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Fábulas

LIBRO SEGUNDO

Reading edition

FÁBULA PRIMERA

El León con su ejército.

Á DON JAVIER MARÍA DE MUNIVE É IDIÁQUEZ

CONDE DE PEÑAFLORIDA, DIRECTOR PERPETUO DE LA REAL SOCIEDAD VASCONGADA DE LOS AMIGOS DEL PAÍS.

Mientras que con la espada, en mar y tierra, Los ilustres varones Engrandecen su fama por la guerra Sojuzgando naciones; Tú, conde, con la pluma y el arado[74] Ya enriqueces la patria, ya la instruyes; Y haciendo venturosos, has ganado El bien que buscas, y el laurel que huyes. Con darte todo al bien de los humanos No contento tu celo, Supo unir á los nobles ciudadanos Para felicidad del patrio suelo. La hormiga codiciosa Trabaja en sociedad[75] fructuosamente; Y la abeja oficiosa Labra siempre ayudada de su gente. Así unes á los hombres laboriosos, Para hacer sus trabajos más fructuosos. Aquél viaja observando Por las naciones cultas; Éste con experiencias va mostrando Las útiles verdades más ocultas: Cuál cultiva los campos, cuál las ciencias; Y de diversos modos, Juntando estudios, viajes y experiencias, Resulta el bien en que trabajan todos. ¡En que trabajan todos! ya lo dije, Por más que yo también sea contado; El sabio presidente que nos rige, Tiene aun al más inútil ocupado. Darme, conde, querías un destino Al contemplarme ocioso é ignorante: Era difícil; mas al fin tu tino Encontró un genio en mí versificante[76]. Á Fedro y La Fontaine por modelos Me pusiste á la vista, Y hallaron tus desvelos Que pudiera ensayarme á fabulista. Y pues viene al intento, Pasemos al ensayo: va de cuento. El León, rey de los bosques poderoso, Quiso armar un ejército famoso. Juntó sus animales al instante: Empezó por cargar al Elefante Un castillo con útiles[77], y encima Rabiosos Lobos que pusiesen grima. Al Oso lo encargó de los asaltos: Al Mono con sus gestos y sus saltos Mandó que al enemigo entretuviese: A la Zorra que diese Ingeniosos ardides al intento. Uno gritó:—La Liebre y el Jumento, Éste por tardo, aquélla por medrosa, De estorbo servirán, no de otra cosa. —¿De estorbo? dijo el rey, yo no lo creo: En la Liebre tendremos un correo, Y en el Asno mis tropas un trompeta. Así quedó la armada bien completa. Tu retrato es el León, conde prudente. Y si á tu imitación, según deseo, Examinan los jefes á su gente, A todos han de dar útil empleo. ¿Por qué no lo han de hacer? ¿Habrá cucaña Como no hallar ociosos en España?

FÁBULA II

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La Lechera.

Llevaba en la cabeza Una Lechera el cántaro[78] al mercado, Con aquella presteza, Aquel aire sencillo, aquel agrado, Que va diciendo á todo el que lo advierte: ¡Yo si que estoy contenta con mi suerte! Porque no apetecía Más compañía que su pensamiento, Que alegre la ofrecía Inocentes ideas de contento. Marchaba sola la feliz Lechera, Y decía entre sí de esta manera: —Esta leche vendida, En limpio[79] me dará tanto dinero; Y con esta partida Un canasto[80] de huevos comprar quiero, Para sacar cien pollos, que al estío Me rodeen cantando el pío, pío. Del importe logrado De tanto pollo, mercaré[81] un cochino; Con bellota, salvado, Berza, castaña engordará sin tino, Tanto que puede ser que yo consiga Ver como se le arrastra la barriga[82]. Llevaréle[83] al mercado, Sacaré de él sin duda buen dinero[84] Compraré de contado Una robusta vaca y un ternero Que salte y corra toda la compaña[85] Hasta el monte cercano á la cabaña. Con este pensamiento Enajenada brinca de manera, Que á su salto violento El cántaro cayó. ¡Pobre Lechera! ¡Qué compasión! Á Dios[86] leche, dinero, Huevos, pollos, lechón, vaca y ternero. ¡Oh loca fantasía, Qué palacios fabricas en el viento! Modera tu alegría, No sea que, saltando de contento, Al contemplar dichosa tu mudanza, Quiebre su[87] cantarillo la esperanza. No seas ambiciosa De mejor ó más próspera fortuna, Que vivirás ansiosa, Sin que pueda saciarte cosa alguna. No anheles impaciente el bien futuro, Mira que ni el presente está seguro.

FÁBULA III

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El Asno sesudo.

Cierto Burro pacía En la fresca y hermosa pradería[88] Con tanta paz, como si aquella tierra No fuese entonces teatro de la guerra. Su dueño, que con miedo le guardaba, De centinela en la ribera estaba: Divisa al enemigo en la llanura; Baja, y al buen Borrico le conjura[89] Que huya precipitado. El asno muy sesudo y reposado Empieza á andar á paso perezoso. Impaciente su dueño y temeroso Con el marcial ruido De bélicas trompetas al oído, Le exhorta con fervor á la carrera. —¡Yo correr! dijo el Asno, ¡bueno fuera! Que llegue en hora buena Marte[90] fiero: Me rindo, y él me lleva prisionero. Servir aquí ó allí ¿no es todo uno? ¿Me pondrán dos albardas? no, ninguno[91]. Pues nada pierdo, nada me acobarda, Siempre seré un esclavo con albarda. No estuvo más en sí, ni más entero Que el buen Pollino[92], Amiclas el barquero, Cuando en su humilde choza le despierta César con sus soldados á la puerta, Para que á la Calabria los guiase. ¿Se podría encontrar quién no temblase, Entre los poderosos, De insultos[93] militares horrorosos De la guerra enemiga? No hay sino la pobreza que consiga Esta grande exención; de aquí proviene[94]: Nada teme perder quien nada tiene.

FÁBULA IV

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El Zagal y las Ovejas.

Apacentando un joven su ganado, Gritó desde la cima de un collado[95]: ¡Favor, que viene el lobo, labradores! Éstos, abandonando sus labores, Acuden prontamente, Y hallan que es una chanza[96] solamente. Vuelve á clamar, y temen la desgracia: Segunda vez los burla: ¡linda gracia! ¿Pero qué sucedió la vez tercera? Que vino en realidad la hambrienta fiera: Entonces el Zagal se desgañita; Y por más que patea, llora y grita, No se mueve la gente escarmentada, Y el lobo le devora la manada. ¡Cuántas veces resulta de un engaño Contra el engañador el mayor daño!

FÁBULA V

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El Águila, la Corneja y la Tortuga.

Á una Tortuga un Águila arrebata: La ladrona se apura y desbarata Por hacerla pedazos, Ya que no con la garra, á picotazos[97]. Viéndola una Corneja en tal faena, La dice[98]:—En vano tomas tanta pena: ¿No ves que es la Tortuga, cuya casa Diente, cuerno ni pico la traspasa[99]; Y si siente que llaman á su puerta, Se finge la dormida, sorda ó muerta?— ¿Pues qué he de hacer?—Remontarás tu vuelo Y en mirándote allá cerca del cielo, La dejarás caer sobre un peñasco Y se hará una tortilla el duro casco. La Águila[100], porque diestra lo ejecuta, Y la Corneja astuta, Por autora de aquella maravilla, Juntamente comieron la tortilla. ¿Qué podrá resistirse á un poderoso Guiado de un consejo malicioso? De éstos tales se aparta el que es prudente; Y así por escaparse de esta gente, Las descendientes de la tal Tortuga Á cuevas ignoradas hacen fuga[101].

FÁBULA VI

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El Lobo y la Cigüeña.

Sin duda alguna que se hubiera ahogado Un Lobo con un hueso atragantado, Si á la sazón no pasa una Cigüeña. El paciente la ve, hácela seña[102]; Llega, y ejecutiva Con su pico, jeringa primitiva, Cual diestro cirujano, Hizo la operación, y quedó sano. Su salario pedía, Pero el ingrato lobo respondía[103]: —¿Tu salario? ¿pues qué más recompensa Que el no haberte causado leve ofensa, Y dejarte vivir para que cuentes Que pusiste tu vida entre mis dientes? Marchó, por evitar una desdicha, Sin decir tus ni mus[104] la susodicha. Haz bien, dice el proverbio castellano, Y no sepas á quién; pero es muy llano Que no tiene razón ni por asomo: Es menester saber á quién y cómo. El ejemplo siguiente Nos hará esta verdad más evidente.

FÁBULA VII

El Hombre y la Culebra.

Á una Culebra, que de frío yerta[105] En el suelo yacía medio muerta, Un Labrador cogió; mas fué tan bueno, Que incautamente la abrigó en su seno. Apenas revivió, cuando la ingrata Á su gran bienhechor traidora mata.

FÁBULA VIII

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El Pájaro herido de una flecha.

Un Pájaro inocente Herido de una flecha, Guarnecida de acero Y de plumas ligeras, Decía en su lenguaje Con amargas querellas «¡Oh crueles humanos, Más crueles que fieras Con nuestras propias alas, Que la naturaleza Nos dió, sin otras armas Para propia defensa, Forjáis el instrumento De la desdicha nuestra, Haciendo que inocentes Prestemos la materia. Pero no, no es extraño Que así bárbaros sean Aquellos que, en su ruina, Trabajan, y no cesan. Los unos y otros fraguan[106] Armas para la guerra; Y es dar contra sus vidas Plumas para las flechas.»

FÁBULA IX

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El Pescador[107] y el Pez.

Recoge un Pescador su red tendida, Y saca un pececillo.—Por tu vida, Exclamó el inocente prisionero, Dame la libertad: sólo la quiero, Mira que no te engaño, Porque ahora soy ruin[108]; dentro de un año Sin duda lograrás el gran consuelo De pescarme más grande que mi abuelo. ¡Qué! ¿te burlas? ¿te ríes de mi llanto? Sólo por otro tanto Á un hermanito mío Un señor Pescador lo tiró al río.— ¡Por otro tanto al río? ¡qué manía! Replicó el Pescador; ¿pues no sabía Que el refrán castellano Dice: Más vale pájaro en la mano...[109]? Á sartén te condeno, que mi panza No se llena jamás con la esperanza.

FÁBULA X

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El Gorrión y la Liebre.

Un maldito[110] Gorrión así decía Á una Liebre, que un Águila oprimía: —¿No eres tú tan ligera, Que si el perro te sigue en la carrera, Le acarician y alaban como al cabo Acerque sus narices á tu rabo? Pues empieza á correr ¿qué te detiene?— De este modo la insulta, cuando viene El diestro Gavilán y le arrebata. El preso chilla, el prendedor le mata; Y la Liebre exclamó: Bien merecido: ¿Quién te mandó insultar al afligido? ¿Y á más, á más meterte á consejero[111], No sabiendo mirar por ti primero?

FÁBULA XI

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Júpiter y la Tortuga.

Á las bodas de Júpiter estaban Todos los animales convidados: Unos y otros llegaban Á la fiesta nupcial apresurados[112]. No faltaba á tan grande concurrencia Ni aun la reptil y más lejana oruga, Cuando llega muy tarde y con paciencia[113] Á paso perezoso la Tortuga. Su tardanza reprende el dios airado; Y ella le respondió sencillamente: —Si es mi casita mi retiro amado, ¿Cómo podré dejarla prontamente? Por tal disculpa Júpiter Tonante, Olvidando el indulto de las fiestas, La ley del caracol le echó al instante, Que es andar con la casa siempre á cuestas. Gentes machuchas hay que hacen alarde[114] De que aman su retiro con exceso; Pero á su obligación acuden tarde: Viven como el ratón dentro del queso.

FÁBULA XII

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El Charlatán.

«Si cualquiera de ustedes Se da por las paredes, Ó arroja de un tejado, Y queda á buen librar descostillado, Yo me reiré muy bien: importa un pito[115], Como tenga mi bálsamo exquisito». Con esta relación un chacharero[116] Gana mucha opinión y más dinero; Pues el vulgo, pendiente de sus labios, Más quiere á un charlatán que á veinte sabios. Por esta conveniencia Los hay el día de hoy en toda ciencia, Que ocupan igualmente acreditados Cátedras, academias y tablados. Prueba de esta verdad será un famoso Doctor en elocuencia, tan copioso En charlatanería, Que ofreció enseñaría Á hablar discreto, con fecundo pico, En diez años de término á un borrico. Sábelo el rey, le llama, y al momento Le manda dé lecciones á un jumento; Pero bien entendido. Que sería, cumpliendo lo ofrecido, Ricamente premiado; Mas cuando no, que moriría ahorcado. El doctor asegura nuevamente Sacar un orador asno elocuente. Dícele callandito[117] un cortesano: —Escuche, buen hermano, Su frescura me espanta: Á cáñamo me huele su garganta. —No temáis, señor mío, Respondió el Charlatán, pues yo me río. ¿En diez años de plazo que tenemos, El rey, el asno ó yo no moriremos? Nadie encuentra embarazo En dar un largo plazo Á importantes negocios; mas no advierte Que ajusta mal su cuenta sin la muerte.

FÁBULA XIII

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El Milano y las Palomas.

Á las tristes Palomas un Milano, Sin poderlas pillar, seguía en vano; Mas él á todas horas Servía de lacayo á estas señoras. Un día, en fin, hambriento é ingenioso, Así las dice:—¿Amáis vuestro reposo, Vuestra seguridad y conveniencia? Pues creedme en mi conciencia: En lugar de ser yo vuestro enemigo, Desde ahora me obligo, Si la banda por rey me aclama luego, A tenerla en sosiego, Sin que de garra ó pico tema agravio; Pues tocante á la paz seré un Octavio[118].— Las sencillas Palomas consintieron: Aclámanlo por rey: ¡Viva, dijeron, Nuestro rey el Milano! Sin esperar á más, este tirano[119] Sobre un vasallo mísero se planta: Déjale con el viva[120] en la garganta; Y continuando así sus tiranías, Acabó con el reino en cuatro días. Quien al poder se acoja de un malvado, Será, en vez de feliz, un desdichado.

FÁBULA XIV

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Las dos Ranas.

Tenían dos Ranas Sus pastos[121] vecinos; Una en un estanque, Otra en un camino. Cierto día á ésta Aquélla le dijo: —¿Es creíble, amiga, De tu mucho juicio, Que vivas contenta Entre los peligros, Donde te amenazan, Al paso preciso, Los pies y las ruedas, Riesgos infinitos? Deja tal vivienda[122], Muda de destino: Sigue mi dictamen, Y vente conmigo.— En tono de mofa, Haciendo mil mimos[123], Respondió á su amiga: —¡Excelente aviso! ¡Á mí novedades! ¡Vaya, qué delirio! Eso si que fuera Darme el diablo ruido. ¡Yo dejar la casa, Que fué domicilio De padres, abuelos Y todos los míos, Sin que haya memoria De haber sucedido La menor desgracia Desde luengos[124] siglos! —Allá te compongas: Mas ten entendido, Que tal vez suceda Lo que no se ha visto.— Llegó una carreta Á este tiempo mismo, Y á la triste Rana Tortilla la hizo. Por hombres de seso Muchos hay tenidos, Que á nuevas razones Cierran los oídos. Recibir consejos Es un desvarío: La rancia costumbre Suele ser su libro.

FÁBULA XV

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El parto de los Montes.

Con varios ademanes[125] horrorosos Los Montes de parir dieron señales: Consintieron los hombres temerosos Ver nacer los abortos más fatales. Después que con bramidos espantosos Infundieron pavor á los mortales, Estos Montes, que al mundo estremecieron, Un ratoncillo fué lo que parieron. Hay autores que, en voces misteriosas, Estilo fanfarrón[126] y campanudo, Nos anuncian ideas portentosas; Pero suele á menudo Ser el gran parto de su pensamiento, Después de tanto ruido, sólo viento.

FÁBULA XVI

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Las Ranas pidiendo rey.

Sin rey vivía libre, independiente, El pueblo de las Ranas felizmente. La amable libertad sólo reinaba En la inmensa laguna que habitaba. Mas las Ranas al fin un rey quisieron: Á Júpiter excelso lo pidieron. Conoce el Dios la súplica importuna, Y arroja un rey de palo á la laguna: Debió de ser sin duda buen pedazo, Pues dió su Majestad tan gran porrazo Que el ruido atemoriza al reino todo: Cada cual se zambulle en agua ó lodo[127]; Y quedan en silencio tan profundo, Cual si no hubiese Ranas en el mundo. Una de ellas asoma la cabeza, Y viendo á la real pieza, Publica que el monarca es un zoquete. Congrégase la turba y, por juguete, Lo desprecian, lo ensucian con el cieno[128], Y piden otro rey, que aquel no es bueno. El padre de los dioses irritado, Envía á un culebrón, que á diente airado Muerde, traga, castiga, Y á la mísera grey al punto obliga Á recurrir al dios humildemente. Padeced, les responde, eternamente: Que así castigo á aquel que no examina Si su solicitud será su ruina.

FÁBULA XVII

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El Asno y el Caballo.

—¡Ah! ¡quien fuese Caballo! Un Asno melancólico decía: «Entonces sí que nadie me vería Flaco, triste y fatal[129] como me hallo. Tal vez un caballero Me mantendría ocioso y bien comido; Dándose su merced por muy servido Con corvetas y saltos de carnero. Trátanme ahora como vil y bajo, De risa sirve mi contraria suerte: Quien me apalea más, más se divierte, Y menos como, cuando más trabajo. No es posible encontrar sobre la tierra Infeliz como yo.» Tal se juzgaba, Cuando al Caballo ve como pasaba Con su jinete y armas á la guerra. Entonces conoció su desatino; Rióse de corvetas y regalos, Y dijo: Que trabaje y lluevan palos; No me saquen los dioses de Pollino.

FÁBULA XVIII

El Cordero y el Lobo.

Uno de los Corderos mamantones[130], Que para los glotones[131] Se crían sin salir jamás al prado, Estando en la cabaña muy cerrado, Vió por una rendija de la puerta Que el caballero Lobo estaba alerta, En silencio esperando astutamente Una calva ocasión[132] de echarle el diente. Mas él, que bien seguro se miraba, Así le provocaba: —Sepa usted, seor[133] Lobo, que estoy preso, Porque sabe el pastor que soy travieso; Mas si él no fuese bobo, No habría ya en el mundo ningún Lobo; Pues yo corriendo libre por los cerros[134], Sin pastores ni perros, Con sola mi pujanza y valentía Contigo y con tu raza acabaría. —¡Á Dios, exclamó el Lobo, mi esperanza De regalar á mi vacía panza! Cuando este miserable me provoca, Es señal de que se halla de mi boca Tan libre como el cielo de ladrones. Así son los cobardes fanfarrones[135], Que se hacen en los puestos ventajosos Más valentones, cuanto más medrosos.

FÁBULA XIX

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Las Cabras y los Chivos.

Desde antaño en el mundo Reina el vano deseo De parecer iguales Á los grandes señores los plebeyos. Las Cabras alcanzaron Que Júpiter excelso Les diese barba[136] larga Para su autoridad y su respeto. Indignados los Chivos[137] De que su privilegio Se extendiese á las Cabras, Lampiñas con razón en aquel tiempo; Sucedió[138] la discordia Y los amargos celos Á la paz octaviana[139], Con que fué gobernado el barbón pueblo. Júpiter dijo entonces, Acudiendo al remedio: —¿Qué importa que las Cabras Disfruten un adorno propio vuestro, Si es mayor ignominia De su vano deseo, Siempre que no igualaren En fuerzas y valor á vuestro cuerpo? El mérito aparente Es digno de desprecio; La virtud solamente Es del hombre el ornato verdadero.

FÁBULA XX

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El Caballo y el Ciervo.

Perseguía un Caballo vengativo Á un Ciervo que le hizo leve ofensa: Mas hallaba segura la defensa En su veloz carrera el fugitivo. El vengador, perdida la esperanza De alcanzarle y lograr así su intento, Al hombre le pidió su valimiento Para tomar del ofensor venganza. Consiente el hombre; y el Caballo airado Sale con su jinete[140] á la campaña, Corre con dirección, sigue con maña[141], Y queda al fin del ofensor vengado. Muéstrase al bienhechor agradecido, Quiere marcharse libre de su peso; Mas desde entonces mismo quedó preso Y eternamente al hombre sometido. El Caballo, que suelto y rozagante, En el frondoso bosque y prado ameno Su libertad gozaba tan de lleno, Padece sujeción desde ese instante. Oprimido del yugo ara la tierra; Pasa tal vez la vida más amarga; Sufre la silla, freno, espuela, carga, Y aguanta los horrores de la guerra. En fin, perdió la libertad amable Por vengar una ofensa solamente. Tales los frutos son que ciertamente[142] Produce la venganza detestable.

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Notes in this chapter

Note 1 · Con la pluma y el arado. El Mariscal Bugeaud, conquistador de la Argelia, tenía por divisa: ense et aratro, con la espada y el arado.Note 2 · Sociedad, viene de socio. Otros derivados: sociabilidad, sociable, sociología, asociar, asociación, socialismo, socialista, etc. Sinón.: ComNote 3 · Versificante. Es más propio versificador y no está tampoco bien aplicada la palabra genio. Aquí significa capacidad, facultad, aptitud.Note 4 · La palabra útiles es impropia, pues se aplica especialmente á los utensilios domésticos y á las herramientas de las artes y oficios.Note 5 · Cántaro. Generalmente los de la leche se llaman cántaras, porque son más achatados y anchos de boca. Además, la cántara es medida que contieNote 6 · En limpio, es decir, deducidos todos los gastos.Note 7 · Un canasto. El canasto se distingue de la canasta en que tiene la boca más recogida. La misma diferencia hay entre sus sinónimos cesto y cesNote 8 · Mercaré. Es palabra vulgar y anticuada. Deriv.: mercado, mercader, mercadería.Note 9 · Ver como se le arrastra; sería más correcto: ver como le arrastra.Note 10 · Llevaréle. No se debe abusar de la unión de los pronombres con el verbo, cosa que hoy se hace mucho y mal, sobre todo cuando el verbo no es Note 11 · Buen dinero por mucho dinero.Note 12 · Campaña. Véase la nota 4, pág. 27.Note 13 · Á Dios; también se escribe: Adiós.Note 14 · Su, leemos en todas las ediciones; pero tal vez debiera decir tu.Note 15 · Pradería, deriv. de prado. Otros derivados: pradal, pradeño, pradera, pradial, praderoso.Note 16 · Le conjura que. El régimen perfecto exige que se diga: le conjura á que huya, etc.Note 17 · De Marte se derivan: marcial, marcialidad y marzo.Note 18 · Ninguno. Es como vulgarmente se dice, concordancia vizcaína, pues albarda es femenino. La palabra albarda entra en las frases: Albarda sobreNote 19 · Pollino es dim. de pollo en Asturias, véase nota 2, pág. 20.Note 20 · De insultos. La frase está incompleta. Debería decirse: ¿Se podria encontrar quien no temblase por temor de, ó ante, los insultos, etc.Note 21 · En otras ediciones se lee: de aquí le viene, frase incorrecta.Note 22 · Collado. Sinón.: Alcor, colina, loma, otero.Note 23 · Chanza. De chanza se derivan chancearse, chancero y chanzoneta. Sinón.: Broma, burla, guasa, vaya, cordelejo.Note 24 · Picotazos. La terminación azo, hablando de instrumentos ó herramientas, significa generalmente golpe, herida, como: navajazo, azadonazo, basNote 25 · La dice. Véase la nota 1, pág. 36.Note 26 · La traspasa. Para que la frase fuese correcta, debería decir: cuya casa no la traspasa diente, cuerno ni pico.Note 27 · La Águila. Véase la nota 6, pág. 36.Note 28 · Hacen fuga, por huyen. Es lo que se llama un ripio.Note 29 · Hácela. Es incorr. por hácele. Véase nota 1, pág. 36.Note 30 · Respondía por respondió.Note 31 · Sin decir tus ni mus, esto es, sin decir palabra. También se emplean las frases análogas: sin decir oxte ni moxte, sin decir esta boca es míNote 32 · Yerta es adjetivo. Antiguamente se usó como p. p. de erguir. Así dice Herrera: El árbol que más yerto se sublima.Note 33 · Fraguan, derivado de fragua. Sinón.: Forjar, maquinar, tramar, urdir.Note 34 · Pez, pescador, pescadería y pescar vienen de la misma raíz latina.Note 35 · Ruin, en este caso significa pequeño, endeble, insignificante. En el mismo sentido se emplea en los siguientes refranes: Brazo ruin no quiebNote 36 · Más vale pájaro... El refrán exacto dice: Más vale pájaro en mano que buitre volando.Note 37 · Maldito está en el sentido de perverso. Véase además la nota 2, pág. 33.Note 38 · Meterse á consejero. En sentido análogo se dice meterse á redentor. También se dice: meterse en camisa de once varas y meterse en la renta dNote 39 · Apresurados por presurosos.Note 40 · Paciencia, está en el sentido de calma, cachaza, pachorra. Deriv.: pacienzudo, impacientarse, impaciente.Note 41 · Alarde, en lo antiguo, era revista de tropas. Hoy significa ostentación. De alarde se derivan alardear y alardoso.Note 42 · Importa un pito. La frase corriente es: No dársele á uno un pito (ó también un bledo) de una cosa.Note 43 · Chacharero. Sinón.: Charlatán, embaidor, saltimbanco, titiritero, etc.Note 44 · Callandito, dim. de un gerundio.Note 45 · De Octavio, que dió la paz al mundo, viene la frase paz octaviana.Note 46 · Tirano. Deriv.: Tiranía, tiranizar, tiranicida, etc.Note 47 · Viva, tercera persona de imperativo del verbo vivir, usada como substantivo. En el mismo caso se encuentran muera, y el adjetivo alto. TambiNote 48 · Pastos es incorrecto; sólo se aplica á los animales que pacen.Note 49 · Vivienda. Sinón.: Casa, hogar, albergue, morada.Note 50 · Mimo, viene de un verbo griego que significa imitar. Deriv.: Mímar, mímica, mímico, mimosa, mimoso.Note 51 · Luengos, por largos. Se emplea aún hablando de años, siglos y también de la barba.Note 52 · Ademán aquí es término improprio, pues viene de mano. Antiguamente, se empleó la frase: con ademán, para significar con soltura. Y siendo poNote 53 · Fanfarrón; Deriv.: fanfarronada, fanfarronear, fanfarronería. Sinón.: Baladrón, matamoros, rajabroqueles.Note 54 · Lodo. La palabra lodo no está empleada con propiedad; es preferible cieno, usada más abajo. De lodo se derivan lodazal, enlodarse; y de cienNote 55 · Cieno. Véase la nota anterior.Note 56 · Fatal, significa aquí: en muy mal estado. Deriv.: Fatalidad, fatalismo, fatalista.Note 57 · Véase nota 3, pág. 29.Note 58 · Glotón, que come mucho. Véase nota 2, pág. 29.Note 59 · Calva ocasión. Se dice: la ocasión es calva y mejor: la ocasión la pintan calva; también se dice: Asir, coger ó tomar la ocasión por el copeNote 60 · Seor, forma anticuada y familiar de señor.Note 61 · Cerros. Esta palabra entra en las frases: Echar uno por esos cerros, ir fuera de camino; y Echar por los cerros de Úbeda, ir muy extraviado,Note 62 · Fanfarrones, presuntuosos, que se las echan de valientes. Véase la nota 2, pág. 29.Note 63 · Barba, generalmente femenino, toma el género masculino, cuando designa el autor que hace papeles de anciano.Note 64 · Es error escribir chibo. De chivo se forman chival, chivata, chivato, chivatero, chivital y chivitil.Note 65 · Sucedió. Debería decir sucedieron porque hay dos sujetos.Note 66 · Octaviana. Véase la nota 1 pág. 51Note 67 · Jinete, viene del árabe zenete. Deriv.: jineta y jinetear. Es un error escribir esta palabra con g, como hacen muchos. Gineta, es el nombre Note 68 · Maña, viene de mano y significa agilidad de manos. Deriv.: Mañear, mañero, mañoso, desmañado.Note 69 · Tales los frutos son. Ésta es una transposición inadmisible en prosa. Debería decirse: Tales son ciertamente los frutos...
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