MANUEL PADILLA DÁVILA
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Fué el cantor de las cosas apacibles, de las ideas melancólicas, de los afectos tiernos y de las purezas del alma. Sin ser un místico en la acepción más propia de esta palabra, era el que mejor sentía y expresaba las dulzuras de la fe entre todos los poetas de su tiempo.
Nació en Toa Baja, el año 1847. Niño aún, fué á vivir con su familia á Vega Baja, donde cursó las asignaturas de la enseñanza elemental, y estudió Matemáticas en las cátedras de esta ciencia que sostenía en San Juan la Sociedad económica de amigos del país. Graduado de agrimensor, volvió á su villa natal en donde se instruyó en el arte poético con el trato frecuente de su ilustre tio el doctor Padilla.
Á la edad de 18 años escribía ya versos muy delicados y armoniosos á las flores, á las mariposas, á las avecillas canoras y de gracioso plumaje, al amanecer y á todo lo que producía gratas impresiones en su alma seráfica y sencilla. Después, cuando le hirieron las espinas de la realidad, lloró poéticamente, con ternura exquisita, mirando hacia el cielo de donde lo esperaba todo.
Dotado de sensibilidad extraordinaria, se entristecía y se alegraba con facilidad suma, según sus impresiones de momento. En sus penas y desengaños solía sufrir rápidos eclipses de la esperanza, pero nunca de la fe. Era un creyente sincero, y en sus composiciones de carácter religioso alcanzaba con frecuencia mayor elevación poética que en las mundanas.
Su estilo, por lo general, era sencillo, claro y candoroso; su versificación esmerada, y sus pensamientos de una intachable pulcritud. Sus versos eran especialmente leídos y estimados entre las damas.
Fué laureado en un certamen del Ateneo Portorriqueño, y obtuvo el primer premio de Fe en un brillante concurso de Juegos Florales, celebrado en San Juan.
Falleció en 31 de Octubre de 1898 cuando el pleno desarrollo y madurez de sus facultades hacía esperar de él otros brillantes triunfos.
Dejó manuscrito un libro que contiene sus poesías, y á él pertenecen las que se insertan á continuación:
LA FLOR DE LA ESPERANZA
—Mariposa gentil de la pradera, Linda ramilletera, Tu cestillo ¿qué flores atesora? —Las que ofrece la dulce Primavera, Y esmalta placentera Con sus líquidas perlas el Aurora. —¿Llevarás por ventura entre esas flores Una cuyos primores Ninguna flor á poseer alcanza? —Dadme de ella más claros pormenores. —Es símbolo de amores... Y se llama "La flor de la Esperanza." —¡Ay, señor! En el campo de mi vida Brotó esa flor querida Para encanto y placer de mi existencia; Mas un insecto en hora maldecida Con maldad fementida Le dió la muerte por libar la esencia. —Yo también, infeliz ramilletera, De distinta manera Perdí esa flor que lloro todavía, Y en vano al retomar la Primavera Busco por dondequiera La hermosa flor de la esperanza mía.
SURSUM CORDA
Verdinegras montañas, Sierras azules, Donde agitan las nieblas Sus blancos tules; Colinas pintorescas, Undosas faldas, Donde la luz acopia Sus esmeraldas; Llanura que en las costas Del mar te pierdes, Al soplo de las brisas En ondas verdes, ¡Ah! cuando os veo, Santa fe me reanima Y en mi Dios creo. Fuente, donde la luna Sus rayos quiebra Y el aura sus amores Grata celebra; Sierpe de acero y plata Sonante río, Manantial que no corres, Lago sombrío; Mar donde el pensamiento Libre campea, Y el numen se agiganta Y el alma ojea, ¡Ah! cuando os miro Siempre de Dios me acuerdo Y á Dios admiro. Gruta, bóveda agreste Y hospitalaria, Donde tiende su manto La parietaria: Gruta, mansión un tiempo De algas marinas, Y hoy morada de abejas Y golondrinas, Tú eres el templo augusto Donde mi alma Al Eterno sus preces Eleva en calma, Tú el santo abrigo Donde ante Dios me postro Y á Dios bendigo. Sol, lámpara divina, Siempre brillando, Ilumina mi templo Que estoy orando; Pájaros de la selva, Vuestras canciones Armonicen y lleven Mis oraciones; Y tú, mar, impetuoso, Bravo elemento, El rumor de tus olas Une á mi acento, Y en tus mareas Dile á mi Dios conmigo: "¡Bendito seas!"