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Lira Póstuma, Obras Completas Vol. XXI

PEREGRINACIONES

Reading edition

I

En un momento crepuscular pensé cantar una canción en que toda la esencia mía se exprimiría por mi voz: predicaciones de San Pablo o lamentaciones de Job, de versículos evangélicos o preceptos de Salomón. ¡Oh, Dios! ¿Hacia qué vaga Compostela iba yo en peregrinación? Con Valle Inclán o con San Roque, ¿adónde íbamos, Señor? El perrillo que nos seguía, ¿no sería, acaso, un león? Íbamos siguiendo una vasta muchedumbre de todos los puntos del mundo, que llegaba a la gran peregrinación. Era una noche negra, negra, porque se había muerto el Sol: nos entendíamos con gestos porque había muerto la voz. Reinaba en todo una espantosa y profunda desolación. ¡Oh, Dios! ¿Y adónde íbamos aquellos de aquella larga procesión; donde no se hablaba ni oía, ni se sentía la impresión de estar en la vida carnal y sí en el reinado del ¡ay! Y en la perpetuidad del ¡oh!? ¡Oh, Dios!

II

Las torres de la catedral aparecieron. Las divinas horas de la mañana pura, las sedas de la madrugada saludaron nuestra llegada con campanas y golondrinas. ¡Oh, Dios! Y jamás habíamos visto envuelto en oro y albor emperador de aire y de mar, que aquel Señor Jesucristo sobre la custodia del Sol, ¡Oh, Dios! Para tu querer y tu amar. Visión fué de los peregrinos, mas brotaron todas las flores en roca dura y campo magro; y por los prodigios divinos, tuvimos pájaros cantores cantando el verso del milagro. Por la calle de los difuntos vi a Nietzsche y Heine en sangre tintos; parecían que estaban juntos e iban por caminos distintos. La ruta tenía su fin, y dividimos un pan duro en el rincón de un quicio oscuro con el marqués de Bradomín.

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