A...
Reading edition
Suave el dorado virginal cabello, puros y azules los rasgados ojos, blanca la tez, enrojecido el labio, lánguido el talle. ¡Cuántas bellezas por mi mal nacidas! ¡Cuántos tesoros, para mí vedados! Tiemblo, mujer, al recordarte ausente, tiemblo y suspiro. ¡Sabes que sólo gozo cuando sueño (cuando en mí la existencia se interrumpe!) al dar mi mente á los recuerdos vida, sér á tu imágen! ¿Sabes amar, sin esperar siquiera ¡triste placer! que tu pasion conozcan? ¿Sabes llorar... pero llorar de celos? ¡Ay! no lo sabes. Sigue, sigue inocente tu camino, piensa una vez, y compadece al triste; ruede una vez por tu sereno rostro lágrima ardiente. Y cuando al seno de la madre tierra vuelva tu cuerpo, en mármol convertido, unjan tu frente de olorosas flores suaves aromas. Tiemble al contacto de la forma pura dándole abrigo, la feliz arena, muera yo luégo, y del sepulcro frio repose al lado.