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Segunda parte de la crónica del Perú, que trata del señorio de los Incas Yupanquis y de sus grandes hechos y gobernacion

CRÓNICA DEL PERÚ, (continued 4)

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Habia muchos aposentos en esta fuerza, uno encima de otros, pequeños, y otros entre suelos, grandes; y hacíanse dos cubos, el uno mayor que otro, anchos y tan bien sacados, que no sé cómo lo encarecer, segun están primos y las piedras tan bien puestas y labradas; y debajo de tierra dicen que hay mayores edificios. Y cuentan otras cosas, que no escribo, por no las tener por ciertas. Comenzóse á hacer esta fuerza en tiempo de Inca Yupanqui; labró mucho su hijo Tupac Inca y Guayna Capac y Guascar, y aunque ahora es cosa de ver, lo era mucho más sin comparacion. Cuando los españoles entraron en el Cuzco, sacaron los indios de Quizquiz gran tesoro della, y los españoles aún hallaron[175] alguno, y se cree que hay á la redonda della mayor número de lo uno y lo otro. Lo que desta fortaleza y la de Guarco ha quedado seria justo mandar conservar[176] para memoria de la grandeza desta tierra y aun para tener en ellas tales dos fuerzas, pues á tan poca costa se las hallan hechas. Y con tanto, volveré á la materia.

CAP. LII.—De cómo Inca Yupanqui salió del Cuzco hácia el Collao y lo que le sucedió.

Como estos indios no tienen letras ni cuentan sus cosas sino por la memoria que dellas queda de edad en edad y de sus cantares y quipos, digo esto, porque en muchas cosas varían, diciendo unos uno y otros otro, y no bastara juicio humano á escrebir lo escripto, sino tomara destos dichos lo que ellos mismos decian ser más cierto, para lo contar. Esto apunto para los españoles questán en el Perú que presumen de saber muchos secretos destos, que entiendan que supe yo y entendí lo que ellos piensan que saben y entienden y mucho más, y que de todo convino escribirse lo que verán, y que pasé el trabajo en ello que ellos mismos saben.

Y así, dicen los orejones, que estando las cosas de Inca Yupanqui en este estado, determinó de salir del Cuzco con mucha gente de guerra á lo que llaman Collao y sus comarcas; y así, dejando su gobernador en la ciudad, salió della y anduvo hasta ser llegado al gran pueblo de Ayavire, adonde dicen que, no queriendo venir los naturales dél en conformidad, tuvo cautela como, tomándolos descuidados, mató á todos sus vecinos, hombres y mujeres, haciendo lo mesmo de los de Copacopa[177]; y la destruicion de Ayavire fué tanto, que todos los más perecieron, que no quedaron sino algunos que despues quedaban asombrados de ver tan grande maldad y como locos furiosos por las sementeras, llamando á los mayores suyos con grandes aullidos y palabras temerosas[178]. Y como ya el Inca hobiese caido en la invencion tan galana y provechosa de poner los mitimaes, como viese las lindas vegas y campañas de Ayavire y el rio tan hermoso que por junto á él pasa[179], mandó que viniesen de las comarcas la gente que bastase con sus mujeres á poblarlo; y así fué hecho, y se hicieron para él grandes aposentos y templo del sol, y muchos depósitos y casa de fundicion; de manera que, poblado de mitimaes, Ayavire quedó más principal que ántes, y los indios que han quedado de las guerras y crueldad de los españoles, son todos mitimaes advenedizos y no naturales, por lo que se ha escripto.

Sin esto cuentan más, que habiendo ido por su mando ciertos capitanes con gente bastante á dar guerra á los de Andesuyo, que son los pueblos y comarcas questan en la montaña, toparon unas culebras tan grandes como maderos gruesos, las cuales mataban todos los que podian, tanto, que sin ver otros enemigos, hicieron ellas la guerra de tal arte, que vinieron pocos de los muchos que entraron; y que recebió enojo grande el Inca con saber tal nueva; y estando con su congoja, una hechicera le dijo que ella iria y pararia bobas y mansas las culebras susodichas, que mal á ninguno no hiciesen aunque en ellas mesmas se sentasen. Agradeciendo la obra, si conformaba con el dicho, le mandó lo pusiese en ejecucion, y lo hizo, al creer dellos y no al mio, porque parece burla; y encantadas las culebras, dieron en los enemigos, y subjetaron muchos por guerra y otros por ruego y buenas palabras que con ellos tuvieron.

El Inca salió de Ayavire, dicen que por el camino que llaman Omasuyo, el cual para su persona real fué hecho ancho y como lo vemos; y caminó por los pueblos de Oruro[180], Asillo, Azángaro, en donde tuvo algunos recuentros con los naturales; mas, tales palabras les dijo, que con ellas y con dones que les dió, los atrajo á su amistad y servicio, y dende en adelante usaron de la pulicía que usaban los demás que tenian amistad y alianza con los Incas, y hicieron sus pueblos concertados en lo llano de las vegas.

Pasando adelante Inca Yupanqui, cuentan que visito los más pueblos que confinan con la gran laguna de Titicaca, que con su buena maña los trajo todos á su servicio, poniéndose en cada pueblo del traje que usaban los naturales, cosa de gran placer para ellos y con que más se holgaban. Entró en la gran laguna de Titicaca y miró las islas que en ella se hacen, mandando hacer en la mayor de ellas templo del sol y palacios para él y sus descendientes; y puesta en su Señorío, y todo lo demás de la gran comarca del Collao, se volvió á la ciudad del Cuzco con grande triunfo; á donde mandó, luego que en ella entró, hacer grandes fiestas á su usanza, y vinieron de las más provincias á le hacer reverencia con grandes presentes; y los gobernadores y delegados suyos tenian gran cuidado de cumplir en todo su mandado.

CAP. LIII.—De cómo Inca Yupanqui salió del Cuzco, y lo que hizo.

Volaba la fama de Inca Yupanqui en tanta manera por la tierra, que en todas partes se trataba de sus grandes hechos. Muchos, sin ver bandera ni capitan suyo, le vinieron á conocer, ofreciéndosele por vasallos, afirmando con sus dichos que del cielo habian caido sus pasados, pues sabian vivir con tanto concierto y honra. Inca Yupanqui, sin perder su gravedad, les respondió mansamente que no queria hacer agravio á nacion ninguna, sino viniesen á le dar la obediencia, pues el sol lo queria y mandaba. Y como hobiese tornado á hacer llamamiento de gente, salió con toda ella á lo que llaman Condesuyo y sujetó á los Yanaguaras y á los Chumbivilcas, y con algunas provincias desta comarca de Condesuyo tuvo recias batallas; mas, aunque le dieron mucha guerra, su esfuerzo y saber fué tanto, que con daño y muerte de muchos le dieron la obediencia, tomándolo por Señor, como lo hacian los demás; y dejando puesta en órden la tierra, y hechos caciques á los naturales, y mandándoles que no hiciesen agravio ni daño á estos súbditos, se volvió al Cuzco, poniendo primero gobernadores en las partes principales, para que impusiesen á los naturales la órden que habian de tener, así para su vivienda, como para le servir y para hacer sus pueblos juntos, y tener en todo gran concierto, sin que ninguno fuese agraviado, aunque fuese de los más pobres.

Pasado esto, cuentan más, que reposó pocos dias en el Cuzco, porque quiso ir en persona á los Andes, á donde habia enviado sus adalides y escuchas para que mirasen la tierra y le avisasen del arte que estaban los moradores della; y como por su mandado estuviese todo el reino lleno de depósitos con mantenimientos, mandó que proveyesen el camino quél habia de llevar, é fué hecho así; y con los capitanes y gente de guerra salió del Cuzco, á donde dejó su gobernador para la administracion de la justicia, y atravesando las montañas y sierras nevadas, supo de sus corredores lo de adelante, y de la grande espesura de las montañas, y aunque hallaban de las culebras tan grandes que se crian en estas espesuras, no hacian daño ninguno, y espantábanse de ver cuan fieras y monstruosas eran.

Como los naturales de aquellas comarcas supieron la entrada en su tierra del Inca, como ya muchos dellos por mano de sus capitanes habian sido puestos en su servicio, le vinieron á hacer la mocha, trayéndole presentes de muchas plumas de aves y coca y de lo más que tenian en su tierra, y á todos lo agradecia mucho. Los demás indios que habitaban en aquellas montañas, los que quisieron serle vasallos, enviáronle mensajeros, los que no, desampararon sus pueblos y metiéronse con sus mujeres en la espesura de la montaña.

Inca Yupanqui tuvo gran noticia que, pasadas algunas jornadas, á la parte de Levante, habia gran tierra y muy poblada. Con esta nueva, codicioso de descubrirlo, pasó adelante; mas, siendo avisado como en el Cuzco habia sucedido cierto alboroto, y habiendo allegado é un pueblo que llaman Marcapata, revolvió con priesa grande al Cuzco, donde estuvo algunos dias.

Pasados estos, dicen los indios, que como la provincia de Collao sea tan grande y en ella hubiese en aquellos tiempos número grande de gente y señoríos de los naturales muy poderosos, como supieron que Inca Yupanqui habia entrado en la montaña de los Andes, creyendo que por allí seria muerto ó que vendria desbaratado, concertáronse todos á una, desde Vilcanota para adelante, á una parte y á otra, con muy gran secreto, de se rebelar y no estar debajo del señorío de los Incas, diciendo que era poquedad grande de todos ellos, habiendo sido libres sus padres y no dejándolos en cautiverio, sujetarse tantas tierras y tan grandes á un Señor solo. Y como todos aborreciesen el mando que sobre ellos el Inca tenia, sin les haber él hecho molestia ni mal tratamiento, ni hecho tiranías, ni demasías, como sus goberdadores y delegados no lo pudieron entender, juntos en Atuncollao y en Chucuito, donde se hallaron Cari, y Zapana, y Humalla, y el Señor de Azángaro, y otros muchos, hicieron su juramento, conforme á su ceguedad, de llevar adelante su intencion y determinacion; y para más firmeza, bebieron con un vaso[181] todos ellos juntos, y mandaron que se pusiese en un templo entre las cosas sagradas, para que fuese testigo de lo que se ha dicho; y luego mataron á los gobernadores y delegados que estaban en la provincia, y á muchos orejones que estaban entre ellos; y por todo el reino se divulgó la rebelion del Collao, y de la muerte que habian dado á los orejones; y con esta nueva intentaron novedades en algunas partes del reino, y en muchos lugares se levantaron; lo cual estorbó la órden que se tenia de los mitimaes y estar avisados los gobernadores, y sobre todo, el gran valor de Tupac Inca Yupanqui, que reinó desde este tiempo, como diré.

CAP. LIV.—De cómo hallándose muy viejo Inca Yupanqui, dejó la gobernacion del reino á Tupac Inca, su hijo.

No mostró en público sentimiento Inca Yupanqui en saber la nueva del alzamiento del Collao, ántes, con ánimo grande, mandó hacer llamamiento de gente, para en persona ir á los castigar, enviando sus mensajeros á los Canas y Canches, para que estuviesen firmes en su amistad, sin los ensoberbecer la mudanza del Collao; y queriendo ponerse á punto para salir del Cuzco, como ya fuese muy viejo y estuviese cansado de las guerras que habia hecho y caminos que habia andado, sintióse tan pesado y quebrantado, que sintiéndose poco bastante para ello, ni tampoco para entender en la gobernacion de tan gran reino, mandó llamar al Gran Sacerdote y á los orejones y más principales de la ciudad, y les dijo, que ya él estaba tan viejo, que era más para estarse junto á la lumbre, que no para seguir los reales, y pues así lo conoscian y entendian decia en todo verdad, que tomasen por Inca á Tupac Inca Yupanqui, su hijo, mancebo tan esforzado como ellos habian visto en las guerras que habia hecho, y que le entregaria la borla, para que por todos fuese obedecido por Señor y estimado por tal; y quél se daria maña como los del Collao fuesen castigados por su alzamiento y muertes que habian hecho á los orejones y delegados que entre ellos quedaron. Respondieron á estas palabras, los que por él fueron llamados, que fuese hecho como lo ordenase, y en todo mandase lo quél fuese servido, porque en todo le obedecerian como siempre habian hecho. [En] el Collao y en las provincias de los Canches y Canas le hicieron grandes recebimientos con presentes ricos, y le habian hecho, en lo que llaman Cacha, unos palacios al modo de como ellos labran, bien vistosos.

Los Collas, como supieron que Tupac Inca venia contra ellos tan poderoso, buscaron favores de sus vecinos, y juntáronse los más dellos con determinacion de le aguardar en el campo á le dar batalla. Cuentan que tuvo de todo esto aviso Tupac Inca, y como él era tan clemente, aunque conoscia la ventaja que tenia á los enemigos, les envió de las Canas, vecinos suyos, mensajeros que les avisasen cómo su deseo no era de con éllos tener enemistad ni castigallos conforme á lo mal que lo hicieron, cuando sin culpa ninguna mataron á los gobernadores y delegados de su padre, si quisiesen dejar las armas y dar la obediencia, pues para ser bien gobernados y regidos[182], convenia reconocer Señor y que fuese uno y no muchos.

Con esta embajada envió un orejon con algunos presentes para los principales de los Collas, mas no prestó nada ni quisieron su confederacion, ántes, la junta questaba hecha, teniendo por capitanes los señores de los pueblos, se venieron acercando á donde estaba Tupac Inca; y cuentan todos, que en el pueblo llamado Pucara, se pusieron en un fuerte que allí hicieron, y como llegó el Inca, tuvieron su guerra con la grita que suelen, y al fin se dió batalla entre unos y otros, en la cual murieron muchos de entrambas partes, y los Collas fueron vencidos, y presos muchos, así hombres como mujeres; y fuéranlo más, si diera lugar á que el alcance se siguiera, el Inca, más esforzado[183]; y á Cari, señor de Chucuito, habló ásperamente, diciéndole, ¿cómo habia respondido á la paz que puso su abuelo Viracocha Inga?, y que no le queria matar, mas que lo enviaria al Cuzco, á donde seria castigado; y así á este como á otros de los presos mandó llevar al Cuzco con guardas; y en señal de la vitoria que hobo de los Collas, en el lugar susodicho, mandó hacer grandes bultos de piedra, y romper, por memoria, de un pedazo de una sierra, y hacer otras cosas que hoy dia, quien fuere por aquel lugar, verá y notará, como hice yo, que paré dos dias, para lo ver y entender de raíz[184].

CAP. LV.—De cómo los Collas pidieron paz, y de cómo el Inca se la otorgó y se volvió al Cuzco.

Los Collas que escaparon de la batalla, dicen, que, muy espantados del acaecimiento, se dieron mucha prisa á huir, creyendo que los del Cuzco les iban á las espaldas, y así, andaban, con este miedo, volviendo de cuando en cuando los rostros á ver lo que ellos no vieron, por lo haber estorbado el Inca. Pasado el Desaguadero, se juntaron todos los principales y tomando su consejo unos con otros, determinaron de enviar á pedir paz al Inca, conque si los recebia en su servicio, pagarian los tributos que debian desde que se alzaron, y que para siempre serian leales. A tratar esto fueron los más avisados dellos, y hallaron á Tupac Inca que venia caminando para ellos, y oyó la embajada con buen semblante, y respondió con palabras de vencedor piadoso, que le pesaba de lo que habia hecho por causa dellos, y que seguramente podian venir á Chucuito, á donde se asentaria con ellos la paz de tal manera, que fuese provechosa para ellos. Y como lo oyeron, pusiéronlo por obra.

Mandó proveer de muchos bastimentos, y el Señor Humalla fué á los rescebir, y el Inca le habló bien, así á él como á los demás señores y capitanes; y ántes que se tratase la paz, cuentan que se hicieron grandes bailes y borracheras, y que, acabados, estando todos juntos, les dijo que no queria que se pusiesen en necesidad en le pagar los tributos que le eran debidos, pues eran suma grande; mas, que pues sin razon ni causa se habian levantado, quél habia de poner guarniciones ordinarias con gente de guerra, [y] que proveyesen de bastimentos y mujeres á los soldados. Dijieron que lo harian, y luego mandó que de otras tierras viniesen mitimaes para ello, con la órden que está dicha; y asimismo entresacó mucha gente del Collao, poniendo la de unos pueblos en otros, y entre ellos quedaron gobernadores y delegados para coger los tributos. Esto hecho, dijo que habian de pasar por una ley que queria hacer para que siempre se supiese lo que por ellos habia sido hecho, y era que no pudiesen entrar jamás en el Cuzco más de tantos mill hombres de toda su provincia y mujeres, so pena de muerte si más osasen entrar de los dichos. Desto recibieron pena, mas concediéronlo como lo demás; y es cierto que si habia Collas en el Cuzco, no osaban entrar otros, si el número estaba cumplido, hasta que salian, y si lo querian hacer, no podian, porque los portazgueros y cogedores de tributos y guardas que habia para mirar lo que entraba y salia de la ciudad, no lo permitian ni consentian, y entre ellos no se usaba cohecho para poder hacer su voluntad, ni tampoco jamás se les decia á sus reyes mentira en cosa ninguna, ni descubrieron su secreto; cosa de alabanza grande.

Asentada la provincia de Collao y puesta en órden, y hablándoles lo que habian de hacer los señores della, el Inca dió su vuelta al Cuzco, enviando primero sus mensajeros á lo de Condesuyo y á los Andes, y que particularmente le avisasen lo que pasaba, y si sus gobernadores hacian algunos agravios, y si los naturales andaban en algunos alborotos; y acompañado de mucha gente y principales, volvió al Cuzco, donde fué recebido con mucha honra, y se hicieron grandes sacrificios en el templo del sol, y [por] los que entendian en la labor del gran edificio de la Casa Fuerte que habia mandado edificar Inca Yupanqui; y la Coya, su mujer y hermana, llamada Mama Ocllo, hizo por sí grandes fiestas y bailes. Y como Tupac Inca tuviese voluntad de salir por el camino de Chinchasuyo á sojuzgar las provincias que están más adelante de Tarama y Bonbon, mandó hacer gran llamamiento de gente por todas las provincias.

CAP. LVI.—De cómo Tupac Inca Yupanqui salió del Cuzco, y cómo sojuzgó toda la tierra que hay hasta el Quito, y de sus grandes hechos.

Esta conquista de Quito que hizo Tupac Yupanqui, bien pudiera yo ser más largo; pero tengo tanto que escribir en otras cosas, que no puedo ocuparme en tanto, ni quiero contar sino sumariamente lo que hizo, pues, para entenderlo, bastará lo divulgado por la tierra. La salida que el rey queria hacer de la ciudad del Cuzco, sin saber á qué parte ni dónde habia de ser la guerra;—porque esto no se decia sino á los consejeros,—juntáronse más de doscientos mill hombres, con tan gran bagaje y repuesto, que henchian los campos; y por las postas fué mandado á los gobernadores de las provincias que de todas las comarcas se trujesen los bastimentos y municiones y armas al camino real de Chinchasuyo, el cual se iba haciendo no desviado del que su padre mandó hacer, ni tan llegado que pudiesen hacerlo todo uno. Este camino fué grande y soberbio, hecho por la órden y industria que se ha escripto, y por todas partes habia proveimiento para toda la multitud de gente que iba en sus reales, sin que nada faltase, y con la haber, ninguno de los suyos era osado de coger tan solamente una mazorca de maíz del campo, y si la cogia, no le costaba ménos que la vida. Los naturales llevaban las cargas y hacian los otros servicios personales, mas, creed que cierto se tiene, que no las llevaban más de hasta el lugar limitado; y como lo hacian con voluntad y les guardaban tanta verdad y justicia, no sentian el trabajo.

Dejando en el Cuzco gente de guarnicion con los mitimaes y gobernador escogido entre los más fieles amigos suyos, salió dél llevando por su capitan general y consejero mayor á Capac Yupanqui, su tio, no el que dió la guerra á los de Xauxa, porque éste dicen que se ahorcó por cierto enojo; y como salió del Cuzco, anduvo hasta llegar á Vilcas, adonde estuvo algunos dias holgándose de ver el templo y aposentos que allí se habian hecho, y mandó que siempre estuviesen plateros labrando vasos y otras piezas y joyas para el templo y para su casa real de Vilcas.

Fué á Xauxa, á donde los Guancas le hicieron solene recebimiento, y envió por todas partes mensajeros haciéndoles saber cómo él queria ganar el amistad de todos ellos, sin les hacer enojo ni darles guerra, por tanto, que pues oian que los Incas del Cuzco no hacian tiranías ni demasías á los que tenian por confederados y vasallos, y que, en pago del trabajo y homenaje que les daban, recebian dellos mucho bien, que le enviasen sus mensajeros para asentar la paz con él. En Bonbon súpose la grand potencia con que el Inca venia, y como tuviesen entendido grandes cosas de su clemencia, le fueron á hacer reverencia; y los de Yauyo hicieron lo mismo, y los de Apurima y otros muchos, á los cuales recibió muy bien, dándoles á unos mujeres, y á otros coca, y á otros mantas y camisetas, y poniéndose del traje que tenia la provincia donde él estaba, que fué por donde ellos recibian más contento.

Entre las provincias que hay entre Xauxa y Caxamalca, cuentan que tuvo algunas guerras y pendencias y mandó hacer grandes albarradas y fuertes para defenderse de los naturales, y que con su buena maña, sin mucho derramamiento de sangre, los sojuzgó, y lo mesmo lo de Caxamalca; y por todas partes dejaba gobernadores y delegados y postas puestas, para tener aviso y no salir de ninguna provincia grande sin primero mandar hacer aposentos y templo del sol y poner mitimaes. Cuentan, sin esto, que entró por lo de Guánuco y que mandó hacer el palacio tan primo que hoy vemos hecho; que yendo á los Chachapoyas, le dieron tanta guerra, que aina de todo punto los desbarataran; mas, tales palabras les pudo decir, que ellos mesmos se le ofrecieron. En Caxamalca dejó de la gente del Cuzco mucha, para que impusiesen á los naturales en cómo se habian de vestir y el tributo que le habian de dar, y sobre todo, cómo habian de adorar y reverenciar por dios al sol.

Por todas las más de las partes le llamaban padre, y tenia gran cuidado en mandar que ninguno hiciere daño en las tierras por donde pasaba, ni fuerzas á ningund hombre ni mujer; al que lo hacia, luego por su mandado lo daban pena de muerte. Procuraba con los que sojuzgaba, que hiciesen sus pueblos juntos y ordenados y que no se diesen guerra unos á otros, ni se comiesen, ni cometiesen otros pecados reprobados en ley natural.

Por los Bracamoros entró y volvió huyendo, porque es mala tierra aquella de montaña; en los Paltas y en Guancabamba, Caxas y Ayavaca y sus comarcas, tuvo gran trabajo en sojuzgar aquellas naciones, porque son belicosas y rebustas, y tuvo guerra con ellos más de cinco lunas; mas, al fin, ellos pidieron la paz, y se les dió con las condiciones que á los demás; y la paz se asentaba hoy y mañana estaba la provincia llena de mitimaes y con gobernadores, sin quitar el señorío á los naturales; y se hacian depósitos y ponian en ellos mantenimientos y lo que más se mandaba poner; y se hacia el real camino con las postas que habia de haber en todo él.

De estas tierras anduvo Tupac Inca Yupanqui hasta ser llegado á los Cañares, con quien tambien tuvo sus porfías y pendencias, y siendo dellos lo que de los otros, quedaron por sus vasallos, y mandó que fuesen dellos mesmos al Cuzco, á estar en la misma ciudad, más de quince mill hombres con sus mujeres y el señor principal dellos, para los tener por rehenes, y fué hecho como se mandó. Algunos quieren decir questa pasada de los Cañares al Cuzco fué en tiempo de Guayna Capac. Y en lo de Tomebamba mandó hacer grandes edificios y muy lustrosos. En la primera parte traté como estaban estos aposentos y lo mucho que fueron[185]. Deste lugar envió diversas embajadas á muchas tierras de aquellas comarcas, para que le quisiesen venir á ver, y muchos, sin guerra, se ofrecieron á su servicio, y los que no, enviando capitanes y gente, les hacian hacer por fuerza lo que otros hacian de su voluntad.

Puesta en órden la tierra de los Cañares, fuése para Tiquizambi, Cayambi, los Puruaes[186] y otras muchas partes, á donde cuentan del tantas cosas que hizo, ques de no creer, y el saber que tuvo para hacerse monarca de tan grandes reinos. En La Tacunga tuvo recia guerra con los naturales, y asentó paz con ellos despues que se vieron quebrantados, y mandó hacer tantos y tan insines edificios por estas partes, que excedian en perfeccion á los más del Cuzco. Y en La Tacunga quiso estar algunos dias, para que sus gente descansasen; y viníales casi cada dia mensajero del Cuzco del estado en que estaba lo de allá, y de otras partes siempre venian correos con avisos y cosas grandes que se ordenaban en el regimiento de las tierras por sus gobernadores. Y vino nueva de cierto alboroto que habia en el Cuzco entre los mesmos orejones, y causó alguna alteracion, recelándose de novedades; mas, seguido, vino otra nueva cómo estaba llano y asentado y se habian hecho por el gobernador de la ciudad castigos grandes en los que habian causado el alboroto.

De La Tacunga anduvo hasta llegar á lo que decimos Quito, donde está fundada la ciudad de Sant Francisco del Quito, y pareciéndole bien aquella tierra, y que era tan buena como el Cuzco, hizo allí fundacion de la poblacion que hobo, á quien llamó Quito, y poblóla de mitimaes, y hizo hacer grandes cavas y edificios y depósitos, diciendo: "El Cuzco ha de ser por una parte cabeza y amparo de mi gran reino; por otra ha de ser el Quito."—Dió poder grande al gobernador de Quito; por toda la comarca del Quito puso gobernadores suyos y delegados; mandó que en Caranqui hobiese guarnicion de gente ordinaria para paz y guerra, y de otras tierras puso gente en éstas, y destas mandó sacar para llevar en las otras. En todas partes adoraban el sol y tomaban las costumbres de los Incas, tanto, que parecia que habian nacido todos en el Cuzco; y queríanle y amábanle tanto, que le llamaban Padre de todos, buen Señor, justo y justiciero.—En la provincia de los Cañares, afirman que nació Guayna Capac, su hijo, y que se hicieron grandes fiestas. Todos los naturales de las provincias que habia señoreado el gran Tupac Inca con su buena industria que les dió, ordenaron sus pueblos en partes dispuestas, y hacian en los caminos reales aposentos; entendian en aprender la lengua general del Cuzco, y en saber las leyes que habian de guardar. Los edificios, hacíanlos maestros que venian del Cuzco y emponian á los otros en ello; y así se hacian las demás cosas que por el rey eran mandadas.

CAP. LVII.—Cómo el rey Tupac Inca envió á saber desde Quito cómo se cumplia su mandamiento, y cómo, dejando en órden aquella comarca, salió para ir por los valles de los Yuncas.

Como Tupac Inca Yupanqui hobiese señoreado la tierra hasta el Quito, segund se ha dicho, estando él en la mesma poblacion del Quito entendiendo que se cumpliesen y ordenasen las cosas por él mandadas, de donde mandó, á los que entre los suyos tenia por más cuerdos, que en hamacas fuesen llevados por los naturales, y unos por una parte y otros por otra, mirasen y entendiesen en la órden questaban las nuevas provincias que se hacian, y que tomasen cuenta á los gobernadores y cogedores de tributos y que mirasen cómo se habian con los naturales. A las provincias que llamamos de Puerto Viejo, envió sus orejones á algunas dellas para que les hablasen y quisiesen tener su confederacion, como los demás hacian, y que los impusiesen en cómo habian de sembrar, y servir, y vestir, y reverenciar al sol, y hacelles entender su buena órden de vivir y pulicia. Cuentan questos fueron muertos en pago del bien que iban á hacer, y que Tupac Inca invió ciertos capitanes con gente á castigarlos; mas, como lo supiesen, se juntaron tantos de los bárbaros, que mataron y vencieron á los que fueron, de que mostró sentimiento el Inca; mas, por tener negocios grandes entre las manos, y convenir en persona volver al Cuzco, no fué él propio á dalles castigo por lo que habian hecho.

En Quito tuvo nueva cuán bien se hacia lo que por él habia sido mandado y cuánto cuidado tenian los delegados suyos de imponer aquellas gentes en su servicio, y cuán bien los trataban, y ellos cómo estaban alegres y hacian lo que les era mandado; y de muchos señores de la tierra le venian cada dia embajadores y le traian grandes presentes, y su córte estaba llena de principales, y sus palacios de vasijas y vasos de oro y plata y otras grandes riquezas.—Por la mañana comia, y desde medio dia hasta ser algo tarde, oia en público, acompañado de su guarda, á quien le queria hablar. Luego gastaba el tiempo en beber hasta ser noche, que tornaba á cenar con lumbre de leña, porque ellos no usaron sebo ni cera, aunque tenian harto de lo uno y de lo otro.

En Quito dejó por su capitan general y mayordomo mayor á un orejon anciano, quien todos cuentan que era muy entendido y esforzado y de gentil presencia, á quien llamaban Chalco Mayta, y le dió licencia para que pudiese andar en andas y servirse con oro, y otras libertades que él tuvo en mucho. Mandóle, sobre todas cosas, que cada luna le hiciese mensajero que le llevase aviso particularmente de todas las cosas que pasasen, y del estado de la tierra, y de la fertilidad della, y del crecimiento de los ganados, con más lo que ordinariamente todos avisaban, que era, los pobres que habia, los que eran muertos en un año y los que nacian, y lo que se ha escripto en lo de atrás que sin esto sabian los reyes en el mesmo Cuzco; y con haber tan grande camino desde Quito al Cuzco, que es más que ir de Sevilla á Roma, con mucho, era tan usado el camino como lo es de Sevilla á Triana, que no lo puedo más encarecer.

Dias habia que el grand Tupac Inca tenia aviso de la fertilidad de Los Llanos y de los hermosos valles que en ellos habia, y cuánto se estimaban los señores dellos, y determinó de les enviar mensajeros con dones y presentes para los principales, rogándoles que le tuviesen por amigo y compañero, por quél queria ser igual suyo en el traje cuando pasase por los valles, y no dales guerra si ellos quisiesen paz, y que daria á ellos de sus mujeres y ropas, y él tomarla de las suyas, y otras cosas destas. Y por toda la costa habia volado ya la nueva de lo mucho que habia señoreado Tupac Inca Yupanqui, y cómo no era cruel ni sanguinario ni hacia daño sino á los cavilosos y que querian oponerse contra él; é loaban la costumbre y religion de los del Cuzco, tenian los orejones por hombres sanctos, creyendo que los Incas eran hijos del sol, ó que en ellos habia alguna deidad. Y considerando estas cosas y otras, determinaron muchos, sin haber visto sus banderas, de tomar con él amistad, y asi se lo enviaron á decir con sus propios embajadores, con los cuales enviaron muchos presentes al mesmo rey, y le rogaban quisiese venir por sus valles á ser dellos servido y á holgarse de ver sus frescuras; y alabando el Inca tal voluntad, hablando de nuevo al gobernador de Quito lo que habia de hacer, salió de aquella ciudad para señorear los Yuncas.

CAP. LVIII.—De cómo Tupac Inca Yupanqui anduvo por Los Llanos, y cómo todos los más de los Yuncas vinieron á su señorío.

Como el rey Tupac Inca determinase de ir á los valles de Los Llanos, para atraer á su servicio y obediencia los moradores dellos, abajó á lo de Túmbez y fué honradamente rescibido por los naturales, á quienes Tupac Inca mostró mucho amor, y luego se puso del traje quellos usaban para más contentarles, y alabó á los principales el querer sin guerra tomarle por Señor, y prometió de los tener y estimar como á hijos propios suyos. Ellos, contentos con oir sus buenas palabras y manera con que les trataba, dieron la obediencia con honestas condiciones, y permitieron quedar entre ellos gobernadores y hacer edificios; puesto que, sin esto que algunos indios afirman, tenian otros que Tupac Inca pasó de largo sin dejar hecho asiento en aquella tierra, hasta que Guayna Capac reinó; mas, si hemos de mirar estos dichos de los indios, nunca concluiremos nada.

Saliendo de aquel valle, caminó el rey Inca por lo más de la costa, yendo haciendo el camino real tan grande y hermoso como hoy parece lo que dél ha quedado; y por todas partes era servido y salian con presentes á le servir; aunque, en algunos lugares, afirman que le dieron guerra; pero, no fué parte para quedar sin ser vasallos suyos. En estos valles se estaba algunos dias bebiendo y dándose á placeres, holgándose de ver sus frescuras. Hicieron por su mandado grandes edificios de casas y templos. En el valle de Chimo dicen que tuvo recia guerra con el Señor de aquel valle, y que teniendo su batalla, estuvo en poco quedar el Inca desbaratado de todo punto; mas, prevaleciendo los suyos, ganaron el campo y vencieron á los enemigos, á los cuales Tupac Inca, con su clemencia, perdonó, mandándoles, á los que vivos quedaron, en sembrar sus tierras entendiesen, y no tomasen otra vez las armas para él ni para otros. Quedó en Chimo su delegado; y lo más destos valles iban con los tributos á Caxamalca; y porque son hábiles para labrar metales, muchos dellos fueron llevados al Cuzco y á las cabeceras de las provincias, donde labraban plata y oro en joyas, vasijas y vasos, y lo que más mandado les era. De Chimo pasó adelante el Inca, y en Parmunquilla[187] mandó hacer una fortaleza, que hoy vemos, aunque muy gastada y desbaratada.

Estos Yuncas son muy regalados, y los señores, viciosos y amigos de regocijos; andaban á hombros de sus vasallos; tenian muchas mujeres, eran ricos de oro y plata y piedras y ropa y ganados. En aquellos tiempos, servíanse con pompa; delante dellos iban truhanes y decidores; en sus casas tenian porteros; usaban de muchas religiones. Dellos, de voluntad se ofrecieron al Inca, y otros, se pusieron en armas contra él; mas, al fin, él quedó por soberano Señor dellos todos y monarca. No les quitó sus libertades ni costumbres viejas, conque usasen de las suyas, que de fuerza ó de grado se habian de guardar. Quedaron indios diestros que les impusieran en lo que el rey queria que supiesen, y en aprender la lengua general tuvieran cuidado grande. Pusiéronse mitimaes, y por los caminos, postas; cada valle tributaba moderadamente lo que dar de tributo podia que en su tierra, sin lo ir á buscar á la agena, hobiese; á ellos guardábase la justicia, mas cumplian lo que prometian; cuando nó, el daño era suyo y el Inca cobraba enteramente sus rentas. Señorío no se tiró á señor natural ninguno, pero sacáronse de los hombres de los valles muchos, poniéndose de los unos en los otros, y para llevar á otras partes para los oficios que dicho se han.

Dióse el Inca á andar por los demás valles con el mejor órden que podia, sin consentir que daño ninguno fuese hecho en los pueblos ni en los campos de las tierras por do pasaban; y los naturales tenian mucho bastimento en los depósitos y aposentos que por los caminos estaban hechos. Y con esta órden, el Inca anduvo hasta que llegó al valle de Pachacama, donde estaba el templo tan antiguo y devoto de los Yuncas, muy deseado de ver por él; y como llegó á aquel valle, afirman que solamente quisiera que hubiera el templo del sol, más como aquel era tan honrado y tenido por los naturales, no se atrevió, y contentóse con que se hiciese casa del sol grande y con mamaconas y sacerdotes, para que hiciesen sacrificios conforme á su religion. Muchos indios dicen que el mesmo Inca habló con el demonio que estaba en el ídolo de Pachacama, y que le oyó como era el hacedor del mundo, y otros desatinos que no pongo por no convenir; y que el Inca le suplicó le avisase con qué servicio seria más honrado y alegre, y que respondió que le sacrificasen mucha sangre humana y de ovejas.

Pasado lo sobredicho, cuentan que fueron hechos grandes sacrificios en Pachacama por Tupac Inca Yupanqui, y grandes fiestas; las cuales pasadas, dió la vuelta al Cuzco por un camino que se le hizo, que va á salir al valle de Xauxa, que atraviesa por la nevada sierra de Pariacaca, que no es poco de ver y notar su grandeza, y cuán grandes escaleras tiene, y hoy dia se ven por entre aquellas nieves, para la poder pasar. Y visitando las provincias de la serranía, y proveyendo y ordenando lo que más convenia para la buena gobernacion, allegó al Cuzco, á donde fué recebido con grandes fiestas y bailes, y se hicieron en el templo grandes sacrificios por sus victorias.

CAP. LIX.—Cómo Tupac Inca tornó á salir del Cuzco, y de la recia guerra que tuvo con los del Guarco, y cómo despues de los haber vencido, dió la vuelta al Cuzco.

La provincia de Chincha fué en lo pasado gran cosa en este reino del Perú, y muy poblada de gente, tanto, que ántes deste tiempo habian con sus capitanes salido y allegado al Collao, donde, con grandes despojos que hobieron, dieron la vuelta á su provincia, donde estuvieron y fueron siempre estimados de los comarcanos, y temidos. El Inca padre de Tupac Inca, se dice que envió desde los Soras un capitan con gente de guerra, llamado Capac Inca, á que procurase atraer á los de Chincha al señorío suyo; mas, aunque fué y lo procuró, fué poca parte, porque se pusieron en arma, y de tal manera se querian defender, quel orejon, lo mejor que pudo, se volvió; y estuvieron sin ver capitan del Inca ninguno hasta que Tupac Inca los sojuzgó, á lo quellos mesmos cuentan; porque yo no sé en esto más de lo que ellos mismos cuentan.

Volviendo al propósito, como Tupac Inca hobiese llegado al Cuzco, como se ha escripto, despues de se haber holgado y dádose á sus pasatiempos los dias que le pareció, mandó de nuevo hacer llamamiento de gente, con intencion de acabar de señorear los indios de Los Llanos. Su mandado se cumplió, y prestamente parecieron en el Cuzco los capitanes de las provincias con la gente de guerra que habian de traer, y despues de puesto en órden lo de la ciudad y lo que más el rey habia de proveer, salió del Cuzco y abajó á Los Llanos por el camino de Guaytaray. Sabiendo de su ida, muchos le aguardaban con intencion de le tomar por Señor, y muchos con voluntad de le dar guerra y procurar de conservar [se] en la libertad que tenian. En los valles de los Nazcas habia copia de gente y apercibidos de guerra.

Llegado Tupac Inca, hobo embajadas y pláticas entre unos y otros, y aunque hubo algunas porfías y guerrilla, se contentaron con lo que el Inca dellos quiso por cimiento (así): que se hiciesen casas fuertes y que hobiese mitimaes, y pagar lo que de tributo les pusieron. Y de aquí fué el Inca al valle de Ica, á donde halló resistencia más que en lo de la Nazca; mas, su prudencia bastó [á] hacer, sin guerra, de los enemigos amigos, y se allanaron como los pasados. En Chincha estaban aguardando si el Inca iba á su valle, puestos más de treinta mill hombres á punto de guerra, y esperaban favores de los vecinos. Tupac Inca, como lo supo, les envió mensajeros, con grandes presentes para los señores y para los capitanes y principales, diciendo á los embajadores que de su parte les hiciesen grandes ofrecimientos, y quél no queria guerra con ellos, sino paz y hermandad, y otras cosas desta suerte. Los de Chincha oyeron lo que el Inca decia, y recibiéronle sus presentes, y fueron para él algunos principales con lo que habia en el valle, y hablaron con él y trataron el amistad, de tal manera, que se asentó la paz, y los de Chincha dejaron las armas y recibieron á Tupac Inca, que luego movió para Chincha. Esto cuentan los mesmos indios de Chincha y los orejones del Cuzco; otros indios de otras provincias he oido que lo cuentan de otra manera, porque dicen que hobo grande guerra; más yo creo que sin ella quedó por Señor de Chincha.

Llegado el Inca á aquel valle, como tan grande y hermoso lo vió, se alegró mucho. Loaba las costumbres de los naturales, y con palabras amorosas les rogaba que tomasen de las del Cuzco las que viesen que les cuadraban, y ellos le contentaron y obedecieron en todo; y dado asiento en lo que se habia de hacer, partió para Ica, de donde fue á lo que llaman del Guarco, porque supo questaban aguardándole de guerra; y así era la verdad, porque los naturales de aquellos valles, teniendo en poco á sus vecinos porque así se habian amilanado y, sin ver porqué, dado la posesion de sus tierras á rey estraño, y con mucho ánimo se juntaron, habiendo hecho casas fuertes y pucaraes en la parte perteneciente para ello, cerca de la mar, en donde pusieron sus mujeres, y hijos. Y andando[188] el Inca con su gente en órden, allegó á donde estaban sus enemigos, y les envió sus embajadas con grandes partidos, y algunas veces con amenazas y fieros; mas, no quisieron pasar por la ley de sus comarcanos, que era reconoscer á extranjeros, y entre unos y otros, al uso destas partes, se trabó la guerra y pasaron grandes cosas entre ellos. Y como viniese el verano y hiciesen grandes calores, adolesció la gente del Inca, que fué causa que le convino retirar; y así, con la más cordura que pudo, lo hizo; y los del Guarco salieron por su valle, y cogieron sus mantenimientos y comidas, y tornaron á sembrar los campos, y hacian armas, y aparejábanse para, si del Cuzco viniesen contra ellos, que los hallasen apercebidos.

Tupac Inca revolvió sobre el Cuzco; y como los hombres sean de tan poca constancia, como vieron que los del Guarco se quedaron con lo que intentaron, comenzó á haber novedades entre algunos dellos, y se rebelaron algunos y apartaron del servicio del Inca.—Estos eran naturales de los valles de la mesma costa.—Todo fué á oido del rey, y lo que quedaba de aquel verano, entendió en hacer llamamiento de gente y en mandar salir orejones para que fuesen por todas partes del reino á visitar las provincias, y determinó de ganar el señorio del Guarco, aunque sobre ello se le recreciese notorio daño. Y como viniese el otoño y fuese pasado el calor del estío, con la más gente que pudo juntar, abajó á Los Llanos y envió sus embajadores á los valles dellos, afeándolos su poca firmeza en presumir de se levantar contra él, y amonestóles que estuviesen firmes en su amistad, donde nó, certificóles que la guerra les haria cruel. Y como llegase al principio del valle del Guarco, en las haldas de una sierra, mandó á sus gentes fundar una ciudad á la cual puso por nombre Cuzco, como á su principal asiento, y las calles y collados y plazas tuvieron el nombre que las verdaderas. Dijo, que hasta quel Guarco fuese ganado y los naturales sujetos suyos, habia de permanecer la nueva poblacion, y que en ella siempre habia de haber gente de guarnicion; y luego que se hobo hecho lo que en aquello se ordenó, movió con su gente á donde estaban los enemigos, y los cercó, y tan firmes estuvieron en su propósito, que jamás querian venir á partido ninguno, y tuvieron su guerra, que fué tan larga, que dicen que duró tres años, los veranos de los cuales el Inca se iba al Cuzco, dejando gente de guarnicion en el nuevo Cuzco que habia hecho, para que siempre estuviese contra los enemigos.

Y así, los unos por ser señores, y los otros por no ser siervos, procuraban de salir con su intencion; pero al fin, al cabo de los tres años, los del Guarco fueron enflaqueciendo, y el Inca, que lo conoció, les envió de nuevo embajadores que les dijiesen que fuesen todos amigos y compañeros, quel no queria sino casar sus hijos con sus hijas, y por el consiguiente, sustener en todo confederacion con gran igualdad; y otras cosas dichas con engaño, paresciéndole á Tupac Inca que merescian grand pena por haberle dado tanto trabajo; y los del Guarco, paresciéndoles que ya no podrian sustentarse muchos dias, y que con las condiciones hechas por el Inca sería mejor gozar de tranquilidad y sosiego, concedieron en lo que el rey Inca queria; que no debieran, porque dejando el fuerte, fueron los más principales á le hacer reverencia, y sin más pensar, mandó á sus gentes que los matasen á todos, y ellos con gran crueldad lo pusieron por obra, y mataron á todos los principales y hombres más honrados dellos que allí estaban, y en los que no lo eran, tambien se ejecutó la sentencia; y mataron tantos como hoy dia lo cuentan los descendientes dellos y los grandes montones de huesos que hay son testigos; y creemos, que lo que sobre esto se cuenta es lo que veis escripto.

Hecho esto, mando hacer el rey Inca una agraciada fortaleza tal y de tal manera que yo conté en la Primera parte[189]. Asentado el valle y puestos mitimaes y gobernador, habiendo oido las embajadas que le vinieron de los Yuncas y de muchos serranos, mandó ruinar el nuevo Cuzco que se habia hecho, y con toda su gente dió la vuelta para la ciudad del Cuzco, donde fué recebido con gran alegria, y se hicieron grandes sacrificios con alabanza suya en el templo y oráculos, y por el consiguiente se alegró el pueblo con fiestas y borracheras y táquis solenes.

CAP. LX.—De cómo Tupac Inca tornó á salir del Cuzco y cómo fué al Collao y de allí á Chile, y ganó y señoreó las naciones que hay en aquellas tierras, y de su muerte.

Como Tupac Inca hobiese llegado al Cuzco con tan grandes victorias como se ha escripto, estuvo algunos dias holgándose en sus banquetes y borracheras con sus mujeres y mancebas, que eran muchas, y con sus hijos, entre los cuales se criaba Guayna Capac, el que habia de ser rey, y salia muy esforzado y brioso. Pasadas las fiestas, el gran Tupac Inca pensó de dar vista al Collao y señorear la tierra que más pudiese de adelante; y para hacerlo, mandó que se apercebiesen en todas partes gentes, y se hiciesen muchos toldos para dormir en los lugares desiertos. Y comenzaron á venir con sus capitanes, y alojábanse á la redonda del Cuzco, sin entrar en la ciudad otros que los que la ley no proibia, y á los unos y á los otros proveian cumplidamente de todo lo necesario, teniendo en ello cuenta grande los gobernadores y proveedores de la mesma ciudad. Y como se hobiesen juntado todos los que habian de ir á la guerra, se hicieron sacrificios á sus dioses, conforme á su ceguedad, poniendo á los adivinos que supiesen de los oráculos el fin de la guerra; y hecho un convite general y muy espléndido, salió del Cuzco Tupac Inca, dejando en la ciudad su lugarteniente y su hijo mayor Guayna Capac, y con grand repuesto[190] y majestad, caminó por lo de Collasuyo, visitando sus guarniciones y tambos reales, y holgóse por los pueblos de los Canas y Canches.

Entrando en lo de Collao, anduvo hasta Chucuito, donde los señores de la tierra se juntaron á le hacer fiesta; y habia con su buena órden todo recaudo y abasto de mantenimientos, sin que faltase á más de trescientas mill personas que iban en sus reales. Algunos señores del Collao se ofrecieron de ir por sus personas con el mesmo Inca, y con los que señaló, entró en el palude de Titicaca, y loó á los que entendian en las obras de los edificios que su padre mandó hacer, cuán bien lo habian hecho. En el templo hizo grandes sacrificios, y dió al ídolo y sacerdotes dones ricos, conforme á tan gran señor como él era. Volvió á su gente y caminó por toda la provincia del Collao hasta salir della; envió sus mensajeros á todas las naciones de los Charcas, Carangas y más gentes que hay en aquellas tierras. Déllas, unos le acudian á servir y otros á le dar guerra, mas, aunque se la dieron, su potencia era tanta, que bastó á los sojuzgar, usando con los vencidos de gran clemencia, y con los que se venian, de mucho amor. En Paria mandó hacer edificios grandes, y lo mesmo en otras partes. Y cierto debieron pasar á Tupac Inca cosas grandes, muchas de las cuales priva el olvido, por la falta que tienen de letras, y yo pongo sumariamente algo de lo mucho que sabemos, por lo que oimos y vemos, los que acá estamos, que pasó.

Yendo victorioso adelante de los Charcas, atravesó muchas tierras é provincias y grandes despoblados de nieve, hasta que llegó á lo que llamamos Chile, y señoreó y conquistó todas aquellas tierras, en las cuales dicen que llegaron al rio de Maule. En lo de Chile hizo algunos edificios, y tributáronle de aquellas comarcas mucho oro en tejuelos. Dejó gobernadores y mitimaes, y puesto en órden lo que habia ganado, volvió al Cuzco.

Hácia la parte de Levante envió orejones avisados, en hábito de mercaderes, para que mirasen las tierras que hobiese y qué gentes las mandaban; y ordenadas estas otras cosas, volvió al Cuzco; de donde afirman que tornó á salir á cabo de algunos dias, y con la gente que convino llevar, entró en los Andes, y pasó grand trabajo por la espesura de la montaña, y conquistó algunos pueblos de aquella region, y mandó sembrar muchas sementeras de coca, y que la llevasen al Cuzco, donde él dió la vuelta.

Y dicen que pasados pocos dias, le dió cierto mal que le causó la muerte, y que encomendando á su hijo la gobernacion del reino y á sus mujeres é hijos, y diciendo otras cosas, murió. Y se hicieron grandes lloros y tan notable sentimiento desde Quito hasta Chile, ques extraña cosa de oir á los indios lo que sobre ello cuentan.

Adonde, ni en qué lugar está enterrado no lo dicen. Cuentan que se mataron grand número de mujeres y servidores y pajes para meter con él, con tanto tesoro y pedrería, que debió montar más de un millon; y seria poco, pues los señores particulares se enterraban algunos con más de cient mill castellanos. Sin la gente tanta que metieron en su sepultura, se ahorcaron y enterraron muchas mujeres y hombres en partes diversas del reino, y en todas partes se hicieron lloros por un año entero y se tresquilaron las más de las mujeres, poniéndose todas sogas de esparto; y acabado el año, se vinieron á hacer sus honras. Y lo que dicen que usaban hacer no lo quiero poner, porque son gentilidades; y los chripstianos questaban en el Cuzco el año de mill y quinientos y cincuenta, acuérdense de lo que vieron que se hizo por las honras y cabo de año de Paulo Inca, con se haber vuelto chripstiano, y sacarán lo que seria en tiempo del reinado de los reyes pasados, ántes que perdiesen su señorío.

CAP. LXI.—De cómo reinó en el Cuzco Guayna Capac que fué el dozeno rey Inca.

Muerto que fué el gran rey Tupac Inca Yupanqui, se entendió en hacer sus obsequias y entierro al uso de sus mayores, con gran pompa. Y cuentan los orejones, que de secreto tramaban entre algunos de cobrar la libertad pasada y eximir de sí el mando de los Incas, y que de hecho salieran con lo que intentaban, si no fuera por la buena maña que se dieron los gobernadores del Inca con la gente de los mitimaes y capitanes, que pudieron sustentar en tiempo tan revuelto y que no tenia rey, lo quel pasado les habia encargado. Guayna Capac no descuidó ni dejó de conocer que le convenia mostrar valor para no perder lo que su padre con tanto trabajo ganó. Luego se entró á hacer el ayuno, y el que gobernaba la ciudad le fué fiel y leal. No dejó de haber alguna turbacion entre los mesmos incas, porque algunos hijos de Tupac Inca, habidos en otras mujeres que la Coya, quisieron ponerse á pretender[191] la dignidad real, mas el pueblo, que vian estaba con Guayna Capac, no lo consintió, mas estorbó el castigo que se hizo. Acabado el ayuno, Guayna Capac salió con la borla muy galano y aderezado, y hizo las cirimonias usadas por sus pasados, con el fin de las cuales el nombre de rey le pusieron, y así, á grandes voces decian[192]: Guayna Capac Inca Zapalla tucuillacta uya; que quiere decir; "Guayna Capac solo es rey; á él oyan todos los pueblos."

Era Guayna Capac, segun dicen muchos indios que le vieron y conocieron, de no muy grand cuerpo, pero doblado y bien hecho; de buen rostro y muy grave; de pocas palabras, de muchos hechos; era justiciero y castigaba sin templanza. Queria ser tan temido, que de noche le soñaran los indios. Comia como ellos usan, y así vivia vicioso de mujeres, si así se le puede decir; oía á los que le hablaban bien, y creíase muy de ligero: privaron con él mucho los aduladores y lisonjeros, que entre ellos no faltaban, ni hoy deja de haber; y daba oidos á mentiras, que fué causa que muchos murieron sin culpa. A los mancebos que tentados de la carne dormian con sus mujeres ó mancebas, ó con las que estaban en el templo del sol, luego los mandaba matar á ellos, y á ellas castigo igual. A los que él castigó por alborotos y motines, privó de las haciendas, dándolas á otros; por otras causas, era el castigo en las personas solamente.—Mucho desto disimulaba su padre, especial lo de las mujeres, que cuando se tomaba alguno con ellas, decia que eran mancebos.—Su madre de Guayna Capac, señora principal, mujer y hermana que fué de Tupac Inca Yupanqui, llamada Mama Ocllo, dicen que fué de mucha prudencia, y que avisó á su hijo de muchas cosas que ella vió hacer á Tupac Inca, y que le queria tanto, que le rogó no se fuese á Quito ni á Chile, hasta que ella fuese muerta; y así, cuentan que por le hacer placer y obedecer á su mandado, estuvo en el Cuzco sin salir hasta que ella murió y fué enterrada con grand pompa, metiéndose en su sepultura muchos tesoros y ropa fina y de sus mujeres y servidores. Los más tesoros de los Incas muertos y heredades, que llaman chácaras, todo estaba entero desde el primero, sin que ninguno osase gastarlo ni tocarlo, porque entre ellos no tenian guerras ni necesidades que el dinero hobiese de las remediar; por donde creemos que hay grandes tesoros en las entrañas de la tierra perdidos; y así estarán para siempre, si de ventura, alguno, edificando ó haciendo otra cosa, no topare con algo de lo mucho que hay.

CAP. LXII.—Cómo Guayna Capac salió del Cuzco y lo que hizo.

Guayna Capac habia mandado parescer delante de sí á los principales señores de los naturales de las provincias, y estando su Córte llena dellos, tomó por mujer á su hermana Chimbo Ocllo, y por ello se hicieron grandes fiestas, dejando los lloros que por la muerte de Tupac Inca se hacian. Y acabadas, mandó que se saliesen con él hasta cincuenta mill hombres de guerra, con los cuales queria ir acompañado para ir á visitar las provincias de su reino. Como lo mandó, se puso por obra, y salió del Cuzco con más pompa y autoridad que su padre; porque las andas serian tan ricas, á lo que afirman los que llevaron el rey en sus hombros, que no tuvieran precio las piedras preciosas tan grandes y muchas que iban en ellas, sin el oro de que heran hechas. Y fué por las provincias de Xaquixaguana y Andaguaylas, y allegó á los Soras y Lucanas[193], donde envió embajadas á muchas partes de los llanos y sierras, y tuvo respuesta dellos y de otras, con grandes presentes y ofrecimientos.

Volvió desde aquellos lugares al Cuzco, donde estuvo entendiendo en hacer grandes sacrificios al sol y á los que más tenian por dioses, para que le fuesen favorables en la jornada que queria hacer, y dió grandes dones á los ídolos de los guacas; y supo de los adivinos, por los dichos de los demonios, ó porque ellos lo inventaron, que le habia de suceder prósperamente en las jornadas que hacer queria, y que volveria al Cuzco con grande honra y provecho. Esto acabado, de muchas partes vinieron gentes con sus armas y capitanes, por su mandado, y alojados, de la ciudad eran proveidos.

En el edificio de la fortaleza se entendia, sin dejar de labrar dia ninguno los para ello señalados. En la plaza del Cuzco se puso la grand maroma de oro, y se hicieron grandes bailes y borracheras, y, junto á la piedra de la guerra, se nombraron capitanes y mandones, conforme á su costumbre; y ordenándoles, hizo un parlamento Guayna Capac, bien ordenado y dicho con palabras vehementes, sobre que le fuesen leales así los que iban con él, como los que quedaban. Respondieron que de su servicio no se partirian, el cual dicho loó y dió esperanzas de les hacer mercedes largas. Y estando aparejado lo que para la jornada era menester, salió del Cuzco con toda la gente de guerra que se habia juntado, y por un camino grande, tan soberbio como hoy dia paresce, pues todos los de acá lo vemos y andamos por él, anduvo hácia el Collao, mostrando por las provincias donde pasaba tener en poco los grandes servicios que le hacian; porque dicen que decia que á los Incas todo se les debia. Entendia en saber lo que le daban de tributo, y la posibilidad de la provincia; recogió muchas mujeres, las más hermosas que se podian hallar; dellas tomaba para sí, y otras daba á sus capitanes y privados; las demás eran puestas en el templo del sol y allí guardadas.

Entrando en el Collao, le trajeron cuenta de las grandes manadas que tenia de ganados, y cuántas mill cargas de lana fina se llevaban por año á los que hacian la ropa para su casa y servicio. En la isla de Titicaca entró y mandó hacer grandes sacrificios. En Chuquiabo[194], mandó que estuviesen indios estantes con sus veedores á sacar metal de oro con la órden y regimiento que se ha escripto. Pasando adelante, mandó que los Charcas y otras naciones hasta los Chichas, sacasen cantidad grande de pastas de plata, que se llevasen al Cuzco por su cuenta, sin que nada faltase; trasportó algunos mitimaes de una parte en otra, aunque habia dias que estaban alojados; mandaba que todos trabajasen y ninguno holgase, porque decia que la tierra donde habia holgazanes, no pensaban otra cosa sinó cómo buscar escándalos y corromper la honestidad de las mujeres. Por donde pasaba, mandaba edificar tambos y plazas, dando con su mano la traza; repartió los términos á muchas provincias y límite conocido, para que, por aventajallo, no viniesen á las manos. Su gente de guerra, aunque era tanta, iba tan corregida, que no salia de los reales un paso; por donde pasaban, los naturales proveian de lo necesario tan cumplidamente, que era más lo que sobraba que lo que se gastaba. En algunos lugares edificaron baños, y en otros cotos, y por los desiertos se hicieron grandes casas. Por todas partes quel Inca pasaba, dejaba hechas tales cosas, que es admiracion contarlas. Al que erraba castigaba sin dejar pasar por alto nada, y gratificaba á quien bien le servia.

Ordenado estas cosas y otras, pasó de las provincias subjetas agora á la Villa de la Plata, y por lo de Tucuman[195] envió capitanes con gente de guerra á los Chiriguanaes; mas no les fue bien, porque volvieron huyendo. Por otra parte, hácia la mar del Sur, envió más gente con otros capitanes, á que señoreasen los valles y pueblos que del todo su padre no pudo conquistar. El fué caminando con toda su gente hácia Chile, acabando de domar, por donde pasaba, las gentes que habia. Pasó gran trabajo por los despoblados, y fué mucha la nieve que sobre ellos cayó; llevaban toldos con que se guarescer y muchos yanaconas y mujeres de servicio. Por todas estas nieves se iba haciendo el camino, ó ya estaba hecho, y bien limpio, y postas puestas por él.

Allegó á lo que llamaban Chile, á donde estuvo más de un año entendiendo en refrenar aquellas naciones y asentarlas de todo punto; mandó que le sacasen la cantidad que señaló de tejuelos de oro; y los mitimaes fueron puestos, y trasportadas muchas gentes de aquellas de Chile de unas partes en otras. Hizo, en algunos lugares, fuertes y cercas á su uso, que llaman pucaraes, para la guerra que con algunos tuvo. Anduvo mucho más por la tierra que su padre, hasta que dijo que habia visto el fin della, y mandó hacer memorias por muchos lugares para que en lo futuro se entendiese su grandeza, y formas de hombres crecidos[196].

Puesto en razon lo de Chile, y hecho lo que convino, puso sus delegados y gobernadores, y mandó que siempre avisasen en la córte del Cuzco lo que pasara en aquella provincia. Encargóles que hiciesen justicia y que no consintiesen motin ni alboroto que no matasen los movedores sin dar la vida á ninguno.

Volvió al Cuzco, á donde fué recebido de la ciudad honradamente y los sacerdotes del templo de Curicancha le dieron muchas bendiciones, y él alegró al pueblo con grandes fiestas que se hicieron. Y nacíanle muchos hijos, los cuales criaban sus madres, entre los cuales nació Atahuallpa, segund la opinion de todos los indios del Cuzco, que dicen ser así, y llamábase su madre Tuta Palla, natural de Quillaco, aunque otros dicen ser del linaje de los Orencuzcos; y siempre, desde que se crió, anduvo Atahuallpa con su padre, y era de más edad que Guascar.

CAP. LXIII.—De cómo el rey Guayna Capac tornó á mandar hacer llamamiento de gente, y cómo salió para lo de Quito.

Como Guayna Capac se hobiese holgado algunos meses en el Cuzco, y en él se hobiesen juntado los sacerdotes de los templos y adivinos de los oráculos, mandó hacer sacrificios, y la ofrenda de la capacocha se hizo bien grande y rica, y volvieron bien llenos de oro los burladores de los hechiceros. A cada uno daban respuesta como les parescia que el rey sería más contento. Lo cual con otras cosas pasado, mandó Guayna Capac que se entendiese en hacer un camino más real, mayor y más ancho que por donde fué su padre, que llegase hasta Quito, á donde tenia pensado de ir; y que los aposentos ordinarios y depósitos de las postas se pasasen á él. Para que por todas las tierras se supiese ser esto su voluntad, salieron correos á lo avisar, y luego fueron orejones á lo mandar cumplir, y se hizo un camino el más soberbio y de ver que hay en el mundo, y más largo, porque salia del Cuzco y allegaba á Quito y se juntaba con el que iba á Chile. Igual á él, creo yo que desde que hay memoria de gente, no se ha leido de tanta grandeza como tuvo este camino, hecho por valles hondos y por sierras altas, por montes de nieve, por tremedales de agua y por peña viva y junto á rios furiosos; por estas partes iba llano y empedrado, por las laderas bien sacado, por las sierras deshechado, por las peñas socavado, por junto á los rios sus paredes, entre nieves con escalones y descansos; por todas partes limpio, barrido, descombrado, lleno de aposentos, de depósitos de tesoros, de templos del sol, de postas que habia en este camino. ¡Oh! ¿Qué grandeza se puede decir de Alexandre, ni de ninguno de los poderosos reyes que el mundo mandaron que tal camino hiciesen, ni inventasen el proveimiento que en él habia? No fué nada la calzada que los romanos hicieron, que pasa por España, ni los otros que leemos, para que con este se comparen. Y hízose hasta en más poco tiempo de lo que se puede imaginar; porque los Incas, más tardaban ellos en mandarlo, que sus gentes en ponerlo por obra.

Hízose llamamiento general en todas las provincias de su señorío, y vinieron de todas partes tantas gentes, que hinchian los campos; y despues de haber hecho banquetes y borracheras generales, y puesto en órden las cosas de la ciudad, salió della Guayna Capac con iscaypachaguaranga runas, que quiere decir, con "doscientos mill hombres de guerra," sin los yanaconas y mujeres de servicio, que no tenia cuento el número dellos. Llevaba consigo dos mill mujeres y dejaba en el Cuzco más de cuatro mill.

Habian proveido los delegados y gobernadores que asistian en las cabeceras de las provincias, que de todas las partes acudiesen [con] bastimentos y armas, y todo lo demás que siempre se recogia y guardaba para cuando se hacia guerra; y así hincheron todos los grandes aposentos y depósitos de todo ello, de manera, que de cuatro á cuatro leguas, que era la jornada, estaba entendido que se habia de hallar proveimiento para toda esta multitud de gente, sin que faltase, sino que sobrase más de lo que ellos gastasen y las mujeres, y muchachos y hombres que servian personalmente de lo que les era mandado, y que llevaban el repuesto del Inca y el bagaje de la gente de guerra de un tambo á otro, donde estaba el proveimiento que en el pasado.

Como saliese Guayna Capac, por el camino que por su mandado se habia mandado hacer, del Cuzco, anduvo hasta que llegó á lo de Vilcas, donde paró algunos dias en los aposentos que le habian hecho pegados con los de su padre; y holgóse de ver que estaba el templo del sol acabado, y dejó cantidad de oro y pastas de plata para joyas y vasos; mandó que se tuviese grand cuidado del proveimiento de las mamaconas y sacerdotes. Sobióse á hacer oracion en un terrado galano y primo que para ello se habia hecho; sacrificaron, conforme á su ceguedad, lo que usaban, y mataron muchos animales y aves, con algunos niños y hombres, para aplacar á sus dioses.

Esto hecho, salió de aquel lugar con su gente el rey, y no paró hasta el valle de Xauxa, donde habia alguna controversia y division sobre los límites y campos del valle, entre los mismos que dél eran señores. Como Guayna Capac lo entendió, despues de haber hecho sacrificios, como en Vilcas, mandó juntar los señores Alaya, Cucichuca, Guacaropa[197] y entre ellos con equidad repartió los campos de la manera que hoy dia lo tienen. A los Yauyos envió embajadas; lo mismo hizo á los Yuncas, y á Bonbon envió algunos dones á los señores naturales de aquella tierra; porque, como tenian fuerza en la laguna, en partes que nadaban, hablaban sueltamente, y por rigor no quiso hablar con ellos hasta ver la suya. Los señores de Xauxa le hicieron grandes servicios, y algunos de los capitanes y gente de guerra le fueron acompañando; y anduvo hasta Bonbon, donde paró poco, porque quiso ir á Caxamalca, más aparejado lugar para descansar y comarcano con provincias grandes y muy altas. Y por el camino siempre le venian gentes con grandes embajadas y presentes.

Como llegó á Caxamalca, paró algunos dias para descansar del camino, y mandó que su gente de guerra se alojase á la redonda de aquella tierra, y que comiese lo que recogido en los depósitos estaba; y con la gente que le paresció entró por los Guancachupachos, y tuvo récia guerra, porque no del todo quedaron los naturales de allí en gracia de su padre y conformidad; mas, tanto pudo, que lo allanó y sojuzgó, poniendo gobernadores y capitanes, y eligiendo de los naturales señores, para que mandasen las tierras, los que más les paresció; porque ellos, de antigüedad, no conocian señores á otros que los que, siendo más poderosos, se levantaban y acaudillaban para hacer guerra, y otorgaban paz cuando ellos querian. En los Chachapoyas halló Guayna Capac gran resistencia; tanto, que por dos veces volvió huyendo desbaratado á los fuertes que para su defensa se hacian; y con favores que le vinieron, se revolvió sobre los Chachapoyanos y los quebrantó de tal manera, que pidieron paz, cesando por su parte la guerra. Dióse con condiciones provechosas al Inca, que mandó pasar muchos dellos á que residiesen en el mesmo Cuzco, cuyos descendientes hoy viven en la mesma ciudad; tomó muchas mujeres, porque son hermosas y agraciadas y muy blancas; puso guarniciones ordinarias con soldados mitimaes, para que estuviesen por frontera; dejó gobernador en lo principal de la comarca; proveyó lo que más ellos usaban; castigó á muchos de los principales, porque le dieron guerra; lo cual hecho, á Caxamalca se volvió, donde prosiguió su viaje, y puso en órden las provincias de Caxas, Ayahuaca, Guancabanba[198] y las demás que con ellas confinan.

CAP. LXIV.—Cómo Guayna Capac entró por Bracamoros y volvió huyendo, y lo que más le sucedió hasta que llegó á Quito.

Público es entre muchos naturales de estas partes que Guayna Capac entró por la tierra que llamamos Bracamoros, y que volvió huyendo de la furia de los hombres que en ella moran; los cuales se habian acaudillado y juntado para defender á quien los fuese á enojar; y, sin los orejones del Cuzco, cuenta esto el señor de Chincha, y algunos principales del Collao y los de Xauxa. Y dicen todos, que yendo Guayna Capac acabando de asentar aquellas tierras por donde su padre pasó y que habia sojuzgado, supo de cómo en los Bracamoros habia muchos hombres y mujeres que tenian tierras fértiles, y que bien adentro de la tierra habia una laguna y muchos rios, llenos de grandes poblaciones. Cobdicioso de descubrir y ganoso de señorear, tomando la gente que le paresció, con poco bagaje, mandó caminar para allá, dejando el campo alojado por los tambos reales, y encomendado á su capitan general. Entrando en la tierra, iban abriendo[199] el camino con asaz trabajo, porque pasada la cordillera de los promontorios nevados, dieron en la montaña de los Andes y hallaron rios furiosos que pasar, y caian muchas aguas del cielo. Todo no fué parte para que el Inca dejase de llegar á donde los naturales por muchas partes puestos en sus fuertes le estaban aguardando, desde donde le mostraban sus vergüenzas, afeándole su venida; y comenzaron la guerra unos y otros, y tantos de los bárbaros se juntaron, los más desnudos sin traer ropas, á lo que se afirmaba, que el Inca determinó de se retirar, y lo hizo sin ganar nada en aquella tierra. Y los naturales que lo sintieron, le dieron tal priesa, que á paso largo, á veces haciendo rostro, á veces enviando presentes, se descabulló dellos y volvió huyendo á su reino, afirmando que se habia de vengar de los rabudos; lo cual decia, porque algunos traian las maures[200] largas que les colgaban por encima de las piernas.

Desde estas tierras, donde ya habia reformado, se afirma tambien que envió capitanes con gente la que bastó, á que viesen la costa de la mar lo que habia á la parte del Norte, y que procurasen de atraer á su servicio los naturales de Guayaquil y Puerto Viejo; y que estos anduvieron por aquellas comarcas, en las cuales tuvieron guerra y algunas batallas, y en unos casos quedaban vencedores, y en otros no del todo; y ansí anduvieron hasta Collique, donde toparon con gentes que andaban desnudas y comian carne humana, y tenian las costumbres que hoy tienen y usan los comarcanos al rio de Sant Juan; de donde dieron la vuelta, sin querer pasar adelante, á dar aviso á su rey, que con toda su gente habia llegado á los Cañares; á donde se holgó en estremo, porque dicen nacer[201] allí, y que halló hechos grandes aposentos y tambos, y mucho proveimiento, y envio embajadas á que le viniesen á ver de las comarcas; y de muchos lugares le vinieron embajadores con presentes.

Tengo entendido que, por cierto alboroto que intentaron ciertos pueblos de la comarca del Cuzco, lo sintió tanto, que, despues de haber quitado las cabezas á los principales, mandó expresamente que los indios de aquellos lugares trajiesen de las piedras del Cuzco la cantidad que señaló, para hacer en Tomebamba unos aposentos de mucho primor, y que con maromas las trujiesen; y se cumplió su mandamiento. Y decia muchas veces Guayna Capac, que las gentes destos reinos, para tenellos bien sojuzgados, convenia, cuando no tuviesen que hacer ni que entender, hacerles pasar un monte de un lugar á otro; y áun del Cuzco mandó llevar piedras y losas para edificios del Quito, que hoy dia tienen en los edificios que las pusieron.

De Tomebamba salió Guayna Capac y pasó por los Puruaes, y descansó algunos dias en Riobamba, y en Mocha y en La Tacunga descansaron sus gentes y tuvieron bien que beber del mucho brebaje que para ellos estaba aparejado y recogido de todas partes. Aquí fué saludado y visitado de muchos señores y capitanes de la comarca, y envió orejones fué el de su linaje[202] á que fuesen por la costa de Los Llanos y por la serranía á tomar cuenta de los quiposcamayos, que son sus contadores, de lo que habia en los depósitos, y á que supiesen cómo se habian con los naturales los quel tenia puestos por gobernadores, y si eran bien proveidos los templos del sol y los oráculos y guacas que habia en todo lugar; y al Cuzco envió sus mensajeros para que ordenasen las cosas que dejaba mandadas y en todo se cumpliese su voluntad. Y no habia dia que no le venian correos, no uno ni pocos, sino muchos, del Cuzco, del Collao, de Chile y de todo su reino.

De La Tacunga anduvo hasta que allegó á Quito, donde fué recebido, á su modo y usanza, con grandes fiestas, y le entregó el gobernador de su padre los tesoros, que eran muchos, con la ropa fina y cosas más que á su cargo eran; y honróle con palabras, loando su fidelidad, llamándole padre y que siempre le estimaria conforme á lo mucho que á su padre y á él habia servido. Los pueblos comarcanos á Quito enviaron muchos presentes y bastimento para el rey, y mandó que en el Quito se hiciesen más aposentos y más fuertes de los que habia; y púsose luego por obra, y fueron hechos los que los nuestros hallaron cuando aquella tierra ganaron.

CAP. LXV.—De cómo Guayna Capac anduvo por los valles de Los Llanos, y lo que hizo.

Unos de los orejones afirman, que Guayna Capac desde el Quito volvió al Cuzco por Los Llanos hasta Pachacama, y otros que no, pues quedó en el Quito hasta que murió. En esto, inquerido lo que es más cierto, lo porné conforme á como lo oí á algunos principales que se hallaron por sus personas con él en esta guerra; que dicen, que estando en el Quito, le vinieron de muchas partes embajadores á congratularse con él en nombre de sus tierras; que teniendo, y habiendo tomado [de] seguro y por muy pacífico [modo] á las provincias de la serranía, pensó que sería bien hacer jornada á las provincias de Puerto Viejo y á lo que llamamos Guayaquil, y á los Yuncas, y tomando su consejo con sus capitanes y principales, aprobaron su pensamiento y aconsejaron que lo pusiera por obra. Quedaron en el Quito muchas de sus gentes; con la que convino salió, y entró por aquellas tierras, en donde tuvo con algunos moradores dellas algunas refriegas; pero, al fin, unos y otros quedaron en su servicio y puestos en ellas gobernadores y mitimaes.

La Puná tenia recia guerra con Túmbez, y el Inca habia mandado cesar las contiendas y que le recebiesen en la Puná, lo cual Tumbalá sintió mucho, porque era Señor della; mas, no se atrevió á ponerse contra el Inca, ántes lo recebió y hizo presentes con fingida paz; porque, como salió, procurándolo con los naturales de la tierra firme, trataron de matar muchos orejones con sus capitanes que con unas balsas iban á salir á un rio para tomar la tierra firme; mas Guayna Capac lo supo y sobre ello hizo lo que yo tengo escripto en la Primera parte en el capítulo LIII; y hecho grand castigo, y mandando hacer la calzada, ó paso fuerte, que llaman de Guayna Capac[203], volvió y paró en Túmbez, donde estaban hechos edificios y templo del sol; y vinieron de las comarcas á le hacer reverencia con mucha humildad. Fué por los valles de Los Llanos poniéndolos en razon, repartiéndoles los términos y aguas, mandándoles que no se diesen guerra, y haciendo lo que en otros lugares se ha escripto. Y dicen dél, que yendo por el hermoso valle de Chayanta, cerca de Chimo, que es donde agora está la ciudad de Trujillo, estaba un indio viejo en una sementera, y como oyó que pasaba el rey por allí cerca, que cogió tres ó cuatro pepinos que con su tierra y todo se los llevó, y le dijo:—Ancha Atunapu micucampa; que quiere decir: "Muy gran Señor, come tú esto."—Y que delante de los señores y más gente, tomó los pepinos, y comiendo de uno de ellos, dijo delante de todos, por agradar al viejo: Xuylluy, ancha mizqui cay; que en nuestra lengua quiere decir: "En verdad que es muy dulce esto." De que todos recebieron grandísimo placer.

Pues pasando adelante, hizo en Chimo y en Guañape, Guarmey, Guaura, Lima y en los más valles, lo quél era servido que hiciesen; y como llegase á Pachacama, hizo grandes fiestas y muchos bailes y borracheras; y los sacerdotes, con sus mentiras, le decian las maldades que solian, inventadas con su astucia, y aún algunas por boca del mesmo Demonio, que en aquellos tiempos es público hablaba á estos tales; y Guayna Capac les dió, á lo que dicen, más de cient arrobas de oro y mill de plata y otras joyas y esmeraldas, con que se adornó más de lo que estaba el templo del sol y el antiguo de Pachacama.

De aquí, dicen algunos de los indios que subió al Cuzco, otros que volvió al Quito. En fin, sea desta vez, ó que haya sido primero, que vá poco, él visitó todos Los Llanos, y para él se hizo el grand camino que por ellos vémos hecho, y ansí, sabemos que en Chincha y en otras partes destos valles, hizo grandes aposentos y depósitos y templo del sol. Y puesto todo en razon, lo de Los Llanos y lo de la sierra, y teniendo todo el reino pacífico, revolvió sobre el Quito y movió la guerra á los padres de los que agora llaman Huambracunas[204], y descubrió á la parte del Sur hasta el rio de Augasmayu.

CAP. LXVI.—De cómo saliendo Guayna Capac de Quito, envió delante ciertos capitanes suyos, los cuales volvieron huyendo de los enemigos, y lo que sobre ello hizo.

Estando en Quito Guayna Capac con todos los capitanes y soldados viejos que con él estaban, cuentan por muy averiguado, que mandó que saliesen de sus capitanes con gente de guerra á sojuzgar ciertas naciones que no habian querido jamás tener su amistad; los cuales, como ya supiesen su estada en el Quito, recelándose dello, se habian apercebido y buscado favores de sus vecinos y parientes para resistir á quien á buscarlos viniese; y tenian hechos fuertes y albarradas é muchas armas de las que ellos usan; y como salieron, Guayna Capac fué tras ellos para revolver á otra tierra que confinaba con ella, que toda debia de ser la comarca de lo que llamamos Quito; y como sus capitanes y gentes salieron á donde iban encaminados, teniendo en poco á los que iban á buscar, creyendo que con facilidad serian señores de sus campos y haciendas, se daban prisa andar; mas, de otra suerte les avino de lo que pensaban; porque al camino les salieron con grande vocería y alarido y dieron de tropel en ellos con tal denuedo, que mataron y cautivaron muchos dellos, y así los trataron, que los desbarataron de todo punto y les constriñeron volver las espaldas, y á toda furia dieron la vuelta huyendo, y los enemigos vencedores tras ellos, matando y prendiendo todos los que podian.

Algunos de los más sueltos anduvieron mucho en grand manera, hasta que toparon con el Inca, á quien solamente dieron cuenta de la desgracia sucedida, que no poco le fatigó, y mirándolo discretamente, hizo un hecho de gran varon, que fué, mandar á los que se habian venido que callasen y á ninguna persona contasen lo que ya él sabia, ántes volviesen al camino y avisasen á todos los que venian desbaratados, que hiciesen en el primero cerro que topasen, cuando á él viesen, un escuadron, sin temor de morir el que la suerte les cayere; porque él, con gente de refresco, daria en los enemigos y los vengaría; y con esto se volvieron. Y no mostró turbacion, porque consideró que si en el lugar quel estaba sabian la nueva, todos se juntarian y darian en él, y se veria en mayor aprieto; y con disimulacion les dijo que se aparejasen, que queria ir á dar en cierta gente que verian cuando á ella llegasen. Y dejando las andas adelante de todos salió y caminó dia y medio, y los que venian huyendo, que eran muchos, [como] vieron la gente que venia, que era suya, á mal de su grado pararon en una ladera, y los enemigos que los venian siguiendo, comenzaron de dar en ellos, y mataron muchos; mas Guayna Capac, por tres partes dió en ellos, que no poco se turbaron de verse cercados, y de los que ya ellos tenian vencidos, aunque procuraron de se juntar y pelear, tal mano les dieron, que los campos se hinchian de los muertos, y queriendo huir, les tenia tomado el paso; y mataron tantos, que pocos escaparon vivos, sino fueron los cautivos, que fueron muchos; y por donde venian estaba todo alterado, creyendo que al mismo Inca habian de matar y desbaratar los que ya por él eran muertos y presos. Y como se supo el fin dello, asentaron el pié llano, mostrando todos grand placer.

Guayna Capac recobró los suyos que eran vivos, y á los que eran muertos mandó hacer sepolturas y sus honras, conforme á su gentilidad, porque ellos todos conocen que hay en las ánimas inmortalidad; y tambien se hicieron, en donde esta batalla se dió, bultos de piedra y padrones para memoria de lo que se habia hecho; y Guayna Capac envió aviso de todo esto hasta el Cuzco, y se reformó su gente, y fué adelante de Caranque.

Y los de Otavalo, Cayanbi, Cochasqui, Pifo[205], con otros pueblos, habian hecho liga todos juntos y con otros muchos, de no dejarse sojuzgar del Inca, sino ántes morir que perder su libertad y que en sus tierras se hiciesen casas fuertes, ni ellos ser obligados de tributar con sus presentes ir al Cuzco, tierra tan léjos como habian oido. Y hablado entre ellos esto, y tenido sus consideraciones, aguardaron á el Inca, que sabian que venia á les dar guerra; el cual con los suyos anduvo hasta la comarca destos, donde mandó hacer sus albarradas y cercas fuertes, que llaman pucaraes, donde mandó meter su gente y servicio. Envió mensajeros á aquellas gentes con grandes presentes, rogándoles que no le diesen guerra, porque él no queria sino paz con condiciones honestas, y que en él siempre hallarian favor, como su padre, y que no quería tomalles nada, sino dalles de lo que traia. Mas estas palabras tan blandas aprovecharon poco, porque la respuesta que le dieron fué, que luego de su tierra saliese, donde no, que por fuerza le echaban della; y así, en escuadrones vinieron para el Inca, que muy enojado, habia puesto su gente en campaña; y dieron los enemigos en él de tal manera, que se afirma, sino fuera por la fortaleza que para se guarescer se habia hecho, lo llevaran y de todo punto lo rompieran; mas, conociendo el daño que recebia, se retiró lo mejor que pudo al pucará, donde todos se metieron los que en el campo no quedaron muertos, ó, en poder de los enemigos, presos.

CAP. LXVII.—Cómo, juntando todo el poder de Guayna Capac, dió batalla á los enemigos y los venció y de la grand crueldad que usó con ellos.

Como aquellas gentes vieron como habian bastado á encerrar al Inca en su fuerza, y que habian muerto á muchos de los orejones del Cuzco, muy alegres, hacian muy grand ruido con sus propias voces, tanto, que ellos mismos no se oian; y traidos atabales, cantaban y bebian enviando mensajeros por toda la tierra, publicando que tenian al Inca cercado con todos los suyos; y muchos lo creyeron y se alegraron y aún vinieron á favorescer á sus amigos.

Guayna Capac tenia en su fuerte bastimentos, y habia enviado á llamar á los gobernadores de Quito con parte de la gente que á su cargo tenian, y estaba con mucha saña, porque los enemigos no querian dejar las armas; á los cuales muchas veces intentó, con embajadas que les envió y dones y presentes, atraerlos á sí; mas, era en vano pensar tal cosa. El Inca engrosó su ejército, y los enemigos hecho lo mesmo, los cuales determinadamente acordaron de dar en el Inca y desbaratarlo, ó morir sobre el caso en el campo; y así lo pusieron por obra, y rompieron dos cercas de la fortaleza, que á no haber otras que iban rodeando un cerro, sin duda por ellos quedara la victoria; mas, como su usanza es hacer un cercado con dos puertas, y más alto otro tanto, y así hacer en un cerro siete u ocho fuerzas, para si la una perdieren, subirse á la otra, el Inca con su gente se guaresció en la más fuerte del cerro, donde, al cabo de algunos dias, salió y dió en los enemigos con gran coraje.

Y afirman, que llegados sus capitanes y gente, les hizo la guerra, la cual fué cruel, y estuvo la victoria dudosa; mas, al fin, los del Cuzco se dieron tal maña, que mataron, grand número de los enemigos, y los que quedaron fueron huyendo. Y tan enojado estaba dellos el rey tirano, que de enojo, porque se pusieron en arma, porque querian defender su tierra sin reconocer subjecion, mandó á todos los suyos que buscasen todos los más que pudiesen ser habidos; y con grand diligencia los buscaron y prendieron á todos, que pocos se pudieron dellos descabullir; y junto á una laguna, que allí estaba, en su presencia, mandó que los degollasen y echasen dentro; y tanta fué la sangre de los muchos que mataron, que el agua perdió su color, y no [se] via otra cosa que espesura de sangre. Hecha esta crueldad y gran maldad, mandó Guayna Capac parecer delante de sí á los hijos de los muertos, y mirándoles, dijo: Campa mana, pucula tucuy huambracuna[206]. Que quiere decir: "Vosotros no me hareis guerra, porque sois todos muchachos agora". Y desde entonces se les quedó por nombre hasta hoy á esta gente los Guambracunas[207], y fueron muy valientes; y á la laguna le quedó por nombre el que hoy tiene, que es Yaguarcocha, que quiere decir "lago de sangre". Y en los pueblos destos Guambracunas se pusieron mitimaes y gobernadores como en las más partes.

Y despues de se haber reformado el campo, el Inca pasó adelante hácia la parte del Sur, con gran reputacion por la victoria pasada, y anduvo descubriendo hasta el rio de Angasmayo, que fueron los límites de su imperio. Y supo de los naturales cómo adelante habia muchas gentes, y que todos andaban desnudos sin ninguna vergüenza, y que todos comian carne humana, todos en general, y hacian algunas fuerzas en la comarca de los Pastos; y mandó á los principales que le tributasen, y dijieron que no tenian que le dar, y por los componer, mandó que cada casa de la tierra fuese obligada á le dar tributo, cada tantas lunas, de un canuto de piojos algo grande. Al principio, riéronse del mandamiento; mas, despues, por muchos quellos tenian, no podian enchir tantos canutos. Criaron con el ganado que el Inca les mandó dejar, y tributaban de lo que se multiplicaba, y de la comida y raíces que hay en sus tierras. Y por algunas causas que para ello tuvo, Guayna Capac volvió al Quito, y mandó que en Caranqui estuviese templo del sol y guarnicion de gente con mitimaes y capitan general con su gobernador, para frontera de aquellas tierras y para guarda dellas.

CAP. LXVIII.—De cómo el rey Guayna Capac volvió á Quito, y de cómo supo de los españoles que andaban por la costa, y de su muerte.

En este mesmo año andaba Francisco Pizarro con trece chripstianos por esta costa[208], y habia dellos ido al Quito aviso á Guayna Capac, á quien contaron el traje que traian, y la manera del navio, y cómo eran barbados y blancos y hablaban poco y no eran tan amigos de beber como ellos, y otras cosas de las que ellos pudieron saber. Y cudicioso de ver tal gente, dicen que mandó con brevedad le trujiesen uno de dos que decian haber quedado de aquellos hombres, porque los demás eran ya vueltos con su capitan á la Gorgona, donde habian dejado ciertos españoles con los indios é indias que tenian, como en su lugar contaremos[209]. Y dicen unos destos indios, que despues de idos, á estos dos, que los mataron, de que recebió mucho enojo Guayna Capac. Otros cuentan que soñó que los traian, y como supieron en el camino su muerte[210], los mataron. Sin esto, dicen otros que ellos se murieron. Lo que tenemos por más cierto es, que los mataron los indios dende á poco que ellos en su tierra quedaron[211].

Pues, estando Guayna Capac en el Quito con grandes compañas de gentes que tenia, y los demás señores de su tierra, viéndose tan poderoso, pues mandaba desde el rio de Angasmayo al de Maule, que hay mas de mill y doscientas leguas, y estando tan crecido en riquezas, que afirman que habia hecho traer á Quito más de quinientas cargas de oro, y más de mill de plata, y mucha pedrería y ropa fina, siendo temido de todos los suyos, porque no se le osaban desmandar, cuando luego hacia justicia; cuentan que vino una gran pestilencia de viruelas tan contagiosa, que murieron mas de doscientas mill ánimas en todas las comarcas, porque fué general; y dándole á él el mal, no fué parte todo lo dicho para librarlo de la muerte, porquel gran Dios no era dello servido. Y como se sintió tocado de la enfermedad, mandó se hiciesen grandes sacrificios por su salud en toda la tierra, y por todas las guacas y templos del sol; mas yéndole agraviando, llamó á sus capitanes y parientes, y les habló algunas cosas, entre las cuales les dijo, á lo que algunos dellos dicen, que él sabia que la gente que habian visto en el navio, volveria con potencia grande y que ganaria la tierra. Esto podria ser fábula, y si lo dijo, que fuese por boca del Demonio, como quien sabia que los españoles iban para procurar de volver á señorear. Dicen otros destos mismos, que conociendo la gran tierra que habia en los Quillacingas[212] y Popayaneses, y que era mucho mandarlo uno, y que dijo que desde Quito para aquellas partes fuese de Atahuallpa, su hijo, á quien queria mucho, porque habia andado con él siempre en la guerra; y que lo demás mandó que señorease y gobernase Guascar, único heredero del imperio. Otros indios dicen que no dividió el reino, ántes dicen que dijo á los que estaban presentes, que bien sabian cómo se habian holgado que fuese Señor, despues de sus dias, su hijo Guascar, y de Chincha[213] Ocllo, su hermana, con quien todos los del Cuzco mostraban contento; y puesto que si él tenia otros hijos de grand valor, entre los cuales estaban Nanque Yupanqui, Tupac Inca, Guanca Auqui, Tupac Gualpa, Titu[214], Guaman Gualpa, Manco Inca, Guascar, Cusi Hualpa[215], Paullu Tupac[216] Yupanqui, Conono, Atahuallpa, quiso no dalles nada de lo mucho que dejaba, sino que todo lo heredase dél, como él lo heredó de su padre, y confiaba mucho guardaria su palabra, y que cumpliria lo que su corazon queria, aunque era muchacho; y que les rogó lo amasen y mirasen como era justo, y que hasta que tuviese edad perfeta y gobernase, fuese su ayo Colla Tupac[217], su tio. Y como esto hobo dicho, murió.

Y luego que fué muerto Guayna Capac, fueron tan grandes los lloros, que ponian los alaridos que daban en las nubes, y hacian caer las aves aturdidas de lo muy alto hasta el suelo. Y por todas parte se divulgó la nueva, y no habia parte ninguna donde no se hiciese sentimiento notable. En Quito lo lloraron, á lo que dicen, diez dias arreo; y dende allí lo llevaron á los Cañares, donde le lloraron una luna entera; y fueron acompañando el cuerpo muchos señores principales hasta el Cuzco, saliendo por los caminos los hombres y mujeres llorando y dando aullidos. En el Cuzco se hicieron más lloros, y fueron hechos sacrificios en los templos, y aderezaron de le enterrar conforme á su costumbre, creyendo que su ánima estaba en el cielo. Mataron, para meter con él en su sepoltura y en otras, más de cuatro mill ánimas, entre mujeres y pajes y otros criados, tesoros, pedreria, y fina ropa. De creer es que seria suma grande la que pornian con él. No dicen en dónde ni cómo está enterrado, mas de que concuerdan que su sepoltura se hizo en el Cuzco. Algunos indios me dijeron á mí que lo enterraron en el rio de Angasmayo, sacándolo de su natural para hacer la sepoltura; mas no lo creo, y lo que dicen de que se enterró en el Cuzco, sí[218].

Notes in this chapter

Note 1 · En n. orig., en hablar. Dudo, no obstante, en haber acertado con la interpretacion. El que quiera enterarse con minuciosidad de lo que hallaNote 2 · La de Huarco ya la mandó conservar y guarnecer pocos años despues el virey don Andrés Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete.Note 3 · Coxacopa, en n. orig.Note 4 · Esta campaña sangrienta y cruel de Inca Yupanqui, la cuenta Cieza en el cap. XCVIII de la Primera parte.Note 5 · El Nanca.Note 6 · Horaro en n. orig.Note 7 · Vinieron con un viejo, en n. orig.Note 8 · Recogidos, en n. orig.Note 9 · La violenta trasposicion que dificulta la lectura de este pasaje, acaso no sea culpa del copista, sino más bien una prueba de que Cieza no aNote 10 · En el cap. CII de la Primera parte, dice: "Yo estuve un dia en este lugar [Pucara] mirándolo todo."Note 11 · Cap. XLIV.Note 12 · Tiacambe y Cayacombe, los Purares, en n. orig.Note 13 · Panunquilla, en n. orig.Note 14 · Haciendo, en n. orig.Note 15 · Cap. LXXIII; en donde se ocupa de esta guerra del Huarco, y dice, además, que la trata en la segunda parte de su Crónica.Note 16 · Probablemente respeto.Note 17 · Prender, en n. orig.Note 18 · De gran, en n. orig.Note 19 · Lucas, en n. orig.Note 20 · Chuaguabo, en n. orig.Note 21 · Tuquimo en n. orig.Note 22 · ¿No diria en el original y fuera más de hombres creida?Note 23 · Guacarapora lo llama en la Primera parte, cap. LXXXIV.Note 24 · Carcas, Yaboca y Naucabamba en n. orig.Note 25 · Abreviando, en n. orig.Note 26 · Pampanillas, taparrabos ó tapavergüenzas.Note 27 · Es decir: que nació allí ó haber nacido allí.Note 28 · Así en el MS. del Escorial. Quizá sobre fué él.Note 29 · Por donde hoy está asentada la ciudad de Guayaquil, cuyo asiento conservaba aún en el siglo XVII el nombre de Paso de Huaina Capac.Note 30 · Guamabaconas, en n. orig.Note 31 · Cayanla, Coches, Quiya, Pipo, en n. orig.Note 32 · En n. orig. Cambamana pucula tucuy guamaracona. No adivino lo que debió escribir el copiante en vez de pucula; sino es que esté por puccuna,Note 33 · Guamaracones en n. orig.Note 34 · El de 1526. Los trece, llamados de la fama, cuyos nombres todavia no he visto escritos con propiedad en ninguno de los historiadores de IndiNote 35 · En la Tercera parte de su Crónica del Perú, aún inédita.Note 36 · De Huayna Capac.Note 37 · Sobre estos sucesos léase á Herrera (Déc. III, lib. X, cap. III á VI; y Déc. IV, lib. II, cap. VII y VIII), que es leer al mismo Cieza, puesNote 38 · Quilcangas, en n. orig.Note 39 · Debe de ser Chimpu y todo el nombre Ciui Chimpu Runtu, segunda mujer legítima de Huaina Capac. Sin embargo, segun el parecer de la mayoría dNote 40 · Topagual, Patito; en n. orig.Note 41 · Cuxequepa, en n. orig.Note 42 · Paulotilca, en n. orig.Note 43 · O Cayu Tupac? Cabello Balboa le llama tambien Colla Tupa.Note 44 · Y creia bien. Por el año de 1571 averiguó el virey don Francisco de Toledo, mediante informacion, que Huayna Capac fué enterrado en la capit
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