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El conde Lucanor

EL LIBRO DE LOS ENXIEMPLOS DEL CONDE LUCANOR ET DE PATRONIO (continued 4)

Reading edition

—«Amigos, sabet que con bien vence el Bien al Mal»: et faciendo esto que consintiría quel diese la leche. E desto plogo mucho al Mal, et tovo que había de muy buen mercado la vida de su fijo, et el Bien tovo que había muy buena enmienda. Et fízose así. Et sopieron todos, que siempre el Bien vence con bien.

Mas al homne bueno contesció de otra guisa con el loco et fué así:

Un homne bono había un baño, et el loco vinía al baño cuando las gentes se bañaban et dábales tantos golpes con los cubos, et con piedras, et con palos, et con cuanto fallaba, que ya homne del mundo non osaba ir al baño de aquel homne bueno. Et perdió su renta.

Et cuando el homne bueno vió que aquel loco le facía perder la renta del baño, madrugó un día et metiose en el baño ante que el loco viniese. Et desnuyose et tomó un cubo de agua bien caliente, et una grand maza de madero. Et cuando el loco que solía venir al baño para ferir los que se bañasen llegó, enderezó al baño como solía. Et cuando el homne bueno que estaba atendiendo desnuyo le vió entrar, dejose ir a él muy bravo et muy sañudo, et diol con el cubo del agua caliente por cima de la cabeza, et metió mano a la maza et diol tantos et tales colpes con ella por la cabeza et por el cuerpo, que el loco cuidó ser muerto, et cuidó que aquel homne bueno, que era loco. Et salió dando muy grandes voces et topó con un homne et preguntol cómo vinía así dando voces et quejándose tanto: et el loco dijo:

—Amigo, guardatvos, que sabet que otro loco ha en el baño.

—Et vos señor conde Lucanor, con estos vuestros vecinos pasat así: con el que habedes tales debdos que en toda guisa creed que siempre seades amigos, facedle siempre buenas obras, et aunque vos faga algunos enojos, datle posada et acorredle siempre al su mester, pero siempre lo faced dandol a entender que lo facedes por los debdos et por el amor quel habedes, mas non por vencimiento: mas al otro con quien non habedes tales debdos en ninguna guisa non le sufrades cosa del mundo, mas dadle bien a entender que por quequier que vos faga todo se aventurará sobrello; ca bien cred que los malos amigos, que más guardan el amor por barata et por recelo, que por otra buena voluntad.

E el conde tovo este por muy buen consejo et fízolo así, et fallose ende muy bien.

Et porque don Johan tovo estos por buenos enjiemplos, fizolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:

Siempre el Bien vence con bien al Mal, Sofrir al homne malo poco val.

EJEMPLO XLIV

De lo que contesció a don Pero Núñez el Leal et a don Roy Gomez Zavallos et a don Gutier Roiz de Blaquiello con el conde don Rodrigo el Franco.

Otra vez fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, et díjole:

—Patronio, a mi acaesció de haber muy grandes guerras en tal guisa que estaba la mi facienda en muy grand peligro. Et cuando yo estaba en el mayor mester, algunos de aquellos que yo crié et a quien ficiera mucho bien, dejáronme et aun señaláronse mucho a me facer mucho deservicio. Et tales cosas ficieron ante mi aquellos que bien vos digo, que me ficieron haber muy peor esperanza de las gentes de cuanto había, ante que aquellos que así errasen contra mi. Et por el buen seso que Dios vos dió, ruégovos que me consejedes lo que vos paresce que debo facer en esto.

—Señor conde—dijo Patronio—si los que así erraron contra vos fueran tales como fueron don Pedro Nuñez de Fuente Almexir et don Roy Gonsáles de Zavallos et don Gutier Roiz de Blaquiello et sopieran lo que les contesció, non ficieran lo que ficieron.

E el conde le preguntó como fuera aquello.

—Señor conde—dijo Patronio—el conde don Rodrigo el Franco fué casado con una dueña fija de don Gil García de Zagra et fué muy buena dueña, et el conde, su marido, asacol falso testimonio. Et ella quejándose desto, fizo su oración a Dios que si ella era culpada que Dios mostrase su miraglo en ella; et si el marido le asacara falso testimonio, que lo mostrase en él.

E luego que la oración fué acabada por el miraglo de Dios, engafeció el conde su marido, et ella partiose dél. Et luego que fueron partidos envió el Rey de Navarra sus mandaderos a la dueña, et casó con ella, et fué reina de Navarra.

E el conde seyendo gafo, et veyendo que non podía guarescer, fuese para la Tierra Sancta en romería para morir allá. Et como quier que él era muy honrado et había muchos buenos vasallos, non fueron con él sinón estos tres caballeros dichos, et moraron allá tanto tiempo que les cumplió lo que levaron de su tierra et hobieron de venir a tan gran pobreza, que non habían cosa que dar al conde, su señor, para comer; et por la grand mengua alquilábanse cada día los dos en la plaza et el uno fincaba con el conde et de lo que ganaban de su alquile gobernaban a su señor et a si mismos. Et cada noche bañaban al conde et alimpiábanle las llagas de aquella gafedat.

Et acaesció, que en lavándole una noche los pies et las piernas, que por aventura hobieron mester de escopir et escupieron. E cuando el conde vió que todos escupieron cuidando que todos lo facían por asco que dél tomaban, comenzó a llorar et a quejarse del grant pesar et quebranto que daquello hobiera.

Et porque el conde entendiese que non habían asco de la su dolencia, tomaron con las manos daquella agua que estaba llena de podre et de aquellas pustuellas que salían de las llagas de la gafedat que el conde había, et bebieron della muy grand pieza. Et pasando con el conde su señor tal vida, fincaron con él fasta que el conde murió.

Et porque ellos tovieron que les sería mengua de tornar a Castilla sin su señor, vivo o muerto, non quisieron venir sin él. Et como quier que les dicían quel ficiesen cocer e que levasen los sus huesos, dijieron ellos que tampoco consintirian que ninguno pusiese la mano en su señor seyendo muerto como si fuese vivo. Et non consintieron quel cociesen, mas enterráronlo et esperaron tanto tiempo fasta que fué toda la carne desfecha. Et metieron los huesos en una arquita, et traíenlos a veces a cuestas.

Et así vinían pidiendo las raciones e trayendo a su señor a cuestas, pero traían testimonio de todo esto que les había contescido. Et viniendo ellos tan pobres, pero tan bien andantes, llegaron a tierra de Tolosa et entrando por una villa toparon con muy grand gente que levaban a quemar una dueña muy honrada porque la acusaba un hermano de su marido. Et dicían que si algún caballero non la salvase, que cumpliesen en ella aquella justicia, et non fallaban caballero que la salvase.

E cuando don Pero Nuñez el Leal et de buena ventura, entendió que por mengua de caballero facían aquella justicia de aquella dueña, dijo a sus compañeros: que si él sopiese que la dueña era sin culpa, que él la salvaría.

Et fuese luego para la dueña et preguntol la verdat de aquel fecho. Et ella dijol, que ciertamente ella nunca ficiera aquel yerro de que la acusaban, mas, que fuera su talante de lo facer.

Et como quier que don Pero Núñez entendió que, pues ella de su talante quisiera facer lo que non debía, que non podía seer que algun mal non le contesciese a él que la quería salvar, pero pues lo había comenzado et sabía que non ficiera todo el yerro de que la acusaban, dijo, que él la salvaría.

Et como quier que los acusadores lo cuidaron desechar diciendo que non era caballero, desque mostró el testimonio que traía non lo pudieron desechar. Et los parientes de la dueña diéronle caballo et armas, et ante que entrase en el campo dijo a sus parientes que con la merced de Dios, que él fincaría con honra et salvaría la dueña, mas que non podía seer que a él non le viniese alguna ocasión por lo que la dueña quisiera facer.

Et desque entraron en el campo, ayudó Dios a don Pero Nuñez, et venció la lid et salvó la dueña, pero perdió y don Pero Nuñez el ojo, et así se cumplió todo lo que don Pero Nuñez dijiera ante que entrase en el campo.

E la dueña et los parientes dieron tanto haber a don Pero Nuñez con que pudieron traer los huesos del conde su señor, ya cuanto más sin laceria que ante.

E cuando las nuevas llegaron al Rey de Castilla de como aquellos bien andantes caballeros vinían et traían los huesos del conde, su señor, et como vinían tan bien andantes plógole mucho ende et gradesció mucho a Dios porque eran del su regno homnes que tal cosa ficieran. Et envioles mandar que viniesen de pié así mal vestidos como vinían. E el día que hobieron de entrar en el su regno de Castilla, saliolos a recibir el rey de pié bien cinco leguas ante que llegasen al su regno, et fízoles tanto bien que hoy en día son heredados los que vienen de sus linajes de lo que el Rey les dió.

Et el Rey, et todos cuantos eran con él, por facer honra al conde et señaladamente por la facer a los caballeros, fueron con los huesos del conde fasta Osma do lo enterraron. Et desque fué enterrado fuéronse los caballeros para sus casas.

Et el día que Roy Gonzalez llegó a su casa cuando se asentó a la mesa con su mujer, desque la buena dueña vió la vianda ante sí, alzó las manos contra Dios et dijo:

—¡Señor!, ¡bendito seas tu que me dejaste veer este día, ca tu sabes que despues que don Roy Gonzalez se partió desta tierra, que esta es la primera carne que yo comí, et el primero vino que yo bebí!

A don Roy Gonzalez pesó por esto, et preguntol porqué lo ficiera. Et ella dijol que bien sabía él que, cuando se fuera con el conde, quel dijiera que él nunca tornaría sin el conde et ella que visquiese como buena dueña, que nunca le menguaría pan et agua en su casa, et pues él esto le dijiera, que non era razón quel saliese ella de mandado et por esto nunca comiera nin bebiera sinón pan et agua.

E otrosí, desque don Pero Nuñez llegó a su casa, desque fincaron él et su mujer et sus parientes sin otra compaña, la buena dueña et sus parientes con el grand placer que habían, comenzaron a reir. Et cuidando don Pero Nuñez que facían escarnio dél porque perdiera el ojo, cubrió el manto por la cabeza et echose muy triste en la cama. Et cuando la buena dueña lo vió así ser triste hobo ende muy grand pesar et tanto le afincó fasta quel hobo a decir que se sintía mucho porquel facían escarnio por el ojo que perdiera.

E cuando la buena dueña esto oyó, diose con una aguja en el su ojo, et quebrolo, et dijo a don Pero Nuñez, que aquello ficiera ella porque si alguna vez riese, que nunca él cuidase que reía por le facer escarnio.

Et así fizo Dios bien en todos aquellos buenos caballeros por el bien que ficieron.

Et tengo que, si los que tan bien non lo acertaron en vuestro servicio, fueron tales como estos, et sopieran cuanto bien les vino por esto que ficieron, non lo erraran como erraron; pero vos, señor conde, por vos facer algun yerro algunos que lo non debían facer nunca vos por eso dejedes de facer bien, ca los que vos yerran, más yerran a si mismos que a vos. Et parad mientes que, si algunos vos erraron, que muchos otros vos servieron; et más vos cumplió el servicio que aquellos vos ficieron, que vos empeció, nin vos tovo mengua los que vos erraron. Et non creades que de todos los que vos facedes bien, que de todos tomaredes servicio, mas un tal acaescimiento vos podrá acaescer: que uno vos fará tal servicio que ternedes por bien empleado cuanto bien facedes a los otros.

E el conde tovo este por buen consejo et por verdadero.

Et entendiendo don Johan que este ejiemplo era muy bueno, fízolo escribir en este libro, et fizo estos viesos que dicen así:

Maguer que algunos te hayan errado, Nunca dejes de facer aguisado[45].

EJEMPLO XLV

De lo que contesció a un homne que se fizo amigo et vasallo del Diablo.

Fablaba una vez el conde Lucanor con Patronio, su consejero en esta guisa:

—Patronio, un homne me dice que sabe muchas maneras también de agüeros como de otras cosas, en como podré saber las cosas que son por venir et como podré facer muchas arterías con que podré aprovechar mucho mi facienda, pero en aquellas cosas tengo que non se puede escusar de haber y pecado. Et por la fianza que de vos he, ruégovos que me consejedes lo que faga en esto.

—Señor conde—dijo Patronio—para que vos fagades en esto lo que vos más cumple, placerme hía que sepades lo que contesció a un homne con el Diablo.

E el conde le preguntó como fuera aquello.

—Señor conde—dijo Patronio—un homne fuera muy rico et llegó a tan grand pobreza que non había cosa de que se mantener. Et porque non ha en el mundo tan grand desventura como seer muy mal andante el que suele seer bien andante, por ende aquel homne que fuera muy bien andante e era llegado a tan gran mengua, se sintía dello mucho. Et un día, iba en su cabo, solo, por un monte muy triste et cuidando muy fieramente, et yendo así tan coitado encontrose con el Diablo.

Et como el Diablo sabe todas las cosas pasadas, sabía el coidado en que vinía aquel homne, et preguntol porque vinía tan triste. Et el homne díjole: que para qué gelo diría, ca él non le podría dar consejo en la tristeza que él había.

Et el Diablo díjole; que, si él quisiese facer lo que él le diría, que él le daría cobro paral cuidado que había et porque entendiese que lo podía facer, quel diría en lo que vinía cuidando et la razón porque estaba tan triste. E estonce le contó toda su facienda et la razón de su tristeza como aquel que la sabía muy bien. Et díjol que, si quisiese facer lo que él le diría, que él le sacaria de toda laceria et lo faría más rico que nunca fuera él nin homne de su linaje, ca el era el Diablo et había poder de lo facer.

E cuando el homne oyó decir que era el Diablo tomó ende muy grand recelo, pero por la grant cuita et grant mengua en que estaba, dijo al Diablo que si él le diese manera como pudiese seer rico, que faría cuanto él quisiese.

Et bien cred que el Diablo siempre cata tiempo para engañar a los homnes; e cuando vee que están en alguna queja, o de mengua, o de miedo, o de querer complir su talante, estonce libra él con ellos todo lo que quiere, et así cató manera para engañar a aquel homne en el tiempo que estaba en aquella coita.

E estonce ficieron sus posturas en uno, et el homne fué su vasallo. E desque las avenencias fueron fechas, dijo el Diablo al homne; que dallí adelante, que fuese a furtar, ca nunca fallaría puerta nin casa, por bien cerrada que fuese, que él non gela abriese luego, et si por aventura en alguna priesa se viese o fuese preso, que luego que lo llamase et le dijiese: «Acorredme, don Martín», que luego fuese con él et lo libraría de aquel periglo en que estudiese.

E las posturas fechas entre ellos, partiéronse.

Et el homne enderezó a casa de un mercadero de noche oscura; ca los que mal quieren facer siempre aborrecen la lumbre: et luego que llegó a la puerta el diablo abriógela, et eso mismo fizo a las arcas en guisa que luego hobo ende muy grant haber.

E otro día fizo otro furto muy grande, et despues otro, fasta que fué tan rico que se non acordaba de la pobreza que había pasado. Et el mal andante non se teniendo por pagado de como era fuera de laceria, comenzó a furtar aún más; et tanto lo usó, fasta que fué preso.

Et luego que lo prendieron llamó a don Martín que lo acorriese; et don Martín llegó muy aprisa et librolo de la prisión. Et desque el homne vió que don Martín le fuera tan verdadero, comenzó a furtar como de cabo, et fizo muchos furtos en guisa que fué más rico et fuera de laceria.

Et usando a furtar, fué otra vez preso, et llamó a don Martín, mas don Martín non vino tan aina como él quisiera, et los alcaldes del lugar do fuera el furto comenzaron a facer pesquisa sobre aquel furto. E estando así el pleito llegó don Martín: et el homne díjol:

—¡Ah, don Martín! ¡Que grand miedo me pusiestes! ¿Porqué tanto tardábades?

Et don Martín le dijo: que estaba en otras grandes priesas et que por eso tardaba: et sacole luego de la prisión.

Et el homne se tornó a furtar et sobre muchos furtos fué preso, et fecha la pesquisa dieron sentencia contra él. Et la sentencia dada, llegó don Martín et sacolo.

Et él tornó a furtar porque veía que siempre le acorría don Martín. E otra vez fué preso, et llamó a don Martín, et non vino, et tardó tanto fasta que fué judgado a muerte, et seyendo judgado llegó don Martín et tomó alzada para casa del Rey et librolo de la prisión, et fué quito.

E después tornó a furtar et fué preso, et llamó a don Martín et non vino fasta que judgaron quel enforcasen. Et seyendo al pié de la forca llegó don Martín; et el homne le dijo:

—¡Ah don Martín, sabet que esto non era juego, que bien vos digo que grand miedo he pasado!

Et don Martín le dijo: que él le traía quinientos maravedís en una limosnera et que los diese al alcalde et que luego sería libre, e el homne fizolo ansí. E el alcalde había mandado ya que lo enforcasen, et non fallaron soga para lo enforcar. E en cuanto buscaban la soga, llamó el homne al alcalde et diole la limosnera con los dineros. E cuando el alcalde cuidó quel daba los quinientos maravedís dijo a las gentes que y estaban:

—Amigos, ¡quien vió nunca que menguase soga para enforcar homne! Ciertamente este homne non es culpado, et Dios non quiere que muera et por eso nos mengua la soga; mas tengámoslo fasta cras, et veremos más en este fecho; ca si culpado es y se finca para complir cras la justicia.

Et esto facía el alcalde por lo librar por los quinientos maravedis que cuidaba quel había dado: Et habiendo esto así acordado, apartose el alcalde et abrió la limosnera et cuidando fallar los quinientos maravedís non falló los dineros; mas falló una soga en la limosnera. Et luego que esto vió mandol enforcar.

Et poniéndolo en la forca vino don Martín et el homne le dijo que le acorriese. Et don Martín le dijo: que siempre él acorría a todos sus amigos fasta que los llegaba a tal lugar.

Et así perdió aquel homne el cuerpo et el alma creyendo al Diablo et fiando dél. Et cierto sed que nunca homne dél creyó nin fió que non llegase a haber mala postremería; sinón, parad mientes a todos los agoreros, o sorteros, o adevinos, o otros que facen cercos o encantamientos et destas cosas cualesquier, et veredes, que siempre hobieron malos acabamientos. Et si non me credes, acordat vos de Alvar Nuñez et de Garcilaso que fueron los homnes del mundo que más fiaron en agüeros et en estas tales cosas, e veredes cual acabamiento hobieron.

Et vos señor conde Lucanor, si bien queredes facer vuestra facienda paral cuerpo et paral alma, fiat derechamente en Dios et ponet en él toda vuestra esperanza et vos ayudatvos cuanto pudierdes et Dios ayudarvos ha. Et non creades nin fiédes en agüeros, nin en otro devanes, ca cierto sed, que de los pecados del mundo con que a Dios más pesa et que homne mayor tuerto et mayor desconosimiento face a Dios, es en catar agüeros et estas tales cosas.

E el conde tovo este por buen consejo et fízolo et fallose muy bien dello.

Et porque don Johán, tovo este por buen ejiemplo, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:

El que en Dios non pone su esperanza, Morrá mala muerte, habrá mala andanza[46].

EJEMPLO XLVI

De lo que contesció a un filósofo que por ocasión entró en una calle do moraban malas mujeres.

Otra vez fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, en esta manera:

—Patronio, vos sabedes que una de las cosas del mundo por que homne más debe trabajar es por haber buena fama et por se guardar que ninguno non le pueda trabar en ella. Et porque yo sé que en esto nin en al, ninguno non me podría consejar mejor que vos, ruégovos que me consejedes en cual manera podré mejor encrescentar et levar adelante et guardar la mi fama.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—mucho me place desto que decides, et para que vos mejor lo podades facer, placerme hía que sopiésedes lo que contesció a un muy grand filósofo et mucho anciano.

E el conde le preguntó como fuera aquello.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—un muy grand filósofo moraba en una villa del reino de Marruecos. Et aquel filósofo había una enfermedad que cuandol era mester de se desembargar de las cosas sobejanas que fincaban de la vianda que había recebido, non lo podía facer sinón con muy grant dolor et con muy grant pena, et tardaba muy grand tiempo ante que pudiese seer desembargado.

Et por esta enfermedat que tenía mandábanle los físicos que cada quel tomase talante de se desembargar de aquellas cosas sobejanas, que lo probase luego, et non lo tardase; porque cuanto aquella materia más se quemase, más se desecaríe et más enduresceríe, en guisa, quel sería grand pena et grand daño para la salud del cuerpo. Et porque esto le mandaban los físicos facíelo et fallábase ende bien.

E acaesció, que un día yendo por una calle de aquella villa do moraba et do tenie muchos discípulos que aprendían dél, quel tomó talante de se desembargar como es dicho. Et por facer lo que los físicos le consejaban et era su pro, entró en una calleja para facer aquello que non pudíe escusar.

Et atal fué su ventura, que en aquella calleja do él entró, que moraban y las mujeres que publicamente viven en las villas faciendo daño de sus almas et deshonra de sus cuerpos. Et desto non sabía nada el filósofo que tales mujeres moraban en aquel lugar. Et por la manera de la enfermedat que él había, et por el grant tiempo que se detuvo en aquel lugar et por las semejanzas que en él parescieron cuando salió de aquel lugar do aquellas mujeres moraban, comoquier que él non sabía que tal compañía allí moraba, con todo eso cuando ende salió, todas las gentes cuidaron que entrara en aquel logar por otro fecho que era muy desvariado de la vida que él solía et debía facer. Et porque paresce muy peor et fablan muy más et muy peor las gentes dello cuando algún homne de grand guisa face alguna cosa quel non pertenesce et le está peor por pequeña que sea, que a otro que saben las gentes que es acostumbrado de non se guardar de facer muchas cosas peores, por ende, fué muy fablado et muy tenido a mal, porque aquel filósofo tan honrado et tan anciano entraba en aquel lugar quel era tan dañoso paral alma, et paral cuerpo, et para la fama.

Et cuando fué en su casa, vinieron a él sus discípulos et con muy grand dolor de sus corazones et con grand pesar, comenzaron a decir: qué desventura o qué pecado fuera aquel por que en tal manera confondiera a sí mismo et a ellos, et perdiera toda su fama que fasta entonces guardara mejor que homne del mundo.

Et cuando el filósofo esto oyó, fue tanto espantado et preguntoles que porque dicían esto o que mal era este que él ficiera o cuando o en que lugar. E ellos le dijieron: que porqué fablaba así en ello, que ya por su desaventura dél et dellos, que non había homne en la villa que non fablase de lo que él ficiera cuando entrara en aquel lugar do aquellas tales mujeres moraban.

E cuando el filósofo esto oyó, hobo muy grand pesar, pero díjoles: que les rogaba que se non quejasen mucho desto, et que dende a ocho días les daría ende repuesta.

Et metiose luego en su estudio, et compuso un librete pequeño et muy bueno et muy aprovechoso. Et entre muchas cosas buenas que en él se contienen, fabla y de la buena ventura et de la desaventura et, como, en manera de departimiento que departe con sus discípulos dice así:

—Fijos, en la buena ventura et en la desaventura contesce así: a las vegadas es fallada et buscada, et algunas vegadas es fallada et non buscada. La fallada et buscada es cuando algund homne face bien, et por aquel buen fecho que face, le viene alguna buena ventura; et eso mismo cuando por algún fecho malo que face le viene alguna mala ventura; esto tal, es ventura, buena o mala, fallada et buscada, que él busca et faz porque venga aquel bien o aquel mal.

Otrosí, fallada et non buscada, es cuando un homne non faciendo nada por ello le viene alguna pro o algún bien: así como, si homne fuese por algún lugar et fallase muy grand haber o otra cosa muy aprovechosa porque él non hobiese nada fecho; et eso mismo, cuando un homne non faciendo nada por ello le viene algún mal o algún daño, así como, si homne fuese por una calle et lanzase otro una piedra a un pájaro et descalabrase a él en la cabeza: esta es desaventura fallada et non buscada, ca él nunca fizo nin buscó cosa porque le debiese venir aquella desaventura. Et fijos, debedes saber, que en la buena ventura e desaventura fallada et buscada hay menester dos cosas: la una que se ayude homne faciendo bien para haber bien o faciendo mal para haber mal, et la otra que le gualardone Dios segund las obras buenas et malas que el homne hobiere fecho. Otrosí, en la buena ventura o mala, fablada et non buscada ay menester otras dos cosas: la una, que se guarde homne cuanto pudiere de non facer mal nin meterse en sospechas nin en semejanza porque él deba venir a alguna desaventura nin mala fama; la otra, es pedir merced e rogar a Dios que, pues él se guarda cuanto puede porque nol venga desaventura nin mala fama, quel guarde que non le venga ninguna desaventura como vino a mi el otro día que entré en una calleja por facer lo que non podía escusar para la salud del mi cuerpo et que era sin pecado et sin ninguna mala fama et por mi desaventura moraban y tales compañas, porqué maguer yo era sin culpa, finqué mal enfamado.

Et vos, señor conde Lucanor, si queredes acrescentar et levar adelante vuestra buena fama, conviene que fagades tres cosas: la primera que fagades muy buenas obras a placer de Dios et esto guardado, después en lo que pudierdes a placer de las gentes et guardando vuestra honra et vuestro estado et que non cuidedes que por buena fama que hayades, que la non perderedes si dejardes de facer buenas obras et ficierdes las contrarias, ca muchos homnes ficieron bien un tiempo et porque después non lo levaron adelante, perdieron el bien que habían fecho et fincaron con mala fama postrimera; la otra es, que roguedes a Dios que vos enderece que fagades tales cosas porque la vuestra acresciente et vaya siempre adelante et que vos guarde de facer nin de decir cosa porque la perdades: la tercera cosa es, que por fecho nin, por dicho, nin por semejanza, nunca fagades cosa por que las gentes puedan tomar sospecha, porque la vuestra fama vos sea guardada como debe, ca muchas veces face homne buenas obras et por algunas malas semejanzas que face, las gentes toman tal sospecha que empeece poco menos paral mundo et paral dicho de las gentes como si ficiese la mala obra. Et debedes saber que en las cosas que tañen a la fama, que tanto aprovecha o empece lo que las gentes tienen et dicen como lo que es verdat en si; mas cuanto para Dios et para el alma, non aprovecha nin empece, sinón las obras que el homne face et a cual entención son fechas.

Et el conde tovo este por buen ejiemplo et rogó a Dios quel dejase facer tales obras cuales entendía que cumplen para salvamiento de su alma et para guarda de su fama et de su honra et de su estado.

Et porque don Johan, tovo este por muy buen enjiemplo, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:

Faz siempre bien et guárdate de sospecha, Et siempre será la tu fama derecha.

EJEMPLO XLVII

De lo que contesció a un moro con una su hermana que daba a entender que era muy medrosa.

Un día fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero en esta guisa:

—Patronio, sabet que yo he un hermano que es mayor que yo, et somos fijos de un padre et de una madre, et porque es mayor que yo, tengo que lo he de tener en logar de padre et seerle a mandado. Et él ha fama que es muy buen cristiano et muy cuerdo, pero guisolo Dios así; que yo so más rico et más poderoso que él, et comoquier que él non lo da a entender, so cierto que ha ende envidia, et cada que yo he mester su ayuda et que faga por mi alguna cosa, dame a entender que lo deja de facer porque sería pecado et estráñamelo tanto fasta que lo parte por esta manera. Et algunas veces que ha mester mi ayuda dame a entender que aunque todo el mundo se perdiese que non debo dejar de aventurar el cuerpo et cuanto he porque se faga lo que a él cumple. Et porque yo paso con él en esta guisa, ruégovos que me consejedes lo que viéredes que debo en esto facer et lo que más me cumple.

—Señor conde—dijo Patronio—a mi paresce que la manera que este vuestro hermano trae con vusco, semeja mucho a lo que dijo un moro a una su hermana.

E el conde le preguntó como fuera aquello.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—un moro había una hermana que era tan regalada que de quequier que veíe o la facién, que de todo daba a entender que tomaba recelo et se espantaba. Et tanto había esta manera, que, cuando bebía del agua en unas tarrazuelas con que la suelen beber los moros, que suena el agua cuando beben, cuando aquella mora oyó aquel sueno que facía el agua en aquella tarrazuela, daba a entender que tan grant miedo había daquel sueno que se quería amortecer.

Et aquel su hermano era muy buen mancebo, mas era muy pobre et porque la grant pobreza faz a homne facer lo que non querría, non podía escusar aquel mancebo de buscar la vida muy vergonzosamente. Et facíalo así, que cada que moría algún homne iba de noche et tomábale la mortaja et lo que enterraban con él, et desto mantenía a si et a su hermana et a su compaña. E su hermana sabía esto.

Et acaesció que murió un homne muy rico, et enterraron con él muy ricos paños et otras cosas que valían mucho. E cuando la hermana esto sopo, dijo a su hermano que ella quería ir con él aquella noche para traer aquello con que aquel homne habían enterrado.

E desque la noche vino, fueron el mancebo et su hermana a la fuesa del muerto, et abriéronla, et cuando le cuidaron tirar aquellos paños muy preciados que tenía vestidos non pudieron sinón rompiendo los paños et crebando las cervices del muerto.

E cuando la hermana vió que si non quebrantasen el pescuezo del muerto, que habrían de romper los paños et que perderían mucho de lo que valían, fué tomar con las manos muy sin duelo, et sin piedat la cabeza del muerto et desconjuntolo todo, et sacó los paños que tenía vestidos, et tomaron cuanto y estaba, et fuéronse con ello.

Et luego, otro día, cuando se asentaron a comer, desque comenzaron a beber, cuando la tarrazuela comenzó a sonar dió a entender que se quería amortecer de miedo de aquel sueno que facía la tarrazuela. E cuando el hermano aquello vió, et se acordó cuanto sin miedo et sin duelo desconjuntara la cabeza del muerto, dijol en algaravía:

—Aha yâ uchti, tafza min bakki, vala tafza min fatr onkí.

Et esto quiere decir: «Aha, hermana despantádesvos del sueno de la tarrazuela que face boc, boc, et non vos espantades del desconjuntamiento del pescuezo.»

Et este proverbio es agora muy retraido entre los moros.

Et vos señor conde Lucanor, si aquel vuestro hermano mayor veedes que en lo que a vos cumple se escusa por la manera que habedes dicha, dando a entender que tiene por grand pecado lo que vos querríades que ficiese por vos, non seyendo tanto como él dice, et tiene que es guisado, et dice que fagades vos lo que a él cumple aunque sea mayor pecado et muy grand vuestro daño; entendet, que es de la manera de la mora que se espantaba del sueno de la tarrazuela et non se espantaba de desconjuntar la cabeza del muerto. Et pues él quiere que fagades vos por él lo que él face a vos: desilde buenas palabras, et mostradle muy buen talante et en lo que vos non empeesciere, faced por él todo lo que cumpliere, mas en lo que fuer vuestro daño partitlo siempre con la más apuesta manera que pudiéredes et en cabo por una guisa o por otra guardatvos de facer vuestro daño.

E el conde tovo este por buen consejo et fízolo así et fallose ende muy bien.

Et teniendo don Johán este ejiemplo por bueno, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:

Porque non quiere lo que te cumple facer, Et tu non quieras lo tuyo por él perder[47].

EJEMPLO XLVIII

De lo que contesció a uno que probaba sus amigos.

Otra vez fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, en esta manera:

—Patronio, segunt el mío cuidar yo he muchos amigos que me dan a entender que por miedo de perder los cuerpos nin lo que han, que non dejarían de facer lo que me cumpliese, e que por cosa del mundo que pudiese acaescer non se partirían de mi. Et por el buen entendimiento que vos habedes, ruégovos que me digades en que manera podré saber si estos mis amigos farían por mi tanto como dicen.

—Señor conde Lucanor, dijo Patronio—los buenos amigos son la mejor cosa del mundo, et bién cred que cuando viene grand mester et la grand queja que falla homne muy menos de cuantos cuyda, et otrosí quando el mester non es grande es grave de probar cual sería amigo verdadero cuando la priesa veniese; pero para que vos podades saber cual es el amigo verdadero, placerme hía que sopiésedes lo que contesció a un homne bueno con un su fijo que dicía que había muchos amigos.

E el conde le preguntó como fuera aquello.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—un homne bueno había un fijo et entre las otras cosas quel mandaba et le consejaba, dicial siempre que punase en haber muchos amigos et buenos. E el fijo fízolo así, et comenzó a acompañarse et a partir de lo que había con muchos homnes por tal de los haber por amigos. Et todos aquellos dicían que eran sus amigos et que farían por él todo cuantol cumpliese, et que aventurarían por él los cuerpos et cuanto en el mundo hobiesen cuandol fuese mester.

E un día, estando aquel mancebo con su padre, preguntol si había fecho lo quel mandara, et si había ganado muchos amigos. E el fijo díjole que si, que había muchos amigos, mas que señaladamente entre todos los otros había fasta diez de que era cierto que por miedo de muerte nin por ningun recelo, que nunca lo erraríen por queja, nin por mengua, nin por ocasión quel acaesciese.

E cuando el padre esto oyó, dijol: que se maravillaba ende mucho porque en tan poco tiempo pudiera haber tantos amigos et tales, ca él que era mucho anciano, nunca en toda su vida pudiera haber más de un amigo et medio.

E el fijo comenzó a porfiar diciendo que era verdat lo que él dicía de sus amigos. E desque el padre vió que tanto porfiaba el fijo, díjole que los probase en esta guisa:

Que matase un puerco et que lo metiese en un saco et que se fuese a casa de cada uno daquellos sus amigos et que les dijiese que aquel era un homne que él había muerto et, que era cierto, si aquello fuese sabido que non había en el mundo cosa quel pudiese escapar de la muerte a él et a cuantos sopiesen que sabían daquel fecho; et que les rogase, que pues sus amigos eran, quel encubriesen aquel homne et, si menester le fuese, que se pasasen con él a lo defender.

E el mancebo fízolo e fué probar sus amigos según su padre le mandara. Et desque llegó a casa de sus amigos et les dijo aquel fecho perigloso quel acaesciera, todos le dijieron, que en otras cosas le ayudaríen; mas que en esto, porque podrían perder los cuerpos et lo que habían, que non se atreverían a lo ayudar et que, por amor de Dios, que guardase que non sopiese ninguno que había ido a sus casas. Pero destos amigos algunos le dijieron que non se atrevían a facerle otra ayuda, mas que irían rogar por él: et otros le dijieron que cuando lo levasen a la muerte, que non le desampararían fasta que hobiesen complido en él la justicia, et quel farían honra al su enterramiento.

E desque el mancebo hobo probado así todos sus amigos et non falló cobro en ninguno, tornose para su padre et díjol todo lo quel acaesciera. E cuando el padre así lo vió venir, díjol, que bien podía ver ya que más saben los que mucho han visto et probado, que los que nunca pasaron por las cosas. E estonce le dijo que él non había más de un amigo et medio et que los fuese probar.

E el mancebo fué probar al que su padre tenía por medio amigo: et llegó a su casa de noche e levaba el puerco muerto a cuestas, et llamó a la puerta daquel medio amigo de su padre et contol aquella desaventura quel había contescido et lo que fallara en todos sus amigos, et rogol que por el amor que había con su padre que le acorriese en aquella cuita.

E cuando el medio amigo de su padre aquello vió, díjol: que con él non había amor nin afacimiento porque se debiese tanto aventurar, mas que por el amor que había con su padre, que gelo encubriría.

E entonce tomó el saco con el puerco a cuestas, cuidando que era homne, et levolo a una su huerta et enterrolo en un surco de coles; et puso las coles en el surco así como antes estaban et envió el mancebo a buena ventura.

Et desque fué con su padre, contol todo lo quel contesciera con aquel su medio amigo. E el padre le mandó que otro día cuando estudiesen en consejo, que sobre cualquier razón que departiesen que comenzase a porfiar con aquel su medio amigo, et sobre la porfia quel diese una puñada en el rostro, la mayor que pudiese.

E el mancebo fizo lo quel mandó su padre et cuando gela dió, catol el homne bueno et díjol:

—A buena fe, fijo, mal feciste, mas dígote que por esto nin por otro mayor tuerto, non descubriré las coles del huerto.

Et desque el mancebo esto contó a su padre mandol que fuese probar aquel que era su amigo cumplido. Et el fijo fízolo.

Et desque llegó a casa del amigo de su padre et le contó todo lo que le había contescido, díjole el homne bueno, amigo de su padre, que él le guardaría de muerte et de daño.

E acaesció por aventura, que en aquel tiempo habían muerto un homne en aquella villa, et non podían saber quien lo matara. Et porque algunos vieron que aquel mancebo había ido con aquel saco a cuestas muchas veces de noche, tovieron que él lo había muerto.

E ¿qué vos iré alongando? El mancebo fué judgado que lo matasen. Et el amigo de su padre había fecho cuanto pudiera por lo escapar. E desque vió que en ninguna manera non lo pudiera librar de muerte, dijo a los alcaldes que non quería levar pecado de aquel mancebo, que sopiesen que aquel mancebo non matara el homne, mas que lo matara un su fijo solo que el había. Et fizo al fijo que lo cognosciese; et el fijo otorgolo. Et matáronlo. Et escapó de la muerte el fijo del homne bueno que era amigo de su padre.

E agora, señor conde Lucanor, vos he contado cómo se prueban los amigos, et tengo que este ejiemplo es bueno para saber hombre en este mundo cuales son los amigos, et que los debe probar ante que se meta en grant periglo por su fiuza, et que sepa a cuanto se pararen por él sil fuese mester, ca cierto seed, que algunos son buenos amigos, mas muchos, et por aventura los más, son buenos amigos de la ventura que así como la ventura corre así son ellos amigos. E otrosí, este ejiemplo se puede entender spiritualmente en esta manera: todos los homnes en este mundo tienen que han amigos, et cuando viene la muerte, hanlos de probar en aquella queja, et van a los seglares et dícenlos que asaz han que facer en si, e van a los religiosos et dícenlos que rogarán a Dios por ellos, e van a la mujer et a los fijos et dícenles que irán con ellos fasta la fuesa et que les farán honra a su enterramiento, et así prueban a todos aquellos que ellos cuidaban que eran sus amigos. Et desque non fallan en ellos ningún cobro para escapar de la muerte, así como tornó el fijo del buen homne,—despues que non falló cobro en ninguno daquellos que cuidaba que eran sus amigos,—a su padre, tórnanse a Dios que es su padre, et Dios díceles que prueben a los sanctos que son medios amigos. Et ellos fácenlo. Et tan grand es la bondat de los sanctos et sobre todos de sancta María, que non dejan de rogar a Dios por los pecadores: et sancta María muéstrale cómo fué su madre et cuanto trabajo tomó en lo tener et en lo criar, et los sanctos muéstranle las lacerias et las penas et los tormentos et las pasiones que recebieron por él, et todo esto facen por encobrir los yerros de los pecadores. Et aunque hayan recebido muchos enojos dellos, non lo descubren, así como non descubrió el medio amigo la puñada quel dió el fijo de su amigo. Et desque el pecador vee spiritualmente que por todas estas cosas non puede escapar de la muerte del alma, tórnase a Dios así como tornó el fijo al padre después que non falló quien lo pudiese escapar de la muerte. Et nuestro señor Dios así como padre et amigo verdadero, acordándose del amor que ha al homne que es su criatura fizo como el buen amigo, ca envió al su fijo Jesu-Cristo que moriese, non habiendo ninguna culpa et seyendo sin pecado, por desfacer las culpas et los pecados que los homnes merescían. Et Jesu-Cristo como buen fijo, fué obediente a su padre et seyendo verdadero Dios et verdadero homne quiso recebir et recebió muerte et redimió a los pecadores por la su sangre.

E agora, señor conde, parat mientes cuales destos amigos son mejores et más verdaderos, o por cuales debía homne facer más por los ganar por amigos.

E al conde plogo mucho con todas estas razones, et tovo que eran buenas.

Et entendiendo don Johán, que este enjiemplo era muy bueno, fízolo escribir en este libro, et fizo estos viesos que dicen así:

Nunca homne podría tan buen amigo fallar, Como Dios, que lo quiso por su sangre comprar[48].

EJEMPLO XLIX

De lo que contesció al que echaron en la isla desnuyo cuandol tomaron el señorío que tenía.

Otra vez fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, et díjole:

—Patronio, muchos me dicen que, pues yo so tan honrado et tan poderoso, que faga cuanto pudiere por haber grand riqueza et grant poder et grant honra, ca esto, es lo que me más cumple et más me pertenesce. Et porque yo sé que siempre me consejades lo mejor et que lo faredes así daqui adelante, ruégovos que me consejedes lo que vierdes que más me cumple en esto.

—Señor conde—dijo Patronio—este consejo que me vos demandades es grave de dar por dos razones: lo primero, que en este consejo que me vos demandades, habré a decir contra vuestro talante; et lo otro, porque es muy grave de decir contra el consejo que es dado a pro del señor. Et porque en este consejo ha estas dos cosas, esme muy grave de decir contra él, pero, porque todo consejero, si leal es, non debe catar sinón para dar el mejor consejo et non catar su pro, nin su daño, nin si le place al señor, nin si le pesa, sinón decirle lo mejor que homne viere; por ende, yo no dejaré de vos decir en este consejo lo que entiendo que es más vuestra pro et vos cumple más. Et por ende, vos digo, que los que esto vos dicen que en parte vos consejan bien, pero non es el consejo complido nin bueno para vos; mas para seer del todo complido et bueno, sería muy bien et placerme hía mucho que sopiésedes lo que acaesció a un homne quel ficieron señor de una grand tierra.

E el conde le preguntó como fuera aquello.

—Señor conde Lucanor,—dijo Patronio—en una tierra habían por costumbre que cada año facían un señor. Et en cuanto duraba aquel año facían todas las cosas que él mandaba. Et luego que el año era acabado, tomábanle cuanto había et desnudábanle et echábanle en una isla solo, que non fincaba con él homne del mundo.

Et acaesció que hobo una vez aquel señorio un homne que fué de mejor entendimiento et más apercebido que los que lo fueron ante. Et porque sabía que desque el año pasase, quel habían de facer lo que a los otros, ante que se acabase el año del su señorio, mandó en grand poridat facer en aquella isla, do sabía que lo habían de echar, una morada muy buena et muy complida en que puso todas las cosas que eran mester para toda su vida. Et fizo la morada en lugar tan encubierto que nunca gelo pudieron entender los de aquella tierra quel dieron aquel señorío.

Et dejó algunos amigos en aquella tierra así adebdados et castigados que, si por aventura algunas cosas hobiese mester de las que él non se acordara de enviar adelante, que gelas enviasen ellos en guisa quel non menguase ninguna cosa.

E cuando el año fué complido et los de la tierra le tomaron el señorío et le echaron desnudo en la isla así como a los otros ficieron que fueron ante que él; por que él fuera apercebido et había fecho tal morada en que podía vevir muy vicioso et muy a placer de sí, fuese para ella, et viscó en ella muy bien andante.

Et vos señor conde Lucanor, si queredes seer bien consejado, parad mientes que en este tiempo que habedes de vevir en este mundo, pues sodes cierto quel habedes a dejar et que vos habedes a partir desnudo dél et non habedes a levar del mundo, sinón las obras que ficierdes, guisat que las fagades tales, porque, cuando deste mundo salierdes, que tengades fecha tal morada en el otro, que cuando vos echaren deste mundo desnudo, que fallades buena morada para toda vuestra vida. Et sabet que la vida del alma non se cuenta por años, mas dura para siempre sin fin; ca el alma es cosa spiritual et non se puede corromper, ante dura et finca para siempre. Et sabet que las obras buenas o malas que el homne en este mundo face, todas las tiene Dios guardadas para dar dellas gualardón en el otro mundo segund sus merecimientos. Et por todas estas razones, conséjovos yo, que fagades tales obras en este mundo por que cuando dél hobierdes de salir, falledes buena posada en aquel do habedes a durar para siempre, et que por los estados et honras deste mundo que son vanas et fallecederas, que non querades perder aquello que es cierto que ha de durar para siempre sin fin. Et estas buenas obras facetlas sin ufana et sin vanagloria que aunque las vuestras buenas obras sean sabidas, siempre serán encubiertas, pues non las facedes por ufana, nin por vanagloria. E otrosí, dejat acá tales amigos que lo que vos non pudierdes complir en vuestra vida, que lo cumplan ellos a pro de la vuestra alma. Pero seyendo estas cosas guardadas, todo lo que pudierdes facer por levar vuestra honra et vuestro estado adelante, tengo que lo debedes facer, et es bien que lo fagades.

E el conde tovo este por buen enjiemplo et por buen consejo et rogó a Dios quel guisase que lo pudiese así facer como Patronio dicía.

Et entendiendo don Johan que este enjiemplo era bueno, fízolo escribir en este libro, et fizo estos viesos que dicen así:

Por este mundo fallecedero, Non pierdas el que es duradero.

EJEMPLO L

De lo que contesció a Saladin con una dueña mujer de un su vasallo.

Fablaba el conde Lucanor un día con Patronio, su consejero, en esta guisa:

—Patronio, bien sé yo ciertamente que vos habedes tal entendimiento que homne de los que son agora en esta tierra non podría dar tan buen recabdo a ninguna cosa quel preguntasen como vos. Et por ende, vos ruego, que me digades cual es la mejor cosa que homne puede haber en si. Et esto vos pregunto porque bien entiendo, que muchas cosas ha mester el homne para saber acertar en lo mejor et facerlo, ca por entender homne la cosa et non obrar della bien, non tengo que mejora mucho en su facienda. Et porque las cosas son tantas, querría saber a lo menos una porque siempre me acordase della para la guardar.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—vos por vuestra merced me loades mucho et señaladamente decides que yo he muy grant entendimiento. Et señor conde, yo recelo que vos engañades en esto. Et bien cred, que non ha cosa en el mundo en que homne tanto nin tan de lijero se engañe como enconoscer los homnes cuales son en si et cual entendimiento han. Et estas son dos cosas: la una, cual es el homne en si: e la otra, qué entendimiento ha. Et para saber cual es en si, hase de mostrar en las obras que face a Dios e al mundo, ca muchos parescen que facen buenas obras, et non son buenas que todo el su bien es para este mundo. Et creet que esta bondat, que les costará muy cara, ca por este bien que dura un día, sufrirán mucho mal sin fin. Et otros facen buenas obras para servicio de Dios et non cuidan en lo del mundo, et como quier que estos escogen la mejor parte et la que nunca les será tirada nin la perderán; pero los unos nin los otros non guardan entreamas las carreras que son lo de Dios et del mundo.

Et para las guardar amas, ha mester muy buenas obras et muy grant entendimiento, que tan grave cosa es de facer esto como meter la mano en el fuego et non sentir la su calentura; pero, ayudándole Dios, et ayudándose el homne todo se puede facer; ca ya fueron muchos buenos reis et otros homnes sanctos, pues estos buenos fueron a Dios et al mundo. Et otrosí, para saber cual ha buen entendimiento ha mester muchas cosas, ca muchos dicen muy buenas palabras et grandes sesos et non facen sus faciendas tan bien como les cumple; e otros traen muy bien sus faciendas et non saben o non quieren o non pueden decir tres palabras a derechas; e otros fablan muy bien et facen muy bien sus faciendas, mas son de malas entenciones, et como quier que obran bien para si, obran malas obras para las gentes. Et destos tales, dice la Scriptura, que son tales como el loco que tiene la espada en la mano, e como el mal príncipe que ha grant poder.

Mas, para que vos et todos los homnes podades cognoscer cual es bueno a Dios, et al mundo, et cual es de buen entendimiento, et cual es de buena palabra, et cual es de buena entención, e para lo escoger verdaderamente conviene que non judguedes a ninguno sinón por las obras que ficiere luengamente, et non poco tiempo, et por como viéredes que mejora o que peora su facienda, ca en estas dos cosas se paresce todo lo que desuso es dicho.

Et todas estas razones vos dije agora, porque vos loades mucho a mi et al mio entendimiento, et so cierto que, desque a todas estas cosas catásedes, que me non loaredes tanto. Et a lo que me preguntastes que vos dijiese cual era la mejor cosa que homne podía haber en si, para saber desto la verdat, quería mucho que sopiésedes lo que contesció a Saladín con una muy buena dueña, mujer de un caballero su vasallo.

E el conde le preguntó como fuera aquello.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—Saladín era soldán de Babilonia et traía consigo siempre muy grant gente; et un día porque todos non podían posar con él, fué posar a casa de un caballero.

Et cuando el caballero vió a su señor que era tan honrado en su casa, fízole cuanto servicio et cuanto placer pudo, et él et su mujer et sus fijos et sus fijas servíanle cuanto podían. Et el Diablo que siempre se trabaja por que faga el homne lo más desaguisado puso en el talante de Saladín que olvidase todo lo que debía guardar et que amase aquella dueña non como debía.

Et el amor fué tan grande, quel hobo de traer a consejarse con un su mal consejero, en qué manera podría complir lo que él quería. Et debedes saber que todos debían rogar a Dios que guardase a su señor de querer facer mal fecho, ca si el señor lo quiere, cierto seed que nunca menguará quien gelo conseje et quien le ayude a lo complir.

Et así contesció a Saladín, que luego falló quien le consejó como pudiese complir aquello que quería. Et aquel mal consejero, consejol, que enviase por su marido et quel ficiese mucho bien et quel diese muy grant gente de que fuese mayoral; et a cabo de algunos días quel enviase a alguna tierra lueñe en su servicio, et en cuanto el caballero estudiese allá, que podría él complir toda su voluntad.

E esto plogo a Saladín, et fízolo así. E desque el caballero fué ido en su servicio, cuidando que iba muy bien andante et muy amigo de su señor, fuese Saladín para su casa. E desque la buena dueña sopo que Saladín vinía, porque tanta merced había fecho a su marido, recibiolo muy bien et fízole mucho servicio et cuanto placer pudo ella et toda su compaña. E desque la mesa fué alzada et Saladín entró en su cámara, envió por la dueña. Et ella teniendo que enviaba por al fué a él. Et Saladín le dijo, que la amaba mucho. Et luego que ella esto oyó, entendiolo muy bien, pero dió a entender que non entendía aquella razón et dijol quel diese Dios buena vida et que gelo gradescía; ca bien sabíe Dios, que ella mucho deseaba la su vida, et que siempre rogaría a Dios por él como lo debía facer por que era su señor et, señaladamente, por cuanta merced facía a su marido et a ella.

E Saladín le dijo: que sin todas aquellas razones, la amaba más que a mujer del mundo. Et ella teniagelo en merced non dando a entender que entendía otra razón. ¿Que vos iré más alongando? Saladín le hobo a decir cómo la amaba. E como la buena dueña aquello oyó, como era muy buena et de muy buen entendimiento, respondió así a Saladín:

—Señor, como quier que yo so asaz mujer de pequeña guisa, pero bien sé que el amor non es en poder del homne, ante es el homne en poder del amor. Et bien sé yo que, si vos tan grand amor me habedes como decides, que podría ser verdad esto que me vos decides, pero asi como esto sé bien, así sé otra cosa: que cuando los homnes, et señaladamente los señores, vos pagades de alguna mujer, dades a entender que faredes cuanto ella quisiere: Et desque ella finca mal andante et escarnida preciádesla poco como es derecho e finca del todo mal. Et yo, Señor, recelo que me contescerá así a mí.

E Saladín se lo comenzó a desfacer prometiéndole quél faría cuanto ella quisiese porque fincase muy bien andante. E desque Saladín esto le dijo, respondiol la buena dueña que, si él le prometiese complir lo que ella pidría ante que ficiese fuerza nin escarnio, que ella le prometía que, luego que gelo hobiese complido, faría ella todo lo que él mandase.

E Saladín le dijo, que recelaba quel pidiría que non le fablase más en aquel fecho. Et ella dijol que non le demandaría eso nin cosa que él muy bien non pudiese facer. E Saladín gelo prometió. E la buena dueña le besó la mano et el pié et díjole, que lo que dél quería, era quel dijiese cual era la mejor cosa que homne podía haber en si et que era madre et cabeza de todas las bondades.

E cuando Saladín esto oyó, comenzó muy fuertemente a cuidar, et non pudo fallar qué respondiese a la buena dueña. Et por que él había prometido que non le faría fuerza nin escarnio fasta quel cumpliese lo que había prometido, díjole que quería acordar sobresto. Et ella díjole, que prometía que en cualquier tiempo que desto le diese recado, que ella cumpliría todo lo que él mandase.

E así fincó pleito puesto entrellos. Et Saladín fuese para sus gentes, et, como por otra razón, preguntó a todos sus sabios por esto. Et unos dician que la mejor cosa que homne podía haber era ser homne de buena alma. Et otros dicían que era verdat para el otro mundo, mas que por ser solamente de buena alma, que non sería muy bueno para este mundo. E otros dicían que lo mejor era seer homne muy leal. E otros dicían que, como quier que seer leal es muy buena cosa, que podría seer leal et ser muy cobarde, o muy escaso, o muy torpe, o mal acostumbrado et así que al había mester aunque fuese muy leal. Et desta guisa fablaban en todas las cosas et non podían acertar en lo que Saladín preguntaba.

E desque Saladín non falló qui le diese recabdo a su pregunta en toda su tierra, trajo consigo dos jubglares e esto fizo por que mejor pudiese con estos andar por el mundo. Et desconocidamente pasó la mar, et fué a la corte del Papa, do se ayuntan todos los cristianos. Et preguntando por aquella razón nunca falló quien le diese recabdo. E dende, fué a casa del Rey de Francia et a todos los reyes et nunca falló recabdo. Et en esto moró tanto tiempo que era ya repentido de lo que había comenzado.

Et ya por la dueña non ficiera tanto, mas, porque él era tan buen homne, tenía quel era mengua si dejase de saber aquello que había comenzado; ca sin dubda el grant homne grant mengua face si deja lo que una vez comienza, solamente que el fecho non sea malo o pecado, mas, si por miedo o por trabajo lo deja, non se podría de mengua escusar. Et por ende Saladín non quería dejar de saber aquello porque saliera de su tierra.

Et acaesció, que un día andando por su camino con sus jubglares, toparon con un escudero que venía de correr monte et había muerto un ciervo. Et el escudero casara poco tiempo había, et había un padre muy viejo que fuera el mejor caballero que hobiera en toda aquella tierra. Et por la grant vejez non veía et non podía salir de su casa, pero había el entendimiento tan bueno et tan complido que non le menguaba ninguna cosa por la vejez. E el escudero que venía de su caza muy alegre preguntó [a] aquellos homnes que dónde vinían, et qué homnes eran. E ellos dijieron que eran joglares.

E cuando él esto oyó, plogol ende mucho, et díjoles quél vinía muy alegre de su caza et para complir el alegría que pues eran ellos muy buenos joglares, que fuesen con él esa noche. Et ellos le dijieron que iban a muy grant priesa, que muy grant tiempo había que se partieran de su tierra por saber una cosa et que non pudieron fallar della recabdo et que se querian tornar et que por eso non podían ir con él esa noche.

E el escudero les preguntó tanto, fasta quel hobieron a decir qué cosa era aquello que querían saber. E cuando el escudero esto oyó, díjoles, que si su padre non les diese consejo a esto, que non gelo daría homne del mundo, et contoles que homne era su padre.

E cuando Saladín, a que el escudero tenía por joglar oyó esto, plogol ende mucho. Et fuéronse con él.

Et desque llegaron a casa de su padre, el escudero le contó como vinía mucho alegre porque cazara muy bien et aun que había mayor alegría porque traía consigo aquellos juglares: Et dijo a su padre lo que andaban preguntando, et pidiol por merced que les dijiese lo que desto entendía él, ca él les había dicho que, pues non fallaban quien les diese desto recabdo, que si su padre non gelo diese, que non fallarían homne que les diese recabdo.

E cuando el caballero anciano esto oyó, entendió que aquel que esta pregunta facía, que non era juglar; et dijo a su fijo que, después que hobiesen comido, que él les daría recabdo a esto que preguntaban.

E el escudero dijo esto a Saladín, que él tenia por joglar, de que fué Saladín mucho alegre, et alongábasele ya mucho porque había de atender fasta que hobiese comido.

E desque los manteles fueron levantados et los juglares hobieron fecho su mester, díjoles el caballero anciano quel dijiera su fijo que ellos andaban faciendo una pregunta et que non fallaban homne que les diese recabdo et quel dijiesen qué pregunta era aquella, et él que les diría lo que entendía.

E entonces Saladín que andaba por joglar, dijol que la pregunta era esta:—que cual era la mejor cosa que homne podía haber en sí, et que era madre et cabeza de todas las bondades.

E cuando el caballero anciano oyó esta razón entendiola muy bien; et otrosí, conosció en la palabra que aquel era Saladín, ca él visquiera muy grant tiempo con él en su casa et recibiera dél mucho bien, et mucha merced: et díjole:

—Amigo, la primera cosa que vos respondo, dígovos: que cierto so que fasta el día de hoy, que nunca tales juglares entraron en mi casa. Et sabet que, si yo derecho ficiere, que vos debo cognoscer por cuanto bien de vos tomé, pero desto non vos diré agora nada fasta que fable con vusco en poridat porque non sepa ninguno nada de vuestra facienda. Pero, cuanto a la pregunta que facedes vos digo: que la mejor cosa que homne puede haber en sí, et que es madre et cabeza de todas las bondades—dígovos—que esta es la vergüenza; ca por vergüenza sufre homne la muerte que es la más grave cosa que puede ser, et por vergüenza deja homne de facer todas las cosas que non le parescen bien por grand voluntat que haya de las facer. Et así, en la vergüenza han comienzo et cabo todas las bondades, et la desvergüenza es partimiento de todos los malos fechos.

Et cuando Saladín esta razón oyó, entendió verdaderamente que era así como el caballero le dicía. Et pues entendió que había fallado recabdo de la pregunta que facía, hobo ende muy grant placer et despidiose del caballero et del escudero cuyos huéspedes habían sido. Mas ante que se partiesen de su casa, fabló con él el caballero anciano, et le dijo como lo conoscía e que era Saladín, et contol cuanto bien dél había recibido. Et él et su fijo ficiéronle cuanto servicio pudieron, pero en guisa que non fuese descubierto.

E desque estas cosas fueron pasadas, enderezó Saladín para irse para su tierra cuanto más aina pudo. Et desque llegó a su tierra hobieron las gentes con él muy grant placer et ficieron muy grant alegría por la su venida.

Et después que aquellas alegrías fueron pasadas, fuese Saladín para casa de aquella buena dueña quel ficiera aquella pregunta. Et desque ella sopo que Saladín venía a su casa, recibiol muy bien, et fizol cuanto servicio pudo.

Et después que Saladín hobo comido et entró en su cámara envió por la buena dueña. Et ella vino a él. Et Saladín le dijo: cuánto había trabajado por fallar respuesta cierta de la pregunta quel ficiera et que la había fallado, et pues le podía dar repuesta complida así comol había prometido, que ella otrosí cumpliese lo quel prometiera. Et ella le dijo quel pidía por merced, quel guardase lo quel había prometido et quel dijiese la repuesta a la pregunta quel había fecho, et que si fuese tal que él mismo entendiese que la repuesta era complida, que ella muy de grado compliría todo lo quel había prometido.

E estonces le dijo Saladín, quel placía desto que ella le dicía, et dijol que la repuesta de la pregunta que ella ficiera, que era esta; que ella le preguntaba:—cual era la mejor cosa que homne podía haber en si et que era madre et cabeza de todas las bondades: que esta es, la vergüenza.

E cuando la buena dueña esta respuesta oyó, fué muy alegre et dijol:

—Señor, agora conosco que decides verdat, et que me habedes complido cuanto me prometistes. Et pídovos por merced que me digades así como rey debe decir verdad: si cuidades que ha en el mundo mejor homne que vos.

Et Saladín le dijo, que, como quier que se le facía vergüenza de lo decir, pero pues le había a decir verdat como rey, quel dicía que más cuidaba que era él mejor que los otros, que non que había otro mejor que él.

E cuando la buena dueña esto oyó, dejose caer en tierra ante los sus piés et dijol así llorando muy fieramente:

—Señor, vos habedes aquí dicho, muy grandes dos verdades: la una, que sodes vos el mejor homne del mundo; la otra, que la vergüenza es la mejor cosa que el homne puede haber en si. Et señor, pues vos esto conoscedes, et sodes el mejor homne del mundo, pídovos por merced que querades haber en vos la mejor cosa del mundo, que es la vergüenza et que hayados vergüenza de lo que me decides.

Et cuando Saladín todas estas buenas razones oyó et entendió cómo aquella buena dueña con la su bondat et con el su buen entendimiento sopiera aguisar que fuese él guardado de tan grand yerro, gradesciolo mucho a Dios. Et comoquier que la él amaba ante de otro amor, amola muy más dallí adelante de amor leal et verdadero, cual debe haber el buen señor et leal a todas sus gentes. Et señaladamente por la su bondat della, envió por su marido et fízoles tanta honra et tanta mercet por que ellos et todos los que dellos vinieron fueron muy bien andantes entre todos sus vecinos.

Et todo este bien acaesció por la bondat daquella buena dueña, et porque ella guisó que fuese sabido que la vergüenza es la mejor cosa que homne puede haber en sí, et que es madre et cabeza de todas las bondades.

Et pues vos, señor conde Lucanor, me preguntades cual es la mejor cosa que homne puede haber en si, dígovos que es la vergüenza; ca la vergüenza face a homne ser esforzado, et franco, et leal, et de buenas costumbres, et de buenas maneras, et facer todos los bienes que face, ca bien creed que todas estas cosas face homne más con vergüenza que con talante que hay de lo facer; et otrosí, por vergüenza deja homne de facer todas las cosas desaguisadas que da la voluntad al homne de facer. Et por ende, cuán buena cosa es haber el homne vergüenza de facer lo que non debe et dejar de facer lo que debe, tan mala et tan dañosa et tan fea cosa es el que pierde la vergüenza. Et debedes saber que yerra muy fieramente el que face algunt fecho vergonzoso et cuida que, pues que lo face encubiertamente, que non debe haber ende vergüenza. Et cierto sed, que non ha cosa, por encubierta que sea, que tarde o aina non sea sabida. Et aunque luego que la cosa vergonzosa se faga, non haya ende vergüenza, debríe homne cuidar que vergüenza sería cuando fuere sabido. Et aunque desto non tomase vergüenza, débela tomar de si mismo que entiende el pleito vergonzoso que face. Et cuando en todo esto non cuidase, debe entender cuánto sin ventura es, pues sabe que, si un mozo viese lo que él face, que lo dejaría por su vergüenza, et non lo dejar nin haber vergüenza nin miedo de Dios que lo vee et lo sabe todo, et es cierto quel dará por ello la pena que meresciere.

E agora, señor conde Lucanor, vos he respondido a esta pregunta que me feciestes et con esta repuesta vos he respondido a cincuenta preguntas que me habedes fecho. Et habedes estado en ella tanto tiempo, que so cierto que son ende enojadas muchas de vuestras compañas, et señaladamente se enojan ende los que non han muy mal talante de oir nin de aprender las cosas que se pueden mucho aprovechar. Et contésceles como a las bestias que van cargadas de oro que sienten el peso que lievan a cuestas et non se aprovechan de la pro que ha en ello. Et ellos sienten el enojo de lo que oyen et non se aprovechan de las cosas buenas et aprovechosas que oyen. Et por ende vos digo, que lo uno por esto, et lo al por el trabajo que he tomado en las otras repuestas que vos di, que vos non quiero más responder a otras preguntas que vos fagades, que en este enjiemplo et en otro que se sigue adelante deste vos quiero facer fin a este libro.

E el conde tovo este por muy buen enjiemplo. Et cuanto de lo que Patronio dijo que non quería quel ficiese más preguntas dijo que esto fincase en como se pudiese facer.

Et porque don Johan tovo este enjiemplo por muy bueno, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen asi:

La vergüenza todos los males parte, Por vergüenza face homne bien sin arte[49].

EJEMPLO LI

[=Lo que contesció a un Rey cristiano que era muy poderoso et muy soberbio=]

Otra vez fablaba el Conde Lucanor con Patronio, su consejero, e díjole asi:

—Patronio muchos homnes me dicen que una de las cosas por que el homne se puede ganar con Dios es por seer homildoso, otros me dicen que los homildosos son menospreciados de las otras gentes e que son tenidos por homnes de poco esfuerzo et de pequeño corazón, et que el grand señor, quel cumple et le aprovecha ser sobervio. Et porque yo sé que ningun homne non entiende mejor que vos lo que debe facer el grand señor, ruégovos que me consejedes cual destas dos cosas me es mejor o que yo debo más facer.

—Señor Conde Lucanor—dijo Patronio—para que vos entendades qué es en esto lo mejor et vos más cumple de facer, mucho me placería que sopiésedes lo que conteció a un rey christiano que era muy poderoso et muy soberbioso.

El conde le rogó quel dijiese cómo fuera aquello.

—Señor conde—dijo Patronio—en una tierra de que me non acuerdo el nombre, había un rey muy mancebo et muy rico et muy poderoso et era muy soberbio a grand maravilla, et a tanto llegó la su soberbia que una vez oyendo aquel cántico de Sancta María que dice: «Magnificat anima mea dominum» oyó en él un vieso que dice: «Deposuit potentes de sede et exaltavit humiles» que quiere decir: «Nuestro Señor Dios tiró et abajó los poderosos soberbios del su poderío et ensalzó los homildosos». Cuando esto oyó, pesol mucho et mandó por todo su regno que rayasen este vieso de los libros, et que pusiesen en aquel lugar: «Et exaltavit potentes in sede et humilis posuit in terra» que quiere decir: «Dios ensalzó las sillas de los soberbios poderosos et derribó los homildosos.»

E esto pesó mucho a Dios, et fué muy contrario de lo que dijo Sancta María en este cántico mismo; ca desque vió que era madre del fijo de Dios que ella concibió et parió, seyendo et fincando siempre virgen et sin ningun corrompimiento, et veyendo que era señora de los cielos et de la tierra dijo de si misma alabando la humildat sobre todas las virtudes: «Quia respexit humilitatem ancillae suae, ecce enim ex hoc benedictam me dicent omnes generationes» que quiere decir: «Porque cató el mi Señor Dios la homildat de mi que so su sierva, por esta razón me llamarán todas las gentes bien aventurada.» Et asi fué, que nunca ante nin después, pudo seer ninguna mujer bien aventurada, ca por las bondades, et señaladamente por la su gran homildat meresció seer madre de Dios et reina de los cielos et de la tierra et seer Señora puesta sobre todos los choros de los ángeles.

Mas al rey soberbioso conteció muy contrario desto: ca un dia hobo talante de ir al baño et fué allá muy orgullosamente con su compaña. Et porque entró en el baño hóbose a desnuyar et dejó todos su paños fuera del baño. Et estando él bañándose envió nuestro señor Dios un ángel al baño, el cual por la virtud et por la voluntad de Dios tomó la semejanza del Rey et salió del baño et vistiose los paños del rey et fuéronse todos con él paral Alcazar. Et dejó a la puerta del baño unos pañizuelos muy viles et muy rotos como destos pobrezuelos que piden a las puertas.

El rey que fincaba en el baño non sabiendo desto ninguna cosa, cuando entendió que era tiempo para salir del baño, llamó a aquellos camareros et aquellos que estaban con él. Et por mucho que los llamó, non respondió ninguno dellos que eran idos todos, cuidando que iban con el rey. Desque vió que non le respondió ninguno tomol tan grand saña que fué muy grand maravilla, et comenzó a jurar que los faría matar a todos de muy crueles muertes. Et teniéndose por muy escarnido salió del baño desnuyo cuidando que fallaría algunos de sus homnes quel diesen de vestir. Et desque llegó do él cuidó fallar alguno de los suyos, non falló ninguno; comenzó a catar del un cabo et del otro del baño, et non falló a homne del mundo a qui decir una palabra.

Et andando así muy coitado, et non sabiendo que se facer, vió aquellos pañizuelos viles et rotos que estaban a un rincón et pensó de los vestir et que iría encubiertamente a su casa et que se vengaría muy cruelmente de todos los que tan grand escarnio le habían fecho. Et vistiose los paños et fuese muy encubiertamente al Alcazar, et cuando y llegó, vió estar a la puerta uno de los sus porteros que conoscía muy bien que era su portero, et uno de los que fueron con él al baño, et llamol muy paso et díjol quel abriese la puerta et le metiese en su casa muy encubiertamente porque non entendiese ninguno que tan envergonzadamente vinía.

El portero tenía muy buena espada al cuello et muy buena maza en la mano et preguntol: qué homne era que tales palabras dicía. Et el rey le dijo:

—¡Ah traidor! ¿Non te cumple el escarnio que me feciste tu et los otros en me dejar solo en el baño et venir tan envergonzado como vengo? ¿Non eres tu fulano, et non me conosces como yo so el rey, vuestro señor, que dejastes en el baño? Abreme la puerta ante que venga alguno que me pueda conoscer, et sinón, seguro sei que yo te faré morir mala muerte et muy cruel.

Et el portero le dijo:

—Homne loco, mesquino, ¿que estás diciendo? Ve a buena ventura et non digas más estas locuras, sinón, yo te castigaré bien como a loco, ca el rey pieza ha que vino del baño, et viniemos todos con él, et ha comido et es echado a dormir, et guárdate que non fagas aquí roido por quel despiertes.

Cuando el rey esto oyó, cuidando que gelo dicía faciendol escarnio, comenzó a rabiar de saña et de malenconía et arremetiose a él cuidandol tomar por los cabellos. Et de que el portero esto vió, non le quiso ferir con la maza, mas diol muy grand colpe con el mango en guisa quel fizo salir sangre por muchos lugares. De que el rey se sintió ferido et vió que el portero tenía buena espada et buena maza et que él non tenía ninguna cosa con quel pudiese facer mal, nin aún para se defender, cuidando que el portero era enloquecido, et que si más le dijiese, quel mataría por aventura, pensó de ir a casa del su mayordomo et de encobrirse y fasta que fuese guarido, et después que tomaría venganza de todos aquellos traidores que tan grand escarnio le habían traido.

Et desque llegó a casa de su mayordomo, si mal le contesciera en su casa con el portero, muy peor le acaesció en casa de su mayordomo.

Et dende, fuese lo más encubiertamente que pudo para casa de la reina, su mujer, teniendo ciertamente que todo este mal quel vinía porque aquellas gentes non le conoscían; et tenía sin duda, que cuando todo el mundo le desconociese, que non lo desconocería la reina, su mujer. Et desque llegó ante ella et le dijo cuanto mal le habian fecho et como él era el rey, la reina recelando que si el rey que ella cuidaba que estaba en casa sopiese que ella oíe tal cosa quel pesaría ende, mandol dar muchas palancadas, diciendol quel echasen de casa aquel loco quel dicía aquellas locuras.

El Rey desaventurado, de que se vió tan mal andante, non sopo qué facer et fuese echar en un hospital muy mal ferido et muy quebrantado, et estudo allí muchos días. Et cuando lo aquejaba la fambre iba demandando por las puertas et dicianle las gentes, et facianle escarnio, que cómo andaba tan lazdrado siendo rey de aquella tierra. Et tantos homnes le dijieron esto et tantas veces et en tantos logares, que ya él mismo cuidaba que era loco et que con locura pensaba que era rey de aquella tierra. Et desta guisa andudo muy grand tiempo, teniendo todos los quel conoscían que era loco de una locura que contesció a muchos; que cuidan por si mismos que son otra cosa o que son en otro estado.

Et estando aquel homne en tan mal estado, la bondat et la piedat de Dios que siempre quiere la pro de los pecadores et los acarrea a la manera como se pueden salvar, si por grand culpa non fuere, obraron en tal guisa, que el cativo del rey que por su soberbia era caido en tan grant perdimiento et a tan grand abajamiento, comenzó a cuidar que este mal quel viniera, que fuera por su pecado et por la grant soberbia que en él había, et, señaladamente, tovo que era por el vieso que mandara del cántico de Sancta María que de suso es dicho, que mudara con grant soberbia et por grant locura. Et desque esto fué entendiendo comenzó a haber atan grant dolor et tan grant repentimiento en su corazón, que homne del mundo non lo podría decir por la boca; et era en tal guisa que mayor dolor et mayor pesar había de los yerros que ficiera contra Nuestro Señor que del regno que había perdido, et vió cuanto mal andante el su cuerpo estaba, et por ende, nunca al facía sinón llorar et matarse et pedir merced a Nuestro Señor Dios quel perdonase sus pecados, que solamente nunca se acordó nin puso en su talante de pedir merced a Nuestro Señor Dios quel tornase en su regno nin en su honra; ca todo esto preciaba él en nada, et non cobdiciaba otra cosa sinón haber perdón de sus pecados et poder salvar el alma.

Et bien creed, señor conde, que cuantos facen romerías et ayunos et limosnas et oraciones o otros bienes cualesquier por que Dios les dé o los guarde o los acresciente en la salud de los cuerpos o en la honra o en los bienes temporales, yo non digo que facen mal, mas digo, que si todas estas cosas ficiesen por haber perdón de todos sus pecados o por haber la gracia de Dios la cual se gana por buenas obras et buenas entenciones sin hipocrisía et sin infinta, que seríe muy mejor, et sin dubda habríen perdón de sus pecados et habríen la gracia de Dios la cual se gana por buenas obras et buenas entenciones; ca la cosa que Dios más quiere del pecador es el corazón quebrantado et homillado et la entención buena et derecha.

Et por ende, luego que por la merced de Dios el rey se arrepintió de su pecado et Dios vió el su grand repentimiento et la su buena entención, perdonol luego. Et porque la voluntad de Dios es tamaña que non se puede medir, non tan solamente perdonó todos sus pecados al rey tan pecador, mas ante le tornó su regno et su honra más complidamente que nunca lo hobiera, et fízolo por esta manera:

El angel que estaba en logar de aquel rey et tenía la su figura llamó un su portero et díjol:

—Dícenme que anda aquí un homne loco que dice que fué rey de aquesta tierra, et dice otras muchas buenas locuras; que te vala Dios ¿qué omne es o qué cosas dice?

Et acaesció así por aventura que el portero era aquel que firiera al rey el día que se desnudó cuando salió del baño. Et pues el angel, quel cuidaba ser el rey, gelo preguntaba todo lo quel contesciera con aquel loco, et contol como andaban las gentes riendo et trebejando con él, oyendo las locuras que dicíe. Et desque esto dijo el portero al rey, mandol que fuese llamar et gelo trojiese. Et desque el rey que andaba por loco vino ante el angel que estaba en lugar de rey apartose con él et díjol:

—Amigo, a mi dicen: que vos que decides que sodes rey desta tierra, et que la perdiestes, non sé por cual mala ventura et por qué ocasión. Ruégovos por la fe que debedes a Dios que me digades todo como cuidades que es, et que non me encubrades ninguna cosa, et yo vos prometo a buena fe que nunca desto vos venga daño.

Cuando el coitado del rey que andaba por loco et tan mal andante oyó decir aquellas cosas a aquel que cuidaba que era rey, non sopo que responder, ca de una parte hobo miedo que gelo preguntaba por lo sosacar, et si le dijiese que era rey quel mataría et le faría más mal andante de cuanto era, et por ende comenzó a llorar muy fieramente et díjole como homne que estaba muy coitado:

—Señor, yo non sé lo que vos responder a esto que me decides, pero porque entiendo que me sería ya tan buena la muerte como la vida,—et sabe Dios que non tengo mientes por cosa de bien nin de honra en este mundo,—non vos quiero encobrir ninguna cosa de como lo cuido en mi corazón. Dígovos, señor, que yo veo que so loco, et todas las gentes me tienen por tal, et tales obras me facen que yo por tal manera ando grand tiempo ha en esta tierra. Et como quier que alguno errase, non podría seer si yo loco non fuese, que todas las gentes, buenos et malos, grandes et pequeños, et de grand entendimiento et de pequeño, todos me toviesen por loco; pero, como quier que yo esto veo et entiendo que es asi, ciertamente la mi entención et la mi creencia es, que yo fuí rey desta tierra et que perdí el regno et la gracia de Dios con grand derecho por mis pecados, et, señaladamente, por la grand soberbia et grand orgullo que en mi había.

Et entonce contó con muy grand cuita et con muchas lágrimas todo quel contesciera, tan bien del vieso que ficiera mudar, como los otros pecados. Et pues el angel, que Dios enviara tomar la su figura et estaba por rey, entendió que se dolía más de los yerros en que cayera que del regno et de la honra que había perdido, díjol por mandado de Dios:

—Amigo, dígovos que decides en todo muy grand verdat, que vos fuestes rey desta tierra. Et Nuestro Señor Dios tiróvoslo por estas razones mismas que vos decides, et envió a mi que so su angel que tomase vuestra figura et estudiese en vuestro lugar. Et porque la piadat de Dios es tan complida, et non quiere del pecador sinón que se arrepienta verdaderamente, este prodigio verdaderamente amostró dos cosas para seer el repentimiento verdadero: la una es, que se arrepienta para nunca tornar a aquel pecado; et la otra, que sea el repentimiento sin infinta. Et porque el Nuestro Señor Dios entendió que el vuestro repentimiento es tal, havos perdonado et mandó a mi que vos tornase en vuestra figura et vos dejase vuestro regno. Et ruégovos, et conséjovos yo que entre todos los pecados vos guardedes del pecado de la soberbia, ca sabet que de los pecados en que segund natura los homes caen que es el que Dios más aborrece, ca es verdaderamente contra Dios et contra el su poder, et siempre es muy aparejado para facer perder el alma. Seed cierto que nunca fué tierra, nin linaje, nin estado, nin persona en que este pecado regnase, que non fuese desfecho o muy mal derribado.

Cuando el rey que andaba por loco oyó decir estas palabras al angel, dejose caer ante él llorando muy fieramente et creyó todo lo quel dicía et adorol por reverencia de Dios cuyo angel mensajero era, et pidiol merced que se non partiese ende fasta que todas las gentes se ayuntasen porque publicase este tan grant miraglo que Nuestro Señor Dios ficiera. Et el angel fízolo así. Et desque todos fueron ayuntados, el rey predicó et contó todo el pleito como pasara. Et el angel, por voluntad de Dios, paresció a todos manifiestamente et contóles eso mismo.

Entonce el rey fizo cuantas enmiendas pudo a Nuestro Señor Dios; et entre las otras cosas, mandó que por remembranza desto, que en todo su regno para siempre fuese escripto aquel vieso que él revesara con letras de oro. Et oí decir que hoy en día así se guarda en aquel regno. Et esto acabado fuese el angel para Nuestro Señor Dios quel enviara, et fincó el rey con sus gentes muy alegres et muy bien andantes. Et dallí adelante fué el rey muy bueno para servicio de Dios et pro del pueblo et fizo muchos buenos fechos por que hobo buena fama en este mundo et meresció la gloria del paraiso, la cual él nos quiera dar por la su merced.

Et vos señor conde Lucanor, si queredes haber la gracia de Dios et buena fama del mundo facet buenas obras, et entre todas las cosas del mundo vos guardat de soberbia et set homildoso sin beguenería et sin hipocresía; pero la humildat, sea siempre guardando vuestro estado en guisa que seades homildoso, mas non homillado. Et los poderosos soberbios nunca fallan en vos humildat con mengua, nin con vencimiento, mas todos los que se vos homillasen fallen en vos siempre homildat de vida, et de buenas obras complida.

Al conde plogo mucho con este consejo, et rogó a Dios quel enderezase por quel pudiese todo esto cumplir et guardar.

Et porque don Johan se pagó mucho además deste enjiemplo, fízolo poner en este libro et fizo estos viesos que dicen así:

Los derechos homildosos Dios mucho los ensalza, A los que son soberbios fiérelos peor que maza[50].

Notes in this chapter

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