LA PLEGARIA POR TODOS.
Reading edition
(Traduccion de Víctor Hugo.)
FRAGMENTO.
Ora pro nobis.
Vé á rezar, hija mia. Mira: la noche llega, un planeta dorado allá su luz desplega, la bruma de los valles se extiende por doquier; apenas por la sombra cruza algun peregrino, todo busca reposo; del árbol del camino el viento de la tarde hace el polvo caer. El crepúsculo, abriendo la noche por Oriente, hace brillar los astros con claridad creciente, descolora el ocaso su franja de carmin; sobre el agua, el reflejo de los astros se mece, surcos, senderos, bosques, todo se desvanece, el pasajero inquieto duda por dónde ir. El dia es para el dolo, el mal y la fatiga. Recemos. Vé la noche. ¡La noche, dulce amiga! De la torre en las grietas el viento gemidor, las aguas, los rebaños con su voz agitada, todo sufre y se queja; la natura cansada necesita reposo, rezo, silencio, amor. Es la hora en que los niños hablan con otros séres, y mientras que corremos tras extraños placeres, ellos murmuran todos una plegaria igual; y con las manos juntas, de rodillas postrados, piden, hácia los cielos los brazos levantados, gracia para nosotros al Padre Universal. Y dormirán á poco; entónces, en la sombra, sueños de oro, en alegre tropel que el alma asombra, que nacen con los ruidos del dia al espirar, de léjos atraidos por sus labios de grana, cual vuelan las abejas sobre la flor lozana, de su lecho en los pliegues se vendrán á posar. ¡Oh sueño de la cuna! ¡Plegaria de la infancia! ¡Voz que siempre acaricia del mal en la ignorancia, religion que se esparce y sonrie al surgir, preludio del concierto que en la noche se exhala!... Como el pájaro esconde su pico bajo el ala, en la oracion el niño mece su alma al dormir.
II.
¡Vé á rezar, hija mia! Primero por aquella que meció tantas veces tu cuna blanca y bella, por la que, tú en el cielo, fué á buscarte hasta él; y te puso en el mundo, y madre cariñosa, por tí haciendo dos partes de la vida azarosa, tomó siempre el acíbar y te dejó la miel. Ruega por mí en seguida. A mí me hace más falta. Ella, como tú, áun lleva la frente pura y alta, tiene el alma serena y el corazon sin hiel; piadosa para todos, ignora qué es la envidia y sufre resignada el mal y la perfidia sin pensar en quien lo hace y sin quejarse de él. Cogiendo sólo flores, nunca su mano hermosa ha tocado del vicio la copa contagiosa, ningun lazo la arranca al amor y al hogar; en su clemencia olvida pasados extravíos... ignora qué son esos pensamientos impíos que pasan por el alma cual sombras por el mar. Ella ignora—que siempre lo ignores, hija mia,— las miserias del mundo con que el alma se enfria: placeres, vanidades, vergonzoso dolor, pasiones, locos sueños de mentida ventura, recuerdos misteriosos de tédio y de amargura que hacen subir al rostro la llama del rubor. Yo sé más de la vida, y yo podré decirte, cuando crezcas, y tenga, por tu mal, que instruirte, que perseguir el arte, la gloria y el poder son locura y mentira; que al tocar la victoria se encuentra la vergüenza en lugar de la gloria, y que el hombre en la lucha suele el alma perder. Viviendo, el alma duda, y aunque en todo se siente el fin supremo claro, visible y trasparente, se envejece del vicio en negra esclavitud; el hombre olvida el gérmen de su orígen divino, que á todos roban algo las zarzas del camino, su vellon á la oveja y al hombre su virtud. Vé, pues, y por mí reza; y reza solamente diciendo á Dios: «¡Tú eres nuestro Padre clemente! ¡Piedad! ¡Tú eres el bueno! ¡Tú eres el inmortal!» Deja ir la palabra donde el alma la envía. No te inquietes por ella, todo sigue su vía; no pienses el camino que ella puede tomar. Todo tiene aquí bajo marcado el derrotero: el rio, hasta el mar hondo sigue el curso ligero, la abeja laboriosa va de la flor en pos; que tiene su destino todo vuelo que zumba: el águila á los cielos, el vampiro á la tumba, la golondrina al nido y la oracion á Dios. Cuando por mí hasta el cielo su voz vuela ligera, soy como el pobre esclavo sentado en la ladera, que al borde del camino deja el fardo cruel. Me siento descansado, que la carga espantosa de penas y de errores que agobia mi alma ansiosa, tu rezo bendecido hace volar con él. Vé á rogar por tu padre. Pide á Dios me conceda sueño tranquilo y dulce con que reposar pueda, que la fé torne viva mi espíritu á inflamar. Borra todas mis culpas con tu aliento inocente, y que á su beso quede mi corazon doliente puro como la piedra del ara del altar.