LOPE DE VEGA (continued 3)
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ACTO TERCERO
Sale el Rey y el Conde y don Enrique. Rey. El cielo sabe, Conde, cuánto estimo Las amistades de mi madre.[158] Conde. Estimo Esas razones, gran señor; que en todo Muestras valor, divino y soberano. Rey. Mi madre gravemente me ha ofendido;[159] Mas considero que mi madre ha sido.[160] Salen Sancho y Pelayo. Pelayo. Digo que puedes llegar. Sancho. Ya, Pelayo, viendo estoy A quien toda el alma doy, Que no tengo más que dar: Aquel castellano sol, Aquel piadoso Trajano, Aquel Alcides cristiano Y aquel César español. Pelayo. Yo, que no entiendo de historias,[161] De Kyries, son de marranos, Estó mirando en sus manos Más que tien rayas, vitorias. Llega y a sus pies te humilla; Besa aquella huerte mano.[162] Sancho. Emperador soberano, Invicto Rey de Castilla, Déjame besar el suelo De tus pies, que por almohada Han de tener a Granada Presto, con favor del cielo, Y por alfombra a Sevilla, Sirviéndoles de colores Las naves y varias flores De su siempre hermosa orilla. ¿Conócesme? Rey. Pienso que eres Un gallego labrador Que aquí me pidió favor. Sancho. Yo soy, señor. Rey. No te alteres. Sancho. Señor, mucho me ha pesado De volver tan atrevido A darte enojos; no ha sido Posible haberlo escusado. Pero si yo soy villano En la porfía, señor, Tú serás emperador, Tú serás César romano, Para perdonar a quien Pide a tu clemencia real Justicia. Rey. Dime tu mal, Y advierte que te oigo bien; Porque el pobre para mi Tiene cartas de favor. Sancho. La tuya, invicto señor, A Tello en Galicia dí, Para que, como era justo, Me diese mi prenda amada. Leída y no respetada, Causóle mortal disgusto; Y no sólo no volvió, Señor, la prenda que digo, Pero con nuevo castigo El porte della me dió; Que a mí y a este labrador Nos trataron de tal suerte Que fué escapar de la muerte Dicha y milagro, señor. Hice algunas diligencias Por no volver a cansarte, Pero ninguna fué parte A mover sus resistencias. Hablóle el cura, que allí Tiene mucha autoridad, Y un santo y bendito abad Que tuvo piedad de mí, Y en San Pelayo de Samos[163] Reside; pero mover Su pecho no pudo ser, Ni todos juntos bastamos. No me dejó que la viera, Que aun eso me consolara; Y así, vine a ver tu cara, Y a que justicia me hiciera La imagen de Dios, que en ella Resplandece, pues la imita. Rey. Carta de mi mano escrita... ¿Mas qué debió de rompella?[164] Sancho. Aunque por moverte a ira Dijera de sí algún sabio,[165] No quiera Dios que mi agravio Te indigne con la mentira. Leyóla y no la rompió; Mas miento, que fué rompella Leella y no hacer por ella Lo que su Rey le mandó. En una tabla su ley Escribió Dios: ¿no es quebrar La tabla el no la guardar? Así el mandato del rey. Porque para que se crea Que es infiel, se entiende así. Que lo que se rompe allí, Basta que el respeto sea. Rey. No es posible que no tengas Buena sangre, aunque te afligen Trabajos, y que de origen De nobles personas vengas, Como muestra tu buen modo De hablar y de proceder. Ahora bien, yo he de poner De una vez remedio en todo. Conde. Conde. Gran señor. Rey. Enrique. D. Enr. Señor. Rey. Yo he de ir a Galicia, Que me importa hacer justicia. Y aquesto no se publique. Conde. Señor... Rey. ¿Qué me replicáis? Poned del parque a las puertas Las postas. Conde. Pienso que abiertas Al vulgo se las dejáis. Rey. Pues ¿cómo lo han de saber, Si enfermo dicen que estoy Los de mi cámara? D. Enr. Soy De contrario parecer. Rey. Esta es ya resolución: No me repliquéis. Conde. Pues sea De aquí a dos días y vea Castilla la prevención De vuestra melancolía. Rey. Labradores. Sancho. Gran señor. Rey. Ofendido del rigor, De la violencia y porfía De don Tello, yo en persona Le tengo de castigar. Sancho. ¡Vos, señor! Sería humillar Al suelo vuestra corona. Rey. Id delante, y prevenid De vuestro suegro la casa, Sin decirle lo que pasa, Ni a hombre humano, y advertid Que esto es pena de la vida. Sancho. Pues ¿quién ha de hablar, señor? Rey. Escuchad vos, labrador: Aunque todo el mundo os pida Que digáis quién soy, decid Que un hidalgo castellano, Puesta en la boca la mano Desta manera: advertid, Porque no habéis de quitar De los labios los dos dedos. Pelayo. Señor, los tendré tan quedos, Que no osaré bostezar. Pero su merced, mirando Con piedad mi suficiencia, Me ha de dar una licencia De comer de cuando en cuando. Rey. No se entiende que has de estar Siempre la mano en la boca. Sancho. Señor, mirad que no os toca Tanto mi bajeza honrar. Enviad, que es justa ley, Para que haga justicia, Algún alcalde a Galicia. Rey. El mejor alcalde, el Rey. Vanse todos y salen Nuño y Celio. Nuño. En fin, ¿que podré verla? Celio. Podréis verla Don Tello, mi señor, licencia ha dado. Nuño. ¿Qué importa, cuando soy tan desdichado? Celio. No tenéis qué temer, que ella resiste Con gallardo valor y valentía De mujer, que es mayor cuando porfía. Nuño. Y ¿podré yo creer que honor mantiene Mujer que en su poder un hombre tiene? Celio. Pues es tanta verdad, que si quisiera Elvira que su esposo Celio fuera, Tan seguro con ella me casara Como si en vuestra casa la tuviera. Nuño. ¿Cuál decís que es la reja? Celio. Hacia esta parte De la torre se mira una ventana, Donde se ha de poner, como me ha dicho. Nuño. Parece que allí veo un blanco bulto,[166] Si bien ya con la edad lo dificulto. Celio. Llegad, que yo me voy, porque si os viere, No me vean a mí, que lo he trazado, De vuestro injusto amor importunado. Vase Celio y sale Elvira. Nuño. ¿Eres tú, mi desdichada Hija? Elvira. ¿Quién, sino yo, fuera? Nuño. Ya no pensé que te viera, No por presa y encerrada, Sino porque deshonrada Te juzgué siempre en mi idea; Y es cosa tan torpe y fea La deshonra en el honrado, Que aun a mí, que el ser te he dado, Me obliga a que no te vea. ¡Bien el honor heredado De tus pasados guardaste, Pues que tan presto quebraste Su cristal tan estimado! Quien tan mala cuenta ha dado De sí, padre no me llame; Porque hija tan infame, Y no es mucho que esto diga, Solamente a un padre obliga A que su sangre derrame. Elvira. Padre, si en desdichas tales Y en tan continuos desvelos, Los que han de dar los consuelos Vienen a aumentar los males, Los míos serán iguales A la desdicha en que estoy, Porque si tu hija soy Y el ser que tengo me has dado, Es fuerza haber heredado La nobleza que te doy. Verdad es que este tirano Ha procurado vencerme; Yo he sabido defenderme Con un valor más que humano; Y puedes estar ufano De que he de perder la vida Primero que este homicida Llegue a triunfar de mi honor, Aunque con tanto rigor Aquí me tiene escondida. Nuño. Ya del estrecho celoso, Hija, el corazón ensancho. Elvira. ¿Qué se ha hecho el pobre Sancho, Que solía ser mi esposo?[167] Nuño. Volvió a ver a aquel famoso Alfonso, rey de Castilla. Elvira. Luego ¿no ha estado en la villa? Nuño. Hoy esperándole estoy. Elvira. Y yo que le maten hoy. Nuño. Tal crueldad me maravilla. Elvira. Jura de hacerle pedazos. Nuño. Sancho se sabrá guardar. Elvira. ¡Oh, quién se pudiera echar De aquesta torre a tus brazos! Nuño. Desde aquí, con mil abrazos Te quisiera recibir. Elvira. Padre, yo me quiero ir, Que me buscan; padre, adiós. Nuño. No nos veremos los dos, Que yo me voy a morir. Vase Elvira y sale don Tello. D. Tell. ¿Qué es esto? ¿Con quién habláis? Nuño. Señor, a estas piedras digo Mi dolor, y ellas conmigo Sienten cuán mal me tratáis; Que, aunque vos las imitáis En dureza, mi desvelo Huye siempre del consuelo, Que anda a buscar mi tristeza; Y aunque es tanta su dureza Piedad les ha dado el cielo. D. Tell. Aunque más forméis, villanos, Quejas, llantos e invenciones, La causa de mis pasiones No ha de salir de mis manos. Vosotros sois los tiranos, Que no la queréis rogar Que dé a mi intento lugar; Que yo, que le adoro y quiero, ¿Cómo puede ser, si muero, Que pueda a Elvira matar? ¿Qué señora presumís Que es Elvira? ¿Es más agora De una pobre labradora? Todos del campo vivís; Mas pienso que bien decís, Mirando la sujeción Del humano corazón, Que no hay mayor señorío Que pocos años y brío, Hermosura y discreción. Nuño. Señor, vos decís muy bien. El cielo os guarde. D. Tell. Sí hará, Y a vosotros os dará El justo pago también. Nuño. ¡Que sufra el mundo que estén Sus leyes en tal lugar Que el pobre al rico ha de dar Su honor, y decir que es justo! Mas tiene por ley su gusto Y poder para matar. Vase. D. Tell. Celio. Sale Celio. Celio. Señor. D. Tell. Lleva luego. Donde te he mandado a Elvira. Celio. Señor, lo que intentas mira. D. Tell. No mira quien está ciego. Celio. Que repares bien te ruego, Que forzalla es crueldad. D. Tell. Tuviera de mí piedad, Celio, y yo no la forzara. Celio. Estimo por cosa rara Su defensa y castidad. D. Tell. No repliques a mi gusto, ¡Pesar de mi sufrimiento!, Que ya es bajo pensamiento El sufrir tanto disgusto. Tarquino tuvo por gusto[168] No esperar tan sola un hora, Y cuando vino la aurora Ya cesaban sus porfías; Pues ¿es bien que tantos días Espere a una labradora? Celio. Y ¿esperarás tú también Que te den castigo igual? Tomar ejemplo del mal No es justo, sino del bien. D. Tell. Mal o bien, hoy su desdén, Celio, ha de quedar vencido. Ya es tema, si amor ha sido; Que aunque Elvira no es Tamar,[169] A ella le ha de pesar, Y a mí vengarme su olvido. Vanse, y salen Sancho, Pelayo y Juana. Juana. Los dos seiás bien venidos. Sancho. No sé cómo lo seremos; Pero bien sucederá, Juana, si lo quiere el cielo. Pelayo. Si lo quiere el cielo, Juana, Sucederá por lo menos... Que habremos llegado a casa, Y pues que tienen sus piensos Los rocines, no es razón Que envidia tengamos dellos. Juana. ¿Ya nos vienes a matar? Sancho. ¿Dónde está señor? Juana. Yo creo Que es ido a hablar con Elvira. Sancho. Pues ¿déjala hablar don Tello? Juana. Allá por una ventana De una torre, dijo Celio. Sancho. ¿En torre está todavía? Pelayo. No importa, que vendrá presto Quien le haga... Sancho. Advierte, Pelayo... Pelayo. Olvidéme de los dedos. Juana. Nuño viene. Sale Nuño. Sancho. ¡Señor mío! Nuño. Hijo, ¿cómo vienes? Sancho. Vengo Más contento a tu servicio. Nuño. ¿De qué vienes más contento? Sancho. Traigo un gran pesquisidor. Pelayo. Un pesquisidor traemos Que tiene... Sancho. Advierte, Pelayo... Pelayo. Olvidéme de los dedos. Nuño. ¿Viene gran gente con él? Sancho. Dos hombres. Nuño. Pues yo te ruego, Hijo, que no intentes nada, Que será vano tu intento; Que un poderoso en su tierra, Con armas, gente y dinero, O ha de torcer la justicia, O alguna noche, durmiendo, Matarnos en nuestra casa. Pelayo. ¿Matar? ¡Oh, qué bueno es eso! ¿Nunca habéis jugado al triunfo? Haced cuenta que don Tello Ha metido la malilla; Pues la espadilla traemos.[170] Sancho. Pelayo, ¿tenéis juicio? Pelayo. Olvidéme de los dedos. Sancho. Lo que habéis de hacer, señor, Es prevenir aposento, Porque es hombre muy honrado. Pelayo. Y tan honrado, que puedo Decir... Sancho. ¡Vive Dios, villano! Pelayo. Olvidéme de los dedos. Que no habraré más palabra. Nuño. Hijo, descansa; que pienso Que te ha de costar la vida Tu amoroso pensamiento. Sancho. Antes voy a ver la torre Donde mi Elvira se ha puesto; Que, como el sol deja sombra, Podrá ser que de su cuerpo Haya quedado en la reja; Y si, como el sol traspuesto, No la ha dejado, yo sé Que podrá formarla luego Mi propia imaginación. Vanse. Nuño. ¡Qué estraño amor! Juana. Yo no creo Que se haya visto en el mundo. Nuño. Ven acá, Pelayo. Pelayo. Tengo Qué decir a la cocina. Nuño. Ven acá, pues. Pelayo. Luego vuelvo. Nuño. Ven acá. Pelayo. ¿Qué es lo que quiere? Nuño. ¿Quién es este caballero Pesquisidor que trae Sancho? Pelayo. El pecador que traemos Es un... ¡Dios me tenga en buenas! Es un hombre de buen seso, Descolorido, encendido; Alto, pequeño de cuerpo; La boca, por donde come; Barbirrubio y barbinegro; Y si no lo miré mal, Es médico o quiere serlo, Porque, en mandando que sangren, Aunque sea del pescuezo... Nuño. ¿Hay bestia como éste, Juana? Sale Brito. Brito. Señor Nuño, corre presto, Porque a la puerta de casa Se apean tres caballeros De tres hermosos caballos, Con lindos vestidos nuevos, Botas, espuelas y plumas. Nuño. ¡Válgame Dios, si son ellos! Mas ¡pesquisidor con plumas! Pelayo. Señor, vendrán más ligeros; Porque la recta justicia, Cuando no atiende a cohechos, Tan presto al concejo vuelve, Como sale del concejo. Nuño. ¿Quién le ha enseñado a la bestia Esas malicias? Pelayo. ¿No vengo De la corte? ¿Qué se espanta? Vanse Brito y Juana, y salen el Rey y los caballeros de camino y Sancho. Sancho. Puesto que os vi desde lejos, Os conocí. Rey. Cuenta, Sancho, Que aquí no han de conocernos. Nuño. Seáis, señor, bien venido. Rey. ¿Quién sois? Sancho. Es Nuño, mi suegro. Rey. Estéis en buen hora, Nuño. Nuño. Mil veces los pies os beso. Rey. Avisad los labradores Que no digan a don Tello Que viene pesquisidor. Nuño. Cerrados pienso tenerlos Para que ninguno salga. Pero señor, tengo miedo Que traigáis dos hombres solos; Que no hay en todo este reino Más poderoso señor, Más rico ni más soberbio. Rey. Nuño, la vara del rey Hace el oficio del trueno, Que avisa que viene el rayo; Solo, como veis, pretendo Hacer por el rey justicia. Nuño. En vuestra presencia veo Tan magnánimo valor, Que, siendo agraviado, tiemblo. Rey. La información quiero hacer. Nuño. Descansad, señor, primero; Que tiempo os sobra de hacella. Rey. Nunca a mí me sobra tiempo. ¿Llegastes bueno, Pelayo? Pelayo. Sí, señor, llegué muy bueno. Sepa Vuesa Señoría... Rey. ¿Qué os dije? Pelayo. Póngome el freno. ¿Viene bueno su merced? Rey. Gracias a Dios, bueno vengo. Pelayo. A fe que he de presentalle,[171] Si salimos con el pleito, Un puerco de su tamaño. Sancho. ¡Calla, bestia! Pelayo. Pues ¿qué? ¿Un puerco Como yo, que soy chiquito? Rey. Llamad esa gente presto. Sale Brito, Fileno, Juana y Leonor. Brito. ¿Qué es, señor, lo que mandáis? Nuño. Si de los valles y cerros Han de venir los zagales, Esperaréis mucho tiempo. Rey. Estos bastan que hay aquí. ¿Quién sois vos? Brito. Yo, señor, bueno, So Brito, un zagal del campo.[172] Pelayo. De casado le cogieron El principio, y ya es cabrito.[173] Rey. ¿Qué sabéis vos de don Tello Y del suceso de Elvira? Brito. La noche del casamiento La llevaron unos hombres Que aquestas puertas rompieron. Rey. Y vos, ¿quién sois? Juana. Señor, Juana, Su criada, que sirviendo Estaba a Elvira, a quien ya Sin honra y sin vida veo. Rey. Y ¿quién es aquel buen hombre? Pelayo. Señor, Fileno el gaitero; Toca de noche a las brujas Que andan por esos barbechos, Y una noche le llevaron, De donde trujo el asiento Como ruedas de salmón. Rey. Diga lo que sabe desto. Fileno. Señor, yo vine a tañer, Y vi que mandó don Tello Que no entrara el señor cura. El matrimonio deshecho, Se llevó a su casa a Elvira, Donde su padre y sus deudos La han visto. Rey. ¿Y vos, labradora? Pelayo. Esta es Antona de Cueto, Hija de Pero Miguel De Cueto, de quien fué agüelo Nuño de Cueto, y su tío Martín Cueto, morganero Del lugar, gente muy nobre; Tuvo dos tías que fueron Brujas, pero ha muchos años, Y tuvo un sobrino tuerto, El primero que sembró Nabos en Galicia. Rey. Bueno Está aquesto por ahora. Caballeros, descansemos, Para que a la tarde vamos A visitar a don Tello. Conde. Con menos información Pudieras tener por cierto Que no te ha engañado Sancho, Porque la inocencia déstos Es la prueba más bastante. Rey. Haced traer de secreto Un clérigo y un verdugo. Vase el Rey y los caballeros. Nuño. Sancho. Sancho. Señor. Nuño. Yo no entiendo Este modo de juez: Sin cabeza de proceso Pide clérigo y verdugo. Sancho. Nuño, yo no sé su intento. Nuño. Con un escuadrón armado Aun no pudiera prenderlo, Cuanto más con dos personas. Sancho. Démosle a comer, que luego Se sabrá si puede o no. Nuño. ¿Comerán juntos? Sancho. Yo creo Que el juez comerá solo, Y después comerán ellos. Nuño. Escribano y alguacil Deben de ser. Sancho. Eso pienso. Vase. Nuño. Juana. Juana. Señor. Nuño. Adereza Ropa limpia, y al momento Matarás cuatro gallinas Y asarás un buen torrezno. Y pues estaba pelado, Pon aquel pavillo nuevo A que se ase también, Mientras que baja Fileno A la bodega por vino. Pelayo. ¡Voto al sol, Nuño, que tengo De comer hoy con el juez! Vase. Pelayo. Sólo es desdicha en los reyes Comer solos, y por eso Tienen siempre alrededor Los bufones y los perros. Vase. Sale Elvira, huyendo de don Tello, y Feliciana, deteniéndole. Sale por una parte y entra por otra. Elvira. ¡Favor, cielo soberano, Pues en la tierra no espero Remedio! Vase. D. Tell. ¡Matarla quiero! Felic. ¡Detén la furiosa mano! D. Tell. ¡Mira que te he de perder El respeto, Feliciana! Felic. Merezca, por ser tu hermana, Lo que no por ser mujer. D. Tell. ¡Pese a la loca villana! ¡Que por un villano amor No respete a su señor, De puro soberbia y vana! Pues no se canse en pensar Que se podrá resistir; Que la tengo de rendir O la tengo de matar. Vase y sale Celio. Celio. No sé si es vano temor, Señora, el que me ha engañado; A Nuño he visto en cuidado De huéspedes de valor. Sancho ha venido a la villa, Todos andan con recato; Con algún fingido trato[174] Le han despachado en Castilla. No los he visto jamás Andar con tanto secreto. Felic. No fuiste, Celio, discreto, Si en esa sospecha estás, Que ocasión no te faltara Para entrar y ver lo que es. Celio. Temí que Nuño después De verme entrar se enojara, Que a todos nos quiere mal. Felic. Quiero avisar a mi hermano, Porque tiene este villano Bravo ingenio y natural. Tú, Celio, quédate aquí Para ver si alguno viene. [Vase Feliciana.] Celio. Siempre la conciencia tiene Este temor contra sí; Demás que tanta crueldad Al cielo pide castigo. Salen el Rey, caballeros y Sancho. Rey. Entrad y haced lo que digo. Celio. ¿Qué gente es ésta? Rey. Llamad. Sancho. Este, señor, es criado De don Tello. Rey. ¡Ah, hidalgo! Oíd. Celio. ¿Qué me queréis? Rey. Advertid A don Tello que he llegado De Castilla y quiero hablalle. Celio. Y ¿quién diré que sois? Rey. Yo. Celio. ¿No tenéis más nombre? Rey. No. Celio. ¿Yo no más, y con buen talle? Puesto me habéis en cuidado. Yo voy a decir que Yo Está a la puerta. Vase. Enr. Ya entró. Conde. Temo que responda airado, Y era mejor declararte. Rey. No era, porque su miedo Le dirá que sólo puedo Llamarme Yo en esta parte. Sale Celio. Celio. A don Tello, mi señor, Dije cómo Yo os llamáis, Y me dice que os volváis, Que él solo es Yo por rigor; Que quien dijo Yo por ley Justa del cielo y del suelo, Es sólo Dios en el cielo, Y en el suelo sólo el Rey. Rey. Pues un alcalde decid De su casa y corte. Celio. Túrbase. Iré. Y ese nombre le diré. Rey. En lo que os digo advertid. Vase [Celio]. Conde. Parece que el escudero Se ha turbado. Enr. El nombre ha sido La causa. Sancho. Nuño ha venido; Licencia, señor, espero Para que llegue, si es gusto Vuestro. Rey. Llegue, porque sea En todo lo que desea Parte, de lo que es tan justo, Como del pesar lo ha sido. Sancho. Llegad, Nuño, y desde afuera Mirad. Sale Nuño y todos los villanos. Nuño. Sólo ver me altera La casa deste atrevido. Estad todos con silencio. Juana. Habla Pelayo, que es loco. Pelayo. Vosotros veréis cuán poco De un mármol me diferencio. Nuño. ¡Que con dos hombres no más Viniese! ¡Estraño valor! Sale Feliciana, deteniendo a don Tello, y los criados. Felic. Mira lo que haces, señor. Tente, hermano, ¿dónde vas? D. Tell. ¿Sois por dicha, hidalgo, vos El alcalde de Castilla Que me busca? Rey. ¿Es maravilla? D. Tell. Y no pequeña, ¡por Dios!, Si sabéis quién soy aquí. Rey. Pues ¿qué diferencia tiene Del Rey, quien en nombre viene Suyo? D. Tell. Mucha contra mí. Y vos, ¿adónde traéis La vara? Rey. En la vaina está, De donde presto saldrá, Y lo que pasa veréis. D. Tell. ¿Vara en la vaina? ¡Oh, qué bien! No debéis de conocerme. Si el Rey no viene a prenderme, No hay en todo el mundo quién. Rey. ¡Pues yo soy el Rey, villano! Pelayo. ¡Santo Domingo de Silos! D. Tell. Pues, señor, ¿tales estilos Tiene el poder castellano? ¿Vos mismo? ¿Vos en persona? Que me perdonéis os ruego. Rey. Quitadle las armas luego. Villano, ¡por mi corona, Que os he de hacer respetar Las cartas del Rey! Felic. Señor, Que cese tanto rigor Os ruego. Rey. No hay que rogar. Venga luego la mujer Deste pobre labrador. D. Tell. No fué su mujer, señor. Rey. Basta que lo quiso ser. Y ¿no está su padre aquí, Que ante mí se ha querellado? D. Tell. Mi justa muerte ha llegado. A Dios y al Rey ofendí. Sale Elvira, sueltos los cabellos. Elvira. Luego que tu nombre Oyeron mis quejas, Castellano Alfonso, Que a España gobiernas, Salí de la cárcel Donde estaba presa, A pedir justicia A tu Real clemencia. Hija soy de Nuño De Aibar, cuyas prendas Son bien conocidas Por toda esta tierra. Amor me tenía Sancho de Roelas; Súpolo mi padre, Casarnos intenta. Sancho, que servía A Tello de Neira, Para hacer la boda Le pidió licencia; Vino con su hermana, Los padrinos eran; Vióme y codicióme, La traición concierta. Difiere la boda, Y viene a mi puerta Con hombres armados Y máscaras negras. Llevóme a su casa, Donde con promesas Derribar pretende Mi casta firmeza; Y desde su casa A un bosque me lleva, Cerca de una quinta, Un cuarto de legua; Allí, donde sólo La arboleda espesa, Que al sol no dejaba Que testigo fuera, Escuchar podía Mis tristes endechas. Digan mis cabellos, Pues saben las yerbas Que dejé en sus hojas Infinitas hebras, Qué defensas hice Contra sus ofensas; Y mis ojos digan Qué lágrimas tiernas, Que a un duro peñasco Ablanda pudieran. Viviré llorando, Pues no es bien que tenga Contento ni gusto Quien sin honra queda. Sólo soy dichosa En que pedir pueda Al mejor alcalde Que gobierna y reina, Justicia y piedad De maldad tan fiera. Esta pido, Alfonso, A tus pies, que besan Mis humildes labios, Ansí libres vean Descendientes tuyos Las partes sujetas De los fieros moros Con felice guerra: Que si no te alaba Mi turbada lengua, Famas hay y historias Que la harán eterna. Rey. Pésame de llegar tarde: Llegar a tiempo quisiera, Que pudiera remediar De Sancho y Nuño las quejas; Pero puedo hacer justicia Cortándole la cabeza A Tello: venga el verdugo. Felic. Señor, tu Real clemencia Tenga piedad de mi hermano. Rey. Cuando esta causa no hubiera, El desprecio de mi carta, Mi firma, mi propia letra, ¿No era bastante delito? Hoy veré yo tu soberbia, Don Tello, puesta a mis pies. D. Tell. Cuando hubiera mayor pena, Invictísimo señor, Que la muerte que me espera, Confieso que la merezco. D. Enr. Si puedo en presencia vuestra...[175] Conde. Señor, muévaos a piedad Que os crié en aquesta tierra. Felic. Señor, el conde don Pedro De vos por merced merezca La vida de Tello. Rey. El Conde Merece que yo le tenga Por padre; pero también Es justo que el Conde advierta Que ha de estar a mi justicia Obligado de manera Que no me ha de replicar. Conde. Pues la piedad, ¿es bajeza? Rey. Cuando pierde de su punto La justicia, no se acierta En admitir la piedad: Divinas y humanas letras Dan ejemplos. Es traidor Todo hombre que no respeta A su rey, y que habla mal De su persona en ausencia. Da, Tello, a Elvira la mano, Para que pagues la ofensa Con ser su esposo; y después Que te corten la cabeza, Podrá casarse con Sancho, Con la mitad de tu hacienda En dote. Y vos, Feliciana, Seréis dama de la Reina, En tanto que os doy marido Conforme a vuestra nobleza. Nuño. Temblando estoy. Pelayo. ¡Bravo rey! Sancho. Y aquí acaba la comedia Del mejor alcalde, historia Que afirma por verdadera La corónica de España: La cuarta parte la cuenta.[176]
fin de la famosa comedia EL MEJOR ALCALDE EL REY
SE ACABÓ DE IMPRIMIR EN LA TIPOGRAFÍA DE "LA LECTURA" EL DÍA XV DE MAYO DEL AÑO MCMXX