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Reina Valera New Testament of the Bible 1862

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Casiodoro de Reina translation

37 Y á la postre les envió su hijo, diciendo: Tendrán respeto á mi hijo.

38 Mas los labradores, viendo al hijo dijeron entre sí: Este es el heredero, venid, matémosle, y tomemos su heredad.

39 Y tomado, le echaron fuera de la viña, y le mataron.

40 Pues cuando viniere el señor de la viña, ¿qué hará á aquellos labradores?

41 Dícenle: A los malos destruirá miserablemente, y su viña dará á renta á otros labradores, que le paguen el fruto á sus tiempos.

42 Díceles Jesus: ¿Nunca leisteis en las escrituras: La piedra que desecharon los que edificaban, esta fué hecha por cabeza de esquina: por el Señor es hecho esto, y es cosa maravillosa en nuestros ojos?

43 Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado á gente que haga los frutos de él.

41 Y el que cayere sobre esta piedra, será quebrantado; y sobre quien ella cayere, le desmenuzará.

45 Y oyendo los príncipes de los sacerdotes y los Fariséos sus parábolas, entendieron que hablaba de ellos.

46 Y buscando como echarle mano, temieron al pueblo; porque le tenian por profeta.

CAPITULO 22.

1 Y RESPONDIENDO Jesus, les volvió á hablar en parábolas, diciendo:

2 El reino de los cielos es semejante á un hombre rey, que hizo bodas á su hijo:

3 Y envió sus siervos para que llamasen los llamados á las bodas; mas no quisieron venir.

4 Volvió á enviar otros siervos, diciendo: Decid á los llamados: Hé aquí, mi comida he aparejado; mis toros, y animales engordados [son] muertos, y todo [está] prevenido: venid á las bodas.

5 Mas ellos no se cuidaron, y se fueron; uno á su labranza, y otro á sus negocios;

6 Y otros, tomando sus siervos, [los] afrentaron, y [los] mataron.

7 Y el rey, oyendo [esto,] se enojó; y enviando sus ejércitos, destruyó á aquellos homicidas, y puso fuego á su ciudad.

8 Entónces dice á sus siervos: las bodas á la verdad están aparejadas; mas los que eran llamados no eran dignos.

9 Id pues á las salidas de los caminos, y llamad á las bodas á cuantos hallareis.

10 Y saliendo los siervos por los caminos, juntaron á todos los que hallaron, juntamente malos y buenos; y las bodas fueron llenas de convidados.

11 Y entró el rey para ver los convidados, y vió allí un hombre no vestido de boda.

12 Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste acá no teniendo vestido de boda? Mas él cerró la boca.

13 Entónces el rey dijo á los que servian: Atado de piés y de manos tomadle y echadle en las tinieblas de afuera; ahí será el lloro, y el crujir de dientes.

14 Porque muchos son llamados, y pocos escogidos.

15 Entónces idos los Fariséos, consultaron como le tomarian en [alguna] palabra.

16 Y envian á él los discípulos de ellos con los Herodianos, diciendo: Maestro, sabemos que eres amador de verdad, y [que] enseñas con verdad el camino de Dios, y [que] no te curas de nadie, por que no tienes acepcion de persona de hombres.

17 Dínos pues, ¿qué te parece? ¿es lícito dar tributo á César, ó no?

18 Mas Jesus, entendida la malicia de ellos, [les] dice: ¿Por qué me tentais, hipócritas?

19 Mostradme la moneda del tributo. Y ellos le presentaron un denario.

20 Entónces les dice: ¿Cuya [es] esta figura, y lo que está encima escrito?

21 Dícenle: De César. Y díceles: Pagad, pues, á César lo [que es] de César, y á Dios lo [que es] de Dios.

22 Y oyendo [esto] se maravillaron, y dejándole se fueron.

23 Aquel dia llegaron á él los Saducéos, que dicen no haber resurreccion, y le preguntaron,

24 Diciendo: Maestro, Moisés dijo: Si alguno muriere sin hijos, su hermano se casará con su mujer, y despertará simiente á su hermano.

25 Fueron pues entre nosotros siete hermanos: y el primero tomó mujer, y murió; y no teniendo generacion, dejó su mujer á su hermano.

26 De la misma manera tambien el segundo, y el tercero, hasta los siete.

27 Y despues de todos murió tambien la mujer.

28 En la resurreccion, pues, ¿de cuál de los siete sera ella mujer? porque todos la tuvieron.

29 Entónces, respondiendo Jesus, les dijo: Errais, ignorando las escrituras, y la potencia de Dios.

30 Porque en la resurreccion, ni los hombres tomarán mujeres, ni las mujeres maridos; mas son como los ángeles de Dios en el cielo.

31 Y de la resurreccion de los muertos, ¿no habeis leido lo que os es dicho por Dios, que dice:

32 Yo soy el Dios de Abraham, y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino de vivos.

33 Y oyendo [esto] las gentes, estaban atónitas de su doctrina.

34 Entónces los Fariséos, oyendo que habia cerrado la boca á los Saducéos, se juntaron á una;

35 Y preguntó uno de ellos, intérprete de la ley, tentándole, y diciendo:

36 Maestro, ¿cuál [es] el mandamiento grande en la ley?

37 Y Jesus le dijo: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazon, y de toda tu alma, y de toda tu mente.

38 Este es el primero y el grande mandamiento.

39 Y el segundo [es] semejante á este: Amarás á tu prójimo como á tí mismo.

40 De estos dos mandamientos depende toda la ley, y los profetas.

41 Y estando juntos los Fariséos, Jesus les preguntó,

42 Diciendo: ¿Qué os parece del Cristo? ¿de quién es Hijo? Dícenle: De David.

43 El les dice: ¿Pues cómo David en Espíritu le llama Señor, diciendo:

44 Dijo el Señor á mi Señor: Siéntate á mi diestra, entretanto que pongo tus enemigos por estrado de tus piés?

45 Pues si David le llama Señor, ¿cómo es su Hijo?

46 Y nadie le podia responder palabra; ni osó alguno desde aquel dia preguntarle más.

CAPITULO 23.

1 ENTÓNCES habló Jesus á las gentes, y á sus discípulos,

2 Diciendo: Sobre la cátedra de Moisés se sentaron los escribas y los Fariséos;

3 Así que todo lo que os dijeren que guardais, guardad[lo] y haced[lo;] mas no hagais conforme á sus obras: porque dicen y no hacen.

4 Porque atan cargas pesadas, y difíciles de llevar, y [las] ponen sobre los hombros de los hombres; mas ni aun con su dedo las quieren mover.

5 Antes todas sus obras hacen para ser mirados de los hombres: porque ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos;

6 Y aman los primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las sinagogas;

7 Y las salutaciones en las plazas, y ser llamados de los hombres: Rabí, Rabí.

8 Mas vosotros, no querais ser llamados Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos.

9 Y vuestro padre no llameis [á nadie] en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el cual [está] en los cielos.

10 Ni seais llamados maestros: porque uno es vuestro Maestro, el Cristo.

11 El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo.

12 Porque el que se ensalzare, será humillado; y el que se humillare, será ensalzado.

13 Mas ¡ay de vosotros, escribas y Fariséos, hipócritas! porque cerrais el reino de los cielos delante de los hombres; que ni vosotros entrais, ni á los que están entrando dejais entrar

14 ¡Ay de vosotros, escribas y Fariséos hipócritas! porque comeis las casas de las viudas, y por pretexto haceis larga oracion: por esto llevaréis más grave juicio.

15 ¡Ay de vosotros, escribas y Fariséos, hipócritas! porque rodeais la mar y la tierra por hacer un prosélito; y cuando fuere hecho, le haceis hijo del infierno doble más que vosotros.

16 ¡Ay de vosotros, guias ciegos! que decís: Cualquiera que jurare por el templo, es nada; mas cualquiera que jurare por el oro del templo, deudor es.

17 Insensatos, y ciegos; porque ¿cuál es mayor, el oro, ó el templo, que santifica al oro?

18 Y: Cualquiera que jurare por el altar, es nada; mas cualquiera que jurare por el Presente que [está] sobre él, deudor es.

19 Necios y ciegos: porque, ¿cuál es mayor, el Presente, ó el altar, que santifica al Presente?

20 Pues el que jurare por el altar, jura por él, y por todo lo que [está] sobre él.

21 Y el que jurare por el templo, jura por él, y por Aquel que habita en él.

22 Y el que jurare por el cielo, jura por el trono de Dios, y por Aquel que está sentado sobre él.

23 ¡Ay de vosotros, escribas y Fariséos, hipócritas! porque diezmais la menta, y el eneldo, y el comino, y dejásteis lo que es lo más grave de la ley, [es á saber,] el juicio, y la misericordia, y la fé: esto era menester hacer, y no dejar lo otro.

24 Guias ciegos, que colais el mosquito, mas tragais el camello.

25 ¡Ay de vosotros, escribas y Fariséos, hipócritas! porque limpiais lo [que está] de fuera del vaso, y del plato; mas de dentro están llenos de robo y de injusticia.

26 Fariséo ciego, limpia primero lo [que está] dentro del vaso y del plato, para que tambien lo [que está] fuera se haga limpio.

27 ¡Ay de vosotros, escribas y Fariséos, hipócritas! porque sois semejantes á sepulcros blanqueados; que de fuera, á la verdad, se muestran hermosos, mas de dentro están llenos de huesos de muertos, y de toda suciedad.

28 Así tambien vosotros, de fuera, á la verdad, os mostrais justos á los hombres, mas de dentro, llenos estais de hipocresía é iniquidad.

29 ¡Ay de vosotros, escribas y Fariséos, hipócritas! porque edificais los sepulcros de los profetas, y adornais los monumentos de los justos;

30 Y decís: Si fuéramos en los dias de nuestros padres, no hubiéramos sido sus compañeros en la sangre de los profetas:

31 Así que testimonio dais á vosotros mismos, que sois hijos de aquellos que mataron á los profetas.

32 Vosotros tambien henchid la medida de vuestros padres.

33 Serpientes, generacion de víboras ¿cómo evitaréis el juicio del infierno?

34 Por tanto hé aquí, yo envio á vosotros profetas, y sabios, y escribas; y de ellos [á unos] mataréis y crucificaréis, y [á otros] de ellos azotaréis en vuestras sinagogas, y perseguiréis de ciudad en ciudad:

35 Para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo, hasta la sangre de Zacarías, hijo de Barachías, al cual matásteis entre el templo y el altar.

36 De cierto os digo, que todo esto vendrá sobre esta generacion.

37 Jerusalem, Jerusalem, que matas á los profetas, y apedreas á los que son enviados á tí; ¡cuántas veces quise juntar tus hijos, como la gallina junta sus pollos debajo de las alas, y no quisisteis.

38 Hé aquí vuestra casa os es dejada desierta.

39 Porque os digo, que desde ahora no me veréis, hasta que digais: Bendito el que viene en el nombre del Señor.

CAPITULO 24.

1 Y SALIDO Jesus, íbase del templo: y se llegaron sus discípulos, para mostrarle los edificios del templo.

2 Y respondiendo él, les dijo: ¿Veis todo esto, de cierto os digo, que no será dejada aquí piedra sobre piedra, que no sea destruida.

3 Y sentándose él en el monte de las Olivas, se llegaron á él [sus] discípulos aparte, diciendo: Dínos, cuándo serán estas cosas, y qué señal [habrá] de tu venida, y del fin del mundo?

4 Y respondiendo Jesus, les dijo: Mirad que nadie os engañe.

5 Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo y á muchos engañaran.

6 Y oiréis guerras, y rumores de guerras: mirad [que] no os turbeis; porque es menester que todo [esto] acontezca; mas aun no es el fin.

7 Porque se levantará nacion contra nacion, y reino contra reino: y habrá pestilencias, y hambres, y terremotos por los lugares.

8 Y todas estas cosas, principio de dolores.

9 Entónces os entregarán para ser afligidos, y os matarán: y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre.

10 Y muchos entónces serán escandalizados; y se entregarán unos á otros, y unos á otros se aborrecerán.

11 Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán á muchos.

12 Y por haberse multiplicado la maldad, la caridad de muchos se resfriará.

13 Mas el que perseverare hasta el fin, este será salvo.

14 Y será predicado este Evangelio del reino en todo el mundo, por testimonio á todos los Gentiles; y entónces vendrá el fin.

15 Por tanto cuando viereis la abominacion del asolamiento, que fué dicha por Daniel profeta, que estará en el lugar santo, (el que lee, entienda.)

16 Entónces los que [están] en Judéa, huyan á los montes;

17 Y el que sobre el terrado, no descienda á tomar algo de su casa;

18 Y el que en el campo, no vuelva atrás á tomar sus vestidos.

19 Mas ¡ay de las preñadas, y de las que crian en aquellos dias!

20 Orad pues que vuestra huida no sea en invierno, ni en Sábado.

21 Porque habrá entónces grande afliccion, cual no fué desde el principio del mundo hasta ahora, ni será.

22 Y si aquellos dias no fuesen acortados, ninguna carne seria salva: mas por causa de los escogidos, aquellos dias serán acortados.

23 Entónces si alguno os dijere: Hé aquí [está] el Cristo, ó allí; no creais.

24 Porque se levantaran falsos Cristos, y falsos profetas, y darán señales grandes y prodigios; de tal manera que engañarán, si [es] posible, aun á los escogidos.

25 Hé aquí os [lo] he dicho ántes.

26 Así que si os dijeren: Hé aquí en el desierto está; no salgais: Hé aquí en las cámaras; no creais.

27 Porque como el relámpago que sale del Oriente, y se muestra hasta el Occidente, así será tambien la venida del Hijo del hombre.

28 Porque donde quiera que estuviere el cuerpo muerto, allí se juntarán las águilas.

29 Y luego despues de la afliccion de aquellos dias, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su lumbre, y las estrellas caerán del cielo, y las virtudes de los cielos serán conmovidas.

30 Y entónces se mostrará la señal del Hijo del hombre en el cielo; y entónces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del hombre que vendrá sobre las nubes del cielo, con grande poder y gloria.

31 Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán sus escogidos de los cuatro vientos, de un cabo del cielo hasta el otro.

32 De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama se enternece, y las hojas brotan, sabeis que el verano [está] cerca.

33 Así tambien vosotros, cuando viereis todas estas cosas, sabed que está cercano, á las puertas.

34 De cierto os digo, [que] no pasará esta generacion, que todas estas cosas no acontezcan.

35 El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán.

36 Empero del dia y hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino mi Padre solo.

37 Mas como los dias de Noé, así será la venida del Hijo del hombre.

38 Porque como en los dias ántes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el dia que Noé entro en el arca,

39 Y no conocieron hasta que vino el diluvio, y llevó á todos, así será tambien la venida del Hijo del hombre.

40 Entónces estarán dos en el campo; el uno será tomado, y el otro será dejado:

41 Dos mujeres moliendo á un molinillo; la una será tomada, y la otra será dejada.

42 Velad pues; porque no sabeis á que hora ha de venir vuestro Señor.

43 Esto empero sabed que si el padre de la familia supiese á cual vela el ladron habia de venir, velaria, y no dejaria minar su casa.

44 Por tanto tambien vosotros estad apercibidos; porque el Hijo del hombre ha de venir á la hora que no pensais.

45 ¿Quién pues es el siervo fiel y prudente, al cual puso su Señor sobre su familia, para que les dé alimento á tiempo?

46 Bienaventurado aquel siervo, al cual, cuando su Señor viniere, le hallare haciendo así.

47 De cierto os digo, que sobre todos sus bienes le pondrá.

48 Y si aquel siervo malo dijere en su corazon: Mi Señor se tarda en venir;

49 Y comenzare á herir [sus] consiervos, y aun á comer y á beber con los borrachos;

50 Vendrá el Señor de aquel siervo, en el dia que no espera, y á la hora que no sabe,

51 Y le cortará por medio, y pondrá su parte con los hipócritas: allí será el lloro, y el crujir de dientes.

CAPITULO 25.

1 ENTÓNCES el reino de los cielos sera semejante á diez vírgenes, que tomando sus lámparas, salieron á recibir al esposo.

2 Y las cinco de ellas eran prudentes y las cinco fátuas.

3 Las que [eran] fátuas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite:

4 Mas las prudentes tomaron aceite en sus vasos, [juntamente] con sus lámparas.

5 Y tardándose el esposo, cabecearon todas, y se durmieron.

6 Y á la media noche fué oido un clamor: Hé aquí, el esposo viene, salid á recibirle.

7 Entónces todas aquellas vírgenes se levantaron, y aderezaron sus lámparas.

8 Y las fátuas dijeron á las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan.

9 Mas las prudentes respondieron, diciendo: Porque no nos falte á nosotras y á vosotras, id ántes á los que venden, y comprad para vosotras.

10 Y mientras^ que ellas iban á comprar, vino el esposo; y las que estaban apercibidas, entraron con él á las bodas, y se cerró la puerta.

11 Y despues vinieron tambien las otras vírgenes, diciendo: Señor, Señor, ábrenos.

12 Mas respondiendo él, dijo: De cierto os digo, [que] no os conozco.

13 Velad pues, porque no sabeis el dia ni la hora, en que el Hijo del hombre ha de venir.

14 Porque el reino de los cielos [es] como un hombre que partiéndose léjos llamó á sus siervos, y les entregó sus bienes.

15 Y á este dió cinco talentos, y al otro dos, y al otro uno; á cada uno conforme á su facultad, y luego se partió lejos.

16 Y el que habia recibido cinco talentos se fué, y granjeo con ellos, é hizo otros cinco talentos.

17 Asimismo el que [habia recibido] dos ganó tambien él otros dos.

18 Mas el que habia recibido uno, fué, y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor.

19 Y despues de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, é hizo cuentas con ellos.

20 Y llegando el que habla recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; hé aquí otros cinco talentos he ganado sobre ellos.

21 Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré: entra en el gozo de tu señor.

22 Y llegando tambien el que habia recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; hé aquí otros dos talentos he ganado sobre ellos.

23 Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré: entra en el gozo de tu señor.

24 Y llegando tambien el que habia recibido un talento, dijo: Señor, yo te conocia que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste, y recoges donde no esparciste:

25 Y tuve miedo, y fuí, y escondí tu talento en la tierra: hé aquí tienes lo que [es] tuyo.

26 Y respondiendo su señor, le dijo: Malo y negligente siervo, sabias que siego donde no sembré, y [que] recojo donde no esparcí:

27 Por tanto te convenia dar mi dinero á los banqueros; y viniendo yo, hubiera recibido lo que [es] mio con usura.

28 Quitadle pues el talento, y dad[lo] al que tiene diez talentos.

29 Porque á cualquiera que tuviere, le será dado, y tendrá más: y al que no tuviere, aun lo que tiene le será quitado.

30 Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera: allí será el lloro, y el crujir de dientes.

31 Y cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entónces se sentará sobre el trono de su gloria.

32 Y serán reunidas delante de él todas las gentes: y los apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos:

33 Y pondrá las ovejas á su derecha, y los cabritos á la izquierda.

34 Entónces el Rey dirá á los que [estarán] á su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundacion del mundo.

35 Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fuí huésped, y me recogisteis;

36 Desnudo, y me cubristeis; enfermo y me visitasteis: estuve en la cárcel, y vinisteis á mí.

37 Entónces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y [te] sustentamos? ¿ó sediento, y [te] dimos de beber?

38 ¿Y cuándo te vimos huésped, y [te] recogimos? ¿ó desnudo, y [te] cubrimos?

39 ¿O cuándo te vimos enfermo, ó en la cárcel, y vinimos á tí?

40 Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo, [que] en cuanto [lo] hicisteis á uno de estos mis hermanos pequeñitos, á mí [lo] hicisteis.

41 Entónces dirá tambien á los que [estarán] á la izquierda: Apartáos de mí malditos, al fuego eterno preparado para el diablo, y para sus ángeles.

42 Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber;

43 Fuí huésped, y no me recogisteis; desnudo, y no me cubrísteis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitásteis.

44 Entónces ellos tambien le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, ó sediento, ó huésped, ó desnudo, ó enfermo, ó en la cárcel, y no te servimos?

45 Entónces les responderá, diciendo: De cierto os digo, [que] en cuanto no [lo] hicisteis á uno de estos pequeñitos, ni á mí [lo] hicisteis.

46 E irán estos al tormento eterno; y los justos á la vida eterna.

CAPITULO 26.

1 Y ACONTECIÓ que como hubo acabado Jesus todas estas palabras, dijo á sus discípulos:

2 Sabeis que dentro de dos dias se hace la Pascua, y el Hijo del hombre es entregado para ser crucificado.

3 Entónces los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y los ancianos del pueblo se juntaron al patio del pontífice, el cual se llamaba Caifás.

4 Y tuvieron consejo para prender por engaño á Jesus, y matar[le.]

5 Y decian: No en el dia de la fiesta, porque no se haga alboroto en el pueblo.

6 Y estando Jesus en Bethania, en casa de Simon el leproso,

7 Vino á él una mujer, teniendo un vaso de alabastro de ungüento de gran precio, y lo derramó sobre la cabeza de él estando sentado á la mesa:

8 Lo cual viendo sus discípulos, se enojaron, diciendo: ¿Por que se pierde esto?

9 Porque esto se podia vender por gran precio, y darse á los pobres.

10 Y entendiéndo[lo] Jesus, les dijo: ¿Por qué dais pena á esta mujer, pues ha hecho conmigo buena obra.

11 Porque siempre tendréis pobres con vosotros; mas á mí no siempre me tendréis.

12 Porque echando este ungüento sobre mi cuerpo, para sepultarme [lo] ha hecho.

13 De cierto os digo, [que] donde quiera que este Evangelio fuere predicado en todo el mundo, tambien será dicho para memoria de ella lo que esta ha hecho.

14 Entónces uno de los doce, que se llamaba Judas Iscariote, fué á los príncipes de los sacerdotes,

15 Y les dijo: ¿Que me quereis dar, y yo os le entregaré? Y ellos le señalaron treinta [piezas] de plata.

16 Y desde entónces buscaba oportunidad para entregarle.

17 Y el primer dia [de la fiesta] de los [panes] sin levadura, vinieron los discípulos á Jesus, diciéndole: ¿Dónde quieres que aderecemos para tí para comer la Pascua?

18 Y el dijo: Id á la ciudad á cierto hombre, y decidle: El Maestro dice: Mi tiempo esta cerca; en tu casa haré la Pascua con mis discípulos.

19 Y los discípulos hicieron como Jesus les mandó, y aderezaron la Pascua.

20 Y como fué la tarde del dia, se sentó á la mesa con los doce.

21 Y comiendo ellos, dijo: De cierto os digo que uno de vosotros me ha de entregar.

22 Y entristecidos ellos en gran manera, comenzó cada uno de ellos á decirle: ¿Soy yo, Señor?

23 Entónces el respondiendo, dijo: El que mete la mano conmigo en el plato, ese me ha de entregar.

24 A la verdad el Hijo del hombre va como está escrito de él; mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del hombre es entregado! bueno le fuera al tal hombre no haber nacido.

25 Entónces respondiendo Júdas, que le entregaba, dijo: ¿Soy yo, Maestro? Dícele: Tú [lo] has dicho.

26 Y comiendo ellos, tomó Jesus el pan, y bendijo, y [lo] partió, y dió á sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo.

27 Y tomando el vaso, y hechas gracias se les dió, diciendo: Bebed de él todos;

28 Porque esto es mi sangre del Nuevo Pacto, la cual es derramada por muchos para remision de los pecados.

29 Y os digo, que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel dia, cuando lo tengo de beber nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.

30 Y habiendo cantado el himno, salieron al monte de las Olivas.

31 Entónces Jesus les dice: Todos vosotros seréis escandalizados en mí esta noche; porque escrito está: Heriré al Pastor, y las ovejas de la manada serán dispersas.

32 Mas despues que haya resucitado, iré delante de vosotros á Galiléa.

33 Y respondiendo Pedro, le dijo: Aunque todos sean escandalizados en tí, yo nunca seré escandalizado.

34 Jesus le dice: De cierto te digo que esta noche, ántes que el gallo cante, me negarás tres veces.

35 Dícele Pedro: Aunque me sea menester morir contigo, no te negaré. Y todos los discípulos dijeron lo mismo.

36 Entónces llegó Jesus con ellos á la aldéa, que se llama Getsemaní, y dice á sus discípulos: Sentáos aquí, hasta que vaya allí, y ore.

37 Y tomando á Pedro, y á los dos hijos de Zebedéo, comenzó á entristecerse, y á angustiarse en gran manera.

38 Entónces Jesus les dice: Mi alma está muy triste hasta la muerte; quedáos aquí, y velad conmigo.

39 Y yéndose un poco más adelante se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mio, si es posible pase de mí este vaso; empero no como yo quiero, sino como tú.

40 Y vino á sus discípulos y los halló durmiendo; y dijo á Pedro: ¿Así, no habeis podido velar conmigo una hora?

41 Velad, y orad, para que no entreis en tentacion: el espíritu á la verdad [está] presto, mas la carne enferma.

42 Otra vez fué, segunda vez, y oró diciendo: Padre mio, si no puede este vaso pasar de mí sin que yo lo beba, hágase tu voluntad.

43 Y vino, y los halló otra vez durmiendo: porque los ojos de ellos estaban agravados.

44 Y dejándolos, fuese de nuevo, y oró tercera vez, diciendo las mismas palabras.

45 Entónces vino á sus discípulos, y díceles: Dormid ya, y descansad; hé aquí ha llegado la hora, y el Hijo del hombre es entregado en manos de pecadores.

46 Levantáos, vamos: hé aquí ha llegado el que me ha entregado.

47 Y hablando aun él, hé aquí Júdas, uno de los doce, vino, y con él mucha gente con espadas y con palos, de parte de los príncipes de los sacerdotes, y de los ancianos del pueblo.

48 Y el que le entregaba les habia dado señal, diciendo: Al que yo besare, aquel es; prendedle.

49 Y luego que llegó á Jesus, dijo: Salve, Maestro. Y le besó,

50 Y Jesus le dijo: Amigo, ¿á que vienes? Entónces llegaron, y echaron mano á Jesus, y le prendieron.

51 Y hé aquí uno de los que [estaban] con Jesus, extendiendo la mano, sacó su espada, é hiriendo á un siervo del pontífice, le quitó la oreja.

52 Entónces Jesus le dice: Vuelve tu espada á su lugar; porque todos los que tomaren espada, á espada perecerán.

53 ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar á mi Padre, y él me daria mas de doce legiones de ángeles,

54 ¿Cómo pues se cumplirian las escrituras, [de] que así conviene que sea hecho?

55 En aquella hora dijo Jesus á las gentes: Como á ladron habeis salido con espadas y con palos á prenderme: cada dia me sentaba con vosotros enseñando en el templo, y no me prendisteis.

56 Mas todo esto se hace, para que se cumplan las escrituras de los profetas. Entónces todos los discípulos huyeron dejándole.

57 Y ellos, prendido Jesus, le llevaron á Caifás pontífice, donde los escribas y los ancianos estaban juntos.

58 Mas Pedro le seguia de léjos hasta el patio del pontífice; y entrado dentro, estábase sentado con los criados para ver el fin.

59 Y los príncipes de los sacerdotes, y los ancianos, y todo el consejo, buscaban [algun] falso testimonio contra Jesus para entregarle á la muerte:

60 Y no [lo] hallaron, aunque muchos testigos falsos se llegaban: mas á la postre vinieron dos testigos falsos,

61 Que dijeron: Este dijo: Puedo derribar el templo de Dios, y en tres dias reedificarlo.

62 Y levantándose el pontífice, le dijo: ¿No respondes nada? ¿qué testifican estos contra tí?

63 Mas Jesus callaba. Respondiendo el pontífice, le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, Hijo de Dios.

64 Jesus le dice: Tú [lo] has dicho: y aun os digo, que desde ahora habeis de ver al Hijo del hombre sentado á la diestra de la potencia de Dios, y que viene en las nubes del cielo.

65 Entónces el pontífice rasgó sus vestidos, diciendo: Blasfemado ha: ¿Qué más necesidad tenemos de testigos? Hé aquí ahora habeis oido su blasfemia.

66 ¿Qué os parece? Y respondiendo ellos dijeron: Culpado es de muerte.

67 Entónces le escupieron en el rostro, y le dieron de bofetadas; y otros le herian con mojicones,

68 Diciendo: Profetízanos tú, Cristo quién es el que te ha herido.

69 Y Pedro estaba sentado fuera en el patio: y se llegó á él una criada, diciendo: Y tú con Jesus el Galileo estabas.

70 Mas él negó delante de todos, diciendo: No sé lo que dices.

71 Y saliendo él á la puerta le vió otra, y dijo á los que [estaban] allí: Tambien este estaba con Jesus Nazareno.

72 Y negó otra vez con juramento: No conozco al hombre.

73 Y un poco despues llegaron los que estaban [por allí,] y dijeron á Pedro: Verdaderamente tambien tú eres de ellos; porque aun tu habla te hace manifiesto.

74 Entónces comenzó á hacer imprecaciones, y á jurar, [diciendo:] No conozco al hombre. Y el gallo cantó luego.

75 Y se acordó Pedro de las palabras de Jesus, que le dijo: Antes que cante el gallo, me negarás tres veces. Y saliéndose fuera, lloró amargamente.

CAPITULO 27.

1 Y VENIDA la mañana, entraron en consejo todos los príncipes de los sacerdotes, y los ancianos del pueblo, contra Jesus, para entregarle á muerte.

2 Y le llevaron atado, y le entregaron á Poncio Pilato presidente.

3 Entónces Júdas, el que le habia entregado, viendo que era condenado, volvió arrepentido las treinta [piezas] de plata á los príncipes de los sacerdotes, y á los ancianos,

4 Diciendo: Yo he pecado entregando la sangre inocente. Mas ellos dijeron: ¿Qué [se nos da] á nosotros? viéras[lo] tú.

5 Y arrojando [las piezas] de plata en el templo, partióse; y fué, y se ahorcó.

6 Y los príncipes de los sacerdotes tomando [las piezas] de plata, dijeron. No es lícito echarlas en el tesoro de los dones, porque es precio de sangre.

7 Mas habido consejo, compraron con ellas el campo del alfarero, por sepultura para los extranjeros:

8 Por lo cual fué llamado aquel campo, Campo de sangre, hasta el dia de hoy.

9 Entónces se cumplió lo que fué dicho por el profeta Jeremías, que dijo: Y tomaron las treinta [piezas] de plata precio del apreciado, que fué apreciado por los hijos de Israel;

10 Y las dieron para [comprar] el campo del alfarero, como me ordenó el Señor.

11 Y Jesus estuvo delante del presidente; y el presidente le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los Judíos? Y Jesus le dijo: Tu [lo] dices.

12 Y siendo acusado por los príncipes de los sacerdotes, y por los ancianos, nada respondió.

13 Pilato entónces le dice: ¿No oyes cuántas cosas testifican contra tí?

14 Y no le respondió ni una palabra; de tal manera que el presidente se maravillaba mucho.

15 Y en el dia de la fiesta acostumbraba el presidente soltar al pueblo un preso, cual quisiesen.

16 Y tenian entónces un preso famoso, que se llamaba Barrabás.

17 Y juntos ellos, les dijo Pilato: ¿Cuál quereis que os suelte? ¿á Barrabás, ó á Jesus, que se dice el Cristo?

18 Porque sabia que por envidia le habian entregado.

19 Y estando él sentado en el tribunal, su mujer envió á él, diciendo: No tengas que ver con aquel justo; porque hoy he padecido muchas cosas en sueños por causa de él.

20 Mas los príncipes de los sacerdotes, y los ancianos, persuadieron al pueblo que pidiese á Barrabás, y á Jesus matase.

21 Y respondiendo el presidente les dijo: ¿Cuál de los dos quereis que os suelte? Y ellos dijeron: A Barrabás.

22 Pilato les dijo: ¿Qué pues haré de Jesus que se dice el Cristo? Dícenle todos: Sea crucificado.

23 Y el presidente [les] dijo: Pues ¿qué mal ha hecho? Mas ellos gritaban más diciendo: Sea crucificado.

24 Y viendo Pilato que nada adelantaba, ántes se hacia más alboroto, tomando agua se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo: veréis[lo] vosotros.

25 Y respondiendo todo el pueblo, dijo: Su sangre [sea] sobre nosotros, y sobre nuestros hijos.

26 Entónces les soltó á Barrabás: y habiendo azotado á Jesus, le entregó para ser crucificado.

27 Entónces los soldados del presidente llevaron á Jesus al pretorio, y juntaron á él toda la cuadrilla;

28 Y desnudándole, le echaron encima un manto de grana:

29 Y pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas, y una caña en su mano derecha; é hincando la rodilla delante de él, le burlaban, diciendo: Salve, Rey de los Judíos.

30 Y escupiendo en él tomaron la caña, y le herian en la cabeza.

31 Y despues que le hubieron escarnecido, le desnudaron el manto, y le vistieron de sus vestidos, y le llevaron para crucificar[le.]

32 Y saliendo hallaron á un Cirenéo, que se llamaba Simon: á este cargaron para que llevase su cruz.

33 Y como llegaron al lugar que se llama Gólgotha, que es dicho, El lugar de la Calavera,

34 Le dieron á beber vinagre mezclado con hiel; y gustando no quiso beber[lo.]

35 Y despues que le hubieron crucificado, repartieron sus vestidos, echando suertes: para que se cumpliese lo que fué dicho por el profeta: Se repartieron mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes.

36 Y sentados, le guardaban allí.

37 Y pusieron sobre su cabeza su causa escrita: ESTE ES JESUS, EL REY DE LOS JUDÍOS.

38 Entónces crucificaron con él dos ladrones; uno á la derecha, y otro á la izquierda.

39 Y los que pasaban, le decian injurias, meneando sus cabezas,

40 Y diciendo: Tú el que derribas el templo [de Dios,] y en tres dias [lo] reedificas, sálvate á tí mismo: si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz.

41 De esta manera tambien los príncipes de los sacerdotes escarneciendo, con los escribas, y los Fariséos, y los ancianos, decian:

42 A otros salvó, á sí mismo no puede salvar: si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en él.

43 Confió en Dios; líbrele ahora si le quiere: porque ha dicho: Soy Hijo de Dios.

44 Lo mismo tambien le zaherian los ladrones que estaban crucificados con él.

45 Y desde la hora de sexta fueron tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora de nona.

46 Y cerca de la hora de nona, Jesus exclamó con grande voz, diciendo: Eli, Eli, ¿lama sabachthani? Esto es: Dios mio, Dios mio, ¿por qué me has desamparado?

47 Y algunos de los que estaban allí, oyéndo[lo,] decian: A Elías llama este.

48 Y luego, corriendo uno de ellos, tomo una esponja, y [la] hinchió de vinagre, y poniéndo[la] en una caña, dábale de beber.

49 Y los otros decian: Deja, veamos si viene Elías á librarle.

50 Mas Jesus habiendo otra vez exclamado con grande voz, dió el espíritu.

51 Y hé aquí el velo del templo se rompió en dos, de alto á bajo; y la tierra tembló, y las piedras se hendieron;

52 Y abriéronse los sepulcros: y muchos cuerpos de santos, que habian dormido, se levantaron,

53 Y salidos de los sepulcros despues de su resurreccion, vinieron á la santa ciudad, y aparecieron á muchos.

54 Y el centurion y los que estaban con él guardando á Jesus, visto el terremoto, y las cosas que habian sido hechas, temieron en gran manera, diciendo: Verdaderamente Hijo de Dios era este.

55 Y estaban allí muchas mujeres mirando de lejos, las cuales habian seguido de Galiléa á Jesus, sirviéndole;

56 Entre las cuales estaban María Magdalena, y María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedéo.

57 Y como fué la tarde del dia, vino un hombre rico de Arimatéa, llamado José, el cual tambien habia sido discípulo de Jesus.

58 Este llegó á Pilato, y pidió el cuerpo de Jesus: entónces Pilato mando que se [le] diese el cuerpo.

59 Y tomando José el cuerpo, le envolvió en una sábana limpia,

60 Y lo puso en su sepulcro nuevo, que habia labrado en la peña: y revuelta una grande piedra á la puerta del sepulcro, se fué.

61 Y estaban allí María Magdalena, y la otra María, sentadas delante del sepulcro.

62 Y el siguiente dia, que es despues de la preparacion, se juntaron los príncipes de los sacerdotes y los Fariséos á Pilato,

63 Diciendo: Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aun: Despues de tres dias resucitaré.

64 Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el dia tercero; porque no vengan sus discípulos de noche, y le hurten, y digan al pueblo: Resucitó de los muertos. Y será el postrer error peor que el primero.

65 Y Pilato les dijo: Teneis una guardia; id, asegurad[le] como sabeis.

66 Y yendo ellos, aseguraron el sepulcro, sellando la piedra, con la guardia.

CAPITULO 28.

1 Y LA víspera de Sábado, que amanece para el primer dia de la semana, vino María Magdalena, y la otra María, á ver el sepulcro.

2 Y hé aquí, fué hecho un gran terremoto: porque el ángel del Señor descendiendo del cielo y llegando, habia revuelto la piedra [del sepulcro,] y estaba sentado sobre ella.

3 Y su aspecto era como un relámpago. y su vestido blanco como la nieve.

4 Y de miedo de él los guardas se asombraron, y fueron vueltos como muertos.

5 Y respondiendo el ángel, dijo á las mujeres: No temais vosotras; porque yo sé que buscais á Jesus, que fué crucificado.

6 No está aquí, porque ha resucitado como dijo: venid, ved el lugar donde fué puesto el Señor.

7 E id presto, decid á sus discípulos que ha resucitado de los muertos: y hé aquí va delante de vosotros á Galiléa; allí le veréis; hé aquí os [lo] he dicho.

8 Entónces ellas saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo á dar las nuevas á sus discípulos. Y mientras iban á dar las nuevas á sus discípulos,

9 Hé aquí Jesus les sale al encuentro diciendo: Salve. Y ellas se llegaron, y abrazaron sus piés, y le adoraron.

10 Entónces Jesus les dice: No temais; id, dad las nuevas á mis hermanos, para que vayan á Galiléa, y allá me verán.

11 Y yendo ellas, hé aquí unos de la guardia vinieron á la ciudad, y dieron aviso á los príncipes de los sacerdotes de todas las cosas que habian acontecido.

12 Y juntados con los ancianos, y habido consejo, dieron mucho dinero á los soldados,

13 Diciendo: Decid: Sus discípulos vinieron de noche, y le hurtaron, durmiendo nosotros.

14 Y si esto fuere oido del presidente nosotros le persuadirémos, y os harémos seguros.

15 Y ellos, tomado el dinero, hicieron como estaban instruidos: y este dicho fué divulgado entre los Judíos hasta el dia de hoy.

16 Mas los once discípulos se fueron á Galiléa, al monte donde Jesus les habia ordenado.

17 Y como le vieron, le adoraron: mas algunos dudaban.

18 Y llegando Jesus, les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.

19 Por tanto id, y doctrinad á todos los Gentiles, bautizándoles en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo:

20 Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado: y hé aquí yo estoy con vosotros todos los dias hasta el fin del mundo. Amen.

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