Note 659 — LA LUZ QUE ACABA DE EXTINGUIRSE (continued 2)
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A medida que avanzaba en edad, este sentimiento de la unidad de la verdad religiosa a través de la historia humana, y del parentesco de Cristo con los otros sabios, desde Buda hasta Kant y Emerson, se fué acentuando, al extremo de que Tolstoi se defendía en los últimos años, de que tuviera “alguna predilección por el cristianismo”. Muy interesante es, en este sentido, una carta escrita en 27 de julio a 9 de agosto de 1909, al pintor Jan Styka, y recientemente publicada en “El Teósofo” de 16 de enero de 1911. Fiel a su costumbre, Tolstoi, lleno de la convicción más reciente, tiene la tendencia de olvidar algo en exceso, su estado antiguo de alma y el punto de partida de su crisis religiosa, que era puramente cristiano:
“La doctrina de Jesús, escribía, no es para mí más que una de las bellas doctrinas religiosas que hemos recibido de la antigüedad egipcia, judía, hindú, china, griega. Los dos grandes principios de Jesús: el amor de Dios, es decir de la perfección absoluta; y el amor del prójimo, es decir, de todos los hombres sin distinción, fueron predicados por todos los sabios del mundo, Krishna, Buda, Lao-Tsé, Confucio, Sócrates, Platón, Epicteto, Marco Aurelio, y entre los modernos Rousseau, Pascal, Kant, Emerson, Channing y muchos otros. La verdad religiosa y moral está en todas partes y siempre es la misma... No tengo ninguna predilección por el cristianismo. Si me he interesado particularmente por la doctrina de Jesús, es, primero, porque he nacido y he vivido entre los cristianos, y, segundo, porque encontré una gran alegría de espíritu en desprender la teoría pura de las sorprendentes falsificaciones realizadas por todas las Iglesias”.