Note 624 — LA LUZ QUE ACABA DE EXTINGUIRSE
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Pedro Besukhov, que se ha casado con Natacha, será un “decembrista”. Ha fundado una sociedad secreta para velar por el bien general, una especie de Tugendbund; y Natacha se asocia a sus proyectos con exaltación. Denissov no comprende una revolución pacífica, pero está pronto para una revolución armada. Nicolás Rostov ha guardado su lealtad ciega de soldado; él, que decía, después de Austerlitz: “Sólo una cosa tenemos que hacer nosotros: cumplir nuestro deber, batirnos y no pensar más”. Se irrita contra Pedro, y exclama: “¡Mi juramento ante todo! Si se me ordena marchar contra ti con mi escuadrón, marcharé y te batiré”. Su esposa, la princesa María, aprueba sus ideas. El hijo del príncipe Andrés, el pequeño Nicolás Bolkonsky, de quince años de edad, delicado, enfermizo y encantador, de grandes ojos, de cabellos de oro, escucha febrilmente la discusión; todo su amor es para Pedro y para Natacha; no ama ni a Nicolás ni a María, y tiene culto por la memoria de su padre, de quien apenas se acuerda; sueña con parecérsele, ser grande, realizar alguna gran hazaña. ¿Cuál? ¡no lo sabe!... “Digan lo que digan, la haré... Sí, la haré. Él mismo me daría su aprobación”. Y la obra concluye en un juego de niño, que se mira en la forma de un gran hombre de Plutarco, con su tío Pedro, precedido de la gloria y seguido de un ejército. Si los Decembristas hubieran sido escritos entonces, no hay duda de que el pequeño Bolkonsky habría sido uno de los héroes.