, i Dorantes ibamos, ià hemos contado, como junto à la Isla de Malhado se hundieron.

CAP. XX. De como nos huimos.

Despues de havernos mudado, desde à dos dias nos encomendamos à Dios Nuestro Señor, i nos fuimos huiendo, confiando, que aunque era ià tarde, i las Tunas se acababan, con los frutos que quedarian en el Campo, podriamos andar buena parte de Tierra. Yendo aquel dia nuestro camino, con harto temor que los Indios nos havian de seguir, vimos vnos humos, i iendo à ellos, despues de Visperas llegamos allà, do vimos vn Indio, que como viò que ibamos à èl, huiò, sin querernos aguardar: nosotros embiamos al Negro tras de èl, i como viò que iba solo, aguardòlo. El Negro le dixo, que ibamos à buscar aquella Gente, que hacia aquellos humos. El respondiò, que cerca de alli estaban las Casas, i que nos guiaria allà, i asi lo fuimos siguiendo: i èl corriò à dàr aviso de como ibamos, i à puesta del Sol vimos las Casas: i dos tiros de Ballesta antes que llegasemos à ellas, hallamos quatro Indios, que nos esperaban, i nos rescibieron bien. Diximosles, en Lengua de Mariames, que ibamos à buscallos: i ellos mostraron, que se holgaban con nuestra compañia, i ansi nos llevaron à sus Casas; i à Dorantes, i al Negro aposentaron en Casa de vn Fisico: i à mi, i à Castillo en Casa de otro. Estos tienen otra Lengua, i llamanse Avavares, i son aquellos que solian llevar los Arcos à los nuestros, i iban à contratar con ellos; i aunque son de otra Nacion, i Lengua, entienden la Lengua de aquellos con quien antes estabamos, i aquel mismo dia havian llegado alli con sus Casas. Luego el Pueblo nos ofresciò muchas Tunas, porque ià ellos tenian noticia de nosotros, i como curabamos, i de las maravillas, que Nuestro Señor con nosotros obraba (que aunque no huviera otras) harto grandes eran abrirnos caminos por Tierra tan despoblada, i darnos Gente, por donde muchos tiempos no la havia, i librarnos de tantos peligros, i no permitir que nos matasen, i sustentarnos con tanta hambre, i poner aquellas Gentes en coraçon, que nos tratasen bien, como adelante dirèmos.

CAP. XXI. De como curamos aqui vnos dolientes.

Aquella misma noche, que llegamos, vinieron vnos Indios à Castillo, i dixeronle, que estaban mui malos de la cabeça, rogandole, que los curase; i despues que los huvo santiguado, i encomendado à Dios, en aquel punto los Indios dixeron, que todo el mal se les havia quitado: i fueron à sus Casas, i truxeron muchas Tunas, i vn pedaço de carne de Venado, cosa, que no sabiamos què cosa era; i como esto entre ellos se publicò, vinieron otros muchos enfermos en aquella noche, à que los sanase, i cada vno traìa vn pedaço de Venado: i tantos eran, que no sabiamos adonde poner la carne. Dimos muchas gracias à Dios, porque cada dia iba cresciendo su misericordia, i mercedes; i despues que se acabaron las curas, començaron à bailar, i hacer sus Areytos, i Fiestas, hasta otro dia que el Sol saliò: i durò la fiesta tres dias, por haver nosotros venido, i al cabo de ellos les preguntamos por la Tierra de adelante, i por la Gente que en ella hallariamos, i los Mantenimientos que en ella havia? Respondieronnos, que por toda aquella Tierra havia muchas Tunas, mas que ià eran acabadas, i que ninguna Gente havia, porque todos eran idos à sus Casas, con haver ià cogido las Tunas: i que la Tierra era mui fria, i en ella havia mui pocos Cueros. Nosotros, viendo esto, que ià el Invierno, i tiempo frio entraba, acordamos de pasarlo con estos. A cabo de cinco dias, que alli haviamos llegado, se partieron à buscar otras Tunas, adonde havia otra Gente de otras Nasciones, i Lenguas; i andadas cinco jornadas, con mui grande hambre, porque en el camino no havia Tunas, ni otra Fruta ninguna, allegamos à vn Rio, donde asentamos nuestras Casas, i despues de asentadas, fuimos à buscar vna Fruta de vnos Arboles, que es como Hieros: i como por toda esta Tierra no ai Caminos, Yo me detuve mas en buscarla: la Gente se bolviò, i Yo quedè solo, i viniendo à buscarlos, aquella noche me perdì; i plugò à Dios, que hallè vn Arbol ardiendo, i al fuego de èl pasè aquel frio aquella noche, i à la mañana Yo me carguè de Leña, i tomè dos tiçones, i bolvì à buscarlos, i anduve de esta manera cinco dias, siempre con mi lumbre, i carga de Leña, porque si el fuego se me matase en parte donde no tuviese Leña, como en muchas partes no la havia, tuviese de que hacer otros tiçones, i no me quedase sin lumbre, porque para el frio Yo no tenia otro remedio, por andar desnudo, como nascì; i para las noches Yo tenia este remedio, que me iba à las matas del Monte, que estaba cerca de los Rios, i paraba en ellas, antes que el Sol se pusiese, i en la Tierra hacia vn hoio, i en èl echaba mucha Leña, que se cria en muchos Arboles, de que por alli ai mui gran cantidad, i juntaba mucha Leña, de la que estaba caìda, i seca de los Arboles, i al derredor de aquel hoio hacia quatro fuegos en Cruz, i Yo tenia cargo, i cuidado de rehacer el fuego de rato en rato, i hacia vnas gavillas de paja larga, que por alli ai, con que me cubria en aquel hoio: i de esta manera me amparaba del frio de las noches; i vna de ellas el fuego caiò en la paja, con que Yo estaba cubierto, i estando Yo durmiendo en el hoio, començò à arder mui recio, i por mucha priesa que Yo me dì à salir, todavia saquè señal en los cabellos del peligro en que havia estado. En todo este tiempo no comì bocado, ni hallè cosa, que pudiese comer: i como traìa los pies descalços, corriòme de ellos mucha sangre; i Dios vsò conmigo de misericordia, que en todo este tiempo no ventò el Norte, porque de otra manera ningun remedio havia de Yo vivir; i à cabo de cinco dias lleguè à vna Ribera de vn Rio, donde Yo hallè à mis Indios, que ellos, i los Christianos me contaban ià por muerto, i siempre creìan, que alguna Vivora me havia mordido. Todos huvieron gran placer de verme, principalmente los Christianos, i me dixeron, que hasta entonces havian caminado con mucha hambre, que esta era la causa, que no me havian buscado: i aquella noche me dieron de las Tunas que tenian; i otro dia partimos de alli, i fuimos donde hallamos muchas Tunas, con que todos satisfacieron su gran hambre; i nosotros dimos muchas gracias à Nuestro Señor, porque nunca nos faltaba su remedio.

CAP. XXII. Como otro dia nos truxeron otros enfermos.

Otro Dia de mañana vinieron alli muchos Indios, i traìan cinco enfermos, que estaban tollidos, i mui malos, i venian en busca de Castillo, que los curase: i cada vno de los enfermos ofresciò su Arcos, i Flechas, i èl los rescibiò, i à puesta del Sol los santiguò, i encomendò à Dios Nuestro Señor, i todos le suplicamos, con la mejor manera que podiamos, les embiase salud: pues èl via, que no havia otro remedio para que aquella Gente nos aiudase, i saliesemos de tan miserable vida, i èl lo hiço tan misericordiosamente, que venida la mañana, todos amanescieron tan buenos, i sanos, i se fueron tan recios, como si nunca hovieran tenido mal ninguno. Esto causò, entre ellos, mui gran admiracion, i à nosotros despertò, que diesemos muchas gracias à Nuestro Señor, à que mas enteramente conosciesemos su bondad, i tuviesemos firme esperança, que nos havia de librar, i traer donde le pudiesemos servir; i de mi sè decir, que siempre tuve esperança en su misericordia, que me havia de sacar de aquella captividad, i asi Yo lo hablè siempre à mis Compañeros. Como los Indios fueron idos, i llevaron sus Indios sanos, partimos donde estaban otros comiendo Tunas, i estos se llaman Cutalches, i Malicones, que son otras Lenguas: i junto con ellos havia otros, que se llamaban Coayos, i Susolas, i de otra parte otros, llamados Atayos, i estos tenian Guerra con los Susolas, con quien se flechaban cada dia; i como por toda la Tierra no se hablase sino en los misterios, que Dios Nuestro Señor con nosotros obraba, venian de muchas partes à buscarnos, para que los curasemos; i à cabo de dos dias, que alli llegaron, vinieron à nosotros vnos Indios de los Susolas, i rogaron à Castillo, que fuese à curar vn herido, i otros enfermos, i dixeron, que entre ellos quedaba vno, que estaba mui al cabo. Castillo era Medico mui temeroso, principalmente quando las curas eran mui temerosas, i peligrosas, i creìa, que sus pecados havian de estorvar, que no todas veces suscediese bien el curar. Los Indios me dixeron, que Yo fuese à curarlos, porque ellos me querian bien, i se acordaban, que les havia curado en las Nueces, i por aquello nos havian dado Nueces, i Cueros; i esto havia pasado, quando Yo vine à juntarme con los Christianos, i asi huve de ir con ellos: i fueron conmigo Dorantes, i Estevanico; i quando lleguè cerca de los Ranchos, que ellos tenian, Yo vì el enfermo, que ibamos à curar, que estaba muerto, porque estaba mucha Gente al derredor de èl llorando, i su Casa deshecha, que es señal, que el dueño estaba muerto; i ansi, quando Yo lleguè, hallè el Indio los ojos bueltos, i sin ningun pulso, i con todas señales de muerto, segun à mi me paresciò, i lo mismo dixo Dorantes: Yo le quitè vna Estera, que tenia encima, con que estaba cubierto, i lo mejor que pude, supliquè à Nuestro Señor fuese servido de dàr salud à aquel, i à todos los otros, que de ella tenian necesidad; i despues de santiguado, i soplado muchas veces, me traxeron su Arco, i me lo dieron, i vna Sera de Tunas molidas, i llevaronme à curar otros muchos, que estaban malos de modorra, i me dieron otras dos Seras de Tunas, las quales dì à nuestros Indios, que con nosotros havian venido; i hecho esto, nos bolvimos à nuestro Aposento: i nuestros Indios, à quien dì las Tunas, se quedaron allà, i à la noche se bolvieron à sus Casas, i dixeron, que aquel estaba muerto, i Yo havia curado en presencia de ellos, se havia levantado bueno, i se havia paseado, i comido, i hablado con ellos, i que todos quantos havia curado, quedaban sanos, i mui alegres. Esto causò mui gran admiracion, i espanto, i en toda la Tierra no se hablaba en otra cosa. Todos aquellos à quien esta fama llegaba, nos venian à buscar, para que los curasemos, i santiguasemos sus Hijos; i quando los Indios, que estaban en compañia de los nuestros, que eran los Cutalchiches, se hovieron de ir à su Tierra, antes que se partiesen nos ofrescieron todas las Tunas, que para su camino tenian, sin que ninguna les quedase: i dieronnos Pedernales, tan largos como palmo i medio, con que ellos cortan, i es entre ellos cosa de mui gran estima. Rogaronnos, que nos acordasemos de ellos, i rogasemos à Dios, que siempre estuviesen buenos, i nosotros se lo prometimos: i con esto partieron los mas contentos Hombres del Mundo, haviendonos dado todo lo mejor que tenian. Nosotros estuvimos con aquellos Indios Avavares ocho Meses, i esta cuenta haciamos por las Lunas. En todo este tiempo nos venian de muchas partes à buscar, i decian, que verdaderamente nosotros eramos Hijos del Sol. Dorantes, i el Negro, hasta alli no havian curado: mas por la mucha importunidad que teniamos, viniendonos de muchas partes à buscar, venimos todos à ser Medicos, aunque en atrevimiento, i osar acometer, qualquier cura, era Yo mas señalado entre ellos; i ninguno jamàs curamos, que no nos dixese, que quedaba sano: i tanta confiança tenian, que havian de sanar, si nosotros los curasemos, que creìan, que en tanto que nosotros alli estuviesemos, ninguno de ellos havia de morir. Estos, i los de mas atràs, nos contaron vna cosa mui estraña, i por la cuenta que nos figuraron, parescia que havia quince, ò diez i seis Años, que havia acontescido, que decian, que por aquella Tierra anduvo vn Hombre, que ellos llaman Mala cosa, i que era pequeño de cuerpo, i que tenia barbas, aunque nunca claramente le pudieron vèr el rostro, i que guando venia à la Casa, donde estaban, se les levantaban los cabellos, i temblaban, i luego parescia à la puerta de la Casa vn tiçon ardiendo: i luego aquel Hombre entraba, i tomaba al que queria de ellos, i dabales tres cuchilladas grandes por las hijadas, con vn Pedernal mui agudo, tan ancho como vna mano, i dos palmos en luengo, i metia la mano por aquellas cuchilladas, i sacabales las tripas, i que cortaba de vna tripa poco mas, ò menos de vn palmo, i aquello que cortaba echaba en las brasas, i luego le daba tres cuchilladas en vn braço; i la segunda daba por la sangradura, i desconcertabaselo, i dende à poco se lo tornaba à concertar, i poniale las manos sobre las heridas, i deciannos, que luego quedaban sanos: i que muchas veces, quando bailaban, aparescia entre ellos en habito de Muger vnas veces, i otras como Hombre: i quando èl queria, tomaba el Buhìo, ò Casa, i subiala en alto, i dende à vn poco caia con ella, i daba mui gran golpe. Tambien nos contaron, que muchas veces le dieron de comer, i que nunca jamàs comiò, i que le preguntaban donde venia, i à què parte tenia su Casa, i que les mostrò vna hendedura de la Tierra, i dixo, que su Casa era allà debaxo. De estas cosas, que ellos nos decian, nosotros nos reìamos mucho, burlando de ellas: i como ellos vieron que no lo creìamos, truxeron muchos de aquellos, que decian que èl havia tomado, i vimos las señales de las cuchilladas, que èl havia dado en los lugares, en la manera que ellos contaban. Nosotros les diximos, que aquel era vn malo; i de la mejor manera que podimos les dabamos à entender, que si ellos creiesen en Dios Nuestro Señor, i fuesen Christianos, como nosotros, no ternian miedo de aquel, ni èl osaria venir à hacelles aquellas cosas; i que tuviesen por cierto, que en tanto que nosotros en la Tierra estuviesemos, èl no osaria parescer en ella. De esto se holgaron ellos mucho, i perdieron mucha parte del temor que tenian. Estos Indios nos dixeron, que havian visto al Asturiano, i à Figueroa con otros, que adelante en la Costa estaban, à quien nosotros llamabamos de los Higos. Toda esta Gente no conoscian los Tiempos por el Sol, ni la Luna, ni tienen cuenta del Mes, i Año, i mas entienden, i saben las diferencias de los Tiempos, quando las Frutas vienen à madurar, i en tiempo que muere el Pescado, i el aparescer de las Estrellas, en que son mui diestros, i exercitados. Con estos siempre fuimos bien tratados, aunque lo que haviamos de comer lo cababamos, i traìamos nuestras cargas de Agua, i Leña. Sus Casas, i Mantenimientos son como las de los pasados, aunque tienen mui maior hambre, porque no alcançan Maìz, ni Bellotas, ni Nueces. Anduvimos siempre encueros como ellos, i de noche nos cubriamos con Cueros de Venado. De ocho Meses, que con ellos estuvimos, los seis padescimos mucha hambre, que tampoco alcançan Pescado. Y al cabo de este tiempo, ià las Tunas començaban à madurar, i sin que de ellos fuesemos sentidos, nos fuimos à otros, que adelante estaban, llamados Maliacones: estos estaban vna jornada de alli, donde Yo, i el Negro llegamos. A cabo de los tres dias embiè, que traxese à Castillo, i à Dorantes; i venidos, nos partimos todos juntos con los Indios, que iban à comer vna Frutilla de vnos Arboles, de que se mantienen diez, ò doce dias, entretanto que las Tunas vienen; i alli se juntaron con estos otros Indios, que se llaman Arbadaos, i à estos hallamos mui enfermos, i flacos, i hinchados: tanto, que nos maravillamos mucho, i los Indios con quien haviamos venido se bolvieron por el mismo camino: i nosotros les diximos, que nos queriamos quedar con aquellos, de que ellos mostraron pesar; i asi nos quedamos en el Campo con aquellos, cerca de aquellas Casas; i quando ellos nos vieron, juntaronse, despues de haver hablado entre sì, i cada vno de ellos tomò el suio por la mano, i nos llevaron à sus Casas. Con estos padescimos mas hambre, que con los otros, porque en todo el dia no comiamos mas de dos puños de aquella Fruta (la qual estaba verde) tenia tanta leche, que nos quemaba las bocas: i con tener falta de Agua, daba mucha sed, à quien la comia; i como la hambre fuese tanta, nosotros compramosles dos Perros, i à trueco de ellos les dimos vnas Redes, i otras cosas, i vn Cuero, con que Yo me cubria. Yà he dicho, como por toda esta Tierra anduvimos desnudos, i como no estabamos acostumbrados à ello, à manera de Serpientes, mudabamos los Cueros dos veces en el año: i con el Sol, i Aire haciansenos en los pechos, i en las espaldas, vnos empeines mui grandes, de que rescebiamos mui gran pena, por raçon de las mui grandes cargas, que traìamos, que eran mui pesadas, i hacian, que las cuerdas se nos metian por los braços; i la Tierra es tan aspera, i tan cerrada, que muchas veces haciamos Leña en Montes, que quando la acababamos de sacar, nos corria por muchas partes sangre, de las espinas, i matas con que topabamos, que nos rompian por donde alcançaban. A las veces me acontesciò hacer Leña, donde despues de haverme costado mucha sangre, no la podia sacar, ni acuestas, ni arrastrando. No tenia, quando en estos trabajos me via, otro remedio, ni consuelo, sino pensar en la Pasion de Nuestro Redemptor Jesu-Christo, i en la Sangre, que por mi derramò, i considerar quanto mas seria el tormento, que de las Espinas èl padesciò, que no aquel, que Yo entonces sufria. Contrataba con estos Indios, haciendoles Peines, i con Arcos, i con Flechas, i con Redes. Haciamos Esteras, que son Casas, de que ellos tienen mucha necesidad: i aunque lo saben hacer, no quieren ocuparse en nada, por buscar entretanto que comer, i quando entienden en esto, pasan mui gran hambre. Otras veces me mandaban raer Cueros, i ablandarlos: i la maior prosperidad en que Yo alli me vì, era, el dia que me daban à raer alguno, porque Yo lo raìa mui mucho, i comia de aquellas raeduras, i aquello me bastaba para dos, ò tres dias. Tambien nos acontesció con estos, i con los que atràs havemos dexado, darnos vn pedaço de carne, i comernoslo asi crudo, porque si lo pusieramos à asar, el primer Indio que llegaba, se lo llevaba, i comia: parescianos, que no era bien ponerla en esta ventura, i tambien nosotros no estabamos tales, que nos dabamos pena comerlo asado, i no lo podiamos tambien pasar como crudo. Esta es la vida; que alli tuvimos, i aquel poco sustentamiento lo ganabamos con los Rescates, que por nuestras manos hecimos.

CAP. XXIII. Como nos partimos, despues de haver comido los Perros.

Despues que comimos los Perros, paresciendonos que teniamos algun esfuerço para poder ir adelante, encomendamonos à Dios Nuestro Señor, para que nos guiase, nos despedimos de aquellos Indios, i ellos nos encaminaron à otros de su Lengua, que estaban cerca de alli. E iendo por nuestro camino, lloviò, i todo aquel dia anduvimos con Agua: i allende de esto perdimos el camino, i fuimos à parar à vn Monte mui grande, i cogimos muchas hojas de Tunas, i asamoslas aquella noche en vn Horno, que hecimos, i dimosles tanto fuego, que à la mañana estaban para comer: i despues de haverlas comido, encomendamonos à Dios, i partimonos, i hallamos el camino, que perdido haviamos; i pasado el Monte, hallamos otras Casas de Indios, i llegados allà, vimos dos Mugeres, i Muchachos, que se espantaron, que andaban por el Monte, i en vernos huieron de nosotros, i fueron à llamar à los Indios, que andaban por el Monte; i venidos, pararonse à mirarnos detràs de vnos Arboles, i llamamosles, i allegaronse con mucho temor, i despues de haverlos hablado, nos dixeron, que tenian mucha hambre, i que cerca de alli estaban muchas Casas de ellos proprios, i dixeron, que nos llevarian à ellas: i aquella noche llegamos à donde havia cinquenta Casas, i se espantaban de vernos, i mostraban mucho temor; i despues que estuvieron algo sosegados de nosotros, allegabannos con las manos al rostro, i al cuerpo, i despues traìan ellos sus mismas manos por sus caras, i sus cuerpos: i asi estuvimos aquella noche; i venida la mañana, traxeronnos los enfermos, que tenian, rogandonos, que los santiguasemos, i nos dieron de lo que tenian para comer, que eran hojas de Tunas, i Tunas verdes asadas; i por el buen tratamiento que nos hacian, i porque aquello que tenian nos lo daban de buena gana, i voluntad, i holgaban de quedar sin comer por darnoslo, estuvimos con ellos algunos dias: i estando alli, vinieron otros de mas adelante. Quando se quisieron partir, diximos à los primeros, que nos queriamos ir con aquellos. A ellos les pesò mucho, i rogaronnos mui ahincadamente que no nos fuesemos: i al fin, nos despedimos de ellos, i los dexamos llorando por nuestra partida, porque les pesaba mucho en gran manera.

CAP. XXIV. De las Costumbres de los Indios de aquella Tierra.

Desde la Isla de Malhado, todos los Indios, que hasta esta Tierra vimos, tienen por costumbre, desde el dia que sus Mugeres se sienten preñadas, no dormir juntos, hasta que pasen dos Años, que han criado los Hijos, los quales maman hasta que son de edad de doce Años, que ià entonces estàn en edad, que por sì saben buscar de comer. Preguntamosles, que por què los criaban asi? Y decian, que por la mucha hambre, que en la Tierra havia, que acontescia muchas veces, como nosotros viamos, estàr dos, ò tres dias sin comer, i à las veces quatro: i por esta causa los dexaban mamar, porque en los tiempos de hambre no muriesen; i ià que algunos escapasen, saldrian mui delicados, i de pocas fuerças; i si acaso acontesce caer enfermos algunos, dexanlos morir en aquellos Campos, sino es Hijo, i todos los demàs, sino pueden ir con ellos, se quedan: mas para llevar vn Hijo, ò Hermano, se cargan, i lo llevan acuestas. Todos estos acostumbran dexar sus Mugeres, quando entre ellos no ai conformidad, i se tornan à casar con quien quieren: esto es entre los Mancebos, mas los que tienen Hijos, permanescen con sus Mugeres, i no las dexan: i quando en algunos Pueblos riñen, i traban questiones vnos con otros, apuñeanse, i apaleanse, hasta que estàn mui cansados, i entonces se desparten: algunas veces los desparten Mugeres, entrando entre ellos, que Hombres no entran à despartirlos: i por ninguna pasion que tengan, no meten en ella Arcos, ni Flechas; i desque se han apuñeado, i pasado su question, toman sus Casas, i Mugeres, i vanse à vivir por los Campos, i apartados de los otros, hasta que se les pasa el enojo; i quando ià estàn desenojados, i sin ira, tornanse à su Pueblo, i de ai adelante son Amigos, como si ninguna cosa hoviera pasado entre ellos, ni es menester que nadie haga las amistades, porque de esta manera se hacen; i si los que riñen no son casados, vanse à otros sus Vecinos, i aunque sean sus Enemigos los resciben bien, i se huelgan mucho con ellos, i les dàn de lo que tienen, de suerte, que quando es pasado el enojo, buelven à su Pueblo, i vienen ricos. Toda es Gente de Guerra, i tienen tanta astucia para guardarse de sus Enemigos, como ternian si fuesen criados en Italia, i en continua Guerra. Quando estàn en parte que sus Enemigos los pueden ofender, asientan sus Casas à la orilla de el Monte mas aspero, i de maior espesura que por alli hallan, i junto à èl hacen vn Foso, i en este duermen. Toda la Gente de Guerra està cubierta con Leña menuda, i hacen, sus saeteras: i estàn tan cubiertos, i disimulados, que aunque estèn cabe ellos, no los vèn, i hacen vn camino mui angosto, i entra hasta enmedio del Monte, i alli hacen lugar para que duerman las Mugeres, i Niños, i quando viene la noche, encienden lumbres en sus Casas, para que si hoviere Espias, crean que estàn en ellas, i antes del Alva tornan à encender los mismos fuegos; i si acaso los Enemigos vienen à dàr en las mismas Casas, los que estàn en el Foso salen à ellos, i hacen desde las Trincheas mucho daño, sin que los de fuera los vean, ni los puedan hallar; i quando no ai Montes en que ellos puedan de esta manera esconderse, i hacer sus celadas, asientan en llano, en la parte que mejor les paresce: i cercanse de Trincheas, cubiertas con Leña menuda, i hacen sus saeteras, con que flechan à los Indios, i estos reparos hacen para de noche. Estando Yo con los de Aguenes, no estando avisados, vinieron sus Enemigos à media noche, i dieron en ellos, i mataron tres, i hirieron otros muchos, de suerte, que huieron de sus Casas por el Monte adelante: i desque sintieron que los otros se havian ido, bolvieron à ellas, i recogieron todas las Flechas, que los otros les havian echado, i lo mas encubiertamente que pudieron, los siguieron, i estuvieron aquella noche sobre sus Casas, sin que fuesen sentidos: i al quarto del Alva les acometieron, i les mataron cinco, sin otros muchos que fueron heridos, i les hicieron huir, i dexar sus Casas, i Arcos, con toda su hacienda; i de ai à poco tiempo vinieron las Mugeres de los que se llamaban Quevenes, i entendieron entre ellos, i los hicieron Amigos, aunque algunas veces ellas son principio de la Guerra. Todas estas Gentes, quando tienen enemistades particulares, quando no son de vna Familia, se matan de noche, por asechanças, i vsan vnos con otros grandes crueldades.

CAP. XXV. Como los Indios son prestos à un Arma.

Esta es la mas presta Gente para vn Arma, de quantas Yo he visto en el Mundo, porque si se temen de sus Enemigos, toda la noche estàn despiertos, con sus Arcos à par de sì, i vna docena de Flechas: i el que duerme, tienta su Arco, i si no le halla en cuerda, le dà la buelta que ha menester. Salen muchas veces fuera de las Casas, baxados por el suelo, de arte que no pueden ser vistos, i miran, i atalaian por todas partes para sentir lo que ai: i si algo sienten, en vn punto son todos en el Campo con sus Arcos, i Flechas, i asi estan hasta el dia, corriendo à vnas partes, i otras, donde vèn que es menester, ò piensan que pueden estàr sus Enemigos. Quando viene el dia, tornan à afloxar sus Arcos, hasta que salen à Caça. Las cuerdas de los Arcos son niervos de Venados. La manera que tienen de pelear es, abaxados por el suelo, i mientras se flechan, andan hablando, i saltando siempre de vn cabo para otro, guardandose de las Flechas de sus Enemigos: tanto, que en semejantes partes pueden rescibir mui poco daño de Ballestas, i Arcabuces, antes los Indios burlan de ellos, porque estas Armas no aprovechan para ellos en Campos llanos, adonde ellos andan sueltos: son buenas para estrechos, i lugares de Agua: en todo lo demàs los Caballos son los que han de sojuzgar, i lo que los Indios vniversalmente temen. Quien contra ellos hoviere de pelear, ha de estàr mui avisado, que no le sientan flaqueça, ni codicia de lo que tienen, i mientras durare la Guerra, hanlos de tratar mui mal: porque si temor les conocen, ò alguna codicia, ella es Gente, que sabe conoscer tiempos en que vengarse, i toman esfuerço del temor de los contrarios. Quando se han flechado en la Guerra, i gastado su municion, buelvense cada vno su camino, sin que los vnos sigan à los otros, aunque los vnos sean muchos, i los otros pocos: i esta es costumbre suia. Muchas veces se pasan de parte à parte con las Flechas, i no mueren de las heridas, sino toca en las tripas, ò en el corazon, antes sanan presto. Vèn, i oien mas, i tienen mas agudo sentido, que quantos Hombres Yo creo que ai en el Mundo. Son grandes sufridores de hambre, i de sed, i de frio, como aquellos que estàn mas acostumbrados, i hechos à ello, que otros. Esto he querido contar aqui, porque allende que todos los Hombres desean saber las costumbres, i exercicios de los otros, los que algunas veces se vinieren à vèr con ellos, estèn avisados de sus costumbres, i ardides, que suelen no poco aprovechar en semejantes casos.

CAP. XXVI. De las Naciones, i Lenguas.

Tambien quiero contar sus Naciones, i Lenguas, que desde la Isla de Malhado, hasta los vltimos ai. En la Isla de Malhado ai dos Lenguas: à los vnos llaman de Caoques, i à los otros llaman de Han. En la Tierra-firme, enfrente de la Isla, ai otros, que se llaman de Chorruco, i toman el nombre de los Montes donde viven. Adelante, en la Costa de la Mar, habitan otros, que se llaman Doguenes; i enfrente de ellos otros, que tienen por nombre los de Mendica. Mas adelante, en la Costa, estàn los Quevenes; i enfrente de ellos, dentro en la Tierra-firme, los Mariames: i iendo por la Costa adelante, estàn otros, que se llaman Guaycones; i enfrente de estos, dentro en la Tierra-firme, los Yguaces. Cabo de estos estàn otros, que se llaman Atayos; i detràs de estos, otros Acubadaos, i de estos ai muchos por esta vereda adelante. En la Costa viven otros, llamados Quitoles; i enfrente de estos, dentro en la Tierra-firme, los Avavares. Con estos se juntan los Maliacones, i otros Cutalchiches, i otros, que se llaman Susolas, i otros, que se llaman Comos; i adelante, en la Costa, estàn los Camoles; i en la misma Costa adelante otros, à quien nosotros llamamos los de los Higos. Todas estas Gentes tienen Habitaciones, i Pueblos, i Lenguas diversas. Entre estos ai vna Lengua, en que llaman à los Hombres, por mira acà, arre acà, à los Perros xò: en toda la Tierra se emborrachan con vn humo, i dàn quanto tienen por èl. Beben tambien otra cosa, que sacan de las hojas de los Arboles, como de Encina, i tuestanla en vnos botes al fuego, i despues que la tienen tostada, hinchen el bote de Agua, i asi lo tienen sobre el fuego, i quando ha hervido dos veces, echanlo en vna Vasija, i estàn enfriandola con media Calabaça; i quando està con mucha espuma, bebenla tan caliente, quanto pueden sufrir; i desde que la sacan del Bote, hasta que la beben, estàn dando voces, diciendo: Que quien quiere beber. Y quando las Mugeres oyen estas voces, luego se paran sin osarse mudar; i aunque estèn mucho cargadas, no osan hacer otra cosa: i si acaso alguna de ellas se mueve, la deshonran, i la dàn de palos, i con mui gran enojo derraman el Agua que tienen para beber, i la que han bebido la tornan à lançar, lo qual ellos hacen mui ligeramente, i sin pena alguna. La raçon de la costumbre dàn ellos, i dicen: Que si quando ellos quieren beber aquella Agua, las Mugeres se mueven de donde les toma la voz, que en aquella Agua se les mete en el cuerpo vna cosa mala, i que dende à poco les hace morir; i todo el tiempo que el Agua està cociendo, ha de estàr el Bote atapado; i si acaso està desatapado, i alguna Muger pasa, lo derraman, i no beben mas de aquella Agua: es amarilla, i estàn bebiendola tres dias, sin comer, i cada dia bebe cada vno arroba i media de ella; i quando las Mugeres estàn con su costumbre, no buscan de comer mas de para sì solas, porque ninguna otra persona come de lo que ellas traen. En el tiempo que asi estaba, entre estos vi vna diablura, i es, que vì vn Hombre casado con otro, i estos son vnos Hombres amarionados impotentes, i andan tapados como Mugeres, i hacen oficio de Mugeres, i tiran Arco, i llevan mui gran carga, i entre estos vimos muchos de ellos, asi amarionados como digo, i son mas membrudos que los otros Hombres, i mas altos: sufren mui grandes cargas.

CAP. XXVII. De como nos mudamos, i fuimos bien rescibidos.

Despues que nos partimos de los que dexamos llorando, fuimonos con los otros à sus Casas, i de los que en ellas estaban fuimos bien rescebidos, i truxeron sus Hijos para que les tocasemos las manos, i dabannos mucha Harina de Mezquiquez. Este Mezquiquez es vna Fruta, que quando està en el Arbol es mui amarga, i es de la manera de Algárrovas, i comese con Tierra, i con ella està dulce, i bueno de comer. La manera que tienen con ella es esta: que hacen vn hoio en el suelo, de la hondura que cada vno quiere; i despues de echada la Fruta en este hoio, con vn palo tan gordo como la pierna, i de braça i media en largo, la muelen hasta mui molida; i demàs que se le pega de la Tierra del hoio, traen otros puños, i echanla en el hoio, i tornan otro rato à moler, i despues echanla en vna Vasija, de manera de vna Espuerta, i echanle tanta Agua, que basta à cubrirla, de suerte que quede Agua por cima, i el que la ha molido pruebala, i si le paresce que no està dulce, pide Tierra, i rebuelvela con ella, i esto hace hasta que la halla dulce, i asientanse todos al rededor, i cada vno mete la mano, i saca lo que puede, i las Pepitas de ella tornan à echar sobre vnos Cueros, i las Cascaras; i el que lo ha molido las coge, i las torna à echar en aquella Espuerta, i echa Agua como de primero, i tornan à espremir el Çumo, i Agua que de ello sale, i las Pepitas, i Cascaras tornan à poner en el Cuero, i de esta manera hacen tres, ò quatro veces cada moledura: i los que en este Banquete, que para ellos es mui grande, se hallan, quedan las Barrigas mui grandes de la Tierra, i Agua que han bebido, i de esto nos hicieron los Indios mui gran Fiesta, i hovo entre ellos mui grandes Bailes, i Areitos, en tanto que alli estuvimos. Y quando de noche durmiamos à la puerta del Rancho donde estabamos, nos velaban à cada vno de nosotros seis Hombres, con gran cuidado, sin que nadie nos osase entrar dentro, hasta que el Sol era salido. Quando nosotros nos quisimos partir de ellos, llegaron alli vnas Mugeres de otros, que vivian adelante: i informados de ellas donde estaban aquellas Casas, nos partimos para allà, aunque ellos nos rogaron mucho, que por aquel dia nos detuviesemos, porque las Casas adonde ibamos estaban lexos, i no havia camino para ellas, i que aquellas Mugeres venian cansadas, i descansando, otro dia se irian con nosotros, i nos guiarian, i ansi nos despedimos; i dende à poco las Mugeres que havian venido, con otras del mismo Pueblo, se fueron tras nosotros: mas como por la Tierra no havia caminos, luego nos perdimos, i ansi anduvimos quatro leguas, i al cabo de ellas llegamos à beber à vn Agua adonde hallamos las Mugeres que nos seguian, i nos dixeron el trabajo que havian pasado por alcançarnos. Partimos de alli llevandolas por Guia, i pasamos vn Rio, quando ià vino la tarde, que nos daba el Agua à los pechos: serìa tan ancho como el de Sevilla, i corria mui mucho, i à puesta del Sol llegamos à cien Casas de Indios; i antes que llegasemos, saliò toda la Gente que en ellas havia à rescebirnos, con tanta grita, que era espanto, i dando en los muslos grandes palmadas: traìan las Calabaças horadadas, con Piedras dentro, que es la cosa de maior fiesta, i no las sacan sino à bailar, ò para curar, ni las osa nadie tomar sino ellos; i dicen, que aquellas Calabaças tiene virtud, i que vienen del Cielo, porque por aquella Tierra no las ai, ni saben donde las aia, sino que las traen los Rios, quando vienen de avenida. Era tanto el miedo, i tubacion que estos tenian, que por llegar mas presto los vnos que los otros à tocarnos, nos apretaron tanto, que por poco nos hovieran de matar; i sin dexarnos poner los pies en el suelo nos llevaron à sus Casas, i tanto cargaban sobre nosotros, i de tal manera nos apretaban, que nos metimos en las Casas, que nos tenian hechas, i nosotros no consentimos en ninguna manera que aquella noche hiciesen mas Fiesta con nosotros. Toda aquella noche pasaron entre sì en Areitos, i Bailes: i otra dia de mañana nos traxeron toda la Gente de aquel Pueblo, para que los tocasemos, i santiguasemos, como haviamos hecho à los otros con quien haviamos estado. Y despues de esto hecho, dieron muchas Flechas à las Mugeres del otro Pueblo, que havian venido con las suias. Otro dia partimos de alli, i toda la Gente del Pueblo fue con nosotros; i como llegamos à otros Indios, fuimos bien rescebidos, como de los pasados, i ansi nos dieron de lo que tenian, i los Venados que aquel dia havian muerto; i entre estos vimos vna nueva costumbre, i es, que los que venian à curarse, los que con nosotros estaban les tomaban el Arco, i las Flechas, i Çapatos, i Cuentas, si las traìan, i despues de haverlas tomado, nos las traìan delante de nosotros para que los curasemos; i curados se iban mui contentos, diciendo, que estaban sanos. Asi nos partimos de aquellos, i nos fuimos à otros, de quien fuimos mui bien rescebidos, i nos traxeron sus enfermos, que santiguandolos decian, que estaban sanos, i el que no sanaba, creìa que podiamos sanarle; i con lo que los otros que curabamos les decian, hacian tantas Alegrias, i Bailes, que no nos dexaban dormir.

CAP. XXVIII. De otra nueva costumbre.

Partidos de estos, fuimos à otras muchas Casas, i desde aqui començò otra nueva costumbre, i es, que rescibiendonos mui bien, que los que iban con nosotros los començaron à hacer tanto mal, que les tomaban las haciendas, i les saqueaban las Casas, sin que otra cosa ninguna les dexasen: de esto nos pesò mucho, por vèr el mal tratamiento que à aquellos, que tan bien nos rescebian, se hacia; i tambien porque temiamos, que aquello serìa, ò causarìa alguna alteracion, i escandalo entre ellos; mas como no eramos parte para remediarlo, ni para osar castigar los que esto hacian, hovimos por entonces de sufrir, hasta que mas autoridad entre ellos tuviesemos; i tambien los Indios mismos, que perdian la hacienda, conosciendo nuestra tristeça, nos consolaron, diciendo, que de aquello no rescibiesemos pena, que ellos estaban tan contentos de havernos visto, que daban por bien empleadas sus haciendas; i que adelante serian pagados de otros que estaban mui ricos. Por todo este camino teniamos mui gran trabajo, por la mucha Gente que nos seguia; i no podiamos huir de ella, aunque lo procurabamos, porque era mui grande la priesa que tenian por llegar à tocarnos; i era tanta la importunidad de ellos sobre esto, que pasaban tres horas que no podiamos acabar con ellos que nos dexasen. Otro dia nos traxeron toda la Gente del Pueblo, i la maior parte de ellos sin Tuertos de Nubes, i otros de ellos son Ciegos de ellas mismas, de que estabamos espantados. Son mui bien dispuestos, i de mui buenos gestos, mas blancos que otros ningunos de quantos hasta alli haviamos visto. Aqui empeçamos à vèr Sierras, i parescia que venian seguidas de àcia el Mar del Norte; i asi, por la relacion que los Indios de esto nos dieron, creemos, que estàn quince leguas de la Mar. De aqui nos partimos con estos Indios àcia estas Sierras que decimos, i llevaronnos por donde estaban vnos parientes suios, porque ellos no nos querian llevar sino por do habitaban sus Parientes, i no querian que sus enemigos alcançasen tanto bien, como les parescia, que era vernos. Y quando fuimos llegados los que con nosotros iban, saquearon à los otros; i como sabian la costumbre, primero que llegasemos, escondieron algunas cosas; i despues que nos hovieron rescebido con mucha fiesta, i alegria sacaron lo que havian escondido, i vinieronnoslo à presentar, i esto era Cuentas, i Almagra, i algunas Taleguillas de Plata. Nosotros, segun la costumbre, dimoslo luego à los Indios, que con nos venian; i quando nos lo hovieron dado, començaron sus Bailes, i Fiestas, i embiaron à llamar otros de otro Pueblo, que estaba cerca de alli, para que nos viniesen à vèr, i à la tarde vinieron todos, i nos traxeron Cuentas, i Arcos, i otras cosillas, que tambien repartimos; i otro dia, queriendonos partir, toda la Gente nos queria llevar à otros Amigos suios, que estaban à la punta de las Sierras, i decian, que alli havia muchas Casas, i Gente, i que nos darian muchas cosas, mas por ser fuera de nuestro camino no quesimos ir à ellos, i tomamos por lo llano, cerca de las Sierras, las quales creìamos que no estaban lexos de la Costa. Toda la Gente de ella es muy mala, i teniamos por mejor de atravesar la Tierra, porque la Gente que està mas metida adentro, es mas bien acondicionada, i tratabannos mejor, i teniamos por cierto, que hallariamos la Tierra mas poblada, i de mejores mantenimientos. Lo vltimo haciamos esto, porque atravesando la Tierra, viamos muchas particularidades de ella; porque si Dios Nuestro Señor fuese servido de sacar alguno de nosotros, i traerlo à Tierra de Christianos, pudiese dàr nuevas, i relacion de ella. Y como los Indios vieron, que estabamos determinados de no ir por donde ellos nos encaminaban, dixeronnos, que por donde nos queriamos ir, no havia Gente, ni Tunas, ni otra cosa alguna que comer: i rogaronnos que estuviesemos alli aquel dia, i ansi lo hicimos. Luego ellos embiaron dos Indios para que buscasen Gente por aquel camino que queriamos ir: i otro dia nos partimos, llevando con nosotros muchos de ellos, i las Mugeres iban cargadas de Agua, i era tan grande entre ellos nuestra autoridad, que ninguno osaba beber sin nuestra licencia. Dos leguas de alli topamos los Indios que havian ido à buscar la Gente, i dixeron, que no la hallaban, de lo que los Indios mostraron pesar, i tornaronnos à rogar que nos fuesemos por la Sierra. No lo quisimos hacer, i ellos como vieron nuestra voluntad, aunque con mucha tristeça, se despidieron de nosotros, i se bolvieron el Rio abaxo à sus Casas, i nosotros caminamos por el Rio arriba, i desde à vn poco topamos dos Mugeres cargadas, que como nos vieron, pararon, i descargaronse, i traxeron nos de lo que llevaban, que era Harina de Maìz, i nos dixeron, que adelante en aquel Rio hallariamos Casas, i muchas Tunas, i de aquella Harina, i ansi nos despedimos de ellas, porque iban à los otros, donde haviamos partido, i anduvimos hasta puesta del Sol, i llegamos à vn Pueblo de hasta veinte Casas, adonde nos rescibieron llorando, i con grande tristeça, porque sabian ià, que adonde quiera que llegabamos eran todos saqueados, i robados de los que nos acompañaban, i como nos vieron solos, perdieron el miedo, i dieronnos Tunas, i no otra cosa ninguna. Estuvimos alli aquella noche, i al Alva los Indios que nos havian dexado el dia pasado, dieron en sus Casas; i como los tomaron descuidados, i seguros, tomaronles quanto tenian, sin que tuviesen lugar donde asconder ninguna cosa, de que ellos lloraron mucho: i los robadores para consolarles los decian, que eramos Hijos del Sol, i que teniamos poder para sanar los enfermos, i para matarlos, i otras mentiras, aun maiores que estas, como ellos las saben mejor hacer quando sienten que les conviene: i dixeronles, que nos llevasen con mucho acatamiento, i tuviesen cuidado de no enojarnos en ninguna cosa, i que nos diesen todo quanto tenian, i procurasen de llevarnos donde havia mucha Gente, i que donde llegasemos robasen ellos, i saqueasen lo que los otros tenian, porque asi era costumbre.

CAP. XXIX. De como se robaban los unos à los otros.

Despues de haverlos informado, i señalado bien lo que havian de hacer, se bolvieron, i nos dexaron con aquellos; los quales teniendo en la memoria lo que los otros les havian dicho, nos començaron à tratar con aquel mismo temor, i reverencia que los otros, i fuimos con ellos tres jornadas, i llevaronnos adonde havia mucha Gente; i antes que llegasemos à ellos avisaron como ibamos, i dixeron de nosotros todo lo que los otros les havian enseñado, i añadieron mucho mas, porque toda esta Gente de Indios, son grandes amigos de Novelas, i mui mentirosos, maiormente donde pretenden algun interese. Y quando llegamos cerca de las Casas, saliò toda la Gente à rescebirnos con mucho placer, i fiesta: i entre otras cosas, dos Fisicos de ellos nos dieron dos Calabaças, i de aqui començamos à llevar Calabaças con nosotros, i añadimos à nuestra autoridad esta cerimonia, que para con ellos es mui grande. Los que nos havian acompañado saquearon las Casas, mas como eran muchas, i ellos pocos, no pudieron llevar todo quanto tomaron, i mas de la mitad dexaron perdido; i de aqui por la Halda de la Sierra nos fuimos metiendo por la Tierra adentro mas de cinquenta leguas, i al cabo de ellas hallamos quarenta Casas, i entre otras cosas que nos dieron, hovo Andrès Dorantes vn Cascavel gordo, grande, de Cobre, i en èl figurado vn rostro, i esto mostraban ellos, que lo tenian en mucho, i les dixeron, que lo havian havido de otros sus Vecinos: i preguntandoles, què donde havian havido aquello? dixeronles, que lo havian traìdo de àcia el Norte, i que alli havia mucho, i era tenido en grande estima; i entendimos, que do quiera que aquello havia venido, havia fundicion, i se labraba de Vaciado, i con esto nos partimos otro dia, i atravesamos vna Sierra de siete Leguas, i las Piedras de ella eran de Escorias de Hierro; i à la noche llegamos à muchas Casas, que estaban asentadas à la Ribera de vn mui hermoso Rio, i los Señores de ellas salieron à medio camino à rescebirnos con sus Hijos acuestas, i nos dieron muchas Taleguillas de Margagita, i de Alcohol molido, con esto se vntan ellos la cara, i dieron muchas Cuentas, i muchas Mantas de Vacas, i cargaron à todos los que venian con nosotros de todo quanto ellos tenian. Comian Tunas, i Piñones: ai por aquella Tierra Pinos chicos, i las Piñas de ellas son como Huevos pequeños, mas los Piñones son mejores que los de Castilla, porque tienen las cascaras mui delgadas; i quando estàn verdes, muelenlos, i hacenlos Pellas, i ansi los comen; i si estàn secos, los muelen con cascaras, i los comen hechos polvos. Y los que por alli nos rescebian, desque nos havian tocado, bolvian corriendo hasta sus Casas, i luego daban buelta à nosotros, i no cesaban de correr, iendo, i viniendo. De esta manera traiannos muchas cosas para el camino. Aqui me traxeron vn Hombre, i me dixeron, que havia mucho tiempo que le havian herido con vna Flecha por el espalda derecha, i tenia la punta de la Flecha sobre el coraçon, decia que le daba mucha pena, i que por aquella causa siempre estaba enfermo. Yo le toquè, i sentì la punta de la Flecha, i vì, que la tenia atravesada por la ternilla, i con vn Cuchillo que tenia le abri el pecho hasta aquel lugar, i vì que tenia la punta atravesada, i estaba mui mala de sacar; tornè à cortar mas, i metì la punta del Cuchillo, i con gran trabajo en fin la saquè. Era mui larga, i con vn Hueso de Venado, vsando de mi Oficio de Medicina, le dì dos puntos; i dados, se me desangraba, i con raspa de vn Cuero le estanquè la sangre; i quando huve sacado la punta, pidieronmela, i Yo se la dì, i el Pueblo todo vino à verla, i la embiaron por la Tierra adentro, para que la viesen los que allà estaban, i por esto hicieron muchos Bailes, i Fiestas, como ellos suelen hacer; i otro dia le cortè los dos puntos al Indio, i estaba sano; i no parescia la herida que le havia hecho sino como vna raia de la palma de la mano, i dixo, que no sentia dolor, ni pena alguna: i esta cura nos diò entre ellos tanto credito por toda la Tierra, quanto ellos podian, i sabian estimar, i encarescer. Mostramosles aquel Cascavel que traìamos, i dixeronnos, que en aquel Lugar de donde aquel havia venido, havia muchas Planchas de aquello enterradas, i que aquello era cosa que ellos tenian en mucho; i havia Casas de asiento, i esto creemos nosotros que es la Mar del Sur, que siempre tuvimos noticia, que aquella Mar es mas rica que la del Norte. De estos nos partimos, i anduvimos por tantas suertes de Gentes, i de tan diversas Lenguas, que no basta memoria à poderlas contar, i siempre saqueaban los vnos à los otros; i asi los que perdian, como los que ganaban, quedaban mui contentos. Llevabamos tanta compañia, que en ninguna manera podiamos valernos con ellos. Por aquellos Valles donde ibamos, cada vno de ellos llevaba vn Garrote, tan largo como tres palmos, i todos iban en ala; i en saltando alguna Liebre (que por alli havia hartas) cercabanla luego, i caìan tantos Garrotes sobre ella, que era cosa de maravilla, i de esta manera la hacian andar de vnos para otros, que à mi vèr era la mas hermosa caça que se podia pensar, porque muchas veces ellas se venian hasta las manos; i quando à la noche parabamos, eran tantas las que nos havian dado, que traìa cada vno de nosotros ocho, ò diez cargas de ellas; i los que traìan Arcos no parescian delante de nosotros, antes se apartaban por la Sierra à buscar Venados; i à la noche quando venian, traìan para cada vno de nosotros cinco, ò seis Venados, i Paxaros, i Codornices, i otras caças: finalmente, todo quanto aquella Gente hallaban, i mataban, nos lo ponian delante, fin que ellos osasen tomar ninguna cosa, aunque muriesen de hambre, que asi lo tenian ià por costumbre, despues que andaban con nosotros, i sin que primero lo santiguasemos; i las Mugeres traìan muchas Esteras, de que ellos nos hacian Casas, para cada vno la suia à parte, i con toda su Gente conoscida: i quando esto era hecho, mandabamos que asasen aquellos Venados, i Liebres, i todo lo que havian tomado; i esto tambien se hacia mui presto en vnos Hornos, que para esto ellos hacian; i de todo ello nosotros tomabamos vn poco, i lo otro dabamos al Principal de la Gente, que con nosotros venia, mandandole, que lo repattiese entre todos. Cada vno con la parte que le cabia, venian à nosotros para que la soplasemos, i santiguasemos, que de otra manera no osaran comer de ella; i muchas veces traìamos con nosotros tres, ò quatro mil personas. Y era tan grande nuestro trabajo, que à cada vno haviamos de soplar, i santiguar lo que havian de comer, i beber, i para otras muchas cosas que querian hacer, nos venian à pedir licencia, de que se puede vèr, que tanta importunidad rescebiamos. Las Mugeres nos traìan las Tunas, i Arañas, i Gusanos, i lo que podian haver, porque aunque se muriesen de hambre, ninguna cosa havian de comer, sin que nosotros la diesemos. E iendo con estos, pasamos vn gran Rio, que venia del Norte: i pasados vnos Llanos de treinta leguas, hallamos mucha Gente, que de lexos de alli venia à rescebirnos, i salian al Camino por donde haviamos de ir, i nos rescibieron de la manera de los pasados.

CAP. XXX. De como se mudò la costumbre de rescebirnos.

Desde aqui hovo otra manera de rescebirnos, en quanto toca al saquearse; porque los que salian de los Caminos à traernos alguna cosa à los que con nosotros venian, no los robaban; mas despues de entrados en sus Casas, ellos mismos nos ofrescian quanto tenian, i las Casas con ello; nosotros las dabamos à los Principales, para que entre ellos las partiesen, i siempre los que quedaban despojados nos seguian, de donde crescia mucha Gente para satisfacerse de su pèrdida: i decianles, que se guardasen, i no escondiesen cosa alguna de quantas tenian, porque no podia ser sin que nosotros lo supiesemos, i hariamos luego, que todos muriesen, porque el Sol nos lo decia. Tan grandes eran los temores que les ponian, que los primeros dias que con nosotros estaban, nunca estaban sino temblando, i sin osar hablar, ni alçar los ojos al Cielo. Estos nos guiaron por mas de cinquenta leguas de despoblado, de mui asperas Sierras, i por ser tan secas no havia caça en ellas, i por esto pasamos mucha hambre, i al cabo vn Rio mui grande, que el Agua nos daba hasta los pechos: i desde aqui nos començò mucha de la Gente que traìamos à adolescer, de la mucha hambre, i trabajo, que por aquellas Sierras havian pasado, que por extremo eran agras, i trabajosas. Estos mismos nos llevaron à vnos Llanos, al cabo de las Sierras, donde venian à rescebirnos de mui lexos de alli, i nos rescibieron como los pasados; i dieron tanta hacienda à los que con nosotros venian, que por no poderla llevar, dexaron la mitad; i diximos à los Indios que lo havian dado, que lo tornasen à tomar, i lo llevasen, porque no quedase alli perdido: i respondieron, que en ninguna manera lo harian, porque no era su costumbre, despues de haver vna vez ofrescido, tornarlo à tomar; i asi, no lo teniendo en nada, lo dexaron todo perder. A estos diximos, que queriamos ir à la puesta del Sol, i ellos respondieronnos, que por alli estaba la Gente mui lexos; i nosotros les mandabamos, que embiasen à hacerles saber, como nosotros ibamos allà, i de esto se escusaron lo mejor que ellos podian, porque ellos eran sus enemigos, i no querian que fuesemos à ellos, mas no osaron hacer otra cosa; i asi embiaron dos Mugeres, vna suia, i otra que ellos tenian captiva; i embiaron estas, porque las Mugeres pueden contratar, aunque aia Guerra, i nosotros las seguimos, i paramos en vn Lugar, donde estaba concertado que las esperasemos, mas ellas tardaron cinco Dias: i los Indios decian, que no debian de hallar Gente. Diximosles, que nos llevasen àcia el Norte: respondieron de la misma manera, diciendo, que por alli no havia Gente, sino mui lexos, i que no havia que comer, ni se hallaba Agua; i con todo esto nosotros porfiamos, i diximos, que por alli queriamos ir, i ellos todavia se escusaban de la mejor manera que podian, i por esto nos enojamos, i Yo me salì vna noche à dormir en el Campo, apartado de ellos; mas luego fueron donde Yo estaba, i toda la noche estuvieron sin dormir, i con mucho miedo, i hablandome, i diciendome quan atemoriçados estaban, rogandonos, que no estuviesemos mas enojados; i que aunque ellos supiesen morir en el camino, nos llevarian por donde nosotros quisiesemos ir, i como nosotros todavia fingiamos estàr enojados; i porque su miedo no se quitase, suscediò vna cosa estraña, i fue, que este dia mesmo adolescieron muchos de ellos; i otro dia siguiente murieron ocho Hombres. Por toda la Tierra, donde esto se supo, hovieron tanto miedo de nosotros, que parescia en vernos, que de temor havian de morir. Rogaronnos, que no estuviesemos enojados, ni quisiesemos que mas de ellos muriesen; i tenian por mui cierto, que nosotros los matabamos con solamente quererlo: i à la verdad, nosotros rescebiamos tanta pena de esto, que no podia ser maior; porque allende de vèr los que morian, temiamos, que no muriesen todos, ò nos dexasen solos de miedo, i todas las otras Gentes de al adelante hiciesen lo mismo, viendo lo que à estos havia acontecido. Rogamos à Dios Nuestro Señor, que lo remediase, i ansi començaron à sanar todos aquellos que havian enfermado; i vimos vna cosa, que fue de grande admiracion, que los Padres, i Hermanos, i Mugeres de los que murieron, de verlos en aquel estado tenian gran pena; i despues de muertos, ningun sentimiento hicieron, ni los vimos llorar, ni hablar vnos con otros, ni hacer otra ninguna muestra, ni osaban llegar à ellos, hasta que nosotros los mandabamos llevar à enterrar; i mas de quince dias, que con aquellos estuvimos, à ninguno vimos hablar vno con otro, ni los vimos reir, ni llorar à ninguna criatura; antes porque vna llorò, la llevaron mui lexos de alli, i con vnos dientes de Raton agudos la sajaron desde los hombros, hasta casi todas las piernas. E Yo viendo esta crueldad, i enojado de ello les preguntè, que por què lo hacian? i respondieron, que para castigarla, porque havia llorado delante de mì. Todos estos temores que ellos tenian, ponian à todos los otros, que nuevamente venian à conoscernos, à fin que nos diesen todo quanto tenian, porque sabian, que nosotros no tomabamos nada, i lo haviamos de dàr todo à ellos. Esta fue la mas obediente Gente que hallamos por esta Tierra, i de mejor condicion; i comunmente son mui dispuestos. Convalescidos los dolientes, i ià que havia tres dias que estabamos alli, llegaron las Mugeres que haviamos embiado, diciendo, que havian hallado mui poca Gente, i que todos havian ido à las Vacas, que era en tiempo de ellas; i mandamos à los que havian estado enfermos, que se quedasen, i los que estuviesen buenos fuesen con nosotros, i que dos jornadas de alli, aquellas mismas dos Mugeres irian con dos de nosotros à sacar Gente, i traerla al camino, para que nos rescibiesen, i con esto otro dia de mañana, todos los que mas recios estaban, partieron con nosotros, i à tres jornadas paràmos, i el siguiente dia partiò Alonso del Castillo con Estevanico el Negro, llevando por Guia las dos Mugeres; i la que de ellas era Captiva, los llevò à vn Rio, que corria entre vnas Sierras, donde estaba vn Pueblo, en que su Padre vivia, i estas fueron las primeras Casas que vimos que tuviesen parescer, i manera de ello. Aqui llegaron Castillo, i Estevanico; i despues de haver hablado con los Indios, à cabo de tres dias vino Castillo adonde nos havia dexado, i traxo cinco, ò seis de aquellos Indios, i dixo como havia hallado Casas de Gente, i de asiento, i que aquella Gente comia Frisoles, i Calabaças, i que havia visto Maìz. Esta fue la cosa del Mundo que mas nos alegrò, i por ello dimos infinitas gracias à Nuestro Señor, i dixo, que el Negro vernia con toda la Gente de las Casas à esperar al camino, cerca de alli; i por esta causa partimos, i andada legua i media topamos con el Negro, i la Gente que venian à rescebirnos, i nos dieron Frisoles, i muchas Calabaças para comer, i para traer Agua, i Mantas de Vacas, i otras cosas. Y como estas Gentes, i las que con nosotros venian, eran enemigos, i no se entendian, partimonos de los primeros, dandoles lo que nos havian dado, i fuimonos con estos, i à seis leguas de alli, ià que venia la noche, llegamos à sus Casas, donde hicieron muchas Fiestas con nosotros. Aqui estuvimos vn dia, i el siguiente nos partimos, i llevamoslos con nosotros à otras Casas de asiento, donde comian lo mismo que ellos; i de aì adelante hovo otro nuevo vio, que los que sabian de nuestra vida, no salian à rescebirnos à los caminos, como los otros hacian, antes los hallabamos en sus Casas, i tenian hechas otras para nosotros; i estaban todos asentados, i todos tenian bueltas las caras àcia la pared, i las cabeças baxas, i los cabellos puestos delante de los ojos, i su hacienda puesta en monton en medio de la Casa; i de aqui adelante començaron à darnos muchas Mantas de Cueros, i no tenian cosa que no nos diesen. Es la Gente de mejores cuerpos que vimos, i de maior viveça, i habilidad, i que mejor nos entendian, i respondian en lo que preguntabamos; i llamamos los de las Vacas, porque la maior parte que de ellas mueren, es cerca de alli: i por aquel Rio arriba mas de cinquenta leguas vàn matando muchas de ellas. Esta Gente andan del todo desnudos, à la manera de los primeros que hallamos. Las Mugeres andan cubiertas con vnos Cueros de Venado, i algunos pocos de Hombres, señaladamente los que son viejos, que no sirven para la Guerra. Es Tierra mui poblada. Preguntamosles, como no sembraban Maìz? respondieronnos, que lo hacian por no perder lo que sembrasen; porque dos Años arreo les havian faltado las Aguas, i havia sido el tiempo tan seco, que à todos les havian perdido los Maìces los Topos; i que no osarian tornar à sembrar, sin que primero hoviese llovido mucho: i rogabannos que dixesemos al Cielo que lloviese, i se lo rogasemos, i nosotros se lo prometimos de hacerlo ansi. Tambien nosotros quesimos saber de donde havian traìdo aquel Maìz, i ellos nos dixeron, que de donde el Sol se ponia, i que lo havia por toda aquella Tierra, mas que lo mas cerca de alli era por aquel camino. Preguntamosles, por donde iriamos bien? i que nos informasen del camino, porque no querian ir allà. Dixeronnos, que el camino era por aquel Rio arriba àcia el Norte, i que en diez i siete jornadas no hallariamos otra cosa ninguna que comer, sino vna Fruta, que llaman Chacàn, i que la machucan entre vnas Piedras; si aun despues de hecha esta diligencia, no se puede comer de aspera, i seca, i asi era la verdad, porque alli nos lo mostraron, i no lo podimos comer; i dixeronnos tambien, que entretanto que nosotros fuesemos por el Rio arriba, iriamos siempre por Gente, que eran sus enemigos, i hablaban su misma Lengua, i que no tenian que darnos cosa à comer, mas que nos rescibirian de mui buena voluntad, i que nos darian muchas Mantas de Algodon, i Cueros, i otras cosas de las que ellos tenian, mas que todavia les parescia que en ninguna manera no debiamos tomar aquel camino. Dudando lo que hariamos, i qual camino tomariamos, que mas à nuestro proposito, i provecho fuese, nosotros nos detuvimos con ellos dos dias. Dabannos à comer Frisoles, i Calabaças; la manera de cocerlas es tan nueva, que por ser tal, Yo la quise aqui poner, para que se vea, i se conozca quan diversos, i estraños son los ingenios, i industrias de los Hombres humanos. Ellos no alcançan Ollas; i para cocer lo que ellos quieren comer, hinchen media Calabaça grande de Agua, i en el fuego echan muchas Piedras, de las que mas facilmente ellos pueden encender, i toman el fuego; i quando vèn que estàn ardiendo, tomanlas con vnas Tenaças de Palo, i echanlas en aquella Agua que està en la Calabaça, hasta que la hacen hervir con el fuego que las Piedras llevan; i quando vèn que el Agua hierve, echan en ella lo que han de cocer, i en todo este tiempo no hacen sino sacar vnas Piedras, i echar otras ardiendo, para que el Agua hierva, para cocer lo que quieren, i asi lo cuecen.

CAP. XXXI. De como seguimos el camino del Maìz.

Pasados dos dias, que alli estuvimos, determinamos de ir à buscar el Maìz, i no quesimos seguir el camino de las Vacas, porque es àcia el Norte, i esto era para nosotros mui gran rodeo; porque siempre tuvimos por cierto, que iendo la puesta del Sol, haviamos de hallar lo que deseabamos, i ansi seguimos nuestro camino, i atravesamos toda la Tierra, hasta salir à la Mar del Sur; i no bastò à estorvarnos esto el temor que nos ponian de la mucha hambre que haviamos de pasar (como à la verdad la pasamos) por todas las diez i siete jornadas, que nos havian dicho. Por todas ellas el Rio arriba nos dieron muchas Mantas de Vacas, i no comimos de aquella su Fruta, mas nuestro mantenimiento era cada dia tanto, como vna mano de Vnto de Venado, que para estas necesidades procurabamos siempre de guardar, i ansi pasamos todas las diez i siete jornadas, i al cabo de ellas travesamos el Rio, i caminamos otras diez i siete. A la puesta del Sol, por vnos llanos, i entre vnas Sierras mui grandes, que alli se hacen, alli hallamos vna Gente, que la tercera parte del Año no comen sino vnos Polvos de Paja; i por ser aquel tiempo, quando nosotros por alli caminamos, hovimoslo tambien de comer, hasta que acabadas estas jornadas, hallamos Casas de asiento adonde havia mucho Maìz allegado, i de ello, i de su Harina nos dieron mucha cantidad, i de Calabaças, i Frisoles, i Mantas de Algodon, i de todo cargamos à los que alli nos havian traìdo, i con esto se bolvieron los mas contentos del Mundo. Nosotros dimos muchas gracias à Dios Nuestro Señor por havernos traìdo allí, adonde haviamos hallado tanto mantenimiento. Entre estas Casas havia algunas de ellas, que eran de Tierra, i las otras todas son de Estera de Cañas; i de aqui pasamos mas de cien leguas de Tierra, i siempre hallamos Casas de asiento, i mucho mantenimiento de Maìz, i Frisoles, i dabannos muchos Venados, i muchas Mantas de Algodon, mejores que las de la Nueva-España. Dabannos tambien muchas Cuentas, i de vnos Corales que ai en la Mar del Sur, muchas Turquesa; mui buenas que tiene de àcia el Nortes i finalmente dieron aqui todo quanto tenian, i à mi me dieron cinco Esmeraldas hechas puntas de Flechas, i con estas Flechas hacen ellos sus Areitos, i Bailes; i paresciendome à mi que eran mui buenas, les preguntè, que donde las havian havido? i dixeron, que las traìan de vnas Sierras mui altas, que estàn àcia el Norte, i las compraban à trueco de Penachos, i Plumas de Papagaios; i decian, que havia alli Pueblos de mucha Gente, i Casas mui grandes. Entre estos vimos las Mugeres mas honestamente tratadas que à ninguna parte de Indias que hoviesemos visto. Traen vnas Camisas de Algodon, que llegan hasta las rodillas, i vnas Medias-mangas encima de ellas, de vnas faldillas de Cuero de Venado, sin pelo, que tocan en el suelo, i enjabonanlas con vnas Raìces, que alimpian mucho, i ansi las tienen mui bien tratadas; son abiertas por delante, i cerradas con vnas Correas; andan calçados con Çapatos. Toda esta Gente venia à nosotros à que les tocasemos, i santiguasemos; i eran en esto tan importunos, que con gran trabajo lo sufriamos, porque dolientes, i sanos, todos querian ir santiguados. Acontecia muchas veces, que de las Mugeres que con nosotros iban, parian algunas, i luego en nasciendo nos traìan la criatura à que la santiguasemos, i tocasemos. Acompañabannos siempre, hasta dexarnos entregados à otros; i entre todas estas Gentes se tenia por mui cierto, que veniamos del Cielo. Entretanto que con estos anduvimos, caminamos todo el dia sin comer hasta la noche; i comiamos tan poco, que ellos se espantaban de verlo. Nunca nos sintieron cansancio; i à la verdad nosotros estabamos tan hechos al trabajo, que tampoco lo sentiamos. Teniamos con ellos mucha autoridad, i gravedad, i para conservar esto les hablabamos pocas veces. El Negro les hablaba siempre: se informaba de los caminos que queriamos ir, i los Pueblos que havia, i de las cosas que queriamos saber. Pasamos por gran numero, i diversidades de Lenguas, con todas ellas Dios Nuestro Señor nos favoresciò, porque siempre nos entendieron, i les entendimos, i ansi preguntabamos, i respondian por señas, como si ellos hablàran nuestra Lengua, i nosotros la suia; porque aunque sabiamos seis Lenguas, no nos podiamos en todas partes aprovechar de ellas, porque hallamos mas de mil diferencias. Por todas estas Tierras, los que tenian Guerras con los otros, se hacian luego amigos para venirnos à rescebir, i traernos todo quando tenian, i de esta manera dexamos toda la Tierra en paz, i diximosles por las señas que nos entendian, que en el Cielo havia vn Hombre que llamabamos Dios, el qual havia criado el Cielo, i la Tierra, i que este adorabamos nosotros, i teniamos por Señor, i que haciamos lo que nos mandaba, i que de su mano venian todas las cosas buenas, i que si ansi ellos lo hiciesen, les iria mui bien de ello; i tan grande aparejo hallamos en ellos, que si Lengua hoviera con que perfectamente nos entendieramos, todos los dexàramos Christianos. Esto les dimos à entender lo mejor que podimos; i de aì adelante, quando el Sol salia, con mui gran grita abrian las manos juntas al Cielo, i despues las traìan por todo su cuerpo; i otro tanto hacian quando se ponia. Es Gente bien acondicionada, i aprovechada para seguir qualquiera cosa bien aparejada.

CAP. XXXII. De como nos dieron los coraçones de los venados.

En el Pueblo donde nos dieron las Esmeraldas, dieron à Dorantes mas de seiscientos coraçones de Venado abiertos, de que ellos tienen siempre mucha abundancia para su mantenimiento, i por esto le pusimos nombre, el Pueblo de los Coraçones, i por èl es la entrada para muchas Provincias, que estàn à la Mar del Sur; i si los que la fueren à buscar, por aqui no entraren, se perderàn; porque la Costa no tiene Maìz, i comen Polvo de Bledo, i de Paja, i de Pescado, que toman en la Mar con Balsas, porque no alcançan Canoas. Las Mugeres cubren sus verguenças con Yerva, i Paja. Es Gente mui apocada, i triste. Creemos, que cerca de la Costa, por la via de aquellos Pueblos, que nosotros truximos, ai mas de mil Leguas de Tierra poblada, i tienen mucho mantenimiento, porque siembran tres veces en el Año Frisoles, i Maìz. Ai tres maneras de Venados, los de la vna de ellas son tamaños como Novillos de Castilla: ai Casas de asiento, que llaman Buhios, i tienen Yerva, i esto es de vnos Arboles, al tamaño de Mançanos, i no es menester mas de coger la Fruta, i vntar la Flecha con ella; i sino tiene Fruta, quiebran vna Rama, i con la Leche que tienen hacen lo mesmo. Ai muchos de estos Arboles, que son tan ponçoñosos, que si majan las Hojas de èl, i las laban en alguna Agua allegada, todos los Venados, i qualesquier otros Animales, que de ella beben, rebientan luego. En este Pueblo estuvimos tres dias, i à vna jornada de alli estaba otro, en el qual nos tomaron tantas Aguas, que porque vn Rio cresciò mucho no lo podimos pasar, i nos detuvimos alli quince dias. En este tiempo Castillo viò al cuello de vn Indio vna Evilleta de Talabarte de Espada, i en ella cosido vn Clavo de herrar: tomòsela, i preguntamosle, què cosa era aquella? i dixeronnos, que havian venido del Cielo. Preguntamosle mas, que quien la havia trìdo de allà? i respondieron, que vnos Hombres que traìan barbas como nosotros, que havian venido del Cielo, i llegado à aquel Rio, i que traìan Caballos, i Lanças, i Espadas, i que havian alanceado dos de ellos; i lo mas disimuladamente que podimos les preguntamos, què se havian hecho aquellos Hombres? i respondieronnos, que se havian ido à la Mar, i que metieron las Lanças por debaxo del Agua, i que ellos se havian tambien metido por debaxo, i que despues los vieron ir por cima, àcia puesta del Sol. Nosotros dimos muchas gracias à Dios Nuestro Señor, por aquello que oìmos, porque estabamos desconfiados de saber nuevas de Christianos: i por otra parte nos vimos en gran confusion, i tristeça, creiendo que aquella Gente no seria sino algunos, que havian venido por la Mar à descubrir: mas al fin, como tuvimos tan cierta nueva de ellos, dimonos mas priesa à nuestro camino, i siempre hallabamos mas nueva de Christianos; i nosotros les deciamos, que les ibamos à buscar, para decirles, que no los matasen, ni tomasen por Esclavos, ni los sacasen de sus Tierras, ni les hiciesen otro mal ninguno, i de esto ellos holgaban mucho. Anduvimos mucha Tierra, i toda la hallamos despoblada, porque los Moradores de ella andaban huiendo por las Sierras, sin osar tener Casas, ni labrar, por miedo de los Christianos. Fue cosa de que tuvimos mui gran lastima, viendo la Tierra mui fertil, i mui hermosa, i mui llena de Aguas, i de Rios, i vèr los Lugares despoblados, i quemados, i la Gente tan flaca, i enferma, huìda, i escondida toda; i como no sembraban, con tanta hambre, se mantenian con corteças de Arboles, i Raìces. De esta hambre à nosotros alcançaba parte en todo este camino, porque mal nos podian ellos proveer, estando tan desventurados, que parescia que se querian morir. Truxeronnos Mantas, de las que havian escondido por los Christianos, i dieronnoslas: i aun contaronnos, como otras veces havian entrado los Christianos por la Tierra, i havian destruìdo, i quemado los Pueblos, i llevado la mitad de los Hombres, i todas las Mugeres, i Muchachos, i que los que de sus manos se havian podido escapar, andaban huiendo. Como los viamos tan atemoriçados, sin osar parar en ninguna parte, i que ni querian, ni podian sembrar, ni labrar la Tierra, antes estaban determinados de dexarse morir, i que esto tenian por mejor, que esperar ser tratados con tanta crueldad, como hasta alli, i mostraban grandisimo placer con nosotros, aunque temimos, que llegados à los que tenian la frontera con los Christianos, i Guerra con ellos, nos havian de maltratar, i hacer que pagasemos, lo que los Christianos contra ellos hacian. Mas como Dios Nuestro Señor fue servido de traernos hasta ellos, comenençaronnos à temer, i acatar, como los pasados, i aun algo mas, de que no quedamos poco maravillados: por donde claramente se vè, que estas Gentes todas, para ser atraìdas à ser Christianos, i à obediencia de la Imperial Magestad, han de ser llevados con buen tratamiento, i que este es camino mui cierto, i otro no. Estos nos llevaron à vn Pueblo, que està en vn cuchillo de vna Sierra, i se ha de subir à èl por grande aspereça: i aqui, hallamos mucha Gente, que estaba junta, recogidos, por miedo de los Christianos. Recibieronnos mui bien, i dierronos quanto tenian, i dieronnos mas de dos mil cargas de Maìz, que dimos à aquellos miserables, i hambrientos, que hasta alli nos havian traìdo; i otro dia despachamos de alli quatro Mensageros por la Tierra, como lo acostumbrabamos hacer, para que llamasen, i convocasen toda la mas Gente que pudiesen; à vn Pueblo, que està tres jornadas de alli; i hecho esto, otro dia nos partimos con toda la Gente, que alli estaba: i siempre hallabamos rastro, i señales adonde havian dormido Christianos; i à medio dia topamos nuestros Mensageros, que nos dixeron, que no havian hallado Gente, que toda andaba por los Montes escondidos, huiendo, porque los Christianos no los matasen, i hiciesen Esclavos: i que la noche pasada havian visto à los Christianos, estando ellos detràs de vnos Arboles, mirando lo que hacian, i vieron como llevaban muchos Indios en Cadenas: i de esto se alteraron los que con nosotros venian, i algunos de ellos se bolvieron, para dàr aviso por la Tierra, como venian Christianos, i muchos mas hicieran esto, si nosotros no les dixeramos que no lo hiciesen, ni tuviesen temor: i con esto se aseguraron, i holgaron mucho. Venian entonces con nosotros Indios de cien Leguas de alli, i no podiamos acabar con ellos, que se bolviesen à sus Casas; i por asegurarlos, dormimos aquella noche alli, i otro dia caminamos, i dormimos en el camino; i el siguiente dia, los que haviamos embiado por Mensageros, nos guiaron adonde ellos havian visto los Christianos; i llegados à hora de Visperas, vimos claramente, que havian dicho la verdad: i conocimos la Gente, que era de à Caballo, por las Estacas en que los Caballos havian estado atados. Desde aqui, que se llama el Rio de Petutàn, hasta el Rio donde llegò Diego de Guzmàn, puede haver hasta èl, desde donde supimos de Christianos, ochenta Leguas: i desde alli al Pueblo donde nos tomaron las Aguas, doce Leguas; i desde alli, hasta la Mar del Sur, havia doce Leguas. Por toda esta Tierra, donde alcançan Sierras, vimos grandes muestras de Oro, i Alcohol, Hierro, Cobre, i otros Metales. Por donde estàn las Casas de asiento es caliente, tanto, que por Enero hace gran calor. Desde alli àcia el Mediodia, de la Tierra que es despoblada, hasta la Mar del Norte, es mui desastrada, i pobre, donde pasamos grande, i increìble hambre; i los que por aquella Tierra habitan, i andan, es Gente crudelisima, i de mui mala inclinacion, i costumbres. Los Indios, que tienen Casa de aliento, i los de atràs, ningun caso hacen de Oro, i Plata, ni hallan que pueda haver provecho de ello.

CAP. XXXIII. Como vimos rastro de Christianos.

Despues que vimos rastro claro de Christianos, i entendimos, que tan cerca estabamos de ellos, dimos muchas gracias à Dios Nuestro Señor, por querernos sacar de tan triste, i miserable captiverio; i el placer que de esto sentimos, juzguelo cada vno, quando pensare el tiempo que en aquella Tierra estuvimos, i los peligros, i trabajos porque pasamos. Aquella noche Yo roguè à vno de mis Compañeros, que fuese tras los Christianos, que iban por donde nosotros dexabamos la Tierra asegurada, i havia tres dias de camino. A ellos se les hiço de mal esto, escusandose por el cansancio, i trabajo: i aunque cada vno de ellos lo pudiera hacer mejor que Yo, por ser mas recios, i mas moços, mas vista su voluntad, otro dia por la mañana tomè conmigo al Negro, i once Indios, i por el rastro que hallaba, siguiendo à los Christianos, pasè por tres Lugares, donde havian dormido: i este dia anduve diez Leguas; i otro dia de mañana alcancè quatro Christianos de Caballo, que rescibieron gran alteracion de verme tan estrañamente vestido, i en compañia de Indios. Estuvieronme mirando mucho espacio de tiempo, tan atonitos, que ni me hablaban, ni acertaban à preguntarme nada. Yo les dixe, que me llevasen adonde estaba su Capitan: i asi fuimos media Legua de alli, donde estaba Diego de Alcaràz, que era el Capitan; i despues de haverlo hablado, me dixo, que estaba mui perdido alli, porque havia muchos dias, que no havia podido tomar Indios, i que no havia por donde ir, porque entre ellos començaba à haver necesidad, i hambre; Yo le dixe, como atràs quedaban Dorantes, i Castillo, que estaban diez Leguas de alli, con muchas Gentes, que nos havian traìdo: i èl embiò luego tres de Caballo, i cinquenta Indios, de los que ellos traìan: i el Negro bolviò con ellos para guiarlos, i Yo quedè alli, i pedì, que me diesen por Testimonio el Año, i el Mes, i Dia, que alli havia llegado, i la manera en que venia, i ansi lo hicieron. De este Rio, hasta el Pueblo de los Christianos, que se llama Sant Miguèl, que es de la Governacion de la Provincia, que dicen la Nueva Galicia, ai treinta Leguas.

CAP. XXXIV. De como embiè por los Christianos.

Pasados cinco dias, llegaron Andrès Dorantes, i Alonso del Castillo, con los que havian ido por ellos, i traìan consigo mas de seiscientas Personas, que eran de aquel Pueblo, que los Christianos havian hecho subir al Monte, i andaban escondidos por la Tierra, i los que hasta alli con nosotros havian venido, los havian sacado de los Montes, i entregado à los Christianos, i ellos havian despedido todas las otras Gentes, que hasta alli havian traìdo; i venidos adonde Yo estaba, Alcaràz me rogò, que embiasemos à llamar la Gente de los Pueblos, que estàn à vera del Rio, que andaban ascondidos por los Montes de la Tierra, i que les mandasemos que truxesen de comer, aunque esto no era menester, porque ellos siempre tenian cuidado de traernos todo lo que podian; i embiamos luego nuestros Mensageros à que los llamasen, i vinieron seiscientas Personas, que nos truxeron todo el Maìz que alcançaban, i traìanlo en vnas ollas tapadas con barro, en que lo havian enterrado, i escondido, i nos truxeron todo lo mas que tenian, mas nosotros no quisimos tomar de todo ello, sino la comida, i dimos todo lo otro à los Christianos, para que entre sì lo repartiesen; i despues de esto pasamos muchas, i grandes pendencias con ellos, porque nos querian hacer los Indios que traìmos Esclavos; i con este enojo, al partir dexamos muchos Arcos Turquescos, que traìamos, i muchos Çurrones, i Flechas, i entre ellas las cinco de las Esmeraldas, que no se nos acordò de ellas, i ansi las perdimos. Dimos à los Christianos muchas Mantas de Vaca, i otras cosas que traìamos: vimonos con los Indios en mucho trabajo, porque se bolviesen à sus Casas, i se asegurasen, i sembrasen su Maìz. Ellos no querian sino ir con nosotros, hasta dexarnos, como acostumbraban, con otros Indios; porque si se bolviesen sin hacer esto, temian que se moririan, que para ir con nosotros no temian à los Christianos, ni à sus Lanças. A los Christianos les pesaba de esto, i hacian, que su Lengua les dixese, que nosotros eramos de ellos mismos, i nos haviamos perdido muchos tiempos havia, i que eramos Gente de poca suerte, i valor, i que ellos eran los Señores de aquella Tierra, à quien havian de obedescer, i servir. Mas todo esto los Indios tenian en mui poco, ò nonada de lo que les decian: antes vnos con otros, entre sì platicaban, diciendo, que los Christianos mentian, porque nosotros veniamos de donde salia el Sol, i ellos donde se pone: i que nosotros sanabamos los enfermos, i ellos mataban los que estaban sanos: i que nosotros veniamos desnudos, i descalços, i ellos vestidos, i en Caballos, i con Lanças: i que nosotros no teniamos cobdicia de ninguna cosa, antes todo quanto nos daban, tornabamos luego à dàr, i con nada nos quedabamos, i los otros no tenian otro fin, sino robar todo quanto hallaban, i nunca daban nada à nadie; i de esta manera relataban todas nuestras cosas, i las encarescian por el contrario de los otros; i asi les respondieron à la Lengua de los Christianos, i lo mismo hicieron saber à los otros, por vna Lengua, que entre ellos havia, con quien nos entendiamos, i aquellos que la vsan llamamos propriamente Primahaitu (que es como decir Vascongados) la qual mas de quatrocientas Leguas de las que anduvimos, hallamos vsada entre ellos, sin haver otra por todas aquellas Tierras. Finalmente nunca pudo acabar con los Indios creer, que eramos de los otros Christianos, i con mucho trabajo, i importunacion los hecimos bolver à sus Casas, i les mandamos, que se asegurasen, i asentasen sus Pueblos, i sembrasen, i labrasen la Tierra, que de estàr despoblada estaba ià mui llena de Monte, la qual sin dubda es la mejor de quantas en estas Indias ai, i mas fertil, i abundosa de Mantenimientos, i siembran tres veces en el Año. Tiene muchas Frutas, i mui hermosos Rios, i otras muchas Aguas mui buenas. Ai muestras grandes, i señales de Minas de Oro, i Plata: la Gente de ella es mui bien acondicionada: sirven à los Christianos (los que son Amigos) de mui buena voluntad. Son mui dispuestos mucho mas que los de Mexico; i finalmente, es Tierra, que ninguna cosa le falta; para ser mui buena. Despedidos los Indios, nos dixeron, que harian lo que mandabamos, i asentarian sus Pueblos, si los Christianos los dexaban; i Yo asi lo digo, i afirmo por mui cierto, que si no lo hicieren, serà por culpa de los Christianos.

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