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Diario de un viage a Salinas Grandes, en los campos del sud de Buenos Aires

VIAGE A SALINAS GRANDES. (continued 2)

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19, LUNES.

En este dia dí parte á la Exma. Junta Gubernativa de todas las ocurrencias de Carrupilun, y estado de asedio en que me consideré en los dias 17 y 18; las medidas tomadas y resolucion de defenderme y atacar á los indios si me embarazaban el regreso. Prohibí la venta de toda bebida á los indios. Llegó el cacique Victoriano, dejando su gente pronta y armada para que ocurriese con su aviso, y entonces saludò á Carrupilun, quien trató de despedirse en aquel dia, é igualmente los mas de los caciques de su parcialidad, exigiendo se les diese algunas bebidas, yerba, tabaco y otras especies, que fué necesario franquearles para salir de ellos sin agravio ó descontento. Me pidieron todos les diese oficio de recomendacion para poder presentarse en las Guardias y al Superior Gobierno como amigos, en que no me detuve; dando parte igualmente á la Exma. Junta, manifestándole individualmente las circunstancias de cada uno para que solo se atendiese á los amigos beneméritos, dando resguardo á los demas, y los motivos que me obligaban á darles dichos oficios.

Se presentó en este dia el cacique Milba, hombre feroz de aspecto y de condicion, quien con su gente acampó á distancia de nuestro real por no desarmarla, y vino solo con un lenguaraz indio, cuyo próximo arrivo habia anunciado Neuquen en el dia anterior. A este principalmente, y á Neuquen estaba encomendado el asalto; mas mudó de lenguage, en virtud de las ocurrencias referidas, y se despidió. Sin embargo hasta el siguiente dia se veló mucho sobre las haciendas, por los frecuentes robos que se experimentaban entre ellos, bien que no se atrevieron asaltar á nuestros ganados de dia; pero en la noche acometieron varios indios á algunos vivanderos. Fueron sentidos y perseguidos por las patrullas: prendieron á dos con los robos que habian hecho, é hirieron mortalmente á otro, conduciendo á los tres á la guardia de prevencion, donde se les aseguró. El facultativo puso el mayor esmero en curar al herido, que entre otras habia recibido una herida en el bajo vientre, y tenia las tripas fuera. Este cuidado se redobló cuando se supo que no tenia ingerencia en los robos, que era indio amigo, y que como tal apellidó en su defensa al cacique Valeriano para que no le ultimasen. La causa de su desgracia fue el haberse asustado, y echado al indio que dormia, cuando se dirigieron hàcia él los soldados que perseguian á los ladrones. Esta ocurrencia puso en doble vigilancia al campamento: prevenidos los indios de ella, avivaron su retirada luego que amaneció, siendo el primero Carrupilun. Antes que se retirasen, dispuse que reconociesen á los indios ladrones, que se hallaban bien asegurados á las ruedas de una carreta, con las especies robadas, para que en ningun tiempo pudiera dudarse de la justicia de su prision y castigo. Para esto hice convocar á los caciques, y ordené se mantuviese sobre las armas la expedicion.

20, MARTES.

Reconocidos los indios aprendidos, y tambien el herido y su estado, convinieron los caciques, á vista de sus declaraciones y delitos comprobados, en que yo les quitase la vida, ó castigase como quisiese, pues podia hacerlo francamente. Que en atencion á que ellos habian sido causantes de la desgracia del indio amigo, debian pagar con sus bienes las heridas del enfermo, ó su muerte, á contentamiento de los parientes que hubiese en el campamento, avisando á los demas que tuviese en la tolderia de donde procedia. En estas circunstancias me aproveché de sus mismas resoluciones, perdonándoles la vida, y dejándoles asegurados hasta la llegada de los parientes del herido, quienes dispondrian de él segun sus usos y costumbres: de cuya resolucion quedaron todos muy agradecidos, y los reos satisfechos de la fineza, contra el fallo de muerte que sus propios caciques habian dado.

Este accidente inopinado, unido á los antecedentes, dió un mérito extraordinario á la resolucion, y alentó á los españoles, que se consideraban como despreciados, y deseosos de emprender cualquiera accion que se presentase, por la que en efecto anhelaban, incitados de los despojos que podia prometerles la victoria, en las muchas alhajas de plata, monturas, caballos y tegidos que traen á esta especie de feria. Todo, por una especie de providencia, contribuyó á deslumbrarlos y hacerles perder el empeño de atacarnos, á pesar de su muchedumbre, y de nuestra escasa fuerza, que consistia en 21 hombres de fusil y 9 artilleros, de la que estaban bien instruidos desde el principio, y fué causa para que nos insultase Lincon. La firmeza en sostener la prohibicion de vender bebidas, de la que todos hicieron mal agüero, contribuyó á persuadir á los indios que yo guardaba aun resentimientos por sus procederes, y que deseaba declararles la guerra al mas leve delito. Para evitarlo, se fueron despidiendo uno en pos de otro con sus respectivas recomendaciones. Se retiraron todos los que seguian á Carrupilun á los Médanos, distantes como legua y media, donde habian dejado sus armas.

Desembarazado en mucha parte del cuidado que daban estos caciques, y su muchedumbre de gentes de armas encoletadas, y algunos con cotas de acero, como tambien de su innumerable chusma, quedamos mas francos para atender al objeto de nuestro viage. Por esta razon, y por la imposibilidad de poder sacar sal, se habia omitido hasta hoy, y no por el motivo que habia hecho entender á los indios. Llamé á los dueños de carretas y capataces, y les prefijé el término de tres dias para la carga, en atencion á haber mejorado el tiempo y bajado las aguas, para estraer la sal con menos trabajo que antes. Hice que las carretas no entrasen á la laguna, que quedasen siempre en línea, en precaucion de algun acometimiento de los indios que nos observaban, sin moverse de los Médanos referidos.

Entonces recibió un nuevo placer el cacique Quinteleu y sus hermanos, que hasta este punto dudaban de que cargase, recelándose de consiguiente un resultado funesto si el Superior Gobierno ordenaba las hostilidades que yo habia anunciado. Animó y ofreció sus indios, para que auxiliasen y ayudasen á cargar, como en efecto lo hicieron, recibiendo de los interesados una pequeña gratificacion: entonces finalmente desplegó este cacique todos los sentimientos honrados que le caracterizan, ofreciendo hacerme una muy circunstanciada relacion del estado de la indiada, sus particulares acuerdos y establecidos proyectos para invadir á los españoles, y la nota que él, sus hermanos y deudos tenian contraida por no prestarse á sus sistemas, en términos de hallarse precisados á defender la tierra, y situarse á la parte opuesta de la Cordillera, para reparar las desgracias que le amagaban en terrenos de la indiada chilena. Que luego iba á caminar su hermano Victoriano con sus gentes, y despues él y sus deudos.

En este estado, y siendo como las 11 del dia, llegó al campamento el cacique Milla-Catreu, hijo de otro de este nombre, y por medio de un indio lenguaraz, me suplicó le diese, para él y sus gentes, una vaquillona para comer, porque habia tres dias que no tomaban alimento alguno. Le repuse, que yo era un viagero separado de mi patria, y que era muy estraño me pidiesen en lugar de darme: que yo estaba comprando á los indios para comer, y él podia hacer lo mismo. Me contestó, que él no podia comprar, que le diese para comer una ternera, porque aunque su gente era mucha, unos tomarian la sangre, otros los menudos y el resto la carne, como con su padre, cacique principal, lo habian hecho muchas veces, en el mismo lugar otros comandantes. Como el indio lenguaraz no poseia el español para poderse esplicar, dió á entender que su cacique decia, que mis soldados enlazasen y sirviesen la ternera: cosa que me pareció repugnante, y mucho mas por el modo con que lo dijo: por ello me levanté airado, y le repuse, que con las armas nos entenderíamos.

El indio intérprete se esforzaba por darse á entender, y se dirigió al mio, diciendo que era falsa su asercion, porque el cacique decia que con sus soldados, esto es, con sus mocetones ó sus indios, y no con mis soldados. Esto guardaba mas conformidad con su primera súplica, y la hospitalidad exigia de mi le atendiese, cuando en su falta robarian mas de lo que pedian. Mandé se les diese una res, que en efecto, ellos enlazaron, llevaron á su alojamiento; cortando de ese modo el disgusto que habia preparado la mala interpretacion: en cuya precaucion es necesario vivir advertido, para no incidir involuntariamente en cosas semejantes, ya por escasez de voces en el idioma, ó ya por falta de posesion de este y del español en los intérpretes. Este suceso acaloró demasiado á algunos de mis oficiales, que sin acordarse que les tocaba solo obedecer, y no ingerirse en los gastos económicos, mucho menos cuando no faltaban las raciones, nos espusieron á un rompimiento por la incomodidad que recibian los indios con las repulsas, hasta que quedamos todos convencidos del verdadero sentido de las palabras. Al mismo tiempo que el cacique Milla solicitaba este auxilio, sus gentes, que habian bajado á la laguna á cargar de sal, se encontraron con algunos indios Pampas que estaban en igual diligencia. Es tal la oposicion que hay entre estos y los Ranqueles, que, siempre que se ven, se acometen para herirse, robarse y maltratarse, como aconteció en este caso: resultando varios heridos de los Pampas, y entre ellos, tres de gravedad, y despues robados y despojados de sus haciendas. Vinieron despues á poner la queja de estos hechos: ordené que se atendiesen sus heridas, y les hice entender que yo no era juez de sus causas, y que ellos vengasen sus agravios. Sin embargo, pregunté á Milla, cual era la causa de aquellas violencias? Y me contestó, que era en venganza de otras que los Pampas habian cometido con sus indios: que aun no estaban bien satisfechos, y podian agradecer á los españoles, bajo cuya sombra se atrevian á cargar de sal, el que no hubiesen sido todos degollados, como lo tenian bien merecido.

Se despidió este cacique como los demas, que le esperaban para deliberar sus respectivas marchas, despues de robar lo que pudiesen, á favor de la inmediacion al campamento y de su pública despedida. En efecto hubo mucho acuerdo sobre asaltar ó no la expedicion: pero como los caciques amigos permanecian siempre en èl, desistieron del intento, y se contentaron con robarles sus ganados, de modo que á muchos los dejaron á pié, y entre ellos á Turuñan, Victoriano y Quidulef. He observado constantemente, en el discurso de esta expedicion, el génio y doble trato de estos hombres: ellos mezclan siempre la súplica con la amenaza, apoyando esta con el número de lanzas que traen y suponen tener de reserva. Pero, como hace poco por la salud quien no se contiene con los excesos, y espera á la necesidad para aplicar el remedio, así es preciso mezclar desde luego en los razonamientos, la firmeza con la afabilidad, procurando dejar el uso de las armas para las últimas razones.

El cacique Neuquen, hombre mayor de 70 años, y á quien la vejez ha quitado los ojos sin ofenderle la cabeza, dejándole solo el nombre de haber sido el mas feroz y sanguinario, y tenido por ello el concepto del mas valiente, quiso hacer vana ostentacion de su antiguo respeto, y sufrió la mayor humillacion en cambio de su arrogancia. El cacique Milla-Catreu, que venia en retaguardia de Neuquen, y cuya venida anunció este, como concertados de antemano para acabar la expedicion, cuando supo el éxito de sus confederados, se vió precisado á mudar de tono para conseguir su entrada, dejando la gente armada á mas de una legua de distancia. El cacique Carrupilun, hombre audaz y de la mas refinada malicia, que obraba con acuerdo de aquellos y de veinte caciques mas, le vió bajamente postrado, cuando se descubrieron sus intrigas. Neuquen y Milla nunca habian conocido españoles sino en la lid: al primero dió mucho crédito el sangriento destrozo de la tropa del canónigo D. N. Canas. A estos caciques los prefirieron los demas, para que, provocando con amenazas, emprendiesen el ataque, que debian auxiliar los que estaban adentro del campamento, dirigidos por Carrupilun.

La misma detencion en resolver me hizo conocer el doblez y perfidia de Carrupilun y sus aliados. En estos casos, cuando insta la resolucion, suele ser engañosa virtud la prudencia, que se equivoca con el miedo. Nunca debe cerrarse la puerta, es verdad, al consejo, pero alguna vez deben cerrarse los ojos á las dificultades, porque suelen parecer mayores desde lejos; y hay veces en que la demora en discurrir impide el ejecutar, cuya lentitud prepara á los enemigos y pierde las empresas. Tal me persuadí que era mi situacion, y que, aprovechando los momentos, acaso desconcertaria las medidas combinadas para destruirme. Favoreciò la prudencia mis intenciones de un modo admirable, pero juzgué que siempre debieran evitarse iguales lances, aumentando la fuerza, ó escusando hacer expediciones semejantes.

Aquí se me ofrece observar, que no solo los estrangeros, desafectos á nuestra nacion, tratan injustamente á los indios, como incapaces de razon, para dar desestimacion y desprecio á nuestras obras, sino que tambien en las ciudades capitales de Amèrica se encuentran hombres de casi iguales sentimientos. En aquellos hay un crasísimo error, fomentado por innata aversion que nos profesan: en estos es una pública ignorancia. Ellos han admirado en otro tiempo, mas que ahora, nuestros procedimientos, pero esto es efecto de la novedad, que es incompatible con la potencia de discurrir: porque la admiracion no siempre supone ignorancia, ni debe llamarse tal la falta de noticia. Los indios tienen sagacidad, prontitud, disposiciones y egecuciones muy oportunas, que saben hacer con destreza en los lances mas apurados.

21, MIERCOLES.

En este dia se empeñaron con todo esfuerzo à cargar de sal los dueños y capataces de tropas y dueños de carretas; y se ha logrado que la tropa descance algun tanto. Como á las 11 de él, llegò el cacique Oaquin, cuidadoso de nuestra expedicion, por haber entendido que los indios Ranqueles nos incomodaban, y con el objeto de proporcionarnos auxilio de sus gentes, como parcial amigo del cacique Quinteleu y deudo suyo: y à quien le mereciamos la fineza de haber interceptado varios robos de caballos, que de la expedicion llevaban otros indios; pidiendo ademas circunstanciadas noticias de los otros robos, por si convenia perseguir à los delincuentes. Este indio, cuyo caràcter es moderado, sobrio y juicioso, se halló en la capital el dia del ataque del general Whitelocke, y formó por él un concepto el mas alto de los españoles, por su fuerza y valor. Tuvo la proligidad de recorrer las calles y plazas donde aun existian los cadàveres ingleses, y vió luego el acopio que de ellos se hizo para su entierro en distintos puntos de la ciudad. Como los cadàveres españoles fueron recogidos inmediatamente à las iglesias y conventos, creció mas su espanto, y dió mèrito á que fuese exagerando à los demas caciques, el valor y fuerza de los españoles, llegando su ponderacion hasta asegurar que en una sola cuadra ó manzana de 150 varas habia contado mas de 1,000 muertos; estrechando en consecuencia de este hecho à todos los demas indios á que se apresurasen á hacer paces con los españoles, porque seguramente acabarian con toda la indiada, si en contra de ella tomaban las armas: y fué su asercion motivo para que todos viniesen á ofrecerse al gobierno con sus gentes para atacar á los colorados, que es como distinguen á los ingleses.

Interesa tanto esta noticia en boca de un indio, cuanto él es respetado de valiente entre los suyos, y de gran destreza, como que posee el uso de las armas de fuego, que le he visto hacer con arma suya propia; y si, como es presumible, se propaga entre los demas indios, ya por este conducto, ya por el de los muchos desertores que se hallan entre ellos, podràn bien presto, á favor de su muchedumbre, oponernos una fuerza terrible. Su anhelo por las armas de fuego es muy vivo: poseen las blancas y de todo género por el abuso de venderlas libremente nuestros traficantes. Por una espada ò sable no repara en precios el indio, y la codicia hace olvidar al mercader lo que se debe à sì mismo y à la humanidad, infringiendo las leyes sin reboso, todas cuantas veces pueden. Llegarà tiempo, si castigos escarmentadores no evitan estos tratos, en que lloremos sin remedio la ruina que nos preparan las partidas que entran á las guardias y à la capital, y se arman incesantemente por medio de este comercio vicioso y ratero.

Se hace, pues, muy forzoso que se cele con la mejor vigilancia el nùmero de armas, de caballos y demas especies que introducen y extraen las partidas de indios, como se practica en el reino de Chile. De cuchillos, dagas y toda suerte de arma corta, se proveen con la misma franqueza que los españoles: ademas, los indios Araucanos fabrican machetes y moharras de lanza con bastante perfeccion, cuyos nombres conservan en sus idiomas; con la distincion de haber corrompido el de machete en machito; y es comun este nombre al sable y á la espada. Nunca lo tercian al lado izquierdo, y aunque llevan cinturones: se lo afianzan de frente ó por delante atravesado. Cuando se presentan en accion de guerra, le llevan colgando à la muñeca, en la mano con que juegan la lanza, para usar de èl en falta de esta, ó cuando convenga.

Al ponerse el sol, llamè á todos los capataces y dueños de tropas, para prevenirles del último término que se les concediò para acabar de cargar, en atencion de haber transcursado el primero. En efecto, tenièndolos presentes, les dije: que con demasiado dolor veia que se hallaban dentro de la laguna muchas carretas sin cargar, y no pocas sin haber entrado á ella; que tuviesen entendido, que esto no me embarazaria la marcha, porque primero las haria volver vacias, que esperar mas tiempo, ni dejarlas abandonadas. Que asi por la creciente de la laguna, como por la incomodidad de los indios, habia disimulado el retardo; pero, que faltando estos motivos, era estraño el desperdicio del tiempo que en algunas tropas se notaba, cuando otras habian ya cargado, y estaban à punto de caminar, porque habian cargado lo ordinario y no excesivamente, hasta hacerse pedazos las carretas, como ya habia sucedido con tres: pues siendo el cargamento de 16 à 18 fanegas, cuando mas, habia quien las pusiese à 25 y 30. Que de esto resultaba el mayor atraso; porque sin duda, ò no sabian calcular la carga, ó los dominaba una codicia imprudente: pues contando cada fanega de 13 arrobas de peso en sal seca, en sal mojada excedia de 250 arrobas; y echarle un tércio mas, era un despropósito intolerable que yo no podia permitir.

Ultimamente, les manifesté que les concedia el dia de mañana, 23, para acabar de cargar, con el fin de egecutar la salida el 24, segun lo tenia expuesto al superior gobierno. Ademas, debia hacerles presente, que los indios no se habian ausentado à sus toldederias, y los teniamos de observacion à corta distancia en los inmediatos médanos, desconfiados de nuestra demora: persuadidos por ella que tratabamos de hacer poblacion, como les habia insinuado el cacique Lincon y algunos de nuestros lenguaraces ocultos; y todos eran motivos que me estrechaban á no dilatar mas nuestra marcha, y á precaver de los riesgos á la expedicion de mi mando, cuyos víveres se agotan, y nos esponiamos á una total escasez en un viage penoso con carretas recargadas.

Algunos troperos de considerable nùmero de carretas, me expusieron ó representaron su imposibilidad, por habèrseles enfermado muchos peones, à causa del alto del agua, y fortaleza de esta, que les habia causado muchas llagas y terribles acrimónias à la vista: por lo cual les seria imposible salir cargados en el dia de mañana, pero que cumplirian con la órden. En vista de esta respuesta y allanamiento, persuadido de que se esforzarian, mandé que se retiràran, con ànimo de diferir un dia ó dos mas, si fuese necesario, y de estrechar à los indios amigos, á que auxiliasen la carga, gratificàndolos, por medio del cacique Quinteleu, como me lo ofreciò.

Una de las ventajas mas considerables que pueden lograr las tropas de carretas, será cargar, de un almacen que se forme, la sal que les corresponda: por el ahorro del tiempo, por la seguridad de sus carruages, por el menos peso en la sal seca, y por el retorno pronto: sobre lo cual expondré separadamente lo que convenga, para el caso de verificarse la necesaria poblacion en este destino.

22, JUEVES.

En este dia se han despedido y marchado varios caciques amigos con sus gentes, muy satisfechos de nuestra amistad, trato y buen agasajo. Comparecieron los parientes del herido, y ajustaron con los agresores la cuita de las heridas si sanaba de ellas, y si moria igualmente; concertando en ambos casos el precio que deberian satisfacer: y me pidieron pusiese en libertad à los reos, y los entregase à su disposicion, como lo egecuté. Este dia fuè de calor bastante con el viento suave, por el oeste-nord-oeste, y que ha permitido cargar, sin que en èl haya ocurrido particular novedad. Los indios se mantienen en los Mèdanos, y han hecho varios robos de caballos en esta noche à los chilenos, hasta en cantidad de 70 caballos: y para cerciorarse, me pidieron permitiese pasar à reconocer las haciendas de la expedicion con cuatro soldados, por si existian algunos entre ellas: lo que les otorgué, y quedaron satisfechos y agradecidos, al mismo tiempo que desengañados.

23, VIERNES.

En este dia entraron à la laguna todas las carretas que habia fuera de ella, y salieron las que ya estaban cargadas: de las cuales, al repechar la barranca, se hizo pedazos una, por la excesiva carga; y las cuarenta restantes quedaron dentro ya, en tèrminos de cargarlas y de salir temprano el 24. En este dia se diò racion à la tropa para el viage, y se procuró gratificar al cacique Victoriano, que disponia ya su marcha, y algunos de los indios y deudos de su comitiva, entre los cuales habia algunos caciques.

En llegando á este punto, todo indio manifiesta su caràcter: quiere que se le gratifique privadamente, ocultando de sus hermanos, padres é hijos, cualquiera cosa que se les dé, y con la misma eficacia pide para los demas, cuanto se ha dado para él, creciendo su empeño en pedir, cuanto crece el número de los dones. Yo creo que la razon de esta conducta se deriva, de que su autoridad entre los suyos es en razon de su generosidad: así he notado que todos piden al cacique cuanto tiene, con mucha franqueza; pero estos se anticipan à dar antes que les pidan, y he observado muchas veces que no habiendo mas que un cigarro, va pasando de unos á otros, participando de él todos, hasta que vuelve á manos del cacique.

Como para entablar sus molestas pretensiones, lo han de hacer por medio de los intérpretes, procuran tenerlos à la mano. El que me ha servido en esta expedicion, Mateo Zurita, posee, segun los indios, perfectamente su dialecto. Este lenguaraz ha hecho varios viages de Chile à Buenos Aires por esta via, desde la Concepcion, y ha vuelto con estos caciques, quienes por esta razon tienen su mayor confianza en Zurita. Mas sin embargo de todas estas antiguas relaciones de amistad, se vió tan sofocado con las majaderias y desconfianzas de estas gentes, que suponian á Zurita como causa para que no se les diesen mayores gratificaciones, que tomando sus avios, se marchò diciendo: que no volvia mas, porque estaba cansado de sufrir desaires. Efectivamente se fuè à esconder al monte, y descansó allí todo el dia, previnièndome antes de esta determinacion. Yo tomè ocasion para demostrarme incomodado del suceso, con lo que los indios acabaron sus peticiones, y se retiraron á sus inmediatos toldos.

24, SABADO.

En este dia, como á las 8 de la mañana, puse con el cacique Quinteleu, 8 soldados y el piloto, al parage que llaman los Manantiales, al oeste de la laguna; y al cuarto de legua de dejar dicha laguna por el costado del oeste, é inmediatamente que se traspone una loma, se encuentra una cañada, y en ella una laguna de agua dulce, y á 2,000 varas de distancia de esta, al mismo rumbo, otra de mayor caudal, y otra mas adelante, que por una especie de cauce ó arroyo se comunica con la anterior, en la abundancia de aguas. Continuando la cañada, como á 2,000 varas de distancia, al mismo rumbo, hay otra laguna que forma barrancas de tierra firme de bastante elevacion; y las mas altas que miran al nord-este, hacen su frente á diferentes médanos altos, que por la parte opuesta de la cañada van formando un valle, de extension de legua y media, desde las primeras lomas hasta la última laguna.

Este terreno es abundante de hermosos pastos, y en él ha habido costumbre de poner siempre las haciendas de las expediciones á Salinas. Pero á virtud de lo que, sobre el riesgo de ser robadas sin doble guardia, podia suceder, segun Quinteleu me expuso, no permití que fuese allí. Las lagunas referidas deben sus aguas á varios manantiales que corren desde el pié de los médanos. Son de muy excelente gusto, y en los que pude reconocer, hallé la yerba del berro en abundancia: puede á poca diligencia formarse un potrero, que asegure los ganados con los Médanos, Laguna de Salinas, barrancas altas del oeste, y la parte del sur, en que empieza el monte. Sobre este costado hay una abra á que subsigue una llanura de excelente piso y feracidad, segun los ensayos de un indio, que tiene allí su tolderia y haciendas. Este sitio está perfectamente indicado para establecer en él la poblacion y el cuartel general. Está circuido de monte, desde el segundo hasta tocar el cuarto cuadrante. La descripcion particular de este parage de la laguna, y lo que importa ocuparlo, lo haré separadamente. En la tarde de este dia repitió su visita el cacique Oaquin, conduciendo algunos animales de venta, con los que se surtieron algunas tropas.

En esta tarde se me presentaron cuatro troperos, para ponerse en marcha hasta la Laguna de los Patos, terreno trabajoso por ser el piso de arena movediza, y en cuyo tránsito acontecen frecuentes quebraduras y retardos: y á fin de llenar su deseo y de franquear el paso á los demas, accedí á su solicitud; con la precisa condicion de darme parte de cualquiera novedad, destacando ademas en su escolta una partida de ocho soldados y un sargento. Entretanto, los demas troperos que se hallaban atracados, cargaron todas las carretas y las sacaron, quedando solamente 17. A las 10 de la noche se me dió parte haber llegado las tropas á la Laguna de los Patos, con algunas quebraduras, que estaban refaccionando, y que el resto de la expedicion se aprontaba á salir mañana despues de misa.

25, DOMINGO.

En este dia se celebró misa, que no habiamos logrado en los anteriores dias por la multitud de indios que nos cerraban. Salieron de la laguna todas las carretas, y algunas tropas se van prolongando hasta la Laguna de los Patos, punto de reunion dado á toda la expedicion, y diligencia al parecer precisa, para nivelar la carga, arreglar las carretas y haciendas, refaccionar los carruages, cosa en que debe ponerse el mayor cuidado; porque debiendo ir todas reunidas, por la rotura de una se retardaban las jornadas. En este dia ha marchado el cacique Quinteleu con su gente y familia, dejando en mi compañia á un hermano y varios indios, para que en caso de algun ataque de los indios mal contentos, le avisase; pues queda pronto con sus gentes á este propósito: y ademas me franqueó los indios peones, que necesité para tirar el tren de artilleria y arrear los ganados de servicio y consumo.

En prueba de su buena fé y verdadera amistad, y con el fin de mayor seguridad del tránsito, me ofreció mandar á su hijo, y un hermano del cacique Quidulef, luego que llegase á sus toldos; cuidadosos siempre de los indios de Carrupilun y sus parciales. Se despidió muy satisfecho del buen trato y amistad, con que se les ha obsequiado, manifestando su gratitud, y descubriéndome la noche antes la conspiracion y acuerdo hecho por los caciques en general, así de la parte del oeste y norte como por los del sur y sud-este; de que hablaré separadamente para la mayor inteligencia del gobierno. A las 12 se observó el sol para el arreglo de los relojes y rectificacion de las anteriores observaciones, y se halló la misma latitud observada en 37° y 14, punto medio de la area de la Laguna de Salinas, y costado del norte, sitio del campamento. No ha ocurrido novedad, y todos se aprestan á marchar contentos por ello, y por verse libres de indios en el campamento.

26, LUNES.

A las 8 de la mañana, despejado todo el campamento, se dió órden á marcha, tocando la generala: y lo hicieron todos los troperos, á excepcion de dos que se hallaban con dos carretas quebradas al tiempo de salir de la laguna, por el excesivo número de fanegas cargadas en ellas. Por esto les fué preciso demorar hasta componerlas, porque una de ellas, al tiempo de caer, rompió un brazo y tres costillas á un peón, el cual, segun el cirujano, está en peligro de muerte. Mientras el facultativo curaba al enfermo y los carreteros componian sus carretas, pasé con el piloto, dos oficiales y una partida, á reconocer la laguna en su circunferencia. No es fácil penetrar los espesos bosques que la circuyen, y así llegamos al término de su longitud, por el sur, pero distantes de su orilla. Son muchas y repetidas las lomas y colinas que en toda esta distancia ofrece el terreno; las que dominan la laguna, y dan lugar á reconocerla francamente, y à sus montes vecinos. Abundan estos de muchos y muy gruesos algarrobos, chañares, árboles llamados sombra de toro, muy espesos, cuya hoja es muy semejante al acebo. Hay otros muchos arbustos con fruta silvestre, que sazonada comen los indios: todo este monte en la circunferencia de la laguna, abunda de pastos de tomillo y canchalagua muy fina, y tan buena como la que dan los Andes. Hay otras muchas yerbas aromàticas, y flores no conocidas por mi. Abunda en tigres y leones este monte, y los demas inmediatos. Por el estremo del sur de esta laguna se vé á corta distancia, y aparece dominado el referido sitio de los Manantiales: se descubre una abra con excelentes vistas en un campo al oeste, hasta las barrancas altas de la tercera laguna, donde se halla una tolderia, entre otras y el monte que corre mas al oeste, que segun me han esplicado los indios, sigue sin mas interrupcion que algunas selvas y abras, por tres dias de camino; pero que al dia y medio se halla una colina que se estiende por algunas leguas. En ella se ven muchos vestigios de ladrillo y teja, de alguna antigua poblacion, pues toda ella está abastecida de higueras, montes muy dilatados de duraznos, nogales, manzanos y otras frutas, adonde concurren todos los indios de la comarca, y sobra para abastecer á todos. En aquellos montes tambien se hallan ganados alzados, que á favor de la espesura, no han podido ser esterminados por los indios, quienes solos logran los que pueden cazar en las aguadas, asechàndolos cuando bajan á ellas. No existe ni una obscura tradiccion entre estos indios que nos dé indicios de la poblacion que allí hubo, y de cuando, ó por que razon se destruyó. Al fin de esta laguna, hácia el sur, se registra desde aquellas alturas un dilatado campo muy llano, al parecer muy abundante de pastos, y apenas al oriente se percibe con el anteojo una ceja de monte, que girando al sueste llega á tocar con los cerros de Guaminí y Sierra de la Ventana, segun pude informarme.

En este estado, y habiendo descubierto toda la estension y circunferencia de la laguna con los montes que la circuyen, desde el costado del norte, cuarto y tercer cuadrante, que es por donde está casi impenetrable por tierra, y que estando baja de aguas fácilmente se reconoce por su centro, siendo las doce, y ofreciendo el camino de la orilla, fuera de los montes, mas de seis leguas, me retiré al campamento. Hallé que el enfermo estaba mejor, y las carretas alistándose para marchar al siguiente dia. Dejando allí la tropa destinada á la retaguardia, marché á la Laguna de los Patos, distante dos leguas del campamento. A pesar de los trabajos del camino, por el mal piso y desnivel de la carga, se reunieron todas, à excepcion de las tres mencionadas tropas, y pasando la laguna, se situaron en buen terreno para hacer sus refacciones. Tuve parte á las 11 de la noche del estado de las tropas atrasadas, y asimismo de la partida de vanguardia; y no habiendo novedad, determiné aguardar allí la reunion total al dia siguiente. Dí órden que cada uno de los troperos refaccionase sus carros, mientras llegasen los atrasados, y las boyadas tomaban algun descanso.

27, MARTES.

Reunidos en este dia todos los carreteros, inclusos los que se hallaban atrasados, procuraron refaccionarse para emprender la marcha el dia de mañana temprano con algun aprovechamiento. Se acercó el cacique Quiluí á ofrecer algunos ganados para el abasto, que se le tomaron por mi y por algunos dueños de tropa. Los soles son excesivamente fuertes, y los vapores forman diariamente nubes tempestuosas, á lo cual podrá contribuir, ademas de los salitres y minerales de que abunda este parage, el hallarse el sol al sur, 24.°, 4; sin poder saber si en las demas estaciones del año se experimentarán turbonadas. El viento hasta las 6 de la tarde se fija al nor-oeste cuarta al norte, y despues varía por momentos del segundo hasta el cuarto cuadrante. Este punto se halla à tres leguas de la Laguna de Salinas, con 5,884 varas mas. El enfermo dá esperanzas de vida. No hay novedad en vanguardia ni retaguardia, segun los partes.

28, MIERCOLES.

A las 5 de la mañana nos pusimos en marcha, hasta las 11½ en que paramos; y á las 3½ proseguimos nuestro viage, hasta las 6½ que llegamos á una laguna, distante de la de los Paraguayos como tres cuartos de legua; en cuya orilla paramos á hacer noche y esperar la reunion de toda la expedicion, por el retardo de algunas carretas recargadas y por la boyada nueva. Todo lo cual debe siempre evitarse, para no tener penalidades muy considerables en tan dilatado viage. En este punto recibí chasqui del cacique amigo Quiluí, avisándome que en la Laguna de los Paraguayos, ó en la del Monte estaba dispuesto à salir con grande armada el cacique Antenau, y que caminase con cuidado.

A poco llegó el cacique Oaquin con su gente, expresándome, que tambien venian los caciques Millapue y Antupan con sus gentes á visitarme; y me aseguró que Antenau no se propasaria, ni tendria descomedimiento alguno, pero que en caso contrario sabia que debia contar con él y sus parciales que nos acompañarian. A las 10 de la mañana avistamos la Sierra de la Ventana, hallándonos en distancia de las Salinas 7½ leguas, y á poco tiempo despues, del Guaminí. El viento se ha mantenido por el oeste y sud sud-oeste, y estamos distantes de las Salinas 11 leguas, sin haber ocurrido mas novedad en este dia.

29, JUEVES.

A las 8 de la mañana nos pusimos en marcha por la laguna llamada de los Paraguayos, á donde llegamos como á las 11, y mandé parar para que ensebasen las carretas, por ser terreno firme, y hacer tiempo á que se reuniesen las tropas atrasadas, como lo egecutaron: manifestando esta detencion á los caciques Oaquin, Millapué y demas como un obsequio, y al mismo tiempo el de haber condescendido con su suplica de tirar un cañonazo, para conseguir la salud á Millapué que estaba enfermo. Estas gentes creen que vienen todas las enfermedades del diablo, y que este se ahuyenta con los tiros. Hicieron algunas permutas y ventas de varias reses de vacuno, caballar, con algunas ovejas y corderos, manifestando su agradecimiento. Pasaron la noche sin alteracion ni novedad, y Oaquin me franqueó varios indios para que me auxiliasen, y á un hermano para que me acompañase y diese parte de cualquiera novedad que ocurriese con Antenau. El dia se mantuvo bueno, con viento por el sud sud-oeste.

30, VIERNES.

A las 3½ de la mañana se tocó generala, y á las 4½ estábamos marchando: paramos á las 10½, y á las 3 de la tarde proseguimos la marcha hasta las 6 de la misma, en que fué preciso parar para reunir las tropas, sin poder hacer mas camino que cinco leguas, á causa de ser el terreno interrumpido de lomas, y ser forzoso poner muchas cuartas para repecharlas, y fatigarse mucho en ello la boyada. En este punto recibí chasqui del cacique Antenau, harto comedido, previniéndome iba á salir al encuentro, al parage nombrado por los indios Guapalo, y nosotros la Cabeza de la Cañada Larga: que traía 200 mocetones con el fin de hacer algun comercio, y que le mandase algunos soldados, y entre ellos á Leiva, vecino de la Guardia de Lujan, su antiguo amigo.

Este cacique, aunque al paso por aquel mismo lugar á las Salinas, me hizo igual peticion, no se la otorgué; previniéndole, como ahora, que saliese al camino y le recibiria. En efecto, intentó salir, y se lo impidió un fuerte temporal que experimentamos: por lo que me hizo espreso á la Laguna, quejándose de no haberle esperado, y pidiéndome de nuevo le mandase à Leiva: lo que no le otorgué, así por la distancia, como porque podia hacerme falta, atendida la escasez de los lenguaraces, y por otras circunstancias que me retraian de ello. Aquellos motivos, y las posteriores ocurrencias de la Laguna y Lincon, le hicieron prorrumpir en amenazas, y armarse para atacarme al paso. Con estos antecedentes tuve motivo de hacer un relato muy circunstanciado al comisario, que era un indio ladino, chileno, muy sagaz, y que, segun colegí, dominaba á Antenau.

Procuré en primer lugar mandarle unos chifles de vino que me mandó pedir, y algunas otras cosas de supererogacion: pero me interesé mas en agasajar al cristiano chileno; y entonces le reconvine, haciéndole entender que, ademas de mis armas, venian para observar la conducta de Antenau aquellos indios y caciques que me acompañaban, para tomar las armas de todos sus indios, y últimar la tolderia de Antenau al primer aviso. Ademas tenia en las fronteras mas de 2,000 españoles, esperando mi aviso para entrar degollando, y acabar con Antenau, sus parientes y parciales: pues ya habia yo dado parte de su disposicion, y sabia que habia reunido en su tolderia la indiada del sur y la tenia armada; pero que me importaba muy poco. Que así le digese, que viniese cuando quisiese, que lo recibiria de amistad y sin armas como á los demas caciques: pero que si venia armado, seria haciéndole fuego y tratando de arruinarlo, sin que entretanto me moviera de aquel sitio hasta dejar sus toldos destruidos y tambien sus haciendas.

Me aseguró que nada habia, y que aun cuando Antenau quisiese hacer uso de lanzas, él se lo impediria, y estaba cierto que sin su conocimiento no habia de emprender cosa alguna. Esta asercion comprueba bien el ascendiente que los apóstatas tienen entre los indios y sus caciques. Este debia tener tanto influjo como espresaba, así por su despejo como por su conocimiento de todos los partidos de nuestra campaña, en donde ha permanecido conchabado en varias estancias, hasta que diez años há se casó en los toldos de Antenau. Partió, ofreciendo volver al siguiente dia y cuando la expedicion estuviese mas inmediata á su vecindad para llevarse á Leiva, que le franqueé con el fin de que reconociese las fuerzas y cotejase las aserciones del enviado con la disposicion de Antenau.

Ademas de los caciques seguian este dia la expedicion mas de 300 indios, á hacer las permutas y cambios de ganados, tegidos y peleterias, cuya casualidad afirmó en parte las expresiones que de su amistad dige al comisario de Antenau; que se despidió al parecer contento y empeñoso de hacer real y efectiva su oferta de tranquilidad. Se me dió parte de haberse roto dos carretas; mandé hacer alto, lo que se ejecutó despues de haber repasado el paralelo de la Sierra de Guaminí. El dia ha sido de mucho viento por el sud-sud-oeste fresco. Segun los partes no hay novedad de indios que presente cuidado, pero como lo ofrece el indio Antenau, mandé que ocurriesen todos los maestros carpinteros para acelerar la compostura de las carretas rotas, à fin de que se reuniesen á sus respectivas filas: y ejecutado esto, se pasó la noche en vigilancia, hasta el siguiente dia.

1.º DE DICIEMBRE, SABADO.

En este dia no se pudo hacer viage, por hallarse flojas y descompuestas muchas carretas, como porque el cacique Quilapí y sus gentes, que viven en estas inmediaciones, pidieron la detencion de este dia para hacer sus ventas y permutas. Por un peon se cometió un robo á un indio ebrio, de varias especies, de que se me puso demanda, y averiguada la cosa se encontraron las especies robadas, menos una manta, por la que fué necesario pagar ocho pesos y contentar al indio: al peon se le dió su penitencia, y lo mismo á un soldado que desamparó la guardia, y apareció sindicado de complicidad en el robo. En el dia se me ha dado parte de haber tres enfermos mas, de golpes y contusiones de carretas: de modo que nos hallamos con diez en el hospital. Se observó el sol á las 12, y nos hallamos en la latitud de 36° 51, que es casi la mitad ó punto medio de la Sierra del Guaminí, pues está situada á los 36° 50, formando nueve quebradas y otras tantas llanuras, é igual número de ángulos, cuyas sierras forman escarpas. Al sur de nuestra situacion se halla una laguna que tiene de largo legua y media, y la otra al norte. En esta mañana se formó una tormenta que pasó al nor-oeste, y habiéndose afirmado el viento al oeste sud-oeste, quedó el tiempo bueno, sin mas novedad.

2, DOMINGO.

En este dia no se celebró misa por la mucha indiada infiel que se halla en nuestro campamento, así de las pertenencias de los caciques, como de las tolderias que tenemos á la vista con mucha inmediacion, con crecido número de haciendas, divididas de las nuestras por solo una pequeña laguna: siendo de notar, que los indios no han retirado sus ganados, sino antes obsequiado con leche y corderos á los que permití pasar á ellos, que fueron pocos. Las majadas de ovejas eran numerosas, y no pocas las demas haciendas, que de ordinario retiran con solo la noticia de haber españoles en la campaña, como lo experimentamos en la ida: pero ahora dieron crédito á nuestras ofertas y buena fé con que se les trataba.

A las 4 de la mañana seguimos nuestra marcha, y á las 10 paramos hácia el centro é inmediación de la Laguna del Monte. A las 4 continuamos nuestro viage: pero siendo el camino doblado, y forzoso que las carretas se sujetasen á sus líneas, apenas avanzamos una legua, quedándonos aquella noche casi al costado de dicha laguna. A las 4 de la tarde compareció un segundo emisario de Antenau, pidiéndome le mandase à Leiva, para salir con él al parage citado de Guapalo: que en efecto le remití bien municionado é impuesto de lo que debia observar. Con lo que terminaron las ocurrencias de este dia, sin mas novedad que haberse despedido los caciques que estaban en el campamento al tiempo de nuestra marcha.

3, LUNES.

A las 7 de la mañana nos pusimos en marcha, caminando hasta las 10 á la orilla de una pequeña laguna y un médano: siendo preciso parar con el solo viage de una legua, por no haber agua sino á larga distancia, segun el paso de carretas, y ahora muy pesada para afligir á la boyada. A las 3 repetimos nuestro camino, y á distancia de 1,000 varas de la Pascana se rompió una carreta, que fué preciso descargar para componerla, y de consiguiente hacer noche en aquel punto. El viento estuvo por el sud, y ya tarde se llamó al nor-oeste, sin haber ocurrido mas novedad.

4, MARTES.

A las 2 de la tarde, despues de refaccionada y cargada la carreta y compuestas otras, continuamos nuestro viage, caminando como tres leguas, hasta las 6½ que paramos en frente de seis lagunas al costado del norte, á cuyo punto llegò el soldado Leiva con otros individuos del cacique Antenau: expresando que el dia de mañana nos esperaba en el punto indicado, con sus gentes sin lanzas; y pidiò se le mandasen dos chifles de vino, yerba y tabaco para pasar la noche: todo lo que se le remitió con los indios acompañados de Leiva. Este me informó con puntualidad de las observaciones que hizo en la tolderia de Antenau. Se halla situada esta á las márgenes de una famosa laguna que recibe sus aguas de un arroyo, de los muchos que vierten de las sierras de la Ventana y Guaminí, al este sueste de nuestra posicion.

Advirtió que aquella tolderia, á diferencia de otras, constaba de un número considerable de toldos, de muchas y crecidas familias, todos situados á las márgenes de la laguna, que tiene muy altas barrancas. Que sus alrededores eran agradables, y defendidos por la misma laguna que circuia la tolderia, dejando apenas una corta entrada facil de guardar. Advirtió dentro y fuera de la poblacion muchas y lucidas haciendas de todas especies de ganados. Las indias son muy aplicadas á lavar y teger las lanas de sus esquilmos, y los indios se entretienen en domar potros y egercitarlos en la carrera; y al amanecer se poblaban las dilatadas márgenes de la laguna, de mugeres, niños y algunos mozos que se lavaban y bañaban, entreteniéndose luego en la pesca. El pez de que generalmente abunda, tanto esta como las demas lagunas, es el bagre de todas especies. Observó finalmente tranquilidad en toda la indiada, y que la que venia acompañando al cacique manifestaba estar de paz y contenta, sin que ocurriese otra novedad.

5, MIERCOLES.

A las 7 de la mañana marchamos, y á las 11 paramos al nor-oeste de la cañada que llaman del Infiernillo, al pié de un medano, con agua dulce. Al poco tiempo recibí recado del cacique Antenau para entrar al campamento, en el que se recibió como á los demas de su clase. Luego que se acercò, formó su gente en batalla con bastante egecucion: mandé al lenguaraz y á un sargento con 8 hombres, incluso Leiva, para que entrase Antenau, á quien hice toda atencion. Manifestò en su razonamiento harto despejo, y mas comedimiento y atencion que otros indios; hallándose agraviado de las desgracias, por haber perdido toda su familia, y poco antes á su padre, cacique conocido, de respeto en la tierra, cuyos consejos conservaba para vivir en paz con todos, y nunca hacer la guerra sino en defensa: porque una larga experiencia le habia acreditado, que los que buscan pendencias salen al fin descalabrados; y que por esto deseaba tener, y que todos tuviesen, paz con los españoles.

Le manifestè en contestacion los deseos que los españoles tenian de igual correspondencia: que por su parte, jamas le faltaria, ni seria perturbada la tranquilidad que deseaba, como los indios cumpliesen con sus deberes: que el merecería el mas alto concepto del gobierno, si contribuia con sus respetos á solidar la paz entre españoles é indios, como amigos y hermanos. A todo estuvo atento, y respondió, que ya nada tenia mas que hablar; que estaba complacido de haberme visto y oido; y que esperaba verme en Buenos Aires, y perfeccionar ante el gobierno sus relaciones, para evitar incomodidades, remitiendo al tiempo la prueba de su palabra.

Ni en su modo ni en su razonamiento mostró la pesadez acostumbrada, y sin ser molesto en peticiones, llamó á sus gentes, y previniéndoles de no ser gravosos, se retiró á alojarse, por el resto del dia y noche, á las inmediaciones del campamento, desde donde pidió lo necesario, que se le dió con franqueza. Sus gentes trataron del mismo modo, y trageron en venta una carga de bagres. El dia se ha mantenido sereno; el viento por el sud-oeste fresco, sin haber ocurrido novedad.

6, JUEVES.

A las 5½ de la mañana continuamos el viage, despues de habernos despedido del cacique Antenau, haciendo hasta las 12 del dia como dos leguas de camino por las muchas lomas. A las 10 recibí un chasqui del gobierno, en contestacion al aviso que le dí desde Salinas; en que me indicaba mandar un socorro de gente con el comandante general. Considerando que ya no era necesario, lo despaché al momento, haciendolo asi presente á fin de evitar gastos. El dia ha sido de mucho calor, el viento ha estado sud-oeste, y á la tarde se llamó al sud-este bastante fresco, sin mas novedad.

7, VIERNES.

En este dia no se ha podido caminar hasta las 5 de la tarde, por haberse descompuesto varias carretas: y no obstante de haberse determinado caminar toda la noche, no pudo hacer mas que legua y media de camino, parando á las 9 de la mañana, por haberse atollado dos carretas. El dia ha estado templado, y el viento por el norte, sin mas novedad.

8, SABADO.

A las 8 de la mañana nos pusimos en marcha, hasta las 11, en que habiéndose atollado algunas carretas, paramos hasta las 4 de la tarde en que se sacaron. Emprendimos luego el viage hasta las 7½, en que hicimos alto á un costado de la Cañada del Zapato que, segun se ha reconocido, está con bastante agua, y de mal paso. Se me ha dado parte de haber caido tres enfermos de cuidado, dos milicianos y un peon, y se ha dado alta á dos. En la noche precedente se desertó á los indios el lenguaraz Manuel Alaniz, cuya mala conducta me ha dado mucho que sentir: incomodando así con su perversidad, tanto á los indios como á los españoles; de modo que sus delitos le han obligado á ausentarse.

9, DOMINGO.

A las 8 de la mañana nos pusimos en marcha, sin haberse dicho misa ayer ni hoy, por haberlo impedido la distancia de las carretas, y atencion de composturas. A las once llegó el hijo del cacique Quinteleu con varios indios, para que nos acompañasen, segun ofreció hacerlo en la laguna. Me manifestó que habia retardado su viage por asistir á una junta de caciques que se celebró despues de nuestra salida de la laguna, en la que se embarazó la resolucion que los indios enemigos tenian de avanzar á la expedicion. Que habia podido contenerlos, ofreciendo juntar sus gentes en caso de persistir en ello Carrupilun y sus parciales: pues aunque su hermano Victoriano habia marchado á Chile, no necesitaba de él, ni los españoles de auxilio alguno para tomar una venganza que les pesára. Que me avisaba todo esto para inteligencia, y que marchase con cuidado: pues, aunque parecia haberse aquietado, recelaba una falta de cumplimiento. Que al mismo tiempo avisase al gobierno, porque habian protestado invadir y robar las fronteras; y que acababa de saber que los indios del cacique Quilapí le traian robadas sobre 400 cabezas de ganado de todas especies.

A las 3 de la tarde continuamos hasta las 5, en que llegamos al primer costado del sud-oeste de la Cañada del Zapato, en que estuvimos hasta las 8, por haber volcado una carreta y empantanádose otra, como tambien por esperar las atrasadas. El dia ha sido de mucho sol, se ha aturbonado el tiempo, pero el viento se afirmó por el pampero, sin mas novedad.

10, LUNES.

A las 6 de la tarde nos pusimos en marcha, y á las 10 llegamos á un médano que se halla al este del que llaman del Soldado, como media legua, habiendo pasado lo mas fragoso de la Cañada del Zapato: á las 10 de la mañana, á cuya hora se ardió el eje de una carreta, que se reparó luego y sin avería. En la tarde de este dia mandé suspender la marcha, afin de reunir las carretas, refaccionarlas y marchar con mas actividad. A las 11 llegó un indio que habia remitido á la superioridad desde la Cabeza del Buey, el cual me dió cuenta que dejaba reunidas muchas tropas en la Guardia de Lujan. Esta noticia se difundió luego entre los indios, que la propagaban por señales de humo y por medio de chasquis que anunciaban novedad en la frontera. Este dia ha sido de un calor extraordinario: el viento varió por todo el circulo de la aguja con aparato de tormenta, inclinándose hasta el este sud-este, sin mas novedad.

11, MARTES.

En este dia mandé suspender la marcha para hacer se compusiesen varias carretas, que en la estension de 4 leguas se hallaban deterioradas y atrasadas. Han salido con alta 4 enfermos, y ha entrado uno al hospital. El viento ha estado fresco por el este y este-sud-este, sin mas novedad.

12, MIERCOLES.

A las 5½ de la mañana nos pusimos en marcha, y á las 12½ llegamos á parar al nor-oeste de la Laguna de la Cabeza del Buey, como dos mil varas, en un medano que vierte agua dulce. Esta jornada ha sido aprovechada, pero me he visto precisado á suspender la marcha hasta el dia siguiente, por haberse roto algunas carretas por la exorbitancia de su carga: y como cada dia se van inutilizando mas, he resuelto convocar á los troperos, y prevenirles, que si no reducen su carga á lo regular, dejaré abandonada en el campo la carreta que se rompa por excesiva carga; pues no es justo que la codicia de 18 ó 20 perjudique á mas de 200, con las tropas y demas gentes de la expedicion, que corremos manifiesto riesgo, asi por la falta de viveres y mancage, como por los enemigos que nos observan, y escasez de agua en las travesías que nos restan: mucho mas, cuando estabamos ciertos de que de nuestra posicion hasta las fronteras no habia llovido; en cuya atencion esperaba se conformasen si llegaba el caso. Enterados todos, digeron que estaban prontos á egecutar cuando se les mandase, pues quedaban convencidos de mis razones. Por este motivo les otorgé el dia de hoy para recorrer mas exactamente sus carretas y marchar el dia de mañana.

El cacique Epumur ha enviado un chasqui con el objeto solo de saber cual era el motivo de tardarse la expedicion: que si era por falta de bueyes ó caballos, que él tenia prontos y bien cuidados, los que se le habian dejado en guarda, y del mismo modo remitiria cuantos tenia suyos al primer aviso, sin perjuicio de mandar cuatro de sus mocetones para que enseñasen algunas aguadas. Le dí las gracias, y dige que suspendiese la remision de ganados hasta que tuviese el gusto de verle en la inmediacion de sus toldos: pero que me aprovecharia de sus mocetones para facilitar á los troperos el conocimiento de las aguadas, por haber faltado las lagunas que solian surtir de agua. Hoy han salido con alta dos enfermos. El dia es de mucha calor: el viento por el este y nord-este; por la tarde turbonada, aunque de poco aparato, sin que haya ocurrido mas novedad.

13, JUEVES.

En toda la mañana de este dia y la mayor parte de la tarde estuvimos sin marchar, esperando la reunion de las carretas á un solo punto; aprovechando la aguada, para que con ella, y los buenos pastos, se repusiesen los animales, con el objeto de caminar hasta las 9 de la noche, y luego seguir la trasnochada desde la salida de la luna. A las 10 de la mañana despaché pliego á la superioridad, avisándole del estado de mi viage. A las 4 de la tarde, ya á punto de caminar, se volcó una carreta al tiempo de ensebar, y cogió á tres: á uno rompió un muslo y la cabeza, á otro tres costillas y al otro un brazo. Ha sido necesario confesarlos, y ocurrir inmediatamente con medicinas; lo cual se egecutó con puntualidad, y acomodándolos del mejor modo posible, se continuó la marcha.

El cacique Epumur mandó sus mozos, y avisó que la tierra estaba alterada, y el cuidado los tenia cruzando sus patrullas por Palantelen, temerosos de que los españoles los venian á atacar: que estuviese cuidadoso hasta que nos viésemos, que mañana mandaria á su hijo. Que él habia sido convocado á un parlamento referente á esta novedad, y no habia querido concurrir, persuadido de que nada habia, y cierto de que cualquiera novedad de los españoles podia tener su origen de noticias equivocadas, ocasionadas del primer movimiento del cacique Lincon. Que este en persona habia venido á su toldo á interesarlo para que le perdonase aquel hecho, como que lo habia cometido con embriaguez, y esperaba de mi le otorgase esta gracia, y le recibiese sus mensages, cuando á este fin me los mandase. El dia ha estado muy nublado, y por lo mismo bueno. El viento por el sur-este; y es cuanto ha ocurrido, sin novedad segun los partes.

14, VIERNES.

Al romper el dia paramos de nuestra trasnochada, y á las 8½ nos pusimos otra vez en marcha: paramos á las 12, y á las 3½ de la tarde proseguimos nuestro viage. A las 7½ llegamos á la Laguna del Junco por el nord-este, hasta las 10 de la noche en que pienso emprender de nuevo la marcha. Hoy he recibido pliegos de la superioridad, contestacion á los oficios que remití desde la Cruz de Guerra. Tambien recibí mensage del cacique Lincon, pidiendo se le dispensase su yerro, y que se le permitiera venir á la expedicion á tratar. Le otorgué uno y otro, llegando en órden y como correspondia. El dia ha estado de rigoroso calor: viento escaso por el sur, y siguen los enfermos con conocida mejoria, sin que haya ocurrido otra novedad segun los partes.

15, SABADO.

En la trasnochada de esta noche, y camino hecho esta mañana, llegamos á las 10 al parage nombrado los Monigotes, donde à poco rato vino á visitarme el cacique Epumur, su hijo y toda la familia. Allí nos dió las últimas pruebas de su amistad y honradez. Entregó toda la hacienda que se le habia dejado en guarda, con solo la falta de un buey que se murió el dia que se le entregaron, y conservó el cuero y osamenta, que presentó á su dueño en comprobante. Se le satisfizo su trabajo, y gratificó del modo posible, manifestando quedar contento. Me dió puntual noticia del estado de la indiada: me ratificó cuanto me habia mandado decir acerca de los parlamentos tenidos entre ellos, y la necesidad de caminar con cuidado hasta Palantelen, sin embargo del mucho miedo que tenia Lincon en vista del movimiento de tropas españolas en la frontera, receloso de que se dirigian á castigarle por las anteriores ocurrencias. Me pidió de nuevo olvidase las cosas de Lincon, y le ofrecí hacerlo.

En estas circunstancias llegó mensage de este, insistiendo en que le permitiera entrar à hablarme á la Cruz de Guerra: lo cual le concedí á vista de Epumur. A las 3 de la tarde llegó al campamento Casimiro Leiva y su padre, que despaché á la frontera despues de haber recibido á Antenau, y las contestaciones del gobierno referentes á lo ocurrido en Salinas. Por él supe el estado de nuestra frontera, ademas lo que me espresaba el comandante general de ella, y su retirada á Palantelen, á virtud de aviso que les comuniqué por el mismo Leiva, para evitar gastos: resultando de todo doblemente oportuna esta diligencia, y mayor el motivo de agradecimiento en los indios de Epumur y Quinteleu, que acompañaron á Leiva y Casimiro su hijo. A las 5 de la tarde se despidió Epumur, y nos pusimos en marcha hasta las 11 de la noche, por haberse roto el ege de una carreta.

Al este del parage de los Monigotes, como á legua y media y á sus márgenes, hay una tolderia, la cual nos surtió de agua para la hacienda en esta jornada; y aunque la resistian los indios, se les contentó con cuatro reales. En este dia ha sido fuerte el sol: el viento por el nord-este. Se halla atrasado en su tropa el capitan Morales, y la retaguardia al cargo del capitan D. Manuel de Represa le auxilia hasta la Cruz de Guerra, en donde hará alto para el descanso de la hacienda, reparo y reunion de las carretas.

16, DOMINGO.

Habiendo continuado la marcha en esta noche, llegamos á las 3 de la mañana à la Laguna de la Cruz de Guerra, en donde hemos parado todo el dia para que se compongan las carretas, y repongan los animales con los pastos y aguas, despues de una tan larga travesía. Hice reseña de las carretas, y se halló que las tropas atrasadas eran las del capitan Morales, Juan Manuel Rodriguez y D. N. Lascano: aunque estas últimas en poca distancia, y la primera en los Monigotes, donde al tiempo de la marcha se detuvo para dar algun descanso á sus animales, que encargó particularmente al cacique Epumur. El capitan de retaguardia le instó á su marcha, y se resistió diciendo, no necesitaba ya de convoy. Mandé gente de refuerzo, y òrden para que sin mas demora, estando refaccionadas las carretas, marchasen á reunirse. En esta tarde se ha presentado con su gente el cacique Lincon, muy sumiso y atento: se le otorgó que alojase á poca distancia esta noche, y quedamos amigos. El viento ha estado por el oeste nor-oeste, sin haber ocurrido mas novedad.

17, LUNES.

Reunidas todas las tropas, nos pusimos todos en marcha á las 4 de la tarde, continuando como dos leguas, en donde permanecimos hasta las 3 de la mañana en que seguimos: cuya jornada han hecho todas las tropas de carretas, menos la de Morales, á quien despaché la tarde antes tres carpinteros, y órden de avisarme si necesitaba bueyes, para remitirlos con el aviso que me diese el capitan de retaguardia; quien me dió parte quedar todo remediado. El dia ha estado de mucha calor y ardiente por el oeste nor-oeste, sin haber ocurrido mas novedad.

18, MARTES.

A las 3½ seguimos nuestra marcha, y á las 10½ paramos una legua mas al nord-este que las lagunas nombradas las Hermanas. A las 3 de la tarde marchamos, y á las 6½ llegamos al nord-este de la Laguna de Palantelen, como 1,500 varas. En este dia tuvimos la pèrdida de una carreta del tropero Nicolas Villamayor, por una fuerte quemazon del campo que nos tomó en este tránsito, y de la cual no pudo separarse esta carreta, por haberse encajado en una viscachera, huyendo del fuego que la alcanzó y redujo á cenizas: habiendo librado con la mayor felicidad las demas tropas de carretas, en fuerza de las mas activas diligencias.

Este punto es el de reunion, y tambien del que se dividen los caminos para distintos partidos de esta campaña. Luego que llegaron las tropas, dí órden para que cada uno pudiese marchar libremente á su destino, como algunos lo ejecutaron en aquella misma tarde. El camino desde la Cruz de Guerra hasta aquí es de rigorosa travesía; y habiéndose hallado aquella laguna seca, fué necesario pasasen las primeras á los Manantiales de Casco: pero luego se halló una laguna con agua abundante, como á legua y media al nord-este, del lado de Palantelen, en el camino del Fortin de Areco, de lo cual pasé aviso al resto de la expedicion. El viento fuerte por el norte nor-oeste, sin mas novedad que hallarse cerca la tropa de Morales, que mañana puede llegar á Palantelen.

Habiendo llegado á este sitio un religioso mercedario á pedir limosna de sal, se le dijo que aprovechase la de la carreta quebrada en las Dos Hermanas, lo que verificó.

19, MIERCOLES.

Todo este dia me mantuve parado en este punto de Palantelen, esperando la reunion de tropas atrasadas; à quienes, luego que iban llegando, se les comunicaba la órden de marchar libremente á los lugares de su procedencia. Asimismo despaché á los milicianos que de diferentes Guardias habian seguido la expedicion, segun es costumbre, dejando las carretas armadas de lanzas: siendo del cargo de los mismos troperos entregarlas en la capital al tiempo de conducir la sal al Exmo. Cabildo.

En este dia pasé oficio à la superioridad por medio del ayudante mayor de la expedicion, de haberla disuelto en el punto dado por S. E., y que marchaba al siguiente dia á la frontera, desde donde daria igualmente parte. Asimismo dí permiso al cirujano y padre capellan para pasar à la guardia, y de allì à la capital. En este dia recogimos una india, mayor de 30 años, que en la Cabeza del Buey se me presentò de noche, conducida por los indios amigos, á quienes rogó que la protegiesen contra los suyos que querian matarla, creyéndola hechicera y causa de las muertes y desgracias ocurridas ùltimamente en sus toldos: por cuya razon la habian arrastrado, y dejàdola en el campo, (trayendo aun en el pescuezo las señales del dogal): que habia seguido la expedicion por mas de 15 dias, mantenièndose con huevos de avestruz y yerbas. Oida esta relacion, la admitì, é hice ocultar en una carreta, sin ser vista mas que del peon, á fin de que no lo trasluciesen los indios y causase alboroto. En este punto son todos los indios muy celosos; bien que ella pidiò ser cristiana, y para poderla manifestar se le vistió del mejor modo posible: lo que causó mucha novedad á toda la expedicion, que ignoraba el caso.

A las 12 del dia se formó una terrible tormenta por el oeste, y fijándose luego por el sud-sud-oeste, descargó en un fuerte aguacero, que duró hasta las 4 de la tarde; y à la oracion quedó completamente despejado el horizonte. Por esta razon no pudieron reunirse las tropas atrasadas, hasta las 10 de la noche, en que recibí parte del capitan de retaguardia, de venir caminando sin novedad, y de estar á tres leguas, refaccionadas enteramente las carretas.

20, JUEVES.

A las 4 de la mañana pasè òrden, y algunos auxilios al capitan de retaguárdia con el sargento de infanteria Peralta para que, luego que llegue á aquel destino, se retirase à su Guardia del Salto, y me avisase de cualquiera ocurrencia que en el corto espacio que nos separaba pudiera haber. Me contestó el recibo de los auxilios de boca, y que estando á la distancia de una legua de mi campamento no me detuviese en marchar, que el lo haria en el mismo dia, despues que despachase á Morales, de que me daria parte. En efecto seguí mi viage hasta las 8, que paré al nord-este de las Lagunas de Calelian, por aprovechar de sus aguas para las haciendas. A las 2 de la tarde proseguimos nuestro viage, hasta las 7, que hicimos alto al nor-oeste de la Cañada de Chivilcoy. El tiempo sereno, pero de excesiva calor. El viento por el norte hasta las 4 de la tarde, en que quedò calma, sin mas novedad.

21, VIERNES.

A las 10 de la noche anterior nos pusimos en marcha, y caminamos en toda ella, hasta las 10 del dia siguiente, que paramos distante dos leguas de la Cañada de las Saladas, hàcia el nord-este, donde estuvimos hasta las 2½ de la tarde. Las carretas fueron á hacer alto en la Cañada del Durazno, y yo lleguè à la Guardia de Lujan, punto de mi salida, y principio de este viage, como à las 9 de la noche, sin otra novedad, á los dos meses de mi partida.

22, SABADO.

A las 10 del dia llegaron las carretas y tren de artilleria, con el resto de la tropa, y se entregaron en el almacen de ella los esmeriles y las municiones restantes, con la razon de los deterioros y consumos. En el mismo dia recibì parte del capitan D. Manuel de Represa, de haber llegado la retaguardia al punto de reunion, y marchado sin novedad todos á sus destinos. Con esto ha quedado concluida de todo punto la expedicion sin desgracia; habiendo librado la vida los 48 enfermos de gravedad que hubo en el hospital. Siendo de notar, que fué tan sumisa y obediente la gente de ella, que no hubo herida ni golpe que curar, por pendencia ni descomedimiento en todo el viage. Tampoco hubo motivo particular de corregir ni compeler por la fuerza à entrar en sus deberes á ningun individuo, pues siempre fué suficiente una ligera reconvencion. Lo mismo sucediò con respecto à la tropa, cuyos oficiales se esmeraron mas particularmente en conservar la disciplina: cuidando yo especialmente de que no les faltase bastimento fresco para hacer mas tolerables sus fatigas, aun à costa de mi dinero, proporcionándoles cuantos auxilios me fueron dables en aquellos destinos. Entiendo, apoyado en la experiencia, que ningun gefe saldria desairado, manifestàndose con entereza, modo y franqueza, aunque se encuentre en los lances mas arriesgados.

Guardia de Lujan, Diciembre 22 de 1810.

PEDRO ANDRES GARCIA.

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