EXHORTACIÓN
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El juglar se adelanta hasta las baterías; con un gesto, detiene a los impacientes que iban a salir, y dice:
Damas y caballeros, la leyenda ha terminado. Aplaudid si me di maña para abrirles el vientre a estos dos muñecos; silbad, si realicé con poca destreza tan arriesgada autopsia.
Y ahora, oíd:
Que en todos nuestros actos nunca olvidemos lo que hay de más humilde —lo que es zócalo y basamento— en nuestra vida: La raíz vegetal, el turbio instinto. Que lleguemos a dominar el pensamiento después de atravesar y conocer nuestras zonas más oscuras.
Solo así podremos conocer y amar el humorismo, producto vital, no fruto de biblioteca; savia humana que de lo más bajo del hombre puede subir a las estrellas.
No lo comparéis con sus muchas imitaciones: el humorismo es incomparable. Porque es un producto claro y limpio del alambique espiritual, con sabor a toda la fábrica humana: sexo, corazón y mente.
Por eso el humorista es el poeta verdadero, quien solo puede manejar totalmente esa magnífica lira que vibra entre la tierra y el sol: el hombre.
Del símbolo más ceñudo es capaz de construir un risueño balón para que lo zarandee un niño. De lo más infantil es capaz de hacer lo más profundo.
El terreno donde opera es ilimitado; pero nunca se desvía por laberintos de perversa razón. Si Viviana busca a Merlín, es porque Merlín es un niño que juega con sus grimorios y catalejos, como el niño juega con sus menudos orbes de papel.
Gracia, verdad, bondad y poesía: he aquí los cuatro puntos cardinales del humor. Nunca en la sabia mezcla de estos componentes podrá entrar la amargura. El humor es un producto sano. Su única efervescencia es la risa. La del niño, o del hombre que sabe convertirse en niño.
A quien el alegre espectáculo del mundo o la felicidad de alguno de sus hombres contriste, el humorismo nunca podrá servir de estimulante, sino de tóxico. Envenena a quien no puede bien asimilarlo.
No lo tomen los enfermos del espíritu. Téngalo siempre a mano —ya hay magníficos almacenes en el gran arte de estos tiempos— el sano del espíritu, el limpio de corazón.
Y aquí termino.
Que en todos nuestros actos, aun en los más menudos, vayamos siempre del brazo con la pareja más encantadora de toda la Edad Media y de todas las edades.
Con la gracia y la sabiduría.
Con Viviana y Merlín.
GRATIAE ET SAPIENTIAE LAUS