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Tres Comedias

SIN QUERER

Reading edition

ACTO ÚNICO

Escena Primera

Luisa, la Doncella y después Pepe

Doncella. ¡Señorita Luisa, señorita Luisa!

Luisa. ¿Ha subido?

Doncella. Sí.

Luisa. ¿Por la escalera de servicio? ¿No le ha visto nadie?

Doncella. Por la escalera de servicio. ¡Cómo se conoce que la señorita no está acostumbrada a estas cosas!... ¡Para llamar más la atención!...

Luisa. Es verdad; los porteros le conocen; y sobre todo, con que[3.1] papá no le vea... Corre, que pase,[3.2] y ten mucho cuidado; en cuanto salga mi tío de hablar con papá, nos avisas[3.3]...

Doncella. Descuide usted.

Luisa. Y no vayas a decir a nadie...

Doncella. ¡Señorita! Porque me haya usted oído[3.4] contar más de cuatro cosas que ha visto una[3.5]... Tratándose de usted[3.6] ya sé que esto no será ninguna trapisonda, aunque lo parezca.

Luisa. Por supuesto... Ya lo sabrás... Anda, no hagas ruido al pasar[3.7] por el gabinete. (Sale la doncella. A poco entra Pepe.)

Pepe. ¡Luisita!

Luisa. ¡Chist! No digas nada, no levantes la voz, no te muevas... Tenemos que hablar; siéntate. No dejes el sombrero, no fumes... ¡Uf, qué humo! No dejes ahí el cigarro. Siéntate, hombre,[4.1] siéntate. Ya supondrás[4.2] por qué te he llamado de esta manera...

Pepe. Sí; supongo...

Luisa. No supones, lo sabes... Sabes que mi padre y el tuyo conferencian en este momento.

Pepe. ¿En este momento?

Luisa. Sí. Se han encerrado en el despacho. Y era urgente, preciso, que nosotros nos viéramos antes a solas, con toda libertad, para ponernos de acuerdo... Nuestros padres deciden allí; pretenden decidir de nuestro porvenir, disponer de nuestro corazón[4.3]... Ya estás enterado; quieren casarnos.

Pepe. Sí; papá siempre me estaba diciendo: «Las bodas deben hacerse en familia; hay más probabilidades de acertar... En nuestra familia hay excelentes muchachas; debes fijarte en una de tus primas.» Pero la verdad, como sois veintitantas en la familia... era imposible fijarse...

Luisa. Papá estaba siempre con la misma canción; pero como el único primo casadero de la familia eres tú, cuando papá me decía: «Debes casarte con uno de tus primos», ya sabía yo que el primo eras tú. Comprende que hay mucha diferencia de[4.4] poder escoger entre veintitantas a[4.4] no tener dónde escoger... Pero aparte de eso, la idea de nuestros padres es ridícula. ¿Por qué nos hemos de[4.5] casar nosotros? ¿Me quieres tú a mí? ¿Te quiero yo a ti? Es decir, nos queremos... así, como buenos parientes... y eso es lo malo; mejor sería que no nos quisiéramos nada; yo creo que me sería más fácil quererte mucho de pronto no habiéndote querido nunca nada... Pero pensar ahora: «¡Ea!, voy a quererle más, debo quererle más.» ¿Por qué voy a quererte hoy más de lo que te quería ayer? Y, francamente, queriéndote hoy como te quería ayer, es un disparate que piensen que nos casemos mañana.

Pepe. Sí, es expuesto.

Luisa. Y vamos a ver, ¿qué te ha dicho tu padre? Supongo que antes de decidirse a hablar con el mío seriamente te habrá dicho[5.1] algo.

Pepe. Me ha dicho lo que me dice siempre que se enfada conmigo, cuando le pido dinero, cuando paga mis cuentas: «Ya es hora de que[5.2] acaben las locuras.» Papá llama locuras a las cuentas de 500 pesetas para arriba... Ya ves, ésas son locuras del sastre, del camisero... «Es preciso que pienses en casarte...»

Luisa. Eso es; cuando el señorito da guerra en casa...

Pepe. Y tu padre, ¿cuándo piensa casarte a ti?

Luisa. ¡Ay! Siempre que nos toca el turno del Real[5.3] y le obligo a dejar su partida de tresillo. Lo que es[5.4] las noches de tercer turno,[5.5] no le importaría[5.6] verme casada con cualquiera. Y en papá se comprende ese afán... Viudo, con sus ocupaciones... Yo no puedo soportar a las ayas, ni a las señoras de compañía; así es que vivo sacrificada, porque papá sólo se presta a acompañarme al teatro Real; eso sí, las noches que cantan La Walkyria ¡me da una lástima!

Pepe. Sí, tú, la verdad, sola con tu padre desde muy niña,[5.7] ya debías haberte casado...

Luisa. ¿Ya? No dirás tú como papá, que me estoy pasando...

Pepe. ¡Qué disparate!

Luisa. No; es que como me pusieron de largo muy pronto, porque di un estirón a los catorce años, la gente cree que tengo más edad. Pero tú sabes...

Pepe. ¡Ay, si lo sé![6.1] Soy un viejo comparado contigo.

Luisa. Viejo, no; pero no estás para[6.2] perder el tiempo. Nuestros padres tienen razón; debemos casarnos; pero cada uno por su lado. ¿No te parece? No es que yo sea romántica (en toda mi vida habré leído dos novelas), ni que yo sueñe con ideales, ni con príncipes encantados; pero estas bodas, arregladas en familia, me parecen bodas de interés, de conveniencia... Un poco de poesía nunca está de más... Sobre todo, que[6.3] nosotros[6.4] se puede decir que no nos conocemos. ¿Qué sabes tú de mí? ¿Qué sé yo de ti? Ni me ha importado nunca saberlo. ¿Sabes siquiera si yo he tenido algún novio?

Pepe. No, que yo sepa, y hemos ido juntos alguna vez a bailes y hemos pasado juntos todo un verano.

Luisa. Pues entonces tenía yo novio, ya ves, y ni siquiera te enteraste; eso prueba lo que te importaba.

Pepe. ¡Ah, sí, aquel majadero!... ¿Cómo había de importarme?[6.5]

Luisa. Pues si me hubieras querido como pariente siquiera, debía haberte importado que yo tuviera relaciones con un majadero.

Pepe. Estaba seguro de que[6.6] tienes demasiado talento para conocerlo y no casarte con él...

Luisa. Muchas gracias, pero sigues equivocado; estaba enamoradilla[6.7] de él, y él de mí, no se diga;[6.8] ¡y si vieras cuando un hombre se enamora de verdad, qué difícil es distinguir a un majadero de un hombre de talento!...

Pepe. No es verdad; un tonto no puede querer como una persona de talento, ni se le puede querer lo mismo.

Luisa. ¿Por qué no? Mira, a las mujeres lo que nos halaga es que por nuestro cariño se transformen los hombres en otros. El cariño es siempre revolucionario, y para el caso lo mismo da que diga la gente: «Fulanito,[7.1] que era tan simple, cómo se va avispando[7.2] desde que usted le quiere.» O que diga: «Menganito, un hombre de tanto talento, ¡qué tonterías[7.3] hace desde que se ha enamorado de usted!» Por eso yo no me casaría con un santo... ¿Qué iba yo a cambiar[7.4] en un santo? Pero un hombre, así... algo extraviado... que se dejara convertir poco a poco. ¡Qué bonito! Querer a un hombre, casarse con él y, al poco tiempo, que aquel hombre sea otro hombre...

Pepe. Un marido de gran espectáculo, con mutaciones.[7.5]

Luisa. Ahí tienes lo que me parece imposible contigo: porque tú no eres bueno ni malo, no tienes grandes defectos ni grandes virtudes. ¿Estoy equivocada?

Pepe. ¡Quién sabe, quién sabe!

Luisa. No; me parece[7.6] que contigo no hay sorpresas...

Pepe. ¡Quién sabe, quién sabe!

Luisa. ¿De veras? ¿No eres lo que pareces?

Pepe. ¡Quién sabe, quién sabe!

Luisa. ¡Ay! No seas pesado; dime ese secreto...

Pepe. Si yo no tengo secretos;[7.7] digo, ¡quién sabe!, porque yo no sé nada.

Luisa. Pero tú, ¿no has querido nunca?

Pepe. Alguna vez.

Luisa. ¿Novia formal?[7.8]

Pepe. No, muy loca.

Luisa. Digo,[7.9] pensando en casarte.

Pepe. Pensándolo mucho.

Luisa. ¿Y por qué la dejaste?

Pepe. Porque me enteré de que quería a otro.

Luisa. Entonces di que la que te dejó fue ella.

Pepe. No, ella no quería dejarme; estaba también por las mutaciones, pero por otro sistema.

Luisa. ¿Y sentiste mucho aquel desengaño?

Pepe. ¡Ya lo creo! Fue cuando pasé aquella temporada en París para distraerme.

Luisa. Sí, es verdad. Vaya, vaya, pareció[8.1] la novelita.

Pepe. Cuando tío Ramón fue a buscarme, comisionado por papá, porque le habían dicho que yo tenía allí amores.

Luisa. ¡Qué gracioso! Con una francesa... Y tío Ramón, quieras que no,[8.2] te trajo de una orejita...[8.3]

Pepe. A mí, no; adoptó el sistema más práctico, se la trajo a ella... En el teatro Japonés la tienes[8.4] cantando.

Luisa. ¡Pobrecito! Todas te dejan... Debes tener el corazón destrozado...

Pepe. No lo creas, fortalecido. Mis equivocaciones en la vida han sido engaños, no desengaños, y no me han entristecido ni me han vuelto desconfiado siquiera. Mi corazón está abierto de par en par.

Luisa. Esperando el cariño soñado, el ideal... ¿No es eso?

Pepe. Yo nunca he creído que el cariño..., el amor, en el lenguaje poético, sea la felicidad por sí solo; nos lleva dulcemente de la mano hasta la entrada; pero después el camino es penoso, y el amor, débil niño, tiene que transformarse en algo más serio, más fuerte, para seguir adelante, en deber, en sacrificio...

Luisa. Está muy bien eso que dices... ¡Primera sorpresa!

Pepe. ¡Bah! Tantas sorpresas podía[9.1] darte, y tú a mí, y los dos a nosotros mismos... ¿Qué sabemos de la vida? ¿Cómo nos han educado? Con el sistema de los padres en España: de considerar a los hijos siempre como chiquillos; yo, en mi casa, soy siempre Pepito; tú, Luisita, siempre para tu padre: dos chiquillos de quien[9.2] sólo se espera alguna travesura, de quien nada se toma en serio; nuestros caprichos, más o menos discutidos, satisfechos siempre; niños mimados por nuestros padres, mal dispuestos a ser maltratados por los demás en la vida. Cuando empecemos a vivir por nosotros mismos, pecaremos de osados o de tímidos; no sabremos ir con la tranquila seguridad que da la confianza en sí mismo, porque nuestros padres nos han dicho: «No seas así», o «Debes ser así»; pero «Así eres», nunca. Yo no sé cómo soy, y a ti te pasará lo mismo.

Luisa. Tienes mucha razón. No nos enseñan a conocernos. Y ahora, porque a nuestros padres se les antoja que todo se quede en casa,[9.3] porque nos juzgan además incapaces de elegir por nosotros mismos, nos dicen, sin más ni más, «a casaros», y, de buenas a primeras, novios un par de meses, y asunto concluido, y después desgraciados para toda la vida... Si no estuviéramos de acuerdo para oponernos... Yo te confieso que no seré la primera en decir que no; tú debes ser quien...

Pepe. Me opondré.

Luisa. Dices que soy muy buena, muy bonita, todo lo que quieras; pero que no soy la mujer soñada... Tú tendrás tu ideal, como todo el mundo. A propósito, ¿cómo es tu ideal?

Pepe. ¿Mi ideal? ¿Para mujer propia? Vas a reírte.

Luisa. ¿Rubia? ¿Morena? ¿Alta? ¿Bajita?

Pepe. No lo sé. Va vestida de gris; es lo único que puedo decirte.

Luisa. ¡Qué chifladura!

Pepe. Como en un cromo inglés que vi hace muchos años: una de esas escenas plácidas de pintura inglesa; una muchacha vestida de gris, que preparaba el pudding de Navidad, y a su lado, sentado, un joven, el esposo o el prometido, y alrededor unos gatos, y en el fondo unos viejos leyendo la Biblia; y al otro lado, por una puerta abierta a un jardín, unos niños muy rubios, jugando. Había no sé qué en aquel cromo, la escena, el color, un tono general que lo envolvía todo,[10.1] el color de la dicha a que puede aspirarse en este mundo.

Luisa. ¿Color de rosa?

Pepe. No, agrisado; un tono muy dulce; la dicha que se sueña, sí[10.2] es de color de rosa; la que puede lograrse, la de la vida, es siempre gris, el color de la melancolía resignada, de la tristeza bondadosa que sonríe y perdona y ama.

Luisa. Yo tengo un vestido gris, no sé si será de ese tono exacto; me lo pondré un día para parecerme a tu cromo inglés, digo, a tu ideal; será en lo único que[10.3] me parezca.

Pepe. Y yo, ¿qué he de hacer para parecerme a tu ideal?...

Luisa. ¿A mi marido ideal? ¡Ay! Yo sé perfectamente cómo no ha de ser; pero cómo ha de ser no sabría decirlo.

Pepe. ¿Y cómo no ha de ser?

Luisa. De muchos modos. No creas, los defectos grandes no me asustan tanto como los pequeños, esos defectillos que hasta parecen gracias y son los más peligrosos para la intimidad de toda la vida. Por ejemplo: yo tengo una amiga que se ha casado con un muchacho ejemplar, un modelo, todo el mundo lo dice; pues el otro día estuvieron aquí de visita, y por un solo detalle me atrevo a pronosticar que no serían[11.1] felices. Verás, parece una tontería; el marido le dijo a su mujer: «Merceditas, llevas un descosido.» Y se lo dijo de un modo que indicaba que en aquel matrimonio el marido sería siempre el primero que viera los descosidos.

Pepe. ¡Qué gracioso!

Luisa. Es que aquello sólo indicaba un cambio de papeles muy antipático. ¿Pues qué me dices cuando en un matrimonio es el marido el que tiene que advertir que se gasta mucho? ¡Qué cosa más fea cuando la mujer está[11.2] a todas horas: «Yo compraría esto, yo tendría esto otro»; y el marido: «Que[11.3] la vida es muy cara, que no podemos gastar tanto!...» En cambio, ¿hay nada más bonito para una mujer que, sin pedir nunca nada, verse obsequiada por su marido de cuando en cuando con cualquier regalito, y, disimulando mal la alegría, reprenderle cariñosa:[11.4] «¿Por qué has comprado esto? No estamos para gastos; te habrán llevado un dineral, y es de muy buen gusto», aunque sea un mamarracho y sepamos que le ha costado tres pesetas?

Pepe. Sabes mucho...

Luisa. Es mi sistema con papá, y así consigo que siempre me esté regalando, algunas veces cosas horribles; pero ¡líbreme Dios de decírselo! Y lo mismo haría con mi marido. Hay mujeres tan mal educadas que cambian en las tiendas los regalos que las traen sus pobrecitos maridos, tan ufanos, creyéndolos del mejor gusto... Tú dirás que en qué cosas me fijo[11.5] y a qué detalles doy importancia...

Pepe. No, no; estamos conformes... Yo también doy mucha importancia a los detalles... y pienso como tú...

Luisa. Así comprenderás que no estaba dispuesta a casarme contigo, ni con nadie, sólo por complacer[12.1] a papá.

Pepe. Ni yo contigo; puedes creerlo.

Luisa. Creían, porque a ellos les conviniera[12.2]... Afortunadamente, verán que los dos estamos de acuerdo, y no habrá desaire por parte de ninguno.

Pepe. Por mi parte, nunca lo hubiera habido;[12.3] me hubiera presentado aquí como novio por no contrariar[12.4] a papá, y hubiera hecho todo lo posible por parecerte mal.

Luisa. Pues hubiera sido un noviazgo famoso, porque yo pensaba también parecerte insoportable.

Pepe. Afortunadamente, has tenido una gran idea; después de esta entrevista...

Luisa. ¿No era lo mejor? Hablar claro, hablando se entiende la gente; ya lo has visto: hablando aquí, a solas, sin fingimientos, dejándonos llevar de la conversación sin querer...

Pepe. Y sin querernos... he descubierto que tengo una prima encantadora.

Luisa. Y yo que tengo un primo muy simpático y muy razonable, que piensa como yo en muchas cosas de la vida.

Pepe. Es que piensas muy bien en todo.

Luisa. De manera que nuestros padres, si no consiguen lo que se proponen, han conseguido algo mejor para nosotros: que desde hoy nos estimemos de verdad; cuando antes, a mí, te lo confieso, me eras indiferente, pero[12.5] muy indiferente.

Pepe. Como tú a mí.

Luisa. ¡Y querían casarnos!

Pepe. Ya ves, ¿cómo era posible?

Luisa. Me parece que nunca se habrá descompuesto una boda más amistosamente.

Pepe. De seguro que, casándonos, no estaríamos tan contentos el uno del otro.

Luisa. Ya quisiera yo, si algún día me caso, que mi marido se parezca a ti en algo.

Pepe. Y yo que mi mujer se parezca a ti en todo.

Luisa. ¿De veras?... ¿De qué te ríes?

Pepe. ¿Pero te has fijado en lo que estamos diciendo?

Luisa. ¿Eh?... Pues es verdad. Pero ¡qué tontos! ¡Qué tontos! Ahora resulta que casi nos hemos enamorado el uno del otro.

Pepe. Y que en vista de eso decidimos no casarnos... ¿Qué te parece? Es gracioso...

Luisa. Sí; es gracioso...

Escena II

Dichos y la Doncella

Doncella. ¡Señorita! Su tío de usted sale en este momento del despacho.

Pepe. Ha terminado la conferencia.

Luisa. Y nuestra conspiración. En cuanto baje tu padre la escalera, sales[13.1] por aquí. Papá vendrá en seguida a darme cuenta del resultado de la entrevista. ¡Si supiera!...

Doncella. Han cerrado la puerta de la calle.

Luisa. Pues anda..., vete...

Pepe. Yo quisiera saber, ya que estoy aquí... ¿No podría esperar?...

Luisa. Si papá te ve...

Doncella. Sí, en mi cuarto; venga usted.

Luisa. No, no; si lo ve alguien...

Doncella. Descuide usted, señorita. Diré que ha venido por mí... y lo creerán.

Luisa. Pronto; papá viene.

Doncella. Venga usted... (Salen Pepe y la doncella.)

Escena III

Luisa, D. Manuel y después Pepe

Luisa. ¿Qué tienes, papá? ¿No me contestas? Yo creí que tendrías que hablarme...

Manuel. No.

Luisa. ¿No estaba tío Carlos contigo?

Manuel. Sí.

Luisa. ¿A qué ha venido[14.1] tan temprano?

Manuel. A nada.

Luisa. ¿Estás seguro? Vaya, papá, lo que te sucede es que tienes que decirme muchas cosas y no sabes cómo empezar.

Manuel. No tengo que decirte nada. Y, sobre todo, no vuelvas a mentar a tu tío. ¡Ha muerto para mí!

Luisa. Entonces... mi primo Pepe...

Manuel. Ha muerto también.

Luisa. Te advierto que hoy es turno tercero.

Manuel. ¿Y qué?

Luisa. Nada; que con tanto luto en la familia no me parece bien que vayamos al teatro.

Manuel. ¡Turno tercero! ¡Turno tercero! ¡No me importa! Desde hoy te acompañaré todas las noches al teatro, te divertirás, nos divertiremos. No estés triste, hija mía. ¿Se[15.1] creerá tu tío que no hay más hombre que tu primo?

Luisa. Pero es que...

Manuel. ¡Y por cuestión de intereses! ¡Qué falta de decoro! Cuando yo, haciendo un sacrificio y por tratarse de ellos, te dotaba con mis dos mejores fincas y algo de papel y unos créditos que pueden cobrarse, ¿con qué dirás que se descuelga tu tío? Con que él no se desprende de nada, que os pasará un tanto, pero nada más. Conozco yo los tantos de tu tío: os lo pasaría un mes, ¡viejo avariento!, y después os dejaría morir de hambre. Porque yo os doy lo suficiente para la casa, y el coche, y los viajes de veraneo; pero si él no os da nada no tendréis qué comer. ¿Y cómo vais a vivir sin comer?

Luisa. Es verdad; sin comer y con coche... ¿De modo que habéis regañado?

Manuel. ¡No tienes idea! Le he dicho lo que pensaba de él hace mucho tiempo y del botarate de su hijo[15.2]...

Luisa. Pero, ¿qué sabe Pepe?...

Manuel. Para cuando lo sepa.

Luisa. ¡Ay, papá, estás muy alterado!

Manuel. Es que no puedo con las gentes que todo lo[15.3] sacrifican al interés, como si todo fuera cuestión de dinero en la vida y eso valiera la pena de descomponer una familia. ¡Un tanto! ¡Un tanto! Y el viejo marrullero ni siquiera quería firmar, para no comprometerse a nada. ¿Pensaba que yo iba a casarte sin garantías?

Luisa. Es la moda, papá.

Manuel. No lo eches a broma.

Luisa. Al contrario. Es decir, que vosotros disponéis y os indisponéis cuando os conviene, sin contar para nada con[15.4] nosotros, como si Pepe y yo fuéramos dos chiquillos sin voluntad y sin corazón; ni antes os importaba que no nos quisiéramos, ni ahora que pudiéramos querernos. ¿No es eso?

Manuel. Querrás decirme que estás enamorada de tu primo...

Luisa. Supongamos que lo estuviera.

Manuel. Dejémonos de suposiciones...

Pepe. Sí, dejémonos. Yo estoy enamorado de Luisa.

Manuel. ¡Eh! ¿Qué haces tú aquí? ¿Qué significa esto?

Pepe. Significa que, mientras ustedes hablaban de intereses, nosotros hemos dejado hablar a nuestro corazón; y como hablando, hablando se entiende la gente...

Luisa. Hemos decidido lo contrario de ustedes, casarnos.

Manuel. Así... en media hora. ¡Estáis locos!

Luisa. ¿Qué quiere usted? Media hora de conversación, convenciéndonos de que no debíamos casarnos, nos ha dado a conocer mejor que dos años de relaciones para casarnos.

Pepe. No teníamos por qué fingir...

Luisa. Ni por qué engañarnos.

Pepe. Hemos hablado con franqueza, decididos a no querernos.

Luisa. Y sin querer, sin querer...

Manuel. Eso creéis vosotros. ¡No habréis coqueteado poco! En fin, por mi parte, si os engañáis, y creyendo conoceros a fondo, os conocéis menos que nunca...

Pepe. Ya no es preciso que nos conozcamos más.

Luisa. Ahora nos basta con querernos mucho. (Telón.)

Notes in this chapter

Note 1 · con que 'provided,' 'if only.' The meaning of this conjunction varies according to whether it is followed by the indicative or the subjunctiNote 2 · que pase 'let him come in.' Here que introduces the imperative of the third person; the different uses of que must be carefully distinguisheNote 3 · nos avisas. The present indicative, instead of the future or imperative, for greater vividness.Note 4 · Porque me haya usted oído 'Because you may have heard me.' Porque does not influence the mood of haya; the subjunctive is governed by an ideNote 5 · una. An indefinite subject, indicated in English by 'one,' 'we,' 'you,' 'they,' 'people,' etc., is usually expressed in Spanish by the refleNote 6 · Tratándose de usted 'When you are concerned.' Participial constructions (whether the participle be present or past) are frequently best tranNote 7 · al pasar 'in passing,' 'when you pass.' The common use of al with the infinitive, where English has a dependent clause or the present particNote 8 · hombre. A common form of emphatic address, sometimes to be translated and sometimes to be omitted according to the English context; mujer isNote 9 · Ya supondrás 'Of course you must suppose' (or 'imagine'). The future tense denoting probability is especially prominent in conversation and Note 10 · nuestro corazón. When reference is made to a part of the body common to two or more individuals of a group, or to an object possessed by eacNote 11 · de... a. Correlative prepositions equivalent to 'between... and.'Note 12 · hemos de 'should.' Perhaps no Spanish locution assumes so many shades of meaning as haber de. It may be rendered by any of the large number Note 13 · habrá dicho 'must have told.' The future perfect of probability; cf. [4.2].Note 14 · es hora de que 'it is time that.' Many verbs, adjectives, and nouns require a preposition before an infinitive in Spanish and in English. ThNote 15 · Real (el). A theater in Madrid on the Plaza de Oriente near the Royal Palace; it is subsidized by the government and is devoted to opera.Note 16 · Lo que es 'As for.' A peculiar use of lo que with ser, to be distinguished from its ordinary meanings and from its meanings in exclamations.Note 17 · tercer turno. A term designating one of the sections of season ticket holders at the Teatro Real. One group holds tickets of primer turno, aNote 18 · no le importaría 'he wouldn't mind.' Impersonal verbs occur much more frequently in Spanish than in English, and it is often wise, in translNote 19 · desde muy niña 'since you were very young.' Here muy is correct because, in this context, niña is virtually an adjective; cf. muy hombre, muNote 20 · ¡Ay, si lo sé! 'Indeed I do know it,' 'Of course I know it.' It is not unusual to find si after interjections; cf. ¡vaya si lo sé! Here si, Note 21 · no estás para 'you are not in a position to.' The idiom here has a different meaning from the usual 'be about to.'Note 22 · que. Here elliptical and emphatic; que often occurs at the beginning of a clause, and serves to call attention to what follows, thereby inteNote 23 · nosotros. Note the emphatic position of this word, stressed by the insertion of se puede decir que.Note 24 · ¿Cómo había de importarme? 'How could I have cared?' See note [4.5].Note 25 · Estaba seguro de que 'I was sure that.' See note [5.2].Note 26 · enamoradilla 'slightly in love.' The exact force of certain Spanish augmentatives and diminutives cannot readily be given in English. An effNote 27 · no se diga 'there's no denying it,' 'there's no use talking.' Decir is used in several exclamatory or semi-exclamatory expressions where a dNote 28 · Fulanito... Menganito. Fulano regularly corresponds to So-and-So, John Doe, etc. If a second name is desired, Mengano or Zutano is used. TheNote 29 · cómo se va avispando 'how clever he is getting.' In progressive tenses, ir emphasizes, more strongly than estar, continuity of action.Note 30 · tonterías. Contrary to English usage, abstract nouns are often put in the plural. Translations of such forms are suggested in various ways iNote 31 · ¿Qué iba yo a cambiar...? 'What was I going to change in a saint [if I married one]?' i.e. 'What could I change?' The conditional of poder wNote 32 · de gran espectáculo, con mutaciones. Pepe borrows from theatrical language to describe vividly the kind of husband for whom Luisa professes Note 33 · me parece. See note [5.6].Note 34 · Si yo no tengo secretos 'Why, I haven't any secrets.' Si is often to be translated by 'why,' 'well,' or 'of course,' expressive of surprise Note 35 · formal. Used by Luisa to mean 'real,' 'genuine'; Pepe pretends to take it in its sense of 'serious' or 'sensible.'Note 36 · Digo 'I mean.' See note [6.8].Note 37 · pareció. According to strict rule, the preterit tense may indicate any definite past action, even if it took place only a moment ago. HoweveNote 38 · quieras que no 'whether you like it or not.' The full form is que quieras o que no quieras; que quieras que no and quieras o no quieras are Note 39 · orejita. See note [6.7].Note 40 · la tienes. A frequent conversational substitute for estar, which here would give está cantando.Note 41 · podía. The imperfect indicative sometimes replaces the conditional or the -ra form of the imperfect subjunctive in the conclusion of a condiNote 42 · quien. Note the singular form with a plural antecedent, still found occasionally; quien (from the Latin quem) had no plural until the sixteeNote 43 · que todo se quede en casa 'that it should all remain a family matter.'Note 44 · que lo envolvía todo 'that enveloped it all.' See note [15.3].Note 45 · Sí. The affirmative adverb sí is much used to intensify statements, or to repeat the idea contained in a preceding statement. It is equivaleNote 46 · en lo único que 'the only thing in which.' The word order, although not strictly logical, is correct and even elegant. In expressions contaiNote 47 · serían. Following me atrevo, present, we should expect serán, but serían exemplifies the occasional inaccuracy of everyday speech. Luisa is Note 48 · está. Supply diciendo.Note 49 · que is elliptical; see note [6.3].Note 50 · cariñosa. A predicate adjective modifying the subject; English uses an adverb modifying the verb.Note 51 · que en qué cosas me fijo. This que, not translatable, is required to connect dirás with the following indirect question, and very often joinNote 52 · por complacer. Before an infinitive por ordinarily expresses cause or reason; when substituted for para to indicate purpose, as here, it impNote 53 · porque a ellos les conviniera 'because it might suit them.' See note [3.4].Note 54 · nunca lo hubiera habido 'there never would have been any.' Lo refers to a preceding word, phrase, or idea (in this case to desaire), and is Note 55 · por no contrariar. See note [12.1].Note 56 · pero. Used to reinforce the repetition; cf. mais in French, and the occasional use in English of the word 'and,' which is not unsuitable herNote 57 · sales. See note [3.3].Note 58 · ¿A qué ha venido? 'For what has he come?' 'Why has he come?' This use of a is parallel to its use before an infinitive after venir and otherNote 59 · se. Ethical dative, best omitted in translation; analysis shows that the pronoun contains an idea of advantage, or at least of reference, toNote 60 · del botarate de su hijo 'of his madcap of a son.' In Spanish, as in English, the preposition merely denotes that what follows is appositive.Note 61 · todo lo. When todo precedes a verb of which it is the object, lo also must be used. When todo follows the verb, lo may be used, but is not rNote 62 · sin contar... con. See vocabulary under contar, and see [21.1].
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