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La familia de León Roch, Tomo 2

TERCERA PARTE (continued 4)

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«En casa de la señora Marquesa y en todas las casas donde le conocen á usted decían que usted se pegaría un tiro esta noche. Lo daban por tan seguro, que me eché á llorar.»

León sonrió con tristeza.

«Y al entrar en casa para hacer las maletas, lo primero que hice fué esconder las pistolas, por si no pudiendo el señor matarse en otra parte, se le antojaba matarse aquí.

—¿Dónde las has puesto? ¿Están cargadas?—preguntó León prontamente.

—¡Oh! ¡el señor se atreverá...!—exclamó el criado lleno de pavor.

—Tranquilízate, amigo—dijo el amo señalándose la frente;—esto no se ha hecho para el suicidio... En cuanto á las pistolas, si están cargadas, puedes arrojarlas á la calle para que las aproveche el primer tonto que pase.

—¡Tirarlas!... son tan bonitas...

—O quédate con ellas. Guárdalas para cuando te cases.

—El señor olvida que soy casado.

—Pues para cuando enviudes.»

XXI Del Marqués de Fúcar al Marqués de Onésimo.

Madrid 1.º de Diciembre.

Antes de salir de Londres para Hamburgo á comprarme las veinte toneladas de tabaco, véndame usted todo lo de Riotinto y el Consolidado Exterior. Comprar á escape Gas de París y Mobiliario Español. El empréstito, tercero que hace este año nuestro Tesoro, va á maravilla. Necesito fondos en esa plaza para proponer al Gobierno el pago de parte del cupón exterior á los tenedores ingleses, con lo cual la operación se redondea aquí de un modo completo. Es incalculable el beneficio de este anticipo. En lo demás, confirmo la mía de 23 de Noviembre. No olvide usted mis instrucciones para sacar partido de los almacenistas de tabaco en Hamburgo. Nada de timidez. Como el negocio es bueno, no le importe á usted llegar á precios exagerados.

Mi hija sigue bien; muy triste, muy sola, con mediana salud; pero resignada y tranquila. No sale de Suertebella. Mona, cada día más mona, le envía á usted tres besos.

El malvado ha cumplido su compromiso y no nos molesta para nada. Se ha metido en Bolsa y me han dicho que acometiendo con serenidad y tino las jugadas, hace una fortuna loca. La verdad es que disposiciones no le faltan.

Le espera á usted para comer el pavo de Navidad en Suertebella su afectísimo

P. Fúcar.

P. D. Si vuelve usted á ver á ese extravagante dele recuerdos míos, pero nada más que míos.

Madrid, Diciembre de 1878.

FIN DE LA NOVELA

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