JORNADA SEXTA. (continued 3)
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D. Mejor estoy con el portugués, que el callado amor muy mejor es.
C. Y si algo quieren demandar, ¿han de callar?
D. A quien pide lo qu’es malo, dalle del palo.
C. Y si meresce del pan, ¿qué le darán?
D. Si ha de ser para casar, d’este pan le pueden dar.
C. ¿Y si no es casamentero?
D. Ame, sirva y sospire, que un amor muy verdadero, un no, suele volver sí, que diciéndoles de no, á muchos casados ví que la ventura los casó.
C. Señora, nombrarse debria doña Esperanza, pues que la da.
D. Y vos don desesperado, de mal hablado.
C. ¿De no dar nada estais enojada?
D. Jugador de pasa pasa debeis ser.
C. Eso mismo soy, señora, pues me decis pasa pasa en mal hora.
D. A Dalmau me semejais, que figura por punto mostrais.
C. Mas ántes he mostrado el punto, pues en tal punto he venido, que la tengo retratada en mi posada.
D. ¿Quién os ha dado licencia de retratarme?
C. El que á vos os dió poder para matarme, qu’es vuestra gran hermosura, que en vella vi su pintura en mí pintada por idea aposentada.
D. Hablad alto, que n’os oigo lo que hablais.
C. Alto hablo, pues no es bajo sino lo que me abajais.
D. Altibajo debeis ser, y no brocado, pues andais desvariado.
C. Alto es todo el amador cuando no es bajo su amor.
D. Callad un poco, que dirán si hablar os oyen que sois loco, que por no dar á entender que os atreveis, disimulo lo que haceis, que un buen disimular vale más que mal hablar.
Dixo el Duque: Mal estoy con la parlería inconsiderada, que bestia es desenfrenada. Nasce desta mala madre una peor hija nombrada Verbosidad, y los que la tienen para no ser enojosos de verbosos debrian tener en su memoria una recámara de muchas diversidades de razones, tomadas de lo mejor que leen y oyen y ven, que sin leer, oir ni ver no se puede bien saber; y haciéndose avisados desta manera la lengua verbosa se convertiria ensabrosa, y será muy bien oida hablando como sabida; pues sea la conclusion, que la parlería inconsiderada no debe ser creida ni escuchada si con arte no se hiciere avisada, que tanto cansa un verboso alocado como descansa un hablador avisado.
D. Mala estoy de unos requiebros largos, que ribetes viejos son.
C. Serán de mi competidor, que viejo muestra ser su amor.
D. Guardad que no sean vuestros, que á ropavejeros han apodado vuestros amores, que de viejos amadores tomais cuentos, pues de largos paran siempre en descontentos.
Dixo el bachiller Molina: Señor Duque, á jaraves apodo á los malos amores, que mueven malos humores, si se dicen fuera tiempo y lugar que á veces suelen matar de frialdad, purgallos luégo es sanidad, y la purga debria ser despedilles con este cantar:
No me sirvais, caballeros, Ios con Dios, Que purgada estoy por vos.
C. Señor Bachiller, á vos habemos menester; sarnoso sois en amores, que rascando sacais sangre con humores. Mejor sería que preicásedes las leyes que se han hecho en la Salacorte para que no se pierda el amor, que no haceros purgador con tales purgas y jaraves, que sea despedido el amador de su amada. Guardaos de aquel refran que dice: El que hace cudolete le meresce en su posada.
Dixo el Duque: Don Luis Milan, ¿en qué punto teneis el Cortesano que las damas os mandaron hacer?
C. Señor, ya está hecho y heme visto en una gran batalla por defendelle de quien vuestra excelencia oirá: La noche pasada, ántes del dia, salí al campo para ver en el curso de las estrellas si ternía contrarios mi libro, y buscando mi estrella, que es el planeta Març, vi que muchos cometas estaban encarados contra él con unas colas de fuego, y él echaba tan gran resplandor que en un cuarto de hora desaparecieron sus contrarios por tener dominio sobre las batallas. Este curso señalaba que los cometas eran invidiosos, que siempre señalan mal, y si no se ha de seguir en la persona que ha nascido debaxo el planeta Març, él se oposa delante d’ellos y queda vencedor. Este planeta, por ser mi estrella, señaló ser mi libro, que será vencedor de sus envidiosos, pues señala el cielo quien bien ó mal terná en el suelo. Y trasportado todo en este curso, vine á parar en unos campos solitarios al pié de un monte tan alto que parescia que llegaba al cielo, arbolado de maravillosos y odoríferos árboles, donde vi una hermosa ninfa extrañamente vestida, con una ropa de color de cielo, y por guarnicion al entorno traia el arco Iri con unas letras de oro por toda ella que decian: El arco Iri y la verdad salen por seguridad. Admirado de ver tan extraña belleza, la saludé y dixe: Señora, pues fuí venturoso para veros, séalo para conoceros, que ya lo querria, pues asegurais de tristura, como hace el arco Iri, que asegura. Respondióme: Yo soy hija de la Razon, la ninfa de la verdad, y somos del alto Dios, á quien servimos las dos; sígueme, que para tu bien he venido. Tomóme de la mano y subimos á lo más alto de este monte, donde vi una muy hermosa plaza con una cerca torreada de extraña y muy fuerte fina piedra, grabadas unas letras por ella, que decian: In ratione fortitudo, in fortitudine ratio.
En medio d’esta plaza estaba una casa-fuerza real, toda labrada de la misma piedra de la cerca. Las cubiertas eran de oro de martillo, y los suelos de plata, labrado todo de maravillosos esmaltes y figuras de notables varones que en este mundo tuvieron gran verdad y fe. Tenian debaxo sus piés muchos envidiosos en figura de perros, que son los animales que más envidia tienen. El nombre d’esta maravillosa casa estaba en la puerta del entrada intitulado con este letrero: Domus rationis, ubi residentiadatur.
La ninfa de la verdad me entró en una sala donde la Razon estaba sobre un trono real, que por estar donde reinaba, tenía debajo sus piés á la Voluntad, su enemiga, en figura de una cortesana mundanal, vestida de tornasol, con este letrero en sus manos, que decia: Sine ratione voluntas sub pedibus ejus.
En vella me arrodillé á sus piés y pedíle la mano para que me la diese de correction, si mi Cortesano la merescia en la residencia que tomar me queria, que la Ninfa me dixo haberlo procurado contra envidia y su pasion, porque en mí no se perdiese, si la tengo, la razon. Y esta Reina que la representaba me dixo estas palabras: Yo te hice venir para tomarte la residencia que te conviene dar, porque no te la tome quien no la puede tomar, que de razon sólo juzga la Razon. Mucho holgaré que me digas la intincion y obra de tu Cortesano, pues sé la de los que te van á la mano, que son el Invidioso y el Ignorante y el Loco, que ya entran á contradecirte, que es el oficio d’ellos; ten paciencia y reposo, que mejor es envidiado que envidioso. El primero que entró fué el Invidioso en figura de un viejo muy arrugado, de color de alacran, mirando de cola de ojo como á traidor, con una ropa toda de lenguas de fuego, y unas letras al entorno por guarnicion, que decian: Ponam solium meum super astra cœli, et similis ero altissimo.
Luégo despues entró el Ignorante en figura de un sordo que no gusta de lo que no siente, con una ropa de muy grosero paño, y un mote en un sombrero, que decia: Nescio vos.
El postrero que entró fué el Loco en figura de un hombre desnudo desvergonzado, con un letrero en sus manos, diciendo: Quod habeo vobis do.
Mandóme la Razon que yo hablase primero, y dixe: Envidioso, dime, ¿qué ha de tener un libro para ser cual debe? Respondióme: Ser bueno. Yo le dixe: Más pensé que ser malo; tanto se dixeran el Nescio y el Loco, tus hermanos. Respondieron: ¿De qué te maravillas? ¿de haberte dicho la verdad nuestro hermano? y levantaron una gran risa, que bien parescia de quién era; y díxeles: Y’os respondo con lo que dixo un filósofo á un amigo suyo, que le decia que entrasen en una casa; respondióle el filósofo: Yo no entro en casa que se sienten las risas del cabo de la calle. Y volviendo á tí las razones, Envidioso, sabrás que para bien juzgar ha de saber el que juzga las partes que debe tener lo juzgado para ser bueno, y si tú las supieras, respondieras á mi pregunta, que cuatro cosas habia menester un libro para ser bueno. La primera que ha de tener, ser útil, porque todo lo que hay en el libro pueda aprovechar para lo que es hecho, como hallarán en este tu envidiado, que tiene muchas sentencias de filosofía y muchas jocosidades y cuentos para aprobacion de razones; tiene estilos para saber hablar y escribir á modo de córte, á quien yo he querido tanto imitar, que por la brevedad de palabras y la verbosidad que no tiene, será menester leerle á espacio y con atencion para mejor gustar lo que no se gusta sin pensar.
La segunda que debe tener, ser delectable, prosiguiendo de bien en mejor todo lo que tratáre, porque no enfade y ponga gana de leerle muchas veces, para que mejor quede lo bueno d’él en la memoria del lector; y por esto he tratado con diversos lenguajes que á tí, Envidioso, te han hecho deslenguado, no mirando que muchos autores extranjeros lo han hecho, que no dices mal sino por decille de tu natural.
La tercera que ha de tener, ser inventivo, para que no sea aborrescido por ladron si le hallan con el hurto en las manos, porque las tuyas no le azoten como á verdugo, que por el mal uso no tiene piedad, y ésta es gran desvergüenza del que hace con obras ajenas libro suyo; que por huir de tus envidiosos azotes me guardé de ser ladron de la primera hasta la postrera letra d’este libro, qu’está libre, si no de tu envidia, que no le hallará la razon ni la verdad, fuera de la historia, que no es hurto, para que tú le puedas ahorcar.
La cuarta que ha de tener es arte, servando las partes de la retórica: tratar cada cosa en su lugar, principio, medio y fin, con sus preparaciones y colores retóricos para autorizar lo que propone y acaba, poniendo gran fuerza en las palabras atractivas para traer los ánimos á lo que el autor quiere. Esto es lo que ha de tener un buen libro y un buen orador en el hablar y escribir, que si tú la tuvieses, no ternias de qué tener envidia, que el envidioso muéstrase defectuoso, y á su envidiado hace más aventajado.
La intincion mia en este Cortesano ha sido representar todo lo que en córtes de príncipes se trata: diversidad de lenguas, por las diversas naciones que suele tener; uso de todos los estilos, usando del altiloco en las cosas altas, que son consejos y pareceres para gobernar nuestra vida y estados; sirviéndome del mediocre para las conversaciones jocosas de graves cortesanos, exercitando el ínfimo para las pláticas risueñas de donosos y truhanes, que por secretos y públicos lugares de señores, alivian de las pesadumbres de los negocios y gravedades. Yo pido de merced á quien leyere este libro, que mire la intincion de cada cosa para lo que fué hecha, que no hay bajedad mal dicha si está como debe, ó para alegrar y divertir d’aquello que turando mucho enfada, ó para hacer preparaciones, que de las burlas se saquen provechosas véras; y si no saben juzgar, pidan lo que ignoran á quien lo entiende, porque les pueda aprovechar para no dexar de leer y más saber.
Mandó la Razon al Envidioso que hablase, y él queria y no sabía, que contra razon no podia ni acertaba, que era señal que hablaba contra verdad; quia fortior est veritas. Y visto la Razon el efecto que hace la Verdad, que turba los sentidos á sus contrarios delante d’ella, hizo parte por sí misma para que la Razon juzgase quién la tenía, que tratando della, la Verdad está agraviada si van contra la Razon, que madre y hija entrambas son. Y el juicio que la Razon hizo, fué avisar á todos que aprovechasen con estos presentes versos:
CARMINA CONSONANTIA DUODECIM SYLLABARUM, IN OCTAVA RIMA.
Si de longe vides et profundus eris, Respice per librum eius horizontem Utilem suavem, gustabis hunc fontem Si liber in libro, teipsum videris; Synon si non eris, agam tibi gratias, Ulysses ne fias, in forma fallace; Crede mihi, lector, audi, vide et tace; Quod tibi non velis alteri non facias.
Fué impresa la presente obra en la insigne ciudad de Valencia, en casa de Joan de Arcos, corregida á voluntad y contentamiento del autor. Año MDLXI.
Vt. Blasius Navarro.



