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Descripcion é historia del castillo de la aljafería

ÍNDICE (continued 2)

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En 4 de setiembre de 1498 D. Fr. Francisco Gimenez de Cisneros (creado cardenal en 1507) bautizó en la Seo y capilla del arzobispo D. Lope de Luna al príncipe D. Miguel, hijo de D. Manuel rey de Portugal y de la reina doña Isabel princesa de España y nieta de los Reyes Católicos. Estos, que hasta tal punto habian engrandecido la Aljaferia no la hubieran privado del honor de este bautismo, si en su pila hubiera sido bautizada Santa Isabel. Esta es otra prueba de que la Santa fue bautizada en la Seo y quizás en la misma capilla en que lo fué despues el infante D. Miguel.[80]

Si se desea mayor convencimiento, se encontrará en las gestiones que hizo el reino para fabricar, la capilla de Santa Isabel en la iglesia de la Seo. En las actas del Ilustrísimo Cabildo resulta, que en el celebrado en 10 de diciembre de 1677 se dió cuenta de que D. Manuel Secanilla diputado del Reino, habia hablado al arcediano de Santa Maria que era el presidente, manifestándole los deseos que los diputados tenian de fabricar una capilla en el templo del Salvador bajo la invocacion de Santa Isabel y llegándose ya al señalamiento depuesto, el cabildo designó la capilla de San Pedro, colateral al altar mayor, dando comision para tratar del asunto á los Sres. Arcediano de Aliaga y Segovia. Estos comisionados no se descuidaron en agitar la materia, pues en el cabildo del 17 del mismo mes ya hicieron relacion de que habian conferenciado con los diputados; que estos pretendian la capilla, donde está ahora la de San Benito, por su proximidad á la pila donde fue la Santa bautizada, y que la fiesta se habia de hacer en la misma capilla; que los diputados habian de estar con sillas y almohadas, y el cabildo en el coro ó en bancos, como estaba en los aniversarios del arzobispo D. Fernando. Los comisionados hicieron desde luego presente á los diputados, que esto no era asequible, ni era decente que se hiciera la fiesta fuera del altar mayor; con cuyo motivo desengañados de la imposibilidad de que se admitiese esta propuesta, habian convenido en que la fiesta se celebrase en el altar mayor, si el cabildo les permitia sentarse en bancos teniendo almohadas de terciopelo carmesí, pero el cabildo se negó tambien á esta propuesta, fundado en que la Iglesia de la Seo era Capilla Real, y nadie sino los reyes podian usar en ella de almohadas de seda de aquel color.[81] De aquí proviene que el Excmo. Ayuntamiento de Zaragoza lleva siempre almohadas de terciopelo negro á esta iglesia y la del Pilar, al paso que usa de las de carmesí en otros templos como lo he observado siendo síndico. Estas gestiones hacen ver la persuasion en que estaban los diputados del bautismo de Santa Isabel en el templo de la Seo. Creo que este punto ha recibido el correspondiente esclarecimiento.

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CAPÍTULO ONCE.

Del establecimiento de la Inquisicion en la Aljaferia y de las formalidades de los autos de fé.

No solamente es memorable la Aljaferia por el nacimiento de Santa Isabel, sino tambien por haber estado primitivamente en aquel recinto la Inquisicion, y por otros festines que ó se verificaban en aquel palacio, ó principiaban cuando menos en el mismo. En 29 de noviembre de 1485, segun el P. Murillo, se nombraron para Aragon los oficiales necesarios; pues ya habian sido nombrados en el mayo del mismo año, inquisidores apostólicos Fr. Gaspar Inglar Dominico, y Pedro Arbués de Epila canónigo de Zaragoza, y se asentó el tribunal en unas casas que estaban entre la iglesia mayor (la Seo) y las del arzobispo. A media noche del jueves 15 de Setiembre del mismo año 1485 fue herido mortalmente el inquisidor Arbués. Sabida su muerte por los Reyes Católicos, nombraron nuevos inquisidores, los cuales con provision real y por órden den del inquisidor general asentaron el tribunal del Santo Oficio[82] en la Aljaferia, y esto se hizo segun Zurita[83] como en señal de perpetua salvaguarda real y fe pública, debajo de la cual el rey y sus succesores debian amparar este ministerio que en aquella época se apellidaba santo[84]. En 1706 por órden del rey D. Felipe 5.º se trasladó á la plaza del Cármen[85] y casa de D. Miguel Sardania: en 1708 al Coso á la casa de los condes de Sástago: en 1710 á la calle de Santa Cruz y casa de los Hospitales de Ntra. Sra. de Gracia y de Misericordia, y últimamente en 18 de Junio de 1759 á la calle de Predicadores y casa que fué de los duques de Villahermosa, en cuyo sitio se construyó un magnífico palacio que recientemente ha sido destinado á cárcel.

De la Aljaferia salia toda la comitiva para los autos de fé, que se celebraban en Zaragoza con la mayor solemnidad. La víspera del dia destinado se enarbolaba el estandarte de la fé sobre la puerta del Castillo, y permanecia hasta la tarde. Despues de vísperas acudian allí todas las religiones á acompañar la procesion, en que se sacaba la cruz, que era muy grande y de color verde, y se colocaba de antemano con la mayor decencia en la iglesia de S. Martin. Cada religion entraba y postrada delante de la cruz, cantaba devotamente una antífona á la misma, y separada á un lado aguardaba la llegada de las demás, del capítulo de S. Pablo y de la música de la Seo. Las religiones salian por órden de antigüedad; entre la de Santo Domingo iban los familiares, y en medio conducian el estandarte de la cofradia de S. Pedro Mártir que era de ministros de la Inquisicion, y lo llevaba un ministro del Santa Oficio siguiendo los comisarios, el fiscal, el alguacil, secretario y demás ministros de la Inquisicion, con las cruces que les servian de insignia en el pecho. Iba la procesion al Mercado: el que llevaba la cruz subia al tablado donde habian de estar los penitentes, y la dejaba sobre el altar, quedando por la noche bajo la custodia de los religiosos de la Santísima Trinidad.

El dia del auto se reunian en la Inquisicion, y subian al aposento del inquisidor mas antiguo para hacer el acompañamiento el regente la Real Chancilleria, con los oidores de la Audiencia civil y criminal acompañados de sus ministros: el Justicia de Aragon con sus lugartenientes, ministros y oficiales: dos dignidades, dos canónigos de la metropolitana, y en nombre de N. Sra. del Pilar el prior y dos canónigos: el vicario general del arzobispado y por los obispos del distrito un consultor canónigo de la Seo. Despues llegaban el Zalmedina y jurados, que representaban la ciudad con sus maceros delante, acompañándoles tambien muchos ciudadanos. En llegando los jurados al 2.º patio, y antes que se apeasen, bajaban los inquisidores acompañados de personas de calidad, y subiendo en sus mulas y los demas en sus caballos, se ordenaba el acompañamiento, yendo delante de dos en dos los que habian ido acompañando la ciudad, las Audiencias reales y la Corte del Justicia de Aragon, y despues de estos el prior y canonigos del Pilar, los prebendados de la Seo, los lugartenientes del Justicia de Aragon, y luego los maceros de la ciudad, los del Zalmedina y los del Justicia de Aragon; á seguida iba el estandarte de la fé que llevaba el fiscal del Santo Oficio, teniendo los cordones dos caballeros de título, ó el castellan de Amposta y Bailío de Caspe.

Despues seguia el inquisidor mayor acompañado del Justicia de Aragon, que iba á la mano derecha con el jurado en cap á la izquierda: luego el 2.º inquisidor y el Zalmedina al lado derecho y el 2.º jurado á la izquierda, el vicario general iba con el jurado 4.º á la derecha, y el oidor mas antiguo á la izquierda: el que representaba á los obispos llevaba al jurado 5.º á la derecha y el otro oidor de la Audiencia á la izquierda: continuaban de dos en dos los oidores de las Audiencias y terminaba el acompañamiento con seis familiares del Santo Oficio con varias levantadas. Esta comitiva compuesta de mas de 500 personas se dirigia al mercado donde se celebraba el auto de fé. Cuando despues de la expulsion de los moriscos fue menor el número de los penitentes, se celebraron en el 2.º patio de la Aljaferia haciéndose por los inquisidores el recibimiento del regente, oidores, Justicia de Aragon y jurados en la sala baja que llamaban de los mármoles. Al recordar estas antigüedades ¿quién no se admirará de la diferencia de los tiempos? ¿Quién no traerá á la memoria estas escenas, al ver salir los brillantes regimientos de la guarnicion del castillo de la Aljaferia, de donde salian antes los penitentes, los religiosos de varias órdenes, y los ministros de la inquisicion; instituciones que ya han desaparecido, y que pertenecen á la historia? Situaciones tan diferentes; destinos tan encontrados de un mismo edificio prestan materia al hombre reflexivo para filosofar sobre la variedad tan pasmosa de las épocas, y para lanzarse en un vasto océano de profundas meditaciones.

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CAPÍTULO DOCE.

Fiestas que se celebraron en la Aljaferia con motivo de las coronaciones de diversos reyes.

Siendo el alcázar de la Aljaferia la morada de nuestros reyes, y el lugar donde mas ostentaban su magnificencia y su poder, era consiguiente que su nombre sonára en la mayor parte de las fiestas, y que en él ocurriesen succesos que ha debido recoger la historia.

No puede menos de sorprender al que lea la de nuestro pais la rapidez con que se engrandecieron nuestros monarcas, y la importancia que adquirieron á los pocos años de conquistada Zaragoza de los Sarracenos. Aun no habia transcurrido un siglo desde este hecho glorioso, y ya vemos á D. Pedro 2.º el Católico coronarse y ungirse con magnífico aparato en 3 de noviembre de 1204 en Roma, á donde pasó desde la Provenza con cinco galeras y buena armada de navíos, llevando consigo mucha gente principal de aragoneses, catalanes y provenzales. El Pontífice Inocencio 3.º otorgó á este monarca privilegio, para que cada y cuando los reyes de Aragon quisiesen coronarse, lo pudiesen hacer en la ciudad de Zaragoza, por manos del metropolitano que entonces era el arzobispo de Tarragona, y la misma gracia se hizo estensiva á las reinas, por la razon de que el derecho civil dispone, que las mugeres se ilustren con los honores de los maridos. Desde entonces vemos introducida en Aragon la coronacion y uncion de los reyes, aunque no todos usaron esta ceremonia, como lo comprueba, que el Sr. D. Jaime 1.º hijo del anterior no se coronó, bien que en él principió otra costumbre, pues fué el primero á quien los aragoneses en forma de Reino juraron. Nuestros anales refieren entre los reyes ungidos y coronados á D. Pedro 3.º llamado el de los franceses, nieto de D. Pedro el Católico, é hijo de D. Jaime el Conquistador: á D. Alonso 3.º llamado el Franco: á D. Jaime 2.º el Justo, á D. Alonso 4.º el Benigno, á D. Pedro 4.º el Ceremonioso, á D. Juan 1.º el Amador de la gentileza, á D. Martin y á D. Fernando 1.º el Honesto: y las reinas que gozaron el honor de la coronacion, fueron doña Constanza, doña Sibila, doña Maria de Luna y doña Leonor, esposa la primera del rey D. Pedro el de los franceses, la 2.ª de D. Pedro el Ceremonioso en cuartas y últimas nupcias, la 3.ª de D. Martin, y la última de D. Fernando el Honesto.

Todas estas coronaciones se solemnizaban con una pompa tan magestuosa que parece increible, atendidos los débiles principios de la monarquia aragonesa; y como en todas ellas la Aljaferia, siendo mansion real, brillaba con un lujo que aun ahora excita la admiracion, no parecerá fuera de propósito que hagamos un resumen de estos festejos y ceremonias. D. Pedro 3.º se coronó y ungió en la iglesia mayor (la de la Seo) de Zaragoza á 16 de Noviembre de 1276, y tambien su esposa doña Constanza hija del Rey Manfredo de Sicilia en el mismo dia: pero para que recibiendo la corona de mano del arzobispo no pareciese que tácitamente aprobaba el reconocimiento hecho por su abuelo, cuando hizo tributario el reino á la Sede Apostólica, la víspera de su coronacion formalizó una protesta ante varias personas principales, diciendo que no entendia recibir la corona de mano del arzobispo en nombre de la iglesia romana, ni por ella ni contra ella; protesta, que repitieron D. Alonso 3.º y D. Jaime 2.º: pero D. Alonso 4.º ya tomó del altar por si mismo la corona, y D. Pedro 4.º el Ceremonioso refiere que, al ir á comenzar el oficio el dia de su coronacion, se le llegó el arzobispo ya revestido y le suplicó le diese lugar á que él delante de todo el pueblo le pusiese en la cabeza la corona: que D. Ot de Moncada respondió por él diciendo, que en ninguna manera se debia hacer aquello, por que era gran perjuicio del rey, y que á éste le cuadró esta respuesta; pero que comunicándolo despues con su consejo y prohombres de Zaragoza, viendo que todos eran de contrario parecer, no sabiendo que decir, se resolvio á contestar que él mismo se queria poner la corona; oido lo cual el arzobispo mostró pesarle, y como el oficio iba pasando adelante, dice, que insistió en que á lo menos diese lugar, que cuando estuviesen delante del altar mayor en presencia de todo el pueblo, se la adobase (compusiese). D. Pedro cuenta tambien que se vió confusísimo en su corta edad de 15 años, y que por fin se determinó á decir al arzobispo que la aderezase, pero apenas tomó la corona le advirtió que no se la aderezase, pues él se la arreglaria.

La coronacion era una festividad que atraia un numeroso concurso, pues con este motivo se celebraban cortes. Principiaba con un lucidísimo acompañamiento que salia de la Aljaferia, dirigiéndose á la iglesia de la Seo donde el rey velaba las armas, volviendo despues con la propia solemnidad al mismo alcázar.

De la coronacion de D. Pedro 3.º no tenemos una relacion circunstanciada, aunque varios historiadores dicen, que fué una de las mayores que se habian celebrado en aquellos tiempos; tampoco hablan minuciosamente los cronistas de la de D. Jaime 2.º y D. Alonso 3.º llamado el Franco, quien por ausencia del arzobispo de Tarragona y hallarse vacante la silla de Zaragoza, fué coronado por el obispo de Huesca; pero de la de D. Alonso 4.º hijo del anterior, y llamado generalmente el Benigno, tenemos particularísimas noticias, y podemos decir que entonces el castillo de la Aljaferia, rebosó en magestad y vió en su recinto la mas brillante concurrencia. Este príncipe quiso que su advenimiento al trono, se solemnizase con mas aparato y pompa, que antes se hubiese hecho. Desde Monblanc escribió á los estados de Aragon convocándolos á cortes generales para la pascua de resureccion del año 1329. Segun nos refiere Zurita[86] concurrieron todos los prelados y ricoshombres, y los embajadores de los reyes de Castilla, Navarra, Bohemia, Granada y Tremecen, y hubo tambien varios señores estrangeros en tan gran número, que se juzgó habia mas de 30,000 de acaballo. Zurita nombra los principales personages que concurrieron, y entre los aragoneses menciona á D. Lope de Luna hijo y heredero de D. Artal de Luna, que tuvo en esta fiesta gran caballeria y estuvo, ricamente apuesto, y tambien nombra á D. Pedro Fernandez de Bergua, uno de los ascendientes de D. Martin de Lanuza comprendido en la proscripcion de 1591.[87]

Los seis síndicos de Valencia, segun escribe uno de ellos llamado Montaner, trageron cincuenta de acaballo consigo y trompetas, atabales y menestriles. El Rey entró el 1.º en Zaragoza en la semana de ramos, acompañado de los oficiales de su casa y señores de su corte: llevaba luto por su padre D. Jaime 2.º, pero ordenó, que el sábado santo despues de gloria se lo quitasen todos, se afeitasen las barbas, y se arreglasen muy de propósito para la fiesta. Cantada la aleluya comenzaron á salir las galas, y Montaner refiere que los seis síndicos de Valencia dieron principio, dirigiéndose desde su posada, que estaba inmediata á la Seo, á la Aljaferia llevando delante de sí sus trompetas, atabales y dulzainas. Aquella misma mañana concurrieron los demás al alcázar donde comieron; y al toque de vísperas se encendieron los blandones, y en las paredes de las calles por donde el Rey habia de pasar desde la Aljaferia, estaba escrito y señalado á cada uno su puesto. Montaner dice que solo de los de Valencia hubo 150 blandones de doce libras. Al toque de oraciones salió el Rey de la Aljaferia; delante de él iban á caballo todos los hijos de los que habian de ser armados caballeros aquel dia, llevando sus espadas: detrás los que llevaban las espadas de los ricoshombres á quienes el rey debia armar: á seguida iba D. Ramon Cornel con la espada del monarca, y delante de este dos carros triunfales del Rey, en que estaban ardiendo dos cirios de á diez quintales cada uno.[88] Luego venia el Rey á caballo vestido un arnés riquísimo y empos de él los ricoshombres que llevaban sus armas: despues los ricoshombres que habia de armar caballeros, los infantes y otros caballeros que habian de ser armados por los ricoshombres, y los que llevaban las armas de todos ellos. La comitiva iba de dos en dos con caballos muy bien enjaezados: de trecho á trecho iban las músicas, y tambien iban muchos disfrazados en hábito de caballeros salvages, gritando Aragon, Aragon por el Rey D. Alonso nuestro Señor. El Rey llegó á la Seo pasada la media noche; se cantaron los maitines con grande solemnidad, mientras que el pueblo se regocijaba por las calles. El dia siguiente 1.º de pascua de Resurreccion 3 de abril, celebró de pontifical D. Pedro Lope de Luna, 1.er arzobispo de esta iglesia, que habia sido erigida en metrópoli el año 1318 por Juan 22. El Rey puso la corona sobre el altar, se revistió el alba, se puso la estola y manípulo, y sobre todo la dalmática real. Principiada la misa y dicha la epístola, le calzó la espuela derecha su hermano el infante D. Pedro, y la izquierda su otro hermano D. Ramon: se llegó al altar el Rey, tomó la espada, y postrándose en tierra se puso en oracion pronunciando varias sobre él el arzobispo: besó el Rey la cruz de la espada, se la ciñó, y sacándola de la vaina la blandio tres veces: la envainó á seguida, y cantado el evangelio se ofreció á sí y á su espada á Dios. El arzobispo le ungió entonces en la espalda y en el brazo derecho, y prosiguió la misa. Oyó el Rey despues la del infante D. Juan su hermano, que era arzobispo de Toledo, y apenas la hubo comenzado tomó el Rey del altar la corona, y se la puso en la cabeza por sí mismo, habiéndosela aderezado el arzobispo de Toledo y sus dos otros hermanos los infantes D. Pedro y D. Ramon. A seguida los obispos, abades, y demás eclesiáticos cantaron el Te-Deum, y entretanto el Rey tomó el cetro y despues el pomo. Acabada la misa se colocó en un sitial delante del altar mayor, y puesto el cetro y pomo sobre él, hizo venir ante si los ricoshombres que habia de armar caballeros de uno en uno, y siendo cada uno de ellos armado, se retiraba á la capilla que tenia señalada, y armaba sus caballeros noveles[89], y aquellos hacian otro tanto y á proporcion iban saliendo de la Seo y se dirigian á la Aljaferia. Siendo todo esto cumplido salió tambien el Rey con su corona, cetro y pomo, y montando sobre un caballo ricamente enjaezado partió para su alcázar, y ya no iba á caballo delante de él sino D. Ramon Cornel que llevaba la espada, y detrás seguian los que traian sus armas. Llevaban las riendas del caballo del Rey los infantes D. Pedro y D. Ramon Berenguer, y los ramales de otras riendas mas largas (de 50 palmos) la traian ricoshombres, los síndicos de Zaragoza, y otras ciudades principales, y algunos caballeros. Refiérese que el cetro era de oro, de tres palmos de largo, y la corona de un palmo de alta, de manera que el Rey se vió precisado á mudarla apenas llegó á la Aljaferia, por otra de medio palmo de altura, y que sin embargo estaba valuada en 25000 escudos.

El rey despues de un rato de descanso salió á la gran sala con sus insignias reales, y principió la comida, sentándose á la mesa del monarca los arzobispos de Toledo, Zaragoza, y Arborea, aunque á alguna distancia; en otra pero mas baja los obispos, abades, y priores, y en otra los ricoshombres que el Rey habia armado caballeros: despues los nobles, y á seguida los ciudadanos y síndicos de las ciudades. Grande debió ser aquella reunion, pues segun dicen las historias, el rey se propuso armar 18 caballeros noveles, y otros los infantes D. Pedro y D. Ramon, y el Vizconde D. Ramon Folch, y los armados por el rey y por estos habian de armar á su vez otros, de modo que al todo eran mas de 250 caballeros noveles sin contar los ricos hombres.

El infante D. Pedro hizo de mayordomo, y por su órden el infante D. Ramon sirvió al rey la tohalla y despues la copa, disponiendo que doce ricoshombres sirviesen con él la mesa. El infante D. Pedro yendo asido de dos ricos hombres entraba danzando y cantando una cancion[90] que habia compuesto en obsequio del Rey, y los que traian los manjares le respondian. Sentado el servicio y acabada la danza, se quitó el manto y la ropa que llamaban cota, que era de paño de oro con armiños y perlas, y se la dió á uno de los músicos que allí había que llamaban juglares, y en las diez veces que se sirvió la mesa hizo otro tanto.

Levantadas las mesas se arregló un tablado, donde colocado el Rey con la corona cetro y pomo, y sentados á su derredor ó en gradas mas ó menos inferiores los concurrentes, principió el juglar Romasset á cantar una villanesca, que el mismo infante D. Pedro habia compuesto, en la que declaraba el significado de las insignias reales, y despues otra en alabanza del Rey. Luego el juglar Novellet recitó mas de 700 versos, compuestos tambien por el infante D. Pedro, que contenian avisos y consejos útiles. Con estos entretenimientos era muy avanzada la noche cuando el Rey se entró á su aposento, y los demás concurrentes se fueron á sus posadas. El dia siguiente lunes el Rey tuvo tambien convite, y el martes, miércoles y jueves los infantes convidaron á S. M. y toda la corte en sus posadas. Todos estos dias fueron de regocijo y de fiesta, y durante ellos muchos bordonadores tiraron á tablado, que era un juego de lanzas arrojadizas; mas de cien caballeros del reino de Valencia y Murcia jugaban á la gineta, y á un lado de la Aljafería se formó un campo cerrado con tapias para toros, á donde cada parroquia envió el suyo divisado con las armas reales. Hubo música y asistió un innumerable concurso, siendo de notar que esta funcion no se celebraba como ahora, sino que los toros eran alanceados por los monteros ámanera de una monteria ó caza.

CORONACION DE D. PEDRO IV.

Tambien resonó la Aljaferia con las aclamaciones de la de D. Pedro 4.º el Ceremonioso hijo de D. Alonso 4.º, la cual se celebró la Dominica in albis del año 1336, habiendo sido ungido este Rey por el arzobispo de Zaragoza D. Pedro Luna, asistiéndole los obispos de Huesca, Lérida y Santa Justa del Reino de Cerdeña, y el Abad de Montearagon. Siendo este Rey el que escribió el ordenamiento de lo que debia egecutarse en las coronaciones de los reyes, no es de presumir omitiese ninguna solemnidad. No nos detendrémos en ellas, toda vez que ya hemos hecho mencion del incidente ocurrido con el arzobispo, y solo llamarémos la atencion sobre un hecho, y es que segun el mismo escribe, fué certificado del escribano de raciones y de otros oficiales, que el primer dia solo habian comido en la Aljaferia, pasadas de diez mil personas, argumento, como dicen nuestros escritores, de su abundancia, liberalidad y magnificencia.

CORONACION DE D. MARTIN.

La de D. Juan 1.º se hizo sin aparato y sin pompa en 1388: pero en cambio su hermano D. Martin en 1399 quiso celebrar la suya con esplendor, siendo tal su empeño, que envió por la espada de Constantino que suponia estar en Palermo, reuniendo además grandes joyas y preséas. En el capítulo 5.º ya hemos referido el adorno de los patios de la Aljaferia. De ésta, salió con direccion á la Seo con el acompañamiento acostumbrado precedido del estandarte real y del de S. Jorge; se computan en 10,000 solo las hachas que ardieron en aquel viage, que duró hasta las dos de la noche, á cuya hora entró en la iglesia. La ceremonia no ofrece nada de particular, para que repitamos una relacion semejante á la que se ha hecho, y solo además de haberse armado muchos caballeros como en todas, recibió la investidura de Duque de Gandia D. Alonso de Aragon, marqués de Villena, poniéndole el rey en las manos la bandera, en la cabeza el birretillo con el chapeo, dándole el beso de paz. Entre las cosas particulares de esta fiesta se refiere, que á su regreso en la calle de Predicadores, la Aljama de los judíos le aguardaba con un riquísimo tabernáculo, en el cual habia tres graciosas torres, diversos sacerdotes y músicas, y que por hacerles merced el Rey, se detuvo un rato. Despues de haber descansado en su aposento en la Aljaferia, salió vestido de brocado verde, con ropa rozagante, forrada de armiños. Las mesas, como se ha dicho en el capítulo 5.º, se pusieron en el patio, y en su servicio se emplearon invenciones que no deben pasarse en olvido. Hácia la parte de la sala de los mármoles,[91] en la techumbre se habia hecho una invencion de grande espectáculo á manera de cielo estrellado, que tenia diversas gradas, y en ellas habia diversos bultos de Santos con palmas en las manos, y en lo alto estaba pintado Dios Padre en medio de gran muchedumbre de serafines, y oíanse voces muy buenas, que con diversos instrumentos de música, entonaban muchos villancicos y canciones en honra y alabanza de aquella fiesta. De este cielo bajaba un bulto grande á manera de nube, que venia á caer encima del aparador del Rey. Dentro de esta nube bajó uno vestido de ángel cantando maravillosamente, y subiendo y bajando diversas veces, dejábase caer por todas partes muchas letrillas y coplas escritas, unas en papel colorado, otras en amarillo, y otras en papel azul, con tintas diferentes, todas al propósito de la solemnidad y fiesta que allí se hacía. Hecho esto, vuelto á subir el ángel á la nube, de allí á poco bajó otra vez con unas fuentes doradas, muy lindas, para dar agua manos al rey, entregándolas á otros dos que estaban vestidos tambien de ángeles á los lados del aparador, los cuales las tomaron, y luego las dieron á los caballeros que habian de servir el aguamanos al Rey. Servida la tohalla, que así llamaban, al servir estas fuentes, y ascendiendo este ángel á su nube, de allí á poco volvió á bajar un plato de la fruta que habia de comer el Rey, y sirvióse de la misma manera. Últimamente bajó el mismo ángel la copa en que habia de beber el Rey.

El duque de Gandia desempeñó el oficio de mayordomo en el convite, y guiaba los servicios. A uno de ellos precedió gran número de trompetas, y detras venia una águila artificial grandísima, toda dorada, con igual acompañamiento de trompetas y atabales, y una culebra extraordinaria arrojando llamas por la boca, y á su derredor multitud de hombres armados que aparentaban quererla matar: al otro servicio precedió una roca de la que salieron liebres, perdices y conejos, y como en la cúspide habia una figura de leona parda, que tenia una grande abertura como de herida en la espalda, se aproximaron los que habian remedado dar muerte á la culebra, y se disponian á subir á la roca, cuando salieron una porcion de salvages que les impidieron la subida, y combatieron todos quedando vencidos los hombres de armas, y victoriosos los salvages. Por la herida de la leona salió un niño muy hermoso vestido de armas reales, con una corona en la cabeza, y una espada desnuda en la mano derecha en señal de victoria. Aquella noche, y el dia y noche siguiente del lunes hubo sarao y baile, siendo de notar que la tarde de este dia subió el rey á su aposento, para ver una justa muy solemne que se hizo en la plaza de la Aljaferia.

CORONACION DE D. FERNANDO 1.º

La de D. Fernando 1.º conocido en Aragon con el sobrenombre de Honesto, y en Castilla con el de infante de Antequera, y que fué elegido por S. Vicente Ferrer, su hermano, y otros compromisarios de los Reinos en Caspe, se hizo si cabe con mayor solemnidad, y la Aljaferia no brilló menos que en las anteriores. El Rey vino á Zaragoza en 15 de Enero de 1414. Alvar García de Santamaria nos hizo una descripcion minuciosa, de la que solo tomarémos lo mas importante. En el capitulo 5.º ya hemos referido cómo estaba adornado el patio formando una sala, de cuyo cielo colgaban 16 candeleros con cuatro hachas cada uno. Nueve dias antes de la coronacion principiaron las fiestas, que realzó la concurrencia de muchos personages de Castilla y de Navarra. «La ciudad de Zaragoza, dice este escritor, fizo poner dos tablas para justar, una en la plaza, á la puerta que dicen de Toledo, é otra á la Aljaferia, é el rey fizo poner otra de paño vermejo é amarillo, é há de costumbre en tales coronaciones la ciudad de Zaragoza de poner sus mantenedores, é pusieron por tal á D. Juan de Luna, é él se fué á la tabla de la Aljaferia, é con él otros tres que eran cuatro justadores, é aí justaron estos con otros caballeros de los que habian venido á fiesta, é otros con otros, en manera que todos los dias que fueron de fiestas, los mas dellos justaron muy bien á maravilla, é allí viérades quebrar varas en muchas piezas é caballeros ser descompuestos de la misma silla, é otros caer de los caballos, que era gran solaz á los que miraban de lo ver.»

«Los oficiales de la ciudad cada uno con su oficio apartado venian con muchos juglares de cuerda, é trompetas, é órganos de manos danzando, é bailando, y otros tañendo, mostrando cada uno las mayores alegrias que podian, y ansí entraron en los palacios del dicho Sr. Rey é facían su solaz; é despues volvieron á la ciudad é ansí volvian á facer reverencia al Rey todos los dias que duró la dicha coronacion. E otrosí los judios vestidos como cristianos danzando, é bailando con cintas de plata ceñidos, é sus juglares delante dellos, é ansí todos los dias de la dicha fiesta venian a por las calles faciendo sus alegrias, fasta entrar en los palacios del dicho Señor Rey.»

«E el jueves que se contaron ocho dias de febrero, estando justando delante de la Aljaferia los señores Infantes, todos cinco fijos legítimos del dicho Señor Rey, é con ellos muchos caballeros, é escuderos castellanos, é catalanes, é aragoneses, é moros, que habian venido al dicho Señor Rey por embajadores de su rey moro de Granada, todos vestidos con alborzones, é capuces, é ajuvas moriscas, é espadas ginetas de plata, é sus adargas en las manos, é cañas en las otras, é muchas trompetas delante de ellos faciendo muy grande alborozo ante las puertas de la dicha Aljaferia jugando unos con otros á las cañas, é tan grande fué el juego que ende ficieron, que pareciera pelea, é las gentes de Aragon como lo tenian por estraño, como estaban mirando la justa, que por esto no cesaba, no sabian á que parte mirar: en manera que muchos dejaban la justa por mirar el juego, é aí viérardes ir ginetes nuevos descalabrados, é otros cayendo de los justadores, é asi ficieron su solaz aquel dia, fasta que la escuridad de la noche los partió unos de otros, é los fijos del Rey vinieron al Rey con grande alegria.»[92] Despues el Rey deseando dar muestras de su largueza, abrió las arcas de su cámara y regaló a los que concurrieron á su fiesta, y hasta á los criados de la Reina; alhajas, ropas ó dinero.

El jueves, viernes y sábado anteriores á su coronacion se encerró en su cámara D. Fernando, y no se dejó ver sino de sus donceles ayunando el viernes; y el sábado despues de mediodia se reunieron todos los personages que vinieron á la festividad. El Rey entonces para emprender su expedicion se desnudó de las ropas que llevaba, y se puso entre otros adornos una capa cumplida de color de carmesí forrada en armiños, salió á la sala de los mármoles donde le aguardaban los concurrentes, se sentó en su silla en el palacio de las Jarras, y en medio del sonido de los instrumentos armó á varios caballeros, y cerca de las cuatro montó sobre un caballo blanco, y sus hijos D. Alonso y D. Juan iban vestidos tambien de damasco blanco. Al salir de la Aljafería algunos que estaban armados para el torneo en un barbecho, principiaron á luchar quebrándose las lanzas y dándose tales golpes, que el Rey les mandó despartir. La comitiva iba por el órden que en las anteriores coronaciones, llevando desplegadas las banderas de Aragon y de Sicilia. A la entrada de la ciudad habia un castillo en el que se veian cinco torres, y en cada una de ellas un cirio: juntos pesaban 120 arrobas, y ardieron toda la noche en la iglesia y hasta la misa de su coronacion. Desde la puerta del Portillo hasta la iglesia, la ciudad hizo poner 4000 cirios en dos hileras, y delante del Rey iban cien hachas encendidas. En el tablado que se levantó en la iglesia de la Seo había mas lujo que en las anteriores coronaciones: la imágen del rey de oro aumentaba el aparato. Apenas llegó el rey hizo colacion de confites y vino con los infantes, prelados y grandes señores. Pasma la riqueza de las vestiduras con que se adornó: la corona elaborada en Barcelona pesaba 16 marcos 3 onzas de oro, y en ella habia un rubí, 110 balajes de todos tamaños, sesenta y seis zafies, y 499 granos de aljófar claros, blancos y gruesos como avellanas. Durante el canto del Te Deum adornó con las insignias de príncipe de Gerona á su primogénito, y armó caballeros á varios personages. Concluida la festividad, esperó en la capilla del arzobispo D. Lope de Luna,[93] que se desnudasen los prelados que le fueron á buscar, y montando todos sobre sus caballos, se dirigió el Rey con su acompañamiento á la Aljaferia, encontrando en el camino invenciones graciosas, entre ellas un remedo muy á lo vivo de una ciudad sitiada y combatida por la artillería, que representaba la toma de Balangner por el mismo D. Fernando. En esta coronacion advertimos ya, que doce ciudadanos llevaban un palio sobre el Rey, el cual llegó á las cuatro á la Aljafería. La comida fué suntuosa, y delante de cada servicio venia un juego ingenioso, refiriéndonos Alvar Garcia tan solo el 1.º que consistia en un grifo dorado tan grande, segun dice, como un rocin que traia una corona de oro al pescuezo, é iba todavia echando fuego y haciendo lugar entre las gentes. El lunes y martes continuaron las fiestas, siendo memorable la justa á que concurrió el 1.º de estos dias el Conde de Cortés hijo del Rey de Navarra, con nueve caballeros armados; con sobrevistas y cimeras azules, y soles muy ricamente dorados, llevando todos una misma librea, y haciéndose admirar por su destreza.

La grandeza á que se habia elevado la monarquía aragonesa con las gloriosas conquistas de Sicilia y Cerdeña, contribuyó á que esta coronacion fuese mas lucida que las que precedieron, y no influyó poco así mismo el haber reglamentado estas ceremonias el Sr. D. Pedro 4.º[94] que por esto se llamó el Ceremonioso, el cual escribió puntualísimamente todo cuanto debia egecutarse en las coronaciones de los reyes y de las reinas, descendiendo hasta los pormenores mas insignificantes[95], como que llega á marcar los adornos de cada sala, y como se había de servir la colacion de vino y confites segun puede verse en estas ordinaciones que traen el P. Murillo y Blancas.

En todas las ceremonias de la coronacion se vé el entusiasmo por la caballería, por que habia cundido como un axioma el principio que ya sentó el Rey D. Alonso el Sabio en una de sus leyes[96] en la que dice: é tanto encarecieron los antiguos la órden de caballería, que tuvieron que los emperadores e los reyes non deben ser consagrados ni coronados fasta que caballeros fuesen. Por eso D. Fernando 1.º el dia de su coronacion se dió un golpe en la mejilla, y todos nuestros monarcas en esta ceremonia blandían la espada. Podrán ridiculizarse estas prácticas, pero van acompañadas de heroismo y de virtud,[97] y no hemos querido dejar de recordar estos rasgos de antigüedad gloriosa, que pueden servir para esplicar las costumbres de aquellos tiempos, y el respeto de que se rodeaba á la magestad, poniéndola bajo el amparo de la religion.

Aun en épocas posteriores el Alcázar de la Aljaferia se consideraba como Palacio Real, pues en el acuerdo ó instruccion para la coronacion del Sr. D. Carlos 2.º en 1667, que se encuentra en las ceremonias políticas de esta ciudad, recopiladas por D. Lamberto Vidal secretario de la misma[98], se nota, que cuando llegaba S. M. á Muel, salian los síndicos de Zaragoza y besaban su mano: que S. M. se apeaba en el palacio de la Aljaferia, y recibia los puestos segun su precedencia, y hecho esto S. M. entraba á caballo y andaba en medio del jurado en cap y el Gobernador que iban cubiertos; el jurado en cap iba deteniendo el caballo para que el de S. M. llevase de distancia la cabeza. Luego que llegaba S. M. á la puerta del Portillo, entraba bajo el palio á caballo, y se apeaban los jurados, Gobernador y Zalmedina. Todos iban con ropas de damasco carmesí, aforradas las mangas de las de los jurados y Zalmedina de tela de plata, y las de los ciudadanos, que llevaban las 12 varas del palio, de raso blanco. Los jurados segundo y restates echaban unos cordones por encima del cuello del caballo de S. M. y los asian, excepto el jurado en cap que iba al estrivo derecho del Rey, y el Gobernador al izquierdo. En esta forma caminaba la comitiva á la Seo, y concluida la ceremonia volvia S. M. bajo el palio á palacio.

Cuando habia jura de Gobernador, se señalaba por este dia para hacer su entrada y juramento, y el jurado que lo habia visitado con este objeto lo comunicaba á la ciudad. Sabido el dia de la jura del nuevo Virrey, iba S. E. al castillo de la Aljaferia, y saliendo los jurados primero, segundo y Zalmedina de las casas de la ciudad marchaban á dicho castillo.

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CAPÍTULO TRECE.

De las fiestas que se celebraron en la Aljafería con motivo de las coronaciones de las Reinas.

Tambien las Reinas podian aspirar en nuestro reino al honor de la coronacion, pero segun advirtió D. Pedro 4.º en sus ordinaciones, debian recibir la corona de mano de sus maridos, y no de ninguna otra, y no podian tomarla tampoco del altar. La 1.ª reina que se coronó en Aragon fué Doña Constanza hija de Manfredo Rey de Sicilia y muger del Rey D. Pedro 3.º el de los franceses, el mismo dia que este, esto es, el 16 de Noviembre de 1276.

Doña Sibila muger de D. Pedro 4.º el Ceremonioso se coronó en 1380. Nada sabemos de los festejos que se hicieron en su coronacion, pero no es de presumir que su esposo tan exacto en la etiqueta, omitiese ninguna de las formalidades que prescribió. Estas las refieren practicadas nuestros cronistas en la coronación de Doña Maria de Luna, hija del Conde de Luna, esposa de D. Martin, el cual se coronó el 13 de Abril de 1399, y el martes de la semana siguiente principiaron las fiestas de la coronacion de la Reina, concurriendo á la Aljaferia los mismos que habian asistido á la coronacion de su marido, é iguálmente varias nobles dueñas y doncellas de la ciudad en gran número, como dice Carbonel. Al toque de vísperas salió la Reina á la sala de los mármoles ricamente vestida; se sentó en una silla, y se pusieron á danzar la reina de Nápoles, la infanta Doña Isabel, y algunas otras damas. Cuando fué sazon salió á la puerta de la Aljaferia, y subió sobre un hermoso caballo blanco. Rompían la marcha los oficios de la ciudad; seguiam 24 bordonadores; luego los prelados mas principales y algunos personages y ricoshombres: venia á continuacion la música de menestriles y trompetas: un castillo con 4 cirios de cera blanca; despues doce caballeros con hachas que acompañaban á pie á la Reina, y detrás de esta la de Nápoles, la infanta Doña Isabel y otras damas de palacio y de la ciudad en muy gentiles palafrenes. La Reina fué recibida por el arzobispo en la puerta de la Seo, y habiendo descansado por la noche en un retrete que se le preparó, fué coronada al dia siguiente con casi las mismas ceremonias que su esposo, de quien recibió la diadema puesta de rodillas ante él, notándose á la vuelta la diferencia, de que nadie sino la Reina fué á caballo, pues hasta la de Nápoles volvió á pie. Hubo banquete y bayle en la Aljaferia, y al dia siguiente iguales funciones en este alcázar.

La 4.ª y última Reina que se coronó, fué Doña Leonor esposa de D. Fernando 1.º el Honesto, dos dias despues que éste, á saber, el miércoles 14 de febrero de 1414. El acompañamiento fué lucidísimo á la ida y á la vuelta, sin que ocurra otra particularidad digna de notarse, que a que refiere Alvar García, cuyas palabras copiaremos: «Dichas las bendiciones, segun dijeron al Rey, tornaron á la Sra. Reina, los prelados en procesion llevándola los infantes como la trugeron, llevándole las infantas (Doña Maria y Doña Leonor) la corona é la manzana é cetro é dejáronla en la capilla dó habia salido[99] é los obispos tornaron á decir su misa, é el Rey quedó en su silla; á poco de hora tornaron los infantes, é los prelados en procesion, é trugeron á la Reina ante el altar, é estuvo un poco, é llevaronla ante el Rey, que estaba en su silla, é fincó de hinojos ante él, é púsole la corona, la que la Reina de Castilla envió al Rey, que era mui fermosa é rica de piedras preciosas con aljófar mui grueso, é púsole el cetro en la mano derecha é la manzana en la izquierda, é sacó el Rey una sortija de su mano, é púsole en el su dedo de la Reina, é quísole dar paz en la boca, é queriéndola dar paz, oviérale de caer la corona al Rey de la cabeza, é eso mismo á la Reina é ovieron de tener cada uno su corona, é con fermoso continente embermejados de vergüenza se ajuntaron á besar, é las gentes mucho mirando, porque era cirimonia natural muy apacible á todos de lo mirar, cuanto mas á los catalanes que lo han por costumbre, é gran deleite en ella. Ansi como fué coronada lleváronla á la otra silla de la otra parte del altar, dó habia de ser despues de coronada, é ansí como el Rey ovo dado paz á la Reina, llegaron á la Reina los infantes, é besáronle la mano, é ella los besaba en la boca, é esto mesmo fizieron D. Enrique de Villena é Doña Leonor su hermana.

E acabada de coronar la dicha Reina mui afrentada de vergüenza, el Rey por le hacer solemnidad, armó caballeros á Pedro Garcia de Medina su escribano de cámara &c.»

Al regreso de la Reina á la Aljafería hubo los festejos que en la coronacion de su esposo; pero en la comida que se tuvo no se mencionan las invenciones que se emplearon en el banquete del Rey. El viernes 16 de febrero se celebró un torneo de 150 caballeros en el campo del toro (no habiendo concurrido 50 caballeros mas por falta de caballos). Los reyes fueron á verlo desde una de las torres del adarve de la ciudad, y tan recios golpes se daban los combatientes, que eran caballeros fijos-dalgo de Castilla y de los Reinos de Aragon, que D. Alonso Enriquez almirante mayor de Castilla, tio del Rey y de Rui Lopez de Avalos condestable de Castilla, á quienes S. M. habia encomendado despartirlos cuando porfiasen en el torneo, tuvieron mucha dificultad para conseguirlo.

Hubo tambien en el mismo sitio una justa de quince telas, que el Príncipe y Duque dispusieron para honrar la fiesta de su madre. De una tela á otra habia diez pasos: la una, como dice Alvar Garcia, era baldía, en la que miraban los caballeros; y la otra servia para justar, siendo ocho las en que se verificaba este egercicio. Todos los justadores iban á herir en el adarve en que estaban el Rey y la Reina. El mismo escritor nos refiere: «que de cada parte de estas telas, estaban puestos sus paramentos de cendal verde sobre su casa de madera, é en cada canto habia un estandarte, é una lanza de cendal verde, y de cada parte habia ocho varas en canto de las dichas ocho telas cerca de los paramentos, de manera que habia diez y seis casas con sus paramentos, y los mantenedores estaban de parte del adarve en que se hallaba colocado el Rey.» Los infantes encomendaron el cargo de mantenedores de las telas á Diego Lopez de Sandoval adelantado de Castilla, á D. Fernando de Villena, á Mosen Bernal Centellas, á Luis de la Cerda, á Mosen Francisco Maza y otros, que tenian tambien otras personas que les auxiliasen. Se cuenta que fueron muchos aventureros con los yelmos puestos, y justaban rompiendo en varias piezas las varas, y que encubiertos se presentaron tambien los hijos del Rey armados de torneo, y con ellos siete ú ocho mas que entraron en las telas, que estaban debajo del punto del adarve que ocupaban sus padres. Aquella noche hubo baile en la Aljaferia, y se desposó Doña Leonor de Villena con D. Anton de Cardona, hermano del Conde de este título. Así mismo se celebró la fiesta del casamiento de Doña Leonor hermana de Garcia Fernandez Manrique con el conde de Quírra.

Así terminaron las fiestas de esta coronacion la última que presenciaron los aragoneses: pero todavia continuó la Aljaferia siendo el teatro de otras solemnidades. En ella á 7 de octubre de 1498, á donde se trasladaron los Reyes Católicos despues de la muerte de la princesa Doña Isabel, que falleció en el palacio del arzobispo, se solemnizó el matrimonio de D. Pedro de Navarra mariscal de aquel reino y de Doña Mayor de la Cueva, dama de la Reina hija de D. Beltran de la Cueva duque de Alburquerque y de la Duquesa Doña Mencía de Mendoza su muger que eran difuntos.[100]

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CAPÍTULO CATORCE.

De las personas que estuvieron presas en la Aljafería, y succesos lamentables que ocurrieron dentro de este alcázar.

Pero si el alcázar de la Aljaferia es memorable por las brillantes solemnidades que se celebraron en su recinto, tambien lo es por los personajes que estuvieron presos en él, y acontecimientos funestos que recuerda.

En este castillo encontró un pronto asilo el Rey D. Pedro el Ceremonioso, cuando alterado el reino con la Union, celebrando córtes en el convento de Santo Domingo de Zaragoza, llamó en ellas traidor al infante D. Jaime su hermano, é impuso silencio á D. Juan Gimenez de Urrea Sr. de Viota, que quiso salir á la defensa del infante, lo que dió lugar á que un criado de éste abriese las puertas y entrase la multitud enfurecida, con cuyo motivo sacaron el Rey y los de su acompañamiento las espadas. Calmado algun tanto el alboroto, se retiró D. Pedro á la Aljaferia.

Nuestros historiadores hablan de otra escena lamentable ocurrida en 1429, en el reinado de D. Alonso el Magnánimo, que fue la muerte del arzobispo de Zaragoza D. Fr. Alonso de Argüello. Suponen algunos que como castellano de orígen, mantenia correspondencia con el Condestable D. Alvaro de Luna, y que á esto debió su desgracia: pero en las memorias manuscritas de D. Fernando de Aragon (tambien arzobispo de Zaragoza[101]), se asigna muy diferente causa á esta catástrofe, diciendo que dando este prelado el brazo un dia á la Reina en demostracion de obsequio y respeto, se desmandó con temeraria ligereza á decirla alguna palabra no decente, y aunque la Reina que fué egemplo de honor y honestidad, no mostró haber oido ó atendido, fué el arzobispo aquella noche arrebatado al palacio de la Aljaferia, y luego arrojado al Ebro.

En este mismo castillo[102] fué puesto en prision el príncipe D. Carlos llamado vulgarmente de Viana, por el Rey D. Juan 2.º su padre en 1461, desde donde fué trasladado á Miravet, y despues á Morella[103].

El dia 24 de Mayo de 1591 fueron conducidos Antonio Perez y su compañero Mayorini en un coche, desde la cárcel de manifestados á la Aljaferia, por el fiscal y ocho familiares de la Inquisicion, mediante mandato que llevó un portero de maza del Consejo del Justicia de Aragon al alcaide, para que entregase el preso dentro de tres horas. Esta entrega se habia verificado bajo la amenaza de excomunion y multa de 3000 ducados á cada uno de los lugartenientes del Justicia: pero á pesar de que esta diligencia se practicó con misterio, se divulgó pronto por la ciudad[104] la noticia, y los principales miembros de la nobleza, y entre ellos D. Juan de Luna baron de Purroy, y D. Martin de Lanuza fueron á la cárcel de manifestados, afearon al alcaide la entrega, se trasladaron al palacio del Justicia D. Juan Lanuza, le acusaron de violar los fueros, y observando D. Martin de Lanuza la inutilidad de estas gestiones, en union de otros nobles dió el terrible grito de Contrafuero, Ayuda á la libertad: y una porcion de los amotinados se dirigió al castillo de la Aljaferia, de donde á pesar de la resistencia de algunos inquisidores, con la mediacion del Arzobispo de Zaragoza Bobadilla, y de los Condes de Aranda, y de Morate, fueron puestos en manos de estos y del Virrey, Perez y Mayorini á cosa de las cinco de la tarde, y volvieron á la cárcel de los manifestados.[105]

Aunque me propuse hacer mérito únicamente en esta historia de los succesos antiguos, no creo del caso omitir uno, á virtud del cual un Capitan General se vió preso en este alcázar, ocurriendo en su prision los incidentes que voy á referir. Las sangrientas escenas del 2 de Mayo de 1808 en Madrid habian conmovido profundamente al pueblo Zaragozano, que respirando venganza y furor contra los franceses, clamó varias veces pidiendo las armas. Inflamó mas y mas los ánimos la aparicion de una palma que formó una nube sobre el templo de nuestra Señora del Pilar, y habiéndose reunido en aquella plaza con este motivo un numeroso concurso, acudió tambien el Capitan General D. Jorge Juan Guillelmi, ora fuese por curiosidad, ora por evitar cualquiera funesto acontecimiento: pero aun no habia parado el coche, cuando resonó con un estruendo estrepitoso el grito de las armas. El general con voces blandas, y sobre todo con su presencia grave y magestuosa, calmó la efervescencia del pueblo, que dócil á las insinuaciones de la autoridad, desfiló sin insistir en sus exigencias. Pero entretanto la mina se cargaba sordamente: venian noticias alarmantes desde Madrid; D. José Palafox y Melci habia llegado herido desde Bayona, y la relacion de las desgracias de un Rey tan idolatrado como Fernando 7.º habian producido aquella impresion que no podian menos de causar en un pueblo tan generoso y tan fiel como Zaragoza. Miraba esta Ciudad como su ídolo á Palafox, el cual no habiendo podido vencer á Guillelmi para que usase de su poder levantando el Aragon, se retiró á Alfranca, casa de campo del marqués de Ayerve, á dos leguas de la Capital en las márgenes del Ebro. Desde allí Palafox sostenia las esperanzas del pueblo, y formada secretamente una junta, se decretó un movimiento, cuyo principal adalid debia ser un labrador honrado y respetable, llamado Mariano Cerezo, sugeto de grande influjo y representado en la vasta parroquia de S. Pablo, ya por sus prendas, ya tambien por tener á su cargo la direccion de los riegos del Canal. De acuerdo con los gefes que á propuesta suya autorizó la Junta para el Arrabal, y parroquias de S. Miguel, y la Magdalena, dispuso que los labradores y jornaleros se trasladasen desde la madrugada del 24 de mayo al sitio llamado la Cruz del Coso, donde debian aguardar en silencio la señal que se les diera. Veíase por momentos aumentarse la muchedumbre que iba llenando la ancha calle del Coso, desde el punto mencionado hasta la casa llamada de las Monas inmediata al palacio del General, que ahora ocupa la Audiencia. No habia á la sazon en Zaragoza mas que una compañia de artilleros, de la que una parte daba la guardia al General; pero como aquel concurso no la hostilizaba, no mostró la menor inquietud. A las nueve poco mas ó menos se presentó Cerezo, recorrió las filas de sus soldados ocultos, y despues dirigiéndose á la guardia les dijo: «Artilleros, con vosotros nada va; ú obrad como nosotros, ó si vuestro pundonor no os lo consiente, estáos quedos. Aquí no se viene á hacer mal á nadie, sino á evitarlo; os sería doloroso querer usar del arma á vista de tanta gente.» Y volviéndose á la muchedumbre gritó, las armas, las armas que vienen los franceses á llevárselas; las armas, Señor General: y este grito fué repetido con entusiasmo hasta cerca de las once, en que presentándose los Comandantes de Miñones, D. Antonio y D. Gaspar Torres, les previno Cerezo, que si habian de esforzar su demanda para con el General pasasen adelante, ó de lo contrario le escusasen un bochorno. Subieron estos militares y le informaron de lo ocurrido; pero aun duraba la conferencia en la que el General Guillelmi insistia en la negativa, á pretexto de falta de órden de la superioridad, cuando Cerezo impaciente de tal tardanza, subió con un piquete de los suyos, y despues de dirigir una corta arenga al General, concluyó diciéndoles que era indispensable, que, ó franquease las llaves del castillo de la Aljaferia, ó que en persona mandase la entrega de las armas. Observando que era invencible su resistencia, le intimó resueltamente que su presencia era necesaria en el Castillo, advirtiéndole que depusiese todo temor pues seria conducido sin que nadie le ofendiera. El General emprendió su marcha á la Aljaferia, y como eran las doce del dia y el sol se desplomaba con fuerza, Cerezo pidió un quitasol en una de las tiendas del Coso, y haciéndole sombra con él, le acompañó hasta el Castillo, y le colocó en uno de los pabellones mas decentes, donde permaneció tratado con la mayor consideracion, y sin sufrir el menor insulto hasta el 14 de junio de 1808.

Tambien salvó la vida en este Castillo el Conde de Fuentes, á quien el pueblo de Zaragoza manifestó la mayor aversion, y que habia sido detenido en la Sierra de Cameros cuando desde París venia con direccion á Madrid. Solo la presencia de Palafox que salió á recibirle pudo librarle de una desgracia.

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CAPÍTULO QUINCE.

De la visita que S. M. Doña Isabel 2.ª hizo al Castillo de la Aljafería en 27 de julio de 1845.

Este hecho aunque de fecha recientísima, no me parece que debia omitirlo en la historia de la Aljaferia, porque formará época en los fastos de este alcázar. Despues de tantos siglos en que el castillo de la Aljaferia dejando de ser mansion real, no habia presenciado por lo comun mas que lágrimas y pesares, llegó la tarde del 27 de julio último, en que S. M. Doña Isabel II y sus Augustas Madre y Hermana se dejaron ver en aquel recinto, para tributar un homenage respetuoso á la morada de sus antecesores: y digo, homenage, porque hasta los Reyes presentes tienen que tributarlo á la memoria de los que les precedieron en el mando. Inútil es que yo describa lo que saben los Zaragozanos, que diga la manera con que se adornaron las salas y el altar que se construyó en la alcoba del aposento llamado de Santa Isabel colocando una efigie de la Santa. Todos estos son hechos que no ofrecen una grande novedad, al paso que acreditan, que un egército fiel quiso obsequiar á sus Reinas, y que eligió oportunamente un local en que lo presente debia ser realzado con los recuerdos de lo pasado. Lo grande, lo verdaderamente sublime, consiste en las consideraciones á que presta materia esta visita. En medio de aquella fiesta yo tenia ocupada mi imaginacion con una multitud de ideas. A este parage olvidado hace tantos años, donde casi únicamente se han oido lloros y desconsuelos, viene la Reina de las Españas á pisar el mismo suelo que hollaron los Reyes Moros y los Reyes Aragoneses. Oh! ¡Cuantas saludables lecciones pueden dar estas paredes, cuantos pensamientos elevados no puede inspirar este recinto! La infanta Doña Isabel despues reina de Portugal, revestida de inimitables virtudes, presenta egemplos de grandeza de alma en sus padecimientos, y sobre todo en aquella paciencia heróica que la distinguió. Ella supo vencer la tibieza de su esposo y calmar sus iras. Esta infanta se presenta como viva al que habiendo leido su historia, recorre el palacio de la Aljaferia. ¿Y los Reyes Católicos D. Fernando y Doña Isabel pueden dejar de verse en unas salas que ostentan su magnificencia? Estos me parecia que circulaban por aquellos salones, y que sus sombras magestuosas se acercaban á su excelsa nieta la señora Doña Isabel II, y le dirigian voces tan dulces como provechosas. Mi imaginacion absorta, como la del autor de las Noches sobre el sepulcro de los Escipiones, veia mezclado el siglo XIX con los diez que le precedieron, y estas visiones podrian darme lugar á largas é interesantes reflexiones que considero intempestivas en esta historia. Sin embargo en medio de aquella confusa muchedumbre, yo decia dentro de mi mismo; el Aragon volverá á ser grande y presentará un espectáculo magnífico, si su Reina Doña Isabel 2.ª recuerda que la monarquia española llegó al apogeo de su grandeza, cuando ocupó el trono de Castilla un Rey aragonés. Grande, sublime, entusiasmador es todo cuanto pueda contribuir á fijar en el tierno corazon de la Reina la idea, de que el Aragon ha sido mas de lo que es, y puede ser todavia mucho mas, sino se le deja en el olvido, y se le mira como un pais que puede elevarse al mas alto grado de esplendor.

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CAPITULO DIEZISEIS.

De lo que deberia egecutarse para conservar y reparar las preciosidades de este edificio.

Cuando fijo la vista en los restos de obras tan antiguas y venerables; cuando las veo en un estado de degradacion, ó por hablar con mas exactitud, de destruccion; no puedo menos de esclamar apesadumbrado. ¡Será posible que por un descuido vergonzoso hayan de sepultarse en la nada estos monumentos! Los pueblos civilizados se distinguen principalmente de los que todavia están sumidos en la barbarie, en que conservan sobre la tierra las huellas de sus antepasados, los adelantos de las generaciones que les precedieron. Si separamos de la superficie del universo las mejoras que succesivamente ha hecho el trabajo del hombre, la naturaleza se nos presentará en aquel estado de selvatiquez, en que se encontraba cuando por la vez primera se labró el suelo y se erigieron moradas donde resguardarse de la intemperie de las estaciones, á cuyo estado volvió la Italia despues de la invasion de los bárbaros del norte. Los vándalos y los hunos cubrieron la Europa de ignorancia destruyendo las obras de la civilizacion romana, que habia atesorado los progresos de la Grecia. Hay un género de vandalismo tambien en permitir que se hundan en el polvo los monumentos de una antigüedad respetable, las páginas de una historia viva y elocuente. Afortunadamente en nuestra patria se ha despertado el deseo de conservar las obras de las generaciones pasadas, y este deseo no será estéril en Zaragoza para el Castillo de la Aljaferia, despues que un General apreciando sus bellezas y recuerdos llevó á la Reina Ntra. Sra. á su recinto. El artesonado del salon de Santa Isabel está en gran parte destrozado; las tribunas han casi desaparecido en su totalidad; la mezquita está mutilada y á merced de uno de los inquilinos. Costosa es la reparacion, sin embargo S. M. no dejará de imitar á su augusto tio el Rey de los franceses que ha puesto un esmero singular en la reparacion del palacio de Henrique IV en la ciudad de Pau. La monarquia francesa cuenta como uno de sus héroes á un rey, que conquistó á Paris y estinguió las discordias, y en obsequio de esta memoria tributa cierto culto político al lugar donde vió la luz este monarca. Fernando é Isabel despues de haber unido á la corona el reino de Granada dieron á España un nuevo mundo, y asentaron el poder real sobre bases indestructibles combatiendo la anarquia y el feudalismo. ¿Y no ha de merecer la morada predilecta de estos reyes el honor de la reparacion?

Mientras que la munificencia de S. M. derrama sus beneficios sobre este antiguo alcázar de sus predecesores que tantas ideas de grandeza recuerda, la autoridad militar puede principiar á dar importancia al departamento de Santa Isabel. En el salon debe colocarse un sólio para la celebracion del acto imponente de las visitas de cárcel.[106] ¿No debe experimentar un Capitan General una sensacion profunda al considerar que administra justicia y aun dispensa gracias, donde antiguamente las dispensaron los reyes? Cierto es que ahora no se cuenta con fondos para la reparacion completa, pero á lo menos no deben faltar para asegurar lo existente, para precaver una ruina, para impedir una destruccion total. No faltan por lo demás artífices que puedan labrar algunas de las piezas que se echan de menos; quizás algun soldado que esté instruido en la elaboracion de las maderas podrá con la esperanza de algun año de rebaja esmerarse en construir algunas de las partes que faltan en ciertos trozos del artesonado. Lo que no se intenta, nunca llega á conseguirse: es preciso principiar las obras, porque el que las principia lleva una ventaja inmensa.

Sobre todo la mezquita debe reponerse en cuanto sea posible en su antiguo estado. Si se la vé dividida y cual esta hoy dia, un profundo sentimiento se apoderará del inteligente que la visite. Dificil es, formar idea de su hermosura, de su elegancia, no restituyendole en cuanto sea posible, su primitiva forma.

El alcaide del Castillo deberia encargarse de las llaves de estos departamentos, que podrian abrirse al que en dias determinados solicitase verlos; del coste de las obras de reparacion pudiera formarse inmediatamente un presupuesto: principiar por lo mas urgente, por lo que sufre menos espera, y reservar lo restante para épocas mas abundantes. Si S. M. viniese alguna vez por esta ciudad, y los gremios y cuerpos tratasen de hacer algunos festejos se les debia hacer entender, que mas que unos fuegos pasageros, unas luminarias improductivas, seria acceptable á S. M. la reconstruccion de una parte de estos adornos. Los carpinteros por egemplo y los tallistas podrian hacer un obsequio poco costoso presentando unas cuantas piezas del artesonado. En fin cuando hay celo no faltan medios. Una fiesta de Iglesia á Santa Isabel en el Castillo de la Aljaferia hecha por suscripcion podria suministrar algunos fondos. El Excmo. Sr. Capitan General deberia desde luego formar una junta ó comision compuesta de las personas que fuesen de su agrado y cuya presidencia se reservára, para escogitar arbitrios y recursos y para discurrir los demás medios oportunos á fin de realizar la reparacion.

S. M. que ha honrado mi insignificante opúsculo permitiendo que lo pusiese bajo sus reales auspicios, si se dignase leer estas últimas páginas, al paso que veria en ellas un celo puro y desinteresado, quizás no dejaría de encontrar digno de la magestad el restablecimiento de una obra de sus progenitores. Entonces mi memoria habria sido en algun modo un memorial, una pretension que los gloriosos reyes difuntos hacian á la Reina presente. Dulce es para mi cuando escribo de antigüedades honrar la noble profesion de la abogacia, que protegiendo las cosas y personas particulares egerzo, abogando tambien por el esplendor de las artes, por la gloria de los reyes, por los recuerdos de la antigüedad.

Conclusion.

Estos son los principales sucesos que han ocurrido, ó en el recinto, ó á las inmediaciones del antiquísimo Castillo de la Aljaferia, y las vicisitudes que ha tenido este edificio en el dilatado espacio de cerca de diez siglos, ó sea de 981 años. Mi pluma consagrada principalmente en esta tarea á revelar tan solo los misterios de la antigüedad, no hace mencion de las épocas mas recientes que abrazará la historia contemporánea. Queda cumplida mi mision que es la de recordar los acontecimientos remotos, que tuvieron lugar en este alcázar de los reyes moros y de los reyes aragoneses. Quizás nada ó muy poco habré dicho de nuevo para las personas ilustradas, pero muchos á quienes no es posible revolver los dispersos y escasos volúmenes que contienen nuestras glorias, si leen mi opúsculo, fijarán con mas atencion la vista en este monumento venerable, y cuando lo visiten ó pasen á corta distancia recordarán los nombres de tantos héroes aragoneses, y de cuantos ocupando altos destinos se propongan salvar de la voracidad del tiempo tantas memorias dignas de conservarse, infundiendo á los que habiten en lo succesivo en aquel edificio, un respeto santo para evitar que se destruya y desaparezca por la mania y el vandalismo una obra que ha sobrevivido á tantos desastres, y que se mantiene con señales de lo que fué, á pesar de las contínuas revoluciones de las edades.

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APÉNDICE.

Nota 1.ª

ESCMO. SEÑOR.

El Sr. D. Prospero Bofarull me ha manifestado en contestacion á la que le dirigí, que existian en el archivo que se halla confiado á su cuidado en Barcelona, varios documentos relativos al Castillo de la Aljaferia, pero me añade, que era preciso dirigirse á S. M. por el Ministerio de la Gobernacion para que pudiese librar testimonio, lo que tengo el honor de poner en conocimiento de V. E., á fin de que si lo juzga oportuno, se sirva obtener esta autorizacion para que pueda dar címa á los trabajos que he emprendido de acuerdo con V. E. Dios guarde á V. E. muchos años. Zaragoza y Julio 7 de 1844.—Exmo. Sr.—Mariano Nougués Secall.—Exmo. Sr. D. Manuel Breton Capitan General del Egército y Reino de Aragon.

Capitania General del 6.º distrito.—Estado Mayor.

Seccion Archivo.

El Subsecretario del Ministerio de la Gobernacion de la Peninsula en 19 del actual me dice lo que sigue:

«Exmo. Señor.—Con esta fecha se previene lo conveniente al Archivero general de la Corona de Aragon para que libre al Doctor D. Mariano Nougués y Secall, Abogado y fiscal del tribunal de justicia de esa Capitania general, copia de varios documentos que existen en el mismo archivo referentes al Castillo de la Aljaferia de esa Ciudad.—De Real órden comunicada por el Señor Ministro de la Gobernacion de la Peninsula, lo digo á V. E. para su inteligencia y efecos correspondientes.

Lo traslado á V. S. para su debida noticia, fines subsiguientes y por respuesta á su atento escrito de 7 del corriente, relativo al particular de que vá hecha mencion.—Dios guarde á V. S. muchos años.—Zaragoza 21 de Julio de 1844.—Manuel Breton.

—Sr. D. Mariano Nougués Secall, fiscal del tribunal de justicia.

Nota 2.ª

VIAGES DE ALI-BEY.

Pág. 130.—Tomo 1.º

Cada oracion canónica consta de la invocacion, varios rikats, y salutacion. El rikat se compone de siete posiciones del cuerpo con diferentes oraciones; he aquí la forma con el tenor de la oracion.

INVOCACION.

El cuerpo recto y las manos levantadas á la altura de las orejas, se dice:

¡Alláhou ak i bár! ¡Dios mui grande!

PRIMER RIKAT.

primera posicion.—De pie, los brazos y manos colgando por los malekis ó cruzados por los hhaneffis,[107] se reza el primer capítulo del coran, que se llama El Fat-há y es como sigue.

¡Alabanza sea dada á Dios! Señor de los mundos, clementísimo, misericordiosísimo, rei del dia del juicio final, adoramoste, é imploramos tu asistencia; dirigenos por el camino recto, el camino de aquellos á quienes has colmado de tus beneficios, de los que son sin corrupcion, y no del número de los estraviados. Amen.

Luego se reza un capítulo ó algunos versículos del coran en la misma actitud.

segunda posicion.—Se dobla toda la mitad superior del cuerpo, apoyando las manos sobre las rodillas, y se grita en alta voz.

¡Dios mui grande!

tercera posicion.—Se vuelve á enderezar diciendo: Dios oye, cuando se le dan alabanzas.

cuarta posicion.—Postrándose, con las rodillas, manos, nariz y frente en tierra, se dice:

¡Dios mui grande!

quinta posicion.—Sentandose sobre los talones y poniendo las manos sobre los muslos se gríta:

¡Dios mui grande!

sesta posicion.—Se postra como antes diciendo:

¡Dios mui grande!

septima posicion.—Vuélvese á poner de pie, y si es posible, sin poner las manos en tierra, y se repite la esclamacion: ¡Dios mui grande!

SEGUNDO RIKAT.

En este, despues de egecutadas las seis primeras posturas, consiste la septima en sentarse sobre los talones como en la quinta repitiendo: ¡Dios muy grande!

Luego se añade: Las vigilias son para Dios, como tambien las oraciones y limosnas. ¡Salud y paz á ti, ó profeta de Dios! ¡Que la misericordia del Señor y su bendicion sean tambien contigo! ¡Salud y paz á nosotros y á todos los servidores de Dios justos y virtuosos! Confieso que no hay Dios sino Dios único: confieso que Mahoma es su servidor y su profeta.

Si la oracion ha de tener solamente dos rikats se reza en la misma postura la siguiente adicion, despues de la oracion que acabamos de poner.

Y confieso que el fué quien llamó á si á Mahoma, y confieso la existencia del paraiso, y la del infierno, y la del Sirat[108], y la de la balanza,[109] y la de la dicha eterna concedida á los que no dudan y que en verdad Dios los resucitará de la tumba. ¡O Dios mio! dá tu salud de paz á Mahoma y á la raza de Mahoma, como has dado tu salud de paz á Ibrahin (ó Abrahan); y bendice á Mahoma y á la raza de Mahoma, como has bendecido á Ibrahin y á la raza de Ibrahin. Las gracias las alabanzas y la exaltacion de gloria sean en tí y por tí.

CONCLUSION Ó SALUTACION.

Sentado, y volviendo el rostro á la derecha y luego á la izquierda se repite á cada lado la salutacion: ¡La paz sea con vosotros!

Lo dicho constituye una oracion perfecta; mas cuando ha de constar de tres rikats no se reza la adicion y conclusion sino al fin del tercero, semejante en un todo al segundo. Si consta de cuatro rikats, al fin del segundo, y omitiendo la adicion, se rezan los dos últimos como los dos primeros; en seguida se añade la adicion y conclusion despues del cuarto.

Al comenzar las oraciones canónicas se hace la convocacion siguiente: ¡Dios mui grande! ¡Dios mui grande! Confieso que no hay otro Dios, sino Dios; confieso que no hay otro Dios, sino Dios; confieso que nuestro Señor Mahoma es el profeta de Dios; Venid á la oracion, venid á la oracion, venid al asilo (ó al templo de la salud), veníd al asilo. ¡Dios mui grande! No hay otro Dios, sino Dios.

Dicha convocacion se hace tambien desde lo alto de los minaretos, cinco veces al dia para llamar á los fieles, ó á lo menos para anunciar al pueblo la hora de la oracion, que puede hacer cada cual donde se halle, escepto la de duhur del viernes, que debe hacerse en la mezquita en comun. A la convocacion de la mañana despues del segundo a-ï-a-el feláh se añade:

Es salátou hhaïróun minn en náoum. La oracion es mejor que el sueño.

Es salátou hhaïróun minn en náoum. La oracion es mejor que el sueño.

El Hombre encargado de gritar se llama el mudden. Hay además otro mudden en la Mezquita, que reza ó canta la convocacion, y Alláhou aki bar, á cada una de las posturas de los rikats, como asimismo la conclusion Assalámou aaléïkom.

Despues de cada una de las oraciones canónicas se hace uso del rosario y se pronuncia:

A la primera cuenta.

¡Sobhána Alláhi! ¡O Dios santo!

A la segunda cuenta.

¡Alhámdo Lillahi! ¡Alabanza sea dada á Dios!

A la tercer cuenta.

¡Alláhou aki bar! ¡Dios mui grande!

Y de este modo se pasan las noventa y nueve cuentas ó granos del rosario musulman.

Nota 3.ª

Masdeu, Tomo 15.—España Arabe.

Catálogo chronológico XIII. De los reyes de Zaragoza segun la chronología establecida en la ilustracion V.[110]

empezó. vivia acabó.

I. Zimael, hijo de Musa Bencacin. á . .27—m. . .—d 855 . . . 822

II. Mohamad I. Ababdalla, hijo de Lupo Rey II de Tudela. á . .32.—m. . .—d 882 . . . 914

III. Abdelrahman I. Alnaser Ledinalla, Miramamolin VIII. á. ..47.—m. . .—d 914 . . . Oct 15. 961

IV. Al-Hakem Almostanser Billa, Miramamolin IX. á. . .14.—m. 11.—d. . .14 Oct. 15. 961 . . . Set. 29. 976

V. Almanzor Mohamad, Miramamolin X á 25—m. 10.—d. . .7 Set. 29. 976 . . . Agt.º 6. 1002

VI. Abdelmalec I. Abu-Odpher, Miramamolin XI. á . . .6—m. 2—d. . .14 Agt.º 6. 1002 . . . Oct. 20. 1002

VII. Abdelrahman II, Schangiul, Miramamolin XII. á. . .—m. 3.—d. .26 Oct. 20. 1008 . . . Feb. 15. 1009

VIII. Mohamad II, Almahadi, Miramamolin XIII. á. . .—m. 9.—d. . .20 Feb.º 15. 1009 . . . Dici. 5. 1009

IX. Al-Monder Alhagib Almanzor, hijo de Jahia. á . .29—m. 8.—d. Dici. F. 1009 . . . Set. P. 1039

X. Soliman Abu-Aiub Ben-Hud Algiozami Almostain Billa, hijo de Mohamad á . . 7—m. . .—d. Set. P. 1039 . . . 1046

XI. Ahmad Abu-Giafar I. Almoctader, hijo de Soliman Abu-Aiub. á. . .35—m. . .—d 1046 . . . 1081

XII. Josef Abu-Amer Almutameno, hijo de Ahmad Abu-Giafar. á. . 4.—m. . .—d 1081 . . . 1085

XIII. Ahmad Abu-Giafar II. Almostain Billa, hijo de Josef Abu-Amer. á. .24.—m. . .—d 1085 . . . En.º . 1110

XIV. Abdelmalec II. Abu-Maruan Omadaldaulat, hijo de Ahmad Abu-Giafar II. á. . 8.—m. 11.—d En.º . 1110 . . . Dici. 18. 1118

El editor de la Historia de la dominacion de los árabes en España sacada de varios manuscritos y memorias arábigas escrita por el Dr. D. José Antonio Conde, pone una advertencia al fin del tomo 2.º en la que manifiesta, que al principiar la impresion de este volúmen habia fallecido el autor, dejando la obra sin division de capítulos y sin la correspondencia de los años, y que habia hecho lo que habia permitido el tiempo para dar menos desaliñados los dos tomos póstumos y añade: al dar la serie cronológica de los Reyes árabes nos hemos visto en un laberinto. La multitud de sus nombres y apellidos, su número mismo y las deposiciones de reyes y usurpaciones de reinos, nos harian abandonar el pensamiento de colocarlos aquí, sino fuera porque el autor dejó sobre esto apuntes aunque informes. Los hemos comparado con la serie que estampó el Masdeu en su tomo 15, y ni aun en los nombres hay uniformidad. ¿Cómo la habrá en la cronología? Degemos á los sabios la rectificacion de los yerros que necesariamente deben resultar en materia tan complicada.

Reyes de Zaragoza.

Almondar ben Yahye.430

Solimán Algiuzami.438

Ahmed ben Soliman.474

Jucéf ben Ahmed.478

Ahmed Abu Giafar.503

Abdelmalek Abu Meruan.512

Ahmed Abu Giafar ben Abdelmalek.540

REYES MOROS

de quienes habla Zurita en sus anales.

Ibnabala año 785.En su libro 1.º cap. 3.º pág. 4 vuelta 2.ª col. 4.ª

Marsilio año 809.Libro 4.º cap. 3.º pág. 7 vuelta col. 1.ª

Abenhaya año 914.Libro 1.º cap. 8.º pág. 13 col. 2.ª

Almugdavir año 1035.Libro 1.º cap. 17.

Amar por sobre nombre Almuzacait ó Almozaban y Almuacen. Libro 1.º cap. 31. Sitio de Huesca por D. Sancho Ramirez. Batalla del Alcoraz.

Abucalem año 1110.Libro 1.º capítulo 41. Muerte en la batalla de Valtierra por D. Alonso el Batallador.

Blancas en sus comentarios refiere succintamente la historia de diez y seis reyes moros que son los siguientes.

Principio de su reinado.

1.ºIbnabala ó Ibnalarabi.año 778

2.ºMarsilio.809

3.ºMuza Aben Heazin.830

4.ºAben Alfage.864

5.ºAben-Haya ó Abenayre.904

6.ºMudyr hijo del anterior.

No se sabe los que le succedieron y parece que hubo un interregno

7.ºImundar.1003

8.ºAlmugdabyr.1036

9.ºIra Almudafat.1063

10.ºZulema.1081

11. Haucen Aben Huth, hijo del anterior.1083

12. Juceph Aben Huth.1088

13. Almozaben.Reinaba ya en 1096

14. AbdelmelchReinó muy poco tiempo.

15. Hamat Almuzacayth.1098

16. Abuhazalen.1110

Este fué muerto en la célebre batalla de Valtierra.

Nota 4.ª

Archivo general de la corona de Aragon.

Gratiarum 8. de Jaime II. Parte 2.ª fol.—187.—n.º moderno 205.

Dilectis et fidelibus suis Merino et Zalmedino Cæsaraugustæ, aliisque officialibus nostris presentes litteras inspecturis etc. Cum felicis memoriæ progenitores nostri constituerent in Aljaffaria nostra Cæsaraugustæ quamdam Ecclesiam seu capellam ad honorem Beati Martini Confessoris deserviendam ibidem per abbatem seu rectorem Monasterii Crasone Diœcesis Carcasonæ, seu illum quem dictus abbas ad hoc duxerit ordinandum. Et nunc Religiosus Augerius abbas monasterii supradicti prioratum dictœ Aljaffariæ contulerit et commiserit fratri Jacobo Berengarii monacho dicti Monasterii cum suis juribus universis, ammoto á dicto prioratu fratre Arnaldo Funuci monacho, ut de collatione huiusmodi per literas dicti abbatis nobis missas et per tenorem cuiusdam instrumenti sigillo appendicio eiusdem abbatis munito nobis extitit facta fides. Ideo vobis et cuilibet vestrum dicimus et mandamus, quatenus præfatum fratrem Jacobum Berengarii pro priore dicti Prioratus habeatis et teneatis, eique de universis et singulis juribus prioratus eiusdem faciatis integriter . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .seu juribus prioratus . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .aliænationes. . . . . . . damnum eiusdem prioratus, et nunc ante factus prior velit e apetere et adjus ac propietatem suam prioratus reducere mandamus vobis el vestris cuilibet, ut ad querelam requisitionis suam faciatis fieri super dictis bonis seu juribus celare justitiæ complementum. Datum Valentiæ nonas august. 1308.

Gratiarum 7 Jacobi II fol. 106 núm. 203.

Religioso Ogerio Abbati monasterii Sanctæ Mariæ Grassensis et Conventui ejusdem et cetera. Cum frater A. de Sancto Quintino monachus vester priorque Sancti Martini Aljafariæ nostræ civitatis Cæsaraugustæ ad dictum Monasterium vestrum de licentia et permissu nostro ad præsens accedat: Idcirco ad ejus humilem supplicationem præsentes testimoniales literas vobis duximus porrigendas. Datum in Alagone III.º Kalendas februarii anno M.º CCC.º quinto.==G. de Palacini mandato Regis.

Nota 5.ª

Gratiarum 4 de Jaime 2.º Parte 1.ª núm. moderno 197. fol. 194.

Cum nos Jacobus Dei gratia Rex Aragonum &. Intendentes ordinare, quod ille qui amodo Aljafariam Cæsaraugustæ custodiret, esset presbiter, qui qualibet die celebraret missam et alia divina officia in capella, quæ est in palatio dictæ Aljafariæ, et reciperet qualibet die illos duodecim denarios, el illos septuaginta solidos jaccenses annuatim pro vestibus, quos recipit Dominicus Johannis qui nunc tenet dictam Aljafariam ex concessione Illustrissimorum Dominorum Jacobi avi nostri et Alfonsi fratris nostri recolendæ memoriæ Regum Aragonum, ad instantiam et supplicationem ipsius Dominici, sic duximus ordinandum; quod ipse Dominicus in vita sua recipiat et habeat dictos duodecim denarios qualibet die, et septuaginta solidos jaccenses annuatim, et post ejus obitum, Dominicus Johannis presbiter et Petrus Johannis filii, dicti Dominici ambo fratres, et alter qui supervixerit post mortem alterius, teneat et percipiat dictos duodecim denarios qualibet die, et septuaginta solidos jaccenses annuatim, prout pater eorum percipit et percipere consuevit, et quod teneantur custodire dictam Aljafariam dum vixerint, et quod incontinenti prænominatus Dominicus presbiter teneatur die qualibet, missam in dicta capella et alia divina officia celebrare; et pater ipsius teneatur dicto prebítero, quamdiu dictos duodecim denarios et septuaginta solidos jaccenses percipiet, providere. Et post obitum dicti Dominici presbiteri, si dictus Petrus frater suus supervixerit ei, teneatur præstare alimenta uni presbítero, qui in vita sua celebret missas qualibet die continue in dicta capella. Mandantes per præsentem cartam nostram Bajulo Cæseraugustœ qui pro tempore fuerit, quod statim post obitum dicti Dominici Johannis, det et solvat præfatis fratibus, quandiu eis fuerit vita comes, et alteri superviventi post mortem alterius, duodecim denarios qualibet die, et annis singulis septuaginta solidos jaccenses super redditibus almutini salis Cæsaraugustæ. Post obitum vero prædictorum Dominici Johannis et filiorum ipsius præsens asignatio et concessio volumus viribus vacuari, et dicti duodecim denarii et septuaginta solidi jaccenses ad nos et nostros libere revertantus. Datum Cæsaraugustæ décimo cuarto Kalendas Octobris, anno Domini millémo trecentésimo.

Nota 6.ª

Gratiarum 14. Petri III. parte 2.ª núm.º mod.º 884, fol. 111 v.º

Nos Petrus &.ª Attendentes, illustrem Mariam bonæ memoriæ Aragonis Reginam, consortem nostram carissimam, in suo último testamento instituisse seu institui præcepisse sex capellanias aut presbiteratus, in quibus sex presbiteri continue in perpetuum ad laudem Altissimi, pro eius et nostræ animarum salute divina officia celebrarent, quorum presbiteratuum duo in capella palatii Regii Barchinone, et duo in Aljafaria civitatis Cæsaraugustæ, et duo in capella Regali Valentiæ deberent institui, et certos redditus emi et assignari ciulibet presbiterorum ipsorum, prout in sua última dispósitione plenius dignoscitur contineri. Attendentes insuper quod jus patronatus seu jus præsentandi presbiterum omnibus et singulis presbiterátibus ipsis, vigore dicti testamenti seu dispositionis et ordinationis Reginæ præfatæ de cetero ad nos spectat: Idcirco cum nos fidelem nostrum Franciscum de Fabrica presbiterum diœcesis Barchinonæ, de quo fidedignorum assertione verídica testimonium laudis accepimus, ad unum ex dictis presbiteratibus sciamus et reputemus sufficientem, idoneum, et capacem, vos ad illum ex dictis presbiteratibus, quem duxeritis acceptandum, cum hac carta nostra archiepiscopo Cæsaraugustæ, ivel illi ex episcopis in cuius diœcesi presbiteratus quem acceptaveritis fuerit, ex nunc ut ex tunc, et ex tunc ut ex nunc, gratis et ex certa scientia præsentamus, ita quod quandocumque dicti presbiteratus, vel aliquis seu aliqui ex eis dotati fuerint, vos tamquam prius principaliter præsentatus á nobis eligatis et acceptetis illum ex ipsii presbiteratibus quem volueritis, et serviatis eidem ac recipiatis jura eidem presbiteratui competentia quovis modo. Nos enim requirimus et rogamus Cæsaraugustæ archiepiscopum, vel illum eposcopum in cuius diœcesi presbiteratus quem acceptaveritis, fundatus extiterit et dotatus, seu eius vicarios, quod vos tamquam ad eum ex nunc præsentatum á nobis pro capellano atque presbitero illius presbiteratus quem aceptaveritis, habeant et teneant, vobisque auctoritatem conferant habendi, tenendi, et possidendi presbiteratum eundem, et vos in eiusdem presbiteratum recipiat et admittat, habendo præsentationem quam de presbiteratu ipso ex nunc pro tunc de persona vestra, ut præmittitur, facimus cartam validam atque firmam. In cuius rei testimonium præsentem cartam nostram fieri jussimus sigillo nostro pendenti munitam. Datum Barchinone tertio nonas julii anno Domini millesimo trecentésimo quadragésimo séptimo.—Exea Regens.—Bns. de Podio—mandato Regis facto per dominum Episcopum Vicensem Cancellarium.—Similis fuit facta pro Arnaldo Ferrarii clerico diœcesis Barchinone Datum ut supra.—Dominicus de Biscarra mandato domini Regis facto per Thesaurarium.—Similis carta fuit concessa Raymundo Ferrarii presbitero diœcesis Barchinone, quod sit unus ex duobus presbiteris Capellæ Regiæ Barchinone, quæ large registrata est in hoc registro in X. folio post folium præsentes computando.—Similis fuit facta pro Bernardo Bainlo presbítero Diœcesis Barchinone quod sit unus ex dictis presbiteris in loco quem magis eligere voluerit. Datum Barchinone X.º Kalendas Augusti anno Domini M.º CCC.º XL.º VIII.

Petrus de Gostems mandato regio facto per dominun episcopum Vincensem.

Nota 7.ª

Gratiarum 17. Petri III. Parte 2.ª n.º mod.º 890 fol. 202.

Nos Petrus &c. Attendentes noviter fervida devotione compuncti ad gloriam et laudem Altissimi, et eius Matris virginis gloriosæ, et ob nostrorum remissionem pecaminum et salutem animarum parentum et progenitorum nostrorum, omniumque fidelium defunctorum instituisse perpetuum in capella-nostra Aljafariæ Cæsaraugustæ quatuor presbiteratus; attendentes etiam institutionem huiusmodi nobis retinuisse et nostris perpetuo, quod in dictis presbiteratibus et eorum singulis possimus presbiteros asignare, nullum tamen ecclesiasticum beneficium obtinentes, et quod IIII ipsi presbiteri vel sacerdotes continue celebrent missarum solemnia et alia divina officia indicta capella, et intersint horis diuturnis pariter et nocturnis; attendentes insuper prædictis IIII presbiteris seu sacerdotibus certam fecisse donationem et asignationem annuam pro suis vitæ oneribus sustendis, videlicet, qui eorum in loco Rectoris habeatur, quadringentos solidos jaccenses, et cuilibet ceterorum trecentos solidos eiusdem monetæ super certis redditibus et juribus nostris, sicut designantur in instrumento dictæ institutionis anno quolibet persolvendos, prout hæc omnia in eodem instrumento seriosius enarrantur: igitur volentes dictis presbiteratibus provideri de personis idoneis quarum operationibus ceteros ædificentad salutem, vos Joannem Petri Dosca presbiterum diœcesis Cæsaraugustæ nullum aliud ecclesiasticum beneficium obtinentem, de cuius vitæ, puritate et conversatione honesta laudabile testimonium perhibetur, cum præsenti carta nostra firmiter valitura ad unum dictorum presbiteratuum assignamus, ac etiam præsentamus, ita quod unus sitis de número dictorum IIII presbiterorum, et habeatis pensionem annuatim dictorum trecentorum solidorum jaccensium juxta seriem dicti instrumenti institutionis, toto tempore vitæ vestræ. Vos vero teneamini ex tunc in dicta capella deservire continue, et ibidem pro anima nostra et nostrorum progenitorum ceterorumque fidelium defunctorum missas et alia divina officia celebrare, requierentes et rogantes instantia, qua decet et convenit, venerabilem in Christo patrem archiepiscopum Cæsaraugustæ, ut vos confirmet in beneficio dicti presbiteratus, tamquam ideoneum et capacem, quem eidem presenti ad ipsum presbiteratus et beneficium ducimus præsentandum, mandantes nihilominus merino Cæsaraugustæ, qui nunc est vel qui tempore fuerit, ceterisque officialibus et subditis nostris præsentibus et futuris, quatenus vos dictum Johannem Petri Dosca pro uno dictorum presbiterorum seu sacerdotum teneant, et tractent, vobisque respondeant et responderi faciant de pensione vobis ut præmittitur assignata juxta institutionis de prædictis per nos factam seriém et tenorem. In cujus rei testimonium presentem vobis fieri jussimus nostro pendenti sigillo munitam. Datum Cæsaraugustæ VI nonas Maii anno M. CCC. L.—Egea Regens.

Nota 8.ª

Página 227 del libro del P. Rivera.

Nos Joannes Dei gratia &.ª Ut Rectoria ecclesiæ, seu capellæ sub invocatione Sancti Martini de Aljafaría Regia civitalis Cæsaraugustæ fundata, et exiguis dotata redditibus, amplioribus emolumentis de cætero lætetur, et perficiatur insignita, ipsiusque Rector, omnia quæ sibi incumbunt, propterea valeat facilius supportare, et majori gaudeat ubertate, tenore præsentis nunc, et perpetuo valituri iniungimus indissolubiliter, et unimus Rectoriæ prætensæ quamdam capellaniam ecclesiæ Sanctæ Mariæ Maioris civitatis præfatæ, quam hodierna die tenet, et possidet Bartholomæus Oliverii canónicus Barchinonæ, cujus Patronatus, et Collatio sicuti pertinuit nostris prædecessoribus ilustribus bonæ memoriæ regibus Aragonum, novis nunc competit pleno jure. Ita quod quicumque fuerit, nunc, vel amodo in perpetuum Rector dictæ Ecciesiæ seu capellæ post obitum dicti Bartholomæi Oliverii habeat, regat, teneat, et possideat dictam Capellaniam &......(26 Octubre 1394.)

Página 228.

Nos Carolus Dei gratia Rex Castellæ, Aragonum, &c. Cum ad præsens vacet Rectoria instituta et fundata in Ecclesia Sancti Martini domus nostræ Aljafariæ civitatis nostræ Cæsaraugustæ prædicti nostri Aragonum Regni, ob mortem Licentiati Fernandi Lopez, quæ de jure nostro esse dignoscitur, et cujus Collatio, præsentatio, et omnimoda dispositio ad nos tanquam verum patronum pertinet et spectat, ipsam tibi dilecto nostro Licenciato Hyacintho Vielsa presbítero, pro tuis méritis, suffcientia, probitas te, vitæ honestate, aliisque virtutum ornamentis, quibus insignitus existis, mérito duximus confederendum. Thenore igitur præsentis de nostra certa scientia, Regiaque autoritate, deliberate, et consulte, Rectoriam prædictam tamquam benemérito, et condigno, per præsentis nostræ cartæ expeditionem, quam vim investituræ. et Reales traditiones, et possessiones eiusdem Rectoriæ habere volumus, et obtinere concedimus, instituimus, collamus, providemus et asignamus, ac de illa etiam investimus, cum omnibus, et singulis fructibus, etc.

Página 229.

Digo yo el infrascrito D. Juan Jacinto Félix Vielsa, Rector y cura propio de la Real Capilla de S. Martin de el Real Palacio de la Aljaferia de la Ciudad de Zaragoza, en que residen los Sres. Inquisidores, y hago fé como de tiempo inmemorial hasta hoy, dicha Real Capilla de S. Martin ha sido, y es Parroquia, con el derecho de administrar los Sacramentos á todos los habitantes y moradores de dicho Real Palacio de la Aljaferia, y que yo siguiendo, y continuando la posesion de mis antecesores, los hé siempre administrado á todos los dichos moradores, como Rector de dicha Real capilla; la cual hace ya once años que administro y gobierno con exclusion, y total independencia de todas las Parroquias de dicha ciudad, y con omnímoda exencion del ordinario. En cuya verdad hago este testimonio firmado de propia mano, y sellado con mi sello en Zaragoza á 14 de Setiembre del año 1696.—D. Jacinto Félix Vielsa Rector de la Iglesia Parroquial de San Martin de Aljaferia.

Locus Sig illi.

cruz de Malta
cruz de Malta

Nota. El obgeto del P. Ribera en este pasage de su obra fué tan solo probar que el Rector de la Real Capilla de la Aljaferia de Zaragoza tenia la parroquialidad en el Castillo, así como el de Barcelona la tenia en el antiguo Palacio de sus Condes.

Nota 9.ª

Commune 27. Martini num. 2137. fol. 112.

Martinus, Dei gratia, Rex Aragonum, Valentiæ, Majoricarum, Sardiniæ et Corsicæ; Comesque Barchinonæ Rossilionis et Ceritaniæ: Dilecto nostro Merino civitatis Cæesaraugustæ et cœteris officialibus nostris præsentibus et futuris, adquem seu quos præsentes pervenerint, et pertineant infrascripta, salutem et dilectionem. Pro parte fidelis nostri Raymundi de Torrellis jurisperiti civis civitatis Cæsaraugustæ prædictæ percepimus, quod Serenissimus Princeps et dominus Petrus Rex Aragonum, genitor noster, memoriæ recolendæ, cum carta ejus sigillo majestatis impendenti munita, data in Montesono duodecima die Octobris, anno á Nativitate Domini millesimo tercentesimo octogesimo tertio, dedit gratiose in perpetuum fideli nostro Ægidio de Sada tunc Camerario dictæ civitatis et suis omne et quodcumque jus dicto domino Regi competens in aqua, quæ pro rigando hortum Aljafariæ dictæ civitatis recipitur et recipi consuetum est, videlicet in illa, quæ rigato dicto horto superest, prout hæc et alia in dicto privilegio latius continetur. Dictumque jus Ægidius præfatus vendidit Raymundo de Torrellis prædicto. Et aliqui nitantur pro viribus et præter, et contra voluntatem dicti Raymundi hortos et alias possesiones, qui, et quæ extra et subtus dictam Aljafariam existunt rigare in damnum non modicum exponentis memorati, cui titulo oneroso utpote emtionis prædictæ jus aquæ prædictæ competit et spectat. Quocirca volumus, atque vobis et unicuique vestrum dicimus et mandamus, de certa scientia et consulte sub nostræ iræ et indignationis incursu, quatenus rigato dicto horto infra dictam Aljafariam existenti, quotiens necessarium fuerit in et super dicta aqua jure et possesione seu cuasi ipsius, dicto Raymundo et suis nullum impedimentum, obstaculum, contradictionem aut controversiam faciatis, aut fieri permittatis per quempiam, imo eumdum in jure suo virilíter tueamini et defendatis, nec aliquem contravenire sinatis aliqua ratione vel causa, cum nos per justitiam sic providerimus et velimus, abdicantes vobis ad cautelam potestatem omnimodam contrarium faciendi seu attentandi. Datum Valentiæ septima die Martij anno á nativitate Domini millesimo quadringentesimo tertio.—Nicolaus de Canjelles Regens cancellariam.

Registro idem fol. 179.

Martinus Dei gratia Rex Aragonum etc. Dilecto merino civitatis Cæsaraugustæ cœterisque officialibus nostris præsentibus et futuris. ad quem seu quos præsentes pervenerint, et pertineant infrascripta, salutem et dilectionem. Pridem á nostra curia emanavit litera hujusmodi seriei.—Martinus Dei gratia Rex Aragonum etc. dilecto nostro merino civitatis Cæsaraugustæ cœterisque officialibus etc. Jam supra in præsenti registro in folio 112 est totaliter inserta, post cujus Datam et Signum sequitur.—Nunc autem ut accepimus, præinserta litera abutendo Raymundus de Torrellis prædictus, nititur aqua prædicta, non irrigato horto majori Aljaferiæ præfatæ, sed tantum horto minori ejusdem, ad usum suum juxta libitum irrigare; ex quo sequitur quod arbores seu, virgulta et sata hortorum Aljafariæ ejusdem, tempore siccitatis, præcipue mensibus Julii, Augusti et Septembris, qui non sunt soliti absque azuditate perlabi, radicitus exiccantur. Quo circa sicut etc.... Refiere por estenso lo que con brevedad hemos redactado en el cuerpo de la obra.

Nota 10.

Archivo general de la corona de Aragon.

Pergamino n.º 2320 de D. Jaime II. Núm. ant. 592.

Noverint universi, quod coram venerabili dompno Guillermo de Cabaldos Zalmedina Cæsaraugustæ comparuit Geraldus del Parer, Tutor datus et assignatus Teresiæ, Gratiæ et Peregrino, pupillis filiis Peregrini Baldovini quondam, et dompnæ Gratiæ Martin Tarin ejus uxoris, per dompnum Johannem de Bombei Zalmedinam tunc Cæsaraugustæ cum publico instrumento confecto octava die exeunte Aprili anno præsenti per notarium infrascriptum, asserens, quod dictus Peregrinus pater dictorum pupillorum, in suo ultimo testamento, receperat pro anima sua et injuriis emendandis ac debitis persolvendis, duo millia solidorum jaccensium, pro quibus mandavit vendi de bonis suis specialiter quoddam hæreditamentum situm in termino de Quart, ut patebat per ipsum testamentum, confectum per manum Jacobi Donasari notarii publici Cæsaraugustæ, quod coram dicto Zalmedina exhibuit. Et licet ipsum hæreditamentum fuisset publice venale, expositum et prœconizatum, non tamen fuit inventus aliquis, qui vellet in eo offerre nisi quingentos quinquaginta solidos jaccenses, licet ipsum hæreditamentum valeret ultra mille et ducentos solidos jaccenses. Quare cum creditores et injuriati conquererentur coram officiali Cæsaraugustæ, de manumissoribus testamenti dicti Peregrini et ipso tutore, ut eis satisfieret de debitis et injuriis, in quibus dictus Peregrinus eisdem tenebatur, et ipsi et manumissores vellent pro executione dicti testamenti ipsa duo millia solidorum habere á tutore prædicto, nomine dictorum pupillorum de bonis patris ipsorum prædicti, nec bona mobilia essent de quibus posset solvi quantitas supradicta, et esset utilius ipsis pupillis, quod venderetur medietas aquæ rivi de la Huerba, quam medietatem dictus pater eorum habebat tempore mortis suæ, quæ aqua communiter dicitur aqua domini Regis, quæ quidem recipitur ab ora vesperarum diei Sabati, usque ad horam vesperarum diei Dominicæ sequentis, qualibet septimana, oum in ea medietate offerrentur mille et quingenti solidi ad opus Domini Regis; petit per Zalmedinam prædictum dari auctoritatem eidem Tutori, quod pro complendis prædictis, posset vendere dictam medietatem aquæ, et eidem venditioni auctoritatem suam impenderet et decretum. Et Zalmedina prædictus viso testamento prædicto, et recepta fide á dicto Tutore, quod non sunt bona mobilia dictorum pupillorum, de quibus dicta quantitas dictorum duorum millium solidorum posset exsolvi; attendentes esse utilius dictis pupillis, quod dicta aqua venderetur, quam dictum hæreditamentum de Quart, de quo consueverunt dari duodecim Kaficia tritici annuatim, sicut eidem facta per fidedignos homines extitit plena fides. Inspecta et pensata utilitate dictorum pupillorum, dedit dicto Tutori licentiam vendendi dictam aquam spectantem ad patrem dictorum pupillorum pro pretio supradicto, et eidem venditioni faciendæ auctoritatem suam præstitit et decretum. Et in continenti idem Tutor ad venditionem processitut sequitur. Noverint universi, quod ego Geraldus del Parer Tutor Peregrini, Teresiæ, et Gratietæ filiorum pupillorum Peregrini Baldovin quondam, interveniente auctoritatem et decreto venerabilis dompni Guillermi de Cavaldos Zalmedinæ Cæsaraugustæ, ex certa scientia et consulte, et de jure dictorum pupillorum certioratus, non coactus nec in aliquo circumventus, dolo vel errore inductus, sed gratis et spontanea voluntate, pro solvendis et emendandis debitis et injuriis dicti Peregrini quondam; vendo vobis Excellentissimo Principi et domino, domino Jacobo Dei gratia Regi Aragonum, Valentiæ, Sardiniæ, et Corsicæ, ac Comiti Barchinonæ, licet absenti tanquam præsenti et vestris, in perpetuum medietatem aquæ Rivi de la Huerva spectantem ad dictos pupillos, ratione prædicti patris ipsorum, quæ aqua vulgariter dicitur aqua domini Regis, et recipitur continue in azuto cequiæ de la Romadera, termini Cæsaraugustæ ab hora vesperorum diei Sabbati usque ad horam vesperorum diei Dominicæ proxime sequentis qualibet septimana; pro pretio mille et quingentorum solidarum jaccensium, quos quidem Stephanus de Roda de Domo vestra, nomine et vice vestra mihi solvit, et ipsos ab eo habui et recepi. Renuncians exceptioni non numeratæ pecuniæ, fraudis et doli. Prædictam siquidem medietatem aquæ prædictæ ad dictos pupillos spectantem, et spectare debentem; vobis domino Regiet vestris vendo cum omni jure et dominio, quod dicti pupilli habebat et habere debebat tempore mortis suæ, francham, liberam, salvam, securam et quietam ab omni tributo censu, obligatione, et alienatione, sive mala voce et contradictione cujusque, cum omnibus juribus et pertinentiis ad medietatem prædictam aquæ prædictæ spectantibus et spectare debentibus quoquomodo. Et de posse, jure, ac dominio dictorum pupillorum ipsam medietatem aquæ cum omnibus et singulis supradictis eicio, et in posse, jus, et dominicum vestri et vestrorum ipsam transfero, et in corporalem possessionem, vel quasi ejusdem, vos induco cum hoc instrumento perpetuo valituro: Volens ut ipsam possessionem vel quasi omnium prædictorum, possitis cum volueritis vestra propria auctoritate apprehendere; et ego confiteor ipsam possessionem vel quasi omnium prædictorum pro vobis et vestris tenere, quousque vos vel vestri ipsam duxeritis apprehendendam. Volens quod vos et vestri, et quos volueritis, dictam medietatem aquæ prædictæ cum omnibus et singulis supradictis habeatis, teneatis, et possideatis, ac explectetis perpetuo pacifice vos et vestri, ad dandum, vendendum, commutandum, alienandum et ad faciendum inde vestras et vestrorum proprias voluntates, sicut melius et utilius potest dici et intelligi ad vestrum et vestrorum commodum et perfectum. Quod si forsan in dicta medietate aquæ, vel parte ipsius, quæstio sive mala vox imponeretur per quamcumque personam vel personas cujuscumque gradus, status, vel conditionis existat, promitto nomine tutorio quo supra, ipsam causam et litem in me suscipere et ducere propiis sumptibus dictorum pupillorum: et volo et consentio quod dicti pupilli ad hæc specialiter teneantur, quousque ipsa causa fuerit fine debito terminata. Et si vos aut vestros ratione quæstionis, causæ, vel malæ vocis impositæ in dicta aqua seu parte ipsius, expensas aliquas contingeret facere seu etiam sustinere, ipsas promitto nomine quo supra vobis e vestris integre reficere ac etiam emmendare. Et quod dicti pupilli ad hæc etiam teneantur. De quibus expensis credatur vobis et vestris vestro simplici verbo tantum, nullo alio genere probationis exacto. Pro quibus omnibus et singulis attendendis penitus et complendis, et pro evictione dictæ aquæ, et pro faciendo vobis ipsam habere et possidere perpetuo pacifice, obligo vobis et vestris omnia bona mobilia et inmobilia dictorum pupillorum ubique habita et habenda. Et ad majorem securitatem vestram et vestrorum, nomine tutorio quo supra, dono vobis et vestris fidantiam salvitatis de medietate aquæ prædicta quæ mecum et sine me cum dictis pupillis et sine ipsis, ipsam vobis et vestris salvet et salvam ac securam faciat habere, tenere, et possidere perpetuo pacifice ac secure, et quæ compleat et compeleri faciat omnia et singula supradicta, Dompna Gratia Martin Tarin uxor dicti Peregrini quondam, materque pupiuorum prædictorum. Et ego dicta Gratia Martin laudans et approbans venditionem aquæ prædictæ, ut superius est scriptum, sic concedo et constituo fidantiam ut est dictum. Obligans, pro prædictis omnibus et singulis attendendis et complendis, vobis et vestris, omnia bona mea ubique habita et habenda. Ego autem Guillermus de Cavaldos Zalmedina prædictus venditioni prædictæ ex causis prædictis, attendens utilitatem ipsorum pupillorum, auctoritatem meam impertior et decretum. In quorum testimonium præsens instrumentum mandavi sigilli curiæ Zalmedinatus appensione muniri. Quod est actum Cæsaraugustæ die Sabbati, scilicet quinta die exeunte Augusto. Era millesima trecentesima quadragesima quarta. Testibus ad prædicta adhibitis et rogatis dompnis Garsia de Casois, Ægidio Martin de Camacurta vicinis Cæsaraugustæ—Sig num mei Guillelmi de Porta notarii publici Cæsaraugustæ, et autoritate illustrissimi principis domini Regis Aragonum per totam terram et dominationem suam, regentis scribaniam curiæ Zalmedinatus Cæsaraugustæ pro Dominico Johannis de Ayerbe scriptore ejusdem, qui prædictis interfui et hœc scribi feci et clausi, et sigillo ipsius sigillavi cum suprascripto in sexta linea, ubi dicitur solvi quantitas et cum raso et emendato in nona linea, ubi dicitur dictorum et cum suprascripto in XXvj linea ubi dicitur vobis.

Notes in this chapter

Note 1 · Zurita Tomo 5. Lib. 3. cap. 30 y otros.Note 2 · Estas últimas noticias las debo al ilustrado Sr. D. Benito Fernandez Navarrete Dean de esta metropolitana: quien, á pesar de sus continuas dNote 3 · P. Murillo Excelencias de Zaragoza pág. 182.Note 4 · Zurita Lib. 20 cap. 65.Note 5 · Murillo pág. 186.Note 6 · Teatro histórico de las Iglesias de Aragon por el P. Lamberto de Zaragoza tomo 2.º pág. 290.Note 7 · Zurita tom. 2.º lib. 7 pág. 83. v.ªNote 8 · Recientísimamente he ganado en esta Audiencia un pleito defendiendo á Madama Catalina Sofia Mairac Fautous Perez del Fago, Baronesa de Beon Note 9 · Blancas Coronaciones pág. 32.Note 10 · Esta no era meramente una ceremonia; el que armaba á otro caballero debia darle un acostamiento con que se mantuviese, y por eso en esta corNote 11 · La circunstancia de haber compuesto esta cancion y 700 versos mas el infante D. Pedro, nos presta oportunidad para recordar que el Aragon noNote 12 · Blancas pág. 75.Note 13 · El que desee ver las reglas que se observaban en estos combates, puede leer las ordenanzas de la cofradia se S. Jorge, en las que se encuentNote 14 · Esta es la que hoy se llama parroquieta.Note 15 · El P. Murillo atribuye equivocadamente estas ordinaciones á D. Pedro 2.º, D. Felix Latasa tomo 2.º pág. 35 de la biblioteca antigua ya nota Note 16 · Estas ordinaciones las pone Blancas á la página 117.Note 17 · En la 11 del tít.º 21. Partida 2.ªNote 18 · La caballería, esa institucion singular, segun dice Robertson, en la que el valor, la galantería y la religion se confundian y amalgamaban, Note 19 · Se halla impresa en Zaragoza en 1717.Note 20 · Esta era la capilla del Arzobispo D. Lope de Luna, donde se vestian los reyes y reinas.Note 21 · Zurita tom. 5.º Cap. 3 pág.ª 156 v.ªNote 22 · Abarca Anales de Aragon tomo 2.º pág. 193.Note 23 · Zurita lib. 17 pág. 81 v.ªNote 24 · La muerte de esta príncipe desgraciado abrió la succesion á la corona de Aragon al príncipe D. Fernando llamado despues el Católico.Note 25 · Mr. Mignet páginas 114 hasta 118—Argensola pág.ª 81 y siguientes.Note 26 · Mignet pág.ª 117 y siguientes Argensola pág.ª 91 y siguientes.Note 27 · Tengo una satisfaccion en que el Excmo. Sr. D. Valentin Cañedo, Capitan General actualmente, haya manifestado este deseo en la primera visitNote 28 · Para la inteligencia de este pasage debo advertir que la secta malekí ora con los brazos colgando, y los hanneffís los cruzan para orar.Note 29 · Puente sobre el infierno, que es tan delgado como el filo de una espada. Los justos lo pasarán con la velocidad del rayo para entrar en el pNote 30 · La balanza eterna, donde se pesan las acciones buenas y malas de los hombres.Note 31 · La a quiere decir años, m, meses; d, dias; P, principio de mes; M, mitad; F, fin.
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