← Table of contents
Dafnis y Cloe; leyendas del antiguo Oriente (fragmentos)

NOTAS

Reading edition

I. El título de la obra, en griego, es Λόγγου ποιμενικῶν τῶν κατὰ Δάφνιν καὶ Χλόην βίβλοι (λόγοι) τέσσαρες, que puede traducirse: Los cuatro libros de las pastorales de Longo, ó Dafnis y Cloe. Á fin de seguir el gusto y el estilo modernos, hemos invertido y modificado los términos del título. Ponemos por título principal de esta novela Dafnis y Cloe, y añadimos luego Las pastorales de Longo, para indicar el género á que pertenece la obra y el nombre, verdadero ó supuesto, de quien la compuso.

De esta novela no conocemos traducción ninguna en castellano.

En otros idiomas, ó conocemos ó hemos visto citadas muchas traducciones. Las más famosas son: En latín, la de Gothofredo Jungermann, de 1605, y la de Pedro Moll, de 1860. En francés, la de Santiago Amyot, obispo de Auxerre, y la de Pablo Luis Courier, que corrige y completa la traducción del citado obispo. En italiano, la del comendador Aníbal Caro, la de Manzini y la de Gozzi. En inglés, la de Jorge Thornley, 1657, y la de Jacobo Craggs, 1764. Y en alemán, las de Grillo, Krabinger y Passow, en 1765, 1803 y 1811.

Tenemos también una traducción sobrado libre de Dafnis y Cloe, hecha en hermosos exámetros latinos, por Lorenzo Gambara, y dedicada al célebre Antonio Perenott, cardenal Granvela, á la sazón virrey de Nápoles.

Para hacer esta traducción española hemos seguido el texto griego completo, publicado por Courier y enmendado por Sinner: Paris, Fermín Didot, 1829. Hemos tenido á la vista y consultado la traducción en latín de la edición bipontina y la traducción francesa de Amyot, revue, corrigée, completée, de nouveau refaite en grande partie par P. L. Courier.

En nuestra traducción de los tres primeros libros, hemos procurado ser tan fieles al original cuanto es posible en una lengua moderna de Europa. Nos lisonjeamos de que en punto á fidelidad hemos vencido á Courier, como podrán ver los inteligentes, si comparan con el original ambas traducciones.

En el cuarto libro nos hemos atrevido á hacer bastantes alteraciones: algo parecido á lo que llaman un arreglo. Esto no quita que muchos párrafos (más de la mitad de dicho libro cuarto), estén también traducidos por nosotros con la mayor exactitud. Sólo hemos variado unos lances originados por cierta pasión repugnante para nuestras costumbres, sustituyéndolos con otros, fundados en más naturales sentimientos.

Fué nuestro primer propósito hacer nuestra traducción en lo que han dado en llamar fabla antigua esto es, en el castellano del siglo XIV ó del siglo XV. Para imitar bien el candor y la sencillez del texto, tal vez hubiera sido esto convenientísimo; pero, en nuestro sentir, requería un trabajo ímprobo si había de hacerse con conciencia y evitando el peligro de inventar una fabla antigua, que jamás se hubiese hablado. Para Courier, que ha hecho su traducción en francés arcáico, la empresa no era tan árdua; tenía por modelo á Amyot, que le guiaba mientras él le corregía. Por otra parte, yo entiendo que, sin procurar expresamente lo arcáico, siguiendo bien el texto, buscando las palabras propias y los giros más adecuados, y huyendo de las frases hechas y con frecuencia amaneradas del estilo novísimo, resulta un castellano bastante candoroso y que parece antiguo. El público juzgará si hemos conseguido esto en nuestra traducción.

II. Dice el proemio: y habiendo buscado á alguien que me explicase bien la pintura, compuse estos cuatro libros. P. L. Courier traduce: si cherchai quelq’un qui me les donna á entendre par le menu, et ayant le tout entendu, en composai ces quatre libres. Yo empleo quince palabras, y P. L. Courier veintidos, para decir lo que dice en ocho el autor griego: καὶ ἀναζητησάμενος ἐξηγητὴν τῆς εἰκόνος, τέτταρας βίβλους ἐξεπονησάμην. Depende esto, no sólo de la riqueza de formas de la lengua griega, sobre todo en participios, que hace que se pueda decir más en menos palabras, sino también de nuestro empeño de no sobreentender nada, diciéndolo todo. Claro está que, cuando el autor buscó á alguien qui me les donna á entendre par le menu, no se contentó con buscarle, sino que también le oyó la explicación; pero esto se cae de su peso y no era menester decirlo. El original no lo dice. P. L. Courier pone, pues, de su cosecha, et ayant le tout entendu. En otras ocasiones añade también, ó ya porque lo cree necesario para mayor claridad, ó bien porque halla alguna frase que le parece bonita. Yo he procurado evitar tales amplificaciones y adornos, y si á veces he incurrido en ellos, no ha sido con tanta frecuencia como P. L. Courier.

La observación que acabamos de hacer pudiera repetirse con frecuencia. No lo haremos, por no pecar de prolijos. Nos limitaremos á citar otro solo ejemplo, tomado también del proemio. Dice el original: τὸν ἐρασθέντα ἀναμνήσει, τὸν οὐκ ἐρασθέντα προπαιδεύσει. Son siete palabras. Traduce Courier: peut remettre en memoire de ses amours celui qui autrefois aura été amoureux et instruire celui qui ne l’aura encore point été. Son veinte y tres palabras. Traduzco yo: recordará de amor al que ya amó, y enseñará el amor al que no ha amado nunca. Son diez y siete palabras.

III. Á unos doscientos estadios de Mitilene, yo traduzco deὅσον ἀπὸ σταδίων διακοσίων; en latín, stadia circiter ducenta. Estadio es palabra perfectamente castellana en este sentido, y significa la distancia ó longitud de 125 pasos geométricos. P. L. Courier pone: environs huit ou neuf lieues loin de cette ville de Mitylène. En este caso confieso que no choca mucho que modernice la unidad de medida para las largas distancias, pero entiendo que está mejor, ya que la historia sucede en Grecia y en tiempos antiguos, conservar los usos y costumbres de entonces. Más claro se comprende esto, y se ven el anacronismo y el desentono que de semejante exceso de traducción resultan, cuando en el mismo cuento de Dafnis y Cloe se habla de dracmas, dinero, y traduce Courier escudos. Yo prefiero poner dracmas, y no traducir escudos, ducados, reales ó pesetas, que entonces no había. Hay palabras que no se traducen, sino que pasan íntegras á todos los idiomas cuando se quiere volver á designar el objeto determinado y singular que designaban. Así, pues, por muy llano y natural que yo quisiese hacer mi estilo, jamás, por ejemplo, me atrevería á traducir peplo, clámide, estola ó coturno, por prendas de vestir parecidas y en uso en nuestros días.

IV. Los objetos suspendidos como ofrendas en la gruta de las Ninfas eran γαυλοὶ, καὶ αὐλοὶ πλάγιοι, καὶ σύριγγες, καὶ κάλαμοι. Courier traduce γαυλοὶ seilles á traire le lait; el latín, mulctræ. En castellano creo que bastaría colodras, que son vasijas de que se valen los pastores para ordeñar; pero, como el Diccionario de la Academia supone que las tales colodras son de madera, y los γαυλοὶ ó mulctræ tal vez serían de barro, he añadido tarros para que haya de todo. Αὐλοὶ πλάγιοι ha sido menester traducirlo también con gran libertad. En latín se llaman tibiæ obliquæ, trompetas oblícuas. Dicen que este instrumento fué inventado por Midas. Á lo que más se parece de los modernos es al bajón, al fagot y al pífano. Por esto pongo pífanos en mi traducción.

V. Y les habían hecho aprender las letras; en griego, καὶ γράμματα ἐπαίδευον. Courier, por seguir á Amyot, pone leur faisant apprendre les lettres; pero censura esta traducción en una larga nota, suponiendo que implica un contrasentido, ó, por lo menos, que induce en error. Nosotros creemos que no hay tal error, y que, en vista del sentido todo, no da tampoco lugar á anfibología. Aprender las letras no es más que aprender las letras, y no aprender literatura. Dice Courier que Longo quiso decir que Dafnis y Cloe aprendieron á leer y á escribir. Yo creo que no quiso decir sino lo que dijo, que aprendieron las letras, que aprendieron á deletrear, y que tal vez ni escribían ni leían de corrido.

VI. Y se esmeraba hasta la noche en tocar la zampoña. La voz griega σύριγξ significa un instrumento inventado por Pan y compuesto de varios cañutos desiguales, unidos entre sí. El P. Baltasar de Vitoria, gran autoridad en esta materia, dice en su Teatro de los dioses, que este instrumento se llama en castellano zampoña ó albogue. Yo pongo zampoña unas veces, y otras veces flauta, porque el uso ha hecho que se hable más, aunque menos exactamente, de la flauta de Pan que de la zampoña de Pan.

VII. ...logró subir el caído. Desde este punto hasta donde dice: ¿qué me hizo el beso de Cloe?, todo falta en la traducción de Amyot. En el original de la edición bipontina hay un pedazo más, hasta donde dice: y yendo con Cloe á la gruta de las Ninfas, le dió á guardar la tuniquilla y el zurrón. Había, de todos modos, una gran laguna, que después se ha llenado, en vista del manuscrito de Florencia, donde el texto está completo.

VIII. Quisiera ser su flauta para que infundiese en mí su aliento. P. L. Courier traduce: Ah!, que ne suis-je sa flûte pour toucher ses lèvres. Dice el original: εἴθε αὐτοῦ σύριγξ ἐγενόμην, ἵν’ ἐμπνέη μοι. Claro está que no se habla de los labios, sino del aliento ó soplo. Supone Courier que esto está tomado de la antigua copla siguiente:

Εἴθε λύρα καλὴ γενοίμην ἐλεφαντίνη, Καί με καλοὶ παῖδες φέροιεν Διονύσιον ἐς χορὸν. Εἴθ’ ἄπυρον καλὸν γενοίμην μέγα χρυσίον, Καί με καλὴ γυνὴ φοροίη καθαρὸν θεμένη νοόν.

La copla es muy bonita, pero el decir de Cloe puede ser coincidencia, y no imitación. Es fácil coincidir en lo natural. Una oda de Anacreonte encierra el mismo pensamiento, diciendo en la traducción de Castillo y Ayensa, si no me es infiel la memoria:

Quisiera ser la cinta Que pende de tu cuello; Quisiera ser la joya Adorno de tu pecho; Quisiera ser el agua Con que lavas tu cuerpo; Y fuera la sandalia Que ciñe tu pie bello; Que por tu planta hollado, Viviera yo contento.

De seguro que los rústicos andaluces no leen á Anacreonte, y uno de ellos compuso, sin duda, aquella graciosa á par que apasionada copla de seguidillas, que dice:

¡Ay, quién fuera la cinta De tu zapato!...

Y no ponemos los otros dos versos por demasiado expresivos; pero buenas ganas se nos pasan de poner los, porque vencen á los de Anacreonte, á los del otro poeta griego y á la prosa de Longo.

IX. La piel de un cervatillo, esmaltada de lunares blancos, para que la llevase en los hombros, cual suelen las bacantes. En el original hay estas dos palabras: νεβρίδα βακχικήν, para cuya traducción ha sido menester emplear todas éstas: la piel de un cervatillo para que la llevase en los hombros, cual suelen las bacantes.

X. Soy blanco como la leche y rubio como la mies, cuando la siegan. Añade Courier, entre estos elogios que Dorcón se tributa á sí mismo: frais comme la feuillée au printemps, lo cual no está en el texto.

XI. ...y de sus ojos, que los tenía grandes y dulces como las becerras. La comparación, en son de elogio, de los ojos de las muchachas con los ojos de los bueyes, vacas ó becerras, es muy frecuente en los autores griegos; hasta hay los epítetos de βοώπης y βοόγληνος, para designar á quien tiene ojos grandes y hermosos.

XII. ...y tenía pálido el rostro como agostada hierba. Son las palabras de Safo: χλωροτέρα πόας ἐμμί.

XIII. ...y el hocico le tapaba la cabeza, como casco de guerrero: καὶ τοῦ στόματος τὸ χάσμα σκέπειν τὴν κεφαλήν, ὥσπερ ἀνδρὸς ὁπλίτου κράνος. Algunos guerreros, y singularmente los abanderados, según se ve en la Columna Trajana, llevaban el casco, galea, cubierto con la piel de la cabeza de una fiera, que conservaba la forma de cabeza, de suerte que el rostro del soldado parecía asomar por entre los dientes de la fiera.

XIV. ...llenaba una gran taza de vino y de leche. De esta mezcla resultaba una bebida llamada οἰνόγαλα, que se toma aún, según dice Courier, en Levante y en Calabria.

XV. Se ponía á cantar de Pan y de Pitis. Pan fué un dios tan enamorado como poco dichoso en sus amores. Siringa, Eco, la Luna y otras diosas y ninfas le desdeñaron. Pitis, por el contrario, le amó, y desdeñó por él á Bóreas, quien, enojado y celoso, la arrebató en sus alas, y la mató arrojándola contra las rocas. La Tierra, compadecida, la transformó en árbol: πίτυς, femenino en griego, el pino.

XVI. ...y dice que busca los becerros huídos. Esta fábula ó conseja, que, el autor califica de θρυλλούμενα, cosa sabidísima ó divulgada, no se halla en ningún mitólogo de los que yo conozco. Φάττα, la paloma torcaz, no es nombre de ninguna ninfa, como lo es el nombre de la otra paloma, περιστερά. Esta ninfa, Peristera, ayudó á Venus, que competía con Amor en coger flores. Venus triunfó así de Amor. Éste, enojado, convirtió en paloma á la ninfa. Venus la puso en su carro triunfal.

XVII. ...hay muchos estrechos de mar que hasta hoy se llaman pasos de bueyes. En griego βοοσπόροι, de donde Bósforo.

XVIII. No soy niño, aunque parezco niño, sino más viejo que Saturno. Yo soy anterior al tiempo todo. Este discurso de Filetas es quizá lo más bello que hay en la obra de Longo, no tanto por lo que dice de Amor, dicho ya por muchos autores, sino por la graciosa sencillez de estilo con que la aparición de Amor en el huerto y todo lo demás está contado. Como en la religión de los griegos no hubo dogmas fijos, cada poeta contaba los hechos á su manera, resultando de aquí mucha variedad de fábulas sobre una misma persona divina, sobre todo cuando esta persona tenían más de alegórico que otras, como sucede con Amor. Empezando por su mismo origen, hay gran discrepancia. Así es que unos, los más, hicieron á Amor hijo de Venus y de Marte; otros, como Platón, le dieron por padres á Poro y á Penia, esto es, al dios de la abundancia y á la diosa de la pobreza; otros quieren que Amor naciese de Júpiter, y otros, que naciese antes que todo, no comprendiendo que nadie pudiera nacer sin Amor y antes de Amor, á no ser el Caos y la Tierra ó el Eter y la Noche. Claro está que, para éstos, Amor es el fuego, la luz, la actividad, el prurito, la voluntad primera que crea el ser, la vida y el universo todo. Después de muchos siglos, Schopenhauer ha venido á parar en la misma doctrina. Todo cuanto es, según este filósofo, se reduce á apariciones y formas en que Der Wille, la Voluntad ó el Amor, se revela y hace visible. Las criaturas son objetivaciones de Amor. Der Wille es, pues, el principio real del Universo y el principio ideal ó metafísico, y la solución del problema cosmológico. Doctrina parecida es la de Longo cuando hace decir á Amor que es anterior al tiempo todo. Esta idea del Amor, como fuerza demiúrgica, está expresada en la Teogonía de Hesiodo, diciendo:

Ἤτοι μὲν πρώτιστα Χάος γένετ’, αὐτὰρ ἔπειτα Γαῖ’ εὐρύστερνος, πάντων ἕδος ἀσφαλὲς αἰεὶ Ἀθανάτων οἳ ἔχουσι κάρη νιφόεντος Ὀλύμπου, Τάρταρα τ’ ἠερόεντα μυχῷ χθονὸς εὐρυοδείης, Ἠδ’ Ἔρος, ὃς κάλλιστος, κ. τ. λ.

Lo cual coincide con la cosmogonía de los fenicios, que se lee en un fragmento de Sancuniathon, y dice: «Fueron principio de este universo un aire tenebroso y sutil y el caos confuso y envuelto en obscuridad, á los cuales, en tiempo infinito y que no se puede determinar, encendió un soplo de Amor, mezclándolos, y de esta mezcla nació el deseo, fuente de la creación toda.» Aristófanes, en su comedia Las Aves, donde éstas cantan en coro el origen del mundo, expone doctrina semejante: «Eran primero el Caos, dice, y la Noche, y el negro Erebo, y el extenso Tártaro. No había tierra, ni aire, ni cielo. Pero en el seno infinito del Erebo, la Noche, dotada de alas negras, puso un huevo, del cual, agitado é incubado por las Horas, brotó el Amor, lleno de deseos.» De aquí nació todo. Antes de Amor no hubo ni dioses.

Πρότερον δ’ οὐκ ἦν γένος ἀθανάτων, πρὶν Ἔρως ξυνέμιξεν ἅπαντα.

Esta idea de poner á Amor antes que todo y como creador de todo inspira hasta á los poetas cristianos. Milton, en vez de Amor, pone sobre el Caos al Espíritu Santo, á manera de paloma, incubándole y fecundándole.

...with mighty wings outspread Dove-like sat’st brooding on the vast abyss, and mad’st it pregnant.

XIX. Tanto puede (Amor) que Júpiter no puede más. Todo este segundo discurso de Filetas, dice Courier que está tomado de Platón. Yo entiendo que de Platón y de muchos otros autores, esto es, que poco ó nada es nuevo ó era nuevo entonces, salvo el sentir propio del autor, y su expresión y estilo, lleno de candor y de gracia. Se citan unos versos de Menandro, en que pone el poder de Amor por cima del de Júpiter. Pero, ¿de qué poeta no podrá citarse sentencia parecida? Ya Homero, en su himno á Afrodita, dice que todas las divinidades están sujetas á su imperio, salvo tres, que son Minerva, Diana y Vesta.

Estos encarecimientos del poder de Amor no cesan con los autores cristianos, confundiéndole tal vez para ello con una de las personas divinas. Así dice San Bernardo que Amor triunfa de Dios; y nuestro Padre Fonseca pone, entre mil otras alabanzas, que «Amor entróse por esos cielos, y cogiendo á Dios, no flaco, sino fuerte; no en el trono de la Cruz, sino en el de su majestad y gloria, luchó con él hasta bajarle del cielo y hasta quitarle la vida.»

Las victorias de Amor son, pues, extraordinarias y no tienen cuento. Por eso, los espartanos, creyéndole más belicoso que á Marte, se encomendaban á él y le hacían sacrificios siempre que tenían que reñir alguna brava batalla.

Fué creído, además, desde muy antiguo, inspirador de todas las acciones generosas y de virtud, y se tuvo por cierto, con prefiguración profética, aunque confusa, de los más altos misterios, que el Dios supremo le envía á la tierra para que salve á los hombres. Ya Esopo habla bellamente de esto en su fábula de Júpiter y Amor, dando cuenta de que «cuando Júpiter crió á los hombres, dióles todas las prendas que los adornan ahora; pero aún no moraba Amor en las almas de ellos, porque este dios, que tiene alas tan sublimes, no bajaba nunca del cielo, y sólo hería con sus flechas á los dioses. Temeroso Júpiter, no obstante, de que se perdiera la más hermosa de sus criaturas, envió á Amor á la tierra para que fuese custodio del género humano. Amor obedeció el mandato de Júpiter, pero no consideró que le estuviese bien morar en todas las almas y elegir por templo suyo lo mismo las profanas que las iniciadas y buenas, por lo cual distribuyó el rebaño de las almas comunes entre los Amores plebeyos, hijos de las Ninfas, y él se fué á vivir dentro de las almas celestes y divinas, y embriagándolas con delirio amoroso, produjo infinitos bienes para todos los hombres.»

XX. El mismo dios Pan... como más avezado que nosotras á los negocios de la guerra, por haber ya militado en muchas... Aún se conserva en nuestros idiomas modernos el epíteto de pánico, dado al terror cuando es muy grande. Pan auxilió mucho á Júpiter en las guerras que tuvo, encadenando á Tifeo ó envolviéndole en una red; si bien otros dicen que le asustó, dando un grito espantoso. En otras guerras ocurridas en este bajo mundo, auxilió á sus devotos, como, por ejemplo, á los griegos contra los galos, mandados por Breno.

XXI. ...se puso á contar la fábula de Siringa... Esta transformación de Siringa en flauta, y los amores de Pan, que la originaron, sucedieron en Arcadia, á orillas del río Ladón, según refiere Ovidio en sus Transformaciones, donde dice que la Ninfa iba huyendo de Pan:

Donec arenosi placidum Ladonis ad amnem Venerat; hic illam, cursum impedientibus undis Ut se mutarent, liquidas orasse sorores: Panaque cum prensam sibi jam Siringa putaret, Corpore pro Nymphæ calamos tenuisse palustres; Dumque ibi suspirat, motos in arundine ventos Effecisse sonum tenuem, similemque quærenti, Arte nova: vocisque deum dulcedine captum, Hoc mihi colloquium tecum dixisse manebit, Atque ita disparibus calamis compagine ceræ Inter se junctis nomen mansisse puellæ.

XXII. Llegó el invierno, para Dafnis y Cloe más que la guerra crudo. Sin duda convenía al autor, para su sencillo argumento, que el invierno fuese muy rigoroso, ó tal vez quiso lucir su retórica pintándole, pues es evidente que, ni en nuestro siglo, ni en la época de la acción de la novela, hubo de hacer jamás tanto frío ni de caer tanta nieve en la isla de Lesbos.

XXIII. ¡Salud!, ¡oh, hijo mío! Χαῖρε, ὦ παῖ, dice el original. He preferido decir, ¡salud!, ¡oh, hijo mío!, al modo más natural de saludar ahora, diciendo Dios te guarde, porque este modo parece anacrónico é impropio de gentiles.

XXIV. ...comieron coronados de hiedra. Parece que un gentil muchacho, llamado Cisso, gran bailarín y valido de Baco, bailando un día delante del dios, para divertir sus ocios, se cayó en un hoyo y se convirtió en hiedra, planta que fué consagrada á dicho dios, el cual gustaba de coronarse con ella. También para los poetas se tejían de ella coronas:

Pastores hedera crescentem ornate poetam.

dice Virgilio. La hiedra, sobre todo, era para coronar á los poetas dramáticos, por ser el teatro propio de Baco. Por eso Menandro pide á los dioses ser siempre coronado de hiedra ática:

Τὸν Ἀττικὸν αἰεὶ στέφεσθαι κισσόν.

En las bacanales se coronaban asimismo de hiedra los que las celebraban. Así es que el gobernador que puso Antíoco en Jerusalén, queriendo hacer gentiles á los judíos, les mandaba que fuesen por las calles coronados de hiedra cuando se celebraba la fiesta de aquel dios, como se cuenta en el libro II, capítulo VI, de los Macabeos: et cum Liberi sacra celebrarentur, cogebantur heredà coronati Libero circuire.

XXV....hallaron narcisos, violetas, corregüelas y otras vernales primicias. El texto griego dice ἀναγαλλίς, que hemos traducido por corregüela. Las anagalídeas son un género de la familia de las primuláceas, en el que se contienen muchas especies como los murajes. Courier traduce muguet, que viene á ser en español lirio de los valles; pero tal vez puso muguet sólo porque el vocablo es bonito y también el objeto que expresa. Quiera significar lo que quiera la tal flor Anagalis, al tratar de traducirla al castellano, un amigo mío me ha recordado á una Ninfa Anagalis, de quien nada leí jamás en ningún libro, ni en Polidorio Virgilio; pero que, según afirma Juan de la Cueva, en su extraño poema de Los inventores de las cosas, fué la que inventó el juego de pelota. El erudito poeta dice:

Del juego tan común de la pelota Anagalis, muchacha, fué inventora: Que se llame Astragalis quieren otros.

XXVI. ...expresando poco á poco el nombre de Itis. Este Itis fué hijo de Tereo, rey de Tracia. Progne, mujer de Tereo, mató á su hijo Itis, y se le dió á comer á su propio padre. Filomena, hermana de Progne y tía de Itis, fué convertida en ruiseñor; Progne, en golondrina; en gavilán, Tereo, y en faisán, Itis.

XXVII. Por el reposo casero y holganza del invierno estaba rijoso y lucio, y con el beso se emberrenchinaba y con el brazo se alborotaba. Para descargo de mi conciencia de haber traducido con sobrada energía y desenvoltura, diré que Dafnis, con el reposo y holganza, ἐνηβήσας, de ἐνηβάω, pubesco, juveniliter lascivio: con el beso ὤργα, de ὀργάω, succo turgeo, venerea cupiditate flagro; y con el abrazo ἐσκιτάλιζε, de σκιταλίζω, salax sum. Lo mismo digo de otros pasajes, donde siempre he atenuado el brío y suavizado la crudeza del texto.

XXVIII. Cromis, sujeto ya de edad madura, quien había traído de la ciudad á una mujercita, etc. Debe entenderse que esta mujercita no era la mujer propia, la esposa de Cromis, sino una cortesana mantenida por él. Su mismo nombre Lycenia, de Αὔκαινα, loba, parece ya indicarlo, y hasta la circunstancia de venir siempre dicho nombre en diminutivo en el texto griego. En el teatro de aquel pueblo apenas había comedia en que no hiciesen papel las cortesanas ó heteras, á veces vilipendiadas cruelmente por los poetas, á veces también ensalzadas de discretas, amables, generosas y hasta virtuosas. Y esto no ha de extrañarse, porque las cortesanas de entonces representaban la inteligencia y la cultura de la parte femenina, y alcanzaban gran poder y valimiento. Algunas se casaban con los mismos reyes. Targalia de Mileto se casó con un rey de Tesalia, y Tais con un Ptolomeo. Duró esto hasta muy tarde, hasta época ya en que estaba muy difundido el Cristianismo. La mujer de Justiniano, la célebre emperatriz Teodora, había sido una cortesana de las más disolutas. Fué, además, tan desaforada comedianta, que las cosas que hacía en público teatro no hay quien se atreva á explicarlas en ningún idioma moderno, sino que se toman de Procopio y se ponen como nota, en griego, en las historias que de ello tratan. El mismo Gibbon lo deja sin traducir. Imitémosle.

No ha de extrañarse, pues, que en la edad clásica y gentílica las cortesanas tuviesen grande influjo, y fuesen amigas respetadas de los hombres más eminentes: así Aspasia, de Pericles; Arqueanasa, de Platón; Herpilis, de Aristóteles, y Glicera, de Menandro. Alcifrón puso en cartas muchos rasgos brillantes de las cortesanas, y Machón escribió un poema de los dichos discretos y agudos de estas mujeres.

Una de las más ilustres, por su talento, discreción y afecto á sus compatriotas, fué Rodopis, alma de la colonia griega de Egipto en tiempo del rey Amasis. El célebre egiptólogo y novelista Jorge Ebers, en su novela La hija de Faraón, hace de esta Rodopis la principal heroína, después de la misma hija del rey de Egipto que casó con Cambises, y de la princesa Atosa, hija de Ciro, mujer de Darío y madre de Jerjes. Claro está que Lycenia no era una hetera de primer orden, sino modesta y de pocas campanillas, como un pobre labrador de Lesbos podía costearla.

XXIX. ...habiéndose cerciorado ella de que todo estaba alerta y en su punto... Creo haber traducido del modo más púdico posible el texto, μαθοῦσα ἐνεργεῖν δυνάμενον καὶ σφριγῶντα, que interpreta así la versión latina: ipsa jam edocta eum ad patrandum non solum fortem esse, verum etiam libidine turgere...

XXX. ...Luego sacó del zurrón pan de higos... Para que no se entienda que este pan de higos está inventado por mí por la afición que yo tengo á las cosas andaluzas, diré que παλάθη no significa más que pan de higos; massa caricana, dice la versión latina, esto es, masa hecha con el higo de Caria, que se llamaba carica. P. L. Courier traduce, no sé por qué, raisin sec. De seguro que no había comido él, como yo, el delicioso pan de higos que se hace en Málaga.

XXXI. Los mitólogos varían mucho al referir esta historia de Eco. Fíngenla los más hija del Aire y de la Tierra. Juno dicen que la castigó obligándola á repetir las últimas sílabas de las palabras que oyese. Otros, que desdeñada de Narciso, á quien amaba, se convirtió en peñasco. Ovidio, en las Transformaciones, cuenta que su mal pagado amor la secó de suerte y la consumió hasta tal punto, que se quedó en los huesos y en la voz:

Vox manet: ossa fuerunt lapide traxisse figuram Inde latet sylvis nulloque in monte videtur, Omnibus auditur: sonus est qui vivit in illa.

La fábula de Longo es, pues, diversa, y su principal gracia consiste en un equívoco intraducible; porque μέλος, en griego, significa miembro, y también verso, medida, de donde la palabra melodía. Así es que los pastores esparcieron por toda la tierra τὰ μέλη, las canciones, las melodías de la Ninfa, lo cual está traducido en latín cantabunda membra, y por Courier, á quien en esto seguimos, sus miembros, llenos de harmonía.

XXXII. Esta manzana ¡oh, vírgen! es creación de las Horas divinas. El texto dice Ὦ παρθένε, τοῦτο τὸ μῆλον ἔφυσαν Ὧραι καλαί: el latín, Mea virgo, hoc pomum quod vides, anni ætates pulchræ pepererunt. Cette pomme Chloe, ma mie, les beaux jours, d’été l’ont fait naître, traduce Courier. Yo he preferido dejar á las Horas, á las diosas, hijas de Júpiter y de Temis, que dirigen y gobiernan las estaciones y cuidan del carro del Sol, como creadoras de la manzana. No lo disputo, aunque creo que esto es más poético que decir llanamente que con el verano se crió la manzana; pero entiendo que soy más fiel traductor. Tal vez se dirá que no es gran encarecimiento de alabanza el decir que una manzana es creación de las Horas. Lo mismo crean las Horas las manzanas gruesas y hermosas que las feas y ruines. Esto es verdad, considerado pedestremente; pero cuando esto de que la manzana es creación de las Horas se dice con entusiasmo, vale tanto como decir que las Horas pusieron en crearla singular esmero. Semejante censura he oído hacer, por ejemplo, de aquellos versos de Zorrilla en elogio de Granada.

Salve ¡oh, ciudad! en donde el alba nace, Y donde el sol poniente se reclina; Donde la niebla en perlas se deshace, Y las perlas en plata cristalina.

En todas las ciudades nace el alba, se pone el sol, se deshace la niebla y corre el agua: no cabe duda; pero Zorrilla da á entender que en Granada ocurre todo ello de una manera eminente, ejemplar y soberana, como si la aurora no quisiera nacer sino para alumbrar á Granada, y el sol no quisiera reclinarse más que en el seno ó á la espalda de sus montes.

XXXII. Semele, pariendo; Ariadna, dormida, etc. Aquí pone el autor en breves palabras los principales casos de la vida de Baco. Semele pariendo, no es la común opinión, pues refieren los más, de cuantos han tratado este asunto, que Semele, hija de Cadmo, que tenía amores con Júpiter, deseó ver al Dios en toda su gloria, y al verle, ardió en el resplandor que de sí lanzaba. Ya muerta, sacó Júpiter á la criatura que tenía ella en su seno, y acabó de criarla, hasta que se cumplieron los nueve meses, guardándosela en un muslo. Cuentan otros, no obstante, que Semele dió á luz á Baco naturalmente y á su tiempo, y á éstos sigue Longo. Repetimos, con todo, que la general opinión es la del doble nacimiento de Baco. Luciano le ha celebrado en un diálogo burlesco, y el dios ha llevado nombres que recuerdan este nacimiento doble. Así se ha llamado bimatre dithyrambo, de παρὰ τὸ δύο θύρας βῆναι, salir por dos puertas, y Eirafiote, cosido en el muslo.

Por lo demás, Baco y su historia tienen grandes variaciones, por ser este dios uno de los más simbólicos y misteriosos que en Grecia se adoraron, y por representar á la vez no pocas cosas. Por una parte, proviene este dios del naturalismo: es la fuerza vegetativa de las plantas. De aquí que tantas le estén consagradas, como la hiedra, la higuera y la vid, y que le llamen γενεσιουργὸς τῶν καρπῶν, engendrador de los frutos, y que sea también padre de Príapo.

Representa, además, á un héroe conquistador y civilizador del mundo, y su leyenda, bajo este aspecto, toma mucho de la de Osiris egipcio, y de la de Melkarh ó Hércules tirio. Como Hércules, Baco erigió sus columnas en el extremo de las tierras y mares hasta donde llevó su expedición triunfadora.

Representa, por último, Baco la fuerza y virtud del licor fermentado, que inspira á los hombres una especie de delirio, que se tenía á veces por sagrado. En este sentido, Baco trae su origen de Soma, dios de los Vedas, dios-bebida, dios-libación, dios que se consume en la llama del sacrificio; hijo de Indra, como Baco es hijo de Júpiter. En este sentido, Baco recibió muchos títulos ó sobrenombres entre los griegos y latinos. Llamóse Musagetes, conductor de las Musas; Pirigenio, nacido del fuego; Melpómeno, celebrado en himnos; Leneo, de ληνός, lagar; Líber, por la libertad que el vino engendra, y Taurokeros ó Tauromorfos, porque tomaba cuernos y forma de toro, á causa del furor, osadía y violencia que adquiere quien se embriaga. De aquí que Horacio dijese á Baco:

Tu spem reducis mentibus anxiis Viresque et addis cornua pauperi.

Dice Longo, encadenado Licurgo. Era éste un rey de Tracia que se opuso al culto de Baco, por lo cual sufrió un gran castigo del dios.

Despedazado Penteo. Esta aventura es de las más famosas de la historia de Baco, por haber dado asunto á un drama de Esquilo, ya perdido, que llevaba por título Penteo, y á la tragedia de Eurípides, que se conserva y se titula Las Bacantes. Parece que el culto de Baco, con sus frenéticas orgías, vino á Grecia desde Tracia y Macedonia, y halló en Grecia al principio grande oposición. Penteo en Tebas se opuso á este culto, y fué despedazado por las bacantes furiosas, entre las cuales se hallaba Agave, su madre.

Ariadna dormida. Prescindimos, por no ser prolijos, del valor y significado alegórico é histórico que puedan tener los amores de Ariadna, hija de Minos, con Baco. La general opinión, esto es, la fábula más conocida, junta en una las dos historias de los amores de Ariadna con Baco y con Teseo. Abandonada por este príncipe en la isla de Naxos, después que le ayudó á vencer al Minotauro y á salir del laberinto, Baco se le aparece enamorado, y se la lleva en triunfo. Los hermosísimos versos de Catulo, en el epitalamio de Tetis y Peleo, describen admirablemente, así el furor de Ariadna abandonada, como su triunfo inmediato, y la pompa báquica en toda su extraña locura:

At pater ex alia florens volitabat Iachus, Cum thiaso Satyrorum et Nysigenis Silenis, Te quærens, Ariadna, tuoque incensus amore; Qui tum alacres passim lymphata mente furebant Evoe, bachantes, evoe, capita inflectentes. Horum pars tecta quatiebant cuspide thyrsos, Pars e divolso raptabant membra fuvenco: Pars sesse tortis serpentibus incingebant; Pars obscura cavis celebrabant orgia cistis Orgia quæ frustra cupiunt audire profani; Plangebant alia proceris tympana palmis. Aut tereti tenues tinnitus ære ciebant; Multi raucisonos efflabant cornua bombos, Barbaraque horribili stridebat tibia cantu.

Como se ve, el asunto del triunfo de Ariadna, de las bacanales y de la historia del hijo de Semele, rodeado siempre de bacantes, sátiros y silenos, se prestaba mucho á la pintura, y desde los tiempos más antiguos se han empleado en este asunto los pintores.

Pedimos perdón á los eruditos de habernos extendido demasiado en esta nota, pero ya se harán cargo de que escribimos también para el vulgo, el cual tal vez ignora lo que ellos tienen olvidado de puro sabido. Para no prolongar más la nota omitimos mucho que, con ocasión de Baco, se pudiera decir sobre el origen de la tragedia, que nació en sus fiestas, y sobre otras cosas, curiosas para quien no las sabe, y tal vez cansadas para los doctos, que las saben más fundamentalmente que yo.

XXXIV. Á este mensajero, que se llamaba Eudromo, porque su oficio era correr. Es evidente que en lo antiguo los nombres y los apellidos debieron de ser apodos, que denotasen oficio, condición, virtud, defecto ó calidad de la persona á quien se daban. Y esto en todos los países é idiomas. Lo que ocurría primero en la realidad de la vida se conservó después en Grecia y Roma, en las ficciones poéticas, sobre todo en comedias y cuentos, donde aparecen personajes imaginarios, y no históricos. El nombre de cada uno de estos personajes designa ya su carácter, empleo ó menester. Así, por ejemplo, en las comedias de Terencio se pone al principio lo que llaman ratio nominum, ó sea una explicación de por qué los personajes se llaman como se llaman. Allí vemos que una nodriza se llama Canthara, del cantarillo ó vaso de la leche; un soldado fanfarrón, Thraso, de θράσος, audacia; un joven alegre, Fedro, de φαιδρός, alegre; una meretriz desenvuelta, Bacchis; un criado, Parmeno, porque está ó permanece cerca de su amo, etc. Eudromo, pues, el buen corredor, se llamaba así porque corría.

XXXV. ...Sin duda mandará ahorcar de un pino á este viejo sin ventura, como ahorcaron á Marsyas. Marsyas no fué sólo ahorcado, sino también desollado, como dice Ovidio en los Fastos.

Provocat et Phœbum, Phœbo superante, pependit; Cæssa recesserunt a cute membra sua.

Se cuenta de este Marsyas que fué un sátiro de grandísimo ingenio, que inventó muchas cosas, pero que se puso tan soberbio, que quiso competir con el propio Apolo en la música, de lo cual salió tan mal parado como queda dicho. Las Ninfas, de quien Marsyas era muy estimado, le lloraron y le convirtieron en río, cuyas aguas riegan la Frigia. Esto sucedió cerca de la ciudad de Celenas, por donde corre el río Marsyas. Así es que Xenofonte, cuando pasó por allí con los diez mil, acompañando al joven Ciro, dice que «se contaba que allí desolló Apolo á Marsyas cuando le venció en la contienda que con él tuvo sobre la música, y que colgó el cuero de él en una cueva de donde nacen las fuentes.» Xenofonte no dice con todo que Marsyas se convirtió en río, sino que por eso, por dicho lance, se llamó el río Marsyas.

XXXVI. ...en compañía de su parásito, Gnatón. Gnatón viene de γνάθος, boca, quijada. Tal vez salga de este vocablo griego la palabra española gaznate. De todos modos, γνάθων es sinónimo de parásito, y muchos personajes de comedias, que representan dicho carácter, llevan por nombre Gnatón. Hasta hay cortesanas ó etéreas que, sin duda, por muy golosas y comilonas, se llaman Gnatenas. El parásito del Eunuco de Terencio se llama Gnatón. Alcifrón, en sus famosas cartas, describe muchos parásitos, y en el teatro griego apenas había comedia en que no figurase uno, respondiendo á nuestros lacayos graciosos de las comedias de capa y espada, si bien los parásitos eran más despreciables y ruines.

XXXVII. Ni Apolo, cuando estuvo de pastor al servicio de Laomedonte... Aquí el autor se distrajo tal vez, y supuso que Apolo guardó los bueyes de Laomedonte, por más que la general creencia era la de que guardó el ganado de Admeto, rey de Tesalia, cuando andaba oculto por las riberas del río Anfriso huyendo de las iras de Júpiter por haber muerto á los cíclopes. Hizo Apolo estas muertes porque los cíclopes forjaron á Júpiter el rayo con que el rey de los dioses mató á Esculapio, que era hijo de Apolo. Apolo estuvo también con Neptuno al servicio de Laomedonte, mas fué para levantar los muros de Troya.

XXXVIII. ...y estimaba á tu cocinero más digno de admiración y de afecto que á todas las muchachas de Mitilene. Esto tiene tal vez en el original cierto sentido que, en virtud del arreglo hecho por mí en el libro IV, debe desaparecer en la traducción. El sentido que se da á la frase en la traducción está perfectamente conforme con el carácter del parásito glotón y aficionado á los buenos bocados. Para la gente de esta clase, según los poetas cómicos y satíricos de la edad clásica, los cocineros, siendo buenos, eran como dioses, y la cocina era un templo. Las causas de su amistad y de su amor estaban en la cocina. Á este propósito escribió un poeta del Renacimiento el siguiente epigrama:

Vita Cœnipetas, vagos Gnathones, Nec blandos licet æstimes amicos: Illis, dum calet olla, amor calebit; Frigebunt cito, si culina friget. Non te, sed tempidum colunt cæminum: Illis fumus ubi est, ibi est amicus.

Lo cual imitó de esta suerte Francisco de la Torre:

Á los que representan vida buena En el teatro de una y otra cena Lisonjeros buscones, y testigos De la mesa, no estimes por amigos; Porque en éstos (Dios de ellos nos preserve) Mientras hierve la olla el amor hierve. Y tienen con hastío, Si helada la cocina, el pecho frío. Lo que aman no eres tú, aunque amigo seas, Sólo aman las calientes chimeneas, Y para éstos, en fin, con ardor sumo, Allí el amigo está donde está el humo.

En las cartas de Alcifrón están pintadas las costumbres de los parásitos y sus percances y disgustos: uno va á buscar cortesanas para el señor que le convida; otro es apaleado casi de diario; otro está á punto de morir de indigestión; otro se desespera porque no halla quien le convide; otro se introduce en la cocina y roba de los mejores platos para regalarse. Había también parásitos muy divertidos, decidores y discretos, cuyos chistes hacían reir y entretenían á los señores con quienes comían. En tiempo de Menandro había dos parásitos famosísimos por sus chuscadas y por su elocuencia, y se llamaban Euclides y Filoxeno. El respeto, la admiración y el amor que los parásitos profesaban á los buenos cocineros, están consignados en muchos fragmentos que de la comedia griega se conservan aún. Sobre todo esto pueden verse pormenores curiosos en el ameno y erudito libro de Guillermo Guizot, titulado Menandro ó la comedia y la sociedad griegas. Baste decir aquí que el arte de la cocina y la gastronomía eran considerados punto menos que santos. Había tratados de gastronomía que se estimaban mucho, y se cita el de Archestrato como uno de los más famosos.

XXXIX. Vaquero fué Anquises, etc. Esta parte del discurso de Gnatón está de otro modo en el original. El parásito, en el original, quiere justificarse de otras cosas con el ejemplo de los dioses.

XL. ...se desembarazó de la capa ῥίψας θοιμάτιον, dice el original; abiecto pallio, la traducción latina. La mejor traducción de esto en castellano es capa, si bien el pallium era más bien una manta ó una pieza cuadrada de tela de lana que los griegos se ponían sobre la túnica, como los romanos se ponían la toga. El ἱμάτιον, sujeto por lo común al cuello por un broche, fibula, πόρπη, tomaba diversos nombres, según el modo de llevarle puesto.

XLI. No me aborrezcas por haberte expuesto. Muy á despecho mío lo hice. Las razones meramente económicas que tuvieron los padres de Dafnis y de Cloe para exponerlos á muerte segura y horrible, pues sólo se salvan por milagro de Amor y las Ninfas, y la frescura y poca vergüenza con que confiesan su infanticidio, pues lo era, aunque frustrado, no pueden menos de sublevar los más humanos y nobles sentimientos de nuestra edad; mas, por desgracia, esta dureza antinatural de padres y madres no fué sólo entre paganos, ni está sólo consignada en historias fabulosas ó verdaderas de entonces. Las historias de épocas muy cristianas están llenas de casos parecidos y aun peores; verdad es que no era la economía, sino un infame pundonor, quien á tales horrores excitaba. Así vemos, por ejemplo, que Amadis fué arrojado al río por orden ó consentimiento de su madre Elisena, y en El Prevenido engañado, de Doña María de Zayas, una dama va á parir á un corral y deja allí abandonada á la criatura para que se la coman los cerdos. En el día, estos motivos de falsa honra no han cesado; pero los de economía vuelven á tener ó tienen mayor fuerza que nunca, si bien el infanticidio se suele hacer con anticipación tal, que apenas lo parece. Se asegura que hay países muy cultos donde estipulan los que se casan cuántos hijos han de tener. Ignoramos si tan perversa costumbre se va ya introduciendo en España. Contra ella es freno la religión. No me atrevo á decir que lo es también toda moral filosófica, cuando vemos que uno de los filósofos ó pensadores que más en moda han estado, y más han movido los espíritus de los hombres de un siglo á esta parte, J. J. Rousseau, echaba á sus hijos á la inclusa y lo confesaba cínicamente.

XLII. ...Al varón le pusieron por nombre Filopoemen y á la niña Ageles. Filopoemen vale tanto como amigo de los pastores ó de la vida pastoril, de φίλος, amigo, y ποιμήν, pastor. Ageles significa rebaño, manada, ἀγέλη.

XLIII. Las pastorales de Longo han sido anotadas y comentadas por muchos y muy sabios críticos, como Sinner, Courier, Villoison, Mitscherlich, Coray, Huet, Moll y Schaefer. De muy poco de estas notas nos hemos valido, por ser más propias de los que publican el texto original. Las nuestras son casi todas para la mejor inteligencia de la traducción, y van sólo dirigidas en su mayor parte, como ya hemos dicho en otro lugar, al vulgo de los lectores no eruditos.

Y ya que hemos hablado de los anotadores y comentadores de Longo, bueno será decir algo de los críticos que le han juzgado, poniendo aquí, para terminar estas notas, varias muestras de sus juicios.

Huet (De l’origine des romans) dice: «Su estilo es sencillo, fácil y conciso, sin obscuridad; sus expresiones están llenas de viveza y de fuego; produce con ingenio, pinta con agrado y dispone sus imágenes con destreza.» Mureto le llama «escritor suavísimo y dulcísimo.» Scalígero, «autor amenísimo, y tanto mejor cuanto más sencillo.» Villoison dice: «El habla de Longo es pura, cándida, suave, concisa y encerrada en breves períodos, y sin embargo, numerosa, sin ninguna aspereza, pues fluye más dulce que miel, ó como arroyo argentino, á quien frondosa y verde selva da sombra y frescura, y donde se ven mucha copia y variedad de flores; de suerte que no hay allí palabra, ni sentencia, ni frase que no deleite.»

Dunlop (en su History of fiction) discurre por extenso sobre nuestra novela. Extractaremos algo de su juicio. «Longo, dice, ha evitado muchas de las faltas en que sus modernos imitadores han caído, causando á este género de composición (el pastoril) no corto descrédito. Sus personajes nunca expresan conceptos de afectada galantería, ni se enredan en razonamientos abstractos, ni él ha sobrecargado su novela con aquellos frecuentes y largos episodios que en la Diana de Jorge de Montemayor y en la Astrea de D’Urfé fatigan la atención y nos causan indiferencia respecto á la acción principal. Ni nos pinta tampoco aquel estado quimérico de la sociedad, llamado siglo de oro, donde los rasgos característicos de la vida rural están borrados, sino que procura agradarnos por una imitación legítima de la naturaleza y con la descripción de las costumbres, faenas, deleites y fiestas de los campesinos... Esta pastoral está en general muy bellamente escrita. El estilo, aunque ha sido censurado por la reiteración de las mismas formas, y por mostrar en algunos pasajes al sofista que emplea juego de palabras y afectadas antítesis, debe considerarse como el dechado más puro de la lengua griega en aquel último período. Las descripciones de las escenas y ocupaciones campestres son por extremo agradables, y, si es lícito usar la expresión, hay en ellas cierta amenidad y calma, que sobre toda la novela se difunden. Ésta, á la verdad, es la principal excelencia en una obra de esta clase, pues no nos encanta el pastoreo, sino la paz y el reposo de los campos.»

No es todo elogio lo que pone Dunlop. Censura la monotonía de los amores y coloquios, y condena, sobre todo, la inmoralidad y licencia de varios pasajes.

Sobre el influjo que ha tenido ó puede haber tenido esta novela en obras de la moderna Europa, Dunlop deja en duda si Tasso se inspiró algo en ella para el Aminta; pues si bien no se publicó edición alguna de Longo en griego, hasta 1598, cuando ya Tasso había muerto, Tasso pudo leer la traducción francesa de Amyot de 1559 y la paráfrasis latina en verso de su compatriota Gambara, publicada en 1569. Dice, por último, Dunlop, que ni Montemayor en la Diana, ni D’Urfé en la Astrea imitaron á Longo. Sí le han imitado Ramsay en el Gentle Shepherd, Marmontel en Annette et Lubin, y más felizmente que todos, el alemán Gessner en sus idilios.

Villemain dice: «No se puede negar que Dafnis y Cloe ha servido de modelo á Pablo y Virginia. Á pesar de los cambios de costumbres, creencias y clima, la imitación es sensible en el lenguaje de los dos amantes; las mismas candideces apasionadas salen de la boca de Dafnis y de la de Pablo; pero la superioridad del autor francés, ó más bien de los sentimientos que le inspiran, se muestra por doquiera, y hace de su obra una de las más encantadoras producciones de los tiempos modernos. Esta superioridad no consiste sólo en una dicción más sencilla, en un gusto más conforme con lo natural y verdadero, sino que estriba, sobre todo, en la pureza moral y en la especie de pudor cristiano que reinan en Pablo y Virginia. El cuadro de Longo es voluptuoso; el del autor francés es casto y apasionado.»

Chauvin (en Les romanciers grecs et Latins) dice: «Dafnis y Cloe es una pastoral encantadora, y ocupa, con la obra de Heliodoro, el primer lugar entre las novelas griegas. La intriga es seguida, interesante y de una sencillez del todo campesina... Es un cuadro lleno de gracia y de frescura, variado por cuentos mitológicos dichosamente elegidos y bien ligados con el asunto. El carácter, el lenguaje y las costumbres de los pastores son siempre lo que deben ser, y el autor ha sabido evitar los dos escollos ordinarios de las novelas pastorales: la grosería y la cortesanía afectada. El estilo no es menos notable que el fondo; es casi siempre de una elegancia que raya en coquetería y revela el trabajo del autor. Su frase tiene cierta concisión ingeniosa, dispuesta con la más hábil simetría y construída con tal delicadeza de gusto, que hasta de la eufonía se preocupa. El autor no aventura sin intención ni una palabra, y descuella en el empleo de las más propias para que el pensamiento sea claro y fácil de comprender. Como se afana por parecer natural y emplea tanto arte para ser cándido y sencillo, exagera estas cualidades y descubre el trabajo que le cuesta tenerlas. Es lástima que el mérito de esta linda novela esté afeado por la mancha que es común á todas las novelas griegas: la obscenidad de ciertos pormenores y de las pinturas voluptuosas, que el amor del arte no puede justificar.»

Más severo Chassang con Dafnis y Cloe, conviene, no obstante, en que esta novela es la mejor de todas las antiguas, aunque después añade: «Su mérito no es la moralidad. Comparémosla con la imitación que ha hecho de ella Bernardino de Saint-Pierre en Pablo y Virginia, y veremos lo que una imaginación casta y pura ha hecho de un cuadro en el que lo voluptuoso rayaba en indecente. La fábula de Dafnis y Cloe es de gran sencillez, y ésta es calidad que se aprecia, sobre todo al considerar los mil incidentes groseramente dramáticos que se amontonan en otras novelas griegas. Aquí el espíritu se reposa en más tranquilas imágenes. ¿Por qué ha de haber aquí también raptos y piraterías? ¿Por qué la naturaleza toda se ha de desencadenar á causa del rapto de Cloe, y por qué ha de mezclarse con la narración de las aventuras de los amantes la de una guerra entre dos ciudades? En cuanto al estilo, de todo tiene menos de sencillo. Tiempo ha que el candor de la traducción de Amyot ha dejado de alucinarnos sobre la afectación del original.» En este punto el excesivo amor propio nacional creemos que engaña á Chassang, encontrando sencillez y candor en francés, y no encontrándolos en griego. Por último, añade: «El autor (Longo) era un ingenio elegante, distinguido y dotado de un vivo sentimiento de la naturaleza; pero su obra tiene los caracteres de una época de decadencia.»

Humboldt, en el Cosmos, al hablar del sentimiento de la naturaleza, y de su expresión entre las diversas razas humanas, vista la rapidez con que tiene que tratar este asunto, es grande la distinción que hace de la obra de Longo, de la que dice (edición de Stuttgart, 1847, II Band., p. 14): «En el posterior tiempo bizantino, desde el fin del siglo IV, vemos con más frecuencia pinturas de paisajes en las novelas de los prosistas griegos. Por estas pinturas se distingue la novela pastoral de Longo, en la cual, no obstante, las suaves descripciones de la vida humana son muy superiores á la expresión del sentimiento de la naturaleza.»

FIN DE LAS NOTAS

Illustration from Dafnis y Cloe; leyendas del antiguo Oriente (fragmentos)
Explore with AITake your curiosity a little further.

Reading settings