Note 680 — LA CRISIS SOCIAL: ¿QUÉ DEBEMOS HACER?
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Sorprende que Tolstoi haya sufrido tanto para desprenderse de ella. En él era una pasión atávica, heredada de su padre. No era sentimental y parece que nunca tuvo mucha piedad hacia los animales; sus ojos penetrantes apenas se detenían en las miradas, tan elocuentes a menudo, de nuestros humildes hermanos, a excepción del caballo, para el cual, como gran señor, tuvo predilección siempre. No dejaba de tener un fondo de crueldad nativa. Después de narrar la lenta muerte de un lobo, al cual había matado, descargándole un garrotazo en el nacimiento de la nariz, dice: “Experimentaba un sentimiento voluptuoso, al recuerdo de los sufrimientos del animal moribundo”. El remordimiento despertó ya tarde.