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Las transformaciones de la sociedad argentina y sus consecuencias institucionales (1853 à 1910)

CAPÍTULO V transformación social é instituciones

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1. Factores que deben considerar el historiador y el legislador.—2. La transformación material y étnica de la República Argentina. La mestización y el hibridismo. Los aportes inmigratorios.—3. El carácter del pueblo argentino. Afirmaciones de Le Bon. Falta de fundamento. Una opinión de Belmar sobre el porvenir del Río de la Plata.—4. Nacimiento y transformación de las instituciones. Acuerdo necesario entre sociedad é instituciones. El problema respecto de la Argentina. Disposiciones constitucionales ó legales de relativa permanencia y disposiciones transitorias. Conclusión.

1. Las estadísticas, las cifras, los datos geográficos, históricos, sociológicos, antropológicos, la psicología social, la educación, las costumbres, las instituciones políticas, leyes, constituciones, todo es necesario para seguir la trama del desenvolvimiento de un pueblo. El mayor conocimiento de tantos factores y de todas las situaciones que su combinación provoca, tiene la mayor utilidad para el historiador y para el legislador: el uno buscará en la aparente desarmonía de tantos materiales la ley que rige el conjunto; de este modo los hechos que se suceden no se le presentarán como al niño que por primera vez viaja, las hileras interminables de postes del telégrafo que con abrumadora regularidad pasan delante de sus ojos á lo largo de la vía: se le mostrarán unidos y relacionados los unos como causas de los otros ó todos ellos como causas ó efectos de algunos más. Sale así la historia del primer momento de su formación, la de simple colección de hechos, para hacer de ellos análisis más prolijo, que permita á tal disciplina entrar en la categoría de las ciencias. Al otro, al legislador, facilitará su tarea; convencido por los estudios propios y ajenos, que las instituciones no son sino el bronce fundido que debe solidificarse en el molde impuesto de antemano, hará de modo que no contradigan las ideas, los modos de ser, las situaciones del pueblo á que van destinadas, y sólo sabrá que cumplen tal cosa cuando tenga el conocimiento más completo posible de las formas que han presidido el desarrollo anterior y de los factores de toda clase que continúan influyendo en la evolución de su pueblo.

De aquí también que para expresar, en el más humilde trabajo, como éste, la opinión que se tiene sobre la forma en que nuestras instituciones han acompañado las transformaciones morales y materiales del pueblo argentino, haya debido tener en cuenta todos aquellos factores en la medida en que ha sido necesario para tal estudio.

2. La transformación material de los modos de existencia en la Argentina, es evidente. Se puede discutir, sobre el adelanto ó retroceso de los argentinos en lo que á moral ó intelectual se refiere, á su carácter, á su patriotismo, á sus modos de ser en general; pero nadie discute el hecho manifiesto de la rapidez é importancia de sus adelantos materiales: por ser un pueblo nuevo, que partió de una situación cercana á la nada, la magnitud del cambio es más visible. Desde 1853 á 1910 sólo han transcurrido cincuenta y siete años; período tan reducido que permite á nuestros hombres de alguna edad, relacionar mentalmente una y otra época después de haber sido espectadores de tanta transformación y tanto cambio. En cada capítulo que correspondía á pocos años, he tomado en cuenta las principales manifestaciones de la actividad: agricultura, ganadería, industrias, vías de comunicación. Y el incesante desarrollo febril que allí se revelaba, no ha cesado todavía y no es posible siquiera vislumbrar cuando disminuirá su vertiginosa marcha.

Es natural que debemos considerar los cambios refiriéndolos al suelo y haciendo abstracción de otras consideraciones, pues en este momento entiendo hablar de ellos solamente. Por eso, recordémoslos por ahora, sin preguntar en cuanto han sido capitales extranjeros los que han permitido tales cosas. No preguntemos tampoco cuál es la situación económica argentina y en cuanto los banqueros extranjeros, pesan sobre su riqueza actual y futura...

En todo ello el factor económico ha ejercido influencia poderosa y principal: la idea de la ganancia rápida, de volver á la patria con ella, ha sido el propulsor eficaz de las corrientes inmigratorias; la facilidad de la colocación del dinero á alto interés, en otros lugares penado por usurario, y aquí permitido como justo, ha enviado ingentes capitales, y ha opuesto la codicia al peligro de la tardía é hipotética restitución. La creencia en la fortuna fácil ha borrado de la conciencia de los argentinos, las inquietudes que pudiera provocar el pensamiento de la carga que en forma de deuda, se echaba sobre hijos y descendientes.

Á la transformación material ha correspondido una transformación étnica de importancia suma: españoles, indios, negros, mulatos, y mestizos, han cedido al inmigrante el derecho de moldear el futuro pueblo. Por condiciones geográficas, han sido vencidos en la capital primero, luego en el litoral y la lucha dura en el interior todavía. No siempre se ha producido la substitución; también el mestizaje ha dado sus productos que no en todas partes han sido malos; productos que han originado juicios á mi entender, por excluyentes, parciales.

El doctor Ayarragaray en La anarquía argentina y el caudillismo y en La constitución étnica argentina, el doctor Bunge en Nuestra América y otros autores, consideran el producto del mestizaje como inferior y elemento malo, y juzgan que necesitará tiempo para que sus descendientes adquieran la inteligencia y aptitudes de los hijos de pueblos adelantados. «En el proceso de la mestización se suman los valores de la misma naturaleza; sólo se ligan las facultades é instintos comunes y vulgares, que forman el sedimento perenne de toda alma humana, sea cualquiera la cepa de la cual procede. En el híbrido, precisamente se combinan los elementos y las aptitudes inferiores; las cualidades superiores, individuales, antropológicamente incorporadas á la personalidad de la raza, se extinguen, una vez destruído el molde originario del tipo. Es la esencia sutil volatilizada, cuando se mezclan dos perfumes de distinta naturaleza, en un recipiente común»[72].

Por de pronto, débese convenir que el mote de híbrido con que caracterizan á tales individuos, es impropio: el término híbrido «aplícase al animal ó al vegetal procreado por dos individuos de distinta especie» y nadie sostendrá ya, que el hombre blanco y el hombre negro sean de especie distinta. En la innumerable gradación de pigmentaciones, hay de todo, y si los carácteres físicos y aun morales, son diversos, tal diversidad no es suficiente para que se llame híbridos á individuos que son simplemente mestizos; los cruces han producido toda clase de individuos: los hay, es verdad de aquellos que responden á todos los caracteres que los autores citados les atribuyen, como los hay que responden al tipo del coya infeliz, modelo de degeneración. Pero en cambio los hay también que responden á los caracteres morales de los hombres de mayor civilización, que han llegado á desempeñar papel importante en la vida argentina, como hay mujeres que justifican en un todo las amables palabras que les dedica el señor Ameghino en un reciente artículo, ó los tiernos cantos de poetas y payadores.

El cruce y la amalgama dió, pues, un producto mestizo con las más variadas condiciones físicas y morales: muchos fueron los pueblos existentes en América y diversos entre sí: muchas las especies de españoles que vinieron: los resultados de sus cruzamientos fueron los más diversos, aumentando esta diversidad el factor negro.

Con tal amalgama se formó la base étnica argentina sobre la que vendrían á influír después en formas y cantidades que hemos visto, las grandes masas de europeos de todas las naciones; cada una de ellas agregó sus caracteres físicos y sus carácteres morales y continuó la transformación étnica: mas débese recordar también que el carácter de una raza ó de un pueblo es un término muy elástico; que los pueblos se componen de individuos y que en éstos encuéntranse muchos caracteres distintos. Que sólo con reservas que siempre se tendrán presentes se puede hablar de la formación del carácter de una raza ó pueblo.

Este moldeamiento del individuo argentino, continúa todavía: á los italianos, españoles, franceses se agregaron otros factores: ingleses y alemanes, austro-húngaros y suizos; ahora, Rusia y Turquía ocupan lugar importante y su presencia origina nuevos problemas étnicos. Se consideran estos elementos inadaptables, no solubles, por así decirlo. Su influencia étnica será quizás cuestión de tiempo.

3. Tanta formación y transformación social dió lugar y da aún, á que toda clase de afirmaciones respecto del carácter de este pueblo, de esta raza en formación tenga algún fundamento en los hechos, y que junto á himnos de grandeza que nacen después de un estudio de las cosas, aparezcan juicios pesimistas nacidos también después de tal estudio.

Me he referido al principio de este trabajo á las afirmaciones de Le Bon en su obra Lois psichologiques de l’évolution des peuples. Menester es ahora volver á considerarlo. Tiene mayor valor respecto de nuestro estudio el libro de Le Bon, por dos razones: la primera, por el nuevo sentido que da al término raza, retirándolo de las interminables cuestiones que se suscitaban y suscitan cuando se habla de razas naturales. Sin afirmar ni negar la existencia de razas naturales, nos encontramos con razas históricas en pueblos y naciones, más fáciles de determinar que aquellas otras; la segunda, es que al hablar de la Argentina no lo hace con ánimo predispuesto en pro ó en contra: no es su estudio un estudio de la Argentina; ésta llega con otras, sólo como ejemplo, como aplicación de principios establecidos en la obra, al estudio comparado de la evolución de los Estados Unidos de América y de las repúblicas hispano-americanas.

Por ésto, por tratarse de la aplicación de una teoría de ciencia social, la considero. Por la misma razón no lo hago con otras obras que ó son alabanzas ó reproches más ó menos fundados ó infundados, ó son simples descripciones de la vida argentina.

El trabajo de Le Bon, en la parte de aplicación de la teoría á los hechos, prueba sólo una cosa: la grande dificultad que se tiene para hacer aplicaciones de ciencia social, cuando no se basan en un conocimiento completo del pueblo sobre el cual se hace; cuando se toma una época para caracterizar un pueblo, y cuando se trata de que las cosas encajen en las teorías y no que las teorías se adapten á las cosas.

Después de un elogioso estudio de las instituciones y pueblo norteamericano, que no escapa por eso á algunos tintes sombríos y presagios de decadencia, se ocupa de las naciones sudamericanas. «Todas han adoptado la constitución política de los Estados Unidos, y viven, en consecuencia, bajo idénticas leyes. Y bien, por el sólo hecho de que la raza es diferente y le faltan las cualidades fundamentales que posee la que puebla los Estados Unidos, todas estas repúblicas, sin una sola excepción serán presa perpetuamente, de la más sangrienta anarquía, y á pesar de las riquezas asombrosas de su suelo, zozobran las unas después de las otras, en dilapidaciones de toda especie, en la bancarrota y el despotismo.» Así dice el sabio autor: y sin embargo, de todos los antecedentes aportados, resulta que fuera absurda falsedad lo que tales palabras significan si no fuera sólo un error ó ignorancia de las cosas. Ni es cierto que estas naciones continúen en sangrienta anarquía, ni que la bancarrota, dilapidaciones y despotismo las acompañen; y es aventurarse más de lo justo, atribuír á tales vicios carácter de perpetuidad. Bien es cierto que á reglón seguido Le Bon se descubre y muestra cuál ha sido el bagaje de conocimientos que le ha permitido pontificar en aquél modo. «Es necesario recorrer la notable é imparcial obra de Th. Child, sobre las repúblicas hispano-americanas para apreciar lo profundo de su decadencia. Las causas están enteramente en la constitución mental de una raza que no tiene energía, voluntad ni moralidad. La ausencia de moralidad sobre todo, sobrepasa lo que de peor conocemos en Europa». Hace alguna salvedad en favor del Brasil. Citando una de las ciudades más importantes, Buenos Aires, el autor la declara inhabitable para cualquiera que tenga alguna delicadeza de conciencia y moralidad[73]. En términos parecidos se refiere al comercio argentino; así también á las instituciones. En seguida «toda la industria y todo el comercio están en manos de extranjeros: ingleses, americanos y alemanes». «La República Argentina cuenta cuatro millones de blancos de origen español: no sé si se citaría uno solo fuera de los extranjeros, que esté á la cabeza de una industria importante». Y termina el capítulo «esta espantosa decadencia de la raza latina, abandonada á sí misma, puesta en presencia de la prosperidad de la raza inglesa en un país vecino, es una de las más sombrías, de las más tristes y, al mismo tiempo, de las más instructivas experiencias que se pueden citar en apoyo de las leyes psicológicas que he expuesto». Es en la opinión de Child, viajero en estos pueblos, que Le Bon apoyó sus afirmaciones: la obra es imparcial, sin que sepamos por qué y vale más que estadísticas, memorias y cuánto pudiera haber tenido á mano. Así, estas regiones son declaradas inhabitables, sin recordar á sus millares de compatriotas que en la época vivían en ella. Y así también, con igual criterio puede hablarnos de falta de moralidad. Olvida la industria ganadera, desconociendo á los argentinos cualquier intervención en las industrias, y á fuerza de atacar, sólo cree que lo bueno lo trajeron ingleses, alemanes y americanos, sin recordar que son los latinos más latinos, los italianos, los que han producido la mayor transformación económica y los más grandes adelantos. Y amenaza una espantosa decadencia, un cataclismo final, basado siempre en ajenas afirmaciones.

El estudio que hemos hecho en todo el trabajo demuestra que toda esa amenaza es pueril: que la República Argentina, como otras americanas, marcha en la vida de los mayores progresos, no obstante tantos y tantos vicios que puedan imputárseles á sus hijos. Que la raza nueva es fuerte, que asciende y no degenera y que en su estudio, de complejidad suma, debe tenerse mucha cautela. De otro modo, hasta los sabios exponen al ridículo su ignorancia.

La parte teórica de la obra de Le Bon es excelente: basta recordar la síntesis que hiciéramos en el primer capítulo y aplicarla á la Argentina, después de conocer todos los datos que hemos aportado en los capítulos anteriores; se verá así que los resultados son bien distintos de los que expresara aquel autor, fundado en sospechosos juicios ajenos y con conocimiento incompleto de los hechos.

La formación étnica argentina, no ha terminado, decíamos antes; continúa. El factor inmigratorio es su gran palanca y la fusión de todas las razas toma forma en el nuevo individuo. Así se forman argentinos; el inmigrante se hace argentino de corazón, y sus hijos lo son también, de corazón y naturaleza: el pilluelo, hijo del inmigrante, «ese niño vagabundo y curioso, eterno ocupante de la calle, es el que aplaude con más calor las escuelas de cadetes, que con su encantadora gravedad desfilan en los días de la patria, el que viva con bullicioso entusiasmo la bandera haraposa del viejo y glorioso batallón, el que acompaña á las tropas más lejos, el que no falta á la lista, el que se asocia con la más candorosa y sincera decisión á todas las cosas populares en que está el pabellón y el uniforme»[74].

No estaba en un error, pues, el señor Belmar, cuando en su obra escrita en 1856, decía: «El porvenir del Río de la Plata está en la inmigración y la colonización... florecientes campos cubiertos de una inmensa variedad de productos, ciudades, pueblos, usinas, de toda especie, establecimientos agrícolas ó comerciales que se diría creados por la varita de algún mago, surgen de todas partes, las selvas se aclaran, el desierto retrocede con sus huéspedes espantados y los ríos que arrastraban cocodrilos y camalotes, pasean actualmente rápidos navíos. Ligados ya por rieles, telégrafo eléctrico, navegación á vapor, y quizás un día por la navegación aérea, las dos Américas, los dos mundos se darán la mano, para ser sólo y á pesar de los grandes ríos, cordilleras y océanos, un mismo país donde se desarrolle el vasto bazar de la industria universal... Acabamos, repitiendo con la más sincera convicción: un gran camino de bienestar, un camino largo tiempo esperado, se ha abierto para las clases trabajadoras que llenan el suelo de Europa, y que manteniendo la llaga del pauperismo inquietan á los gobiernos y afligen á los gobernados. Esperemos que el buen sentido de las poblaciones que sufren, y, si necesario es, el sólo instinto del interés, les harán ver de más en más, en la colonización de que acabamos de trazar un bosquejo fiel, una providencial tabla de salvación»[75].

4. Á esta transformación de las cosas é individuos ha respondido el nacimiento y transformación de las instituciones, que serán después materia de nuevas transformaciones. Hemos recordado, en cada caso las nuevas leyes de interés general, así como las reformas constitucionales que los diversos momentos exigían. El punto de partida fué la Constitución de 1853 y de allí en adelante la legislación del país se desarrolló á medida que las necesidades lo reclamaban; la legislación española que había precedido cedió á la nueva; códigos y leyes aparecieron, y muchas veces se adelantaron al momento, quizás porque en la mente de sus autores estuviera concebida en términos precisos la idea y conocimiento de futuros destinos. Así se llegó á la época contemporánea, en que los adelantos de la industria y las nuevas orientaciones sociales de toda clase demandan imperiosamente nuevas legislaciones; en que la inmigración hecha poderosa exige el estudio de las condiciones en que mejor se adaptará; en que la tierra elevando de continuo su precio de costo, reclama también un estudio detenido necesario para resolver los nuevos problemas que se plantean.

Instituciones y sociedad, deben marchar al unísono; en el primer capítulo nos ocupábamos de tal axioma y en los subsiguientes vimos que éste era de aplicación á nuestro estudio. Pero tambien allí nos planteábamos el problema que resurge ahora; conviene advertir que se presenta en la Argentina con mayor importancia que en otras naciones, pues fundado en el estudio social de pueblos cuya vida y sociabilidad se transforma con lentitud, debe aplicarse á un pueblo cuyas transformaciones se efectúan con grande rapidez.

Las premisas del problema son las siguientes:

a) Las instituciones deben acordar con el modo de ser y con la vida del pueblo al que se destinan;

b) El pueblo argentino, varía continuamente en la formación de su raza histórica, en el estado de su industria y comercio; la rapidez de la variación es distinta en una región que en otra.

El problema: ¿pueden dictarse constituciones y leyes más ó menos permanentes para un pueblo en tales condiciones? ¿se debe dejarlo con el menor número de ellas, ó sin ellas? ¿se puede imponer á todo habitante natural ó extranjero una conducta determinada? ¿Cuál puede ser la solución para la Argentina?

Entiendo que la cuestión exige varias cosas:

En primer lugar, que se recuerde, que no es el pueblo el que debe adaptarse á las instituciones sino éstas á aquél; siendo las instituciones limitación de derechos ó preservativos contra limitaciones traídas por otros individuos, deben ser las precisamente necesarias y nada más.

En segundo lugar, que ocurre una distinción: unas disposiciones constitucionales ó legales, responden á modos de ser generales del individuo humano. Afirman principios y garantizan libertades por las cuales ha luchado la humanidad en toda la época contemporánea y en todos los pueblos civilizados; principios concebidos como aspiraciones unas veces y en otras convertidos en realidad; tales son la idea de la libertad, el deseo de la intervención de todos en la cosa pública, el de la libertad de conciencia, el de no ser penado sin juicio previo, y así muchos más.

Otras, responden á modos de ser de un pueblo en un momento determinado: no tienen la universalidad de los anteriores; tales son, la religión adoptada por el Estado, el régimen de gobierno, el régimen de matrimonio, las instituciones que rigen las relaciones privadas; las relaciones de comercio libre ó protegido y tantas más, bien fáciles de determinar.

Las primeras, aspiraciones humanas, pueden y deben ser mantenidas en constituciones y leyes: si todos los pueblos las desean, en nada influirá la forma de constitución étnica de la Argentina; serán buenas en todo momento; más aun: aun cuando el pueblo no estuviera en condiciones de recibirlas, se pueden mantener como ideales que se alcanzarán en parte alguna vez; la ley constante de su realidad hace que esto no esté en pugna con el principio tal como antes lo formulábamos. Leyes y constituciones argentinas deben mantener aquellos principios de libertad y justicia, que no son argentinos, son humanos, y estarán en su lugar en cualquier nación.

Las segundas, las que se refieren á nuestro modo propio de ser, á un momento de la vida argentina, no pueden tener sino carácter de transitorias: la forma de gobierno, adoptada como transacción en un momento dado, que no respondía á todos los antecedentes argentinos, que no responde á muchas de las ideas que los tiempos han hecho que se originen, que diariamente se señala como defectuosa, no tiene carácter de permanencia; el régimen del matrimonio indisoluble y con derechos distintos de los que otras leyes acuerdan, tampoco puede ser invariable: la religión sostenida por el Estado, el régimen de la propiedad, el proteccionismo aduanero, no pueden ser permanentes; mejor dicho pueden estar sometidas á cambios.

Así las unas serán permanentes y útiles mientras se forma la raza histórica argentina; las otras serán transitorias, útiles del momento, variables en el mañana.

La idolatría constitucional y legal que á diario vemos, no tiene razón de ser: que se sustenten ideales de libertad y grandeza, de dignidad y justicia, pero que no se considere á disposiciones meramente transitorias como principios indestructibles, revelados por seres superiores, libres del error. El respeto á los patriotas conciudadanos que nos dieron constitución y leyes, consiste en reconocerles el acierto con que procedieron en el momento en que rindieron sus afanes, la verdad de los principios humanos que quisieron afirmar. Pero es irrespetuoso el atribuírles la afirmación de bondad eterna para otros principios que concibieron sólo como útiles en el momento, pero variables después. Si ellos revivieran un instante, su indignación sería magna contra el mundo de idólatras, que desvirtuando sus intenciones, los convierte en falsos profetas.

Noviembre de 1910.

NOTAS:

Errores corregidos por el etext transcriptor:

Pág. v Plantamiento de la cuestión ==> Planteamiento de la cuestión

Pág. 3 condice con las aspiraciones ==> coincide con las aspiraciones

Pág. 4 Colorario ==> Corolario

Pág. 19 representan el pasado ==> representa el pasado

Pág. 41 de tranways y otros medios de transporte ==> de tramways y otros medios de transporte

Pág. 41 que un ciudad de España ==> que una ciudad de España

Pág. 42 era tal como ==> eran tal como

Pág. 43 respeto á la la religión ==> respeto á la religión

Pág. 44 que les tocara en suerte ==> que les tocaran en suerte

Pág. 45 es estableció ==> se estableció

Pág. 69 nuesto camino. ==> nuestro camino.

Pág. 72 verdadera ovasión ==> verdadera ovación

Pág. 74 obligacioness ==> obligaciones

Pág. 78 la tradiciones seculares ==> las tradiciones seculares

Pág. 83 las distribución geográfica ==> la distribución geográfica

Pág. 105 de la provincias ==> de la provincia

Pág. 112 este capípítulo ==> este capítulo

Pág. 113 accesorio de ferrocarril ==> accesorio del ferrocarril

Pág. 119 que habían asombrado ==> que había asombrado

Pág. 122 lo buscan ==> los buscan

Pág. 125 La ciencias ==> Las ciencias

Pág. 132 prolección de inmigrantes ==> protección de inmigrantes

Pág. 135 diminución del elemento ==> disminución del elemento

Pág. 142 la introdución ==> la introducción

Pág. 143 no tiene otro origen ==> no tienen otro origen

Pág. 149 que se concede ==> que se conceden

Pág. 164 la diminución. ==> la disminución.

Pág. 165 la diminución que se notó ==> la disminución que se notó

Pág. 165 y diminución en ==> y disminución en

Pág. 174 polítiticas ==> políticas

Pág. 174 la instabilidad ==> la inestabilidad

Pág. 177 tranformaciones ==> transformaciones

Pág. 188 esta diminución ==> esta disminución

Pág. 192 la hectáreas destinadas al cultivo ==> las hectáreas destinadas al cultivo

Pág. 219 un hombre prodomine sobre ==> un hombre predomine sobre

Pág. 225 porve- del Río ==> porvenir del Río

Pág. 231 antropológicamente incorparadas ==>antropológicamente incorporadas

Pág. 231 sutilv olatilizada ==> sutil volatilizada

Pág. 236 antecedentes aportatados ==> antecedentes aportados

Pág. 239 siempre en en ajenas ==> siempre en ajenas

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