AL EXCMO. SR. MINISTRO DE ULTRAMAR
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SOBRE UN DECRETO DEL
GOBERNADOR SUPERIOR DE PUERTO-RICO
Sumario.—Carácter de la Ley de Marzo.—Era una transaccion.—Reglamento y circulares del general Primo de Rivera.—Estricta observancia de la transaccion por parte de los abolicionistas radicales.—Cómo prescinde de la transaccion el Reglamento de 10 de Abril de 1874.—Principio de no-retroactividad de las leyes.—Cómo prescinde de él el Reglamento de Abril.—Situacion de Puerto-Rico la víspera de la abolicion y condiciones en que se planteó y desarrolló la Ley de Marzo.—Comparacion con otras Colonias.—Efectos de la abolicion en las Antillas francesas é inglesas.—En el órden económico: opiniones del príncipe de Broglie, del Sr. Labra y de Mr. Cochin.—En el órden público: informes del capitan Layrle y del Marqués de Sligo: Rapport sur l'administration de la justice coloniale francaise.—Efectos de la abolicion en Puerto-Rico.—Reservas sobre este particular.—La produccion: Estado de la exportacion de aquella isla desde el 26 de Diciembre de 1872 al 1.º de Diciembre de 1873, y comparacion de las cifras de 1872, 71, 70 y 69 con las de 1873.—La moralidad: Discurso del Presidente de la Audiencia de Puerto-Rico, resumiendo los trabajos del año 1873.—Estado demostrativo de los servicios prestados por la Guardia Civil de Puerto-Rico desde el 1.º de Setiembre de 1872 hasta el fin de 1873, por el coronel del tercio.—Proclama del Capitan general Gobernador Superior de la isla D. Rafael Primo de Rivera al despedirse de los puerto-riqueños.—Descripcion del efecto producido en la isla por la promulgacion de la Ley de Marzo, por un hacendado de Guánica—por un propietario de Fajardo—por otro de Guayama—por un abolicionista de San Juan—por el corresponsal del periódico madrileño La Nacion—por el corresponsal especial del Anti Slavery Reporter de Lóndres.—Informe del Gobernador superior de la isla al Ministro de Ultramar en 13 de Abril de 1873.—El órden público.—Las elecciones.—Informe del Sr. Quiñones (de Cabo Rojo).—Idem del Marqués de Cayo Caribe (de Vega Baja).—Idem del Sr. Raldiriz (de Mayagüez).—Idem del ex-diputado y hacendado D. Francisco M. Quiñones (de San German).—Idem de D. José J. Acosta (de San Juan).—Estados oficiales demostrativos de los contratos de libertos celebrados hasta Agosto de 1873 con expresion de los inútiles, menores de doce años y mayores de sesenta.—Opinion del señor D. Eduardo Conroy, cónsul de los Estados-Unidos en Puerto-Rico.—Informe de Mr. Enrique A. Couper, cónsul de Inglaterra, á su Gobierno.—Informe del ex-Gobernador Superior Sr. Primo de Rivera á la Sociedad Abolicionista.—Resúmen.—Fundamentos del Decreto de 10 de Abril de 1870.—Refutacion.—Falta absoluta de pruebas.—Forma vaga de las afirmaciones.—Ni en Puerto-Rico ni en la Península se ha abierto informacion alguna pública oficial para apreciar los resultados de la Ley de Marzo.—Ejemplos de Inglaterra y Francia.—Causas verdaderas del sufrimiento de la agricultura en la pequeña Antilla.—Por qué estaba desprestigiada la contratacion forzosa.—Exposicion proyectada de los hacendados pidiendo su supresion.—Ejemplos de la isla de la Reunion y de la Guyana francesa.—Los aprendices de Jamáica.—El espíritu y la letra de la Ley de Marzo.—El art. 1.º y el 8.º—Reglas de interpretacion.—Comentario á los artículos del Reglamento de 1873.—Espíritu general del Reglamento.—Referencia á los debates de la Asamblea nacional y de la comision que redactó la enmienda y convino en la transaccion.—La abolicion fué un éxito completo en Puerto-Rico.—Efecto que producirá la circunstancia de que solo en España se discuta la realidad de aquel éxito.—Influjo que la esperiencia de Puerto-Rico debia tener en la resolucion del problema social de Cuba.—Estado de la cuestion esclavista en la grande Antilla.—Fé de la Sociedad Abolicionista Española.—Una frase de Franklin.—Crísis por que España atraviesa.—Confianza en el Ministro de Ultramar.
EXCMO. SR.
Los infrascritos, miembros de la Junta Directiva de la Sociedad Abolicionista Española, á V. E. acuden con motivo del Decreto que fechado en 10 de Abril de 1874 acaba de dar el Capitan general Gobernador Superior de la isla de Puerto-Rico, modificando el Reglamento que para la ejecucion de la Ley de 22 de Marzo de 1873 fué publicado en la Gaceta Oficial de aquella Antilla, el 20 de Abril del año próximo pasado. El carácter de la Sociedad la constancia con que desde su fundacion y más si cabe en estos últimos años viene persiguiendo su propósito, y sobre todo, lo escepcional de las circunstancias por que atraviesa nuestra patria, abonan la oportunidad de esta reclamacion, cuyo objeto se precisará en el curso de este escrito y cuyo éxito fiamos á la notoria rectitud y probada discrecion de V. E.
V. E. recordará que la Ley de 22 de Marzo fué una obra de transaccion, realizada por hombres de muy distintos partidos y que proporcionó un dia de entusiasmo á la Asamblea Nacional y una página de gloria incontestable é imperecedera á nuestros Anales parlamentarios. V. E. mismo, con algunos de sus actuales compañeros de Gabinete y con varios de los que este escrito firman, tomó parte en aquel suceso, celebrándolo como no podia ménos, pues que desde aquel momento el honor insigne de la emancipacion de treinta mil esclavos salia del estrecho círculo de un partido para caer entero sobre la Nacion Española, mientras que, por otra parte, aquella gloriosísima obra revestia caractéres de mayor solidez y duracion, toda vez que á su conservacion quedaban comprometidos todos nuestros bandos políticos, y lo que se perdia en rapidez se ganaba en economía de contrariedades y seguridad del éxito. Aquella transaccion descansaba sobre tres bases, á saber: plena libertad civil,—contratacion temporal forzosa,—y aplazamiento del goce de los derechos políticos de los libertos.
No eran escasas concesiones las dos últimas hechas por los abolicionistas radicales; pero todo lo sacrificaron ante la afirmacion solemne y terminante de la libertad civil, consagrada así por el artículo 1.º de la Ley, que dice: «Queda abolida para siempre la esclavitud en la isla de Puerto-Rico,» como por el artículo 2.º que, al establecer la obligacion de los contratos, dispone que en ellos intervengan «tres funcionarios especiales con el nombre de protectores de los libertos y con el carácter de curadores de los mismos,» fórmula que dice bien claro que la condicion del liberto es la del menor ó incapacitado de la ley civil de Castilla, y dentro, por tanto, en todo lo relativo al «derecho de obligaciones» de los principios y las reglas de nuestra legislacion comun. A pensar otra cosa, la Ley de Marzo pudo haber igualado á los protectores con los síndicos del tiempo de la esclavitud.
Ahora bien: atento al espíritu y á la letra de aquella Ley, el digno Gobernador Superior de Puerto-Rico D. Rafael Primo de Rivera, dió el Reglamento de 20 de Abril de 1873 y las circulares de 24 y 25 de Abril y 13 de Mayo del mismo año: y los más ardientes abolicionistas limitaron su empeño á hacer cumplir lo acordado, sin atender á las reclamaciones de muchos hacendados que pedian la abolicion de los contratos forzosos,—sin pretender que la ley del 6 de Agosto de 1873 que declaró vigente en la isla de Puerto-Rico el título I de la Constitucion de 1869 habia derogado el artículo 7.º de la Ley de Marzo que niega por cinco años á los libertos el pleno goce de los derechos políticos,—pero ¡qué más! sin intentar la correccion de algun que otro error cometido en la práctica é inteligencia del Decreto de Abril, como, por ejemplo, la prohibicion (estatuida en el párrafo cuarto de la circular de 13 de Mayo) de contratar libertos, que se impuso á los que en Puerto-Rico se conocen con el nombre de encabezados.
Y bien, Excmo. Sr.: toda esta circunspeccion ha resultado inútil. La pureza de la Ley de Marzo ha sido atacada; y así su espíritu como su letra han quedado destruidos por el Reglamento de 10 de Abril de 1874, que niega la rescision de los contratos; obliga á que estos sean por tres años á lo ménos; reduce á los libertos á servir durante esos años á aquellos con quienes se contrataron por mucho menor tiempo; fuerza al liberto á tener por amo á una misma persona en todo este plazo; deja al empresario libertad para ceder á otra persona el servicio del liberto; pone el jornal de este á merced de aquel á quien capacita para dar ó no el vestido y manutencion á sus criados; reduce el círculo de los contratistas, exigiendo á todo el que pretenda alquilar libertos que sea propietario, comerciante ó industrial con posicion desahogada; obliga al trabajador á residir y pernoctar en la finca del amo, (como en los buenos tiempos de la servidumbre) y á acomodarse al régimen de trabajo que el amo estime oportuno establecer; y, por último, restablece las cédulas de tránsito y la prohibicion de viajar del liberto, volviendo al espíritu del célebre Reglamento de esclavos y al sentido de la inolvidable Instruccion sobre cimarrones.
De modo, Excmo. Sr., que la libertad civil ha venido por tierra, y por este acto (que no es ni puede ser definitivo mientras V. E. no le apruebe) la obra de la Asamblea Nacional, y, lo que es más, la emancipacion de los treinta mil esclavos de Puerto-Rico ha degenerado en una mera obra de partido, y como tal sometida á los vaivenes é irregularidades de nuestra azarosa vida política. ¡Todo nuestro trabajo destruido! ¡Toda nuestra satisfaccion amargada! ¡¡Y cuántos peligros en lontananza!!
Además, el Decreto de 10 de Abril lleva en sí mismo un vicio que no puede ménos de llamar la ilustrada atencion de V. E.: porque choca con un principio incontestable de derecho universal, y una regla de conducta de que ningun legislador puede prescindir. Nos referimos al principio de la no retroactividad de las leyes; principio atropellado resueltamente en el Decreto aludido, cuando dice en su artículo primero: «Todos los contratos que en la actualidad están vigentes, así como los que en lo sucesivo se celebren, se entenderán obligatorios, por lo ménos, hasta el 20 de Abril de 1876», y en su art. 3.º añade: «En los veinte dias siguientes á la publicacion de este Decreto se procederá á una minuciosa y detenida revision de los contratos celebrados ante la respectiva autoridad local y Protectores y Síndicos de los Ayuntamientos.»
De suerte, que el liberto que, obediente al Decreto de 1873, se haya contratado por un año con determinada persona (á reserva de contratarse luego con otras y cumplir así sus tres años de contratacion forzosa) se verá obligado á continuar con la misma, y en las mismas condiciones hasta Abril de 1876: y el comerciante, propietario ó industrial que á juicio de la autoridad de hoy (¡y qué consecuencias las de este juicio, una vez convertida la cuestion de los libertos en cuestion de partido!) no disfrute de una posicion desahogada, pero que hubiera contratado libertos y echado sus cálculos sobre este contrato, al amparo del Decreto del año último, se encontrará sin los servicios alquilados, mediante la revision preceptuada por el art. 3.° del Decreto de 1874.
¡Y qué pena dá, Excmo. Sr., que la ocasion de violentar el principio inconcluso de la no-retroactividad de las leyes, sea precisamente la del exacto cumplimiento de un precepto que ha arrancado de la frente de nuestra hermosa patria el estigma de ser el único pueblo del mundo culto, que mantenia casi intactas las cadenas del esclavo!
Y no quiera hacerse un argumento del supuesto carácter de provisional ó interino que se atribuye al Reglamento de 1873 en el preámbulo del de 1874. No hay razon alguna para llamar provisional á aquella disposicion: primero, porque ni una sola vez la califica de tal su autor en el preámbulo que la acompaña ó en las circulares que la siguieron; y despues, porque habiéndose dado aquel Decreto en virtud de «las facultades conferidas por el ministerio de Ultramar en 26 de Marzo al Gobernador superior de Puerto-Rico,» y habiendo sido aprobado, luego, por el Gobierno de la Metrópoli, dicho se está que tenia todo el carácter de definitivo, bastante para crear intereses dignos de toda consideracion y derechos por todos conceptos respetables.
Por otro lado, no se alcanzan los motivos que haya podido tener el Gobernador Superior de Puerto-Rico para volver sobre lo convenido, poniendo en tela de juicio la felicidad con que la Ley de Marzo se iba cumpliendo en aquella isla, y, lo que es más, comprometiendo seriamente el éxito de aquella empresa tan admirablemente iniciada.
No hemos de molestar á V. E. con el exámen detenido de la situacion de la isla de Puerto Rico desde el mes de Marzo de 1873. V. E. la debe conocer perfectamente. En todo caso, por nosotros hablarian los periódicos extranjeros y los Informes de los Sres. Cónsules de Inglaterra, los Estados-Unidos y Alemania, que no pueden ser un secreto para el ministerio de Estado. Pero sí debemos afirmar que la experiencia abolicionista de Puerto-Rico está en el caso de pretender el primer puesto quizá en la historia de la abolicion, y que es un título á la consideracion del mundo contemporáneo que España puede poner al lado de aquella nobilísima mocion de Alcocer á las inmortales Córtes de Cádiz, de aquella célebre Instruccion de esclavos de 1789, de aquella patriótica renuncia de todo derecho de los propietarios de Guatemala en el primer tercio de este siglo y de aquella varonil protesta de los comisionados de Puerto-Rico en 1866.
Porque, señor, la obra de la emancipacion de los esclavos se ha hecho en Puerto-Rico en los mismos dias en que se hacian tres elecciones generales de Diputados á Córtes, Diputados provinciales é individuos del municipio; en los momentos en que se creaban los Ayuntamientos populares; cuando una ley de la Asamblea Nacional llevaba á aquella isla, con el reconocimiento de los derechos naturales del hombre, el sufragio universal y todos los derechos políticos consignados en el título I de la Constitucion del 69, y, en fin, cuando triunfante en la Península la República y abierto de nuevo el período constituyente, eran posibles todas las vaguedades, todos los deseos, todas las confusiones y todas las incertidumbres. En este último concepto, la situacion de Puerto-Rico tenia semejanza con la de las colonias francesas despues de Febrero de 1848.
De otra parte, la insensata propaganda hecha por los esclavistas habia espantado el dinero de la circulacion, uniéndose á esto la grave crísis mercantil que produjo en los Estados-Unidos numerosas y alarmantes quiebras que trascendieron á la pequeña Antilla, á su vez amenazada por la atroz sequía que por espacio de dos años viene cebándose en los campos de la isla y la aterradora baja de los azúcares producida por el aumento de la cosecha en la India, en Cuba y en otros paises. En tal supuesto, la situacion de Puerto-Rico era mucho más grave que la de ninguna otra de las colonias ya libres de esclavos, que en su vecindad tenia.
Además, V. E. no desconoce que la ley de abolicion se llevó á Puerto-Rico, escueta. Para su completo éxito, exigíanse otras medidas que cooperasen al logro de la idea abolicionista. La reduccion del presupuesto: la libertad de Bancos: la reforma de los aranceles—eran medidas por todos reclamadas, cuando ménos aleccionados por el ejemplo de Francia, Inglaterra, Holanda y aun los mismos Estados-Unidos. Y V. E. sabe que la indemnizacion á los poseedores de esclavos, de que habla el artículo 3.º de la Ley de Marzo, no solo no se ha pagado, sino que hoy mismo nadie tiene noticia de que se haya hecho la tasacion de los libertos, y sobre todo, que se haya intentado hacer la tirada de los bonos á que se refiere el artículo 6.º de la citada ley: estremo sobre el que tambien, aunque de paso, nos tomamos la libertad de llamar la ilustrada atencion de V. E., puesto que en Puerto-Rico el metálico es cada vez más raro y necesario.
Por último, apenas transcurridos ocho meses desde el planteamiento de la Ley emancipadora, ocurrió el profundo y trascendental cambio político producido por los sucesos del 3 de Enero: cambio que importó en la pequeña Antilla el estado de sitio; la disolucion de la Diputacion provincial y de todos los Ayuntamientos populares; la suspension de todos ó casi todos los profesores de instruccion primaria; la clausura del Instituto de segunda enseñanza recientemente creado y cuyos alumnos pasaron al seminario de Padres Jesuitas mediante una subvencion de seis mil duros acordada por los nuevos Diputados provinciales; la disolucion de las milicias del país, tan célebres en la heróica historia de las guerras de Puerto-Rico contra holandeses, ingleses y filibusteros; la muerte de la prensa liberal y reformista; el envio á la Península y á Cuba de gran número de jefes y oficiales del ejército de aquella isla; la renovacion de casi todo el personal administrativo y de los primeros funcionarios del órden judicial; la disolucion de la Junta de intereses morales y materiales, creada por el general Primo de Rivera y constituida con los hombres más importantes de todos los partidos políticos; la emigracion de muchos vecinos á la Península y al extranjero; la persecucion de otros, sospechados como masones de conspirar contra el nuevo órden de cosas; la promulgacion de un severísimo reglamento dicho de vagos; el restablecimiento de las antiguas libretas de los obreros libres; y, por último, el Decreto de 10 de Abril contra el que respetuosamente se alza la Sociedad Abolicionista, y que los favorecidos por aquella medida y algun que otro periódico de la madre patria defienden (sin razon á no dudarlo) como consecuencia obligada de las novedades introducidas despues del 3 de Enero en el órden político de la tranquila y morigerada isla de Puerto-Rico.
Pues bien: en estas condiciones, todas desfavorables, si bien de carácter accidental, se ha realizado la abolicion en Puerto-Rico. No comprendemos cómo hay español que no esté ufano del éxito.
Y ¿cuáles han sido los resultados? Los resultados definitivos es imposible registrarlos al año escaso de promulgada la Ley de abolicion. V. E. sabe que en ningun país del mundo la emancipacion ha podido ser juzgada por sus efectos hasta finalizado el segundo quinquenio despues de la reforma.—En cuanto á los resultados inmediatos, solo aproximadamente podemos hablar hoy, porque sobre faltarnos algunos datos que nuestra siempre retrasada administracion ultramarina no nos suministrará hasta el último trimestre del año corriente, hay que considerar que siendo la época de la cosecha y del movimiento mercantil, que produce la necesidad de la exportacion de los géneros coloniales, de Enero á Junio, dá la circunstancia de que tanto la Ley de libertad como el Decreto de restauracion de la servidumbre han comenzado á producir sus efectos precisamente en lo más crítico de la época aludida; de suerte, que en rigor y absolutamente no puede decirse que la esperiencia abolicionista de Puerto-Rico cuenta un año de vida y que el trabajo libre ha producido todos sus naturales efectos en el primer año de su ejercicio.
A pesar de esto, la Sociedad Abolicionista expondrá datos todos incontestables y casi todos oficiales que dicen lo inesperado respecto del feliz éxito de la empresa emancipadora iniciada en 1873.
Ante todo, permítanos V. E. recordar brevísimamente los efectos de la abolicion en las colonias más renombradas. Estos efectos debian notarse principalmente en dos esferas; en la de la produccion colonial, y en la del órden público. De ámbas nos hablan á toda hora los esclavistas, un tanto olvidadizos de los efectos morales de la emancipacion.
Pues bien: en las Antillas inglesas, segun el ilustre duque de Broglie en su Rapport de 1843, el resultado inmediato fué este: «Reduccion de un cuarto en las exportaciones de azúcar; reduccion de un tercio en las de café.» A los quince años,—segun el libro del Sr. Labra, La abolicion de la esclavitud en el órden económico (Madrid 1874),—«la exportacion de los productos coloniales habia escedido á la de los tiempos de la esclavitud y del monopolio, en Antigua, Barbada, Trinidad, y, en fin, en casi la totalidad de las Antillas, cuando ménos en un 26 por 100, quedando inferior hasta en un 67, solo en Jamáica, San Vicente y Granada.»
En las colonias francesas, segun el mismo escritor últimamente citado, la baja inmediata fué de 50 por 100 en Martinica, 55 en Guadalupe y 25 en la Reunion, convirtiéndose en colonia penitenciaria la Guyana. «El año 47 fué un año escepcional—dice el malogrado Mr. Cochin, en su Abolition de l'esclavage (París 1861)—superior en más de 5 millones al año anterior. Comparado con 1846, la baja del movimiento en 1848 (año de la abolicion) fué de 40 por 100 ó sea 43 millones,—sumadas las cifras de las cuatro colonias..... Cinco años despues, la disminucion es solo de 11 millones de francos, y recae enteramente sobre una sola colonia, sobre Guadalupe. Diez años despues, el aumento es de 36. En las cuatro colonias las cifras han escedido á las de antaño; en la Martinica, más de un tercio; en la Reunion, más del doble.»
En cuanto al órden público, Mr. de Broglie dice sobre las colonias británicas: «El capitan Layrle, que visitó la Guyana hacia 1841, declara que en esta época las ofensas hechas á la sociedad no eran más numerosas que en 1838 en el momento de la libertad definitiva. Los documentos relativos á las otras islas no hacen mencion de aumento alguno en el número de los crímenes..... En cuanto á los simples delitos, en cuanto á las infracciones ligeras y los desórdenes de poca importancia, la esperiencia no suministra más que datos confusos y contradictorios.» El marqués de Sligo (despacho de 1835) explicaba este último hecho del modo siguiente: «...Creo que en otro tiempo no se cometian ménos faltas. La diferencia consiste en que antes los culpables eran castigados sobre el terreno, en las plantaciones mismas, y no salian á luz.....» Por último, los Gobernadores posteriores á 1833 y los informes de los comisionados especiales se acuerdan en la declaracion de que los crímenes y delitos han venido disminuyendo.
Respecto de las colonias francesas, segun el Rapport sur l'administration de la justice coloniale francaise, publicado en 1855, los tribunales de Ultramar de 1850 á 52 habian tenido que entender en 14.777 negocios, de los que solo habian llevado al término debido, por merecerlo así, unos 7.000. Tres años antes, es decir, en el trienio de 1845-47, mientras la esclavitud vivia, los negocios subieron á 12.000, de que hubo que sobreseer tambien un número análogo al de 1852. Resulta, pues, que despues de la abolicion se aumentaron en 2.000 y pico las acusaciones ante el juez. Pero es necesario reparar: 1.º, en que, como el Rapport dice muy bien, «ese aumento proviene de que una multitud de fechorías que antes de la abolicion encontraban una represion disciplinar y puramente arbitraria en el interior de las casas é ingenios, despues vinieron ante los tribunales ordinarios, como lo evidencia el hecho de que casi todas ellas fuesen robos cometidos por antiguos esclavos;» y 2.º, en que «los crímenes contra las personas figuraban en la lista de acusaciones de 1850-52 por un 21 por 100, mientras en la de 45-47 llegaban á 47 por 100.»
Pues bien, señor Excmo., es un hecho que los resultados hasta ahora palpables en Puerto-Rico dejan muy atrás en bondad y trascendencia á los que arriba quedan consignados relativos á paises donde, despues de todo, la abolicion ha obtenido un éxito feliz.
Fijémonos en el órden puramente económico.
En poder de la Sociedad Abolicionista obra un Estado análogo al que todos los años publica la Revista Mercantil de Puerto-Rico, relativo á la Exportacion de aquella isla desde el 26 de Diciembre de 1872 al 1.º de Diciembre de 1873.
Hélo aquí:
AZUCAR. MIELES. CAFÉ. TABACO.
Quintales. Galones. Quintales. Quintales.
De Arecibo [1] 175.251 530.207 1.737 24.665
De San Juan 478.415 558.976 41.609 12.550
De Aguadilla 92.110 165.110 51.637 5.789
De Ponce 360.525 1.433.780 58.303 8.722
De Mayagüez 312.304 1.135.199 101.778 «
De Arroyo, Jobos Y Maunabo 138.241 626.884 614.000 «
De Guayanilla y Guánica 71.169 294.020 15.217 40.000
De Humacao, Yabucoa, Naguabo Y Fajardo 399.890 1.338.363 « «
Total 2.027.905 6.082.539 270.895 51.766
Ahora bien: las cifras totales fueron
En 1872 1.885.241 6.087.550 177.208 61.761
1871 2.162.667 7.590.915 210.066 55.240
1870 1.025.966 7.293.011 192.645 64.973
1869 1.627.151 5.969.020 144.395 28.688
De modo que comparado el primer año de libertad (1873) con el último de esclavitud (1869) resulta que aquel lleva á este una ventaja extraordinaria, al punto de que si en los azúcares llega al 25 por 100, es casi el doble en el café y el 84 por 100 en el tabaco.
Comparado el año 73 con el anterior de media libertad (pues que en él seguia aun la Ley de 4 de Julio de 1870 preparatoria para la abolicion, que emancipó á los negros mayores de 60 años y fomentó con su influencia la costumbre de manumitir esclavos) el resultado es que en el año crítico la exportacion ha escedido las cifras del anterior en el café, igualándolas en el azúcar y las mieles, y bajado solo (bien poco) en el tabaco.
Estas cifras son sobre poco más ó ménos las que consigna el cónsul inglés de Puerto-Rico en el Informe que últimamente ha enviado á su Gobierno sobre el estado económico de la pequeña Antilla, añadiendo las siguientes consideraciones, cuya exactitud y minuciosidad hacen de todo punto necesaria su consulta á todos cuantos quieran conocer la verdadera situacion de la pequeña Antilla. Dice así Mr. Cowper, en la página 885 del libro publicado por el Foreign Office hace dos meses:
«Se ha visto (se refiere á un estado casi idéntico al que poco hace hemos reproducido) que en el primer año de la total emancipacion se ha exportado más azúcar é infinitamente más café que durante el último año de esclavitud; y aunque el valor total es una tercera parte ménos, débese esto á los altos cambios y á los extraordinariamente bajos precios del azúcar, que hacen que el término medio de 1873, en el caso más favorable, no pase de 4 dollars el cwt., mientras en 1872 era de 5 dollars. Así 2.023.913 quintales este año fueron de mucho ménos valor (1.587.000 libras est.) que 1.885.241 en 1812 (1.885.241 libras).
El precio del café (270.895 quintales) ha subido de un modo tan extraordinario como ha bajado el del azúcar. Habia alcanzado á 15 dollars el cwt. á fines de 1872 y continuó aumentando hasta fines de 1873 en que se pagó á 20 dollars, y los precios siguen en alza. Naturalmente, la próspera condicion de la cosecha del café es una gran ventaja para la isla, sobre todo para la parte occidental, de la que Mayagüez es el punto principal. Pero el azúcar es el verdadero producto del país, y si los precios continúan tan bajos, será imposible continuar produciendo en condiciones de justa remuneracion. Las mieles (6.082.539 gallons) participan naturalmente de la suerte del azúcar.... El tabaco, (51.766 quintales) si bien no aumenta, mejora en calidad, y la Comaría es para esta isla lo que la Vuelta Abajo para Cuba. Los cigarros hechos exclusivamente de Comaría son muy fumables, pero se necesita una gran sumo de patriotismo para compararlos con los de Vuelta Abajo.—El algodon (2.484 quintales) es una produccion que espira, literalmente expulsada de los campos por los gusanos. Las pieles (6.990 quintales) y el ron (32.782 gallons) carecen de importancia en calidad y valor.
El valor de lo exportado en 1873 ha sido de 2 millones nes 821.308 libras: en 1872, de 2.859.906; en 1871 de 2.998.818.»
Esto es, Excmo. Sr., lo que consta hasta hoy respecto de la exportacion de 1873. ¿En qué colonia ha sucedido otro tanto?
Vengamos ahora al órden público.
Ante todo, tiene la palabra el Sr. Presidente de la Audiencia de Puerto-Rico, D. Blas Diaz Mendivil, que al resumir los trabajos judiciales del año de 1873, al propio tiempo que abria los tribunales de la isla, el 1.º de Enero 1874, dice así, estableciendo las analogías, semejanzas y diferencias de los años de 1872 y 73:
«La comparacion (de la criminalidad del año de 1873 con la de 1872) es ventajosa, aunque en pequeña cifra, puesto que aparecen 71 procesados ménos.
Los delitos contra la propiedad que llegaron (en 1873) á 588, han sido, como siempre, los más numerosos..... pero en las tres cuartas partes del total de hurtos la importancia de lo sustraido no excedió de 25 pesetas, que equivalen á 10 en la Península..... Contra el órden público aparecen 157 delitos, ó sean 20 ménos que en 1872..... Contra el honor, 11 por 62, ó sea 51 ménos, y los ofensivos á la honestidad solo aparecen 44 mientras en 1872 fueron 63, ó sea 19 ménos que en el año último.
Han sido comprendidos en estos procedimientos 1.383 individuos, 71 ménos que el año anterior. Compónese su total de 622 blancos, 660 pardos y 101 negros. (Es de advertir que la raza blanca, la raza culta y señora representa en Puerto-Rico el 53 por 100 de su poblacion)...
Desde que se publicó la ley de la abolicion de la esclavitud, nuestro digno presidente dispuso la formacion del oportuno expediente; y de los datos en él reunidos, aparece que desde aquella época hasta 20 de Diciembre último se han formado 119 causas, comprendiendo en ellas á 129 libertos.—El período ha sido muy corto para que pueda servir de base para un dato definitivo, pero puede formarse un juicio aproximado en vista del resultado que arroja.—Es indudable el aumento de causas respecto á esta clase, puesto que la cifra ordinaria de esclavos procesados cada año solo ascendian de 90 á 95.—Sin embargo, este aumento tiene una sencilla explicacion. En primer lugar, el poco amor al trabajo que, hasta ahora, ha sido para ellos improductivo, y el segundo y principal, que los hurtos cometidos por los esclavos á sus amos, en especial en las haciendas, no se consideraban delitos y eran corregidos privadamente; pero, libres hoy, sin haber perdido la costumbre han contraido la responsabilidad legal, aumentándose necesariamente las causas por ese motivo.
El resultado total del Estado es satisfactorio.—Todos los delitos que registra son de los comunes y más frecuentes en el país, sin que aparezca uno solo en que sus autores hayan obedecido á la condicion de libres que han adquirido.—De las 119 causas formadas, las 74, ó sea más de la mitad del total, lo han sido por el delito tan comun en el país, de hurto, sin que aparezca ni uno solo por homicidio ni asesinato, como desgraciadamente cuando existia la esclavitud acontecia en alguna hacienda por el mal trato ó sevicia.—El no registrar hoy ningun crímen do esos desde la abolicion, es una prueba del buen trato que los antiguos dueños, generalmente, daban en esta isla á sus esclavos, y lo corrobora tambien el que, más de la mitad de los contratados, segun los datos publicados en la Gaceta, lo han sido con sus antiguos dueños.
De esos mismos datos aparece que con los antiguos dueños y con los particulares, habian sido contratados 21.590,—hallándose registrados y no contratados los menores de doce años que ascendian á 5.250,—y otros por inútiles y sexagenarios; siendo de esperar que, continuando la administracion activa con el celo que ha obrado, se aumente la costumbre y aficion al trabajo, en beneficio de los contratados y contratantes.
Por último, examinado todo y hechas las comparaciones debidas, resulta que en 1873, la Audiencia de Puerto-Rico aparece con menor criminalidad que ninguna de las Audiencias de la Península é islas adyacentes.»
Otro documento no ménos importante obra en poder de la Sociedad, documento que V. E. puede examinar con gran facilidad, puesto que debe encontrarse así en el ministerio de la Guerra como en el de su digno cargo; y es el Estado demostrativo de los servicios que ha prestado la fuerza de la Guardia civil del tercio de Puerto-Rico desde el 1.º de Setiembre de 1872 hasta fin de Abril de 1873, y desde esta fecha hasta fin del mismo año. Lo firma el coronel D. José Castrillon Polledo y lleva la fecha de 1.º de Enero de 1874.—V. E. notará que los meses de Mayo á Diciembre son los primeros de la libertad.
Hé aquí el estado:
Desde el 1.º de Setiembre de 1872 á fin de Abril de 1873 Desde 1.º de Mayo del mismo hasta fin de Diciembre
SERVICIOS HUMANITARIOS Socorros á indigentes 1 20
Heridos y enfermos recogidos 5 20
Incendios á que se ha asistido 18 20
Prendas extraviadas y recogidas. 4 3
AUXILIOS. A particulares 24 6
A la autoridad 69 66
DETENCIONES. Infractores de bandos 584 87
Por indocumentados 86 43
Por juegos prohibidos 346 35
Por llevar armas sin licencia 19 14
Por armas prohibidas 33 8
Por embriaguez 74 9
Por riña 74 60
Sospechosos 27 14
APREHENSIONES. Por resistencia á fuerza armada 9 1
Por incendiarios 37 1
Prófugos de sus destinos 37 14
DESERTORES De presidio 6 6
De marina 3 5
Del ejército 11 5
Por robo 50 14
Por heridas 23 23
Por homicidio 1 1
TOTAL 1504 460
Por manera que la Guardia civil de Puerto-Rico (apartada en 1873 de las complicaciones y ardores de la política palpitante y modelo de disciplina y de celo) no ha tenido que prestar tantos servicios (casi tres cuartas partes ménos) en el segundo período como en el primero, siendo muy de notar que las mayores diferencias que en el cuadro ó Estado aparecen se refieran á infracciones de bandos y juegos prohibidos; indicio seguro de que la moralidad del país aumentaba al compás que crecian las libertades públicas y se aseguraban los derechos del ciudadano.
Por último—el digno Gobernador Superior de la isla, cuyo nombre figurará en la historia de nuestra colonizacion al lado de los del Marqués de la Sonora y los Intendentes Ramirez y Pinillos—el honrado general D. Rafael Primo de Rivera, al despedirse de los puerto-riqueños el 2 de Febrero de 1874, escribia:
«Al favorecerme y honrarme el Gobierno de la República con el Gobierno superior civil de esta noble y leal provincia, me confirió la más cristiana y elevada mision que pudiera ambicionar mi alma, la de romper las ominosas cadenas del esclavo, y la cumplí en breves dias.
Felicito con todo mi corazon á los libertos, que con ejemplar cordura y honradez han correspondido á la justicia que les hiciera nuestra madre España por medio de las Córtes. Al despedirme, les encargo, como otras muchas veces lo he hecho, que continúen por la senda honrada del trabajo y que hagan ahorros, porque la vejez enerva las fuerzas, y así serán acreedores á mayor consideracion social.
Otra recomendacion me hizo tambien el Gobierno, casi de tan inmenso valor como la anterior: la de asimilar esta Antilla á la Península por medio de iguales derechos, como consecuencia precisa y legítima de iguales deberes. Tengo conciencia de haber cumplido con lealtad las órdenes superiores: vuestra ejemplar sensatez ha conquistado al fin las libertades políticas que anhelábais y de que usais con singular moderacion.
La paz pública, el órden, que tanto amais, han permanecido inalterables durante todo el período de mi gobierno. Reconocido estoy á ese nuevo beneficio que de vosotros he recibido.»
Y continuaba luego:
«No olvideis, conciudadanos amantes de las libertades del ciudadano español, no olvideis que debeis las que hoy disfrutais solo á vuestra cordura, á vuestro inquebrantable amor al órden, á vuestro cristiano y noble sufrimiento en la adversidad y á vuestra rara moderacion en el triunfo. Espero que jamás, por nada ni por nadie, abandonareis esa senda, y así continuará siendo esta isla la provincia española modelo.
El Señor de los cielos y de la tierra lee en lo más íntimo de mi conciencia y sabe que solo me ha guiado, en mi corto gobierno, el anhelo por vuestro bien y el más ardiente patriotismo. Si el criterio de algunos hombres me juzga mal, el de Dios me juzgará bien. Es el gran consuelo que lleva en su alma, al despedirse de vosotros—Vuestro Gobernador.»
Y es de advertir, que ese órden inquebrantable y ese progreso moral que acusan los documentos oficiales arriba trascritos, no fueron el resultado de un año de patrióticos esfuerzos dirigidos á este fin por parte de las autoridades y de las clases directoras de la sociedad puerto-riqueña. Desde el primer dia de la abolicion se dió un espectáculo por todos conceptos admirable, que hace lógico el que despues se desarrolla á la vista de todos los pueblos del mundo culto.
La ley de Marzo fué promulgada al mes escaso en Puerto-Rico y de los primeros efectos producidos por tan gravísima medida dieron cuenta á la Sociedad Abolicionista en los siguientes términos, hechos públicos en el periódico órgano de la asociacion emancipadora.
Un hacendado—el Sr. Quiñones y Vizcarrondo,—escribia en 11 de Abril:
«Hablemos de la cuestion magna.—Ni Vd. ni nadie puede formar una idea de la manera con que se ha recibido la abolicion en el país. Es verdad que ya estaba preparado para esta solucion. Quiero bosquejarle un cuadro sucinto de los acontecimientos y del asombro con que tanto los extranjeros como los reaccionarios han contemplado la actitud noble, admirable y digna con que nuestros esclavos han recibido su tan ansiada libertad.
El dia 31 de Marzo me encontraba por casualidad en la villa de Mayagüez, y como á las dos de la tarde fuimos sorprendidos con el telégrama que el Gobernador superior civil trasmitió al señor corregidor, participándole la fausta noticia de la manumision. Confieso á Vd. que me quedé como petrificado, lo mismo que todo el mundo. Los conservadores se miraban los unos á los otros sin poder hablar una palabra. Yo estaba ya dentro de mi calesa, pues regresaba de San German, y en seguida, apeándome de ella, me dirigí al corregimiento, y tomando copia del telégrama, partí en el acto para Cabo Rojo, siendo portador de tan grata nueva. Al siguiente dia emprendí viaje para San German, Sabana Grande, Yauco, Guayanilla y Ponce con el objeto de recorrer los dos departamentos y observar el efecto que causara en los ánimos, tanto de los negros como de sus poseedores.
Puedo asegurar á Vd., amigo mio, que yo mismo no he podido sino enternecerme al ver la nobleza y dignidad con que esos infelices han acogido la noticia de su libertad. Me he encontrado en ingenios asociado á la comision gubernativa que participaba á los esclavos su emancipacion, y he admirado la impasibilidad con que escuchaban, y la alegría que en sus rostros se retrataba, de tal manera, que cada vez que la comision les decia: ¡Viva la libertad! ¡Viva la integridad nacional! contestaban unánimes con el más vívido entusiasmo, llamando la atencion que esto pasaba en las oficinas de elaboracion del azúcar y en medio del trabajo (pues actualmente se está en la zafra) y que por un lado salia la comision y por el otro volvia la servidumbre á continuar sus faenas, sin que absolutamente haya habido la menor perturbacion.
Estoy, amigo mio, convencido de que en lo sucesivo será lo mismo. Despues que he visitado la Europa, he visto que nuestros esclavos están más ilustrados que la generalidad del pueblo, y cuando ménos el de España. Lo que es una realidad y parecerá una utopia, es que los esclavos son más ilustrados que nuestros campesinos, conocidos en el país con el nombre de jíbaros. Y para que Vd. vea que es una verdad, le haré la siguiente explicacion.
Puerto-Rico es uno de esos puntos de la América especial en todos conceptos. Esto es muy distinto á la isla de Cuba. En esta, Vd. sabe bien que no viven en los ingenios sino los empleados, y que se pasan los años sin que los dueños vayan á sus fincas, y si lo hacen es por muy pocos dias; de manera que saben lo que en ellas pasa por las comunicaciones que les dirigen sus respectivos administradores, mientras que aquí es viceversa.
Muy raro es el dueño de algun punto de importancia que no resida en él con su familia. De manera que los criados ven diariamente á los amigos de sus dueños, les oyen hablar de política, escuchan leer periódicos muy diferentes, así como las discusiones que se suscitan, y he aquí que de tanto oir hablar de política han aprendido aquellos más despiertos, trasmitiendo las ideas á los compañeros; y así se ilustran prácticamente. Cuando hay enfermos, se asisten los unos á los otros, y muchos han llegado á ser muy buenos practicantes, y las señoras, que por lo regular son muy caritativas, les inculcan buenas costumbres, desarrollándose así el amor á sus señores. Esta es la razon por lo que los esclavos de Puerto-Rico han acogido con tanta sensatez la noticia de su manumision.
Acaba de decírseme que los esclavos manumitidos de Guayanilla tienen el proyecto de costear de su propio peculio un banquete para obsequiar al partido reformista, sirviendo ellos mismos la mesa como un testimonio de gratitud por los esfuerzos que han hecho para manumitirlos. Juzgue Vd. si los esclavos aquí estarán tan atrasados como generalmente se cree.»
Un propietario de Fajardo, uno de los pueblos más entusiastas de la isla, decia en 8 del mismo Abril:
«Ayer domingo tuvo lugar en este pueblo la manifestacion por la gran conquista, por la abolicion de la esclavitud, y por muchos años conservará Fajardo el recuerdo de este dia.
Desde por la mañana fueron concurriendo los libertos y los vecinos de los barrios á la poblacion, animándola como es consiguiente con la aglomeracion de gente de ambos sexos y de todas edades y condiciones. A las cuatro se reunieron ante la alcaldía los grupos, gremios y estandartes, esperando al municipio que con el alcalde á la cabeza y presidido por la música se dirigió al templo.
Antes de empezar el Te-Deum el Diputado del distrito D. José de Célis Aguilera entró en la iglesia acompañado por muchas señoritas, las que llevaban un estandarte de seda morada con lemas alusivos al objeto de la manifestacion.
Si alguna vez el bello sexo está autorizado para abandonar sus femeniles tareas, sus diversiones y modas, tomando una parte activa en la cosa pública, es cuando como en esta ocasion entraña un gran acto de humanidad; entonces ningun corazon puede ni debe permanecer indiferente, entonces todos tenemos la obligacion de demostrar lo que sentimos. Las señoritas de Fajardo así lo entendieron, y mejor que permanecer en sus balcones quisieron mezclarse con el pueblo y recorrer con él las calles, demostrando en sus agraciados semblantes la inmensa alegría, el noble entusiasmo que llenaba sus corazones.
Sobre tres mil personas (la villa tiene seis mil habitantes) acompañaron la manifestacion, la cual, concluido su trayecto, volvió á la Alcaldía. El Sr. Célis Aguilera salió al balcon y rodeado por las señoritas de la comision dirigió á libres y libertos un sentido discurso.
Feliz estuvo el orador, y se comprende; cuando se está entre ángeles hay más inspiracion.
Despues el Alcalde Sr. Alonso despidió la concurrencia dando las gracias por el órden con que se habia llevado á cabo la manifestacion, y terminó el acto con entusiastas vivas á España, á la Asamblea, al Gobernador superior civil y al Diputado del distrito.»
No ménos esplícita era la carta del Sr. Malaret Anglada—que há poco desempeñó la alcaldía de Sabana Grande, uno de los pueblos más radicales y abolicionistas de la pequeña Antilla:
«La abolicion de la esclavitud fué decretada el 26 de Marzo y recibida con entusiasmo por todas las clases de la sociedad, escepcion hecha de unos cuantos esclavistas, pero en número insignificante. Este pueblo es uno de los que ménos esclavos tenia, pues solo contaba unos ciento treinta entre todos, y hoy solo queda por contratar alguno á causa de estar enfermo, y esto mismo estoy asegurado sucede en los pueblos limítrofes.
Aquí, tan luego se recibió la noticia oficial, se reunieron todas las personas visibles, se cantó un solemne Te-Deum al que asistieron todas las clases de la sociedad, asistiendo además todos los libertos de la poblacion; tambien asistí á la manifestacion pública que hubo en Mayagüez, en la que hubo una concurrencia inmensa, sin el más pequeño disgusto, así como en muchos otros pueblos, en los que en algunos la he presenciado y de otros lo sé de pública voz.
El Gobierno ha tomado medidas para evitar la vagancia, tal como los contratos, pero estos, en mi humilde opinion, lejos de ser lo que llene el objeto, creo por el contrario que no puede dar buenos resultados y en mi concepto habria sido mejor que el trabajo fuese libre como ellos, sin sujeciones á trabas, pues si bien algunos necesitan de represion, estos son pocos y podrian ser vigilados por las autoridades.
La generalidad de ellos son laboriosos y honrados, no habiéndose visto aun que los tribunales hayan tenido que proceder contra ninguno, lo que parecia tan natural sucediese, si se atiende al estado de abyeccion en que vivian y de lo natural que ha sido la alegría que han tenido al pasar del miserable estado de cosas al de verdaderos hombres libres.
Los contratos se han hecho en esta poblacion sin necesidad de represion, y puedo asegurar que no se diria al ver el modo de establecer las condiciones, no estaban avezados á la vida de la libertad.»
De Guayama—uno de los departamentos más conservadores, cuando no el más conservador, y donde más esclavos habia,—decian el 25 de Abril:
«El éxito más satisfactorio ha venido á confirmar, no tan solo las predicciones de ese ilustrado periódico y de los abolicionistas de la Península respecto á la abolicion de la esclavitud en esta isla, si que tambien las esperanzas de los que, aun corriendo grandes riesgos, sosteniamos aquí la necesidad de resolver aquel problema.
Conocedores de esta sociedad, de los elementos que la componen y de la índole de la poblacion esclava, siempre habiamos creido y sostenido que la abolicion inmediata se podia realizar sin trastornos de ninguna especie; pero el resultado obtenido hasta ahora ha sobrepujado á nuestras esperanzas.
Nada parecia más natural, y esto era lo que nosotros esperábamos, que una vez comunicada á los esclavos la libertad para ellos decretada por la Asamblea, se entregaran á los transportes de la más justa alegría; y que como consecuencia, permanecerian algunos dias sin trabajar. Sin embargo, ni aun esto último ha sucedido, limitándose á dar vivas á la libertad, á España y al Gobierno, y continuando sus trabajos, contratándose con sus antiguos amos, no obstante el trato de que algunos recibieran antes de la abolicion.
En este pueblo, donde desgraciadamente abundan más los esclavistas, el Sr. Viña, senador que ha sido por la isla y abolicionista, empezó á dar jornal desde luego á sus antiguos esclavos, lo que pudo originar un conflicto, pues otros dueños se resistian á satisfacer los justos deseos de sus libertos en este sentido. Pero afortunadamente, el Gobierno dispuso la celebracion de contratos provisionales, siguiendo todo tan tranquilo.»
Si esto ocurria fuera de la capital, allí donde el movimiento político ha sido siempre mayor y más vivas las opiniones avanzadas, en San Juan no pasaba cosa de menor importancia.
«El 30—decia un abolicionista de la capital—se recibió el telégrama de Madrid dándonos la fausta nueva de ser Ley el proyecto de abolicion. Empezó á circular la noticia por la noche, y el lunes apareció la Gaceta estraordinaria. Grande era la alegría que se retrataba en los semblantes, y no pasó de ahí hasta que el Ayuntamiento acordó un Te-Deum, una manifestacion y suplicar al vecindario iluminara por la noche las fachadas de sus casas. El martes se cantó el Te-Deum en la catedral con gran concurrencia (escepto los conservadores y la oficialidad, pues el único que asistió fué el comandante Hermosa), siguió la manifestacion y por la noche hubo la iluminacion como nunca se habia visto en Puerto-Rico. Por los periódicos verá Vd. con más detalles reseñado esto. Debo agregarle, sin embargo, que al dia siguiente, sin súplica ni nada apareció la iluminacion en las mismas casas, y que, escepcion del marqués de Casa Caracena, no iluminaron sus casas los conservadores. Estos se han acercado Gobernador y le han dicho se separan de la política; pero sigue el Boletin y Don Cándido, si bien más bajos de tono, con su misma intencion. Creo, sin embargo, que ese partido ha muerto, y vivirá poco, muy poco, porque gran parte de los negrófilos abandonarán sus filas, perdido el gran pleito, como lo llamaba el Boletin.
Tambien debo llamar su atencion sobre el estado de la isla. Nada parece haya sucedido. Todo sigue tranquilo; esclavos trabajando más y mejor con gran contento de sus amos y de ellos. Muchos, comprendiendo sus intereses, se adelantan á contratarlos y les pagan jornal desde el dia 1.º del corriente. Así contesta esta calumniada isla á sus detractores.»
Y confirmando estas noticias, se expresaban casi todos los periódicos liberales de Madrid;—que los conservadores enmudecieron como por ensalmo en todo este primer período de la abolicion, en que el partido conservador de Puerto-Rico acordó tambien separarse del terreno de la política, rechazando toda calificacion que pudiera darle carácter político, segun su declaracion de 21 de Abril. Así, por no citar más que La Nacion, su corresponsal borinquense decia:
«La grata y gran novedad que debo comunicar á usted, liberal de corazon, es la de haberse proclamado la abolicion de la esclavitud sin perturbacion ni otro disgusto que el experimentado, como era natural, por los amigos é interesados en aquella institucion malvada y asquerosa. Ellos solos no han aplaudido y se han quedado con dos palmos de narices, esperando trastornos y ruinas como pronosticaban, y vino en su lugar el público regocijo, la comun alegría de los blancos y los negros, de los libres y libertos. Principió la fiesta un solemne Te-Deum en la catedral con mucha concurrencia, y despues partió de la plaza, frente del Ayuntamiento, una manifestacion numerosísima de personas de todas clases y condiciones, dirigiéndose con música y estandartes al palacio del capitan general, donde se dieron vivas á España, á la Asamblea y al Gobierno Nacional por tan importante decreto. Por primera vez usaba este pueblo del derecho de reunion que no tenemos; pero que se concedió especialmente para esta vez, y se portó digna y honrosamente, como para confundir con su ejemplar conducta á sus injustos detractores.
Desde el balcon del palacio el señor corregidor, á nombre del Capitan general, suplicó á la concurrencia se disolviese, ya que el objeto de la manifestacion, que era demostrar el júbilo por lo decretado por la Asamblea, se habia conseguido. Accedieron gustosos los manifestantes, y satisfechos de la acogida del Gobierno, se disolvieron ordenadamente.
Esto dió motivo á falsas alarmas propaladas por los negreros, suponiendo falso el telégrama en que se daba la buena nueva, y añadian que la manifestacion habia cesado por ese motivo.
Concurrió á hacer creer las falsedades reaccionarias la llegada de un vapor de la Habana, cuyos pasajeros nada habian oido en el punto de partida sobro el decreto abolicionista. Esto dió lugar á una profunda tristeza y desaliento en todos los buenos corazones; pero estas alternativas de júbilo y dolor los hemos olvidado al conocer la certeza del decreto de abolicion.
Siento decir á usted que solo asistirian al Te-Deum algunos oficiales de marina y el comandante del presidio: el resto de la oficialidad del ejército brilló por su ausencia.
La ciudad se iluminó, sin faltar á esta demostracion de pública alegría las casas más pobres.
Solo algunas casas permanecieron oscuras y sombrías como el tráfico y corazon de sus dueños los opulentos negreros, ya por ustedes conocidos. El marqués de Caracena, uno de los jefes del bando conservador, iluminó su casa; lo hago constar con gusto.
Cosa igual ha sucedido en todos los pueblos de la isla, y quiero copiar aquí un solo rasgo bien significativo de una carta que acabo de recibir:
"A. irá el domingo próximo á su hacienda, en Ponce, á festejar á los que fueron sus esclavos."»
Al Anti-Slavery Reporter de Lóndres, órgano de la British and Foreign Anti-Slavery Society, cuya autoridad en la cuestion de la esclavitud es indiscutible y cuyos esfuerzos en favor de la libertad del género humano nunca serán bastante admirados, al Anti-Slavery Reporter le decia su corresponsal de San Juan, en 4 de Julio:
«Amos y esclavos fueron, en toda la isla, á la iglesia á dar gracias á Dios, por el beneficio que alcanzaban. En ningun país la emancipacion ha sido recibida con más tranquilidad. No ha habido un solo caso de desórden; ni un solo hombre borracho, ni un insulto dirigido á los amos crueles.
Ha habido tres dias de fiesta, é inmediatamente despues todo ha vuelto á lo acostumbrado y el trabajo ha seguido en las plantaciones. Los dueños concedieron á sus esclavos el mismo jornal que pagaban á los obreros libres. Aquellos amos que habian pecado de crueldad se hallaron sin trabajadores, porque sus siervos se negaron á continuar con ellos; pero esto se hizo sin ninguna palabra violenta. No puedo deciros en una carta todos los incidentes que han acaecido y que prueban el valor de la emancipacion inmediata. Quiero, sin embargo, informaros de un hecho importante.
En Puerto-Rico, como en Cuba, hay muchas familias pobres que han heredado esclavos, y que, viviendo en las poblaciones, sin tener tierras donde emplearlos, hacen un convenio con ellos y los dejan libres para ir á donde les plazca, con tal de que traigan á sus dueños cada semana una determinada suma. Muchas señoras de edad y no pocos huérfanos vivian en Puerto-Rico con el dinero que recibian de sus esclavos de este modo. Cuando la emancipacion se proclamó estas personas quedaron sumidas en la miseria. Tenian el derecho de hacer contratos con sus esclavos deteniéndolos en sus casas; pero esta posicion era peor, puesto que carecian de trabajo en qué emplearlos. Así es; que los esclavos fueron despedidos. Pues bien: muchos esclavos, conociendo que sus antiguos amos se quedaban sin medio alguno de vivir, de propia cuenta, sin sugestion de nadie, se contrataron con otras personas y consignaron la cláusula de que se diese la mitad de estos jornales á sus amos antiguos, mientras vivieran. Ahora quiero yo saber si muchos blancos habrian demostrado sentimientos tan elevados de humanidad y abnegacion.....!
Debo informaros tambien de que muchos amos han rehusado el hacer contrato formal alguno con sus antiguos esclavos, dejándolos en entera libertad, sin miedo á que caigan en la vagancia, en tanto reciban los mismos jornales que la gente libre; y creyendo que así están más dispuestos á trabajar.
El Gobierno no ha pagado cosa alguna á los poseedores de esclavos, ni ha tenido que vencer dificultad alguna respecto de los niños. Ni un solo esclavo se ha presentado al Gobierno de la isla ni á la institucion de Beneficencia pidiendo auxilio de ninguna especie. Ved como todos los viejos argumentos de los esclavistas y sus terroríficos pronósticos han sido destrozados por la experiencia de Puerto-Rico.»
¡Esto lo decia un estranjero! ¡Qué mayor satisfaccion para nuestra malaventurada patria!
Con estos datos no era de extrañar que el Gobernador Superior dijera al Ministerio de Ultramar en 13 de Abril de 1873, que se prometia un éxito completo en la empresa abolicionista, explicando todas las dificultades que se le habian ofrecido en los siguientes términos:
«Como no podia ménos de acontecer, los libertos esperaban con impaciencia la llegada del Mendez Nuñez, que habia de poner término real á su situacion desdichada, y conceptuando en su impaciencia que esta solucion se retardaba, han debido de intentar mover el ánimo de los que fueron sus dueños á aceptar las proposiciones de estos para ciertos arreglos privados de retribucion del trabajo, intentando separarse de aquellos de quienes no han podido obtenerla, pues he recibido telegramas de algunos propietarios manifestándome que, pagados por otros jornales á los libertos, resistian el trabajo los que habia en sus haciendas, por lo que me suplicaban remedio, al mismo tiempo que la autoridad de Mayagüez me manifestaba que los negros de algunas se le habian presentado pidiendo salarios, aunque en ademan pacífico, y que no se les encerrara en los cuarteles, y la de Guayama que algun hacendado le habia remitido como brazos inútiles algunos de los que fueron sus esclavos, por lo que, y teniendo en cuenta algunos otros indicios, aun que ninguno de carácter alarmante, he autorizado por circular á las autoridades locales que en donde se haga necesario, despues que procuren la mejor inteligencia entre hacendados y libertos, autoricen contratos provisionales, sujetos á aprobacion de los curadores; lo que parece ha producido muy buen efecto.»
El órden público, pues, lejos de haber sufrido quebranto, ha imperado de un modo muy superior á lo acostumbrado en épocas anteriores á la abolicion, en el mismo Puerto-Rico, dejando esta isla, en aquel particular, bastante atrás á las Antillas inglesas y francesas en circunstancias análogas.
Y no se puede prescindir, señor, de volver á la consideracion de que la obra de la emancipacion de los treinta mil esclavos de Puerto-Rico se complicó, precisamente en el momento más difícil, en los instantes mismos del planteamiento de la Ley redentora, con la reforma política, la cual produjo un ensanche extraordinario de libertades y un poderoso movimiento en el que figuraron como parte activa los mismos libertos y que se acusó, ora por las manifestaciones populares de San Juan, Ponce, Mayagüez y casi todos los pueblos de la pequeña Antilla hasta entonces sometidos á la dictadura militar, ora por las elecciones generales de Diputados á Córtes, á las que concurrieron nada ménos que 23.124 electores, esto es, 8.350 más que en las elecciones últimas del año anterior.—Es innecesario recordar las turbulencias que en 1848 siguieron al anuncio y planteamiento de las reformas políticas en las Antillas francesas, sobre todo en Martinica; turbulencias que dicho sea tambien en honor de la verdad, terminaron con el decreto de abolicion.
Por otra parte, débese reparar que todos los informes públicos de los hacendados más importantes de Puerto-Rico, así como los datos oficiales que han visto la luz en la Gaceta de Puerto-Rico, deponen en favor de la laboriosidad de los libertos.
Uno de los hacendados más ricos, inteligentes y patriotas de los departamentos meridionales—el Sr. D. Eduardo Quiñones (de Cabo-Rojo)—decia en una carta inserta en el núm. 20 de El Abolicionista:
«En cuanto á los libertos, es admirable el buen sentido y la circunspeccion que demuestran, de modo que todo cuanto se anunciaba del alboroto, de las perturbaciones y de la holganza que serian la consecuencia obligada de la Ley de abolicion, se ha puesto en evidencia que era purísima farsa. Por esto, y porque con la mejor intencion del mundo por parte de las autoridades, se han producido algunos disgustos entre los propietarios, con motivo de la contratacion de libertos, va haciendo camino la idea de abolir la cortapisa de los contratos obligatorios, salvas las reservas que contienen los reglamentos contra la vagancia.
Y no crean ustedes que esta es idea de los abolicionistas ardientes. De uno de los protectores de libertos me atrevo á asegurarles que conviene en la necesidad de modificar la ley en sentido radical: y la mayoría de los que con él están la constituyen precisamente hacendados, de modo que no sería difícil que á Madrid fuera una exposicion pidiendo la plena y absoluta libertad de los braceros.»
Otro hacendado y comerciante (de Vegabaja) que á su gran fortuna une un carácter emprendedor y un conocimiento poco comun de la agricultura tropical, el señor marqués de Cayo Caribe, creador de la primera central de Puerto-Rico, poseedor de muchos esclavos y dueño de la finca más adelantada de la isla, escribe en carta fechada el 12 de Junio de 1873, contestando al interrogatorio que la Sociedad Abolicionista dirigió á los hacendados más notables de la isla:
«1.º Lo que á Puerto-Rico atañe y conviene con motivo de la abolicion.—Respuesta. Consumada ya esta sin el menor desórden y sin trabajo alguno, quedan de hecho y rotundamente desmentidas las temerosas predicciones que se venian haciendo sobre la trascendencia de esa medida en el órden público y político de esta Antilla. Esa gran reforma, por el contrario, no ha producido más efecto, en ese terreno, que el muy saludable de cegar para siempre la fuente más fecunda en inmoralidad, y por tanto en serios peligros para el porvenir.
En cuanto al órden económico, no puedo decir hoy á punto fijo hasta dónde ha podido ó pueda influir la abolicion en la produccion y la riqueza da la provincia. Fácil fuera eso, si la abolicion se hubiera llevado á cabo en una situacion normal; pero ha venido, no solo á mitad de la zafra, sino en un año malo, muy malo para la isla, á consecuencia de los ruinosos precios de sus azúcares y de la grande sequía que en toda la costa Sur, la más productora, ha reducido la actual cosecha á la mitad y hasta á un tercio de lo ordinario.
Por otra parte, la especial y defectuosa constitucion de este comercio, la falta absoluta de establecimientos de crédito, la escasez relativa de capital circulante, los escandalosos despilfarros políticos de cierto partido, y en no pequeña parte los que con repetidas alarmas ficticias, para poner obstáculos á las reformas, no han titubeado en su ciego furor ante la perspectiva de arruinar en el extranjero el crédito de la provincia, habian originado ya, especialmente en el rico distrito de Ponce, numerosas suspensiones de pagos y quiebras, cuyos efectos experimentó todo el territorio.
Seguro es que todo esto ha de atribuirse á la abolicion de la esclavitud, por más que sean hechos anteriores á ella, ocurridos cuando ni los unos ni los otros la esperaban, y que tienen por origen causas muy distintas y de fácil comprobacion.
El efecto general de la abolicion ha sido el siguiente:
La mayor parte de los esclavos dedicados á la agricultura han permanecido y continúan voluntariamente con los que fueron sus dueños, y no son pocos los rasgos de abnegacion, como el de continuar entregando parte de sus jornales á sus antiguos amos ó amas que no tenian otros medios de subsistencia.
Son excepciones las haciendas, que se han quedado sin su anterior esclavitud: de ellas, la mayor parte encuentran sin gran dificultad brazos libres con que reemplazarla, aunque les cueste algo más. Algunos no los encontrarán, por ser terrenos insalubres ó plagados de mosquitos y hormigas que ahuyentan al trabajador.
Disminuidas á lo racional las horas de trabajo, y habiendo servicios penosos en que solo se empleaba antes el esclavo, el costo de produccion aumenta de un modo sensible hoy, á causa de la depreciacion de los frutos.
En cuanto al servicio doméstico, en que se empleaba la mayor parte de la esclavitud, la perturbacion ha sido más profunda, pues son pocos los esclavos que han continuado, despues de libres, en sus antiguas casas, y es muy difícil reemplazarlos por lo relajada é ignorante de sus deberes que de antemano se hallaba en toda la isla la clase de sirvientes domésticos. Mas esos son efectos naturales de su constitucion social, que solo pueden irse remediando con el tiempo y con otra clase de reformas que deben dejarse á la iniciativa individual y local. No influyen de un modo digno de atencion en la riqueza pública.
2.º Efectos producidos en los negros.—No son dignos de mencion. Buenos por su naturaleza casi todos; bien tratados antes de la abolicion, la mayor parte, aunque resentidos por el simple hecho de obligarles al contrato, comprenden la necesidad de trabajar y no huyen el trabajo.»
Un activo y afamado fabricante de Mayagüez—el Sr. Raldiriz—decia á la Sociedad Abolicionista en Octubre de 1873 lo que sigue:
«La Ley fué recibida con júbilo por todos aquellos que sienten latir ese amor santo á la libertad, á esa libertad que fortifica y engrandece al hombre; y como era de esperar, dada la condicion del siervo, ha sido admirable el efecto producido en ellos, los cuales siguen trabajando, unos con sus antiguos dueños, otros con otras personas, pues cada cual, procurando mejorar, ha buscado el servicio que le ha parecido más ventajoso; pero es preciso reconocer, si bien no se nos escapa que fué una transaccion política, que el contrato establecido es una inconveniencia que en la práctica no puede llevarse á cabo, mucho más, dado el Reglamento que para este efecto se ha publicado.
Oblígase á contratar á todos los libertos, salvo los inútiles y los físicamente impedidos para el trabajo, los cuales, como aquí escasean las casas de beneficencia, quedan sujetos á la caridad pública.
¿Puede ser justo y equitativo contratar á un hombre que tiene peculio con que trabajar por su cuenta? ¿Puede haber moralidad en contratos de padres é hijos? ¿No es injusto y contra lo natural el no permitir que un padre ó una madre lleve á su calor á su hijo? Pues todo esto sucede aquí.
Todos los mayores de 12 años han de estar contratados, y no puede contratar aquella persona que no tenga ocupacion que dar al liberto y carezca de una propiedad ó medios de vivir regular. Esto, si se quiere, es una garantía para el liberto; pero, ¿por qué razon una madre pobre, ya de alguna edad, no ha de tener consigo á una hija que con su trabajo pueda atender á aquella infeliz? En San German hay en una hacienda un liberto que tiene 3 ó 4.000 pesos, y gana diarios seis ó siete con los animales que tiene alquilados en la misma finca; pues á este liberto se le obliga á contratarse, siendo capitalista que puede vivir de las rentas de su dinero. Otros tienen medios para trabajar por su cuenta, pues aquí con poca cantidad se pone una carreta al tráfico mercantil, y se obtiene con que vivir, y quien dice una carreta, dice otras pequeñas industrias que no necesitan mucho capital. Hay más. Hay muchos libertos que son de oficio, como albañil, carpintero, tonelero, herrero, y estos ganan 10 ó 14 reales diarios, teniendo dificultad para contratarse por la sencilla razon de que no todos los dias encuentran trabajo con una misma persona y porque ellos se hallan en aptitud de ajustarlos y hacerlos por su cuenta, lo que les es más ventajoso. Además, ¿hay poder humano que pueda obligar al contrato á una liberta que contrae matrimonio con un hombre que ha sido libre toda su vida? Pues qué, ¿acaso un hombre que pasa á formar una familia ha de consentir semejante cosa? Preferible es no casarse, y cuenta con que casos de estos se han presentado. Repito, pues, que el contrato es una inconveniencia que no tiene objeto plausible, y claro es que conviene desaparezca cuanto antes, pues debemos tener en cuenta que la generalidad de los libertos se hallan bastante adelantados, faltando solamente que desarrollen su inteligencia.
Ahora bien: como, por razon natural, no todos poseemos iguales sentimientos, y así como unos tienen aficion al trabajo, otros se inclinan á la vagancia, es necesario que exista una buena ley de vagos, pero una ley verdad, que corrija severamente al desaplicado y al turbulento. Debo hacerles presente, que habiendo alguno da ellos inclinados al robo, aunque en pequeña escala, sería conveniente y útil que existiera un tribunal correccional para la resolucion de esos pequeños hurtos, sin necesidad de procesos criminales, cuya tramitacion en nuestra isla es demasiado larga y costosa, siendo indudable que obtendriamos mejoras resultados con esa especie de jurado, al aire libre, y del cual podría formar parte la autoridad local, el síndico del Ayuntamiento y el secretario del mismo, y cuyos fallos deberian ser, en trabajos de duracion, arreglados á la falta cometida. No creo demás decir á Vds. que los libertos ganan ordinariamente, los de hacienda de caña, 4 reales diarios, manutencion y casa, los de café, 8 y 10 pesos mensuales, y en tiempo de cosecha, 10 reales por cada fanega de café que cojan; los de oficios domésticos, 8 y 10 pesos mensuales, con manutencion: el precio es muchas veces segun lo que se facilita al liberto, porque algunos obtienen hasta la ropa y la asistencia médica.
En los pueblos pequeños los sueldos son menores; por lo que llevo dicho ya ven Vds. que la libertad no ha sido mal recibida y ha producido sus naturales efectos; lo único que hace falta, despues de lo dicho, es la indemnizacion, de que Vds. nada dicen. La isla hace algunos años atraviesa una terrible crísis económica, cuyos males han crecido últimamente, con motivo de los bajos precios á que se cotizan nuestros azúcares en las plazas consumidoras, la sequía en algunas localidades y otras causas, sobre las que me ocuparé en carta separada. Así es que muchos hacendados hoy no encuentran con facilidad quien les anticipe fondos para atender á sus fincas, lo que no resultaria si tuviésemos un Banco; pero ni ley autorizando su creacion tenemos, ni iniciativa alguna, pues demasiado apáticos, carecemos del espíritu de asociacion, el tiempo pasa y aumenta el mal.»
Otro hacendado de la rica é importante villa de San German, individuo de una de las familias más respetadas é influyentes de la isla, comisionado que fué en 1866 á la Junta de Informacion que se inauguró en Madrid, y Diputado á Córtes en 1872, el Sr. D. Francisco Mariano Quiñones, contestó en 9 de Junio de 1873 á la Sociedad Abolicionista en los siguientes términos:
«Y en efecto: dos meses escasos de vida más espansiva para todos y en conformidad con las leyes de la humanidad, han sido bastantes para que la pasion política pierda su odioso carácter de intransigencia, y conservadores y reformistas se acercan ya unos á otros y discuten amigablemente sobre la mejor manera de contrarestar los funestos efectos de la gran crísis monetaria por la que atraviesa el país á causa de la pérdida de la mayor parte de nuestras cosechas por falta de lluvias á su debido tiempo y la baja de precios para nuestros frutos por la gran abundancia en la produccion extranjera.
Fábricas centrales, Bancos; estas son las grandes cuestiones que preocupan hoy los ánimos en Puerto-Rico, y no creo que se piense ya en seguir creando artificialmente como antes motines como el de Junio del 71 en la capital y el más reciente de Camuy.—En la vida social van desapareciendo rápidamente aquellas divisiones que mantenian para todo separadas á las familias unas de otras. Todo ha tomado, en fin, aspecto más halagüeño, á pesar de la rigidez de los tiempos que corremos, exhaustos de dinero y con nuestro crédito quebrantado en el extranjero.—Nuestro Gobierno puede hacer mucho para remediar este mal, que puede llegar á ser superior á los esfuerzos del país, si abandonado á sus propios recursos, para resistirlos no hace efectiva la indemnizacion. Sea la indemnizacion una verdad, siquiera haya de pagarla luego la provincia con creces. Haga posible por ese medio la creacion de Bancos y de máquinas centrales si se necesitan para que nuestra industria pueda ponerse otra vez en estado de sostener la concurrencia de otros paises azucareros. Cuando Vds. puedan influir en ese sentido deben hacerlo, porque será un bien y un medio de poder llegar á sentar sólidamente nuestras afirmaciones con respecto á que no es necesario el brazo esclavo para la produccion.
Hasta aquí en cuanto les llevo dicho verán Vds. poquísima novedad. Y ¿qué más pudiera decirles? En su pase á mejor estado, que se ha llevado á cabo sin la menor perturbacion, ha seguido el esclavo como era natural las huellas de la clase libre trabajadora, imitándola en sus virtudes y sus vicios. Trabajan como ellos, es decir, no siempre á gusto de los propietarios, malgastan casi siempre el fruto de su trabajo en el baile, en el juego, es verdad; ¿pero podia esperarse otra cosa?
Uno de los grandes beneficios que nos ha de traer con el tiempo la Ley de la abolicion, ha de ser la mayor moralizacion en la clase jornalera.
Es innegable que aunque numerosa y resistente en el trabajo cuando lo toma, tiene defectos que preocupan con razon al propietario.
Muchos creen que estos provienen de la falta de grandes necesidades por la benignidad de nuestro clima; pero en nuestro país no es posible ya que el proletario viva de otro modo que del trabajo ó del robo, y por desgracia, son muy elásticas sus nociones de moral por cuanto al respeto que se debe á lo ajeno. No se conocen apenas en Puerto-Rico grandes crímenes; pero el hurto, la ratería, como la llamamos nosotros, es un vicio tan general en nuestra clase trabajadora, que es la causa principal de su poca asiduidad en el trabajo y del abandono del cultivo de los frutos de primera necesidad. Y nuestra legislacion parece que propende á favorecerlo, puesto que para su represion determina trámites tan complicados y castigos tan severos, que los mismos perjudicados por los hurtos se inclinan siempre á dejarlos impunes antes que dar pasos para que se corrijan. Es natural que nuestros libertos no se distingan ventajosamente sobre este punto. Hacen lo que hacian en la servidumbre y lo que ven hacer á los que hoy son de su misma clase. Fuera de buenas reformas en las leyes penales, ¿no contribuiria á aminorar este mal la mayor difusion de una buena enseñanza en la clase proletaria?
Para terminar, voy á hablar á Vds. de la contratacion; de ese último eslabon que han creido nuestros legisladores deber conservar en la cadena del esclavo. Deprime al hombre libre, ya que pone en juego toda su energía, toda su astucia para librarse de él: el propietario lo rechaza porque ha comprendido que, lejos de favorecerle, es un entorpecimiento continuo en la marcha de sus trabajos. Conservadores y reformistas están de acuerdo sobre este punto. En la primer reunion que se celebró en nuestra localidad de propietarios para oir la lectura del reglamento de esclavos, fué autorizado (y la iniciativa partió de los conservadores) para hacer una mocion pidiendo la supresion de la contratacion de los libertos por considerarla perjudicial á los intereses de todos. Un solo voto se opuso á nuestra súplica al Gobierno, y así consta en el acta que se celebró en aquella reunion. En todos los pueblos de la isla oigo decir que se resiente el trabajo por el mismo motivo. Yo espero que nuestros Diputados trabajarán por que se reforme en este punto la Ley.»
Por último, el ex-director del Instituto de Puerto-Rico D. José Julian Acosta, Diputado á Córtes en dos ocasiones, comisionado en 1866 á la Junta de informacion, uno de los más antiguos abolicionistas de nuestras Antillas y una verdadera ilustracion de la América española, decia lo que sigue:
«Aquí se promulgó la redentora Ley y se está cumpliendo en medio del órden más perfecto y con la mayor satisfaccion por parte de la inmensa mayoría de estos habitantes.
El Reglamento para la contratacion de servicios de los libertos, que vió ayer la luz pública, es fiel al principio fundamental de la Ley: la libertad de los que antes fueron esclavos. Con su publicacion han perdido su última esperanza los esclavistas disfrazados con capa de abolicionismo.
Como lo ví desde el año de 1866, la abolicion en Puerto-Rico solo entraña un problema económico. El órden ni se ha turbado ni se turbará felizmente; pero puede suceder que muchos hacendados carezcan de metálico para satisfacer los jornales.
Este temor nace de la sequía que trabaja algunas comarcas azucareras, como Guayama y Ponce; de las quiebras que han sufrido varias casas de comercio, y principalmente del bajo precio que alcanza el mercado.
A prevenir la crísis económica deben todos Vds. dirigir sus esfuerzos, tanto por Puerto-Rico, cuanto porque del buen éxito de la abolicion en Puerto-Rico depende la de Cuba, á que debemos aspirar sin tregua ni descanso.
Trabajen por realizar el empréstito en Inglaterra para que venga metálico al país, y por promover el establecimiento de uno ó varios Bancos con objeto de que la moneda fiduciaria multiplique tambien las transacciones.»
Como estos, muchos otros Informes pudieran reproducir aquí los infrascritos: Informes que verán la luz dentro de poco; mas parece bastante lo expuesto para no alargar inconsideradamente el discurso y dejar sitio á otros datos de carácter puramente oficial, que nos permitimos recomendar á la ilustrada consideracion de V. E.
La ley de Marzo, en vista de la continuacion del trabajo y un tanto recelosa de los libertos, impuso á estos, por el art. 2.º, la obligacion de celebrar contratos de modo que por espacio de tres años hubieran de aparecer ocupados los recien emancipados. Pues bien: esta obligacion ha sido perfectamente cumplida como lo demuestra, á más del párrafo ya reproducido del discurso del Presidente de la Audiencia de Puerto-Rico, los siguientes Estados, que, suscritos por el Secretario del Gobierno superior de la pequeña Antilla, D. Gerónimo San Juan, obran en poder de la Sociedad Abolicionista y que de seguro posee tambien el ministerio de Ultramar.
Hélos aquí: