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Las máscaras, vol. 2/2

FIN DE FIESTA

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MAGINAIS UN buen ebanista que no sepa cómo aserrar, acepillar, encolar y ensamblar la madera? ¿De un buen pintor que no sepa dibujar ni coger el pincel, y, además, que sea ciego? ¿De un buen escritor que no sepa escribir, y, además, que no se entere, no ya de lo que ante sí tiene en la vida, sino tampoco de lo que formulado y expreso se le ofrece en un libro? Pues en España corre como moneda usual la noción de que no sólo huelga dominar los rudimentos del arte para ser un gran artista, sino que es necesario en absoluto ignorarlos.

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En España, entre las personas que se ufanan de autorizadas en materias teatrales impera como dogma que el talento dramático es independiente del talento literario. Aun más: que es de cabo en cabo contradictorio.

Hace años, con ocasión que don Benito Pérez Galdós cometió la avilantez de profanar los fueros escénicos, sin más títulos que el ser un excelentísimo escritor, y algún tiempo después la condesa de Pardo Bazán incurría en la propia osadía, se suscitó una controversia, un tanto acre, sobre este punto: «¿Pueden los escritores que no son escritores dramáticos, especialmente los novelistas, escribir para el teatro?» En conclusión, los autorizados en la materia decidieron que los novelistas, y en general los escritores que saben escribir, están incapacitados, física, metafísica y literariamente para hacer obras de teatro.

¿Razón? Luego de cavilar no poco en ello, yo sólo he dado con una razón; aquella que Lope de Vega, tímidamente y a modo de excusa, adelantó en su tiempo:

el vulgo es necio, y pues lo paga, es justo hablarle en necio para darle gusto.

A un público iletrado los autores que le cuadran son los autores iletrados. Pero... primeramente, si los autores no aventajan en un ápice la inteligencia y mal gusto de un público iletrado, el público continuará siendo siempre iletrado. Segundo: si los autores fueran cultos y de buen gusto, asistiría al teatro con más frecuencia el público culto y de buen gusto (que lo hay), y, a la postre, el nivel medio de todo el público ascendería notablemente.

¿Se concibe que un autor dramático no acierte a escribir un buen artículo? La proposición contraria sí se explica: que el autor de un buen artículo no puede escribir una buena comedia. Pero en España se da el caso de autores dramáticos insignes que en su vida han escrito ni un artículo mediocre, a pesar de haber escrito innumerables artículos. ¿Hemos de inferir de este hecho que el talento literario y el talento dramático son dos formas contradictorias de actividad intelectual? De ninguna manera. Los grandes autores dramáticos de todos los tiempos y en todos los países han sido, en otros géneros, grandes escritores. Y los grandes escritores de otros géneros han sido, cuando ensayaron la literatura dramática, grandes autores dramáticos. Digo los grandes escritores, no los escritores medianos.

Si desapareciesen todas las obras dramáticas de Lope, de Shakespeare, de Corneille, de Racine, de Schiller, de Goethe, les bastaría la obra lírica para ser los más altos poetas de su patria y de su tiempo. Asimismo, si desapareciese la obra novelesca y lírica de nuestro Cervantes, le bastaría su obra dramática para figurar en la más alta jerarquía literaria. Juan Pablo Richter considera la Numancia como uno de los más puros arquetipos del teatro universal.

Modernamente, refiriéndonos a los autores vivos; en Inglaterra, Bernard Shaw no necesita de sus obras dramáticas para asegurarse la fama póstuma; tiene bastante con los prólogos que les ha puesto, muchas veces más importantes que la misma obra, y con sus ensayos de crítica, y Bennet y Galsworthy ocupan los lugares más honrosos, así en la novela como en el teatro; en Italia, D’Annunzio se cierne en triple excelencia, como lírico, como novelista y como dramático; en España, Galdós es tan perfecto autor dramático como novelista, y Valle-Inclán no es dramaturgo inferior a novelista.

Las anteriores consideraciones me las ha sugerido un artículo del señor Linares Rivas, publicado en «Los lunes de El Imparcial». El artículo se titula «Del oficio literario». Parece inspirado en el propósito de justificar cierta culpa reciente: la de haber plagiado torpemente a Tolstoi, con la necia ambición nada menos que de enmendarle la plana y mejorarlo teatralmente. Tolstoi era novelista, y ¿qué sabía el pobre de teatro?

En el artículo se dice: «En estos días leí yo El niño Eyolf, de Ibsen, una de las obras maestras de la literatura. La idea de la obra...»

El señor Linares Rivas ha oído algo del teatro de ideas, y de Ibsen como su más señalado representante, y ha pensado: tate, lo que llaman esos modernistas idea es lo que antes se decía maraña, intriga, enredo, argumento. Así, pues, una obra debe escribirse con una sola idea. Prosigamos: «La idea de la obra es que una vieja hechicera—la mujer de los ratones—tiene el mágico poderío de atraer con sus cantos a esos bichejos. En cuanto la oyen, salen y la siguen irresistiblemente. Entonces ella se embarca, siempre cantando, y los ratones, siguiéndola por el mar, se ahogan... La hechicera, cruel, sugestiona también a El niño Eyolf...; la va siguiendo, mientras ella canta y se embarca..., y el niño, un pobrecito cojo, se ahoga...» Y añade con infinito e inconsciente desparpajo el señor Linares Rivas: «Esta es la obra mundial de Ibsen.»

Ante todo, ¡qué hermoso estilo! Advierto al lector que los puntos suspensivos son del propio señor Linares Rivas, muy afecto a este signo ortográfico, que es el que corresponde con un gesto insinuante de los actores cómicos. Y el público, ante los puntos suspensivos, exclama: ¡qué ingenioso!, ¡qué fino!, ¡qué talento!

Quien haya leído la obra de Ibsen se quedará anonadado ante la descripción que de su idea hace nuestro insigne dramaturgo. El que no la haya leído, pensará: este Ibsen era un majadero. ¿Cabe en cabeza humana que eso sea la idea de una obra dramática? Como que no lo es. Si yo ahora contase la idea de la obra, calcularía algún lector malicioso que yo la apañaba a mi modo. Prefiero utilizar un documento ajeno.

Una traducción de El niño Eyolf se representó en París, en el teatro de l’Œuvre. Julio Lemaître, con ocasión de su estreno, escribía: «En rigor, el drama se reduce a tres escenas, y nada más.—1. Estamos, naturalmente, en un fjord, en casa de Alfredo Allmers, propietario, escritor, antiguo profesor, enriquecido por el matrimonio. Su mujer, Rita, apasionada, enamorada del marido, nada maternal. Tienen un hijo de nueve años, Eyolf, cojo, por haberse caído de una mesa, de pequeñito. En el fondo no aman este niño. Les molesta verlo.»

«Al comenzar el drama, Allmers, que viene de la montaña, en donde ha vivido en aislamiento espiritual, dice a su mujer: He reflexionado allá arriba y he tomado buenas resoluciones. De aquí en adelante, seré un verdadero padre para Eyolf; le cuidaré, haré cuanto esté en mi mano para hacerle llevadera su deformidad, de suerte que llegue a ser un hombre distinguido, bueno y feliz. A lo cual Rita replica vehemente: ¿Y yo? Yo quiero que seas siempre todo mío, de mí sola. Dice Allmers: Mi deber es dividir mi amor entre los dos: tú y mi hijo.—¿Y si Eyolf no existiese?—Sería ya otra cosa. En tal caso, sólo te querría a ti.—Si es así, hubiera preferido no traerlo al mundo. Y algo más adelante, dice Rita: No puedes pronunciar el nombre de Eyolf, sin que tu voz tiemble. ¡Ah! Casi desearía que... Apenas pronuncia esta frase culpable se oyen gritos de la playa: un niño ahogado. Ha sido Eyolf, que cayó al agua. Los pilletes de la playa han visto su muleta flotando.—2. En la segunda escena, entre los dos esposos, desesperados y sombríos, y mediante una conversación dolorosa y casi odiosa, se plantea el balance de las responsabilidades recíprocas. El niño murió porque no sabía nadar; no sabía nadar porque estaba cojo; estaba cojo porque su padre, y sobre todo su madre, se amaban demasiado carnalmente. Todo, dice Allmers, es falta tuya, por haber dejado a la criatura sola sobre la mesa. Responde Rita: Dormía tranquilo en su edredón. Tú me habías prometido cuidar de él. Y Allmers: Sí, te lo había prometido. Pero volviste, me atrajiste, y lo olvidé todo... en tus brazos.»

Pero hay algo más (estoy resumiendo el resumen de Lemaître). Rita estaba entregada a su marido en cuerpo y alma. No así Allmers, el cual se había casado con Rita por su riqueza y para salvar de la miseria a Asta, hermanastra de Allmers, objeto el más puro y recóndito de su amor. El mismo nombre Eyolf era diminutivo que Allmers aplicaba a Asta, de pequeña. Sí, dice Rita celosa; llamabas Eyolf a tu Asta. Me acuerdo. Tú mismo me lo confesaste en un instante furtivo y ardoroso, en el instante en que tu hijo caía y quedaba deforme. En resumen: la muerte del niño es el castigo y, en cierto modo, la consecuencia del amor impuro y desordenado de Rita y de los sentimientos turbios y anormales del complejo Allmers, cuyo cuerpo está poseído por su mujer y el alma por su hermana. Ellos, los padres, son los que han matado al niño Eyolf, por haberse amado demasiado y mal. Y ahora le aman y ya no pueden amarse entre sí, porque se les interpone la imagen del cadáver del niño y de su flotante muleta.—3. La tercera escena es la de la expiación...», etc., etc. ¿A qué seguir copiando? Basta con lo precedente para que los lectores reciban una ligera impresión de lo que es El niño Eyolf. ¿Y lo de la vieja de los ratones? ¿Es que el señor Linares Rivas ha visto visiones? No, en efecto; la vieja de los ratones (tema frecuente en las literaturas populares del norte) sale en la obra, pero no tiene nada que ver con su idea.

Se encuentran dos gallegos. Uno ha estado la noche anterior en el teatro. «¿Qué función has visto?», le pregunta el otro. El primero procura explicarse bien. «Verás. Subían una cortina colorada. Luego salía gente... Luego, bajaban otra vez la cortina.» Y el segundo, satisfecho, afirma: «Entonces es la misma obra que he visto yo.» ¿Quién no ha oído alguna vez este chascarrillo? Pues, indudablemente, uno de estos gallegos era el señor Linares Rivas.

Illustration from Las máscaras, vol. 2/2

ÍNDICE

Oscar Wilde o el espíritu de contradicción9

Las comedias modernas de Wilde25

La moral y el arte47

Teatro de justicias y ladrones61

Teatro en verso y teatro poético79

El bien y la virtud93

El melodrama103

Juan de la Cueva121

Entremés de entremeses131

La comedia de santos141

Pastora Imperio161

La tradición y los gitanos171

Domando la tarasca185

Casa de muñecas197

La comedia política209

La señorita de Trevélez223

La tragedia grotesca233

Don Juan, buena persona253

Don Juan, buena persona (continuación) 261, 271 y 281

Don Juan, buena persona (conclusión)293

Schopenhauer301

Schopenhauer (continuación)309

Weininger317

El donjuanismo325

El donjuanismo (continuación)335

Fin de fiesta345

Los errores corregidos:

enfant gate=> enfant gate {pg 9}

sus relacionos y amistades=> sus relaciones y amistades {pg 10}

ni Dios reriste la contradicción=> ni Dios resiste la contradicción {pg 11}

testa aderazada según el tocado=> testa aderezada según el tocado {pg 16}

Y like to be liked=> I like to be liked {pg 21}

Y Gilde dice=> Y Gide dice {pg 23}

peregrinación, avenjetadas, deslustradas=> peregrinación, avejetadas, deslustradas {pg 34}

dió en In6laterra=> dió en Inglaterra {pg 36}

La reputación que alcanbó Oscar Wilde=> La reputación que alcanzó Oscar Wilde {pg 39}

la historia de una perverversión=> la historia de una perversión {pg 40}

Salome=> Salomé {pg 43}

de la accion, injustificado=> de la acción, injustificado {pg 75}

de pronto tal arrepentimiente=> de pronto tal arrepentimiento {pg 75}

quería el euáquero=> quería el cuáquero {pg 77}

infortunio, sentirnos acompaños=> infortunio, sentirnos acompañados {pg 112}

El ejemplar poetico=> El ejemplar poético {pg 124}

Poetica de Aristóteles.=> Poética de Aristóteles. {pg 124}

bobo o ya de vízcaíno=> bobo o ya de vizcaíno {pg 133}

contrarrestrar y esclarecer=> contrarrestar y esclarecer {pg 133}

quién estaba encinta, responpió:=> quién estaba encinta, respondió: {pg 146}

extravagante abundacia que los nacionales=> extravagante abundacia que los nacionales {pg 152}

los ingredientes esenciales de la castizo=> los ingredientes esenciales de lo castizo {pg 177}

providenciales y las soluciociones=> providenciales y las soluciones {pg 220}

es uua creación fuera=> es una creación fuera {pg 227}

acciones extrardinarias=> acciones extraordinarias {pg 228}

El estoicismo tiene dos aspecto=> El estoicismo tiene dos aspectos {pg 235}

la copia mecanica de la naturaleza=> la copia mecánica de la naturaleza {pg 238}

la pristina e insensible=> la prístina e insensible {pg 239}

vícma de la fatalidad=> víctima de la fatalidad {pg 246}

del espiritu español=> del espíritu español {pg 250}

desinte, resadas=> desinteresadas {pg 254}

arrastrada hacia el como=> arrastrada hacia él como {pg 257}

la finalldad notoria=> la finalidad notoria {pg 274}

«plazo breve y perenterio»=> «plazo breve y perentorio» {pg 297}

sea totalmemte masculino=> sea totalmente masculino {pg 312}

aquella mujer que enciere=> aquella mujer que encierre {pg 314}

de Don Juan, descucubriéndole=> de Don Juan, descubriéndole {pg 323}

los autores que le caudran=> los autores que le cuadran {pg 346}

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