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Prosas Profanas, Obras Completas Vol. II

PROSAS PROFANAS

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Illustration from Prosas Profanas Obras Completas Vol. II

ERA UN AIRE SUAVE...

Era un aire suave, de pausados giros; El hada Harmonía ritmaba sus vuelos; E iban frases vagas y tenues suspiros Entre los sollozos de los violoncelos. Sobre la terraza, junto a los ramajes, Diríase un trémolo de liras eolias Cuando acariciaban los sedosos trajes, Sobre el tallo erguidas, las blancas magnolias. La marquesa Eulalia risas y desvíos Daba a un tiempo mismo para dos rivales: El vizconde rubio de los desafíos Y el abate joven de los madrigales. Cerca, coronado con hojas de viña, Reía en su máscara Término barbudo, Y, como un efebo que fuese una niña, Mostraba una Diana su mármol desnudo. Y bajo un boscaje del amor palestra, Sobre rico zócalo al modo de Jonia, Con un candelabro prendido en la diestra Volaba el Mercurio de Juan de Bolonia. La orquesta perlaba sus mágicas notas; Un coro de sones alados se oía; Galantes pavanas fugaces gavotas, Cantaban los dulces violines de Hungría. Al oir las quejas de sus caballeros Ríe, ríe, ríe, la divina Eulalia, Pues son su tesoro las flechas de Eros, El cinto de Cipria, la rueca de Onfalia. ¡Ay de quien sus mieles y frases recoja! ¡Ay de quien del canto de su amor se fíe! Con sus ojos lindos y su boca roja, La divina Eulalia, ríe, ríe, ríe. Tiene azules ojos, es maligna y bella; Cuando mira vierte viva luz extraña; Se asoma a sus húmedas pupilas de estrella El alma del rubio cristal de Champaña. Es noche de fiesta, y el baile de trajes Ostenta su gloria de triunfos mundanos. La divina Eulalia, vestida de encajes, Una flor destroza con sus tersas manos. El teclado armónico de su risa fina A la alegre música de un pájaro iguala. Con los staccati de una bailarina Y las locas fugas de una colegiala. ¡Amoroso pájaro que trinos exhala Bajo el ala a veces ocultando el pico; Que desdenes rudos lanza bajo el ala, Bajo el ala aleve del leve abanico! Cuando a media noche sus notas arranque Y en arpegios áureos gima Filomela, Y el ebúrneo cisne, sobre el quieto estanque, Como blanca góndola imprima su estela, La marquesa alegre llegará al boscaje, Boscaje que cubre la amable glorieta Donde han de estrecharla los brazos de un paje, que siendo su paje será su poeta. Al compás de un canto de artista de Italia Que en la brisa errante la orquesta deslíe, Junto a los rivales, la divina Eulalia, La divina Eulalia, ríe, ríe, ríe. ¿Fué acaso en el tiempo del rey Luis de Francia, Sol con corte de astros, en campos de azur, Cuando los alcázares llenó de fragancia La regia y pomposa rosa Pompadour? ¿Fué cuando la bella su falda cogía Con dedos de ninfa, bailando el minué, Y de los compases el ritmo seguía Sobre el tacón rojo, lindo y leve el pie? ¿O cuando pastoras de floridos valles Ornaban con cintas sus albos corderos, Y oían, divinas Tirsis de Versalles, Las declaraciones de sus caballeros? ¿Fué en ese buen tiempo de duques pastores, De amantes princesas y tiernos galanes, Cuando entre sonrisas y perlas y flores Iban las casacas de los chambelanes? ¿Fué acaso en el Norte o en el Mediodía? Yo el tiempo y el día y el país ignoro; Pero sé que Eulalia ríe todavía, ¡Y es cruel y eterna su risa de oro! 1893.

Illustration from Prosas Profanas Obras Completas Vol. II
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DIVAGACIÓN

¿Vienes? me llega aquí, pues que suspiras, Un soplo de las mágicas fragancias Que hicieran los delirios de las liras En las Grecias, las Romas y las Francias. ¡Suspira así! Revuelen las abejas Al olor de la olímpica ambrosía, En los perfumes que en el aire dejas; Y el dios de piedra se despierte y ría. Y el dios de piedra se despierte y cante La gloria de los tirsos florecientes En el gesto ritual de la bacante De rojos labios y nevados dientes; En el gesto ritual que en las hermosas Ninfalias guía a la divina hoguera, Hoguera que hace llamear las rosas En las manchadas pieles de pantera. Y pues amas reir, ríe, y la brisa Lleve el son de los líricos cristales De tu reir, y haga temblar la risa La barba de los Términos joviales. Mira hacia el lado del boscaje, mira Blanquear el muslo de marfil de Diana, Y después de la Virgen, la Hetaira Diosa, su blanca, rosa y rubia hermana. Pasa en busca de Adonis; sus aromas Deleitan a las rosas y los nardos; Síguela una pareja de palomas Y hay tras ella una fuga de leopardos. ¿Te gusta amar en griego? Yo las fiestas Galantes busco, en donde se recuerde, Al suave són de rítmicas orquestas, La tierra de la luz y el mirlo verde. (Los abates refieren aventuras A las rubias marquesas. Soñolientos Filósofos defienden las ternuras Del amor, con sutiles argumentos, Mientras que surge de la verde grama, En la mano el acanto de Corinto, Una ninfa a quien puso un epigrama Beaumarchais, sobre el mármol de su plinto. Amo más que la Grecia de los griegos La Grecia de la Francia, porque en Francia, Al eco de las Risas y los Juegos, Su más dulce licor Venus escancia. Demuestran más encantos y perfidias Coronadas de flores y desnudas, Las diosas de Clodión que las de Fidias; Unas cantan francés, otras son mudas. Verlaine es más que Sócrates; y Arsenio Houssaye supera al viejo Anacreonte. En París reinan el Amor y el Genio. Ha perdido su imperio el dios bifronte. Monsieur Prudhomme y Homais no saben nada. Hay Chipres, Pafos, Tempes y Amatuntes, Donde el amor de mi madrina, un hada, Tus frescos labios a los míos juntes.) Sones de bandolín. El rojo vino Conduce un paje rojo. ¿Amas los sones Del bandolín, y un amor florentino? Serás la reina en los decamerones. (Un coro de poetas y pintores Cuenta historias picantes. Con maligna Sonrisa alegre aprueban los señores. Clelia enrojece, una dueña se signa.) ¿O un amor alemán?—que no han sentido Jamás los alemanes—: la celeste Gretchen; claro de luna; el aria; el nido Del ruiseñor; y en una roca agreste, La luz de nieve que del cielo llega Y baña a una hermosura que suspira La queja vaga que a la noche entrega Loreley en la lengua de la lira. Y sobre el agua azul el caballero Lohengrín; y su cisne, cual si fuese Un cincelado témpano viajero, Con su cuello enarcado en forma de S. Y del divino Enrique Heine un canto, A la orilla del Rhin; y del divino Wolfgang la larga cabellera, el manto; Y de la uva teutona el blanco vino. O amor lleno de sol, amor de España, Amor lleno de púrpuras y oros; Amor que da el clavel, la flor extraña Regada con la sangre de los toros; Flor de gitanas, flor que amor recela Amor de sangre y luz, pasiones locas; Flor que trasciende a clavo y a canela, Roja cual las heridas y las bocas. ¿Los amores exóticos acaso...? Como rosa de Oriente me fascinas: Me deleitan la seda, el oro, el raso. Gautier adoraba a las princesas chinas. ¡Oh, bello amor de mil genuflexiones; Torres de kaolín, pies imposibles, Tazas de té, tortugas y dragones, Y verdes arrozales apacibles! Ámame en chino, en el sonoro chino De Li-Tai-Pe. Yo igualaré a los sabios Poetas que interpretan el destino; Madrigalizaré junto a tus labios. Diré que eres más bella que la luna; Que el tesoro del cielo es menos rico Que el tesoro que vela la importuna Caricia de Marfil de tu abanico. Ámame, japonesa, japonesa Antigua, que no sepa de naciones Occidentales; tal una princesa Con las pupilas llenas de visiones, Que aún ignorase en la sagrada Kioto, En su labrado camarín de plata, Ornado al par de crisantemo y loto, La civilización de Yamagata. O con amor hindú que alza sus llamas En la visión suprema de los mitos, Y hace temblar en misteriosas bramas La iniciación de los sagrados ritos, En tanto mueven tigres y panteras Sus hierros, y en los fuertes elefantes Sueñan con ideales bayaderas Los rajahs, constelados de brillantes. O negra, negra como la que canta En su Jerusalem el rey hermoso, Negra que haga brotar bajo su planta La rosa y la cicuta del reposo... Amor, en fin, que todo diga y cante, Amor que encante y deje sorprendida A la serpiente de ojos de diamante Que está enroscada al árbol de la vida. Amame así, fatal cosmopolita, Universal, inmensa, única, sola y todas; misteriosa y erudita: Amame mar y nube, espuma y ola. Sé mi reina de Saba, mi tesoro; Descansa en mis palacios solitarios. Duerme. Yo encenderé los incensarios. Y junto a mi unicornio cuerno de oro, Tendrán rosas y miel tus dromedarios. Tigre Hotel, Diciembre 1894.

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Illustration from Prosas Profanas Obras Completas Vol. II
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SONATINA

La princesa está triste... ¿qué tendrá la princesa? Los suspiros se escapan de su boca de fresa, Que ha perdido la risa, que ha perdido el color. La princesa está pálida en su silla de oro, Está mudo el teclado de su clave sonoro; Y en un vaso olvidada se desmaya una flor. El jardín puebla el triunfo de los pavos reales. Parlanchina, la dueña dice cosas banales, Y vestido de rojo piruetea el bufón. La princesa no ríe, la princesa no siente; La princesa persigue por el cielo de Oriente La libélula vaga de una vaga ilusión. ¿Piensa acaso en el príncipe de Golconda o de China, O en el que ha detenido su carroza argentina Para ver de sus ojos la dulzura de luz, O en el rey de las Islas de las rosas fragantes, O en el que es soberano de los claros diamantes, O en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz? ¡Ay! la pobre princesa de la boca de rosa, Quiere ser golondrina, quiere ser mariposa. Tener alas ligeras, bajo el cielo volar, Ir al sol por la escala luminosa de un rayo, Saludar a los lirios con los versos de Mayo, O perderse en el viento sobre el trueno del mar. Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata, Ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata, Ni los cisnes unánimes en el lago de azur. Y están tristes las flores por la flor de la corte; Los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte, De Occidente las dalias y las rosas del Sur. ¡Pobrecita princesa de los ojos azules! Está presa en sus oros, está presa en sus tules, En la jaula de mármol del palacio real; El palacio soberbio que vigilan los guardas, Que custodian cien negros con sus cien alabardas, Un lebrel que no duerme y un dragón colosal. ¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida! (La princesa está triste. La princesa está pálida) ¡Oh, visión adorada de oro, rosa y marfil! ¡Quien volara a la tierra donde un príncipe existe (La princesa está pálida. La princesa está triste) Más brillante que el alba, más hermoso que Abril! Calla, calla, princesa,—dice el hada madrina— En caballo con alas, hacia acá se encamina, En el cinto la espada y en la mano el azor, El feliz caballero que te adora sin verte, Y que llega de lejos, vencedor de la Muerte, A encenderte los labios con su beso de amor!

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Titulo
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BLASÓN

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BLASÓN

Para la condesa de Peralta.

El olímpico cisne de nieve Con el ágata rosa del pico Lustra el ala eucarística y breve que abre al sol como un casto abanico. En la forma de un brazo de lira Y del asa de un ánfora griega Es su cándido cuello, que inspira Como prora ideal que navega. Es el cisne, de estirpe sagrada, Cuyo beso, por campos de seda, Ascendió hasta la cima rosada De las dulces colinas de Leda. Blanco rey de la fuente Castalia Su victoria ilumina el Danubio; Vinci fué su barón en Italia; Lohengrín es su príncipe rubio. Su blancura es hermana del lino, Del botón de los blancos rosales Y del albo toisón diamantino De los tiernos corderos pascuales. Rimador de ideal florilegio Es de armiño su lírico manto, Y es el mágico pájaro regio Que al morir rima el alma en un canto. El alado aristócrata muestra Lises albos en campo de azur, Y ha sentido en sus plumas la diestra De la amable y gentil Pompadour. Boga y boga en el lago sonoro Donde el sueño a los tristes espera, Donde aguarda una góndola de oro A la novia de Luis de Baviera. Dad, Condesa, a los cisnes cariño, Dioses son de un país halagüeño, Y hechos son de perfume, de armiño, De luz alba, de seda y de sueño.

Illustration from Prosas Profanas Obras Completas Vol. II
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DEL CAMPO

¡Pradera, feliz día! Del regio Buenos Aires Quedaron allá lejos el fuego y el hervor; Hoy en tu verde triunfo tendrán mis sueños vida, Respiraré tu aliento, me bañaré en tu sol. Muy buenos días, huerto. Saludo la frescura Que brota de las ramas de tu durazno en flor; Formada de rosales tu calle de Florida Mira pasar la Gloria, la Banca y el Sport. Un pájaro poeta, rumia en su buche versos; Chismoso y petulante, charlando va un gorrión; Las plantas trepadoras conversan de política; Las rosas y los lirios, del arte y del amor. Rigiendo su cuadriga de mágicas libélulas, De sueños millonarios, pasa el travieso Puck; Y, espléndida sportwoman, en su celeste carro, La emperatriz Titania seguida de Oberón. De noche, cuando muestra su medio anillo de oro, Bajo el azul tranquilo, la amada de Pierrot, Es una fiesta pálida la que en el huerto reina, Toca en la lira el aire su do-re-mi-fa-sol. Curiosas las violetas a su balcón se asoman. Y una suspira: «¡lástima que falte el ruiseñor!» Los silfos acompasan la danza de las brisas En un walpurgis vago de aroma y de visión. De pronto se oye el eco del grito de la pampa; Brilla como una puesta del argentino sol; Y un espectral jinete, como una sombra cruza, Sobre su espalda un poncho; sobre su faz, dolor. —«¿Quién eres, solitario viajero de la noche?» —«Yo soy la Poesía que un tiempo aquí reinó: ¡Yo soy el postrer gaucho que parte para siempre, De nuestra vieja patria llevando el corazón!»

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ALABA LOS OJOS NEGROS DE JULIA

Eva era rubia? No. Con negros ojos Vió la manzana del jardín: con labios Rojos probó su miel; con labios rojos Que saben hoy más ciencia que los sabios. Venus tuvo el azur en sus pupilas Pero su hijo no. Negros y fieros Encienden a las tórtolas tranquilas Los dos ojos de Eros. Los ojos de las reinas fabulosas, De las reinas magníficas y fuertes, Tenían las pupilas tenebrosas Que daban los amores y las muertes. Pentensilea, reina de amazonas, Judith, espada y fuerza de Betulia, Cleopatra, encantadora de coronas, La luz tuvieron de tus ojos, Julia. La negra, que es más luz que la luz blanca Del sol, y las azules de los cielos. Luz que el más rojo resplandor arranca Al diamante terrible de los celos. Luz negra, luz divina, luz que alegra La luz meridional, luz de las niñas, De las grandes ojeras, ¡oh, luz negra Que hace cantar a Pan bajo las viñas!

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CANCIÓN DE CARNAVAL

Le carnaval s'amuse! Viens le chanter, ma Muse...

Banville.

Musa, la máscara apresta, Ensaya un aire jovial Y goza y ríe en la fiesta Del carnaval. Ríe en la danza que gira, Muestra la pierna rosada, Y suene, como una lira, Tu carcajada. Para volar más ligera Ponte dos hojas de rosa, Como hace tu compañera La mariposa. Y que en tu boca risueña, Que se une al alegre coro, Deje la abeja posteña Su miel de oro. Unete a la mascarada, Y mientras muequea un clown Con la faz pintarrajeada Como Frank Brown; Mientras Arlequín revela Que al prisma sus tintes roba Y aparece Pulchinela Con su joroba, Di a Colombina la bella Lo que de ella pienso yo, Y descorcha una botella Para Pierrot. Que él te cuente cómo rima Sus amores con la luna Y te haga un poema en una Pantomima. Da al aire la serenata, Toca el áuro bandolín, Lleva un látigo de plata Para el spleen. Sé lírica y sé bizarra; Con la cítara sé griega; O gaucha, con la guitarra De santos Vega. Mueve tu espléndido torso Por las calles pintorescas Y juega y adorna el corso, Con rosas frescas. De perlas riega un tesoro De Andrade en el regio nido, Y en la hopalanda de Guido, Polvo de oro. Penas y duelos olvida, Canta deleites y amores; Busca la flor de las flores Por Florida. Con la armonía le encantas De las rimas de cristal, Y deshojas a sus plantas, Un madrigal. Piruetea, baila, inspira Versos locos y joviales, Celebre la alegre lira Los carnavales. Sus gritos y sus canciones. Sus comparsas y sus trajes Sus perlas, tintes y encajes y pompones. Y lleve la rauda brisa, Sonora, argentina, fresca, La victoria de tu risa Funambulesca!

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PARA UNA CUBANA

Poesía dulce y mística, Busca a la blanca cubana Que se asomó a la ventana Como una visión artística. Misteriosa y cabalística, Puede dar celos a Diana, Con su faz de porcelana De una blancura eucarística. Llena de un prestigio asiático, Roja, en el rostro enigmático, Su boca púrpura finge Y al sonreirse vi en ella El resplandor de una estrella Que fuese alma de una esfinge.

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PARA LA MISMA

Miré al sentarme a la mesa, Bañado en la luz del día, El retrato de María, La cubana-japonesa. El aire acaricia y besa, Como un amante lo haría, La orgullosa bizarría, De la cabellera espesa. Diera un tesoro el Mikado Por sentirse acariciado Por princesa tan gentil, Digna de que un gran pintor La pinte junto a una flor En un vaso de marfil.

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BOUQUET

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BOUQUET

Un poeta egregio del país de Francia, Que con versos áureos alabó el amor, Formó un ramo armónico, lleno de elegancia, En su Sinfonía en Blanco Mayor. Yo por ti formara, Blanca deliciosa, El regalo lírico de un blanco bouquet, Con la blanca estrella, con la blanca rosa Que en los bellos parques del azul se ve. Hoy que tú celebras tus bodas de nieve, (Tus bodas de virgen con el sueño son) Todas sus blancuras, Primavera, llueve Sobre la blancura de tu corazón. Cirios, cirios blancos, blancos, blancos lirios. Cuellos de los cisnes, margarita en flor, Galas de la espuma, ceras de los cirios Y estrellas celestes tienen tu color. Yo al enviarte versos de mi vida arranco La flor que te ofrezco, blanco serafín: ¡Mira cómo mancha tu corpiño blanco La más roja rosa que hay en mi jardín!

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EL FAISÁN

Dijo sus secretos el faisán de oro:— En el gabinete mi blanco tesoro, De sus claras risas el divino coro Las bellas figuras de los gobelinos, Los cristales llenos de aromados vinos, Las rosas francesas en los vasos chinos. (Las rosas francesas, porque fué allá en Francia Donde en el retiro de la dulce estancia Esas frescas rosas dieron su fragancia.) La cena esperaba. Quitadas las vendas, Iban mil amores de flechas tremendas En aquella noche de Carnestolendas. La careta negra se quitó la niña, y tras el preludio de una alegre riña Apuró mi boca vino de su viña Vino de la viña de la boca loca, Que hace arder el beso, que el mordisco invoca. ¡Oh los blancos dientes de la loca boca! En su boca ardiente yo bebí los vinos, y pinzas rosadas, sus dedos divinos, Me dieron las fresas y los langostinos. Yo la vestimenta de Pierrot tenía, Y aunque me alegraba y aunque me reía, Moraba en mi alma la melancolía. La carnavalesca noche luminosa Dió a mi triste espíritu la mujer hermosa, Sus ojos de fuego, sus labios de rosa. Y en el gabinete del café galante Ella se encontraba con su nuevo amante, Peregrino pálido de un país distante. Llegaban los ecos de vagos cantares; Y se despedían de sus azahares Miles de purezas en los bulevares. Y cuando el champaña me cantó su canto, Por una ventana vi que un negro manto De nube, de Febo cubría el encanto. Y dije a la amada de un día:—¿No viste De pronto ponerse la noche tan triste? ¿Acaso la Reina de luz ya no existe? Ella me miraba. Y el faisán cubierto de plumas de oro: —«¡Pierrot! ten por cierto Que tu fiel amada, que la Luna, ha muerto!»

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GARÇONNIERE

A. G. Grippa.

Como era el instante, dígalo la musa Que las dichas trae, que las penas lleva: La tristeza pasa, velada y confusa; La alegría, rosas y azahares nieva. Era en un amable nido de soltero, De risas y versos, de placer sonoro; Era un inspirado cada caballero, De sueños azules y vino de oro. Un rubio decía frases sentenciosas: Negando y amando las musas eternas Un bruno decía versos como rosas, Dos sonantes rimas y palabras tiernas. Los tapices rojos, de doradas listas, Cubrían panoplias de pinturas y armas, Que hablaban de bellas pasadas conquistas, Amantes coloquios y dulces alarmas. El verso de fuego de D'Anunzio era Como un son divino que en las saturnales Guiara las manchadas pieles de pantera. A fiestas soberbias y amores triunfales. E iban con manchadas pieles de pantera, Con tirsos de flores y copas paganas Las almas de aquellos jóvenes que viera Venus en su templo con palmas hermanas. Venus, la celeste reina que adivina En las almas vivas alegrías francas Y que les confía, por gracia divina, Sus abejos de oro, sus palomas blancas. Y aquellos amantes de la eterna Dea, A la dulce música de la regia rima, Oyen el mensaje de la vasta Idea Por el compañero que recita y mima. Y sobre sus frentes que acaricia el lauro, Abril pone amable su beso sonoro, Y llevan gozosos, sátiro y centauro. La alegría noble del vino de oro.

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EL PAIS DEL SOL

Para una artista cubana.

Junto al negro palacio del rey de la isla de Hierro—(¡oh, cruel, horrible destierro!)—¿cómo es que tú, hermana harmoniosa, haces cantar al cielo gris, tu pajarera de ruiseñores, tu formidable caja musical? ¿No te entristece recordar la primavera en que oiste a un pájaro divino y tornasol

en el país del sol?

En el jardín del rey de la isla de Oro—(¡oh, mi ensueño que adoro!)—fuera mejor que tú, harmoniosa hermana, amaestrases tus aladas flautas, tus sonoras arpas; tú que naciste donde más lindos nacen el clavel de sangre y la rosa de arrebol,

en el país del sol!

O en el alcázar de la reina de la isla de Plata (Schubert, solloza la Serenata...) pudieras también, hermana harmoniosa, hacer que las místicas aves de tu alma alabasen dulce, dulcemente, el claro de luna, los vírgenes lirios, la monja paloma y el cisne marqués. La mejor plata se funde en un ardiente crisol,

en el país del sol!

Vuelve, pues, a tu barca, que tienes lista la vela—(resuena, lira, Céfiro, vuela)—y parte, harmoniosa hermana, a donde un príncipe bello, a la orilla del mar, pide liras, y versos y rosas, y acaricia sus rizos de oro bajo un regio azul parasol,

en el país del sol.

New-Yoy, 1893.

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MARGARITA

In memoriam...

Recuerdas que querías ser una Margarita Gautier? Fijo en mi mente tu extraño rostro está, Cuando cenamos juntos, en la primera cita, En una noche alegre que nunca volverá. Tus labios escarlatas de púrpura maldita Sorbían el champaña del fino baccarat; Tus dedos deshojaban la blanca margarita «¡Sí... no... sí... no...» y sabías que te adoraba ya! Después, ¡oh flor de Histeria! llorabas y reías; Tus besos y tus lágrimas tuve en mi boca yo; Tus risas, tus fragancias, tus quejas, eran mías. Y en una tarde triste de los más dulces días, La Muerte, la celosa, por ver si me querías, ¡Como a una margarita de amor, te deshojó!

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MÍA

Mía: así te llamas. ¿Qué más harmonía? Mía: luz del día, Mía: rosas, llamas. ¡Qué aroma derramas En el alma mía Si sé que me amas, ¡Oh Mía! ¡oh Mía! Tu sexo fundiste Con mi sexo fuerte, Fundiendo dos bronces. Yo triste, tu triste... ¿No has de ser entonces Mía hasta la muerte?

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DICE MÍA

Mi pobre alma pálida Era un crisálida. Luego mariposa De color de rosa. Un céfiro inquieto Dijo mi secreto... —¿Has sabido tu secreto un día? ¡Oh Mía! Tu secreto es una Melodía en un rayo de luna... —¿Una melodía?

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HERALDOS

¡Helena! La anuncia el blancor de un cisne. ¡Makheda! La anuncia un pavo real. ¡Ifigenia, Electra, Catalina! Anúncialas un caballero con un hacha. ¡Ruth, Lía, Enone! Anúncialas un paje con un lirio. ¡Yolanda! Anúnciala una paloma. ¡Clorinda, Carolina! Anúncialas un paje con un ramo de viña. ¡Sylvia! Anúnciala una corza blanca. ¡Aurora, Isabel! Anúncialas de pronto Un resplandor que ciega mis ojos. ¿Ella? (No la anuncian. No llega aún.)

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ITE, MISSA EST

A. Reynaldo de Rafael.

Yo adoro a una sonámbula con alma de Eloisa Virgen como la nieve y honda como la mar; Su espíritu es la hostia de mi amorosa misa Y alzo al són de una dulce lira crepuscular. Ojos de evocadora, gesto de profetisa, En ella hay la sagrada frecuencia del altar; Su risa es la sonrisa suave de Monna Lisa. Sus labios son los únicos labios para besar. Y he de besarla un día con rojo beso ardiente; Apoyada en mi brazo como convaleciente Me mirará asombrada con íntimo pavor; La enamorada esfinge quedará estupefacta, Apagaré la llama de la vestal intacta ¡Y la faunesa antigua me rugirá de amor!

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COLOQUIO DE LOS CENTAUROS

A Paul Groussac.

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COLOQUIO DE LOS CENTAUROS

En la isla en que detiene su esquife el argonauta Del inmortal Ensueño, donde la eterna pauta De las eternas liras se escucha—: Isla de oro En que el tritón elige su caracol sonoro Y la sirena blanca va a ver el sol—un día Se oye un tropel vibrante de fuerza y de armonía. Son los Centauros. Cubren la llanura. Les siente La montaña. De lejos, forman són de torrente Que cae; su galope al aire que reposa Despierta, y estremece la hoja del laurel-rosa. Son los Centauros. Unos enormes, rudos; otros Alegres y saltantes como jóvenes potros; Unos con largas barbas como los padres-ríos, Otros imberbes, ágiles y de piafantes bríos, y de robustos músculos, brazos y lomos aptos Para portar las ninfas rosadas en los raptos. Van en galope rítmico. Junto a un fresco boscaje, Frente al gran Océano, se paran. El paisaje Recibe de la urnal matinal luz sagrada Que el vasto azul suaviza con límpida mirada. Y oyen seres terrestres y habitantes marinos La voz de los criados cuadrúpedos divinos. QUIRÓN Calladas las bocinas a los tritones gratas, Calladas las sirenas de labios escarlatas. Los carrillos de Eolo desinflados, digamos Junto al laurel ilustre de florecidos ramos La gloria inmarcesible de las Musas hermosas Y el triunfo del terrible misterio de las cosas. He aquí que renacen los lauros milenarios; Vuelven a dar su lumbre los viejos lampadarios; Y anímase en mi cuerpo de Centauro inmortal La sangre del celeste caballo paternal. RETO Arquero luminoso, desde el zodiaco llegas; Aun presas en las crines tiene avejas griegas; Aun del dardo herakleo muestras la roja herida Por do salir no pudo la esencia de tu vida. ¡Padre y Maestro excelso! Eres la fuente sana De la verdad que busca la triste raza humana: Aun Esculapio sigue la vena de tu ciencia; Siempre el veloz Aquiles sustenta su existencia Con el manjar salvaje que le ofreciste un día, y Herakles, descuidando su masa, en la harmonía De los astros, se eleva bajo el cielo nocturno... QUIRÓN La ciencia es flor del tiempo: mi padre fué Saturno. ABANTES Himnos a la sagrada Naturaleza; al vientre De la tierra y al germen que entre en las rocas y entre Las carnes de los árboles, y dentro humana forma Es un mismo secreto y es una misma norma, Potente y sutilísimo, universal resumen De la suprema fuerza, de la virtud del Numen. QUIRÓN ¡Himnos! Las cosas tienen un sér vital: las cosas Tienen raros aspectos, miradas misteriosas; Toda forma es un gesto, una cifra, un enigma; En cada átomo existe un incógnito estigma; Cada hoja de cada árbol canta un propio cantar Y hay un alma en cada una de las gotas del mar; El vate, el sacerdote, suele oir el acento Desconocido; a veces enuncia el vago viento Un misterio; y revela una inicial la espuma O la flor; y se escuchan palabras de la bruma. Y el hombre favorito del numen, en la linfa O la ráfaga encuentra mentor—; demonio o ninfa. FOLO El biforme ixionida comprende de la altura, Por la materna gracia, la lumbre que fulgura, La nube que se anima de luz y que decora El pavimento en donde rige su carro Aurora, Y la banda de Iris que tiene siete rayos Cual la lira en sus brazos siete cuerdas; los mayos En la fragante tierra llenos de ramos bellos, Y el Polo coronado de cándidos cabellos. El ixionida pasa veloz por la montaña Rompiendo con el pecho de la maleza huraña Los erizados brazos, las cárceles hostiles; Escuchan sus orejas los ecos más sutiles: Sus ojos atraviesan las intrincadas hojas Mientras sus manos toman para sus bocas rojas Las frescas bayas altas que el sátiro codicia; Junto a la oculta fuente su mirada acaricia Las curvas de las ninfas del séquito de Diana; Pues en su cuerpo corre también la esencia humana Unida a la corriente de la savia divina Y a la salvaje sangre que hay en la bestia equina. Tal el hijo robusto de Ixión y de la Nube. QUIRÓN Sus cuatro patas, bajan; su testa erguida, sube. ORNEO Yo comprendo el secreto de la bestia. Malignos Séres hay y benignos. Entre ellos se hacen signos De bien y mal, de odio o de amor, o de pena O gozo: el cuervo es malo y la torcaz es buena. QUIRÓN Ni es la torcaz benigna, ni es el cuervo protervo: Son formas del Enigma la paloma y el cuervo. ASTILO El Enigma es el soplo que hace cantar la lira. NESO ¡El Enigma es el rostro fatal de Deyanira! Mi espalda aun guarda el dulce perfume de la bella; Aun mis pupilas llama su claridad de estrella. ¡Oh, aroma de su sexo! ¡oh, rosas y alabastros! ¡Oh, envidia de las flores y celos de los astros! QUIRÓN Cuando del sacro abuelo la sangre luminosa Con la marina espuma formara nieve y rosa, Hecha de rosa y nieve nació la Anadiomena. Al cielo alzó los brazos la lírica sirena, Los curvos hipocampos sobre las verdes ondas Levaron los hocicos; y caderas redondas, Tritónicas melenas y dorsos de delfines Junto a la Reina nueva se vieron. Los confines Del mar llenó el grandioso clamor; el universo Sintió que un hombre harmónico sonoro como un verso Llenaba el hondo hueco de la altura; ese hombre Hizo gemir la tierra de amor: fué para el hombre Más alto que el de Jove: y los númenes mismos Lo oyeron asombrados; los lóbregos abismos Tuvieron una gracia de luz ¡Venus impera! Ella es entre las reinas celestes la primera, Pues es quien tiene el fuerte poder de la Hermosura. ¡Vaso de miel y mirra brotó de la amargura! Ella es la más gallarda de las emperatrices; Princesa de los gérmenes, reina de las matrices, Señora de las savias y de las atracciones, Señora de los besos y de los corazones. EUIRITO ¡No olvidaré los ojos radiantes de Hipodamia! HIPEA Yo sé de la hembra humana la original infamia. Venus anima artera sus máquinas fatales, Tras los radiantes ojos ríen traidores males, De su floral perfume se exhala sutil daño; Su cráneo obscuro alberga bestialidad y engaño. Tiene las formas puras del ánfora, y la risa Del agua que la brisa riza y el sol irisa; Mas la ponzoña ingénita su máscara pregona: Mejores son el águila, la yegua y la leona. De su húmeda impureza brota el calor que enerva Los mismos sacros dones de la imperial Minerva; Y entre sus duros pechos, lirios del Aqueronte, Hay un olor que llena la barca de Caronte. ODITES Como una miel celeste hay en su lengua fina; Su piel de flor aun húmeda está de agua marina. Yo he visto de Hipodamia la faz encantadora, La cabellera espesa, la pierna vencedora. Ella de la hembra humana fuera ejemplar augusto; Ante su rostro olímpico no habría rostro adusto; Las Gracias junto a ella quedarían confusas, Y las ligeras Horas y las sublimes Musas Por ella detuvieron sus giros y su canto. HIPEA Ella la causa fuera de inenarrable espanto: Por ella el ixionida dobló su cuello fuerte. La hembra humana es hermana del Dolor y la Muerte. QUIRÓN Por suma ley un día llegará el himeneo Que el soñador aguarda: Cinis será Ceneo; Claro será el origen del femenino arcano: La Esfinge tal secreto dirá a su soberano. CLITO Naturaleza tiende sus brazos y sus pechos A los humanos seres; la clave de los hechos Conócela el vidente; Homero con su báculo, En su gruta Deifobe, la lengua del Oráculo. CAUMANTES El monstruo expresa un ansia del corazón del Orbe, En el Centauro el bruto la vida humana absorbe, El sátiro es la selva sagrada y la lujuria, Une sexuales ímpetus a la harmoniosa furia. Pan junta la soberbia de la montaña agreste Al ritmo de la inmensa mecánica celeste; La boca melodiosa que atrae en Sirenusa Es de la fiera alada y es de la suave musa; Con la bicorne bestia Pasifae se ayunta, Naturaleza sabia formas diversas junta, Y cuando tiende al hombre la gran Naturaleza, El monstruo, siendo el símbolo, se viste de belleza. GRINEO Yo amo lo inanimado que amó el divino Hesiodo. QUIRÓN Grineo, sobre el mundo tiene un ánima todo. GRINEO He visto, entonces, raros ojos fijos en mí: Los vivos ojos rojos del alma del rubí; Los ojos luminosos del alma del topacio Y los de la esmeralda que del azul espacio La maravilla imitan; los ojos de las gemas De brillos peregrinos y mágicos emblemas. Amo el granito duro que el arquitecto labra Y el mármol en que duermen la línea y la palabra... QUIRÓN A Deucalión y a Pirra, varones y mujeres Las piedras aun intactas dijeron: «¿Qué nos quieres?» LICIDAS Yo he visto los lemures flotar, en los nocturnos Instantes, cuando escuchan los bosques taciturnos El loco grito de Atis que su dolor revela O la maravillosa canción de Filomela. El galope apresuro, si en el boscaje miro Manes que pasan, y oigo su fúnebre suspiro. Pues de la Muerte el hondo, desconocido Imperio, Guarda el pavor sagrado de su fatal misterio. ARNEO La Muerte es de la Vida la inseparable hermana. QUIRÓN La Muerte es la victoria de la progenie humana. MEDÓN ¡La Muerte! Yo la he visto. No es demacrada y mustia Ni ase corva guadaña, ni tiene faz de angustia. Es semejante a Diana, casta y virgen como ella; En su rostro hay la gracia de la núbil doncella Y lleva una guirnalda de rosas siderales. En su siniestra tiene verdes palmas triunfales, y en su diestra una copa con agua del olvido. A sus pies, como un perro, yace un amor dormido. AMICO Los mismos dioses buscan la dulce paz que vierte. QUIRÓN La pena de los dioses es no alcanzar la Muerte. EURETO Si el hombre—Prometeo—pudo robar la vida, La clave de la muerte serále concedida. QUIRÓN La virgen de las vírgenes es inviolable y pura. Nadie su casto cuerpo tendrá en la alcoba obscura, Ni beberá en sus labios el grito de victoria, Ni arrancará a su frente las rosas de su gloria. * * * * * Mas he aquí que Apolo se acerca al meridiano. Sus truenos prolongados repite el Oceano. Bajo el dorado carro del reluciente Apolo Vuelve a inflar sus carrillos y sus odres Eolo. A lo lejos, un templo de mármol se divisa Entre laureles-rosa que hace cantar la brisa. Con sus vibrantes notas de Céfiro desgarra La veste transparente la helénica cigarra, Y por el llano extenso van en tropel sonoro Los Centauros, y al paso, tiembla la Isla de Oro.

Illustration from Prosas Profanas Obras Completas Vol. II
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