VARIA
Reading edition
A Luis Berisso.

EL POETA PREGUNTA POR STELLA
Lirio divino, lirio de las Anunciaciones; Lirio, florido príncipe, Hermano perfumado de las estrellas castas, Joya de los abriles. A ti las blancas dianas de los parques ducales; Los cuellos de los cisnes, Las místicas estrofas de cánticos celestes Y en el sagrado empíreo la mano de las vírgenes. Lirio, boca de nieve donde sus dulces labios La primavera imprime, En tus venas no corre, la sangre de las rosas pecadoras. Sino el ícor excelso de las flores insignes. Lirio real y lírico Que naces con la albura de las hostias sublimes De las cándidas perlas Y del lino sin mácula de las sobrepellices, ¿Has visto acaso el vuelo del alma de mi Stella, La hermana de Ligeia, por quien mi canto a veces es tan triste?


PÓRTICO[1]
Libre la frente que el casco rehusa, Casi desnuda en la gloria del día, Alza su tirso de rosas la musa Bajo el gran sol de la eterna Harmonía. Es Floreal, eres tú, Primavera, Quien la sandalia calzó a su pie breve; Ella, de tristes nostalgias muriera En el país de los cisnes de nieve. Griega es su sangre, su abuelo era ciego; Sobre la cumbre del Pindo sonoro El sagitario del carro de fuego Puso en su lira las cuerdas de oro. Y bajo el pórtico blanco de Paros, Y en los boscajes de frescos laureles, Píndaro dióle sus ritmos preclaros, Dióle Anacreonte sus vinos y mieles. Toda desnuda, en los claros diamantes Que en la Castalia recaman las linfas, Viéronla tropas de faunos saltantes, Cual la más fresca y gentil de las ninfas. Y en la fragante, harmoniosa floresta, Puesto a los ecos su oído de musa, Pan sorprendióla escuchando la orquesta Que él daba al viento con su cornamusa. Ella resurge después en el Lacio, Siendo del tedio su lengua exterminio; Lleva a sus labios la copa de Horacio, Bebe falerno en su ebúrneo triclinio. Pájaro errante, ideal golondrina, Vuela de Arabia a un confín solitario, Y ve pasar en su torre argentina A un rey de Oriente sobre un dromedario; Rey misterioso, magnífico y mago. Dueño opulento de cien Estambules, Y a quien un genio brindara en un lago Góndolas de oro en las aguas azules. Ese es el rey más hermoso que el día, Que abre a la musa las puertas de Oriente; Ese es el rey del país Fantasía, Que lleva un claro lucero en la frente. Es en Oriente donde ella se inspira En las moriscas exóticas zambras; Donde primero contempla y admira Las cinceladas divinas alhambras; Las muelles danzas en las alcatifas Donde la mora sus velos desata, Los pensativos y viejos kalifas De ojos obscuros y barbas de plata. Es una bella y alegre mañana Cuando su vuelo la musa confía A una errabunda y fugaz caravana Que hace del viento su brújula y guía. Era la errante familia bohemia, Sabia en extraños conjuros y estigmas, Que une en su boca plegaria y blasfemia, Nombres sonoros y raros enigmas; Que ama los largos y negros cabellos, Danzas lascivas y finos puñales, Ojos llameantes de vivos destellos, Flores sangrientas de labios carnales. Y con la gente morena y huraña Que a los caprichos del aire se entrega, Hace su entrada triunfal en España Fresca y riente la rítmica griega. Mira las cumbres de Sierra Nevada, Las bocas rojas de Málaga, lindas, Y en un pandero su mano rosada Fresas recoge, claveles y guindas. Canta y resuena su verso de oro, Ve de Sevilla las hembras de llama, Sueña y habita en la Alhambra del moro; Y en sus cabellos perfumes derrama. Busca del pueblo las penas, la flores, Mantos bordados de alhajas de seda, Y la guitarra que sabe de amores, Cálida y triste querida de Rueda; (Urna amorosa de voz femenina, Caja de música de duelo y placer: Tiene el acento de un alma divina, Talle y caderas como una mujer.) Va del tablado flamenco a la orilla Y ase en sus palmas los crótalos negros, Mientras derrocha la audaz seguidilla Bruscos acordes y raudos alegros. Ritma los pasos, modula los sones, Ebria risueña de un vino de luz, Hace que brillen los ojos gachones, Negros diamantes del patio andaluz. Campo y pleno aire refrescan sus alas; Ama los nidos, las cumbres, las cimas; Vuelve del campo vestida de galas, Cuelga a su cuello collares de rimas. En su tesoro de reina de Saba, Guarda en secreto celestes emblemas; Flechas de fuego en su mágica aljaba, Perlas, rubíes, zafiros y gemas. Tiene una corte pomposa de majas. Suya es la chula de rostro risueño, Suyas las juergas, las curvas navajas Ebrias de sangre y licor malagueño. Tiene por templo un alcázar marmóreo, Guárdalo esfinge de rostro egipciaco, Y cual labrada en un bloque hiperbóreo, Venus enfrente de un triunfo de Baco. Dentro presenta sus formas de nieve, Brinda su amable sonrisa de piedra, Mientras se enlaza en un bajo-relieve A una driada ceñida de hiedra. Un joven fauno robusto y violento, Dulce terror de las ninfas incautas, Al son triunfante que lanzan al viento Tímpanos, liras y sistros y flautas. Ornan los muros mosaicos y frescos, Áureos pedazos de un sol fragmentario, Iris trenzados en mil arabescos, Joyas de un hábil cincel lapidario. Y de la eterna Belleza en el ara, Ante su sacra y grandiosa escultura, Hay una lámpara en albo carrara. De una eucarística y casta blancura. Fuera, el frondoso jardín del poeta Ríe en su fresca y gentil hermosura; Ágata, perla, amatista, violeta, Verdor eclógico y tibia espesura. Una andaluza despliega su manto Para el poeta de música eximia; Rústicos Títiros cantan su canto; Bulle el hervor de la alegre vendimia. Ya es un tropel de bacantes modernas El que despierta las locas lujurias; Ya húmeda y triste de lágrimas tiernas, Da su gemido la gaita de Asturias. Francas fanfarrias de cobres sonoros, Labios quemantes de humanas sirenas, Ocres y rojos de plazas de toros, Fuegos y chispas de locas verbenas. * * * * * Joven homérida, un día su tierra Vióle que alzaba soberbio estandarte, Buen capitán de la lírica guerra, Regio cruzado del reino del arte. Vióle con yelmo de acero brillante, Rica armadura sonora a su paso, Firme tizona, broncíneo olifante, Listo y piafante su excelso pegaso. Y de la brega tornar vióle un día De su victoria en los bravos tropeles, Bajo el gran sol de la eterna Harmonía, Dueño de verdes y nobles laureles. Fué aborrecido de Zoilo, el verdugo. Fué por la gloria su estrella encendida. Y esto pasó en el reinado de Hugo, Emperador de la barba florida.


ELOGIO DE LA SEGUIDILLA
Metro mágico y rico que al alma expresas Llameantes alegrías, penas arcanas, Desde en los suaves labios de las princesas Hasta en las bocas rojas de las gitanas. Las almas harmoniosas buscan tu encanto, Sonora rosa métrica que ardes y brillas, Y España ve en tu ritmo, siente en tu canto Sus hembras, sus claveles, sus manzanillas. Vibras al aire alegre como una cinta, El músico te adula, te ama el poeta; Rueda en ti sus fogosos paisajes pinta Con la audaz policromia de su paleta. En ti el hábil orfebre cincela el marco En que la idea-perla su oriente acusa, O en tu cordaje harmónico formas el arco Con que lanza sus flechas la airada musa. A él tu voz en baile crujen las faldas, Los piececitos hacen brotar las rosas E hilan hebras de amores las Esmeraldas En ruecas invisibles y misteriosas. La anudaluza hechicera, paloma arisca, Por ti irradia, se agita, vibra y se quiebra, Con el lánguido gesto de la odalisca O las fascinaciones de la culebra. Pequeña ánfora lírica de vino llena Compuesto por la dulce musa Alegría Con uvas andaluzas, sal macarena, Flor y canela frescas de Andalucía. Subes, creces y vistes de pompas fieras; Retumbas en el ruido de las metrallas, Ondulas con el ala de las banderas, Suenas con los clarines de las batallas. Tienes toda la lira: tienes las manos Que acompasan las danzas y las canciones; Tus órganos, tus prosas, tus cantos llanos Y tus llantos que parten los corazones. Ramillete de dulces trinos verbales, Javalina de Diana la Cazadora, Ritmo que tiene el filo de cien puñales, Que muerde y acaricia, mata y enflora. Las Tirsis campesinas de ti están llenas Y aman, radiosa abeja, tus bordoneos; Así riegas tus chispas las nochebuenas Como adornas la lira de los Orfeos. Que bajo el sol dorado de Manzanilla Que esta azulada concha del cielo baña, Polítona y triunfante, la seguidilla Es la flor del sonoro Pindo de España. Madrid, 1892.


EL CISNE
A Ch. Del Gouffre.
Fué en una hora divina para el género humano. El Cisne antes cantaba sólo para morir. Cuando se oyó el acento del Cisne wagneriano Fué en medio de una aurora, fué para revivir. Sobre las tempestades del humano oceano Se oye el canto del Cisne; no se cesa de oir, Dominando el martillo del viejo Thor germano O las trompas que cantan la espada de Argantir. ¡Oh Cisne! ¡Oh sacro pájaro! Si antes la blanca Helena Del huevo azul de Leda brotó de gracia llena, Siendo de la Hermosura la princesa inmortal, Bajo tus blancas alas la nueva Poesía, Concibe en una gloria de luz y de harmonía La Helena eterna y pura que encarna el ideal.


LA PÁGINA BLANCA
A. A. Lamberti.
Mis ojos miraban en hora de ensueños la página blanca.
Y vino el desfile de ensueños y sombras. Y fueron mujeres de rostros de estatua, Mujeres de rostros de estatuas de mármol, ¡Tan tristes, tan dulces, tan suaves, tan pálidas! Y fueron visiones de extraños poemas, De extraños poemas de besos y lágrimas, ¡De historias que dejan en crueles instantes Las testas viriles cubiertas de canas! ¡Qué cascos de nieve que pone la suerte! ¡Qué arrugas precoces cincela en la cara! ¡Y cómo se quiere que vayan ligeros Los tardos camellos de la caravana! Los tardos camellos—, Como las figuras en un panorama—, Cual si fuese un desierto de hielo, Atraviesan la página blanca. Este lleva una carga De dolores y angustias antiguas, Angustias de pueblos, dolores de razas; ¡Dolores y angustias que sufren los Cristos Que vienen al mundo de víctimas trágicas! Otro lleva en la espalda El cofre de ensueños, de perlas y oro, Que conduce la Reina de Saba. Otro lleva una caja En que va, dolorosa difunta, Como un muerto lirio la pobre Esperanza. Y camina sobre un dromedario la Pálida, La vestida de ropas obscuras, La Reina invencible, la bella inviolada: La Muerte. Y el hombre, A quien duras visiones asaltan, El que encuentra en los astros del cielo Prodigios que abruman y signos que espantan, Mira al dromedario de la caravana Como al mensajero que la luz conduce, ¡En el vago desierto que forma la página blanca!


AÑO NUEVO
A J. Piquet.
A las doce de la noche por las puertas de la gloria Y el fulgor de perla y oro de una luz extraterrestre, Sale en hombros de cuatro ángeles, y en su silla gestatoria, San Silvestre. Más hermoso que un rey mago, lleva puesta la tiara, De que son bellos diamantes Sirio, Arturo y Orión; Y el anillo de su diestra, hecho cual si fuese para Salomón. Sus pies cubren los joyeles de la Osa adamantina, Y su capa raras piedras de una ilustre Visapur; Y colgada sobre el pecho resplandece la divina Cruz del Sur. Va el pontífice hacia Oriente ¿va encontrar el áureo barco, Donde al brillo de la aurora viene en triunfo el rey Enero? Ya la aljaba de Diciembre se fué toda por el arco Del Arquero. A la orilla del abismo misterioso de lo Eterno El inmenso Sagitario no se cansa de flechar; Le sustenta el frío Polo, lo corona el blanco Invierno, Y le cubre los riñones el vellón azul del mar. Cada flecha que dispara, cada flecha es una hora; Doce aljabas, cada año, para él trae el rey Enero; En la sombra se destaca la figura vencedora Del Arquero. Al redor de la figura del gigante se oye el vuelo Misterioso y fugitivo de las almas que se van, y el ruido con que pasa por la bóveda del cielo Con sus alas membranosas el murciélago Satán. San Silvestre bajo el palio de un zodiaco de virtudes, Del celeste Vaticano se detiene en los umbrales Mientras himnos y motetes canta un coro de laudes Inmortales. Reza el santo y pontifica; y al mirar que viene el barco Donde en triunfo llega Enero, Ante Dios bendice al mundo; y su brazo abarca el arco y el Arquero.


SINFONÍA EN GRIS MAYOR
El mar como un vasto cristal azogado Refleja la lámina de un cielo de zinc; Lejanas bandadas de pájaros marchan El fondo bruñido de pálido gris. El sol como un vidrio redondo y opaco Con paso de enfermo camina al cenit; El viento marino descansa en la sombra Teniendo de almohada su negro clarín. Las ondas que mueven su vientre de plomo Debajo del muelle parecen gemir. Sentado en un cable, fumando su pipa, Está un marinero pensando en las playas De un vago, lejano, brumoso país. Es viejo ese lobo. Tostaron su cara Los rayos de fuego del sol del Brasil; Los recios tifones del mar de la China Le han visto bebiendo su frasco de gin. La espuma impregnada de yodo y salitre Ha tiempo conoce su roja nariz, Sus crespos cabellos, sus biceps de atleta, Su gorra de lona, su blusa de dril. En medio del humo que forma el tabaco Ve el viejo el lejano, brumoso país, A donde una tarde caliente y dorada Tendidas las velas partió el bergantín... La siesta del trópico. El lobo se adureme. Ya todo lo envuelve la gama del gris. Parece que un suave y enorme esfumino Del curvo horizonte borrara el confín. La siesta del trópico. La vieja cigarra Ensaya su ronca guitarra senil, Y el grillo preludia un solo monótono En la única cuerda que está en su violín.

LA DEA
A Alberto Ghiraldo.
Alberto, en el propíleo del tiempo soberano Donde Renan rezaba, Verlaine cantado hubiera. Primavera una rosa de amor tiene en la mano Y cerca de la joven y dulce Primavera Término su sonrisa de piedra brinda en vano A la desnuda náyade y a la ninfa hechicera Que viene a la soberbia fiesta de la pradera y del boscaje, en busca del lírico Sylvano. Sobre su altar de oro se levanta la Dea,— Tal en su aspecto icónico la virgen bizantina— Toda belleza humana ante su luz es fea; Toda visión humana, a su luz es divina: Y esa es la virtud sacra de la divina Idea Cuya alma es una sombra que todo lo ilumina.


EPITALAMIO BÁRBARO
A Lugones.
El alba aun no aparece en su gloria de oro. Canta el mar con la música de sus ninfas en coro y el aliento del campo se va cuajando en bruma. Teje la náyade el encaje de su espuma Y el bosque inicia el himno de sus flautas de pluma. Es el momento en que el salvaje caballero Se ve pasar. La tribu aulla y el ligero Caballo es un relámpago, veloz como una idea. A su paso, asustada, se para la marea; La náyade interrumpe la labor que ejecuta Y el director del bosque detiene la batuta. —«¿Qué pasa?» desde el lecho pregunta Venus bella, Y Apolo: —«Es Sagitario que ha robado una estrella.»

