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El Canto Errante, Obras Completas Vol. XVI

LIRA ALERTA

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Illustration from El Canto Errante Obras Completas Vol. XVI
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Lúgubres atardeceres y amor y dolor.

A UN PINTOR

VAMOS a cazar, oh Ramos, vamos por allí; suenan cuernos y reclamos y ecos de jaurías; y vamos a cazar colores, vamos a cazar entre troncos y entre flores, arte singular. Pintor de melancolías, amigo pintor, la perla que tú deslías tendrá mi dolor. Teorías de dolores has pintado tú; y priapeas y ardores que da Belcebú. Amas la luz y la furia que es un don de Pan la poderosa lujuria que los dioses dan. Lúgubres atardeceres y amor y dolor, crepúsculos de mujeres, masculino horror... Vagos éxodos funestos, gestos de pesar, gestos terribles y gestos de llorar y aullar. El sol poniente que quema la última ilusión, o la bruma de un poema que es fin de pasión. Hondas negruras de abismo y espanto fatal, lividez de cataclismo o anuncio mortal. Ráfagas de sombra y frío y un errante ir... (Vamos a morir Dios mío, vamos a morir!) Pintor de melancolías, deja esa visión. Hay soles de eternos días, Olimpo y Sión. Vamos a cazar colores, ilusión los bosques dan, las dríadas brindan flores y alegría el egipán. El trigal sueña en la misa; hay de besos un rumor; y en la seda de la brisa va la gracia del amor.

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...sobre la pampa inmensa...

PRELUDIO

En «Alma América», de J. S. Chocano.

HAY un tropel de potros sobre la pampa inmensa. ¿Es Pan que se incorpora? No: es un hombre que piensa, es un hombre que tiene una lira en la mano: él viene del azul, del sol, del Océano. Trae encendida en vida su palabra potente y concreta el decir de todo un continente... Tal vez es desigual... (¡El Pegaso da saltos!) Tal vez es tempestuoso... (¡Los Andes son tan altos!...) Pero hay en ese verso tan vigoroso y terso una sangre que apenas veréis en otro verso; una sangre que cuando en la estrofa circula como la luz penetra y como la onda ondula... Pegaso está contento, Pegaso piafa y brinca, porque Pegaso pace en los prados del inca. Y este fuerte poeta de alma tan ardorosa sabe bien lo que cuentan los labios de la rosa, comprende las dulzuras del panal y comprende lo que dice la abeja del secreto del duende... Pero su brazo es para levantar la trompeta hacia donde se anuncia la aurora del Profeta; es hecho para dar a la virtud del viento la expresión del terrible clarín del pensamiento. Él sabe de Amazonas, Chimborazos y Andes. Siempre blande su verso para las cosas grandes. Va como Don Quijote en ideal campaña, vive de amor de América y de pasión de España; y envuelto en armonía y en melodía y canto tiene rasgos de héroe y actitudes de santo. «¿Me permites, Chocano, que, como amigo fiel, te ponga en el ojal esta hoja de laurel?» Tal dije cuando don J. Santos Chocano, último de los incas, se tornó castellano.

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¡Si será Ella!...

NOCTURNO

SILENCIO de la noche, doloroso silencio nocturno... ¿Por qué el alma tiembla de tal manera? Oigo el zumbido de mi sangre, dentro mi cráneo pasa una suave tormenta. ¡Insomnio! No poder dormir, y, sin embargo, soñar. Ser la auto-pieza de disección espiritual, ¡el auto-Hamlet! Diluir mi tristeza en un vino de noche en el maravilloso cristal de las tinieblas... Y me digo: ¿a qué hora vendrá el alba? Se ha cerrado una puerta... Ha pasado un traseunte... Ha dado el reloj tres horas... ¡Si será Ella!...

CASO

A un cruzado caballero, garrido y noble garzón, en el palenque guerrero le clavaron un acero tan cerca del corazón, que el físico al contemplarle, tras verle y examinarle, dijo: «Quedará sin vida si se pretende sacarle el venablo de la herida.» Por el dolor congojado, triste, débil, desangrado, después que tanto sufrió, con el acero clavado el caballera murió. Pues el físico decía que, en dicho caso, quien una herida tal tenía, con el venablo moría, sin el venablo, también. ¿No comprendes, Asunción la historia que te he contado, la del garrido garzón con el acero clavado muy cerca del corazón? Pues el caso es verdadero; yo soy el herido, ingrata, y tu amor es el acero: ¡si me lo quitas, me muero si me lo dejas, me mata!

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En panorama igual al de los cuadros y hasta igual al que pudiera imaginarse...

EPÍSTOLA

A la señora de Leopoldo Lugones.

I

MADAME Lugones, j’ai commencé ces vers en écourtant la voix d’un carillon d’Anvers.... ¡Así empecé, en francés, pensando en Rodenbach cuando hice hacia el Brasil, una fuga... de Bach! En Río de Janeiro iba yo a proseguir poniendo en cada verso el oro y el zafir y la esmeralda de esos pájaros-moscas que melifican entre las áureas siestas foscas que temen los que temen el cruel vómito negro. Ya no existe allá fiebre amarilla. ¡Me alegro! Et pour cause. Yo pan-americanicé con un vago temor y con muy poca fe en la tierra de los diamantes y la dicha tropical. Me encantó ver la vera machita, mas encontré también un gran núcleo cordial de almas llenas de amor, de ensueños, de ideal. Y si había un calor atroz, también había todas las consecuencias y ventajas del día, en panorama igual al de los cuadros y hasta igual al que pudiera imaginarse... Basta. Mi ditirambo brasileño es ditirambo que aprobaría tu marido. Arcades ambo.

II

Mas al calor de ese Brasil maravilloso, tan fecundo, tan grande, tan rico, tan hermoso, a pesar de Tijuca y del cielo opulento, a pesar de ese foco vivaz de pensamiento, a pesar de Nabuco, embajador, y de los delegados panamericanos que hicieron lo posible por hacer cosas buenas, saboreé lo ácido del saco de mis penas, quiero decir que me enfermé. La neurastenia es un don que me vino con mi obra primigenia. ¡Y he vivido tan mal, y tan bien, cómo y tanto! ¡Y tan buen comedor guardo bajo mi manto! ¡Y tan buen bebedor tengo bajo mi capa! ¡Y he gustado bocados de cardenal y papa...! Y he exprimido la urbe cerebral tantas veces, que estoy grave. Esto es mucho ruido y pocas nueces, según dicen doctores de una sapiencia suma. Mis dolencias se van en ilusión y espuma. Me recetan que no haga nada ni piense nada, que me retire al campo a ver la madrugada con las alondras y con Garcilaso, y con el sport. ¡Bravo! Sí. Bien. Muy bien. ¿Y La Nación? ¿Y mi trabajo diario y preciso y fatal? ¿No se sabe que soy cónsul como Stendhal? Es preciso que el médico que eso recete dé, también libro de cheques para el Crédit Lyonnais y envíe un automóvil devorador del viento en el cual se pasee mi egregio aburrimiento harto de profilaxis, de ciencia y de verdad.

III

En fin, convaleciente, llegué a nuestra ciudad de Buenos Aires, no sin haber escuchado a míster Root a bordo del Charleston sagrado, mas mi convalecencia duró poco. ¿Qué digo? mi emoción, mi entusiasmo y mi recuerdo amigo, y el banquete de La Nación, que fué estupendo, y mis viejas siringas con su pánico estruendo, y ese fervor porteño, ese perpetuo arder, y el milagro de gracia que brota en la mujer argentina, y mis ansias de gozar de esa tierra, me pusieron de nuevo con mis nervios en guerra. Y me volví a París. Me volví al enemigo terrible, centro de las neurosis, ombligo de la locura, foco de todo surmenage donde hago buenamente mi papel de sauvage encerrado en mi celda de la rue Marivaux, confiando sólo en mí y resguardando el yo. ¡Y si lo resguardara, señora, si no fuera lo que llaman los parisienses una pera! A mi rincón me llegan a buscar las intrigas, las pequeñas miserias, las traiciones amigas, y las ingratitudes. Mi maldita visión sentimental del mundo me aprieta el corazón, y así cualquier tunante me explotará a su gusto. Soy así. Se me puede burlar con calma. Es justo. Por eso los astutos, los listos, dicen que no conozco el valor del dinero. ¡Lo sé! Que ando, nefelibata, por las nubes... Entiendo. Que no soy hombre práctico en la vida... ¡Estupendo! Sí, lo confieso, soy inútil. No trabajo por arrancar a otro su pitanza; no bajo a hacer la vida sórdida de ciertos previsores. Yo no ahorro ni en seda, ni en champaña, ni en flores. No combino sutiles pequeñeces, ni quiero quitarle de la boca su pan al compañero. Me complace en los cuellos blancos ver los diamantes. Gusto de gentes de maneras elegantes y de finas palabras y de nobles ideas. Las gentes sin higiene ni urbanidad, de feas trazas, avaros, torpes, o malignos y rudos, mantienen, lo confieso, mis entusiasmos mudos. No conozco el valor del oro... ¿Saben esos que tal dicen lo amargo del jugo de mis sesos, del sudor de mi alma, de mi sangre y mi tinta, del pensamiento en obra y de la idea en cinta? ¿He nacido yo acaso hijo de millonario? ¿He tenido yo Cirineo en mi Calvario?

IV

Tal continué en París lo empezado en Anvers. Hoy, heme aquí en Mallorca, la terra dels foners, como dice Mossen Cinto, el gran Catalán. Y desde aquí, señora, mis versos a ti van, olorosos a sal marina y a azahares, al suave aliento de las Islas Baleares. Hay un mar tan azul como el Partenopeo. Y al azul celestial, vasto como un deseo, su techo cristalino bruñe con el sol de oro. Aquí todo es alegre, fino, sano y sonoro. Barcas de pescadores sobre la mar tranquila descubro desde la terraza de mi villa, que se alza entre las flores de su jardín fragante con un monte detrás y con la mar delante.

V

A veces me dirijo al mercado, que está en la Plaza Mayor. (¿Qué Coppée, no es verdá?) Me rozo con un núcleo crespo de muchedumbre que viene por la carne, la fruta y la legumbre. Las mallorquinas usan una modesta falda, pañuelo en la cabeza y la trenza a la espalda. Esto, las que yo he visto, al pasar, por supuesto. Y las que no la lleven no se enojen por esto. He visto unas payesas con sus negros corpiños, con cuerpos de odaliscas y con ojos de niños; y un velo que les cae por la espalda y el cuello dejando al aire libre lo obscuro del cabello. Sobre la falda clara un delantal vistoso. Y saludan con un bon di tengui gracioso, entre los cestos llenos de patatas y coles, pimientos de corales, tomates de arreboles, sonrosadas cebollas, melones y sandías, que hablan de las Arabias y las Andalucías. Calabazas y nabos para ofrecer asuntos a Madame Noailles y Francis Jammes juntos. A veces me detengo en la plaza de abastos como si respirase soplos de vientos vastos, como si se me entrase con el respiro el mundo. Estoy ante la casa en que nació Raimundo Lulio. Y en ese instante mi recuerdo me cuenta las cosas que le dijo la Rosa a la Pimienta... ¡Oh, cómo yo diría el sublime destierro y la lucha y la gloria del mallorquín de hierro! ¡Oh, cómo cantaría en un carmen sonoro la vida, el alma, el numen, del mallorquín de oro! De los hondos espíritus es de mis preferidos. Sus robles filosóficos están llenos de nidos de ruiseñor. Es otro y es hermano del Dante. ¡Cuántas veces pensara su verbo de diamante delante la Sorbona vieja del París sabio! Cuántas veces he visto su infolio y su astrolabio en una bruma vaga de ensueño, y ¡cuántas veces le oí hablar a los árabes cual Antonio a los peces, en un imaginar de pretéritas cosas que por ser tan antiguas se sienten tan hermosas!

VI

Hice una pausa. El tiempo se ha puesto malo. El mar a la furia del aire no cesa de bramar. El temporal no deja que entren los vapores. Y un yacht de lujo busca refugio en Porto-Pí. Porto-Pí es una rada cercana y pintoresca. Vista linda: aguas bellas: luz dulce; tierra fresca. ¡Ah, señora, si fuese posible a algunos el dejar su Babilonia, su Tiro, su Babel, para poder venir a hacer su vida entera en esta luminosa y espléndida ribera! Hay no lejos de aquí un archiduque austriaco que las pomas de Ceres y las uvas de Baco cultiva, en un retiro archiducal y egregio. Hospeda como un monje—y el hospedaje es regio—. Sobre las rocas se alza la mansión señorial y la isla le brinda ambiente imperial. Es un pariente de Jean Orth. Es un atrida que aquí ha encontrado el cierto secreto de su vida. Es un cuerdo. Aplaudamos al príncipe discreto que aprovecha a la orilla del mar ese secreto. La isla es florida y llena de encanto en todas partes. Hay un aire propicio para todas las artes. En Pollensa ha pintado Santiago Rusiñol cosas de flor, de luz y de seda de sol. Y hay villa de retiro espiritual famosa: La literata Sand escribió en Valldemosa un libro. Ignoro si vino aquí con Musset, y si la vampiresa sufrió o gozó, no sé[1].

¿Por qué mi vida errante no me trajo a estas sanas costas antes de que las prematuras canas de alma y cabeza hicieran de mí la mezcolanza formada de tristeza, de vida y esperanza? ¡Oh, qué buen mallorquín me sentiría ahora! ¡Oh, cómo gustaría sal de mar, miel de aurora, al sentir como en un caracol en mi cráneo el divino y eterno rumor mediterráneo! Hay en mí un griego antiguo que aquí descansó un día después que le dejaron loco de melodía las sirenas rosadas que atrajeron su barca. Cuanto mi ser respira, cuanto mi vista abarca, es recordado por mis íntimos sentidos, los aromas, las luces, los ecos, los ruidos, como en ondas atávicas me traen añoranzas que forman mis ensueños, mis vidas y esperanzas. Mas, ¿dónde está aquel templo de mármol, y la gruta donde mordí aquel seno dulce como una fruta? ¿Dónde los hombres ágiles que las piedras redondas recogían para los cueros de sus hondas?... Calma, calma. Esto es mucha poesía, señora. Ahora hay comerciantes muy modernos. Ahora mandan barcos prosaicos la dorada Valencia, Marsella, Barcelona y Génova. La ciencia comercial es hoy fuerte y lo acapara todo. Entretanto, respiro mi salitre y mi iodo brindados por las brisas de aqueste golfo inmenso, y a un tiempo, como Kant y como el asno, pienso. Es lo mejor.

VII

Y aquí mi epístola concluye. Hay una ansia de tiempo que de mi pluma influye a veces, como hay veces de enorme economía. «Si hay, he dicho, señora, alma clara, es la mía.» Mírame transparentemente, con tu marido, y guárdame lo que tú puedas del olvido.

A REMY DE GOURMONT

DESDE Palma de Mallorca, en donde Lulio nació, te dirijo este romance, ¡oh, Remigio de Gourmont! Va lleno de sal marina y va caliente de sol, del sol que gozó Cartago y que a Aníbal dió calor. Llevan las gymnesias brisas algo de azahar. Y son para ti gratas, ilustre nieto de conquistador. Por tu sangre de Cortés puedes ornar tu blasón con signos que aquí en España mejorara sólo Dios. Y pues de Cortés blasonas, vaya esta salutación llena de frases corteses a tu hogar de sabidor. Yo te recordé por Lulio, a quien amas con razón, pues no hay para seres tales más que razonado amor. De las plantas de Raimundo tu herbario bien sabe el don, si él tuvo antes don de lenguas, don de lenguas tienes hoy. Raimundo fué combativo; tú lo eres en lo interior, y si lapidado fué, tú mereces el honor de ser quemado en la hoguera de la Santa Inquisición. Aquí hay luz, vida. Hay un mar de cobalto aquí, y un sol que estimula entre las venas sangre de pagano amor. Aquí estaría Simón bajo un toronjero en flor, viendo las velas latinas en la azulada visión. Y tú tendrías la mente en un eco, en una voz, en un cangrejo, en la arena, o en una constelación.

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Eco, divina y desnuda.

ECO Y YO

A la Señora Susana Torres de Castex.

ECO, divina y desnuda como el diamante del agua, mi musa estos versos fragua y necesita tu ayuda, pues, sola, peligros teme. —¡Heme! —Tuve en momentos distantes, antes, que amar los dulces cabellos bellos, de la ilusión que primera era, en mi alcázar andaluz luz, en mi palacio de moro oro, en mi mansión dolorosa rosa. Se apagó como una estrella ella. Deja, pues, que me contriste —¡Triste! ¡Se fué el instante oportuno! —¡Tuno!... ¿Por qué, si era yo suave ave, que sobre el haz de la tierra yerra y el reposo de la rama ama? Guióme por varios senderos Eros, mas no se portó tan bien en esquivarme los risueños sueños, que hubieran dado a mi vida ida, menos crueles mordeduras duras. Mas hoy el duelo aún me acosa ¡osa! —¡Osar, si el dolor revuela! ¡Vuela! —Tu voz ya no me convence. —vence. —¡La suerte errar me demanda! —Anda. —Mas de ilusión las simientes... —¡Mientes! —¿Y ante la desesperanza? —Esperanza. Y hacia el vasto porvenir ir. —Tu acento es bravo, aunque seco, eco. Sigo, pues, mi rumbo, errante, ante los ojos de las rosadas hadas. Gusté de Amor hidromieles mieles; probé de Horacio divino, vino; entretejí en mis delirios lirios. Lo fatal con sus ardientes dientes apretó mi conmovida vida; mas me libró en toda parte arte. Lista está a partir mi barca arca do va mi gala suprema, —Rema. —Un blando mar se consigue. —Sigue. —La aurora rosas reparte. —¡Parte! ¡Y a la ola que te admira mira, y a la sirena que encanta canta!

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Líricos cantan y meditan sabios por esos pechos y por esos labios: ¡La mejor musa es la de carne y hueso

BALADA EN HONOR DE LAS MUSAS DE CARNE Y HUESO

A G. Martínez Sierra.

NADA mejor para cantar la vida, y aun para dar sonrisas a la muerte, que la aurea copa en donde Venus vierte la esencia azul de su viña encendida. Por respirar los perfumes de Armida y por sorber el vino de su beso, vino de ardor, de beso, de embeleso, fuérase al cielo en la bestia de Orlando, ¡voz de oro y miel para decir cantando: la mejor musa es la de carne y hueso! Cabellos largos en la buhardilla, noches de insomnio al blancor del invierno, pan de dolor con la sal de lo eterno y ojos de ardor en que Juvencía brilla; el tiempo en vano mueve su cuchilla, el hilo de oro permanece ileso; visión de gloria para el libro impreso que en sueños va como una mariposa; y una esperanza en la boca de rosa. ¡La mejor musa es la de carne y hueso! Regio automóvil, regia cetrería; borla y muceta, heráldica fortuna, nada son como a la luz de la luna una mujer hecha una melodía. Barca de amar busca la fantasía, no el yacht de Alfonso o la barca de Creso. Da al cuerpo llama y fortifica el seso ese archivado y vital paraíso; pasad de largo, Abelardo y Narciso: ¡La mejor musa es la de carne y hueso! Clío está en esta frente hecha de aurora, Euterpe canta en esta lengua fina, Talía ríe en la boca divina, Melpómene es ese gesto que implora; en estos pies Terpsícore se adora, Cuello inclinado es de Erato embeleso, Polymnia intenta a Calíope proceso por esos ojos en que Amor se quema. Urania rige todo ese sistema: ¡La mejor musa es la de carne y hueso! No protestéis con celo protestante, contra el panal de rosas y claveles en que Tiziano moja sus pinceles y gusta el cielo de Beatrice el Dante. Por eso existe el verso de diamante, por eso el iris tiéndese y por eso humano genio es celeste progreso. Líricos cantan y meditan sabios por esos pechos y por esos labios: ¡La mejor musa es la de carne y hueso!

ENVÍO:

Gregorio: nada al cantor determina como el gentil estímulo del beso; Gloria al sabor de la boca divina: ¡La mejor musa es la de carne y hueso!

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Se anuncia que viene el Judío errante...

AGENCIA...

QUÉ hay de nuevo?... Tiembla la tierra. En La Haya incuba la guerra. Los reyes han terror profundo. Huele a podrido en todo el mundo. No hay aromas en Galaad. Desembarcó el marqués de Sade procedente de Seboim. Cambia de curso el gulf-stream. París se flagela a placer. Un cometa va a aparecer. Se cumplen ya las profecías del viejo monje Malaquías. En la iglesia el diablo se esconde. Ha parido una monja. (¿En dónde?...) Barcelona ya no está bona sino cuando la bomba sona... China se corta la coleta. Henry de Rothschild es poeta. Madrid abomina la capa. Ya no tiene eunucos el papa. Se organizará por un bill la prostitución infantil. La fe blanca se desvirtúa y todo negro «continúa». En alguna parte está listo el palacio del Anticristo. Se cambian comunicaciones entre lesbianas y gitones. Se anuncia que viene el Judío errante... ¿Hay algo más, Dios mío?...

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Albas margaritas, rosas escarlatas, ¿no guardan memoria de las serenatas con que un tierno lírico os habló de amor?

FLIRT

QUE a las dulces gracias la áurea rima loe, que el amable Horacio brinde un canto a Cloe, que a Margot o a Clebia dé un rondel Banville, eso es justo y bello, que esa ley nos rija, eso lisonjea y eso regocija a la reina Venus y a su paje Abril. El ilustre cisne, cual labrado en nieve, con el cuello en arco, bajo el aire leve, boga sobre el terso lago especular; y aunque no lo dice, va ritmando un aria para la entreabierta rosa solitaria que abre el fresco cáliz a la luz lunar. Albas margaritas, rosas escarlatas, ¿no guardan memoria de las serenatas con que un tierno lírico os habló de amor? ¿Conocéis la gama breve y cristalina en que, enamorado, su canción divina con su bandolina trina el ruiseñor? Estas tres estrofas, deliciosa amiga, son un corto prólogo para que te diga que tus bellos ojos de luz sideral, y tus labios, rimas ricas de corales, merecen la ofrenda de los madrigales floridos de líricas rosas de cristal. De tu ardiente gracia los elogios rimo, de un rondel galante la fragancia exprimo para ungir la alfombra donde estén tus pies, yo saludo el lindo triunfo de las damas, y en mis versos siento renacer las llamas que eran luz del triunfo del Rey Sol francés. 1893.s

CAMPOAMOR

ESTE del cabello cano, como la piel del armiño, juntó su candor de niño con su experiencia de anciano; cuando se tiene en la mano un libro de tal varón, abeja es cada expresión que, volando del papel, deja en los labios la miel y pica en el corazón.

ESQUELA A CHARLES DE SOUSSENS

A la vista del blanco lucero matutino a tu amistad envío mi saludo cordial, pues tus dedos despiertan el alambre divino, sobre la lira, sobre el tímpano inmortal. Tu Suiza, coronada de un halo diamantino, circundada en abismos de torres de cristal, alzará un día, para tu numen peregrino, un busto blanco y fino de firme pedestal. Compañero, que traes en tu lira extranjera caras rosas nativas a nuestra primavera, y que tu Ranz nos cantas en el modo español, ¡que la América escuche tu noble melodía y a Suiza, Buenos Aires pueda enviar algún día tu cabeza lunática coronada de sol! 1895.

HELDA

HELDA c’est la musique et le rythme charmant, évocateur. C’est la femme mystérieuse et plastique, amoureuse, et pleureuse, et rieuse, et même elle est le vers qui câline et qui ment. Je ne boirai jamais le vin de son serment, et la coupe d’or de cette femme amoureuse n’enivrera jamais mon âme malheureuse, malheureuse d’Amour, ma Belle au bois dormant. Mais Helda est pour moi comme une harpe éolienne: et de mes rêves est aussi musicienne en fleurissant sa voix des paroles de jour. Je voudrais être Roi du pays d’Utopie et je donnerais la couronne à mon amie, des perles de musique, et des diamants d’amour.

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Alma blanca, más blanca que el lirio...

A UNA NOVIA

ALMA blanca, más blanca que el lirio; frente blanca, más blanca que el cirio que ilumina el altar del Señor: Ya serás por hermosa encendida, ya serás sonrosada y herida, por el rayo de luz del amor. Labios rojos de sangre divina, labios donde la risa argentina junta el albo marfil al clavel, ya veréis cómo el beso os provoca, cuando Cipris envíe a esa boca sus abejas sedientas de miel. Manos blancas, cual rosas benditas, que sabéis deshojar margaritas junto al fresco rosal del Pensil, ya daréis la canción del amado cuando hiráis el sonoro teclado del triunfal clavicordio de Abril! Ojos bellos de ojeras cercados, ya veréis los palacios dorados de una vaga, ideal Estambul, cuando lleven las hadas a Oriente a la Bella del Bosque Durmiente, en el carro del Príncipe Azul! ¡Blanca flor! De tu cáliz risueño la libélula errante del Sueño alza el vuelo veloz, ¡blanca flor! Primavera su palio levanta y hay un coro de alondras que canta la canción matinal del amor.

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Parece un viejo dios, altanero y esquivo, que se animase en la frialdad de su escultura.

SONETO

Para el Sr. D. Ramón del Valle-Inclán.

ESTE gran don Ramón, de las barbas de chivo, cuya sonrisa es la flor de su figura, parece un viejo dios, altanero y esquivo, que se animase en la frialdad de su escultura. El cobre de sus ojos por instantes fulgura y da una llama roja tras un ramo de olivo. Tengo la sensación de que siento y que vivo a su lado una vida más intensa y más dura. Este gran don Ramón del Valle-Inclán me inquieta, y a través del zodíaco de mis versos actuales se me esfuma en radiosas visiones de poeta, O se me rompe en un fracaso de cristales. Yo le he visto arrancarse del pecho la saeta que le lanzan los siete pecados capitales.

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Los ojos de las hechiceras...

QUERIDA DE ARTISTA

CULTIVA tu artista, mujer, que por cierto debes tener los ojos de las hechiceras... Cultiva tu artista, mujer, sin abusar del alfiler y del filo de las tijeras. Y si eres de las hechiceras que, desnudas, se dejan ver en las pieles de las panteras, o si de las tristes y fieras, cultiva tu artista, mujer...

TANT MIEUX...

GLORIA al laboratorio de Canidia, gloria al sapo y la araña y su veneno, gloria al duro guijarro, gloria al cieno, gloria al áspero errar, gloria a la insidia, gloria a la cucaracha que fastidia, gloria al diente del can de rabia lleno, gloria al parche vulgar que imita al trueno, gloria al odio bestial, gloria a la envidia. Gloria a las ictericias devorantes que sufre el odiador; gloria a la escoria que padece a la luz de los diamantes, pues toda esa miseria transitoria hace afirmar el paso a los Atlantes cargados con el orbe de su gloria.

LIRICA

A Eduardo Talero.

EDUARDO: está en el reino de nuestra fantasía el pabellón azul de nuestro rey divino. Saludemos al dios en el pan y en el vino, saludemos al dios en la noche y el día. Todavía está Apolo triunfante, todavía gira bajo su lumbre la rueda del destino y viértense del carro en el diurno camino las ánforas de fuego, las urnas de armonía. Hundámonos en ese mar vasto de éter puro en que las almas libres del cautiverio obscuro de la sombra, celebran el divino poder de cantar. Tal será nuestra eterna retórica. En tanto suena la música pitagórica y brilla en el celeste abismo Lucifer.

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Ninfas, danzad.

DANZA ELEFANTINA

OID, Cloe, Aglae, Nice, que es singular. El elefante dice: Voy a danzar. Lleno de filosofía tiene el testuz, la trompa es sabiduría, los colmillos, luz. Las formidables orejas gravedades son muy llenas de cosas viejas y de erudición. Cuatro patas misteriosas, pues no vienen sin haber chafado las rosas de griego y latín, van a trenzar unas danzas que son la verdad, los ensueños y esperanzas de la humanidad. ¿El elefante está enfermo? ¿Harto de laurel indico está el paquidermo rehuso al rabel? Basta pesadez le sobra para la función; y danza mejor la cobra de la flauta al son. Ninfas, danzad. El alisio besa vuestros pies. El virtual don de Dionisio con vosotras es. Oid, Cloe, Nice, Aglae, toda mi ciencia es amor: Y en mis danzas se distrae mi maestro el ruiseñor.

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Rosa, que en la cortesana fuiste sobre seda azul...

INTERROGACIONES

ABEJA, qué sabes tú, toda de miel y oro antiguo? ¿Qué sabes, abeja helénica? —Sé de Píndaro. —León de hedionda melena, meditabundo león, ¿sabes de Hércules acaso...? —Sí. Y de Job. —Víbora, mágica víbora, entre el sándalo y el loto ¿has adorado a Cleopatra? —Y a Petronio... —Rosa, que en la cortesana fuiste sobre seda azul, ¿Amabas a Magdalena?... —Y a Jesús... —Tijera que destrozaste de Sansón la cabellera, ¿te atraía a ti Sansón? —No. Su hembra... —A quién amáis,—alba blanca lino, espuma, flor de lís, estrellas puras, ¿a Abel? —A Caín. —Aguila que eres la Historia, ¿dónde vas a hacer tu nido? ¿A los picos de la Gloria?... —Sí. ¡En los montes del olvido!

LOS PIRATAS

REMACHA el postrer clavo en el arnés. Remacha el postrer clavo en la fina tabla sonora. Ya es hora de partir, buen pirata, ya es hora de que la vela pruebe el pulmón de la racha. Bajo la quilla el cuello del tritón se agacha y la vívida luz del relámpago dora la quimera de bronce incrustada en la prora, y una sonrisa pone en el labio del hacha. La coreada canción de la piratería, saludará el real oriflama del día cuando el clarín del alba nueva ha de sonar ¡glorificando a los caballeros del viento que ensangrientan la seda azul del firmamento con el rojo pendón de los reyes del mar!

INDICE

Págs.

Dedicatoria1

Dilucidaciones5

El cantor va por todo el mundo19

INTENSIDAD

Metempsícosis23

A Colón27

Momotombo33

Israel39

Salutación al Águila43

A Francia49

Desde la Pampa53

Revelación59

En elogio del Ilmo. Sr. Esquíu63

Visión69

IN MEMORIAM BARTOLOMÉ MITRE

Arbol feliz77

ENSUEÑO

Dream85

Versos de otoño87

Sum89

La bailarina de los pies desnudos91

La canción de los pinos95

Vesper101

En una primera página103

¡Eheu!107

La hembra del pavo real111

Hondas115

LIRA ALERTA

A un pintor119

Preludio125

Nocturno129

Caso131

Epístola a la Señora de Lugones135

A Remy de Gourmont145

Eco y yo151

Balada en honor de las musas de carne y hueso157

Agencia163

Flirt167

Campoamor169

Esquela a Charles de Soussens171

Helda173

A una novia177

Soneto para el Sr. D. Ramón del Valle-Inclán181

Querida de artista185

Tant mieux187

Lírica189

Danza elefantina195

Interrogaciones199

Los piratas201

Acabóse de imprimir este libro en Madrid, en la TIPOGRAFÍA YAGÜES el día vii de Noviembre del año mcmxviii
Acabóse de imprimir este libro en Madrid, en la TIPOGRAFÍA YAGÜES el día vii de Noviembre del año mcmxviii

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