← Table of contents
Fábulas

LIBRO NONO

Reading edition

FÁBULA PRIMERA

El Gato y las Aves.

Charlatanes se ven por todos lados En plazas y en estrados, Que ofrecen sus servicios (¡cosa rara!) Á todo el mundo por su linda cara[421]. Éste, químico y médico excelente, Cura á todo doliente, Pero gratis: no se hable de dinero. El otro petimetre[422] caballero Canta, toca, dibuja, borda, danza, Y ofrece la enseñanza Gratis por afición á cierta gente. Veremos en la fábula siguiente Si puede haber en esto algún engaño: La prudente cautela no hace daño. Dejando los desvanes y rincones El señor Mirrimiz, Gato de maña, Se salió de la villa á la campaña. En paraje sombrío Á la orilla de un río De sauces coronado, En unas matas se quedó agachado. El Gatazo[423] callaba como un muerto Escuchando el concierto De dos mil avecillas, Que en las ramas cantaban maravillas. Pero callaba en vano, Mientras no se acercaban á su mano Los músicos volantes, pues quería Mirrimiz arreglar la sinfonía. Cansado de esperar, prorrumpe al cabo, Sacando la cabeza: ¡Bravo, bravo! La turba calla: cada cual procura Alejarse ó meterse en la espesura; Mas él les[424] persuadió con buenos modos, Y al fin logró que le escuchasen todos. —No soy Gato montés ó campesino; Soy honrado vecino De la cercana villa; Fuí Gato de un maestro de capilla; La música aprendí y aun, si me empeño, Veréis como os la enseño; Pero gratis y en menos de una hora. ¡Qué cosa tan sonora Será el oír un coro de cantores, Verbigracia, calandrias, ruiseñores! Con estas y otras cosas diferentes, Algunas de las aves inocentes Con manso vuelo á Mirrimiz llegaron: Todos en torno de él se colocaron; Entonces con más gracia Y más diestro que el Músico de Tracia[425], Echando su compás hacia el más gordo, Consigue gratis merendarse un tordo.

FÁBULA II

La Danza pastoril.

Á la sombra que ofrece Un gran peñón tajado, Por cuyo pie corría Un arroyuelo manso, Se formaba en estío Un delicioso prado. Los árboles silvestres Aquí y allí plantados, El suelo siempre verde De mil flores sembrado, Más agradable hacían El lugar solitario. Contento en él pasaba La siesta, recostado Debajo de una encina, Con el albogue, Bato[426]. Al son de sus tonadas Los pastores cercanos, Sin olvidar algunos La guarda del ganado, Descendían ligeros[427] Desde la sierra al llano. Las honestas zagalas, Según iban llegando, Bailaban lindamente, Asidas de las manos, En torno de la encina Donde tocaba Bato. De las espesas ramas Se veía colgando Una guirnalda bella De rosas y amaranto. La fiesta presidía Un mayoral anciano: Y ya que el regocijo Bastó para descanso, Antes que se volviesen Alegres al rebaño, El viejo presidente Con su corvo, cayado Alcanzó la guirnalda, Que pendía del árbol, Y coronó con ella Los cabellos dorados De la gentil zagala, Que con sencillo agrado Supo ganar á todas En modestia y recato. Si la virtud premiaran Algunos cortesanos, Yo sé que no huiría Desde la corte al campo.

FÁBULA III

Illustration from Fábulas

Los dos Perros.

Procure ser en todo lo posible El que ha de reprender irreprensible. Sultán, perro goloso y atrevido, En su casa robó, por un descuido, Una pierna excelente de carnero. Pinto, gran tragador, su compañero, Le encuentra con la presa encarnizado, Ojo al través, colmillo acicalado, Fruncidas las narices y gruñendo. —¿Qué cosa estás naciendo, Desgraciado Sultán? Pinto le dice. ¿No sabes, infelice[428], Que un perro infiel, ingrato, No merece ser perro, sino gato? ¡Al amo, que nos fía La custodia de casa noche y día, Nos halaga, nos cuida y alimenta, Le das tan buena cuenta[429], Que le robas goloso La pierna del carnero más jugoso! Como amigo te ruego No la maltrates más: déjala luego. —Hablas, dijo Sultán, perfectamente. Una duda me queda solamente Para seguir al punto tu consejo: Di, ¿te la comerás si yo la dejo?

FÁBULA IV

La Moda.

Después de haber corrido Cierto danzante Mono Por cantones y plazas De ciudad en ciudad el mundo todo, Logró (dice la historia, Aunque no cuenta el cómo) Volverse libremente Á los campos del África orgulloso. Los Monos al viajero Reciben con más gozo Que á Pedro, el czar, los rusos, Que los griegos á Ulises generoso. De leyes, de costumbres Ni él habló, ni algún otro[430] Le preguntó palabra; Pero de trajes y de modas todos. En cierta jerigonza, Con extranjero tono, Les hizo un gran detalle[431] De lo más remarcable[432] á los curiosos. «Empecemos, decían, Aunque sea por poco.» Hiciéronse zapatos Con cáscaras de nueces por lo pronto. Toda la raza mona Andaba con sus choclos[433], Y el no traerlos era Faltar á la decencia y al decoro. Un leopardo hambriento Trepa para los Monos; Ellos huir intentan Á salvarse en los árboles del soto[434]. Las chinelas[435] lo estorban, Y de muy fácil modo Aquí y allí mataba, Haciendo á su placer dos mil destrozos. En Tetuán desde entonces Manda el senado docto, Que cualquier uso ó moda De países cercanos ó remotos, Antes que llegue el caso De adoptarse en el propio, Haya de examinarse En junta de políticos á fondo. Con tan justo decreto, Y el suceso horroroso ¿Dejaron tales modas? Primero dejarían de ser Monos.

FÁBULA V

El Lobo y el Mastín.

Trampas, redes y perros Los celosos pastores disponían En lo oculto del bosque y de los cerros, Porque matar querían Á un Lobo por el bárbaro delito De no dejar á vida ni un cabrito. Hallóse cara á cara Un Mastín con el Lobo de repente, Y cada cual se para, Tal como en Zama estaban frente á frente Antes de la batalla, muy serenos, Aníbal y Escipión, ni más ni menos. En esta suspensión treguas propone El Lobo á su enemigo. El Mastín no se opone, Antes le dice:—Amigo, Es cosa bien extraña por mi vida Meterse un señor Lobo á cabricida[436]. Ese cuerpo brioso Y de pujanza fuerte, Que mate al jabalí, que venza al oso. Mas ¿qué dirán al verte Que lo valiente y fiero Empleas en la sangre de un cordero? El Lobo le responde:—Camarada, Tienes mucha razón; en adelante Propongo no comer sino ensalada.— Se despiden y toman el portante. Informados del hecho Los pastores se apuran y patean: Agarran al Mastín y le apalean. Digo que fué bien hecho; Pues, en vez de ensalada, en aquel año Se fué comiendo el Lobo su rebaño. ¿Con una reprensión, con un consejo Se pretende quitar un vicio añejo?

FÁBULA VI

Illustration from Fábulas

La Hermosa y el Espejo.

Anarda la bella Tenía un amigo Con quien consultaba Todos sus caprichos: Colores de moda, Más ó menos vivos, Plumas, sombreretes[437], Lunares y rizos Jamás en su adorno Fueron admitidos, Si él no la[438] decía: «Gracioso, bonito». Cuando su hermosura Llena de atractivo, En sus verdes años Tenía más brillo, Traidoras la roban (Ni acierto á decirlo) Las negras viruelas Sus gracias y hechizos. Llegóse al espejo: Éste era su amigo, Y como se jacta De fiel y sencillo, Lisa y llanamente La verdad la dijo. Anarda furiosa, Casi sin sentido, Le vuelve la espalda Dando mil quejidos. Desde aquel instante Cuentan que no quiso Volver á consultas Con el señor mío[439]. Escúchame Anarda: «Si buscas amigos Que te representen Tus gracias y hechizos, Mas que no te adviertan Defectos, y aun vicios De aquellos que nadie Conoce en sí mismo; Díme ¿de qué modo Podrás corregirlos?»

FÁBULA VII

El Viejo y el Chalán.

Fabio está, no lo niego, muy notado De una cierta pasión que le domina; ¿Mas qué importa, señor? si se examina Se verá que es un mozo muy honrado, Generoso, cortés, hábil, activo, Y que de todo entiende Cuanto pide el empleo que pretende. Y qué, ¿no se le dan?... ¿por qué motivo?... Trataba un Viejo de comprar un perro Para que le guardase los doblones. Le decía el Chalán estas razones: —Con un collar de hierro Que tenga el animal, échenle gente: Es hermoso, pujante, Leal, bravo, arrogante; Y aunque tiene la falta solamente De ser algo goloso... —¿Goloso? dice el Rico; no le quiero. —No es para marmitón[440], ni despensero, Continúa el Chalán muy presuroso, Sino para valiente centinela. —Menos, concluye el Viejo: Dejará que me quiten el pellejo Por lamer entre tanto la cazuela.

FÁBULA VIII

La Gata con Cascabeles.

Salió cierta mañana Zapaquilda al tejado Con un collar de grana, De pelo y cascabeles adornado. Al ver tal maravilla, Del alto corredor y la guardilla[441] Van saltando los Gatos de uno en uno; Congrégase al instante Tal concurso gatuno[442] En torno de la dama rozagante, Que entre flexibles colas arboladas Apenas divisarla se podía. Ella con mil monadas El cascabel parlero sacudía; Pero cesando al fin el sonsonete, Dijo, que por juguete, Quitó el collar al perro su señora, Y se lo puso á ella. Cierto que Zapaquilda estaba bella: Á todos enamora, Tanto que en la gatesca compañía, Cuál dice su atrevido pensamiento, Cuál se encrespa celoso; Riñen éste y aquél con ardimiento, Pues con ansia quería Cada Gato soltero ser su esposo. Entre los arañazos y maullidos Levántase Garraf, Gato prudente, Y á los enfurecidos Les grita:—Noble gente, ¡Gata con cascabeles por esposa! ¿Quién pretende tal cosa? ¿No veis que el cascabel la caza ahuyenta Y que la dama hambrienta Necesita sin duda que el marido, Ausente y aburrido, Busque la provisión en los desvanes, Mientras ella cercada de galanes, Porque el mundo la vea, De tejado en tejado se pasea?— Marchóse Zapaquilda convencida, Y lo mismo quedó la concurrencia. ¡Cuántos chascos se llevan en la vida Los que no miran más que la apariencia!

FÁBULA IX

El Ruiseñor y el Mochuelo.

Una noche de mayo, Dentro de un bosque espeso, Donde según reinaba La triste obscuridad con el silencio, Parece que tenía Su habitación Morfeo; Cuando todo viviente Disfrutaba del dulce y blando sueño, Pendiente de una rama Un Ruiseñor parlero[443] Empezó con sus ayes Á publicar sus dolorosos celos. Después de mil querellas, Que llegaron al cielo, Á cantar empezaba La antigua historia del infiel Teseo, Cuando, sin saber como, Un cazador Mochuelo Al músico arrebata Entre las corvas uñas prisionero. Jamás Pan con la flauta Igualó sus gorjeos, Ni resonó tan grata La dulce lira del divino Orfeo. No obstante, cuando daba[444] Sus últimos lamentos, Los vecinos del bosque Aplaudían su muerte: yo lo creo. Si con sus serenatas El mismo Farinelo Viniese á despertarme, Mientras que yo dormía[445] en blando lecho; En lugar de los bravos, Diría: Caballero, ¡Que no viniese ahora Para tal Ruiseñor algún Mochuelo! Clori tiene mil gracias: Y ¿qué logra con eso? Hacerse fastidiosa Por no querer usarlas á su tiempo.

FÁBULA X

Illustration from Fábulas

El Amo y el Perro.

—Callen todos los perros de este mundo Donde está mi Palomo: Es fiel, decía el Amo, sin segundo Y me guarda la casa... pero ¿cómo? Con la despensa abierta Le dejé cierto día; En medio de la puerta De guardia se plantó con bizarría. Un formidable gato, En vez de perseguir á los ratones, Se venía guiado del olfato Á visitar chorizos y jamones. Palomo le despide buenamente; El gatazo[446] se encrespa y acalora: Riñen sangrientamente, Y mi Guardajamones[447] le devora.— Esto contaba el Amo á sus amigos, Y después á su casa se los lleva Á que fuesen testigos De tal fidelidad en otra prueba. Tenía al buen Palomo prisionero Entre manidas pollas y perdices: Los sebosos riñones de un carnero Casi casi le untaban las narices. Dentro de este retiro á penitencia[448] El triste fué metido Después de algunos días de abstinencia. Al fin, ya su Señor compadecido Abre con sus amigos el encierro; Sale rabo entre piernas agachado: Al Amo se acercaba el pobre Perro, Lamiéndose el hocico ensangrentado. El Dueño se alborota y enfurece Con tan fatales nuevas. Yo le preguntaría ¿Y qué merece Quien la virtud expone á tales pruebas?

FÁBULA XI

Los dos Cazadores.

Que en una marcial función, Ó cuando el caso lo pida, Arriesgue un hombre su vida, Digo que es mucha razón. Pero el que por diversión Exponer su vida quiera Á juguete de una fiera, Ó peligros no menores, Sepa de dos Cazadores Una historia verdadera. Pedro Ponce, el valeroso, Y Juan Carranza, el prudente, Vieron venir frente á frente Al lobo más horroroso. El prudente, temeroso, Á una encina se abalanza, Y cual otro Sancho Panza, En las ramas se salvó. Pedro Ponce allí murió: Imitemos á Carranza.

FÁBULA XII

Illustration from Fábulas

El Gato y el Cazador.

Cierto Gato en poblado descontento, Por mejorar sin duda de destino (Qué no sería Gato de convento) Pasó de ciudadano á campesino. Metióse santamente Dentro de una covacha, mas no lejos De un gran soto poblado de conejos. Considere el lector piadosamente Si este noble ermitaño Probaría la hierba en todo el año. Lo mejor de la caza devoraba, Haciendo mil excesos; Mas al fin por el rastro que dejaba De plumas y de huesos, Un Cazador lo advierte: le persigue, Arma trampas y redes con tal maña, Que al instante consigue Atrapar la carnívora alimaña. Llégase el Cazador al prisionero, Quiere darle la muerte. El animal le dice:—Caballero, Duélase de la suerte De un triste pobrecito[449], Metido en la prisión y sin delito. —¿Sin delito, me dices, Cuando sé que tus uñas y tus dientes Devoran infinitos inocentes? —Señor, eran conejos y perdices; Y yo no hacía más, á fe de Gato, Que lo que ustedes hacen en el plato. —Ea, pícaro, muere, Que tu mala razón no satisface. Con que sea[450] la cosa que se fuere, ¿La podrá usted hacer, si otro la hace?

FÁBULA XIII

El Pastor.

Salicio[451] usaba tañer La zampoña todo el año, Y, por oírle, el rebaño Se olvidaba de pacer. Mejor sería romper La zampoña al tal Salicio; Porque si causa perjuicio En lugar de utilidad, La mayor habilidad, En vez de virtud, es vicio.

FÁBULA XIV

Illustration from Fábulas

El Tordo Flautista.

Era un gusto el oír, era un encanto, Á un tordo gran flautista, pero tanto, Que en la gaita gallega, Ó la pasión me ciega, Ó á Misón le llevaba mil ventajas. Cuando todas las aves se hacen rajas[452] Saludando á la aurora, Y la turba confusa charladora[453] La[454] canta sin compás y con destreza Todo cuanto la viene á la cabeza, El flautista empezó: cesó el concierto. Los pájaros con tanto pico abierto Oyeron en un tono soberano Las folías[455] la gaita y el villano[456]. Al escuchar las aves tales cosas, Quedaron admiradas y envidiosas; Los jilgueros preciados de cantores, Los vanos ruiseñores, Unos y otros corridos, Callan entre las hojas escondidos. Ufano el Tordo grita:—Camaradas, Ni saben, ni sabrán estas tonadas Los pájaros ociosos, Sino los retirados estudiosos. Sabed, que con un hábil zapatero Estudié un año entero: Él dale que le das á sus zapatos, Y alternando, silbábamos á ratos. En fin, viéndome diestro, —Vuela al campo, me dice mi maestro, Y harás ver á las aves de mi parte Lo que gana el ingenio con el arte.

FÁBULA XV

El Raposo y el Lobo.

Un triste Raposo Por medio del llano Marchaba sin piernas, Cual otro soldado, Que perdió las suyas Allá en Campo Santo. Un Lobo le dijo: —Hola, buen hermano, Diga, ¿en qué refriega Quedó tan lisiado? —¡Ay de mí! responde; Un maldito rastro Me llevó á una trampa, Donde por milagro, Dejando una pierna, Salí con trabajo. Después de algún tiempo Iba yo cazando[457], Y en la trampa misma Dejé pierna y rabo.— El Lobo le dice[457] —Creíble es el caso: Yo estoy tuerto, cojo Y desorejado Por ciertos mastines, Guardas de un rebaño. Soy de estas montañas El Lobo decano, Y como conozco Las mañas de entrambos, Temo que acabemos, No digo enmendados, Sino tú en la trampa, Y yo en el rebaño. Que el ciego apetito Pueda arrastrar tanto Á los brutos, pase, ¡Pero á los humanos!

FÁBULA XVI

Illustration from Fábulas

El Ciudadano Pastor.

Cierto joven leía En versos excelentes Las dulces pastorelas[458] Con el mayor deleite. Tenía la cabeza Llena de prados, fuentes, Pastores y zagalas, Zampoñas y rabeles. Al fin, cierta mañana Prorrumpe de esta suerte: —¡Yo he de estar prisionero Cercado de paredes, Esclavo de los hombres, Y sujeto á las leyes, Pudiendo, entre pastores, Grata y sencillamente Disfrutar desde ahora La libertad campestre! De la ciudad al bosque Me marcho para siempre: Allí naturaleza Me brinda con sus bienes; Los árboles y ríos Con frutas y con peces; Los ganados y abejas Con la miel y la leche; Hasta las duras rocas Habitación me ofrecen En grutas coronadas De pámpanos silvestres. Desde tan bella estancia, ¡Cuántas y cuántas veces, Al son de dulces flautas, Y sonoros rabeles, Oiré á los pastores, Que discretos contienden, Publicando en sus versos Amores inocentes! Como que ya diviso Entre el ramaje verde Á la pastora Nise[459], Que al lado de una fuente, Sentada al pie de un olmo, Una guirnalda teje. ¿Si será para Mopso[460]?...— Tanto el joven enciende Su loca fantasía, Que ya en fin se resuelve, Y en zagal disfrazado, En los bosques se mete. Á un rabadán[461] encuentra, Y le pregunta alegre: —Díme, ¿es de Melibeo Ese ganado[462]?—Miente, Que es mío; y sobre todo, Sea de quien se fuere. —No respondió el buen hombre Muy poéticamente. El Joven temeroso De que tal vez le diese Con el fiero garrote Que por cayado tiene, Sin chistar más palabra[463], Huyó bonitamente. Marchaba pensativo, Cuando quiso la suerte Que cogiendo bellotas Á la pastora viese. —¡Oh Nise fementida! Exclama: ¡cuántas veces, Siendo niña, querías Que yo te recogiese La fruta con rocío De mis manzanos verdes!— Diciendo así, se acerca: La moza se revuelve, Y dándole un bufido En las breñas se mete. Sorprendido el Mancebo, Dice: «¿Qué me sucede? ¿Son éstos los pastores Discretos, inocentes, Que pintan los poetas Tan delicadamente? Á nuevos desengaños Ya no quiero exponerme.» Rendido, caviloso Á la ciudad se vuelve. Yo siento á par del alma Que no se detuviese Á disfrutar un poco De la vida campestre. Por mi fe que las migas, El pastoril albergue, El rigor del verano, Los hielos y las nieves, Le hubieran persuadido Mucho más vivamente, Que es un solemne loco[464] Todo aquel que creyere Hallar en la experiencia Cuanto el hombre nos pinta por deleite.

FÁBULA XVII

Illustration from Fábulas

El Ladrón.

Por catar[465] una colmena Cierto goloso Ladrón, Del venenoso aguijón[466] Tuvo que sufrir la pena. «—La miel, dice, está muy buena, Es un bocado exquisito: Por el aguijón maldito No volveré al colmenar.— ¡Lo que tiene el encontrar La pena tras el delito!

FÁBULA XVIII

El Joven filósofo y sus Compañeros.

Un joven educado Con el mayor cuidado Por un viejo filósofo profundo, Salió por fin á visitar el mundo. Concurrió cierto día Entro civil[467] y alegre compañía, Á una mesa abundante y primorosa. «¡Espectáculo horrendo! ¡fiera cosa! ¡La mesa de cadáveres cubierta Á la vista del hombre!... ¡Y éste acierta Á comer los despojos de la muerte!» El Joven declamaba de esta suerte. Al son de filosóficas razones, Devorando perdices y pichones, Le responden algunos concurrentes: —Si usted ha de vivir entre las gentes[468], Deberá hacerse á todo.— Con un gracioso modo, Alabando el bocado de exquisito, Le presentan un gordo pajarito. —Cuanto usted ha exclamado, será cierto Mas en fin, le decían, ya está muerto: Pruébelo por su vida... Considere Que otro le comerá, si no le quiere.— La ocasión, las palabras, el ejemplo, Y según yo contemplo, Yo no sé qué olorcillo, Que exhalaba el caliente pajarillo, Al Joven persuadieron de manera, Que al fin se le comió[469]. ¡Quién lo dijera! —¡Haber yo devorado un inocente!— Así clamaba, pero fríamente. Lo cierto es, que llevado de aquel cebo, Con más facilidad cayó de nuevo. La ocasión se repite De uno en otro convite Y de una codorniz á una becada, Llegó el Joven al fin de la jornada, Olvidando sus máximas primeras, Á ser devorador como las fieras. De esta suerte los vicios se insinúan, Crecen, se perpetúan Dentro del corazón de los humanos, Hasta ser sus señores y tiranos. Pues ¿qué remedio?... Incautos jovencitos, ¡Cuenta con los primeros pajaritos!

FÁBULA XIX

Illustration from Fábulas

El Elefante, el Toro, el Asno y los demás animales.

Los mansos y los fieros animales, Á que se remediasen ciertos males, Desde los bosques llegan, Y en la rasa campaña[470] se congregan. Desde la más pelada y alta roca Un Asno trompetero los convoca. El concurso ya junto, Instruído también en el asunto, (Pues á todos por Júpiter previno Con cédula ante diem[471] el Pollino) Imponiendo silencio el Elefante, Así dijo:—Señores, es constante En todo el vasto mundo Que yo soy en lo fuerte sin segundo: Los árboles arranco con la mano[472], Venzo al León, y es llano Que un golpe de mi cuerpo en la muralla Abre sin duda brecha. Á la batalla Llevo todo un castillo guarnecido[473]; En la paz y en la guerra soy tenido Por un bruto invencible, No sólo[474] por mi fuerza irresistible, Por mi gordo coleto[475] y grave masa, Que hace temblar la tierra donde pasa. Mas, señores, con todo lo que cuento, Sólo de vegetales me alimento; Y como á nadie daño, soy querido, Mucho más respetado que temido. Aprended pues de mí, crueles fieras, Las que hacéis profesión de carniceras, Y no hagáis, por comer, atroces muertes, Puesto que no seréis ni menos fuertes, Ni menos respetadas, Sino muy estimadas De grandes y pequeños animales, Viviendo como yo de vegetales.— Gran pensamiento, dicen, gran discurso; Y nadie se le opone del concurso. Habló después un Toro de Jarama: Escarba el polvo, cabecea, brama. —Vengan, dice, los Lobos y los Osos, Si son tan poderosos, Y en el circo verán con qué donaire Les haré que volteen por el aire[476]. ¡Qué! ¿son menos gallardos y valientes Mis cuernos que sus garras y sus dientes? Pues ¿por qué los villanos carniceros Han de comer mis Vacas y Terneros? Y si no se contentan Con las hojas y hierbas[477] que alimentan En los bosques y prados Á los más generosos y esforzados, Que muerdan de mis cuernos al instante, Ó si no de la trompa al Elefante.— La asamblea aprobó cuanto decía El Toro con razón y valentía. Seguíase á los dos en el asiento, Por falta de buen orden, el Jumento, Y con rubor expuso sus razones. —Los Milanos, prorrumpe, y los Halcones[478] (No ofendo á los presentes, ni quisiera), Sin esperar tampoco á que me muera, Hallan para sus uñas y su pico Estuche[479] entre los lomos del Borrico. Ellos querrán ahora, como bobos, Comer la hierba los señores Lobos. Nada menos: aprendan los malditos De las Chochaperdices ó Chorlitos, Que, sin hacer á los Jumentos guerra, Envainan sus picotes[480] en la tierra: Y viva todo el mundo santamente, Sin picar ni morder en lo viviente.— —¡Necedad, disparate, impertinencia! Gritaba aquí y allí la concurrencia: ¡Haya silencio, claman, haya modo! Alborótase todo: Crece la confusión, la grita crece; Por más que el Elefante se enfurece, Se deshizo en desorden la asamblea. Á Dios, gran pensamiento: á Dios[481] idea. —Señores animales, yo pregunto, ¿Habló el asno tan mal en el asunto? ¿Discurrieron tal vez con más acierto El Elefante y Toro? No por cierto. ¿Pues por qué solamente al buen Pollino Le gritan:—Disparate, desatino?— Porque nadie en razones se paraba[482], Sino en la calidad de quien hablaba[483]. —Pues, amigo Elefante, no te asombres: Por la misma razón entre los hombres Se desprecia una idea ventajosa. ¡Qué preocupación tan peligrosa!

Illustration from Fábulas

Notes in this chapter

Note 1 · También se dice: por su bella cara.Note 2 · Véase la nota 2, pág. 158.Note 3 · Gatazo. Gato no admite otro aumentativo. Deriv.: los dim. gatera, gatillo, gatito, gatuelo y las palabras: gatesco, gatuno, engatusar.Note 4 · Les corresponde al régimen indirecto. Aquí debe decir los.Note 5 · Orfeo. Conocido es el famoso epigrama: Al infierno el tracio Orfeo Su mujer bajó á buscar, Que no pudo á peor lugar Llevarle su mal deseo.Note 6 · Bato, Batilo, etc., son nombres usados en la poesía pastoril. También sirven como de mote á los poetas que forman parte de los Árcades de RoNote 7 · Descendían no es muy propio. Sería preferible bajaban.Note 8 · Infelice por infeliz, en virtud de la figura paragoge.Note 9 · ¿Le das tan buena cuenta? Se sobreentiende: de tu persona. La frase corriente es: dar uno buena, ó mala cuenta de su persona.Note 10 · Ni algún otro, por ni ningún otro.Note 11 · Gran detalle. Galicismo usado irónicamente por el autor.Note 12 · Remarcable. Véase nota 4, pág. 158.Note 13 · Choclos ó chanclos. Sinón.: Almadreñas, madreñas, zuecos.Note 14 · La verdadera acepción de soto es la de arboleda junto á un río, pero también se emplea como sinónimo de monte.Note 15 · La chinela ó chapín era una especie de chanclo con planta de corcho.Note 16 · Cabricida, del lat. capra y cædo (que mata cabras); es palabra formada á imitación de homicida.Note 17 · Sombrerete, dim. de sombrero. Hoy se usan sombrerito y sombrerillo y más corrientemente sombreroNote 18 · Véase nota 1, pág. 36.Note 19 · Recuérdense los graciosos versos de Quevedo, acerca de la vieja que arrojó el espejillo por encontrarse muy fea: Señoras, si aquesto mismo ONote 20 · Marmitón, derivado de marmita. Se llama también galopín de cocina, pinche y hasta catasalsas. Este último no lo tiene la Academia, y parece Note 21 · Hoy se dice mejor buharda y buhardilla.Note 22 · Véase nota 1, pág. 23. Ciertos derivados en uno, como chotuno, perruno, gatuno, etc., suelen aplicarse al olor fuerte y desagradable de estoNote 23 · Parlero. Algunas veces la terminación ó sufijo ero significa carácter ó calidad predominantes como chacharero, que habla mucho y sin substanNote 24 · Cuando daba, y mejor mientras daba.Note 25 · Dormía. Sería más correcto: mientras que yo durmiera.Note 26 · Véase nota 3, pág. 174.Note 27 · Palabra formada caprichosamente, del mismo modo que existen: guardalodo, guardabarrera, guardamontes, etc.Note 28 · Á penitencia. Se dice más correctamente: en penitencia.Note 29 · Pobrecito, dim. de pobre. Véase la nota 2, pág. 68.Note 30 · Con que sea... no os la forma propia. Debe decirse: Aunque sea.Note 31 · Salicio, nombre pastoril y poético. Garcilaso dice: El dulce lamentar de dos pastores Salicio juntamente y Nemoroso.Note 32 · Se dice también Hacerse pedazos, y en Andalucía: hacerse tiestos.Note 33 · Charladora. Sinón.: parlera, gárrula.Note 34 · La incorr. Véase nota 1. pág. 36.Note 35 · Folías, aire y baile españoles antiguos.Note 36 · Villano, antiguo baile español.Note 37 · Iba yo cazando... Cuando se trata de una acción continuada, es muy común el uso del gerundio con los verbos andar, estar, ir, venir, etc. VéNote 38 · Pastorela es sonido ó música alegre propia de pastores. Así, se llama á la misa de Navidad ó del gallo, misa de pastorela. Aquí está empleadNote 39 · Véase la nota 1, pág. 119Note 40 · Véase la nota 1, pág. 176.Note 41 · Rabadán, sinónimo de mayoral. Hay un refrán que dice: Junta de rabadanes, oveja muerta.Note 42 · Son palabras de las églogas de Virgilio.Note 43 · Sin chistar más palabra no es correcto, pues chistar es verbo neutro y no admite complemento.Note 44 · Solemne loco. Se dice también un solemne tonto, y tonto ó loco rematado. Se dice en sentido análogo pobre de solemnidad.Note 45 · Catar, lo mismo que probar, gustar. Los que venden melones, los suelen dar á cata y cala. De catar vienen catadura, acatamiento, percatarse,Note 46 · Aguijón viene de aguijar y de él se forman: aguijonazo, aguijoneador y aguijonear.Note 47 · Civil, en este caso significa cortés. De civil vienen civilidad, civilización, civilizar, incivil.Note 48 · Las gentes. Véase la nota 3, pág. 101.Note 49 · Se le comió. Hoy se diría mejor se lo comió. Le se emplea de preferencia con las personas y lo con las cosas.Note 50 · Se dice generalmente en campo raso, dormir al raso, soldado raso. De raso vienen enrasar, rasero, etc.Note 51 · Ante diem, loc. lat. que significa antes del día.Note 52 · Buffón en la Historia natural, artículo del Elefante, llama así á la trompa de este animal. (Nota del Autor.)Note 53 · Un castillo... La primera vez que Pirro luchó con los romanos, éstos quedaron asombrados á la vista de los elefantes que llevaban encima torNote 54 · No sólo, en este caso, es incorrecto, pues exige, en el segundo miembro de la frase, el correlativo sino también, ó por lo menos, sino.Note 55 · Por mi gordo coleto... Coleto era una prenda antigua, especie de jubón de cuero. Aquí está empleado por metáfora. En sentido figurado suele Note 56 · Por el aire. En efecto, el toro es tan valiente que no retrocede ante el león ni ante ningún otro animal.Note 57 · Hierbas. Antiguamente se escribía con más frecuencia yerba; hoy la Academia recomienda la forma hierba; de hierba se derivan herbario, herboNote 58 · En muchas ediciones se encuentra escrito sin h.Note 59 · Véase la nota 6, pág. 173.Note 60 · Picote aum. de pico; sus dim. son piquillo y piquito; de pico vienen picar, picotear, picotero.Note 61 · Á Dios. Véase la nota 8, pág. 40.Note 62 · Se paraba. Se dice pararse en razones y también: no pararse en barras, no pararse en pelillos.Note 63 · De quien hablaba. Por eso dice uno de nuestros antiguos refranes: Quien no aprieta en vallejo no aprieta en concejo. Véase además la nota 1,
Explore with AITake your curiosity a little further.

Reading settings