Note 578 — LA LUZ QUE ACABA DE EXTINGUIRSE
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En 1889, Tolstoi, al escribir un Prefacio para los Recuerdos de Sebastopol por un oficial de artillería, de A. J. Erchov, retorna con el pensamiento a estas escenas. Todo recuerdo heroico había desaparecido en ellas. No recuerda sino es que el miedo duró siete meses, el doble miedo: de la muerte y de la vergüenza, horrible tortura moral. Todos los triunfos del sitio, para él, se resumían en esto: haber sido carne de cañón.