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Doña Perfecta

STEVEN T. BYINGTON (continued 5)

Reading edition · Edition 2

—¿Qué hora es?—preguntó la muchacha.

—Pronto será media noche.... Tú no tendrás miedo ... pero yo lo tengo.

Rosarito temblaba, y todo indicaba en ella la más negra25 congoja. Sus ojos se dirigían al cielo como cuando se quiere orar; miraban luego a su madre, expresando un vivo terror.

—¿Pero qué tienes?

—¿Ha dicho usted que era media noche?30

—Sí.

—Pues.... ¿Pero es ya media noche?

Rosario quería hablar, sacudía la cabeza, encima de la cual se le había puesto un mundo.

—Tú tienes algo... a ti te pasa algo—dijo la madre clavando en ella los sagaces ojos.

—Sí... quería decirle a usted—balbució la muchacha,— quería decir... Nada, nada, me dormiré.

—Rosario, Rosario. Tu madre lee en tu corazón como5 en un libro—exclamó doña Perfecta con severidad.—Tú estás agitada. Ya te he dicho que estoy dispuesta a perdonarte si te arrepientes; si eres niña buena y formal...

—Pues qué, ¿no soy buena yo? ¡Ay, mamá, mamá mía, yo me muero!10

Rosario porrumpió en llanto congojoso y dolorido.

—¿A qué vienen esos lloros?—dijo su madre abrazándola.— Si son lágrimas del arrepentimiento, benditas sean.

—Yo no me arrepiento, yo no puedo arrepentirme—gritó la joven con arrebato de desesperación que la puso sublime.15

Irguió la cabeza, y en su semblante se pintó súbita, inspirada energía. Los cabellos le caían sobre la espalda. No se ha visto imagen más hermosa de un ángel dispuesto a rebelarse.

—¿Pero te vuelves loca o qué es esto?—dijo doña Perfecta,20 poniéndole ambas manos sobre los hombros.

—¡Me voy, me voy!—dijo la joven, expresándose con la exaltación del delirio.

Y se lanzó fuera del lecho.

—Rosario, Rosario... Hija mía... ¡Por Dios!25 ¿Qué es esto?

—¡Ay! mamá, señora—exclamó la joven, abrazándose a su madre.—Áteme usted.

—En verdad, lo merecías... ¿Qué locura es esta?

—Áteme usted... Yo me marcho, me marcho con él.30

Doña Perfecta sintió borbotones de fuego que subían de su corazón a sus labios. Se contuvo, y sólo con sus ojos negros, más negros que la noche, contestó a su hija.

—¡Mamá, mamá mía, yo aborrezco todo lo que no sea él!—exclamó Rosario.—Óigame usted en confesión, porque quiero confesarlo a todos, y a usted la primera.

—Me vas a matar, me estás matando.

—Yo quiero confesarlo, para que usted me perdone... Este peso, este peso que tengo encima no me deja vivir...5

—¡El peso de un pecado!... Añádele encima la maldición de Dios, y prueba a andar con ese fardo, desgraciada ... Sólo yo puedo quitártelo.

—No, usted no, usted no—gritó Rosario con desesperación.— Pero óigame usted, quiero confesarlo todo, todo10 ... Después arrójeme usted de esta casa, donde he nacido.

—¡Arrojarte yo!...

—Pues me marcharé.

—Menos. Yo te enseñaré los deberes de hija que has15 olvidado.

—Pues huiré; él me llevará consigo.

—¿Te lo ha dicho, te lo ha aconsejado, te lo ha mandado? —preguntó la madre, lanzando estas palabras como rayos sobre su hija.20

—Me lo aconseja... Hemos concertado casarnos. Es preciso, mamá, mamá mía querida. Yo la amaré a usted ... Conozco que debo amarla... Me condenaré si no la amo.

Se retorcía los brazos, y cayendo de rodillas, besó los25 pies a su madre.

—¡Rosario, Rosario!—exclamó doña Perfecta con terrible acento.—Levántate.

Hubo una pequeña pausa.

—¿Ese hombre, te ha escrito?30

—Sí.

—¿Le has vuelto a ver después de aquella noche?

—Sí.

—¡Y tú!...

—Yo también... ¡Oh! señora. ¿Por qué me mira usted así? Usted no es mi madre.

—Ojalá no. Gózate en el daño que me haces. Me matas, me matas sin remedio—gritó la señora con indecible agitación.—Dices que ese hombre...5

—Es mi esposo... Yo seré suya, protegida por la ley ... Usted no es mujer... ¿Por qué me mira usted de ese modo que me hace temblar? Madre, madre mía, no me condene usted.

—Ya tú te has condenado; basta. Obedéceme y te perdonaré10 ... Responde: ¿cuándo recibiste cartas de ese hombre?

—Hoy.

—¡Qué traición! ¡Qué infamia!—exclamó la madre, antes bien rugiendo que hablando.—¿Esperabais veros?15

—Sí.

—¿Cuándo?

—Esta noche.

—¿Dónde?

—Aquí, aquí. Todo lo confieso, todo. Sé que es un20 delito... Soy una infame; pero usted, que es mi madre, me sacará de este infierno. Consienta usted... Dígame usted una palabra, una sola.

—¡Ese hombre aquí, en mi casa!—gritó doña Perfecta, dando algunos pasos que parecían saltos hacia el centro de25 la habitación.

Rosario la siguió de rodillas. En el mismo instante oyéronse tres golpes, tres estampidos, tres cañonazos. Era el corazón de María Remedios que tocaba a la puerta, agitando la aldaba. La casa se estremecía con temblor pavoroso.30 Madre e hija se quedaron como estatuas.

Bajó a abrir un criado, y poco después en la habitación de doña Perfecta entró María Remedios, que no era mujer, sino un basilisco envuelto en un mantón. Su rostro, encendido por la ansiedad, despedía fuego.

—- Ahí está, ahí está—dijo al entrar.—Se ha metido en la huerta por la puertecilla condenada...

Tomaba aliento a cada sílaba.5

—Ya entiendo—repitió doña Perfecta con una especie de bramido.

Rosario cayó exánime al suelo y perdió el conocimiento.

—Bajemos—dijo doña Perfecta sin hacer caso del desmayo de su hija.10

Las dos mujeres se deslizaron por la escalera como dos culebras. Las criadas y el criado estaban en la galería sin saber qué hacer. Doña Perfecta pasó por el comedor a la huerta, seguida de María Remedios.

—Afortunadamente tenemos ahí a Ca... Ca... Caballuco15 —dijo la sobrina del canónigo.

—¿Dónde?

—En la huerta también... Sal... sal... saltó la tapia.

Doña Perfecta exploró la obscuridad con sus ojos llenos20 de ira. El rencor les daba la singular videncia de la raza felina.

—Allí veo un bulto—dijo.—Va hacia las adelfas.

—Es él—gritó Remedios.—Pero allá aparece Ramos... ¡Ramos!25

Distinguieron perfectamente la colosal figura del Centauro.

—¡Hacia las adelfas!... ¡Ramos, hacia las adelfas!...

Doña Perfecta adelantó algunos pasos. Su voz ronca, que vibraba con acento terrible, disparó estas palabras:

—Cristóbal, Cristóbal... ¡mátale!30

Oyóse un tiro. Después otro.

XXXII

FINAL

De D. Cayetano Polentinos a un su amigo de Madrid

Orbajosa 21 de Abril.

"Querido amigo: Envíeme usted sin tardanza la edición de 1562 que dice ha encontrado entre los libros de la testamentaría de Corchuelo. Pago ese ejemplar a cualquier precio. Hace tiempo que lo busco inútilmente, y me tendré por mortal virtuosísimo poseyéndolo. Ha de hallar usted5 en el colophón un casco con emblema sobre la palabra Tractado, y la X de la fecha MDLXII ha de tener el rabillo torcido. Si en efecto concuerdan estas señas con el ejemplar, póngame usted un parte telegráfico, porque estoy muy inquieto... aunque ahora me acuerdo de que el telégrafo,10 con motivo de estas importunas y fastidiosas guerras, no funciona. A correo vuelto espero la contestación.

"Pronto, amigo mío, pasaré a Madrid con objeto de imprimir este tan esperado trabajo de los Linajes de Orbajosa. Agradezco a usted su benevolencia, mi querido amigo;15 pero no puedo admitirla en lo que tiene de lisonja. No merece mi trabajo, en verdad, los pomposos calificativos con que usted lo encarece; es obra de paciencia y estudio, monumento tosco, pero sólido y grande, que elevo a las grandezas de mi amada patria. Pobre y feo en su hechura,20 tiene de noble la idea que lo ha engendrado, la cual no es otra que convertir los ojos de esta generación descreída y soberbia hacia los maravillosos hechos y acrisoladas virtudes de nuestros antepasados. ¡Ojalá que la juventud estudiosa de nuestro país diera este paso a que con todas mis25 fuerzas la incito! ¡Ojala fueran puestos en perpetuo olvido los abominables estudios y hábitos intelectuales introducidos por el desenfreno filosófico y las erradas doctrinas! ¡Ojalá se emplearan exclusivamente nuestros sabios en la contemplación de aquellas gloriosas edades, para que, penetrados de la substancia y benéfica savia de ellas los modernos tiempos, desapareciera este loco afán de mudanzas y esta ridicula manía de apropiarnos ideas extrañas, que pugnan5 con nuestro primoroso organismo nacional. Temo mucho que mis deseos no se vean cumplidos, y que la contemplación de las perfecciones pasadas quede circunscrita al estrecho círculo en que hoy se halla, entre el torbellino de la demente juventud que corre detrás de vanas utopias y bárbaras10 novedades. ¿Cómo ha de ser, amigo mío? Creo que dentro de algún tiempo ha de estar nuestra pobre España tan desfigurada, que no se conocerá ella misma ni aun mirándose en el clarísimo espejo de su limpia historia.

"No quiero levantar mano de esta carta sin participar a15 usted un suceso desagradable: la desastrosa muerte de un estimable joven, muy conocido en Madrid, el ingeniero de caminos D. José de Rey, sobrino de mi cuñada. Acaeció este triste suceso anoche en la huerta de nuestra casa, y aún no he formado juicio exacto sobre las causas que pudieron20 arrastrar al desgraciado Rey a esta horrible y criminal determinación. Según me ha referido Perfecta esta mañana cuando volví de Mundogrande, Pepe Rey, a eso de las doce de la noche, penetró en la huerta de esta casa y se pegó un tiro en la sien derecha, quedando muerto en el acto.25 Figúrese usted la consternación y alarma que se producirían en esta pacífica y honrada mansión. La pobre Perfecta se impresionó tan vivamente, que nos hemos asustado; pero ya está mejor, y esta tarde hemos logrado que tome un sopicaldo. Empleamos todos los medios de consolarla, y como30 es buena cristiana, sabe soportar con edificante resignación las mayores desgracias.

"Acá, para entre los dos, amigo mío, diré a usted que en el terrible atentado del joven Rey contra su propia existencía, debió influir grandemente una pasión contrariada, tal vez los remordimientos por su conducta y el estado de hipocondría amarguísima en que se encontraba su espíritu. Yo le apreciaba mucho; creo que no carecía de excelentes cualidades; pero aquí estaba tan mal estimado, que ni una5 sola vez oí hablar bien de él. Según dicen, hacía alarde de ideas y opiniones extravagantísimas; burlábase de la religión; entraba en la iglesia fumando y con el sombrero puesto; no respetaba nada, y para él no había en el mundo pudor, ni virtudes, ni alma, ni ideal, ni fe, sino tan sólo10 teodolitos, escuadras, reglas, máquinas, niveles, picos y azadas. ¿Qué tal? En honor de la verdad, debo decir que en sus conversaciones conmigo, siempre disimuló tales ideas, sin duda por miedo a ser destrozado por la metralla de mis argumentos; pero de público se refieren de él mil cuentos15 de herejías y estupendos desafueros.

"No puedo seguir, querido, porque en este momento siento tiros de fusilería. Como no me entusiasman los combates, ni soy guerrero, el pulso me flaquea un tantico. Ya le impondrá a usted de ciertos pormenores de esta guerra20 su afectísimo, etc., etc."

22 de Abril.

"Mi inolvidable amigo: Hoy hemos tenido una sangrienta refriega en las inmediaciones de Orbajosa. La gran partida levantada en Villahorrenda ha sido atacada por las tropas con gran coraje. Ha habido muchas bajas por una25 y otra parte. Después se dispersaron los bravos guerrilleros; pero van muy envalentonados, y quizá oiga usted maravillas. Mándalos, a pesar de estar herido en un brazo, no se sabe cómo ni cuándo, Cristóbal Caballuco, hijo de aquel egregio Caballuco que usted conoció en la pasada30 guerra. Es el caudillo actual de grandes condiciones para el mando, y además honrado y sencillo. Como al fin hemos de presenciar un arreglito amistoso, presumo que Caballuco será general del ejército español, con lo cual uno y otro ganarán mucho.

"Yo deploro esta guerra, que va tomando proporciones alarmantes; pero reconozco que nuestros bravos campesinos5 no son responsables de ella, pues han sido provocados al cruento batallar por la audacia del Gobierno; por la desmoralización de sus sacrilegos delegados; por la saña sistemática con que los representantes del Estado atacan lo más venerando que existe en la conciencia de los pueblos,10 la fe religiosa y el acrisolado españolismo, que por fortuna se conservan en lugares no infestados aún de la asoladora pestilencia. Cuando a un pueblo se le quiere quitar su alma para infundirle otra; cuando se le quiere descastar, digámoslo así, mudando sus sentimientos, sus costumbres,15 sus ideas, es natural que ese pueblo se defienda, como el que en mitad de solitario camino se ve asaltado de infames ladrones. Lleven a las esferas del Gobierno el espíritu y la pura salutífera substancia de mi obra de los Linajes (perdóneme usted la inmodestia), y entonces no habrá20 guerras.

"Hoy hemos tenido aquí una cuestión muy desagradable. El clero, amigo mío, se ha negado a enterrar en sepultura sagrada al infeliz Rey. Yo he intervenido en este asunto, impetrando del señor obispo que levantara anatema de tanto25 peso; pero nada se ha podido conseguir. Por fin hemos empaquetado el cuerpo del joven en un hoyo que se hizo en el campo de Mundogrande, donde mis pacienzudas exploraciones han descubierto la riqueza arqueológica que usted conoce. He pasado un rato muy triste, y aún me dura la30 penosísima impresión que recibí. D. Juan Tafetán y yo somos los únicos que acompañaron el fúnebre cortejo. Poco después fueron allá (cosa rara) esas que llaman aquí las Troyas, y rezaron largo rato sobre la rústica tumba del matemático. Aunque esto parecía una oficiosidad ridícula, me conmovió.

"Respecto de la muerte de Rey, corre por el pueblo el rumor de que fué asesinado. No se sabe por quién. Aseguran que él lo declaró así, pues vivió como hora y media.5 Guardó secreto, según dicen, respecto a quién fué su matador. Repito esta versión sin desmentirla ni apoyarla. Perfecta no quiere que se hable de este asunto, y se aflige mucho siempre que lo tomo en boca.

"La pobrecita, apenas ocurrida una desgracia, experimenta10 otra que a todos nos contrista mucho. Amigo mío, ya ha hecho una nueva víctima la funestísima y rancia enfermedad connaturalizada en nuestra familia. La pobre Rosario, que iba saliendo adelante, gracias a nuestros cuidados, está ya perdida de la cabeza. Sus palabras incoherentes,15 su atroz delirio, su palidez mortal, recuérdanme a mi madre y hermana. Este caso es el más grave que he presenciado en mi familia, pues no se trata de manías, sino de verdadera locura. Es triste, tristísimo, que entre tantos yo sea el único que ha logrado escapar conservando mi juicio20 sano y entero, y totalmente libre de ese funesto mal.

"No he podido dar sus expresiones de usted a D. Inocencio, porque el pobrecito se nos ha puesto malo de repente, y no recibe a nadie ni permite que le vean sus más íntimos amigos. Pero estoy seguro de que le devuelve a usted sus25 recuerdos, y no dude que pondrá mano al instante en la traducción de varios epigramas latinos que usted le recomienda.... Suenan tiros otra vez. Dicen que tendremos gresca esta tarde. La tropa acaba de salir."

Barcelona 1° de Junio.

"Acabo de llegar aquí, después de dejar a mi sobrina30 Rosario en San Baudilio de Llobregat. El director del establecimiento me ha asegurado que es un caso incurable.

Tendrá, sí, una asistencia esmeradísima en aquel alegre y grandioso manicomio. Mi querido amigo, si alguna vez caigo yo también, llévenme a San Baudilio. Espero encontrar a mi vuelta pruebas de los Linajes. Pienso añadir seis pliegos, porque sería gran falta no publicar las razones que5 tengo para sostener que Mateo Díaz Coronel, autor del Métrico Encomio, desciende por la línea materna de los Guevaras y no de los Burguillos, como ha sostenido erradamente el autor de la Floresta amena.

"Escribo esta carta principalmente para hacerle a usted10 una advertencia. He oído aquí a varias personas hablar de la muerte de Pepe Rey, refiriéndola tal como sucedió efectivamente. Yo revelé a usted este secreto cuando nos vimos en Madrid, contándole lo que supe algún tiempo después del suceso. Extraño mucho que no habiéndolo15 dicho yo a nadie más que a usted, lo cuenten aquí con todos sus pelos y señales, explicando cómo entró en la huerta, cómo descargó su revólver sobre Caballuco cuando vió que éste le acometía con la navaja, cómo Ramos le disparó después con tanto acierto que le dejó en el sitio.... En fin,20 mi querido amigo, por si inadvertidamente ha hablado de esto con alguien, le recuerdo que es un secreto de familia, y con esto basta para una persona tan prudente y discreta como usted.

"Albricias, albricias. En un periodiquillo he leído que25 Caballuco ha derrotado al brigadier Batalla."

Orbajosa 12 de Diciembre.

"Una sensible noticia tengo que dar a usted. Ya no tenemos Penitenciario, no precisamente porque haya pasado a mejor vida, sino porque el pobrecito está desde el mes de Abril tan acongojado, tan melancólico, tan taciturno, que3030 no se le conoce. Ya no hay en él ni siquiera dejos de aquel humor ático, de aquella jovialidad correcta y clásica que le hacía tan amable. Huye de la gente, se encierra en su casa, no recibe a nadie, apenas toma alimento, y ha roto toda clase de relaciones con el mundo. Si le viera usted no le conocería, porque se ha quedado en los puros huesos. Lo más particular es que ha reñido con su sobrina y vive5 solo, enteramente solo en una casucha del arrabal de Baidejos. Ahora dicen que renuncia su silla en el coro de la catedral y se marcha a Roma. ¡Ay! Orbajosa pierde mucho, perdiendo a su gran latino. Me parece que pasarán años tras años y no tendremos otro. Nuestra gloriosa España se10 acaba, se aniquila, se muere."

Orbajosa 23 de Diciembre.

"El joven que recomendé a usted en carta llevada por él mismo, es sobrino de nuestro querido Penitenciario, abogado con puntas de escritor. Esmeradamente educado por su tío, tiene ideas juiciosas. ¡Cuán sensible sería que se corrompiera15 en ese lodazal de filosofismo e incredulidad! Es honrado, trabajador y buen católico, por lo cual creo que hará carrera en un bufete como el de usted.... Quizás le llevará una ambicioncilla (pues también la tiene) a las lides políticas, y creo que no sería mala ganancia para la causa2020 del orden y la tradición, hoy que la juventud está pervertida y acaparada por los de la cáscara amarga. Acompáñale su madre, una mujer ordinaria y sin barniz social, pero que tiene un corazón excelente y acendrada piedad. El amor materno toma en ella la forma algo abigarrada de la ambición25 mundana, y dice que su hijo ha de ser Ministro. Bien puede serlo.

"Perfecta me da expresiones para usted. No sé a punto fijo qué tiene; pero ello es que nos inspira cuidado. Ha perdido el apetito de una manera alarmante, y o yo no entiendo30 de males, o allí hay un principio de ictericia. Esta casa está muy triste desde que falta Rosario, que la alegraba con su sonrisa y su bondad angelical. Ahora parece que hay una nube negra encima de nosotros. La pobre Perfecta habla frecuentemente de esta nube, que cada vez se pone más negra, mientras ella se vuelve cada día más amarilla. La pobre madre halla consuelo a su dolor en la religión5 y en los ejercicios del culto, que practica cada vez con más ejemplaridad y edificación. Pasa casi todo el día en la iglesia, y gasta su gran fortuna en espléndidas funciones, en novenas y manifiestos brillantísimos. Gracias a ella, el culto ha recobrado en Orbajosa su esplendor de otros días. Esto10 no deja de ser un consuelo en medio de la decadencia y acabamiento de nuestra nacionalidad....

"Mañana irán las pruebas.... Añadiré otros dos pliegos, porque he descubierto un nuevo orbajosense ilustre. Bernardo Amador de Soto, que fué espolique del duque de15 Osuna, le sirvió durante la época del vireinato de Nápoles, y aun hay indicios de que no hizo nada, absolutamente nada, en el complot contra Venecia."

XXXIII

Esto se acabó. Es cuanto por ahora podemos decir de las personas que parecen buenas y no lo son.20

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