LA DAMA DUENDE. (continued 2)
Reading edition
D. Luis.
Mal caballero, villano, Traidor, fementido huésped, Que al honor de quien te estima, Te ampara y te favorece, Sin recato te aventuras,
(Saca la espada.)
Y sin decoro te atreves, Esgrime ese infame acero.
D. Man.
Sólo para defenderme Le esgrimiré, tan confuso De oirte, escucharte y verte, De oirme, verme y escucharme, Que, aunque á matarme te ofreces, No podrás, porque mi vida, Hecha á prueba de crueles Fortunas, es inmortal; Ni podrás, aunque lo intentes, Darme la muerte, supuesto Que el dolor no me da muerte; Que, aunque eres valiente tú, Es el dolor más valiente.
D. Luis.
No con razones me venzas, Sino con obras.
D. Man.
Detente, Sólo hasta pensar si puedo Yo, Don Luis, satisfacerte.
D. Luis.
¿Qué satisfacciones hay, Si así agraviarme pretendes? Si en el cuarto de esa fiera Por esa puerta que tiene Entras, ¿hay satisfacciones A tanto agravio?
D. Man.
Mil veces Rompa esa espada mi pecho, Don Luis, si yo eternamente Supe desta puerta, ó supe Que paso á otro cuarto tiene.
D. Luis.
¿Pues qué haces aquí encerrado Sin luz?
D. Man.
(Ap. ¿Qué he de responderle?) Al criado espero.
D. Luis.
Cuando Yo te he visto esconder, ¿quieres Que mientan mis ojos?
D. Man.
Sí, Que ellos engaño padecen Más que otro sentido.
D. Luis.
Y cuando Los ojos mientan, ¿pretendes Que tambien mienta el oido?
D. Man.
Tambien.
D. Luis.
Todos al fin mienten; Tú sólo dices verdad, Y eres tú solo el que...
D. Man.
Tente, Porque áun ántes que lo digas, Que lo imagines y pienses, Te habré quitado la vida; Y, ya arrestada la suerte, Primero soy yo. Perdonen De amistad honrosas leyes. Y pues ya es fuerza reñir, Riñamos como se debe: Parte entre los dos la luz, Que nos alumbre igualmente; Cierra despues esa puerta, Por donde entraste imprudente, Miéntras que yo cierro estotra; Y agora en el suelo se eche La llave, para que salga El que con la vida quede.
D. Luis.
Yo cerraré la alacena Por aquí con un bufete, Porque no puedan abrirla Por allá cuando lo intenten.
(Levanta el bufete y halla á Cosme.)
Cosme.
(Ap.) Descubrióse la tramoya.
D. Luis.
¿Quién está aquí?
D. Man.
¡Dura suerte Es la mia!
Cosme.
No está nadie.
D. Luis.
Díme, Don Manuel, ¿no es éste El criado que esperabas?
D. Man.
Ya no es tiempo de hablar este. Yo sé que tengo razon; Crêd de mí lo que quisiereis, Que, con la espada en la mano, Sólo ha de vivir quien vence.
D. Luis.
Ea pues, reñid los dos. ¿Qué esperais?
D. Man.
Mucho me ofendes, Si eso presumes de mí. Pensando estoy qué ha de hacerse Del criado, porque echarle Es enviar quien lo cuente, Y tenerle aquí, ventaja, Pues es cierto ha de ponerse A mi lado.
Cosme.
No haré tal, Si ese es el inconveniente.
D. Luis.
Puerta tiene aquesa alcoba A ese pequeño retrete; Ciérrale en él, y estaremos Así iguales.
D. Man.
Bien adviertes.
Cosme.
Para que yo riña, haced Diligencias tan urgentes; Que para que yo no riña, Ocioso cuidado es ese.
(Vase.)
ESCENA XII.
DON MANUEL, DON LUIS.
D. Man.
Ya estamos solos los dos.
D. Luis.
Pues nuestro duelo comience.
(Riñen.)
D. Man.
¡No ví más templado pulso!
D. Luis.
¡No ví pujanza más fuerte!
(Desguarnécesele la espada.)
Sin armas estoy; mi espada Se desarma y desguarnece.
D. Man.
No es defecto del valor; De la fortuna accidente Sí: busca otra espada pues.
D. Luis.
Eres cortés y valiente. (Ap. Fortuna, ¿qué debo hacer En una ocasion tan fuerte, Pues cuando el honor me quita Me da la vida y me vence? Yo he de buscar ocasion, Verdadera ó aparente, Para que pueda en tal duda Pensar lo que debe hacerse.)
D. Man.
¿No vas por la espada?
D. Luis.
Sí, Y como á que venga esperes, Presto volveré con ella.
D. Man.
Presto ó tarde, aquí estoy siempre.
D. Luis.
Adios, Don Manuel, que os guarde.
D. Man.
Adios, que con bien os lleve.
(Vase Don Luis.)
ESCENA XIII.
DON MANUEL; COSME, encerrado.
D. Man.
Cierro la puerta, y la llave Quito porque no se eche De ver que está gente aquí. ¡Qué confusos pareceres Mi pensamiento combaten, Y mi discurso revuelven! ¡Qué bien predije que habia Puerta que paso la hiciese, Y que era de Don Luis dama! Todo, en efecto, sucede Como yo lo imaginé. ¿Mas cuándo desdichas mienten?
Cosme.
(Dentro.) ¡Ah señor! por vida tuya, Que lo que solo estuvieres, Me eches allá, porque temo Que venga á buscarme el duende Con sus dares y tomares, Con sus dimes y diretes, En un retrete que apénas Se divisan las paredes.
D. Man.
Yo te abriré, porque estoy Tan rendido á los desdenes Del discurso, que no hay Cosa que más me atormente.
(Entra Don Manuel donde entró Cosme.)
ESCENA XIV.
DOÑA ÁNGELA, con manto; DON JUAN, que se queda á la puerta del cuarto. — DON MANUEL, COSME, dentro.
D. Juan.
Aquí quedarás en tanto Que me informe y me aconseje De la causa que á estas horas Te ha sacado de esta suerte De casa; porque no quiero Que en tu cuarto, ingrata, entres, Por informarme sin tí De lo que á tí te sucede. (Ap. De Don Manuel en el cuarto La dejo, y por si él viniere, Pondré á la puerta un criado Que le diga que no éntre.)
(Vase.)
D.ª Áng.
¡Ay infelice de mí! Unas á otras suceden Mis desdichas. ¡Muerta soy!
(Salen Don Manuel y Cosme.)
Cosme.
Salgamos presto.
D. Man.
¿Qué temes?
Cosme.
Que es demonio esta mujer, Y que áun allí no me deje.
D. Man.
Si ya sabemos quién es, Y en una puerta un bufete Y en otra la llave está, ¿Por dónde quieres que éntre?
Cosme.
Por donde se le antojare.
D. Man.
Necio estás.
(Ve Cosme á Doña Ángela.)
Cosme.
¡Jesus mil veces!
D. Man.
¿Pues qué es eso?
Cosme.
El verbi gratia Encaja aquí lindamente.
D. Man.
¿Eres ilusion ó sombra, Mujer, que á matarme vienes? Dí, ¿cómo has entrado aquí?
D.ª Áng.
Don Manuel...
D. Man.
Dí.
D.ª Áng.
Escucha, atiende. Llamó Don Luis turbado, Entró atrevido, reportóse osado, Prevínose prudente, Pensó discreto y resistió valiente; Miró la casa ciego, Recorrióla advertido, hallóte, y luégo Ruido de cuchilladas Habló, siendo las lenguas las espadas. Yo, viendo que era fuerza Que dos hombres cerrados, á quien fuerza Su valor y su agravio, Retórico el acero, mudo el labio, No acaban de otra suerte Que con sola una vida y una muerte; Sin ser vida ni alma, Mi casa dejo, y á la oscura calma De la tiniebla fria, Pálida imágen de la dicha mia, A caminar empiezo: Aquí yerro, allí caigo, aquí tropiezo; Y torpes mis sentidos, Prision hallan de seda en mis vestidos. Sola, triste y turbada, Llego de mi discurso mal guiada Al umbral de una esfera, Que fué mi cárcel cuando ser debiera Mi puerto ó mi sagrado. ¿Mas dónde le ha de hallar un desdichado? Estaba á sus umbrales (¡Cómo eslabona el cielo nuestros males!) Don Juan, Don Juan mi hermano... Que ya resisto, ya defiendo en vano Decir quien soy, supuesto Que el haberlo callado nos ha puesto En riesgo tan extraño. ¿Quién crêrá que el callarme haya hecho daño Siendo mujer? Y es cierto, Siendo mujer, que por callar me he muerto. En fin, él esperando A esta puerta estaba ¡ay cielo! cuando Yo á sus umbrales llego, Hecha volcan de nieve, Alpe de fuego. Él á la luz escasa Con que la luna mansamente abrasa, Vió brillar los adornos de mi pecho, (No es la primera traicion que nos han hecho) Y escuchó de las ropas el ruido, (No es la primera que nos han vendido.) Pensó que era su dama, Y llegó mariposa de su llama, Para abrasarse en ella, Y hallóme á mí por sombra de su estrella. ¿Quién de un galan creyera Que, buscando sus celos, conociera Tan contrarios los cielos, Que ya se contentara con sus celos? Quiso hablarme, y no pudo; Que siempre ha sido el sentimiento mudo. En fin, en tristes voces, Que mal formadas anegó veloces Desde la lengua al labio, La causa solicita de su agravio. Yo responderle intento, (Ya he dicho como es mudo el sentimiento.) Y aunque quise, no pude; Que mal al miedo la razon acude, Si bien busqué colores á mi culpa; Mas cuando anda á buscarse la disculpa, O tarde ó nunca llega; Más el delito afirma que le niega. «Ven, dijo, hermana fiera, De nuestro antiguo honor mancha primera; Dejaréte encerrada Donde segura estés y retirada, Hasta que cuerdo y sabio De la ocasion me informe de mi agravio.» Entré donde los cielos Mejoraron, con verte, mis desvelos. Por haberte querido, Fingida sombra de mi casa he sido; Por haberte estimado, Sepulcro vivo fuí de mi cuidado; Porque no te quisiera Quien el respeto á tu valor perdiera; Porque no te estimara Quien su pasion dijera cara á cara. Mi intento fué el quererte, Mi fin amarte, mi temor perderte, Mi miedo asegurarte, Mi vida obedecerte, mi alma hallarte, Mi deseo servirte, Y mi llanto en efecto persuadirte Que mi daño repares, Que me valgas, me ayudes y me ampares.
D. Man.
(Ap. Hidras parecen las desdichas mias Al renacer de sus cenizas frias. ¿Qué haré en tan ciego abismo, Humano laberinto de mí mismo? Hermana es de Don Luis, cuando creia Que era dama. Si tanto (¡ay Dios!) sentia Ofenderle en el gusto, ¿Qué será en el honor? ¡Tormento injusto! Su hermana es: si pretendo Librarla, y con mi sangre la defiendo, Remitiendo á mi acero su disculpa, Es ya mayor mi culpa, Pues es decir que he sido Traidor, y que á su casa he ofendido, Pues en ella me halla. Pues querer disculparme con culpalla, Es decir que ella tiene La culpa, y á mi honor no le conviene. ¿Pues qué es lo que pretendo, Si es hacerme traidor si la defiendo; Si la dejo, villano; Si la guardo, mal huésped; inhumano, Si á su hermano la entrego? Soy mal amigo si á guardarla llego; Ingrato, si la libro, á un noble trato; Si no la libro, á un noble amor ingrato. Pues de cualquier manera Mal puesto he de quedar, matando muera.) No receles, señora; (A Doña Ángela.) Noble soy, y conmigo estás agora.
(Llaman á la puerta.)
Cosme.
Que llaman, señor.
D. Man.
Don Luis Será, que fué por espada. Abre pues.
D.ª Áng.
¡Ay de mí triste! Mi hermano es.
D. Man.
No temas nada, Pues mi valor te defiende. Ponte luego á mis espaldas.
(Pónese Doña Ángela detras de Don Manuel, y abre la puerta Cosme.)
ESCENA XV.
DON LUIS. — DOÑA ÁNGELA, DON MANUEL, COSME.
D. Luis.
Ya vuelvo.—¿Pero qué miro? ¡Traidora!...
(Ve á Doña Ángela, y saca la espada.)
D. Man.
Tened la espada, Señor Don Luis. Yo os he estado Esperando en esta sala Desde que os fuisteis; y aquí (Sin saber cómo) esta dama Entró, que es hermana vuestra, Segun dice; que palabra Os doy, como caballero, Que no la conozco; y basta Decir que engañado pude, Sin saber á quién hablarla. Yo la he de poner en salvo A riesgo de vida y alma: De suerte que nuestro duelo, Que habia á puerta cerrada De acabarse entre los dos, A ser escándalo pasa. En habiéndola librado, Yo volveré á la demanda De nuestra pendencia; y pues En quien sustenta su fama, Espada y honor han sido Armas de más importancia, Dejadme ir vos por honor, Pues yo os dejé ir por espada.
D. Luis.
Yo fuí por ella; mas sólo Para volver á postrarla A vuestros piés; y cumpliendo Con la obligacion pasada En que entónces me pusisteis, Pues que me dais nueva causa, Puedo ya reñir de nuevo. Esa mujer es mi hermana: No la ha de llevar ninguno A mis ojos de su casa, Sin ser su marido; así, Si os empeñais á llevarla, Con la mano podrá ser; Pues con aquesa palabra Podeis llevarla y volver, Si quereis, á la demanda.
D. Man.
Volveré; pero advertido De tu prudencia y constancia, A sólo echarme á esos piés.
D. Luis.
Alza del suelo; levanta.
D. Man.
Y para cumplir mejor Con la obligacion jurada, A tu hermana doy la mano.
ESCENA XVI.
DOÑA BEATRIZ, ISABEL, DON JUAN. — Dichos.
D. Juan.
Si sólo el padrino falta, Aquí estoy yo; que viniendo Adonde dejé á mi hermana, El oiros me detuvo No salir á las desgracias, Como he salido á los gustos.
D.ª Beat.
Y pues con ellos se acaban, No se acaben sin terceros.
D. Juan.
¿Pues tú, Beatriz, en mi casa?
D.ª Beat.
Nunca salí della; luégo Te podré decir la causa.
D. Juan.
Logremos esta ocasion, Pues tan á voces nos llama.
Cosme.
¡Gracias á Dios que ya el duende Se declaró!—Díme, ¿estaba Borracho? (A Don Manuel.)
D. Man.
Si no lo estás, Hoy con Isabel te casas.
Cosme.
Para estarlo fuera eso; Mas no puedo.
Isabel.
¿Por qué causa?
Cosme.
Por no malograr el tiempo Que en estas cosas se gasta, Pudiéndolo aprovechar En pedir de nuestras faltas Perdon; y humilde el autor Os le pide á vuestras plantas.