HIMNO
Reading edition
OÍD, pueblos del mundo, hermanos de mi vida, Oid lo que mi boca os comunique ahora. Oid, que de mi labio la palabra sentida Tomará vuelo inmenso, despertará la hora! Oíd, grandes, pequeños, pobres, ricos, oid, Ya que en mí se prolonga del Señor una herencia Este es mi digno origen, noble y arcaica vid Que dará a sus sarmientos la más proficua esencia. Y el Señor que mi espíritu alumbra con el suyo; El Señor que me infunde esta sacra visión, El Señor que amamanta las palabras que arguyo El es el todo eterno; yo su alta misión. El me dará la gracia y el origen preclaros Para hacer que mi idea cobre ansias intensas, Para que mis palabras, resplandecientes faros, Disipen las negruras de estas sombras inmensas. Para anunciar al mundo y todas sus naciones Que esta es la hora sacra, que este es el gran momento, La hora que desecha todas las desviaciones Que de su tiempo fueron ilusorio sustento. Para infundirle fuerza y elevada conciencia De todo lo que se ama, se busca o ya se halló. Que en cada cosa hay una extraña providencia Y en cada acto un signo cabal que la falló. Que cada ser viviente es una suma herencia Del Señor que es prodigio de paz, gloria y amor. Que para proseguirlo hemos de ser la esencia De su divino numen: braza, luz y fulgor. Que el Señor nos ha ungido con aquel gran milagro Inefable y excelso de humana floración. Impulsemos los brotes, removamos el magro Rescoldo hacia una bella, grande renovación. Propulsemos el ansia que en nuestro ser palpita Por la magna palabra eternamente en pos. Seamos los conos de la ley no prescrita: Vivamos como un Hombre, amemos como un Dios! Pisemos en la zarza aún dejando en ella Girones de la carne al triscar en la espina ... Cada gota de sangre lucirá como estrella Y arderá en los zarzales el fuego que ilumina. Las manos de granito y el corazón de fuego Que amasen, consoliden, supremos monumentos! Blindad así la vida y de un constante riego Fecundad sus entrañas, huérfana de sustentos. ¡Amad, amad, sed buenos, sembrad con manos llenas Flores sobre las cruces, besos en las heridas ... Haced que el holocausto se amase en vuestras venas, Y que brote el ejemplo de vuestras propias vidas! ¡Amad, daos de lleno, que florezca en la tierra Una eterna sonrisa; y sea ella el jardín Y vosotros las flores! La tierra en primavera Eterna de dulzura y de un amor sin fin. Porque el Señor dispuso que en la vida el humano Conciliar pueda un día con toda majestad El ideal supremo. Más, si esto fuera en vano, Sepultaría el mundo en honda eternidad. Estas son las palabras que con sabiduría Y con gracia infinita me ha vertido el Señor. Yo, al par que las convierto en mi norte y mi grúa, Os las anuncio, hermanos, como un acto de amor. Os la anuncio, hermanos, y naciones del mundo Mis labios os transmiten la anhelada visión. ¡Oíd, grandes, pequeños, este humano y profundo Himno de amor y gloria, de santa redención!