APÉNDICE
Reading edition
Hemos creído oportuno agregar, por vía de apéndice, algunas fábulas que hemos encontrado en varios de nuestros clásicos, como Alarcón, Tirso de Molina y Lope de Vega, y que son precisamente versiones más ó menos ingeniosas de algunas fábulas esópicas, que han sido igualmente versificadas por Samaniego.
El León y la Zorra.
Fábula XIV.—Libro I (pág. 29).
Hame dado una lección La fábula del león; Ya tú, señor, la sabrás. Estaba viejo una vez Y tullido; que no es nuevo Quien anda mucho mancebo Estar cojo á la vejez. Como no podía cazar, Y andaba solo y hambriento, Remitió al entendimiento Los pies que solían volar; Y llamando á cortes reales, Mandó por edicto y ley Que, atendiendo que era rey De todos los animales, Acudiesen á su cueva. Fueron todos, y asentados Dijo:—¡Vasallos honrados, Á mí me han dado nueva Extraña, y que me provoca Á pesadumbre y pasión, Y es que dicen que al león Le huele muy mal la boca: No es bien que un supuesto real De tantos brutos señor, En vez de dar buen olor, Á todos huela tan mal; Y así, buscando el remedio, Hallo que á todos os toca Que, llegándoos á mi boca, Veáis si al principio ó medio Alguna muela podrida Huele mal, porque se saque, Y de esta suerte se aplaque Afrenta tan conocida.— Metióse con esto adentro, Y entrando de uno en uno, No vieron salir ninguno. La raposa, que es el centro De malicias, olió el poste, Y convidándole á entrar Para ver y visitar Al león, respondió:—Oste. Y asomando la cabeza Dijo:—Por no ser tenida Por tosca y descomedida No entro á ver á vuestra alteza; Que, como paso trabajos, Unos ajos he almorzado, Y para un rey no hay enfado Como el olor de los ajos; Por aquesta cerbatana Vuestra alteza eche el aliento, Que si yo por ella siento El mal olor, cosa es llana Que hay muela con agujero, Y el sacalla está á otra cuenta, Que yo estoy sin herramienta Y en mi vida fui barbero. (Tirso de Molina, El Pretendiente al revés).
El Asno vestido de León.
Fábula V.—Libro V (pág. 108).
—Nunca aspira á ser león El cordero. —¡Qué discreto! —El bruto que con su piel Una vez se disfrazó, Causa de su afrenta dió Á los que burlaron de él. La ocasión de estar perdido El mundo, es porque cualquiera, No contento con su esfera, Se eleva desvanecido. Viste seda el oficial Porque anhela á ciudadano: Y éste con la hacienda vano, Ser quiere al hidalgo igual; El hidalgo, caballero, Y el caballero, marqués; Éste príncipe, y después El príncipe, rey severo: El rey, hasta emperador No para siempre anhelando, Y así se van despeñando, Desde el esclavo al señor. Si el hijo del jornalero En la hacienda se ocupara, El oficial trabajara, Y, contento el caballero Con lo que el cielo le ha dado, No saliera de compás Pretendiendo valer más, Todo anduviera ordenado. Yo, en fin, que en mi esfera estoy, Ansí mi oficio entretuve, Padre que fué sastre tuve, Sastre nací, y sastre soy. (Tirso de Molina, Santo y Sastre).
El Asno cargado de reliquias.
Fábula VIII.—Libro IV (pág. 85).
En un librillo he leído Que en un jumento llevaban Una diosa que adoraban Con el respeto debido, Los que la oían pasar, Hincándose de rodillas; Cuyas altas maravillas Pudo el jumento pensar (Como en fin era jumento) Que eran por él, y paróse. Viéndolo el dueño, enfadóse Del soberbio pensamiento, Y pegándole muy bien, Le dijo con voz furiosa: —No es á ti, sino á la diosa. (Lope de Vega, Los Tellos de Meneses).
La Gata mujer.
Fábula XVI.—Libro V (pág. 118).
Conocí un hombre en Atenas Que pidió á Venus le hiciese Mujer, con ruegos y ofrendas, Una gata dominica, Quiero decir, blanca y negra. Estando en su estrado un día, Con moño y naguas de tela, Vió pasar un animal De aquestos, como poetas, Que andan royendo papeles; Y dando un salto ligera De la tarima al ratón Mostró que, en naturaleza, La que es gata será gata, La que es perra será perra. (Lope de Vega, El Castigo sin venganza).
Congreso de los Ratones.
Fábula VIII.—Libro III (pág. 69).
Juntáronse los ratones Para librarse del gato Y, después de un largo rato De disputas y opiniones, Dijeron que acertarían En ponerle un cascabel; Que andando el gato con él Guardarse mejor podían. Salió un ratón barbicano, Colilargo, hociquirromo, Y encrespando el grueso lomo, Dijo al senado romano, Después de hablar culto un rato: —¿Quién de todos ha de ser El que se atreva á poner Ese cascabel al gato? (Lope de Vega, La Esclava de su Galán).
La Corneja y el Águila.
Es variante de la Fábula, El Grajo vano (pág. 94).
Asistir quiso á la boda Del águila, mas se halló La corneja tan sin galas, Que adornó el cuerpo y las alas De varias plumas que hurtó Á otras aves; de manera Que apenas llegó á las bodas, Cuando conocieron todas Sus plumas, y la primera El águila la embistió Á cobrarlas con tal furia, Que para la misma injuria Ejemplo á las otras dió. —Detente: ¿qué rabia es ésta?
(Dijo la corneja) advierte Que sólo por complacerte Y por venir á la fiesta Más brillante, las hurté. Y el águila respondió: —Necia, ¿por ventura yo Pudiera culpar tu fe, Siendo tu fortuna escasa? Cuando galas no trujeras, Ó con las tuyas vinieras Ó estuviéraste en tu casa. (Alarcón, No hay mal que por bien no venga).
