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Descripción de la Patagonia y de las Partes Adyacentes de la América Meridional

DESCRIPCION (continued 2)

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Los españoles, con poco juicio y mucha ingratitud, echaron de su territorio á Mayu-Pili-ya, el único cacique Taluheche que los estimaba, obligándole á retirarse á tal distancia que no pudiese recibir socorro alguno, expuesto á sus enemigos, hechos tales, defendiendo los territorios de los españoles del resto de sus paisanos y Picunches. Despues de la muerte de este cacique, algunas partidas de los Taluheches y Picunches atacaron las caserias del rio Areco y Arrecife, guiados por Hencanantu y Carrulonco, adonde acudieron los españoles con su mariscal de campo D. Juan de San Martin para coger los ladrones. Pero como llegaron tarde, se dirigieron al sur para no volverse con las manos vacias. Allí encontraron las tiendas del viejo Caleliyan con una mitad de su gente, que no sabiendo lo que habia pasado, estaba durmiendo sin la menor sospecha de peligro, y entonces sin examinar si estos eran ó no los agresores, hicieron fuego sobre ellos matando, muchos con sus mugeres é hijos. Los demas dispertándose, y viendo el triste espectáculo de sus mugeres y niños muertos, se resolvieron á no sobrevivir á tal pérdida, y cogiendo las armas, vendieron sus vidas tan caro como pudieron; pero al fin fueron degollados con sus caciques.

El jóven Caleliyan estaba entonces ausente; pero teniendo noticia de lo que habia pasado, se volvió en ocasion que los españoles se iban retirando; y viendo á su padre, parientes y amigos degollados, resolvió vengarse prontamente, á cuyo fin llevando como unos 300 hombres, se hechó sobre la villa de Lujan, mató gran número de españoles, tomó algunos cautivos, y robó algunos millares de ganado. Sobre esto levantaron los españoles con toda brevedad, (aunque no bastante para coger un enemigo tan ligero) casi 600 hombres de su milicia y tropa reglada. No pudiendo alcanzarle se volvieron al rededor de las lagunas de sal, y bajaron al Casuhati donde estaba el cacique Cangapol con algunos indios, que prudentemente se habian retirado. Hallandose chasqueados aquí, fueron por la costa hácia el Vulcan, donde encontraron una tropa de Guilliches, quienes no siendo enemigos, salieron sin armas á recibirlos, no teniendo la menor sospecha de peligro alguno. Pero sin embargo de esto, y de haber intercedido á favor de estos pobres, un oficial de la tropa española, fueron cercados, y tallados en piezas por órden del Mariscal de Campo, quien concluida esta victoria, marchó con su gente al Salado, que está cerca de 40 leguas de la ciudad, y casi 20 de las quintas ó caserias de Buenos Aires, donde un cacique Tehuel, llamado Tolmichi-ya, pariente de Cangapol, amigo y aliado de los españoles, estaba acompañado bajo la proteccion del Gobernador Salcedo. Este cacique con la carta del Gobernador en la mano, y mostrando su licencia, fué muerto de un pistoletazo que le dió en la cabeza el Mariscal de Campo. Todos los indios tuvieron esta desgracia, quedando cautivas las mugeres y niños, con el hijo menor del cacique. Por fortuna el mayor habia salido dos dias antes á cazar caballos silvestres, con una partida de indios.

De tal manera exasperó esta cruel conducta del Maestre de Campo á todas las naciones de Puelches y Moluches, que tomaron al punto las armas contra los españoles, quienes se vieron de repente atacados desde las fronteras de Córdoba y Santa Fé, todo á lo largo del Rio de la Plata, frontera de 400 leguas; de modo que les era imposible defenderse, porque los indios se echaban en pequeñas partidas volantes sobre muchas villas y caserias á un mismo tiempo, y la luz de la luna impedia el descubrir su número; y así mientras los españoles los perseguian por una parte, dejaban los demas sin resguardo.

Cangapol, que con sus Tehuelches habia vivido hasta entonces en gran amistad con los españoles, se irritó sumamente al ver la maldad ejecutada con su hijo, la muerte de sus amigos los Guilliches, la de su amado pariente, y otros, y manera indigna con que trataron sus cadáveres; y aunque entonces tenia cerca de 60 años, salió al campo á la cabeza de mil hombres (otros dicen cuatro mil) compuestos de Tehuelches, Guilliches, y Peguenches: se echó sobre el distrito de la Magdalena, distante cerca de 4 leguas de Buenos Aires, y repartió sus tropas con tanto juicio, que limpió y despobló, en un dia y una noche, mas de 12 leguas del pais mas poblado y abundante. Mataron muchos españoles, é hicieron cautivas un gran número de mugeres y niños, y robando ademas, pasadas de veinte mil cabezas de ganado, fuera de caballos. En esta expedicion los indios solo perdieron un Tehuelche, el cual apartándose de los demas con esperanza de hacer presa, cayó en manos de los españoles. Cangapol hijo de Cacapol, fué perseguido y alcanzado; pero los españoles no se atrevieron á atacarle, aunque eran dos veces mas numerosos, porque ellos y sus caballos estaban de tal modo cansados, en una marcha de 40 leguas, sin tomar refresco alguno.

Los moradores de Buenos Aires, teniendo aviso anticipado de este ataque, por los fugitivos, se vieron en la mas terrible consternacion. Muchos oficiales militares corrian por las calles, con la cabeza desnuda, en un estado de distraccion, habiéndose llenado de gente las iglesias y casas religiosas, á donde se refugiaban, como si el enemigo estuviera á las puertas de la ciudad. Los españoles humillados con este golpe, quitaron la comision al Mariscal de Campo, y nombraron otro en su lugar, levantando un ejército de 700 hombres que marcharon al Casuhati, no para renovar la guerra, sino para pedir paz. Todo un año se pasó despues de la última victoria, sin hacer cosa alguna: en cuyo tiempo los indios, con un jóven cacique Cangapol á su cabeza, levantaron un ejército de cerca de 4000 hombres, compuesto de aquellas diversas naciones, con el cual pudiera hacer frente á todos los españoles; pero sin embargo de estas ventajas, dieron oidos á la propuesta del nuevo Mariscal de Campo, á quien tenian por su amigo. Este, temiendo las consecuencias de una nueva guerra, ofreció entre otras condiciones, entregar todos los indios cautivos, sin mas consideracion que el redimir los cautivos españoles. Un jesuita misionero, que fué al campo español con algunos Checheheches y Tehuelches convertidos, representó vivamente que aquella condicion era indigna é inadmisible, no evitando por este medio un próximo rompimiento. Propuso un cambio reciproco de prisioneros; pero fué tan grande el miedo de esta guerra, que no se hizo caso de su proposicion, aunque muchos indios no pedian condiciones mas ventajosas. Algunos caciques de los Tehuelches, que habian llevado consigo sus cautivos, inmediatamente los entregaron haciendo la paz, no entendiendo la proposicion del Mariscal de Campo en otro sentido, que el de la mutua entrega de sus prisioneros. Los Moluches fueron por fin á Buenos Aires, y redimieron sus indios, y los de los Tehuelches, sin entregar los cautivos españoles que tenian. Desde entonces los Tehuelches, tentados con las esperanzas de presas, han hecho cada año incursiones en el territorio de Buenos Aires, robando mucho ganado. No obstante este ha sido el mayor daño que han hecho hasta el año de 1767, en que habiendo sido insultados, renovaron la guerra y cautivaron mucha gente, de forma que de las escuadras españolas que los persiguieron, solo dos se escaparon: siguiéndolos luego y alcanzándolos largamente con un cuerpo mayor de tropas, su coronel Catani: pero les pareció mas conveniente no molestarlos, temiendo les sucediese lo que á sus compañeros.

Los Tehuelches, que habia desde el levante al poniente del rio de los Sauces, donde aun hoy dia habitan, confinan por el nord-este con los Checheheches, y por el este con un gran desierto, que empieza á cerca de 40 leguas de la boca del Rio Negro hácia el sur, y se extiende casi hasta el estrecho de Magallanes: por el poniente lindan con los Guilliches, que habitan las costas de Chiloé, y se extienden á 44 grados de latitud meridional. Todo su país es montuoso con valles profundos, pero sin rios considerables, por lo que los habitantes están obligados á surtirse del agua de las fuentes y riachuelos, que terminan en lagunas, donde bajan sus ganados. Cuando estas lagunas se secan (lo que sucede en el rigor del verano) van por agua al Rio Negro, ó á otra parte. Esta nacion no siembra ni planta, siendo su principal alimento los guanacos, liebres y avestruces, de que abunda esta tierra; y la carne de yeguas, cuando la pueden lograr.

La falta de este alimento hace que estén en perpetuo movimiento, de un país á otro para buscarlo, de manera que van en grande cuadrillas algunas veces al Casuhatí, otras á las montañas del Vuulcan, ó Tandil, y otras á las llanuras cerca de Buenos Aires, distante 300 ó 400 leguas de su país. Entre todas las naciones del mundo no se hallaria otra mas inquieta, ni mas inclinada á vagar que esta; porque ni una extrema vejez, ceguera, ú otro cualquier mal, es capaz de contenerlos; son fuertes, bien hechos, y no tan cetrinos como los otros indios. Algunas de sus mugeres son tan blancas como las españoles: son corteses, civiles y de buen natural; pero muy inconstantes en guardar sus palabras y contratos; son robustos y guerreros, y no temen la muerte. Su número es mucho mayor que el de las otras naciones, y casi igual al de todas las que habitan estas partes. Son enemigos de los Moluches, á quienes temen mucho, y á quienes, sin embargo de ser tan terribles á los españoles, ha tiempo habrian arruinado, si hubiesen estado tan bien provistos de caballos como ellos, sin que los Diviheches, ni los Tehuelches pudiesen resistir á sus fuerzas.

Al sur de estos viven los Chichilau-cunis y los Sehau-cunis, que son los indios mas meridionales que andan á caballo. Sehau, significa en lengua de Tehuel una especie de conejo negro, del tamaño de una rata del campo; y como su país abunda de estos animales, talvez tomaria de aquí su nombre: cuni, significa gente.

Parécense mucho estas dos naciones á los Tehuelches, con tal cual diferencia en su idioma, lo que se puede atribuir á la comunicacion con los Pay-yus, y Rey-yus, que viven sobre los costas orientales y los estrechos.

Todos los Tehuelches hablan diferente lengua de los otros Puelches y Moluches; y esta diferencia no solamente incluye palabras, sino tambien las declinaciones y confusiones, aunque usan algunas de las dos naciones; por egemplo, de una montaña, llaman calille, y los Moluches calel, pero los Puelches casu. Pichua, en lengua de Tehuel, es el nombre del guanaco, pero no tiene semejanza con luchan ó huan, de la de los Moluches, ni yagip, agua con coni yagui, aguaducho; con cohue, ni cani, gente, con che ó het. Inclinome á pensar que estas naciones de Tehuelches son los que los misioneros de Chile llamaban Peiyus, respecto que viven en el parage de este nombre mismo, aunque es verdad que se acercan ya á la costa.

La última de estas naciones de Tehuel, son los Yacana-cunis, que significa gente de á pié, porque como no tienen caballos en su país, caminan siempre así: confinan por el norte con los Sehau-cunis. Por el poniente con los Rey-yus, de quienes se dividen por una hilera de montañas, por el este con el Océano, y por el sur con las islas de la Tierra del Fuego, ó el mar del sur. Estos indios viven cerca del mar, sobre los dos lados del Estrecho, y se hacen muchas veces la guerra unos á otros. Usan de unas flotas ligeras, como las de Chiloé, para pasar el estrecho. Son atacados algunas veces por los Guilliches, y por los otros Tehuelches, que los llevan consigo, como esclavos, como que no tienen nada que perder mas que la libertad y la vida. Viven principalmente del pescado que cogen, ya zambulléndose, ó echándole dardos: son muy ligeros y atrapan guanacos y avestruces con sus bolas. Su estatura es igual á la de los otros Tehuelches, excediéndose rara vez de siete pies, y algunas no pasan de 6: es gente inocente y de buena intencion.

Cuando los franceses ó españoles iban (como frecuentemente lo hacian) á la Tierra del Fuego á buscar leña para quemar en la colonia de Malvinas, esta gente les daba la asistencia que podia; y para convidarlos, y que fuesen conocidos, colgaban una bandera blanca, porque tenian tal horror á la encarnada de que usan los ingleses, que inmediatamente huian. Los franceses y españoles atribuyen esto á haberse tirado cañonazos de algunos navios ingleses, con cuyo ruido espantaron de tal modo á los indios, que jamas se atreven á bajar, cuando vén la bandera colorada. Esto pudiera muy bien ser; pero es cierto que se han usado varios artificios, para que esta gente no tuviera comunicacion con los ingleses. Un cacique de esta nacion, que vino con otros Tehuelches á visitarme, me dijo que habia estado en una casa de madera que andaba sobre el agua. Como dijo esto pocos años despues que el Almirante Anson habia pasado el mar del sur, concebí que el cacique estaria en uno de los navios pertenecientes á esta escuadra.

Todas estas naciones de Tehuelches se llaman por los Moluches, Vuck-Guilliches, ó la grande gente meridional. Los españoles los llaman Monteces, aunque no saben de donde vienen: los demas de Europa los llaman Patagones.

He visto caciques de todas las naciones de indios, habitantes en la parte meridional de la América, y observado que los Puelches ó indios orientales eran altos, pasando alguno de ellos de siete pies y medio de alto, siendo de la misma raza de los que no tienen mas que seis. Los Moluches ó indios occidentales que viven en las montañas, son generalmente de baja estatura, pero gruesos.

Los moradores de las montañas nubladas de la Cordillera, se matan frecuentemente á si mismos, lo que no hacen los indios orientales.

Llamábanse sus caciques Cacapol, Cangapol, Yampalco, Tolimichiuya, Guelmen, Saasimiyan, Yepelche, Marique, Chuyentura, Guerquen, Clusgell, Millarsuel y Tamu.

La noticia de que hay una nacion en estas partes, descendientes de los europeos, ó del resto de los que naufragaron, es como ciertamente creo falsísima, y sin el menor fundamento, causada de no entender la razon que dan los indios: porque si se les pregunta en Chile, concerniente á alguna colonia interior de españoles, responden que hay villas, y gente blanca, entendiendo por esto Buenos Aires &a., y así vice versa, sin tener la menor idea de los moradores de estos dos paises distantes, sean conocidos los unos de los otros.

Haciendo yo á los indios alguna pregunta sobre esta parte, ví que mi congetura era cierta, pues reconocieron, nombrándoles Chiloé, Valdivia, &a., que estos parages eran los que ellos entendian bajo la descripcion de colonias europeas.

Lo que hace mas increible haber esta colonia de los Cesares, es la misma imposibilidad moral, de que 200, á 300 europeos, casi todos hombres, pudiesen sin tener comunicacion alguna con un pais civilizado, penetrar por medio de tantas naciones belicosas, y mantenerse como una república separada en un pais que no produce cosa alguna, y donde los moradores subsisten solo con la caza, y todo esto por espacio de 200 años, (segun nos dice la historia); sin haber sido estirpados, muertos, ó hecho esclavos por los indios, ó sin perder las apariencias de europeos, entremezclándose con ellos: fuera de que no hay un pié de tierra de este continente, por donde las gentes vagabundas, no pasen cada año; pues aun el desierto inhabitado que está á la orilla del Océano Atlantico, es frecuentado como paso, así para enterrar los huesos de sus difuntos, como para coger sal. Sus caciques y otros de reputacion y crédito entre ellos, me aseguraron que no habia gente blanca en todos aquellos parages, excepto los que son muy conocidos de toda Europa, á saber, los de Chile, Buenos Aires, Chiloé, Mendoza, &a.

De la religion política y costumbres de los Moluches y Puelches.

Los indios creen en dos potencias superiores, la una buena, y la otra mala. A la buena llaman los Moluches Toquichen, que quiere decir gobernador de la gente. Los Taluheches, y Diviheches, la llaman Soychu, que significa en su lengua el Presidente de la tierra, de la venida fuerte. Los Tehuelches, Guayava-cuni, esto es, Señor de los difuntos.

Han formado un número de deidades, creyendo que cada cual preside sobre una raza, ó familia de indias, de quien se supone haber sido el Criador. Unos le hacen de la raza de los tigres, algunos del leon, otros del guanaco, y otros del avestruz &a. Imaginan que estas deidades tienen sus moradas separadas debajo de alguna laguna, montaña, &a., y cuando algun indio muere, vá su alma á vivir con aquella deidad, que preside sobre su particular familia, y que goza la dicha de estar enteramente borracho.

Creen que sus buenas deidades crearon el mundo, y que primero criaron los indios en sus cuevas, dándoles á cada uno una lanza, arco y saetas con sus bolas de piedra para pelear y cazar, y echándolos luego al mundo para proveerse á si mismos. Imaginan tambien que las deidades de los españoles hicieron otro tanto con ellos, pero que en vez de proveerlos de lanzas, arcos, &a., les dieron escopetas y espadas, y suponen que las bestias, aves y animales menores fueron criados; que los mas ligeros salieron inmediatamente de sus cuevas; pero que los toros y vacas, siendo los últimos, espantaron de tal modo los indios, por razon de sus astas, que inmediatamente taparon las bocas de las cuevas con piedras grandes, á lo cual atribuyen la falta de ganado vacuno en aquel país, hasta que los españoles lo llevaron allí, quienes con mas cordura los dejaron salir de sus cuevas.

Formaron tambien otra creencia, que despues de la muerte han de volver otra vez á sus cuevas divinas, añadiendo que las estrellas son los indios antiguos, y que la via láctea es el campo donde van á cazar los avestruces, cuyas plumas son las dos nubes meridionales. Llevan la opinion de que la creacion aun no se ha acabado, ni que todo haya venido á la luz del dia en este mundo superior.

Sus hechiceros, tocando sus tambores, y haciendo ruido con sus calabazas llenas de conchas, pretenden ver debajo de la tierra hombres, ganados, &a., con tiendas de aguardiente comun, cascabeles, y otras varias cosas: pero estoy bien asegurado que todos ellos, ó la mayor parte, no creen en esta tonteria, porque el cacique tehuel, llamado Chechuentuya, me vino á ver una mañana, y darme razon de un nuevo descubrimiento hecho por uno de sus hechiceros de paises subterraneos, que estaban debajo del lugar donde viviamos. Pero riéndome de él, y exponiéndole su simplicidad de dejarse engañar de tales fábulas, respondió Epucungeigu, esto es, cuento de viejas.

La mala potencia se llama por los Moluches Huecusú, esto es, el vagador; por los Tehuelches y Checheheches, Atikan, Nakannatz, y por los otros Puelches, Valichu.

Confiesan haber un gran número de demonios vagando por el mundo, á quienes atribuyen todo el mal que se hace, sea á hombres ó á mugeres, y aun á bestias; estando tan obstinados en esta creencia, que aseguran que todo el cansancio ó fatiga de sus largas jornadas ó trabajo, viene de estos demonios. Suponen que cada uno de sus hechiceros tiene dos demonios familiares, que les asisten continuamente, y les avisan todo lo futuro, y aun lo que pasa al presente, á gran distancia de ellos; que los ayudan á curar sus enfermos, peleando y echando fuera, ó apaciguando los otros demonios que los atormentan. Creen tambien que las almas de estos hechiceros, despues de muertos, son otros tantos demonios.

Dirigen enteramente su culto á esta mala potencia, exceptuando algunas ceremonias particulares que usan con respecto á sus difuntos. Para practicar su culto se juntan en la tienda del hechicero, el cual está escondido en un rincon de ella, donde tiene un pequeño tambor, una ó dos calabazas rodeadas de conchas, y algunas bolsas de piel pintadas, en que guarda los materiales de sus encantos: comienza la ceremonia haciendo un gran ruido con el tambor y calabazas; finge luego una epilepsia en que lucha con el diablo, que supone entra en él, teniendo los ojos levantados, las facciones torcidas, echando espuma por la boca, y sus coyunturas descompuestas; hasta que despues de varias y violentas mociones, queda recto y en disposicion de un hombre que se halla con epilepsia: despues de lo cual vuelve como que ha ganado la batalla contra el demonio, fingiendo dentro de su tabernáculo una voz desmayada, chillona y dolorida, como si fuera de un mal espíritu que se supone vencido; y finalmente, tomando una especie de asiento en tres pies, responde de allí á todas las cuestiones que se le proponen: que sea bien ó mal nada quiere decir, porque en caso de suceder lo último, se echa la culpa al demonio. En todas estas ocasiones se pagaba bien al hechicero.

Sin embargo, la profesion de estos hechiceros es muy peligrosa, porque sucede muchas veces que cuando muere algun gefe indio, matan algunos hechiceros, y especialmente si habian tenido disputa con el difunto, respecto que los indios echan por lo comun la culpa á estos hechiceros, y á sus demonios. En caso de haber pestes y epidemias, de que mueren muchos, tambien lo pagan los hechiceros. Por las viruelas que sucedieron á la muerte de Mayupilqui-ya y su gente, que casi destruyeron enteramente los Checheheches, Cangapol mandó matar todos los hechiceros, para ver si por este medio cesaba el mal.

Los hechiceros son de ambos sexos. Los hombres están obligados (por decirlo así) á dejar su sexo, y vestirse de muger, no siéndoles permitido casarse, aunque si á las hechiceras. Son elegidos para este oficio desde niños, dándose la preferencia á los que estan mas dispuestos desde su primera edad á condicion femenina. Vístense muy temprano en trage de mugeres, y se les dá un tambor y matraquillas, como pertenecientes á la profesion que han de seguir.

Los que padecen el mal de epilepsia, ó chorea sanabita, se eligen inmediatamente para este oficio, como si fuesen los demonios mismos, de quienes se suponen estan poseidos, causándoles las convulsiones, y contorciones comunes en los parasismos epilépticos.

El entierro de sus difuntos, y reverencias supersticiosas hechas en su memoria, tienen muchas ceremonias. Cuando un indio muere, una de las mugeres mas distinguidas, es nombrada inmediatamente para hacer el esqueleto del cuerpo, sacándole las entrañas, y quemándolas hasta que se hagan cenizas; descarnando los huesos, y enterrándolos luego, hasta que la carne esté del todo consumida, ó hasta moverlos, (lo que se debia hacer al año de su entierro, aunque algunas veces lo ejecutan á los dos meses), al lugar propio en que fueron enterrados sus antecesores.

Los Moluches, Talhueches y Diviheches, guardan fielmente esta costumbre. Pero los Checheheches, y Tehuelches ó Patagones, ponen los huesos en alto, sobre cañas entretejidas, hasta que se sequen, y se blanqueen con el sol y la lluvia.

Durante la ceremonia de hacer los esqueletos, se visten los indios de mantos largos de pieles, cubriendo las caras con ollin, y andando al rededor de la tienda, con unas adargas ó lanzas en las manos, cantando tristemente, ó hiriendo la tierra para espantar los valichos, ó demonios. Algunos van á visitar y consolar á la viuda, ó viudas y parientes del difunto, esto es, si hay algo que ganar, porque nada hacen sin interes. Durante esta visita de pésame, lloran, aullan y cantan de una manera muy dolorosa, forzando las lagrimas, y punzando los brazos y muslos con espinas agudas, hasta sacar sangre. Por esta muestra de dolor se les paga muy bien, con cuentas de vidrios, cascaveles de bronce, y otras niñerias que tienen grande estimacion entre ellos. Los caballos del difunto se matan inmediatamente, para ir á caballo á Alhuemapu, ó pais de los difuntos, reservándose solo unos pocos para adornar la pompa funeral, y transportar sus reliquias á sus propias sepulturas.

Las viudas estan obligadas al llanto, y al ayuno, por todo un año despues de la muerte de sus maridos, reduciéndose á estar encerradas en sus tiendas, sin comunicacion con persona alguna, á no salir de ellas sino para lo necesario de la vida, á no lavarse las manos ni la cara ennegrecidas con el ollin, y abstenerse de carnes de caballo y vaca: y tierra adentro, donde no hay abundancia de las de avestruz y guanacos, aunque pueden comer cualquiera otra cosa.

No pueden durante el año casarse mientras el luto, pues si en este tiempo ha tenido alguna viuda comunicacion con algun hombre, los parientes del difunto matan á ambos, si no resulta haber sido ella violentada. No he descubierto que los hombres estén obligados al mismo llanto en la muerte de sus mugeres.

Cuando transportan los huesos de sus parientes, los ponen en una piel, sobre los caballos mas favorecidos del difunto, que dejan vivos á este fin, adornándolos á la moda, con mantos, plumas, &a., y caminando de esta manera muchos dias, hasta que llegan á la sepultura propia, á donde hacen la última ceremonia.

Los Moluches, Tahueches y Divieches, entierran sus difuntos en hoyos grandes y cuadrados. Juntan los huesos y los guardan, atando cada uno en su respectivo lugar, y cubriéndolos con las mejores telas que pueden encontrar, adornadas de cuentas, plumages, &a. Todo lo cual se limpia ó muda una vez al año. Estos hoyos están cubiertos de vigas, árboles ó cañas entretejidas, sobre lo cual echan la tierra. Escogen una matrona antigua de cada tribu, para cuidar de sus sepulturas; por cuya razon se tiene este empleo en gran veneracion. Su oficio es abrir cada año estas tristes moradas, cubrir y limpiar estos esqueletos, echando entonces en ellas algunas vasijas de chicha que hacen, y de que beben á la buena salud de los difuntos. Estas sepulturas no son siempre muy distantes de sus ordinarias habitaciones: colocan alrededor de ellas los esqueletos de sus caballos muertos, en pié, apuntalados ó sostenidos con palos.

Los Tehuelches ó Patagones meridionales, se diferencian en alguna cosa de los otros indios. Despues de haber secado los huesos de sus difuntos, los llevan á gran distancia de sus moradas al desierto, y poniéndolos en su propia forma con los adornos ya dichos, los dejan en una choza erigida á este fin, con los esqueletos de sus caballos al rededor.

En la expedicion de 1746, algunos soldados españoles, caminando cerca de treinta leguas al poniente del puerto de San Julian, encontraron uno de estos sepulcros, que contenia tres esqueletos, y los de tantos caballos apuntalados al rededor.

No es facil figurar una forma regular de gobierno ó constitucion civil entre estos indios. El poco que tienen parece que consiste en un pequeño grado de sugecion que deben á sus caciques. El oficio de estos es hereditario y no electivo, teniendo todos los hijos de un cacique derecho para tomar esta dignidad. Se encuentran algunos indios que la dejan por su poca importancia.

El cacique tiene poder de proteger á cuantos se le acogen; de componer, ó hacer callar en cualquiera diferencia, ó disputa, ó de entregar al ofensor para ser castigado con pena de muerte, sin estar obligado á dar razon de ello, porque en estos casos su voluntad hace ley. Generalmente es susceptible de cohecho, entregando sus vasallos, y aun sus parientes cuando le pagan bien. Segun sus órdenes acampan, y marchan los indios de un país á otro para morar ó cazar, ó hacer la guerra. Frecuentemente los cita á su tienda, donde les hace sus arengas relativas á su conducta, las exigencias del tiempo, las injurias que han recibido, y las medidas que se deben tomar, &a. En estas ocasiones ostenta, y exagera sus proezas, y mérito personal. Si tiene elocuencia es muy estimado, pero si le falta este talento, emplea por lo comun un orador que supla sus veces. En casos de importancia, especialmente de guerra, cita un consejo de los principales indios y hechiceros, con quienes consulta sobre lo conducente, ya para defenderse, ya para atacar á sus enemigos.

En una guerra general, cuando muchas naciones se alian con su comun enemigo, eligen un Apo, ó Comandante en gefe de entre los viejos, y mas celebrados caciques, cuyo honor aunque electivo, ha muchos años que en alguna manera se ha hecho hereditario en la familia de Cangapol, quien va á la cabeza de los Tehuelches, Checheches, Guilliches, Peguenches y Diviheches, cuando se unen sus fuerzas. Acampan regularmente á 30 ó 40 leguas del pais de los enemigos, para no ser descubiertos, y enviar sus espias á examinar los parages, y plazas que quieren atacar. Escóndense de dia, y salen de noche para señalar todas las casas y quintas de los lugares que se proponen atacar, observando con la mayor exactitud su disposicion, número de sus moradores, y modos de su defensa. Informados bien de todo, lo participan al grueso del ejército, para que luego que se pase el plenilunio, y tengan la luz necesaria para su trabajo, marchen al ataque. Al punto que se acercan al parage señalado, se separan en diferentes cuerpos pequeños, teniendo cada uno determinado á su ataque sobre tal casa, ó tal quinta. Empiézanle á pocas horas despues de media noche, matando á todos los hombres que se les oponen, y cautivando á todas las mugeres y niños. Las de los indios, siguen á sus maridos armadas con porras, varas, y algunas veces espadas, para desbaratar y robar cuanto encuentran en las casas, como vestidos, utensilios domesticos, &a. y cargadas con su presa, se retiran lo mas presto que pueden, sin pararse de dia ni de noche, hasta hallarse á gran distancia, y fuera del peligro de ser alcanzados por sus enemigos. Aquí paran, y reparten su presa, lo que rara vez hacen sin perder las amistades, terminando por lo comun en riñas, y efusion de sangre.

Otras veces hacen una especie de guerra volante, con cuadrillas de 50 ó 100 hombres en cada una; pero entonces no atacan sino las quintas ó casas de campo, manejándose con mucha aceleracion, tanto en el ataque, como en su retirada.

Sin embargo no tienen los caciques poder de imponer contribuciones, ni quitar cosa alguna á sus vasallos, ni aun obligarlos á servir tal ó tal empleo, sin que se les pague, debiendo por el contrario tratarlos con la mayor benignidad, y algunas veces aliviarlos en sus necesidades, si no quieren que se sometan á algun otro. Por esto, muchos Ghúlmenes, ó hijos de caciques, no quieren tener vasallos, costándoles caro, y sirviéndoles muy poco. Ningun indio, ó cuerpo de ellos puede vivir sin la proteccion de algun cacique, segun la ley de aquellas naciones, y si algunos de ellos se atreviesen á hacerlo, le matarian, ó cautivarian al punto que fuese descubierto.

En caso de recibir alguna injuria, la parte agraviada usa de todos los medios posibles para hacerse justicia, sin embargo de la autoridad del cacique. No conocen mas castigo, ó satisfaccion que la de pagarles ó remitirles la injuria ó daño hecho, con alguna cosa de valor en su estimacion, porque no usan dinero, ni castigan de otro modo que quitándoles la vida. No obstante, cuando la injuria es despreciable, y el ofensor pobre, se contenta el ofendido, con solo castigarle en las espaldas con sus bolas de piedra. Si el ofensor es poderoso, le dejan, á menos que el cacique no medie, y le obligue á dar satisfaccion.

Las guerras, que estas diversas naciones tienen unas con otras, y con los españoles, nacen algunas veces de las injurias recibidas, porque son inclinados á la venganza, aunque mas frecuentemente provienen de la falta de viveres, ó deseo del pillage.

Aunque dichas naciones tengan entre sí continuas disputas y desavenencias, muchas veces se juntan contra los españoles, eligiendo un Apo, ó Capitan General otras. Cada nacion hace la guerra por si misma. En las guerras con los españoles de Buenos Aires, los Moluches asisten en calidad de auxiliares, siendo elegidos sus gefes de entre los Puelches, porque conocen mejor el pais. Por la misma razon, en las guerras con los españoles de Chile, se eligen gefes Moluches.

Sus casamientos se hacen por ventas, comprando los hombres á las mugeres, á sus parientes mas cercanos, y muchas veces muy caras. Su precio son cuentas, cascabeles, vestidos, caballos, ó cualquiera otra cosa de estimacion entre ellos. Hacen su contrato con ellas, pagando parte del precio, cuando son muy jóvenes, y muchos años antes que tengan la edad competente, para casarse. A cada indio es permitido tener cuantas mugeres pueda comprar ó mantener. Las viudas ó huerfanas tienen libertad de casarse con quien quieran, las demas estan obligadas á someterse al contrato de venta, aun contra su inclinacion. Rara vez sucede, no obstante, que un indio tenga mas que una muger (aunque algunos han tenido dos ó tres á la vez, especialmente los Ghúlmenes, ó caciques), ocasionado de no haber muchas; y estas tan caras, que ni aun una quieren.

Gastan poca ó ninguna ceremonia en sus casamientos. Al tiempo señalado, los parientes conducen la nóvia á la habitacion de su esposo, y la dejan con él, ó la esposa se va por si misma, estando cierta de ser bien recibida: la mañana siguiente la visten sus parientes, antes de levantarse, y encontrándola en la cama con su esposo, el casamiento está concluido; pero siendo forzados muchos de estos casamientos, por parte de la muger, se desgracian ordinariamente. La contumacia de la muger apura algunas veces la paciencia del marido, quien entonces suele echarla de casa, ó venderla al sugeto que ella mas quiere; pero rara vez la hiere, ó trata mal. Otras veces la muger huye de su marido, y se va á su galan, el cual, si es mas poderoso, ó de casa mas alta que su marido, obliga á este á estarse quieto, y aguantar la afrenta, y pérdida de su muger; á menos que algun amigo mas poderoso, no haga que el galan la restituya, ó componga la materia, en que por lo comun se acomodan facilmente.

Las mugeres que una vez aceptaron sus maridos, son generalmente muy fieles y trabajadoras, sus operaciones y fatigas no tienen intérvalo, porque ademas de criar sus hijos, estan obligadas á someterse á toda especie de trabajo y servidumbre, excepto cazar y pelear; y aun de esto último no estan siempre exentas. El cuidado de los negocios domésticos cáe enteramente sobre ellas. Traen la leña y el agua, hacen la cocina, componen la casa, remiendan y limpian las tiendas, y cosen las pieles, haciendo de las menores sus mantillas ó carapas: hilan, y hacen ponchos ó macuñes: cuando caminan lian cada cosa, aun los palos de sus tiendas que estan obligadas á quitar y poner todas las veces que es necesario, cargando, descargando y acomodando el bagage, atando las cinchas á las sillas, y llevando las lanzas de sus maridos, que no pueden aliviarlas jamas, aun en el mayor aprieto, sin incurrir en grande ignominia. Las mugeres de distincion, ó las parientas de los caciques pueden tener esclavos que las ayuden, aun en lo mas penoso de sus trabajos; pero si carecen de ellos, deben aguantar como las demas. Corresponde al marido hacer las provisiones de caballos, avestruces, guanacos, liebres, jabalies, armadillos, antas, &a., ó lo que el país produce. Tambien provée á su muger de pieles para la tienda, y para vestirse; aunque algunas veces compran á los españoles paños, mantillas, ó géneros de Europa, igualmente que pendientes, cascabeles, cuentas de vidrio azules, que son entre ellos de la mayor estimacion. Les he visto cambiar una poncha, ó mantilla de pieles de zorras pequeñas, tan finas y hermosas como las de armiño, de cinco á siete pesos cada una, por cuatro hilos, ú órdenes de cuentas, que no valian mas de cuatro peniques, ó poco mas de real y medio de España de vellon. Los Moluches tienen grandes rebaños de ovejas, por razon de su lana, y siembran una pequeña cantidad de trigo; pero los Puelches dependen absolutamente de la caza, y por esto mantienen muchos perros, que llaman thehua.

Aunque sus casamientos sean voluntarios, sin embargo una vez que estan de acuerdo y tienen hijos, con dificultad se separan aun en la extrema vejez. El marido protege á su muger contra cualesquiera injurias, tomando siempre su partido aunque ella no tenga razon, lo cual causa frecuentemente efusion de sangre. No obstante, no le quita esta adhesion el derecho de reprenderla en secreto. Rara vez le pone las manos, y si la sorprende en un trato criminal echa toda la culpa al galan, á quien corrige con toda severidad, si no satisface la injuria con un buen regalo.

Tienen tan poca decencia en estos asuntos, que muchas veces envian supersticiosamente al mando de los hechiceros, sus mugeres á los bosques para prostituirse con los primeros que encuentran: pero tambien hay algunas que no quieren obedecer al marido, ni tampoco á los hechiceros.

Razon del idioma de los moradores de este país.

Son diferentes las lenguas de estos indios. Yo solamente aprendí la de los Moluches, por ser la mas cultivada y la mas universal; y sin embargo de que una larga ausencia de los mencionados paises, hizo muy dificultosa esta recoleccion, procuraré dar la mejor razon de ella que me sea posible, para satisfacer al curioso é inquisitivo.

Esta lengua es mucho mas copiosa, enérgica y elegante de lo que se debia esperar de una gente no civilizada: los nombres tienen solo una declinacion, siendo todos de un género comun. Los tres casos dativo, acusativo y hablativo, tienen la misma terminacion con su adicion ó posicion. No hay en aquellos, sino dos números, singular y plural; pero los pronombres tienen tres, debiéndose expresar el dual, anteponiendo la palabra (que significa dos) á la adicion. Tambien los adjetivos preceden á los substantivos, sin mudar sus terminaciones en caso, ni en número, como cúme, bueno: cúme huenthu, un buen hombre ú hombre de bien, cúne-huentuengni, buenos hombres ú hombres de bien. Y así lo demas.

DECLINACION DE LOS NOMBRES.

Singular Plural

N. Huenthu el hombre} N. Huenthu ó huenthu engu los hombres

G. Huenthu del hombre, &} G. Huenthu ó huenthu engude los hombres.

D. Huenthumo } Y así en adelante como se ha hecho en

A. Huenthunio } el singular.

V. Huenthu }

A. Huenthumo ó huenthu-engu }

PRONOMBRES.

Ynche, yo, cime, tu, vie, él, tua ó tuachi, este: velli, aquel, inei, á quien. quisu, él solo ó él mismo: inchequisu, yo mismo: inchui, nosotros dos: inchin, nosotros pasando de dos.

Y en la misma forma cimitu, cimitu, vosotros dos: eimn, vosotros. En los pronombres posesivos se une el genitivo de ellos, ó el signo del genitivo, como ni, mio ó mia, mi, tuyo ó tuya. Tambien ni solo, ó solamente, está en uno algunas veces como adjetivo ó pronombre, y otras como adverbio.

Los verbos solo tienen una conjugacion, y jamas son irregulares ó defectivos. Fórmase de alguna parte de la oracion, ya dándole la terminacion de un verbos, ó añadiéndole el verbo gen, como se pronuncia nigen, el cual corresponde al verbo latino sum, est, fui, &a.

EGEMPLOS.

1.º Pile, cerca, p'llen ó p'llenguen, estoy cerca: p'lley ó p'llenguey, estoy cerca.—2.º Cume, bueno, cumen, cumengen, cumelen, ser bueno.—3.º Ata, mal ó malo: atan, atangen, ser malo, atal'n ó atalcan, corromper ó hacer malo.

Los verbos tienen tres números, singular, dual y plural, y tantos tiempos como en la lengua griega, los cuales se forman por la interposicion de ciertas partículas, delante de la última letra del indicativo, y de la última sílaba del subjuntivo, como—

Tiempo presenteElun dar}Primer aoristoEluabun.

ImperfectoElubun}Segundo aoristoEluye abun.

PerfectoEluye en}Primer futuroEluan.

Pretérito perfectoEluye elun}Segundo futuroEluyean.

Los subjuntivos terminan con la partícula li, suprimiéndose la letra n del indicativo, y variando todos los tiempos como los de arriba, v. g.

Tiempo presenteEluli}Primer aoristoEluabuli.

ImperfectoElubuli}Segundo aoristoEluye abuli.

PerfectoEluye elin}Primer futuroEl vale.

Pretérito perfectoEluye ebuli}Segundo futuroEluye ali.

Adviértese que los Guilliches usan frecuentemente eluvin y eluvili en eluyeen del perfecto del indicativo, ó del eluye eli del subjuntivo. Obsérvese que para el imperativo usan frecuentemente del futuro del indicativo, y algunas veces en la tercera persona, como elupe, que él dé, ó déjale dar.

Un indio moluche que estaba comiendo huevos de avestruz, y necesitaba sal para ello, la pidió en mi presencia con estas palabras: chasimota iloavinquin, dejáme comerlos con sal; iloavin es el primer futuro, y no sé, si quin es mas que una partícula de adorno, como en la palabra chasimota, en que las dos últimas letras ta son superfluas, y solo usadas por la euphonia ó razon del sonido: chasimo, sin adicion alguna, es el ablativo de chasi, sal. Los tiempos se conjugan por todos sus números, y con estas terminaciones en el presente de indicativo.

Singularni mi y.

Dualyu imu igu.

Pluralin im n'ngn.

EgemploEn el subjuntivo.

SingularelunEluinil,eluy}Singularlilimeliy

DualeluyEluimueluingu}Dualliulimulingu.

PluralelunEluimin,el venga}Plurallimlim'nling'n.

EGEMPLO.

SingularEluliElulimiEluliy.

DualElulioElulimuElulingu.

PluralEluluioElulim'nEluling'n.

Del mismo modo se conjugan los demas tiempos.

Adviértase que el segunde aoristo, y el segundo futuro, están solo en el uso entre los Picunches, y no entre los Guilliches.

El infinitivo se forma de la segunda persona del indicativo, con el genitivo del pronombre primitivo, puesto delante á un pronombre posesivo, para significar la persona que hace ó padece, pudiéndose tomar de algunos de los nombres, como:—Ni elun, yo dar; ni elubun, tu dar; ni elubin, el dar.

Los demas posesivos son mi, tuyo ó tuya; yn, suyo ó suya: estos solo se usan en el singular.

Hay dos participios que se forman lo mismo que el infinitivo, para conjugarlos por todos tiempos, uno activo, y el otro pasivo: activo, elulu, dando la persona, pasivo eluel, la cosa dada, de donde se derivan.

Elubuluel que dió}Elubuella cosa que fué dada.

Eluyeluel que ha dado}Eluyeella cosa que ha sido dada.

Elualuel que dará}Elual, &a.la cosa que será dada.

Eluabuluel que me debia dar}

De todos estos, y de los verbos activos, se forman los positivos, añadiendo el verbo gen, y entonces muda la variacion ó declinacion dicho verbo en todos los tiempos, quedando invariable el verbo adjetivo.

EGEMPLO.

ElugenYo he dadoElungeuyeeliYo hubiera podido ser dado.

ElugebunYo fui dadoElungeali &a.Yo habré sido dado.

ElugeliYo puedo ser d.

Usan tambien frecuentemente de la transicion, con que significan tanto la persona que hace, como la que padece, por la interposicion ó adicion de ciertas partículas para expresarlo. Tambien lo hacen los del Perú; pero estos se sirven de las mas difíciles, y en gran número. No creo que las lenguas de las naciones de los Puelches, de los de Chaco, ó Guaraníes tengan esta particular propiedad, ni que pueda acordarme del todas ellas para satisfacer debidamente; pero sin embargo procuraré dar la mejor razon posible de estas transiciones.

LAS TRANSICIONES SON SEIS.

De mi á ti, ó á Vds.: de V. á mi: de él á mi: de él á V., y de mi á él. La otra cuando es recíproca.

La primera transicion se expresa por eymi, eymu, y eim'n en el indicativo; y elmi, elmu, elmin, en el subjuntivo, y esto en todos los tiempos, como—

ElunYo doy}Elueymu Doy á Vds. dos.

ElueymiDoy á V.}ElueyminYo, ó nosotros damos á Vds.

Y el subjuntivo eluelmi, eluelmu, eluelmin, con los otros tiempos sub-derivativos.

La segunda transicion es de Vd. á mi, y se expresa con la partícula en, como eluen, Vd. me dá: la cual tiene eluein, y eluein, dual y plural.

La tercera transicion es de él á mi, y se expresa así—

SingularElumon}PluralElumoún (cuando somos muchos)

DualElumoin}

Y en el subjuntivo

SingularElumoli}PluralElumoliin.

DualElumoliyu}

La cuarta transicion de él á ti, ó á Vds. Se forma añadiendo eneu á la primera persona singular, como elueneu, él te da, y eymu mo, eimin mo, en el dual y plural. Y en el subjuntivo, elmi mo, elmu mo, elm'n mo.

La quinta transicion, de mi á Vd., á él, á esto, ó aquella, se forma con la interposicion de la partícula vi, como—

EluvinYo le doy}Eluviyu}Nosotros le damos.

EluvimiTú le das}Eluvimu}

} Eluviu}

EluviEl le dá} Eluvim'n}Nosotros le damos.

El subjuntivo es eluvili.

Me parece que esto es algo equívoco con el perfecto de los Guilliches: no obstante hacen uso de él, aunque conocen su impropiedad, y de otras muchas palabras susceptibles de varios sentidos; especialmente en las proposiciones, cuya inteligencia es muy dificil, por comprender cada una muchas significaciones, como puede verse en la declinacion de sus nombres.

La sesta, y última transicion se conjuga por todos los números, modos y tiempos, del mismo modo que los verbos simples, y se forma con la interposicion de la partícula huu, ó como se pronuncia, vu, por ejemplo.

Eluhuun ó eluvun}Yo me doy.

AyuwimiTu me das.

AyuhuiEl se ama.

Ayuhuim'nVds. se aman.

Tienen otro modo particular de componer los verbos, alterando sus significaciones, y expresando como, y de que manera se ha hecho la cosa, con la interposicion de algunas proposiciones, adverbios, adjetivos, &c. como cúpan venir, naucúpan bajar, naghn caer, nagcumen, hacer caer: payllacudun, recostarse de espaldas. Este se deriva de paylla, que significa boca arriba, y c'non, poner ó levantar, aucun, rebelarse, aucatun, rebelarse de nuevo, aucatuln, hacer que se rebelen, lan, muerte, lagúmn matar, lagúmnchen, matar indios, se componen de lagúmn matar, y che, indio, ayún, amar, ayulan no amar.

Pen significa ver, pevin, yo le ví, vemge de esta manera, y la, la negativa. Y así unidas estas palabras en pevemgelavin, quiere decir, no le ví de esta manera.

Los nombres de numero en esta lengua son completos, y propios para expresar cualquier cantidad que sea; como, quiñe, uno, epu, dos, cúla, tres, meli, cuatro, kechu, cinco, cayu, seis, relge, siete, para, ocho, aylla, nueve, mari, ó masi, como los Guilliches, diez. Pataca, ciento; huaranca, mil.

Los números intermedios se componen de la manera siguiente: mariquiñe, once, mariepu, doce, mariquila, trece: epumari, veinte, epumariepu, veinte y dos, epumariquila, veinte y tres; cúlapataca, trescientos, selge-pataca, setecientos.

Los adverbios son:

Mu, no, may, sí, chay ó chayula, hoy ó ahora, vule, mañana, tvou, aqui, vellu, allí, p'lle, cerca, allu-mapu, lejos, nau, debajo, huenu, sobre, p'ule, contra, allupule, distante, chumgechi, de aquella manera; vemgechi, ó vemge, de esta manera: mo, ó meu, equivalen á las proposiciones latinas, in, contra, cum, per, ob, propter, intra. Cay y chay, puestos despues de un nombre, significan, quizá: huecu, sin. Para dar alguna idea mas clara de esta lengua, añadiré lo siguiente:—

LA SEÑAL DE LA CRUZ.

Santa Cruz ni gnelmeu, inchin in pu cayñemo montulmoin. Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos libranos. Dios, inchiñ in Apo; Chao voteh'm cay, Spiritu Santo cay, ni wimeu. Amen. Dios Señor en el nuestro, nombre del Padre, del Hijo y del Espirítu Santo. Amen.

Inchiñ in Chao, huenumeuta, m'leymi; ufchingepe mi wi. Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Eymi mi toquin inchiñmo cupape, eymi mi piel chumgechi vemgey huenu mapumo, vemgechi cay vemengepe tue mapumo. Tu reino á nosotros venga, tu voluntad como es hecha en el cielo, así lo sea en la tierra, &a.

PRINCIPIO DE LA DOCTRINA CRISTIANA.

P. ¿Chumtem Dios miley? ¿Cuantos dioses hay? R. Quiñenitem; uno solamente. P. ¿Cheum leyta Dios? ¿Donde está Dios? R. Pumo sumecay; en los Cielos. P. ¿Yney can Dios? Quien es Dios. R. Dios chna; Dios Padre; Dios Votc'hm, Dios hijo; Dios Espíritu Santo. Cayquíla persona geyun, y siendo tres personas; quieney Dios nitea, no son sino un solo Dios.

Todo lo cual concluiré con manifestar las significaciones de las palabras mas comunes en dicha lengua[1].

Alma, ó espíritu, púllú. Cabeza y cabello, lonco. Cara, age. Ojos, ge. Boca, uún. Lengua, queuún; y cuando es idioma, dugun. Nariz, yu. Dientes y huesos, voro. Cuerpo, anca. Vientre, pua. Mano, cúu. Pié, ó pierna, namun. Corazon, piuque. Niño, hueñi, ó piñeñ. Hijo, votúm, cuando lo llama el padre; y si es la madre, coni. Hija, ñahue, cuando la llama el padre; y si es la madre, coni. Hermano, peñi. Hermana, lamgen, ó lamuen. Marido, vuta, ó piñom. Muger, cure, ó piñom. Español, esto es, cualquier que no sea indio, huinca. Amigo, huenúy. Camarada, cachú, ó cathú. Enemigo, cayñe. Cinta de seda, llipi. ----de lana, huincha. Mantilla, ó rebozo, icúlla. Gargantillas, ó cuentas de vidrios, llancatu. Pan, cofque. Comida, yal, ó yaghel. Comer, in; comer carne, ilon. Carne, iló; carne humana, calúl. Bebida, ó beber, putun. Carta, ó papel escrito, chillca. Escribir, chillcan. Palabra, dugu. Lanza, huaiqui. Cuchillo, huynu. Herir, chúgarn. Soldado, cona; y cuando es por desprecio, chapi. Ir, ó irse, amun. Sentarse, anún. Asiento, anúhue. Entrar, conn. Salir, thipan; y cuando es dejar un lugar por otro, chumúl. Traer, cupaln. Quitar, ó sacar, entun, y arrebatar, múntun. Aborrecer, ghúden.

Querer, ayún, ó ayúntun. Vivir, mogen, ó lihuen. Voluntad, duam. Poder, pepin. Aprender, gúneytun, ó quimquimtun. Enseñar, quimúln, ó gúneln. Leon, pagi. Avestruz, huanque. Gallo, alca achau. Gallina, achahuall. Lagarto, palúm, ó quirque. Lagartija, villcun. Lago, ó laguna, mallin. Piedra, cura; y piedra azul, llanca. Flor, rayghen. Oro, mílla. Plata, lighen. Pagar, y paga, cullin. Huerfano, cuñival. Cobre, ó metal colorado, cumpañilhue. Bronce, ó metal amarillo, chodpañilhue. Color, chem. Dia y sol, antú. Mes, y luna, cúyen. Año, thipantu. Fuego, cúthal. Frio, uthe. Temblar de frio, thúnthún.

Extracto de una carta escrita en Gottorp, en 16 de Setiembre de 1774.

En 30 de Enero de 1774 salió de las Dunas, creyéndose que iba á Boston en América, el navío de S. M., nombrado el Endeavour, su comandante el teniente Jaime Gordon: pero al llegar á Lizard, punta occidental de este reino, abrió el comandante su pliego en el que halló la órden de que sin pérdida de tiempo navegase en derechura á las islas de Falkland, aunque no tenia entonces mas provisiones que para cuatro meses. Así lo ejecutó, y el dia primero de Febrero llegó á la isla de la Madera, adonde encontró otros navíos ingleses que iban á las Indias Orientales. Allí tomó algunas barricas de vino, y al dia siguiente continuó su viage hasta el 22 de Abril, en que se verificó su arribo al puerto de Egmont, donde el teniente Guillermo Clayton, comandante del navío Pinguin, y de aquella plaza, recibió las órdenes del almirantazgo, para poner á bordo del Endeavour las municiones que pudiesen servir, y para que él y su tripulacion se embarcasen tambien para Inglaterra. En cuyo cumplimiento envió el teniente Gordon sus carpinteros á tierra para deshacer el navío Pinguin, y embarcar en el Endeavour todo lo que pudiese aprovecharse de él, como las ancoras, cables, velas, y demas municiones y pertrechos; lo que se ejecutó hasta cargar el Endeavour, poniendo el resto en diferentes almacenes, y dejando varias láminas con la inscripcion siguiente.

"Sepan todas las naciones, que las islas de Falkland con su fuerte, almacenes, desembarcos, puertos, bahías y ensenadas, pertenecen solo á Su Magestad Jorge III, rey de la Gran Bretaña, Francia é Irlanda, Defensor de la Fé, &a., en testimonio de lo cual y en señal de posesion tomada por Samuel Guillermo Clayton, oficial comandante de las islas de Falkland, se ha puesto esta lámina, dejando desplegadas las banderas de Su Magestad Británica, en 22 de Mayo de 1774." En cuyo dia pasaron á bordo Mr. Clayton con 25 marineros y oficiales, el teniente de marina Olive, un sargento, un caporal ó cabo de escuadra, un tambor y 25 personas particulares.

El dia anterior entró en la bahía un navio grande, que venia de la isla de Rhode, en la Nueva Inglaterra, para la pesca de ballenas. Habia cuatro meses que estaba ausente y en gran miseria por la pérdida de todas sus áncoras, menos una pequeña, y el capitan quiso pasar el invierno en Egmont, donde habia tres navios mas de Boston, que fueron tambien á la pesca de la ballena, y tuvieron la fortuna de coger tres cada uno, aunque sufrieron algunos trabajos por la falta de velas, járcias, y otros materiales, de que los proveyó Mr. Clayton de los almacenes del rey. Estuviéronse cuatro semanas en el puerto de Egmont, y cargaron aceite, pieles y lobos marinos, con que volvieron á su tierra. Sin embargo dejó el Endeavour en el puerto el navío de la isla de Rhode, y estando el 23 toda la gente á bordo, se hizo á la vela para Inglaterra.

Como el tiempo era malo y tempestuoso, y el navío hacia mucha agua, tuvieron mucho que sufrir: pero la mayor desgracia fué la pérdida de su contramaestre Jaime Allen y de otros dos, á los ocho dias de haberse hecho á la vela. Este contramaestre era diligente y exacto en el cumplimiento de su obligacion, y habia servido el mismo empleo en la expedicion al norte, en compañía de otros. El Endeavour sin embargo salió de aquel clima tempestuoso, sin mas pérdida, no viendo tierra desde el 23 de Mayo hasta el 29 de Agosto, que descubrió á Fyal, una de las islas de Azores, á donde se dirigieron para proveerse de agua, porque no tenian mas que dos cuartillos cada uno al dia, y esto por algun tiempo. El dia siguiente entraron en Fyal, donde tomaron agua, y algunas otras provisiones, y el 31 salieron para Inglaterra estando obligados á cortar su cable y dejar la ancla.

Tuvieron buen pasage de Fyal á Spithead, adonde llegaron el viernes. El pequeño Pinguin se embarcó deshecho el año pasado en el referido Endeavour, con carpinteros para volverlo á construir en el puerto de Egmont. Su buque era de 35 toneladas, y tenia ocho cañoncillos. Dejaron gran cantidad de municiones en dicho puerto, con pedazos de mastiles, y dos ó tres botes grandes, habiendo puesto á su entrada sobre una altura las banderas de S. M. B.

Nota del traductor.—He visto la descripcion que hace Mr. Bougainville de las islas de Falkland, y es enteramente opuesta á la de Falkner. Mr. de Bougainville quiere probar que en dichas islas hay lo necesario para la vida, con tal que sus moradores las cultiven y hagan valer el producto de su suelo, siendo de opinion que es muy importante su poblacion y conservacion. Mr. Falkner dice, con otros muchos ingleses, lo contrario, y no sé quien tiene razon.

Notes in this chapter

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