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Logica

LIBRO PRIMERO.

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CAPITULO I.

DE LAS OPERACIONES DEL ALMA en general.

[1] El hombre se compone de dos partes esenciales, es á saber, Cuerpo, y Alma. El Cuerpo es substancia material y sensible, y organizada de modo que cada una de sus partes contiene un artificio maravilloso, y todas juntas conspiran á producir las acciones especiales que le pertenecen. El Alma es substancia espiritual, inmortal, indivisible, criada por Dios, que la introduce en el Cuerpo quando ya este se halla con las disposiciones, y organizacion necesaria para recibirla. Mas es de admirar, que siendo de naturaleza tan diferente el Cuerpo, y el Alma, se unen entre sí tan estrechamente mientras dura la vida, que el uno no puede obrar sin dependencia del otro, de suerte, que las cosas que tocan al cuerpo las percibe el alma, y esta comunica especiales movimientos al cuerpo.

[2] Y aunque sea verdad, que no podemos comprehender claramente el modo con que una substancia espiritual se une con otra material, ni de qué manera recíprocamente concurren á producir las operaciones; no obstante si atendemos con cuidado lo que pasa dentro de nosotros, quando pensamos, ó queremos alguna cosa, y reflexíonamos en lo que entonces nos sucede, descubrirémos con bastante certidumbre la union de estas dos substancias, y el origen de sus principales operaciones.

[3] Las acciones que el hombre exercita, ó son materiales y corporeas, ó espirituales. El Alma es á la verdad la causa principal de todas; pero se diferencian entre sí, porque las primeras se executan por disposicion del cuerpo, y las segundas especialmente existen en el Alma. El movimiento del brazo, lengua, y piernas: el del corazon, nervios, y todos los murecillos del cuerpo, proceden del Alma, y no obstante con razon se llaman corporeos, porque todos se exercitan con el cuerpo. Pero el imaginar, discurrir, juzgar, y por decirlo de una vez pensar, y querer, son acciones espirituales propias del Alma. Estos son principios ciertos tomados de la Física y Animástica, y nos valemos de ellos como presupuestos bien seguros para averiguar lo que pertenece á la Lógica.

CAPITULO II.

De las operaciones mentales del Alma.

[4] Asi como el cuerpo humano consta de distintas potencias con que exercita muy diversas operaciones, las quales conspiran á un mismo fin, que es la conservacion de la vida, con orden maravilloso entre todas ellas, del mismo modo en el Alma hay varias facultades, potencias, y fuerzas con que produce muchos actos, que todos conspiran, se ordenan, y mutuamente se ayudan al fin de exercitar la razon. Irémos aquí descubriendo estas potencias del Alma, segun el orden que naturalmente guardan en sus operaciones: mostrarémos los objetos de cada una de ellas: y manifestarémos como todas se ayudan y concurren al exercicio de la racionalidad. No solo los Filósofos antiguos, sino tambien los modernos tratan este asunto con suma confusion, atribuyendo á una potencia lo que es de otra, y mezclando entre sí las cosas que debieran separar, de donde nace mucha obscuridad, y de ella muchos errores y falsedades, de que estan llenos los libros antiguos y modernos de Lógica. La misma naturaleza enseña á todos los hombres, si quieren ser atentos en observar lo que pasa en su interior, que nada hay en su entendimiento que no haya tomado ocasion de los sentidos. En el exercicio de la Medicina tenemos todos los dias motivo de asegurarnos de esto en las varias suertes de males, en que se dañan los sentidos, y la razon. Un hombre que por la mañana usaba de sus sentidos y demas potencias mentales, por la tarde, acometido de una fuerte apoplegía, ni siente, ni razona, y así está como un tronco mientras dura la enfermedad. La primera potencia, pues, que hay que explicar es la sensible, porque es la puerta por donde entran al entendimiento los primeros objetos sobre que se ha de exercitar. Las cosas de á fuera, que se presentan á nuestros sentidos, se llaman objetos sensibles. Quando se aplican á los órganos de los sentidos, ya sea por sí mismas, ya por partículas que de sí despiden, hacen empujo, ó impresion en ellos. Al punto que esto sucede, percibe el hombre el objeto por una alteracion que en sí experimenta, debiéndose distinguir como cosas diversas el empujo del objeto y la percepcion de él, pues aquel es puramente físico, y esta es produccion de la potencia sensitiva. Esta potencia de percibir el objeto sensible se llama en Griego [Griego: Athaetikae dunamis]: en Latin vis sentiendi: en las Escuelas principium sensationis: en Castellano fuerza, potencia sensible, ó, como otros dicen, sensitiva: el acto de esta potencia, esto es, la alteracion nueva que se experimenta á la presencia del objeto en los órganos de los sentidos, se llama en Griego [Griego: Athaesis]: en Latin sensus: en las Escuelas sensatio: en Castellano sensacion, ó percepcion de los objetos sensibles. Pongamos un exemplo. Tocan á uno el pie con un palo, ó acercan á las narices una rosa: el palo y la rosa son objetos sensibles del tacto y del olfato: el inmediato contacto, aproximacion activa de estos objetos á los sentidos es el empujo, impresion que hacen en ellos: la advertencia (permítaseme usar de esta voz) percepcion que el hombre tiene de estos objetos, y de la impresion de ellos en su cuerpo es la sensacion. A este modo sucede en todos los demas sentidos.

[5] Luego que se ha hecho la percepcion de los objetos sensibles, instantaneamente se forma en lo interior del hombre una imagen, forma, ó expresion del objeto, de modo que se pinta su figura, hábito exterior, y forma, que encierra los caractéres distintivos de cada cosa. La potencia de engendrar esta imagen se llama en Griego [Griego: phantasia]: en Latin imaginatio: en Castellano fantasía, imaginacion. El acto de esta potencia, esto es, la imagen ó representacion del objeto sensible se llama en Griego [Griego: phantasma]: en Latin imago, species, forma: en las Escuelas aprehensio; en Castellano imagen, representacion de la cosa. Los modernos, desde que se ha introducido por todas partes el uso de la lengua Francesa, comunmente le llaman idea con poca propiedad, y confundiendo las operaciones del entendimiento, como verémos en el capítulo siguiente. Hasta aquí no hay mas que simple percepcion del objeto sensible, y representacion de él en la fantasía, sin afirmacion, ni negacion. Para quitar equivocaciones, así de lo dicho, como de lo que se ha de decir en adelante, advierto, que la voz sensible en Castellano se toma como la latina sensibilis en dos significaciones, porque unas veces recae sobre la potencia, y se dice facultad, ó fuerza sensible, que es como si dixéramos potencia de sentir: otras veces sobre el objeto; y así á este le llamamos sensible, que vale tanto como decir cosa que se puede percibir con los sentidos.

[6] Síguese por el orden natural la potencia de combinar, esto es, juntar, unir, desunir, separar las imágenes de los objetos externos pintadas en la fantasía. Las potencias sensitiva é imaginativa tienen por objeto inmediato las cosas externas, que hacen impresion en los sentidos: esta potencia de que hablamos, y las demas que irémos explicando, tienen por objeto próximo las imágenes y representaciones de la imaginacion, y por objetos remotos las cosas externas. Esta potencia de combinar, junta, ó separa las imágenes simples de mil maneras diferentes. La union la hace por la expresion es, la separacion por la expresion no es. Estas expresiones se llaman cópula, porque atan las cosas entre sí, de modo que si las juntan se llama cópula afirmativa, y si las separan negativa. Esta potencia en Griego se llama [Griego: Noaema]: en latin intelligentia: en las Escuelas principium discursus: en castellano no sé que tenga nombre propio; pero su principal fuerza se explica con la voz ingenio, de la qual yo me valdré en esta Obra, puesto que llamamos así en Español la potencia mental con que el hombre inventa, descubre, halla, y compone, ó descompone innumerables combinaciones de las cosas. La accion de esta potencia se llama en Griego [Griego: Ennoia]: en latin cognitio, intellectio: en castellano inteligencia, conocimiento, comprehension_. A dos clases se pueden reducir las innumerables combinaciones y enlaces de esta potencia, porque unas son simples, quando una cosa se junta con otra, como Pedro es hombre, Pedro no es sabio: otras son compuestas, quando se juntan algunas de las simples para formar otra, como el Sol ha salido: siempre que el Sol ha salido es de dia: luego es de dia. A la combinacion simple llaman los Griegos [Griego: Apophansis]: los Latinos enuntiatio: en las Escuelas judicium, propositio: en Castellano proposicion. La combinacion compuesta se llama en Griego sylogismus: en Latin raciocinatio: en las Escuelas discursus: En Castellano razonamiento, discurso, argumento, sylogismo. Las varias afecciones de las proposiciones y sylogismos ya en afirmar y negar: ya en modificar, restriñir, ampliar: ya en conformarse con la verdad, ó en fingir y falsificar con diversas combinaciones, se explicarán mas adelante. Lo que conviene prevenir aquí es, que esta es la potencia, sobre la qual trabaja principalmente la Lógica, pues su instituto es entender, aclarar, y asegurar la legítima disposicion que han de tener las combinaciones simples y compuestas, y cada una de las partes que las componen, y el todo que resulta en las proposiciones y sylogismos, con el fin de asegurarse de la verdad.

[7] Resta explicar la potencia principal de la mente humana, superior en alcances y en dignidad á las que hemos declarado. Hay en el hombre una fuerza, facultad, ó potencia de conocer la exâctitud, orden, verdad, falsedad, proporcion, propiedad, y buena constitucion de los actos de las potencias propuestas, y de juzgar y conocer de ellas, descansando sobre lo que halla cumplido y conforme á lo verdadero, y no pudiendo quedar satisfecha con lo falso. En los brutos hay potencia sensitiva é imaginativa, porque estas pueden residir en lo corporeo: no hay ni puede haber la potencia de combinar, y mucho menos la de juzgar de las cosas, porque estas dos son propias del hombre, y no pueden estar en cosa corporea y material, sino en puro espíritu, como pienso demostrarlo por razones filosóficas en la Metafísica. Lo cierto es, que si el hombre entra dentro de sí mismo, meditando lo que le sucede en el exercicio de estas potencias, y ve con cuidado lo que hacen y pueden hacer los brutos, conocerá claramente el orden superior en que está constituido sobre ellos, ellos, y que hay en su constitucion un principio espiritual que le distingue de todo lo que no es hombre. Esta potencia de que hablamos se llama en Griego [Griego: Nous]: en Latin mens: en Castellano juicio. Los actos, ú operaciones de esta potencia se llaman en Griego [Griego: Synesis]: en Latin ratio: en Castellano razon; y conviene no confundir la razon con el raciocinio, porque este es el sylogismo que pertenece al ingenio, ú potencia de combinar, y puede ser bien ó mal ordenado; no así la razon, que siempre ha de ser justa, ó arreglada á lo que corresponde. Esta potencia, que es la mas superior de la mente, la mas estimable, y la que mas se debe cultivar, tiene por objeto inmediato los actos de las otras potencias ya explicadas, de modo que mirándolos juzga sobre ellos. Quando se para porque no conoce ni distingue bien su objeto en todas sus circunstancias, este acto se llama suspension de juicio: quando contempla sus objetos, deteniéndose en exâminarlos, atencion: quando juzga sobre ellos si son exâctos, ordenados, verdaderos, &c. reflexîon: si despues de reflexîonados se asegura de sus propias determinaciones, se llama conciencia. El modo que tiene de obrar es este: Hay ciertas verdades que pueden llamarse fundamentales, porque estan plantadas en el alma, como verémos en el capítulo siguiente, y son el fundamento del juicio, las quales son tambien la razon primitiva que sirve para exercitarse esta potencia. Qualquiera cosa es, ó no es: es imposible que una cosa sea y no sea: las cosas que son una misma con una tercera, son tambien unas mismas entre sí: de la nada, entre las cosas criadas, no se puede hacer nada: el todo es mayor que su parte: si á cosas iguales se añaden cosas iguales, los todos quedan iguales: y otras muchas proposiciones, que tienen una firmísima certeza, sin que necesiten de probarse, porque todo el género humano está convencido de ellas, son los fundamentos sobre que obra la potencia de juzgar: y quando halla conformidad entre los actos de las otras potencias, y estas proposiciones, asiente y descansa sobre ellas, como que son entonces conformes á la razon, ó, lo que es lo mismo, se alcanza con la razon la union, conformidad y enlace de los actos intelectuales con las máxîmas primitivas; al contrario si los halla disconformes, distantes, y no componibles con las verdades fundamentales, entonces disiente y los rechaza. Por eso nada le importa tanto al hombre como ilustrar esta potencia y gobernar bien sus actos. Los principios que para esto necesita, demas de los que llevamos propuestos, son los que subministran como seguros las Artes y Ciencias. La Religion le da máxîmas ciertas para juzgar lo que á ella toca: la Moral para buscar el bien y huir del mal: la Física para entender la naturaleza y juzgar de sus operaciones: la Jurisprudencia para conocer lo justo é injusto, la Política para gobernar los Pueblos con acierto; y así de las demas: de suerte, que cada qual debe trabajar en adornar esta potencia con máxîmas fixas y seguras, que le sirvan de norma para el exercicio de la razon. Estas máxîmas, quando son generales, van con la naturaleza: las particulares se aprenden con el buen estudio de cada Ciencia en particular. En la Lógica solo se exercita el juicio, exâminando si la potencia de combinar ha formado bien, ó mal los raciocinios, pues el juzgar de las demas Artes no se ha de hacer por la Lógica, sino por los principios, ó máxîmas fundamentales de cada una de ellas; bien que siendo uno de los modos mas aptos para conocer la conformidad de los actos intelectuales con las primeras verdades el reducirlos á sylogismos, por eso la Lógica tiene un uso transcendental á todas las Ciencias. Los Griegos y Romanos primero, y despues los Escolásticos, que siguieron sus pisadas, hablaron de estas potencias con mucha confusion, tomando unas por otras, y mezclando sin orden los actos de ellas, atribuyendo á una la operacion que pertenece á la otra. Los modernos en lugar de quitar esta confusion, por lo comun la han aumentado, como ha de confesarlo qualquiera que esté bien enterado de lo que llevamos propuesto, y los lea sin preocupacion, lo qual es causa de haberse escrito entre muchas Lógicas muy pocas que sean exâctas. En los vocablos ha habido todavía mas confusion, porque á la poca exâctitud de los Filósofos se ha añadido el uso del Pueblo, que es el árbitro de las lenguas. Yo he procurado escoger las voces mas expresivas de los Autores, para que se uniese con la doctrina de ellos lo que propongo, y los he fixado para el uso determinado que de ellos he de hacer en este escrito. Si HUARTE en su Exámen de ingenios hubiera separado las potencias mentales y sus actos, atribuyendo á cada una lo que le corresponde, hubiera hecho singular su obra; bien que aun con la confusion que en esto tiene es muy digna de las alabanzas que le han dado los eruditos Extrangeros. Una cosa es preciso advertir, que en nuestra lengua la voz Entendimiento significa el conjunto de todas las potencias mentales, que llevamos explicadas; y Pensamiento los actos de estas mismas potencias, de qualquiera suerte que sean.

[8] La Memoria es una potencia transcendental á todas las que llevamos propuestas. Su objeto son las imágenes de la fantasía. Forma esta necesariamente imágenes simples de las cosas que se presentan á los sentidos. Despues las forma tambien de los mismos actos del entendimiento sensibilizándolos, esto es, haciéndolos en cierto modo sensibles, porque la verdad, justicia, igualdad, proporcion, relaciones que son objetos de las operaciones mentales, y aun los mismos actos del entendimiento sin ser sensibles, las pinta como si lo fueran, formando las imágenes de estas cosas por la similitud, composicion, correspondencia y forma de otras que lo son. Así el Geómetra se fabrica una imagen mental del punto y de la linea, como si fueran sensibles. Lo mismo hace el Aritmético, el Metafísico y el Jurisconsulto, quando cada uno de estos forma en su imaginativa representaciones sensibles de los objetos insensibles de sus profesiones. Las combinaciones tantas y tan varias del ingenio, y las resoluciones del juicio las sensibiliza la imaginativa de la misma manera. El primer origen de estas imágenes viene de los sentidos, porque viene de los fantasmas, ó representaciones simples que la fantasía forma de las cosas; pero, como he dicho, de las simples, que son legítimas, fabríca otras, que solo representan en alguna semejanza los actos mentales; y conviene no dexarse llevar de las imágenes así formadas, porque, ni son exâctas, ni á propósito para que por ellas se asegure el juicio de la realidad de las cosas. Tambien se ha de cuidar de no confundir estas imágenes mentales con los principios de juzgar que tiene el entendimiento, los quales aunque obran sobre tales imágenes, son de superior orden, y no partícipes de lo corporeo. Los errores que de la confusion de estas cosas nacen los irémos mostrando en sus lugares. A la potencia de formar las imágenes de que acabamos de hablar llaman en las escuelas entendimiento agente, y á las potencias que obran en vista de estas imágenes entendimiento paciente. La Memoria es la potencia mental, que conserva, renueva, y como que reproduce toda suerte de imágenes, así simples y sensibles, como intelectuales; y aunque por sí no hace al hombre racional, ni sabio, ni inteligente; pero es un depósito, ó almacen, del qual las demas potencias toman la materia, esto es, los objetos sobre que se han de exercitar; y así conviene llenar la memoria de copiosas imágenes bien colocadas, bien distintas y separadas, sin confusion alguna, y no gobernar el juicio por ellas, sino por los principios fundamentales de la razon, que son muy superiores. Sucede que quando se forma la imagen de una cosa en la fantasía, se juntan con ella el lugar, tiempo, ocasion y enlace de las demas cosas que la acompañan. La memoria se aprovecha de todas, porque á veces nos acordamos de una cosa por la conexîon de otra, sin la qual no seria facil renovarse la imagen de la primera. A esta manera de exercitar la memoria llamaron los Filósofos reminicencia. La potencia de la memoria se llama en Griego [Griego: Mnaemae]: en latin y en castellano memoria: y en las tres lenguas tienen el mismo nombre los actos de esta potencia. Aunque las potencias del entendimiento que hemos explicado sean distintas, y diversas en el modo de obrar, se hallan tan enlazadas unas con otras, que momentaneamente exercitan sus actos sin estorbarse, y se ayudan sin embarazarse: de modo que la prontitud imponderable con que valiéndose unas de otras producen sus actos, es causa de mucha confusion, y de errores en los que no meditan, ni trabajan en entender lo que toca á cada una de ellas. Disputan los Escolásticos si estas potencias están identificadas, esto es, son el mismo ser esencial del alma, ó se distinguen de ella. Ademas de ser de todo punto inaveriguable esta qüestion, dado que se pudiese esto llegar á saber, no serviria para perficionar el entendimiento humano; con que los argumentos y contenciones con que las Escuelas se oponen entre sí, no aprovechan para otra cosa que para mantener voluntarias é interminables disensiones por cosas que no importan nada. Lo que hay de cierto es, que las potencias intelectuales residen en el alma, y son el fondo de su propia naturaleza. Así como la naturaleza de cada cosa lleva consigo necesariamente, y sin poderle jamas faltar, la potencia, principio, y facultad de producir sus propias, y especiales operaciones, del mismo modo á la naturaleza del alma en el hombre le corresponde la potencia de producir los conceptos mentales, como lo llevamos explicado.

CAPITULO III.

De las ideas.

[9]No es qüestion de voz, sino de cosas muy precisas la que vamos á tratar. Aunque comunmente se cree, y graves Autores lo dicen, que Platon fué el primero que usó la voz idea: yo hallo que Hippócrates, anterior á Platon, la usó muchas veces en sus escritos legítimos; con que solo se puede decir, que Platon fué el que hizo mas universal la noticia de las ideas. Decia este Filósofo, que quando el Hacedor de todas las cosas hizo este mundo visible, miraba como originales á quienes se adaptaba ciertas formas exteriores, inmateriales, insensibles, eternas, que le servian de exemplar, y á estas llamaba ideas. Leyendo el Timeo de Platon y su Phedon, donde trata de estas cosas, se echa de ver mucha confusion en los dictámenes de este Filósofo, y poca constancia en lo que establece sobre estas ideas, de modo que sus sectarios Plotino, Alcinoo, Apuleyo, y otros, no se pueden convenir entre sí quando tratan de averiguar la mente de su Maestro en este punto. SAN AGUSTIN, que con admirable sabiduría supo enmendar los errores gentílicos, convirtiéndolos en usos verdaderos para ilustracion de las verdades christianas, hablando de las ideas de Platon, las coloca en la mente divina, como que Dios en la creacion del mundo iba poniendo en obra lo que desde la eternidad estaba en su mente. ARISTÓTELES impugnó las ideas Platónicas; y en los tiempos medios no se ha hecho mencion de ellas sino para rechazarlas, de manera que en las Escuelas nunca han tenido entrada, ni en su significado, ni en la voz Idea, para explicar los actos del entendimiento. Los modernos han tomado por su cuenta hablar en sus Lógicas de las Ideas, no de las de Platon, porque todos conocen que son fingidas, sino aplicando esta voz á los conceptos del entendimiento, con lo que han introducido un lenguage, que en sí es confusísimo, y cierra la comunicacion de los Dialécticos de ahora con los de la antigüedad. CARTESIO, á lo que yo entiendo, por no hablar como los antiguos, fué el que introduxo las ideas en la Filosofía[a]. Como el sistema Cartesiano deslumbró toda la Europa, se hizo como cosa de moda pensar, y hablar como Cartesio. Despues que han conocido los hombres de buen juicio, que la Filosofía Cartesiana era por la mayor parte un cúmulo de ficciones bien encadenadas, la han abandonado, quedándoles pegada alguna cosa, como sucede siempre que se han preocupado los entendimientos, pues cuesta mucho desarraigar de todo punto lo que estuvo internado en la mente. Han quedado, pues, las Ideas, y las aplican los mas á cosas con que no tienen conexîon, ni pueden tenerla. Ni Platon, ni sus discípulos entre los Griegos: ni Ciceron, ni Séneca entre los Latinos entendieron, que la voz Idea significase conceptos mentales, sino la forma exterior, hábito y caracter circunstanciado, con que se muestran las cosas, de modo que la Idea reside en ellas, no en el entendimiento; y es el modelo, exemplar, y especie exterior que se tiene presente para la imitacion[b]. En el mismo sentido usó Galeno de esta voz. En las Escuelas han guardado en esto mas propiedad, porque llaman Conceptos lo que los modernos Ideas, y así mantienen la inteligencia de las voces que usaron los antiguos. Algunos Filósofos de estos tiempos, conociendo esto, se han disculpado del demasiado uso de la voz Idea, como Gasendo, y Lock[c]. Los mas han hecho la salva en sus Lógicas de la variedad suma que reyna entre ellos mismos sobre la inteligencia de las Ideas[d]; pero la torrente del siglo, y el no ser facil desprenderse de lo que prematuramente se creyó, ha hecho que siguiesen en sus Lógicas lo que veían en los que les habian precedido. El inconveniente que trae el usar de esta voz, como se hace, es el impedir la inteligencia de los Filósofos Griegos y Romanos, que no usaron tal lenguage, y quando lo usaron, que fué muy pocas veces, era en otro sentido. Es tambien inconveniente, y no pequeño, el no estar convenidos los modernos en lo que está significado con la voz Idea. Cartesio no se declaró bastantemente, ni está firme en la significacion[e]. Despues algunos no entienden por Idea, sino las imágenes y representaciones de la fantasía: otros la extienden á significar todos los actos del entendimiento. La obscuridad que de esto nace es muy grande, porque se confunden las operaciones de las potencias mentales, y se atribuye á una lo que es propio de las otras. Tienen por axîoma (así llaman á una proposicion de todo punto cierta, aunque los antiguos no lo entendieron así) que lo que se incluye en la idea clara y distinta de una cosa es de la esencia de ella. Si por Idea entienden las imágenes de la fantasía, es falso, porque estas representaciones cada punto engañan por ser correspondientes á la impresion de los objetos sensibles, y ser muy facil que los sentidos nos engañen. Con toda claridad, y distincion se nos pinta en la imaginativa como torcido un palo metido en el agua quando está derecho: y con la misma claridad se nos representa una bola de cera como si fuesen dos, quando la movemos con los dedos atravesados, y así otras muchas cosas, en que quedamos cada dia engañados por las representaciones de la fantasía. Este punto le trató bien el Padre Mallebranche, sin embargo que de las Ideas habló con mucha extravagancia, así en la difinicion de ellas, como en afirmar que vemos todas las cosas en Dios[f]. Si por Ideas se entienden las imágenes que de los mismos pensamientos forma la fantasía, tampoco es verdadero el axîoma, porque formándose estas de las primeras, estan expuestas á las mismas equivocaciones; á que se añade, que las imágenes de los actos mentales que la imaginacion engendra, y conserva la memoria, nunca son exâctas porque se forman de las sensibles, y lo representado por ellas no lo es[g]. La verdad, pues, y la seguridad que se puede tener de alcanzarla, no depende de las que llaman Ideas, sino de la rectitud del juicio, y esta depende de los principios de juzgar, de que hemos hablado en el capítulo antecedente, y tendrémos hartas ocasiones de hablar en esta Lógica. De lo que hemos dicho se colige, que la voz Idea en su riguroso sentido no está bien aplicada á las nociones mentales: que conviene hablar de cada una de estas segun lo que son, y las potencias de donde dimanan, sin confusion alguna: que para mantener la comunicacion de idiomas con los modernos, y poder usar de sus luces, nos podremos valer alguna vez de la voz Idea, fixando su significacion á las meras imágenes de la fantasía, sin transcender á los demas actos del entendimiento, como lo hacen entre ellos los mas cuerdos: y que la adquisicion de la verdad no se puede conseguir sino por la aplicacion de los principios sólidos, con que el juicio descubre la conformidad de ellos con las demas nociones mentales.

[Nota a: Véase la Introduccion, núm. 12.]

[Nota b: Véase mi Discurso sobre el Mechânismo, pág. 69.]

[Nota c: Gassend. Instit. Log. pars 1. tom. 1. pág. 92. Lock Essai Philos. praefat. num. 8. pág. 5.]

[Nota d: Véase Purchot Logic, c. 1. p. 46. Leibnitz Logic. oper. tom. 2. pág. 17. edicion de Ginebra de 1768.]

[Nota e: Véase la respuesta á las primeras objeciones, pág. 53. De existentia Dei, pág. 85. y la impugnacion 3. de Gasendo, pág. 16.]

[Nota f: Véase la Inquisicion de la verdad, tom. 2. cap. 1. pág. 59. y sig. edicion de París de 1730.]

[Nota g: Véase Leibnitz en el lugar antes citado.]

[10] Segun lo que dexamos sentado es claro que no hay ideas innatas, aun en el sentido en que lo entienden los modernos; porque las imágenes de la fantasía dimanan de los sentidos: los demas actos del entendimiento proceden de sus respectivas potencias, y no se ponen en obra, sino quando hay en la imaginacion las representaciones de las cosas sensibles, las quales son el objeto inmediato de ellas. Así que es indubitable, que nada hay en el entendimiento que no haya entrado por los sentidos, en quanto estos son las primeras puertas por donde entra en la mente la primera noticia de las cosas, y con la ocasion que de esto toman las potencias intelectuales, exercitando su natural fuerza, producen sus actos. Comparo yo esto por lo que toca á cada una de las potencias (aunque en tales asuntos no hay que esperar comparaciones del todo exâctas) á un grano de trigo ú otra semejante semilla. Tiene esta dentro de sí la fuerza de engendrar su semejante; mas no la exercita si no la meten en la tierra, y allí recibe las disposiciones necesarias para producir su efecto. Estas disposiciones son ocasion y motivo preciso para que el grano ponga en obra la virtud oculta que encierra; pero el engendrar á su semejante lo hace por la potencia natural que en él se halla, muy distinta de los aparatos que se requieren para explicar su fuerza. Así como en el grano no es innato quanto hace el Labrador, y solo lo es la potencia interior de engendrar su semejante, del mismo modo no son innatos los motivos y ocasiones que el entendimiento tiene para obrar, y solo lo son las potencias con que exercita sus actos mentales. La equivocacion que ha dado motivo á esta duda consiste en esto. Hay ciertas verdades fundamentales, que con la luz natural se alcanzan, como el todo es mayor que su parte: cada cosa es ó no es, &c. y á estas algunos modernos, renovando máxîmas de la antigüedad, las llaman innatas, como que están plantadas en el alma, y solo se excitan, ó dispiertan con la presencia de los objetos. La verdad es, que ni estos ni otros tales principios están en la mente humana, sino que las potencias mentales los engendran quando hay motivo y proporcion; por donde son innatas las potencias, y nunca lo son sus actos. Conviene explicar un poco mas este punto. Las primeras verdades que el entendimiento alcanza, le vienen de dos fuentes, es á saber de la experiencia, y de lo que llamamos razon natural. La experiencia nos subministra principios para juzgar de todo lo corporeo y sensible: y la razon natural nos sugiere luces para conocer lo incorporeo é insensible. Las leyes inviolables, que en su modo de obrar guarda la naturaleza corporea, observadas por la recta aplicacion de nuestros sentidos, son objetos de conocimientos claros, y de principios indubitables. La verdad, justicia, virtud, relacion, y otras cosas á este modo, conocidas por los actos mentales, y miradas atentamente por el juicio, son objetos que subministran máxîmas indefectibles á la razon natural. La Física en toda su extension averigua las verdades experimentales. La Moral, la Jurisprudencia, la Metafísica, y la Lógica son el depósito de las máxîmas que pertenecen á lo incorporeo. Unidas todas ellas entre sí, enriquecen al entendimiento de principios seguros y constantes para seguir la verdad y evitar el engaño. Lo que conviene es saber aplicar las proposiciones de qualquiera asunto á las máxîmas ciertas, ya experimentales, ya de luz natural; porque el entendimiento en viendo claramente la conformidad y conveniencia de unas con otras, queda convencido de todas ellas. La Lógica trabaja mucho en hacer esta aplicacion, y de prueba en prueba, y de argumento en argumento conduce la mente á conocer la conveniencia del asunto que se trata, y su conformidad con las verdades primitivas. Nada hay innato hasta aquí: todo se adquiere con el debido exercicio de los sentidos, y con el uso de la recta razon. A las potencias del entendimiento les es innata la fuerza de producir los actos de las primeras verdades, una vez que antecedan las ocasiones y motivos necesarios para que obren; y puestas estas disposiciones, como que se vienen por sí, no pueden dexar de producirlos. Propónese á la mente una cosa acaecida, para la qual halla imposible la causa, y no asiente á ella, porque sin poderlo evitar produce este acto intelectual: ningun efecto puede haber sin causa, y de este sube al principio: de la nada, ó de lo que no hay, nada se puede hacer. Propónesele tambien que haga una injuria á su próximo, y lo repugna, porque el entendimiento conoce: lo malo no se puede hacer, y el injuriar á otro es malo, puesto que ninguno ha de hacer á su próximo lo que no quiere que se haga con él. Todas estas proposiciones hasta llegar á la verdad primitiva, que por sí misma es clara, son unos sylogismos tácitos, que con facilidad se pueden reducir á raciocinios descubiertos, con los quales se llega á ver la conveniencia de lo que se trata con los primeros principios. Estas y otras tales verdades primitivas las producen, en presentándose ocasion, las potencias mentales sin poderlo evitar, y por eso es innata en ellas la fuerza de engendrar los primeros razonamientos que han de servir de basa á todos los otros. Así como la tierra es una madre fecunda, que recibiendo varias semillas, hace que cada una, dado que acudan las necesarias disposiciones, engendre á su semejante sin poderlo estorbar, y sin equivocar las fuerzas respectivas de cada una de ellas, del mismo modo el entendimiento humano, puestas las ocasiones y motivos necesarios para obrar, produce los actos que corresponden á cada una de sus potencias: y así como á la imaginativa le toca formar imágenes de los objetos, al ingenio combinarlos, á la memoria retenerlos, al juicio le pertenece producir las primeras proposiciones que encierran las verdades fundamentales de la razon, y lo executa como que esto es propio de su íntima y natural potencia. De lo dicho se deduce, que la qüestion de las ideas innatas, que inutilmente se trata en las Lógicas de los modernos, es importuna, porque conociendo y distinguiéndose bien las potencias mentales de sus actos, y viendo atentamente cómo estas cosas se exercitan, se sabrá lo que es innato y no lo es, y tambien lo que puede ser provechoso averiguar en esta materia.

CAPITULO IV.

De las cosas que acompañan á los actos del entendimiento.

[11] Si quando el hombre piensa no tuviese otro motivo para alcanzar la verdad que el que le sugieren sus conocimientos, con solo cuidar de que estos fuesen exâctos y no confusos, adelantaria lo que permite la condicion humana en el exámen de ella; mas como junto con los actos del entendimiento andan inseparables los afectos del ánimo, estos turban, confunden, y aceleran las percepciones mentales, y, lo que es peor, corrompen de mil maneras al juicio, por donde son ocasion de muchísimos errores. Para evitar pues, los excesos que en esta parte cometemos los hombres en la averiguacion de la verdad, conviene mostrar como los afectos del ánimo concurren con el entendimiento, y alteran el buen orden de sus operaciones: asunto que se toma de la Moral para hacerlo servir á la Lógica.

[12] Al punto que en los órganos de los sentidos se hace la impresion del objeto, y la sensacion, se siente el ánimo agitado de dolor, ó deleyte. Por dolor se entiende aquí qualquiera molestia, de modo, que la agitacion del ánimo va junta con gusto, complacencia, y satisfaccion, que los Filósofos llaman Deleyte: ó con molestia, disgusto, pena, displicencia, que llaman Dolor. Por poca reflexîon que haga qualquiera con lo que le sucede quando percibe los objetos sensibles, verá que no hay ninguno que no le mueva el ánimo con uno de los nombrados afectos: bien que á veces es tan poca la agitacion que excitan, que nos parece no hallarnos alterados y á esta situacion llamamos Indiferencia. Luego que se pinta en la fantasía la imagen del objeto, y el entendimiento le percibe claramente, se excitan en el ánimo los afectos de fuga, ó prosecucion; es decir, se ve incitado á abrazarle, ó rechazarle. Esto se funda en que los sentidos se nos han dado para nuestra conservacion: el dolor es indicio de cosa que nos destruye, y el deleyte de cosa que nos conserva; con que somos naturalmente llevados por nuestro propio bien ácia el deleyte, y huimos siempre de qualquiera dolor. Sabiendo por la Filosofía Moral las pasiones que se excitan para la fuga del mal, como el temor, cobardía, odio, envidia, ira, enojo, &c. y las que se mueven por el bien, como el amor, alegria, deseo, complacencia, &c. qualquiera conocerá á la presencia de los objetos sensibles la pasion, ó pasiones de que se halla agitado, segun los contempla buenos, ó malos, dignos de prosecucion, ó de fuga. Este conocimiento es de tanta importancia, que sin él no es posible gobernar bien el juicio; porque así como no puede sentenciar bien el Juez apasionado, tampoco puede juzgar con acierto el entendimiento que se gobierna por una pasion: siendo de notar, que es tanta la influencia de estos afectos del ánimo, que las mas veces trastornan la razon, porque sigue el hombre mas los ímpetus de ellos que lo que le dicta el buen juicio. Quando el ingenio combina las imágenes, y nociones simples, se andan tambien combinando las pasiones que las acompañan; y son tantas y tan varias las que se mezclan, que por su influxo se ven tan diversas y extravagantes maneras de obrar en los que no estudian en conocerlas y moderarlas. Si alguno tiene la desgracia de no saber pensar, y junto con esto se halla agitado de fuertes pasiones, entonces se ofusca de todo punto la racionalidad. El amor propio, que es la fuente de todos los afectos del ánimo, se mezcla siempre en todas nuestras deliberaciones, y es causa de errores gravísimos, que descubrirémos con especificacion mas adelante. Raro es el hombre en quien no domine una pasion con preferencia á las otras. Este dominio hace que sus pensamientos, su juicio y su razon se sujeten facilmente al afecto que prevalece, de lo qual nacen grandes y enormes defectos, así en el entender como en el obrar. A esta pasion arraigada y dominante llaman Genio, Natural, y conviene que cada qual conozca el suyo para enmendarle. Unos son incitados al juego, otros al dinero, y así de muchas maneras nos arrastra el Genio y Natural á varias cosas, que insensiblemente nos corrompen. Felíz aquel que por su genio se ve incitado á la virtud. La buena educacion, la Lógica, el estudio de las Artes y Ciencias, los loables exemplos, el cuidado de pensar y juzgar bien, son los medios mas á propósito para dirigirse con acierto y enderezar el Genio. Hasta aquí hemos dicho los afectos del ánimo, que necesariamente se excitan á la vista de los objetos que se proponen al entendimiento: resta ahora manifestar, que con las operaciones del juicio anda junta la libertad, que es la alhaja mas preciosa que el Cielo ha concedido á los hombres. Es así, que conocidas las cosas por la razon, puede el hombre determinarse á quererlas ó desecharlas, y á ir en busca ó en fuga de ellas. Esta potencia libre se llama en Griego [Griego: thaelaema]: en Latin voluntas: en Castellano voluntad. Dícese potencia ciega, porque nunca obra sin preceder la luz del entendimiento, por donde es verdadero el principio de las Escuelas: nihil volitum quin praecognitum: es decir, nada puede querer la voluntad sin que la ilumine el conocimiento. Si el juicio es recto, y el hombre le sigue en el determinarse á buscar los objetos, ó á desecharlos, entonces hace buen uso de su libertad; si no le sigue es al contrario: y si el juicio no está bien formado, yerra la voluntad por yerro del entendimiento, que es lo que regularmente suele suceder. Con que dos cosas debe hacer el que quiere acertar: la una dirigir bien los actos mentales, rectificar el juicio, perficionar la razon: la otra sujetar su voluntad, no á lo que sugiere el amor propio y las pasiones, sino al dictamen de la razon bien ordenada. Esto basta para el uso de la Lógica: los que quieran instruirse mas, lo podrán hacer con la Filosofía Moral.

CAPITULO V.

Del uso de las Potencias mentales.

[13] Tres cosas me propongo manifestar en este capítulo: la primera, cómo percibimos los objetos corporeos: la segunda, cómo conocemos los espirituales: la tercera, cómo se ha de conocer el predominio de cada potencia. El alma, durante la vida, está tan estrechamente unida al cuerpo, que no puede sin él exercitar sus propias y naturales potencias. No entienden bien la constitucion del hombre los que atribuyen al alma operaciones intelectuales totalmente independientes del cuerpo, pues no pudiendo jamas pensar, discurrir, ni juzgar, sino con dependencia de las imágenes de la fantasía, que mira como objetos inmediatos de sus conceptos, es preciso que obre siempre con dependencia del cuerpo que ha de concurrir con los sentidos á la produccion de tales representaciones. Lo que sucede es, que el cuerpo está dispuesto con orden maravilloso para estos fines, á los quales principalmente concurren los órganos de los sentidos y los nervios. El objeto corporeo, arrimado al órgano del sentido, hace impresion en él y en sus nervios, por los quales se comunica hasta la cabeza, donde está el origen de ellos. Así que es preciso que el celebro concurra con su ayuda al exercicio de las operaciones de los sentidos, no porque en él se hagan las sensaciones, sino por las leyes de la necesaria conexîon con que en el cuerpo humano unas partes se socorren de otras, y todas juntas se encaminan á mantener el prodigioso enlace, y á cumplir los fines que les ha prescrito con inefable sabiduría el Hacedor de todas las cosas. En la primera edicion de esta obrita seguia yo otras máxîmas en esto; mas habiéndolo escrito con mas conocimiento en mis Instituciones Médicas, allí se podrá esto ver con mas extension[a]. Concurriendo, pues, todo lo dicho, á la presencia del objeto sensible se sigue la sensacion, y despues la imagen, ó representacion del mismo en la fantasía. El alma percibe distintamente los objetos por la sensacion, y por la imagen que forma de ellos en la imaginativa los alcanza con toda claridad. Así como la sensacion se hace donde quiera que estan los órganos de los sentidos, la especie, imagen, y forma de la imaginativa se exercita siempre en el celebro, á quien por los nervios se comunica la impresion que los objetos sensibles hacen en ellos. Si estan sanos los órganos de los sentidos y bien aplicados á las cosas, la imaginativa bien constituida, y el juicio que acompaña á estas operaciones es recto, se logra una certidumbre entera, como se ve en la seguridad que en esto tiene, sin excepcion, todo el género humano, que se satisface y gobierna por lo que ve, oye, palpa, &c. sin poner nadie replica á estos testimonios quando son exâctos. El conocimiento de la cosa que resulta de la debida aplicacion de los sentidos es el que llamamos experiencia, fuente fecundísima de la mayor parte de las verdades que alcanzan los hombres. Los errores que se cometen en esto, y se quieren dorar con el especioso título de la experiencia, se explicarán mas adelante. Ya hemos visto que el entendimiento por el uso de sus potencias hace reflexîon, sobre sus propios actos. Las imágenes que se forman de estos en la fantasía no son perfectas, ni sensibles, sino formadas por semejanza, tal vez muy remota, de las que exîsten en esta potencia. Con esto se ve que los actos del entendimiento no son materiales, ni corporeos, porque no tienen la solidez y fuerza que hay en la materia y en los cuerpos para impresionar nuestros sentidos. Tampoco tienen extension para ocupar lugar, pues en un solo pensamiento se incluye todo el universo. No son impenetrables, porque en una misma proposicion el predicado está incluido claramente en el sugeto, y en los sylogismos el consiguiente está íntimamente contenido en las premisas. Separan las cosas que en sí son juntas, y unen las que estan separadas, cosa que en la materia no puede suceder. El conocimiento que tiene el hombre del infinito, donde se reduce á un acto indivisible todo lo que exîste y puede exîstir, muestra que quanta es la extension de las cosas está reducida á un concepto mental distinto de todas ellas. A la vista de estas y otras muchas reflexîones, que subministran la Animástica y Metafísica, se entiende, que hay en nosotros un principio producidor de estos actos, el qual es de muy distinto ser y naturaleza que la materia; porque así como conocemos las cosas materiales y corporeas que hay en nosotros por las afecciones perpetuamente inseparables de ellas, como la extension, impenetrabilidad, solidez, &c. que dexan impresion en nuestros sentidos y imágenes en la fantasía, del mismo modo alcanzamos que hay en nuestra constitucion otro principio ageno de las referidas afecciones, con facultad de producir otras muy diversas, no solo en su ser, sino en sus propiedades, de modo que para separar estos principios constitutivos del hombre, así como al que es extenso, sólido é impenetrable le llamamos cuerpo, porque goza de las propiedades inseparables de las cosas corporeas, al otro le llamamos espíritu, porque por el general consentimiento de los Filósofos se da este nombre al ser inmaterial, que no participa ni puede participar de lo corporeo, antes tiene distinta naturaleza y opuestas afecciones á las de la materia. Este es el modo natural primitivo como el hombre, reflexîonando sobre sí mismo, conoce las cosas espirituales, conociendo su propia alma: de aquí pasa al conocimiento de Dios, como espíritu perfectísimo. Dentro de sí mismo tiene el hombre el concepto del infinito, de lo eterno, de lo inmenso, no por los sentidos, sino por la reflexîon. Conoce claramente que su ser es limitado y muy ageno de ser partícipe de aquellos objetos. Estas consideraciones le llevan á entender, que estas cosas se hallan en otro Ser, que es eterno, infinito, é inmenso, y que no le puede engañar esta percepcion mental, pues no descansa mas el entendimiento con la percepcion de las cosas sensibles, quedando satisfecho de su exîstencia quando se le presentan, que lo queda el juicio y la razon de las reflexîones propuestas, las quales halla conexâs con los primeros principios que tiene en sí para juzgar rectamente de las cosas, y son nacidas de la fuerza innata que tiene el entendimiento para producirlas. Añádese que por la facultad natural de juzgar alcanza el hombre, que es causa de una cosa aquello que á su presencia hace exîstir otra. Conoce con mucha claridad, que no exîste por sí mismo, y por consiguiente su ser depende de otro. Este conocimiento le extiende á las demas cosas hasta llegar, como término donde descansa, á un Ser de infinita potencia, de donde dimanan todos los demas seres. Con estas reflexîones entiende, que este Ser inmenso, omnipotente, y eterno es infinitamente sabio: que piensa con infinita perfeccion sin poder errar: que tiene conocimiento de todo infinitamente superior al suyo; de donde concluye con buena razon, que este Ser supremo es espíritu puro, perfectísimo, ageno de todo lo corporeo, é imposible de hallarse en la materia. Esto no es mas que mostrar el origen de nuestros conocimientos, así de los que tienen por objeto lo material y corporeo, como los puros espíritus, por lo que conduce á la Lógica. La buena Metafísica añade á estas primitivas reflexîones algunas otras con que se ilustra mas este asunto. Quando las luces sobrenaturales de la Fe Divina, comunicada por la Iglesia Católica, entran en nuestro entendimiento, fortifican extremamente estas verdades naturales, y se hermanan con ellas, de modo que las nociones que las potencias mentales producen á la ocasion de otras por su fuerza innata, se acomodan con las luces divinas, y juntas ilustran el entendimiento para conocer á Dios, y alabar y engrandecer sus infinitas perfecciones. Para conocer el predominio de cada una de las potencias mentales, es preciso suponer que un gran talento merece llamarse así, quando todas son grandes y cumplidas. Mas este don celestial es muy raro, y en un siglo entero se ve en muy pocos. Una potencia sensitiva fina, delicada, pronta, y expedita: una imaginativa firme, fecunda, exâcta, y acomodable á tantos objetos, como se deben pintar en ella: una memoria felíz, estable, y dilatada: un ingenio agudo, extendido, claro, pronto, descubridor, y desembarazado: un juicio sólido, recto, maduro, firme, seguro, é incorruptible por los afectos del ánimo, son un conjunto de preciosidades tan difíciles de encontrar entre los hombres, como el Fenix. Felíz aquel en quien concurren la mayor parte de estos incomparables bienes, que alguna vez, aunque de tarde en tarde, envia la Divina Providencia para manifestacion de su Gloria, y bien de la Humanidad. Siendo, pues, los hombres por lo comun escasos de tantas luces, y sugiriendo el amor propio á cada uno de nosotros, que las tenemos todas, conviene primero que cada qual estudie y medite qué potencias intelectuales predominan en sí mismo, y qué afectos las acompañan, para adquirir con el estudio y aplicacion lo que le falta, y dominar las pasiones que corrompen el juicio. Despues de haber hecho una averiguacion sana de su propio entendimiento, puede pasar á ver cómo podrá aprovecharse de las luces de los demas. Para esto se ha de saber, que en todas las artes Mecánicas, en que principalmente se exercitan las manos y el cuerpo, la potencia sensitiva, é imaginativa predominan; porque su incumbencia es trabajar sobre cosas sensibles, ya juntándolas, ya desuniéndolas, ya trabándolas de mil maneras entre sí, en lo que los sentidos y la imaginacion estan siempre ocupados. En la pintura, escultura, estatuaria, y otras semejantes facultades domina la imaginacion, pues de ella se vuelven á copiar las imágenes de las cosas. Los Poetas tienen por lo comun la imaginacion vivaz, agitada y fuerte, el ingenio agudo y descubridor, pero corto el juicio, porque aunque algunos le tienen, pero son muy pocos. Los Dialécticos ocupan todo el ingenio. Las verdaderas Ciencias y la sabiduría son obras del juicio, porque dado que todas las potencias deben concurrir, la razon es la que en ellas predomina. La Física pide igual aplicacion de la potencia sensitiva y de la imaginativa con el juicio, porque es necesario percibir los objetos corporeos con delicadeza y distincion, tener las imágenes de ellos en la fantasía exâctas, claras, y sin confusion alguna; pero como no basta esto solo, pues conviene ademas de esto combinar, para lo qual es preciso el ingenio, y sobre todo razonar, arreglar, ordenar, y colocar cada cosa en el punto en que lo ofrece la naturaleza, sin equivocaciones, ni falsas atribuciones, y aplicar los principios fundamentales del saber, en todo lo qual ha de ocuparse el juicio; por eso es menester mucho para formarse un Físico verdadero, y por eso aunque hoy todos hablan de la Física, no todos la entienden, ni es tanto como se cree lo que se ha adelantado en ella. Para hacer crítica de los Autores y aprovecharse de ellos es menester reparar, qué potencias mentales y qué afectos del ánimo los dominan; porque si escriben apasionados, ó con cortas luces del entendimiento, ó sin potencias correspondientes á los asuntos en que se empeñan, poco fruto se sacará de su letura; y sin este conocimiento son de poco valor los juicios que unos Autores hacen de otros. Nos hemos valido hasta aquí de la Animástica y Metafísica para darnos á entender con toda claridad en lo que vamos á decir de la Lógica.

[Nota a: Instit. Medic. Phisolog. proposic. 47. y 48. num. 187.]

CAPITULO VI.

De las nociones mentales simples.

[14] Llamamos nociones (voz bastantemente introducida en nuestra lengua) los actos de qualquiera potencia mental, con que el entendimiento conoce las cosas. Si comprehende, pues, un objeto con una sola nocion, esta se llama simple, como lo es la percepcion que llaman aprehension en las Escuelas. Todas las nociones simples conocen, ó la cosa que exîste por sí sin necesitar de otra, como la substancia: ó la que no puede estár sin otra á quien se arrima, como la adherente (algunos la llaman accidente): ó la que incluye juntas las dos, es á saber, accidente y substancia. El Agua, el Fuego, la Tierra, el Ayre, los Cielos, los Planetas, los Cuerpos terrestres, son substancias que exîsten por sí, y las conocemos como tales por las simples nociones que de cada una tenemos: los colores, los sabores, el frio y el calor, la extension é impenetrabilidad, y otros seres semejantes, nunca exîsten por sí solos, sino adherentes, ó arrimados á las substancias. Todos los entes corpereos del Universo se componen á un tiempo de substancia y accidentes, y como tales los conocemos con simples nociones, pues por una sola percepcion los representamos en la mente. Importa mucho separar las nociones de cada cosa, no confundirlas, ni atribuir á una lo que es de otra, para averiguar en cada una de ellas su naturaleza, efectos, y propiedades.

[15] Las nociones simples, unas son universales, otras singulares, otras medias. Todas las cosas en sí mismas, ó, como en las Escuelas con su bárbaro estilo dicen, à parte rei, son singulares: pero como cada una tiene un atributo, que es comun con otras, el entendimiento suele mirarlas por el lado solo en que se semejan, y con una nocion las comprehende todas. Esta nocion se llama universal, y comunmente se dice hecha por abstraccion, porque la mente de muchas cosas del objeto no conoce entonces mas que una, abstrayéndola, como que la mira separada de las demas. El modo de abstraher es este: fórmase en la fantasía la imagen de lo viviente y sensitivo (que llamamos animal) todas las veces que ve estas cosas en los entes singulares, ya sean hombres, ya bestias, ya sabandijas, &c. la memoria renueva en confuso estas imágenes, cada vez que se presenta una sola, por la necesaria conexîon que unas tienen con otras: estas potencias tienen entonces, sin transcender á mas, la nocion de animal, con la que miran no un solo individuo singular, sino todos los que forman y excitan aquella misma representacion; y siendo muchos, la nocion es universal. La nocion singular no necesita de explicacion, pues por ella conocemos cada cosa en particular. Las nociones singulares anteceden, como hemos dicho, á las universales; y para que estas sean exâctas es menester adquirir aquellas con el mayor cuidado, á fin de asegurarse de manera, que la nocion mental sea enteramente conforme á la cosa que mira como objeto. Las nociones medias son aquellas, que ni representan los singulares, ni son universales, sino excluyendo tácitamente á ambos, participan de las dos, como quando decimos: algun hombre, pues con esta nocion, ni comprehendemos todos los hombres, ni á uno solo. Esto lo hace el entendimiento quando no ve en el objeto lo singular, ni descubre en él mismo los atributos universales.

[16] A las nociones simples pertenecen los predicamentos (en Griego se llaman [Griego: Kathaegoriai], Cathegoriae) que comunmente se tienen por diez, es á saber, la substancia, ó el ser que por sí subsiste: la quantidad, ó medida de la cosa: la qualidad, ó aquello por donde la cosa se tiene por tal ó tal, como blanco, negro, &c: la relacion, ó la referencia que dice una cosa con otra: la accion, ó el acto con que obran las causas: la afeccion, ó pasion, que es lo que sufre una cosa por la accion de otra: la ubicacion, esto es, la ocupacion de lugar: el quándo, ó en qué tiempo: la situacion, ó modo de estar: el hábito, ó forma exterior. A las nociones simples pertenecen tambien los predicables. Llaman así los Filósofos ciertas nociones comunes, que pueden adaptarse, segun convenga, á cada uno de los predicamentos: de modo, que el predicamento es la cosa que puede decirse de otra, y el predicable es la clase en que se coloca el predicamento, y encierra la manera con que este se puede mas bien explicar, y entender. Los predicables son cinco, es á saber, género, ó la parte esencial de una cosa mas comun á otras, como quando de Ticio decimos, que es animal; pues en esto explicamos una porcion de su ser comun á otras cosas distintas de Ticio: Especie, ó la clase inmediatamente contenida debaxo del género, como en Ticio el ser hombre; pues en otra clase de animal estan las bestias, por donde el género animal encierra las dos especies: Diferencia que es la parte propia y peculiar de la esencia de una cosa, por la qual la nocion universal del género se contrahe á una determinada especie, como es en Ticio el ser racional; pues con esto se determina no ser como quiera animal, sino animal racional: Propio, que es una cosa necesariamente conexâ con la esencia, como que dimana de ella, y no se puede separar; asi el poder reirse y admirarse es propio del hombre: Accidente es una cosa que puede estar, ó no estar en otra sin perjudicar á la esencia de ella, como el vestir en el hombre. En los predicamentos y predicables hemos tenido la mira de explicarlos, segun pertenecen á la Lógica, en quanto son nociones universales, con que el entendimiento conoce lo que es comun en las cosas, y halla así el modo facil de colocarlas en ciertas clases, para difinirlas con exâctitud, dividirlas sin confusion, y argumentar con claridad. El exâminar á fondo el ser y calidades de los predicamentos, segun se hallan en las cosas, pertenece á la Física y Metafísica; y cierto que en estas Ciencias no adelantará mucho el que en el exámen de los objetos de ellas no lleve por delante estas nociones Lógicas; sin que deba apartarnos del conocimiento y uso recto de ellas lo que trae el Arte de pensar con razones muy frívolas, solo por oponerse á Aristóteles[a].

[Nota a: Part. I. cap. 3. pag. 57. y sig.]

CAPITULO VII.

De las nociones mentales combinadas.

[17]Los nombres con que los Griegos, los Latinos, y los Dialécticos de las Escuelas nombran las nociones combinadas, quedan ya explicados. Usarémos aquí del vocablo Proposicion, que es hoy el mas recibido. En las proposiciones aquella cosa de quien se dice algo se llama sugeto: lo que de ella se dice se llama predicado, ó atributo. El medio con que se juntan, ó se separan el sugeto y predicado lo llaman cópula. Aunque en todo rigor los tres se pueden llamar nombres; pero el comun de los Dialécticos llama así al sugeto y predicado, y á la cópula verbo. El sugeto y predicado de las proposiciones se llaman términos, voz tomada de los Geómetras, porque son los extremos de las proposiciones. Así que en esta proposicion Ticio es hombre, Ticio es el sugeto, porque de él se dice ser hombre: este es el predicado, porque es lo que se dice de Ticio, y el verbo es, que junta el atributo de hombre con Ticio, es la cópula. Qualquiera que sea el verbo se puede reducir á este, como si decimos Ticio cuida, ama, estudia, &c. equivale á Ticio es cuidadoso, amante, estudioso, &c. Si nos acomodamos al orden natural, en toda proposicion pone el entendimiento antes que todo al sugeto, despues el verbo, y luego al predicado, y quien quiera que así se explica, usa el modo mas simple y mas perfecto que hay de hablar de las cosas. Las transposiciones, que en varias lenguas se han introducido, son artificiosas, y por agradables que sean, siempre son confusas, porque son contra el modo natural de las nociones mentales; de suerte, que para entenderlas se ve obligado el entendimiento á colocarlas en su natural constitucion: el dinero ama Ticio, por el modo simple, dirá: Ticio ama el dinero. Fué de Ticio criado, debe decir, fué criado de Ticio. Los verdaderos Filósofos cuidan mucho de hacer así las proposiciones, de suerte, que quanto mayor es la simplicidad natural, tanto mas inteligible es lo que se dice, y mas perfecto, porque es mas conforme á la naturaleza.

[18] En las Escuelas es inmensa la confusion que se ha introducido en la explicacion de los términos de las proposiciones, y en las varias divisiones de ellas con tantas y tan inútiles explicaciones, que han obligado á Vives á decir: que son mas á propósito para jugar que para hablar, siendo infinitas las que hay en sus libros, y imposible el referirlas todas[a]. MELCHOR CANO, tomándolo de VIVES como acostumbra, dice: No entiendo con qué motivo algunos hombres doctos con el título de Dialéctica han introducido en las Escuelas las proposiciones exponibles, obligaciones, insolubles, reflexîvas, y otras monstruosas á este modo[b]. Estos dos insignes Españoles han mostrado por extenso los defectos de la Lógica de las Escuelas, en especial Luis Vives; y quien los lea conocerá, que han ido delante de los modernos, que se precian de ser los reformadores de las Artes; y conviene advertir, que el Arte de pensar, y el que le sigue los pasos LUIS ANTONIO VERNEI, conocido por el Barbadiño, en sus Lógicas son en este asunto tan prolixos como los Escolásticos, y los andan siguiendo en la explicacion de las diferencias de las proposiciones, aunque descontentos de su Dialéctica. Para proceder en esto con claridad sin faltar á lo preciso conviene saber, que las proposiciones se diferencian entre sí, ó por los términos de ellas, ó por el verbo. Debe qualquiera, si no quiere ser engañado, poner atencion en el sugeto y predicado, si son simples, ó compuestos. Son simples en esta proposicion: Ticio es hombre. Son compuestos en esta: Ticio que es sabio entiende la Lógica mas pura. Visto es que el sugeto de esta última encierra á Ticio y la proposicion que es sabio: y el predicado contiene la Lógica que es mas pura que todas. Si el término complexo no tiene conexîon precisa con lo restante de la proposicion, puede ser falso, sin que la proposicion lo sea. Eumenio hombre discreto sabe montar á caballo. Esta proposicion puede ser verdadera, aunque Eumenio no sea discreto. Son infinitas las maneras de hablar que en el trato civil y en los libros se hallan semejantes á esta, en que se dexan en los términos, supuestas algunas proposiciones incidentes como seguras, que no lo son. Si el supuesto que se contiene en el sugeto, ó predicado, tiene conexîon necesaria con lo que se afirma, ó niega, entonces segun él es, será la verdad, ó falsedad de toda la proposicion, Ser el hombre piedra es imposible. Si el imposible se dixera de solo esto ser el hombre, fuera falsa la proposicion; pero recayendo la imposibilidad sobre todo el complexo ser el hombre piedra, es verdadera. Así que, siempre que el sugeto es complexo conviene ver, si el atributo se afirma, ó niega de todo él, ó solo de una parte, y lo mismo se ha de hacer quando, siendo el sugeto simple, el predicado es compuesto. El hombre que no cree en Dios es infiel. En esta proposicion la infidelidad, que es el atributo, recae sobre todo el complexo del sugeto, y así es verdadera. De este modo con mediana atencion conocerá qualquiera las proposiciones conjuntas por la conjuncion et ó y: las disjuntas, por la partícula nec ó ni: las hypotéticas, ó condicionales juntas por la partícula si: las causales indicadas por la partícula quia, ó porque: las divisas que contienen diversas proposiciones y se muestran por las partículas quamvis, etsi, esto es aunque: las relativas, que incluyen miembros que se refieren entre sí y se suelen juntar por las partículas quanto, tanto, como esta: tanto es Ticio sagáz quanto estudioso: las exclusivas, exceptivas, &c. las quales se expresan por partículas, que excluyen, exceptúan, &c. En estas maneras de proposiciones, y todas las que se pueden reducir á estas, ya sea oculto el complexo, ya manifiesto, es menester descubrirlo y desembarazarlo, para que se vea la conexîon que entre sí tienen el sugeto y predicado, y por ella conocer si son verdaderas, ó falsas. Por razon del verbo, que junta, ó separa el sugeto del predicado, son las proposiciones: necesaria, quando los términos de ella mutuamente lo son, como el hombre es animal, y se llama necesario lo que es, y no puede ser de otro modo: contingente, quando no son los términos entre sí necesariamente conexôs, como Ticio es docto, pues se llama contingente lo que es, y puede no ser, ó ser de otra manera: posible, quando el sugeto y predicado pueden juntarse, como Eumenio es sabio, y se llama posible, lo que, dado que no sea, puede ser: por donde todo lo que es, puede ser, mas no todo lo que puede ser, es; y así es verdadero el comun dicho de las Escuelas, que vale la conseqüencia del actu al posse, esto es, del ser actual á lo posible, mas no del posse al actu, que es de lo posible á lo actual: imposible se dice la proposicion, cuyos términos no se pueden juntar como el hombre es piedra, pues se llama imposible lo que ni es, ni puede ser. Siempre que semejantes proposiciones expresan la union, ó desunion del sugeto con el predicado por un adverbio, ú otra suerte de partículas, que se juntan al verbo, se llaman modales. Si el sugeto de las proposiciones, qualesquiera que sean, es universal, la proposicion toma este nombre, y se expresa con la voz omnis todo, nullus ninguno: si es particular, se llama así la proposicion, y se expresa por las voces quidam cierto, aliquis alguno: si es singular será singular la proposicion, y se expresa con la voz hic este: si el sugeto es indefinido, esto es, no lleva ninguna de las significaciones propuestas, es menester determinarlo para que se sepa si es verdadera, ó falsa la proposicion. Si los hombres cuidasen explicar sus nociones mentales con las expresiones que corresponden á cada una de ellas, se evitarian mil qüestiones inútiles y viciosas, que se ven en los libros, y innumerables reyertas en el trato civil. Tiénese por regla general entre los Dialécticos, que si la proposicion indefinida, esto es, de sugeto indefinido, es necesaria, equivale á universal, como esta, el hombre es viviente, que ha de entenderse de todos los hombres: y si es contingente equivale á particular como esta, el hombre anda, que solo se debe entender de alguno. Para no errar en esto conviene saber el predicado que es necesario, ó contingente respecto del sugeto, lo qual no se averigua solo por la Lógica. Todas estas suertes de proposiciones se dicen opuestas, quando con un mismo sugeto y predicado se oponen en los términos universales y particulares. Todo hombre es sabio, algun hombre es sabio se llaman subalternas, porque lo son los términos todo y alguno; y ambas son afirmativas, ó negativas, y pueden ser la una verdadera, la otra falsa, ó las dos á un tiempo verdaderas, ó falsas. Todo hombre es justo, ningun hombre es justo, son contrarias, porque lo son los términos todo y ninguno, y pueden ser á un mismo tiempo falsas las dos, mas no verdaderas. Algun hombre es veraz, algun hombre no es veraz, son subcontrarias por el término alguno, y pueden ambas ser verdaderas, mas no falsas. Estas proposiciones, todo hombre es bueno, algun hombre no es bueno: Ticio es virtuoso, Ticio no es virtuoso, son contradictorias, porque se oponen entre sí en quanto se pueden oponer, así en los términos como en la afirmacion y negacion, y es preciso que de estas la una sea verdadera, la otra falsa, por el principio de luz natural que dicta, toda cosa es, ó no es. En las proposiciones complexâs no se podrá averiguar bien si son contradictorias, si no se desembarazan los miembros de la composicion, y se comparan unos con otros. Los Dialécticos de las Escuelas, demas de estas cosas, que tratan con suma prolixidad, se entretienen en la equipolencia y conversion de las proposiciones. Nosotros las omitimos por ser cosas enredosísimas y de pura especulacion, siendo nuestro intento omitir lo superfluo, y proponer lo que de qualquiera modo sea preciso. En la diferencia de las proposiciones por el verbo lo principalmente notable es la afirmacion y negacion, con las quales se juntan, ó se desunen los términos de ellas; mas como este asunto pide mayor explicacion, vamos á darla en el capítulo siguiente.

[Nota a: Lud. Viv. de Caus. corrup. art. lib. 3. p. 387. ed. Basilea de 1555.]

[Nota b: Cano de Loc. Theolog. lib. 9. c. 1. pag. 288.]

CAPITULO VIII.

De la afirmacion y negacion de las proposiciones.

[19] La partícula negante, para que la proposicion sea negativa, ha de juntarse con el verbo; pues si se antepone al nombre, le hace infinito é indeterminado, sin que por eso la proposicion sea negativa. Non homo est aliquid, lo no hombre es alguna cosa, es proposicion afirmativa, aunque haya negacion, bien que el sugeto se hace infinito. En las nociones mentales, siguiendo el orden natural, la negacion de las proposiciones siempre va cerca del verbo, y esto deben hacer los que quieren hablar y escribir con perspicuidad; pero los Escolásticos para hallar nuevos modos de enredar los conceptos del entendimiento han hecho mil transposiciones de la partícula negativa, sacándola del orden natural, y con esto han movido muchas qüestiones impertinentísimas. Con lo que hemos dicho de la negacion, y con saber el uso que de ella se hace en las principales lenguas, se podrá gobernar qualquiera con acierto en la averiguacion de la verdad: lo que en este asunto conviene explicar con mas extension es el uso que ha de hacerse de la afirmacion y negacion. Afirmar significa, como hemos dicho, juntar en el entendimiento dos nociones por el verbo ser, ú otro, que puede reducirse á este. Afirmar significa tambien asegurar una cosa consintiendo en ella. Quando juntamos en el entendimiento las nociones de monte y de oro, diciendo: El monte es oro, afirmamos en el primer modo, y no en el segundo, porque aunque tengamos juntos estos conceptos, no asentimos á semejante proposicion. Lo mismo ha de entenderse de esta proposicion: Pedro es piedra, la qual es afirmativa en el primer modo, mas no afirmamos en ella ser Pedro piedra en el segundo. Esta diferencia consiste, en que la afirmacion con que solo juntamos los extremos, qualesquiera que sean, es obra del ingenio; mas la afirmacion con que asentimos á una proposicion, es obra del juicio. Y sucede muchísimas veces hallarse en el entendimiento muchas combinaciones diferentes, sin aprobarlas el juicio, porque este asiente á la verdad de una proposicion, quando ya ha visto la conexîon que tiene con los principios primitivos; así quando decimos Pedro es piedra, en la nocion de Pedro considera el juicio la de hombre, la de viviente sensitivo y racional; y en la de la piedra concibe la de un cuerpo duro, é incapaz de vida y sentimiento, y no pudiendo juntar, ni combinar realmente estas nociones, no asiente á semejante proposicion.

[20] Por esto será bien advertir, que tenemos muchas percepciones de las cosas sin asentir á ellas, y por consiguiente, que no es lo mismo pensar, que consentir. Muchos de conciencia delicada se equivocan en esto, porque no se paran á meditar lo que les sucede en la variedad de sus pensamientos; pero si reflexîonan un poco, conocerán claramente, que las percepciones que tenemos por los sentidos, puesta la buena disposicion de sus órganos, no pueden dexar de seguirse á las impresiones, que estos reciben. Son pues, como lo hemos explicado, libres el asenso y disenso, que pertenecen al juicio; y como este asunto sea importantísimo, será bien declararse con algunos exemplos. Preséntase Ariston delante de un arbol ó de un jardin, y si tiene los ojos sanos y bien dispuestos, no puede dexar de ver aquellos objetos. Estará á la verdad en su albedrio algunas veces ponerse delante del jardin ó del arbol; mas ya puesto y aplicado á mirarlos, no puede evitar el verlos. Si el arbol es grande ó pequeño, y el jardin ameno y divertido, luego acompañará á la vision de ellos el juicio afirmativo: El jardin es ameno, el arbol es grande, y estas proposiciones son en todas maneras afirmativas, porque al tiempo que junta al arbol la nocion de grande, por el uso y experiencia de las cosas, sabe que le conviene, y así lo afirma y lo consiente; y lo mismo sucede quando la nocion de la amenidad la apropia al jardin. Supongamos ahora, que Ariston es curioso en las cosas naturales, y luego su curiosidad le mueve á saber qué arbol es el que tiene por grande. Aquí no hallándose con bastantes principios experimentales para asegurarlo, queda dudoso, ó suspende su juicio, y esta suspension, sin afirmar ni negar, no es otra cosa que el exercicio de su libertad, con la qual consiente, disiente ó suspende el asenso y disenso á su albedrio. Mas ya Ariston exâminando las partes del arbol, su forma externa, su figura, y todas las demas cosas necesarias, combinándolas con otras de que tiene ciencia y experiencia cierta, asiente á que el arbol grande es almendro. No hay que dudar, que quando Ariston averiguaba qué arbol era el que veía, tendria dentro de sí varios pensamientos con que le compararia hasta encontrar con aquel que tenia entera conveniencia con el que buscaba, y así interiormente diría: Este arbol parece sauce, y afirmaba en el primer modo en quanto juntaba la nocion de sauce con la de aquel arbol; mas no en el segundo, porque no hallando entre el arbol presente, y el sauce la semejanza necesaria que debia corresponder á su experiencia, no asentia á que lo fuese. Del mismo modo pensaria en otros árboles, y de ninguno lo afirmaria con asenso hasta llegar al almendro.

[21] De otro modo le sucede á Ticio, que, paseando con serenidad de ánimo, ve á Crisias su mayor enemigo, que quiso tal vez en otro tiempo quitarle la vida, y la fama. Luego que Ticio le descubre, percibe á Crisias, y junta la nocion de enemigo, diciendo dentro de sí: Crisias es mi enemigo; Crisias me quiso quitar la vida; Crisias intentó quitarme la fama. Pero al mismo tiempo se le excita á Ticio la memoria del agravio y maldad de Crisias, y los afectos de ira, de odio, ú de venganza. Esto se executa en Ticio tan aprisa, que casi lo mismo es ver á Crisias, que suceder todo lo referido. La primera percepcion de Crisias, que tuvo Ticio, no fué voluntaria, puesta la aplicacion de la vista en el modo dicho. Tampoco lo fué la memoria del agravio, y de la ofensa, ni el primer movimiento de los afectos nombrados. Lo son solamente las proposiciones propuestas, y lo son mucho mas los juicios que suelen seguirse á los afectos, como si Ticio llevado de la ira dixese: He de vengarme, y otros semejantes. Aquí se han de distinguir los afectos é inclinaciones que se excitan en Ticio quando ve á Crisias, de los juicios que de ordinario suele Ticio juntar con ellos, porque el primer movimiento de aversion ácia Crisias, excitado de la primera percepcion que aquel tuvo de este, no es voluntario, y los Filósofos le llaman motus primo primus; pero los juicios que suelen acompañar aquellos movimientos son voluntarios, y puede Ticio, y debe apartarlos, y en algunas ocasiones aplicar todas sus fuerzas para reprimirlos.

[22] Síguese de lo dicho, que los errores están en el juicio, y que debemos trabajar en dirigirle con acierto para proceder con rectitud en el exámen de la verdad. Tambien es de notar, que han de distinguirse las operaciones libres del alma, de las que no lo son, porque este conocimiento importa mucho para poder hacer buen uso de nuestra libertad. Algunos modernos hacen actos de la voluntad, y no del entendimiento, al asenso y disenso, y por consiguiente al juicio; y lo fundan en que á nuestro albedrio consentimos en las proposiciones, ó disentimos á ellas quando queremos, lo que parece propio de la voluntad. Esta qüestion la tengo por poco util para hallar la verdad, y evitar el error en las Artes y Ciencias. Lo que yo juzgo es, que en el alma no son potencias distintas el entendimiento y voluntad, sino que son el alma misma en quanto piensa y quiere, y que estas denominaciones y distinciones de potencias solo se toman de los diversos actos que exercita; y así siempre que piensa, ya sea imaginando, ya sintiendo, ya acordándose de las cosas, ya hallándolas, ya combinándolas, lo hace el alma por una fuerza que llamamos entendimiento; y siempre que ama ú aborrece, asiente ó disiente á las proposiciones, lo hace el alma misma: y aquella fuerza con que libremente exercita estos actos llamamos voluntad.

CAPITULO IX.

De la difinicion.

[23] Los Filósofos llaman difinicion á la proposicion que declara bien la esencia de la cosa. El sugeto de la proposicion es el difinido, y la difinicion es el predicado; y como no qualquiera declaracion de la esencia de una cosa es difinicion, por eso se añade que debe hacerse bien, esto es, segun ciertas reglas que prescribe la recta razon, las quales propondrémos despues. En la difinicion del hombre: Animal racional se entiende la proposicion: el hombre es animal racional, donde el hombre es el difinido y el sugeto, y animal racional es la difinicion y el predicado. Debiendo toda difinicion declarar la esencia de las cosas, con el fin de que no se confundan y se puedan distinguir unas de otras, conviene advertir, que el entendimiento no alcanza las esencias de los entes en sí mismos; porque siendo el origen de todos los conocimientos humanos lo que entra por los sentidos, como estos no nos descubren el íntimo ser de las cosas, sino solo la forma de ellas, que consiste en un conjunto de caractéres inseparables de la esencia, por eso nuestros alcances no llegan íntimamente á penetrarle. Esta es una verdad fundamental, que, repetida muchas veces por los modernos, fué establecida de los antiguos; pues entre ellos Santo Thomas confiesa llanamente, no una vez sola, que nos son desconocidas las diferencias substanciales y esenciales de las cosas[a]. Quando se dice que el ser, ó esencia de una cosa es aquello, lo qual puesto, la cosa precisamente se pone, y faltando precisamente falta, se dice bien; mas nosotros no conocemos que la cosa se pone ó falta, porque sepamos lo que ella es en sí misma, sino porque anda siempre acompañada de formas y caractéres exteriores, inseparables de todo punto de ella, los quales haciendo impresion en nuestros sentidos, nos hacen conocer por su presencia que la cosa exîste. El exemplo del Sol muestra esto con evidencia. Nadie sabe qual es la esencia del Sol; pero ninguno hay que dude del ser del Sol y de su presencia, quando vemos un cuerpo redondo, celeste, lucido, que despide luz y claridad de sí mismo, que nace y se pone todos los dias, trayendo el dia y la noche, y que da una vuelta entera al Cielo cada año, moviéndose por una linea, siempre la misma, desde Poniente á Levante. Esto es una breve descripcion del Sol, que declarando los caractéres y formas exteriores perpetuas é inseparables de su ser, nos muestran estar presente su esencia. Esto mismo ha de extenderse á quantos seres hay en el Universo, pues que ninguno hay que le conozcamos de otra manera. Deben los Filósofos ser cautos en difinir las cosas: y el haber hecho muchas difiniciones en las Artes y Ciencias antes de tener bien conocidos los caractéres propios de los difinidos, ha sido causa de muchísimos errores, tomando una cosa por otra, confundiendo las que deben estar separadas, y haciendo una misma la que tal vez es muy diversa. Hase de poner gran cuidado antes de difinir las cosas en hacer de ellas descripciones exâctas, notando las particularidades que las acompañan, como sus causas, sus efectos, sus necesarias ó contingentes mutaciones, sus atributos perpetuos é invariables, sus movimientos, las leyes inviolables que guardan en sus acciones, sus propiedades, su origen, aumento, perfeccion y fines, combinando todo esto con los tiempos, y notando puntualmente la perseverancia, encadenamiento y mutaciones que observan. Por no hacerse bien las descripciones de las cosas, se confunden unas con otras, y así no se llega á entender el sér ó esencia, ni las afecciones de ellas por el embarazo que se halla en separarlas. Los antiguos Médicos Griegos, y algunos pocos de los modernos, que han hecho descripciones exâctas de las enfermedades, han aprovechado mucho para conocerlas; los que no han hecho esto, se puede decir que hablan de los males, pero no enseñan á conocerlos, ni á distinguirlos. Algunos Filósofos han hecho admirables descripciones, como Aristóteles en la Historia de los animales, y Teofrasto en los Caractéres de las pasiones. Los Historiadores, los Políticos, y algunos Poetas han descrito muchas cosas con admirable propiedad. Hállanse recogidas muchas de estas descripciones en la Eloqüencia sagrada del Padre Causino, Obra por esto solo muy recomendable. Ya creen muchos, que en la Física, Botánica, Medicina, Historia Natural no hay otro medio de conocer cada cosa y distinguirla de las demas, que el de las buenas y exâctas descripciones; mas yo quisiera que creyesen que en todas las demas Ciencias sucede lo mismo; pues que las esencias de las cosas, donde quiera que pertenezca el tratar de ellas, no las conocemos de otra manera. Por esto no se han de arrojar facilmente los Literatos á formar difiniciones, sin que antes tengan bien conocidas las cosas, que quieren difinir, por descripciones exâctas y bien seguras. Así son imperfectísimas las difiniciones por las causas, las que solo manifiestan la cosa por algunas propiedades y efectos, y las que llaman físicas por la materia y forma; pues demas de que las formas de las Escuelas, que son las que se toman por norma, son fingidas, y lo es quanto los Escolásticos dicen de ellas, tienen el inconveniente, que el conjunto de lo que llaman materia y forma, no suele ser sino una porcion, á veces la menos esencial, de la cosa. Conócese esto en que si se hace de la misma cosa una exâcta y cumplida descripcion, se hallará que lo que ponen por materia y forma es lo de menos consideracion que hay en los difinidos. El modo, pues, de hacer una difinicion, quando ya la cosa sea conocida por exâctas descripciones es, formar un género comun y una diferencia, y por estas hacer la difinicion que llaman Metafísica, que es sola la que los verdaderos Filósofos reconocen por difinicion. El género y la diferencia de las cosas son dos predicados esenciales, que las hacen conocer y distinguir, de modo que no se pueden equivocar. Este género y diferencia se han de tomar de los constitutivos y distintivos que resultan de las descripciones bien hechas, pues por ellas se descubre qué cosas son mas precisas, necesarias, permanentes y perpetuas para la exîstencia y el ser de los entes que se describen. El motivo de querer los Filósofos, especialmente Aristóteles, superior á todos, que el género entre en las difiniciones es, porque no conocemos mas que los individuos, esto es, cada cosa de por sí en qualquiera linea. La cosa determinada y singular no se puede difinir, ni lo necesitamos, porque tenemos de ella nociones tan fixas, que si ponemos atencion no podemos confundirla con otra. Queriendo, pues, para la mayor facilidad de entender las cosas, reducirlas á ciertas clases, en que con prontitud y seguridad las conozcamos, se hace preciso buscar un predicado esencial y comun á todos los individuos que en tal clase se comprehenden, y este es el género, pues que se extiende á todos los que debaxo de sí contiene. Este género ha de ser el mas inmediato, porque si es remoto confunde la nocion de la cosa y no la determina. En la difinicion del hombre animal racional se comprehenderá todo lo dicho. No conocemos otros hombres que los individuos de la especie humana: vemos en todos ellos que son vivientes sensitivos: de modo, que exâminadas todas las particularidades que subministra la verdadera descripcion del hombre, hallamos que el ser viviente y sensitivo (esto significa la voz animal) es un atributo comun á todos, sin excepcion ninguna, y esencial, pues que precisamente puestas la vida y sensibilidad hay hombre, y si estas faltan de todo punto, tambien el hombre falta. Fórmase, pues, del animal un género comun, cuya nocion es extensible á todos los hombres: de suerte, que no puede estar en el entendimiento el concepto de animal, sin que por él haya una nocion genérica, que tenga tambien por objeto al hombre. Es así que en todas las cosas hay ciertas porciones comunes con otras y transcendentales entre sí, esto es, que el entendimiento las concibe como juntas, ó como una misma en el predicado comun que las incluye todas. No solo son vivientes sensitivos los hombres, sino tambien las bestias; con que con la nocion genérica de animal conocemos al hombre y al bruto: y aunque la nocion de animal es clara para conocer lo viviente sensitivo, es confusa para conocer por ella sola al hombre. Es, pues, necesario añadir la diferencia racional, que es un predicado comun á todos los hombres y limitativo, esto es, determinativo de lo genérico de animal á solo el hombre, de manera que juntos el género y diferencia: Animal racional, se comprehenden todos los hombres sin peligro de poderse confundir con ninguna otra cosa. Si en lugar de animal pusiésemos Ente ó substancia, aunque son atributos esenciales, no fuera buena difinicion, porque estos predicados son muy de lejos, y por muy universales no determinan la nocion que tenemos de los individuos de la especie humana: como si para difinir la rosa pusiésemos por género Planta, que dista mucho de la nocion de la rosa, para la qual es género inmediato y conforme á la nocion el de flor; y lo mismo sucediera si para difinir el Aguila pusiésemos por género viviente; pues siendo tan general esta nocion, no es correspondiente á la que tenemos de las águilas: y esto sucede porque el género próxîmo ya incluye en sí los remotos, no pudiendo haber nocion de animal que no encierre la de substancia y ente; mas los remotos no incluyen formalmente, esto es, con expresa determinacion las nociones inferiores, de modo que fuera vaga é incierta la aplicacion de ellos á los seres determinados. En lo que llevamos explicado se fundan las reglas de una buena difinicion, las quales consisten en que sea tal esta que se convierta con el difinido, de modo que no haya mas, ni menos en uno de lo que explica el otro, como sucede en la propuesta difinicion del hombre, porque así el entendimiento con la difinicion entenderá la esencia del difinido, sin poderla aplicar á otra cosa: para esto conviene que sea breve y clara: esto se logra con el género y diferencia; y así las difiniciones que no se hacen de este modo, no lo son en rigor lógico, sino explicaciones, como lo suelen hacer los Oradores y Poetas, y en el trato civil el comun de las gentes: conviene tambien que sus términos expliquen con mas claridad que el difinido lo que es la cosa; porque si falta esto, quedan obscuras y confusas las nociones, y no se logra el fin de conocer por las difiniciones las cosas con claridad y sin peligro de confundirlas; bien que esta mayor claridad basta que sea para los Filósofos, porque el vulgo por ignorancia mejor entiende lo que quiere decir hombre que animal racional. De lo dicho se deduce, que no pueden llamarse difiniciones muchísimas explicaciones, que quieren se tengan por tales: y que deben ser raras y hechas con gran cuidado las difiniciones legítimas, aunque conviene que los sabios despues de maduros exámenes y bien hechas descripciones difinan las cosas, para que dexando sentado el verdadero ser de ellas, no se confundan, y se pueda así pasar á otras averiguaciones filosóficas con entera seguridad. Aristóteles difinió pocas cosas, pero explicó muchas. Los modernos tomando sus explicaciones por difiniciones, hallan motivo de contradecirle. El Autor del Arte de pensar[b], que hizo empeño de desautorizar á este Filósofo por corregir los defectos de la Lógica de las Escuelas, impugna las quatro explicaciones de lo caliente, frio, húmedo, y seco, que pone Aristóteles; y aseguro que si hubiera leido con atencion todo el capítulo segundo del libro segundo de la generacion y corrupcion, no las tuviera por difiniciones, sino por declaraciones de estas quatro qualidades por los principales efectos de ellas, quando concurren á la generacion y corrupcion de los mixtos; ni las hubiera impugnado del modo que lo hizo, porque Aristóteles por [Griego: ugron] no entendió solo lo húmido madefactivo, esto es, que moja, sino lo líquido: ni por [Griego: xaeron] lo que está falto de madefaccion, esto es, de humedad que moja, sino lo tieso, reduciendo á estas clases generales las particulares, que se comprehenden en ellas: echándose de ver, que una misma cosa puede en diversos respetos pertenecer á lo húmedo y seco. Es cierto que los Escolásticos usan de muchas difiniciones, que justamente son reprehendidas de los modernos; pero estos no siempre las han hecho mejores, como que han sido felices en derribar, y no lo han sido igualmente en establecer. Lock, impugnando las difiniciones que los Atomistas y Cartesianos han dado al movimiento[c], dice estas palabras: "Nuestros Filósofos modernos, que han trabajado en desasirse del vicioso lenguage de las Escuelas, y en hablar de un modo inteligible, no lo han hecho mejor, difiniendo las nociones simples por la explicacion que nos dan de sus causas, ú de otra qualquiera manera." El Marques de San Aubin en su tratado de la Opinion[d] hace una burla grande de la difinicion del hombre: animal racional, como que es obscura y confusa, entendiendo qualquiera lo que es hombre, y entendiendo pocos lo animal racional. Mas, fuera de que las rigurosas difiniciones sirven solo á los Filósofos, como queda dicho, el mismo Autor poco antes la dió por buena en estas palabras: "Las mas exâctas difiniciones son las que explican la naturaleza del difinido por su género inmediato, y su diferencia esencial como esta: El hombre es un animal racional." En obras tumultuarias y de acinada erudicion, como la de este Marques, es preciso se hallen algunas contradicciones.

[Nota a: 1. part. quaest. 29. art. 1. ad 3. pag. 113. edic. de Roma de 1571. & lib. 7. Metaph. lect. 12. tom. 4. pag. 100. & passim alibi.]

[Nota b: Part. 2. cap. 16. p. 248. edicion de la Haya de 1700.]

[Nota c: Esai Philosoph. del entend. lib. 3. cap. 4. pág. 339.]

[Nota d: Lib. 2. part. I. tom. 2. pág. 21. y 23.]

CAPITULO X.

De la division.

[24] Con los mismos fines que los Filósofos difinen las cosas, hacen las divisiones de ellas, que es aclararlas, para que no se puedan equivocar. La diferencia entre la division y difinicion consiste en que esta fabríca la cosa, señalando los predicados que compone su esencia: aquella la deshace, para que dividida en porciones, se vean las partes que la constituyen. Para mayor claridad conviene dividir lo que llamamos todo en todo físico, y metafísico. El todo físico, significado de los Latinos con la voz totum, es qualquiera cuerpo físico del Universo: el todo metafísico es mental, y consiste en las clases generales á que el entendimiento por abstraccion reduce muchas cosas, comprehendiéndolas con sola una nocion, como lo hemos explicado, hablando de los predicamentos y predicables. Este todo se explica en Latin por la voz omne: en nuestra lengua la voz todo incluye á los dos; y aunque á la Lógica solo pertenece dar reglas para la buena division del todo metafísico, no obstante es menester antes conocer los todos físicos, pues ignorándose, no se podrán reducir á las clases de la division. En los cuerpos físicos la analisis, esto es, la descomposicion de sus partes, á fin de que se vean con claridad, es de mucha importancia para conocerlos, y ayuda mucho á las descripciones exâctas que deben hacerse para difinirlos; de manera que en lo físico debe ir delante la division, sin la qual los entes corporeos nunca se podrán describir bien, y por consiguiente tampoco se podrán difinir. Cométense grandes defectos en las analises, y por eso no han sido tan útiles, como algunos creen, las que se han hecho en estos últimos tiempos. En los siglos medios se contentaban los Físicos con hacer groseras descomposturas de los cuerpos, y pronunciando facilmente por ellas, mantenian muchos errores en el estudio de la naturaleza. Los modernos, queriendo enmendar este defecto, cayeron en el opuesto, aplicándose con extremada creencia á dividir lo que por su sutileza no es capaz de division. Han hecho mas, que es poner en los cuerpos lo que han creido antes de dividirlos, que debia hallarse en ellos. ¿Quién no ve que es vana la division de las tres materias Cartesianas, sutil, globulosa, y estriada? ¿Y quántas veces sus defensores nos dicen hallarlas en las analises de los cuerpos? En la anatomía se han introducido muchas ficciones, desmenuzando las partes hasta lo sumo, donde no pudiendo llegar la industria humana, se añade lo que subministra un sistema puramente imaginario. De esto hemos dado palpables exemplos en las Instituciones Médicas. Las analises chîmicas hechas con fuego, no descubren lo que hay en los cuerpos, sino lo que el fuego hace en ellos. Despues de haber gastado Roberto Boyle muchos años y grandes caudales en las analyses chîmicas, al fin desengañado compuso un tratado que se intitula Chymista scepticus, en el qual muestra con evidencia, que son producciones del fuego las materias que la Chímica saca por la resolucion. Este punto le traté con extension en la Física, para evitar los engaños que en este exámen se cometen. Conviene, pues, descomponer los cuerpos para conocer sus partes con el orden que se requiere, para que la division no las desfigure: notar su enlace, figura, sitio, y uso de composicion: observar atentamente su substancia sólida ó fluida, dura ó blanda: no añadir ni fingir nada, sino mirar lo que da la naturaleza, &c. ver las mutaciones que reciben las partes unidas al todo, ó separadas, y las relaciones, ó respetos que dicen con sus causas, con sus efectos, y con las demas porciones de aquel todo: finalmente se ha de combinar lo dicho con lo que hemos propuesto de las descripciones, y de todo junto se formará concepto del sér de las cosas físicas para poderlas difinir y dividir. Quien vé esto, y vea tambien el poco cuidado con que hoy se tratan estas cosas, bastándole á qualquiera para llamarse Físico el entender dos ó tres fragmentos de un vano, pero pomposo sistema, conocerá que la verdadera Física está muy atrasada, y muy distante del punto de perfeccion, en que muchos la contemplan. Todavía es peor fiarse de las analises de las aguas, y demas remedios para establecer sus virtudes en el cuerpo humano; pues fuera de que no se puede asegurar por ellas lo que hay en los simples medicinales, es muy diversa la relacion, y respeto que las partes dicen con su todo, que la que dirán con otro muy distinto, como es el hombre. Esto no se puede saber sino por la atenta observacion de la Medicina práctica, como lo ha mostrado Geofroi, sin embargo de haber sido uno de los que mas han trabajado en hacer analises de los vegetables y plantas, que describe en su preciosa materia Médica[a]. Tambien son físicas las divisiones de las cosas hechas por sus causas, efectos, propiedades, formas, &c. y muy conducentes para las buenas descripciones. Así que la division de las plantas por sus flores ó semillas: la de las enfermedades por algunos símptomas, ó por la diversidad de causas de donde dimanan: la de los hombres (lo mismo ha de entenderse de los demas animales) por los territorios, provincias, costumbres: y en fin la de otros seres naturales por sus propiedades y caractéres sirven para perficionar las descripciones que deben hacerse antes de señalar las esencias de las cosas; mas quererlas distinguir entre sí esencialmente por solos estos fenómenos accidentales, como lo ha hecho Mr. de Sauvages en las enfermedades, y algunos Botánicos intentan hacerlo en las plantas, es confundir las cosas, y no llegar á conocer el verdadero ser de cada una de ellas. La division lógica es sola la que muestra la diversa esencia de las cosas, aunque parezcan entre sí unas mismas. El modo como llega el entendimiento á esta division es este. Exâmina primero si hay la cosa, y esto lo hace por la debida y bien reglada aplicacion de los sentidos, ó por el bien dirigido juicio, que tiene por origen de su excitamento las representaciones que de estos han quedado en la fantasía. Asegurado de que la cosa existe, la describe para verla y exâminarla mas de cerca, valiéndose para esto de las divisiones físicas y de las demas circunstancias que piden las descripciones. Despues de esto, colocando la cosa en la nocion general comun por el género, y señalando la particularidad que la distingue por la diferencia, la difine fixando la esencia de ella. Pero como debaxo de un predicado comun esencial, como son el género y diferencia, se contienen muchas cosas, que deben entre sí separarse, pasa á hacer la division lógica, la qual es una nocion comun con que el entendimiento distingue las cosas que están contenidas baxo un mismo género ó una misma diferencia: por eso la division lógica se diferencia de la física, en que esta divide el cuerpo singular en sus partes integrantes, y aquella divide la nocion universal, en que estan incluidos todos los singulares, en clases comunes, ó nociones distintas, que hacen conocer la diversidad que hay en las cosas por sus esencias. De esto se deduce, que las divisiones lógicas solo se deben hacer por los géneros, especies, y diferencias esenciales del mismo modo que las definiciones, y por eso se han de hacer unas y otras pocas veces, con la advertencia que han de preceder las divisiones y descripciones físicas de las cosas á las difiniciones y divisiones lógicas, siguiendo el orden natural con que primero alcanzamos que la cosa existe, despues la dividimos, resolvemos y separamos sus partes para conocerla, luego la describimos para circunstanciarla; y últimamente formamos las nociones comunes del género y diferencia para señalar su esencia, que es la difinicion lógica, tras de la qual se sigue la division con que dividimos los géneros, las especies y diferencias hasta llegar á los singulares, en quienes no cabe otra division que la física. Un exemplo hará esto palpable. Preséntase á nuestros sentidos el hombre determinado, porque así es en lo físico: le dividimos en lo corporeo (pues esto solo es lo que se presenta á nuestros sentidos) por la anatomía: juntamos á estas luces todas las acciones animales vitales y naturales, la figura y formacion exterior del rostro y demas miembros: observamos las causas que le mantienen, ofenden, ó conservan, y todos los caractéres que acompañan á su composicion. Enterados de todo, le colocamos baxo la nocion lógica mas universal del ente, porque conocemos que existe: descendemos de allí á lo corporeo, porque lo extenso é impenetrable nos aseguran de ello: pasamos de esto á lo animal, que es el género mas inmediato y encierra las nociones superiores. Viendo que este predicado genérico es una nocion que incluye otra cosa que no es el hombre, al punto formamos el concepto que llamamos especie, y consiste en una porcion de lo que encierra la nocion del género, la otra porcion son los brutos. Queriendo despues fixar estas porciones para distinguirlas, ponemos la diferencia racional, que es el predicado comun, que llena la esencia del hombre y con que se distingue de la otra porcion de la especie contenida baxo el género animal. Débese notar aquí; que las diferencias alguna vez son genéricas, porque dado que señalan el distintivo de un género superior, son ellas género respecto de otras inferiores. Así, lo sensitivo es diferencia de lo viviente, mas genérica que lo racional, puesto que esto solo tiene baxo de sí á los hombres determinados ó individuos de la especie humana, y aquello contiene á los hombres y los brutos, que siendo todos sensitivos, por esto se diferencian de las plantas que viven, y no sienten; por donde, aunque las diferencias por lo comun son específicas, porque determinan las especies: junto con esto con consideracion á otras nociones mas universales, pueden ser genéricas, y la distincion consiste en que estas tienen debaxo de sí las especies y individuos; y aquellas solo los individuos, ú entes determinados.

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