← Table of contents
Poesías completas

ELOGIOS

Reading edition

CXXXIX A DON FRANCISCO GINER DE LOS RÍOS

Como se fué el maestro, la luz de esta mañana me dijo: Van tres días que mi hermano Francisco no trabaja. ¿Murió?... Sólo sabemos que se nos fué por una senda clara, diciéndonos: Hacedme un duelo de labores y esperanzas. Sed buenos y no más, sed lo que he sido entre vosotros: alma. Vivid, la vida sigue, los muertos mueren y las sombras pasan; lleva quien deja y vive el que ha vivido. ¡Yunques, sonad; enmudeced, campanas! Y hacia otra luz más pura partió el hermano de la luz del alba, del sol de los talleres, el viejo alegre de la vida santa. ...Oh, sí, llevad, amigos, su cuerpo a la montaña, a los azules montes del ancho Guadarrama. Allí hay barrancos hondos de pinos verdes donde el viento canta. Su corazón repose bajo una encina casta, en tierra de tomillos, donde juegan mariposas doradas... Allí el maestro un día soñaba un nuevo florecer de España. Baeza, 21 febrero, 1915.

CXL AL JOVEN MEDITADOR JOSÉ ORTEGA GASSET A ti laurel y yedra corónente, dilecto de Sofía, arquitecto. Cincel, martillo y piedra y masones te sirvan; las montañas de Guadarrama frío te brinden el azul de sus entrañas, meditador de otro Escorial sombrío; y que Felipe austero, al borde de su regia sepultura, asome a ver la nueva arquitectura, y bendiga la prole de Lutero.

CXLI A XAVIER VALCARCE

...En el Intermedio de la primavera. Valcarce, dulce amigo, si tuviera la voz que tuve antaño, cantaría el intermedio de tu primavera —porque aprendiz he sido de ruiseñor un día—, y el rumor de tu huerto—entre las flores el agua oculta corre, pasa y suena por acequias, regatos y atanores—, y el inquieto bullir de tu colmena, y esa doliente juventud que tiene ardores de faunalias, y que pisando viene la huella a mis sandalias. Mas hoy... ¿será porque el enigma grave me tentó en la desierta galería, y abrí con una diminuta llave el ventanal del fondo que da a la mar sombría? ¿Será porque se ha ido quien asentó mis pasos en la tierra, y en este nuevo ejido sin rubia mies, la soledad me aterra? No sé, Valcarce, mas cantar no puedo; se ha dormido la voz en mi garganta, y tiene el corazón un salmo quedo. Ya sólo reza el corazón, no canta. Mas hoy, Valcarce, como un fraile viejo puedo hacer confesión, que es dar consejo. En este día claro, en que descansa tu carne de quimeras y amoríos —así en amplio silencio se remansa el agua bullidora de los ríos—, no guardes en tu cofre la galana veste dominical, el limpio traje, para llenar de lágrimas mañana la mustia seda y el marchito encaje, sino viste, Valcarce, dulce amigo, gala de fiesta para andar contigo. Y cíñete la espada rutilante, y lleva tu armadura, el peto de diamante debajo de la blanca vestidura. ¡Quién sabe! Acaso tu domingo sea la jornada guerrera y laboriosa, el día del Señor, que no reposa, el claro día en que el Señor pelea.

CXLII MARIPOSA DE LA SIERRA A Juan Ramón Jiménez, por su libro Platero y yo. ¿No eres tú, mariposa, el alma de estas sierras solitarias, de sus barrancos hondos y de sus cumbres agrias? Para que tú nacieras, con su varita mágica a las tormentas de la piedra, un día, mandó callar un hada, y encadenó los montes, para que tú volaras. Anaranjada y negra, morenita y dorada, mariposa montés, sobre el romero plegadas las alillas o, voltarias, jugando con el sol, o sobre un rayo de sol crucificadas. ¡Mariposa montés y campesina, mariposa serrana, nadie ha pintado tu color; tú vives tu color y tus alas en el aire, en el sol, sobre el romero, tan libre, tan salada!... Que Juan Ramón Jiménez pulse por ti su lira franciscana. Sierra de Cazorla, 28 mayo, 1915.

CXLIII DESDE MI RINCÓN ELOGIOS Al libro Castilla, del maestro Azorín, con motivos del mismo. Con este libro de melancolía, toda Castilla a mi rincón me llega; Castilla la gentil y la bravía, la parda y la manchega. ¡Castilla, España de los largos ríos que el mar no ha visto y corre hacia los mares; Castilla de los páramos sombríos, Castilla de los negros encinares. Labriegos transmarinos y pastores trashumantes—arados y merinos—, labriegos con talante de señores, pastores del color de los caminos. Castilla de grisientos peñascales, pelados serrijones, barbechos y trigales, malezas y cambrones. Castilla azafranada y polvorienta, sin montes, de arreboles purpurinos, Castilla visionaria y soñolienta de llanuras, viñedos y molinos. Castilla—hidalgos de semblante enjuto, rudos jaques y orondos bodegueros—, Castilla—trajinantes y arrieros de ojos inquietos, de mirar astuto—, mendigos rezadores, y frailes pordioseros, boteros, tejedores, arcadores, perailes, chicarreros, lechuzos y rufianes, fulleros y truhanes, caciques y tahures y logreros. ¡Oh, venta de los montes!—Fuencebada, Fonfría, Oncala, Manzanal, Robledo.— ¡Mesón de los caminos y posada de Esquivias, Salas, Almazán, Olmedo! La ciudad diminuta y la campana de las monjas que tañe, cristalina... ¡Oh, dueña doñeguil tan de mañana y amor de Juan Ruiz a doña Endrina! Las comadres—Gerarda y Celestina— Los amantes—Fernando y Dorotea— ¡Oh casa, oh huerto, oh sala silenciosa! ¡Oh divino vasar en donde posa sus dulces ojos verdes Melibea! ¡Oh jardín de cipreses y rosales, donde Calisto ensimismado piensa, que tornan con las nubes inmortales las mismas olas de la mar inmensa! ¡Y este hoy que mira a ayer; y este mañana que nacerá tan viejo! ¡Y esta esperanza vana de romper el encanto del espejo! ¡Y esta agua amarga de la fuente ignota! ¡Y este filtrar la gran hipocondría de España siglo a siglo y gota a gota! ¡Y este alma de Azorín... y este alma mía que está viendo pasar, bajo la frente, de una España la inmensa galería, cual pasa del ahogado en la agonía todo su ayer, vertiginosamente! Basta. Azorín, yo creo en el alma sutil de tu Castilla, y en esa maravilla de tu hombre triste del balcón, que veo siempre añorar, la mano en la mejilla. Contra el gesto del persa, que azotaba la mar con su cadena; contra la flecha que el tahur tiraba al cielo, creo en la palabra buena. Desde un pueblo que ayuna y se divierte, ora y eructa, desde un pueblo impío que juega al mus, de espaldas a la muerte, creo en la libertad y en la esperanza, y en una fe que nace cuando se busca a Dios y no se alcanza, y en el Dios que se lleva y que se hace.

ENVÍO ¡Oh, tú, Azorín que de la mar de Ulises viniste al ancho llano en donde el gran Quijote, el buen Quijano, soñó con Esplandianes y Amadises; buen Azorín, por adopción manchego, que guardas tu alma ibera, tu corazón de fuego bajo el recio almidón de tu pechera —un poco libertario de cara a la doctrina, ¡admirable Azorín, el reaccionario por asco de la greña jacobina!—; pero tranquilo, varonil—la espada ceñida a la cintura y con santo rencor acicalada—, sereno en el umbral de tu aventura! ¡Oh, tú, Azorín, escucha: España quiere surgir, brotar, toda una España empieza. ¿Y ha de helarse en la España que se muere? ¿Ha de ahogarse en la España que bosteza? Para salvar la nueva epifanía hay que acudir, ya es hora, con el hacha y el fuego al nuevo día. Oye cantar los gallos de la aurora. Baeza, 1913.

CXLIV A UNA ESPAÑA JOVEN ...Fué un tiempo de mentira, de infamia. A España toda, la malherida España, de Carnaval vestida nos la pusieron, pobre y escuálida y beoda para que no acertara la mano con la herida. Fué ayer; éramos casi adolescentes; era con tiempo malo, encinta de lúgubres presagios, cuando montar quisimos en pelo una quimera, mientras la mar dormía ahita de naufragios. Dejamos en el puerto la sórdida galera, y en una nave de oro nos plugo navegar hacia los altos mares, sin aguardar ribera, lanzando velas y anclas y gobernalle al mar. Ya entonces, por el fondo de nuestro sueño—herencia de un siglo que vencido sin gloria se alejaba— un alba entrar quería; con nuestra turbulencia la luz de las divinas ideas batallaba. Mas cada cual el rumbo siguió de su locura; agilitó su brazo, acreditó su brío; dejó como un espejo bruñida su armadura y dijo: «El hoy es malo, pero el mañana... es mío». Y es hoy aquel mañana de ayer... Y España toda con sucios oropeles de Carnaval vestida aún la tenemos: pobre y escuálida y beoda, mas hoy de un vino malo: la sangre de su herida. Tú, juventud más joven, si de más alta cumbre la voluntad te llega, irás a tu aventura despierta y transparente a la divina lumbre, como el diamante clara, como el diamante pura. Enero, 1915.

CXLV ESPAÑA, EN PAZ En mi rincón moruno, mientras repiquetea el agua de la siembra bendita en mis cristales yo pienso en la lejana Europa que pelea, el fiero norte, envuelto en lluvias otoñales. Donde combaten galos, ingleses y teutones, allá, en la vieja Flandes y en una tarde fría, sobre jinetes, carros, infantes y cañones pondrá la lluvia el velo de su melancolía. Envolverá la niebla el rojo expoliario —sordina gris al férreo claror del campamento—, las brumas de la Mancha caerán como un sudario de la flamenca duna sobre el fangal sangriento. Un César ha ordenado las tropas de Germania contra el francés heroico y el triste moscovita, y osó hostigar la rubia pantera de Britania. Medio planeta en armas contra el teutón milita. ¡Señor! La guerra es mala y bárbara; la guerra, odiada de las madres, las almas entigrece; mientras la guerra pasa, ¿quién sembrará la tierra? ¿Quién segará la espiga que junio amarillece? Albión acecha y caza las quillas en los mares; Germania arruina templos, moradas y talleres; la guerra pone un soplo de hielo en los hogares, y el hambre en los caminos, y el llanto en las mujeres. Es bárbara la guerra y torpe y regresiva; ¿por qué otra vez a Europa esta sangrienta racha que siega el alma y esta locura acometiva? ¿por qué otra vez el hombre de sangre se emborracha? La guerra nos devuelve las podres y las pestes del Ultramar cristiano; el vértigo de horrores que trajo Atila a Europa con sus tartareas huestes; las hordas mercenarias, los púnicos rencores; la guerra nos devuelve los muertos milenarios de cíclopes, centauros, Heracles y Teseos; la guerra resucita los sueños cavernarios del hombre con peludos mammuthes giganteos. ¿Y bien? El mundo en guerra y en paz España sola. ¡Salud, oh buen Quijano! Por si ese gesto es tuyo, yo te saludo. ¡Salve! Salud, paz española, si no eres paz cobarde, sino desdén y orgullo. Si eres desdén y orgullo, valor de ti, si bruñes en esa paz, valiente, la enmohecida espada, para tenerla limpia, sin tacha, cuando empuñes el arma de tu vieja panoplia arrinconada; si pules y acicalas tus hierros para, un día, vestir de luz y, erguida: heme aquí, pues, España en alma y cuerpo, toda, para una guerra mía, heme aquí, pues, vestida para la propia hazaña, decir para que diga quien oiga: es voz, no es eco, el buen manchego habla palabras de cordura, parece que el hidalgo amojamado y seco entró en razón, y tiene espada a la cintura; entonces, paz de España, yo te saludo. Si eres vergüenza humana de esos rencores cabezudos con que se matan miles de avaros mercaderes, sobre la madre tierra que los parió desnudos; si sabes cómo Europa entera se anegaba en una paz sin alma, en un afán sin vida, y que una calentura cruel la aniquilaba, que es hoy la fiebre de esta pelea fratricida; si sabes que esos pueblos arrojan sus riquezas al mar y al fuego—todos—para sentirse hermanos un día ante el divino altar de la pobreza, gabachos y tudescos, latinos y britanos, entonces, paz de España, también yo te saludo, y a ti, la España fuerte, si, en esta paz bendita, en tu desdeño esculpes, como sobre un escudo, dos ojos que avizoran y un ceño que medita. Baeza, 10 de noviembre de 1914.

CXLVI Flor de santidad.—Novela milenaria, por don Ramón del Valle-Inclán. Esta leyenda en sabio romance campesino, ni arcaico ni moderno, por Valle-Inclán escrita, revela en los halagos de un viento vespertino, la santa flor de alma que nunca se marchita. Es la leyenda campo y campo. Un peregrino que vuelve solitario de la sagrada tierra donde Jesús morara, camina sin camino, entre los agrios montes de la galaica sierra. Hilando silenciosa, la rueca a la cintura, Adega, en cuyos ojos la llama azul fulgura de la piedad humilde, en el romero ha visto, al declinar la tarde, la pálida figura, la frente gloriosa de luz y la amargura de amor que tuvo un día el Salvador Dom. Cristo.

CXLVII AL MAESTRO RUBÉN DARÍO Este noble poeta que ha escuchado los ecos de la tarde y los violines del otoño en Verlaine, y que ha cortado las rosas de Ronsard en los jardines de Francia, hoy, peregrino de un Ultramar de Sol, nos trae el oro de su verbo divino. ¡Salterios del loor vibran en coro! La nave bien guarnida, con fuerte casco y acerada prora, de viento y luz la blanca vela henchida surca, pronta a arribar, la mar sonora; y yo le grito: ¡Salve! a la bandera flamígera que tiene esta hermosa galera que de una nueva España a España viene. 1904.

CXLVIII A LA MUERTE DE RUBÉN DARÍO Si era toda en tu verso la armonía del mundo, ¿dónde fuiste, Darío, la armonía a buscar? Jardinero de Hesperia, ruiseñor de los mares, corazón asombrado de la música astral, ¿te ha llevado Dionysos de su mano al infierno y con las nuevas rosas triunfante volverás? ¿Te han herido buscando la soñada florida, la fuente de la eterna juventud, capitán? Que en esta lengua madre la clara historia quede; corazones de todas las Españas, llorad. Rubén Darío ha muerto en Castilla del Oro, esta nueva nos vino atravesando el mar. Pongamos, españoles, en un severo mármol, su nombre, flauta y lira, y una inscripción no más: nadie esta lira taña, si no es el mismo Apolo, nadie esta flauta suene si no es el mismo Pan. 1915 .

CXLIX A NARCISO ALONSO CORTÉS, POETA DE CASTILLA Jam senior, sed cruda deo viridisque senecta. Virgilio (Eneida). Tus versos me han llegado a este rincón manchego, regio presente en arcas de rica taracea, que guardan, entre ramos de castellano espliego, narcisos de Citeres y lirios de Judea. En tu árbol viejo anida un canto adolescente, del ruiseñor de antaño la dulce melodía. Poeta, que declaras arrugas en tu frente, tu musa es la más noble: se llama Todavía. El corazón del hombre con red sutil envuelve el tiempo, como niebla de río una arboleda. ¡No mires: todo pasa; olvida: nada vuelve! Y el corazón del hombre se angustia... ¡Nada queda! El tiempo rompe el hierro y gasta los marfiles. Con limas y barrenas, buriles y tenazas, el tiempo lanza obreros a trabajar febriles, enanos con punzones y cíclopes con mazas. El tiempo lame y roe y pule y mancha y muerde; socava el alto muro, la piedra agujerea; apaga la mejilla y abrasa la hoja verde; sobre las frentes cava los surcos de la idea. Pero el poeta afronta al tiempo inexorable, como David al fiero gigante filisteo; de su armadura busca la pieza vulnerable, y quiere obrar la hazaña a que no osó Teseo. Vencer al tiempo quiere. ¡Al tiempo! ¿Hay un seguro donde afincar la lucha? ¿Quién lanzará el venablo que cace esa alimaña? ¿Se sabe de un conjuro que ahuyente ese enemigo, como la cruz al diablo? El alma. El alma vence—¡la pobre cenicienta, que en este siglo vano, cruel, empedernido, por esos mundos vaga escuálida y hambrienta!— al ángel de la muerte y al agua del olvido. Su fortaleza opone al tiempo, como el puente al ímpetu del río sus pétreos tajamares; bajo ella el tiempo lleva bramando su torrente, sus aguas cenagosas huyendo hacia los mares. Poeta, el alma sólo es ancla en la ribera, dardo cruel y doble escudo adamantino; y en el diciembre helado, rosal de primavera; y sol del caminante y sombra del camino. Poeta, que declaras arrugas en tu frente, tu noble verso sea más joven cada día; que en tu árbol viejo suene el canto adolescente, del ruiseñor eterno la dulce melodía. Venta de Cárdenas, 24 octubre.

CXL MIS POETAS El primero es Gonzalo de Berceo llamado, Gonzalo de Berceo, poeta y peregrino, que yendo en romería acaeció en un prado, y a quien los sabios pintan copiando un pergamino. Trovó a Santo Domingo, trovó a Santa María, y a San Millán, y a San Lorenzo y Santa Oria, y dijo: mi dictado non es de juglaría; escrito lo tenemos; es verdadera historia. Su verso es dulce y grave: monótonas hileras, de chopos invernales en donde nada brilla; renglones como surcos en pardas sementeras, y lejos, las montañas azules de Castilla. Él nos cuenta el repaire del romeo cansado; leyendo en santorales y libros de oración, copiando historias viejas, nos dice su dictado, mientras le sale afuera la luz del corazón.

CLI A DON MIGUEL DE UNAMUNO Por su libro Vida de Don Quijote y Sancho. Este donquijotesco Don Miguel de Unamuno, fuerte vasco, lleva el arnés grotesco y el irrisorio casco del buen manchego. Don Miguel camina, jinete de quimérica montura, metiendo espuela de oro a su locura, sin miedo de la lengua que malsina. A un pueblo de arrieros, lechuzos y tahures y logreros dicta lecciones de Caballería. Y el alma desalmada de su raza, que bajo el golpe de su férrea maza aún duerme, puede que despierte un día. Quiere enseñar el ceño de la duda antes de que cabalgue, al caballero; cual nuevo Hamlet, a mirar desnuda cerca del corazón la hoja de acero. Tiene el aliento de una estirpe fuerte que soñó más allá de sus hogares, y que el oro buscó tras de los mares. Él señala la gloria tras la muerte. Quiere ser fundador y dice: Creo, Dios y adelante el ánima española... Y es tan bueno y mejor que fué Loyola: sabe a Jesús y escupe al fariseo.

CLII A JUAN RAMÓN JIMÉNEZ Por su libro Arias tristes. Era una noche del mes de mayo, azul y serena, sobre el agudo ciprés brillaba la luna llena, iluminando la fuente en donde el agua surtía, sollozando intermitente. Sólo la fuente se oía. Después, se escuchó el acento de un oculto ruiseñor. Quebró una racha de viento la curva del surtidor. Y una dulce melodía vagó por todo el jardín: entre los mirtos tañía un músico su violín. Era un acorde lamento de juventud y de amor para la luna y el viento, el agua y el ruiseñor. «El jardín tiene una fuente y la fuente una quimera...». Cantaba una voz doliente, alma de la primavera. Calló la voz y el violín apagó su melodía. Quedó la melancolía vagando por el jardín. Sólo la fuente se oía.

PUBLICACIONES DE LA RESIDENCIA DE ESTUDIANTES

Estas publicaciones responden a la necesidad de buscar una expresión de la actividad espiritual que en la Residencia y en torno de ella se ha ido desenvolviendo. Los varios modos en que va cuajando esta actividad, estarán representados en diferentes series de libros. No se trata, pues, tan sólo, de dar publicidad a los trabajos de los Residentes, primeros frutos de su formación científica, sino de recoger también otras producciones que han nacido al contacto de la Residencia con el ambiente ideal exterior. La obra de la Residencia ha sabido atraer la atención y el apoyo moral de literatos, científicos y políticos, que trabajan unidos a su lado, como si se tratase de una obra propia; y este núcleo formado en torno de la Residencia se ha dispuesto con devoción y con entusiasmo a sembrar en ella y desde ella, en la juventud española, los ideales de la Patria futura. En fin, la continuidad de la labor educacional de la Residencia, la lleva a perpetuar en sus publicaciones momentos ejemplares de la cultura universal y de la vida nacional, para todo lo cual encontrará cauce en las actuales series y en otras nuevas, que a su tiempo saldrán a luz.

Serie I. Cuadernos de trabajo:

Con estos cuadernos de Investigación, quisiera la Residencia contribuir a la labor científica española.

1. El sacrificio de la misa, por GONZALO DE BERCEO. Edición de Antonio G. Solalinde.

(Publicado). 1,50 ptas.

2. Constituciones baiulie mirabeti (1328). Edición de Galo Sánchez.

(Publicado). 1,50 ptas.

3. ¿Qué es la electricidad?, por Blas Cabrera.

(Publicado). 3,50 ptas.

4. Un profesor español del siglo XVI: JUAN LORENZO PALMIRENO, por Miguel Artigas.

5. Baquílides. Traducción del griego, por Pedro Bosch y Gimpera.

6. El renacimiento en españa. Introducción metódica, por Federico de Onís.

Serie II. Ensayos:

Componen esta serie trabajos originales que, aun versando sobre temas concretos de arte, historia, ética, literatura, etc., tienden a expresar una ideología de amplio interés, en forma cálida y personal.

1. Meditaciones del quijote. Meditación preliminar y Meditación primera, por J. Ortega y Gasset.

(Publicado). 3 ptas.

2. Al margen de los clásicos, por Azorín.

(Publicado). 3,50 ptas.

3. El protectorado francés en marruecos y sus enseñanzas para la acción española, por Manuel González Hontoria.

(Publicado). 4 ptas.

4. El licenciado vidriera, visto por Azorín.

(Publicado). 3 ptas.

5. Ensayos. Tomo i, por M. de Unamuno.

(Publicado). 3 ptas.

6. Un pueblecito, por Azorín.

(Publicado). 3 ptas.

7. Ensayos. Tomo II, por M. de Unamuno.

(Publicado). 3 ptas.

8. La edad heroica, por Luis de Zulueta.

(Publicado). 2,50 ptas.

9. Ensayos. Tomo III, por M. de Unamuno.

(Publicado). 3 ptas.

10. La filosofía de henri bergson, por Manuel G. Morente.

(Publicado). 2,50 ptas.

11. Ensayos. Tomo IV, por M. de Unamuno.

(Publicado). 3 ptas.

12. El sentimiento de la riqueza en castilla, por Pedro Corominas.

(Publicado). 3,50 ptas.

13. Clavijo en goethe y en beaumarchais, comentado por Azorín.

14. Diccionario filosófico portátil, por Eugenio d'Ors.

15. La universidad española, por F. de Onís.

16. El arte español, por Manuel B. Cossío.

17. Meditación del escorial, por J. Ortega y Gasset.

18. La epopeya castellana, por Ramón Menéndez Pidal.

19. El derecho internacional en la guerra grande, por Gabriel Maura.

20. Meditaciones del quijote. Meditación segunda y Meditación tercera, por J. Ortega y Gasset.

21. Ensayo sobre la historia constitucional de españa (Estudio de la vida política española en el siglo XIX, con los textos de las Constituciones), por Fernando de los Ríos y Urruti.

22. Ensayos sobre shakespeare, por Ramón Pérez de Ayala.

Y otros de Pío Baroja, Gabriel Alomar, Nicolás Achúcarro, Pedro Dorado y Montero, etc.

Serie III. Biografías:

Para promover viriles entusiasmos, nada como las vidas heroicas de hombres ilustres, exaltadas por espíritus gemelos. Esta serie consta de ejemplares biografías, cuya traducción se ha confiado a escritores competentes.

1. Vida de beethoven, por Romain Rolland. Traducción de Juan Ramón Jiménez.

(Publicado). 3,50 ptas.

2. Vida de Miguel Ángel, por Romain Rolland. Traducción de Juan Ramón Jiménez.

3. Vida de Tolstoy, por Romain Rolland. Traducción de Juan Ramón Jiménez.

4. Vida de Carlos XII, por Voltaire. Traducción de E. Díez-Canedo.

5. Ficción y realidad (Dichtung und Wahrheit), por J. W. Goethe. Traducción de Ramón María Tenreiro.

Serie IV. Varia:

La Residencia se propone perpetuar, con esta serie, la eficacia de toda manifestación espiritual (lecturas, jiras, conferencias, conmemoraciones), que impulse la nueva España hacia un ideal puro, abierto y definido.

1. De la amistad y del diálogo, por Eugenio d'Ors. (Agotado).

2. Jean sébastien bach, auteur comique, par M. André Pirro.

(Publicado). 1,50 ptas.

3. Aprendizaje y heroísmo, por Eugenio d'Ors

(Publicado). 2 ptas.

4. Fiesta de Aranjuez, en honor de Azorín. Discursos, poesías y cartas.

(Publicado). 1,50 ptas.

5. Disciplina y rebeldía, por Federico de Onís.

(Publicado). 1 pta.

6. Porvenir de la literatura después de la guerra, por la Condesa de Pardo Bazán.

(Publicado). 1 pta.

7. Poesías completas de Antonio Machado, en un volumen.

(Publicado). 4 ptas.

EL SACRIFICIO DE LA MISA, por Gonzalo de Berceo. Edición de Antonio G. Solalinde.

—Precio: 1,50 ptas.

DE LA AMISTAD Y DEL DIÁLOGO, por Eugenio D'Ors. Agotada.

MEDITACIONES DEL QUIJOTE, por José Ortega y Gasset. Meditación preliminar. Meditación primera.

—Precio: 3 ptas.

JEAN SÉBASTIEN BACH, AUTEUR COMIQUE, par M. André Pirro.

—Precio: 1,50 ptas.

AL MARGEN DE LOS CLÁSICOS, por Azorín.

—Precio: 3,50 ptas.

EL PROTECTORADO FRANCÉS EN MARRUECOS Y SUS ENSEÑANZAS PARA LA ACCIÓN ESPAÑOLA, por Manuel González Hontoria.

—Precio: 4 ptas.

APRENDIZAJE Y HEROÍSMO, por Eugenio D'Ors.

—Precio: 2 ptas.

FIESTA DE ARANJUEZ, en honor de Azorín. Discursos, poesías y cartas.

—Precio: 1,50 ptas.

CONSTITUCIONES BAIULIE MIRABETI. Edición de Galo Sánchez.

—Precio: 1,50 ptas.

EL LICENCIADO VIDRIERA, visto por Azorín.

—Precio: 3 ptas.

DISCIPLINA Y REBELDÍA, por Federico de Onís.

—Precio: 1 pta.

VIDA DE BEETHOVEN, por Romain Rolland. Traducción de Juan Ramón Jiménez.

—Precio: 3,50 ptas.

ENSAYOS. Tomo I, por Miguel de Unamuno.

—Precio: 3 ptas.

UN PUEBLECITO, por Azorín.

—Precio: 3 ptas.

ENSAYOS. Tomo II, por Miguel de Unamuno.

—Precio: 3 ptas.

LA EDAD HEROICA, por Luis de Zulueta.

—Precio: 2,50 ptas.

ENSAYOS. Tomo III, por Miguel de Unamuno.

—Precio: 3 ptas.

LA FILOSOFÍA DE HENRI BERGSON, por Manuel G. Morente.

—Precio: 2,50 ptas.

ENSAYOS. Tomo IV, por Miguel de Unamuno.

—Precio: 3 ptas.

PORVENIR DE LA LITERATURA DESPUÉS DE LA GUERRA, por la Condesa de Pardo Bazán.

—Precio: 1 pta.

¿QUÉ ES LA ELECTRICIDAD?, por Blas Cabrera.

—Precio: 3,50 ptas.

EL SENTIMIENTO DE LA RIQUEZA EN CASTILLA, por Pedro Corominas.

—Precio: 3,50 ptas.

POESÍAS COMPLETAS, de Antonio Machado.

—Precio: 4 ptas.

PROSPECTO DE LA RESIDENCIA DE ESTUDIANTES

(NO SE VENDE)

SE ENVÍA A QUIEN LO SOLICITE DEL PRESIDENTE DE LA RESIDENCIA DE ESTUDIANTES CALLE DEL PINAR · MADRID

ESTE LIBRO SE ACABÓ DE IMPRIMIR EN EL EST. TIPOGRÁFICO DE FORTANET EN MADRID EL DÍA 11 DE JULIO DE 1917

PUBLICACIONES DE LA RESIDENCIA DE ESTUDIANTES: MADRID ADMINISTRACIÓN CALLE DEL PINAR

Explore with AITake your curiosity a little further.

Reading settings