EL LIBRO DE LOS ENXIEMPLOS DEL CONDE LUCANOR ET DE PATRONIO (continued 3)
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Et ante que don Alvarhanez viese a doña Vascuñana, cabalgó e fuese a otro lugar et andudo allá algunos días et llevó allá aquel su sobrino consigo. Et despues envió por doña Vascuñana, et guisó así don Alvarhanez que se encontraron en el camino, pero que non fablaron ningunas razones entre si, nin hobo tiempo que lo quisiesen facer.
Et don Alvarhanez fuese adelante et iba con él su sobrino. Et doña Vascuñana vinía en pos dellos. Et desque hobieron andado así una pieza, don Alvarhanez et su sobrino fallaron una grand pieza de vacas. Et don Alvarhanez comenzó a decir:
—¿Viestes, sobrino, que fermosas yeguas ha en nuestra tierra?
E cuando su sobrino esto oyó, maravillose ende mucho, et cuidó que gelo dicía por trebejo, et dijol que cómo dicía tal cosa, que non eran sinón vacas.
Et don Alvarhanez se comenzó mucho de maravillar et decíale: que recelaba que había perdido el seso, ca bien veíe que aquellas, yeguas eran.
Et desque el sobrino vió que don Alvarhanez porfiaba tanto sobre esto, et que lo dicía a todo su seso, fincó mucho espantado et cuidó que don Alvarhanez había perdido el entendimiento.
Et don Alvarhanez estido tanto adrede en aquella porfía, fasta que asomó doña Vascuñana que vinía por el camino. Et de que don Alvarhanez la vió, dijo a su sobrino:
—Ea, don sobrino, he aqui doña Vascuñana que nos partirá nuestra contienda.
Al sobrino plogo desto mucho: et desque doña Vascuñana llegó dijol su cuñado:
—Señora, don Alvarhanez et yo estamos en contienda, ca él dice por estas vacas, que son yeguas; et yo digo, que son vacas; et tanto habemos porfiado que él me tiene por loco, et yo tengo que él non está bien en su seso. Et vos, señora, departidnos agora esta contienda.
Et cuando doña Vascuñana esto vió, como quier que ella tenía que aquellas eran vacas, pero pues su cuñado le dijo que dicía don Alvarhanez que eran yeguas, tovo verdaderamente ella con todo su entendimiento que ellos erraban, que las non conoscían, mas que don Alvarhanez non erraría en ninguna manera en las conoscer, et pues dicía que eran yeguas, que en toda guisa del mundo que yeguas eran et non vacas.
Et comenzó a decir al cuñado et a cuantos y estaban:
—Por Dios, cuñado, pésame mucho desto que decides, et sabe Dios, que quisiera que con mayor seso et con mayor pro vos viniésedes agora de casa del rey do tanto habedes morado; ca bien veedes vos que muy grand mengua de entendimiento et de vista es tener que las yeguas, son vacas.
Et comenzol a mostrar tan bien por las colores, como por las faciones, como por otras cosas muchas, que eran yeguas, et non vacas, et que era verdat lo que don Alvarhanez dicía, e que en ninguna manera el entendimiento et la palabra de don Alvarhanez que nunca podría errar. Et tanto le afirmó esto, que ya el cuñado et todos los otros comenzaron a dubdar que ellos erraban, et que don Alvarhanez dicía verdat, que las que ellos tenían por vacas, que eran yeguas. Et de que esto fué fecho, fuéronse don Alvarhanez et su sobrino adelante et fallaron una grand pieza de yeguas.
Et don Alvarhanez, dijo a su sobrino:
—¡Aha, sobrino! Estas son las vacas, que non las que nos dicíades ante, que dicía yo que eran yeguas.
E cuando el sobrino esto oyó dijo a su tío:
—Por Dios, don Alvarhanez, si vos verdat decides el diablo me trajo a mi a esta tierra; ca ciertamente, si estas son vacas perdido he yo el entendimiento, ca en toda guisa del mundo estas son yeguas et non vacas.
E don Alvarhanez comenzó a porfiar muy fieramente que eran vacas. Et tanto duró esta porfía fasta que llegó doña Vascuñana. Et desque ella llegó et le contaron lo que dicía don Alvarhanez et dicía su sobrino; maguer a ella parescía que el sobrino dicía verdat, non pudo creer por ninguna guisa que don Alvarhanez pudiese errar, nin que pudiese seer verdat al sinón lo que él dicía. Et comenzó a catar razones para probar que era verdat lo que dicía don Alvarhanez, et tantas razones et tan buenas dijo, que su cuñado et todos los otros, tuvieron que el su entendimiento et la su vista erraba; mas lo que don Alvarhanez dicía, que era verdat. Et aquesto fincó así.
Et fuéronse don Alvarhanez et su sobrino adelante et andudieron tanto, fasta que llegaron a un río en que había pieza de molinos. Et dando del agua a las bestias en el río, comenzó a decir don Alvarhanez que aquel río, que corría contra la parte onde nascía, et aquellos molinos, que del otra parte les vinía el agua.
Et el sobrino de don Alvarhanez se tovo por perdido cuando esto le oyó; ca tovo, que así como errara en el conoscimiento de las vacas et de las yeguas, que así erraba agora en cuidar que aquel río vinía al revés de como dicía don Alvarhanez. Pero porfiaron tanto sobresto fasta que doña Vascuñana llegó.
Et desquel dijieron esta porfía en que estaba don Alvarhanez et su sobrino, pero aun que a ella parescía que el sobrino dicía verdat, non creó al su entendimiento et tovo que era verdat lo que don Alvarhanez dicía. Et por tantas maneras sopo ayudar a la su razón, que su cuñado et cuantos lo oyeron, creyeron todos que aquella era la verdat.
Et daquel día acá, fincó por fazaña, que si el marido dice que corre el río contra arriba, que la buena mujer lo debe creer et debe decir que es verdat.
Et desque el sobrino de don Alvarhanez vió que por todas estas razones que doña Vascuñana dicía, se probaba que era verdat lo que dicía don Alvarhanez, et que erraba él en no conoscer las cosas así como eran, tóvose por muy maltrecho, cuidando que había perdido el entendimiento.
Et de que andudieron así una grand pieza por el camino, et don Alvarhanez vió que su sobrino iba muy triste et en grant cuidado, díjole así:
—Sobrino, agora vos he dado la respuesta a lo que en el otro día me dijiestes que me daban las gentes por grand tacha porque tanto facía por doña Vascuñana, mi mujer; ca bien creed, que todo esto que vos et yo habemos pasado hoy, todo lo fice porque entendiésedes quien es ella, et que lo que yo por ella fago, que lo fago con razón; ca bien creed, que entendía yo, que las primeras vacas que nos fallamos et que dicía yo que eran yeguas, que vacas eran así como vos dicíades. Et desque doña Vascuñana llegó et vos oyó que yo dicía que eran yeguas, bien cierto so, que entendía que vos diciádes verdat: mas, porque fiaba ella tanto en el mío entendimiento, que tien que por cosa del mundo non podría errar, tovo que vos et ella errábades en non lo conoscer como era. Et por ende dijo tantas razones et tan buenas, que fizo entender a vos et a cuantos allí estaban, que lo que yo dicía era verdat; et eso mismo fizo despues en lo de las yeguas et del río. Et bien vos digo en verdat que del día que comigo casó, que nunca un día le vi facer nin decir cosa en que yo pudiese entender que quería nin tomaba placer, sinón en aquello que yo quis; nin le vi tomar enojo de ninguna cosa que yo ficiese. Et siempre tiene verdaderamente en su talante, que cualquier cosa que yo faga, que aquello es lo mejor; et lo que ella ha de facer de suyo o le yo acomiendo que faga, sábelo muy bien facer, et siempre lo face guardando toda mi honra et mi pro et queriendo que entiendan las gentes que yo so el señor, et que la mi voluntad et la mi honra se cumpla; et non quiere para si otra pro, nin otra fama de todo el fecho, sinón que sepan que es mi pro, et tome yo placer en ello. Et tengo que, si un moro de allende el mar esto ficiese, quel debía yo mucho amar et presciar et facer mucho por él su consejo, et demás seyendo yo casado con ella et seyendo ella tal et de tal linaje de que me tengo por muy bien casado. Et agora, sobrino, vos he dado respuesta a la tacha que el otro día me dijiestes que había.
E cuando el sobrino de don Alvarhanez oyó estas razones, plogol ende mucho, et entendió, que pues doña Vascuñana tal era et había tal entendimiento et tal entención, que facía muy grand derecho don Alvarhanez de la amar et fiar en ella et facer por ella cuanto facía et aun muy más, si más ficiese.
Et asi fueron muy contrarios, la mujer del Emperador et la mujer de don Alvarhanez.
Et señor conde Lucanor, si vuestros hermanos son tan desvariados, que el uno face todo cuanto su mujer quiere et el otro todo lo contrario, por aventura; esto es, que sus mujeres facen tal vida con ellos como facía la Emperatriz et doña Vascuñana. Et si ellas tales son, non debedes maravillaros nin poner culpa a vuestros hermanos; mas si ellas non son tan buenas nin tan revesadas como estas dos de que vos he fablado, sin dubda, vuestros hermanos non podrían seer sin grand culpa; ca como quier que aquel vuestro hermano que face mucho por su mujer, face bien, entendet, que este bien, que se debe facer con razón et non más; ca si el homne por haber grand amor a su mujer quiere estar con ella tanto porque deje de ir a los lugares o a los fechos en que puede facer su pro et su honra, face muy grand yerro; nin si por le facer placer nin complir su talante deja nada de lo que pertenesce a su estado, nin a su honra, face muy desaguisado; mas guardando estas cosas, todo buen talante et toda fianza que el marido pueda mostrar a su mujer, todo le es facedero et todo lo debe facer et le pertenece muy bien que lo faga. Et otrosí, debe mucho guardar que por lo que a él mucho non cumple, nin le face grand mengua, que non le faga pesar nin enojo e señaladamente en ninguna cosa en que haya pecado, ca desto vienen muchos daños: lo uno el pecado e la maldad que homne fase, et lo al, que por faserle enmienda o faserle plaser porque pierda aquel enojo habrá de faser cosas que tornaran en daño de la facienda e de la fama. Pero el que por su fuerte ventura tal mujer toviere como la del Emperador, pues que al principio non sopo o non quiso poner en ello consejo, non hay al sinón pasar por su ventura como Dios gelo quisiere endereszar; pero sabed, que para lo uno et para lo al cumple mucho que al primero día que el homne casare dé a entender a su mujer que él es el señor, e le faga entender la vida que han de pasar en uno.
E vos, señor conde, al mi cuidar parando mientes en estas tales cosas, podredes bien aconsejar a vuestros hermanos en cual manera han de pasar con sus mujeres.
E al conde plogo mucho destas cosas que Patronio le dijo, et tovo que le desía verdat e muy buen seso.
Et porque entendió don Johán que estos dos enjemplos, que eran muy buenos, mandolos escrebir en este libro e fizo estos versos que disen ansí:
En el comienzo debe el homne mostrar A su mujer, cómo tiene de pasar[31].
EJEMPLO XXVIII
De lo que acontesció en Granada a don Lorenzo Suarez Gallinato.
El conde Lucanor fablaba un día con Patronio, su consejero, en esta guisa:
—Patronio, un homne vino a mi por guarecer comigo, e como quier que yo sé que es buen homne, pero algunos dísenme que ha fechas algunas cosas desaguisadas. Et por el buen entendimiento que vos habedes, ruégovos que me consejedes lo que faga en esta razón.
—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—para que vos fagades en esto lo que yo cuido que vos más cumple, plaserme hía que sopiésedes lo que acaesció a don Lorenzo Suarez Gallinato.
Et el conde le preguntó como fuera aquello.
—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—don Lorenzo Suarez Gallinato vivía con el rey de Granada; et vivió con él allá en su reino grant tiempo.
Et despues que plogo a Dios que vino a la merced del Rey don Fernando, preguntole el rey un día que, pues él tanto deservicio había fecho a Dios con los moros ayudándolos contra los cristianos, si cuidaba que le habría Dios merced porque non perdiese el alma.
E don Lorenzo Suares le respondió: que nunca fisiera cosa porque cuidaba que le habría Dios merced sinón que matara una ves un clérigo de misa.
E esto tovo el Rey don Fernando por mucho extraño. E el rey le preguntó: cómo podía ser esto.
E él le respondió: que viviendo él con el rey de Granada, que aquel rey que fiaba mucho dél, e que era guarda mayor del su cuerpo. E yendo un día con el rey cabalgando por la villa, oyó ruido de homnes que daban voces, e porque él era guarda del rey dió de las espuelas al caballo e llegó a donde fasían el ruido e falló un clérigo que estaba revestido.
E debedes saber que este mal clérigo fuera cristiano e tornárase moro:
E acaesció un día, que por facer placer a los moros, díjoles: que si ellos quisiesen, que él les daría aquel Dios en que los cristianos creían, e fiaban, e tenían por Dios. E los moros le rogaron que gelo diese. E entonces el clérigo traidor e malo, fizo facer unas vestimentas, e mandó facer un altar, e dijo la misa, e consagró una hostia. E desque fué consagrada diola a los moros. E andábanla arrastrando por el lodo e faciendo della muchos escarnios.
E cuando don Lorenzo Suares esto vido, comoquier que él vivía con los moros, membrándose como él era cristiano e creyendo verdaderamente que aquel era el cuerpo de Dios e pues que Jesu-Cristo muriera por redemir los pecadores que sería él de muy buena ventura si muriese por le vengar et por le sacar de aquella deshonra, que aquella falsa gente le facía. E desque esto hobo pensado, con el grant dolor e pesar que hobo, enderezó contra el traidor clérigo renegado que aquella tan grant traición ficiera e cortole la cabeza.
E descendió del caballo e fincó los hinojos en tierra e adoró el cuerpo de Dios que los moros traían por el lodo arrastrando. E luego que fincó los hinojos, la hostia que estaba dél alongada, dió un salto del lodo e saltó en la falda de don Lorenzo Suares Gallinato.
E cuando los moros esto vieron, hobieron ende muy grant pesar, e metieron mano a las espadas; et con espadas, et con palos, e con piedras vinieron todos contra don Lorenzo Suarez para lo matar. E él metió mano a su espada con que descabezara el mal clérigo, e comenzose a defender.
E cuando el rey moro oyó esto ruido, e vió que querían matar a don Lorenzo Suarez, mandó que ninguno non le ficiese ningunt mal, e preguntó por que cosa fuera aquello. E los moros que estaban con grant queja e braveza, dijeron al rey cómo pasara aquel fecho.
E el rey se quejó e le pesó mucho desto, e preguntó muy sañudamente a don Lorenzo Suares, que porqué ficiera aquello sin su mandado. E don Lorenzo Suarez le dijo: que bien sabía que él, que non era de su ley, e que era cristiano; e que, maguer que él esto conoscía, que sabía bien que fiaba dél el su cuerpo pensando que era leal e que por miedo de la muerte non dejaría de lo guardar, e pues si él por tan leal le tenía, que cuidaba que faría esto por él que era moro, que parase mientes, si él leal era, qué debía facer, pues que era cristiano, por guardar el cuerpo de Dios que es rey de los reyes e señor de los señores, e que si por esto lo mandase matar, que nunca él vería mejor día.
E cuando el rey lo oyó, plógole mucho de lo que don Lorenzo Suares ficiera, e amole e preciole mucho más de aquella hora en adelante.
Et vos, señor conde Lucanor, si sabedes que aquel homne que con vusco quiere guarecer es buen homne en si e podedes dél bién fiar, cuanto por lo que vos dicen que fizo algunas cosas sin razón, non lo debedes por eso partir de vuestra compañía; ca por aventura aquello que los homnes cuidan que fué sin razón non lo vieron nin fué ansí, como cuidó el rey don Fernando de lo de don Lorenzo Suarez Gallinato que ficiera desaguisado en matar un clérigo fasta que supo la razón dello. E asi podemos decir que don Lorenzo Suares fizo el mejor fecho del mundo. Mas si vos sopiésedes que lo que él fizo es tan mal fecho, faredes bien de lo non querer en vuestra compañía.
E al conde plogo mucho de lo que Patronio le dijo e fízolo ansí et fallose ende bien.
E entendió don Juan que este enjemplo, que era muy bueno e fízolo escribir en este libro e fizo estos viesos que dicen así:
Muchas cosas parescen sin razón, Et qui las sabe, en si buenas son[32].
EJEMPLO XXIX
De lo que contesció a un raposo que se echó en la calle et se fizo muerto.
Otra vez fablaba el conde Lucanor con Patronio su consejero et díjole así:
—Patronio, un mio pariente vive en una tierra do non ha tanto poder que pueda estrañar cuantas escatimas le facen, et los que han poder en la tierra querrían muy de grado que ficiese él alguna cosa por que hobiesen achaque para seer contra él. Et aquel mio pariente tiene que le es muy grave cosa de sofrir aquellas terrerías quel facen, et querría aventurarlo todo ante que sofrir tanto pesar de cada día. Et porque yo querie que él acertase en lo mejor, ruégovos que me digades en que manera le conseje por que pase lo mejor que pudiere en aquella tierra.
—Señor conde Lucanor—dijo Patronio, para que vos le podades consejar en esto, placerme hía que sopiésedes lo que contesció una vez a un raposo que se fizo muerto.
El conde le preguntó como fuera aquello.
—Señor conde—dijo Patronio—un raposo entró una noche en un corral do había gallinas; et andando en ruido con las gallinas, cuando él cuidó que se podría ir, era ya de día et las gentes andaban ya todos por las calles. E desque él vió que non se podía asconder, salió escondidamente a la calle, et tendiose así como si fuese muerto.
E cuando las gentes lo vieron, cuidaron que era muerto, et non cató ninguno por él.
E a cabo de una pieza pasó por y un homne, e dijo: que los cabellos de la fruente del raposo, que eran buenos para poner en la fruente de los mozos pequeños por que non les aojen. Et trasquiló con unas tijeras los cabellos de la fruente del raposo.
E después vino otro, et dijo eso mismo de los cabellos del lomo; e otro, de las hijadas. Et tantos dijeron esto fasta que lo trasquilaron todo. Et por todo, nunca se movió el raposo porque entendía que aquellos cabellos non le facían daño en los perder.
E después vino otro et dijo: que la uña del pulgar del raposo era buena para guarescer de los panarizos; et sacógela. Et el raposo non se movió.
E después vino otro que dijo: que el diente del raposo era bueno para el dolor de los dientes; et sacógelo. Et el raposo non se movió.
E después a cabo de otra pieza, vino otro que dijo: que el corazón del raposo era bueno paral dolor del corazón, et metió mano a un cochiello para sacarle el corazón. Et el raposo vió quel querían sacar el corazón et que si gelo sacasen, non era cosa que se pudiese cobrar, et que la vida era perdida, et tovo que era mejor de se aventurar a quequier quel pudiese venir que sofrir cosa porque se perdiese todo. Et aventurose et puñó en guarescer et escapó muy bien.
Et vos, señor conde, consejad a aquel vuestro pariente que si Dios le echó en tierra do non pueda estrañar lo quel facen como él querría o como le cumpliría; que en cuanto las cosas quel ficiere, fueren atales que se puedan sofrir sin grand daño et sin grand mengua, que dé a entender que se non siente dello et que les dé pasada; ca en cuanto dá homne a entender que se non tiene por maltrecho de lo que contra él han fecho, non está tan envergonzado, mas desque da a entender que se tiene por maltrecho de lo que ha recebido, si dende adelante non face todo lo que debe por non fincar menguado, non está tan bien como ante. Et por ende a las cosas pasaderas, pues non se puede estrañar como deben, es mejor de les dar pasada, mas, si llegare el fecho a alguna cosa que sea gran daño o gran mengua, estonce se aventure e non lo sufra, ca mejor es la pérdida o la muerte, defendiendo homne su derecho e su honra et su estado, que vevir pasando en estas cosas mal e deshonradamente.
El conde tovo esto por buen consejo.
Et don Johan, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:
Sufre las cosas en cuanto debieres, Estraña las otras en cuanto pudieres[33].
EJEMPLO XXX
De lo que contesció al Rey Abenabet de Sevilla con Ramaiquía su mujer.
Un día fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, en esta manera.
—Patronio, a mi contesce con un homne así: que muchas veces me ruega et me pide quel ayude et le dé algo de lo mio. Et comoquier que cuando fago aquello que él me ruega, da a entender que me lo gradesce, luego que otra vez me pide alguna cosa, si lo non fago así como él quiere, luego se ensaña et da a entender que me lo non gradesce et que ha olvidado todo lo que fiz por él. Et por el buen entendimiento que habedes, ruégovos que me consejedes en que manera pase con este homne.
—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—a mi paresce que vos contesce con este homne segund contesció al rey Abenabet de Sevilla con Ramaiquía, su mujer.
El conde preguntó como fuera aquello.
—Señor conde, dijo Patronio—el rey Abenabet era casado con Ramaiquía et amábala más que cosa del mundo. Et ella era muy buena mujer et los moros han della muchos buenos ejiemplos; pero había una manera que non era muy buena, esto era que a las veces tomara algunos antojos a su voluntad.
Et acaesció, que un día, estando en Córdoba en el mes de febrero cayó una nieve. Et cuando Ramaiquía la vió, comenzó a llorar. Et preguntole el rey por que lloraba. Et ella dijol: que porque nunca le dejaba en tierra que viese nieve.
Et el rey por le facer placer, fizo poner almendrales por toda la sierra de Córdoba; porque pues Córdoba es tierra caliente et non nieva y cada año, que en febrero paresciesen los almendrales floridos, que semejan nieve, por le facer perder el deseo de la nieve.
E otra vez estando Ramayquía en una cámara sobre el río, vió una mujer descalza volviendo lodo cerca el río para facer adobes: et cuando Ramayquía lo vió, comenzó a llorar; et el rey preguntol, por qué lloraba. Et ella dijol: porque nunca podía estar a su guisa, siquier faciendo lo que facía aquella mujer.
E entonce, por le facer placer, mandó el rey fenchir de agua rosada aquella grand albuhera de Córdoba en logar de agua, et en lugar de lodo fízola fenchir de azucar, et de canela, et de espie, et clavos, et musgo, et ambra, et algalina, et de todas buenas especies, et buenos olores que pudían seer: et en lugar de paja fizo poner cañas de azucar. Et desque destas cosas fué llena el albuhera de tal lodo cual entendedes que podría seer, dijo el rey a Ramayquía que se descalzase et que follase aquel lodo et que ficiese adobes dél cuantos quisiese.
E otro día, por otra cosa que se le antojó, comenzó a llorar. Et el rey preguntol por que lo facía.
Et ella dijol: que cómo non lloraría, que nunca ficiera el rey cosa por le facer placer. Et el rey veyendo que, pues tanto había fecho por le facer placer et complir su talante, que ya non sabía que pudiese facer más, dijol una palabra que se dice en el algarabía desta guisa «Vâ la mahar el-tin» que quiere decir: «et non el día del lodo» como diciendo que pues las otras cosas olvidaba, que non debía olvidar el lodo que ficiera por le facer placer.
Et vos señor conde, si veedes que por cosa que por aquel homne fagades, que si non le facedes todo lo al que vos dice, que luego olvida e desgradesce todo lo que por él habedes fecho, conséjovos que non fagades por él, tanto que se vos torne en grand daño de vuestra facienda. Et a vos otrosí conséjovos que, si alguno ficiese por vos alguna cosa que vos cumpla et después non ficiere todo lo que vos querríades, que por eso nunca le desconozcades el bien que vos vino de lo que por vos fizo. E el conde tovo este por buen consejo et fizolo así et fallose ende bien.
Et teniendo don Johán este por buen ejiemplo, fizolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:
Qui te desconosce tu bien fecho, Non dejes por él tu grand provecho[34].
EJEMPLO XXXI
Del juicio que dió un cardenal entre los clérigos de París et los fraires menores.
Otro día fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, en esta guisa:
—Patronio, un mio amigo et yo querríamos facer una cosa que es pro et honra de amos: et yo podría facer aquella cosa et no me atrevo a la facer fasta que él llegue. Et por el buen entendimiento que Dios vos dió, ruégovos que me consejedes en esto.
—Señor conde—dijo Patronio—para que fagades en esto, lo que me paresce más a vuestra pro, placerme hía que sopiésedes lo que contesció a los de la eglesia catedral et a los fraires menores de París.
El conde le preguntó como fuera aquello.
—Señor conde—dijo Patronio—los de la eglesia dician que, pues ellos eran cabeza de la eglesia que ellos debian tañer primero a las horas; et los fraires dicían que ellos habían de estudiar et de levantarse a matines et a las horas en guisa que non perdiesen su estudio, et demás eran exentos et que non habían por que esperar a ninguno.
Et sobresto, fué muy grande la contienda et costó muy grand haber a los abogados en el pleito a entramas las partes.
E a cabo de muy grant tiempo, un Papa que vino acomendó este fecho a un Cardenal et mandó que lo librase de una guisa o de otra.
E el Cardenal fizo traer ante si el proceso, et era tan grande que todo homne se espantaría solamente de la vista. Et desque el Cardenal tovo todos los escriptos ante si, púsoles plazo para que viniesen otro día a oir sentencia.
Et cuando fueron antél, fizo quemar todos los procesos et díjoles así:
—Amigos, este pleito ha mucho durado, et habedes todos tomado grand costa et grand daño, et yo non vos quiero traer en pleito, mas dovos por sentencia: que el que ante despertare, ante tanga.
Et vos señor conde, si el pleito es provechoso para vos amos et vos lo podedes facer, conséjovos yo que lo fagades et non le dedes vagar, ca muchas veces se pierden las cosas que se podrian acabar por les dar vagar et después cuando homne querría, o se pueden facer o non.
E el conde se tovo desto por bien aconsejado et fizolo así et fallose en ello muy bien.
Et entendiendo don Johan que este ejiemplo era bueno, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:
Si muy grand tu pro puedes facer, Nol des vagar que se pueda perder[35].
EJEMPLO XXXII
De lo que contesció a un Rey con los burladores que ficieron el paño.
Fablaba otra vez el conde Lucanor con Patronio, su consejero, et dicíale:
—Patronio, un homne vino a mi et díjome un muy grand fecho et dame a entender que sería muy grand mi pro, pero díceme que lo non sepa homne del mundo por mucho que yo en él fie, et tanto me encaresce que guarde esta poridat fasta que dice que, si a homne del mundo lo digo, que toda mi facienda et aun la mi vida es en grand periglo. Et porque yo sé, que homne non vos podría decir cosa que vos non entendades, si se dice por bien o por algún engaño, ruégovos que que me digades lo que vos paresce en esto.
—Señor conde Lucanor—dijo Patronio para que vos entendades, al mío cuidar, lo que vos más cumple de facer en esto, placerme hía que sopiésedes lo que contesció a un Rey con tres homnes burladores que vinieron a él.
El conde le preguntó como fuera aquello.
—Señor conde—dijo Patronio—tres homnes burladores vinieron a un rey et dijiéronle que eran muy buenos maestros de facer paños, et señaladamente que facían un paño que todo homne que fuese fijo de aquel padre que todos dicían que vería el paño, mas el que non fuese fijo de aquel padre que él tenía et que las gentes dicían, que non podría ver el paño.
E al Rey plogo desto mucho, teniendo que por aquel paño podría saber cuales homnes de su regno eran fijos de aquellos que debían seer sus padres o cuales non, et que por esta manera podría acrescentar mucho lo suyo; ca los moros non heredan cosa de su padre sin non son verdaderamente sus fijos. Et para esto mandoles dar un Palacio en que ficiesen aquel paño.
Et ellos dijiéronle, que porque viese que non lo querían engañar, que los mandase encerrar en aquel Palacio fasta que el paño fuese fecho. E desto plogo mucho al Rey. Et desque hobieron tomado para facer el paño mucho oro, et plata, et seda, et muy grand haber, para que lo ficiesen, entraron en aquel Palacio et encerráronlos y.
Et ellos pusieron sus talleres et daban a entender que todo el día tejían en el paño. E a cabo de algunos días fué el uno dellos decir al Rey que el paño era comenzado et que era la más fermosa cosa del mundo; et dijol a que figuras et a que labores lo comenzaban de facer et que, si fuese la su mercet, que lo fuese ver et que non entrase con él homne del mundo. E desto plogo al Rey mucho.
Et el Rey queriendo probar aquello ante en otro, envió un su camarero que lo viese, pero non le apercivió quel desengañase.
Et desque el camarero vió los maestros et lo que dicían, non se atrevió a decir que non lo viera. E cuando tornó al Rey, dijo, que viera el paño. Et después envió otro et dijol eso mismo. Et desque todos los que el Rey envió, le dijieron que vieran el paño fué el rey a lo ver.
Et cuando entró en el Palacio vió a los maestros que estaban tejiendo et dicían: «Esto es tal labor, et esto es tal historia, et esto es tal figura, et esto es tal color.» Et concertaban todos en una cosa et ellos non tejían ninguna cosa. E cuando el Rey vió que ellos non tejían et dicían de que manera era el paño, et él que non lo veía et que lo habían visto los otros, tóvose por muerto, ca tovo que porque non era fijo del rey que él tenía por su padre que por eso non podía ver el paño, et receló que si dijiese que lo non veía que perdería el regno. Et por ende comenzó a loar mucho el paño et aprendió muy bien la manera como dicían aquellos maestros que el paño era fecho.
Et desque fué en su casa con las gentes comenzó a decir maravillas de cuanto bueno et cuanto maravilloso era aquel paño, et dicia las figuras et las cosas que había en el paño, pero et estaba con muy mala sospecha.
Ea cabo de dos o tres días, mandó a su alguacil que fuese veer aquel paño. Et el Rey contol las maravillas et estrañezas que viera en aquel paño. E el alguacil fué allá.
Et desque entró et vió los maestros que tejían et dicían las figuras et las cosas que había en el paño et oyó al Rey como lo había visto, et que él non lo veía, tovo que porque no era fijo daquel padre que él cuidaba, que por esto non lo veía, et tovo que, si gelo sopiesen que perdería toda su honra. Et por ende comenzó a loar el paño tanto como el Rey o más.
Et desque tornó al Rey et le dijo que viera el paño et que era la más noble et la más apuesta cosa del mundo, tóvose el rey aun más por mal andante pensando que, pues el alguacil viera el paño et él non lo viera, que ya non había dubda que él non era fijo del Rey que él cuidaba. Et por ende, comenzó más de loar et de afirmar más la bondat et la nobleza del paño et de los maestros que tal cosa sabían facer.
Et otro día, envió el Rey otro su privado et conteciól como al Rey et a los otros. ¿Que vos diré más? Desta guisa et por este recelo fueron engañados el Rey et cuantos fueron en su tierra, ca ninguno non osaba decir que non veíe el paño.
Et asi pasó este pleito fasta que vino una grand fiesta. Et dijieron todos al Rey que vistiese aquellos paños para la fiesta.
Et los maestros trajiéronlos envueltos en muy buenas sábanas, et dieron a entender que desvolvían el paño et preguntaron al Rey que quería que tajasen de aquel paño. Et el Rey dijo cuales vestiduras quería. Et ellos daban a entender que tajaban et que medían el talle que habían de haber las vestiduras, et después que las coserían.
E cuando vino el día de la fiesta vinieron los maestros al Rey, con sus paños tajados et cosidos et ficieronle entender quel vistian et quel allanaban los paños. Et asi lo ficieron fasta que et Rey tovo que era vestido, ca el non se atrevía a decir que él non veía el paño.
Et desque fué vestido tan bien como habedes oido cabalgó para andar por la villa, mas de tanto le avino bien que era verano.
Et desque las gentes lo vieron así venir et sabían que el que non veía aquel paño que non era fijo de aquel padre que cuidaba, cuidaba cada uno que los otros lo veían et él non lo veía, que si lo dijiese sería perdido et deshonrado. Et por esto fincó aquella poridat guardada, que non se atrevíe ninguno a lo descubrir fasta que un negro que guardaba el caballo de Rey et que non había que pudiese perder llegó al Rey et dijol:
—Señor, a mí non me empece que me tengades por fijo de aquel padre que yo digo, nin de otro, et por ende dígovos: que yo so ciego, o vos desnudo ides.
E el Rey le comenzó a maltraer diciendo que, porque non era fijo de aquel padre que él cuidaba, que por eso non veía los sus paños.
E desque el negro esto dijo, otro que lo oyó, dijo eso mismo, et así lo fueron diciendo fasta que el Rey et todos los otros perdieron el recelo de conoscer la verdat et entendieron el engaño que los burladores habían fecho. E cuando los fueron buscar non los fallaron, ca se fueran con lo que habían llevado del Rey por el engaño que habedes oido.
Et vos señor conde Lucanor, pues aquel homne vos dice que non sepa ninguno de los en que vos fiades nada de lo que él vos dice, cierto seed, que vos cuida engañar, ca bien debedes entender que non ha él razón de querer más vuestra pro, que non ha con vusco tanto debdo como todos los que con vusco viven que han muchos debdos et bien fechos de vos porque deben querer vuestra pro et vuestro servicio.
E el conde tovo este por buen consejo et fízolo así et fallose ende bien.
Et veyendo don Johan, que este era buen ejiemplo, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:
Quien te conseja encobrir de tus amigos, Sabe, que más te quiere engañar que dos figos[36].
EJEMPLO XXXIII
De lo que contesció a un falcón sacre del Infante don Manuel con una águila et una garza.
Fablaba otra vez el conde Lucanor con Patronio su consejero en esta manera:
—Patronio, a mi contesció de haber muchas veces contiendas con muchos homes et después que la contienda es pasada, algunos conséjanme que huelgue et esté en paz, et algunos conséjanme que comience guerra et contienda con los moros. Et por que yo sé que ninguno otro non me podría consejar mejor que vos, por ende vos ruego que me consejedes lo que faga en estas cosas.
—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—para que vos en esto acertedes en lo mejor, sería bien que sopiésedes lo que contesció a los muy buenos falcones garceros, et señaladamente lo que contesció a un falcón sacre que era del infante don Manuel.
El conde le preguntó como fuera aquello.
—Señor conde—dijo Patronio—el infante don Manuel andaba un día de caza cerca de Escalona, et lanzó un falcón sacre a una garza, et montando el falcón con la garza vino al falcón una águila. E el falcón, con miedo del águila dejó la garza et comenzó a foir: et el águila desque vió que non podía tomar el falcón fuese. Et desque el falcón vió ida el águila tornó a la garza et comenzó a andar muy bien con ella por la matar.
Et andando el falcón con la garza, tornó otra vez el águila al falcón, et el falcón comenzó a foir como el otra vez; et el águila fuese, et tornó el falcón a la garza: et esto fué asi bien tres o cuatro veces que cada que el águila se iba, luego el falcón tornaba a la garza; et cada que el falcón tornaba a la garza, luego vinía el águila por le matar.
E desque el falcón vió que el águila non le quería dejar matar la garza, dejola et montó sobre el águila et vino a ella tantas veces feriéndola fasta que la fizo desterrar daquella tierra. Et desque la hobo desterrado tornó a la garza, et andando con ella muy alto vino el águila otra vez por lo matar. E desque el falcón vió que non le valía cosa que feciese, subió otra vez sobre el águila et dejose venir a ella et diol tan grand colpe quel quebrantó el ala. Et desque él la vió caer, el ala quebrantada, tornó el falcón a la garza et matola. Et esto fizo, porque tenía que la su caza non la debía dejar, luego que se fuese desembargado de aquella águila que gelo embargaba.
Et vos señor conde Lucanor, pues sabedes que la vuestra caza et la vuestra honra et todo vuestro bien paral cuerpo et paral alma es que fagades servicio a Dios, et sabedes que en cosa del mundo, segund el vuestro estado que vos tenedes, non le podedes tanto servir como en haber guerra con los moros para ensalzar la sancta et verdadera fe católica, conséjovos yo que luego que podades seer seguro de las otras partes, que hayades guerra con los moros. Et en esto faredes muchos bienes; lo primero faredes servicio de Dios; e lo al, faredes vuestra honra et viv[i]redes en vuestro oficio et vuestro mester et non estaredes comiendo el pan de valde que es una cosa que non paresce bien a ningund grand señor; ca los señores cuando estades sin ningund mester, non preciades las gentes tanto como debedes, nin facedes por ellos todo lo que debríades facer, et echádevos a otras cosas que serían a las veces muy bien de las escusar. Et pues a los señores vos es bueno et aprovechoso haber algund mester, cierto es que de los mesteres non podedes haber ninguno tan bueno et tan honrado et tan a pro del alma et del cuerpo, e tan sin daño como la guerra de los moros. Et si quier, parat mientes al enjiemplo tercero que vos dije en este libro, del salto que fizo el Rey Ricalte de Inglaterra, et cuanto ganó por él; et pensat en vuestro corazón que habedes a morir et que habedes fecho en vuestra vida muchos pesares a Dios, et que Dios es derechurero et de grand justicia que non podedes salir sin pena de los males que habedes fecho; pero veed si sodes de buena ventura en fallar carrera para que vos en un punto podades haber perdón de todos vuestros pecados, ca si en la guerra de los moros morierdes estando en verdadera penitencia sodes martir et muy bienaventurado, e aunque por armas non murades, las buenas obras et la buena entención vos salvará.
E el conde tovo este por buen enjiemplo et puso en su corazón de lo facer, et rogó a Dios que gelo guisase como él sabe que lo él desea.
Et entendiendo don Johan que este enjiemplo era muy bueno, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:
Si Dios te guisare de haber seguranza, Puña de ganar la complida bien andanza[37].
EJEMPLO XXXIV
De lo que contesció a un ciego que adestraba a otro.
Otra vez fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, en esta guisa:
—Patronio, un mio pariente e amigo de que yo fio mucho et so cierto que me ama verdaderamente, me conseja que vaya a un logar de que me recelo yo mucho. Et él dice que me non haya recelo, que ante tomaría él la muerte que yo tome ningund daño. Et agora ruégovos que me consejedes en esto.
—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—para este consejo mucho querría que sopiésedes lo que contesció a un ciego con otro.
E el conde le preguntó como fuera aquello.
—Señor conde—dijo Patronio—un homne moraba en una villa, et perdió la vista de los ojos et fué ciego. Et estando así ciego et pobre, vino a él otro ciego que moraba en aquella villa, et díjole: que fuesen amos a otra villa cerca daquella et que pidirian por Dios et que habrían de que se mantener et gobernar.
Et aquel ciego le dijo: que él sabía aquel camino de aquella villa, que había y pozos et barrancos et muy fuertes pasadas; et que se recelaba mucho daquella ida.
Et el otro ciego le dijo que non hobiese recelo, ca él se iría con él et le pornía en salvo. Et tanto le aseguró et tantas proes le mostró en la ida, que el ciego creyó al otro ciego: Et fuéronse.
Et desque llegaron a los lugares fuertes et peligrosos cayó el ciego que guiaba al otro, et non dejó por eso de caer el ciego que recelaba el camino.
Et vos señor conde, si recelo habedes con razón et el fecho es peligroso, non vos metades en peligro por lo que vuestro pariente et amigo vos dice que ante morrá que vos tomedes daño; ca muy poco vos aprovecharía a vos que él muriese et vos tomásedes daño et muriésedes.
El conde tovo este por buen consejo et fízolo así et fallose ende muy bien.
Et entendiendo don Johan que este ejiemplo era bueno, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:
Nunca te metas do puedes haber mal andanza, Aunque el tu amigo te faga seguranza[38].
EJEMPLO XXXV
De lo que contesció a un mancebo que casó con una mujer muy fuerte et muy brava.
Otra vez fablaba el conde Lucanor con su consejero Patronio, et díjole:
—Patronio, un mio criado me dijo quel tratan casamiento con una mujer muy rica et aun que es más honrrada que él, et que es el casamiento muy bueno para él sinón por un embargo que y ha, et el embargo es este: díjome quel dijeran, que aquella mujer, que era la más fuerte et más brava cosa del mundo. Et agora ruégovos que me consejedes si le mandaré que case con aquella mujer, pues sabe de cual manera es o sil mandaré que lo non faga.
—Señor conde—dijo Patronio—si él fuer tal como fue un fijo de un homne bueno que era moro, consejalde que case con ella, mas si non fuere tal, non gelo consejedes.
E el conde le rogó quel dijiese como fuera aquello.
Patronio le dijo que en una villa había un homne bueno que había un fijo el mejor mancebo que podía ser, mas non era tan rico que pudiese complir tantos fechos et tan grandes como el su corazón le daba a entender que debía complir. Et por esto era él en grand cuidado, ca había la buena voluntad et non había el poder.
E en aquella villa misma, había otro homne muy más honrrado et más rico que su padre, et había una fija e non más, et era muy contraria de aquel mancebo, ca cuanto aquel mancebo había de buenas maneras, tanto las había aquella fija del homne bueno malas et revesadas: et por ende homne del mundo non quería casar con aquel diablo.
E aquel tan buen mancebo, vino un día a su padre et díjole: que bien sabía que él non era tan rico que pudiese darle con que él pudiese vevir a su honra, et que, pues le convenía a facer vida menguada et lazdrada o irse daquella tierra, que, si él por bien toviese, quel parescía mejor seso de catar algun casamiento con que pudiese haber alguna pasada. Et el padre le dijo quel placía ende mucho si pudiese fallar para él casamiento quel cumpliese.
E entonce le dijo el fijo que, si él quisiese, que podría guisar que aquel homne bueno que había aquella fija, que gela diese para él. E cuando el padre esto oyó, fué muy maravillado et dijol: que cómo cuidaba en tal cosa, que non había homne que la conosciese que por pobre que fuese quisiese casar con ella. E el fijo le dijo; quel pidía por merced quel guisase aquel casamiento. Et tanto lo afincó que, como quier que el padre lo tovo por extraño, que gelo otorgó.
Et él fuese luego para aquel homne bueno, et amos eran mucho amigos, et dijol todo lo que pasaba con su fijo et rogol que, pues su fijo se atrevía a casar con su fija, quel ploguiese et que gela diese para él. E cuando el homne bueno esto oyó decir a aquel su amigo díjole:
—Por Dios, amigo, si yo tal cosa ficiese seervos hía muy falso amigo, ca vos habedes muy buen fijo, et ternía que facía muy grant maldad si yo consintiese su mal nin su muerte; et so cierto que, si con mi fija casase, que o sería muerto o le valdría más la muerte que la vida: et non entendades que vos digo esto por non complir vuestro talante, ca si la quisierdes, a mi mucho me place de la dar a vuestro fijo o quienquier que me la saque de casa.
Et aquel su amigo le dijo: quel gradescía mucho cuanto le dicía, et que, pues su fijo quería aquel casamiento, quel rogaba quel ploguiese.
E el casamiento se fizo, et llevaron la novia a casa de su marido. Et los moros han por costumbre que adoban de cenar a los novios et pónenles la mesa et déjanlos en su casa fasta otro día.
Et ficiéronlo aquellos así: pero, estaban los padres et las madres et los parientes del novio et de la novia con gran recelo, cuidando que otro día fallarían el novio muerto o muy maltrecho.
E luego que ellos fincaron solos en casa, asentáronse a la mesa, et ante que ella hubiese a decir cosa, cató el novio en derredor de la mesa, et vió un perro et dijol ya cuanto bravamente:
—¡Perro, danos agua a las manos!
E el perro non lo fizo. Et él comenzose a ensañar et dijol más bravamente que les diese agua a las manos. Et el perro non lo fizo. Et desque vió que lo non facía, levantose muy sañudo de la mesa et metió mano a la espada et enderezó al perro. E cuando el perro lo vió venir contra sí comenzó a foir et él en pos él, saltando amos por la ropa et, por la mesa, et por el fuego, et tanto andido en pos dél fasta que lo alcanzó, et cortole la cabeza et las piernas, et los brazos et fízolo todo pedazos et ensangrentó toda la casa et toda la mesa et la ropa.
Et así muy sañudo et todo ensangrentado tornose a sentar a la mesa et cató enderredor, et vió un gato et dijol quel diese agua a las manos: et porque non lo fizo díjole:
—¿Cómo don falso traidor, non vistes lo que fiz al perro porque non quiso facer lo quel mandé yo? Prometo que, si poco nin más conmigo porfías, que esto mismo faré a ti que al perro.
El gato non lo fizo, ca tampoco es su costumbre de dar agua a manos, como del perro. Et porque non lo fizo, levantose et tomol por las piernas et dió con él a la pared et fizo dél más de cien pedazos et mostrandol muy mayor saña que contra el perro.
Et así bravo et sañudo et faciendo muy malos contenentes tornose a la mesa et cató a todas partes: e la mujer quel vió esto facer, tovo que estaba loco o fuera de seso et non dicía nada.
Et desque hobo catado a cada parte, vió un su caballo que estaba en casa, et él non había más de aquel et dijol muy bravamente que les diese agua a las manos: e el caballo non lo fizo: e desque vió que non lo fizo dijol:
—¿Cómo, don caballo, cuidades que porque non he otro caballo, que por eso vos dejaré si non ficierdes lo que yo vos mandare? Desa vos guardat, que si por vuestra mala ventura, non ficierdes lo que yo vos mandare, yo juro a Dios, que tan mala muerte vos dé como a los otros: et non ha cosa viva en el mundo que non faga lo que yo mandare, que eso mismo non le faga.
E el caballo estudo quedo. Et desque vió que non facía su mandado, fué a él et cortol la cabeza con la mayor saña que podía mostrar e despedazolo todo.
E cuando la mujer vió que mataba el caballo non habiendo otro et que dicía que esto faría a quiquier que su mandado non cumpliese, tovo que esto ya non se facía por juego, et hobo tan grand miedo que non sabía si era muerta o viva.
Et él así bravo et sañudo et ensangrentado tornose a la mesa, jurando que si mil caballos et homnes et mujeres hobiese en casa quel saliesen de mandado, que todos serían muertos. E asentose et cató a cada parte teniendo la espada sangrienta en el regazo: et desque cató a una parte et a otra et non vió cosa viva, volvió los ojos contra su mujer muy bravamente et dijol con grand saña teniendo la espada en la mano:
—Levantavos et datme agua a las manos.
E la mujer que non esperaba otra cosa sinón que la despedazaría toda, levantose muy apriesa et diol agua a las manos. Et dijola él:
—¡Ah! ¡cómo gradesco a Dios, por que ficiestes lo que vos mandé, ca de otra guisa, por el pesar que estos locos me ficieron eso mesmo hobiera fecho a vos que a ellos!
E después mandol quel diese de comer: et ella fízolo.
Et cada quel dicía alguna cosa, tan bravamente gelo dicía et con tal son, que ella cuidaba que la cabeza era ida del polvo.
E así pasó el fecho entrellos aquella noche, que nunca ella fabló, mas facía lo quel mandaba. E acostáronse a dormir, e desque hobieron dormido una pieza dijol él:
—Con esta saña que hobe esta noche non pude bien dormir. Catad que non me despierte cras ninguno e tenedme bien adobado de comer.
E cuando fué gran mañana los padres et las madres et los parientes llegaron a la puerta, et porque non fablaba ninguno, cuidaron que el novio estaba muerto o ferido. Et desque vieron por entre las puertas a la novia et non al novio cuidáronlo más.
E cuando ella los vió a la puerta llegó muy paso et con grand miedo et comenzoles a decir:
—Locos traidores ¿qué facedes? ¿cómo osades llegar a la puerta nin fablar? ¡callad! sinón todos, tambien vos como yo, todos somos muertos.
E cuando todo esto oyeron, fueron mucho maravillados et desque sopieron como pasaron en uno, presciaron mucho el mancebo porque así sopiera facer lo quel cumplia et castigar tan bien su casa.
Et daquel día adelante, fué aquella su mujer muy bien mandada et hobieron muy buena vida.
Et dende a pocos dias su suegro quiso facer asi como ficiera su yerno, et por aquella manera mató un gallo: et díjole su mujer:
—A la fe, don fulano, tarde vos acordastes, ca ya non vos valdría nada si matásedes cient caballos, que ante lo hobiérades a comenzar, ca ya bien nos conoscemos.
Et vos señor conde, si aquel vuestro criado quiere casar con tal mujer, si fuere él tal como aquel mancebo consejalde que case seguramente, ca él sabrá como ha de pasar en su casa, mas si non fuere tal que entienda lo que debe facer et lo quel cumple dejadle que pase por su ventura. Et aun consejo a vos, que con todos los homnes que hobierdes a facer, que siempre les dedes a entender en cual manera han de pasar con vusco.
E el conde tovo este por buen consejo, et fízolo así et fallose dello bien.
Et porque don Johan lo tovo por buen enjiemplo, fízolo escribir en este libro, et fizo estos viesos que dicen así:
Si al comienzo non muestras qui eres, Nunca podrás despues cuando quisieres[39].
EJEMPLO XXXVI
De lo que contesció a un mercadero cuando falló su mujer et su fijo durmiendo en uno.
Un día fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, estando muy sañudo por una cosa quel dijieron, que tenía él que era muy grand su deshonra, et díjole que quería facer sobrello tan grand cosa et tan grand movimiento que para siempre fincase por fazaña.
Et cuando Patronio lo vió así sañudo tan arrebatamente díjole:
—Señor conde, mucho querría que sopiésedes lo que contesció a un mercadero que fué un día comprar sesos.
E el conde le preguntó como fuera aquello.
—Señor conde—dijo Patronio—, en una villa moraba un grand maestro que non había otro oficio nin otro mester sinón vender sesos. Et aquel mercadero de que ya vos fablé, por esto que oyó un día fue veer aquel maestro que vendía sesos et dijol quel vendiese uno daquellos sesos. Et el maestro dijol que de cuale prescio lo quería, ca segund quisiese el seso, que asi había de dar el prescio por él. Et díjole el mercadero que quería seso de un maravedí. Et el maestro tomó el maravedí et dijol:
—Amigo, cuando alguno vos convidare, si non sopiérades los manjares que hobiérades a comer, fartadvos bien del primero que vos trojieren.
E el mercadero le dijo que non le había dicho muy grand seso. Et el maestro le dijo que non le diera prescio por que le debiese dar grand seso. E el mercadero le dijo quel diese seso que valiese una dobla, et diógela.
E el maestro le dijo: que, cuando fuese muy sañudo et quisiese facer alguna cosa arrebatadamente, que se non quejase nin se arrebatase fasta que sopiese toda la verdat.
E el mercadero tovo que aprendiendo tales fabliellas podría perder cuantas doblas traía et non quiso comprar más sesos, pero tovo este seso en el corazón.
Et acaesció que el mercadero fué sobre mar a una tierra muy lueñe, et cuando se fué, dejó a su mujer en cinta. E el mercadero moró andando en su mercadería tanto tiempo fasta que el fijo, que nasciera de que fincara su mujer en cinta, había más de veinte años. Et la madre por que non había otro fijo et tenía que su marido non era vivo, conhortabase con aquel fijo et amábalo como a fijo, et por el grand amor que había a su padre llamábalo marido. Et comía siempre con ella et durmía con ella como cuando había un año o dos, et así pasaba su vida como muy buena mujer et con muy grand cuita porque non sabía nuevas de su marido.
Et acaesció que el mercadero libró todo su mercadería et tornó muy bien andante. Et el día que llegó al puerto de aquella villa do moraba, non dijo nada a ninguno e fuese desconocidamente para su casa et escondiose en un lugar encubierto por veer lo que se facía en su casa.
E cuando fué contra la tarde llegó el fijo de la buena mujer, et la madre preguntol:
—¿Di, marido, onde vienes?
E el mercadero que oyó a su mujer llamar marido a aquel mancebo pesol mucho, ca bien tenía que era homne con quien facía mal o a lo mejor que era casada con él, et tovo más que facía maldat que non que fuese casada porque el homne era tan mozo: et quisiéralos matar luego, pero acordándose del seso que costara una dobla non se arrebató.
Et desque llegó la tarde asentáronse a comer. E desque el mercadero los vió así estar, fué aun más movido por los matar, pero por el seso que comprara non se arrebató.
Mas, cuando vino la noche et los vió echar en la cama, fízosele muy grave de sofrir et enderezó a ellos por los matar. Et yendo así muy sañudo, acordándose del seso que comprara, estido quedo.
Et ante que matasen la candela comenzó la madre a decir al fijo llorando muy fuerte.
—¡Ay, marido et fijo! ¡Señor! dijiéronme que agora llegara una nave al puerto et dicían que vinía daquella tierra do fué vuestro padre, e por amor de Dios id allá cras de grand mañana, et por ventura querrá Dios que sabredes algunas nuevas dél.
E cuando el mercadero aquello oyó et se acordó como dejara en cinta a su mujer entendió que aquel era su fijo. Et si hobo grand placer non vos maravilledes. Et otrosí, gradesció mucho a Dios porque le quiso guardar que los non mató como lo quisiera facer donde fincara muy mal andante por tal ocasión et tovo por bien empleada la dobla que dió por aquel seso, de que se guardó et que se non arrebató por saña.
Et vos, señor conde, como quier que cuidades que vos es mengua de sufrir esto que decides, esto sería verdat de que fuésedes cierto de la cosa, mas fasta que ende seades cierto, conséjovos yo que por saña nin por rebato que vos non rebatedes a facer ninguna cosa, ca pues esto non es cosa que se pierda por tiempo en vos sofrir fasta que sepades toda la verdat, non perdedes nada, et del rebatamiento podervos híades muy aina repentir.
E el conde tovo este por buen consejo et fízolo así et fallose ende bien.
Et teniéndolo don Johan por buen enjiemplo, fizol escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:
Si con rebato grant cosa ficieres, Ten que es derecho si te arrepentieres[40].
EJEMPLO XXXVII
De la respuesta que dió el conde Ferrant Gonsales a sus gentes después que hobo vencido la batalla de Facinas.
Una vegada vinia el conde de una hueste muy cansado et muy lazdrado et muy pobre, et ante que hubiese folgar nin descansar, llegol mandado muy presurado de otro fecho que se movía de nuevo: et los más de su gente consejáronle que folgase algún tiempo et después que faría lo que se le guisase. Et el conde preguntó a Patronio lo que faría en aquel fecho. Et Patronio díjole:
—Señor, por que vos escojades en esto lo mejor mucho querría que sopiésedes la respuesta que dió una vez el conde Ferrant Gonsales a sus vasallos.
E el conde preguntó a Patronio como fuera aquello.
—Señor conde—dijo Patronio—cuando el conde Ferrant Gonsales venció al Rey Almanzor en Facinas, murieron y muchos de los suyos: et él et todos los más que fincaron vivos fueron muy mal feridos: et ante que hubiasen guarescer sopo quel entraba el rey de Navarra por la tierra, et mandó a los suyos que enderezasen a lidiar con los navarros.
Et todos los suyos dijiéronle que tenían muy cansados los caballos et aun los cuerpos, et aunque por esto non lo dejase que lo debía dejar porque él et todos los suyos estaban muy mal feridos, et que esperase fasta que fuesen guaridos él et ellos.
E cuando el conde vió que todos querían partir de aquel camino, sintiendose más de la honra que del cuerpo, díjoles:
—Amigos, por las feridas non lo dejemos, ca estas feridas nuevas que agora nos darán, nos farán que olvidemos las que nos dieron en la otra batalla.
E desque los suyos vieron que se non dolía del su cuerpo por defender su tierra et su honra fueron con él. Et venció la lid et fué muy bien andante.
Et vos señor conde Lucanor, si queredes facer lo que debierdes cuanto viéredes que cumple para defendimiento de lo vuestro, et de los vuestros, et de vuestra honra, nunca vos sintades por laceria nin por trabajo, nin por peligro et facet en guisa que el peligro et la laceria nueva vos faga olvidar lo pasado.
E el conde tovo este por buen consejo et fizolo así et fallose dello muy bien.
Et entendiendo don Johan que este era muy buen ejemplo, fizolo poner en este libro et fizo estos viesos que dicen así:
Aquesto tenet cierto, que es verdat probada, Que honra et grand vicio non han una morada[41].
EJEMPLO XXXVIII
De lo que contesció a un homne que iba cargado de piedras preciosas et se afogó en el rio.
Un día dijo el conde a Patronio, que había muy grand voluntad de estar en una tierra porquel habían de dar y una partida de dineros, et cuidaba facer y mucho de su pro, pero que había muy grand recelo que, si allí se detoviese quel podría venir muy grand periglo del cuerpo, et quel rogaba quel consejase que faría en ello.
—Señor conde—dijo Patronio—para que vos fagades en esto al mio cuidar lo que vos más cumple, sería muy bien que sopiésedes lo que contesció a un homne que llevaba una cosa muy presciada en el cuello et pasaba un rio.
E el conde le preguntó como fuera aquello.
—Señor conde—dijo Patronio—un homne levaba muy grand pieza de piedras preciosas a cuestas, et tantas eran que se le facían muy pesadas de levar: et acaesció que hobo de pasar un grand rio; et como él levaba grand carga, zafondaba más que si aquella carga non levase: et cuando fué en hondo del río comenzó a zafondar mucho.
Et un homne que estaba a la orilla del rio comenzol a dar voces et decir que, si non echase aquella carga, que sería muerto. Et el mesquino loco non entendió que, si muriese en el rio, que perdería el cuerpo et la carga que levaba, et si la echase que, aunque perdiese la carga que non perdería el cuerpo. Et por la grand cobdicia de lo que valían las piedras preciosas que levaba, non las quiso echar et murió en el rio et perdió el cuerpo et perdió la carga que levaba.
Et vos, señor conde Lucanor, comoquier que de los dineros et de lo al que podríedes facer vuestra pro sería bien que lo ficiésedes, conséjovos yo que si peligro de vuestro cuerpo fallades en la fincada, que non finquedes y por cobdicia de dineros nin de su semejante. Et aun vos consejo que nunca aventuredes el vuestro cuerpo si non fuere por cosa que sea vuestra honra o vos sería mengua si lo non ficiésedes, ca el que poco se prescia et por cobdicia o por devaneo aventura su cuerpo, bien creed que non tiene mientes de facer mucho con el su cuerpo, ca el que mucho prescia el su cuerpo ha menester que faga en guisa por que lo precien mucho las gentes, et non es el homne preciado por preciarse él mucho, mas es muy preciado por que faga tales obras quel precien mucho las gentes. Et si él tal fuere, cierto seed que preciará mucho el su cuerpo et non lo aventurará por cobdicia nin por cosa en que non haya grand honra, mas en lo que se deberíe aventurar, seguro sed que non ha homne en el mundo que tan aína nin tan de buena mente aventure su cuerpo, como el que vale mucho et se precia mucho.
E el conde tovo este por buen ejemplo, et fízolo así et fallose dello muy bien.
Et por que don Johan entendió que este era muy buen enjiemplo, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:
Quien por grand cobdicia de haber se aventura, Será maravilla que el bien muchol dura.
EJEMPLO XXXIX
De lo que contesció a un homne con la golondrina et con el pardal.
Otra vez fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, en esta guisa:
—Patronio, yo non puedo escusar en ninguna guisa de haber contienda con uno de dos vecinos que yo he, et contesce así que el más mio vecino non es tan poderoso, et el que es más poderoso non es tanto mio vecino. Et agora ruégovos que me consejedes lo que faga en esto.
—Señor conde—dijo Patronio—para que sepades para esto lo que vos más cumple, sería bien que sopiésedes lo que contesció a un homne con un pardal et con una golondrina.
E el conde le preguntó que como fuera aquello.
—Señor conde—dijo Patronio—un homne era flaco et tomaba grand enojo con el roido de las voces de las aves et rogó a un su amigo quel diese algún consejo, que non podía dormir por el roido quel facian los pardales et las golondrinas.
Et aquel su amigo le dijo: que de todos modos non le podía desembargar, mas que él sabía un escanto con que lo desembargaría del uno dello: o del pardal, o de la golondrina.
Et aquel que estaba flaco respondiol que comoquier que la golondrina da mayores voces, pero porque la golondrina va et viene et el pardal mora siempre en casa que antes se querría parar al roido de la golondrina maguer que es mayor porque va et viene, que al del pardal que está siempre en casa.
Et vos señor conde, comoquier que aquel que mora más lejos es más poderoso, conséjovos yo que hayades ante contienda con aquel que vos está más acerca aunque non sea tan poderoso.
E el conde tovo esto por buen consejo et fízolo así et fallose ende bien.
Et porque don Johán se pagó deste enjiemplo, fizolo poner en este libro, et fizo estos viesos que dicen así:
Si en toda guisa contienda hobieres de haber, Toma la más lejos, aunque haya más poder.
EJEMPLO XL
De las razones por que perdió el alma un Siniscal de Carcasona.
Fablaba otra vez el conde Lucanor con Patronio, su consejero, et díjole:
—Patronio, porque yo sé que la muerte non se puede escusar querría facer en guisa que después de mi muerte, que dejase alguna cosa señalada, que fincase por mi alma et que fincase para siempre, porque todos sopiesen que yo feciera aquella obra. Et ruégovos que me consejedes en que manera lo podría facer mejor.
—Señor conde—dijo Patronio—comoquier que el bien facer en cualquier guisa o por cualquier entención que se faga siempre el bien facer es bien, pero para que vos sopiésedes como se debe facer lo que homne face por su alma et a cual entención, placerme hía mucho que sopiésedes lo que contesció a un Senescal de Carcaxona.
E el conde le preguntó como fuera aquello.
—Señor conde—dijo Patronio—un Senescal de Carcasona adolesció. Et desque entendió que non podía escapar, envió por el prior de los fraires predicadores, et por el guardián de los fraires menores et ordenó con ellos facienda de su alma. Et mandó que luego que él fuese muerto que ellos cumpliesen todo aquello que él mandaba.
Et ellos ficiéronlo así. Et él había mandado mucho por su alma. Et porque fué tan bien complido et tan aina, estaban los fraires muy pagados et en buena entención et buena esperanza de la su salvación.
E acaesció que dende a pocos días que fué una mujer demoniada en la villa, et dicía muchas cosas maravillosas, porque el diablo, que fablaba en ella, sabía todas las cosas fechas et aun las dichas.
E cuando los fraires en que dejara el Senescal fecho de su alma, sopieron las cosas que aquella mujer dicía, tovieron que era bien de irla ver por preguntarle si sabía alguna cosa del alma de Senescal.
Et ficiéronlo así. Et luego que entraron por la casa do estaba la mujer demoniada, ante que ellos le preguntasen ninguna cosa: díjoles ella que bien sabía porque vinían, et que sopiesen que aquella alma por que ellos querían preguntar, que muy poco había que se partiera della et la dejara en el Infierno.
E cuando los fraires esto oyeron, dijiéronle que mentía, ca cierto era, que él fuera muy bien confesado et recibiera los sacramentos de Sancta Eglesia, et pues la fe de los cristianos era verdadera, que non podía seer que fuese verdat lo que ella dicía.
Et ella dijoles: que sin dubda la fe et la ley de los cristianos toda era verdadera, et si él muriera et ficiera lo que debe facer el que es verdadero cristiano, que salva fuera la su alma; mas él non lo fizo como verdadero nin bueno cristiano, ca como quier que mucho mandó facer por su alma, non lo fizo como debía nin hobo buena entención, ca él mandó complir aquello después que fuese muerto, et su entención era que si muriese que lo cumpliesen, mas si visquiese, que non ficiese nada dello, et mandolo complir después que muriese cuando non lo podía tener nin levar consigo, et otrosí dejábalo porque fincase dél fama para siempre de lo que ficiera porque hobiese fama de las gentes et del mundo. Et por ende como quier que él fizo buena obra non lo fizo bien, ca Dios non gualardona solamente las buenas obras, mas gualardona las que se facen bien. Et este bien facer es en la entención, et porque la entención del Senescal non fué buena, ca fué cuando non debía seer fecha, por ende non hobo della buen gualardón.
Et vos señor conde, pues me pedides consejo, digovos, que al mio grado, que el bien que quisiéredes facer, que lo faredes en vuestra vida: et para que hayades dello buen gualardón, conviene, que lo primero, que desfagades los tuertos que habedes fecho, ca poco valdría robar el carnero et dar los pies por amor de Dios. Et a vos poco vos valdría tener mucho robado et furtado a tuerto et facer limosnas de lo ajeno. Et más, para que la limosna sea buena conviene que haya en ella estas cinco cosas: la una que se faga de lo que un homne hobiere de buena parte; et la otra, que la faga estando en verdadera penitencia et la otra que sea tanta que sienta homne alguna mengua por lo que da, et que sea cosa de que se duela homne; e la otra, que la faga en su vida, e la otra que la faga homne simplemente por Dios et non por vanagloria nin ufana del mundo. Et, señor, faciéndose estas cinco cosas, serian todas las buenas obras et limosnas bien complidas, et habría homne de todas muy grand gualardón, pero vos nin otro ninguno que tan complidamente non las pudiese facer, non debe por eso dejar de facer buenas obras, teniendo que pues non las face en las cinco maneras que son dichas que non le tiene pro de las facer, ca esta sería muy mala razón et sería como desesperamiento, ca cierto es que en cualquier manera que homne faga bien, que siempre es bien, ca las buenas obras prestan al homne a salir de pecado et venir a penitencia et a la salud del cuerpo, et a que sea rico et honrado, et que haya buena fama de las gentes et para todos los bienes temporales. Et asi todo bien que homne faga a cualquier entención siempre es bueno, mas sería muy mejor para salvamiento et aprovechamiento del alma guardando las cinco cosas dichas.
E el conde tovo que era verdat lo que Patronio le dicía et puso en su corazón de lo facer asi et rogó a Dios quel guisase que lo pudiese facer en la manera que Patronio le dicía.
Et entendiendo don Johan que este ejiemplo era muy bueno, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:
Faz bien et a buena entención en toda vida Si quieres ganar la gloria complida[42].
EJEMPLO XLI
De lo que contesció a un rey de Córdoba quel dicían Alhaquen.
Un día fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, en esta guisa:
—Patronio, vos sabedes que yo so muy gran cazador et he fecho muchas cazas nuevas que nunca fizo otro homne. Et aun he fecho et añadido en las pihuelas et en los capiellos algunas cosas muy aprovechosas que nunca fueron fechas. Et agora los que quieren decir mal de mi fablan en manera de escarnio et cuando loan al Cid Roy Diaz o al conde Ferrant Gonzales de cuantas lides vencieron o al sancto et bienaventurado Rey don Fernando de cuantas buenas conquistas fizo, loan a mi diciendo que fiz muy buen fecho porque añadí aquello en los capiellos et en las pihuelas. Et porque yo entiendo que este alabamiento más se me torna en denuesto que en alabamiento, ruégovos que me consejedes en que manera faré porque me non escarnezcan por la buena obra que fiz.
—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—para que vos sepades lo que vos más cumpliría de facer en esto, placerme hía que sopiésedes lo que contesció a un moro que fué Rey de Córdoba.
Et el conde le preguntó como fuera aquello.
—Señor conde—dijo Patronio—en Córdoba hobo un Rey que había nombre Alhaquen. E como quier que mantenía bien su regno, non se trabajaba de facer otra cosa honrada nin de grand fama de las que suelen et deben facer los buenos reys, ca non tan solamente son los reys tenidos de guardar sus regnos, mas los que buenos quieren seer, conviene que tales obras fagan porque con derecho acrecienten su regno et fagan en guisa que en su vida sean muy loados de las gentes, et despues de su muerte finquen buenas fazañas de las buenas obras que ellos hobieren fechas. Et este Rey non se trabajaba desto sinón de comer et folgar et estar en su casa vicioso.
Et acaesció que estando un día folgando, que tañían antél un estrumento de que se pagaban mucho los moros que han nombre albogón. Et el rey paró mientes et entendió que non facía tan buen son como era menester, et tomó el albogón et añadió en él un forado en la parte de yuso en derecho de los otros forados, et dende adelante face el albogón muy mejor son que fasta entonces facía.
Et como quier que aquello era bien fecho para en aquella cosa, porque non era tan grand fecho como convinía de facer a Rey, las gentes en manera de escarnio, comenzaron aquel fecho a loar et dician cuando loaban a alguno: «Vá hede ziat Alhaquim», que quiere decir: «Este es el añadimiento del Rey Alhaquen».
Et esta palabra fué sonada tanto por la tierra fasta que le hobo de oir el rey, et preguntó porque decían las gentes esta palabra. Et como quier que ge lo quisieran encobrir, tanto los afincó que ge lo hobieron a decir.
Et desque él esto oyó, tomó ende grant pesar, pero como era muy buen Rey, non quiso facer mal en los que dicían esta palabra, mas puso en su corazón de facer otro añadimiento de que por fuerza hobiesen las gentes a loar el su fecho.
E entonce porque la mezquita de Córdoba non era acabada, añadió en ella aquel Rey toda la labor que y menguaba et acabola.
E esta es la mayor et más complida et más noble mezquita que los moros habían en España et, loado a Dios, es agora eglesia et llamánla Sancta María de Córdoba, et ofreciola el Sancto Rey don Fernando a Sancta María, cuando ganó a Córdoba de los moros.
Et desque aquel rey hobo acabada la mezquita et fecho aquel tan buen añadimiento dijo que: pues fasta entonce lo loaban escarniciéndole del añadimiento que ficiera en el albogón, que tenía que de allí adelante lo habían a loar con razón del añadimiento que ficiera a la mezquita de Córdoba.
Et fué depués muy loado. Et el loamiento que fasta entonce le facían escarniciéndolo fincó depués por loor; et hoy en día dicen los moros cuando quieren loar algun buen fecho: «este es el añadimiento de Alhaquen».
Et vos señor conde, si tomades pesar o cuidades que vos loan por vos escarnecer del añadimiento que ficiestes en los capiellos et en las pihuelas et en las otras cosas de caza que vos ficiestes, guisad de facer algunos fechos grandes et buenos et nobles cuales pertenescen de facer a los grandes homnes. Et por fuerza las gentes habrán de loar los vuestros buenos fechos así como loan agora por escarnio el añadimiento que ficiestes en las cosas de la caza.
Et el conde touo este por buen consejo, et fízolo así et fallose ende muy bien.
Et porque don Johan entendió que este era buen enjiemplo, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:
Si algún bien ficieres que muy grande non fuere, Faz grandes si pudieres que el bien nunca muere[43].
EJEMPLO XLII
De lo que contesció a una falsa beguina.
Otra vez fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, en esta guisa.
—Patronio yo et otras muchas gentes estabamos fablando et preguntábamos que cual era la manera que un homne malo podría haber para facer a las otras gentes cosa porque más mal les veniese. Et los unos dicían que por ser homne reboltoso, et los otros dicían que por seer homne muy peleador, et los otros dicían, que por seer muy mal fechor en la tierra, et los otros dicían que la cosa porque el homne malo podría facer más mal a todas las otras gentes que era por seer de mala lengua et asacador. Et por el buen entendimiento que vos habedes, ruégovos que me digades de cual mal destos podría venir más mal a todas las gentes.
—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—para que vos sepades esto, mucho querría que sopiésedes lo que contesció al diablo con una mujer destas que se facen beguinas.
E el conde le preguntó como fuera aquello.
—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—en una villa había un muy buen mancebo et era casado con una mujer et facían buena vida en uno, así que nunca entre ellos había desavenencia.
Et porque el diablo se despagó siempre de las buenas cosas, hobo desto muy grand pesar et maguer que andido muy grand tiempo por meter mal entre ellos, nunca lo pudo guisar.
Et un día viniendo el diablo de aquel logar do facían vida aquel homne et aquella mujer, muy triste por que non podía poner y ningún mal, topó con una beguina. Et desque se conoscieron preguntol por que venía triste. Et él dijole que vinía de aquella villa do facían vida aquel homne et aquella mujer et que había muy grand tiempo que andaba por poner mal entrellos et que nunca pudiera, et desque lo sopiera su mayoral quel dijiera que: pues tan grand tiempo había que andaba en aquello et pues non lo facía, que sopiese que era perdido con él, et que por esta razón vinía triste.
Et ella dijol que se maravillaba, pues tanto sabía, cómo non lo podía facer, mas que si ficiese lo que ella quería, que ella le pornía recabdo en esto.
Et el diablo le dijo, que faría lo que ella quisiese en tal guisa que guisase como pusiese mal entre aquel homne et aquella mujer.
Et de que el diablo et aquella beguina fueron a esto avenidos, fuese la beguina para aquel logar do vivian aquel homne et aquella mujer, et tanto fizo de día en día, fasta que se fizo conoscer con aquella mujer de aquel mancebo et fizol entender que era criada de su madre et por este debdo que había con ella, que era muy tenuda de la servir et que la serviría cuanto pudiese.
Et la buena mujer fiando en esto tóvola en su casa et fiaba della toda su facienda, et eso mismo facía su marido.
Et desque ella hobo morado muy grand tiempo en su casa et era privada de entramos, vino un día muy triste et dijo a la mujer que fiaba en ella:
—Fija, mucho me pesa desto que agora oí, que vuestro marido que se paga más de otra mujer que non de vos, et ruégovos quel fagades mucha honra et mucho placer porque él non se pague más de otra mujer que de vos, ca desto vos podría venir más mal que de otra cosa ninguna.
E cuando la buena mujer esto oyó, comoquier que non lo creía, tovo desto muy grand pesar et entristeció muy fieramente. Et desque la mala beguina la vió estar triste, fuese para el logar por do su marido había de venir. Et desque se encontró con él dijol quel pesaba mucho de lo que facía en tener tan buena mujer como tenía et amar más a otra que non a ella et que esto, que ella lo sabía ya, et que tomara grand pesar et quel dijiera que, pues él esto facía, faciendol ella tanto servicio, que cataría otro que la amase a ella tanto como él o más, e que por Dios, que guardase que esto non lo sopiese su mujer, sinón que sería muerta.
E cuando el marido esto oyó, comoquier que lo non creyó, tomó ende grand pesar et fincó muy triste.
Et desque la falsa beguina le dejó así, fuese adelante a su muger et dijol amostrando muy gran pesar:
—Fija, non sé que desaventura es esta, que vuestro marido es muy despagado de vos: et porque entendades que es verdad esto que yo vos digo, agora veredes como viene muy triste et muy sañudo, lo que él non solía facer.
Et desque la dejó con este cuidado, fuese para su marido et dijol eso mismo. Et desque el marido llegó a su casa et falló a su mujer triste, et de los placeres que solian en uno haber que non había ninguno, estaba cada uno con muy grand cuidado.
Et de que el marido fué a otra parte, dijo la mala beguina a la buena mujer: que si ella quisiese, que buscaría algun home muy sabidor quel ficiese alguna cosa con que su marido perdiese aquel mal talante que había contra ella.
Et la muger queriendo haber muy buena vida con su marido, dijol, quel placía et que gelo gradescería mucho.
Et a cabo de algunos días tornó a ella et dijol que había fallado un homne muy sabidor et quel dijiera: que si hobiese unos pocos de cabellos de la barba de su marido de los que están en la garganta, que faría con ellos una maestría que perdiese el marido toda la saña que había della, et que vivirían en buena vida como solían o por aventura mejor, et que a la hora que viniese, que guisase que se echase a dormir en su regazo. Et diole una navaja con que cortase los cabellos.
Et la buena mujer, por el grand amor que había a su marido, pesándole mucho de la estrañeza que entrellos había caido et cudiciando más que cosa del mundo tornar a la buena vida que en uno solian haber, dijol: quel placía et que lo faría así. Et tomó la navaja que la mala beguina trajo para lo facer.
Et la beguina falsa tornó al marido, et dijole: que había muy grand duelo de la su muerte, et por ende que gelo non podía encobrir, que sopiese que su mujer le quería matar et irse con su amigo, et por que entendiese quel dicía verdat, que su mujer et aquel su amigo habían acordado que lo matasen en esta manera: que luego que viniese, que guisaría que él que se adormiese en su regazo della, et desque fuese adormido, quel degollase con una navaja que tenía paral degollar.
Et cuando el marido esto oyó, fué mucho espantado, et como quier que ante estaba con mal cuidado por las falsas palabras que la mala beguina le había dicho, por esto que agora dijo fué muy cuitado et puso en su corazón de se guardar et de lo probar, et fuese para su casa.
Et luego que su mujer lo vió, recibiolo mejor que los otros días de ante, et dijol que siempre andaba trabajando et non quería folgar nin descansar, mas que se echase allí cerca della et que pusiese la cabeza en su regazo et ella quel espulgaría.
Et cuando el marido esto oyó, tovo por cierto lo quel dijiera la falsa beguina et por probar lo que su muger faría echose a dormir en su regazo et comenzó de dar a entender que durmía. Et de que su muger tovo que era adormido bien, sacó la navaja para le cortar los cabellos, segund la falsa beguina lo había dicho. E cuando el marido le vió la navaja en la mano cerca de la su garganta, teniendo que era verdat lo que la falsa beguina le dijiera, sacol la navaja de las manos et degollola con ella.
Et al roido que se fizo cuando la degollaba, recudieron el padre et los hermanos de la mujer. Et cuando vieron que la mujer era degollada et que nunca fasta aquel día oyeron al su marido nin a otro homne ninguna cosa mala en ella, por el grand pesar que hobieron, enderezaron todos al marido et matáronlo.
Et a este roido recudieron los parientes del marido et mataron a aquellos que mataron a su pariente. Et en tal guisa se revolvió el pleito, que se mataron aquel día la mayor parte de cuantos eran en aquella villa.
Et todo esto vino por las falsas palabras que sopo decir aquella falsa beguina. Pero, porque Dios nunca quiere que el que mal fecho face, que finque sin pena nin aun que el mal fecho sea encubierto, guisó que fuese sabido que todo aquel mal viniera por aquella falsa beguina e ficieron della muchas malas justicias, et diéronle muy mala muerte et muy cruel.
Et vos señor conde Lucanor, si queredes saber cual es el peor homne del mundo et de que más mal puede venir a las gentes, sabet que es el que se muestra por buen cristiano et por homne bueno et leal et la su entención es falsa, et anda asacando falsedades et mentiras por meter mal entre las gentes. Et conséjovos yo que siempre vos guardedes de los que vierdes que se facen gatos religiosos, que los más dellos siempre andan con mal et con engaño, et para que los podades conoscer, tomad el consejo del Evangelio que dice: «A fructibus eorum cognoscetis eos» que quiere decir: «que por las sus obras los cognosceredes», ca cierto sed que non ha homne en el mundo que muy luengamente pueda encubrir las obras que tiene en la voluntad ca bien las puede encubrir algún tiempo, mas non luengamente.
Et el conde tovo que era verdad esto que Patronio le dijo et puso en su corazón de lo facer así e rogó a Dios quel guardase a él e a todos sus amigos de tal homne.
Et entendiendo don Johan que este enjiemplo era muy bueno, fizolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:
Para mientes a las obras et non a la semejanza, Si cobdiciares ser guardado de haber mala andanza[44].
EJEMPLO XLIII
De lo que contesció al Bien et al Mal, et al cuerdo con el loco.
El conde Lucanor fablaba con Patronio, su consejero en esta manera:
—Patronio, a mi contesce que he dos vecinos, el uno es homne a que yo amo mucho, et ha muchos buenos debdos entre mi et él porquel debo amar; et non sé que pecado o que ocasión es que muchas veces me face algunos yerros et algunas escatimas de que tomo muy grand enojo: et el otro non es homne con quien haya grandes debdos, nin grand amor, nin hay entre nos grand razón porquel deba mucho amar; et este, otrosí a las veces fáceme algunas cosas de que yo non me pago. Et por el buen entendimiento que vos habedes, ruégovos que me consejedes en que manera pase con aquellos dos homnes.
—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—esto que vos decides, non es una cosa, ante son dos, et muy revesadas la una de la otra. Et para que vos podades en esto obrar como vos cumple, placeme hía que sopiésedes dos cosas que acaescieron; la una, lo que contesció al Bien et al Mal; et la otra, lo que contesció a un homne bueno con un loco.
E el conde le preguntó como fuera aquello:
—Señor conde—dijo Patronio—porque estas son dos cosas non vos las podría decir en uno: decirvos he primero de lo que contesció al Bien et al Mal, et decirvos he después, lo que contesció al homne bueno con el loco.
Señor conde, el Bien et el Mal acordaron de facer su compañía en uno. Et el Mal que es más acucioso et siempre anda con revuelta et non puede folgar sinón revolver algún engaño et algún mal, dijo al Bien: que sería buen recabdo que hobiesen algún ganado con que se pudiesen mantener. Et al Bien plogó desto. Et acordaron de haber ovejas.
Et luego que las ovejas fueron paridas, dijo el Mal al Bien que escogiese en el esquilmo daquellas ovejas. Et el Bien como es bueno et mesurado non quiso escoger, et el Bien dijo al Mal que escogiese él. Et el Mal porque es malo et derranchado, plogol ende, et dijo; que tomase el Bien los corderuelos así como nascían, et él, que tomaría la leche et la lana de las ovejas. Et el Bien dió a entender que se pagaba desta partición.
Et el Mal, dijo; que era bien que hobiesen puercos: et al Bien plogo desto. Et desque parieron dijo el Mal: que, pues el Bien tomara los fijos de las ovejas et él la leche et la lana, que tomase agora la leche et la lana de las puercas, et que tomaría él los fijos. Et el Bien tomó aquella parte.
Et después dijo el Mal: que pusiesen alguna hortaliza: et pusieron nabos. Et desque nacieron, dijo el Mal al Bien: que non sabía que cosa era lo que non veía, mas, porque el Bien viese lo que tomaba que tomase las fojas de los nabos que parescían et estaban sobre tierra, et que tomaría él lo que estaba so tierra; et el Bien tomó aquella parte.
E después, pusieron coles: et desque nascieron, dijo el Mal que, pues el Bien tomara la otra vez de los nabos lo que estaba sobre tierra, que tomase agora de las coles lo que estaba so tierra: et el Bien tomó aquella parte.
E despues dijo el Mal al Bien; que sería buen recabdo que hobiesen una mujer que los serviese. Et al Bien plogo desto. Et desque la hobieron, dijo el Mal que tomase el Bien de la cinta contra la cabeza, et que él tomaría de la cinta contra los pies: et el Bien tomó aquella parte. Et así fué que la parte del Bien facía lo que cumplía en casa, et la parte del Mal era casada con él et había de dormir con su marido.
E la mujer fue en cinta et encaesció de un fijo. Et desque nasció, quiso la madre dar al fijo de mamar; et cuando el Bien esto vió, dijo que non lo ficiese, ca la leche de la su parte era, et que non lo consintiría en ninguna manera. E cuando el Mal vino alegre por veer el su fijo quel nasciera, falló que estaba llorando, et preguntó a su madre que por qué lloraba. E la madre le dijo que porque non mamaba. Et dijol el Mal quel diese a mamar. Et la mujer le dijo que el Bien gelo defendiera diciendo que la leche era de su parte.
E cuando el Mal esto oyó, fué al Bien et dijol riendo et burlando que ficiese dar la leche a su fijo. Et el Bien dijo que la leche era de su parte et que non lo faría. E cuando el Mal esto oyó comenzol de afincar ende. Et desque el Bien vió la priesa en que estaba el Mal dijol:
—Amigo, non cuides que yo tampoco sabía que non entendía cuales partes escogistes vos siempre et cuales diestes a mi; pero nunca vos demandé yo nada de las vuestras partes, et pasé muy lazdramente con las partes que me vos dábades, e vos nunca vos doliestes nin hobiestes mensura contra mi, e pues si agora Dios vos trajo a lugar que habedes mester algo de lo mío, non vos maravilledes si vos lo non quiero dar, et acordatvos de lo que me feciestes et sofrid esto por lo al.
E cuando el Mal entendió que el Bien dicía verdat et que su fijo sería muerto por esta manera, fué muy mal cuitado et comenzó a rogar et pedir merced al Bien que por amor de Dios hobiese piedat da quella criatura, et que non parase mientes a las sus maldades, et que dallí adelante siempre faría cuanto mandase.
E desque el Bien esto vió, tovo quel ficiera Dios mucho bien en traerlo a lugar que viese el Mal que non podía guarescer sinón por la bondat del Bien, et tovo que esto le era muy grand enmienda et dijo al Mal, que, si quería que consintiese que diese la mujer leche a su fijo, que tomase el mozo a cuestas et andudiese por la villa pregonando en guisa que lo oyesen todos, et que dijiese: