EL LIBRO DE LOS ENXIEMPLOS DEL CONDE LUCANOR ET DE PATRONIO (continued 2)
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Et cuando los del real vieron aquellos caballeros entre los moros, fuéronles acorrer. Et como quier que ellos estaban en muy grand priesa et ellos fueron feridos, fué la merced de Dios que non murió ninguno dellos. Et la pelea fué tan grande entre los cristianos et los moros, que hobo de llegar y el rey don Ferrando: et fueron los cristianos ese día muy bien andantes. Et desque el rey se fué para su tienda, mandolos prender diciendo que merescían muerte, pues que se aventuraran a facer tan grant locura, lo uno en meter la hueste en rebato sin mandado del rey, et lo al, en facer perder tan buenos tres caballeros. Et desque los grandes homnes de la hueste pidieron merced al rey por ellos, mandolos soltar.
Et desque el rey sopo que por la contienda que entrellos hobiera fueron a facer aquel fecho, mandó llamar cuantos buenos homnes eran con él, para judgar cual dellos lo ficiera mejor. Et desque fueron ayuntados, hobo entrellos grand contienda, ca los unos dicían que fisiera mayor esfuerzo el que primero los fuera ferir, et los otros que el segundo, e los otros que el tercero. Et cada uno desía tantas buenas razones que parescía que desía razón derecha: et en verdad tan bueno era el fecho en sí, que cualquier podría haber muchas buenas razones para lo alabar; pero, a la fin del pleito el acuerdo fué este: que, si los moros que vinían a ellos fueran tantos que se pudiesen vencer por esfuerzo o por bondad que en aquellos caballeros hobiese, que el primero que los fuese a ferir, era el mejor caballero, pues comenzaba cosa que se podía acabar; mas, pues los moros eran tantos que por ninguna guisa non los podrían vencer, que el que iba a ellos non lo facía por vencerlos, mas la vergüenza le facía que non fuyese; et pues non había de foir, la queja del corazón, porque non podía sofrir el miedo, le fizo que les fuese ferir. Et el segundo que les fué ferir et esperó más que el primero, tovieron por mejor, porque pudo sofrir más el miedo. Mas, don Lorenzo Suarez que sufrió todo el miedo et que esperó fasta que los moros le ferieron, aquel judgaron que fuera mejor caballero.
Et vos, señor conde Lucanor, pues veedes que estos son miedos et espantos, et es contienda que aunque la comencedes non la podedes acabar, cuanto más sufriéredes estos miedos et estos espantos tanto seredes más esforzado, et demás, faredes mejor seso; ca pues vos tenedes recabdo en lo vuestro et non vos pueden facer cosa arrebatadamente de que grand daño vos venga, conséjovos yo que non vos fuerce la queja del corazón. Et pues grand colpe non podedes recebir, esperat ante que vos fieran, et por aventura veredes, que estos miedos et espantos que vos ponen, que no son con verdat, sinón lo que estos vos dicen que lo facen porque cumple a ellos, ca non han bien sinón en el mal. Et bien cred, que estos tales tambien de vuestra parte como de la otra, que non querrían grand guerra nin grand paz, ca non son para se parar a la guerra, nin querrían paz complida; mas, lo que ellos querrían, sería un alborozo con que pudiesen ellos tomar et facer mal en la tierra et tener a vos et a la vuestra parte en premia para llevar de vos lo que habedes et non habedes, et non haber recelo que los castigáredes por cosa que fagan: et por ende, aunque alguna cosa fagan contra vos pues non vos pueden mucho empecer en sofrir que se mueva del otro la culpa, venirvos ha ende mucho bien: lo uno, que habredes a Dios por vos, que es una ayuda que cumple mucho para tales cosas; et lo al, que todas las gentes ternán que facedes derecho en lo que ficierdes. Et por aventura, que si non vos movierdes a facer lo que non debedes, non se movrá el otro contra vos, et habredes paz et faredes servicio a Dios, et pro de los buenos, et non faredes vuestro daño por facer placer a los que querrían guarescer faciendo mal et se sintirían poco del daño que vos viniese por esta razón.
E al conde plogo deste consejo que Patronio le daba, et fízolo así, et fallose ende bien.
Et porque don Johán tovo este ejiemplo, que era muy bueno, mandolo escribir en este libro et fizo estos viesos, que dicen así:
Por queja non vos agan ferir, Ca siempre vence quien sabe sofrir[21].
EJEMPLO XVI
De la repuesta que dió el Conde Ferrant Gonsales a Nuño Laynes, su pariente.
El conde Lucanor fablaba un día con Patronio, su consejero, en esta guisa:
—Patronio, bien entendedes que non so yo ya muy mancebo, et sabedes que pasé muchos trabajos fasta aquí. Et bien vos digo, que querría de aquí adelante folgar, et cazar, et escusar los trabajos et afanes; et porque sé que siempre me consejastes lo mejor, ruégovos que me consejedes lo que vierdes que me cae más de facer.
—Señor conde—dijo Patronio—, como quier que vos decides bien et razón, pero placerme hía que sopiésedes lo que dijo una vez el conde Ferrant Gonsales a Nuño Laynes.
E el conde Lucanor le rogó quel dijiese como fuera aquello.
—Señor conde—dijo Patronio—, el conde Ferrant Gonsales era en Burgos et había pasados muchos trabajos por defender su tierra. Et una vez que estaba ya como más en asosiego et en paz, díjole Nuño Laynes: que sería bien que dallí adelante, que non se metiese en tantos roidos et que folgase él, et que dejase folgar a sus gentes.
Et el conde respondiol que a homne del mundo non plazdría más que a él folgar et estar vicioso si pudiese; más, que bien sabía, que había grand guerra con los moros et con los leoneses et con los navarros, et si quisiesen mucho folgar, que los sus contrarios que luego serían contra ellos: et si quisiesen andar a caza con buenas aves por Arlanzón arriba et ayuso et en buenas mulas gordas, et dejar de defender la tierra, que bien lo podrían facer, mas que les contescería como decía el vierbo antiguo: «Murió el hombre et murió el su nombre»: mas, si quisiéremos olvidar los vicios et facer mucho por nos defender et llevar nuestra honra adelante, dirán por nos depués que muriésemos: «Murió el homne, mas non murió el su nombre». Et pues viciosos et lazdrados, todos habemos a morir, non me semeja que sería bueno si por vicio nin por la folgura dejáremos de facer en guisa que después que nos muriéremos, que nunca muera la buena fama de los nuestros fechos.
Et vos, señor conde, pues sabedes que habedes a morir, por el mi consejo nunca por vicio nin por folgura dejaredes de facer tales cosas, porque, aun desque vos murierdes, siempre viva la fama de los vuestros fechos.
E al conde plogo mucho desto que Patronio le consejó, et fízolo así, et fallose dello muy bien.
Et porque don Johán, tovo este ejiemplo por muy bueno, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos, que dicen así:
Si por vicio et por folgura la buena fama perdemos, La vida muy poco dura; denostados quedaremos[22].
EJEMPLO XVII
De lo que contesció a un homne que había muy grant fambre, quel convidaron otros muy flojamente a comer.
Otra vez, fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, et díjole así:
—Patronio, un homne vino a mí et díjome que faría por mí una cosa que me cumplía a mí mucho: et como quier que me lo dijo, entendí en él que me lo decía tan flojamente quel plazdríe mucho si yo escusase de tomar dél aquella ayuda. Et yo de una parte entiendo que me cumpliría mucho de facer aquello que me él ruega, et de otra parte, he muy grand embargo de tomar de aquel ayuda, pues veo que me lo dice tan flojamente. Et por el buen entendimiento que vos habedes, ruégovos que me digades lo que vos paresce que debo facer en esta razón.
—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—, porque vos fagades en esto lo que me semeja que es vuestra pro, placerme hía mucho que sopiésedes lo que contesció a un homne con otro quel convidó a comer.
E el conde le rogó quel dijiese como fuera aquello.
—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—, un homne bueno era que había seido muy rico et era llegado a muy grand pobreza, et fasíasele muy grand vergüenza de demandar nin envergoñarse a ninguno por lo que había de comer; et por esta razón, sufría muchas veces muy grand fambre et muy grand laseria. Et un día, yendo él muy cuitado, porque non podía haber ninguna cosa que comiese, pasó por una casa de un su conosciente que estaba comiendo: et cuando le vió pasar por la puerta preguntol muy flojamente si quería comer; et él, por el grant mester que había, comenzó a lavar las manos et dijol:
—En buena te, don Fulano, pues tanto me conjuraste et me afincastes que comiese convusco, non me paresce que faría aguisado en contradecir tanto vuestra voluntad nin facervos quebrantar vuestra jura.
Et asentóse a comer, et perdió aquella fambre et aquella queja en que estaba. En dende adelante, acorriol Dios, et diol manera como salió de aquella laceria tan grande.
Et vos, señor conde Lucanor, pues entendedes que aquello que aquel homne vos ruega es grand vuestra pro, dalde a entender que lo facedes por complir su ruego, et non paredes mientes a cuanto flojamente vos lo él ruega et non esperedes a que vos afinque más por ello, sinón por aventura non vos fablará en ello más, et servos hía más vergüenza si vos lo hobiésedes a rogar lo que él ruega a vos.
E el conde tovo esto por buen consejo, et fízolo así, et fallose ende bien.
Et entendiendo don Johán, que este ejiemplo era muy bueno, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos, que dicen así:
En lo que tu pro pudieres fallar, Nunca te fagas mucho por rogar[23].
EJEMPLO XVIII
De lo que contesció a don Pero Melendez de Valdés cuando se le quebró la pierna.
Fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, un día, et díjole así:
—Patronio, vos sabedes que yo he contienda con un mi vecino que es homne muy poderoso et muy honrado; et habemos entramos postura de ir a una villa, et cualquier de nos que allá vaya primero, cobraría la villa, et perderla ha el otro; et vos sabedes cómo tengo ya toda mi gente ayuntada; et bien fío por la merced de Dios, que si yo fuese, que fincaría ende con grand honra et con grand pro. Et agora estó embargado, que lo non puedo facer por esta ocasión que me contesció, que non estó bien sano: et como quier que me es grand pérdida en lo de la villa, bien vos digo, que me tengo por más ocasionado por la mengua que tomo et por la honra que a él ende viene, que aun por la pérdida. Et por la fianza que yo en vos he, ruégovos que me digades lo que entendierdes que en esto se puede facer.
—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—, como quier que vos facedes razón de vos quejar, para que en tales cosas como estas ficiésedes lo mejor siempre, placerme hía que sopiésedes lo que contesció a don Pero Melendez de Valdés.
E el conde le rogó quel dijiese como fuera aquello.
—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—, don Pero Melendez de Valdés era un caballero mucho honrado del reino de León, et había por costumbre que cada quel acaescíe algun embargo, siempre dicía: «Bendicho sea Dios, ca pues él lo face, esto es lo mejor.»
Et este don Pero Melendez, era consejero et muy privado del rey de León: et otros sus contrarios, por grand envidia quel hobieron, asacáronle muy grand falsedat et buscáronle tanto mal con el rey, que acordó de lo mandar matar.
Et seyendo don Pero Melendez en su casa, llegol mandado del rey que enviaba por él. Et los que le habían a matar estábanle esperando a media legua de aquella su casa. Et queriendo cabalgar don Pero Melendez para se ir para el rey, cayó de una escalera et quebrol la pierna. Et cuando sus gentes que habían a ir con él, vieron esta ocasión que le acaesciera, pesoles ende mucho, et comenzáronle a maltraer diciendol:
—Ea, don Pero Melendez, vos que decides siempre, que lo que Dios face, esto es lo mejor, tenedvos agora este bien que Dios vos ha fecho.
Et él díjoles que ciertos fuesen que, como quier que ellos tomaban grand pesar desta ocasión quel conteciera, que ellos verían que pues Dios lo ficiera, que aquello era lo mejor. Et por cosa que ficieron nunca desta entención le pudieron sacar.
Et los quel estaban esperando por le matar por mandado del rey, desque vieron que non venía, et sopieron lo quel había acaescido, tornáronse paral rey et contáronle la razón porque non pudieran complir su mandado.
Et don Pero Melendez estovo grand tiempo que non pudo cabalgar: et en cuanto él así estaba maltrecho, sopo el rey que aquello que habían asacado a don Pero Melendez, que fuera muy grant falsedat, et prendió a aquellos que se lo habían dicho. Et fué ver a don Pero Melendez, et contol la falsedat que dél le dijieron, et como le mandara él matar, et pidiol perdón por el yerro que contra él hobiera de facer et fízole mucho bien et mucha honra por le facer emienda. Et mandó luego facer muy grand justicia antél daquellos que aquella falsedat le asacaron.
Et así libró Dios a don Pero Melendez, porque era sin culpa et fué verdadera la palabra que él siempre solía decir «que todo lo que Dios face, que aquello es lo mejor».
Et vos, señor conde Lucanor, por este embargo que vos agora vino non vos quejedes, et tenet por cierto en vuestro corazón, que todo lo que Dios face, que aquello es lo mejor; et si lo así pensáredes, él vos lo sacará todo a bien; pero debedes entender, que las cosas que acaescen son en dos maneras: la una es, que viene a homne algún embargo en que se puede poner algún consejo; la otra es, que viene algún embargo en que se non puede poner ningún consejo. Et en los embargos en que se puede poner algún consejo, debe facer homne cuanto pudiere por lo poner, y et non lo debe dejar por atender, que por voluntad de Dios o por aventura se enderezará, ca esto sería tentar a Dios; mas, pues el homne ha entendimiento et razón, todas las cosas que facer pudiere por poner consejo en las cosas quel acaescieren débelo facer; mas en las cosas en que se non puede poner y ningún consejo, aquellas debe homne tener, que pues se facen por voluntad de Dios, que aquello es lo mejor. Et pues esto que vos acaesció es de las cosas que vienen por voluntad de Dios, et en que se non puede poner consejo, poned en vuestro talante que, pues Dios lo face, que es lo mejor; et Dios lo guisará que se faga así como lo vos tenedes en corazón.
E el conde tovo que Patronio le decía la verdat et le daba buen consejo, et fízolo así et fallose ende bien.
Et porque don Johán, tovo este por buen enjiemplo, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos, que dicen así:
Non te quejes por lo que Dios ficiere, Ca por tu bien sería cuando El quisiere[24].
EJEMPLO XIX
De lo que contesció a los cuervos con los buhos.
Fablaba un día el conde Lucanor con Patronio, su consejero, et díjole así:
—Patronio, yo he contienda con un homne muy poderoso: et aquel mio enemigo había en su casa un su pariente et su criado, et homne a quien había fecho mucho bien. Et un día por cosas que acaescieron entre ellos, aquel mío enemigo fízole mucho mal et muchas deshonras, e aquel homne con quien había tantos debdos veyendo el mal que había recebido e queriendo catar manera como se vengase, vínose para mi, et yo tengo que es muy grand mi pro, ca este me puede desengañar et apercebir en como pueda más lijeramente facer daño a aquel mio enemigo. Pero, por la grand fianza que yo he en vos et en el vuestro entendimiento, ruégovos que me consejedes lo que faga en este fecho.
—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—, lo primero vos digo que este homne non vino a vos sinón por vos engañar: et para que sepades la manera del su engaño, placerme hía que sopiésedes lo que contesció a los buhos et a los cuervos.
E el conde le rogó quel dijiese como fuera aquello.
—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—, los cuervos et los buhos, habían entre si grand contienda, pero los cuervos eran en mayor queja. Et los buhos, porque es su costumbre de andar de noche, et de día estar escondidos en cuevas muy malas de fallar, vinían de noche a los árboles do los cuervos albergaban et mataban muchos dellos, et facíanles mucho mal. Et pasando los cuervos tanto daño, un cuervo que había entre ellos muy sabidor, que se dolía mucho del mal que habían recebido de los buhos, sus enemigos, fabló con los cuervos sus parientes, et cató esta manera para se poder vengar.
Et la manera fué esta: que los cuervos le mesaron todo salvo ende un poco de las alas con que volaba muy mal et muy poco. Et desque fué así maltrecho, fuese para los buhos et contoles el mal et el daño que los cuervos le ficieran, señaladamente porque les dicía que non quisiesen seer contra ellos; mas, pues tan mal lo habían fecho contra él, que si ellos quisiesen, que él los mostraría muchas maneras como se podrían vengar de los cuervos et facerles mucho daño.
Et cuando los buhos esto oyeron, plógoles mucho, et tovieron que por este cuervo que era con ellos era todo su fecho enderezado, et comenzaron a facer mucho bien al cuervo et fiar en él todas sus faciendas et poridades.
E entre los otros buhos, había y uno que era muy viejo et había pasado por muchas cosas, et desque vió este fecho del cuervo, entendió el engaño con que el cuervo andaba, et fuese paral mayoral de los buhos et dijol: quél fuese cierto que aquel cuervo non viniera a ellos sinón para su daño et por saber sus faciendas, et que lo echasen de su compaña. Mas este buho non fué creido de los otros buhos: et desque vió que lo non querían creer, partiose dellos et fué buscar tierra do los cuervos non lo pudiesen fallar.
Et los otros buhos pensaron bien del cuervo. Et desque las péñolas le fueron egualadas, dijo a los buhos que, pues podía volar, que iría saber do estaban los cuervos et que vernía desírselo porque pudiesen ayuntarse et ir a los estroir todos. E a los buhos plogo mucho desto.
Et desque el cuervo fué con los otros cuervos, ayuntáronse muchos dellos, et sabiendo toda la facienda de los buhos fueron a ellos de día cuando ellos non vuelan et estaban segurados et sin recelo, et mataron et destruyeron dellos tantos por que fincaron vencedores los cuervos de toda su guerra.
Et todo este mal vino a los buhos, porque fiaron en el cuervo que naturalmente era su enemigo.
Et vos, señor conde Lucanor, pues sabedes que este homne que a vos vino es muy adebdado con aquel vuestro enemigo et naturalmente él et todo su linaje son vuestros enemigos, conséjovos yo que en ninguna manera non lo trayades en vuestra compaña, ca cierto sed que non vino a vos, sinón por vos engañar et por vos facer algún daño. Pero si él vos quisiere servir seyendo alongado de vos, de guisa que vos non pueda empescer, nin saber nada de vuestra facienda, et de fecho ficiere tanto mal et tales mancellamientos a aquel vuestro enemigo con quien él ha algunos debdos, que veades vos que non le finca logar para se poder nunca avenir con él, estonce podredes vos fiar en él, pero siempre fiat en él tanto de que vos non pueda venir daño.
E el conde tovo esto por buen consejo, et fízolo asi et fallose dello muy bien.
Et porque don Johán entendió que este ejiemplo era muy bueno, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos, que dicen así:
Al que tu enemigo suel seer Nunca quieras en él mucho creer[25].
EJEMPLO XX
De lo que contesció a un Rey con un homne quel dijo que faría alquimia.
Un día, fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, en esta manera:
—Patronio, un homne vino a mi et díjome que me faría cobrar muy grand pro et grand honra, et para esto que había mester que catase alguna cosa de lo mío con que se comenzase aquel fecho, ca desque fuese acabado por un dinero habría diez. Et por el buen entendimiento que Dios en vos puso, ruégovos que me digades lo que vierdes que me cumple de facer en ello.
—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—, para que fagades en esto lo que fuere más vuestra pro, placerme hía que sopiésedes lo que contesció a un rey con un homne quel dicía que sabía facer alquimia.
E el conde le preguntó como fuera aquello.
—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—, un homne era muy grand golfín et había muy grand sabor de enrequescer et de salir de aquella mala vida que pasaba. Et aquel homne sopo que un rey que non era de muy buen recabdo se trabajaba de facer alquimia.
Et aquel golfín tomó cient doblas et limolas et de aquellas limaduras fizo con otras cosas que puso con ellas cient pellas, et cada una de aquellas pellas pesaba una dobla, et demás las otras cosas que él mezcló con las limaduras de las doblas. Et fuese para una villa do era el rey, et vistiose de paños muy asosegados et llevó aquellas pellas et vendiolas a un especiero. Et el especiero preguntó que para que eran aquellas pellas, et el golfín dijol que para muchas cosas, et señaladamente, que sin aquella cosa, que se non podía facer el alquimia, et vendiol todas las cien pellas por cuantía de dos o tres doblas. Et el especiero preguntol como habían nombre aquellas pellas, et el golfín dijol que habían nombre tarbardíe.
Et aquel golfín moró algún tiempo en aquella villa en manera de homne muy asosegado et fué diciendo a unos et a otros en manera de poridat que sabía facer alquimia.
Et estas nuevas llegaron al rey: et el rey envió por él, et preguntol si sabía facer alquimia. Et el golfín, como quier quel fizo muestra que se quería encobrir et que lo non sabía, al cabo diol a entender que lo sabía, pero dijo al rey: quel consejaba que deste fecho non fiase de homne del mundo nin aventurase mucho de su haber, pero si quisiese que probaría antél un poco et quel amostraría lo que ende sabía. Et esto le gradesció el rey mucho et paresciol que segund estas palabras, que non podía haber y ningún engaño. E estonce fizo traer las cosas que quiso, et eran cosas que se podían fallar, et entre las otras mandó traer una pella de tabardíe. Et todas las cosas que mandó traer non costaban más de dos o tres dineros. Et desque las trajieron et las fundieron antel rey salió peso de una dobla de oro fino. Et desque el rey vió de cosa que costaba dos o tres dineros, salía una dobla, fué muy alegre et tóvose por el más bien andante caballero del mundo, et dijo al golfín que esto facía, que cuidaba el rey que era muy buen homne et que fisiese más.
Et el golfín respondiol como si non sopiese nada de aquello:
—Señor, cuanto yo desto sabía, todo vos lo he mostrado, et de allí adelante vos lo faredes tan bien como yo; pero, conviene que sepades una cosa, que qualquier destas cosas que mengüe non se podría facer esto oro.
Et desque esto hobo dicho despediose del rey et fuese para su casa.
E el rey probó sin aquel maestro de facer él oro, et dobló la recepta, et salió peso de dos doblas de oro. E otra vez dobló la recepta, et salió peso de cuatro doblas; et así como fué cresciendo la recepta, así salió peso de doblas. E desque el rey vió que él podía facer cuanto oro quisiese, mandó traer tanto daquellas cosas para que pudiese facer mil doblas. Et fallaron todas las otras cosas, mas non fallaron el tabardíe: e desque el rey vió que pues menguaba el tabardíe, que se non podía facer el oro, envió por aquel que se lo mostrara facer, et dijol que non podía facer el oro como solía. Et él preguntol si tenía todas las cosas que él le diera por escripto. Et el rey dijol que sí, mas quel menguaba el tabardíe.
E estonce le dijo el golfín: que por cualquier cosa que menguase que non se podía facer el oro, et así lo había él dicho el primero día.
E estonce preguntó el rey si sabía él do había este tabardíe; e el golfín le dijo que sí.
E entonce le mandó el rey que, pues él sabía do era, que fuese él por ello et trojiese tanto porque pudiese facer tanto cuanto oro quisiese.
E el golfín le dijo que como quier que esto podría facer otro tan bien o mejor que él, si el rey lo fallase por su servicio que iría por ello que en su tierra fallaría ende asaz: e estonce contó al rey lo que podría costar la compra e la despensa, et montó muy grand haber.
Et desque el golfín lo tovo en su poder, fuese su carrera et nunca tornó al rey. Et así fincó el rey engañado por su mal recabdo. Et desque vió que tardaba más de cuanto debía, envió el rey a su casa por saber si sabían dél algunas nuevas. Et non fallaron en su casa cosa del mundo, sinón un arca cerrada: et desque la abrieron, fallaron y un escripto que dicía así:
«Bien creed que non ha en el mundo tabardíe; más, sabet que vos he engañado, et cuando yo vos dicía que vos faría rico, debiérades decir que lo ficiese primero a mi et que me creeríedes.»
E a cabo de algunos días, unos homnes estaban riendo et trebejando et escribían todos los homnes que ellos conoscían, cada uno de cual manera era, et dicían: los ardidos son fulano et fulano, et los ricos fulano et fulano, et los cuerdos fulano et fulano, et así de todas las otras cosas buenas o contrarias.
Et cuando hobieron a escribir los homnes de mal recabdo escribieron y el rey. Et cuando el rey lo sopo, envió por ellos et aseguroles que les non faría ningún mal por ello, et díjoles que porquel escribieron por homne de mal recabdo. Et ellos dijiéronle: que por razón que diera tan grand haber a homne estraño et de quien non tenía ningun recabdo.
Et el rey les dijo que habían errado, et que si viniese aquel que había levado el haber que non fincaría él por homne de mal recabdo. Et ellos le dijieron que ellos non perdían nada de su cuenta, ca si el otro viniese, que sacarían al rey del escripto et que pornían a él.
Et vos, señor conde Lucanor, si queredes que non vos tengan por homne de mal recabdo, non aventuredes por cosa que non sea cierta, tanto de lo vuestro que vos arrepintades, si lo perdierdes por fiuza de haber grand pro seyendo en dubda.
E al conde plogo deste consejo, et fízolo así et fallose dello bien.
Et veyendo don Johán que este ejiemplo era bueno, fízolo escribir en este libro, et fizo estos viesos, que dicen así:
Non aventures mucho la tu riqueza, Por consejo del que ha grand pobreza[26].
EJEMPLO XXI
De lo que contesció a un rey mozo con un muy grant filósofo a qui lo encomendara su padre.
Otra vez fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, en esta guisa:
—Patronio, así acaesció que yo había un pariente a qui amaba mucho, et aquel mi pariente finó et dejó un fijo muy pequeñuelo, et este mozo criélo yo. Et por el grand debdo et grand amor que había a su padre: et otrosí, por la grand ayuda que yo atiendo dél desque sea en tiempo para me la facer, criélo muy bien e sabe Dios quel amo como si fuese mi fijo. Et como quier quel mozo ha buen entendimiento et fío por Dios que será muy buen homne, pero porque la mocedat engaña muchas veces a los mozos et non les deja facer todo lo que más les cumplía, placerme hía, si la mocedat non engañase tanto a este mozo. Et por el buen entendimiento que vos habedes, ruégovos que me digades en que manera podría yo guisar que este mozo ficiese lo que le fuese más aprovechoso para el cuerpo et para la su facienda.
—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—, para que vos fisiésedes en fasienda deste mozo lo que al mío cuidar sería mejor, mucho querría que sopiésedes lo que contesció a un muy grand filósofo con un rey mozo, su criado.
E el conde le preguntó como fuera aquello.
—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—, un rey había un fijo et diolo a criar a un filósofo en que fiaba mucho: et cuando el rey finó, fincó el rey su fijo mozo pequeño. E criolo aquel filósofo hasta que pasó por XV años. Mas, luego que entró en la mancebía, comenzó a despreciar el consejo daquel que lo criara et allegose a otros consejeros de los mancebos et de los que non habían tan grand debdo con él porque mucho ficiesen por lo guardar de daño. Et trayendo su facienda en esta guisa, ante de poco tiempo llegó su fecho a logar que también las maneras et costumbres del su cuerpo como la su facienda era todo muy empeorado. Et fablaban todas las gentes muy mal de como perdía aquel rey mozo el cuerpo et la facienda. E yendo aquel pleito tan a mal, el filósofo que criara el rey se sentía et pesábale ende mucho, non sabía que facer, ca ya muchas veces probara de lo castigar con ruego et con falago et aun maltrayéndolo, et nunca pudo facer y nada, ca la mocedat lo estorbaba todo. Et desque el filósofo vió que por otra manera non podía dar consejo en aquel fecho, pensó esta manera que agora oiredes.
El filósofo comenzó poco a poco a decir en casa del rey que él era el mayor agorero del mundo. Et tantos homnes oyeron esto que lo hobo de saber el rey mozo; et desque lo sopo, preguntó el rey al filósofo, si era verdat que sabía catar agüero tan bien como lo dicían. Et el filósofo, comoquier quel dió a entender que lo quería negar, pero al cabo dijol que era verdat, mas que era mester que homne del mundo non lo sopiese. Et como los mozos son quejosos para saber et para facer todas las cosas, el rey que era mozo quejábase mucho por veer como cataba los agüeros el filósofo: et cuanto el filósofo más lo alongaba, tanto había el rey mozo mayor queja de lo saber, et tanto afincó al filósofo que puso con él de ir un día de grand mañana con él a los catar en manera que non lo sopiese ninguno.
Et madurgaron mucho; et el filósofo enderezó por un valle en que había pieza de aldeas yermas: et desque pasaron por muchas vieron una corneja que estaba dando voces en un arbol. Et el rey mostrola al filósofo, et el fizo contenente que la entendía.
Et otra corneja comenzó a dar voces en otro arbol, et amas las cornejas estudieron así dando voces a veces la una et a veces la otra. Et desque el filósofo escuchó esto una pieza, comenzó a llorar muy fieramente et rompió sus paños, et facía el mayor duelo del mundo.
E cuando el rey mozo esto vió, fué muy espantado et preguntó al filósofo: que porque facía aquello. Et el filósofo diol a entender que se lo quería negar. Et desque lo afincó mucho dijol: que más quería seer muerto que vivo, ca non tan solamente los homnes, mas, que aun las aves, entendían ya como por su mal recabdo era perdida toda su tierra et su facienda et su cuerpo despreciado. Et el rey mozo preguntol cómo era aquello.
Et él dijol: que aquellas dos cornejas, habían puesto de casar el fijo de la una con la fija de la otra; et que aquella corneja que comenzara a fablar primero, que decía a la otra, que pues tanto había que era puesto aquel casamiento, que era bien que los casasen. Et la otra corneja dijol, que verdat era que fuera puesto, mas que agora ella era más rica que la otra, et que loado a Dios, que después que este rey regnara, que eran yermas todas las aldeas de aquel valle, et que fallaba ella en las casas yermas muchas culuebras et lagartos, et sapos et otras tales cosas que se crían en los lugares yermos, porque había muy mejor de comer que solía, et por ende que non era estonce el casamiento egual. Et cuando la otra corneja esto oyó, comenzó a reir et respondiol: que dicía poco seso si por esta razón quería alongar el casamiento, que sol que Dios diese vida a este rey, que muy aina sería ella más rica que ella, ca muy aina sería yermo aquel otro valle do ella moraba en que había diez tantas aldeas que en el suyo, et que por esto non había porque alongar el casamiento et por esto otorgaron amas las cornejas de ayuntar luego el casamiento.
E cuando el rey mozo esto oyó, pesol ende mucho, et comenzó a cuidar como era su mengua en yermar así lo suyo. Et desque el filósofo vió el pesar et el cuidar que el rey mozo tomaba, et que había sabor de cuidar en su facienda, diol muchos buenos consejos en guisa que en poco tiempo fué su facienda toda enderezada, tan bien de su cuerpo, como de su regno.
Et vos, señor conde, pues criades este mozo, et querríades que se enderezase su facienda, catad alguna manera que por ejiemplos o por palabras maestradas et falagueras le fagades entender su facienda, mas por cosa del mundo non derrangedes con él castigandol nin maltrayendol cuidandol enderezar; ca la manera de los más de los mozos es tal, que luego aborrecen al que los castiga, et mayormente si es homne de grand guisa, ca liévanlo a manera de menosprecio, non entendiendo cuanto lo yerran; ca non ha tan buen amigo en el mundo como el que castiga el mozo porque non faga su daño, mas ellos non lo toman así, sinón por la peor manera. Et por aventura caería tal desamor entre vos e él, que ternía daño a entramos para adelante.
E al conde plogo mucho deste consejo que Patronio le dió, et fízolo así et fallose ende bien.
Et porque don Johán se pagó mucho deste ejiemplo fízolo poner en este libro, et fizo estos viesos, que dicen así:
Non castigues al mozo maltrayendo, Mas dile comol vaya placiendo[27].
EJEMPLO XXII
De lo que contesció al león et al toro.
Fablaba otra vez el conde Lucanor con Patronio, su consejero, et dijole así:
—Patronio, yo he un amigo muy poderoso et muy honrado, et comoquier que fasta aquí nunca fallé en él sinón buenas obras, agora dícenme que me non ama tan derechamente como solía, et aunque anda buscando maneras porque sea contra mí. Et yo estó agora en grandes dos cuidados: el uno es, porque me he recelo, que si él entiende que yo tomo dél esta sospecha et que me vo guardando dél, que él otrosí, que fará eso mismo, et que así irá cresciendo la sospecha et el desamor poco a poco fasta que nos hayamos a desavenir. Et por la grant fianza que yo en vos he ruégovos que me consejedes lo que vierdes que más me cumple de facer en esto.
—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—, para que desto vos podades guardar, placerme hía mucho que sopiésedes lo que contesció al león et al toro.
E el conde le rogó quel dijiese como fuera aquello.
—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—, el león et el toro eran mucho amigos, et porque ellos son dos animalias muy fuertes et muy recias, apoderábanse et enseñoreaban todas las otras animalias, ca el león con el ayuda del toro apremiaba todas las animalias que comen carne; et el toro con el ayuda del león apremiaba todas las animalias que pacen la hierba. Et desque todas las animalias entendieron que el león et el toro les apremiaban por el ayuda que se facían el uno al otro, et vieron que por esto les vinía grand premia et grant daño, fablaron todas entre sí qué manera podrían catar para salir desta premia.
Et entendieron; que si ficiesen desavenir al león et al toro, que serían ellos fuera de la premia de que los traían apremiados el león et el toro. Et porque el raposo et el carnero eran más allegados a la privanza del león et del toro que las otras animalias, que trabajasen cuanto pudiesen para meter desavenencia entre ellos. E el raposo e el carnero dijieron que se trabajarían cuanto pudiesen por facer esto que las animalias querían.
Et el raposo que era consejero del león, dijo al oso, que es el más esforzado et más fuerte de todas las bestias que comen carne en pos el león, quel dijiese, que se recelaba que el toro andaba catando manera para le traer cuanto daño pudiese, et que dias habíe que ge lo habían dicho esto, et como quier que por aventura esto non era verdat, pero que parase mientes en ello.
Et eso mismo dijo el carnero, que era consejero del toro, al caballo que es el más fuerte animal que ha en esta tierra de las bestias que pacen hierba.
E el oso et el caballo, cada uno de ellos dijo esta razón al león et al toro. Et como quier que el león et el toro non creyeron esto del todo, aun tomaron alguna sospecha que aquellos que eran los más honrados del su linaje et de su compaña, que ge lo dician por meter mal entrellos, pero con todo eso cayeron en alguna sospecha. Et cada uno dellos fablaron con el raposo et con el carnero, sus privados.
Et ellos dijiéronles: que como quier que por aventura el oso et el caballo les dicían esto por alguna maestría engañosa, que con todo eso, que era bien que fuesen parando mientes en los dichos et en las obras que farían dallí adelante el león et el toro, et segund que viesen, que así podrían facer.
Et ya con esto cayó mayor sospecha entre el león et el toro. Et desque las animalias entendieron que el león et el toro tomaran sospecha el uno del otro, comenzáronles a dar a entender más descubiertamente que cada uno dellos se recelaba del otro, et que esto non podría ser sinón por las malas voluntades que tenían escondidas en los corazones.
Et el raposo et el carnero, como falsos consejeros catando su pro et olvidando la lealtad que habían de tener a sus señores en logar de los desengañar, engañáronlos, et tanto ficieron, fasta que el amor que solía seer entre el león et el toro tornó en muy grand desamor; et desque las animalias esto vieron, comenzaron a esforzar a aquellos sus mayorales fasta que los ficieron comenzar la contienda, et dando a entender cada uno dellos a su mayoral quel guardaba, guardábanse los unos a los otros et facían tornar todo el daño sobre el león et sobre el toro.
E el fin del pleito vino a esto; que como quier que el león fizo más daño et más mal al toro et abajó mucho el su poder et la su honra, pero siempre el león fincó tan desapoderado dallí adelante que nunca pudo enseñorar las otras bestias nin apoderarse dellas como solía, tambien de las de su linaje como de las otras. Et así porque el león et el toro non entendieron que por el amor et por el ayuda que el uno tomaba del otro, eran ellos honrados e apoderados de todas las otras animalias, et non guardaron el amor aprovechoso que habían entre sí, et non se sopieron guardar de los malos consejos que les dieron para salir de su premia et apremiar a ellos, fincaron el león et el toro tan mal de aquel pleito, que así como ellos eran ante apoderados de todos, ansi fueron despues todos apoderados dellos.
Et vos, señor conde Lucanor, guardatvos que estos que en esta sospecha vos ponen contra aquel vuestro amigo, que vos lo non fagan por vos traer a aquello que trojieron las animalias al león et al toro. Et por ende, conséjovos yo, que si aquel vuestro amigo es homne leal et fallastes en él siempre buenas obras et leales et fiades en él como homne debe fiar del buen fijo o del buen hermano, que non creades cosa que vos digan contra él, ante vos consejo, quel digades lo que vos dijieren dél, et él luego vos dirá otrosí lo que dijieren a él de vos. Et faced grant escarmiento en los que esta falsedat cuidaren ordir porque nunca otros se atrevan a lo comenzar otra vegada. Pero si el amigo non fuere desta manera que es dicha, et fuere de los amigos que se aman por el tiempo, o por la ventura, o por el mester, a tal amigo como este, siempre guardat que nunca digades nin fagades cosa por que él pueda entender que de vos se mueve mala sospecha nin mala obra contra él, et dat pasada a algunos de sus yerros; ca por ninguna manera non puede seer que tan grant daño vos venga a deshora de que ante vos veades alguna señal cierta, como sería el daño que vos verníe si vos desaveniésedes por tal engaño et maestría como desuso es dicho; pero, al tal amigo, siempre le dat a entender en buena manera que, así como cumple a vos la su ayuda, que así cumple a él la vuestra; et lo uno faciendol buenas obras et mostrandol buen talante et non tomando sospecha dél sin razón, nin creyendo dicho de malos homnes et dando alguna pasada a sus yerros; et lo al, mostrandol que así cumple a vos la su ayuda que así cumple a él la vuestra. Por estas maneras durará el amor entre vos, et seredes guardados de non caer en el yerro en que cayeron el león et el toro.
E al conde plogo mucho deste consejo, que Patronio le dió, et fízolo et fallose ende bien.
Et entendiendo don Johán, que este ejiemplo era muy bueno, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:
Por falso dicho de homne mintroso Non pierdas amigo aprovechoso[28].
EJEMPLO XXIII
De lo que facen las formigas para se mantener.
Otra vez fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, en esta manera:
—Patronio, loado a Dios, yo so asaz rico, et algunos conséjanme que, pues lo puedo facer que non tome otro cuidado, sinón tomar placer et comer, et beber, et folgar, que asaz he para mi vida, et aunque deje a mios fijos bien heredados. Et por el buen entendimiento que vos habedes, ruégovos que me consejedes lo que vos paresce que debo facer.
—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—, como quier que el folgar et tomar placer es bueno, para que vos fagades en esto lo que es más aprovechoso, placerme hía que sopiésedes lo que fase la formiga para mantenimiento de su vida.
Et el conde le preguntó cómo era aquello: et Patronio le dijo:
—Señor conde Lucanor, ya vos veedes cuanto pequeña cosa es la formiga, et segund razón non debía haber muy grand apercibimiento, pero fallaredes que cada año al tiempo que los homnes cogen el pan, salen ellas de sus formigueros et van a las eras et traen cuanto pan pueden para su mantenimiento et métenlo en sus casas. Et a la primera agua que viene, sácanlo fuera; et las gentes dicen que lo sacan a enjugar, et non saben lo que dicen, ca non es asi la verdat, ca bien sabedes vos que, cuando las formigas sacan la primera vez el pan fuera de sus formigueros, que estonce es la primera agua et comienza el invierno, et pues si ellas cada que lloviese, hobiesen de sacar el pan para lo enjugar, luenga labor ternían, et demás que non podrían haber sol para lo enjugar, ca en el invierno non face tantas vegadas sol que lo pudiesen enjugar.
Mas la verdat porque ellas lo sacan la primera vez que llueve, es esta: ellas meten cuanto pan pueden haber en sus casas una vez, et non catan por al, sinón por traer cuanto pueden. Et desque lo tienen ya en salvo, cuidan que tienen ya recabdo para su vida ese año. Et cuando viene la lluvia et se moja el pan comienza de nacer: et ellas veen que si el pan nace en los formigueros, que en logar de se gobernar dello, que su pan mismo las mataría, et serían ellas ocasión de su daño. Et entonce sácanlo fuera et comen aquel corazón que ha en cada grano de que sale la semiente et dejan todo el grano entero. Et después por lluvia que faga non puede nacer, et gobiérnanse dél todo el año.
Et aun fallaredes, que maguer que tengan cuanto pan les cumple, que cada que buen tiempo face, non dejan de acarrear cualesquier herbízuelas que fallan. E esto facen recelando que les non cumplirá aquello que tienen, et mientra han tiempo non quieren estar de valde nin perder el tiempo que Dios les da, pues se pueden aprovechar dél.
Et vos, señor conde, pues la formiga que es tan mesquina cosa, ha tal entendimiento et face tanto por se mantener, bien debedes cuidar que non es buena razón para ningún homne et mayormente para los que han de mantener grand estado et gobernar a muchos, en querer siempre comer de lo ganado; ca cierto sed, que por grant haber que sea donde sacan cada día et non ponen y nada, que non puede durar mucho, et demás paresce muy grant amortiguamiento et grand mengua de corazón. Mas el mío consejo es este: que si queredes comer et folgar, que lo fagades siempre manteniendo vuestro estado et guardando vuestra honra, et catando, et habiendo cuidado como habredes de que lo cumplades, ca si mucho hobierdes et bueno quisierdes seer, asaz habredes logares en que lo despendades a vuestra honra.
E al conde plogo mucho deste consejo que Patronio le dió, et fízolo así et fallose ende bien.
Et porque don Johán, se pagó deste ejiemplo, fízolo poner en este libro et fizo estos viesos que dicen así:
Non comas siempre lo que has ganado, Vive tal vida que mueras honrado[29].
EJEMPLO XXIV
De lo que contesció a un rey que quería probar a tres sus fijos.
Un día fablaba el conde Lucanor, con Patronio, su consejero, et díjole así:
—Patronio, en la mi casa se crían muchos mozos de los homnes de grand guisa et de los que non lo son tanto, et veo en ellos muchas maneras et muy estrañas. Et por el grand entendimiento que vos habedes, ruégovos que me digades cuanto vos entendedes en qué manera puedo yo conoscer cual mozo recudirá a seer mejor homne.
—Señor conde—dijo Patronio—, esto que me vos decides es muy fuerte cosa de voslo decir ciertamente, ca non se puede saber ciertamente ninguna cosa de lo que es de venir, et por ende non se puede saber et esta cosa que me vos preguntades es por venir ciertamente; mas lo que desto se puede saber, es por señales que parescen en los mozos también de dentro como de fuera; et las que parescen de fuera, son las figuras de la cara, et el donaire, et la color, et el talle del cuerpo, et de los miembros, ca por estas cosas paresce la señal de la complisión de los miembros principales que son el corazón, et el meollo, et el fígado; e como quier que estas son señales non se puede saber lo cierto; ca pocas veces se acuerdan todas las señales a una cosa, ca si las unas señales muestran lo uno, muestran las otras el contrario; pero a lo más, segund son estas señales, asi recuden las obras.
Et las más ciertas señales, son las de la cara, et señaladamente las de los ojos, et otrosí el donaire, ca muy pocas veces fallescen estas. Et non tengades que el donaire se dice por seer homne fermoso en la cara, nin feo, ca muchos homnes son pintados et fermosos, et non han donaire de homne, et otros parescen feos, que han buen donario para seer homnes apuestos.
Et el talle del cuerpo et de los miembros, muestra señal de la complisión et paresce si debe seer valiente o lijero; et las tales cosas muestra el talle del cuerpo et de los miembros, non muestra ciertamente cuales deben seer las obras, et con todo esto estas son señales, et pues digo señales, digo cosa non cierta, ca la señal siempre es cosa que paresce por ella lo que debe seer, mas non es cosa forzada que sea asi en toda guisa. Et estas son las señales de fuera que siempre son muy dudosas para conoscer lo que vos me preguntades. Mas para conoscer los mozos por las señales de dentro que son ya cuanto más ciertas, placerme hía que sopiésedes como probó una vez un rey moro a tres fijos que había, por saber cual dellos sería mejor homne.
E el conde le rogó quel dijiese como fuera aquello.
—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—, un rey moro había tres fijos: et porque el padre puede facer que regne cual fijo de los suyos él quisiere, después que el rey llegó a la vejez, los homnes buenos de su tierra pidiéronle por merced que les señalase cual daquellos sus fijos quería que regnase en pos él. Et el rey díjoles que dende a un mes gelo diría.
Et cuando vino a ocho o a dies días, una tarde dijo al fijo mayor, que otro día de grand mañana quería cabalgar et que fuese con él. E otro día, vino el infante mayor al rey, pero non tan mañana como el rey, su padre, dijiera. Et desque llegó, dijol el rey, que se quería vestir et quel ficiese traer los paños. E el infante dijo al camarero que trojiese los paños, e el camarero preguntó, que cuales paños quería. E el infante tornó al rey et preguntó, que cuales paños quería. E el rey díjole que el aljuba, et él tornó al camarero et díjole que el aljuba quería el rey. Et el camarero le preguntó que cual almexía quería, et el infante tornó al rey a gelo preguntar. Et asi fizo por cada vestidura que siempre iba et vinía por cada pregunta fasta que el rey tovo todos los paños. Et vino el camarero, et lo vistió et lo calzó.
Et desque fué vestido et calzado, mandó el rey al infante que ficiese traer el caballo, et él dijo al que guardaba los caballos del rey quel trojiese el caballo, et el que los guardaba, díjole: que cual caballo traería: et el infante tornó con esto al rey, et así fizo por la siella, et por el freno, et por la espada, et por las espuelas; et por todo lo que había mester para cabalgar, por cada cosa fué preguntar al rey.
E desque todo fué guisado, dijo el rey al infante: que non podía cabalgar, et que fuese él andar por la villa et que parase mientes a las cosas que vería porque lo sopiese retraer al rey.
E el infante cabalgó, et fueron con él todos los honrados homnes del rey et del regno, et iban y muchas trompas et atabales et otros estrumentos. E el infante andido una pieza por la villa, et desque tornó al rey, preguntol quel parescía de lo que viera. Et el infante díjole: que bien le parescía sinón quel facían muy grant roido aquellos estrumentos.
Et a cabo de otros días mandó el rey al fijo mediano que veniese a él otro día de mañana: et el infante fízolo así. Et el rey fizo todas las pruebas que ficiera al infante mayor, su hermano, et el infante fízolo, et dijo bien como el hermano mayor.
Et a cabo de otros días, mandó al infante menor, su fijo, que fuese con él de grand mañana. Et el infante madurgó ante que el rey despertase, et esperó fasta que despertó el rey: et luego que fuese despierto entró el infante et homillósele con la reverencia que debía. Et el rey mandol que ficiese traer de vestir. Et el infante preguntol que paños quería, et en una vez le preguntó por todo lo que había de vestir et de calzar, et fué por ello et trájogelo todo. Et non quiso que otro camarero lo vestiese nin lo calzase sinón él, dando a entender que se ternía por de buena ventura si el rey, su padre, tomase placer o servicio de lo que él pudiese facer, et pues su padre era, que razón et aguisado era de le facer cuantos servicios et homildades pudiese.
Et desque el rey fué vestido et calzado, mandó al infante quel ficiese traer el caballo. Et el preguntole cual caballo quería, et con cual siella, et con cual freno, et con cual espada, et por todas las cosas que eran menester paral cabalgar, et quien quería que cabalgase con él, et así por todo cuanto cumplía. Et desque todo lo fizo, non preguntó por ello más de una vez, et trájolo et aguisolo como el rey lo había mandado.
Et desque todo fué fecho, dijo el rey, que non quería cabalgar, mas que cabalgase él et quel contase lo que viese. Et el infante cabalgó et fueron con él todos como ficieron con los otros sus hermanos; mas él ni ninguno de sus hermanos, nin homne del mundo, non sabíe nada de la razón porque el rey facía esto.
Et desque el infante cabalgó, mandó quel mostrasen toda la villa de dentro, et las calles et do tenía el rey sus tesoros, et cuantas podían seer las mezquitas, et toda la nobleza do la villa de dentro et las gentes que y moraban. Et despues salió fuera et mandó que saliesen allá todos los homnes de armas, de caballo et de pie, et mandoles que trebejasen et le mostrasen todos los juegos de armas et de trebejos, et vió los muros, et las torres, et las fortalezas de la villa. Et desque lo hobo visto, tornose paral rey, su padre.
Et cuando tornó era ya muy tarde. Et el rey le preguntó de las cosas que había visto. Et el infante le dijo: que si a él non pesase, que él diría lo quel parescía de lo que había visto. Et el le mandó so pena de la su bendición, quel dijiese lo quel parescía. Et el infante le dijo: que como quier que él era muy buen rey, quel parescía que non era tan bueno como debía, ca si lo fuese, pues había tan buena gente et tanta, et tan grand poder et tan grand haber, que si por él non fincase, que todo el mundo debía ser suyo.
E al rey plogo mucho deste denuesto que el infante le dijo.
Et cuando vino el plazo a que había de dar repuesta a los de la tierra, díjoles que aquel fijo les daba por rey.
Et esto fizo por las señales que vió en los otros et las que vió en este. Et como quier que más quisiera cualquier de los otros para rey, non tovo por aguisado de lo facer por lo que vió en los unos et en el otro.
Et vos, señor conde, si queredes saber cual mozo será mejor, parat mientes a estas tales cosas, et así podredes entender algo et por aventura lo más de lo que ha de ser a los mozos.
E al conde plogo mucho de lo que Patronio le dijo.
Et porque don Johán tovo este por buen ejiemplo, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos, que dicen así:
Por obras et maneras podrás conoscer A los mozos cuales deben lo más seer.
EJEMPLO XXV
De lo que contesció al conde de Provencia, cómo fué librado de la prisión por el consejo que le dio Saladín.
El conde Lucanor fablaba una vez con Patronio, su consejero, en esta manera:
—Patronio, un mío vasallo, me dijo el otro día que quería casar una su parienta, et que así como él era tenudo de me consejar lo mejor que él pudiese, que me pidía por merced quel consejase en esto lo que entendía que era más su pro, et díjome todos los casamientos quel traían. Et porque este es homne que yo querría que lo acertase muy bien, et yo sé que vos sabedes mucho de tales cosas, ruégovos que me digades lo que entendedes en esto porquel yo pueda dar tal consejo que se falle él bien dello.
—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—, para que podades bien consejar a todo homne que haya de casar su parienta, placerme hía mucho que sopiésedes lo que contesció al conde de Provencia con Saladín que era soldán de Babilonia.
E el conde Lucanor le rogó quel dijiese cómo fuera aquello.
—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—, un conde hobo en Provencia que fué muy buen homne et deseaba mucho facer en guisa porquel hobiese Dios merced al alma et ganase la gloria del Paraiso, faciendo tales obras que fuesen a grand su honra et del su estado. Et para que esto pudiese complir, tomó muy grant gente consigo, et muy bien aguisada, et fuese para la Tierra Sancta de Ultramar, poniendo en su corazón que, por que quier que le pudiese acaescer, que siempre sería homne de buena ventura, pues le vinía estando él derechamente en servicio de Dios. Et porque los juicios de Dios son muy maravillosos et muy ascondidos, et Nuestro Señor, tiene por bien de tentar muchas veces a los sus amigos, pero si aquella temptación saben sofrir, siempre Nuestro Señor guisa que torne el pleito a honra et a pro de aquel a quien tienta; et por esta razón tovo Nuestro Señor por bien de temptar al conde de Provencia et consentió que fuese preso en poder del Soldán.
Et como quier que estaba preso, sabiendo Saladín la su grant bondat del conde, facíale mucho bien et mucha honra, et todos los grandes fechos que había de facer, todos los facía por su consejo. Et tan bien le consejaba el conde et tanto fiaba dél el Soldán que, como quier que estaba preso, que tan grand logar et tan grand poder había, et tanto facían por él en toda la tierra de Saladin, como farían en la suya misma.
E cuando el conde se partió de su tierra, dejó una fija muy pequeñuela. Et el conde estudo tan grand tiempo en la prisión que era ya su fija en tiempo para casar: et la condesa su mujer et sus parientes enviaron decir al conde, cuantos fijos de reis et otros grandes homnes la demandaban por casamiento.
Et un día cuando Saladin vino a fablar con el conde, desque hobieron acordado aquello porque Saladín alli viniera, fabló con él el conde en esta manera:
—Señor, vos me facedes a mi tanta merced et tanta honra et fiades tanto de mi que me ternía por muy buena ventura si vos lo podiese servir. Et pues vos señor, tenedes por bien que vos conseje yo en todas las cosas que vos acaescen, atreviéndome a la vuestra merced et fiando del vuestro entendimiento, pidovos por merced que consejedes en una cosa que me acaesció.
E el Soldán gradescio esto mucho al conde, et dijol quel consejaría muy de grado, et aún quel ayudaría muy de buena mente en quequiera quel cumpliese.
E entonce le dijo el conde de los casamientos quel movían para aquella su fija et pidiol por merced quel consejase con quien la casaría.
Et Saladin respondió así:
—Conde, yo sé que tal es el vuestro entendimiento, que en pocas palabras que vos homne diga entendredes todo el fecho. Et por ende vos quiero consejar en este pleito segund lo que yo entiendo. Yo non conosco todos estos que demandan vuestra fija, qué linaje o qué poder han, o cuáles son en los sus cuerpos o cuánta vecindat han con vusco, o qué mejoría han los unos de los otros, et por ende non vos puedo en esto consejar ciertamente; mas, el mio consejo es este: que casedes vuestra fija con homne.
E el conde ge lo tovo en merced et entendió muy bien lo que aquello quería decir. Et envió el conde decir a la condesa su mujer, et a sus parientes el consejo que el Soldán le diera, et que sopiesen de cuantos homnes fijosdalgo había en todas sus comarcas, de que maneras et de que costumbres, et cuales eran en los sus cuerpos, et que non catasen por su riqueza nin por su poder, mas, quel enviasen por escripto decir qué tales eran en si los fijos de los reyes et de los grandes señores que la demandaban et que tales eran los otros homnes fijosdalgo que eran en las comarcas.
Et la condesa et los parientes del conde se maravillaron desto mucho, pero ficieron lo quel conde les envió mandar, et posieron por escrito todas las maneras et costumbres buenas et contrarias que habían todos los que demandaban la fija del conde et todas las otras condiciones que eran en ellos. Et otrosí, escribieron cuales eran en si los otros homnes fijosdalgo que eran en las comarcas, et enviáronlo todo contar al conde.
Et desque el conde vió este escrito, mostrolo al Soldán: et desque Saladin lo vió, como quier que todos eran muy buenos, falló en todos los fijos de los reyes et de los grandes señores, en cada uno algunas tachas en seer mal acostumbrados en comer o en beber, o en seer sañudos, o apartadizos, o de mal recebimiento a las gentes et pagarse de malas compañas, o embargados de su palabra, o alguna otra tacha de muchas que los homnes pueden haber. Et falló que un fijo de un rico homne que non era de muy grand poder, que segund lo que parescía dél en aquel escripto, que era el mejor homne et el más complido, et más sin ninguna mala tacha de que él nunca oyera fablar. Et desque esto oyó el Soldán consejó al conde que casase su fija con aquel homne, ca entendió, que, comoquier que aquellos otros eran más honrados et más fijosdalgo, que mejor casamiento era aquel et mejor casaba el conde su fija con aquel que con ninguno de los otros en que hobiese una mala tacha, cuanto más si hobiese muchas, et tovo, que más de preciar era él homne por las sus obras que non por su riqueza, nin por nobleza de su linaje.
E el conde envió mandar a la condesa et a sus parientes que casasen su fija con aquel que Saladin le mandara. Et como quier que se maravillaron mucho ende, enviaron por aquel fijo de aquel rico homne et dijiéronle lo quel conde les envió mandar. Et el respondió: que bien entendía que el conde era más fijodalgo, et más rico, et más honrado que él, pero que si él tan grand poder hobiese que bien tenía que toda mujer sería bien casada con él, et que esto que fablaban con él, si lo dicían por non lo facer, que tenía que le facían muy grand tuerto et quel querían perder de balde. Et ellos dijieron, que lo querian facer en toda guisa, et contáronle la razón en como el Soldán consejara al conde, quel diese su fija ante que a ninguno de los fijos de los reyes nin de los otros grandes señores, señaladamente porquel escogiera por homne. E desque él esto oyó entendió que fablaban verdaderamente en el casamiento et tovo que, pues Saladín lo escogiera por homne, et le ficiera allegar a tan grand honra, que non sería él homne, si non ficiese en este fecho lo que pertenescía.
E dijo luego a la condesa et a los parientes del conde, que si ellos querían que creyese él que ge lo dicían verdaderamente, quel apoderasen luego de todo el condado et de todas las rentas, pero non los dijo ninguna cosa de lo que él habia pensado de facer. E a ellos plugo de lo que él les dicía et apoderáronle luego de todo. E él tomó muy grand haber, et en grant poridat armó pieza de galeas et tovo muy grand haber guardado. Et desque esto fué fecho mandó guisar sus bodas para un día señalado.
Et desque las bodas fueron fechas muy ricas et muy honradas, en la noche, cuando se hobo de ir para su casa do estava su mujer, ante que se echasen en la cama, llamó a la condesa et a sus parientes et díjoles en grant poridat, que bien sabien que el conde le escogiera entre otros muy mejores que él, et que lo ficiera porque el Soldán le consejara, que casase su fija con homne, et pues el Soldán et el conde tanta honra le ficieran e lo escogieran por homne, que tenía él que non era homne, si non ficiese en esto lo que pertenescía; et que se quería ir et que les dejaba aquella doncella con qui él había de casar, et el condado, que él fiaba por Dios, que él le enderecería por que entendiesen las gentes que facía fecho de homne.
Et luego que esto hobo dicho cabalgó et fuese en buena ventura. Et enderezó al regno de Armenia, et moró y tanto tiempo fasta que sopo muy bien el lenguaje en todas las maneras de la tierra. Et sopo como Saladín era muy cazador.
Et él tomó muchas buenas aves, et muchos buenos canes et fuese para Saladín, et partió aquellas sus galeas et puso una en cada puerto, et mandoles que nunca se partiesen dende fasta quél gelo mandase.
Et desque él llegó al Soldán, fué muy bien recebido, pero non le besó la mano nin le fizo ninguna reverencia de las que homne debe facer a su señor. Et Saladín mandol dar todo lo que hobo mester, et él gradesciógelo mucho, mas non quiso tomar dél ninguna cosa et díjole que non viniera tomar nada dél; mas, por cuanto bien oyera decir dél, que si él por bien toviese, que queria vevir algun tiempo en la su casa por aprender alguna cosa de cuanto bien había en él et en las sus gentes; et por que sabía que el Soldán era muy cazador que le traía muchas aves et muy buenas, et muchos canes, et si la su merced fuese que tomase ende lo que quisiese, et con lo quel fincaria a él, que mandaría con él a caza, et le faría cuanto servicio pudiese en aquello et en al. E esto le gradescio mucho Saladín, et tomó lo que tovo por bien de lo que él traía, mas por ninguna guisa nunca pudo guisar que el otro tomase dél ninguna cosa, nin le dijiese ninguna cosa de su facienda, nin hobiese entrellos cosa porque él tomase ninguna carga de Saladín porque fuese tenido de lo guardar. Et así andido en su casa un grand tiempo.
Et como Dios acarrea cuando su voluntad es las cosas que El quiere, guisó que alcanzaron los falcones a unas gruas. Et fueron matar la una de las gruas a un puerto de la mar do estaba la una de las galeas que el yerno del conde y pusiera. Et el Soldán que iba en muy buen caballo et él en otro alongáronse tanto de las gentes que ninguno dellos non vió por do iban. Et cuando Saladín llegó do los falcones estaban con la grua, descendió mucho aina por los acorrer. Et el yerno del conde que vinía con él de quel vió en tierra llamó a los de la galea.
Et el Soldán que non paraba mientes sinón por cebar sus falcones, cuando vió la gente de la galea en derredor de sí, fué muy espantado. E el yerno del conde metió mano a la espada et dió a entender quel quería ferir con ella. Et cuando Saladín esto vió, comenzose a quejar mucho diciendo, que esto era muy grand traición. Et el yerno del conde le dijo: que non lo mandase Dios, que bien sabía él que nunca le tomara por señor, nin quisiera tomar nada de lo suyo, nin tomar dél ningún encargo porque hobiese razón de lo guardar, mas que sopiese, que Saladín había fecho todo aquello.
Et desque esto hobo dicho, tomolo et metiolo en la galea, et de que lo tovo dentro, contol como él era el yerno del conde, et que era aquel que él escogiera, entre otros mejores que él por homne et pues él por homne lo escogiera que bien entendía que non fuera él homne si esto non ficiera; et quel pidía por merced, quel diese su suegro por que entendiese que él consejo que él le diera, que era bueno et verdadero, et que se fallaba bien dél.
E cuando Saladín esto oyó, gradesció mucho a Dios, et plogol más porque acertó en el su consejo, que sil hobiera acaescido otra pro o otra honra por grande que fuese. Et dijo al yerno del conde que ge lo daría muy de buena mente.
Et el yerno del conde fió en el Soldán, et sacolo de la galea et fuese con él. Et mandó a los de la galea que se alongasen del puerto tanto que non los pudiesen veer ningunos que y llegasen.
Et el Soldán et el yerno del conde cebaron muy bien sus falcones. Et cuando las gentes y llegaron, fallaron a Saladín mucho alegre. Et nunca dijo a homne del mundo nada de cuanto le había contescido.
Et desque llegaron a la villa, fué luego descender a la casa do estaba el conde preso et levó consigo al yerno del conde. Et desque vió al conde, comenzol a decir con muy grand alegría:
—Conde, mucho gradesco a Dios por la merced que me fizo en acertar tan bien como acerté en el consejo que vos dí en el casamiento de vuestra fija. Evad aquí vuestro yerno que vos ha sacado de prisión.
E entonce le contó todo lo que su yerno había fecho, e la lealtad et el grand esfuerzo que ficiera en lo prender et en fiar luego en él.
Et el Soldán et el conde et cuantos esto sopieron, loaron mucho el entendimiento et el esfuerzo et la lealdad del yerno del conde, et gradescieron mucho a Dios porque quiso guisar de lo traer a tan buen acabamiento.
E entonce dió el Soldán muchos dones et muy ricos al conde et a su yerno; et por el enojo que el conde tomara en la prisión diol dobladas todas las rentas que el conde pudiera levar de su tierra en cuanto estudo en la prisión et enviol muy rico et muy bien andante para su tierra.
Et todo este bien vino al conde por el buen consejo que el Soldán le dió, que casase su fija con homne.
Et vos señor conde Lucanor, pues habedes a consejar aquel vuestro vasallo en razón del casamiento de aquella su parienta, consejalde; que la principal cosa que cate en el casamiento, que sea aquel con quien la hobiere de casar buen homne en sí; ca si esto non fuere, por honra, nin por riqueza, nin por fidalguía que haya, nunca puede ser bien casada. Et debedes saber, que el homne con bondad acrecenta la honra, et alza su linaje, et acrecenta las riquezas. Et por seer muy fidalgo e muy rico, si bueno non fuere, todo sería mucho aina perdido. Et desto, vos podría dar muchas fazañas de muchos homnes de grand guisa que les dejaron sus padres muy ricos et mucho honrados et pues, non fueron tan buenos como debían, fué en ellos perdido el linaje et la riqueza, et otros de grand guisa et de pequeña que por la grant bondad que hovieron en si, acrescentaron mucho en sus honras et en sus faciendas en guisa que fueron muy más loados et más preciados por lo que ellos ficieron et por lo que ganaron, que aun por todo su linaje. E asi entendet que todo el pro et todo el daño nasce et viene de cual el homne es en si, de cualquier estado que sea. Et por ende la primera cosa que se debe catar en el casamiento es, cuales maneras, et cuales costumbres, et cual entendimiento, et cuales obras ha en si el homne o la mujer que ha de casar, et esto seyendo primero catado, dende en adelante, cuanto el linaje es más alto, et la riqueza mayor, et la apostura más complida et la vecindat más acerca et más aprovechosa, tanto es el casamiento mejor.
E al conde plogo mucho destas razones que Patronio le dijo, et tovo que era verdat todo así como él le decía.
Et veyendo don Johan que este ejiemplo era muy bueno fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:
Qui homne es, faz todos los provechos: Qui non lo es, mengua todos los fechos[30].
EJEMPLO XXVI
De lo que contesció al arbol de la Mentira.
Un día fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero et díjole así:
—Patronio, sabet que estó en muy grand queja et en grand roido con unos homes que me non aman mucho: et estos homes son tan revoltosos et tan mintrosos que nunca otra cosa facen, sinón mentir a mi et a todos los otros con quien han de facer o de librar alguna cosa. Et las mentiras que dicen, sábenlas tan bien apostar et aprovéchanse tanto dellas, que me traen a muy grand daño, et ellos apodéranse mucho et han las gentes muy fieramente contra mi; et aun creed que, si yo quisiese obrar por aquella manera, que por aventura lo sabría facer tan bien como ellos, mas porque yo sé que la mentira es de mala manera, nunca me pagué della. Et agora, por el buen entendimiento que vos habedes, ruégovos que me consejedes que manera tome con estos homnes.
—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—para que vos fagades en esto lo mejor et más a vuestra pro, placerme hia mucho que sopiésedes lo que contesció a la Verdat e a la Mentira.
E el conde le rogó quel dijiese cómo fuera aquello.
—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—la Mentira et la Verdat ficieron su compañía en uno, et de que hobieron estado así un tiempo, la Mentira que es acuciosa, dijo a la Verdat, que sería bien que pusiesen un arbol de que hobiesen fructa et pudiesen estar a la su sombra cuando ficiese calentura. Et la Verdat, como es cosa llana et de buen talante, dijo quel placía.
Et de que el arbol fué puesto et comenzó a nacer, dijo la Mentira a la Verdat que tomase cada una dellas su parte de aquel arbol. Et a la Verdat plogol con esto. Et la Mentira dandol a entender con razones coloradas et apuestas que la raiz del arbol es la cosa que da la vida et la mantenencia al arbol, et que es mejor cosa et más aprovechosa, consejó la Mentira a la Verdat que tomase las raices del arbol que están so tierra et ella que se aventuraría a tomar aquellas ramiellas que habían de salir et estan sobre tierra, comoquier que era muy grand peligro porque estaba a ventura de tajarlo o follarlo los homnes o roerlo las bestias o tajarlo las aves con las manos et con los picos o secarle la grant calentura o quemarle el grant hielo, et que de todos estos periglos non había a sufrir ningunos la raiz.
Et cuando la Verdat oyó todas estas razones, porque non hay en ella muchas maestrías et es cosa de grant fianza et de grand creencia, fiose en la Mentira su compañera, et creó que era verdat lo quel dicía et tovo que la Mentira le consejaba que tomase muy buena parte, et tomó la raiz del arbol et fué con aquella parte muy pagada. Et cuando la Mentira esto hobo acabado, fué mucho alegre por el engaño que había fecho a su compañera diciendol mentiras fermosas et apostadas.
E la Verdat metiose so tierra para vevir do estaban las raíces, que eran la su parte, et la mentira fincó sobre tierra do viven los homnes et andan las gentes et todas las otras cosas. Et como es ella muy falaguera en poco tiempo fueron todos muy pagados della. Et el su arbol comenzó a crecer et a echar muy grandes ramos et muy anchas fojas que facían muy fermosa sombra et parescieron en él muy apuestas flores de muy fermosas colores et muy pagaderas a parescencia.
Et desque las gentes vieron aquel arbol tan fermoso, ayuntávanse muy de buena mente a estar cabo dél, et pagábanse mucho de la su sombra et de las sus flores tan bien coloradas, et estaban y siempre las más de las gentes, et aún los que se fallaban por los otros logares dicían los unos a los otros que, si querían estar viciosos et alegres, que fuesen estar a la sombra del arbol de la Mentira.
Et cuando las gentes eran ayuntadas so aquel arbol, como la Mentira es muy falaguera et de grand sabiduría, facía muchos placeres a las gentes et amostrábales de su sabiduría: et las gentes pagábanse de aprender de aquella su arte mucho. Et por esta manera tiró a sí todas las más gentes del mundo, ca mostraba a los unos mentiras senciellas, et a los otros más sotiles mentiras dobladas, et a otros muy más sabios mentiras trebles.
Et debedes saber que la mentira senciella es cuando un homne dice a otro: «don Fulano, yo faré tal cosa por vos» et él miente de aquello quel dice. Et la mentira doble, es cuando face juras et homenajes et rehenes et da otros por si que fagan todos aquellos pleitos, et en faciendo estos seguramientos, ha él ya pensado et sabe manera como todo esto tornará en mentira et en engaño. Mas, la mentira treble que es mortalmente engañosa, es la quel miente et le engaña diciendol verdat.
Et desta sabiduría tal, había tanta en la Mentira et sabíala tan bien mostrar a los que se pagaban de estar a la sombra del su arbol, que les facía acabar por aquella sabiduría lo más de las cosas que ellos querían, et non fallaban ningún homne que aquella arte non sopiese, que ellos non le trojiesen a facer toda su voluntad, lo uno por la fermosura del arbol et lo al con la gran arte que de la Mentira aprendían. E deseaban mucho las gentes estar a aquella sombra et aprender lo que la Mentira les amostraba.
E la Mentira estaba mucho honrada, et muy preciada et mucho acompañada de las gentes et el que menos se llegaba a ella et menos sabía de la su arte, menos le preciaban todos et aún él mismo se preciaba menos.
Et estando la Mentira tan bien andante, la lazdrada et despreciada de la Verdat estaba ascondida so tierra, et homne del mundo non sabía della parte, nin se pagaba della, nin la quería buscar. Et ella veyendo que non le había fincado cosa en que se pudiese mantener sinón aquellas raices del arbol que eran su parte, la cual le consejara tomar la Mentira con mengua de otra vianda, hóbose a tornar a roer et a tajar et a gobernarse de las raices del arbol de la Mentira. Et como quier que el arbol tenía muy buenas ramas et muy anchas fojas que facían muy grand sombra et muchas flores de muy apuestas colores ante que pudiesen levar fructo, fueron tajadas todas sus raices, ca las hobo a comer la Verdat, pues non había al de que se gobernar.
Et desque las raices del arbol de la Mentira fueron todas tajadas et estando la Mentira a la sombra del su arbol con todas las gentes que aprendían de la su arte, vino un viento et dió en el arbol, et porque las sus raices eran todas tajadas fué muy ligero de derribar et cayó sobre la Mentira et quebrantola de muy mala manera, et todos los que estaban aprendiendo de la su arte fueron todos muertos et muy mal feridos, et fincaron muy mal andantes.
Et por el lugar do estaba el tronco del arbol salió la Verdat que estaba escondida, et cuando fué sobre la tierra, falló que la Mentira et todos los que a ella se allegaron eran muy mal andantes et se fallaron muy mal de cuanto aprendieron et usaron del arte que aprendieron de la Mentira.
Et vos, señor conde Lucanor, parat mientes que la mentira ha muy grandes ramos, et las sus flores que son los sus dichos et los sus pensamientos et los sus falagos son muy placenteros, et páganse mucho dellos las gentes, pero todo es sombra et nunca llega a buen fructo. E por ende si aquellos vuestros contrarios usan de las sabidurías et de los engaños de la mentira, guardatvos dellos cuanto pudierdes et non querades seer su compaño en aquella arte nin hayades envidia de la su buena andanza que han por usar del arte de la mentira, ca cierto seed que poco les durará, et non pueden haber buena fin, et cuando cuidaren seer más bien andantes estonce les fallecerá así como fallesció el arbol de la Mentira a los que cuydaban estar muy bien andantes a su sombra; mas, aunque la verdat sea menospreciada abrazatvos bien con ella et preciadla mucho, ca cierto seed que por ella seredes bien andante et habredes buen acabamiento et ganaredes la gracia de Dios porque vos dé en este mundo bien et mucha honra paral cuerpo et salvamiento paral alma en el otro.
E al conde plogo mucho deste consejo que Patronio le dió et fízolo así et fallose ende bien.
Et entendiendo don Johan que este ejiemplo era muy bueno fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:
Seguid verdat por la mentira foir, ca su mal cresce quien usa de mentir.
EJEMPLO XXVII
De lo que contesció a un Emperador et a don Alvarhañez Minaya con sus mujeres.
Fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, un día et díjole así:
—Patronio, dos hermanos que yo he son casados entramos et viven cada uno dellos muy desvariadamente el uno del otro, ca el uno ama tanto aquella dueña con qui es casado, que avés podemos guisar con él que se parta un día del lugar onde ella es, et non faz cosa del mundo sinón lo que ella quiere et si ante non gelo pregunta. Et el otro, en ninguna guisa non podemos con él que un día la quiera veer de los ojos, nin entrar en casa do ella sea. Et porque yo he grand pesar desto, ruégovos que me digades alguna manera por que podamos y poner consejo.
—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—segund esto que vos decides, entramos vuestros hermanos andan muy errados en sus faciendas; ca el uno, nin el otro non debían mostrar tan grand amor nin tan grand desamor como muestran a aquellas dueñas con qui ellos son casados; mas, comoquier que ellos yerran, por aventura es por las maneras que han aquellas sus mujeres: et por ende querría que sopiésedes lo que contesció al Emperador Fradrique et a don Alvarfañez Minaya con sus mujeres.
E el conde le preguntó como fuera aquello.
—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—, porque estos ejiemplos son dos et non vos los podría entramos decir en uno, contarvoshe primero lo que contesció al Emperador Fradrique, et después contarvoshe lo que contesció a don Alvarhanez.
—Señor conde, el Emperador Fradrique, casó con una doncella de muy alta sangre segund le pertenescía; mas de tanto, non le acaesció bien, que non sopo ante que casase con aquella las maneras que había.
Et después que fueron casados, comoquier que ella era muy buena dueña et muy guardada en el su cuerpo, comenzó a seer la más brava, et la más fuerte, et la más revesada cosa del mundo; así que, si el Emperador quería comer, ella dicía que quería ayunar, et si el Emperador quería dormir, queriese ella levantar, et si el Emperador querie bien a alguno, luego ella lo desamaba. ¿Que vos diré más? Todas las cosas del mundo en que el Emperador tomaba placer, en todas daba ella a entender que tomaba pesar, et de todo lo que el Emperador facía, de todo facía ella el contrario siempre.
Et desque el Emperador sufrió esto un tiempo, et vió que por ninguna guisa non la podía sacar desta entención por cosa que él nin otros le dijiesen, nin por ruegos, nin por amenazas, nin por buen talante, nin por malo quel mostrase, et vió que el pesar et la vida enojosa que había de sofrir quel era tan grand daño para la su facienda et para las sus gentes que non podía y poner consejo; et de que esto vió, fuese paral Papa et contol la su facienda, también de la vida que pasaba, como del grand daño que vinía a él et a toda la tierra por las maneras que había la Emperadriz; et quisiera muy de grado, si podría seer, que los partiese el Papa. Mas, vió que segund la ley de los cristianos non se podían partir, et otrosí que en ninguna manera non podían vevir en uno por las malas maneras que la Emperadriz había, et sabía el Papa que esto era así.
Et desque otro cobro no podieron fallar, dijo el Papa al Emperador: que este fecho, que lo acomendaba él al entendimiento et a la sotileza del Emperador, ca él non podía dar penitencia ante que el pecado fuese fecho.
Et el Emperador partiose del Papa et fuese para su casa, et trabajó por cuantas maneras pudo, por falagos, et por amenazas, et por consejos, et por desengaños, et por cuantas maneras él et todos los que con él vivian pudieron asmar para la sacar de aquella mala entención, mas todo esto non tovo y pro, que cuanto más le dicían que se partiese de aquella manera, tanto más facía ella cada día todo lo revesado.
Et de que el Emperador vió que por ninguna guisa esto non se podía enderezar, dijol un día: que él quería ir a la caza de los ciervos et que llevaría una partida de aquella hierba que ponen en las saetas con que matan los ciervos, et que dejaria lo al para otra vegada, cuando quisiese ir a caza, et que se guardase que por cosa del mundo non pusiere de aquella hierba en sarna, nin en postiella, nin en lugar donde saliese sangre; ca aquella hierba era tan fuerte que non había en el mundo cosa viva que non matase. Et tomó de otro ungüento muy bueno et muy aprovechoso para cualquier llaga et el Emperador untose con él antella en algunos lugares que non estaban sanos. Et ella et cuantos y estaban vieron que guarescia luego con ello. Et díjole que, si le fuese mester, que de aquel pusiese en cualquier llaga que hobiese. Et esto le dijo ante pieza de homes et de mujeres. Et de que esto hobo dicho, tomó aquella hierba que había menester para matar los ciervos et fuese a su caza así como había dicho.
Et luego que el Emperador fué ido, comenzó ella a ensañarse et a embravecer et comenzó a decir:
—¡Veed el falso del Emperador, lo que me fué decir! Porque él sabe que la sarna que yo he, non es de tal manera como la suya, díjome que me untase con aquel ungüento que se él untó, por que sabe que non podría guarescer con él, mas de aquel otro ungüento bueno con que él sabe que guarescería, dijo, que non tomase dél en guisa ninguna; mas por le facer pesar yo me untaré con él et cuando él viniere fallarme ha sana. Et so cierto que en ninguna cosa non le podría facer mayor pesar, et por esto lo faré.
E los caballeros et las dueñas que con ella estaban, trabaron mucho con ella que lo non ficiese, et comenzáronle a pedir merced muy fieramente llorando que se guardase de lo facer, ca cierta fuese, si lo ficiese, que luego sería muerta.
Et por todo esto non lo quiso dejar: Et tomó la hierba et untó con ella las llagas. Et a poco rato comenzol a tomar la rabia de la muerte, et ella repintiérase si pudiera, mas ya non era tiempo en que se pudiese facer. Et murió por la manera que había porfiosa et a su daño.
Mas, a don Alvarhanez contesció al contrario desto, et porque lo sepades todo como fué, contarvos he como acaesció:
Don Alvarhanez era muy buen homne et muy honrado et pobló a Yxcar et moraba y. Et, el conde don Pero Ansurez pobló a Cuellar et moraba en ella. Et el conde don Pero Ansurez había tres fijas.
Et un día estando sin sospecha ninguna entró don Alvarhanez por la puerta: et al conde don Pero Ansurez plogo mucho con él. Et desque hobieron comido preguntol, que porque vinía tan sin sospecha. Et don Alvarhanez dijol: que vinía por demandar una de sus fijas para con que casase, mas que quería que gelas mostrase todas tres et quel dejase fablar con cada una dellas et despues que escogeria cual quisiese. Et el conde veyendo quel facía Dios mucho bien en ello, dijo: quel placía mucho de facer cuanto don Alvarhanez le dicía.
Et don Alvarhanez apartose con la fija mayor et dijol que: si a ella ploguiese, que quería casar con ella, pero ante que fablase más en el pleito, quel quería contar algo de su facienda, e que sopiese lo primero que él non era muy mancebo et que por las muchas heridas que hobiera en las lides en que se acertara, quel enflaqueciera tanto la cabeza que por poco vino que bibiese, quel facie perder luego el entendimiento; et de que estaba fuera de su seso que se asañaba tan fuerte que non cataba lo que dicía; et que a las vegadas firía a los homes en tal guisa que se repentía mucho después que tomaba a su entendimiento; et aun, cuando se echaba a dormir, desque yacía en la cama, que facía y muchas cosas, que non empecería nin migaja si más limpias fuesen. Et destas cosas le dijo tantas que toda mujer quel entendimiento non hobiese muy maduro, se podría tener dél por non muy bien casada.
Et de que esto lo hobo dicho, respondiol la fija del conde: que este casamiento non estaba en ella sinón en su padre et en su madre.
Et con tanto, partiose de don Alvarhanez et fuese para su padre.
Et de que el padre et la madre le preguntaron qué era su voluntad de facer; e porque ella non fué de muy buen entendimiento como lo era mester, dijo a su padre et a su madre: que tales cosas le dijiera don Alvarhanez que ante quería seer muerta que casar con él.
Et el conde non le quiso decir esto a don Alvarhanez, mas dijol que su fija, que non había entonce voluntad de casar.
E fabló don Alvarhanez con la fija mediana: et pasaron entre él et ella las rasones bien así como con el hermana mayor.
Et despues fabló con el hermana menor et dijol todas aquellas cosas que dijiera a las otras sus hermanas.
Et ella respondiol: que gradescía mucho a Dios que don Alvarhanez quería casar con ella, et en lo quel dicía quel facía mal el vino, que si por aventura le cumpliese por alguna cosa de estar apartado de las gentes por aquello quel dicía o por al, que ella lo encubriría mejor que ninguna otra persona del mundo; et a lo que dicía que él era viejo, que cuanto por esto non partiría ella el casamiento, que cumplíale a ella del casamiento el bien et la honra que había de ser casada con don Alvarhanez; et de lo que dicía que era muy sañudo et que firía a las gentes, que cuanto por esto, non facía fuerza, ca nunca ella le faría porque la firiese, et si lo ficiese que lo sabría muy bien sofrir.
Et a todas las cosas que don Alvarhanez le dijo, a todas le sopo tan bien responder que don Alvarhanez fué muy pagado, et gradesció mucho a Dios porque fallara mujer de tan buen entendimiento.
Et dijo al conde don Pero Ansurez que con aquella quería casar: e al conde plogo mucho ende. Et ficieron ende sus bodas luego. E fuese con su mujer luego en buena ventura. E esta dueña había nombre doña Vascuñana.
Et despues que don Alvarhanez llevó a su mujer a su casa, fué ella tan buena dueña et tan cuerda que don Alvarhanez se tovo por bien casado della et tenía por razón que se ficiese todo lo que ella queríe.
Et esto facía él por dos razones: la primera, porque fizo Dios a ella tanto bien, que tanto amaba a don Alvarhanez et tanto presciaba el su entendimiento, que todo lo que don Alvarhanez dicía et facía, que todo tenía ella verdaderamente que era lo mejor; et placíale mucho de cuanto dicía et de cuanto facía, et nunca en toda su vida contralló cosa que entendiese que a él placía. Et non entendades que facía esto por le lisonjar, nin por le falagar, mas facíalo porque verdaderamente creía et era su entención que todo lo que don Alvarhanez quería, et dicía, et facía, que en ninguna guisa non podría ser yerro, nin lo podría otro ninguno mejorar. Et lo uno por esto, que era el mayor bien que podría seer, et lo al porque ella era de tan buen entendimiento et de tan buenas obras que siempre acertaba en lo mejor; et por estas cosas amábala et preciábala tanto don Alvarhanez que tenía por razón de facer todo lo que ella querie, ca siempre ella quería et le consejaba lo que era su pro et su honra. Et nunca tovo mientes por talante, nin por voluntad, que hobiese de ninguna cosa, que ficiese don Alvarhanez sinón lo que a él más le pertenescía, et que era más su honra et su pro.
Et acaesció, que una vez seyendo don Alvarhanez en su casa, que vino a él un su sobrino que vivía en casa del rey, et plogol mucho a don Alvarhanez con él. Et desque hobo morado con don Alvarhanez algunos días, dijol un día: que era muy buen homne et muy complido et que non podía poner en él ninguna tacha sinón una. Et don Alvarhanez preguntol, que cual era. Et el sobrino dijol que non fallaba tacha quel poner sinón que facía mucho por su mujer et la apoderaba mucho en toda su facienda. Et don Alvarhanez respondiol: que a esto, que dende a pocos días, le daría ende la respuesta.