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Historia del Paraguay, Río de La Plata y Tucumán

SERIE

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De los Señores Gobernadores del Paraguay, desde D. Pedro de Mendoza, hasta D. Fulgencio Yedros, segun consta de los libros capitulares que se conservan en el archivo de la Asumpcion; por el P. Bautista.

DESCUBRIMIENTO DEL RIO DE LA PLATA.

1512-1534.

Juan Diaz de Solis, piloto mayor del Rey, de cuya órden, aunque á su propia costa, salió de España para estas partes y costas magallánicas, entonces por ninguno otro surcadas, pues fué su derrota el año del Señor de 1512: y mediante ella, y estar ya declarado por el Papa Alejandro VI, que desde Santa Catalina hácia el sur pertenencian estas navegaciones y conquistas á los Reyes de Castilla, y haber navegado dicho Solis siguiendo la meridional, hasta cuarenta grados, desde donde retrocediendo dió con la boca del Rio de la Plata, entrándose por ella, tomó posesion de aquella tierra, y dió á este rio (que los naturales llamaban Parana-guazú, que suena lo mismo, que “rio como mar”) el título de su apellido: por el cual fué conocido hasta Gaboto, que fué el segundo que lo navegó, y que le dió el nombre de Rio de la Plata, por la que de él llevó á España.

Antes de la llegada de Gaboto, Hernando de Magallanes reconoció su boca, aunque no entró por él, sino que se enmaró hasta descubrir el estrecho de su nombre y las islas Filipinas, donde murió, quedando en su lugar Sebastian Cano, que surcó ambos mares. Como de estos dos descubrimientos de Solis y Gaboto, aquel español, vecino de un lugar de Andalucía, llamado Uría, y este veneciano, resultase que muchos caballeros hidalgos se ofreciesen al Emparador á poblar esta tierra, que segun daba muestras, era muy poderosa y rica; entre los que con mas ardimiento hicieron esta pretension, fué D. Pedro de Mendoza.

PRIMERA PARTE.

GOBERNADORES DEL PARAGUAY Y RIO DE LA PLATA.

I.

D. PEDRO DE MENDOZA.

1535-1537.

D. Pedro de Mendoza, deudo de D.ª María de Mendoza, muger del Señor Secretario D. Francisco de Cobos; como era criado de la casa real, y gentil-hombre de boca del Emperador, y por otros respetos, obtuvo fácilmente esta gobernacion de Su Magestad, con título de Adelantado, y merced que se le hacia de Marquez de lo que poblase y conquistase, con todo el rio de la Plata, y en doscientas leguas de una y otra parte de sus costas. Esforzáronse con esto muchos caballeros de toda España, ofreciéndose á D. Pedro con sus caudales y personas, teniendo á mucho honor los que eran admitidos en su compaña. De hecho, salieron de San Lucar de Barrameda, y se hicieron á la vela en catorce navíos, el 14 de Agosto 1535; y despues de varios sucesos que ofreció esta navegacion, tomó puerto y posesion de su adelantamiento en la isla de San Gabriel, frente al parage donde está fundada hoy la Colonia de los portugueses, y único asilo, hasta entonces, de los españoles, para verse de algun modo libres de las continuas invasiones de los indios infieles de tierra. Dió órden á su hermano D. Diego de Mendoza, pasase á la parte de Buenos Aires y poblase por aquella costa donde mejor le pareciese. Como en efecto, como media legua mas abajo de la boca del Riachuelo, fundó un lugarcillo y casa fuerte, con el título de Puerto de Santa Maria, el que por las crueles invasiones de los naturales de aquella comarca, y muerte de D. Diego y de los suyos, no tuvo estabilidad. Viendo este suceso, y la suma penuria en que estaba toda su armada, que se componia de dos mil y docientos hombres, sin las mugeres y niños, dió órden el Adelantado de mandar al capitan Gonzalo de Mendoza por víveres al Brasil; y para pasar rio arriba, nombró por su teniente general á Juan de Oyolas, y lo despachó con doscientos hombres, á que registrase aquellos paranás y sus costas, y viese si podia proveer la armada de algunos bastimentos. En efecto, así se hizo: pero ni con estas providencias, y otras que le parecieron acordadas, pudo estorbar la peste, hambre é innumerables otras plagas, que le habian consumido casi la mitad de la gente; y tenia, segun se mostraba adversa su fortuna, que sucumbir él y su resto al cúmulo de tantas desdichas y miserias. Contrarrestado así, y afligido su ánimo, determinó dejar aquella empresa, ya para sus fuerzas insoportable. Y en efecto, dejando, ó manteniendo siempre de su teniente general, para las conquistas del rio arriba, al capitan Juan de Oyolas, en las cuales, de su órden, se hallaba entendiendo; y para las pertenecientes á Buenos Aires, isla de San Gabriel, puerto de Sancti Espiritus, donde dejaba alguna gente y casa de su habitacion, &c., nombrando con el mismo cargo de general, al capitan Francisco Ruiz; dadas otras providencias, tomó un navío con la gente que le pareció, y se embarcó para España á principios del año de 1537, en cuya navegacion acabó miserablemente su vida, su marquesado, adelantamiento y gobierno.

Conserváronse algun tiempo los conquistadores bajo de la conducta y mando de sus generales: mas, como las calamidades, en lo que pertenecia á Buenos Aires, se aumentaban cada dia, tuvo por bien el retirarse Ruiz con parte de su gente á la Asumpcion, informado de que se pasaba mejor allí, por la amistad grande que los españoles habian contraido con el cacique Paraguá, señor de aquella tierra, y con sus indios guaranís; y que por esta causa quedaba Gonzalo de Mendoza con 60 soldados fundando, y estableciéndose ya. Todo esto se hizo así el año de 1537. Llegados los de Buenos Aires á la Asumpcion se hallaron con la novedad de haber los Payaguás (hasta hoy infamísima raza, que domina todo aquel reino) despedazado y muerto á traicion al capitan Juan de Oyolas y á todos sus soldados, de vuelta del descubrimiento del Paraguay arriba. Con este incidente, y no conviniéndose los capitanes en quien habia de ser su superior y general, se abrió una cédula del Emperador, que se le habia fiado al veedor de Su Magestad D. Alonso de Cabrera; y leida en alta voz y visto su contenido, que era en substancia:—“Que en caso de morir el Adelantado, sin haber antes ni despues persona legítima que hiciese sus veces en el gobierno, se juntasen todos los conquistadores á elegir entre ellos mismos sugeto apto para tal cargo.” Eligieron, en virtud de esta real providencia, dada en Valladolid, á 12 de Setiembre de 1537, y nombraron de unánime consentimiento por su Gobernador y Capitan General, al capitan D. Domingo Martinez de Irala, quien aceptó el gobierno, y le comenzó con mucho acierto, y á satisfaccion de todos, este mismo año de su eleccion, que fué el de 1538.

Segun lo arriba dicho parece está claro haber sido el primer Gobernador de estas provincias del Rio de la Plata, entonces unidas, el Señor D. Pedro de Mendoza: cuyo gobierno duró mas de año, despues de haber entrado y tomado posesion de ellas; y por su fin y muerte, y de sus dos gefes, el que las serenó, aquietó los turbados ánimos con las pasadas desgracias del tiempo, las conquistó, redujo á policía, estableció por capital y república de todas ellas la ciudad del Paraguay, con título de la Asumpcion de Nuestra Señora, é hizo todo, porque ninguno hizo tanto, es y fué.

II.

D. DOMINGO MARTINEZ DE IRALA.

1538-1541.

Era este caballero capitan de la armada de D. Pedro, y lo habia sido en España aventajado, y de mucho honor y cuenta, así por sus bellas prendas y valor, como por su conocida sangre y casa, que trae y tiene su orígen de la villa de Vergara, provincia de Guipuzcoa. De este cúmulo de prendas, heredadas y adquiridas, resultó el acierto de su gobierno, siendo el mayor el haber recogido en la Asumpcion el resto de la gente que habia dejado el general Ruiz en Buenos Aires, para que todos unidos en esta nueva fundacion, formasen un cuerpo, que se pudiese mantener, pues divididos todos perecerian, como se habia visto practicamente, que apenas se contaban setecientos hombres, de dos mil y tantos que entraron á esta conquista. De este acuerdo resultó el que los que se hallasen sueltos, que eran los mas, fuesen tomando por mugeres las hijas de los naturales, que ellos mismos se las ofrecian y daban gustosos, para emparentar con hombres tan valerosos y de buenas partes. Con esto vino á tener tanto aumento esta provincia, que en menos de cincuenta años ya se habia poblado hasta Buenos Aires, y rio arriba hasta Xerez, Santa Cruz de la Sierra y provincia del Guayra. Se mantuvo en su gobierno este señor hasta el año de 1541: en cuyo año se recibió y entró al Paraguay por Gobernador y su Adelantado.

III.

D. ALVAR NUÑEZ CABEZA DE VACA.

1541-1542.

Era este caballero natural de Xerez de la Frontera, pero vecino de Sevilla, y nieto del Adelantado D. Pedro de Vera que conquistó las Canarias: pasó de tercero á la conquista de la Florida, que intentó hacer Panfilio Narvaez y los suyos: los cuales todos fueron muertos y comidos de aquella gente bárbara y caribe: de cuyo destrozo le libertó aquel Señor que cuida aun de proteger á la avecita que viene á la red del cazador. Así libre, cuando mas cautivo y preso él y un esclavo suyo, determinó este Señor, en tan duro cautiverio, serlo de sus acciones, viviendo tan ajustadamente como si estuviera en Sevilla; que miróle Dios, y le preservó de aquel general estrago.

Tomáronle aquellos bárbaros tanta estimacion y respeto, que lo eligieron por su capitan y gefe principal; y de cautivo vino á ser señor casi absoluto. Mas como todo su anhelo era verse entre los suyos, determinó de atravesar desde allí á Méjico; como lo hizo con gran trabajo, por la suma distancia y las fragosidades de aquel inculto país, gastando en esta jornada diez años.

Puesto en Méjico, determinó pasarse á Castilla, en donde llegó á tiempo que ya se sabia allí la muerte de D. Pedro de Mendoza, y el estado en que quedaban las conquistas del Rio de la Plata. Se presentó al Rey pidiendo este gobierno y adelantamiento, con cargo de conquistar y poblar toda esta tierra. Lo que, vistos sus méritos, se lo concedió el Rey, con estas mismas capitulaciones; y de hecho en cinco navios de armada se embarcó en San Lucar, año del Señor de 1540.

Llegó á Santa Catalina, y cansado de la navegacion, que no le fué muy favorable, determinó tirar de allí por tierra al Paraguay: y así lo hizo, dando órden que las naos siguiesen su derrota hasta San Gabriel, y dejando allí las mayores, siguiesen las otras hasta la Asumpcion. Todo lo egecutó con tanta felicidad, que ni en las 400 y mas leguas que dicho Cabeza de Vaca atravesó por tierra, ni en la penosa navegacion del Rio de la Plata, le faltó un solo soldado.

Recibido que fué en la Asumpcion el referido año de 1541, se mantuvo con aplausos de grande y esforzado caballero hasta el 15 de Agosto del año 1542: desde cuya fecha volviósele tan adversa su fortuna y mal hado, que en nada le fué favorable; porque los tumultuantes ó envidiosos de su gloria, formaron una conjuracion, le prendieron, y presto le enviaron á Castilla; y de unánime consentimiento eligieron al Señor Irala, aun estando ausente en la conquista de Acay, y bien achacoso de unas tercianas. Y por mas que se escusó, por no manchar sus manos en la sangre de inocente, como era poderosa la conjuracion, tuvo por bien admitir el gobierno.

IV.

D. DOMINGO MARTINEZ DE IRALA.

1542-1557.

Siguió Irala desde el mismo año de 1542 hasta el de 1546, en que se ausentó en pos de sus descubrimientos hasta los confines del Perú, dejando en la Asumpcion por su lugar teniente á D. Francisco de Mendoza: de cuya ausencia resultó otra nueva conjuracion y motin, en que eligieron por general á un caballero sevillano, llamado Diego de Abreu: á quien Mendoza corriendo el año de 1549, mandó cortar la cabeza en público cadalso. De este hecho resultaron mil inconvenientes, que con la llegada del Señor Irala, á principios del año de 1550, y nueva eleccion y juramento de homenage que le hicieron, se serenaron y acabaron todos estos ruidosos hechos, que tan achacosa, hasta estos nuestros tiempos, dejaron á esta tierra.

De su gobierno y acertados proyectos fué informado el Emperador; y por haber muerto en Sevilla D. Juan de Sanabria, que tenia nombrado Adelantado de estas provincias, y no haber podido venir á ellas el hijo de este señor, que era el sucesor, nombró Su Magestad Cesarea al dicho Irala por tal Gobernador y Capitan General, confirmándole el mismo título que en su eleccion le dieron los conquistadores, y así se mantuvo hasta que murió, que fué el año del Señor de 1557. Dejando en su lugar á D. Gonzalo de Mendoza, su yerno, quien mantuvo el gobierno solo un año, al cabo del cual murió, no sin sentimiento de toda aquella república, que veia renovadas y mantenidas en él las buenas prendas del suegro, y como enjugadas las lágrimas que á todos, sin diferencia, les sacaba á los ojos su pérdida, ó recuerdo, y ahora mas con considerar todo acabado. Estando en vigor la provision real, salió otra que tenia el Ilmo. Sr. Obispo, D. Fr. Pedro de la Torre, en que le conferia el Rey facultad para que en su real nombre titulase al que en tal caso eligiesen los vocales. Se hizo la eleccion, presidiendo dicho Ilmo. el dia 22 de Julio del año de 1558, y fué nombrado Gobernador y Capitan General.

V.

D. JUAN ORTIZ DE VERGARA.

1558-1564.

Este hidalgo, y noble caballero de la ciudad de Sevilla, y uno de los conquistadores de fama de este país, gobernó hasta el año de 1564: que persuadido del Obispo, y de una trama bien urdida de Nuflo de Chaves, fundador de Santa Cruz de la Sierra, desamparó esta provincia y partió á Charcas, dejando por su lugar teniente en la Asumpcion al capitan Juan de Ortega. No le salió como pensaba Ortiz esta jornada; pues la Audiencia lo depuso del gobierno y señaló á D. Juan Ortiz de Zarate, persona principal y de grandes méritos, quien por pasar á la Corte á su confirmación, nombró por su Teniente General de estas provincias del rio de la Plata á Felipe de Cáceres. Vino éste, y fué recibido por tal en la Asumpcion el 1.º de Enero de 1569. Gobernó con grande inquietud y bandos, por la oposicion del Obispo, hasta que fué preso el año de 1572, desde cuyo tiempo un tumultuante, llamado Martin Suarez de Toledo, se alzó con el mando, á quien por evitar muchos inconvenientes tuvieron por bien de obedecer, hasta que el año de 1574 llegó á aquella capital de la Asumpcion, confirmado por el Rey D. Felipe II, y nombrado Gobernador y Adelantado de estas provincias.

VI.

D. JUAN ORTIZ DE ZARATE.

1574-1581.

Este Señor aquietó tanto seminario de discordias, y de su órden, segun el poder que tenia de Su Magestad, hizo levantar estandarte al capitan Juan de Garay para que pasase, como en efecto pasó con los que le siguieron, á fundar el puerto de Buenos Aires. Anuló todas las resoluciones del intruso Martin Suarez, como consta de un auto proveido en 22 de Octubre del año de 1575: y por fin gobernó con sosiego hasta el año de 1581, en que entró tan solamente de Gobernador su yerno.

VII.

D. JUAN DE TORRES VERA Y ARAGON.

1581-1586.

Este licenciado se mantuvo en su gobierno hasta el año de 1586, en que entró de Gobernador y Adelantado

VIII.

D. ALONSO DE VERA Y ARAGON.

1586-1592.

Mantuvo su gobierno este caballero sin novedad, hasta el año de 1592, en el cual el Señor D. Fernando de Zarate, á quien le fué conferido simultáneamente por el Rey este gobierno y el del Tucuman, hallándo mas conveniente residir allí, nombró en este por su Teniente General, que empezó á gobernar desde dicho año de 1592, á

IX.

D. JUAN CABALLERO BAZAN.

1592-1595.

Este se mantuvo de General todo el gobierno del Señor Zarate: el cual concluido y conferido este gobierno á D. Juan Ramirez de Velazco, que se hallaba ya en Potosí, escribió desde allí y mandó sus poderes para que se recibiese de su Teniente General

X.

D. HERNANDO ARIAS DE SAAVEDRA.

1596-1597.

En efecto, desde el dia 5 de Septiembre del año 1596 gobernó como tal General, hasta que llegó el Señor Ramirez, quien viendo lo dilatado de su gobierno, volvió á nombrar de su Teniente General á dicho Hernando Arias, cuyo nombramiento hizo el año siguiente de 1597, dia 10 de Setiembre; y repartiéndole jurisdiccion y distrito, hizo otro nombramiento en D. Antonio de Añasco, caballero hidalgo, declarándole así mismo su Teniente General. Fué este nombramiento á 20 de Mayo del mismo año de 1597, como todo consta del libro capitular. Hechos estos nombramientos, entró á gobernar dicho

XI.

D. JUAN RAMIREZ DE VELAZCO.

1597.

Quien, quizá presagiando su muerte cercana, ó para que en aquel trance no se le hiciese tan pesada la carga, como en efecto suele ser la del gobierno, tiró á repartirla entre tres: ó seria acaso este caballero de aquellos, á quienes muchas veces les sirvió de acibar á lo dulce del mando el reconocer que todo cargo es carga, y muy intolerable. Digo esto, porque apenas duró un año en su gobierno, y por su fin y muerte nombró el Virey de Gobernador interino al ya referido

XII.

D. HERNANDO ARIAS DE SAAVEDRA.

1598-1599.

Este fué recibido por tal el 4 de Enero del año 1598; y queriendo conservar la buena armonia que habia guardado con D. Antonio de Añasco, le nombró de nuevo por su Teniente General. Mantúvose hasta que vino nombrado por Su Magestad Gobernador y Capitan General

XIII.

D. DIEGO RODRIGUEZ VALDEZ DE LA BANDA.

1599-1602.

Quien fué recibido á 8 de Julio de 1599; y el 17 de este mismo mes y año nombró de su Teniente General á D. Francisco de Bracamonte y Navarra. Gobernó hasta el año de 1602, en que se recibió de Gobernador y Capitan General

XIV.

D. GARCIA DE MENDOZA

1602-1615.

Gentilhombre de boca de Su Magestad, á quien mandó el Rey á este gobierno, por haberse escusado venir á él, por su avanzada edad el arriba nombrado, Gobernador del Tucuman, D. Fernando de Zarate. Todo esto consta de la cédula real de D. García, dada en San Lorenzo, á 30 de Julio de 1598, &c. El año de 1605 entro á gobernar por Su Magestad de Gobernador y Capitan General el ya nombrado muchas veces

XV.

D. HERNANDO ARIAS DE SAAVEDRA.

1605-1611.

A 30 de Enero del siguiente año de 1606, este eligió y nombró por su Teniente General á D. Antonio de Añasco. En tiempo del gobierno de este caballero, vino á esta provincia nombrado por Su Magestad de visitador general del Paraguay, Ciudad Real hoy destruida y acabada, Villa Rica, que está en pié, mas no donde estaba en aquel entonces, y Misiones del Guayra, que tambien no son, ni permanecen, sino tan solamente campos desiertos, habitados mas de fieras que de hombres:—de todas estas provincias, vino de visitador aquel gran Ministro, D. Francisco de Alfaro. Era este señor Oidor de la Real Audiencia de Charcas, y despues del Real y Supremo Consejo de las Indias. Entró al Paraguay por los años del Señor de 1608, y concluida su visita y arreglada toda la provincia, dispuso é hízole unas ordenanzas, que fueron vistas y aprobadas por Su Magestad y su real y supremo Senado de Indias, las que estan y deben tener su fuerza en todo aquello que no se ha trastornado, ni se oponga á nuevas decisiones del soberano. Concluida esta visita y aquel gobierno, nombró Su Magestad por Gobernador y Capitan General á

XVI.

D. DIEGO MARTINEZ NEGRON.

1611-1619.

Empezó su gobierno por los años de 1611, y le obtuvo hasta el sucesor que nombró Su Magestad de Gobernador y Capitan General, que fué

XVII.

D. MANUEL DE FRIAS.

1619-1625.

Entró al Paraguay por los años de 1619. En tiempo de este Señor, que fué al siguiente año de su gobierno, en 1620, se dividió y separó este gobierno en lo espiritual y temporal, de él del Rio de la Plata y Buenos Aires, en este modo. Al del Paraguay señaló el Rey todo lo que cogia en lo interior la provincia, desde su rio al este, y de norte á sur hasta el Paraná, ó ciudad de Corrientes esclusive, y estos son hoy sus términos y límites. A la gobernacion de Buenos Aires señaló de términos este oeste, desde la boca y costas del gran Rio de la Plata, hasta las barras de la del Tucuman y de la presidencia de Chile; y de sur á norte desde donde se pueda extender en las tierras Magallánicas y tierras del Tandil, hasta dar en el Paraná y ciudad dicha de Corrientes, y su jurisdiccion inclusive; cuya demarcacion y territorio conserva hasta hoy. Estos mismos linderos se dieron á los obispados y á la jurisdiccion ecclesiástica. En cuya atencion, estando á lo referido arriba, es de notar, que quedó tan solamente D. Manuel de Frias por Gobernador del Paraguay, sin otra novedad, que fué recibido este dicho año de 1620 por Gobernador de Buenos D. Diego de Góngora, y por su primer Obispo el Ilustrísimo y Reverendísimo Sr. D. Fray Pedro Carranza: continuando en su silla del Paraguay, el Ilustrísimo y Reverendísimo Sr. D. Fray Tomas de Torres, que despues pasó á ser Obispo del Tucuman. Esta noticia podrá ver el curioso en el P. Techo, libro 6, capítulo 16, pág. 165.

SEGUNDA PARTE.

GOBERNADORES DEL PARAGUAY.

D. Pedro de Lugo y Navarra entró y fué recibido en la Asumpcion por los años del Señor de 1625.

Gobernador y Capitan General D. Luis de Céspedes Xaría: entró á 25 de Junio de 1631.

Gobernador y Capitan General D. Martin de Ledesma, que entró en el gobierno por los años del Señor de 1636. En su tiempo se puso en práctica la cédula de fuerza.

Gobernador y Capitan General D. Gregorio Inostrosa, que entró y fue recibido á 27 de Junio de 1641. Concluido el gobierno de este Señor, entró de Gobernador y Capitan General

D. Diego de Enobre Osorio: duró poco y murió á 26 de Febrero del año 1645; y el dia 4 de Marzo del mismo año, de unánime consentimiento de los particulares, empuñó el baston y entró á gobernar el Ilustrísimo y Reverendísimo Sr. D. Fray Benardino de Cárdenas. Solos 8 meses escasos duró en su gobierno, porque á 1.º de Octubre del mismo año de 1645 entró de Gobernador

D. Sebastian de Leon. Este apenas se mantuvo un año, porque luego la Real Audiencia mandó por juez pesquisidor de lo acaecido desde el año 1645 con dicho Ilustrísimo Obispo y demas pesares de aquella fatal era, hasta el año dicho de 1649; y tambien por Gobernador de esta provincia, al

Señor Oidor D. Antonio de Leon Garavito, quien entró y fué recibido por tal á 10 de Octubre del año de 1650.

Gobernador y Capitan General D. Cristoval de Garay, entró á 26 de Julio de 1653.

Gobernador y Capitan General por la Real Audiencia, y juez pesquisidor, el Sr. licenciado D. Juan Blasquez de Valverde: entró á 21 Setiembre de 1656.

Gobernador D. Alonso Sarmiento de Figueroa, á 24 de Setiembre de 1659.

Gobernador D. Juan Diaz de Andino, año de 1663.

Gobernador D. Felipe Reja Corvalan, año de 1671.

Juez y Gobernador el licenciado D. Diego Ibañez de Faria, Fiscal de la Real Audiencia de Guatimala, y juez delegado de la de Charcas en esta provincia: cuya comision egerció por los años del Señor de 1670 &c.

Gobernador segunda vez D. Juan Diaz de Andino, á 7 de Octubre de 1681.

Gobernador D. Antonio de Vera Mugica, entro á 18 de Octubre de 1684.

Por muerte del Sr. Mugica, entró á gobernar su Teniente General D. Alonso Fernandez Marcial, y se recibió á 30 de Octubre del mismo año de 1684.

Gobernador y Capitan General D. Francisco Monfort, caballero del Orden de Santiago. Entró á 30 de Octubre de 1685.

Gobernador y Capitan General D. Sebastian Félix de Mendiola, entró á 22 de Octubre de 1692.

Gobernador y Capitan General D. Juan Rodriguez Cota; entró á 4 de Diciembre de 1696.

Gobernador D. Antonio de Escobar y Gutierrez, á 27 de Junio de 1702.

Gobernador segunda vez D. Sebastian Félix de Mendiola, á 26 de Setiembre de 1705.

Gobernador, por muerte del dicho Mendiola, nombrado por la Real Audiencia, D. Baltazar Garcia Ros: se recibió á 9 de Febrero de 1706.

Gobernador y Capitan General por Su Magestad D. Manuel de Robles, entró á 10 de Octubre de 1707.

Gobernador por Su Magestad D. Juan Gregorio Bazan de Pedraza, se recibió á 5 de Junio de 1713.

Por muerte suya año de 1716, entró á gobernar el General D. Andres Ortiz de Ocampo.

Gobernador y Capitan General D. Diego de los Reyes Balmaceda, quien entró á gobernar por el Sr. D. Antonio de Victoria, y se recibió de este gobierno á 5 de Febrero de 1717. Por las quejas y recursos que tuvo la Real Audiencia de Charcas, á quien está sugeta esta Provincia desde que se separó la de Buenos Aires, nombró por juez pesquisidor al Sr. Oidor y Protector general de Indias

D. José de Antequera Enriquez y Castro; cuyo empleo egerció desde el dia 15 de Setiembre de 1721, hasta el 6 de Junio de 1722: en que entró, y fué recibido por Gobernador en propiedad, nombrado por tal, por el Sr. Virey Morcillo, como consta de su despacho dado en Lima á 24 de Abril de 1721. Es de notar y advertir, que estos ministerios los egerció este caballero, no simultaneamente, sino muy separados y divididos, como consta de las fechas dichas, para que el curioso que leyere los instrumentos, que sobre la tragedia de este Sr. inserto aquí, no se confunda, y pese bien como puede la emulacion y envidia denigrar y obscurecer tanto la fama del emulado, que haga creer ser intruso el que es legítimo. Recibido pues de Gobernador el Señor Antequera, que sé yo que servicios reales encontró dicho virey Morcillo en el Señor D. Baltazar García Ros, teniente de Rey de Buenos Aires, para mandarlo de Gobernador á esta infeliz y combatida provincia. Resistiósele el dicho Antequera, y la ciudad toda, al estrépito militar con que venia dicho Ros á tomar posesion de su gobierno; quien escapándose á uña de buen caballo, se retiró de esta intentona, dejando en las márgenes del rio Tebicuarí destrozado todo su ejército Guaraníco, que se componia de mas de 6000 indios, que habia sacado de las Misiones de los padres Jesuitas. Por pacificador de todos estos disturbios, mandó el virey al Señor D. Bruno de Zavala, Gobernador de Buenos Aires á cuya insinuacion se ausentó el Sr. Antequera, y fué nombrado por Gobernador de esta provincia, segun el despacho del dicho virey—

D. Martin de Barúa, que fué recibido como tal el dia 4 de Mayo de 1725. Este mismo año se habia recibido en Lima de virey el Sr. D. José de Armandarú, Marquez de Castel Fuerte, quien considerando las cosas del Paraguay, mandó por Gobernador suyo á D. N. Surueta. Este vino, pero no fué admitido, antes sí el comun ó comunidad, en que entraban nobles y plebeyos, á manera de las que se levantaron en Castilla en tiempo del Señor Carlos V, le mandó que se retirase (querian estos comuneros, que no los olvidase tanto la Corte, y que de su soberano les viniese su Gobernador): y discreto, ó bien aconsejado, se retiró. De aquí fueron las furias del dicho Armandarú, cuyos efectos tuvieron tan dolorosas consecuencias, que aunque no sean de este lugar, por no dejar pendiente la narracion las apuntaré tan solamente. Perecieron en Lima en público cadalso el Señor Antequera, y el enviado procurador de esta provincia, Mena con tres religiosos de San Francisco: es decir, el auxiliante de Antequera, y dos mas despues, por haber salido en busca del yerto cadáver de su difunto tio; con un negro que expuso su vida para libertar la del guardian á quien se acertaba el tiro. En el Paraguay pereció á manos de los comuneros, el segundo Gobernador Ruilova, enviado por el Virey, y admitido por tal en su cabildo, y con él un Veinticuatro, nombrado Juan Baez; y se insolentó tanto la gente, que no es decible los excesos que cometieron.

El Señor de Barica, luego que vió alterado el pueblo, y empeñado á no admitir otro Gobernador que él, se apartó con esfuerzo del gobierno, y ellos nombraron sus generales ó justicia mayor, hasta el año de 1733, en que recibieron al dicho Ruilova que solo gobernó hasta su muerte violenta, que fué el día 15 de Setiembre de dicho año de 1733. Continuó el dicho comun nombrando sus generales: de quien no hago mencion por ser una madeja sin cuenta. Pero no omitiré el nombramiento que estos hombres hicieron en el Ilustrísimo Sr. D. Fray Juan de Arregui, que sucedió así—

Este varon grande, luego que le llegaron las bulas y cédula de Obispo de Buenos Aires, pasó á consagrase en la del Paraguay. Ya concluida esta funcion, y aprestándose para volverse á su iglesia, acaeció el levantamiento y muerte del Sr. Gobernador Ruilova. A vista de este hecho, y otros que trae la insolencia de una república alterada, procuró atajar todo lo posible estos excesos, yendose á un país que llaman Guayaibití, donde sucedió la muerte, por estar su Ilustrísima en un un pueblo inmediato, que pertenece á nuestra religion, nombrado El Yita, en donde se estaba aviando, ya despedido de la ciudad. Aquí estorbó todo lo posible, que quitasen la vida á un D. Antonio Arellano, cubriéndolo con su manto, y á todos aquellos que llamaban contrabandos, que eran los que no seguian la parte del comun. Aquietados ya algunos, supo su Ilustrísima como iban á entrar á la ciudad para pasar á cuchillo á todos los contrabandistas que en ella encontrasen; y compadecido é instado de algunos piadosos, volvió de dicho pueblo, que dista doce leguas, y encontrando al comun en un vallecito, donde está fundada la recoleccion nuestra que llaman Buricao, se fué á dicho convento en donde los exortó á que mirasen lo que hacian, y que nunca se justificaba su causa con tomarse ellos la justicia, si alguna tenian, matando y robando, &c. Aquietáronse por entonces, y lo dejaron tranquilo en este retiro de la Recoleta. Pero una tarde de improviso fueron á decirle que solo de una manera se sosegarian, y era tomando él el baston de gobernador. Entróse el Santo Obispo á la pobre iglesia, que entonces teniamos, y ni con súplicas y exhortaciones que les hizo, pudo persuadirles que disistiesen, clamando todos á un tiempo, que la voz del pueblo era la de Dios. Viendo este empeño, se retiró su Ilustrísima á nuestro convento grande, por ver si allí le dejaban, cesando de un intento tan estraño: pero ni así, porque, como dicen, á tirones le sacaron de la iglesia de aquel convento y le entregaron el mando y el baston, que tuvo por bien admitirlos, por evitar mayores daños é inconvenientes, como en efecto así sucedió, por el mucho amor que le tenian todos. Gobernó su Ilustrísima desde el dicho mes de Setiembre de 1733, hasta que pudo conseguir con ellos su retirada á su amada iglesia y patria de Buenos Aires, dejando en su lugar á D. Cristoval Dominguez, que habia sido su padrino de consagracion, y hombre de toda satisfaccion, que mantuvo á todos en sugecion y obediencia: hasta que por órden del Virey, al mandato volvió segunda vez el Señor D. Bruno Mauricio de Zabala á aquietar y sosegar la tierra. Entró á esta comision el año del Señor da 1735; y hechas algunas justicias, se retiró á su presidencia de Chile, á donde pasaba promovido del gobierno de Buenos Aires, en cuyo camino murió; y segun sus poderes, y comision que traia para nombrar Gobernador, hizo el nombramiento en el capitan de caballos

D. Martin José de Chauregui, quien desde dicho año de 1735; gobernó con todo acierto, discrecion y prudencia, hasta que se dignó el Rey mandar desde Europa nuevo Gobernador y Capitan General, que fué el Señor

D. Rafael de la Moneda, que entró en esta ciudad, y fué recibido el año del Señor de 1741. Este solo caballero, digno en todo de los mayores respetos, por su integridad, juicio y demas prendas grandes, adquiridas y heredadas, que son patentes, porque aun vive avecindado en Buenos Aires, supo y se dió tanta y tan buena maña entre esta gente, que pudo acabar con las brasas de los levantados, que habian quedado ocultas entre las cenizas que dejó D. Bruno. Digo esto, respecto á que, no obstante estas buenas partidas, por las que hasta ahora le lloran, tuvo valor uno ú otro eclesiástico para sublevar ó intentar hacerlo, algunos de aquellos, que habian quedado comuneros, y como se dice á sombras de tejados. Mas Dios permitió fuese sabedor de todo el dicho Gobernador, quien con sagacidad y arte, fué prendiendo á los principales cabezas de esta conjuracion que se ordenaba á quitarle la vida, por haber celado la honra de Dios y refrenado en ellos, ó los principales de este alzamiento sus notorios, públicos y torpes escándalos. Concluida la causa y el proceso, que todo se hizo en breve tiempo, les mandó quitar la vida. Fueron estos los únicos suplicios que en todo su gobierno egecutó, porque no sé qué se veia en este caballero, que hasta los gentiles bárbaros, como son los Payaguás y demas que hostilizan esta república, á su voz é imperio le obedecian, y todos se sugetaban y rendian: siendo esto mas de admirar por estar ciego. Cegó este Señor luego que entró en el gobierno, y acaso la primera visita que hizo de toda la provincia fué el motivo, por los ardientes soles del país, á que no estaba acostumbrado. Empero así se mantuvo con la entereza dicha, hasta el año de 1747 en que entregó el baston, por orden del Rey, al Sr. Coronel

D. Marcos de Larrazabal, hijo y natural de Buenos Aires: poco gobernó este Señor, porque por motivos que la Corte tuvo, concediéndole la merced futura de teniente de Rey de Buenos Aires, le mandó sucesor, que fué el Señor

D. Jaime Sansust, quien se mantuvo con apacible económia, desde el año de 1750, basta el de 1761 en que le promovió el Rey á Gobernador de Potosí. Por esta promocion vino de Gobernador un teniente del presidio de Buenos Aires y vecino de allí, que nombró el Sr. Ceballos, con las facultades que este hombre tenia de la Corte: y ya aquí admitido, le vino la cédula del Rey de tal Gobernador y Capitan General, llamábase

D. José Martinez Fontes quien, no concluyó su gobierno, porque el año de 1764, dia 29 de Noviembre, murió de aire perlático; y quedó en su lugar su Teniente General

D. Fulgencío Yedros, hijo y natural del Paraguay, hombre noble y de bellísimas prendas naturales, y en grado benéfico, sumo y de gran valor y espirítu militar, que así en el empleo como antes se le notó en las entradas varias que hizo tierra adentro contra los infieles que hostilizan esta provincia. No tuvo en su gobierno los mejores aciertos, por la mucha emulacion de contrarios, y por causa de haber nombrado teniente de Curuguatí á D. Bartolomé Larios Galvan, que fué la piedra de escándalo de aquella villa. Faltóle á este Sr. aquella destreza política, que casi es imposible encontrar en los que no han salido de este país. Y por esto tuvo algunos sinsabores y disgustos, en menos de dos años desde la fecha dicha, hasta el 29 de Setiembre del presente año de 1766, en que entregó el baston á D. Carlos Morphí que hoy gobierna, admitido Gobernador segun sé, por una mera carta del Ministro en que le dá aviso de como el Rey lo tiene hecho Gobernador de esta provincia. No sé que sea de este gobierno con las novedades de la Corte, y haber el Rey proveido en otro el ministerio, que tenia el Sr. de Esquilache, mudado del gobierno al Sr. Cevallos, que patrocinaba al dicho Morphí, y otras cosas notables que nos comunican cartas confidenciales de España y Buenos Aires, que no son de este lugar.

PARTE TERCERA.

GOBERNADORES DE BUENOS AIRES,

DESDE QUE SE DIVIDIO ESTA PROVINCIA DE LA DEL PARAGUAY, EN 1620, HASTA LA ERECCION DEL VIREINATO.

D. Diego de Góngora, del órden de Santiago, natural del Reino de Navarra, y descendiente de los Condes de Benavente, fué el primero que mandó esta provincia en 1620. En el de 1622, á ruegos de algunos caciques del Uruguay, que solicitaban unirse á la Religion Católica, encomendó este negocio á los Jesuitas, demostrando su amor y celo por los naturales. Gobernó hasta el año de 1623, en que falleció, sucediéndole

D. Alonso Perez de Salazar, natural de Santa Fé de Bogotá, que de Oidor de la Real Audiencia de Charcas pasó, por real comision, á establecer las aduanas del Tucuman y Rio de la Plata; y sucediendo la muerte del Gobernador Góngora, se le encargó el mando de esta provincia, interinamente, por el Virey de Lima, Marquez de Guadalcazar: pero al año de su gobierno vino de España el sucesor, y regresándose al Perú fué Presidente de las Audiencias de Quito y Chuquisaca, y en 1624 entró mandando

D. Francisco de Céspedes, natural de Sevilla, y Veinticuatro de ella, quien habiendo venido por la ruta del Janeiro, á tiempo que los Holandeses tomaron la Bahía de Todos-Santos, se embarcó inmediatamente para este destino, con el fin de asegurar esta ciudad de cualquiera invasion que proyectasen aquellos enemigos, convocando al efecto gentes del Paraguay, Corrientes, y Santa Fé. Manifestó igual empeño en la conversion de los naturales, encargando de esta espiritual conquista á los PP. Franciscos, de cuyo feliz éxito fundaron varias iglesias, y entre ellas la de Santo Domingo Soriano, que hasta hoy se conserva. Despues de siete años de gobierno, entró á sucederle en 1632

D. Pedro Estevan de Avila, del órden de Santiago, hermano del Marquez de las Navas, de acreditado valor en las guerras de Flandes, y no menos en la vigilante defensa de este puerto, que apetecian, y rodeaban los Holandeses. No obstante, en el primer año de su gobierno tuvo la fatal pérdida de la ciudad de la Concepcion del Rio Bermejo, muy opulenta, así por su comercio, como por sus apreciables cosechas, tomada por los comarcanos infieles con notable destrozo de sus habitantes: siendo vanas cuantas tentativas se hicieron para su restauracion, pues aun hoy se conserva en poder de los indios Abipones. Despues de seis años de su gobierno fué promovido al de Icatota, donde murió, despues de muchos disturbios con el Virey, Conde de Alva del Liste, y le sucedió en este gobierno

D. Mendo de la Cueva y Benavides, del órden de Santiago, y de la Exma. Casa de los Duques de Albuquerque. Principió á mandar en 1638, despues de haber militado en las guerras de Flandes, haciéndole acreedor sus recomendables servicios á la gracia de Maestre de Campo. Fué su mando cruel azote de los usurpadores infieles, que en aquella época cometian horrendas atrocidades con los españoles en el distrito de Corrientes, hasta dejarla libre de sus invasiones, y despues que sugetó su orgullo construyó el fuerte de Santa Teresa para defensa de Santa Fé, y en 1640 partió para Corregidor de Oruro, por haber venido á sucederle

D. Ventura Mojica, á quien apenas le permitió la muerte mandar cinco meses. Manifestó en tan corto tiempo su discrecion y acierto en la memorable victoria del Mbororé en el Uruguay, en donde murieron 160 portugueses, y muchos Tupies enemigos, sin pérdida considerable de españoles. Sucediéndole su teniente general

D. Pedro de Roxas, que solo gobernó mientras se dió cuenta á la Real Audiencia de Charcas, por cuyo nombramiento entró en su lugar

D. Andres de Sandoval, cuyo gobierno fué tan breve, que recibiéndose en 16 de Julio de 1641 acabó antes de cuatro meses, entrando á sucederle

D. Gerónimo Luis de Cabrera, sobrino del insigne Hernando Arias de Saavedra, natural de Córdoba del Tucuman, y nieto de su desgraciado fundador; que despues de haber manifestado su valor y pericia militar, en diversas campañas de estas provincias, finalizó con la paz la dura guerra con los Calchaquies, hallándose de Comandante General del Tucuman, por cuyo premio se le dió el mando de esta provincia, donde tambien hizo timidar los ánimos de los portugueses, que intentaban abatirle; pero lo hizo ilusorio con sus precauciones, y despues de cinco años de gobierno, murió en el de la provincia del Tucuman, año de 1646, sucediéndole en éste

D. Jacinto de Lariz, del órden de Santiago, que despues de haber militado en Milan de Maestre de Campo, no gozó de un gobierno totalmente pacífico, á causa de algunos disturbios que tuvo con el Ilmo. Sr. Obispo, con quien despues se reconcilió, sucediéndole posteriormente

D. Pedro Ruiz Baigorri, del órden de Santiago, y natural de la ciudad de Estela, en Navarra, que despues de sus acreditados servicios en Flandes, vino á mandar en 1653. Fué de recomendables prendas, y defendió este puerto de la invasion de los Franceses, que pretendieron sorprenderle con tres navíos al mando de Mr. de la Fontaine, Timoteo de Osmat. Libertó igualmente la ciudad de Santa Fé de la de los Calchaquies, con general destrozo: amparó los derechos de los indios, y cesó en este gobierno el año de 1660, sucediéndole

D. Alonso de Mercado y Villacorta, memorable por sus letras, y disposicion militar que acreditó en las guerras de Cataluña, y en el de introducir con el Marques de Leganés socorro en Lerida, sitiado por los Franceses, de donde salió herido. Pasó despues al gobierno de Tucuman, y por cédula de 13 de Abril de 1618 al de esta provincia. Fortaleció este puerto, y mejoró de situación á la ciudad de Santa Fé, y despues de tres años de gobierno, pasó otra vez al de Tucuman, donde aseguró la paz con los infieles de aquella provincia, ascendiendo de allí á la presidencia de Panamá, en donde murió en 1681 con el título de Marques de Villacorta. Sucedióle en el mando de esta provincia el maestre de campo

D. José Martinez de Salazar, del Orden de Santiago, Gobernador que era de la Puebla de Sanabria, y Castillo de San Luis Gonzaga; y estando destinado en 1662 para la campaña de Portugal, se le nombró para el establecimiento de esta Real Audiencia, y Presidente de ella. Adelantó las fortificaciones de esta ciudad, y favoreció en extremo á los Guaranís, defendiendo su conservación contra las continuas irrupciones de los infieles, y á estos puertos de una armada francesa que intentó atacarlos. A los nueve años fué extinguida la Real Audiencia, quedando despues el Sr. Salazar de Gobernador y Capitan General, hasta que en 1674 entró á mandar—

D. Andres de Robles, del Orden de Santiago, natural de Burgos, que habiendo militado en Flandes, lo egecutó también contra Portugal, dando principio á servir en la frontera de Galicia en el ejército del Marques de Viana, en la campaña del año de 1658 con plaza de capitan de caballos, y se señaló mucha en la derrota que á 17 de Setiembre se dió al ejercito del rebelde junto á Valencia del Miño, rubricando las proezas da su valor con la sangre que derramó en aquel glorioso combate. Sano de las heridas, volvió á la campaña, y por Diciembre del mismo año fué uno de los que con mas bizarría acometieron al enemigo junto á la villa de las Chozas, tomada por nuestras armas con un rico botin. Hallóse despues en la toma de Monzon, y recuperacion de Salvatierra año de 1659, por cuyos relevantes méritos ascendió á Maestre de Campo, y se le confirió el gobierno de estas provincias. Pero feneciendo este en 1678, pasó á la Presidencia de la isla de Santo Domingo, viniendo á sucederle en el mismo año.

D. José de Garro, del órden de Santiago, y natural de Guipuzcoa. Sus distinguidos servicios en las guerras de Portugal y Cataluña lo elevaron á Maestre de Campo, y al mando de la provincia de Tucuman, que sirvió mas de cuatro años. Pasando después á esta, hizo abandonar á los Portugueses el territorio frente de las islas de San Gabriel, en donde se habian poblado; tomándoles todo el tren de artilleria, municiones y víveres, y en recompensa pasó á la Presidencia de Chile en 1682 que gobernó por diez años. Volviendo á España en 1693 fué provisto Capitan General de Guipuzcoa en 1702, en donde murió á los 40 años de servicio. Tuvo por sucesor en Buenos Aires á

D. José de H. Herrera, natural de Madrid. Habia militado muchos años en las campañas de Flandes, Cataluña, Extremadura y Portugal, con los empleos de Capitan de infanteria, Ayudante de Sargento general de batalla y Capitan de corazas; hallándose en varios asedios, asaltos y tres batallas, de que sacó por egecutoria de su valor, muchas y muy peligrosas heridas, que mas de una vez le colocaron á las puertas de la muerte, por ser el primero que con animosa intrepidez se expuso siempre á los mayores riesgos: sobre lo que dieron honoríficos testimonios los primeros Generales de las armas españolas, los Exmos. Señores Condes de Marchin y Salazar, y Marqueses de Caracena y Leganés, pasando á noticia del Rey sus relevantes méritos: en premio de los cuales se le confirió el gobierno de Peñíscola; luego la Comisaria de caballería de esta plaza de Buenos Aires, y despues su gobierno, que manejó nueve años continuos con general aplauso: habiendo entregado la Colonia á los Portugueses en 1683 por estipulacion de las dos Coronas. Volviendo á España, obtuvo el gobierno de San Lucar de Barrameda con la Superintendencia de reales rentas. Por fin, restituido á la milicia como al centro de su génio marcial, se le confirió el grado de General de artilleria, en cuyo egercicio murió. Vino á sucederle

D. Agustin de Robles, caballero del órden de Santiago, quien despues de las sangrientas guerras de Flandes, pasó de Maestre de Campo á la Castellania de Fuenterabia, de donde vino á este gobierno en 1691, que sirvió hasta el de 1700, defendiendo valerosa y felizmente este puerto de una escuadra francesa. Restituido á España, se le honró con el grado de Sargento general de batalla. Asistió en 1703 al sitio de Gibraltar: sirvió la Presidencia de Canarias, y pasando despues al gobierno de Cádiz, murió últimamente de Capitan General de Vizcaya. Vino á sucederle

D. Manuel de Prado Maldonado, Veinticuatro perpetuo de Sevilla, quien despues de una penosa navegacion de dos años, arribó á este puerto en 1700 con notable quebranto de su salud, y en ocasión de estar amenazada esta ciudad por una armada dinamarquesa, que á esfuerzo de sus precauciones hizo infructuosos sus designios. Pero no fueron ilusorios los que dirigió contra los infieles que se habian confederado con los portugueses de la Colonia, á quienes desbarató completamente. A poco mas de dos años pasó al corregimiento de Oruro; entrando á sucederle en 1703

D. Alonso Juan de Valdes Inclan, soldado de gran valor, que quedó egecutoriado en las guerras de Cataluña, donde sirvió hasta obtener el empleo de Maestre de Campo. Dedicó toda su industria y perícia militar en asegurar estas fortificaciones y plazas á que aspiraba la codicia lusitana: cuyos reprobados intentos, castigó juntamente, tomándoles por asalto la Colonia del Sacramento, obligando á los enemigos á una vergonzosa retirada al Brasil. Despues de estos memorables sucesos, se vió precisado á pasar á Charcas, llamado de aquella Real Audiencia, en cuya ciudad falleció, sucediéndole en este gobierno en 1708

D. Manuel de Velazco, del órden de Santiago, que habiendo egercido el empleo de General de galeones, al llegar con ellos á Vigo, les prendió fuego en la Ria, porque no fuesen presa de la armada inglesa; escapando á tierra en un batel con grande riesgo de su vida. Empezó su gobierno en 1708; pero se le imputaron tales excesos, que teniendo de ellos noticias el Supremo Consejo, despachó por Juez de pesquisa al Señor D. Juan José de Motilua, ministro de aquel tribunal, quien entrando secretamente en esta ciudad por Marzo de 1712, prendió aquella noche á dicho Gobernador, le secuestró sus bienes, y substanciándole su causa, lo remitió preso á España, donde se le dió el correspondiente castigo. Por su deposición entró á gobernar

D. Alonso de Arce y Soria, Coronel de los reales ejércitos, que venia destinado á este empleo en los mismos navios en que pasó el Sr. Motilua, y á quien la muerte apenas permitió gobernase seis meses escasos. Despues de varias disputas que intervinieron sobre el mando, se nombró interinamente por el Virey de Lima al Coronel

D. Baltazar Garcia Ros, que restituyó á los Portugueses por órden de S. M. la Colonia del Sacramento, y habiendo promovido la guerra defensiva de los Guaranís contra los bárbaros Charruas, Yaros y Bohanes, que infestaban los caminos con atroces insultos, les obligó á pedir la paz. Fué nombrado para sucederle

El Marques de Salinas, Gentilhombre de Cámara de S. M.; pero nunca tomó posesion, por habersele conferido el corregimiento del Cuzco, y plaza de Contador de cuentas en Lima, y en su lugar se eligió á

D. Bruno de Zavala, natural de la Villa de Durango, en el señorio de Vizcaya, Caballero del órden de Calatrava, y de acreditado valor en las campañas de Flandes, bombardeo de Namur, sitio de Gibraltar, ataque de San Mateo, toma de Villareal y sitio de Lerida, donde la pérdida de un brazo fué la mas noble egecutoria de su valor. Fué hecho prisionero en la batalla de Zaragoza, é igualmente lo fué en la plaza de Alcántara. En prémio de sus distinguidos méritos se le confirió el grado de Mariscal de Campo y este gobierno, del que tomó posesion en 11 de Julio de 1717; en cuyo tiempo desalojó á los Franceses, que al mando de Mr. Estevan Moreau se habian establecido en las inmediaciones del Cabo de Santa Maria á 8 leguas de Castillos, uniéndose con los infieles. Lo mismo practicó con los Portugueses que intentaron poblarse en Montevideo, de cuyas resultas fundó por órden de S. M. aquella ciudad con el nombre de San Felipe y Santiago, dando principio en 1726 con algunas familias que vinieron de las islas Canarias, construyendo el fuerte con los indios Guaraníes, y con los mismos perfeccionó el de esta plaza. Fué muy amante de la tropa, cuidando de que tuviesen corrientes sus sueldos. Celó con grande empeño el comercio ilícito, con cuyos decomisos enriqueció al erario. Finalmente satisfecho S. M. de la conducta de este gran Ministro, se sirvió promoverle, siendo ya Teniente General, á la Presidencia de Chile, donde hallándose próximo á caminar, fué comisionado por el Virey de Lima para ir á sugetar la rebelde provincia del Paraguay, donde entró armado, á pesar de la resistencia de su Cabildo, y sin temer la secreta conjuracion que se habia fraguado contra su vida. Su succesor fué

D. Miguel de Salcedo, del Orden de Santiago, y Brigadier de los reales ejércitos, que se recibió en 23 de Marzo de 1734. Concluido su gobierno, pasó á España, sucediéndole

D. Domingo Ortiz de Rosas, del Orden de Santiago, y Mariscal de Campo de los reales ejércitos. Tomó posesión en 21 de Junio de 1742, y cesó en el de 1745, que pasó á Presidente de Chile, en donde continuando sus servicios le dió Su Magestad el título de Conde de Poblaciones. Tuvo por sucesor en este gobierno á

D. José de Andonaegui, Teniente General de los reales ejércitos. En su tiempo vino de España el Marquez de Valdelirios con los comisarios necesarios para el establecimiento de la línea divisoria con la corona de Portugal, en virtud del tratado de límites, celebrado el año de 1750, de cuyas operaciones resultó haberse rebelado siete pueblos Guaranis de la parte oriental del rio Uruguay: por cuyo motivo fué necesario pasase á contenerlos el Sr. Andonaegui en el de 1755, con un ejército de 1500 hombres, auxiliado de otro portugues de mil, al mando del Virey del Janeiro, Conde de Bobadela. Los rebeldes esperaron ambos ejércitos en las lomas de Caybaté, donde fueron derrotados, con pérdida de 2500 hombres: con cuyo feliz éxito se allanó el paso hasta los expresados pueblos, acuartelándose las tropas portuguesas en el de Santo Angel, y las españolas en el de San Juan, en donde permaneció el Sr. Andonaegui, hasta que vino á relevarlo

D. Pedro de Ceballos, Caballero del órden de San Genaro, Comendador de Sagra y Senet en la de Santiago, Gentilhombre de Cámara de Su Magestad con entrada, y Teniente General de sus reales ejércitos. Empezó á servir el año de 1739 de Capitan en el regimiento de Caballeria de Ordenes: á poco tiempo fué ascendido á Coronel del de infanteria de Aragon, manifestando desde luego tan señaladamente su espíritu, y prendas en las guerras de Italia, que mereció la confianza de sus generales, y se adquirió el amor y respeto de la tropa, haciendo ya desde entonces memorable su nombre aun entre los enemigos. Tomó posesion de este gobierno en 1756, donde acreditó mas su ardor militar con motivo de la expedicion de Misiones, toma de la Colonia del Sacramento, Rio Grande de San Pedro, Fuertes de Santa Teresa, Santa Tecla y San Miguel; y finalmente, en la premeditada sorpresa por el orgulloso capitan ingles Mannamara, que con un navío y dos fragatas pretendió el dia 6 de Enero de 1763 recuperar la expresada plaza de la Colonia: quien despues de dos horas y media de un vivo y continuado fuego, pagó su temerario arrojo, incendiándose el navío nombrado el Lord Elive, quedando con esta accion mas gloriosas las armas españolas, debiéndose esta victoria al acierto, valor y talento del Sr. Ceballos. Por último, despues de otros recomendables servicios, entregó el mando de estas Provincias á

D. Francisco de Paula Bucareli y Ursua, Caballero comendador de Almendralejo en la Orden de Santiago, Gentilhombre de Cámara de S. M. con entrada, y Teniente General de sus reales ejércitos. Tomó posesion en 15 de Agosto de 1766, egecutándose en su tiempo el estrañamiento de los Jesuitas. Cesó en el de 1770, que dejó el gobierno á

D. Juan José de Vertiz, caballero comendador de Puerto Llano en la órden de Calatrava, y Brigadier de los reales ejércitos. Empezó á servir en el real cuerpo de guardias españolas, en el cual lo egecutó tambien en las guerras de Italia. Pasó despues á militar en Rusia con el fin de adquirir conocimientos militares para el régimen del ejército. Vino á estas Provincias con la sub-inspeccion de las tropas en 1769, y en su gobierno ascendió á Mariscal de Campo. Fundó en el año de 1772 los reales estudios en el Colegio de los Regulares Expulsos, y la casa de Recogidas, con otras disposiciones en órden á policía. En su tiempo empezaron los insultos de los portugueses por la Banda Oriental de este rio, á cuyo destino pasó con el objeto de contenerlos. Fué el último que obtuvo el empleo de Gobernador, por haberse erigido esta ciudad por capital de Vireynato, como adelante se demuestra.

CUARTA PARTE.

VIREYES.

D. Pedro de Ceballos, Cortes y Calderon, Caballero de la real órden de San Genaro, comendador de Sagra y Senet en la de Santiago, Gentilhombre de Cámara de S. M. con entrada, Capitan General de sus reales ejércitos, Comandante general de Madrid y su distrito, consejero y sub-decano del Supremo consejo de guerra. Enterado S. M. de los repetidos é insufribles excesos que cometian los Portugueses en los distritos de este Rio de la Plata, acordó para la satisfaccion de sus insultos, elegir al Señor Ceballos, en virtud de sus notorios conocimientos, valor y pericia militar nombrándole por primer Virey, Gobernador y Capitan General de estas Provincias, con todas las franquezas, autoridades y privilegios singulares que consta de su especial cédula de 8 de Agosto de 1776, y entregándole todo el mando de la escuadra que se aprestó en Cádiz con este importante objeto, y de cuyo puerto zarpó en 12 de Octubre de dicho año. Verificó su feliz arribo al de la isla de Santa Catalina, el 20 de Febrero de 1777, cuya sola vista, y conocimiento del que la mandaba, fué suficiente para intimidar los ánimos lusitanos, entregándole inmediatamente sin un tiro de cañon todas sus fortalezas, por capitulaciones celebradas el 5 de Marzo: por cuyas resultas le condecoró S. M. con el grado de Capitan General de sus reales ejércitos. Efectuada la toma de Santa Catalina, pasó á la Colonia del Sacramento, que se le rindió á su discrecion, y dirigiéndose despues al puerto del Rio Grande, atajaron su éxito los pliegos de la paz que recibió en el camino: por lo que se restituyo á esta capital, donde entró con universal aplauso el 15 de Octubre de dicho año de 1777, en cuyo mando cesó el 26 de Junio de 1778; y regresándose á España, murió en 26 de Diciembre del mismo, en el convento de los PP. Capuchinos de Córdoba la Llana. El distinguido mérito y demas recomendables circunstancias que adornaban á este respetable gefe, hicieron muy sensible su pérdida á toda la nacion. Sucedióle

D. Juan José de Vertiz y Salcedo, Caballero comendador de Puerto Llano en la Orden de Calatrava, y Teniente general de los reales ejércitos. Fundó el colegio de San Carlos, y casa de Niños Expositos: estableció la iluminacion de esta capital, y en la fatal época de la sublevacion del Perú concurrió con sus acertadas providencias á la pacificacion del reyno con desastre general de los rebeldes, Damaso Catari, Julian Apasa (alias Tupa-Catari) y sus secuaces. Pasó á Montevideo por las atenciones de la guerra con los Ingleses, donde se mantuvo hasta la paz, y entregado despues el mando á su sucesor, se restituyó á España en donde falleció el año de 1799. Dicho sucesor fué

D. Nicolas del Campo, Marquez de Loreto, Mariscal de Campo de los reales ejércitos, y Gentilhombre de Cámara de S. M. con entrada. Sirvió en las guerras de Portugal, y sitio de Gibraltar. Fué un gefe recto, desinteresado y muy caritativo. Tomó posesion en 7 de Marzo de 1784, reuniéndose en su tiempo la superintendencia de real hacienda al vireinato. Se nombró para sucederle á

D. Juan Vicente de Guemes, Pacheco de Padilla, Conde de Revilla Gigedo; pero como obtuviese al poco tiempo la gracia para el gobierno de Méjico, se eligió en su lugar á

D. Nicolas de Arredondo, Teniente general de los reales ejércitos, que se posesionó en 4 de Diciembre de 1789. Empezó su carrera militar en el real cuerpo de guardias españolas, habiendo servido en las guerras de Italia, y posteriormente de Mayor General en el ejército del Sr. D. Victorio de Navia, que en el año de 1780 pasó á la Habana en la escuadra al mando del Gefe de ella D. José Solano. Obtuvo el gobierno de la isla de Cuba, del que fué ascendido á Presidente de Charuas, y al de este vireinato, en donde manifestó su celo, bondad y desinteres: debiéndole esta capital el particular beneficio del empedrado de sus calles, que principió dando las mas suaves y exactas disposiciones para este útil objeto. Cesó en el mando en 16 de Marzo de 1795, y dirigiéndose á España, premió S. M. sus servicios con la Capitanía General del Reyno de Valencia, y con la encomienda de Puerto Llano en la Orden de Calatrava. Murió en Madrid el año de 1802. Tuvo por sucesor á

D. Pedro Melo de Portugal y Villena, Caballero del Orden de Santiago, Gentilhombre de Cámara de S. M., con egercicio, primer caballerizo de la Reyna nuestra Señora, Teniente general de los reales ejércitos y descendiente de los Serenísimos Duques de Braganza. Embarcado de guardia marina en la fragata Perla, tuvo esta un reñido combate con un jabeque moro, de cuyas resultas habiendo perecido toda la oficialidad recayó el mando en el Sr. Melo, el cual desempeñó con tal valor y actividad, que logró rendir la soberbia del moro, haciéndolo prisionero: por cuya heroica accion lo condecoró S. M. con el grado de Teniente de fragata. Pasó despues á continuar su mérito en el regimiento de Dragones de Sagunto, del que siendo ya Sargento Mayor, se le confirió el gobierno del Paraguay con el grado de Teniente Coronel; y posteriormente este vireinato, en donde acreditó su celo, liberalidad, desinteres y amor al real servicio, fundando el fuerte del Cerro Largo en las fronteras de Portugal, y expidiendo las mas activas providencias con motivo de la guerra con la Gran Bretaña, para resguardar estos puertos de cualquier insulto de esta orgullosa nacion. Pasó despues á reconocer los de la otra banda de este rio, en cuya honrosa fatiga le asaltó la muerte en Montevideo, el 15 de Abril de 1797; y siendo trasladado su cadáver á esta capital, fué sepultado en el monasterio de Monjas capuchinas, segun disposicion de S. E. La dulzura de su trato, su magnanimidad, y piadoso corazon en remediar las necesidades públicas y secretas, y en acudir á las urgencias de los monasterios, pobres y hospitales, hicieron sensible su muerte en la gratitud de estos habitantes.

La Real Audiencia gobernó hasta 2 de Mayo, en que tomó posesion

D. Antonio Olaguer Feliú, Caballero de la Real Orden de Carlos III., Mariscal de Campo de los reales ejércitos, Sub-inspector general de las tropas de este vireinato, y Gobernador que habia sido de Montevideo. Sirvió esto emplo en virtud de Real despacho de 29 de Octubre de 1794 que á prevencion se hallaba depositado en esta Real Audiencia para el caso de fallecimiento del Sr. Melo. Cesó en 14 de Marzo de 1799, y entró á sucederle

D. Gabriel de Aviles y del Fierro, Marques de Aviles, Teniente General de los reales ejércitos, Sub-inspector que fué de las tropas del vireinato del Perú, y Presidente de Chile. En todos destinos dió pruebas auténticas de su integridad, desinteres y acreditado celo en servicio del Rey. Pasó despues á servir el vireynato de Lima, cesando en el mando de este el 20 de Mayo de 1801, en que le sucedió

D. Joaquin del Pino, Mariscal de Campo de los reales ejércitos, Gobernador que fué de la plaza de Montevideo, y Presidente de las reales Audiencias de Charcas y Chile, cuya muerte acaeció el 11 de Abril de 1804, sucediéndole

D. Rafael de Sobremonte, el 28 del mismo mes. Su gobierno fué uno de los mas desgraciados para estas Provincias, que fueron ocupadas por un ejército inglés al mando del Mayor General Guillermo Carr Berresford, el 27 de Junio de 1806. Ningun esfuerzo hizo el virey para oponérseles, y se asiló vergonzosamente á Córdoba. El 27 de Agosto del mismo año, el pueblo de Buenos Aires escarmentó á los invasores, bajo la hábil direccion del capitan de navío D. Santiago Liniers, y otros patriotas esforzados. Volvieron segunda vez los Ingleses, con fuerzas mas numerosas, al mando del General Whitelocke, que tuvo que evacuar la ciudad, firmando una convencion que le fué impuesta el 7 de Julio de 1807. El único hecho honroso que pertenece al período administrativo de Sobremonte es la introduccion de la Vacuna, que se generalizó despues por el celo filantrópico del benemérito eclesiástico D. Saturnino Segurola. La Audiencia, convencida de la nulidad de Sobremonte, declaró caducado su gobierno, y decretó su prision. Se le subrogó provisoriamente

D. Pascual Ruiz Huidobro, el 27 de Junio de 1807, á quien sucedió

D. Santiago de Liniers y Bremont, que tomó el mando de este vireinato interinamente en 16 de Mayo de 1808, y le reemplazó

D. Baltazar Hidalgo de Cisneros y Latorre, el 19 de Julio de 1809, hasta el 25 de Mayo de 1810, en que se instaló la Junta Superior de las Provincias, terminando con él en esta parte de América la dominacion española.

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