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Las transformaciones de la sociedad argentina y sus consecuencias institucionales (1853 à 1910)

CAPÍTULO IV 1910: centenario de la revolución de mayo

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1. El estado de formación de la raza en 1910. La inmigración.—2. Agricultura; ganadería; otras industrias. Comercio.—3. Cambios políticos y situación económica—4. Vías de comunicación.—5. La educación é instrucción pública.—6. La prensa, bellas artes, religión.—7. El socialismo. El anarquismo.—8. Conclusión.

1. Después del largo viaje que hemos hecho á través de los años para encontrar la formación étnica de la nación nueva y relacionarla con las causas y formas de sus progresos, entramos á estudiar tales cosas en el momento en que la nación deja su primera juventud de guerras, luchas y reconstrucciones, para vivir días más tranquilos: tal es al menos la esperanza común de todos sus hijos.

El capítulo debe ser breve; no es este trabajo una obra de estadística; los datos de tal disciplina, han sido tomados como medio de demostración ó de relación á épocas anteriores; fueron más necesarios en los capítulos que han precedido por cuanto se necesitaba ver lo que ya no es; la actualidad la vemos y la comprendemos más fácilmente.

Desde 1895, época á que en la materia llegamos en el anterior capítulo, la inmigración continúa su aporte de individuos en grandes cantidades. En 1904 la cifra de llegados alcanza á 125.567, con un saldo de 86.644; dos años después, en 1906 esas cifras son: llegados 252.536; saldo 192.412; hay luego un descenso, para aumentar de nuevo en 1910 en que la llegada de los primeros meses permite calcular el total del año en 260.000[61]. Esta cifra debe tomarse con las reservas del caso desde que existe la circunstancia anormal del exceso de trabajo originado por los preparativos para las exposiciones y fiestas del Centenario.

Pueblos de Europa que antes sólo estaban representados por uno que otro hijo audaz que se animaba á venir en busca de mejor fortuna, se encuentran ahora con colonias enteras: tal Rusia, Turquía, etc. Los rusos, por ejemplo, cuyo número era insignificante en 1890, son, en octubre de 1909 en la capital solamente, 13.714. Llegan á ocupar el tercer lugar entre las naciones que dan inmigrantes á la Argentina. En 1909 arriban cerca de 15.000. En los primeros meses de 1910 esta inmigración disminuye. Los turcos y sirios desparramados en todas partes y dedicados casi exclusivamente al comercio del menudeo, forman legión. Unos y otros se ligan poco á nuestra sociabilidad, son en cierto modo inadaptables, pero día llegará en que sino ellos, sus hijos se mezclen y crucen con los hijos de otras razas y naciones y un nuevo factor de importancia numérica se agregará á los tantos que ya concurren á la formación social argentina. La inmigración italiana es la que llega en mayor número; pero en 1910 es desalojada de su posición por la española, que pasa á ocupar el primer lugar. La inmigración italiana compensa la entrada con la salida. No ha de ser causa insignificante en esta disminución la gran propaganda que los diarios y los escritores de Italia hacen en contra de la inmigración á la Argentina, atribuyendo á este país falta de justicia y dificultad para su vida. Por otra parte, el gobierno mismo de Italia tiene interés en que los hijos de aquellas tierras queden allí para cultivar grandes zonas del sur.

El aumento numérico de la inmigración española si es bueno en cuanto á acrecentamiento del número total de la población, no es sin duda, lo mejor que puede llegarnos. Los motivos de mi opinión los he expresado ya en el curso de este trabajo.

La inmigración francesa disminuye un tanto también. Las demás continúan en progresivo aumento.

Los cruces, de que en capítulos anteriores hemos hecho mención, se presentan en proporciones mayores aún: los cálculos de combinaciones, podrían resolver todas las formas en que se presentan: todas las razas se unen y los hijos de extranjeros que se han incorporado á nuestro suelo vuelven á unirse con otros que proceden de otros pueblos, al punto de ser grande el número de personas que pueden recordar que sus ocho bisabuelos pertenecieron á ocho distintas nacionalidades.

También la forma de distribución que adopta es, como fué en épocas anteriores, señalada por causas geográficas: allí donde el cultivo y la vida son más fáciles, allí el inmigrante se dirige: los centros en que sus connacionales están en crecido número, ejercen sobre él invencibles atracciones y sus esperanzas de fortuna y bienestar le empujan á trasladarse y establecerse en tales lugares.

La ciudad capital sigue creciendo: hay en ella grandes comodidades y las dificultades para el trabajo no son muchas: se instalan fábricas, se adoquinan calles, se trabaja en todas formas. El censo de octubre de 1909, le da 1.231.698, que es fácilmente 1.300.000 el 1o de enero de 1910. Conviene tomar esa fecha y no la del 25 de mayo por cuanto el número en tal día es anormal: los paseantes argentinos que á fuerza de vivir en el extranjero han dejado de ser habitantes de estas tierras, vuelven con ocasión de las fiestas; el interior se desborda sobre Buenos Aires: las familias pudientes que desde tiempo concertaban un paseo á la capital, combinan el paseo con el centenario y los hoteles rechazan pasajeros porque hay plétora. Tal situación anormal no puede servir para el estudio estadístico, en que se trata de examinar el conjunto, quitándoles las irregularidades producidas por hechos ajenos á la marcha general del país.

De aquellos 1.300.000 habitantes, 49 por ciento son argentinos y 51 por ciento extranjeros. Esta proporción no se presenta en ninguna provincia, pero es signo indicativo de la constante inmigración; siguen en el orden de importancia Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos, orden idéntico al anterior y que sólo se diferencia en el aumento de número.

Con los inmigrantes llegan los capitales: las estimaciones de éstos no pueden ser sino aproximativas y variables todos los días; más de cualquier modo, son enormes, al punto de que ha podido calcularse el capital inglés solamente, empleado en la Argentina, en 12.500.000.000 de francos. El francés ha sido á su vez valuado en 800.000.000 de francos. En el cálculo del capital inglés, los valores de los ferrocarriles hacen en gran parte que las cifras sean tan extraordinarias. La Nación del 15 de noviembre de 1908, traducía un artículo publicado por el South American Journal de Londres: en él se estimaba el valor de las acciones de ferrocarriles argentinos en un total de libras 154.814.472 es decir 3.870.361.800 francos. No sé qué datos sirvieron á Rigby para hacer el cálculo á que he referido, pero creo no obstante, que debe haber alguna exageración.

La preferencia de la inmigración en general, está por la agricultura: los gobiernos se preocupan en dictar medidas, término que no implica que se cumplan. En efecto, y por desgracia, alguna falta de cumplimiento en lo prometido, alguna falta de justicia, unida á algunos desengaños, han hecho como acabamos de decir, que los diarios, autores y aun autoridades europeas, de Italia é Inglaterra sobre todo, se expresen en términos poco amables para la Argentina, y que desgraciadamente parte al menos de tales afirmaciones tengan fundamento serio.

2. La agricultura, ahora como en anteriores épocas, transforma los campos. Se calcularon en enero de 1910, en 18.775.672 las hectáreas destinadas al cultivo: la cifra que dió el censo de 1905 fué 4.892.005; como se ve la diferencia es notable; la tierra inculta se transforma en praderas, trigales y sembradíos de toda especie. Existe sin embargo un hecho, que por lo menos por curiosidad merece ser recordado. No siempre la agricultura conquista los campos de una manera permanente: refiriéndose á Córdoba, dice el señor M. E. Río: «La evolución que se opera en esas fértiles llanuras es interesante y característica. Así que se tiende un nuevo ferrocarril á través de una zona inculta y antes aun tan pronto como la traza queda definitivamente establecida, ya vienen el empresario «colonizador», el comerciante «habilitador» y los colonos «agricultores». Los ranchos se plantan, se prepara el suelo, deposítase la semilla y pocos meses más tarde, humean las trilladoras y corren las chatas, con pirámides de bolsas, hacia la población que se ha improvisado alrededor del cercano apeadero. La avenida continúa creciendo, el perímetro del trigal se ensancha, multiplícanse los comercios, se edifica la capilla, ábrese la escuela; mas de repente, el movimiento disminuye, las casas del pueblo se vacían y los colonos se marchan: ha fenecido su usufructo de cuatro ó cinco años y se van en busca de otra línea nueva y de otra zona virgen. El alfalfar crecido con el último trigo, ha reemplazado al sembradío, la estancia á la colonia. En la misma extensión de tierra en que 500 personas hallaron trabajo y bienestar ó, quizá algunas la fortuna, hase formado el establecimiento ganadero en que subsistiran 15 ó 20 peones y redondeará su millón un terrateniente afortunado»[62].

El cuadro no es en verdad consolador, pues implica que la transformación es ficticia y sólo dura un corto período: afortunadamente lo que el señor Río encuentra para ciertas regiones de Córdoba, no es en general; no se vé en Buenos Aires, ni en Santa Fe, y el número de hectáreas cultivadas es muy grande sin peligro de retroceso, y los territorios nacionales, La Pampa y Río Negro sobre todo, atraen inmigrantes y presentan ya extensas zonas cultivadas.

La ganadería no puede oponérsele como rival con pretensiones de revancha, en la época actual: sobrados campos hay en que pueda ejercitarse la industria ganadera: la tendencia hacia el mayor desarrollo de la agricultura es general en todo el mundo; en fin, la creciente exigencia del consumo interno y del pedido del exterior, hacen que los ganados no aumenten en proporciones grandes. Nuestros productores prefieren al aumento en cantidad, el aumento en calidad.

De 1908 data el último censo ganadero y aunque al parecer no llenó todas las exigencias necesarias para que se le considerase un trabajo sin errores, en conjunto podemos aceptarlo para recordar cifras.

Total Puro por ciento Mestizo por ciento Criollo por ciento

Bovino 29.116.625 3.4 51.7 44.9

Lanar 67.211.754 1.8 82.5 15.7

Equino 7.531.376 0.7 22.5 76.8

Mular 465.037 — — —

Asnal 285.088 — — —

Caprino 3.945.086 — — —

Porcino 1.403.591 — — —

La poca inmigración que se dedica á la ganadería, y la población argentina numerosa que tiene en ella su riqueza, ha conseguido mejorar en cantidad los ganados, sin que sin embargo haya llenado aun su fin de una manera completa.

En cuanto á las otras industrias, sería simple trabajo de enumeración tomar cada una de ellas á fines de recordar cantidades: es innecesario desde que la marcha enunciada en el anterior capítulo, continúa sin mayores variaciones y sólo agregándose á las ya existentes alguno que otro ensayo de industria nueva. De cualquier modo recordaré estas pocas cifras: azúcar, producción, 127.322 toneladas; 20.915.509 litros alcohol; vino: 379.699.708 (segun censo industrial); cerveza, 86.256.062; tabaco, 9.922.286[63].

Pero la industria argentina, exceptuadas la agricultura y la ganadería, produce sólo para el consumo: la línea de exportación durante 1909 dió un valor total de 397.350.528 pesos oro; pues bien, de esa suma 153.548.356 pesos oro pertenecen á productos de la ganadería, y 230.756.095 pesos oro a productos de la agricultura. En cambio la importación está distribuída entre cantidad de productos de industrias distintas; son estas las principales cifras: substancias alimenticias, 23.014.691 pesos oro: materiales textiles y sus artefactos, 59.923.199 pesos oro; hierro y sus artefactos 36.575.232 pesos oro; locomoción y transportes, 31.711.285 pesos oro; materiales de construcción, 28.365.889 pesos oro.

Con todo, el saldo á favor, que en resumen es índice de riqueza nacional alcanzó á 94.594.433 pesos oro, notable cifra tratándose de un país nuevo, y más notable aun si se agrega que la renta aduanera por tales conceptos sumó 73.455.177 pesos oro.

Las naciones que tienen en la actualidad mayores relaciones comerciales con la Argentina, en consideración á los valores de importaciones y exportaciones, están en el siguiente orden: Reino Unido, Alemania, Estados Unidos de América, Francia, Bélgica, Italia[64].

Tanta cifra de riquezas y de comercio, unido á la escasez de reclamaciones de orden comercial internacional, supone otra cosa más: vale decir, que no ha de ser tan malo el régimen económico argentino, que no ha de ser tan corriente la mala fe y los abusos; de otro modo los hechos revelarían algunos datos que en la actualidad no revelan.

3. La tranquila vida política de todos estos últimos años ha influído para que el país prosperara. Sólo un conato de revolución nacional, el del 4 de febrero de 1905 y el cambio de presidencias en los casos determinados por la Constitución, son los hechos notables de la vida política: la interminable serie de revoluciones provinciales y la correspondiente intervención nacional, no deben considerarse sino como restos de algo que se extingue, de los cuales renacerán formas nuevas de organización ó la organización verdadera dentro de la forma actual.

El período de la presidencia del doctor Uriburu, á cuyo final pertenece el principio de la época que estudiamos, tuvo en lo económico las dificultades que origina el mantenimiento de la paz armada.

En 1898, por segunda vez ocupó la presidencia argentina el general Roca: continuaron los gastos y preparativos bélicos que afortunadamente cesaron sin que tuviera lugar la esperada guerra.

El aumento de la población y el desarrollo de la industria, del ejército, armada é instrucción pública, obligó á la reforma de la Constitución nacional, realizada en las postrimerías del anterior gobierno, de modo que desde el comienzo de éste, el poder ejecutivo contó con tres ministros más, y la representación nacional se hace con diferente base.

El agio y la inestabilidad de la moneda dió motivo á que se dictara la ley de conversión que aún subsiste. En fin, y como medida de honor nacional, á esta época pertenece también el arreglo de las deudas externas de Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, Tucumán, San Luis, San Juan y Catamarca.

En 1904 comienza el período presidencial del doctor Quintana, que con ideas de orden quería dejar honda huella de su paso por el gobierno. El doctor Quintana falleció poco después de su ascensión al poder.

No me corresponde y no deseo abrir juicio alguno referente á la presidencia del doctor Figueroa Alcorta. No obstante, si para el estudio débense tomar en cuenta los datos que llamaré científicos y los vulgares, ambos parecen demostrar que no podría el juicio ser favorable. Y esto no sólo en la faz política, en el sentido corriente del término. También en la faz económica. El doctor Osvaldo M. Piñero, autoridad insospechable, que en su carácter de presidente de la contaduría nacional ha podido observar de cerca el manejo de fondos públicos y los recursos económicos á que se ha acudido, en un artículo publicado últimamente mostraba cómo la sana práctica gubernativa de no gastar sino lo que se tiene y dejar el uso del crédito externo é interno para los casos de suma necesidad, había sido substituída por la emisión de títulos y colocación de empréstitos, sin ningún cuidado y por cualquier motivo. Apoyaba sus afirmaciones en hechos y cifras, y terminaba con estas palabras: «Hay, pues, que reaccionar francamente contra esta viciosa corruptela á que nos venimos entregando con tanta irreflexión. Debemos volver á la sana y prudente tradición financiera del país, que reservaba la autorización para negociar un empréstito, á casos muy contados; que por eso mismo daban lugar á una amplia deliberación de la representación nacional, y á un meditado estudio de los órganos de la opinión. El país tiene el derecho de ser informado é instruído en todos los casos en que se trate de aumentar el peso de la deuda pública, que él va á servir con sus ahorros; porque él sabe que en los días de tribulación financiera, en todo es posible realizar economías, menos en el servicio íntegro y puntual de la deuda pública. Y nuestro país, más que ningún otro de Sud América, tiene el deber de proceder con tacto, desde que le cabe el honor de haber sostenido ante el concierto de las naciones, en Río Janeiro y en La Haya, el principio de la abolición del cobro compulsivo de las deudas»[65].

Al mismo tiempo, el doctor Montes de Oca, presentaba en el congreso nacional un proyecto destinado á limitar la facultad del congreso de ordenar y autorizar gastos sin estudio ni cuidado alguno.

Quiere ésto decir que ejecutivo y congreso, halagados quizás por la abundante riqueza nacional han ido más allá de lo justo y necesario, obligando á los hombres que alcanzan á ver á alguna distancia, á levantar la voz para detener la corriente.

En cuanto á las manifestaciones diarias de la prensa y del pueblo, que acusaban al gobierno de malos manejos de fondos, injustas concesiones de tierras y algunas otras cosas por el estilo, no es posible tomarlas en cuenta en un trabajo serio, mientras no se consiga reunir los indispensables elementos de juicio.

4. En lo que á vías de comunicación se refiere, las líneas tendidas vinculan de continuo, poblaciones é individuos. Los antiguos sistemas de transporte se alejan cada vez más de los centros de civilización para ir á regiones más apartadas donde las necesidades los reclaman. Nuevas concesiones y líneas en proyecto, valorizan las tierras al solo anuncio de su proximidad. El 1o de abril de 1910 la superficie total recorrida por ferrocarriles en territorio argentino alcanza la cifra de 27.138,1 kilómetros. La red ferrocarrilera toca por el norte con Bolivia y deja concluído con ello un trozo del ferrocarril intercontinental proyectado; en Santa Fe llega á Resistencia; de Buenos Aires se llegará en ferrocarril hasta el Paraguay; por el oeste, Chile y la Argentina, han vencido y perforado los Andes y el tránsito de trenes es diario en el inmenso túnel; por el sur, se llega al Río Negro y en los territorios comienzan las construcciones de ferrocarriles. Nuevos sistemas se ponen en práctica; el ferriboat atraviesa el Paraná, y la exposición ferroviaria con la simple y sencilla muestra de los sistemas nuevos y de los antiguos no solo da á conocer los adelantos inmensos, sino también el carácter de buenos entre los mejores que revisten nuestros ferrocarriles.

El telégrafo se extiende en toda la república y alcanza los últimos adelantos de la materia: el inventor del telégrafo sin hilos visita la Argentina con el deseo de establecer la comunicación directa con Europa. Los teléfonos son comunes en todas las ciudades de alguna importancia.

El correo alcanza las más remotas regiones y necesita para cumplir su misión el trabajo de 10.121 empleados.

Las ciudades todas tienen líneas de tranvías y la electricidad substituye paulatinamente á la fuerza animal.

5. La enseñanza primaria, base de toda democracia, ha continuado el impulso que se le diera en el período anterior: las provincias pobres no pueden costearla y la nación se ve en la necesidad de socorrerlas con subvenciones para que puedan llenar esa misión primordial; desgraciadamente una vez que tienen asegurada una ayuda nacional para tales fines, olvidan que esa ayuda no debe ser regla, la incorporan á sus cálculos y no siempre se les da el destino para el que se las había previsto: la nación entrega las sumas y no interviene en la repartición de ellas. Olvídase que el artículo 5o de la Constitución nacional exige como condición para que el gobierno federal garantice á cada provincia el goce y ejercicio de sus instituciones, que ellas á su vez aseguren la administración de justicia, el régimen municipal y la educación común.

Afortunadamente la ley Láinez invadiendo con suavidad y diplomacia las jurisdicciones provinciales promete asegurar en ellas la educación con escuelas y hechos más positivos que sus constituciones[66].

ESCUELAS DE LA LEY 4874

Provincias Educandos Escuelas

Alumnos en 1910 según datos estadísticos incompletos La inscripción anterior corresponde al siguiente número de escuelas Inscripción calculada para 1910 en noviembre 30 Inscripción en 1909 Aumento habido en 1910 Escuelas existentes el 31 de diciembre de 1909 Creadas en Total de escuelas en enero 31 de 1911

1910 1911

Buenos Aires 3.801 54 3.900 1.554 2.346 21 77 29 127

Santa Fe 7.319 90 7.400 2.842 4.558 30 66 — 96

Entre Ríos 5.046 49 5.100 4.485 615 44 14 — 58

Corrientes 4.913 39 5.000 4.783 217 35 7 65 107

Córdoba 4.832 47 4.900 3.604 1.296 38 3 47 98

San Luis 7.708 146 8.500 3.622 4.878 45 138 — 183

Mendoza 3.750 34 3.750 3.674 76 31 21 1 53

San Juan 6.737 59 6.737 4.685 2.052 40 29 — 69

Santiago del Estero 7.591 104 7.600 4.677 2.923 58 64 26 148

Catamarca 8.235 91 8.500 3.862 4.638 43 57 — 100

La Rioja 3.824 35 4.001 4.001 — 33 12 7 52

Tucumán 3.899 43 3.900 3.788 112 40 43 25 108

Salta 5.150 82 5.200 3.183 2.017 40 54 7 101

Jujuy 2.134 38 2.134 1.538 596 28 10 3 41

Totales 74.939 911 76.622 50.298 26.324 526 605 310 1341

«Por la fecha en que nos encontramos, no es posible tener la estadística completa del año 1910. Aproximadamente se calcula que habrán funcionado 950 escuelas con 76.000 ó 77.000 alumnos».

Son considerables los progresos de la instrucción primaria pero alejándose de las ciudades grandes, y de los lugares de mayor población, sobre todo internándose en la república, es todavía muy deficiente. Hasta se ignora el idioma en algunos lugares apartados: he tenido oportunidad, en un pueblo de Santiago del Estero, de verificar el hecho: hombres, criollos al parecer, vestidos á la usanza nuestra, no han entendido lo que les decía en castellano y alguien que me veía asombrado, me expresó que aquellas gentes sólo entendían el quichua. Cosa por el estilo pasa en algunas poblaciones de Corrientes en que solo entienden guaraní.

La enseñanza secundaria y normal, no obstante todos los perjuicios que sufre algunas veces por obra de ministros que son políticos, y no hombres que conozcan los problemas educacionales, ha aumentado si bien no en intensidad, en cantidad, contándose ahora 27 colegios nacionales y 44 escuelas normales. Desde algunos años se intenta la formación del profesorado secundario, aunque hasta ahora sean inciertos sus resultados, no obstante rumbosidades de institutos especiales.

En fin, completan la educación general los institutos para determinadas enseñanzas.

La enseñanza superior ha agregado una universidad más, la de La Plata, y se han dado últimamente grandes ventajas á la universidad provincial de Santa Fe.

La educación en general, en sus diversas ramas, ya es materia nacional. Es producto nuestro, hecho por nuestros hombres. Se aceptan determinados planes extranjeros ó se emplea algunos profesores contratados en Europa. Pero en general, los hombres que se dedican á todas las enseñanzas desde el maestro de grado hasta el rector de la universidad, son argentinos. Y todo podría serlo, aun los institutos para los cuales se traen de fuera profesores, si no existiera la tendencia general en nuestros hombres de creer como axiomática verdad lo que le dice un libro extranjero ó lo que cuenta cualquier sabio ú orador que nos visita, sin fijarse que lo mismo decía uno de los nuestros de quien no se hacía caso; ha sido así necesario que se trajera profesores alemanes para que se creyera en la necesidad de preparar el profesorado secundario, olvidando una de las funciones que desempeñaba la Facultad de Filosofía y Letras: ha sido necesario que Clemenceau nos dijera lo que era la democracia para que creyéramos que nos dábamos cuenta de ello: que Ferri nos repitiera con su mágica palabra lo que tantos nos dicen; que France cantara, quizás con ironía, nuestra grandeza, ó la expresara con calor Blasco Ibáñez para que nos complaciera tal estado. En fin, que Lorini mostrara nuestros vicios políticos y administrativos para que nos alarmáramos, como si no estuviéramos á diario sintiendo sus consecuencias.

La educación, decía, se hace nacional, en el sentido de que nos bastamos para darla. Y es éste uno de nuestros grandes progresos, y un factor de la transformación social argentina. Creo que el fin de todos nuestros adelantos debe ser convertir en trabajo nacional todo lo que pudiendo ser nacional está en manos extranjeras: la fabricación de máquinas, las faenas agrícolas, las grandes industrias... Hacer que el pueblo nuevo, transformado, el argentino descendiente de extranjero ó que aun lleve en su sangre recuerdos del aborígen adapte á sí todo lo que no ha adaptado hasta ahora y sepa bastarse á sí mismo. Y bien, por fortuna la educación ha avanzado mucho en ese camino.

6. En esta época, los adelantos periodísticos han colocado á la prensa argentina entre las mejores del mundo. El desarrollo de las bellas artes no ha tomado aun carácter nacional y su estado no difiere del que mencioné en el anterior capítulo. Las diferentes religiones no causan problema alguno entre nosotros, desde que la libertad de cultos existe y es una de las mejor aseguradas. Vivimos con las costumbres europeas y sus modificaciones de adaptación local y las costumbres de tierra adentro, de todos conocidas, por lo menos de oídas, imprimen algunas características especiales que tienden á desaparecer.

7. Antes de terminar y como hechos que también entran como factores en la transformación social que se opera, y que tienen sus raíces y su fuerza en la inmigración, es deber recordar la existencia del socialismo, que recién nacido en la época anterior es adulto en ésta, y del anarquismo, cosa bien distinta aunque á veces se les confunda de la manera más lamentable.

Respecto del socialismo, he ya referido á su origen en la Argentina y su foco en la capital: entiendo hablar del socialismo del partido socialista; no de las asociaciones de obreros que toman nombre parecido: lo hago así porque es el primero el que se presenta como movimiento solidario en la Argentina, de los movimientos de la clase obrera de Europa.

Con la industria, con los deseos y aspiraciones proletarias, con el constante encarecimiento de la vida, el hecho extraño se hace cuestión nacional; los obreros son muchos, el partido crece, hombres intelectuales argentinos se ponen á su cabeza; los pocos socialistas de la época anterior forman ahora millares, se disciplina el partido y en las elecciones da ejemplo de civismo y honradez, cumpliendo con el deber de votar y no comprar electores. Podrá ó no tener razón de ser el socialismo, considerado como semejante al europeo, y podrán ó no ser exactas las afirmaciones del profesor Ferri al respecto; mas lo cierto es que el partido socialista tiene aspiraciones delineadas, muy distintas de las cartas orgánicas de tantos partidos que mueren después de un tiempo de parálisis infantil; cierto es que la cuestión obrera, semejante ó no á la de Europa, se presenta en nuestra tierra, y dentro de ella con caracteres bien distintos en la capital de los que tiene en las provincias. En una ú otra forma, resultará siempre cierto que «las naciones de este continente no podrán impedir que el socialismo las invada, más temprano á las unas, más tarde á las otras, á todas cuando las formas productivas nuevas hayan desalojado por completo á las antiguas y coordinado así el hecho de la propiedad con el modo de producción»[67].

El partido, formado en un principio con elementos europeos, ha seguido una orientación fija, luchando sin desfallecimientos, explicando razones, aunque por desgracia no siempre se hayan mantenido todos sus elementos en el camino de orden y conquistas paulatinas, que son parte de su programa. Se ha apoderado de almas argentinas, les ha explicado cómo el internacionalismo no se opone al patriotismo y como puede conciliarse con él[68]; en fin, ha fundado diarios que divulgan sus ideas.

Sea como consecuencia del constante reclamo de los representantes del elemento obrero, sea por convicción traída por el análisis de hechos, la legislación argentina ha debido por necesidad ser pródiga en proyectos y leyes de trabajo. Es de allí que se ha originado notable proyecto de ley nacional del trabajo, del doctor Joaquín V. González, y el departamento nacional del trabajo, la ley sobre trabajo de mujeres y niños, los proyectos sobre accidentes del trabajo, seguros de obreros y tantos otros. En cuanto á la ley de residencia y la de seguridad social se refieren á la defensa respecto de elementos perturbadores y anárquicos, y no á los reclamos de los socialistas.

El socialismo argentino, hecho nuevo llamado á tener grandes consecuencias, nacido cuando las condiciones generales del país y la transformación de su vida industrial y de sus elementos étnicos lo hicieron posible, es uno de los hechos más característicos de la vida argentina contemporánea.

Cosa bien distinta al socialismo es el anarquismo. Hace más de quince años, el representante argentino en Washington, enviaba á nuestro gobierno una recopilación é informe sobre los medios de represión del anarquismo, puestos en práctica en las naciones de Europa. Ni entonces ni después, por mucho tiempo, se pensó que fuera posible que el anarquismo echara raíces, y pudiera existir en la Argentina.

Esta tendencia nació con Bakounine á mediados del siglo pasado: considerando á las clases obreras incapaces de mantenerse emancipadas una vez que hubieran conseguido tal estado, creía de mayor conveniencia limitar la propaganda á lo que fuera destrucción y mantener tal orden ó mejor dicho tal desorden como ideal de situación permanente. La Alianza de la democracia socialista, siguió sus ideas[69]. De allí en adelante el anarquismo se fué separando cada vez más del socialismo, hasta ser dos cosas completamente distintas. Sus secuaces han invadido toda Europa, y han comenzado por las vías de hecho á realizar su programa final.

La creencia en la imposibilidad de su introducción á nuestra tierra fué debilitándose cuando se vieron signos inequívocos de su existencia en ella. Apareció primero un diario, La Protesta; se formó después un partido que las gentes confundieron durante algún tiempo con los socialistas; un día estalló la primera bomba anarquista que mató á un niño: la población y la prensa se alarmó llamando á aquél, día de luto en los anales argentinos. Los gobiernos, no obstante considerar insuficiente y de aplicación equívoca la ley de residencia sancionada pocos años antes, nada hicieron, pasado el primer momento de excitación. Luego, los hechos fueron de más serias consecuencias: el jefe de policía de la capital y su secretario fueron víctimas de una bomba anarquista. Después otra bomba anarquista hizo estragos en el teatro Colón de la misma ciudad; entonces se comprendió la necesidad de evitar que aquellos hechos se repitieran y á toda prisa se sancionó una ley de seguridad social, en la que se reprime á todo trance, sin que á la sanción de ella precediera un estudio serio del problema. No obstante, no era por falta de datos y conocimiento de la situación que el estudio no se hacía; era más bien por pereza criolla. Poco tiempo antes de su muerte, el jefe de policía de la capital, coronel Falcón, en una nota elevada al ministro del interior exponiendo sus vistas sobre los acontecimientos socialistas y anarquistas que se sucedían en el país en esos días,—mayo de 1909,—recordaba entre los factores de la violencia, el sectarismo anarquista: «éste conglomerado el más peligroso como representación doctrinaria, era ya conocido por la policía. Guarda en su seno todo lo que tiene de disolvente y destructor el organismo social, todos sus ideales van á una negación y lo mismo que en otras partes entre nosotros, su lema es la propaganda por la acción, acción revolucionaria de destrucción pura y simple. Arrasar con lo existente por cualquier medio, sin elegir: destruir, porque nada debe existir organizado... cualquiera que sea la teoría parcial que profesen los varios grupos en que se divide y disienten, sólo coinciden en la supresión absoluta de toda entidad social orgánica»[70].

El programa del partido anarquista de la Argentina, lo conoce desde tiempo el público: en cuarta hoja de La Protesta se han publicado hasta hace poco los «fundamentos de la idea anarquista». Declarábase allí: 1o, los anarquistas son irreligiosos, porque consideran que las religiones son medios de explotación é hipótesis absurdas; 2o, el capital es una explotación; 3o, el gobierno es una entidad inútil que sirve sólo para mantener la explotación capitalista; 4o, la política es lucha de ambiciones; los anarquistas son impolíticos; 5o, las leyes favorecen á los privilegiados; los anarquistas son adversarios de toda legislación; 6o, la división de la tierra en patrias, es injusta, el mundo es de todos; los anarquistas proclaman la abolición de las patrias. «Síntesis: los anarquistas queremos una sociedad en que cada hombre se gobierne á sí mismo y en la que los medios de producción estén al alcance de todos los hombres. Anarquía es la vida libre, sin que política, ni social ni económicamente un hombre predomine sobre otro.»

En otro documento explicaban la anarquía como hecho congénito de la especie, nacida en los primeros tiempos de la humanidad, y ahora cuerpo de doctrina: independiente de cualquier otro, con límites y caracteres netamente definidos: agregando: «si bien aceptamos las luchas de clases como una ineludible fatalidad histórica, somos humanistas, puesto que vamos á la abolición de todos los privilegios, á la liberación de todos los hombres en una sociedad de igualdad y de justicia. Nos oponemos, pues, á la tendencia que en nombre de un mal entendido determinismo económico ó social nos llevaría solamente á una nueva tiranía obrera ó anarquista, que no sería la mejor de las tiranías. Por estar convencidos de que tanto para los individuos como para los pueblos son necesarios grandes ideales que sirviendo de lenitivo á los sinsabores de las tremendas luchas del presente, sean también estrellas directrices en el camino áspero del progreso, propagamos el comunismo anárquico como forma suprema de la futura convivencia social»[71]. Á continuación, habla el manifiesto, de cómo en la Argentina el anarquismo tiene razón de ser, y usa de los términos de grueso calibre habitual en aquella literatura.

De todas estas cosas se desprenden para nuestro estudio diversas consecuencias: en primer lugar, la existencia en la Argentina de anarquistas que forman partido y desean la destrucción de todo régimen; 2o, la existencia, por propia confesión, de anarquistas que buscan mejoras sociales, sosteniendo que la destrucción de todo régimen es el ideal que se tiene en vista para la acción, aunque no se crea en su posible realidad; 3o, la separación absoluta entre socialistas y anarquistas, separación que da motivo á la formación de dos partidos distintos, con métodos é ideas diferentes, y que por error se les confunde con frecuencia.

Entiendo que el anarquismo es un partido equivocado, cuya existencia es un peligro para la humanidad: pero entiendo también, que dado que su existencia en la nación está probada, se impone el estudio científico de esta manifestación social para encontrar los medios de prevenirlo; la investigación respecto de la parte de verdad que puedan tener sus afirmaciones que se refieren á hechos injustos, para evitar todo reclamo con fundamento, y al mismo tiempo para tener, al aplicar penalidades, la conciencia de proceder dentro de la más estricta justicia.

El elemento anarquista es en su mayoría extranjero, pero la constante propaganda, hace secuaces entre los argentinos. Tengo informes de que muchos obreros que trabajan en el puerto de la capital, que son argentinos, sobre todo los naturales de Corrientes, se hacen anarquistas. La propaganda es certera: pocas ideas vagas, dos ó tres precisas, que hieren sentimientos comunes: el de la injusticia del régimen económico sobre todo, el de humillación después; basta entonces que la idea caiga en el cerebro de un hombre con poco desarrollo intelectual y de algún carácter, y se tiene allí formado un anarquista.

He tomado con alguna detención estas dos manifestaciones de la vida argentina contemporánea porque concurren á caracterizar una época. No sólo en la composición étnica de la población, en los progresos en todas sus formas, en el estado económico, se nota la transformación social; se ve también que las ideas traídas por la inmigración fecundan en esta tierra; que hechos sociales nuevos, de la mayor importancia, acompañan á la transformación incesante. En 1853 nadie hubiera podido pensar en la existencia en la Argentina de lo que después sería el anarquismo, ni siquiera en los socialistas. Hoy, la realidad la evidencia.

8. Con ello concluyo el bosquejo de nuestra época: que los adelantos de la industria, del trabajo y de la ciencia, marchen acompañados de la justicia, del orden, del buen gobierno, para que sean infundadas las ironías de la Europa respecto de nosotros; que se respeten las autoridades, y que éstas á su vez ayuden á los trabajadores, eviten las protestas y mitiguen amarguras. Así podrá la Argentina festejar el segundo centenario de la revolución de mayo, con un himno verdadero de victoria!

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