JORNADA SEXTA.
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Y halláronse todos al Real á la hora que tenian concertado de ir, y dixo don Luis Milan: Sepan vuestra alteza y su excelencia que yo vengo esta noche para hacer un descargo del cargo que tenía, de dar la cena que me mandaron de lengua y manos, de tañer y cantar, y á la postre daré por confituras la aventura del monte Parnaso, donde fuí probado y puesto en muy gran peligro, por la residencia que me tomaron; y porque no se me enojen los que esperan la música, quiero tomarme la licencia para darla, que para no dar pesar licencia se puede tomar.
Y denme la vihuela que me han traido, y cantaré con esta primera obra las obras que las damas suelen hacer. Y es una carta, que para ganar, si á cartas jugára, el resto del amor ganára; y dice así:
Carta mia, pues que vas En pasos de tanta gloria, Si no son en mi memoria, No te acuerdes de mi más; No vuelvas de tal manera, Que me hagas más mortal De lo que yo ántes era, Porque no seas mensajera De mi bien para mi mal.
Y en llegar delante aquella, Do mi voluntad te envia, Para conocer si es ella, Conocerás que no es mia; Y despues de conoscida, Para que quiera leerte, Di que sólo fué tu ida A mostralle con mi vida Un traslado de mi muerte.
Preséntale mi corazon, Donde siempre se verá Quien bien retratada está, Segun es su condicion; Muy perfeta al natural El amor la retrató, Pues le soy en todo tal Para sufrir tanto mal, Cuanto yo contento estó.
Lévale mi entendimiento, Porque vea en lo que entiendo, Que velando ni durmiendo, No le busco descontento; Basta lo que le he buscado, Aunque no soy de culpar, Que si estoy enamorado, Téngame por desculpado, Pues es para enamorar.
Mi memoria le presenta Por espejo que se vea, Como está en mí su idea Muy hermosa y mal contenta; Es tan grande su hermosura, Que aunque no me quiera ver, Contemplando su figura, Todo gusto de tristura Se me convierte en placer.
Muéstrale mi voluntad Cuanto está llena de fe, Aunque sabe que yo sé Que no duda la verdad; La verdad trastrueca y muda, Nómbrame desamador, Que para mostrarse cruda, Pone la verdad en duda, No dudando de mi amor.
Preséntale mi sentido, Si es á su contentamiento, Cuando tengo sentimiento De verme su aborrecido; Que si yo no me sentia De ser d’ella despreciado, Tan mal le pareceria, Por lo que no sentiria Como por demasiado.
Mi pensamiento doliente De pensar en su dolencia, Le pornás en su presencia, Si le terná por presente; Dile que dentro de mí Tan presente siempre está, Que el tiempo que no está en si, Tanto yo la tengo aquí, Cuanto no me tiene allá.
Muéstrale mi gran sufrir, Aunque tú lo mostrarás, Cuando por mí te verás Estos tormentos sentir; Luégo te dará un tormento, Que es muy recio de pasar, Tal que en decillo lo siento, Y es el descontentamiento, Que ella me suele mostrar.
Y tras este tan cruel, Luégo un otro te dará, Que nunca te mirará Por no mirar mi papel; Otro tormento de fuego Te dará mucho peor, Y será darte gran fuego, Que te vayas luégo, luégo, Por ser yo su servidor.
Y por cuanto has de hacer No seas desacatada, Sino, tú serás rasgada, Y rompido mi placer; Y si vieres sentimiento De alguna voluntad, Di con mucho acatamiento, Ved qué tal es su tormento, Que vos le tengais piedad.
Bien sé luégo que dirá: ¿Quién te puso en tal locura, De ponerte en aventura Por quien ventura no ha? Di, que piedad de ver Un dolor de verme tal, Que podria merescer Que holgase de leer Una letra de mi mal.
Dile más, cómo me dejas Esperando tu venida, Entre la muerte y la vida, Dando de mi vida quejas; Y que son de calidad Las quejas de mi pasion, Que pueden poner piedad A la mesma crueldad, Ántes que á su corazon.
Y si algo se le antoja En decille que es cruel, Dile que lo dice aquel A quien ya el vivir enoja; Y á quien ya su mal le tiene Tal, que dice el que no sabe: Pues que sabes dó me viene, Trabaja que más no pene, Ó que mi pena m’acabe.
FIN.
Dixo el Duque: Don Luis Milan, no se podrá decir por esta carta: de las cartas placer hube, de las palabras pesar.
Respondió Joan Fernandez: Yo le perdono la confianza que tuvo ántes de cantar, cuando dixo que si á cartas con esta carta jugára, el resto del amor ganára; aunque no me ganaria si en amor fuese mi competidor. Yo le hiciera una primera, que primero en l’amor fuera de bien querido, de mejor haber servido.
Dixo don Diego Ladron: A lo ménos de confiado el resto le teneis ganado, y á las veces lo que engaña desengaña, como muestran vuestros trabajos en amores, que son desengañadores, de esa confianza vuestra como se muestra.
Dixo don Francisco: Más estais vos confiado por haber desengañado á tal Joan, que sus pensamientos van volando como mariposas, que se queman tras hermosas de gran lumbre, por rodar por alta cumbre.
Dixo el Duque: Muy bien habeis discantado sobre la carta que ha cantado don Luis Milan; pues mejor discantaréis si las siete angustias canta, que l’amor hace pasar á quien más siente en amar; y por vida de quien más quereis, que las canteis.
Y don Luis Milan respondió: Por vida de quien lo mandó cantaré, y son estas que diré:
LAS SIETE ANGUSTIAS DE AMOR.
Canten los gozos de amor Los que sienten alegrías, Y yo las angustias mias, Pues que siento su dolor; Y dirélas lamentando Con voz de extraña tristura, Ofreciéndolas llorando Á la perfeta figura Que siempre estoy contemplando.
La primera angustia siento, Causada del desear, Cuando n’os puedo mirar Sino con el pensamiento; Pues si es gran padecer No veros y contemplaros, Ved cuán mayor debe ser, Cuando yo alcanzo á miraros, Y vos no me quereis ver.
La segunda angustia triste Siente más el más sufrido, Porque el gesto va vestido De lo que l’alma se viste; Esta es sin comparacion Por sufrir lo que se siente, Que si pena el corazon, Amor escribe en la frente De que pena la pasion.
La tercera angustia alcanza El servidor á la hora Que conoce en su señora Ser perdida su esperanza; Pues mi esperanza perdida, ¿Quien la perdió como yo? ¿Quien la tuvo tan sin vida, Que primero se secó Ántes que fuese nacida?
La cuarta por mi dolor, Que mil veces he gustado, Es aquel cruel desgrado Que mostrais con disfavor; Ora ved qué tal me siento, Si es firme mi firmeza, Que con tal conocimiento, No puede vuestra crueza Estragar mi sufrimiento.
La quinta angustia parezco De muerto y descolorido, Que estoy muerto en vuestro olvido, Y vivo en lo que padezco; ¿Quién se vió tan olvidado, Que ante vos se halle ausente, Sino yo desesperado, En mi mal siempre presente, Y en su presencia pasado?
La sexta sentí en veros, Qu’es el temor de enojaros, Mas quien no puede ganaros, ¿Por qué ha de temer perderos? Quien nunca tuvo favores, ¿Por qué teme disfavor? Porque en el trato de amores Se confia el amador Con sospechas y temores.
La setena y la mayor Es la angustia del partir; ¡Oh, cuán grave es de sufrir Si dejais competidor! Pues si es cosa conocida Al tiempo del despediros Ser gran trance la partida, Más es no poder partiros Cuando ella está partida.
Hé aquí, gentil señora, Las siete angustias d’amor. Que siéndo’s tan servidor, Siento cadal dia y hora. No me perdí, mas perdí En esta triste jornada Lo que sentiréis de mí; Siete años te serví Sin de tí alcanzar nada.
Dixo el Duque: Si tan poca pena diesen en sentirlas como en oirlas, ántes serian gozos que angustias, pues tanto alegra vuestra música.
Respondió Joan Fernandez: Señor, el uno y l’otro creo que son, parecen gozos por lo poco que siente angustias de amor don Luis Milan, y no dejan de parecer por lo mucho que muestra sentirlas cantando que de amor se va burlando.
Dixo don Francisco Fenollet: Para saber desto la verdad, cantemos tras las angustias los gozos de amor, que siendo las dos obras suyas, en cantar se verá,
Que si él se alegrára, Nos dirá su corazon, Que sus angustias gozos son.
Dixo don Diego Ladron: Si los cantais, sean por don Pedro Milan y gozos nos parecerán, pues su alteza os hará mucho favor cantando por su servidor.
Don Luis le respondió:
Para gozos parecer, Así lo entiendo de hacer.
Y son éstos:
Siete gozos cantar quiero Que el amor me hace sentir, Por mostrar Que por más y más que muero, Siento gozo de sufrir Por amar.
Si por ser vuestro sufrido Quiere amor que por constante Valga más, No me vea tan perdido Que en lugar de ir adelante Vuelva atras.
El primer gozo de amor Que siente el enamorado Donde ama, Verse en honra el amador, Por estar bien empleado Puesto en fama.
Es tan grande este contento, Que jamas dejo de veros No mirándoos, Porque mira el pensamiento Con los ojos del quereros Contemplándoos.
El segundo gozo siente L’amador cuando recrea En los amores, Que de aquello se contente, Que ninguna cosa afea Disfavores.
Como yo que siempre quedo Tan contento de que quiera Y tan ufano, Que si me diera su dedo, Nunca yo el villano hiciera Con la mano.
El tercero gozo gusta Quien mostró bien parecer Do quiere bien, Que su gusto no desgusta, Pues en cuanto debe hacer Parece bien.
Recibir querria engaño, Que vuestra merced me quiere Para vos, Para huir al desengaño, Porque no me desespere De los dos.
El cuarto gozo diré, Que’n veros siempre he sentido Todo gloria, Pensar que no moriré De la muerte del caido De memoria.
D’este gozo gozará Quien nació bajo la estrella, Que ella es él, Ya veis, pues, si vivirá, Quien será para ser della, Y ella d’él.
El quinto gozo contenta, Pues es cosa muy probada Ser mejor, Cuando se remata cuenta Que se toma d’el amada Al amador.
Ésta nunca tomé yo, Que si de vos la tomára A vuestro grado, Quien de veros se pagó, De ménos se contentára Ser pagado.
El sexto gozo es mirarse Los amantes muy hermosos En amar, Que si son para mostrarse, Son amores más gustosos De gustar.
Lo que gusto no gustais, Señora, de la hermosura Que teneis, Porque todo lo matais, Pues que sois mata figura De quien veis.
El seteno gozo digo, Si sois de mi parecer, Qu’es más gustado, Si el amiga y el amigo, Vinieren á poseer Lo deseado.
Si es muy dulce merecello, Más y más es el gustallo Con descargo; ¿Quereis ver qu’es poseello? Que hace dulce el deseallo Siendo amargo.
Dixo el Duque: Don Luis Milan, alegremente habeis cantado los gozos de amor, sepamos por quién los cantastes, que si fué por vuestro primo don Pedro Milan,
Habeis sido muy galan, Por mostrar Que gozos sienten en amar, Aunque tengan disfavores, Los que rien en amores.
Don Diego Ladron dixo: Señor, no se podrá decir eso por Joan Fernandez, que por tenerlos lloradores, alcatara es en amores, que se dice en valenciano alambique, que destila por sus ojos y nariz lágrimas por Beatriz de don Anton, que agua rosada son para ella; pues en la redoma della, qu’es su engaño, caen para su mal año.
Respondió Joan Fernandez: Don Diego,
Burlas de mozo de ciego Pareció vuestro burlar, Cuando para hacer reir, Pullas le hacen cantar.
Dixo don Francisco:
Bien parece que son gozos Los que el Milan ha cantado; Pues nos han regocijado. Agora os digo Que de gozos es amigo En los amores, Que no sufre disfavores; Pues que no es de los que lloran, Sino de quien va cantando. Buenas obras enamoran, Malas van desamorando.
Dixo don Luis Milan:
Órganos hacen de mí, Que mis flautas han tañido Como les ha parecido. No faltó buen manchador, Que’s el Duque, mi señor, Pues ha dado tan buen aire, Que me tañió don Donaire; El Fenollet, nuestro amigo, Que don Donaire yo le digo De esta vez; Que’es mal aire de traves, Que la mar levanta en puerto; Pues levanta un desconcierto, Que jamas sufrí en amores Disfavores.
Don Francisco le respondió: Si me pagais una verdad, por lo que dicho me habeis, yo sé que lo otorgaréis por lo que sé, y si quereis, la cantaré.
Y es la más linda cancion Que glosastes con razon; Y diréla con la glosa, Que la hicistes muy hermosa.
Y esta cancion por respuesta Os quiero dar En este nuestro burlar.
De piedra puedo decir Que son nuestros corazones; El mio en sufrir pasiones Y el vuestro en no las sentir.
Ha causado mi ventura Lo que más tuve temor, He topado con l’amor Haciendo mi sepultura.
En su piedra vi esculpir Dos contrarios corazones; El mio en sufrir pasiones, Y el vuestro en no las sentir.
GLOSA.
Sufro por vos tanto daño, Cuanto por sufrillo es honra, Que en su caso no es deshonra Sufrimiento tras engaño.
De este bien tan mal estoy, Que estoy cerca d’el morir; Que por do quiera que voy, Si me preguntan quién soy, De piedra puedo decir. Es ya tanto lo que sufre Mi sufrido corazon, Que traigo por invincion Corazon de piedra zufre.
Vos de no sentir dolor, Yo de sufrir sus pasiones, De este amor y desamor, De piedra dice el amor Que son nuestros corazones.
Tales corazones dos En el mundo no se han visto, Esto hace el Antechristo, Qu’es l’amor que teneis vos.
Dos contrarios se han juntado En nuestras dos condiciones, El vuestro desamorado, Que no siente ser amado, El mio en sufrir pasiones.
Tanto siento vuestra culpa, Cuanto á mí me da gran pena, Que tenella yo por buena Del que digo me desculpa.
Entre amor y desamores Siento muerte en mi vivir; Pues tengo por valedores, El mio en sentir dolores, Y el vuestro en no las sentir.
Sóbrame tanta razon, Cuanto vos teneis muy poca, Que no hallo en vuestra boca Lo que en vuestro corazon.
Ya no tengo á quién quejarme, Muerto estoy en mi ventura; Todo bien viene á faltarme, Qu’este mal para matarme Ha causado desventura.
Mi mano sintió quién es Lo cruel de vuestra mano, Con el pié me dais de mano, Pues me veis á vuestros piés.
Ya yo estaba temeroso De caer malo de amor, Mas es mal contagioso, Que se pega al más medroso Lo que más tuve temor.
Mucho milagrosamente Una vez de amor curé, Y hartas veces yo juré De quitar inconviniente.
Viendo causa yo cerraba Los ojos d’este temor, Del amor me desviaba, Cuando más d’él me apartaba He topado con l’amor.
Yo estaba muy espantado, Que no estando ya con él, No pudiese huir d’él, Y vi ser juego forzado.
Y aunque más miré por mí, Me mató vuestra hermosura, Y tan muerto me sentí, Que luégo al amor le vi Haciendo mi sepultura.
Con el duro mármol frio D’ese vuestro desamor, Labrando estaba el amor En este sepulcro mio
Estas letras que decian: Muerto estaba por morir, Y matar no le querian; Y otras más que se leian En su piedra vi esculpir.
Esta sepultura honrada, Pues deshonra se me hacia, Pues que por ella le via Ser mi vida deshonrada.
Lo que ser vuestro me honraba, Gastaban dos condiciones, La vuestra me despreciaba Y era porque lo causaba Dos contrarios corazones.
Tan desavenidos fueron Vuestro corazon y el mio, Que muy duro mármol frio L’uno al otro se volvieron.
De vos tengo compasion Que n’os tengan compasiones, Porque veo á perdicion, El vuestro en no sentir pasion, El mio en sufrir pasiones.
Con tal condicion tan dura, Hacer paz sería excusado, Que el amor reconciliado En ningun tiempo asegura.
Quien no sabe agradecer, Nunca puede en paz vivir; Mi corazon veo perder De pasiones padecer, Y el vuestro en no las sentir.
Dixo el Duque:
Bueno ha sido el manchador, Que por manchar ha sonado La glosa que s’a cantado; Pues burló como á galan El Fenollet al Milan, Que de piedra corazones Tenian en sus pasiones, Don Francisco de sufrillas Y el Milan de no sentillas; Por lo que le motejó Que nunca angustias sintió, Sino gozos en amar; Diciendo qu’es burlador en amores, Que todo se pasa en flores; Y el coge d’este burlar, Frutos por disimular.
Respondió Joan Fernandez:
¿Qué frutos puede coger? Camuesas deben de ser Encamusadas, De mal frances desnarigadas.
Respondióle don Luis Milan:
Esas vos las conoceis, Que d’esas camuesas comeis, Cuando con mosen Rodela Cenais á lumbre de vela, Embelesado, Pues os tiene encandilado Con una cierta Beatriz, Que postiza la nariz La tragais, Y por coplas alabais Su gesto; qu’es todo risa, Que tragueis nariz postiza.
El Duque dixo: Yo sería de parecer que las damas de vuestra alteza oyesen la música de don Luis Milan, que mucho lo desean; mándelas venir,
Que sin damas los galanes No se muestran lo que son, Que piedra toque es la ocasion.
Las damas de la Reina vinieron; que la señora doña Leonor Gualvez, que’s guion de la gala, habló á voluntad de todas y dixo: ya que en jubileo de música nos hallamos, pues por jubileo se deja oir don Luis Millan, las damas quieren mostrar:
Que de sabio es no mandar El mandador, Que mandado es muy mejor.
Como verémos en vos, que os dejaréis mandar de las damas en dalles cuanto os pedirán; y la primera quiero ser yo, que os mando me canteis sonetos vuestros, porque gustemos de los sonsonetos, que nos harán bien callar y mejor hablar para entendellos.
Don Luis Milan respondió: Señora doña Leonor, si por jubileo me dejo oir, no se maraville vuestra merced, pues por jubileo se dejan ver las damas, y no para sacar almas de penas, por donde, siguiendo yo sus pisadas, no me perderé. Que no es bien dejar pisar lo que debe estar en pié; yo no soy tan desmandado de no dejarme mandar donde soy muy bien mandado. Y pues aquí está mi palomando que mandar me puede, yo me doy por mandado.
Dixo el Duque: Bien muestra en su hablar don Luis Milan que los milanes vinieron de los griegos con Hércules en Italia, pues habla con la brevedad d’ellos, como agora ha dicho en este vocablo, palomando, queriendo decir palo y mando. Y en los motes que se dieron el Joan y el Milan para ganar el retrato de su dama, hay otro que dice Encasamalo por abreviar lo que dicen en valenciano: Bell en banch y mal en casa. Y el nombre que agora ha puesto á don Francisco, que dice Dondonaire, queriéndole decir en valenciano Don, dona, aire, haciéndole fuelle, que es mal aire lo que da; y tambien nos ha dicho poco há que la ocasion es piedratoque, queriendo decir que es piedra de toque, que descubre á cada uno de qué metal es; y muchos otros que ha dicho, imitando á los lacedemonios griegos en esta brevedad, que con sólo un vocablo se diga una sentencia, que los latinos muy poco lo acertaron á decir. Fué este modo de hablar en tanto tenido, que Petrarcha recita en su libro De próspera y adversa fortuna, una palabra que solia decir Andromaca, mujer de Héctor, á su marido, y era ésta, Demome, que quiere decir: Buen hombre, tu gran corazon te echará á perder. Es tan cortesano el corto hablar, que vorria sensa parlar eser inteso; y no le estorbemos el gran mandamiento que le han hecho, que cante sus sonetos.
Respondió don Luis Milan: La mejor respuesta que se puede dar, obedecer á buen mandar; y empezó á cantar este
SONETO. 4. 7.
Si voluntad merece ser pagada Por cual razon, no soy d’esto pagado, Diréisme vos, pues has mal deseado Mal desear, pagalle con no nada.
Respondo yo, qu’es muy perjudicada Mi gratitud, que nunca os ha enojado, Respondereis que debe ser juzgado Lo que sin ley no es cosa bien juzgada.
Si fuese yo juez d’esto, aunque soy parte, Con gran razon daria ley en esto, Que lealtad gran lealtad merece.
Pues buen amor no tiene ningun arte, Y en bien amar á todos gano el resto, Quien meresció jamas no desmerece.
Dixo don Diego: Don Luis Milan, en pleito habeis traido vuestra dama, y respondistes por ella, haciéndoos procurador de los embargos, respondiendo contra vos, como hizo un portugues que emplazó delante justicia á la que servia, diciendo al juez: Nan deis por muller á meu competidor miña dama, que eu la queiro, ella dice que nan me queire, eu torno á decir que la queiro, que amor primero he casamenteiro. Rieron mucho del portugues, que por pleito queria á quien no le queria.
Dixo don Luis Milan: Don Diego, yo respondo á vuestro bocaje, como respondí á un estorbamúsica, que le dije: Yo tengo un atapabocas, que es éste
SONETO.
Hermosa maya, llena de mil flores Y extrañas hierbas, de propiedades Sanais con ellas mil enfermedades, Que de miraros sanan amadores.
Y á mí no sanan, d’estos mis dolores, Que hierbas fueron vuestras crueldades, Que entosicaron nuestras voluntades, La vuestra y mia para desamores.
La vuestra hicieron de ponzoña llena, Que emponzoñada voluntad se muestra, La mia siento desto entosicada.
Y aunque está siempre para amaros buena, Va muy doliente, por no verse vuestra, Qu’el rostro muestra voluntad dañada.
Joan Fernandez sospiró, y su mujer le dixo: Vos me par que sou lo que anava venent sospirs per Valencia.
Y él respondió:
Yo no los vendí, Mas ellos me vendieron Cuando’s vi.
Díxole ella: ¿Y per que os han venut? ¿Per que yous compri mercat pera mal marit?
Dixo él: No por eso, sino porque habia de mercar brava mujer para sospirar. Que pensando que fuérades una maya, sois una desmaya, que siempre desmayo de vuestra mala condicion, que hierbas son. Que al médico moro fuí que me sanase, y para sanar me hizo estar en su casa ocho dias, acostado en una cama llena de hierbas de montaña, y algunas dellas pinchaban, que me hacian dar voces, y el moro decia: ¿Sufris hierbas en vuestra casa para matar, y no sufrireis para sanar? Yo diciendo no sufriré, y él que sí, yo que no, salvéme dél como de vuestra merced haciendo el puerco espin.
Dixo su mujer: Don Luis Milan llanzau de aci aquest porch espi, ó feulo callar á mots, que sols vos lo embozau, quant los dos vos motejau.
Y don Luis respondió: Para hacerle yo callar, á su fumeto será con este
SONETO. 4. 7.
Para mi bien y por mi mal os veo, Pues me mirais con rostro muy irado, No siento yo que esté por mí enojado, Pues que por vos con todas me peleo.
Digo que sois un otra doña Iseo, Yo don Tristan, de triste desamado, No digo aquel don Tristan muy amado, Que desamor lo vuelve todo feo.
¿Quereisme mal, pues mi ventura quiso, Y no quereis que esté peor que muestro, Que el bien no sé dónde tiene la posada?
Queredme bien y verm’heis un Narciso Para probar que tal parezco vuestro; Que hermosa está la cara qu’es amada.
Dixo don Diego: Señor Joan, tanto os toca este soneto, que á ser silla y vos caballo no lo podríades sufrir, por lo que os siguió cuando dixistes de amores á una cortesana de la córte, que le demandastes como se decia, y ella respondió: A mí me dicen doña Iseo, y vos sospiraste diciendo:
Yo soy vuestro don Tristan, Que por veros, mi señora, Pasé yo la mar salada; Pues que veros enamora.
Y ella os respondió:
Vos no sois mi don Tristan, Que pasó la mar salada, Mejor sois para ensalada De truhan.
Cerró la ventana y entróse, y unos escuchamores que os escucharon os apodaron á don Joan ensalada.
Y don Luis Milan les departió con este
SONETO. 4. 7.
Tan triste estoy, que vivo muy mal sano, No sé si son mis pensamientos sanos, Quizá es mejor morir de vuestras manos, Las que me dais, pues que me dais de mano.
Pues vos sabeis cuál me será más sano, Mejor será dejarlo en vuestras manos, Que yo no haré lo que suelen villanos, Que si les dan toman dedo y la mano.
Yo sé muy bien, si en tal caso se viese Vuesa merced, si fuese caballero, Que dedo y más de tal mano quisiese.
Que por mandar aquel César primero, Tuvo por ley, que ley no se tuviese, Que por mejor se muda ley por fuero.
Dixo don Francisco: Vengar quiero á Joan Fernandez con este cuento que diré: Una noche estaba en una calle escuchando á don Diego, que decia los amores de Audallá á la criada de una dama que servia, y díxole: Dadme el dedo, que no tomaré la mano, pues no soy villano; y ella fiando dél dióle el dedo y él tomóle la mano, que fué parte para subir donde estaba. El señor sintió ruido, y reconosciendo casa topó con don Diego, que con una sábana se habia envuelto gritando: Alma soy que voy en pena, y el señor le soltó un perro de ayuda diciendo: Cómete esa alma, que un perro comerá otro, y vos saltastes por la ventana y el perro tras vos, haciendo tan gran alborote, que las damas del vecindado salieron á las ventanas con lumbres, y conosciéndoos dixeron: Señor don Diego ensabanado, ¿cómo vais aperreado? y vos respondistes: Quien tras perras va aperreado será; y las criadas d’ellas en veros os dicen, don Diego ensabanado.
Dixo don Luis Milan al Duque: Señor, si más salen cuentos, yo no sacaré sonetos. Y todos dixeron que no dirian más.
La Reina dixo: Don Luis Milan tiene razon, que cuando la música es de caballero, hase de escuchar si ya él no quiere hablar.
Y él dixo este
SONETO. 4. 7.
De bien y mal mi vida se sostiene, Porque el vivir se vaya conservando, Con sólo el bien no va el saber reinando, Pues no es pesar el mal que de vos viene.
Amor, amor, pues mandas que yo pene, Sostiéneme, que muero deseando; No vea yo que vas de mí burlando, Qu’en posta voy y nadi me detiene.
Corro al morir, y muerte no me quiere, Cansado estoy, y siento gran descanso, Quiero llorar, y voy de mí riendo.
Sé que dirá quien tal por vos se viere: Fiero leon, amor le vuelve manso, Que gran amor de sombras va temiendo.
SONETO INTERCALADO.
Gran bien durmiendo vengo á ensoñarme, No sé yo en sueños qu’es lo que me crea, Séos decir que tanto me recrea, Que yo querria nunca despertarme.
Dicen que sueños son gran vanidad, Y á veces vemos ser muy verdaderos, Mas veo mal en todos mis agüeros, Que hijos son de vuestra crueldad.
¿Amor, amor, qué tengo de creer? Pues tú me haces reir y llorar, Hazme dormir, pues huelgo de ensoñar.
Que vanidad á ratos da placer. O bien ó mal de tí sepa lo cierto, Que es en fin pena un vivir incierto.
SONETOS. 6. 6.
Cabellos principian, cabellos fenecen Mis altos cuidados de vida y de muerte, De tales cabellos se cuelga mi suerte, Que matan al oro y al sol escurecen.
Mi vista se altera mirándome en ellos, Del todo turbado ni veo ni atino, De mucho atinaros estoy tan sin tino, Que vengo á estar léjos estando cabellos.
Los rayos de Febo si ciegan no matan, Mas vuestros cabellos me matan y ciegan, Son rayos que pasan, traspasan y allegan,
Á ojos de un alma, que con ellos atan. De cada cabello me veo colgado, Temiendo no quiebre de muy desdichado.
Mortal dolor con quien amor tormenta, No me tormentes, dame algun sosiego, Pues siempre otorgo por más que reniego, Que soy de amor perdido á mi cuenta.
Soy como aquel que tienen al tormento, Y estando en él, del gran dolor se aduerme, Así me sigue para sostenerme; Pensando en vos se aduerme el sentimiento.
Cruel amor, no tal, cual es tu nombre, Manda al dolor, que más no me tormente, Que aquella parte en mí que más te siente,
Muere y revive por quedar más hombre, Que buen pensar es gusto que descansa, Y en los tormentos su dolor amansa.
Allá me voy, á dó el amor me guia, Soy como aquel que va en su pensamiento, Qu’está muy fuera del conoscimiento, Sino d’aquel que está en su fantasía
¿Pensando en vos quién ha de estar en sí Que por idea en vos no se transforme? Estoy sin vos, y en vos tanto conforme, Que voy conmigo, y nunca voy en mí.
Ni pié ni mano, la boca ni l’ojo, No mandan ya, pues tal señora reina, Reinas en mi tan absoluta reina,
Qu’en mí es placer aquello qu’es enojo Ó bien ó mal, avenga como quiera, Vos sola sois mi voluntad postrera.
Yo voy buscando todos los lugares, Para miraros si podria veros, Y en descubrirme no quereis volveros, Y hállome vuelto para ver pesares.
No sé yo cómo pueda sostenerme, ¡Miraros siempre y vos nunca mirarme! Bien podrá ser que amor pueda cegarme, Mas nunca hará qu’en vos no pueda verme.
Dos ojos tengo y son para llorar, Pues que no ven lo que ver querrian, Dos rios son que siempre correrian,
Si dellos fuese vuestro amor la mar; Y aunque éstos pierda, vuestra merced crea Que tengo mil que os miran por idea.
SONETOS INTERCALADOS.
Á todo el mundo doy de mí descargo Del bien que os quiero y mal que me quereis; Ya veis, señora, lo que vos haceis, Que de mi muerte tengais tanto cargo.
Dirán de vos que fuistes matadora, Y vos diréis que yo mismo me he muerto, Dirá el amor en tal caso lo cierto, Qu’en vos estaba ser remediadora.
Sé que diréis que no pudo haber medio Entre mi mal y vuestra gran bondad, Todos dirán que en vuestra piedad
Estaba el bien de todo mi remedio; Que siendo siempre tanto valerosa, La piedad en vos no’s es viciosa.
Pensando en vos un no sé qué me enoja; Sélo sentir y no dar á entender Es un amargo en medio del placer Qu’el mundo da por lo que se le antoja.
Muy gran mal es y cuento mucho largo, Ser esto en todo tan naturalmente, Que piense en vos muy mucho dulcemente, Y un no sé qué lo vuelva todo amargo.
Soy como aquel que muestra ser mortal, Que su accidente da señal de muerte, Si no mudais de mal en bien mi suerte,
Dadme por muerto deste grave mal. Y es lacidente ser desconfiado, Señal de muerte en cualquier estado.
SONETOS. 5. 6.
Al pié d’un monte cerca de una fuente, En un bell prado muy verde y florido, Pasciendo estaba su triste sentido, Cogiendo flores un pastor doliente.
De mal d’amores era su accidente, Que sospiraba nombrando Cupido; Yo sospirando d’él fuí conoscido, Que amor dó reina descubre su gente.
Y platicando de nuestros amores, Cada cual dixo que fué su venida; Él iba en busca de sana-dolores,
Qu’es una hierba que d’amor olvida; Yo la que nombran acuerda amadores, Que cualquier calza segun su medida.
D’un árbol d’amor yo vi que colgaba Una guirnalda de muy lindas flores, Muchas pastoras y muchos pastores Se la ensayaban y á nadi encajaba.
Y en la cabeza que muy bien entraba, Era dichosa y amada en amores; L’árbol nombraban manzano d’amores, Y era malsano de quien no sanaba.
L’amor me mandó que yo me probase, Dixo riendo que d’él no temiese, Con grande temor probé esta aventura.
Y ántes fué seca que yo la ensayase, Porque esperanza ninguna tuviese, Qu’el engañoso jamas asegura.
SONETOS. 4. 7.
Linda Thamar, más bella que la rosa Del mes de Abril, cogida en la mañana, Saliendo el sol con su estrella Diana, Qu’en ver á vos se vuelve envidiosa.
El sol está miránd’os tan hermosa, Como el galan que mira su galana, Rie de ver á su estrella tan vana, Que competir no es bien con mayor cosa.
¿Qué haré yo mirando vuestra cara, Sino seguir al sol que os ha mirado Y sospirar de mi triste ventura?
Que no pensé que tanto me costára, Que por amar me viese despreciado, Que despreciar es contra la natura.
Supe d’amor una cosa excusada, Su condicion cual es en desdichados, Y díxome que los trae engañados, Promételes y no les tiene nada.
Quise dejar la empresa comenzada, Y en comenzar vinieron mis soldados, Temor y amor, que estaban espantados, Que yo de vos hiciese retirada.
Dixéronme, mejor es hacer cara Que no dejar de ver cara tan bella, Á bien ó mal venga lo que viniere.
Sin este mal, menor mal me matára, Que proseguir con muy buena querella, No muere no, que vive cuando muere.
SONETO INTERCALADO.
¡Oh quién pudiese vivir sin deseo Por no saber qué cosa es desear! ¡Oh quién pudiese nunca sospirar Por no mostrar l’amor qu’en vos no veo!
Son el deseo y el sospiro hermanos, Y mi tristeza d’ellos es su madre, Vuestro desden les es natural padre, Y yo el seráu de tales cortesanos.
Séos decir que mil requiebros siento Dentro de mí dó está vuestra idea, Que nadi hay que á vos, señora, vea,
Que no esté mal d’alegre descontento; Y es este mal como quien se sonrie, Que dentro llora y defuera rie.
SONETO. 4. 7.
Como el dulzor de la dulce armonía Hace acordar cualquier tiempo pasado, Tañendo yo, lloro de enamorado Lo que no soy, á lo que ser solia.
La suavidad de vuestra melodía, Si vos cantais sois como aquel pescado Que hace dormir lo que soy olvidado, Y hace ensoñar toda la pena mia.
Despiértame teneros en memoria, Qu’es un reloj que me está despertando, Y en acordar me hallo como añoria,
Que agua doy, mi gran ardor regando, Y siempre en vos hallo seca mi gloria, Que sequedad todo lo va secando.
SONETOS. 5. 6.
Nasció cuando os vi lo que no quisiera, Que siempre vivió de vos maltratado, Tuvo por nombre lo que m’ha quedado Desventurado, destraña manera.
Y es el mal hado que el cielo me diera, Él sabe por qué yo fuí malhadado; Que muere en nascer, cualquier desdichado, Que en veros mostró mi estrella quién era.
Parezco la flor que muere nasciendo, Que nasce en nascer la linda mañana Del Mayo gentil, que el mundo recrea.
Y dándole el sol se seca muriendo, Tal soy y seré por vuestra Diana, Que ver y cegar verá quien os vea.
Siempre querria con vos endeudarme Para deberos, y no estais contenta, Que nunca poneis la cruz en mi cuenta, Y en cruz me teneis por crucificarme.
No por rematar, mas por rematarme Haceisme la cruz, de muy descontenta, Yo digo que vos haceis la contenta, y vos decis no, por no contentarme.
Yo me pagára de ser mal pagado Para que vieran que no sois deudora, Que buen pagador de todos es grado.
Y vos, por mostrar no ser mi señora, Nunca mostraste que os fuese criado, Que muy mal querer se muestra do mora.
SONETO INTERCALADO.
Sintiendo voy d’amor gran agonía, La cara traigo de color de tierra, Ya viene por llevarme quien entierra, Que ya murió del todo mi alegría.
Matóla vuestra grande guerrería, Que siempre m’habeis hecho cruel guerra, Venciéndome en el llano y en la sierra, Que son mi corazon y fantasía.
Vos m’habeis hecho el corazon muy llano, Que guerra del amor lo allana todo, Y allanará la ciencia más subida.
Ganástesme el castillo, y castellano Mi entendimiento con mi leal modo, Que muy alto subir da gran caida.
SONETOS. 5. 6.
Del paraxismo d’amor voy tollido, Ya m’he venido d’aquel infernado Para sí mismo, Cupido malvado, Que sólo es de sí quien siempre lo ha sido.
Por vos me gané, por vos m’he perdido, Gané por servir y soy mal pagado, No quereis cuenta del bien que he gastado, Por no tomalla de haberos servido.
¿Qué os costaria decirme, burlando, Quieres ser sano, y yo que os dixese, Ya fuese por vos, pues soy vuestro, muerto?
Que no sana mal, que va deseando, Si no es con dotor que como vos fuese, Que bien aplicar da luégo en lo cierto.
Tiro mi querer el mal que tirado Lo malo de vos, que mal os hacia Mal paresceros de noche y de dia, Que dar mal por bien es mucho mal dado.
Vos estais sana, que y’os he sanado, Mata venado será mi porfía, Yo estoy malsano, morirme querria, Por ver si de vos sería llorado.
Soy como el ámbar que tira pajuela, Y así vuestro mal de vos á mí tiro, Que y’os doy mi fe que más nunca os duela;
Pues siempre seréis por quien yo sospiro, Que vos para mí sois siempre mi estrella, Mas yo para vos no soy lo que miro.
SONETO. 4. 7.
Rosa d’Abril, cogida en la mañana, Saliendo el sol con sus rayos dorados, Muy gran olor sentimos los penados, Pues huele bien lo que de vos nos sana.
El Dios d’amor os saca á la ventana, L’aire de vos da vista á los cegados, Milagros son que vos haceis contados, Dejaros ver por dar salud humana.
Cobran vivir mis cinco sentimientos, Vee mi ver en ver quien le ha cegado, El toque más que vivo ya se toca,
Gustar y oler reviven más contentos, Pues cobra más del que perdió el cobrado, Vive el oir oyendo buena boca.
SONETOS. 5. 6.
Yo sentí en veros el mal no temido, Por lo que dicen del mal de terciana Nunca fué visto, se toca campana, Tangan á muertos, que siempre lo he sido.
Malenconía de verme en olvido En las entrañas de vuestra desgana, Causaron en mí la vida malsana, Que vivo por vos, y nunca he vivido.
Terciana d’amor es mucho más fuerte, De frio mayor y más callentura, Que mis contrarios de vos y mí vienen.
D’estar fria vos mi frio es de muerte, De yo no lo estar la vida me tura, Que mal qu’es por bien extremos sostienen.
Señala las horas el Norte su estrella, Que Norte del cielo d’amor sois, señora, Mas nunca señala vengais en buen hora, Quien horas amuestra de muerte por vella.
Es muy mal agüero miralla y perdella, Su cara me dice que vaya en malhora, La mala ventura muestra do mora, Que vista señala lo qu’es de creella.
Es como quien pierde, quien ha de perderos El mar que navega de vuestra belleza, Qu’el Norte su estrella do pierde la cobra.
Pues va navegando por no meresceros Por Indias crueles de vuestra crueza, Que todo bien falta do mucho mal sobra.
SONETOS INTERCALADOS.
Pensando en vos está mi pensamiento, Alegre y triste por diversas vias, Dase á entender no sé qué alegrías, Que alegre error amando da contento.
¡Qué dulce rato, qué embelesamiento Es l’amador creer sus fantasías! Matar podrian estas niñerías, Que peligroso es gran contentamiento.
Provee amor con vuestra gran cordura Que en el placer se mezcle la tristeza, Mareas son de amor que mengua y cresce;
En la creciente sube mi ventura, En la menguante que es vuestra crueza Baja en l’amar d’amor quien n’os merece.
Dulce cuidado y amargo deseo Me tienen puesto en prision muy contenta, Contento estoy de vida descontenta, Pues fué por ver y por lo que no veo.
No sé yo cómo ni con quién peleo, Que con mi cuenta no se traiga cuenta, Todo lo veo mucho á mi descuenta, Mi mucho amor y el que de vos no creo.
¡Oh dulce mal con hiel siempre á la boca Acaba ya de darme muerte ó vida Por ver cuál es el fin de mi ventura.
Si soy de vida, ¿cómo es ya tan poca? Si soy de muerte, acorta mi partida, Que mal d’amor sin fin no tiene cura.
Dixo la Reina: Don Luis Milan, por vida de Matalinda y Matacruel, que canteis las coplas que por esto hecistes, y de palabra nos conteis la historia.
Señora, porque sepan mejor las coplas á vuestra alteza, ántes de cantar diré lo que me siguió: Yo hablaba algunas noches á una burladora que servia, y cada noche la desconocia, que todolo suele mudar el engañar. Yo le dixe: Tantas mutaciones de hablar haceis, que no sé con quién hablo: decíme ¿cómo habeis nombre? Respondióme: A mí me dicen una noche Matalinda y otra Matacruel. Díxele:
Si con tantos servidores No poneis tela, señora, No sois buena burladora.
Por eso Joan Fernandez jura muchas veces por vida de Matalinda, y don Francisco os dixo en una fiesta: Ios para Matacruel; que por bajo que lo dixo, mucho más bajo fué él que no se ha de descuidar el buen hablar. Bien será porque sepamos que baile de tres bailamos; que d’esto unas coplas haga, y serán reseña y paga para pagar tales fiestas, y son éstas:
Gran bien es pensar en vos, Y gran mal tambien, señora, Contemplaros matadora Para dar muerte á los dos.
La vuestra quiero mostrar, Que ya os huyen de cruel, La mia no es de dudar, Que Cain sois en matar, Yo en morir un otro Abel.
¿Matalinda no bastára Que os quedaba por renombre, Que Matacruel por nombre Os pregonan cara á cara?
Dejad nombre de traidor, Que cruel sabe á traicion; Todos os tienen temor, Sino yo, que os tengo amor Á razon ó sin razon.
Si lo haceis porque n’os sigan, Siendo más para seguiros, Es vos misma perseguiros Que Matacruel os digan.
Como hierba os dejarán No cogida de recelo; Que en los berros la hallarán, Y en veros luégo dirán Huyamos del anapelo.
Muy mejor seréis nombrada Matalinda de lindeza, Que del nombre de crueza Quedaréis desacatada.
Que si á vos os van nombrando Matacruel de crueldad, Quedaré por vos en bando, Y con todos peleando Que es mentira la verdad.
Bien sé que os enojarán, Mas debeislo de sufrir, Cuando vos oiréis decir: No lo hagais, no lo dirán.
Basta que lo vengue yo Con obras, y responder Que si en otras amargó, En vos dulce paresció Lo que amor nos da á comer.
No penseis que voy tras pago, Que bien sé con qué pagais; De vos misma os olvidais, Cuanto más de lo que yo hago.
Aunque más está en razon, Que haceis del olvidado, Para dar satisfaccion, Que teneis por condicion Corazon desacordado.
Vos teneis mucho por gala Reiros á costa ajena, Es muy mala para buena, Y muy buena para mala.
Si al contrario paresciese, Muy mejor paresceria, Porque de vos se dixese: Quien de vos, señora, fuese, De ninguna más sería.
Mudad de costumbre ya, Que por vuestro bien lo digo, Y haréis de todo enemigo, Que enemigo no será.
Si me fuesen más traidores Que fué Júdas para Dios, Por oir de vos loores, Más quiero competidores Que velles huir de vos.
Dixo el Duque: Don Luis Milan, si os cansais de cantar, n’os canséis de contar más sonetos, que no son para cansar los graciosos sonsonetos.
Dixo don Diego Ladron: y decidnos la razon cómo quedará un soneto para que sea perfecto.
Item, don Francisco dixo:
Por quitar un dixo dixo De perversos pareceres, Que juzgan á sus placeres, Decidnos lo que sabeis De los sonetos que haceis.
Joan Fernandez se rió y díxoles: Aquí estoy yo que lo diré.
Ellos han de ir muy derechos, Que no puedan coxquear, Porque el morisco Alatar No los vea ir contrechos.
Item, más han de mostrar, El sol que no esté nublado; Que no vayan á buscar Lo presente y lo pasado De la razon, Que nublados muchos son.
Item, más han de tener, Que si querrán dellos coger Frutos para alguna dama, Que no sean todo rama, Que enramadas son de fiestas De verano Los que son pajar sin grano.
Item más no queden frios, Que si dicen desvaríos En los modos del hablar, Guárdense de no topar Con don Artal.
Dixo don Luis Milan:
Burla burlando, El Joan dixo verdades, Que burlas no son maldades Avisando. Y pues ya no he de cantar, Sino contar los sonetos, Bien podrémos discantar Los sonsonetes.
Y comiencen á templar, que bien hay que discantar en mí.
SONETO. 4. 7.
No porfiar hablando descontentos, Dos cosas son que dan bien al oido, Sabido ser y ser muy bien sufrido, Que la valor sufrida es en tormentos.
Dama real, vos dais merescimientos Como da el Rey, que todo l’es debido; Mas crueldad y desagradescido, Parescen mal en todos estamentos.
Mi reina sois, yo soy vuestro vasallo, Mandar podeis á tuerto ó á derecho, El tuerto soy, pues vos me habeis cegado.
Derecho no, que cojo y manco me hallo, Su crueldad me tiene muy deshecho, Por bien mirar me veo mal mirado.
Dixo don Diego: Templado ó destemplado, yo quiero discantar sobre este soneto, que yo sé una glosa d’él y es: Que don Francisco y Joan Fernandez servian á dos viudas que en una casa estaban, y burlaban d’ellos en secreto, y en público no traian cuenta con ellos. Solian hablar alguna noche de una ventana, y ellos de una huerta, y de muy enamorados, algunas veces se desconcertaban, y ellas les decian: Don Joan tuerto, todo estais un desconcierto. Y él respondia: Si he hablado desconcierto, allá me teneis un concierto. La otra decia: Don Cojo Francisco, ¿quién os puso en tal arrisco? Respondió él: Si soy don Cojo Francisco, allá me teneis un pellizco. Y ellas, enojadas de alabarse de lo que no era verdad, me contaron que una noche les dejaron entrar en casa para pagarse d’ellos, y encerrólos en una cocina una criada d’ellas, diciendo que allí estaban más secretos; y las viudas de una ventana hacíanles arrojar un agua almangrentada á sus criadas, diciendo todas: Don Joan tuerto deslenguado, bien estais almangrentado; tomad, don Cojo Francisco, pues mentis con el pellisco.
Y fuéronse como merescian por el terrado de casa, que les dió salida una vecina.
¿Qué meresce quien deshonra? Que no se le haga honra.
Dixo don Luis Milan: Hagamos honra á este
SONETO. 4. 7.
Yo retraté su gesto muy hermoso, Y téngole perfeto retratado, Cuando no estais haciendo el desdeñado, Que feo está mirar muy desdeñoso.
Rato me dais que no sé qu’es reposo Cuando mirais, mirar desamorado; Tal me parais, de vos muy mal parado, Que muérdome las manos de rabioso;
Y en veros tal, rabiosa por matarme, Corriendo voy á ver vuestro retrato Por descansar mirand’os en pintura.
Y el dios d’amor, por más desengañarme, Húrtamela por darme muy mal rato, Que del mortal le huye su natura.
Dixo don Francisco: Señor Duque, este soneto recita la farsa que Joan Fernandez hacia, y era que en su oratorio tenía el retrato que hurtó á don Luis Milan de la dama que servian, y en ella hacerle mala cara, luégo le decia: Yo me voy á ver vuestro buen gesto, pues este que me haceis no es sino el de Marifea, vuestra favorecida; que el compañero sella como sello. Y con gran prisa iba á su casa, y algunas veces no hallaba el retrato, y él decia cantando:
¿Dónde estás, que no te veo? ¿Qu’es de tí, pintura mia? Vuelve, que verte deseo, Si estás en la morería.
Y esto cantaba porque sospechaba que una mora hechicera, de quien él estaba hechizado d’amores, se la tenía, porque le dió á entender qu’el dios d’amor se lo traia. Y era que una criada de su mujer se lo llevaba á la mora para composar á Joan Fernandez cuando se lo volvia, partiéndose las dos la composicion.
Dixo don Luis Milan: Tan buena me ha sabido la glosa, que por oir otra diré luégo este otro
SONETO. 4. 7.
Seguir á quien ningun respeto tiene Sino mandar y nunca ser mandado, Es de cruel que manda su criado, Y d’este mal alguna merced viene.
Mas yo de vos, por más y más que pene, Por bien servir no soy galardonado, Mas de tener por vos ser muy honrado, Que mal qu’es bien en honra nos sostiene.
Contento estoy d’estar en vuestro puesto, Vos no debeis del mio estar contenta, Pues nunca estais en puesto de mi juego.
Parésceme juego de cañas esto; Tirámosnos las cañas d’esta cuenta, Yo juego bien, y vos haceis mal juego.
Dixo Joan Fernandez: Adargaos, don Diego, que vos recebiréis. Bien se os acuerda que una vieja de sesenta años se os hacia moza de afeites y mechuelas de cabellos rubios, dándole á entender que la servíades: Que la natural cordura en ningun tiempo asegura; y vos íbades tras una sobrina suya secretamente, y cuando ella se dió cata del engaño, matábala á pellizcos, diciendo: Toma, porque te festeja don Diego el desbocado, que á tu puesto se es pasado; y la sobrina, pellizcada por vos, en una fiesta os dixo:
No me sirvais, caballero, Ios con Dios, Que pellizcada voy por vos.
Dixo don Luis Milan: Si Martina bailó, tómese lo que ganó; porque baile otra Marina, quiero decir otro
SONETO. 4. 7.
Espejo sois d’amor desamorado Para quien es á vos muy enojoso, Mírase en vos, y no se ve hermoso,
Que feo está un rostro desdeñado. Y el que será muy hecho á vuestro grado Parecerá Narciso glorioso, Que gentil es un feo venturoso, Y no es gentil quien es desventurado.
Tal os miré, cual quedo por memoria, Un Lucifer muy desfavorecido, Vos un Luzbel de muy gran hermosura.
soy Luzmal, caido de la gloria, Pues deseé ser yo con vos unido, Que pena da lo que se desmesura.
Dixo don Diego: Juan Fernandez, este soneto os va cantando: Joan, arte, Joan, arte,
Buen caballero probado, Acordarte se debria D’aquel buen tiempo pasado.
De lo que pasó por vos, que diciendo muchas veces: Espejo mio, espejo mio, á una cara de luna de fuego que vos servíades, que pensando que la motejábades, se enfadó tanto desta frialdad que os dixo: No me lo digais más, que me enojais; y estando un dia enrubiándose los cabellos en su terrado, y vos escondido en un gallinero de su casa, hecistes el gallo porque se volviese á miraros, y en veros le dixistes: Espejo mio, y ella os le tiró á la cara diciendo: A quien no pensando enoja, volvelle la hoja. Pues tan bien me pagan, hé aquí un otro
SONETO. 4. 7.
Nunca pensé que mal por bien viniese, Y mal por bien por vos me ha venido, Vínome: el mal, y todo m’ha tollido, Que mal frances pensé luégo que fuese.
Yo le rogué su nombre me dixese, Y díxome: yo soy nombrado olvido, Vengo á matar á quien bien ha servido, Que el dios d’amor mandó que yo lo hiciese.
Doña cruel tu dama fué la parte, Ventura el juez, yo soy verdugo della, Dice el pregon: éste es el desdichado.
Que siempre fué d’amor un Durandarte, Y mándanle que muera por no vella, Que muerte dá no ver lo deseado.
Dixo Joan Fernandez: Don Diego, este soneto debia ir como carta nueva por Valencia cuando fuistes infamado de mal frances, que vuestra dama os dixo en una fiesta: No se llegue más á mí quien se pasa á los franceses; y una amiga suya lo declaró, que no se debe declarar lo que puede enojar, y dixo: Eso mal frances será, señor, de bajo amor. Otra dama dixo: No es ese mal por cierto, sino que su dama le ha dicho que no la vea ni oya mas, y él, por obedecerla, trae la gorra encima de los ojos por no vella, y algodones en los oidos por no oilla; que por esto sacó un ahorcado en una justa, con este mote: ahorcado amador, ni ve ni oye d’amor.
Dixo don Luis Milan: Resucite el ahorcado con este
SONETO. 4. 7.
Temor y amor, amor es verdadero, Y de temor en veros me santigo, Pregúntanme si veo al enemigo, Yo digo sí, que de enemiga muero.
Y del amor queriendo como os quiero, Vengo á temblar si alguna cosa os digo, Por acertar errando voy conmigo Que ce por be y’os digo en cuanto quiero.
No respondeis; si toco vuestra aldaba Dais en callar, al son de mi sospiro, Vengo á parar en mármol convertido.
Y para estar como primero estaba, Despárame Cupido nuevo tiro, Que nuevo mal recuerda amortecido.
Dixo don Diego: Yo traia una dama á vesita un dia, y salió tras canton un caballero, y en topar con nosotros se santiguó; yo díxele: Joan Cruzado, ¿de qué os santiguais? ¿veis al enemigo? respondióme: Sí, que de enemiga muero. Pareció tan galan, que no quisiera que tambien nos pareciera el señor Joan Fernandez.
Dixo don Luis Milan: A este cuento no se ha de responder agora por no estorbar este
SONETO. 4. 7.
La perramor es esta perra mia, Que pena fué, pues me mordió rabiando, N’os enojeis si os voy acomparando Al animal que más veros querria.
Es muy leal á aquel que dél se fia, Es todo amor á quien lo está halagando, No es ella ansí, mas siempre va ladrando Para morder lo que sanar debria.
Curar debeis la llaga que me hecistes Con piedad que damas hermosea, Que, vivo yo, mejor seréis servida.
No seais vos lo que no sois ni fuistes, Que puesto que sois de hermosura dea, Lo que no es Dios no sea mata vida.
Dixo Joan Fernandez: Con otro cuento muy mejor respondo á don Diego Apodador; y es éste, que los dos nos hallamos en una vesita de damas en casa de mi hermana doña Marquesa, y él vendió este soneto por suyo, y díxolo para decir perra á una que servia de las que estaban allí, y su dama le dixo: Don Diego Perramor, ¿de quién andais servidor? Respondió por él un otra dama, que él se lo rogó: De sí mismo se enamora, que Perramor es su señora. Dixo otra: Y cuán perro es el señor que mordiendo va d’amor. Y vos os fuistes, un pañizuelo rasgando, como perro rabiando.
Dixo don Luis Milan: Pues Joan Fernandez se ha vengado, oyan si querrán oir otro
SONETO. 5. 6.
Quien osaria por mucho que osase, Tener tal ser de ser atrevido, Probarse con vos á brazo partido
Si no fuese ya que desvariase, Si mi loquear en esto parase Pues fuese por vos su seso perdido, Meresceria lo que es merescido, Quien hizo al loco que le perdonase.
Á ley de razon si estoy loqueando, Pues vos lo causais, yo soy desculpado, Que no tiene ser quien es para poco.
Si loco con vos me viese luchando, Debria de ser de vos perdonado, Que no es buen amor si no es amor loco.
Dixo don Diego: Este soneto hará saber á quien no sabe unos requiebros lirianos, que en Liria dixo el señor don Joan Fernandez, y son éstos; hallóse en una vesita de una partera liriana, que le tenian hecho un liriano de amores, y díxole este soneto que habia amparado á don Luis Milan, y en haberlo dicho desampararon las mujeres la vesita, pensando que quisiese luchar con alguna de ellas, que de todas iba servidor á jornadas; y él se fué tras ellas diciendo: no le huyais al loco de amor si es buen luchador. Dixo don Luis Milan: pues se vió tan mareado el señor Joan Fernandez en Liria, oya al propósito un otro
SONETO. 4. 7.
El marear que el mar d’amor nos hace, Es muy peor qu’el mar que se navega, El mar d’amor muy más veces reniega Y mueve más, pues con placer desplace.
Desplácenos con lo que más nos place, Con el mirar que nos contenta y ciega, Y este placer á mucha gente niega, Y en tierra y mar amor hace y deshace.
Digámosle del mar suyo almirante, Que es el marqués de libertad perdida, Duque tambien de voluntad humana.
Conde de paz, sino reina levante, Y rey del fin y reina sin medida, Que amor es rey do voluntades gana.
Dixo Joan Fernandez: Este otro soneto hará saber cómo le fué al señor don Diego acompañando unas damas que fueron á ver las galeras de don Álvaro de Bazan, y en ser luégo en barca se mareó en tanta manera, que le pusieron nombre don Diego mareado, y volviéronlo á tierra y á su casa en una litera á la noche, y las damas le iban cantando:
Mal amar os prueba mucho, Caballero, Debe ser de mal parlero.
Y él respondió:
Mareado estoy d’amor, Que dado me han competidor.
Dixo don Luis Milan: Para sanar este mareado d’amor que se conhorte con lo que dice: Solatium est miseris socios habere penates, doy este
SONETO INTERCALADO.
Soñado he lo que no fué soñado, La triste muerte de Leandro y Hero, Amor y muerte fué con ellos Nero, Que amor se vuelve muerte al desdichado.
De su torre por él se ha arrojado En ver que se ahogó su caballero, Pasando el mar d’amor tan verdadero, Sus vidas con sus muertes han casado.
Tal soy, como Leandro, más que muerto Por olas d’este mal de mi enemiga, Vos no sois Hero, sino Nero mia.
Aquél pasando el mar gozó de puerto Los dias que vivió con su fatiga, Yo por mejor Leandro ser querria.
Dixo don Francisco: Mejor se hallaria ahora una Nero á cada paso que media Hero en medio mundo.
Dixo la señora doña Leonor Gualvez: Por no haber ya ningun Leandro no se halla Hero alguna.
Respondió Joan Fernandez: Esta casta de enamorados yo la he conservado hasta agora, que no ha mucho que estaba yo hecho un Leandro medio muerto de amores al pié de una torre, y no faltó una Hero que pensando que yo estaba muerto se quiso echar, si yo no echára de presto un sospiro que la detuvo, que no se echó de la torre abajo por mí, y dixo: A no sospirar mi Leandro, yo me desesperaba como Hero.
Dixo don Luis Milan:
Nunca fuera caballero De damas tan bien querido, Como fué Joan Leandro De una Hero que no ha sido.
Y no porque no se hallen Heros y Leandros, mas no se hallará Leandro en tal Joan, que sus amores flojos van;
Pues que no osaria nadar Por aquel brazo de mar, Que á nado le pasaba Leandro cuando nadaba, Una legua por la mar, Para á su Hero llegar.
Dixo la Reina:
Perdido se ha l’amor En Valencia, Aunque no en una excelencia.
Respondió el Duque:
Ni ménos perdido le han Un alteza y un milan.
Replicó la Reina:
Para hacer que no me enojen Sus amores, Sácame mis burladores.
Dixo la señora doña Margarita de Peralta:
Ya no se hallarán Leandros Amadores, Sino landres en amores.
Respondióle Joan Fernandez:
Pues yo sé una Hero sin falta, Qu’es una linda Peralta, Que el galan que la sirviese, Leandro por ella volviese.
Dixo la señora doña Beatriz de Osorio:
Si un Leandro verdadero Fuesen hoy dia á buscar, Para nunca sospirar, En don Diego Maltequiero Este amor podrán hallar.
Respondióle don Diego Ladron:
Si una verdadera Hero Buscan para burladora, Osorio es esta señora, Que se nombra doña Nero.
Dixo la señora doña Marina de Tobar:
Si un Leandro amor se hallase, L’amor resucitaria; Y si mucho se buscase, En don Francisco se hallaria.
Respondióle don Francisco:
Señora doña Marina, Si en ella un Hero viese, Y Leandro me volviese, No me ahogue su Marina.
Dixo don Luis Milan: Hero en latin quiere decir yo seré, si una Leonor Galan d’esto se quiere servir, la serviré.
Respondió la señora doña Leonor:
Si Leandro quereis ser, ¿Cómo puede faltar Hero Á un amor muy verdadero?
Dixo el Duque: Ya veis cuán infamada está Valencia, que no hay amor en ella; y esto no viene sino por un gran descuido que se tiene, que no quieren ser buenos oficiales los caballeros en su oficio, que es saber á maestro en todo lo que no debe ignorar un caballero, que para ganar buen nombre críanos naturaleza, y quiere que se ayude el hombre; y exercitándose en las virtudes, el cielo da la gracia para alcanzarlas y la paga para remunerarlas, porque no hay bien sin amigo ni mal sin castigo: y así como la verdadera justicia remunera lo bueno y castiga lo malo, los príncipes para ser buenos deben galardonar á los buenos y castigar á los malos, que el galardon hace los hombres mejores y el castigo que no sean peores. Mucha culpa tienen los padres si sus hijos se pierden á culpa dellos, pues hay algunos que tienen más cuidado de hacer un buen caballo que un hombre bueno; y por esto dixo un cortesano portugues, á quien fué demandado qué le parescia de una ciudad muy nombrada que habia visto: Heu e visto muytos homos boos para cavalos e muytos cavalos boos para homes; queriendo decir lo más malo que una república podia tener y lo mejor que poseer debria, que son hombres, como hacia un filósofo viendo su ciudad de Aténas muy perdida por falta de hombres, que iba de dia con una lanterna encendida poniéndola á la cara de cuantos topaba, y decíanle qué buscaba, y él respondió: Busco hombres y no los hallo. Y por esto don Luis Milan dixo que el caballero bien aderezado sólo de cuerpo, y no de alma, le podrian decir don Pedro Mula ó don Juan Caballo; y tornando á nuestro propósito, para que el amor se cobrase en Valencia, sería menester hacer leyes para algunas damas, que no se descuidasen de hacer lo que deben, y á los caballeros que supiesen cómo las han de servir, y sería de parescer que mañana, despues de haber comido, acudiesen aquí las damas que venir querrán, para que se hiciesen á voluntad de todos estas leyes, que no reina amor ni rey sin tener ley. Paresció bien á todos, y quedaron con este concierto.
El otro dia no vieron el hora cómo acudir y acudieron muchos caballeros y damas á esta sala-córte, que se tuvo en la sala mayor del Real, donde el Duque y la Reina se pusieron sobre un teatro de quince gradas en alto, y los caballeros en un cadalso y las damas en otro, y el Duque proponiendo, dixo: Señores, Valencia está muy infamada por todo el mundo, de muy desamorada, que ningun amor hay en ella; para que se cobre el amor y la fama della, fuy de parescer que, á voluntad de todos los que aquí están, se hagan leyes para que las damas sean bien servidas, y los caballeros que lo habrán menester sepan en qué las han de servir, y diga cada uno de qué está agraviado del otro, y concertados todos haráse ley sobre ello.
Comenzó don Rodrigo de Borja, y dixo: Yo estoy agraviado d’esto que hacen las damas, no dan crédito en amores que caballero tenga amor, y hanse vuelto burladoras, y el galan más burlador, que perdido el crédito se pierde el amor.
Respondió la señora doña Ángela de Aragon y del Milan, condesa de Almenara, y dixo: Señor don Rodrigo, si las damas lo son, no han de sufrir á los caballeros que digan á la que sirven requiebros sin sospirar, que es indicio de burlar, ni ménos se requiebren sino con sus damas; que l’amor que es chocarrero, no sospira y es parlero.
Sobre esto hizo el Duque esta primera ley:
Lo que está en ley sea ley Que sospire el servidor, Y si no es sospirador, Tenga con su dama ley.
Y será la que y’os digo Que requiebro nunca diga, Sino sólo á su amiga, Sino, denle al enemigo.
Dixo don Diego Ladron: yo estoy muy agraviado de la mala condicion que las damas tienen, que siempre nos muestran zuño, que nublos de piedra son zuños de mala condicion, y temiendo de pedradas huimos de nuboladas.
Respondió la señora doña Mencía Manrique: Señor don Diego, merescen ser apedreados y ver zuños muy nublados los que tienen tan poco miramiento, que sin saber la condicion de su dama la sirva el caballero, pues es cierto, quien contra condicion irá, piensa servir y enojará.
El Duque rió mucho de los zuños nublados, y hizo esta segunda ley:
Deben saber la condicion De cualquier servida dama, Para bien servir quien l’ama, Pues está mucho en razon.
Que contentacion no da Sin la condicion seguir, Que pensando bien servir, Deservir parescerá.
Dixo don Berenguer Aguilar: Yo tengo un agravio de las damas, que son mucho descuidadas, que nunca responden á lo dicho sino, ¿qu’es eso que me habeis dicho? que nunca bien responderá quien nunca está en lo que está.
Respondió la señora doña Castellana Belvis: Señor don Berenguer, si lo que me han dicho es verdad, vuestra merced más tira á engordar que á festejar; y si es ansí, los descuidados con descuidos son pagados.
El Duque hizo sobre este caso esta tercera ley:
No deben ser descuidados Que muestran desamorados, Que descuido es accidente Que muestra quien poco siente.
El que falta en aguardar Falta muestra en el amar, Qu’el amor muy más se muestra En las obras que á la muestra.
Dixo Joan Fernandez: yo tengo un muy grande agravio que las damas nos hacen, y es la deslealtad que tienen, que poco há se estaban alabando en una vesita, deciendo: Pues tenemos el palomando sobre los amadores, hagamos que sientan el palo porque no tengan el mando.
Respondió la señora doña Hierónima su mujer: Tostemps feu lo Margarit, per vesites aguartant encenser que va encensant, fum de noyes vos han dit.
Dixo el Duque: Nunca mejor apodo se dixo, encensero de humo de nuevas. Señor don Luis Margarit, avisadamente dió ocasion la señora doña Hierónima que hablase, que mucho se pierde en callar un buen hablar; y escuchen, que á todos comprende esta cuarta ley.
Nadi sea desleal En obrar, mirar, ni hablar, Que traicion es en amar; Vamos todos al igual.
Y para muy justa ser Tengan libertad si quieren, A quien ley no le tuvieren Que no la haya de tener.
Dixo don Luis Margarit: Señora doña Hierónima, pues me hizo encensero, yo quiero encensar para humo quitar entre damas y caballeros; Cupido me aparesció esta noche pasada y díxome: Tú has de proponer mañana en la sala-córte un agravio que se hace muy grande en los amores, que da ocasion de mucho mal y es éste; que los enamorados nunca deben reñir con sus competidores, por no dar que hablar á miradores echando juicios temerarios sobre las honras de las amadas y amadores, que la causa del reñir ha de ser para alabar y no infamar. Mas no deben negarse las cortesías á la italiana; háblanse sin tener gana por quitar mal decir y mal pensar, y la estrecha amistad no la deben detener, que es muy malo de comer, en la mesa, que es traicion ó gran simpleza. Que la dama no sea fia, de simple ó falsa compañía; y es de tener por mucho mal parecer.
Respondió la señora doña Hierónima: Ab molta raó he donat occasió que vossa merce parlas. No se puede decir más donde responder es ménos.
Al Duque le paresció muy bien, haciendo sobre esto esta quinta ley:
No paresce bien que sirve Reñir con el competidor, Qu’es locura ó poco amor El que sirve si desirve.
Y da mucho que hablar De lo que no es bien decir, Y si debe de reñir, Sea para más honrar.
Dixo don Francisco Fenollet: Un grande agravio quiero proponer por parte de la Vénus, madre de Cupido, qu’esta noche me vino en sueños y díxome: Mañana en la sala-córte has de proclamar que no se consienta mentir mal, sino bien, en los amores; yo le dixe que me dixera cuál era mal ó bien mentir. Respondióme: Aquel es mentir bestial, qu’es causador de mucho mal, y el que mal no puede hacer es mentir para placer. Entendido que hube que hay buenas mentiras, yo desculpé á Joan Fernandez de sus cuentos, pues no son yerros, aunque lo son por ser de baja nascion, que de bajos podrian ser contrabajos de música desentonada, pues que todos son risada para bocas de reir, que se rien sin sentir, como papagayos son risueños sin intencion.
Dixo la señora doña Violante Mascó: Si supiese quién sana de mucho reir querria desto sanar, para no dar que hablar si rio de no sentir, qu’es peor que mal pensar.
Dixo el Duque: Tan bien me ha parecido lo que ha dicho la señora doña Violante como todos lo verán en esta sexta ley:
Cuando no s’ha de burlar Nadi sea fementido, Que no debe ser creido Quien no puede acreditar.
Y lo que burlar se puede, Sea para dar placer, Mentir con tan gran saber, Que por verdadero quede.
Dixo don Luis Vique: Esta mañana, cuando amanescia, entre durmiendo y velando, sentí una voz de mujer que mostraba ir en pena como la que sintió Julio César, estando para pasar el rio Rubicon, cuando se determinó hacer guerra contra los romanos sus enemigos, que por lo que le dixo esta vision, vino en conocimiento ser la ciudad de Roma, que le contó las grandes fatigas que sintió por las crueles guerras y mala voluntad que entre sus ciudadanos habia; por donde yo tambien he venido á conoscer quién es ésta que me aparesció. Y es la ciudad de Valencia, diciendo que yo hiciese una figura que la representase delante vuestra excelencia para que la desagraviase de los agravios que está agraviada; y dejóme en un papel escrito todo lo que por parte suya se habia de suplicar. Ya la veo entrar, desagráviela vuestra excelencia para que torne á ser Valencia. Hecha la entrada y acato debido al Duque, dixo:
Excelentísimo señor, yo estoy agraviada de las damas que están hechas tan á su placer, que todos los servicios que les hacen sus servidores los toman á burlas; que no es de burlar lo que no se debe olvidar; y aunque todo se les debe, debrian quedar deudoras para mostrarse agradecidas y no desconocidas. Yo me veo muy mal pagada dellas, que siendo mis hijas me hacen obras de enemigas; pues con los menosprecios que hacen se retiran los que las sirven de servirlas, que bien dice este dicho: Por do se piensa ganar se pierde el desengañar. Piensan ganar mucho con despreciar algunos que no son para servirlas ni para ser sus criados, y ellos quedan sin oirlas ni verlas de maltratados. Que no es bien dar ocasion perderse la reputacion, pues la dellas y dellos se pierde en perderse la crianza, que cada uno dellos podria decir al otro, viendo la vuestra se pierde la mia. Suplico á vuestra excelencia, pues ha hecho leyes para los caballeros, se haga para las damas; y todos haciendo lo que deben yo seré Valencia, que agora no soy sino Desvalencia.
Luego salió con un agravio don Joan de Cardona y dixo: Señor, yo estoy maravillado de las damas, que por haber la primera dellas sojuzgado al primer hombre, quieren tener el mando sobre nosotros, que nunca mejor cosa se dixo, que decille palomando, haciendo al hombre palo, y á la mujer mando. Y no lo digo por los casados que no están desto agraviados, sino de los por casar, que mejor paresceria no fuesen maltratados los que no pueden llegar con quien aman á ser casados, que si no son para maridos en más deben ser tenidos, en servir sin esperar galardon por bien amar; y por esta razon las damas se debrian dejar servir de todos los caballeros, porque no se pierda lo que tanto se gana.
Respondió la señora doña Margarita de Peralta, y dixo: Mucho se ha maravillado el señor don Juan de Cardona, y ha quedado una flor de maravillas, que huele bien lo que ha dicho y parece mal, pues no se usa; temiendo estoy que se han de secar sus flores á la salida del sol de mi razon, que ya sale y digo: Que del palomando que ha dicho, lo mejor d’este nombre es que el hombre sea palo para sostener el cuerpo de los trabajos que tiene el deseo del amor, y la mujer ha de ser el mando para moderar su mal desear de los apetitos desmesurados que vuestro Cupido tiene; y si á vuestra excelencia le parece que yo he ganado este palomando, qu’es tener nosotras el mando para que no se desmanden los malos deseos de los que nos sirven, póngalo en la ley que se ha de hacer.
Dixo el Duque: En razon está todo cuanto ha dicho la señora doña Margarita de Peralta, que su nombre dice: Per alta piace, como dirá esta séptima ley:
Por alta place la dama Que bien mandando manda, Pues que no se desmanda, Mande la buena fama.
Quiero decir, señores, Que el mando esté en mujeres, Por moderar placeres Que gastan los amores.
Don Joan de Cardona salió con otro agravio, y dixo: Los caballeros estamos muy agraviados de las damas que no se quieren tener á ley, mostrando la poca que tienen en dejarse servir de muchos caballeros; y si dicen que nadi puede forzar á no ser bien quisto es muy gran verdad, mas puédense mostrar con demostraciones las intinciones, que en la cara pueden ver lo que siente de pesar ó de placer. Responderán las damas que si no se puede atajar de ser amadas, ménos se podrá excusar si l’amor les hace fuerza para amar, y páguenme de procurador por haber respondido lo que nunca respondieran; porque jamas han otorgado, que mujeres han amado.
Dixo la señora doña Beatriz de Osorio:
No hay don Joan más avisado Que sólo en él paresce bueno, Si habla el suyo y l’ajeno.
Una cosa me paresce decir que se ha olvidado, que aquello que no toca, suélelo callar la boca, y es que si la dama muestra estar descontenta del que la sirve, sea desculpada quien no consiente ser amada.
Dixo el Duque: Muy poco trabajo hay de hacer leyes entre los muy bien hablados, que hablando hablan leyes avisados. Y pues ya está platicada diréla más abreviada, esta muy importante octava ley:
Las damas que con ley van, Nunca deben consentir Que las haya de servir Sino sólo su galan.
Si no se puede atajar, Muestre con demostracion Que no está en su corazon Lo que no puede excusar.
El almirante de Aragon salió con luto por la muerte de don Berenguer Mercader, que murió d’amores por una crueldad que las damas usan, y dixo: Grande agravio nos hacen las damas, que siendo gasta hombres, no quieren dalles adobo, que á ser guantes los adobarian No sé qué sufrimiento basta, que una dama de nuestra tierra la haya puesto sobre los ojos al muerto qu’he nombrado, porque le vino cuerdo para servirla, y ella le volvió insensible de mucho sentir lo que le despreció. Razon sería que al servidor, que le trastornan el seso, diesen adobo con ámbar de bien tratar, y almizque le compasion y que dixesen: Cuerdo es bien amador que pierde el seso de amor, y si no pudiera hablar, diga yo le haga callar y diga, si locuras dice, no me enoja lo que dice, y si dice necedades, conténtense de haber traido al hombre fuera de sentido.
Respondió la señora doña Marina de Tovar: Muy bien ha pintado el señor Almirante á su placer y á nuestro pesar, si él fuera dama peor le sabria sufrir locuras y necedades en amores que ganarle sus competidores; yo quiero ser de su parte, pues es el todo de la razon, que en ley está, quien hizo el loco que lo sufra, como dice este cantar: Quien gasta debe adobar.
Dixo el Duque: No se debe responder donde todo es aprender, y doy por respuesta la vuestra plática, que es esta novena ley:
La dama que su hermosura Hace al hombre enloquecer, Quien hace el seso perder, Súfralo como cordura.
Que de ser bien avisado, Se pierde el seso por amar; Adóbelo para adobar Lo que muy bien ha gastado.
Don Miguel Fernandez dixo: Si no fuese gastar el dia llorando, demandaria justicia d’esto. Las damas ayudan á mal morir á sus servidores, que riendo se mueren de amores, y el hacer morir riendo es matarnos halagando. Yo creo que les dan á comer de la hierba de Cerdeña, que se dice matariendo, que riendo d’él se muere, quien do no le quieren quiere; y ésta es la hierba de Cerdeña que le dan, que por ser de mal querer, qu’es mala tierra, con la vida nos entierra. Yo, señor, suplico por vos á vuestra excelencia, y por todos los enamorados, que por esto ley se haga, que no den reseña y paga en amores burlar de los servidores á cada rincon, qu’es matar á gran traicion, como muestra este dicho: La autoridad de matar no la tiene de burlar.
Dixo la Reina: Don Miguel, vos habeis puesto en el baile del amor á quien más que todos baila, que es el Duque, mi señor. Yo quiero responder por las damas, que las hecistes hechiceras con la hierba de Cerdeña, que vos le pusistes nombre matarriendo, y la vuestra se dice mátalascallando, que vuestra mujer lo dice, que sois desencamina casados. No sé por qué habeis demandado lo que no habeis menester, que negar se le puede á quien pide lo que no debe. Vos nunca sois estado en la cama por amor, y temeisos de morir, y más será del desamor que teneis, que todos mueren éticos d’ese mal; yo sería de parescer que no se haga ley, para que las damas dejen de burlar de burladores, que sería desigual en los amores.
Dixo el Duque: Santiguar me quiero para esta ley, pues no puedo sino hacer justicia, y temo de ser justiciado de la Reina, mi señora, que ya sin esto es matadora, cuanto más haciendo esta ley, que todas cantarán contra mí:
Enemiga le soy, madre, Aquel caballero yo, Mal enemiga le só.
Yo sé que les pasará el enojo cuando se verán mejor servidas con esta última decena ley:
No burlen más de galanes, So pena de ser burladas, Que seguir malas pisadas, Se pierden los capitanes;
Y tambien las capitanas, Que si más se burlarán, Lo que d’esto ganarán, Correrán carreras vanas.
Dixo el Duque: Señores, yo les quiero convidar á lo que soy convidado. Bajemos á la huerta, que mis cantores quieren hacer la fiesta del Mayo que hacen en Italia, y con razon meresce ser tan celebrado este mes; sino, dígalo mastre Zapater para que sepamos lo mejor d’esta fiesta en qué está, y lo que más le parescerá decirnos, que será un buen dejo d’esta sala-córte que aquí se ha tuvido.
Mastre Zapater, como lo era de crianza y saber, dió el obrar por respuesta, y dixo: El saber y poder del Criador de todo lo criado es tal y tan grande, que fué cosa conveniente no dejarse comprender, que de no saber perfectamente lo que su Majestad es, venimos á saber claramente qué cosa es Dios; por donde se viene á considerar que aquello qu’es más saber y poder que todas las criaturas, es el Criador, á quien debemos adorar y creer. Grande engaño recibieron en este mundo los que dieron crédito á Lucifer, como fueron los idólatras y mahométicos que le creyeron y adoraron, pues siendo criatura, no podia ser él creador, sino quien á él habia creado; y pues esto no tiene contradicion, ménos la tiene para creer qu’es Dios, considerar la gran providencia y gobierno que en todo tiene, y contemplando su casa y oficios d’ella, se ve quién es Su Majestad, como en los criados se conoce cuál es el señor d’ellos; pues lo conoscerémos por el sér y dignidad y operaciones de los ángeles, que el espiritual ser d’ellos nos dice que nadi lo supo ni pudo crear sino el Creador; y asimismo que siendo de mayor dignidad que los hombres, ha sabido y podido hacer que nos sirvan por custodios y medianeros, alcanzándonos gracias para ir al cielo, que son las operaciones d’ellos.
Tambien es de considerar en los otros cuerpos celestiales, que son el sol y la luna para alumbrar la tierra, y los signos y planetas y estrellas, los efectos que hacen por sus influencias y las inclinaciones que dan á en debajo su curso nasce, por ser cuerpos superiores, y nosotros inferiores á ellos, y tanto, que si por menosprecio tenemos osar de hablar y entrar donde algun mal espíritu está de los que sentimos por el mundo, nos asombran y matan, sino los que tienen mando sobre ellos, que son sacerdotes y seculares por divina virtud; por donde se concluye que la primera causa sólo es Dios, de quien proceden todas las segundas causas, que son las criaturas. Y por esto, respondiendo á lo que vuestra excelencia me ha mandado, digo que sólo al mes de Mayo dan las estrellas influencias para engendrar todos los metales, que por mineros de la tierra se engendran, como el oro y plata y los otros, y tambien todo género de piedras preciosas, y tienen más virtud las hierbas en este mes que en todo el año por el rucío que cae del cielo sobre la tierra, que es manná cogido en muchas partes para medicinar los cuerpos humanos; y vistas las grandes excelencias y provechos que se alcanzan en este mes de Mayo, vinieron los romanos y muchas naciones á celebrar esta fiesta, por la que el cielo nos hace en darnos tan grandes tesoros como nos da, y para ser católicas estas alegrías, han de ser dando gracias á quien las da, que es nuestro Señor Dios, de quien todas las criaturas proceden y son hechas.
En acabar mastre Zapater abajaron á la huerta del Real, donde hallaron un aparato de la manera que oirán.
Estaba un cielo de tela, pintado tan natural que no parescia artificial, con un sol de vidro como vidriera, que los rayos del otro verdadero daban en él, y le hacian dar luz, no faltando estrellas que por sutil arte resplandecieron á la noche. Debajo dél habia una bellísima arboleda, con unos paseaderos de obra de cañas, cubiertas de arrayan, y entre ellos unas estancias en cuadro, hechas de lo mesmo; y en medio de este edificio estaba una plaza redonda, arbolada al entorno de cipreses con asentaderos, donde estaba una fuente de plata, que sobre una columna tenía la figura de Cupido, que la representaba un mochacho muy hermoso con el arco sin cuerda, asegurando con este mote que en una guirnalda traia: sin cuerda por no acordar. En el remate de la columna estaba este letrero: Soy la fuente del deseo, que su deseo alcanzará quien d’esta agua beberá.
Tenia en la mano izquierda un ramo de flores, y en la mano derecha un guion real con una plancha de oro por bandera, con estos versos en ella, que muestran, moralizando á Cupido, quién es:
El muy grande niño de muchos señor, Desnudo con alas y nunca cansadas, Con arco y saetas de plomo y doradas, en yerra le llama el gran dios d’amor.
¿Sabeis quién es este de tanto valor? Cupido se dice, y es nuestro deseo Que cuando codicia d’amor lo más feo, Pierde lo bueno y es todo dolor.
Entónces desnudo, muy desvergonzado, Razon le contempla, y muchos le pintan, Sin ver, pues no ve qu’es mal deseado Volar con dos alas de vicio malvado, Y voluntad mala que el bueno despintan.
El arco su fuerza primero nos tira, Saeta dorada que toma de grado, Las otras de plomo despues que ha tomado, Penando las siente quien ama en su ira.
Los que se probaban en esta aventura habian de beber del agua, y al que no se queria dar secábase la fuente, y ántes de gustar della habian de publicar lo que deseaban. Estando en este deleite sintieron que venian los del Mayo con gran música de todo género de instrumentos, que tañeron en esta fiesta, y subieron á las ventanas para ver la entrada dellos. Venía delante de todos un Confaloner, con un caballo blanco cubierto de una red de oro guarnecida de muchas flores, y el vestido de lo mismo con un estandarte de seda verde, broslado todo de flores, y una guirnalda en la cabeza, de lo mesmo, sobre una cabellera, y él era rubio y dispuesto, hermoso y desbarbado. Venian en torno dél, vestidos en figura de ninfas, los cantores de su excelencia cantando:
Bien venga el magio El Confaloner selvagio.
Con este triunfo entraron en la huerta del Real, y en ser delante el Duque y la Reina, el Confaloner selvagio dixo: Yo soy el Mayo, hijo de naturaleza humana, representador del placer con flores y frutos, para recreacion de las criaturas, que debilitadas salen de la frialdad del invierno, enemigo de la vida humana, y renovador de la virtud, pues conmigo renueva lo que el invierno envejece. Proveedor de la salud, con hierbas de maravillosas virtudes, conservador del contento, porque el deleite no se pierda; traia este mote en la guirnalda de su cabeza: Quien es Mayo pasa el año.
Habló luégo una de las que le acompañaban, que venía vestida de una ropa montesina, toda broslada de montes con un mote que decia: Por montes se debe andar, por no abaxar, y dixo: Yo soy la ninfa de los montes, que habito en el monte Olimpo, que está en la Grecia, de quien muchas naciones contaron el tiempo, porque los griegos hacian unos juegos en él de cuatro en cuatro años, que principiaron el año cccc. y vj. despues de la destruccion de Troya. Y los romanos de cien en cien años hacian sacrificios en él, que por ser más alto que las nubes y los vientos, siempre hallaban la ceniza de los cienaños pasados como las dejaban.
Habló un otra que venía vestida con una ropa toda broslada de ondas de aguas del mar, y el mote decia: los que mejor triunfaron mis aguas ensangrentaron, y dixo: Yo soy la ninfa de las aguas, que lo más habito en la profundidad della, entre las gentes que habitan en lo interior del medio de la tierra, que son nombradas gente de agua, que estando lo más dentro della no los mata.
Habló un otra que venía vestida de una ropa toda broslada de muy lindas arboledas, y el mote decia: por mis florestas no matan calorosas fiestas. Y dixo: Yo soy la ninfa de las florestas que lo más habito por Flándes y Alemania, donde las gentes dejan las poblaciones y viven en las florestas, que son muy arboladas, para que la furia del sol, cuando está en Leon, no pueda entrar en ellas.
Cada una d’estas ninfas traian muchas vestidas como ellas venian, que fué cosa de ver, y oirles tañer la diversidad de instrumentos que tañeron.
Levantóse Joan Fernandez diciendo: Yo quiero ser el primero que me probaré en esta aventura, y dixo: Yo tengo deseo de alcanzar que mi mujer en los dias caniculares no tenga celos de mí, que peor es que cigarra, que en todo el dia no calla, y temo que no reviente; y en allegarse á beber el agua se le secó, y él echó un
Reniego de mí Porque me casé, Que si no me casára No me encativára Por una Beneita Que nunca lo fué.
Su mujer se llegó á probarse, y dixo: Yo tinch un desig, que bon profit me faza, que estigues en la caza, tostems mon marit y nom cazas en casa, que mi posa brasa. Quiso beber del agua y no salió; y su marido le dixo: ¿qué haré yo, que el agua huye de vos?
Don Diego Ladron llegó á beber del agua, y dixo: Yo tengo un deseo, que las damas perdiesen los deseos, que peores son que de preñadas, que no les podeis negar lo que piden, porque no muevan, y no dejan de mover, que no están firmes en querer. La fuente se le secó, y él dixo: Las damas le habrán hecho del ojo que no saliese, que cuando sus ojos tiran por la mira del enojo, tan blanco el ojo.
Llegó á probarse la señora doña María de Robles su mujer, y dixo: Yo tengo un deseo, que mi señor don Diego tuviese deseos de preñada de bien parir, que si no pareciese mal no le faltarian comadres y compadres para batizar, y sé que le pornian por nombre don Diego Git y Calla, que no hallo qué es saber galan y hacerse mal querer.
Respondió su marido: Si me hago mal querer es por sanar una celosa, que sois vos: que mucho se debe hacer para conservar á la mujer.
Dixo ella: Verdad es, mas nadi debe ser bueno con mal ajeno.
Al Duque les paresció tan bien está plática, que dixo á la Reina: Señora, probarme quiero en esta aventura, pues hace tanbien hablar, que Julio César fué en Asia por aprender retórica de Apolonio, astrólogo. Que todo se debe probar por saber muy bien hablar.
Tomó de la mano á la Reina, y en ser delante la fuente, dixo: Yo deseo ser deseado de vuestra alteza y no aborrecido; y en querer beber del agua no salió.
Rióse mucho la Reina, y dixo: Todo se le hace mal á mal pensar, yo me quiero probar por ver cómo me irá. Tal voy al agua, como cierva herida, y no soy creida, porque tengo por marido un descreido. Yo digo que tengo un deseo de preñada, y es de no ser olvidada del Duque, mi señor, que cualquier que no se quiere es muy gran olvidador; allegar quiero al agua, ya la veo seca, pues todo se me deseca, que mucho daña si ventura desengaña.
El Duque se rió, y dixo: Señora, cabales estamos de risas y deseos, vuestra alteza de mal pensar perdió; que sin tocar nunca es bien determinar.
La Reina dixo: ¿Amigo sois de tocar? Respondió, no, sino de destocar, d’eso pues reniego yo. Señora, no me ha entendido, que de no tocar ha sido mi destocar. A otro perro con ese hueso.
Dixo Joan Fernandez: Señora, si perra dixera por mi mujer lo entendiera; puix sou gos, seré yo gosa, per ser vos un Barbarosa ab cent mullers. Hágolo por haber hijos, para mostrar que en vos se toma no engendrar, y no en mí. Mes val que estigam axí, que si fill tingues de vos sería masa graciós.
Dixo don Luis Margarit: Departir quiero estos amores d’estos señores; probarme quiero que de un gran deseo muero.
La señora, su mujer, dixo: Los deseos de maridos no merescen ser cumplidos, porque son parientes de la traicion.
Respondió su marido: Vuestra merced lo verá, qu’el agua no me faltará por mostrar que os soy leal á bien y á mal. Y digo que mi deseo, que ninguna me mirase porque en vos no idolatrase. Que al parangon se muestra más la perficion, y en llegarse á la fuente se le secó.
Su mujer se le rió cara á cara, y dixo: Cuán cierto está que no engaña la ventura, vuestro deseo fué engañarme, queriendo darme á entender desear no ser mirado por no idolatrar en mí, y todo vais falsificado, pues huis siempre de mí; y no fuig qui á casa torna.
Dixo la señora doña Joana Pallas: Señora doña Violante, amagau lo valenciá, que castellans van per la terra, que per burlar de nostra llengua nos furten les peraules, y pórtenles á Castella pera fer farses ab ella, que mones son de Valencia, parlant ab reverencia.
Dixo Joan Fernandez: D’esas monerías don Diego se ha burlado con cuentos valencianos de castellanos, y hánselo muy bien pagado, que burlar del burlador es de avisado.
Dixo don Francisco: Yo quiero probar en qué parará un deseo que tengo, y es, si he de comer un higo que me hacen en una relogía; y queriendo beber del agua se le secó.
Dixo la señora doña Francisca, su mujer: Yo conozco la higuera de ese higo, que por esto vos sacastes en las cañas papahigo y no le paparéis; por eso no subais á la higuera que sabeis, que dicho me ha que no deja cogerse, que bajar es el subir que ha de perderse. Yo tambien quiero probar un buen deseo en qué tiene de parar, y es que nunca os mirasen otros ojos sino los mios, porque estaria al seguro que no seríades burlado, pues los más hombres que se enamoran, son de ojos burladores, que los miran, y por ellos no sospiran, ántes hacen sospirar. Que el mirar de la mujer, lo más es para burlar. El agua se me ha secado, vos ternéis, señor marido, muchos higos y burlado.
Don Pedro Mascó y la señora doña Castellana, su mujer, llegaron á probarse, y dixo el marido: Yo deseo nunca ser olvidado de una valenciana y castellana, que cuando más y más las miro más sospiro; y probó á beber del agua y secóse.
Dixo la señora, su mujer: Pues me tengo de probar, deseo no desear á un Pedro más contento de sí mesmo que de mí, que no está léjos de aquí; y queriendo beber del agua se le secó.
Dixo el marido: Señora mujer, decidme quién es el Pedro más contento que habeis deseado, que todo estoy demudado, mas no mudado en desamor, que no se muda un buen amor.
Y ella respondió: Y’os lo diré, si vos me decis quién son las dos que deseais no ser olvidado dellas.
Él se rió, y dixo: Mirad cuánto ciegan los celos, que os habeis desconocido; pues nombránd’os yo Valenciana y Castellana, que sois vos, os habeis hecho celosa pensando que fuesen dos; picado habeis, no lo negueis.
Ella se rió, y dixo:
Tambien habeis vos picado Del Pedro que os he nombrado, Más contento de sí mesmo Que de mí; Pues sois vos si estais aquí.
Don Baltasar Mercader llegó á probarse en la aventura, y dixo: Yo tengo un deseo que pocos le tienen, de morir primero que mi mujer, porque yo me desesperaria si ella me faltase, y de otra parte no lo querria, porque de celos yo iria al infierno si otro la gozase; alargó la mano para beber del agua y secóse la fuente.
Y la señora doña Isabel, su mujer, dixo: Yo tambien quiero probarme con el mismo deseo que mi señor don Baltasar tiene, y de las dos cosas que él ha deseado, la que ménos querria quiero, y es, que su merced se muriese primero porque nadi d’él gozase si por ventura se casase, que por ventura habria de ser segun me suele querer; y el agua se le secó y sospiró.
Don Luis Vich tomó de la mano á la señora doña Mencía, su mujer, y dixo: Señora, vamos á probarnos en esa aventura, que mostrar quiero cuanto os quiero, y es mi deseo que vuestra merced creyese de mí que despues que la miré he cegado para cuantas he mirado, que topándolas voy como á ciego, y perdon les pido luégo diciéndoles: Hag’os saber que mis ojos dejo en casa mirando siempre á mi mujer.
Dixo la señora doña Mencía: Tan casados son nuestros deseos como nosotros, pues deseo lo mismo de vuestra merced, que si deja los ojos en casa para siempre mirarme, no quedan los mios en la posada por irse tras él; que si en ella tengo de ver, con los ojos de mi hija ha de ser, que no veo sino con los de Doñana. Llegaron estos dos tan casados en su voluntad á beber del agua y no se les dió, que Cupido que la daba la quitó porque no muriesen de placer de verse favorecer más que todos del amor, que fuera hacer gran sinsabor.