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Las transformaciones de la sociedad argentina y sus consecuencias institucionales (1853 à 1910)

CAPÍTULO III 1895: EL SEGUNDO CENSO NACIONAL

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1. La sociedad argentina de 1895. Inmigración; medidas protectoras. La tendencia anti-extranjera. Los naturalizados.—2. Cambios políticos y situación económica.—3. Vías de comunicación.—4. Agricultura y ganadería; otras industrias.—5. Las ciencias y las artes.—6. La educación é instrucción pública.—7. La legislación.—8. El socialismo. Conclusión.

1. El segundo censo nacional se realiza en 1895, bajo la dirección del mismo doctor Diego G. de la Fuente que veintiseis años antes había presidido la confección del primero.

En esta época se pudo hacer la operación con mejores elementos: el país se conocía más, las estadísticas eran llevadas con mayor cuidado, se habían realizado censos locales en épocas diversas, existía mayor facilidad de comunicaciones, factores todos que ayudaron en la obtención de buenos resultados.

Los cambios y transformaciones que el censo tradujo, admiran, pareciendo imposible que sea sólo la distancia de veintiseis años la que media entre la nación como era según hemos tratado de comprenderla en el anterior capítulo, y la que las cifras del segundo censo nos dan.

Para llegar á penetrar estos cambios, no se puede tomar simplemente las dos épocas y hacer comparaciones. Es necesario seguir el desarrollo cuanto sea posible. Ver por qué se transforma, cuáles influencias determinan los cambios, qué orientación dan á las leyes é instituciones políticas.

El factor étnico, al que con preferencia se refiere este trabajo, impone de la causa de muchos cambios, como afirma el carácter de nacionalidad por raza en formación. Para que una nacionalidad tal, adquiera sus modalidades distintivas, son necesarias cantidad de adaptaciones y de evoluciones.

Comenzaré pues, por el factor étnico, para estudiar luego las transformaciones materiales, relacionando uno y otras con las disposiciones legales que ha motivado ó que las han favorecido.

El número total de inmigrantes arribados por año, que en 1869 era aproximadamente de 38.000, aumentó con variaciones más ó menos grandes; en 1873 alcanza á 76.000, para disminuir luego y aumentar de nuevo, pasando por primera vez en 1885 de 100.000; en 1889 llega á la cifra de 220.000 y desciende de nuevo: se cuentan en esta línea los llegados por vía de Montevideo.

Á los italianos les correspondió siempre el primer lugar: en 1873, de los 48.000 llegados por vía de ultramar, 27.000 eran italianos; en 1881, de 80.000 eran 63.000; en 1889, 88.000.

Españoles, franceses, ingleses, ocupaban los puestos siguientes y luego los súbditos de los países que los ocupaban también en la época anterior.

Á todos ellos se agregó una nueva corriente de rusos, holandeses, portugueses, norteamericanos en número que obliga á tenerlos en consideración, pues que cruzándose con nacionales y extranjeros de otros países residentes aquí, tendrían también su parte en la formación del tipo argentino.

El gobierno continuó fomentando la inmigración con medidas de índole diversa: unas veces se creyó que la espontánea era la mejor, más económica y más verdadera en el sentido de la posibilidad de su arraigo en el país; otras, en la necesidad de la protección amplia, con pasajes, alimento, tierra garantida; alguna vez se estimó necesaria la propaganda en Europa y fueron comisionados con ese fin. El 10 de agosto de 1869 se creó la Comisión central de inmigración, que duró en su funciones hasta 1874. Sus proyectos, consejos y resoluciones encontraron buena acogida y sus planes de colonización recibieron el apoyo y el concurso de hombres influyentes de todas las nacionalidades[52].

En 1875 se autoriza al poder ejecutivo para fomentar la inmigración dando tierras y facilitando el establecimiento de los inmigrantes. En 1876 se dicta la extensa ley de inmigración y colonización en la que con el convencimiento completo de la necesidad y conveniencia de la inmigración, como asimismo con la visión clara de los medios propios para atraerla, se establecen disposiciones referentes al régimen administrativo y las funciones del departamento de inmigración; á los agentes en el exterior, á las comisiones de inmigración en las ciudades capitales de provincia, á las oficinas de trabajo que debían establecerse en Buenos Aires y en las capitales donde existiera comisión de inmigración; al desembarco de inmigrantes, á los buques conductores de inmigrantes, y beneficios que se les acordaban; al alojamiento y manutención, enfín á la internación y colocación, y los fondos para realizar tales propósitos.

Nuevas medidas dictadas en 1887 y 1889, completaron aquellas benéficas disposiciones, con resoluciones sobre construcción de hoteles de inmigrantes, anticipos de pasajes, propaganda, etc.

Es curioso observar, que aun cuando la Constitución entiende facilitar el establecimiento de inmigrantes que traigan por objeto no sólo cultivar la tierra, sino también ejercer las industrias, etc., la mayor parte de las medidas adoptadas en esta época, en la posterior y hasta ahora, relacionan de una manera casi exclusiva la inmigración con la agricultura y establecimiento de colonias. La misma ley de 1876 es ley de inmigración y colonización. Las provincias á la vez que la nación, en leyes y decretos tienden á fines semejantes.

La provincia de Buenos Aires dicta la ley de egidos, estableciendo formas para la venta de tierras, y en 1887 tiene origen la famosa ley de centros agrícolas, tan discutida, tan buena en abstracto y desastrosa siempre por las facilidades para negocios pocos limpios. Surgen así en Buenos Aires pueblos agrícolas que impulsan el adelanto de la provincia.

La colonización en Entre Ríos, á su vez hace grandes adelantos, y acertadas medidas de gobierno le permiten presentar en 1895, 176 colonias.

Corrientes también, desde 1869, toma disposiciones respecto de la inmigración, con la ley de tierras reservando lugares para el establecimiento de colonias agrícolas; en 1876 con el contrato para el establecimiento de la colonia agrícola industrial «Corpus», y con el celebrado en 1877 con los señores Firmat, Napp y Wilken para colonizar Misiones. En 1895 podían contarse en Corrientes 25 colonias, aunque no todas hubieran debido su origen á esas disposiciones, y aunque algunas fueran colonias sólo en el nombre.

Santa Fe más que todas, admira con sus progresos. Sus gobiernos se preocuparon de inmigrantes y colonias con un empeño digno de los mejores recuerdos. El señor Alsina en la obra citada, enumera[53] todas las medidas de gobierno que tienden á la colonización, y á protección de inmigrantes: desde las medidas anteriores á esta época prohibiendo la venta de tierra pública en previsión de futuras colonias (1853), hasta los contratos con Castellanos ó con Romang, cediendo al primero tierras para que establezca colonias y construya un ferrocarril, y vendiéndolas al segundo á condición de que las pueble con familias agricultoras traídas de fuera de la provincia; las medidas de gobierno, ayudando eficazmente á las condiciones del terreno, han dado á Santa Fe el rango importante que ocupa como provincia colonizadora por excelencia y que le permitieron presentar en 1895, 298 colonias.

Á las provincias anteriores sigue en importancia y como consecuencia de la expansión de las colonias de Santa Fe, la provincia de Córdoba, que se inició con las fundación de la colonia «Tortugas» en 1879; dictó en 1871 una ley que destinó 200 leguas para la inmigración espontánea, exonerándola de impuestos, facilitándo semillas á los agricultores, etc., ley que se completa con la de 1886, que estableció la formación de colonias, concesiones de campos y solares, facilidades para la adquisición de tierras, etc. Córdoba tenía en 1895, cerca de 150 colonias, aunque debamos hacer para esta provincia también la misma salvedad que hicimos para Corrientes.

Recordemos también como resultado de la expansión santafecina, el comienzo de colonización en Santiago del Estero, que dió en la época á que nos referimos, cuatro colonias.

Todas estas medidas provocaron grandes progresos en el país y convirtieron extensas regiones antes incultas, en hermosos prados, fuentes de riqueza nacional.

Pero no quiero dejar de repetir mi observación de que la mayor parte de las medidas gubernamentales han tendido al establecimiento de colonias agrícolas y que al atraerse la inmigración se ha tenido como principal punto de mira el cultivo de los campos. Cierto es que ese cultivo es de valiosísima importancia y que representa un gran factor de riqueza argentina, el que exige mayores consideraciones, pero es cierto también que no es el único. El examen de la vida argentina y de sus progresos, los revela en muchas manifestaciones de la actividad. El progreso y la riqueza no están sólo en las hectáreas cultivadas. Lo están también en las artes y en las industrias de toda especie; y bien, las medidas tendientes á la protección de las industrias son escasas; para algunas no existen; para otras los impuestos son exorbitantes; enfín para otras más, como el laboreo de las minas y el cultivo de los bosques, no sólo no cuentan con ninguna protección, sino, lo que es peor, se admite que sean combatidas indirectamente, como lo son con los fletes elevados, á tal punto que se prefiera importar tales productos á elaborarlos en el país.

Creo que pueden y deben protegerse las industrias nacionales con disposiciones correspondientes á las que se han tomado para la agricultura. Hay modos más eficaces de protección, que las exorbitancias aduaneras á los productos extranjeros, que sólo encarecen la vida. No son necesarias medidas de proteccionismo aduanero para que prosperen las industrias. El proteccionismo bien entendido debe estimular y favorecer la industria dentro del país, eximiendo de impuestos á las máquinas, rebajando contribuciones, facilitando y favoreciendo la inmigración apta para esos trabajos, con preferencia al exceso de impuesto en beneficio de unos pocos industriales.

Además de la inmigración que arroja millares de brazos agricultores é industriales, futuros padres de individuos argentinos, dos hechos de suma importancia para la constitución de la raza argentina registra esta época: el primero es la constante disminución del elemento negro. Esta época no hace en ello sino continuar la anterior. El elemento negro tiende á desaparecer con gran rapidez: primero las guerras en que se les hacía servir, después las enfermedades y pestes que parecían encontrar en ellos buen material de consumo; los cruces enfín lo han disminuído hasta casi hacerlo desaparecer. En 1869 era corriente y de muchas veces al día, ver individuos de color. En la época del segundo censo, como ahora, se pasan días y semanas sin notar su presencia, excepto para los habitués á ciertas oficinas públicas, en las que los restos de la extinguida falange llenan con gravedad las funciones de porteros.

El segundo hecho á que entiendo referirme, es la conquista del desierto, la liberación para siempre de territorios inmensos sometidos á la autoridad del indio semicivilizado, que asolaba sin descanso las poblaciones vecinas y hacía incómoda y peligrosa la vida en aquellas apartadas regiones. La conquista del desierto que terminó el 24 de mayo de 1879, entregó á la civilización extensas regiones que hoy puebla el elemento blanco en villas, chacras, estancias.

La inmigración que aumentaba el número de habitantes de nuestro territorio, continuó en este período; la distribución se hizo en la misma forma y regiones á que hemos referido en el anterior capítulo; fué así por razones geográficas y climatéricas fáciles de comprender. Con ella fué el progreso, y en general sólo existió éste donde aquella llegó. Digo en general, porque hay excepciones, como lo son Mendoza y Tucumán. En estas provincias los progresos son evidentes, no obstante que la inmigración europea fuera relativamente escasa. Mendoza con sus vinos y Tucumán con el azúcar, han alimentado industrias de la mayor importancia en que el elemento nacional ha trabajado grandemente, aun cuando ciertos procedimientos, ideas ó reformas correspondan á algunos extranjeros. Las provincias mencionadas han experimentado así adelantos que las colocan en el orden del trabajo en igualdad de condiciones á la capital, provincia de Buenos Aires y provincia de Santa Fe[54].

La población aumentó mucho es verdad, más no todavía en relación con las posibilidades de su crecimiento. El número absoluto de población fué en 1869, 1.830.214 habitantes: en 1895, 4.044.911, lo que representa un aumento de 121 por ciento que si bien es notable en abstracto, no lo es si se considera que en él está comprendido el aumento vegetativo de los nacionales, el inmigratorio de una poderosa corriente y los hijos de los inmigrantes. En cuanto al aumento proporcional es sumamente irregular: desde Santa Fe con un 346 por mil, la Capital con 255 por mil, ó Buenos Aires con 199 por mil, hasta Jujuy con 23 por mil, Santiago con 21 por mil y Catamarca con 13 por mil, lo cual es realmente poco.

Mas adelante, (pág. 140-141) se encuentra un cuadro semejante al que hice con los resultados del censo de 1869 (pág. 65).

Sus cifras revelan la desproporción en el aumento de población en diferentes regiones; la zona litoral tiene un aumento de 1.700.000 en un total de 2.200.000, desproporción enorme que pone de manifiesto la influencia de la geografía física en los destinos de un pueblo.

La importancia numérica de las respectivas inmigraciones guarda como se ha dicho el siguiente orden: italiana, española, francesa, inglesa (hasta 1881 en que es superada por la alemana, con excepción de alguno que otro año.) Siguen luego la austriaca, suiza y belga. Á partir de 1890 la inmigración rusa adquiere una importancia grande, tan grande que en años posteriores lucha hasta con la italiana y española para lograr los primeros puestos. De tal influencia corresponderá ocuparnos en el capítulo siguiente. Inmigración de difícil amalgama, puede, si logra mezclarse con la población ya establecida, introducir profundos cambios en nuestra constitución étnica, que tal vez sean perjudiciales más que favorables.

Ya no es posible en la época de que tratamos seguir á cada nacionalidad para descubrir los progresos que se le deben. Los extranjeros se incorporan á nuestra vida y ponen á la Argentina en la corriente de la civilización europea. Las industrias, las ciencias, las artes, no se presentan como exclusiva pertenencia de una ó dos colonias ó grupos de extranjeros pertenecientes á algún país: pertenecen á todos, todos traen algo y los argentinos dan también.

Total Argentinos Brasileros Otros hispano americanos Norte americanos Alemanes Austriacos Españoles Franceses Ingleses Italianos Suizos Rusos Otros estados Asiáticos Africanos

Capital 663.854 318.361 1.380 21.640 591 5.297 3.057 80.352 33.185 6.838 181.693 2.829 1.257 14.778 64 176

Buenos Aires 921.168 636.882 720 13.615 330 3.154 2.458 70.003 35.139 8.764 140.249 2.699 2.039 66 50

Santa Fe 397.188 130.701 546 4.617 129 4.475 1.896 21.163 10.272 2.944 109.634 5.522 1.099 29 102

Entre Ríos 292.019 128.130 1.102 12.032 73 1.794 2.189 6.421 4.828 660 21.043 2.034 10.328 15 41

Corrientes 239.618 217.677 8.977 6.003 16 272 110 1.548 870 162 3.456 86 2 7 13

Córdoba 351.223 315.706 92 735 31 1.061 993 5.442 2.747 365 22.230 722 290 11 25

San Luis 81.450 79.327 10 227 4 30 24 573 257 51 809 60 1 — 10

Santiago del Estero 161.502 159.195 14 98 1 41 73 451 278 52 1.093 68 6 12 —

Mendoza 116.136 100.240 24 5.395 27 227 249 1.851 2.467 114 4.148 160 18 21 9

San Juan 84.251 78.929 6 1.581 6 52 36 1.842 737 17 863 71 1 47 8

Rioja 69.502 68.666 1 356 2 13 12 89 51 11 238 3 — 3 —

Catamarca 90.161 89.096 1 276 2 30 21 178 101 14 349 5 2 8 2

Tucumán 215.742 205.035 105 652 13 254 176 3.985 1.353 148 2.293 166 6 93 5

Salta 118.015 113.477 4 3.029 8 73 55 442 130 13 687 21 3 25 1

Jujuy 49.713 45.089 23 3.870 6 19 22 183 84 46 264 6 — 7 —

Misiones 33.163 16.334 11.630 4.227 3 119 12 260 120 23 308 24 — 6 12

Formosa 4.829 2.392 23 1.806 3 25 145 118 99 3 196 5 —

Chaco 10.422 7.555 36 804 2 34 174 408 306 49 954 39 —

La Pampa 25.914 21.373 14 811 3 61 36 2.919 849 102 602 27 —

Neuquen 14.517 5.505 1 8.881 4 13 1 41 30 5 29 3 —

Río Negro 9.241 7.614 1 760 3 48 15 307 143 32 257 25 —

Chubut 3.748 2.203 12 130 21 12 13 55 16 1.099 168 1 —

Santa Cruz 1.058 556 2 137 1 35 12 75 31 148 27 8 —

Tierra del Fuego 477 271 1 24 2 4 24 69 5 26 36 5 —

3.954.911 2.950.384 24.725 92.026 1.381 17.143 12.803 198.685 94.098 21.788 492.636 14.789 15.047 14.778 414 454

Los italianos avanzan en número y progresos, incorporándose á nuestra vida: las colonias agrícolas les cuentan por millares; sus capitales afluyen y les permiten en 1872 fundar el Banco de Italia y Río de la Plata. Nuevos diarios les comunican: el Operaio Italiano después Patria d’Italia, L’Italia Platense, La Rassegna Italiana; cantidad de sociedades les agrupan, sus artistas invaden los teatros, enfín, su influencia se revela en la Exposición continental de 1882.

Los hijos de Francia cuentan con la construcción del ferrocarril de la provincia de Santa Fe, con la acción de Lacroze, Ringuelet, con las numerosas industrias y colonias. Desde 1884 tienen una sociedad de protección de inmigrantes franceses que presta grandes servicios. Desde 1883 data la introducción á la República de grandes capitales franceses y de poco después la colocación en Francia de empréstitos argentinos.

Los ingleses son capitalistas por excelencia: ferrocarriles, tramways, colegios, industrias de toda especie donde son necesarios fuertes desembolsos, cuentan á los ingleses como dueños. Muchos de ellos son también estancieros y algunas de sus costumbres, de todos son imitadas: los sports y ejercicios físicos tan en boga no tienen otro origen.

Desde 1880 adquiere importancia la inmigración alemana y aun antes se introducen grandes capitales que pertenecen á alemanes: en 1872 empieza la navegación alemana con el Bahía de Hamburgo S. A.; sigue en 1876 con el establecimiento del Lloyd Alemán, y en 1873 con el de la compañía Hamburguesa Cosmos. Y entre las grandes industrias, baste recordar la compañía Trasatlántica de Electricidad, los nombres de Kraft, Peuser y la Compañía Sudamericana de Billetes de Banco. La colonización, mucho les debe: Krell, Herland, Norden, Holdz, Goedecken, Stroeder, son decididos emprendedores. Enfín, Lorenz autor de Estudio sistemático de la flora argentina y Burmeister, son en esta época los representantes de la ciencia alemana en la Argentina.

Muchos combaten la inmigración de ingleses y alemanes: se dice no sin razón que, de sangre diversa, son de difícil adaptación; que fundan colegios donde se enseña á los hijos que es Inglaterra ó Alemania la patria y no la Argentina. Sin embargo el peligro es relativo y la causa de esta actitud débese, más que á sangre distinta, á intenso amor hacia la patria lejana, que hace desear á los padres que los hijos sean también de aquélla. Esperanza efímera, sin duda, desde que si el colegio les conserva alemanes ó ingleses, en cambio, les harán argentinos la universidad, las amistades, el trabajo, la vida toda. En este sentido, estoy de acuerdo con el señor Tjarks en su estudio sobre la actuación de los alemanes en la República Argentina; cree que ese cariño que los inmigrantes guardan á su país de origen, no sólo no perjudica, sino que puede ser útil á la nueva patria, «un mal ciudadano de la antigua patria nunca podrá ser bueno en la nueva. Una buena educación hará revivir y proseguir en los hijos estas virtudes y formar buenos ciudadanos que serán hombres útiles á su patria».

El número de uniones entre nacionales y extranjeras, ó viceversa, también ha aumentado en grande escala. El censo de 1895 no da el número de argentinos casados con extranjeras ó de extranjeros con argentinas, pero la simple observación diaria muestra que esas uniones son completamente comunes y que no tienen nada de particular. Como los hijos de extranjeros que nacen aquí son argentinos, no es posible establecer cuál es el origen de sangre de cada ser argentino que se une con un extranjero. Pero la evidencia de estos hechos es tan grande que nos eximen de mayor encarecimiento.

No obstante todas estas vinculaciones y armonías entre nacionales y extranjeros, todas las fusiones que los acercaban cada vez más, la observación presenta dos hechos que pueden parecer extraños: la tendencia anti-extranjera recrudece en algunas épocas; el número de extranjeros naturalizados en la época del censo de 1895 es insignificante. El sentimiento antiextranjero y con especialidad antiitaliano tuvo manifestaciones intensas desde 1875 á 1877: en la capital, en el Rosario, en la provincia de Buenos Aires y Santa Fe, se cometieron numerosos abusos y arbitrariedades: parte del pueblo, generalmente la clase distinguida usaba de expedientes poco amables, y los comisarios de campaña, tantas veces y con tanta razón criticados, fueron cómplices de hechos vergonzosos[55].

En 1884 nuevamente se repite el hecho, comenzando por la ciudad de Buenos Aires; el poder ejecutivo propone al congreso nacional la restricción del voto en las elecciones municipales á solo los nacionales; se escribe en contra del extranjerismo. Los extranjeros, sobre todo los italianos, se sienten ofendidos, reaccionan, y como en todas las reacciones se va más allá de lo justo, se insulta á los nacionales y se les desconoce la parte que les correspondía en los progresos nacionales. El desconocimiento se hace con evidente mala fe. La exaltación continúa con calmas y recrudescencias, hasta que un acontecimiento de más importancia, natural é inesperado, desviando el interés hacia otro punto de mira, hace olvidar aquel estado incómodo de los espíritus. «Se habían hecho grandes preparativos para la celebración de la fiesta del 20 de septiembre, cuando un terrible huracán causó daños enormes á toda la parte sur de la provincia de Buenos Aires. Entonces las fiestas patrióticas fueron transformadas en fiestas de la caridad y los italianos se unieron á los argentinos para concurrir á aliviar las terribles consecuencias de la catástrofe»[56].

Indudablemente la causa de estos hechos no puede tener otro origen que el temor que hubieron de tener los argentinos de verse desalojados de la patria con tanto trabajo conquistada y organizada. Y el temor pudo también no ser inmotivado: los hechos posteriores probaron que no tuvo motivo alguno, pero en los momentos en que una determinada inmigración afluye en grande escala, no se puede estar en el interior de las conciencias de los gobiernos que dirigen el país de procedencia, para saber si hay honradez de propósitos: prueba ésto, las consecuencias sufridas por Orange y Transvaal que á sus riquezas de diamantes unían una codiciosa inmigración inglesa.

El otro hecho, la escasez de naturalizados, tiene á mi juicio varias causas. El artículo 20 de la constitución nacional, facilita la adquisición de la ciudadanía á los que la soliciten después de dos años de residencia en el país y aun menos, cuando se prueben servicios á la república. La ley de ciudadanía fecha 8 de octubre 1869, ha facilitado esa adquisición é indicado el procedimiento. Sin embargo, el censo de 1895 tiene este guarismo, exponente de los naturalizados: 1638, cifra tan pequeña que casi no permite tenérsela en cuenta. ¿Cuáles son las causas?

En primer lugar, el hecho de que los extranjeros tienen tantos derechos acordados por la constitución que de poco los aumenta el ser ciudadano.

En segundo, la inercia humana: si se estableciera que son considerados ciudadanos argentinos los extranjeros con residencia de 5, 10, 20 años, que no manifiesten voluntad contraria, el censo habría revelado muchos miles de naturalizados.

En tercer término, el poco cuidado con que se conceden las cartas de ciudadanía; la carta de ciudadanía debe ser acordada como un honor, como lo era en la antigua Roma: cualquier extranjero honrado que ve la manera en que, sea por culpa de los hombres ó por culpa de la ley se conceden cartas de ciudadanía á los elementos extranjeros más bajos é inconscientes, en las proximidades de las elecciones é inscripciones cívicas, prefiere no colocarse en igual rango que ese elemento. Y así se pierden buenos ciudadanos y se adquiere sólo la escoria venal.

Es así que miles de extranjeros son argentinos de corazón, son padres de argentinos, están vinculados íntimamente á nuestra vida y sin embargo no tienen carta de ciudadanía, ni la ley los reconoce ciudadanos.

Las páginas que anteceden dicen á las claras que tampoco en el período á que este capítulo se refiere, quedó terminada la formación de la nacionalidad argentina, de la nueva raza histórica. La germinación continúa, pero falta mucho para que la constitución quede acabada.

2. La vida política, económica é industrial, acompaña las transformaciones: unas veces con relación á ella, otras veces sin relación directa.

Encierra el tiempo comprendido entre los dos censos nacionales, casi todo el período presidencial de Sarmiento, el de Avellaneda, Roca, Juárez Celman-Pellegrini, Saenz Peña-Uriburu. Época de luchas políticas cruentas, que tiene en su triste haber, la revolución de López Jordán, la de Mitre contra Sarmiento, de Tejedor contra Avellaneda y Roca, que dió Buenos Aires á la nación, deshaciendo el resto de localismos existentes; la revolución de 1890, las innumerables intervenciones á las provincias para dar término á revoluciones locales ó á desacuerdos entre poderes. Hechos todos que demuestran que la conciencia de los deberes ciudadanos, el respeto á las instituciones y á la patria, eran desconocidos por pueblos ó gobiernos; en una palabra, que las ideas de gobierno y administración no habían adquirido fundamentos sólidos y que la transformación era también necesaria á este respecto.

La vida económica debió soportar el contragolpe de aquellas situaciones, y se tuvo el problema financiero como una de las cuestiones más graves de que debieron ocuparse los gobiernos.

Durante la presidencia de Sarmiento, los gastos públicos aumentaron en proporciones considerables, pero la renta pública aumentada también en proporción parecida, impidió el desequilibrio. Data de esta época la fundación del Banco Nacional con el principal propósito de dar un corte á la anarquía monetaria del interior.

En los primeros años del período del doctor Avellaneda, se produce una violenta crisis: el medio circulante, elevado á grandes cantidades, y el fácil crédito, su concomitante, produjeron la suba de los valores. Poco después los billetes de los bancos Nacional y de la Provincia, eran inconvertibles; el malestar económico denunció los perjuicios que tal situación acarreaba. Avellaneda con una tenacidad y patriotismo que no han sido tenidos suficientemente en cuenta, se propuso legar á las futuras generaciones el recuerdo de un gobierno ejemplar en los manejos de los dineros públicos; se ahorró por todos los medios; se suspendió la ejecución de las obras públicas que no se reputaron indispensables, se disminuyeron los sueldos, se aligeró el presupuesto en todas las formas imaginables.

No sucedió otro tanto con la presidencia de Roca; del trabajo del doctor Terry citado, tomo estos y siguientes significativos datos:

Deuda consolidada 1880 57.079.000

— 1884 122.603.000

Gastos: Presupuesto 1881 19.836.000

— 1885 43.000.000

Renta 1881 24.000.000

— 1884 37.000.000

La renta aumenta de continuo, pero ya no existe el equilibrio; los gastos no están en proporción y como lógica consecuencia, la deuda continúa en aumento. Comienza la desconfianza; los giros y extracciones representan enormes sumas, los bancos son impotentes para sostenerse y se produce de nuevo la inconversión.

Llega luego la presidencia de Juárez Celman: el país próspero hace que la renta pública aumente cada vez más; en el primer año de este gobierno ella representa 57.000.000; renace la tranquilidad y se fundan nuevos bancos. Pero desgraciadamente el fenómeno del desequilibrio en los gastos se repite. El presupuesto de gastos es enorme, y si es de 47.000.000 de pesos lo que se presupuesta para gastos, esa cifra no es sino aparente, pues hay cerca de 26.000.000 de pesos que se gastan fuera de presupuesto. Las circulaciones fiduciarias abundan nuevamente y los grandes negocios se suceden hasta 1890 en que el presupuesto se ha elevado á 71.469.000 pesos y la deuda pública á 355.000.000 de pesos. Vuelve la desconfianza, el malestar y por fin la revolución.

En las dos presidencias siguientes, de Pellegrini y Sáenz Peña, la situación se remedió en lo que se pudo, y la marcha económica del país fué regular; no obstante, datan de la época otras emisiones y empréstitos que se agregaron á los anteriores.

En la misma situación se encontró el país en la presidencia de Uriburu, en la que los presupuestos tuvieron además que soportar los gastos impuestos por la necesidad de la provisión de armamentos para una guerra que se creía próxima.

Á pesar de tantas novedades en materia financiera el país prosperó mucho, pero el crédito externo se había resentido, y pasarían largos años antes de que el nombre argentino no despertara irónicos recuerdos en los hombres de banca de Europa.

3. Entre todas las manifestaciones de progreso ocupan lugar importante las vías de comunicación, y sobre todo los ferrocarriles. El adelanto de las ciudades, pueblos y colonias, precedía algunas veces al mayor desarrollo de aquéllas; otras, iban primero las vías atravesando soledades, y eran fecundas, pues que pronto surgían á sus lados colonias y sembradíos, signos del progreso de las regiones.

Hemos visto cuál era el estado de las vías de comunicación en 1869; desde esa época su desarrollo sigue en progresión geométrica. El mayor progreso corresponde á los ferrocarriles: En 1880, los ferrocarriles que cruzan la provincia de Buenos Aires permiten trasladarse hasta Campana por el norte, por el sur hasta Dolores, por el centro hasta el Azul y por el oeste hasta Bragado. Buenos Aires se une con Tucumán, y por el oeste con Villa Mercedes. En la siguiente década, de 1880 á 1890, los ferrocarriles unen la capital á Bahía Blanca, Mar del Plata y Tres Arroyos, Pehuajó, Pergamino, Junín y San Nicolás. En Santa Fe se llega hasta Calchaquies, cerca del Chaco; San Luis, Mendoza, San Juan, Salta, Santiago del Estero tienen este medio de comunicación con la capital; en el litoral, Ceibo se une á Concordia, Paraná á Concepción del Uruguay, Villaguay á Gualeguaychú. Todo este conjunto formaba un total de 9453 kilómetros en explotación.

El segundo censo nacional trae en materia de ferrocarriles cifras y datos hasta 1898. En 1896, los kilómetros de vías férreas en explotación sumaban 14.462; el 1o de enero de 1898 eran 14.799. Agregándose á esta cantidad la que proporcionaron las líneas secundarias y tramways á vapor se llegó á un total de 15.245. La cifra fué pequeña sin duda, en proporción á los inmensos territorios argentinos, pero de considerable importancia como exponente de progreso en el espacio de tiempo intercensal. La importancia del capital y del brazo extranjero en esta materia, es tan evidente que hace innecesaria cualquier argumentación á su respecto. Es el capital extranjero, sobre todo el capital inglés el que ha impulsado aquellas construcciones; son extranjeros en su mayor parte los que las han dirigido y millares de peones extranjeros se han unido á los argentinos en los trabajos materiales.

En lo que á tramways se refiere, debo recordar que en 1873 los tuvieron también Rosario y Paraná; después se establecieron en las otras ciudades y el censo de 1895 comprobó su existencia en 19 poblaciones correspondientes á once provincias. Las empresas eran 39: 28 eran argentinas, teniendo como tales á las sociedades anónimas, y 11 extranjeras.

Las mensajerías eran atendidas por 179 empresas y las galeras y diligencias cruzaban también innumerables regiones completando los beneficios del ferrocarril ó reemplazando á éste en aquellas á que aun no había llegado.

Agréguese á todo esto que las comunicaciones marítimas con Europa, Uruguay, litoral y Paraguay, habían realizado notables perfeccionamientos, respondiendo á las exigencias cada vez mayores, del transporte de pasajeros, del comercio y de la inmigración.

El correo sigue las vías de comunicación: va en los ferrocarriles, aprovecha los vapores, las mensajerías lo conducen; se desarrolla en toda la república y una modesta estampilla de pocos centavos permite enviar noticias á las más apartadas regiones.

Completan estos datos los que se refieren á telégrafos y teléfonos: en la presidencia de Sarmiento se estableció el cable á Europa. Las empresas ferrocarrileras colocaron telégrafos á lo largo de las vías; el segundo censo dió una red telegráfica de 40.814 kilómetros. Las compañías de teléfonos á su vez, se multiplicaron: en 1896, eran 41: 33 propiedad de argentinos y 8 de extranjeros.

La reflexión sobre tanto progreso y el estudio del origen de cada empresa, da una lección provechosa del valor que tienen las ideas y los conocimientos de las viejas civilizaciones para los pueblos en formación; de cómo el bien entendido patriotismo no consiste en cerrar las puertas á las industrias, á las ciencias y á los hombres de otras razas y naciones. Antes bien, consiste—y acordarán en ello altruistas y egoístas—en aprovecharles, dejándoles que aprovechen. Las empresas ferrocarrileras habrán extraído muchos millones de pesos á los argentinos para pasarlos á manos de accionistas ingleses: es cierto, los extranjeros han venido buscando su interés y no el nuestro; es innegable y es humano; pero en cambio, han hecho nuestras comunicaciones más fáciles, han acortado las distancias, han permitido é impulsado el generar de pueblos; y los adelantos quedan y valen mucho más que lo que se va. Bienvenidos sean capitales y brazos extranjeros; bienvenidos sus propósitos de enriquecimiento; que lo consigan, pues que al hacerlo, facilitan el nuestro!

Unas veces adelantándose á los hechos, otras concomitantes con ellos, congresos, presidentes y ministros, proyectaron leyes que pronto obtuvieron sanciones. Aparte de las que ya he citado, conviene recordar aquí que en materia de comunicaciones, se dictó en 1872 la ley de ferrocarriles que estuvo en vigencia hasta 1891 en que se dictó la ley número 2873 que con la reglamentación de 1894 rige actualmente. De 8 de octubre de 1875 data la ley 750, de telégrafos, reformada en un artículo en 1889. Además, la República Argentina adhirió á la convención de la Unión telegráfica internacional. Asimismo forma parte de la Unión postal universal y ha celebrado diversas convenciones postales. La ley de correos sancionada en 1876 rige en la actualidad.

En materia de comercio, nada tan claro como las cifras para indicar los progresos. Los datos del censo nacional de 1895, completados con los estudios y trabajos que publica la división de comercio é industria, dirigida por don Ricardo Pillado, informan al detalle. Baste establecer que en 1895 el valor de la importación alcanzó á la suma de 205.154.420 pesos oro; el de la exportación á 322.843.841 pesos oro quedando por consiguiente un saldo á favor del país de 117.689.421. Débese hacer constar, sin embargo, por respeto á la verdad, que ese saldo fué excesivo en relación á los saldos de años anteriores y posteriores, no porque hubiera en ellos diferencia apreciable en las cifras de importación sino porque la hubo en las exportaciones. Los principales capítulos, casi el total de la exportación, los dan los productos de la ganadería y de la agricultura. Los de la importación, las materias textiles, los artículos de locomoción y transportes, los materiales de construcción y los artefactos de hierro.

Como disposiciones legales que al comercio se refieren, recuérdese que en 1876 se dictó la ley general de marcas de fábrica, que rige aun, con las modificaciones introducidas en 1900. Desde 1899, la Argentina adhirió á las disposiciones tomadas en esta materia por el Congreso de derecho internacional privado, reunido en Montevideo.

4. Hemos hecho ya referencia á las disposiciones tomadas para la introducción de inmigrantes agricultores, de las medidas puestas en práctica para conseguir la formación de colonias, y al número de éstas que existían en la fecha del segundo censo. Débese aquí agregar las cifras que completan la demostración de los progresos: Hectáreas cultivadas en 1872, 580.008; en 1888, 2.459.120; en 1895, 4.892.005. Buenos Aires, el litoral, Córdoba, Mendoza, San Juan y Tucumán, son los mayores contribuyentes y como expansión de estas, comienza en la época á adquirir importancia la agricultura de Santiago del Estero, San Luis y La Pampa. El trigo, maíz, pasto seco y lino, en el orden de enumeración, son los cultivos predilectos según las estadísticas.

Con el desarrollo de las colonias, con la especialización en los cultivos, llegaron las mejoras en los instrumentos de labranza, que disminuyen el trabajo, multiplican los rendimientos, y hacen de este modo más fácil y agradable la vida del agricultor. Con el desarrollo de la agricultura vino también la subdivisión de la propiedad. Las estancias cedieron los lugares vecinos á las grandes ciudades para que los ocuparan quintas y chacras; aumentó así el número de propietarios y se facilitó el arraigo de los extranjeros al suelo. Estos se establecieron de un modo definitivo en general: propiedad y familia son sólidos vínculos; el tiempo los hace más fuertes y la nación gana nuevos trabajadores, que serán padres de futuros ciudadanos.

Los progresos ganaderos deben entenderse en el sentido de la mejora del producto: con esto se consigue mejor rendimiento y colocación en el mercado universal. En 1895, los animales argentinos no se criaban solo en grandes potreros, sin cuidado alguno. Desde tiempo atrás, en estancias y cabañas se cuidaban animales seleccionados que servirían para la reproducción. En ferias y exposiciones se obtenían ya altos precios y los buenos resultados estimulaban al trabajo. Se combatía así también la degeneración del ganado criollo, tantas veces afirmada aunque no probada aún de una manera positiva.

El ganado en las estancias mejoró; es que ya los estancieros no son sólo los hijos rebeldes de familias pudientes, ó los criollos reacios á otras faenas, como pudo acaecer en otros tiempos; hay entre ellos cantidad de individuos que han educado su mente, y la educación en una disciplina cualquiera, la ha ampliado facilitando la comprensión de otras ideas. Son hombres pudientes que unen á éstos, otros conocimientos; más aun, en la fecha comienza la tendencia á encomendar el cuidado y dirección de las estancias y establecimientos rurales, á especialistas que harán ciencia del oficio y substituirán los viejos sistemas por los que los conocimientos científicos, el estudio y la experiencia proporcionan.

El progreso ha consistido, pues, en el mejoramiento de los animales. En cuanto al número, las grandes exportaciones no han permitido que la cifra de existencia en el territorio, aumentara. Más aun, se notaba en la época, una tendencia á la disminución. El censo de 1895 hace comparaciones numéricas con los datos de 1888 y contiene estas cifras:

1888 1895

Ganado vacuno 21.961.657 21.701.526

— caballar 4.234.032 4.446.212

— asnal y mular 417.494 483.369

— lanar 66.706.097 74.379.562

— porcino 393.758 652.766

— cabrío 1.894.386 2.748.860

datos que ponen en evidencia las afirmaciones que acabo de hacer. El ganado lanar y el cabrío habían aumentado sin embargo á pesar del gran consumo y exportación que se hace del primero. Inundaciones, secas y pestes, redujeron después ese número de ganado lanar, haciéndolo entrar también en la regla de la disminución que se notó en las demás especies de ganado.

En cambio el mestizaje y la pureza aumentaron; de una fecha á la otra, el ganado vacuno tuvo un aumento de 1.289.547 en los mestizos y de 34.358 en los puros; el caballar, de 155.976 mestizos y 10,620 puros; el lanar, de 14.103.316 mestizos y disminución en 45.698 puros; en fin el porcino, aumentó en 67.041 mestizos y 10.105 puros.

En cuanto á la distribución geográfica de los animales, el este ó litoral, lleva enormes ventajas al resto de la nación, salvo para el ganado mular y asnal en los que las del oeste ó andinas ocupan el primer puesto á causa de la forma territorial que hace indispensable esa cría en aquellas regiones.

Como resumen, repito, pues, que los progresos en esta materia han consistido en la aplicación de métodos de cuidado de animales, métodos unos traídos de fuera, otros de origen nacional, y en la introducción de animales finos, idea esta última preconizada por Rivadavia y que sólo daría sus resultados esperados, tantos años después.

El estudio de los progresos y mejoras en cada una las industrias, llevado al detalle, sería fatigoso y en parte extraño á este trabajo. Me he detenido algo en los de las industrias ganadera y agrícola por ser éstas las de mayor importancia en nuestro país. Trataré con brevedad lo que á las otras respecta.

La industria vinícola y la industria azucarera que caracterizan regiones continuaron sus progresos en cuanto á mejoras en los métodos y en cuanto á cantidades de productos.

La primera, desde 1890 hizo que la importación de vinos se redujera considerablemente; la segunda, no solo bastó para el consumo nacional (no obstante lo cual hubo una pequeña importación) sino que preparó la plétora que poco después se produjo.

En ambas industrias, los propietarios y trabajadores argentinos, son más numerosos que los propietarios y trabajadores extranjeros. Tienden á ser éstas, industria nacionales por excelencia, y las regiones de su cultivo, muestran al viajero en cuánto adelantan en virtud de tales producciones.

Respecto de las industrias en general, el censo trae un cuadro del que tomo estos datos.

RESUMEN DE LAS INDUSTRIAS DE LA REPÚBLICA

Industrias Número de casas Nacionalidad de los propietarios Personal empleado

Argentinos Extranjeros Argentinos Extranjeros

1. Alimentación 4.082 508 3.574 8.345 18.726

2. Vestido y tocador 5.713 647 5.066 10.414 22.185

3. Construcciones 3.955 960 2.995 12.702 17.817

4. Muebles y anexos 2.259 326 1.933 4.123 8.598

5. Artísticos y ornato 949 173 776 803 1.757

6. Metalurgia y anexos 3.163 389 2.774 4.018 10.613

7. Productos químicos 317 56 261 2.203 2.509

8. Gráficos y anexos 427 122 305 2.558 2.522

9. Mixtas y diversas 1.339 317 1.022 7.190 8.567

22.204 3.498 18.706 52.356 93.294

Este cuadro muestra á las claras que la industria argentina está en manos de extranjeros. Los propietarios extranjeros de casas industriales, son seis veces más que los propietarios argentinos. Del personal empleado es extranjero, dos terceras partes. En ninguno de los grupos de industrias hay más propietarios argentinos que extranjeros; y sólo en las artes gráficas y anexos, los trabajadores nacionales exceden en una pequeña cifra á los extranjeros, y en número de alguna consideración en el grupo de «mixtas y diversas».

En algunas industrias en particular, la regla anterior tendrá excepciones; pero en los grupos de industrias, es tal cual se ha expresado.

Quiere esto decir que la nacionalización de las industrias está en plena efervescencia; que tiempo pasará todavía para que se pueda hablar de industria nacional, entendiendo por tal no ya la de productos exclusivamente argentinos, sino con referencia á la nacionalidad de los propietarios. Si la industria es factor determinante en la vida nacional; si propietarios y operarios en la aplicación de los métodos distintos, seguidos en países diversos dan á los respectivos trabajos modalidades características, bien puede decirse que también en esta materia, la nacionalización se prepara, con cantidad de combinaciones y formas, en que todas las anteriores tienen cabida, para dar con el tiempo, su carácter propio, á la que será poderosísima industria nacional.

5. La ciencia en general, no es sino prolongación de la europea, y por tal motivo no me detendré en su estudio. Sigue los movimientos de aquélla, disfruta sus triunfos, se plantea los mismos problemas. Acá y allá es una sola.

El progreso de las bellas artes, en el sentido de nacionalización del arte, es desigual, en una y en otra.

No se puede hablar de arquitectura argentina con referencia á 1895. Era permitido, como es ahora, á simples constructores afear la ciudad con las monótonas casas en forma de tren; les era permitido también, como ahora, idear los más extravagantes modelos, con frentes arlequinescos, grutas á la calle, castillos medioevales con adornos renacimiento ó Luis XV y tantas otras cosas que dañan á la futura arquitectura nacional y acostumbran á los jóvenes á no horrorizarse ante ellas. Costumbre peligrosa porque permite que surjan imitadores... Lo dicho es aplicable á las ciudades grandes: Buenos Aires, Rosario, La Plata, un poco Córdoba también. En las demás, el sistema colonial de construcción con amplios y cómodos patios, domina, y es sin duda preferible á las construcciones á que acabo de referir. Todo esto no impide que se reconozca que en la época del censo existieran y muchos, buenos edificios y que hubiera ya, sobre todo en Buenos Aires, muchas de las hermosas casas que hoy posee.

La escultura, que comenzara con el italiano Camilo Romairone, ha hecho algo más. Algunos argentinos se trasladaron á Europa, adquirieron conocimientos, los difundieron después y el progreso en la materia es evidente.

La pintura, en manos de extranjeros que trabajan acá, tuvo buenas producciones: Agujari, Chartón, Romero, son nombres de extranjeros que entre nosotros trabajaron en esta bella arte, Della Valle, Fernández Villanueva, Rodríguez Etchart, Ballerini y Sivori siguieron sus huellas y honraron las bellas artes argentinas.

En fin, en música, los nombres de Bernasconi, Hargreaves y Aguirre, Berutti merecen especial recuerdo como iniciadores y propulsores.

En todas estas manifestaciones no veo nada que pueda llamarse ya propiamente nacional: son obras de gentes que han hecho estudios en escuelas extranjeras y en ellas han moldeado su gusto. No es posible, por otra parte, que las bellas artes tengan considerables adelantos, en países en formación.

El maestro Williams, en un notable trabajo, afirma que la música argentina, se orienta hacia las fuentes populares, y hace un llamado á los jóvenes artistas, herederos del genio estético de nuestros payadores. No me parece que el ideal del arte argentino sea sólo «extraer la esencia» de aquellas músicas y cantos, como en arquitectura no puede ser conservar las líneas generales de los ranchos de la pampa. Estas primitivas manifestaciones de arte, que la música y cantos de los payadores nos legaron, pueden y deben ser estudiadas, trabajadas y conservadas como patrios recuerdos, y porque en verdad encierran intensas expresiones de sentimientos, pero el ideal debe estar sin duda en algo más, y el arte nacional nacerá cuando estos restos nacionales se hayan asimilado y confundido con lo que llega de afuera y toma patria en nosotros.

En cambio, la poesía sí ha producido obras notables: el genio español, imaginativo por excelencia, ha derramado siglos de poesía en la Argentina, que se han confundido en sus hijos con todas las energías de la poesía italiana y las peculiaridades de las otras, y la nación Argentina ha podido tener una literatura nacional, con producciones tan buenas como las más perfectas de cualquier nación. Así pues, esta literatura que está casi formada y que es argentina, no la constituye la poesía gauchesca seguramente aunque ella también tenga su parte. Me refiero para la poesía á lo dicho respecto de la música.

En estas breves palabras creo dejar establecido cuál era el grado de desarrollo de las bellas artes en 1895, en la Argentina.

6. La educación é instrucción pública en las tres formas ó grados en que nuestro país la da, recibe la acción benéfica de Sarmiento y su ministro Avellaneda, ministro durante cinco años y poco después presidente de la República por seis años más. Deliberadamente hago el recuerdo de que Avellaneda ejerció acción y dió consistencia á sus pensamientos durante once años, con la única interrupción del corto período en que el doctor Albarracin fué ministro de Sarmiento. Para que los planes de enseñanza den resultados, es condición primordial, que el experimento sobre su aplicación y conveniencia no se vea trabado por nuevos planes completamente diversos, creados por otros ministros, con ideas distintas, que generalmente causas políticas llevan al gobierno, y causas políticas lo arrojan de él.

La enseñanza secundaria, sometida más que las otras á sufrir las consecuencias que los cambios ministeriales por el hecho de ser la única que directamente depende del ministro, ha tenido como carácter típico, la inestabilidad. En poco más de cuarenta años se han modificado notablemente los planes de enseñanza secundaria, más de veinticinco veces, lo que ha perturbado mucho la marcha regular de tales estudios.

Ahora bien, si Avellaneda pudo impulsar cuanto lo hizo la educación é instrucción fué en primer lugar, por la feliz circunstancia de haber permanecido tantos años en el gobierno y por la no menos feliz, de haber sido compañero, durante muchos de ellos del gran Sarmiento.

Sarmiento, sobre todo en la enseñanza primaria y en la secundaria, Avellaneda en la secundaria y en la universitaria, ambos en la normal, pusieron la enseñanza en la vía del progreso completando la obra anterior de Urquiza y Mitre. El constante desarrollo continúa después, aun en las malas épocas políticas, y la acción educadora está en todas partes: está en las esferas universitarias con la ley Avellaneda; está en la fundación de los colegios nacionales de Jujuy, Rioja, Santiago del Estero, Corrientes, Santa Fe y San Luis, y las escuelas normales, ó institutos tales, anexos á los colegios nacionales de Concepción del Uruguay, Santiago del Estero, Paraná; está en la creación de cátedras de mineralogía en los de San Juan y Catamarca, de agronomía en los de Salta, Tucumán y Mendoza, todo ello en la presidencia de Sarmiento: está en la acción continuada en las presidencias siguientes. Colegios, escuelas, institutos especiales surgen por todas partes. Está en el llamado de maestros y maestras norteamericanos y alemanes para que enseñaran métodos de pedagogía; está, en fin, en las subvenciones á las provincias,—quizá las únicas subvenciones justas—destinadas á facilitar el desarrollo de la educación é instrucción. Está en la preparación de maestros; está en la ley de educación común de 1884, en la preocupación constante que por la enseñanza mostraron nuestros hombres de gobierno, ó nuestros escritores de ciencia política.

Es claro que quedó mucho por hacer; que el censo de 1895 reveló un considerable número de analfabetos, pero tampoco era posible hacer más en pocos años. No bastan los buenos deseos para instruir una población, y en cuanto á la educación es muchas veces obra de siglos. Los progresos en materia de instrucción, son de los más halagadores que el período encierra.

7. Pasamos á la legislación. Recordé en el capítulo anterior, que desde 1862, existe el código de comercio. Sucesivos proyectos de reforma, de 1870, 1876, 1879, 1887, 1889, este último hecho ley, no revelaron que los anteriores no fueran buenos: indicaron en primer lugar, que las actividades cambiaban á diario, que las nuevas situaciones imponían otras reglas y que preciso era seguir á la costumbre y fundar en ella las leyes. Debo recordar asimismo, aunque pertenezca á época posterior, la reforma de 1902, en la parte referente á quiebras, que responde á causas semejantes. En segundo lugar, revelaron la dificultad en el dictado de leyes para pueblos en formación, con psicología poco estudiada y á la vez difícil de estudiar por sus diarias transformaciones.

El código civil, sancionado en 1872, ha recibido la más buena acogida en la opinión de quienes, dentro y fuera del país, á tales estudios se han dedicado, con pocas y no muy justificadas excepciones. Mezcla de estudio de las costumbres y de aplicaciones de razonamientos abstractos[57], tiene tal vez muchas disposiciones cuya reforma se hace á diario más necesaria; pero en general, es obra digna de los mayores respetos, y que coloca á su autor entre los hombres que con mayor caudal contribuyen á la formación de nuestras instituciones. Ejemplo de las reformas que las transformaciones sociales hicieron necesarias á punto de determinar la modificación de la ley, fué la legislación sobre el matrimonio. El sistema religioso adoptado por el legislador, pudo llenar las necesidades en la época en que fué sancionado; pero las transformaciones del país, impusieron la necesidad del cambio. El poder ejecutivo en su mensaje de 22 de septiembre de 1887, acompañando el proyecto de ley de matrimonio civil, decía en su comienzo: «El creciente aumento de la inmigración europea, ha puesto de manifiesto la necesidad de reformar nuestra legislación sobre el matrimonio. El código civil sólo autoriza el matrimonio religioso, celebrado en conformidad á sus disposiciones y según las leyes y ritos de la Iglesia á que los contrayentes pertenezcan. Muchos habitantes de la república ó no tienen en el país sacerdotes de la comunión á que pertenecen, para que bendiga su unión, ó no profesan culto externo alguno, creyendo en Dios y adorándolo como autor de lo creado.» La discusión que tuvo lugar en el siguiente año, fué larga, y quien la lee ve como las nuevas ideas deben combatir para imponerse á los prejuicios: como de una cuestión de orden, se hace cuestión de fe, y como al fin, triunfa la reforma. Los peligros que se presagiaban por los enemigos de la proyectada ley, no se han producido, y en cambio su sanción ha importado una libertad más á las que nuestra constitución y nuestras leyes aseguran á todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino[58].

El código penal ha sido el más desgraciado. El doctor Tejedor redactó hacia 1865-1867 su conocido proyecto. Veinte años pasaron sin que las cámaras legislativas lo sancionaran, en tanto que algunas provincias lo adoptaban. Después de tanto sueño en las carpetas del congreso, éste sancionó, tomando algunas ideas de él, el código penal, «al cual por falta de respeto á la verdad, los autores llamarían en la ley, código del doctor Tejedor»[59]. Nuevo proyecto se redactó en 1881; se sancionó otra reforma en 1886; de 1891 data otro proyecto. La inercia legislativa malogró siempre estas iniciativas, y cuando alguna cosa hizo, fué mala. Así, y para encerrar aquí lo que á época posterior pertenece, recordaré que en 1903 se sancionó la llamada ley de reformas, tan mala, que á poco andar hizo necesaria la reparación del mal, y en 1905 se terminó la redacción de un nuevo proyecto que el congreso aun no ha considerado... Es de esperar que las leyes que aseguran la propiedad y la vida con la base del estudio del delito y del delincuente, merezcan en adelante un poco de atención.

8. Al terminar este período un nuevo hecho de orden social, se presenta en la Argentina; hecho que es también producto de ideas traídas por los trabajadores de Europa. Es la aparición entre nosotros del socialismo. Comenzó en la capital, hecho que se explica por cuanto en ella tienen residencia, la mayor parte de los obreros industriales extranjeros venidos al país. Afirma que las causas que dieron origen al socialismo en Europa, existen también en la Argentina; que aquí también hay oprimidos; que la clase rica aprovecha la fuerza individual de los trabajadores; que «á pesar de la gran extensión de tierra inexplotada, la apropiación individual de todo el suelo del país, ha establecido de lleno las condiciones de la sociedad capitalista... La aspiración final del partido obrero argentino, es la substitución del régimen capitalista por la sociedad colectivista, y su programa inmediato tiene por fin el mejoramiento económico de la clase proletaria»[60].

No me corresponde hacer un juicio sobre este movimiento. Indico el hecho como demostración general de la influencia determinante en la nueva forma de ser la vida argentina. El movimiento vago al principio, toma fuerzas después y llega á constituír un partido con afirmaciones precisas, que aspira á reformas radicales, netamente determinadas. El acrecentamiento siempre mayor del número de partidarios es un hecho que caracteriza una transformación y obliga á orientar los estudios sociales en el sentido de establecer el grado de justicia y necesidad que pueda tener tal movimiento en nuestro país.

Queda bosquejada la transformación de la Argentina en el tiempo encerrado en el paréntesis que comprenden los dos censos nacionales. El cambio rápido indica que no es ella, la que naturalmente sufriría la nación si estuviera formada. No es el que de un modo natural sufren todos los países. No es el de la joven mariposa que los días envejecen. Es anterior: es el de la larva que se convierte en mariposa.

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