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Colección de Documentos Inéditos Relativos al Descubrimiento, Conquista y Organización de las Antiguas Posesiones Españolas de Ultramar. Tomo 3, De Las Islas Filipinas, II

39. (continued 2)

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El dia de los Reyes en la noche llegó á Zebu Simaquio Principal que por mandado del Governador havia ido á Panay á comprar arroz, é luego que supo su venida embió el Gobernador allá á saber como venia, y embió á decir que venia bueno de salud, y quese havia adelantado en una canoa pequeña de la compañia, y que otro dia por la mañana vernia á dar cuenta de lo sucedido, y lo que traia: otro dia vino Simaquio con Tupas á ver al Governador y le dixo como no havia podido venir antes con tiempos contrarios, y que des que salió de Panay havia tardado en el viage tres meses, é se havia perdido un Parao de arroz que traia para el Governador, y no escapó mas que el casco é la gente, y que los havia mandado volber á Panay para que tornasen á cargar de arroz, é por esta causa era poco el arroz que traia: preguntado qué tanta cantidad traia para darle? dixo, que doce cestos que prometió de traer, no le traia ni podia dar al presente mas de quatro, que venido el otro Parao que havia vuelto atrás le daria la resta: el Governador disimuló con él, é le mandó que viniesen todos los Paraos que traia en su compañia para que le diese lo que pidiese, y que visto lo que traian los Paraos el holgava de que les quedase arroz para los Indios de Zebu, por la necesidad de hambre que savia que padecian, y que seto[17] á su contento dellos, aunque se entendió que era cautela é mentira lo que de la perdida del Parao del arroz, y que lo hacian por quedarse con él. Simaquio quando paresció con el Governador se concertó de que traeria é daria al Governador doze cestos de arroz, que cada cesto hacia veinte hanegas largas, y tantas le pagó conforme á lo que entre ellos se concertaron, é dexó el cesto hecho y medido y señalado para que quedase por medida, y dixo, que en quatro ó cinco Paraos traeria todo aquel arroz. Otro dia siguiente llegaron al Puerto siete Paraos los quatro dellos decian ser de Simaquio, y tres de los Indios de Panay, y que venian en su compañia, é surgieron junto á las Naos, y los de Panay salieron á ver al Governador, el qual le rescivió bien con palabras y muestras de todo contento: venidos los Principales de Zebu, Tupas rogó al Governador, diciendo, que un Parao de los quatro que traia Simaquio era suyo, y venia para él, que le rogava se le dexase sin tomar nada de él; el Governador le dixo, que bien savia y le era notorio, que Simaquio por su mandado y ruego havia ido por aquel arroz á Panae, y él le habia dado oro con que lo comprase, y concertadose con él de le traer doze cestos, y que se lo pagó á su contento, y que siendo esto asi como era verdad, justo era que se cumpliese con él primero, y lo que sobrara para los Indios havia de ser, y que no obstante esto, que viesen ellos lo que era justo y querian que se hiciese, por que el los tenia como hijos, y por la necesidad que savia que tenian holgaria de partir con ellos, de manera que los unos y los otros se remediasen: El Simaquio dixo, que daria al Governador cinco cestos, é que traia uno de aquellos Paraos suyo, y rogó que lo demas le dexasen para repartir á los Indios de Zebu que morian de hambre, y que él iria otra vez por más arroz y pagaria la resta al Governador; el qual visto la necesidad de los naturales, concedió en ello, é les dixo que se hiciese como ellos quisiesen que tambien havia de procurar su bien de ellos como el de los Españoles; é comenzando á entregar el arroz é hinchendo la mitad del primer cesto, Simaquio, que era muy grande, y que él se havia engañado por que le havia costado mas en Panay y que si lo quisiese que perderia dineros de su casa, y ansi quitó de la medida mas de dos hanegas, y dió cinco medidas no llenas que ternian noventa hanegas poco mas ó menos, y los otros tres Paraos se llevaron cargados sin que se tocase en ellos, con que los Principales y todos fueron muy contentos, y se remedió la hambre de los de Zebú, y aun algunos dellos lo vendian muy caro á los soldados.

El Governador hizo paz é amistad con los de Panay que vinieron en los otros tres Paraos, y trató de comprarles el arroz que traian y concertado en el precio con ellos á su voluntad, les dixo, que se lo queria tomar todo é pagárselo junto, porque no se detuviesen ni tardasen en venderlo poco á poco: ellos dixeron, que ansi lo querian, pero la paga havia de ser en oro, y no en otra cosa, y el Governador les prometió que ansi seria, y comenzaron á entregar y medir y dieron casi otras noventa hanegas, y dixeron, que no podian dar mas, porque lo havian menester para su comida, y porque algunos dellos eran casados en Zebú y tenian deudos con quien repartir y á quien dar, y tambien para comprar algunas menudencias para llevar á su tierra, aunque entendió el Governador que lo dexaban de dar por inducimiento de los de Zebu: les dixo, que fuese como ellos quisiesen, é ansi no dieron mas, é se pasaron al pueblo de los Indios á Zebu, donde vendieron lo que les quedava á precios mas subidos: el Governador les pagó lo que le dieron muy á su contento, y los despidió, y fueron muy contentos, y quedaron vernian otra vez con mas arroz y comida.

En este medio tiempo unos Indios de la Provincia de Baibay, que es en la contracosta de Buyo y Cabalian, dos jornadas poco mas ó menos de esta Isla, donde decian que se havian acogido los de Matan y Gavi, con su favor y consejo dieron ciertos saltos y entradas en esta Isla, y llegó á tanto su desverguenza que vinieron á robar hasta junto al Real al Pueblo de Mandam que está una legua del Real y son amigos de los Españoles, cautivaron y llevaron mas de treinta personas, é los de Mandam avisaron dello al Governador, y le dixeron, que los de Baybay decian y publicavan que havian de venir á quemar el Real de los Españoles, y les persuadieron que les hiciese guerra. El Governador embió á dos Principales de Zebu á Baybay á rrogarles y rrequerirles que soltasen á los que havian prendido de Mandam, que haciendolo los ternia por amigos, donde no que supiesen que havia de volber por ellos que eran sus amigos, y procurar su libertad y satisfaccion, y hacerles guerra sobre ello, y de este mensaje dicen mofaron mucho los Baybayanes, y no solo no quisieron hacer lo que se les pedia y requeria, pero que tornaron con mayor poder á Mandam é robaron lo que pudieron é mataron ocho ó diez personas, y prendieron á un Principal que se dice Tabduc, y lo llevaron preso y los demás naturales de Mandam se huyeron la tierra adentro á la sierra, y despoblaron del todo su pueblo; é vista esta desverguenza, el Governador con parescer de los Religiosos, y de los Capitanes, e otras personas del campo, determinaron de procurar la livertad de los de Mandam que eran vasallos de S. M. amigos nuestros, y que sino lo diesen por bien de paz, se les hiciese guerra á los de Baybay é fuesen castigados conforme á sus delitos, y descodimientos, y lo cometió al Maese de Campo que fuese á ello con la gente que menester fuese y le pareciese, aunque esta ida allá se difirió y dilató algunos dias á ruego de los de Zebu que rogaron al Governador, que no fuese tan presto, diciendo, que havia muchos Paraos é mucha gente suya en la costa de Baybay, ansi de los que fueron por mandado del Governador á buscar arroz y comida, como de otros que havian venido á contratar por allá, y que si los Españoles fuesen, los matarian á todos, que le rogava se sobreseyese la ida hasta que su gente volbiese, y por esta causa se dexó la ida por algunos dias.

Como la ida de Baybay se dilatava, el Governador despachó al Maese de Campo, y al Capitan Martin de Goyti á la costa de esta Isla ácia el Poniente á los pueblos que el Capitan Martin de Goyti havia recivido de paz en otro viaje, para que los asegurase é fuesen asido que siendo nuestros amigos no se les haria daño, antes los favoreceriamos, y que si pudiesen traer de paz otros pueblos de aquella costa y comarca lo hiciesen y procurasen, é ydos allá salieron de paz los pueblos que tenian cedulas del Capitan Martin de Goyti, mostrando las cedulas, y mostrando ser vasallos de S. M. é ansi ellos como otros quinze ó diez y seis pueblos de aquella costa vinieron de paz y se ofrecieron por vasallos de S. M. y algunos dellos dieron millo é arroz, lo que tenian de comida; dieron unas orejeras de poco peso que por todas fueron veinte y una orejeras, y este fué el primer oro que dieron en estas Islas para S. M. El Maese de Campo los rescivió de paz á todos y los dexó quietos y sosegados, dandoles cedulas de amistad é seguro, y sino se las dan á todos no se contentan, y con todo volbió al campo y se tuvo por buen principio, que no saben que cosa es dar tributo, porque nunca lo hicieron ni lo han visto hacer, ni tienen sujeccion á nadie, sino que cada uno hace cabeza de su juego, y ansi los mas de los pueblos son pequeños de á quince, y veinte, é treinta casas, y de menos, y de mas; pero por la mayor parte cada Principal, sus hijos, deudos, y esclavos están por si, sin tener cuenta ni respeto á otro ninguno, antes unos á otros se hacen mala vecindad, y se roban y toman todo lo que pueden, que es gente, que ofreciendoseles ocasion hacen á toda ropa, aunque sea de sus padres propios, y ansi lo dixeron y dieron á entender en este viaje al Maestre de Campo, diciéndole que mas mal havian recivido y recivian de sus propios vecinos que no de los Españoles aunque les hiciesen guerra, porque como se metian la tierra adentro huyendo de los Españoles, dexavan sus haciendas enterradas, que sus mismos vecinos se las sacavan y rovaban unos á otros, y se veia por esperiencia esto en Mandam, que el dia que los naturales dél desmanpararon el pueblo por miedo de los de Baybay, los de Zebu ivan á rovar y ranchear todo lo que podian haver, con ser los de Mandam sus amigos y deudos muy cercanos no les dexavan estar en pared, hasta las redes y cañizos que tenian de pescar se los traian, aunque el Governador se lo reñia y afeava no lo dexavan de hacer, que su propia naturaleza y costumbre es hurtar y robarse unos á otros lo que pueden y tienen por grangeria principal entre ellos de tomar y hurtar todo lo que pueden y tienen todas las veces que se ofrece ocasion, sin tener respeto de cuyo es, aunque sea de su propio hermano, que en esto no se ahorran en cosa ninguna.

Vuelto que fué el Maese de Campo de la jornada arriva dicha se despachó y partió para Baybay como estava acordado, é fué con él por guia Simaquio Principal de Zebu, y no hizo provecho su ida, por que los llevó y guió al Pueblo de Caramucua, é no á el de Labazan que era el mayor y mas principal donde havian estado presos los de Mandam, y no halló cosa ninguna en Caramucua mas de las casas despobladas sin comida ni otra cosa alguna aunque entró por la tierra adentro, y no pudo haver gente ni Indio alguno, é de allí dió la vuelta al pueblo de Calabazan, donde asimismo estavan alzados é huydos, que paresció fueron avisados: salieron á los Españoles tres ó quatro Indios diciendo ser naturales de Zebu, y les dixeron que ellos irian á llamar á los naturales Principales, y los traerian de paz, que les esperasen dos dias sin que los Españoles saltasen en tierra ni hiciesen daño, y el Maese de Campo se lo prometió y les aguardó dos dias y nunca vinieron, y se entendió haver sido cautela, y ansi determinó de entrar la tierra adentro, y Simaquio y los de Zebu que ivan con él no quisieron ir con los Españoles, diciendo ser sus amigos, por donde se vió claramente ser todos á una, y que no pretendian sino engañarnos. Entraron los Españoles por la tierra adentro tres ó quatro leguas, donde halló algunos pueblos sin gente ni comida, sino alzado, escepto algunos puercos que mataron para comer; y en un pueblo de aquellos mataron un Grumete estando en un rio desnudo para querer nadar, y le atravesaron por el costado una lanza arrojadiza desde el alcabuco, sin ver quien lo hiciese: el Maese de Campo hizo poner fuego á las casas y quemó aquel pueblo y otros de la comarca, y á dos ó tres Indios que prendió en unas emboscadas que les puso, los ahorcó, é con esto se partió de allí, é por no haver hallado comida ninguna determinó costear la costa, y ansi la fué corriendo hasta el pueblo de Sugud, sin hallar comida sino fué un Parao que tomó en la mar cargado de camotes con que se sustentó la gente que llevaba, y desde Sugud pasó á Cabalian creyendo hallar comida, pues eran amigos, é tambien los halló alzados é huydos: é ansi se volbió sin traer nada, sino fué un poco de arroz que halló en Sugud de vuelta, con que tuvo que comer la gente que traia. En esta costa de Baybay á la ida el Capitan Martin de Goyti topó un Junco de Luzon que venia de Butuan é iva á su tierra, y á lo que se entendió llevaba harto oro, y lo llevó donde estava el Maese de Campo sin les tomar cosa alguna, y sin les hacer daño, é allí dixeron ser naturales de Luzon, y que eran amigos de los Españoles que venian con intento de pasar por Zebu á ver al Governador, y que ansi lo harian, aunque no lo cumplieron. Aunque no lo hicieron despues, ni vinieron á Zebú, el Maese de Campo por cumplir lo que el Governador le havia mandado de que no hiciese daño á ningun extrangero los dexó ir libres sin los tocar en cosa alguna: de esta ida de Baybay se siguió solo un efecto, que fué, que muchos naturales de Zebu y de toda esta comarca que havian dexado su tierra por no venir á nuestra amistad, y se havian acogido á aquella Provincia, como vieron que tampoco estavan seguros allí, muchos dellos procuraron volber á sus tierras, é algunos dellos vinieron al Governador á pedirle perdon é licencia para volber á sus casas é pueblos, la qual se les dió liberalmente, ecepto los de Matam y Gavi, que nunca han querido paz, ni venir á nuestra amistad, é se quedaron por allá, y malsinavan y persuadian todo lo posible para que no hiciesen paz ni tuviesen amistad con nosotros, por que nos persiguiesen, y casi todos generalmente amigos y enemigos eran á una en procurar de echarnos de aqui por hambre á ello, lo qual se vió claramente, por que los de Zebú y los otros pueblos de su comarca que estavan de paz no sembraron ni hicieron sementeras en sus tierras, é vinieron á tener ellos hambre por ponerla á los Españoles, y todos los que fueron á comprar arroz y comida con sus dineros, que les dieron para ello, como arriva queda dicho, faltaron, que ninguno traxo recaudo, que no lo hallavan á comprar, é con otras mentiras é cautelas, que sino fué los cinco cestos que dió Simaquio, y otra alguna cantidad que se halló en los Paraos que volbieron dellos, no se pudo otra cosa sacar, y se vino á entender, que los tres Paraos que traxo Simaquio, diciendo ser de Panay, fué cautela y mentira, sino que todos los siete Paraos que traxo eran del mismo Simaquio, y el arroz era del oro é dineros que el Governador dió para ello, y por quedarse con ello y venderselo como lo vendió, dixo, ser de Panay; y con todo disimuló con él sin decirle que havia fecho, ni darle á entender que se havia entendido su bellaqueria, porque el Governador siempre procuró de no quebrar con los de Zebú por ninguna via, sino conservarlos en su amistad, y ansi procuró de regalarlos y hacerles muchas buenas obras, como se las hizo, sin parar en las cautelas y mentiras que con él tratavan; y verdaderamente segun las astucias y maldades de los naturales, si Dios misericordiosamente no los proveyera, se vieran en mayores travajos y necesidades de las que se vieron, y ansi dos ó tres veces estando en harta necesidad y travajo, sin saber por donde, ni cómo, llegaron al campo ciertos Paraos de mercaderes Moros de Luzon cargados de arroz, con que se remedió y tuvo que comer el campo, á los quales el Governador hacia muy bien acogimiento, é se lo pagava á su contento, y de esta manera se sustentó el campo, que si hovieran de sustentarse haciendo guerra á los naturales, se tiene por cierto se perdieran ó perecieran, á lo menos tuvieran muy mayores travajos de los que tuvieron.

El Governador por el cuydado que tenia de que no faltase bastimento al campo, y teniendo noticia que en Butuan havia abundancia dellos, especialmente de sagu, que es una harina de palmas de que hacen pan, determinó embiar allá al Maestro de Campo en la Nao San Juan, y ansi le despachó en fin del mes de Abril de mil y quinientos é sesenta y seis, con cantidad de rescates para comprar los dichos bastimentos, con instrucción de lo que havia de hacer en el viaje con quarenta dias de termino: llevó setenta hombres, entre ellos al Factor de S. M. y al Capitan Juan de la Isla, y al Sargento mayor que llevaba una Fragata, y como pasados los quarenta dias, ni á los cincuenta no volbió, ni se tuvo nueva dél, el Governador envió en su busca una Fragata, la qual fué á Butuan; no hallando allí al Maestre de Campo, ni en toda aquella costa, se volbió sin nueva cierta, mas de que en Butuan le dixeron como llegó allí, y por no haber hallado bastimentos se havia pasado ácia la Isla que dicen de los Negros, y como muchos dias despues no se supiese nueva dél, el Governador estava con gran pena y cuydado de su tardanza, é todo el campo estava triste de ver al Governador tan penado, y en este tiempo determinó de imbiar al Capitan Martin de Goyti con sesenta hombres ácia la Isla de los Negros á buscar comida y que de camino procurase nuevas del Maestre de Campo; y estando él allá la Vispera de San Juan llegó al Real Luis de la Haya, Sargento mayor, en la Fragata que le embió el Maestre de Campo de la Isla de Panay, é truxo cartas suyas, en que avisava al Governador, dándole cuenta de como havia corrido la costa de Botuan, y la Isla de los Negros, y otras Islas, sin poder hallar comida hasta que llegó al pueblo de Arant, que es en la misma Isla de Panay, de donde se despachó la Fragata, y que allí havia recogido arroz y tenia recogidas mas de trescientas hanegas, y que de allí pasaria á Panae, y con todo lo mas que pudiese recogido daria la buelta con la brebedad posible, y que por no venir sin comida ninguna y vacio, no havia buelto en el termino que el Governador le havia dado; con esta nueva se alegró y regocijó todo el campo en extremo, y dende ha pocos dias volbió el Capitan Martin de Goyti, sin traer bastimentos por no los haber hallado.

Teniendo el Governador noticia que á la sazon era la cosecha del arroz en la costa de Cabalian y Abuyo, determinó de imbiar al Capitan Martin de Goyti allá, y le despachó con el Batel y Fragatas y sesenta personas, y el Governador se quedó con harta poca gente en el campo, y entre los poquitos no faltaron hombres malos y de malas intenciones, y de las maldades que travaban, fué Dios servido descubrir un Motin que tratavan y concertavan para irse al Maluco á los Portugueses, y fué, que un soldado llamado Juan Nuñez de Carrion, á quien el Governador havia favorecido y le havia librado estando condenado á muerte por el Maestre de Campo por cierto delito, y echole de la compañia de sus gentiles hombres, y que de su casa le mandava dar todo lo necesario, y que aunque fué uno de los culpados en el Motin pasado del Pablos Hernandez le havia tornado á su familiaridad y compañia, con todo esto tratava de pasarse á los Portugueses al Maluco diciendo que aquí padescian muchos travajos, y que allá les harian mucha cortesia y para esto rogó y persuadió á algunos soldados que el entendia que estaban mas descontentos y desabridos, y les rogó que se fuesen, que él tenia muy buen aparejo para ello, porque tenia un Parao quatro leguas de aquí muy bien aderezado, que no le faltava mas que embarcarse, y tenia diez soldados arcabuzeros los mejores del campo que ivan con él, y que llevaba lengua é interprete, y que de camino irian por Butuan y tomarian un Piloto que los llevase al Maluco, é robarian lo que pudiesen de camino, é que de esta manera saldrian de la miseria que acá pasavan, y se irian ricos, y que no faltava mas de poner por obra el negocio, y con estas apariencias traxo á su voluntad á un Chaves á quien el Governador havia mandado azotar pocos dias havia por hurtos y robos é malos tratamientos que havia hecho á los Indios de Zebú, y á otro Miguel Gomez, á quien el Governador le havia tenido preso por lo mismo por ladron, é que á ruego de personas le havia soltado, é á otros desta calidad tenia medio convertidos, y el tenia buscados algunos arcabuzes, pelotas, polvora, y municion que pedia prestado á soldados amigos suyos, diciendo, que queria ir á caza, y entre los á quien persuadió para el efecto fué un Guillermo de la Fosa, Francés, que tambien fué culpado en el Motin pasado, por persuasion del Piloto Francés, que era de su tierra; á este rogó el Juan Nuñez que fuesen, prometiendole que le haria capitan y que no se haria más de lo que él mandase, y él anduvo temporizando con él, y por parecerle que no era buen camino dió el aviso dello al Governador, y le descubrió todo lo que pasava, y el Parao que pensava llevar era uno de unos mercaderes de Luzon que havian venido á vender arroz á este campo, y como partian de aqui para bolverse ivan costa á costa desta Isla; tenian concertado de irse por tierra tres ó quatro leguas de aqui á tomar este Parao á los Moros y robarlos é irse en él, que lo pudieran hacer facilmente porque los Moros por ser amigos nuestros y que salian de este Real no se recelando de los Españoles, no se pusieran en resistencia, y tenia ya el Juan Nuñez los arcabuzes y municion fuera del campo escondidos en el monte para partirse la noche siguiente, que el Parao de los Moros havia partido ya y estaria una legua del Real. Quando el Governador vino á tener noticia, mandó luego prender al Juan Nuñez, y á Chaves, y á Miguel Gomez, é presos, el Miguel Gomez confesó espontaneamente todo el trato, y tambien confesó el mismo Juan Nuñez de Carrion, aunque le dió otra color, diciendo que lo que el queria y pretendia hacer, fué, matar á Francisco Arias Maldonado, gentil hombre del Governador, de quien tenia cierto enojo, é irse por ahí á sus aventuras, y que havia rogado á algunos soldados y personas que le favoreciesen á ello, y se fuesen con él; á esta sazon el Chaves acertó á estar ausente del campo en una sementera una legua del Real, y sabida la prision del Juan Nuñez se huyó y fué á la costa al Parao de los Moros de Luzon y les rogó que le llevasen consigo á su tierra, diciendo que no queria estar con los Españoles, y ellos no le quisieron llevar, por ser amigos del Governador, y ansi se volbió y se quiso esconder y no le aprovechó, y otro dia fué preso, y confesó todo el negocio de como el Juan Nuñez le persuadió y rogó que fuesen á los Portugueses, y que le concedió y pensava irse con él, y así se hizo justicia dél y del Juan Nuñez de Carrion, y su cabeza fué puesta en la horca por haver sido principio é inventor del Motin, y esto pasó á diez de Julio de mil quinientos y sesenta y seis: de este negocio se admiró casi todo el campo, porque el Juan Nuñez de Carrion era á quien el Governador havia pretendido honrarle, y casi puesto los ojos en él para favorecerle mas que en otro, sino que él de su condicion era desabrido y mal acondicionado, y de poca constancia, y menos asiento, y maldiciente, de cuya causa estavan mal con él casi todos los del campo, y con algunos habia tenido pasiones y rencillas, de que parece no haver salido tan á su gusto como él quisiera; y cinco ó seis dias antes que se supiese lo del Motin, tuvo ciertas palabras con Francisco Arias, pero luego en el instante los hicieron amigos, y ansi declaró el pobre que no embargante que fué su amigo, tenia determinado aprovecharse dél y matarle como pudiese é irse por ahí, y no estar mas en este campo: el miserable sabia poco, y presumia saberlo todo, y hablava demasiado, é de arte que la mayor parte de los que le conocian huian de su combersacion.

Dende á pocos dias embió el Capitan Martin de Goyti desde Cabalian una Fragata cargada de arroz, dando cuenta al Governador como en toda aquella costa decian que querian ser nuestros amigos y vasallos de S. M. y que pagarian su tributo de arroz que era lo que en aquella tierra se cogia, aunque entre paz y guerra, andando en los tratos una legua de Cabalian en un rio á donde embió á su Alferez con cierta gente, le havian muerto cinco personas, dos soldados y un Grumete, y dos muchachos de servicio, por lo qual se podia tener poca confianza de su amistad, y que con todo esto, sin hacerles mal ni daño, pensava pasarse al rio de Abuyo; de donde despues tornó á embiar el Batel con mas arroz, y escrivió como allí le havian recivido de paz, y le bendian comida y bastimentos por rescates, y que en otros pueblos cerca de allí le havian muerto un soldado y un muchacho de servicio: El Governador le tornó á embiar el Batel y la Fragata, y le avisó que no confiase de los naturales ni de su amistad y paz, sino que tratase siempre con ellos con recatamiento y aviso grande, sin que se les hiciese agravio ni daño, y que procurase de ver el Estrecho de entre Abuyo y Tandaya, en que parte estava, y de que parte era, y que sin pasar el Estrecho se volbiese al campo lo mas pronto que pudiera, porque estava con gran pena de la tardanza del Maestre de Campo, y queria embiar en su busca de la Isla de Panay; é estando harto fatigado desta dilacion, otro dia despues de Santiago pareció la Nao San Juan en la mar que venia á la vela, cuya vista save Dios quanta alegria causó en todo el campo, y ansi detuvo el despacho que embiava á Martin de Goyti hasta que llegó el Maestre de Campo que fué recivido con gran regocijo y alegria, el qual truxo mas de mil hanegas de arroz, é con su llegada se alegró toda la gente del campo, y se desechó toda la hambre que havia; y dió noticia al Governador de muchos pueblos que en aquella Jornada havia recibido de paz, y se havian otorgado, y quedavan por vasallos de S. M. y de como de tales en su Real nombre havia tomado la posesion, y havian prometido de tributar, así en la Isla de Vindanao y costa de Botuan, como en la Isla que dicen de los Negros, y en la Isla de Panay, en las quales dixo haver grandes poblaciones, gente rica y de muchos bastimentos: los nombres de los pueblos que recivió de paz constarán en los autos de posesion que tomó; é luego despachó el Governador al Capitan Martin de Goyti, haciendole saver la llegada del Maestre de Campo, diciendole, que si havia que hacer por alla que se podia detener, y que holgaria que viese el Estrecho y tomase noticia dél, y le embió treinta soldados, y si le pareciese costear adelante, lo hiciese hasta Tandaya, y de allí diese la vuelta para venir á este campo: y reciviendo este despacho el Capitan Martin de Goyti, fué á la boca del Estrecho, y lo vió y tomó noticia dél, y andando por allí, tuvo noticia que en un pueblo cerca de allí estava un christiano que se llamava Juanes, que vivia entre los Indios mas havia de veinte años, y que era casado con una hija de un Principal, y que estaba pintado como los otros naturales desde la cintura abaxo: el Capitan le fué á buscar para verle y rescatarle, y fué al pueblo donde le dixeron que vivia, y no halló á nadie que se havian huydo todos al monte, y trató con otros Indios comarcanos suyos, que lo llamasen é hiciesen venir, que no queria sino verle y pagarle su rescate á su contento; y aunque le decian que si harian, y se lo prometian, nunca se lo truxeron ni pudo haverlo, y le detuvieron algunos dias en palabras; y hechas todas las diligencias que pudo, y visto que lo traian en cautelas y mentiras, procuró asir algunos Indios, y ansi prendió tres dellos que eran naturales del pueblo de Basay que era cerca de donde el christiano solia vivir, y á trueco dellos tambien procuró que le diesen el christiano y que los soltaria: no aprovechó, y porque cayó enfermo de ciertas calenturas no se pudo detener mas: vino al Real bien flaco y enfermo, y truxo presos á los tres Indios de Basay, á los quales el Governador trató muy bien, é les mandó curar, porque los dos dellos, que eran Principales, venian heridos, y los mandó dar de vestir, y ellos dieron noticia del Juanes como estava allí, y lo tenia un principal llamado Subuco que lo queria mucho, y lo tenia por hijo, y que quedó allí muchos años há, de una Fragata que dió al traves en aquella costa, y estava pintado como los naturales las piernas, y que creian no queria venir á los christianos de miedo: el Governador les rogó que fuesen buenos terceros para que su amo diese al Juanes, y que él queria pagar todo lo que hobiese gastado con él, ó le pagaria su rescate á su contento como entre ellos se usaba, y demás desto le ternia por amigo y le favoreceria, y lo mismo haria á ellos, y los soltaria libremente sin pagar ningun rescate: ellos se ofrecieron que ansi lo harian, que los llevasen á su tierra, y soltasen á uno dellos que fuese á negociarlo con su amo de Juanes, y le aseguraria la paga, ó quedaria en su poder como esclavo hasta que le pagasen: é ansi el Governador determinó embiar allá al Maestre de Campo con las Fragatas, y con él al Tesorero de S. M. con oro, y campanas, y tinajas, y otros rescates, para el rescate bastante con institucion de la orden que ternian, y ansi partió de este Real á ello á diez y ocho de Septiembre de mil y quinientos y sesenta y seis años con sesenta hombres entre Soldados y Marineros.

Y como la Armada no truxo brea de la Nueva España, havia muy grande falta y necesidad della, ansi para las Naos, que hazian mucha agua, como para las Fragatas que se havian hecho para navegar y buscar la comida, é informados de cierta resina de unos arboles que hay en estas Islas en lugar de brea, y aunque no se hallava en mucha cantidad, Camotuan Moro, Interprete, que siempre se ha mostrado y dado por amigo de los Españoles, dixo, que en la contracosta de Baybay junto á Eleyti, en una Isla de allá, havia de aquella resina, y que él iria por ella pagandoselo: el Governador se concertó con él, y le dió recaudo y le rogó fuese por ella, y truxiese toda la mas cantidad que pudiese, y juntamente con él embió á Pedro de Herrera con diez soldados, para que fuesen á ver como se cogia la resina, y si era buena, y qué cantidad se podia haver, y que hiciese esperiencia con fuego si se podia sacar como la brea; lo qual se lo prometió como hombre que lo entendia y lo sabia veneficiar, por que lo havia hecho en el Puerto de la Navidad para S. M. y haviendo partido del Real para este efecto al principio del mes de Agosto con termino de diez dias, no vino, ni era llegado quando el Maestre de Campo partió para Tandaya, que no poca pena dió al Governador su tardanza, y ansi mandó al Maestre de Campo de camino fuese por Eleyti y supiese de Pedro de Herrera, y de los que con él fueron, qué se havian hecho, y si los topase llevase consigo al Moro Camotuan por Interprete, que tiene gran crédito, y es muy conocido entre los naturales, y que á Pedro de Herrera le despachase y le embiase á el Real, y ansi lo hizo por que los topó en la costa de Eleyti.

A veinte y ocho de Septiembre vispera de San Miguel, llegó al Real Pedro de Herrera y truxo una canoa cargada de la resina que serian doze ó treze quintales, lo qual sirve en lugar de brea, si hoviese mucha mezclandolo con sebo: El Governador le recibió asperamente y le reprehendió la tardanza que havia hecho, y por tener noticia por una carta que el Maestre de Campo le escribió que havia escedido en algunas cosas Pedro de Herrera, y usado de cosas para que no tenia comision y facultad, le mandó prender y hacer informacion para hacer justicia en el caso, é ansi se hizo proceso contra él sobre ello, y traxo por noticia el Pedro de Herrera, que en la Isla de Tandaya á la parte del Norte estavan presos tres christianos en poder de los naturales que los prendieron de una Nao, que havía catorze ó quinze meses que pasó por alli, la qual nueva le dió un Indio Lutao, que llaman ansi á unos pescadores que continuamente viven y andan por la mar con sus mugeres y hijos, y no tienen poblacion, ni salen sino á contratar y vender el pescado que traen en algunos pueblos, y luego se vuelven á sus Paraos y desta manera viven y andan entre estas Islas, y destos hay muchos, y llamanlos Lutaos, y uno destos le dió esta nueva, diciendo, que los havia visto, y traian zapatos y sombreros, y traian barbas, y eran como nosotros, y que los dos dellos estavan en el Puerto de Uruna en poder de un Principal que se dice Sidumaguinda, y el otro estava en el Puerto de Çibabao, una legua de allí en poder de otro Principal que se dice Malabazo; por lo qual se coligió podian ser de la Nao Capitana conforme al tiempo que decian; y preguntado ¿si havia dado noticia de esto al Maestre de Campo, el Pedro de Herrera? dixo que no, porque dixo que lo supo despues que se apartó de él; y ansi despachó luego el Governador al Capitan Juan de la Isla en un Batel con doze Españoles, al Maestre de Campo al Estrecho de Tandaya, á donde fué á rescatar á Juanes; al qual escribió y le embió á mandar que concluydo lo de Juanes, fuese á los pueblos arriba declarados, que son en la misma Isla en la contracosta donde Juanes estava, y que allí procurase de haver y rescatar los tres Españoles, y que en ello tuviese la misma orden que llevó para lo de Juanes, y al Capitan Juan de la Isla le mandó que de camino buscase en la costa de Eleyti á el Lutao que dió esta nueva, y hallandolo se lo pagase é lo llevase consigo por guia al Maestre de Campo; y para este efecto llevóse los mismos Marineros y soldados que fueron con Pedro de Herrera que conocian al Lutao y con este despacho partió Juan de la Isla á primero de Octubre del dicho año.

El Maestre de Campo volbió al Real á tres de Octubre vispera de San Francisco, sin que le topase el Capitan Juan de la Isla que fué en su busca, y traxo rescatado á Juanes, y no era Español como los Indios decian, sino Indio natural de Mexico, nacido en Santiago de Flatrelesco que vino en la Armada de Villalobos, y se quedó allí perdido con unos Españoles de una Fragata que dió al traves en aquella costa, y aunque no fué Español, por ser christiano bautizado, se regocijó todo el campo con su livertad ó venida, é cierto dió señas de buen christiano y haberle Dios guardado tanto tiempo usando con él de misericordia. En viendo á los Españoles, viniendo en una Canoa que le traian otros Indios, la primera palabra que habló fué: yo creo en Dios, y saltando en tierra á donde estava el Maestre de Campo, se hincó de rodillas, é puestas las manos é los ojos en el cielo, dixo: ¡O bendito y alabado sea mi Dios todo poderoso! y luego abrazó á los Españoles. Habla poco en castellano, y muy menos en su lengua Mexicana que se le ha olvidado: la lengua destas Islas la sabe y habla bien, sino que despues no la puede darnos á entender á nosotros lo que los Indios dicen por no saber su lengua ni la Española, ansi al presente puede servir poco u nada de interprete: acuerdase de muchas cosas de Mexico: reza las oraciones, haviendosele olvidado su propia y natural lengua: dice que era muchacho quando vino á esta tierra, y que vino con un Soldado que se decia Juan Crespo: dice, que estava casado con una hija de un Principal en Tandaya, y tiene dos hijas muchachas, que la una se dice Catalinica, y la otra Juanica, que aunque no son christianas les puso el nombre de christianas, y los naturales las nombran y llaman ansi: el Maestre de Campo procuró de las rescatar, y no se las quisieron dar: procurar se han de haber por bautizarlas: él estava muy contento con la compañia de los Españoles, aunque ha estado y anda enfermo, que vino con las piernas hinchadas, que dixo que le tenia su amo en un zepo por que no se viniese á los christianos: está pintado como los naturales en las piernas, y dice, que su amo le hizo pintar contra su voluntad: dá por razon, que quinze Españoles y él quedaron de la Fragata que allí se perdió, y los mas dellos nombró por sus nombres, y que todos son muertos de ellos de enfermedades, y de ellos en guerras que unos Indios tenian con otros: el postrero que murio, dice, que fué un Juan Flores, que havia cinco años, que yendo á una entrada con treinta Indios les mataron á todos en una emboscada que les pusieron, y de su relacion de Juanes se entendió de los tres Españoles que Pedro de Herrera traxo por noticia que estavan en Çibabao, eran dellos, por que dice que es verdad que estuvieron allí tres de su compañia, y murieron allí, sino que Pedro de Herrera se engañó, en el tiempo, por que los Indios decian catorze ó quinze años, y él entendió meses, y no es de maravillar que haya este yerro y otros mayores donde no hay Interpretes, sino que por señas se han de hablar, y entender.

En este tiempo vinieron al Campo ocho ó nueve Paraos de Indios con arroz á venderlo, de la Isla de Panay, é de los pueblos donde anduvo el Maestre de Campo, é hizo pazes y amistades, y decian que venian á ver y á conocer al Governador, á los quales él recibió muy bien, y les pagó su arroz, y les dava dádivas para más los asegurar, y que basteciesen y volbiesen otra vez con bastimentos, y los embiava contentos.

El Capitan Juan de la Isla que fué en busca del Maestre de Campo, topó al Galeon San Gerónimo que venia con el aviso de la Nueva España, mal aviado, y peor tratado, entre unas Islas con unas corrientes que no savian á donde estavan, ni á que parte navegar, y como le vieron la gente que venia en el Galeon le pidieron que entrase en él, é los truxese á donde estava el Governador, y él lo hizo ansi, y con el Batel que llevaba avisó al Governador como quedava en el Navio, avisandole de los motines y mala orden que havia traido en el viaje, y cierto se tiene entendido que á no toparlos Juan de la Isla estavan en duda si acertaria á venir tan presto á este Puerto, y á doblar por la otra parte la punta de una Isla donde los topó, corrieran riesgo y travajos artos antes de poder volber al Real: y luego que el Gobernador supo su venida del Navio, despachó al Maestre de Campo con una Fragata esquifada, para que si faltando el viento, remolcado pudiese traer el Navio, el qual los topó que ya venian cerca, y ansi entró y llegaron á este Puerto Martes quinze de Octubre de mil y quinientos y sesenta y seis años, que dió gran contento su llegada; fué lastima grande de oir la mala órden, los motines, desconciertos y muertes, travajos y miserias que huvo, y padecieron en el viaje. Como en el Galeon no venia Capitan, ni parecia despacho de la Real Audiencia, el Governador mandó hacer informacion de todo lo susodicho, por la qual se podrá mas enteramente ver el suceso del viaje y la ruin órden que en todo huvo, y en suma lo que se puede colegir es, que el Capitan Pericon comenzó su viaje, y salió del Puerto de Acapulco, con mayor aceleracion y menos cordura de lo que convenia, y ansi acabó presto y desastradamente: lo que pasó antes que saliese del Puerto allá se tenia entendido, como fué: En haciendose á la vela, dicen, que tuvo menos cuydado de lo que convenia al cargo que traia, y que dexó de proveer y remediar algunas cosas que sucedian y pasavan en las Naos, é primeramente algunas pendencias, y unas palabras que el Sargento mayor tuvo con su hijo el Alferez, y como el Sargento mayor venia por Maestre del Galeon, hizo parcialidad con la gente de la mar, y él, y Lope Martin, Piloto, y un Felipe del Campo y otros de su camarada, y algunos Marineros que eran de la parcialidad del Piloto se conjuraron, y con ellos el Sargento menor que se decia Pero Nuñez y conspiraron contra el Capitan, y se desacatavan y desvergonzavan contra él en palabras y obras, y le tenian muy poco respecto, y le mataron un caballo que traia, sin que se supiese quien lo huviese hecho; y aunque amigos suyos, pareciendoles mal lo que pasava, le dixeron y le avisaron lo que entendian del negocio, y le rogaron que pusiese recaudo en su persona, diciendole, que quien mató el caballo se desvergonzaria á hacer otra cosa peor, y él se reia dello, y lo tenia todo en poco, y ansi se determinaron de matarle, por falta de no poner el remedio que convenia, y una noche estando durmiendo en su camara entraron á él y lo mataron á puñaladas á él y á su hijo, y los que fueron en la muerte, aunque el Sargento mayor se hizo dueño de todo, diciendo que los havia él muerto, dicen que entraron con él juntamente otros dos Marineros que se decian Lara y Morales, y los que favorecieron y hicieron espaldas hallandose armados defendiendo que ninguno de los soldados se bullesen ni meneasen de á donde estavan, fueron el Piloto Lope Martin, Felipe del Campo, el Sargento Pero Nuñez, Sanfate Molina, Juan de Zaldivar, Escrivano de la Nao, y Alonso Boza, y otros de su liga, y muchos de los Marineros que sin tener ellos armas se armaron con cotas de los soldados y otras armas, y ansi fueron señores de todo, y el Sargento mayor quedó por caudillo como lo tenia tratado con los del Motin, el qual apaciguó la gente, diciendo, que él daria descargo por que havia muerto al Capitan, no tuviesen pena, y que él los traeria á su General, y se pornia debaxo de su mano, y se descargaria de la muerte del Capitan y su hijo; y ansi comenzó á hacer algunas informaciones; y dende á poco, entre él y el Piloto Lope Martin huvo cosquillas y diferencias en que el Sargento mayor trató de prender al Piloto, y queriendolo poner en obra algunos de su liga á quien dió parte dello se lo estorvaron, diciendo, que aun no era tiempo, que lo dexase para otra mejor conyuntura, y él por condescender con ellos lo dexó de hacer, de lo qual fué avisado el Piloto por algunos de los que fueron en lo estorvar al Sargento mayor, y aquella noche prendió el Piloto con favor de los Marineros al Sargento mayor, diciendo, que se consintiese echar unos grillos, que ansi convenia al sosiego de la gente y luego el Sargento menor con algunos Marineros tomaron y quitaron las armas á la mayor parte de los Soldados, y las metieron debaxo de cubierta, y otro dia siguiente por la mañana almorzaron todos juntos, el Piloto, y el Sargento mayor, y menor, y otros de su liga, y despues de bien bebido, el Piloto Lope Martin mandó ahorcar al Sargento mayor, el qual pensó que burlavan con él, y decia, ¿qué niñerias eran aquellas? que le dexasen; y ansi le guindaron sin confesion y le echaron á la mar medio vivo, y quedó el Piloto Lope Martin solo por caudillo, y por su consejero el Felipe del Campo, y decia y publicava, que á esta Isla no vernia el Piloto, pero que echaria la gente en una Isla de esta comarca, y que él se iria con los que le quisiesen seguir, á los quales prometia de hacerlos muy presto hombres ricos y bienaventurados, y que se volveria á España por el Estrecho de Magallanes; y en llegando á la Isla de los Barbudos, y en su paraje surgió en una Isla pequeña, que si el quisiera guardar la instruccion de la Real Audiencia no tenia para que llegar alli, ni baxar tanto en altura; y estando surtos en aquella Isleta, trató de dexar alli toda la gente que no fuese de su opinion, y asi lo comunicó con los de su liga, é para mejor lo poder hacer mandó sacar todas las caxas y ropa de los soldados, y él se desembarcó, y mandó á toda la gente se desembarcase, diciendo, que havian de invernar alli, y que queria aderezar la Nao, y ansi salió en tierra la mayor parte de la gente, á lo menos de los soldados, y no era tan secreto el dexar allí la gente, que muchos no lo viniesen á entender. Un clérigo que venia en el Galeon llamado Juan de Viveros dice que entendió el negocio y la crueldad que querian hacer, como Sacerdote se atrevió á hablar al Felipe del Campo, como persona por quien se governara el Piloto, rogandole que mirase bien este negocio y no permitiese dejar alli la gente, que era inumanidad, que los truxesen á las Filipinas, y los dexasen donde hoviese bastimentos y comida donde se pudiesen remediar; y que si esto no llevase remedio á lo menos les diesen sus armas, y no los dexasen ansi perdidos; y que le respondió, que no se podia hacer por ninguna via, y que no curase de cansar ni tratar mas dello; y ansi no osó mas hablar en el negocio, porque todos esperavan cada hora la muerte de los amotinadores, y ansi andaban todos atonitos y turbados, ni se osavan fiar unos de otros, aunque fuesen amigos; y estando en estos travajos y miserias, parece que por permisión de Dios, Rodrigo del Angle que venia por Contramaestre, y Santiago de Garnica, Alguacil del agua, y Juan Anrique Flamenco Lombardero, trataron de se alzar con el Navio en nombre de S. M. y dexar al Piloto y sus secuases en la Isla en tierra, y con los demás venirse á este Real, y para lo poder hacer mejor dieron parte dello á Lara, Marinero, que fué en la muerte del Capitán, y era de la parcialidad del Piloto, y estavan en el Navio él y Morales que eran de la misma liga; y tratado el negocio con el Lara le prometieron que le harian á él Capitan y lo mandaria todo; y con esto, y tambien porque ya no estava en la gracia del Piloto como solia, concedió con ellos, y dixo que les favorecia en todo lo que pudiese, y teniendole ya de su parte se alzaron en nombre de S. M., y dieron voces á los de tierra que se embarcasen, y ansi se echaron quatro ú cinco soldados á nado y se metieron en la Nao, y el Lara dió voces al Felipe del Campo, que era su íntimo amigo que viniese á la Nao, el qual le respondió desde la playa, que él iria allá y le castigaria á él y á los demás vellacos que estavan en la Nao. Entonces el Contramaestre Rodrigo del Angle y sus compañeros, picaron los cables de las ancoras sobre que estavan surtos y se hicieron á la vela como que querian salir del Puerto, y obra de un quarto de legua de tierra tornaron á surgir y embiaron el Batel á tierra á requerir la gente, que se embarcasen los que quisiesen venir á Zebu, y parece que aquel dia no pudieron, ni osó ninguno embarcarse, porque los amotinadores los detuvieron sin armas acorralados; y otro dia en dos caminos que hizo el Batel de la Nao á tierra requiriendoles que se embarcasen luego alguna gente, y lo mismo hizo el dia siguiente, é otros se aventuraron á ir á la Nao á nado, y Lope Martin quedó con veinte y seis personas, á los quales se les quedó muy gran parte de ropa, y todas las caxas de los soldados, y el Piloto siempre tuvo confianza, y ansi lo decia y publicava, que havia de tornar la Nao á su poder teniendo confianza de algunos Marineros que tenia amigos en la Nao, y el Rodrigo del Angle se hizo á la vela y dixo, que él los traeria á Zebú, y ansi vinieron; y el Rodrigo del Angle mandó prender á Lara y á Morales, porque se temia dellos y diciendo haver sido culpados en la muerte del Capitan los ahorcó; y desde los Ladrones á estas Filipinas tuvieron contrarios tiempos de vendavales, y ansi arrivaron dos ó tres veces, que quando vieron la primera Isla de las Filipinas no traian ya agua, y vinieron necesitados de comida, y en una Isla dellas tomaron agua y alguna comida, aunque con daño y muerte de algunos naturales, y lo mismo hicieron en la Isla de los Ladrones; y andando entre estas Islas dos dias antes que topasen al Capitan Juan de la Isla, el Santiago de Garnica y el Juan Anriquez en el Batel con diez y seis personas se apartaron á buscar comida, y ansi no vinieron en la Nao; el Governador despachó luego en su busca una Fragata y á cavo de quinze dias llegaron á este Real; y porque de la informacion que se hizo resultó culpa contra Juan de Zaldivar, Escrivano del Galeon, haber sido culpado entre los conjurados de la muerte del Capitan, demás, y allende, que algunas personas dieron noticia al Governador de algunos chismes que trató entre el Piloto, y Capitan y Sargento mayor, descubriendo lo que el Capitan con él tratava en secreto como Escrivano; y ansi hecha informacion y proceso contra él, fué preso y confesó como fué savedor de la muerte del Capitan muchos dias antes que lo matasen, y que la noche que le mataron él dió y repartió armas con los parciales y favorecedores del Motin; y ansi se mandó hacer justicia dél, y muerto, el Governador juntó todos los demás que venian en la Nao y les hizo una plática, diciéndoles la mala orden que en todo havian traido y tenido y que de todo ello no echava mano, ni parava, sino solamente en la traycion y muerte del Capitan y su hijo, que era digno de grave punicion y castigo y que por esta causa havia hecho justicia de Juan de Zaldivar, como lo havian visto, y que tenia entendido que todos los demas que havian venido en el Galeon no tenian culpa en ello, sino que deseavan servir á S. M. y que con esta voluntad havian venido acá, y que todos los culpantes y participantes de aquel delito tan enorme y feo, que quedavan con el Piloto, y otros ternian su pago, que eran ya muertos; pero que para que á nadie no quedase resabio ni escrupulo deste negocio, que él, en nombre de S. M. les perdonava á todos los que havian venido á esta Isla de Zebú, é se havian puesto devaxo del Estandarte Real, para que en ningun tiempo no se les pediria sobre ello cosa alguna, ni se procederia contra ellos, haciendo en lo venidero lo que eran obligados en el servicio de S. M.; á lo qual les persuadió y animó todo lo que pudo, poniéndoles delante la grandeza y gran christiandad de S. M. é quan largo era en hacer mercedes y gratificar á los que le servian, y las calidades y aparejos de la tierra, y lo mucho que podrian merecer, y tener, y alcanzar siguiendo bien y con fidelidad, asi para con Dios como para con S. M. y para acrecentamientos de inmortalidades de sus famas y honras: y con este razonamiento dió á todos gran contento, y á lo que mostraron quedaron muy alegres, y porque las capitanias de acá estavan faltas de soldados por los muertos y enfermos, los repartió á los soldados en ellas por sus esquadras, escepto quatro ó cinco soldados gentiles hombres que tomó para su compañia, y ansi los unos y los otros dieron muestra de muy gran contento, é hicieron homenaje de nuevo y juraron de obedecer á S. M, y al Governador en su Real nombre, y el Piloto Rodrigo del Angle entregó al Governador una vandera en que dixo haverse alzado en nombre de S. M. para venir con la gente y Nao á esta Isla como esta dicho.

En este tiempo despachó el Governador á la Isla de Panay al Sargento mayor Luis de la Haya, por el arroz que prometieron de tributo, con dos Fragatas, y al Maestre de Campo embió en la Nao San Juan á la Provincia de Quabite y Taguna y costa de Butuan, á rescatar toda la mas canela que pudiese, con instruccion de lo que havia de hacer, y fué con él el Contador de S. M. con rescates para el efecto destas dos jornadas, fueron algunos de los soldados recien venidos á vueltas de otros que acá estavan. Partió de este Real el Sargento mayor á veinte y seis de Octubre, y el Maestre de Campo salió en principio de Noviembre, y llevó la Nao San Juan, é una Fragata pequeña, y mas de cien hombres entre Soldados y Marineros.

Sabado diez y seis dias de Noviembre en la noche, volbió el Maestre de Campo á este Puerto, sin efectuar á lo que havia ido, y llegó con un temporal desecho y tormenta muy recia, medio desbaratado de la tormenta, que la mar le havia llevado el baupres, y la cebadera, y la gavia desecha, y con todo no quiso parar ni surgir hasta llegar acá, por lo mucho que importava su llegada; y dexó la Fragata que llevaba en la costa de Dapitan con quinze hombres, por no la poder tomar la gente della, ni traerla, y llegado que fué dió noticia al Governador de como havia topado una Armada de Portugueses, que le havian dicho que venian á la Isla en busca nuestra, de cuya causa havia determinado volberse; y cierto fué muy acertada su vuelta á este Real, como volbió, aunque pasó travajo y riesgo en ella. El topó en la costa de Quabite, que es en la Isla de Vindanao una Fusta de Portugueses, y queriendo ir sobre ella para reconocer y saber que gente era, la Fusta no le quiso aguardar; como era mas ligera y andaba mas que la Nao no la pudo alcanzar, y visto que no aprovechava ir tras ella, hizo amaynar las velas, y en amaynando la Nao amainó ansimismo la Fusta, y como le vió amaynado embió allá el Batel de la Nao con su Sargento á reconocer que gente era, y llegados á la Fusta les dixeron, que eran Portugueses que venian de la India; y preguntándole ellos ¿qué gente eran los de la Nao? el Sargento disimuló con ellos diciéndoles, que eran Españoles que andavan perdidos, y no savian en que tierra estavan, y les rogó que les dixesen, qué Isla era aquella, y los Portugueses dixeron, que era Vindanao, y con esto se volbió, y dende á poco el Capitan de la Fusta en un esquife suyo embió dos soldados con una carta á la Nao, en que le escrivió, como él era Antonio Sequeira, Capitan de aquella Fusta por el Rey de Portugal, y que venia de la India en una Flota, de que venia por General Gonzalo de Pereyra, que el Virey de la India embiava en busca de Miguel Lopez de Legaspi, que havia salido de la Nueva España con quatro Navios alzado, y que el dicho su General por no llegar á tierra con las Naos gruesas que traia, le havia mandado descubrir aquella costa; por tanto que les pedia y requeria se fuesen luego á su Fusta para ir con él á su General y que sino lo quisiesen hacer, que los llevaria por fuerza, porque entendia que devian ser de la compañia de Miguel Lopez de Legaspi, é otras palabras y amenazas escusadas, fuera de todo buen termino é comedimiento. El Maestre de Campo, vista su carta le respondió mas comedida y cuerdamente, diciendole, que muy poco crédito tenia de la fidelidad que la Nacion Española suele tener en servir á su Rey, pues le embiava á decir semejantes palabras, é que Miguel Lopez de Legaspi, á quien decian que buscaban, era Governador y Capitan General de la Majestad Real del Rey Don Felipe nuestro señor, y por su Real mandado estava poblado en la Isla de Zebú y que alli lo hallarian, el qual los reciviria del arte que ellos mas quisiesen; y en lo que decia que fuese á su Galeota, que los que en su compañia traia no lo consintirian, ni el menos lo queria hacer, porque era de edad que no le espantavan palabras, ni aun obras, y que bien parecia en la manera de su hablar y escribir, que traia caballo muy ligero. Y vista la respuesta el Portugués hizo tocar el atambor é desplegar banderas é otras señales é insinias de guerra y de pelear: el Maestre de Campo mandó izar las velas, para arrivar sobre la Fusta para ver lo que queria, pensando que él aguardara, porque llevaba muy buena gente de arcabuzeria, y artilleria, y aderezos, que aunque fueran dos ó tres semejantes se le diera poco dellos; pero la Fusta lo hizo mejor, que no aguardó, sino que dando velas hizo lo que primero havia hecho, é jamas quiso esperar á tiro de cañon, é visto que no llevaba medio de alcanzarla determinó dejarle y volberse al Real, porque las otras Naos de Armada no viniesen estando él fuera, y estando como en el Real estavan descuydados, y por ser el viento contrario para venir anduvo dos dias bolteando de una vuelta y otra sin poder ganar casi nada, y en todo este tiempo la Fusta no lo perdió de vista, sino que dava los mismos bordos que la Nao, aunque bien desviado della; é andando ansi fatigado por no poder volber con la brevedad que él quisiera fué Dios servido de darle un tiempo de vendaval desecho, y tan recio, que en toda esta comarca é Islas fué como un vracan, y con todo este temporal prosiguió su camino para el Real, é no con pequeño peligro é riesgo, y corriendo su derrota la noche siguiente obra de treinta leguas deste Puerto topó quatro Navios gruesos que estavan mar al través reparandose del temporal que hacia, y pasó por junto á ellos, y al postrer Navio preguntó ¿qué gente eran? y le respondieron que de Castilla, pero en la habla les conocieron ser Portugueses, y ansi los dexó y se vino su camino procurando llegar al Real primero que ellos; é otro dia siguiente que fué el dia que llegó aqui, obra de diez leguas del Puerto, vió otras dos Fustas que venian costeando á esta Isla de Zebu, ácia acá, y aunque de la una dellas le quisieron hablar no curó ni aguardó por lo que arriva es dicho; y ansi llegó despues de anochecido al Real, y dió toda esta noticia al Governador, é luego se proveyó y entendió de poner buena guardia é centinelas, y en otras cosas necesarias y convenientes, á la buena guardia y seguridad del campo, por que se tuvo por muy cierto que venian en busca nuestra como lo havian dicho. Otro dia Domingo asomaron las dos Fustas por la entrada de este Puerto, y venian á la vela, y teniendo entendido que devian venir á hacer algunas deligencias ó requerimientos, no se curó dellos, y viniendo ansi á la vela se encubrieron con una punta que haze un manglar que está enfrente de nuestro fuerte, las quales como reconocieron nuestro asiento é vieron las Naos del Puerto, no osaron entrar en él, é hicieron vuelta, é se metieron entre unos baxios é Isletas que están hacia Matan, detrás del manglar arriba dicho, y como tardavan y no entravan, el Gobernador embió una Fragata á saver que se havia hecho, y á descubrirlas, la qual, aunque corrió gran rato por la via que ellos tomaron no las pudo hallar ni descubrir, é se volbió, diciendo, que no parecian, é se tuvo entendido que reconocido nuestro asiento se havian vuelto á su Armada para venir todos juntos, de cuya causa, con gran priesa en el Real se entendia en fortificar el fuerte, é fuera dél se hicieron dos bestiones de pipas llenas de arena, y de faxina, y mas arena, en que se plantaron seis piezas de artilleria que jugavan á raiz del agua, y la demás artilleria se repartió por los caballeros del fuerte, y por otras partes convenientes, é se hicieron otros aparejos, é la Nao Almiranta se puso junto al fuerte, con su artilleria, municion, y gente para su guarda, demás que con el artilleria del fuerte estava guardada; é las otras dos Naos San Juan, é San Geronimo, se apartaron á la parte de Levante del fuerte, por desocupar y desembarazar la parte por donde los enemigos havian de entrar, y por no repartir la gente que era poca, en tantas partes, y el Maestre de Campo fué por tierra por la costa de Zebú á ver y reconocer donde se les podia poner algunas emboscadas é impedirles el saltar en tierra, si lo intentasen de hacer, desviado del fuerte; y visto todo volbió; é con su parescer y de los demás Capitanes y otras personas del campo se vió y puso en todo la mejor orden que pareció que convenia para nuestra seguridad é defensa, é á la gente toda se dió orden de lo que havian de hacer, y adonde havia de acudir cada uno; en lo qual toda la gente travajó tres dias de dia y de noche con grande regocijo y alegria de todos, que mostravan la gran voluntad y deseo que tenian de servir á S. M. é puesto todo en concierto en la mejor orden que se pudo dar, conforme el asiento é aparejo que havia, el Governador mandó ajuntar la gente, é les hizo una platica animandolos para la guerra, é ocasion que se ofrecia, y esperavan de los Portugueses, que decian, que venian en su busca, diciendoles, que se acordasen que eran Españoles, é la reputacion é valor que la gente Española tenia en todas las partes del mundo, é principalmente en todo Oriente, y la fidelidad que suelen y acostumbran tener á su Rey, y que siendo ellos de la misma Nacion, era justo que lo mismo se entendiese é publicase en estas partes del Poniente, é que donde tan buenos principios, prodigios y sucesos por la bondad de Dios hasta ahora havian tenido, los procurasen de llevar adelante, dandoles á entender la inmortal fama, loor y renombre que dello se les seguiria alcanzando victoria, y justificó la causa de parte de S. M. y de la suya en su Real nombre, diciendo, que él no pretendia ni queria tener guerra con los Portugueses, antes procuraria de su parte toda paz y amistad con ellos, pero que si ellos no la quisiesen é le hiciesen guerra, é les quisiesen tomar y quitar lo que con su sudor y travajo en nombre de S. M. havian ganado, obligados estavan á lo defender y morir sobre ello, y que en causa tan justificada Dios seria con ellos, y les ayudaria, y con su favor, haciendo ellos lo que devian, la victoria estava cierta, y alabó y loó mucho á los soldados la fidelidad y zelo que mostravan de servir á S. M. é la voluntad con que havian travajado, y travajavan en la fortificacion de su campo, y el regocijo que mostravan de la guerra, é venida de los Portugueses, diciendoles, que con tales compañeros y soldados él estava bien confiado, no solamente de defenderse, pero aun de ofenderles y quitarles lo que tuviesen si fuese necesario, y otras palabras semejantes, de que los soldados mostraron gran contentamiento, é respondieron, que moririan todos en servicio de S. M. donde quiera que el Governador se lo mandase, é que deseavan fuesen ya llegados los Portugueses para andar á las manos con ellos.

Los Indios de Zebú nuestros amigos entendida la venida de los Portugueses, y en la prisa que nos davamos en los aparejos de guerra hovieron muy gran temor, é vinieron al Governador á hablarle, é aunque él los aseguró y dixo que no tuviesen temor ninguno, é que estuvieran seguros en sus casas que él los defenderia, no bastó, y ansi despoblaron su pueblo llevando á sus mujeres é hijos al monte, y otros en canoas los llevavan á otros pueblos, y otros truxeron sus hijos y mugeres y haciendas á nuestro Real y los ponian en casas de soldados amigos suyos, diciendo que moririan con nosotros. El Gobernador se lo agradecia, y les decia, que no queria que peleasen ellos, que bastavan los Españoles para defender á sí y á ellos, si los Portugueses quisiesen guerra, y que hasta ahora no se savia si venian de paz ó de guerra é que de cualquier arte que viniesen no tuviesen temor; y estos dos ó tres dias los Indios dieron muchos rebatos, diciendo, que ya venian los Portugueses, que los Indios pescadores havian visto en alta mar ciertas velas, que unos decian que siete, otros que quatro, otros que dos: el Governador les decia, que no se les diese nada, que los dexasen venir, y no fué sino que algunos Indios que andavan pescando descubrieron las dos Fustas que estavan ácia Matan, é luego venian huyendo y davan estas nuevas, é como en el campo se tenia por tan cierta su venida, se les dava algun credito, y ansi los esperavamos por puntos y horas.

En 19 de Noviembre se vieron otra vez las dos Fustas por la entrada del Puerto, que saliendo de los baxos de ácia Matan donde estuvieron, atravesavan hacia esta Isla para volberse por donde havian venido, é como se vieron, luego embió el Governador al Capitan Martin de Goyti á reconocer que gente era, y á saber lo que querian, y á decirles que si tenian falta ó nescesidad de alguna cosa, que entrasen en el Puerto, y que serian proveydos é socorridos, el qual fué á ellos y les habló, y le dixeron que eran Portugueses, que andavan desrotados, que con un temporal se havian apartado de su Armada, que eran quatro Naos gruesas é quatro Galeotas que venian de la India; el Capitan Martin de Goyti les dixo, que entrasen en el Puerto, é que el Governador les proveeria de lo que huviesen menester para su viaje; ellos se lo agradecieron mucho y dixeron que no, sino que querian ir en busca de su Armada: é preguntado, á donde iban, dixeron, que ivan al Maluco, y desde allí á Ambon, porque allí los naturales, é los Janos havian desvaratado al Capitan que estava en Ambon é muerto ciertos Portugueses, é que ivan á vengar aquello; y el mas principal que venia en las dos Fustas, que dixo llamarse el Capitan Melo, pidió licencia al Capitan Martin de Goyti, diciendo que le queria salvar con su artilleria é irse, y ansi lo hizo, que le salvó con la artilleria é arcabuzeria é lo mismo el Capitan Martin de Goyti á ellos, y se despidieron con palabras comedidas é de buena crianza de una parte á otra, é se volvió nuestra Fragata, y dixeron que traia cada Fusta de treinta y cinco á quarenta soldados Portugueses, y todos los Marineros y gente de chusma era de Indios Malavares de que traian mucha cantidad. Visto el Governador que las Fustas andavan desrotadas y perdidas, tornó á embiar allá al Capitan Martin de Goyti para que los alcanzase, y escrivió una carta al Capitan Melo diciéndole, que le havia agraviado en no haver entrado en el Puerto, haviendo llegado tan cerca, por que en él fueran muy bien recividos y socorridos de todo lo que huvieran menester para su viaje, por que él traia mandato de S. M. que donde quiera que topase Portugueses les diese todo favor é ayuda, é que ansi lo haria é cumpliria avisandole, ó sabiendo que tuviesen necesidad dello, y embiole cierto refresco, un barril de conserva, otro barril de vizcocho blanco, otro de aceytunas, y quatro botijas de vino, y dos de vinagre, diciéndole, aquella fruta era de la que havia traydo una Nao que agora poco ha vino de la Nueva España, y se lo llevaron y lo recivió con buen semblante y lo agradeció muy mucho de palabra, y no respondió por escrito, escusandose que no tenia papel ni tinta en las Fustas é se escusaron dello embiando á decir al Governador les perdonase por que no le escrivian por no tener con qué, y ansi se despidieron y se fueron su camino: el Capitan Martin de Goyti les dixo y rogó que en los pueblos de la costa desta Isla por donde ivan no hiciesen daño á los naturales, por que eran vasallos de S. M. é amigos nuestros, y ellos le prometieron que ansi lo harian, y con todo lo que estos de las Fustas dixeron, siempre tuvo por cierto vernian acá los Portugueses, y ansi estuvo á punto el campo, ansi la gente, como todo lo demás, como si luego á la hora huvieran de pelear.

Miercoles 20 del dicho mes de Noviembre, que fué Vispera de la Presentacion, se vió una cometa casi sobre el pueblo de Zebú, é la vieron muchos soldados, sobre que cada uno decia lo que sentia é parecia, é los mas, que haviamos de tener guerra, é que significava muerte de muchas gentes, é otros decian otras cosas, como á cada uno se le antojava glosar é fingir.

A 22 dias del mes de Noviembre embió el Governador al Capitan Martin de Goyti con dos Fragatas á correr las costas de esta Isla, ácia donde la Flota Portuguesa estava, á ver si parecian ó si venian, y á saber si havian hecho daño al Governador en los Indios amigos; el qual fué y corrió mas de veinte y cinco leguas, hasta llegar á vista de donde el Maese de Campo halló las quatro Naos mar al través, y no descubrió ni halló rastro dellos, y los Indios amigos le dixeron como pasaron por alli las dos Fustas, y que no les havian fecho daño ninguno, é que no havian visto otros Navios, é con esto se volbió al Real, y dende á dos ó tres dias llegó la Fragata que el Maese de Campo dexó en la costa de Dapitan, con toda la gente, y dió noticia como en la Isla de los Fuegos, que es enfrente de la Isla de Bohol, salió á ellos una Fusta de los Portugueses, y les corrió mas de dos leguas dandoles caza, é como no les pudieron alcanzar, le havian dexado; é visto esto el Governador despachó otra Fragata bien esquifada con el Sargento Juan de Morones, que fuese á la Isla de los Fuegos y la boxase y viese si estavan por alli los Portugueses, é lo que hacian, y que no les hallando alli pasasen adelante y corriesen hasta Dapitan y costa de Vindanao, para ver si los descubria; el qual fué, y no los hallando en la Isla de los Fuegos corrió é fué á Dapitan, y no halló rastro dellos, y ansi volbió al cabo de quinze dias, y se tuvo entendido que los Portugueses havian ido su viage camino de Maluco, pues no parecian por toda la comarca donde antes havian estado.

E visto con el mismo temporal que dió á el Maestre de Campo en la costa de Dapitan volbiendo á este Real, se perdió el Sargento mayor Luis de la Haya que venia de Panae con las dos Fragatas cargadas de arroz, y fué desta manera: que yendo su camino, á la ida, seis ó siete leguas antes que llegase á Panae topo diez ó doze Paraos de Indios cargados de arroz, y preguntandoles que ¿de donde eran? le dixeron, de diversas partes y pueblos, é para informarse dellos mas particularmente é rogarles que traxesen aquel arroz á Zebú, y que se les pagaria á su contento, los hizo llamar que viniesen y acercasen á las Fragatas, y tres ó quatro dellos que eran de pueblos amigos lo hicieron luego y se llegaron, y los demás no quisieron, que eran de otras partes donde no havian llegado Españoles, é hicieron muestras de pelear, é de ponerse en resistencia. El Sargento mayor dexando á los Paraos de los amigos fué á los otros que no querian venir, los quales dieron á huir, é los siguió hasta llegar cerca de tierra donde los Indios desampararon los Paraos, y ellos á nado salieron á tierra y ansi tomó cinco dellos con cantidad de arroz, y los demás se le huyeron, de estos que tomó cargó entrambas Fragatas de arroz, y no les tomó otra cosa ninguna, que aunque havia mantas é otras cosas en los Paraos no consintió á los Soldados que tomasen otra cosa ninguna mas de arroz, y ansi los dexó los Paraos con toda la ropa, ecepto uno que llevó consigo con su carga de arroz, porque no cupo en las Fragatas. Hecha esta presa le pareció, que pues se hallava tan cerca de Panae seria bien de llegar allá con intento de fletar algun Junco si lo hoviese en que pudiese traer el tributo que alli le diesen, y á los Paraos que dixeron ser de amigos les dexó ir libremente sin les tocar en cosa ninguna, y ansi fué, y llegado á Panae los Indios le davan el tributo, mas no halló en que lo poder traer, y estando alli surto se le perdió la canoa de arroz que llevaba atada por popa, y ansi determinó de volberse diciendo á los Indios que el tributo tuviesen recogido y junto que el volberia por ello, y viniendo para acá en el camino estando surtos en una Isla despoblada les dió el temporal que arriva está dicho, y el viento les fué travesia, con el qual las Fragatas dieron en la costa y se hicieron pedazos y se perdió todo lo que traian, ecepto la gente, que en aquella Isla despoblada estuvieron veinte dias remendando las dos popas de las Fragatas para poder salvarse y venirse á esta Isla, como hicieron, y llegaron al campo con arto travajo mediado Diciembre, en el camino toparon quatro ó cinco Paraos de amigos, cargados de arroz, que venian á ver al Governador, en los quales repartió algunos Soldados, porque las Fragatas en que venian eran como unos corchos, y apenas cabian, é de estos Paraos de arroz, tres dellos dieron al través antes de llegar aqui, y se perdió todo lo que traian ecepto la gente, y otro en que venian dos Españoles estuvo muchos dias que no se supo dél, y dende á muchos dias llegó á este Puerto alijado todo lo que trahia; ansi que esta tormenta ó temporal les costó perderse las dos Fragatas y mas de seiscientas fanegas de arroz en ellas y en los Paraos, que no fué pequeña pérdida y daño para semejante tiempo.

En este mismo tiempo llego al Real un Principal del pueblo de Tilavan, que es en la Isla que dicen de los Negros, que se llaman Siumbas, é dixo, que el venia á ver al Governador, y á hacer paz y amistad con él, é á ofrecerse por vasallo del Rey de Castilla, y que con este intento salió de su tierra con un Parao cargado de arroz que traia para el Governador, y que en la costa de esta Isla seis ó siete leguas de aqui, con un temporal se le havia perdido el Parao e todo quanto traia, y se havia quedado él y los que con el venian en la playa muertos de hambre, y que desde alli havia venido por tierra por que no tenia en que se poder volber á su tierra y que con todo su travajo é perdida quiso ver al Governador y ofrecerse por vasallo de S. M. é que le tuviese por tal y que el tenia en su pueblo trescientos y treinta Indios, y que todos ellos tributarian arroz que es lo que en su tierra se coge, y que daria trescientos y treinta cestos de arroz cada cosecha, que cada cesto es una hanega poco mas ó menos: el Governador lo recivió muy bien, y lo consoló de su naufragio y perdida, y le socorrió de comida é bastimentos para él é su gente, y le dió un Parao en que se volbiese á su tierra, que para el efecto compró de los Indios de Zebu, y le dió algunos rescates é cuentas, é le dixo que le recebia por vasallo de S. M. é que como á tal le favoreceria siempre que se les ofreciese en que; y que en lo del tributo que ofrecia de dar, que lo tuviese recogido, que él embiaria por ello á su tierra, y que el arroz que se le perdió en el Parao se le descontaria del primero tributo que diese, por que él no perdiese nada por haver venido acá; de lo qual el Indio mostró gran contento maravillandose de lo que el Governador hacia con él, porque no se usa ni acostumbra entre ellos, y ansi lo agradeció, diciendo al Governador que siempre seria su esclavo y le besó las manos en señal de obediencia, é dixo, que quando el Maestre de Campo pasó con la Nao San Juan por su tierra y estuvo surto en el rio de su pueblo, aunque Sibas Principal de otro pueblo vecino suyo hizo paz y amistad, él no quiso ser en ello, antes pretendió, y quiso resistir y defender á los Españoles su pueblo, y ansi havia salido á ellos de guerra con su gente, que como sintieron el efecto que los arcabuzes hacian, se havian huido al monte, y que despues de conocido como se havian engañado, y entendido el yerro en no querer la paz y amistad con los Españoles, ansi ahora havia venido á ponerse en manos del Governador para que hiciese dél su voluntad; el Governador le dixo, que pues havia venido á la obediencia de S. M. y se ofrecia por vasallo suyo, que le ternia por amigo, y le favoreceria, y ansi le despidió y embió muy contento á su tierra.

En este mismo tiempo se convirtió á nuestra Santa Fée Catholica el Moro que teniamos por Interprete llamado Camotuan, y dixo, que queria ser christiano y Bautizarse, y ansi se Bautizó él, y su hijo, y su muger, é un hijo suyo: el Governador le honró é los favoresció é vistió; el Maestre de Campo fué su padrino, y les hizo gran fiesta el dia de su Bautismo: tuvose por muy gran principio su combersion, é por cosa encaminada por mano de Dios por ser Moro é viejo de mas de cincuenta años, é que tiene tanta autoridad é credito con los naturales, que no saven menearse sin su parescer, y que á nosotros nos importava mucho su combersion, por que se han de fiar de él de Interprete, é por lo que en todo puede alumbrar é aprovechar como se espera que lo hará, por que tiene avilidad y sagacidad para todo, y ansi dice que lo hará, que todos los de Zebú se tornen christianos, é despues que él se Bautizó otros algunos han dicho que tambien quieren Bautizar, y Tupas, el mas Principal de los de Zebu, dice, que en viniendo la Flota de la Nueva España se Bautizará él, y es por ver si vienen mugeres de Castilla, que jamas hacen otra cosa sino preguntar por ellas, si han de venir, por que hasta que ellas vengan no nos tienen por seguros, é creen que no hemos de permanecer sino que nos hemos de ir, é rezelan si los Bautizamos los llevaremos á Castilla, que todavia piensan que no venimos sino á llevar los mas que pudieramos dellos y ansi lo tratan y dicen entre si.

La Nao San Geronimo que vino de la Nueva España hacia tanta agua mas, que no la podian agotar, aunque á la ordinaria davan á la bomba, y se procuró de remediar é tomar el agua, mas no llevó medio, ni se le pudo tomar por de dentro ni por de fuera, aunque por diversas veces se ocuparon y entendieron en ello los Carpinteros y Buzos que havia en el Campo, y otras gentes de mar, é todos concordavan que no tenian remedio, por que decian que todo el estava pasado de broma y no se podia tomar el agua, que demas desto, que toda la quilla y la roda, y el codaste tenia podridos que no eran de provecho, é ansi algunas veces los Buzos que entravan debaxo del agua, sacavan en las manos pedazos de palo carcomidos que decian despedirse de la quilla, de cuya causa afirmaron que no tenia remedio, y que les parecia que se deveria deshacer é aprovecharse de la tabla y clavazon que se podia quitar, que de otra manera se perderia todo, por que no se podia sustentar: El Governador mandó juntar los Capitanes y oficiales de la Real Hacienda y algunos Marineros y gente de mar, y platicado sobre ello, todos de una conformidad fueron de parescer, que para que el dicho Navio no se perdiese del todo se deveria deshacer y allanar hasta la primera cubierta, é sacalle todo el lastre, é despues vararlo en tierra, para que visto por vista de ojos se viese mejor si tenia algun remedio si aprovecharia para hacer un Patax ó Navio de remo para que pudiese servir en algo, é que esto era lo que mas convenia al servicio de S. M. y ansi lo dieron por su parecer firmado de sus nombres y conforme á ello se mandó deshacer y arrasar hasta la primera cubierta y despues lo vararon en tierra y luego se mandó que los oficiales carpinteros y otras personas de mar que entendian de Navios lo tornasen á ver, los quales lo vieron por de fuera y por de dentro y con juramento declararon, que el dicho Navio no se podia aderezar ni remediar, ni hacerse de él Patax ni otro Navio de remo, porque todo estava rendido de viejo y abromado y podrido, ansi la tablazon, como la madera de dentro, y aun la clavazon gastada y podrida, é que no era de ningun provecho, sino era para deshacerlo y aprovecharse de alguna tablazon si la huviese buena para otra cosa.

En este mismo tiempo el Governador mandó hacer una Fragata grande, y se puso luego en astillero, de que havia gran necesidad para traer bastimentos al campo, y en estas obras se ocupavan y entendian todos los oficiales é la demas gente que en el Real estava.

Como havia muchos dias que la gente no salia del Real, para ninguna parte, y la perdida del arroz arriba declarado, los bastimentos se apocavan, de cuya causa el Governador con parecer de los Capitanes é oficiales, y otras personas, acordó de embiar alguna gente en los Bateles y Fragatas pequeñas á la Provincia de Eleyti á procurar algunos bastimentos y comida, y ansi despachó para allá al Maestre de Campo y al Capitan Martin de Goyti que partieron deste Real á 19 dias del mes de Diciembre con ciento y treinta personas de toda gente, y la Vispera de los Reyes llegó al campo una Fragata que el Maestre de Campo enviara cargada de arroz, la qual con un temporal que traia dejó quasi todo quanto traia, e otro dia despues de los Reyes llegaron los Bateles con arroz y ñames que el Maestre de Campo embió en ellos, y descargados los volbieron luego otra vez, y en 16 de Enero volbieron segunda vez con mas arroz, que dello era de tributo, y dello rescatado, y dello de particulares comprado: el Governador tornó á embiar otra vez los Bateles, como eran de poca carga todo lo que traian era poco.

Estando el Maese de Campo en la jornada de Eleyti en el Real fallescieron un Marinero llamado Melchor Diaz, é Juanes el Indio Mexicano, que se havia rescatado, ambos en un dia casi sin enfermedad ni calentura, mas de un dolor de estomago, é tripas, é cámaras, y al cabo de quatro dias murió, y dende á cinco ó seis dias adelante adolescieron del mesmo mal tres Grumetes, los quales dixeron, que de una calla de vino que les traxo una India de Zebu havian bebido, y que luego se sintieron malos de camaras é bómitos, y que tenian por cierto, que les havia echado alguna cosa en el vino; y el mesmo Medico que los curava certificó que les havian dado alguna ponzoña, y ansi les dió atriaca y otros remedios contra ella con que escaparon, é llegaron en punto de morir, y se entendió que de la misma muerte habia muerto el Melchor Diaz, y Juanes, que como no dixeron de que les havia procedido, se murieron sin que les entendiesen la enfermedad. Entendido el negocio el Governador mandó pregonar que só pena de muerte nadie comprase ni bebiese vino de la tierra, y mandó poner centinelas y guardas para que no consintiesen se metiese ninguno en el Real, y con todo esto huvo muchos, en especial Marineros, que decian, que mas querian morir que dexarlo de beber, y que no podian travajar ni sustentarse sin ello. El Governador mandó llamar á Tupas y á los demás Principales de Zebu, y les dixo, que se maravillava mucho de que en pago de tantas y tan buenas obras como les havia hecho y hacia de cada dia, de tanta voluntad y amor como los tenia, y haviamos tratado, le diesen tan ruin paga, y que hoviese entre ellos tantos malos hombres, y que osasen echar ó mandasen echar ponzoña en el vino que vendian á los Españoles: ellos dixeron, que no sabian tal cosa y que holgarian se averiguase y supiese quien era el que lo hacia, y se castigase: El Governador les dixo, que no estava contento ni satisfecho con la respuesta que le davan, y que para que el estuviese cierto que no tenian culpa era necesario, que ellos entre si inquiriesen y supiesen quien era el que lo havia hecho y se lo truxesen, por que era cosa clara y cierta que si ellos querian poner diligencia en ello no podian dexar de saber la verdad en el caso, y no lo haciendo ansi tendria entendido que ellos lo mandavan hacer: ellos tornaron á decir, que no havian mandado tal cosa y con toda diligencia procurarian de saber la verdad del negocio, y darian noticia de lo que supiesen: y preguntado ¿á que Españoles lo havian dado? se les señaló los muertos y los enfermos. Otro dia siguiente por la mañana volbieron el Tupas y Principales al Governador y truxeron presas dos Indias, diciendo, que aquellas dos eran las que traian vino y pescado al Marinero que murió y á los Grumetes que estavan enfermos, y que sospechavan haverlo hecho ellas sobre algunos zelos que havian habido, que estaban amanzebadas con ellos, é por que lo suelen y acostumbran á hacer las mugeres desta tierra á sus naturales, y á sus propios maridos, que el Governador lo averiguase é las castigase é hiciese justicia en todo; y luego se mandó proceder contra ellas é tomar sus confesiones, en las quales culparon á otras dos Indias de Zebu, que ansimismo fueron presas, y ellas echavan la culpa las unas á las otras, y poniendolas á qüestion y tormento, la una dellas confesó haver dado ponzoña en el vino al Melchor Diaz, Marinero, y huvo testigos que esta misma dió tambien al Juanes sobre zelos; de esta se hizo justicia, y la hicieron quartos y la pusieron en el camino que va deste Real á la población de Zebu, y á las otras tres azotaron y tresquilaron, y desterraron de Zebu perpetuamente.

Y la que hicieron quartos, despues de haverla condenado por el delito, dixo, que queria ser christiana, y pidió el Bautismo, y los Padres la Bautizaron, y ella murió segun lo que se entendió con devocion y christianamente llamando á Dios y á Santa Maria.

En esta misma noche despues de haver hecho justicia desta muger prendieron en la mar en una canoa al Principal de Gavi, que mató á Pedro de Arana á traycion, que paresce que vino á Zebu á cierto negocio, y Tupas avisó al Governador como estava allí, y en una celada que le mandó poner el Governador en dos canoas le prendieron, el qual confesó ser verdad que él y otros quatro Principales se concertaron de venir del Puerto de Gavi á este Real á procurar de matar algunos Españoles, y ansi vinieron de noche en un Parao y se pusieron en una emboscada diez y siete Indios entre este Real y poblacion de Zebu, entre los Palmares, en un herbazal grande en donde estuvieron hasta que otro dia amaneció, y vieron un Español que iva de este Real paseandose solo por la marina acia donde ellos estavan, al qual salieron, y le dieron lanzadas, y le mataron, é le cortaron la cabeza, y se la llevaron al Puerto de Gavi, donde hicieron gran regocijo y fiesta con la cabeza: de este se mandó hacer justicia, y se hizo el dia siguiente quartos en el mismo lugar que mataron á Pedro de Arana, donde pusieron la cabeza en un palo, y los quartos en sendos palos en la marina, con lo qual los Indios se atemorizaron mucho, y vinieron los Principales al Governador á decirle que estava muy bien hecho la muerte de aquel y que merecia muy bien por lo que hizo; y el Tupas dixo, que aquel que hicieron quartos havia sido muy valiente y soberbio en estas Islas, y que quando los Españoles llegaron la primera vez á esta Isla, y le requirió el Governador que viniesen de paz, se havia hallado presente este con ellos, y que queriendo hacer paz y amistad con el Governador, que este Principal Dagami, como hombre valiente, y soberbio, y otros Principales de Matan que se hallaron presentes, le aconsejaron que no hiciese paz con los Españoles, y se lo estorvaron que no la hiciese, y que siempre, siempre, fué este muy rebelde contra los Españoles, y amigo de rebueltas y guerras, y que el Governador le havia dado su pago.

A los 12 de Hebrero que fué dia de Carnestolendas, volbió al real el Maestre de Campo con toda la gente de Eleyte donde havia ido á buscar bastimentos, y luego que fué llegado al Real determinó de despacharle y embiarle el Governador á la costa de Vindanao á la Provincia de Cabite á saber la certidumbre de lo de la canela, para lo qual havia hecho aparejar, mientras el Maese de Campo fuera, á la Nao San Juan, y estava á punto por que deseava saber mucho de la canela para informar dello á S. M. y ansi antes de ahora por diversas veces havia embiado á ello, aunque no se havia asertado, porque desde la Isla de Bohol embió la primera vez allá al Capitan Juan de la Isla y dos oficiales de S. M. y se volbieron sin llegar á Cabite; y despues, luego que hizo asiento en Zebú tornó á embiar al Maestre de Campo, el qual por no hallar bastimentos, ni comida en aquella costa le fué forzado salir de allí, é baxar la Isla de Negros hasta la Isla de Panay, donde cargó de arroz, y se volbió al Real como arriba está dicho, y despues lo tornó á inviar al mismo Maese de Campo, y tambien se volbió por haber topado la Armada Portuguesa, y ansi era esta la quarta vez que inviava á lo de la canela, y mandole que en todo caso truxiese la noticia de la canela y de la dispusicion de aquella tierra, y puertos, y poblaciones della, y dándole instruccion de la orden que havia de tener en todo, los despacharon en la Nao San Juan y una Fragata pequeña, y partió del Real con 80 hombres á los 19 de Hebrero. De la jornada que vino de Eleyte, dió noticia el Maestre de Campo y el Capitan Martin de Goyti, como á ruego é intercesion del Principal y Señor de Eleyte, havian ido á otra Isla adelante llamada Masbat, que está quarenta leguas poco mas ó menos de Zebu á donde el mismo Principal los havia guiado é llevado, diciendo que eran sus enemigos, y le hacian guerra, é que llegados á la dicha Isla hallaron toda la gente alzada é huyda á la sierra é no pudieron haver ningun Indio ni gente, mas de que en un pueblo donde llegaron hallaron muchas minas de oro labradas y erramientas con que se labravan, donde se tiene noticia que sacan mucha cantidad de oro, y ansi tiene la muestra, y paresció por algunos ensayes que hicieron de priesa y que havia minas que estavan ahondadas en cien estados y en mas, y en menos, y que todas las minas y lavaderos tenian acubiertas de casas pagizas, é por la policia que vieron en las minas y lavor dellas, se presumian devian ser muy ricas, y lo mismo se entendió de algunas mazamorras que truxieron por no haber lugar de traer el metal, é hicieron sus ensayes en este campo; y en otras muchas partes se tiene noticia é se sabe que hay minas, é se saca é coge oro, en lo qual hasta aquí los Españoles no se han ocupado, ni se les da lugar á ello por ser pocos, y no tener aparejos ni posibilidad, lo qual se podria entender mejor poblando la tierra.

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