ENSUEÑO
Reading edition


Verlaine arde...
DREAM
SE desgrana un cristal fino sobre el sueño de una flor; trina el poeta divino... ¡Bien trinado, Ruiseñor! Bottom oye ese cristal caer, y, bajo la brisa, se siente sentimental. Titania toda es sonrisa. Shakespeare va por la floresta, Heine hace un «lied» de la tarde... Hugo acompasa la Fiesta «Chez Thérèse». Verlaine arde en las llamas de las rosas alocado y sensitivo, y dice a las ninfas cosas entre un querubín y un chivo. Aubrey Beardsley se desliza como un silfo zahareño. Con carbón, nieve y ceniza da carne y alma al ensueño. Nerval suspira a la luna. Laforgue suspira de males de genio y fortuna. Va en silencio Mallarmé.

Las hojas amarillas caen en la alameda, en donde vagan tantas parejas amorosas.
VERSOS DE OTOÑO
CUANDO mi pensamiento va hacia ti, se perfuma; tu mirar es tan dulce, que se torna profundo. Bajo tus pies desnudos aún hay blancor de espuma, y en tus labios compendias la alegría del mundo. El amor pasajero tiene el encanto breve, y ofrece un igual término para el gozo y la pena. Hace una hora que un nombre grabé sobre la nieve; hace un minuto dije mi amor sobre la arena. Las hojas amarillas caen en la alameda, en donde vagan tantas parejas amorosas. Y en la copa de Otoño un vago vino queda en que han de deshojarse, Primavera, tus rosas.
SUM...
YO soy en Dios lo que soy y mi ser es voluntad que, perseverando hoy, existe en la eternidad. Cuatro horizontes de abismo tiene mi razonamiento, y el abismo que más siento es el que siento en mí mismo. Hay un punto alucinante en mi villa de ilusión: La torre del elefante junto al kiosco del pavón. Aún lo humilde me subyuga si lo dora mi deseo. La concha de la tortuga me dice el dolor de Orfeo. Rosas buenas, lirios pulcros, loco de tanto ignorar, voy a ponerme a gritar al borde de los sepulcros: ¡Señor que la fe se muere! Señor mira mi dolor. ¡Miserere! ¡Miserere!... Dame la mano, Señor...
LA BAILARINA DE LOS PIES DESNUDOS
IBA en un paso rítmico y felino a avances dulces, ágiles o rudos, con algo de animal y de felino la bailarina de los pies desnudos. Su falda era la falda de las rosas, en sus pechos había dos escudos... Constelada de casos y de cosas... La bailarina de los pies desnudos. Bajaban mil deleites de los senos Hacia la perla hundida del ombligo, e iniciaban propósitos obscenos azúcares de fresa y miel de higo. A un lado de la silla gestatoria estaban mis bufones y mis mudos... ¡Y era toda Setene y Anactoria la bailarina de los pies desnudos!

Oh pinos, oh hermanos en tierra y ambiente, yo os amo. Sois dulces, sois buenos, sois graves.
LA CANCIÓN DE LOS PINOS
OH pinos, oh hermanos en tierra y ambiente, yo os amo. Sois dulces, sois buenos, sois graves. Diríase un árbol que piensa y que siente, mimado de auroras, poetas y aves. Tocó vuestra frente la alada sandalia; habéis sido mástil, proscenio, curul, oh pinos solares, oh pinos de Italia, bañados de gracia, de gloria, de azul. Sombríos, sin oro del sol, taciturnos, en medio de brumas glaciales y en montañas de ensueños, oh pinos nocturnos, ¡oh pinos del Norte, sois bellos también! Con gestos de estatuas, de mimos, de actores, tendiendo a la dulce caricia del mar, ¡oh pinos de Nápoles, rodeados de flores, oh pinos divinos, no os puedo olvidar! Cuando en mis errantes pasos peregrinos, la Isla Dorada me ha dado un rincón do soñar mis sueños, encontré los pinos, los pinos amados de mi corazón. Amados por tristes, por blandos, por bellos. Por su aroma, aroma de una inmensa flor, por su aire de monjes, sus largos cabellos, sus savias, ruidos y nidos de amor. ¡Oh pinos antiguos que agitara el viento de las epopeyas, amados del sol! ¡Oh líricos pinos del Renacimiento, y de los jardines del suelo español! Los brazos eolios se mueven al paso del aire violento que forma al pasar ruidos de pluma, ruidos de raso, ruidos de agua y espumas de mar. ¡Oh noche en que trajo tu mano, Destino, aquella amargura que aún hoy es dolor! La luna argentaba lo negro de un pino, y fuí consolado por un ruiseñor. Románticos somos... ¿Quién que Es, no es romántico? Aquel que no sienta ni amor ni dolor, aquel que no sepa de beso y de cántico, que se ahorque de un pino: será lo mejor... Yo, no. Yo persisto. Pretéritas normas confirman mi anhelo, mi ser, mi existir. ¡Yo soy el amante de ensueños y formas que viene de lejos y va al porvenir!

Quietud, quietud... Ya la ciudad de oro ha entrado en el misterio de la tarde.
VESPER
QUIETUD, quietud... Ya la ciudad de oro ha entrado en el misterio de la tarde. La catedral es un gran relicario. La bahía unifica sus cristales en un azul de arcaicas mayúsculas de los antifonarios y misales. Las barcas pescadoras estilizan el blancor de sus velas triangulares y como un eco que dijera: «Ulises», junta alientos de flores y de sales.
EN UNA PRIMERA PÁGINA
CÁLAMO, deja aquí correr tu negra fuente. Es el pórtico en donde la Idea alza la frente luminosa y al templo de sus ritos penetra. Cálamo, pon el símbolo divino de la letra en gloria del vidente cuya alma está en su lira. Bendición al que entiende, bendición al que admira. De ensueño, plata o nieve, esta es la blanca puerta. Entrad los que pensáis o soñáis. Ya está abierta.

Aquí, junto al mar latino, Digo la verdad:
¡EHEU!
AQUÍ, junto al mar latino, digo la verdad: Siento en roca, aceite y vino yo mi antigüedad. Oh, qué anciano soy, Dios santo, Oh, qué anciano soy... ¿De dónde viene mi canto? Y yo, ¿adónde voy? El conocerme a mí mismo ya me va costando muchos momentos de abismo y el cómo y el cuándo... Y esta claridad latina, ¿de qué me sirvió a la entrada de la mina del yo y el no yo...? Nefelibata contento creo interpretar las confidencias del viento, la tierra y el mar... Unas vagas confidencias del ser y el no ser, y fragmentos de conciencias de ahora y ayer. Como en medio de un desierto me puse a clamar; y miré el sol como muerto y me eché a llorar.

La hembra del pavo real estaba en el jardín desnuda.
LA HEMBRA DEL PAVO REAL
EN Ecbatana fué una vez... O más bien creo que en Bagdad... Era en una rara ciudad, bien Samarcanda o quizás Fez. La hembra del pavo real estaba en el jardín desnuda; mi alma amorosa estaba muda y habló la fuente de cristal. Habló con su trino y su alegro y su stacatto y son sonoro, y venían del bosque negro voz de plata y llanto de oro. La desnuda estaba divina, salomónica y oriental: era una joya diamantina la hembra del pavo real. Los brazos eran dos poemas ilustrados de ricas gemas. Y no hay un verso que concentre el trigo y albor de palomas, y lirios y perlas y aromas que había en los senos y el vientre. Era una voluptuosidad que sabía a almendra y a nuez y a vinos que gustó Simbad... En Ecbatana fué una vez, o más bien creo que en Bagdad. En las gemas resplandecientes de las colas de los pavones caían gotas de las fuentes de los Orientes de ilusiones. La divina estaba desnuda. Rosa y nardo dieron su olor... Mi alma estaba extasiada y muda y en el sexo ardía una flor. En las terrazas decoradas con un gesto extraño y fatal fué desnuda ante mis miradas la hembra del pavo real.
HONDAS
A Pichardo.
YO soñé que era un hondero mallorquín. Con las piedras que en la costa recogí, cazaba águilas al vuelo, lobos, y en la guerra iba a la guerra contra mil. Un guijarro de oro puro fué al cenit, una tarde en que en la altura azul vi un enorme gerifalte perseguir a una extraña ave radiante, un rubí que rayara el firmamento de zafir. No tornó mi piedra al mundo, Pero sin vacilar vino a mí el ave querubín. «Partió herida—dijo—el alma de Goliat, y vengo a ti. Soy el alma luminosa de David!»