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Vidas Ejemplares

Note 779 — LA CRISIS SOCIAL: ¿QUÉ DEBEMOS HACER?

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Era para él un sufrimiento agobiador no poder ser perseguido. Tenía sed de martirio; pero el gobierno, muy prudente, se cuidaba bien de darle esa satisfacción. “En torno mío se persigue a mis amigos y se me deja tranquilo, aun cuando, si alguno hay perjudicial, soy yo. Evidentemente no valgo bastante para ser perseguido, y de ello tengo vergüenza”. (Carta a Teneromo, de 1892, Correspondencia inédita, página 184). “Es evidente que no soy digno de sufrir persecuciones, y me será preciso morir así, sin haber podido, por los sufrimientos físicos, dar testimonio de la verdad”. (A Teneromo, 16 de mayo de 1892. Ibid. Página 186). “Me es penoso estar en libertad”. (A Teneromo, 1.º de junio de 1894. Ibid. Página 188). ¡Dios sabe, sin embargo, que no daba motivo para eso! Insultaba a los czares, atacaba a la patria “este horrible fetiche al cual los hombres sacrifican su vida, y su libertad, y su razón”. (El Fin de un Mundo). Véase en Guerra y Revolución, el resumen que hace de la historia de Rusia. Es una galería de monstruos: “el chiflado Iván el Terrible, el borracho Pedro I, la ignorante cocinera Catarina I, la prostituida Elizabeth, el degenerado Pablo, el parricida Alejandro I” (el único para quien Tolstoi tuvo, sin embargo, alguna secreta ternura), “el cruel e ignorante Nicolás I, Alejandro II, poco inteligente, más malo que bueno, Alejandro III, seguramente un tonto, brutal e ignorante; Nicolás II, un inocente oficial de húsares; rodeado de bribones, un joven que no sabe nada, que no comprende nada”.

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