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Nuestra Señora de París - Tomo 1 (de 2)

V Fin de la historia de la torta

José Aguado y Menéndez translation

Púsose pálida la Esmeralda, y bajó de la picota bamboleando. La voz de la reclusa la persiguió aún diciendo:—¡Baja! ¡baja! ladrona de Egipto, ¡que ya volverás á subir!

—La saquita está con su manía, dijo el pueblo murmurando; y aquí paró la cosa. Pues era temida aquella clase de mujeres; lo cual las hacía sagradas. Entonces nadie se indisponía voluntariamente con quien rezaba día y noche.

Era llegada la hora de llevarse á Cuasimodo. Desatáronle y disipóse la turba.

Cerca del Puente Grande, Marieta que volvía á casa con sus dos compañeras, se paró de repente: —¡Á propósito, Eustaquio! ¿qué has hecho de la torta?

—Madre, dijo el muchacho, mientras que hablabais con aquella mujer del agujero, había un perrazo que ha mordido mi torta, entonces yo también he comido de ella.

—¿Cómo, caballero, replicó la madre, os la habéis comido toda?

—Madre, ha sido el perro. Yo le he dicho que no lo hiciera, pero no ha querido oirme. Entonces yo también he mordido, toma.

—Es un niño terrible, dijo la madre sonriéndose y regañando, todo á un tiempo.—¿Veis Udarda? él sólo se come todo el cerezo de nuestro cercado de Charlerange. Por eso dice su abuela que será capitán.—Que yo os vuelva á coger Don Eustaquio.—¡Anda, tragón!

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