NOTAS:
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Continúa el autor: «Cuando tienen esas juntas dicen generalmente: «esta noche nos vamos a comer el alma de tal o cual persona». Habiendo preguntado a una persona que había comido varias veces esa carne o que sabía, contestó con un gesto de asco, que era muy mala y de mal gusto, pareciéndose a la carne seca de vaca».—Villagómez.—Carta pastoral de Exortación e Instrucción contra las idolatrías de los indios del Arzobispado de Lima, 1641.—Página 42.
De este modo el pueblo aymara ha logrado trasmitir la memoria de los hechos de una manera constante y eterna, si se quiere, porque ese modo de ser social del Kolla hace parte integrante de sus propios hábitos y costumbres.
Las municipalidades por ese prurrito que distingue al mestizo de sacudirse de todo lo nacional, para dar preferencia a lo exótico, han gravado estas chakhas, que no deben valer con todos sus utensilios, más de trescientos bolivianos con el impuesto gradual de cien, ciento cincuenta y doscientos bolivianos al año, cuando lo que ganan no alcanza muchas veces a esa suma, porque lo que cobran por la fabricación de cada fanega de mukcu, que se llama viaje, es cinco, seis, hasta ocho bolivianos. El objeto que se persigue es ir, poco a poco, extinguiendo la elaboración de la chicha, y reemplazarla con alcohol y otras bebidas destiladas.
