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Metamorfóseos o Transformaciones (2 de 4)

LIBRO SÉPTIMO.

Francisco Crivell translation

ARGUMENTO.

Despues que Jason volvió con Medea á su patria, esta reduxo á Eson á su juventud. Prometiendo que haria lo mismo con Pelias, ensayándose en un carnero, le quitó la vida con engaños. Pasando de allí por varios lugares, y executando diversas transformaciones, se casó con Egeo, despues de haber muerto á sus hijos. Minos movió guerra contra este; junta tropas de todas partes, como asimismo de Paros. Á esta la habia vendido Arnéa, por lo que fue convertida en graja. Eaco se declaró en favor de Egeo, y le envió por auxîliares á sus Mirmidones, que habian nacido de las hormigas, con su capitan Céfalo; el qual antes disfrazado habia solicitado á su muger al adulterio, y habia visto á su perro con una zorra convertidos en peñascos.

FÁBULA PRIMERA.

JASON Y MEDEA.

Ya la nave Argos[190] habia conducido á los de Tesalia por diferentes mares; ya habian visto á Finéo,[191] aquel Príncipe desgraciado, pasando una postrada y triste vejez despues de haber perdido la vista; ya los hijos de Boreas habian ahuyentado á las Harpías,[192] que con tanta crueldad atormentaban al viejo; quando en fin, despues de haber padecido muchos trabajos en todo el discurso del viage, llegaron estos héroes con su caudillo Jason á las orillas del Faso.[193] Luego que desembarcaron se presentan al Rey, y le piden el vellocino de oro[194] en que Frixo habia sido conducido á la Cólquide.

Illustration from Metamorfóseos o Transformaciones (2 de 4)

(74) Medea recibe los juramentos de Jason, hace que dome los toros y que robe el vellocino de oro.

Este Príncipe, con la idea de desanimarlos y echarlos de sí, les dixo lo que debian hacer para adquirir aquel rico depósito, y les hizo ver todos los riesgos á que debian exponerse. Entre tanto, Medea, su hija, se enamora de Jason. Y despues de luchar por mucho tiempo sin poder vencer con reflexîones la inclinacion que la arrastraba: „En vano, se dixo, te resistes, Medea; algun Dios se opone á tu tranquilidad; los ocultos movimientos que agitan tu corazon te son desconocidos; pero si no me engañó, esto es lo que llaman amor, ó se parece mucho á ello. Pues á no ser así, ¿cómo me habian de parecer demasiado duras las leyes que mi padre ha impuesto á este héroe? Ellas lo son en efecto. ¿Por qué temo tanto su muerte? ¿Por qué me alarma el riesgo que corre este extrangero? ¿Quál puede ser la causa de un temor tan excesivo? ¡Infeliz! apaga si puedes el fuego que has concebido en tu corazon virginal. ¡Ah! si yo pudiera seria mucho mas sabia. Pero una nueva violencia me arrebata aun contra mi voluntad; el amor me aconseja una cosa, y el entendimiento me persuade otra. Veo lo mejor; lo apruebo, y sin embargo me dexo arrastrar de lo mas malo. Insensata ¡quál es tu ceguedad! ¿Una Princesa de tu clase debe amar así á un extrangero? ¿Estoy yo destinada á seguir un marido á desconocidos paises? ¿No hallaré, pues, en el Reyno de mi padre otro amante digno de mi afecto? De cuenta de los Dioses está su vida ó muerte: viva en efecto; á lo menos bien puedo pedirles por su vida sin amarle. ¿Qué delito ha cometido para verse expuesto á tantos riesgos? ¿Á quién, sino es una fiera, no inclinará su juventud, nobleza y gallardía? Y quando le faltara todo esto, ¿quién no se moveria al ver el ayre noble y gracioso que brilla en su persona? ¡Ah! yo me siento demasiado interesada por él.

„Sin mi auxîlio, ó será devorado por las llamas que vomitan los toros, contra quienes debe pelear, ó vencido por el número de los enemigos que han de nacer de los dientes de la serpiente que le obligarán á sembrar, despues que triunfe de ella; ó en fin será presa de aquel horrible dragon que guarda el vellocino de oro. Si yo llego á mirar tal espectáculo, ¿no me persuadiré, ó que he nacido de una tigre, ó que tengo el corazon mas duro que un bronce y que las rocas? ¿Por qué, pues, no me resuelvo á verle morir, y á hacer á mis ojos cómplices de su muerte? ¿Por qué, pues, no enciendo fuego para que muera abrasado, ó por qué no animo contra él los toros, los soldados que salgan de la tierra, y al vigilante dragon? No ¡justos Dioses! permitid que logre cosas mas lisonjeras. Pero yo no debo desearlas, puesto que puedo hacerlas.[195] ¿Mas le he de entregar el reyno de mi padre por salvar á un desconocido, que viéndose libre tal vez me abandonará, se embarcará sin llevarme consigo, é irá á entregar á otra su corazon y mano, quedando yo en un continuo tormento? ¡Ah! perezca Jason, puesto que puede cometer esta ingratitud posponiéndome á otra. Pero no demuestra tal cosa su rostro, ni la nobleza de su ánimo, ni la gracia de su belleza: no, no tengo que temer engaño ni olvido de mis beneficios: la generosidad es inseparable de las almas como la suya. Ademas yo quiero que antes comprometa su palabra, y le haré que jure por los Dioses: y en tal caso ¿qué temor tendré con tal seguridad? Vamos pues sin mas tardanza á socorrerle. Jason, que se reconocerá deudor mio, se unirá á mí con solemne matrimonio: sí, serás celebrada y aplaudida del pueblo por todas las ciudades de la Grecia, que te mirarán como á su libertadora. ¿Pero he de abandonar á mi hermana, hermano, padre, Dioses y patria? Y ¿qué he de hacer? quando mi padre es un cruel, mi hermano[196] aun niño, la tierra bárbara; y por lo que toca á mi hermana[197] obro segun sus deseos. Algun grande Dios está dentro de mí; lo que voy á dexar no es tan grande ni interesante como lo que determino seguir, que es la gloria de haber librado la juventud griega, mejorar de Reyno y de Corte, trocando la mia por otra, en que, segun la fama, florecen la cultura y las artes, y poseeré al amable Jason, que prefiero á todos los bienes del universo: si yo soy su esposa, mi felicidad igualará á la de los Dioses. No ignoro los riesgos que se corren en el mar; sé que se encuentran escollos; que la cruel Caribdis vuelve á vomitar las olas que ha sorbido; que Escila con sus perros ladradores de un modo horrible causa terror y espanto en el mar de Sicilia. Pero teniendo yo lo que amo, y asida á los brazos de Jason, atravesaré sin miedo los vastos mares; y si temiere algo, serán solo los peligros de mi esposo. ¡Infeliz! ¿con qué le llamas tu esposo? ¿con que cubres tus delitos con el nombre sagrado de Himeneo? Considera antes el horrible crímen que meditas, y evítale mientras puedas.”

Quando Medea acabó de hacer todas estas reflexîones, el pudor, la razon y la piedad se presentaron ante su agitado espíritu, y ya salia desarmado el amor. Su pasion ya no tenia la misma violencia, y se sentia animada de un valor y fuerza que no conocia un momento antes: quando habiendo salido á ofrecer un sacrificio á la Diosa Hecate,[198] cuyo templo estaba en la espesura de un opaco bosque, tuvo la desgracia de encontrar á Jason. Como una chispa casi apagada en la ceniza se enciende al menor soplo, y se hace capaz de ocasionar los mayores incendios, el amor de Medea, á quien sus reflexîones habian debilitado, volvió á tomar nueva fuerza á la vista del jóven héroe; y por fortuna, puede decirse que nunca estuvo mas hermoso que aquel dia, y aun se podria disculpar la pasion que le tenia. Luego que le descubrió, le mira con tanta atencion, teniendo clavados en él los ojos, como si fuera la primera vez que lo veia: tan ciega estaba, que le parecia divino su semblante, y no se apartaba de él un punto. Despues que la habla el extrangero, le alarga la mano, é implora rendido su auxîlio prometiéndola ser su esposo. „Bien sé, le respondió la Princesa, derramando algunas lágrimas, el partido que debiera tomar; pero si falto á mi deber, no es porque ignore sus rigurosas leyes: el amor solo puede servirme de disculpa: serás libre con mi ayuda; mas no te olvides de tus promesas.” „Sí, la dixo Jason, yo te prometo una eterna fidelidad: juro por Diana, á quien reverencian en este pais: por el sol, de quien desciendes:[199] por este Dios que nos ve, y que alumbra el universo; y por los riesgos de que me libertas, que nada será capaz de separarme de tí.” Asegurada Medea por los juramentos de Jason, le dió al momento algunas yerbas encantadas, enseñándole el uso que habia de hacer de ellas, con lo que se retiró contento á su casa.

JASON ROBA EL VELLOCINO DE ORO.

En el dia siguiente, quando la roxa aurora hacia retirar á las estrellas, concurria el pueblo en gran tropel al campo de Marte, colocándose sobre las eminencias y colinas que le cercaban. Sentóse en medio de la asamblea el Rey vestido de púrpura, y con el brillante cetro de marfil en la mano. Luego que se colocaron todos, sacan los toros con pies de metal, echando fuego por las narices diamantinas, con el que hacian arder las yerbas de alrededor. El fuego salia de sus narices con un ruido semejante al de un horno encendido, ó de la cal quando se la echa agua. Jason sin embargo se presenta ante estos brutos. Los toros que le ven acercarse, le presentan sus cuernos calzados de hierro, le miran con furor, escarban la tierra con sus pies hendidos, llenan el ayre de polvo y humo, y le hacen resonar con sus espantosos bramidos. Los Argonautas se pasman de miedo; pero el intrépido Jason embiste á los dos monstruos sin sentir el fuego que respiraban: tal era el poder de los encantos de Medea. Este heroyco jóven, despues de halagarlos algun tiempo con la mano, los amansó de tal modo, que les obligó á llevar el yugo, y á arar un campo que jamas se habia cultivado. Llénase de pasmo todo el concurso, y los Argonautas animaban á su caudillo con sus vítores repetidos.

Arado ya el campo, Jason tomó en un morrion los viperinos dientes, y los sembró en los surcos. Como antes habia tenido cuidado de untarlos con las yerbas encantadas que Medea le habia dado, se ablandaron en poco tiempo, y de ellos nacieron y crecieron nuevos cuerpos. Pero así como el infante no sale del útero materno hasta que está formado, y con la debida perfeccion en todos sus miembros, así aquellos hijos de la tierra no aparecieron hasta ser hombres perfectos; y lo que es mas de admirar, salieron enteramente armados. Los capitanes griegos, que vieron que enristraban las lanzas contra Jason, se asustaron en extremo; y aun la misma Medea, que le habia asegurado de este ataque, se amedrentó á la vista de tantos enemigos que combatian contra uno solo; una palidez mortal apareció en su rostro, y la sangre se heló en sus venas. Como temia que los encantos que habia empleado para sacarle de aquel riesgo no fuesen bastante poderosos, pronunció algunas palabras mágicas, y se valió de todos los secretos de su arte. Entre tanto Jason, arrojando una pesada piedra en medio de los enemigos, se vuelven inmediatamente unos contra otros; y estos hijos de la tierra caen heridos mutuamente, y mueren en una guerra social. Los Griegos al punto dan el parabien á su caudillo, y no se cansan de abrazarle. Bien hubieras querido, Medea, ostentar con iguales caricias el gozo que te causaba una victoria tan inesperada, pero te detienen el pudor y la modestia; y le hubieras abrazado, á no perder tu opinion; pero bien siente tu corazon esta alegría, dando gracias á tus encantos y á los Dioses autores de ellos.

Para salir victorioso de tantos riesgos, solo le quedaba á Jason vencer al dragon que guardaba el vellocino de oro. Este monstruo, singular por la cresta que tenia en la cabeza, y por sus tres lenguas; temible por los agudos dientes de que estaba armado, velaba noche y dia en guarda del vellocino de oro. Despues que este héroe derramó sobre él el xugo de algunas yerbas, y pronunció tres veces unas palabras que tenian la virtud de adormecer, y aun de calmar las olas irritadas, y detener los impetuosos rios en medio de su curso, el sueño se enseñoreó por la primera vez de sus ojos; y aprovechando Jason tan feliz momento, se apoderó del vellocino de oro. Soberbio con este rico despojo, y aun mas con la conquista de Medea, con cuyo socorro habia salido de tantos riesgos, se embarcó con ella, y llegó con felicidad á Yolcos.[200]

FÁBULA II.

ESON REMOZADO.

Toda la Tesalia tomó parte en el suceso del viage de los Argonautas: todos dieron gracias á los Dioses por su feliz arribo; ofrecieron sacrificios; inmolaron un gran número de víctimas, cuyas astas estaban doradas, y los altares exhalaban por todas partes el olor del incienso que se quemaba en ellos. Solo Eson faltó á las fiestas que se celebraron en esta ocasion. Caduco ya, y con el pie en la sepultura, no pudo tomar parte en la alegría pública. Su hijo Jason, movido de verle en tal estado, habló á Medea en estos términos. „Yo sé, amada esposa, que me salvaste la vida, y que los beneficios que te debo exceden á lo que puede imaginarse. Con todo tengo que pedirte una nueva gracia, y es que quitando de mis años juveniles alguna parte, la transfieras á mi padre[201] siempre que puedan hacerlo tus encantos; pero ¿cómo no podrán quando nada se resiste á este arte?”

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(75) Medea remoza con diferentes yerbas al padre de Jason.

Las lágrimas que derramaba al hacerla esta súplica conmovieron á Medea, reparando en el amor del hijo para su padre, pero se acordó de Eetas[202] á quien habia abandonado, sin profesarle por eso el amor que veia en su esposo. „¿Qué maldad has proferido? ¿Crees, pues, amado esposo que puedo yo por razon alguna transferir á quien quiera una parte de tu vida? Ni Hecate me ha dado poder para tanto, ni, aunque así fuera, sabes lo que te pides. Procuraré hacerte una gracia mayor que la que me suplicas. Voy á emplear todos mis desvelos en renovar la vida de un padre que amas, sin acortar la tuya; y espero lograrlo si la Diosa Hecate favorece mi empresa.”

Tres noches faltaban para que acabase de llenar la luna; mas despues que llegó esta época, y alumbró la tierra en toda su plenitud, salió Medea de su casa sola en el profundo silencio de la media noche con un manto tendido, descalza de un pie, y con el cabello esparcido sobre los hombros, que tambien llevaba descubiertos. Reynaba en la tierra un profundo silencio: los hombres, aves y fieras gozaban de la dulzura del sueño: ningun viento agitaba las hojas ni espinales. El ayre estaba sereno y tranquilo, y solo los astros brillaban en el cielo. Medea se volvió tres veces á él tendiendo sus brazos; y habiendo rociado otras tantas sus cabellos con agua de rio, y dado tres clamores, se puso de rodillas, é hizo esta súplica.

„Ó Noche, fiel confidenta de los mas ocultos misterios: astros que suplis con la luna la luz del dia; y tú, triforme[203] Hecate, á quien confio todos mis secretos, y cuya proteccion siempre he experimentado favorable: vosotros encantos, artes mágicas; y tú, tierra, que provees á los que las ponen en uso de yerbas y plantas poderosas; vosotros, en fin, ayre, vientos, montes, rios, lagos, Dioses de los bosques y de la Noche, asistidme todos: con cuyo favor he hecho retroceder quando he querido los rios hácia su nacimiento; vosotros dais á mis encantos la virtud de calmar las agitadas olas, de mover las borrascas y tempestades, de desterrar las nubes y levantarlas, de contener la violencia impetuosa de los vientos, y afloxarles las rienda á mi arbitrio, de romper la garganta á las serpientes y víboras, de arrancar los árboles y rocas de sus asientos, de conmover los bosques y montes; en fin de hacer bramar la tierra, y obligar á los manes á salir de sus sepulcros. Á tí tambien, ó poderosa Luna, te hago descender del cielo, á pesar del ruido con que hacen resonar el ayre por auxîliarte quando estás eclipsada. Yo pongo pálida á la Aurora y al carro inflamado del sol, de quien desciendo.

„Vosotros tambien, poderosos encantos, embotasteis la impetuosidad de las llamas que vomitaban los toros, y sujetasteis sus cuellos al corvo arado. Vosotros hicisteis que los hijos de la serpiente[204] moviesen una cruel guerra contra sí mismos, en la que perecieron con sus propias armas; y vosotros por último hicisteis que adormecido el dragon que le guardaba, robase mi esposo el Vellocino de Oro, y lo llevase victorioso á Grecia. Yo necesito ahora de algunas yerbas, con cuya virtud se pueda reanimar una cansada vejez, y espero que la tierra no me las niegue; porque no en vano resplandecen los astros con tanta claridad, ni en vano veo descender del cielo ese carro tirado por dos dragones.”

Descendió en efecto un carro, en el qual subió Medea; y despues de haber halagado á los dragones que le conducian, y tomado con sus manos las riendas, se elevó sobre los ayres. Despues de haber atravesado el valle de Tempe, se detuvo en los sitios en que habia yerbas propias para sus encantos. Las cogió en el monte Osa, en el Pelion, en el Otris, en el Pindo y en el Olimpo.[205] Parte de ellas arrancaba con sus raices ya experimentadas, y de otras solo cortaba las hojas. En las riberas del Epideno y Anfriso recogió muchas que la agradaron. Tambien contribuyeron con otras el rio Enipéo, las orillas del Peneo y Esperquio, y las juncosas playas del Bebe. Cogió tambien las eficaces yerbas de Antedon, no conocidas aun, sin embargo de la transformacion de Glauco.[206] En fin, despues de haber empleado nueve dias y otras tantas noches en recorrer en el carro todos los sitios en que se encontraban estas plantas, volvió á Yolcos. Los dragones no habian tenido en este tiempo otro alimento que el olor que exhalaban las yerbas, y no obstante se despojaron de la piel de su dilatada ancianidad. De vuelta Medea no entró en el palacio de su esposo, cuya compañía evitó; y parándose cerca de la puerta, construyó dos aras de cesped en un sitio descubierto: la de la derecha para Hecate, y la de la izquierda para Hebe, Diosa de la juventud. Las rodeó de verbena[207] y ramas de árboles; y habiendo cavado dos pequeños hoyos, cuya tierra dexó en los bordes, degolló una oveja negra, y derramó la sangre en ellos: despues de haber pronunciado algunas deprecaciones, y echado un poco de vino en uno de estos hoyos, y leche caliente en el otro, invocó los Dioses de la tierra, y tambien á Pluton y Proserpina, para que no separasen el alma de los viejos miembros de Eson.

Despues de haber aplacado á las tales Deidades con una larga y mal articulada súplica, mandó traer ante el altar á Eson, que estaba como cadáver con el peso de sus años; é infundiéndole con sus encantos un profundo sueño, con que le dexó como muerto, le tendió sobre las yerbas que habia recogido, y mandó retirar á Jason y á quantos le acompañaban, temiendo que su presencia profanase los misterios. Luego que se retiraron atónitos, empezó á correr Medea al rededor de los altares como una furiosa Bacante; mojó despues dos hachas hendidas que tenia en la mano en los hoyos que habia hecho, las encendió en la llama de los altares, y purificó al anciano Eson tres veces con fuego, tres con agua, y tres con azufre. Durante estas ceremonias hervian las yerbas, cuya virtud era la mas poderosa, en una olla de metal, que ya estaba cubierta de espuma blanca. Esta composicion estaba hecha de raices cogidas en los valles de Tesalia, de simientes, de flores y plantas ácidas y corrosivas. Habia añadido piedras traidas de las extremidades del Oriente; arena de la que el mar dexa en la playa en su refluxo; rocío que la Luna esparce sobre las yerbas durante la noche; la carne y alas de un mochuelo; las entrañas del ambiguo lobo que se suele ver convertido en hombre; la tierna concha de una jóven tortuga del rio Cinipe; el hígado del vividor ciervo; el pico y la cabeza de una corneja que habia vivido novecientos años. Despues de haber preparado á Eson este especifico, compuesto de las drogas ya dichas y otras mil, lo meneó con una rama seca de olivo, revolviéndolo todo de arriba á baxo. Á poco tiempo se reverdeció el tal ramo brotando hojas, y cargándose de aceytunas. La espuma que la violencia del fuego arrojaba del caldero, y caia en la tierra, reverdecia la seca yerba, y hacia brotar las flores.

Viendo Medea que su medicamento se hallaba en este estado, abrió la garganta de Eson con una espada desenvaynada; y haciendo salir la sangre que contenian sus venas, las llenó por la herida y boca del licor que acababa de preparar; y al punto que se introduxo en el cuerpo del viejo, su barba y cabeza canas empezaron á ponerse negras, las arrugas desaparecieron de su rostro, recuperó la gentileza y vigor, y transportado de admiracion se encontró remozado y en el mismo estado en que hacia memoria se vió quarenta años antes.

PELIAS DEGOLLADO POR SUS HIJAS ENGAÑADAS POR MEDEA.

Baco que habia visto desde el alto Olimpo tan maravilloso prodigio, enterado de que sus nodrizas podian volverse á la edad juvenil, logró este don de Medea. Y para continuar sus engaños, fingió estar mal con su esposo, y fue á pedir asilo á Pelias[208] en su palacio. Como este Príncipe se hallaba ya agoviado con los años, la recibieron las hijas, de quienes se burló Medea socolor de amistad. Para engañarlas mejor, solo les habla de la ingratitud de Jason; encarecia los beneficios que le habia hecho, refiriéndolas tambien que habia remozado á Eson. Se detuvo mucho tiempo en la relacion y circunstancias de una operacion tan maravillosa. Las hijas, que no dudaron dispensase igual favor á su padre, se lo pidieron con muchas instancias, prometiéndola una recompensa proporcionada á tan importante servicio. Quedó en silencio Medea por un corto tiempo, como que dudaba; y con una gravedad fingida dexó suspensos los ánimos de las suplicantes, pero las prometió por último executar lo que deseaban. Para que tuviesen mayor confianza de que les haria este beneficio, pidió que la traxesen el carnero mas viejo del rebaño, para hacer con él la experiencia de su remedio. Inmediatamente traen uno tan flaco y consumido que apenas podia sostenerse. Medea le degüella, le extrae la poca sangre que circulaba por sus venas, y le pone á cocer con las yerbas que habia preparado. Al punto se le cayeron los cuernos, y se observó que iba deponiendo todas las demas señales de vejez: y aun se le oyó balar en medio del caldero como bala un tierno cordero, y un momento despues se le vió, con grande admiracion de toda la asamblea, salir, brincar, y buscar las ubres para mamar. Admiradas las hijas de Pelias de este prodigio, hicieron á Medea nuevas instancias para obligarla á aplicar á su padre el mismo remedio. Con todo tardó tres dias en satisfacerlas. La noche del quarto puso en una vasija un poco de agua con algunas yerbas de ninguna eficacia. Despues, habiendo adormecido con sus encantos al Rey y sus guardias, hizo venir á sus hijas; y luego que las tuvo al rededor de la cama las dixo: „Sin deteneros, desenvainad una espada, y sacadle toda la sangre para substituirle en su lugar otra nueva. La vida y la edad de vuestro padre está en vuestras manos; su salud depende de vosotras. Si confiais en mis promesas, si teneis algun amor á vuestro padre, no dudeis un momento en tributarle este piadoso deber. Sacadle con el cuchillo la vejez, y extraedle la sangre corrompida.” Este discurso anima á las Princesas; y para ser piadosas, se hacen impías, y creyéndolo beneficio, cometen la maldad de degollar á su padre, descargando en su garganta cuchilladas á tientas, y con la cara vuelta hácia atras, porque no se atrevian á mirarlo. Pelias, aunque nadando en su sangre, y lleno de heridas su cuello, se esforzó á incorporarse y salir de la cama; y viéndose rodeado de tantos aceros: „¿Qué haceis, hijas? las dice tendiéndolas los brazos. ¿Qué ciego furor os mueve á quitar la vida á vuestro padre?” Al oir estas palabras desfallecieron su ánimo y sus manos. Iba á proseguir hablando Pelias, y Medea le cortó la voz y la garganta, y echó su cuerpo en la caldera que estaba hirviendo.

No se hubiera librado Medea del castigo que merecia su crueldad, á no haberse escapado por los ayres en su carro tirado por los alados dragones. Pasó inmediatamente sobre el Pelion, mansion antigua de Filira,[209] madre del Centauro Quiron; despues sobre el Otris, donde en otro tiempo habia habitado el anciano Cerambo, quien habiéndose retirado al Parnaso en el diluvio de Deucalion, fue convertido en ave por las Ninfas de este monte. Dexó á la izquierda á Pitane, ciudad de Eolia, en cuyas cercanías estaba la figura de aquel dragon que fue transformado en roca, y al bosque de Ida, en el qual Baco, para ocultar el robo que habia hecho su hijo[210] transformó en ciervo un becerro que habia hurtado.

FÁBULA III.

MEDEA INCENDIA EL PALACIO DE JASON.

Atravesó Medea en seguida el pais donde el padre de Corito[211] estaba enterrado, y los anchos campos que Mera,[212] convertida en perra, intimidó en otro tiempo con sus ladridos. Tambien encontró al paso la ciudad de Coa, donde reynaba Eurípilo, y donde algunas mugeres fueron convertidas en vacas, quando Hércules pasaba con las que habia hurtado á Gerion; la isla que está consagrada á Apolo[213] y la ciudad de Yaliso, célebre por los Telchines, sus habitantes, que infestaban quanto veian, y que Júpiter los anegó en las ondas de su hermano;[214] la antigua ciudad de Cea, donde Alcidamas debia ver cierto dia con admiracion á su hija convertida en paloma; el lago de Hirie, y el valle de Tempe, célebre por el canto de un cisne, cuya aventura es como sigue:

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(76) Medea, despues de haber muerto á los dos hijos que tuvo de Jason, huye á Atenas.

Filio, por agradar al hijo de Hirie, domesticaba aves y leones para hacerle presente de ellos. Con este objeto combatió con un toro fiero, y le venció; pero viendo que todos sus cuidados eran inútiles, y que era imposible ganar su amistad, le negó el toro quando con mayor instancia se lo pedia. Viéndose el jóven desayrado, le dixo con desprecio: „Sentirás inútilmente algun dia no haber accedido á mis instancias.” Y se precipitó de un alto peñasco. Todos los que se hallaban presentes creyeron que habia muerto despeñado; pero se sostuvo en el ayre convertido en cisne. Su madre Hirie, que lo creia difunto, derramó tantas lágrimas, que de ellas se formó el lago de su nombre. Cerca de allí estaba la ciudad de Pleurone, donde Combe, hija de Ofias, se transformó en ave para huir y libertarse de las heridas de sus hijos.

De allí pasó Medea por cerca de la isla de Calaurea, consagrada á Latona, famosa por haber sido convertidos en aves su Rey y Reyna.[215] Dexando á su derecha el monte Cileno, en el qual Menefronte[216] habia formado el designio de tener acceso con su madre, á manera de las mas crueles fieras; descubrió á lo lejos á Cefison llorando la desgracia de su nieto, á quien Apolo habia transformado en lobo marino; y el alcázar de Eumelo,[217] donde todos estaban de luto por la Princesa su hija, que habia sido convertida en ave. Finalmente llegó á Corinto, ciudad célebre por haber sido poblada desde el principio del mundo por hombres nacidos milagrosamente de los hongos que llovieron. Aquí fue donde habiendo sabido que Jason habia casado con Creusa, hija de Creonte, con ignominia suya, la hizo perecer con el vestido y corona envenenados que la regaló; ambos mares vieron arder el palacio, quedando abrasado el padre con su hija; dió de puñaladas á los dos hijos que tuvo de Jason, y habiendo vuelto á subir en su carro para evitar con una precipitada fuga el justo castigo de sus maldades, llegó á Atenas, ciudad que te vió volar en otro tiempo, justísimo Finéo, y á tí viejo Perifa, y no menos observó tus nuevas alas, ó nieta de Polipemon.[218] Egeo[219] la recibió; y poco contento con haberla concedido una franca hospitalidad, se casó con ella; digno de vituperio en este solo hecho.

FÁBULA IV.

HÉRCULES ENCADENA AL CANCERBERO.

Teseo, despues de haber libertado el estrecho de Corinto de los ladrones,[220] que cometian en él mil desórdenes, y restablecido la tranquilidad y seguridad en este pais, llegó en aquel tiempo á Atenas. Como Egeo, su padre, no le reconocia aun por su hijo, formó Medea el designio de quitarle la vida, para lo qual preparó una bebida con el acónito que habia traido de Escitia, y que produxo la espuma del Cancerbero.[221] Hay en aquella comarca una caverna obscura, cuya entrada es profunda y muy pendiente. Por ella sacó Hércules á Cerbero con una cadena de diamante, á pesar de la resistencia que hacia para no ver la risueña luz del dia.

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(77) Hércules ata á Cancerbero que de rabia inficiona la tierra con su espuma.

Lleno de rabia y furor este gran mastin de tres cabezas hizo resonar el ayre con tres ladridos, é inficionó la tierra con su espuma, que despues de este tiempo llegó á ser fértil en yerbas venenosas; á las quales, por nacer entre las rocas, llama acónito la gente del campo. Era un veneno compuesto de esta planta el que Egeo, por consejo de su esposa, iba á dar á su hijo; y este Príncipe estaba pronto á beberlo, quando su padre, que le conoció en el puño de su espada, donde tenia grabado su sello, le apartó de la boca la envenenada copa. Medea evitó el castigo que merecia, ocultándose en unas nieblas que formó por virtud de sus encantos.

Lleno de alegría Egeo al ver á su hijo, se estremecia al acordarse del peligro en que habia estado, y con repetidos sacrificios dió gracias á los Dioses de haberle librado. Se sacrificaron por su órden muchas víctimas, cuyos cuernos estaban adornados con cintas victimales. Jamas se celebró en Atenas fiesta con mayor magnificencia. Los grandes y el mismo vulgo fueron convidados al banquete que el Rey habia mandado preparar; y quando el vino y manjares regalados derramaron la alegría en el espíritu de los convidados, empezaron á cantar las alabanzas de Teseo en la forma siguiente:[222] „Tú eres fortísimo Teseo, quien libertaste la llanura de Maraton del toro[223] que la asolaba. Don y hazaña tuya es el que los colonos de Corinto aren con seguridad los campos de Cromion, libres por tí de la fiera que los infestaba.[224] Epidaura fue testigo de la victoria que ganaste sobre aquel monstruo hijo de Vulcano;[225] el rio Cefiso vió perecer al cruel Procrustes,[226] y Eleusis te debe la derrota del famoso Cercion:[227] tú quitaste la vida del feroz Sinis, tan temible por aquella fuerza que empleaba solamente en oprimir la inocencia: el cruel torcia los árboles, y baxaba desde lo alto á la tierra los pinos que habian de desmembrar á los miserables que ataba á ellos: despues de la muerte de Esciron, se puede ir con seguridad á Megara, cuyo camino tenia sitiado. La tierra negó su seno á los huesos de este malvado; el mar los arrojó afuera, y el ayre, á que quedaron expuestos, habiéndoles petrificado, los transformó en peñascos, quedándoles el nombre de Esciron. Últimamente, si quisiéramos contar tus hazañas, hallaríamos que exceden á tus años. Ofreceremos sin cesar nuestros votos por la conservacion de una vida tan preciosa, y por tí celebramos hoy una fiesta tan solemne, y en honra tuya brindamos con este vino.” El palacio resuena con las aclamaciones y aplausos del pueblo, participando lo mas oculto de la ciudad de la alegría de la Real familia.

FÁBULA V.

EACO NIEGA SOCORRO Á MINOS.

No disfrutó sin embargo Egeo una cabal alegría despues de haber hallado á su hijo, porque nunca se experimentan placeres completos, pues regularmente son turbados por algun disgusto. Minos se preparaba á hacer sentir á los Atenienses todos los horrores de la guerra: tenia tropas bien disciplinadas, y una esquadra numerosa; pero lo que le hacia aun mas temible era la justa indignacion que habia concebido contra este pueblo. Resuelto á vengar la muerte de su hijo Androgéo,[228] quiso antes de empezar la guerra, hacer alianza con sus vecinos, y se embarcó para ir á pedirles socorro. Despues de haber atraido con promesas á la isla de Nanfio,[229] obligó á la de Estimpalea con guerra. Tambien traxo á su partido á Cimolia, á Cithnos, Micona, Esciros, Serifo, Paros, tan célebre por sus hermosos mármoles, Sitonia, á la qual vendió la avarienta Arnéa en otro tiempo por una cantidad de oro, y los Dioses para castigarla la convirtieron en mochuelo, ave que tiene los pies y plumas negras, y en quien suponen igual propension al oro despues de su transformacion.

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(78) Eaco niega á Minos el socorro que le pide contra los Atenienses.

No habiendo podido lograr Minos socorro alguno de las islas de Didimo, Oliaro,[230] Andros, Tenos, Giarea y Pepareto, tan fecunda en olivos, se fue á Egina, donde reynaba Eaco.[231] Á esta isla llamaron Enopia los antiguos; pero este Príncipe la llamó Egina, del nombre de su madre. Salieron en gran número de la ciudad por ver á un conquistador de tanta fama. Telamon y sus hermanos Peleo y Foco salieron tambien á recibirle. El mismo Eaco, aunque de una edad muy avanzada, salió de su capital, y le preguntó qual era la causa de su expedicion. El Rey de cien pueblos,[232] renovando con este discurso el paterno llanto, le respondió en estos términos: „Á suplicarte me auxîlies en una guerra justa he venido; toma parte en la afliccion de un padre desgraciado; ayúdale á vengar la muerte de un hijo; no niegues este servicio á los manes de Androgéo. Una cosa me pides, le respondió Eaco, que no puedo concedértela, ni aun mis vasallos podrán tomar partido contigo; porque hemos hecho una alianza con los Atenienses, que las leyes mas sagradas hacen inviolable.” Ofendido Minos de esta respuesta le dixo al retirarse: „Esa alianza te costará bien cara;” pero se contentó con esta amenaza, no queriendo por entonces llevar mas adelante su venganza por no debilitar sus fuerzas.

La armada de Minos podia divisarse aun desde los muros de Egina, quando llega con velas tendidas una nave Ática, y entra en el puerto aliado; mandábala Céfalo,[233] que venia á pedir socorro contra el Rey de Creta. Los hijos de Eaco conocieron á este Príncipe, no obstante de haber mucho tiempo que no le veian; y despues de haberle abrazado, le conduxeron al palacio de su padre. Este héroe, que en una edad avanzada conservaba aun alguna muestra de su primera hermosura, llevaba en la mano un ramo de oliva,[234] y á sus lados á Cliton y Butes, hijos de Palante. Despues de los primeros cumplimientos, Céfalo expuso las órdenes que habia recibido de los Atenienses, y pidió socorro contra el ambicioso Minos, que queria oprimir la libertad de la Grecia. Para obligar á Eaco á otorgar lo que pedia, recuerda la alianza y los antiguos tratados de los dos pueblos, añadiendo para hacer mas fuerza que Minos dirigia sus tiros contra toda la Acaya.

FÁBULA VI.

LAS HORMIGAS CONVERTIDAS EN HOMBRES LLAMADOS MIRMIDONES.

Despues de haber sostenido su causa con mucha eloqüencia el Rey de Egina, apoyándose entonces sobre su cetro: „No pidais auxîlio, les dice, ó Atenienses, sino tomad quanto necesiteis. No dudeis que son vuestras quantas tropas hay en esta isla; disponed de ellas, y vayan las principales con vosotros. Tengo armada; tengo exército bastante para mi defensa y contra mis enemigos; tengo el favor de los Dioses, y tenemos por último una feliz coyuntura. Así suceda, le respondió Céfalo, y se aumente la poblacion de tu reyno, al que luego que llegué me llené de regocijo viendo que me salia á recibir una juventud tan lozana; pero echo menos á muchos que vi en otro tiempo quando estuve en tu corte.”

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(79) Júpiter, por ruego de Eaco su hijo, transforma en hombres á unas hormigas.

Eaco suspirando le habla de este modo: „Vas á oir la relacion de una historia lastimera, cuyo fin, sin embargo, podrá causarte algun consuelo; pero como no es posible que comprehendas todo su horror, me contentaré con referírtela en pocas palabras y sin guardar órden. Yacen huesos y cenizas aquellos por quienes preguntas: ay ¡y cómo he perdido con ellos mis mejores vasallos! La desapiadada Juno, que no podia sufrir que esta tierra tuviese el nombre de su rival,[235] asoló todos mis pueblos con una cruel peste. Creimos al principio que este mal no era sino una enfermedad ordinaria, y empleamos todos los auxîlios de la medicina; pero los remedios eran inútiles. Al empezar, se cubrió el ayre de obscuras nubes, y se sintió un excesivo calor.[236] El viento del Mediodia, tan propio para infestar el ayre, reynó por el tiempo en que la luna llenó por quatro veces la faz que muestra á la tierra, y otras tantas menguando quedó privada de la luz.[237]

”Los lagos y fuentes se inficionaron con el funesto veneno que esparció en ellas una multitud de serpientes desconocidas en el pais. Se observó la fuerza del mal primeramente en los perros, aves, ovejas, bueyes y demas animales. El labrador consternado veia morir á los robustos bueyes en medio del trabajo, y caer en medio del surco. Las ovejas despojadas de su vellon, y flacas, llenaban el campo de balidos lastimeros. El brioso caballo, despreciando los combates y victorias que tantas veces habia ganado, gemia en el pesebre esperando la muerte con una enfermedad que le debilitaba. El jabalí no se acordaba de su natural ferocidad; la cierva ya no tenia su ordinaria ligereza; el oso no se atrevia ya á embestir á los ganados. Á todos tenia acobardados el contagio; los bosques, campos y caminos estaban cubiertos de cadáveres que inficionaban el ayre con su fetidez; y lo que es mas de admirar, ni los perros, ni las aves de rapiña, ni los canos lobos se atrevian á tocarlos: se podrian sobre la tierra, y esparcian el contagio por todo el contorno. De los animales pasó la peste á las aldeas y gentes del campo, y de ellas penetró hasta las ciudades. Primeramente se abrasaban las entrañas, y el color encendido que salia á la cara era indicio del fuego que les abrasaba interiormente. No se respiraba sino con trabajo, y la lengua seca é hinchada obligaba á tener la boca abierta, y así se atraia mas la infeccion del ayre. No pudiendo los dolientes sufrir la cama, ni ningun género de cobertura, tendian sus cuerpos sobre el duro suelo; pero lejos de darles la tierra algun refrigerio, se abrasaba esta con el calor de los cuerpos. Los Médicos que hubieran podido contener de algun modo la propagacion de un mal tan violento, se hallaban padeciéndolo, sin que pudiera preservarles su arte: y los que mas se apresuraban á socorrer á los enfermos, eran las primeras víctimas de la muerte.

„Conociendo todos los contagiados que no habia mas remedio que la muerte, despreciaban los remedios, y se entregaban á satisfacer lo que el ardor del mal les hacia desear: nadie cuida de buscar algun auxîlio, pues ninguno se halla. Cada uno corre á los pozos, á las fuentes y á los rios á apagar la sed que le devoraba: unos mueren antes que puedan extinguir la sed que les abrasa: estos, agoviados, no pueden levantarse de las aguas que les sirven de sepultura: aquellos sin embargo se refrigeran con ellas; y como se ignoraba la causa del mal, aborrecian los infelices la cama; saltaban de ella, y aquellos á quienes faltaban las fuerzas se tendian en el suelo; cada uno huye de su casa, teniéndola por la causa de su muerte. Allí era de ver andar á unos por esas calles ya moribundos, y que apenas podian tenerse en pie; á otros postrados en tierra exhalando lúgubres suspiros, y arqueando sus moribundos ojos, que un momento despues para siempre se cerraban: y mirando de esta forma al cielo exhalaban los últimos suspiros en el mismo sitio donde les cogia la muerte.

„Figúrate, Príncipe, la funesta situacion en que yo me hallaria. ¿Te parece que no aborreceria mi propia vida deseando ser uno de los desgraciados? Á qualquiera parte que tendia la vista, se veian montones de cadáveres, al modo que los forman las manzanas y bellotas que caen quando se sacuden las ramas de los árboles que las producen. ¿No ves enfrente ese exemplo de tanta elevacion dedicado á Júpiter? ¿Quién no ofreció, bien que en vano, inciensos en aquellos altares? ¡Quántas veces vimos al marido que iba á pedir por su muger, al padre por su hijo, perder la vida en los inexôrables altares, y hallarse entre sus manos, despues de muertos, parte del incienso no consumido! ¡Quántas veces mientras el sacerdote decia las oraciones, y derramaba el vino entre las astas,[238] cayeron muertos los toros, conducidos al templo, sin aguardar el golpe! Yo mismo, ofreciendo un sacrificio por mí, por la patria, y por mis tres hijos, la víctima dió crueles bramidos, y cayó á los pies del altar sin recibir el golpe: apenas fue teñido con su sangre el sagrado cuchillo, y las fibras de sus entrañas estaban tan corrompidas con la fuerza del contagio, que no se hallaron en ellas señales algunas que nos dieran á conocer la voluntad de los Dioses.[239] Muchas veces vi cadáveres arrojados delante de los sagrados templos, y aun delante de los venerables altares, para hacer mas aborrecible la muerte: vi otros, que por acabar sus males, habian empleado el dogal fatal, pareciéndoles mas llevadera la muerte, que la aprehension continua que tenian de morir. Los muertos, privados de las honras funerales, se veian á montones cerca de las puertas de la ciudad; como no habia bastante gente para sacarlos fuera de los muros, los dexaban podrir sobre la tierra, ó los quemaban sin ceremonia: tampoco escrupulizaban en quemar un muerto en la pira que estaba preparada para otro. No habia quien llorase la muerte de las personas mas queridas; las almas de los hijos y de las madres, de los jóvenes y de los viejos, descendian á las riberas infernales sin ser lloradas. Ya no habia lugar para las sepulturas, ni leña bastante para las piras.

„En medio de tantas desgracias, sobresaltado, dirigí á Júpiter esta súplica: Gran Dios, si es cierto que en otro tiempo fuiste sensible á las gracias de mi madre, si no te avergüenzas de reconocerme por hijo, padre mio, ó vuélveme mis vasallos, ó haz que yo perezca con ellos. Júpiter oyó mi súplica, y me lo dió á conocer por medio de un relámpago y trueno de buen agüero. Yo acepto este agüero, dixe, y deseo que me sea un testimonio favorable de tu voluntad. Cerca del sitio en que yo me hallaba entonces habia una grande encina consagrada á Júpiter: la bellota que la habia producido se habia cogido en la selva Dodonea.[240] En el tronco de ella vi un rastro de infinidad de hormigas que llevaban las semillas que habian juntado, y hecho calle en su rugosa corteza. ¡Ah quan dichoso seria yo, decia entre mí, si Júpiter me diese para poblar de nuevo mis desoladas ciudades, tantos ciudadanos como hormigas veo aquí! Tembló á estas palabras la alta encina, y las ramas se menearon sin ser agitadas del viento. Á este prodigio empecé á temblar todo sobresaltado, y se me erizan los cabellos. Lleno de no sé qué esperanza besé la tierra y el tronco del árbol sagrado. En el entre tanto vino la noche, y á pesar de mis inquietudes me quedé dormido. Quando yo gozaba de las delicias del sueño, me parecia tener ante los ojos la misma encina con todas sus hojas y ramas cubiertas de hormigas; me parecia tambien que dexaba caer sobre la tierra una multitud de estos pequeños insectos, y los veia extenderse por el anchuroso campo; aun mas, creia verlas crecer de repente, levantarse y tenerse en pie. Ya no veia aquellas hormigas ni tan pequeñas, ni tan negras, ni con tantos pies, y me parecia que ellas vestian los miembros de humana figura. Despierto, y considerando mi sueño como una imaginacion frívola, me quejo de no hallar ningun auxîlio en los Dioses; pero oigo un gran murmullo en mi palacio, y me parecia oir voces de hombres, ya para mí desconocidas; y quando sospechaba que era efecto de la turbacion en que me habia dexado el sueño, llega Telamon apresurado, abre la puerta de mi aposento, y me dice: Vas á ver, padre mio, una cosa increible, y que no se podia esperar: sal con presteza. Salgo inmediatamente de mi aposento, y vi una multitud de hombres, que conocí ser los mismos que habia visto en sueño. Acercáronse á mí, y me saludaron como á su propio Rey. Al momento fui á dar gracias á Júpiter; despues repartí estos nuevos habitantes en la ciudad y campos, y para conservar la memoria de su orígen, les dí el nombre de Mirmidones.[241] Ellos conservan aun las mismas inclinaciones que las hormigas; económicos, laboriosos, aplicados á adquirir bienes, y á guardar con mucho cuidado lo que adquieren. Acabas de verlos; estos soldados, iguales en edad y ánimo, serán los que te acompañarán luego que el Euro, que felizmente te traxo (porque con este viento habia venido) se cambiare en Austro.”[242]

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(80) La Aurora ve á Céfalo, de quien se enamora y le roba.

FÁBULA VII.

CÉFALO Y LA AURORA.

En esta y otras conversaciones gastaron casi todo el dia; emplearon la caida de la tarde en un espléndido banquete, y la noche en el sueño. Ya habia asomado Febo por el horizonte, pero aun soplaba el Euro que detenia las naves en que habian de volver. Los hijos de Palante fueron adonde estaba Céfalo, que era el de mas edad, para ir juntos á ver al Rey. Este dormia aun; y como Telamon y Peleo se hallaban entonces ocupados en escoger las tropas para los Atenienses, Foco, el menor de los hijos de Eaco, recibió á los embaxadores á la puerta de palacio, y los conduxo á una sala á esperar que el Rey se levantara. Habiendo observado Foco que Céfalo tenia en la mano un dardo de una madera extraordinaria con la punta de oro, despues de haberle hablado de cosas indiferentes, „soy aficionado, le dice, á los bosques, donde voy freqüentemente á cazar; y no obstante te confieso que nunca he visto madera semejante á la de tu dardo. Si fuera de fresno seria de color rubio; si de cerezo tendria nudos: ignoro de qué madera sea; pero jamas la vieron mis ojos mas hermosa. Si conocieras todas sus qualidades, le replicó entonces uno de los hijos de Palante, te admiraras mucho mas: jamas yerra el tiro; nada le desvia del blanco; y lo que es aun mas de admirar, vuelve despues ensangrentado á la mano del mismo que lo dispara.” Queriendo entonces Foco informarse mas por menor de todas las particularidades de un dardo tan misterioso, satisfizo Céfalo su curiosidad, callando sin embargo lo que era vergonzoso referir, que era cómo y de qué mano le habia venido;[243] y movido á compasion por la memoria de su esposa, le dice, derramando muchas lágrimas: „Este dardo, hijo de la Diosa[244] (quien lo creerá), me hace y me hará llorar mientras viva: por él perdí á mi amada esposa: ¡mejor me estuviera no haber recibido jamas este fatal don! Procris[245] era hermana de la célebre Oritia, si es que este nombre ha llegado á tu noticia. Si hiciese un parangon de la hermosura, del talento y costumbres de estas dos amables personas, Procris debiera tener la preferencia. Quando el amor y el padre de esta Princesa me hicieron su esposo, todos me tuvieron por el hombre mas feliz de la tierra: lo era en efecto, y ahora tambien lo seria, si los Dioses no hubiesen dispuesto lo contrario. Al segundo mes de nuestro himeneo, hallándome tendiendo las redes á los ciervos en el siempre florido monte Himeto, me descubrió la risueña Aurora, y me arrebató contra mi voluntad. Sin ofender á esta Diosa, séame lícito decir la verdad: aunque sea su rostro perfectamente hermoso; aunque ella tenga baxo su mando los confines del dia y de la noche, y aunque se alimente del nectar de los Dioses, no me fue posible olvidar á Procris; jamas cesé de amarla; siempre residia en mi corazon; solo hablaba de ella, y hacia memoria de las delicias que habia gozado con una esposa tan agradable. Concibió por esta causa zelos la Diosa, y me dixo: „Dexa, ingrato, quejas que me ofenden: ve á buscar tu Procris, que si yo no me engaño, te arrepentirás de haberla amado tanto;” y con este discurso me despidió de sí con ira.

FÁBULA VIII.

CÉFALO Y PROCRIS.

„Á mi vuelta hice algunas reflexîones sobre lo que la Aurora me habia dicho: temí que Procris no hubiese guardado en mi ausencia la lealtad del sagrado consorcio: su hermosura y edad me persuadian á creerlo, pero su virtud me aseguraba y disipaba mis sospechas. Mas no obstante yo habia estado ausente, y la Diosa, á quien acababa de abandonar, era una prueba de lo que podia el amor; pero como los amantes nos recelamos de todo, resolví tantear y averiguar con dones la fidelidad de mi esposa; y la Aurora, mudando las facciones de mi rostro, favoreció mi temor. Con este disfraz voy á Atenas, denominada de Palas,[246] y entro en mi palacio, donde no vi nada que me pudiese causar la menor sospecha.

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(81) Procris muere del flechazo que le tiró Céfalo juzgándola una fiera.

„Procris estaba cuidadosa de mi ausencia, y su modo juicioso y modesto parecia que solo respiraba virtud. Con mucha dificultad conseguí el entrar en su aposento, pues fue necesario valerme de mil artificios. Cielos ¡quál fue mi sorpresa al verla! Estuve casi resuelto á dexar el fatal designio que habia formado; y en vez de sujetar su virtud á una experiencia tan delicada, quise descubrirme y colgarme de su cuello. Aunque estaba triste y macilenta, ninguna la excedia en hermosura, y ardientemente deseaba ver á su esposo. Considera, Príncipe, qué tal seria su belleza, quando la misma pena la hermoseaba. Para que he de decirte las veces que su honestidad desvaneció mis discursos. ¡Ó quantas veces dixo: yo me conservo para uno solo donde quiera que esté; mi corazon es de mi esposo; para él solo guardo mis placeres! ¿Á quién (á no ser loco) no le satisfaria esta relevante experiencia de su fidelidad? Sin embargo, yo no me contenté, y me obstiné en hacerme desgraciado. La ofrecí grandes riquezas, y la obligué por último á vacilar. ¡Ah! exclamé yo entonces descubriéndome: reconoce á tu esposo en el amante por quien te has mostrado sensible; él mismo ha sido testigo de tu poca virtud. Nada me respondió Procris: su confusion y pudor fueron tan grandes, que salió en el momento del palacio con la resolucion de abandonarme para siempre. Ocupada únicamente en el exercicio de Diana por los montes, concibió un odio irreconciliable á todos los hombres por la injuria que me habia hecho. Su ausencia encendió de nuevo el amor en que yo me habia abrasado por ella: la busqué; la pedí perdon de mi imprudencia, y la confesé que yo mismo hubiera titubeado si me hubiesen hecho tantas ofertas como yo la hice. La confesion de mi debilidad moderó el disgusto que la causaba la memoria de la suya: volvió conmigo, y vivimos muchos años en una perfecta union. Poco contenta con haberme restituido su corazon, me regaló un perro que Diana la habia dado, y que era tan bueno que ninguno le ganaba á correr. Añadió á este presente el dardo que ves tengo en las manos. Desearás saber sin duda la singularidad de este perro, y en efecto te admirará la novedad del raro suceso. Las ingeniosas Náyades explicaron y vulgarizaron las obscuras y hasta entonces no entendidas respuestas del oráculo de Temis,[247] el que desde este punto cayó en desprecio de los Tebanos; é indignada por ello esta Diosa, tomó la venganza de enviar contra ellas una cruel fiera, que quitó la vida á muchos, y se hizo temible á los labradores y ganados. Acudimos los jóvenes de la comarca para cogerla ó matarla, y cercamos los campos, haciendo un grande ojeo; pero todo fue inútil, porque la fiera saltaba con mucha velocidad las redes y sus mas altas cuerdas. Quitamos los collares á los perros; pero no pudieron alcanzarla, porque huia con la ligereza de una ave. Me rogaron por último que soltara á mi Lelapa (este era el nombre del perro que Procris me habia dado), el qual hacia ya tiempo que se esforzaba por romper la cadena que le sujetaba. Apenas se vió libre, quando le perdimos de vista. Solo se veian las huellas de sus pies estampadas en la caliente arena. El dardo que se arroja con la mayor fuerza; la piedra que sale de la honda, y la flecha vibrada por el mas diestro Cretense, no vuelan con mas velocidad que la que él llevaba en la carrera. En medio del campo donde estábamos habia una colina, á la que subí para observar con placer la ligereza con que corria; y desde allí vi que unas veces parecia haber cogido la fiera, y otras que esta se desasia de él, y con rodeos burlaba á su perseguidor, y le cortaba el ímpetu de la carrera. Con todo, Lelapa se esforzaba por alcanzarla, y la seguia tan de cerca, que á cada instante abria la boca para cogerla, pero solo mordia el viento. Eché mano entonces de mi dardo, y mientras me prevenia para arrojarle, aparté la vista; pero qual fue mi sorpresa quando volviendo á fixarla en el mismo lugar, miro en el campo (cosa maravillosa) dos figuras de mármol, la una en actitud de un animal que huye, y la otra en la de un perro que va ladrando tras él. Sin duda algun Dios, si es cierto que les asistió alguno, no queriendo que ninguno de estos animales fuese vencido en la carrera, los transformó en piedras.”[248]

Despues que Céfalo dexó de hablar, preguntóle Foco la causa que habia tenido para quejarse, quando le habló del dardo que tenia en la mano. „¡Ah! le respondió, lo que hoy constituye nuestra felicidad, suele en lo sucesivo ocasionar nuestras desgracias. Para guardar algun órden en lo que voy á referirte, te hablaré primero de mi pasada ventura, cuya memoria me será agradable en todos tiempos. Dichoso en los primeros años de mi union, veia con placer que Procris tomaba parte en mi felicidad. Unidos por el amor mas tierno, teníamos unas mismas inclinaciones. Ni ella me hubiera dexado por Júpiter, ni yo la hubiera abandonado por Venus: en una palabra, nuestro ardor era igual. Como yo entonces era muy jóven, y amaba apasionadamente la caza, apenas el sol doraba las cimas de los montes con los primeros rayos, solia ir á los bosques vecinos, sin criados, caballos, perros ni redes. Iba seguro con el dardo que ves, sin necesidad de otras armas. Quando ya me habia cansado de matar fieras, me acogia al fresco y sombra de los árboles, y al aura que corria de los valles: el aura suave era mi refrigerio en medio del calor, y la tomaba por descanso de mi trabajo. Me acuerdo que cantaba: „Ven, ó dulce aura, consuelo mio, introdúcete en mi pecho, y templa, como sueles, el ardor en que me abraso.” Quizá añadiria otros mil cariños: así lo iba disponiendo mi destino: solia pues decir: „Tú formas mis delicias, tú restituyes y reparas mis débiles fuerzas, tú haces que yo ame los lugares solitarios y los bosques, y se recrea mi boca recibiendo tu respiracion.” Alguno por acaso oyó estas palabras ambiguas, y juzgando que el nombre de aura, tantas veces repetido, lo era de una Ninfa, creyó que yo amaba á alguna. Procris fue luego instruida de esta fingida galantería; y como el amor es tan crédulo, se persuadió fácilmente que yo la era infiel. Esta noticia le causó un dolor tan cruel, que cayó desmayada, y estuvo largo tiempo sin sentido, segun me contaron. Luego que volvió en sí empezó á quejarse, diciendo cien veces que era la mas infeliz de las mugeres; que su suerte era desgraciada; que yo no la guardaba la debida fe; y espantada con un imaginado delito, temió lo que era nada, y receló de un nombre que carecia de cuerpo, creyéndole como si fuese una verdadera rival. Con todo algunas veces dudaba de la verdad de la noticia; y no accedia á quantas pruebas la habian dado de mi infidelidad. Como deseaba que la noticia fuese incierta, me hizo la justicia de querer exâminar por sí mi supuesta perfidia antes de condenarme. Al siguiente dia, al rayar la Aurora, me voy á los bosques segun costumbre; y hallándome cansado de la caza, me tiendo sobre la yerba, sin olvidarme de llamar en mi favor á la suave aura. „Ven aura, le decia, á aliviarme despues de tantas fatigas; de tí espero mi consuelo.” Quando yo continuaba este discurso, me pareció oir alguno que suspiraba; mas sin embargo: „Ven, hermosa, dixe;” pero moviéndose algo mas estrepitosamente los árboles, creí que fuera alguna fiera, y disparo mi ligero dardo. Mas ¡ay! era Procris á quien habia atravesado el pecho. Al grito que dió reconozco su voz: precipitado y loco acudo, y la hallo medio muerta bañada en su sangre; me esfuerzo luego á sacar de la herida el dardo fatal que me habia regalado: la abrazo tiernamente: rasgo sus vestidos, y ligo la herida para atajar la sangre que salia; rogándola con lágrimas no abandonase á un esposo, á quien hacia aquel accidente el mas infeliz de los hombres. Próxîma Procris á espirar me habló así: „Yo te ruego, Céfalo, por nuestro himeneo, por todos los Dioses del cielo, por los de los infiernos, donde voy á baxar, por el amor que siempre te he tenido, por este amor fatal que causa mi muerte, que no te cases con la Ninfa Aura que te trae á estos bosques.” Á estas palabras caygo en la cuenta de su error: la desengaño; pero ¡ay de mí! ¿de qué me sirvió haberla desengañado? Ella cae entre mis brazos; y pierde la vida con su sangre. Sin embargo, ínterin podia levantar los ojos moribundos, no los apartó de mí, hasta que por último recibí en mi boca su último suspiro. Así murió la desgraciada Procris, contenta á lo menos con saber que le habia sido fiel.” Céfalo contaba esta triste historia llorando amargamente; y toda la asamblea mostraba tambien con lágrimas acompañarle en su sentimiento, quando Eaco acompañado de sus dos hijos llegó con las tropas alistadas recientemente, y que debian ir á socorrer á los Atenienses, á quienes recibió Céfalo con el mayor regocijo.

Notes in this chapter

Note 1 · Fue la primera nave que surcó los mares: el piloto que la dirigia se llamaba Tifis, y los que la montaron con Jason para la expedicion de laNote 2 · Es diverso del otro Finéo que en las bodas movió el tumulto contra Perséo; fue Rey de Tracia, hijo de Agenor, y por la atrocidad de haber heNote 3 · Eran unos monstruos con rostro de muger, orejas de oso, cuerpo y alas de buytre con garras en las manos y pies, y que con un continuo fluxo Note 4 · Rio de la Cólquide, en el qual fue transformado por Tetis un Príncipe de este nombre.Note 5 · Era la piel de un carnero, en el qual los dos hermanos Heles y Frixo, huyendo de la muerte que les preparaba Creteo, fueron arrebatados por Note 6 · Por la eficacia de sus encantos.Note 7 · Llamábase Absirto.Note 8 · Se llamaba Chalciope, que estaba declarada por Jason por la conexîon de estar casada con Trixo, cuyos hijos recibieron auxîlios y otros miraNote 9 · Deidad, á quien invocaban en los encantos, y que era la misma que Proserpina con el renombre de Hecate, y no solamente la invocaban para losNote 10 · Era hija de Eeta, que lo fue del Sol y de Persa, y reynó en Colcos.Note 11 · Ciudad de Tesalia y patria de Jason.Note 12 · Esto en realidad era hacerle mas viejo y caduco, añadiéndole á su vida los que se quitasen á la de Jason, lo qual prueba que se equivocó en Note 13 · Padre de Medea.Note 14 · La llama así por sus tres nombres de Luna, Diana y Proserpina.Note 15 · Los que nacieron de sus dientes sembrados en la tierra.Note 16 · Montes famosos en la fábula, y que los Gigantes pusieron unos sobre otros para hacer la guerra á Júpiter.Note 17 · Quien de pescador fue convertido en Dios del mar por la eficacia de las tales yerbas, cuyo solo tacto le hizo saltar al mar como pez, y NeptNote 18 · Era rito litúrgico el enramar las aras con verbena; y así lo dió á entender Terencio en la Andria en aquel verso Ex ara hinc sume verbena.Note 19 · Hermano de Eson, á quien habia confiado este el Reyno para que se le restituyese á Jason en llegando á la edad competente; y no queriendo deNote 20 · Hija del Océano, y amada por Saturno, con quien fue aprehendida por Rea, su muger, en adulterio; y huyendo de rubor, despues de haber paridoNote 21 · Tionéo, que robó el becerro de que habla á unos pastores.Note 22 · Parece fue Paris, que le hubo en Enone antes del robo de Elena.Note 23 · Perra de Icario, que tenia este nombre, la que con sus ladridos indicó á Erigone la muerte de su padre asesinado por unos pastores.Note 24 · Isla del mar mediterráneo, consagrada al sol, célebre en otro tiempo por la famosa estatua del Coloso.Note 25 · Neptuno, que reynaba en el mar.Note 26 · Ceix y Alcione, Reyes de Trachina, en la isla de Calaurea, que fueron convertidos en alcones, como se verá adelante en la fábula de esta traNote 27 · Un poeta incestuoso con su propia madre, por lo que ambos fueron convertidos en perros.Note 28 · Fue hijo de Admeto, Rey de Tesalia, y la hija transformada en ave se llamó Antea.Note 29 · Tres transformaciones de Finéo, Perifa y Polipemon en aves.Note 30 · Rey de Atenas y padre de Teseo.Note 31 · Esciron y Procrustes, famosos en el istmo de Corinto.Note 32 · Fingen los poetas que quando Hércules sacó del infierno á este monstruo, la mudanza de ayre le causó un terrible vómito espumoso y venenoso,Note 33 · Himno ó cantinela en alabanza de Teseo.Note 34 · Era uno ferocísimo enviado por Neptuno, que afligia toda la region de Atenas, y fue muerto por Teseo.Note 35 · Era un jabalí, que tambien fue muerto por Teseo.Note 36 · Se llamaba Perifetas, ladron famoso que despedazaba á los pasageros, y tambien fue muerto por Teseo.Note 37 · Fue un ladron que tendia á los pasageros en una cama; y si eran mas largos que ella les cortaba lo que sobraba, y si mas cortos les estirabaNote 38 · Era otro ladron que combatia con los viageros; y despues de haberlos vencido, les daba muerte, y habitaba en la region del Eusis, ciudad conNote 39 · Habia sido muerto por Teseo, y la venganza de esta muerte era el asunto de la guerra que Minos su padre declaró á los Atenienses.Note 40 · Esta y las siguientes son islas vecinas á Creta.Note 41 · Esta y las siguientes son islas del mar Egeo, que hoy se dice el Archipiélago, y se llamaban Cícladas.Note 42 · Fue hijo de Júpiter, y tuvo tres hijos, Telamon, Peleo y Foco, y por la justicia que observó, le hizo Pluton juez del infierno con su hermanNote 43 · Era Minos, en cuyo reyno de Creta se contaban cien ciudades.Note 44 · Fue hijo de Mercurio y de Herce, y su historia se cuenta en una de las fábulas siguientes.Note 45 · Signo de la paz, el que regaló á Atenas Minerva quando la pusieron nombre.Note 46 · Se entiende Egina, en quien Júpiter tuvo á Eaco, y en odio de la qual envió Juno la peste que se describe en lo que subsigue.Note 47 · Esto y lo que sigue es una elegante descripcion de la peste; y otra semejante hizo Séneca en el primer acto de la tragedia intitulada Edipo.Note 48 · Perífrasis para decir quatro meses.Note 49 · Debe entenderse de las víctimas ó de los animales que se sacrificaban, y el rociar las astas con vino era ceremonia de la parte del sacrificNote 50 · La inspeccion de las fibras de las víctimas ó animales sacrificados era el principal fundamento de las predicciones y respuestas de los agorNote 51 · Era una selva dedicada á Júpiter, y poblada de encinas que daban oráculos y respuestas.Note 52 · Porque esta palabra en griego quiere decir hormiga.Note 53 · Viento favorable para pasar de Egina á Atenas.Note 54 · Este dardo y el perro Lelapa fueron dos regalos que Procris hizo á Céfalo en su daño y ruina, pues este la mató con el dardo equivocadamenteNote 55 · Foco era hijo de la Ninfa Samate.Note 56 · Su muger.Note 57 · Porque esta Diosa fue la que dió y puso nombre á Atenas, venciendo en la contienda que sobre ello tuvo con Neptuno, segun ya queda antes notNote 58 · Diosa de la Justicia, á quien pintaban vendados los ojos, y con la balanza en la mano; por otro nombre se la llamaba Astrea, y su balanza esNote 59 · Todas estas transformaciones pudieron tener su fundamento en petrificaciones, de las muchas que despues de estas ficciones han observado y o
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